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				<journal-title>ARBOR Ciencia, Pensamiento y Cultura</journal-title>
				<abbrev-journal-title>Arbor</abbrev-journal-title>
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			<issn pub-type="epub">0210-1963</issn>
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				<publisher-name>Consejo Superior de Investigaciones Cient&#x00ED;ficas</publisher-name>
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			<article-id pub-id-type="publisher-id">arbor.2016.778n2002</article-id>
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				<subject>¿HAY MUJERES M&#x00C1;S ALL&#x00C1; DEL FEMINISMO? / DO SOME WOMEN GO BEYOND FEMINISM?</subject>
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				<article-title>De predicadoras, hero&#x00ED;nas y malentendidos</article-title>
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					<trans-title>Preachers, heroines and misunderstandings</trans-title>
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				<alt-title alt-title-type="running-head">De predicadoras, hero&#x00ED;nas y malentendidos</alt-title>
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					 <surname>Oviedo P&#x00E9;rez de Tudela</surname>
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				<year>2016</year>
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			<volume>192</volume>
			<issue>778</issue>
			
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					<license-p>Este es un art&#x00ED;culo de acceso abierto distribuido bajo los t&#x00E9;rminos de la licencia Creative Commons Attribution (CC BY) Espa&#x00F1;a 3.0.</license-p>
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				<title>RESUMEN</title>
				<p>Algunas mujeres se adelantan a su tiempo, es el caso de la chilena Mar&#x00ED;a Luisa Bombal, o siglos atr&#x00E1;s, de la monja mexicana sor Juana In&#x00E9;s de la Cruz, pionera en la defensa de los derechos de la mujer y su reconocimiento en la sociedad; pero tambi&#x00E9;n una adelantada al exigir su derecho a exponer opiniones propias en el complejo campo de la teolog&#x00ED;a. Siglos despu&#x00E9;s y desde par&#x00E1;metros muy distintos, Elena Poniatowska coincide con ella en reivindicar su independencia de reescritura y en el rescate de testimonios femeninos que son parte de la historia del M&#x00E9;xico reciente.</p>
			</abstract>
			
									
			<trans-abstract xml:lang="en">
				<title>ABSTRACT</title>
				<p>Some women are ahead of their time. This is the case of Maria Luisa Bombal and the emergence of “real maravilloso”, and also of Sor Juana Ines de la Cruz, a pioneer in the defense of women rights and their recognition in society, and before her time in demanding the right to express her opinions in the complex field of theology. Centuries later, Elena Poniatowska coincides with both of them in upholding her right to rewrite and rescue women’s testimonies from the recent history of Mexico.</p>
			</trans-abstract>
			

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				<title>PALABRAS CLAVE</title>
				<kwd>Sor Juana In&#x00E9;s de la Cruz</kwd>
				<kwd>Elena Poniatowska</kwd>
				<kwd>Carta Atenagorica / Hasta no verte</kwd>
				<kwd>Jes&#x00FA;s m&#x00ED;o</kwd>
			</kwd-group>
			
						
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				<title>KEYWORDS</title> 
				<kwd>Sor Juana In&#x00E9;s de la Cruz</kwd>
				<kwd>Elena Poniatowska</kwd>
				<kwd>Carta Atenagorica / Hasta no verte</kwd>
				<kwd>Jes&#x00FA;s m&#x00ED;o</kwd>
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		<sec id="S0">
			<p>La escritura es asexuada, pero los escritores mantienen su propia personalidad como hombres o mujeres. En el caso de Mar&#x00ED;a Luisa Bombal (1910-1980), ya en otra ocasi&#x00F3;n (Oviedo, <xref ref-type="bibr" rid="CIT16">2003</xref>) destaqu&#x00E9; tanto el papel que le correspond&#x00ED;a como precursora de lo real maravilloso en un texto como “Las islas nuevas”, como el car&#x00E1;cter de una escritura femenina basada en dos aspectos: la preferencia por un tono melanc&#x00F3;lico con respecto al amor y el retrato del mundo del hogar.</p>

			<p>El m&#x00E1;ximo ejemplo de la escritora consciente de su funci&#x00F3;n como tal lo tenemos en Sor Juana In&#x00E9;s de la Cruz (1651-1695). Su actitud con respecto al feminismo es sobradamente conocida, especialmente por su defensa de los derechos de la mujer en su tiempo, algo palmario en la famosa redondilla “Hombres necios que acus&#x00E1;is”. De igual modo, se pueden considerar otros escritos en los que la figura de la mujer aparece enaltecida m&#x00E1;s que por la belleza (frecuente en la poes&#x00ED;a escrita por varones), por sus cualidades intelectuales o morales. Sin olvidar, que en su obra dram&#x00E1;tica <italic>Los empe&#x00F1;os de una casa</italic> lo que destaca es la intriga femenina y presentar “en eficaz contraste a hombres y mujeres, los primeros violentos y hasta francamente tontos, las segundas vivas e inteligentes, hasta en sus enredos y en las soluciones que de repente adoptan para salvar su propia situaci&#x00F3;n y dominar al otro sexo” (Bellini, <xref ref-type="bibr" rid="CIT01">2009</xref>, p. 55). En un estudio reciente vuelve a destacar la reiterada opini&#x00F3;n de sor Juana sobre la necedad de los hombres:</p>

						<disp-quote><p>In ogni momento Sor Juana conferma l’orgoglio di essere donna e il disprezzo per gli uomini, sia che la critichino, sia che stoltamente la esaltino, in ognuno dei casi ritenuti “necios” (Bellini, <xref ref-type="bibr" rid="CIT02">2014</xref>, p. 75).</p></disp-quote>

			<p>Especialmente interesante en el caso de la literatura escrita por mujeres es el interrogarse por los motivos que originan su escritura. Respecto de sor Juana se han planteado todo tipo de teor&#x00ED;as, pese a que contamos con la conocida <italic>Respuesta a sor Filotea</italic>, donde deja clara su voluntad e intereses. Obviamente, estas l&#x00ED;neas no tienen como objetivo lo que ya se ha puesto de manifiesto una y otra vez. Pero a&#x00FA;n quedan interrogantes sobre determinados aspectos biogr&#x00E1;ficos, especialmente los dos que han ocupado m&#x00E1;s p&#x00E1;ginas de la cr&#x00ED;tica: el motivo que la llev&#x00F3; a la decisi&#x00F3;n de entrar muy joven en la vida conventual (apenas 16 a&#x00F1;os); y el abandono de lo que podr&#x00ED;a llamarse su “vida p&#x00FA;blica”, que conllev&#x00F3; la decisi&#x00F3;n de vender su biblioteca y centrarse en sus tareas como religiosa. La soluci&#x00F3;n al primer interrogante lo ofrece ella misma, y sin embargo se han multiplicado las opiniones sobre un desenga&#x00F1;o amoroso. En cuanto al segundo punto, se suele insistir en la represi&#x00F3;n y dominio de la autoridad eclesi&#x00E1;stica por encima de su voluntad. Es decir, en se&#x00F1;alar la condici&#x00F3;n de sor Juana como mujer sometida, y sus posibles repercusiones en su literatura. Incluso obras cinematogr&#x00E1;ficas de cierto &#x00E9;xito como <italic>Yo, la peor de todas</italic>, (Bemberg, 1990) se han hecho eco de las acusaciones. En mi opini&#x00F3;n, y coincido con el Dr. Bellini entre otros cr&#x00ED;ticos, los escritos de sor Juana en su tiempo nos hablan precisamente de lo contrario. </p>

			<p>Sor Juana, quien en ning&#x00FA;n momento deja de defender la condici&#x00F3;n de la mujer como tal y sus capacidades, es lo suficientemente inteligente como para convivir con la relativa armon&#x00ED;a que, a todos los niveles, permite la sociedad de su tiempo. Su planteamiento ante los cometas, como se percibe al no salir en defensa de su amigo Sig&#x00FC;enza, avala una actitud que defienden, entre otros, Georgina Sabat de Rivers y Jos&#x00E9; Antonio Rodr&#x00ED;guez Garrido Este &#x00FA;ltimo, en su estudio del teatro de sor Juana, califica la f&#x00E1;bula mitol&#x00F3;gica de <italic>Amor es m&#x00E1;s laberinto</italic>, as&#x00ED; como el <italic>Neptuno, </italic>de <italic>speculum principis</italic>, es decir, la defensa de un paradigma vital<italic> </italic>(Rodr&#x00ED;guez Garrido, <xref ref-type="bibr" rid="CIT23">2002</xref>, p. 619). </p>

			<p>El descubrimiento de la carta del obispo de Puebla por Jos&#x00E9; Antonio Rodr&#x00ED;guez Garrido (<xref ref-type="bibr" rid="CIT24">2004</xref>) ha tra&#x00ED;do de nuevo al marco de la realidad hist&#x00F3;rica la actitud de sor Juana y el reconocimiento y el aplauso de los eclesi&#x00E1;sticos amigos que la rodeaban. Dos son los textos que el estudioso trae a la palestra, la <italic>Defensa del serm&#x00F3;n del Mandato</italic>, firmado por el mexicano Pedro Mu&#x00F1;oz de Castro el 9 enero de 1691; y el <italic>Discurso apolog&#x00E9;tico en respuesta de la fe de erratas que sac&#x00F3; un soldado sobre la Carta Atenagorica</italic> (19 febrero 1691). La <italic>Defensa</italic> alaba a sor Juana, pero defiende al predicador. Como indica Rodr&#x00ED;guez Garrido, el<italic> Discurso</italic> antecede en diez d&#x00ED;as a la famosa <italic>Respuesta a Sor Filotea</italic> de la monja mexicana. Al igual que <italic>La Defensa,</italic> es tambi&#x00E9;n feminista y partidario de que las mujeres ense&#x00F1;en, se burla del Soldado. </p>

			<p>En la misma l&#x00ED;nea de afirmaciones en cuanto al reconocimiento de determinados cl&#x00E9;rigos y la negaci&#x00F3;n de una prohibici&#x00F3;n por parte de Aguiar y Seijas se encuentra Benassy Berling, para quien “Sor Juana no se sent&#x00ED;a v&#x00ED;ctima de persecuci&#x00F3;n, sino m&#x00E1;s bien en posici&#x00F3;n de fuerza, lo que ya se desprende del texto. El arzobispo era de condici&#x00F3;n hosca, y algo mis&#x00F3;gino, pero acusarle de reducir al silencio a la D&#x00E9;cima Musa en 1693 se funda en presunciones y carece de base concreta” (<xref ref-type="bibr" rid="CIT03">2006</xref>, p. 254). </p>

			<p>El &#x00FA;nico reproche del obispo de Puebla en su <italic>Carta de Sor Filotea</italic> se refiere al papel que a &#x00E9;l mismo le corresponde como eclesi&#x00E1;stico: dirigir a sor Juana hacia otras metas m&#x00E1;s elevadas: “l&#x00E1;stima es que un tan gran entendimiento, de tal manera se abata a las rateras noticias de la tierra, no desee penetrar lo que pasa en el Cielo; y ya que se humille al suelo, que no baje m&#x00E1;s abajo, considerando lo que pasa en el infierno” (Sor Juana, <xref ref-type="bibr" rid="CIT07">1952/1994b</xref>, p. 696). Conviene recordar que ella esgrim&#x00ED;a con respecto a su propia vocaci&#x00F3;n, no tanto una voluntad asc&#x00E9;tica, sino una ambici&#x00F3;n total por el conocimiento y su nula vocaci&#x00F3;n al matrimonio (lo que tambi&#x00E9;n destaca su hom&#x00F3;loga Santa Teresa). En su <italic>Respuesta…</italic> insiste en afirmar su deseo de saber y la necesidad de entregarse a &#x00E9;l m&#x00E1;s que a ninguna otra actividad; sin olvidar que por entonces la teolog&#x00ED;a se consideraba la cumbre de la sabidur&#x00ED;a. Y sus escritos revelan que precisamente lo que m&#x00E1;s le interesa es la teolog&#x00ED;a, como afirma en la <italic>Respuesta</italic>: </p>

						<disp-quote><p>dirigiendo siempre [...] los pasos de mi estudio a la cumbre de la Sagrada Teolog&#x00ED;a; pareci&#x00E9;ndome preciso, para llegar a ella, subir por los escalones de las ciencias (Sor Juana, <xref ref-type="bibr" rid="CIT08">1952/1994c</xref>, p. 447).</p></disp-quote>

			<p>As&#x00ED; mismo, no es m&#x00ED;stico el &#x00FA;nico escrito que, seg&#x00FA;n la propia autora, escribi&#x00F3; con gusto, el <italic>Primer sue&#x00F1;o</italic>, que tambi&#x00E9;n se puede considerar un excelente tratado de asc&#x00E9;tica; m&#x00E1;s a&#x00FA;n si tenemos en cuenta toda la emblem&#x00E1;tica y la figuraci&#x00F3;n del obelisco como el s&#x00ED;mbolo de la uni&#x00F3;n entre el cielo y la tierra con las pir&#x00E1;mides invertidas de luz y sombra. A&#x00FA;n m&#x00E1;s, utiliza las v&#x00ED;as de conocimiento m&#x00E1;s frecuentes como son el neoplatonismo y el aristotelismo que la identifican con una vertiente racionalista y no m&#x00ED;stica del conocimiento hacia la divinidad. Un racionalismo que coincide con la descripci&#x00F3;n de sus propios intereses y nos la muestra como una mente anal&#x00ED;tica y alertada siempre por la curiosidad. </p>

			<p>Sin embargo esta actitud con respecto al conocimiento no disiente de una rebeld&#x00ED;a con respecto a ciertas normas impuestas, como indican Veronica Grossi y Linda Egan: </p>

						<disp-quote><p>Al final de la Respuesta el tono aparentemente apolog&#x00E9;tico, las afirmaciones de inferioridad y de culpa de la narradora, conducen contrariamente a la orgullosa demostraci&#x00F3;n de la superioridad intelectual y de la suprema capacidad literaria de la escritora. Tambi&#x00E9;n en el <italic>Sue&#x00F1;o</italic> la actividad profanadora, transgresora del sue&#x00F1;o nocturno (…) termina por revelar el cuerpo triunfante del poema (Grossi, <xref ref-type="bibr" rid="CIT11">1991</xref>, pp. 44-45). </p></disp-quote>

			<p>Por no hablar de su consciente dimensi&#x00F3;n como poeta, y de su diferencia con respecto a sus coet&#x00E1;neos. Son constantes los avisos sobre la inconsistencia de las opiniones que vierten sobre ella: “La imagen de vuestra idea/ es la que hab&#x00E9;is alabado; / y siendo vuestra, es bien digna / de vuestros mismos aplausos”. Y termina con una iron&#x00ED;a que contradice la mentalidad de su tiempo sobre la mujer, una sociedad que rechaza el hecho de que una mujer pueda destacar por su conocimiento: “Si no es que el sexo ha podido/o ha querido hacer, por raro/ que el lugar de lo perfecto / lo obtenga lo extraordinario” (Grossi, <xref ref-type="bibr" rid="CIT12">2007</xref>). </p>
		</sec>

		<sec id="S1">
			<title>1. EL DERECHO DE LA MUJER A LA PREDICACI&#x00D3;N</title>

			<p>Como se ha indicado previamente, sor Juana es plenamente consciente de su diferencia, su exclusividad dentro de los c&#x00E1;nones de su tiempo, pero en todo caso, tambi&#x00E9;n de la mujer. Por este motivo, indicaba Enrico Mario Santi (1993), al descifrar las premisas de su tiempo se puede encontrar la respuesta a los interrogantes sobre la monja mexicana. </p>

			<p>La insistencia en la singularidad de sor Juana por parte de sus coet&#x00E1;neos y de ella misma nos lleva a compararla con otros casos en los que la mujer ha adquirido un protagonismo especial, una diferencia que las destaca pese al machismo imperante en la &#x00E9;poca. Los casos m&#x00E1;s singulares los ostentan las abadesas. Desde el siglo XIII era frecuente su jurisdicci&#x00F3;n no solo en su propio convento, sino en aquellas tierras que les pertenec&#x00ED;an: incluso, aparece documentado el uso de la mitra y el besamanos semejante al de los obispos. La propia sor Juana parece referirse a ello en su <italic>Respuesta al obispo de Puebla</italic>, al decir “que en la Iglesia primitiva se pon&#x00ED;an las mujeres a ense&#x00F1;ar las doctrinas unas a otras en los templos”. Es m&#x00E1;s -continua- “en el fervor de la primitiva Iglesia” las mujeres ten&#x00ED;an el derecho de estudiar, incluso muchas a las que conoc&#x00ED;a el propio San Pablo. As&#x00ED; exige saber: “yo quisiera que estos int&#x00E9;rpretes y expositores de San Pablo me explicaran c&#x00F3;mo entienden aquel lugar: <italic>Mulieres in Ecclesia taceant</italic>” (Wade Labarge y Ter&#x00E1;n, <xref ref-type="bibr" rid="CIT26">1988</xref>).</p>

			<p>De acuerdo con estas afirmaciones, los casos de mayor inter&#x00E9;s para la erudita novohispana ser&#x00ED;an aquellos en los que la mujer ejerc&#x00ED;a cierta condici&#x00F3;n de cura de almas, es decir, en los que el pensamiento pudiera ser difundido a trav&#x00E9;s de la predicaci&#x00F3;n, pues no en vano su gran poema <italic>Prim</italic><italic>ero Sue&#x00F1;o</italic> es una alabanza a la filosof&#x00ED;a y el conocimiento.</p>

			<p>Cercano a su actitud y premisas, tanto por el nombre como por su actividad, es el caso de la llamada Santa Juana (1481-1534), que escogi&#x00F3; tambi&#x00E9;n el apelativo “De la Cruz” cuando tras huir de un compromiso que no deseaba, se refugi&#x00F3; en el beaterio de Santa Mar&#x00ED;a de la Cruz, en Numancia de la Sagra. Juana de la Cruz convirti&#x00F3; por orden divina el beaterio en monasterio de clarisas y su fama se extendi&#x00F3; por la corte al recibir revelaciones de Cristo y convertirse en una especie de Catalina de Siena, cuyas palabras recog&#x00ED;a al dictado una amanuense. Con ella iban a consultar varios miembros de la Corte, entre otros el duque de Alba, e incluso el mismo Carlos V. Cisneros extendi&#x00F3; sus prerrogativas y fue nombrada predicadora y p&#x00E1;rroco para atraer a la fe con sus sermones a las almas sencillas. Un nombramiento que tras la muerte de Cisneros los superiores tratar&#x00E1;n de evitar. </p>

						<disp-quote><p>Cisneros adem&#x00E1;s hab&#x00ED;a apoyado a beatas y auspici&#x00F3; la vocaci&#x00F3;n de determinadas mujeres, como Mar&#x00ED;a de Santo Domingo, conocida por sus experiencias m&#x00ED;sticas y proclamaciones prof&#x00E9;ticas. Entre sus seguidores se incluyen al rey Fernando I de Arag&#x00F3;n y el Duque de Alba (Zugasti, <xref ref-type="bibr" rid="CIT27">2012</xref>, 33).</p></disp-quote>

			<p>Por otra parte es relativamente f&#x00E1;cil que la monja mexicana haya tenido noticias de esta santa hom&#x00F3;nima, que a&#x00FA;n no lo era en su tiempo. La fama de esta mujer se difundi&#x00F3; incluso a trav&#x00E9;s de las representaciones dram&#x00E1;ticas de la &#x00E9;poca, y as&#x00ED; Tirso de Molina escribi&#x00F3; tres piezas teatrales sobre distintos episodios de su vida. El p&#x00FA;blico deb&#x00ED;a asistir con gusto a la representaci&#x00F3;n de la obra, pues consta -como indica Zugasti (<xref ref-type="bibr" rid="CIT27">2012</xref>)- que al menos dos compa&#x00F1;&#x00ED;as la tuvieron en sus repertorios, Y lo que es a&#x00FA;n m&#x00E1;s decisivo, se sabe que los reyes, en 1614, asistieron a la representaci&#x00F3;n de la comedia “La santa Juana” como confirma en su relaci&#x00F3;n Luis Cabrera de C&#x00F3;rdoba. Es decir, no ser&#x00ED;a nada extra&#x00F1;o que la propia duquesa de Mancera, tan amiga de la monja novohispana, hubiera asistido a alguna representaci&#x00F3;n a&#x00F1;os despu&#x00E9;s. </p>

			<p>Incluso las relaciones de la &#x00E9;poca y los procesos en los que se ve involucrada la monja abadesa y predicadora se hacen eco de la profunda admiraci&#x00F3;n de sus coet&#x00E1;neos: </p>

						<disp-quote><p>Hablaba y predicaba como muerta, que predicaba con mucha teolog&#x00ED;a y cosas de la Sagrada Escritura, y todos juntamente afirmaban el gran concurso de toda suerte de gentes que ven&#x00ED;an a o&#x00ED;rla, que en particular hab&#x00ED;a venido el emperador Carlos V, y el cardenal fray Francisco Jim&#x00E9;nez de Cisneros, y el Gran Capit&#x00E1;n y otras muchas personas, quedando todos muy maravillados de lo que o&#x00ED;an (Trivi&#x00F1;o Monrabal, <xref ref-type="bibr" rid="CIT25">1999</xref>, p. 99).</p></disp-quote>

			<p>Por tanto, no nos puede extra&#x00F1;ar si se tiene en cuenta la peculiaridad de sor Juana y los modelos en los que pod&#x00ED;a mirarse ella misma, que escribiera su <italic>Carta Atenag&#x00F3;rica</italic> pensando en su edici&#x00F3;n. As&#x00ED;, esta escritura de sor Juana es signo de su libertad intelectual, especialmente por contradecir a un renombrado te&#x00F3;logo de la &#x00E9;poca, el Padre Vieira, en su discurso sobre las “Finezas de Cristo”. En consecuencia y a tenor con las directrices de la &#x00E9;poca, considero que la publicaci&#x00F3;n de la <italic>Carta Atenag&#x00F3;rica</italic>, se debe no solo al deseo de dar a conocer el pensamiento de sor Juana por parte del obispo de Puebla; sino tal vez a otra finalidad: la defensa del derecho de la mujer a la predicaci&#x00F3;n, a exponer un pensamiento teol&#x00F3;gico para su libre difusi&#x00F3;n. Obviamente, no era un tema f&#x00E1;cil y ser&#x00ED;a sumamente extra&#x00F1;o que el Obispo de Puebla lo defendiera, pero la dificultad no aminora el interrogante. </p>

			<p>En apariencia, la teolog&#x00ED;a era propiedad exclusiva de los hombres, como demuestra el hecho de nombramientos de doctores de la Iglesia desde el siglo XIII; mientras que habr&#x00E1; que esperar hasta bien cumplido el siglo XX para que se haga extensivo a las mujeres. M&#x00E1;s a&#x00FA;n, ni siquiera en el caso de la Sant&#x00ED;sima Virgen, los varones de la &#x00E9;poca se atrev&#x00ED;an a reconocer la supremac&#x00ED;a femenina, como demuestra el tard&#x00ED;o reconocimiento del Dogma de la Inmaculada Concepci&#x00F3;n (8-XII-1854), pese a que ya en el siglo XV se hab&#x00ED;a creado una orden bajo su advocaci&#x00F3;n (las concepcionistas) por quien ser&#x00ED;a despu&#x00E9;s Santa Beatriz de Silva, y as&#x00ED; mismo la advocaci&#x00F3;n es patrona de los franciscanos. De hecho, como confirma este desenlace de la Inmaculada, parec&#x00ED;a impensable que ninguna mujer ni siquiera la Madre de Dios, se situara por encima de los hombres. Resulta incluso extra&#x00F1;o que el propio Santo Tom&#x00E1;s de Aquino no llegara a proclamarla, tal vez por su relaci&#x00F3;n con las directrices de la llamada Escuela de la Sorbona, auspiciada por el pensamiento dominico frente a la escuela inglesa, cuyas premisas con respecto al inmaculismo erigi&#x00F3; Duns Scoto. En este aspecto cabe destacar tambi&#x00E9;n la participaci&#x00F3;n de Sor Juana en el concurso de <italic>Triunfo Parth&#x00E9;nico</italic>, en honor de la Inmaculada, cuyo galard&#x00F3;n gan&#x00F3; en los dos a&#x00F1;os consecutivos que describe Sig&#x00FC;enza y G&#x00F3;ngora, su amigo, el insigne intelectual mexicano. Seg&#x00FA;n Linda Egan, en la apreciaci&#x00F3;n de sor Juana sobre la Virgen Mar&#x00ED;a se avizora un claro feminismo que llega a equiparar a la Virgen con el mismo Dios, diviniz&#x00E1;ndola. Algo discutible al menos…</p>

			<p>En todo caso sor Juana afirma el poder de la mujer desde un plano intelectual que abre el camino para su participaci&#x00F3;n activa en la sociedad. Su voz es claramente femenina, pero en sus escritos de &#x00ED;ndole intelectual y no afectiva aflora una voz asexuada que busca dominar con el pensamiento. </p>
		</sec>

		<sec id="S2">
			<title>2. DE LA COLONIA A LA REVOLUCI&#x00D3;N: ELENA PONIATOWSKA</title>

		<sec id="S2,1">
			<title>2.1. La independencia</title>

			<p>En la historia de M&#x00E9;xico existe asimismo un caso singular de presencia de la mujer en la sociedad: las revolucionarias predecesoras de las soldaderas que tambi&#x00E9;n trataron de hacer escuchar su voz. En la literatura mexicana destaca una considerable cantidad de mujeres que desempe&#x00F1;an un papel decisivo en el proceso independentista. En ellas se cumple la imagen del h&#x00E9;roe que destacara Joseph Campbell: frente al racionalismo anterior, de repente surge un pensamiento heroico en el que la mujer act&#x00FA;a y a quien se le puede aplicar los valores que definen al h&#x00E9;roe: un ser que “ha sido capaz de combatir y triunfar sobre sus circunstancias hist&#x00F3;ricas personales y locales” (<xref ref-type="bibr" rid="CIT04">1992</xref>, p. 26). El h&#x00E9;roe es capaz de reunir en una unidad los elementos dispersos y darles sentido. Y estas mujeres son la suma de fuerzas de la Naci&#x00F3;n.</p>

			<p>Las mujeres de la independencia de M&#x00E9;xico se convierten en arquetipos que m&#x00E1;s adelante influyen en la revoluci&#x00F3;n mexicana de 1910. Son -como dice Campbell- rito, mito o visi&#x00F3;n. Sin embargo, muy pocos escritores prestan atenci&#x00F3;n a las mujeres que impulsan y animan la revoluci&#x00F3;n de independencia. En <italic>Adictas a la insurgencia</italic> (<xref ref-type="bibr" rid="CIT19">2010</xref>), Celia del Palacio relata la sorpresa cuando al apresar a un capit&#x00E1;n “el delicado capit&#x00E1;n se despoj&#x00F3; del bicornio adornado con plumas y galones para dejar en libertad una larga cabellera rubia y ondulada que cay&#x00F3; sobre sus hombros. Era una mujer”. Se trataba de Maria Luisa Camba, llamada la Fernandina, cuya relaci&#x00F3;n con Hidalgo y la insurgencia corre en diferentes versiones. Su actuaci&#x00F3;n es paralela a las que llevaron a cabo Bernarda Espinoza, encarcelada durante ocho a&#x00F1;os por ostentar su simpat&#x00ED;a hacia los insurgentes; o Juana Mar&#x00ED;a Jim&#x00E9;nez, condenada a dos a&#x00F1;os de prisi&#x00F3;n por ser sorprendida con municiones que planeaba entregar al bando de la independencia. Al igual que Susana Montero, Celia del Palacio destaca la escasa atenci&#x00F3;n concedida a unas mujeres cuyo papel, seg&#x00FA;n cr&#x00ED;ticos e historiadores, se reduc&#x00ED;a a seguir a maridos o amantes por las trochas revolucionarias.</p>
		</sec>

		<sec id="S2.2">
			<title>2.2. La revoluci&#x00F3;n </title>

			<p>Esta escasa valoraci&#x00F3;n de las mujeres que pertenecieron a la insurgencia corre pareja a la de las soldaderas. Sin embargo, en este caso, una mujer, Elena Poniatowska alza su voz para reclamar el papel que la sociedad les ha negado. La distancia con respecto a sor Juana es de algo m&#x00E1;s de tres siglos, pero durante este tiempo la situaci&#x00F3;n en M&#x00E9;xico tampoco ha variado sustancialmente. </p>

			<p>De hecho, como ya he indicado en otro momento, los escritores que forman parte de la larga n&#x00F3;mina de novelas de la revoluci&#x00F3;n mexicana prestan escasa atenci&#x00F3;n a las mujeres; como si debiera ser otra mujer quien las retrate con mayor fidelidad. Me refiero a Edith O’Shaughnessy (1870-1939), periodista, guionista, bi&#x00F3;grafa y mujer del encargado de negocios de la embajada norteamericana en M&#x00E9;xico: </p>

						<disp-quote><p>Podr&#x00ED;a escribirse un voluminoso libro sobre la conmovedora historia de la <italic>soldadera</italic>: la heroica mujer que acompa&#x00F1;a al ej&#x00E9;rcito, llevando consigo a sus hijos o cualquier otra posesi&#x00F3;n mortal […]. Estas mujeres son el &#x00FA;nico avituallamiento visible de los soldados. Los acompa&#x00F1;an en sus largas marchas; los cuidan, los alimentan, los curan y los entierran […]. Es sorprendente la abnegaci&#x00F3;n con que van por la vida. Y as&#x00ED; siguen las pobres bestias hasta que mueren en el camino, para elevarse finalmente al cielo” (<xref ref-type="bibr" rid="CIT15">1916</xref>, p. 48). </p></disp-quote>

			<p>A&#x00F1;os despu&#x00E9;s, las opiniones de Rosa E. King (1865-1955) son fruto de la propia experiencia; en su caso, enaltece a&#x00FA;n m&#x00E1;s la figura de la soldadera y su actividad en la revoluci&#x00F3;n: </p>

						<disp-quote><p>Mis respetos para las mujeres mexicanas de esta clase […]. Las mujeres que marchaban junto al soldado mexicano, que se adelantaban al lugar donde este acampar&#x00ED;a para tener listo el refrigerio, que lo atend&#x00ED;an en la enfermedad y lo confortaban cuando iba a morir, fueron asistentes e int&#x00E9;rpretes, cumplieron su parte en la consolidaci&#x00F3;n del actual gobierno liberal. ¡Mujeres mexicanas educadas que apenas escapan de sus ciegos caparazones, recuerden esto y honren, donde quiera que ella se encuentre, a la soldadera mexicana! (<xref ref-type="bibr" rid="CIT13">1998</xref>, p. 139)</p></disp-quote>

			<p>Poniatowska recoge el testigo de estos informantes y recrea mediante una escritura personal la figura de la soldadera. Se podr&#x00ED;a afirmar que desde sor Juana no hay ninguna otra mujer en M&#x00E9;xico tan activa en el plano intelectual y desde la perspectiva de la escritura, como Poniatowska. Como Sor Juana, es una abanderada del feminismo, y coincide adem&#x00E1;s en que su defensa se realiza por medio de la escritura, con la finalidad de conferir a la mujer un puesto esencial y decisivo en la sociedad de su tiempo. </p>

			<p>Las entrevistas de Elena en buena medida est&#x00E1;n dedicadas a las mujeres que han destacado tanto por el papel art&#x00ED;stico que desempe&#x00F1;an, como por su car&#x00E1;cter ejemplar en la sociedad. Por este motivo nos encontramos a Gabby Grimmer junto a Jesusa Palancares; pero tambi&#x00E9;n junto a Nahui Olin, Frida Kahlo, Remedios Varo, o Mariana Yampolsky. </p>

			<p>Sin duda, el libro que saca a Poniatowska del anonimato, <italic>Hasta no verte Jes&#x00FA;s m&#x00ED;o</italic> (1969), consigue a su vez rescatar a una soldadera de ese mismo anonimato: Josefina Borquez, la Jesusa Palancares de su novela. Afincada y afianzada en el periodismo, Elena otorga una voz propia a su protagonista y lo hace desde la entrevista y el testimonio, siguiendo la estela que iniciara Barnet en la literatura hispanoamericana y que Poniatowska lleva a su punto m&#x00E1;s &#x00E1;lgido. Mediante un estilo neorrealista presenta a Jesusa Palancares como una mujer y sobre todo, una soldadera en actitud de reto ante una sociedad que pretende silenciarlas. Frente a las conformistas y ficcionales hero&#x00ED;nas de otras novelas, estas mujeres adoptan una actitud antisistema. La obra no analiza las teor&#x00ED;as sobre el poder o la justicia de la historia que jalonan la narrativa de la Revoluci&#x00F3;n mexicana, sino que surge del reportaje. La verdad de Jesusa, manipulada o no por la ficci&#x00F3;n, se funda en la experiencia pero tambi&#x00E9;n en la compleja personalidad de la antigua soldadera: apenas cuenta con diecis&#x00E9;is a&#x00F1;os en el momento de la revoluci&#x00F3;n y la abandona al quedarse viuda, con dieciocho. Sus sentimientos personales respecto a su padre y marido son contradictorios y tan solo se descubren ante los muertos, como ocurre en el caso de su hermano. La muerte y la vida se igualan, ni la una ni la otra tienen valor para ella: ambas son cara de la misma moneda. Por este motivo llama la atenci&#x00F3;n que su rebeld&#x00ED;a, calificada por ella misma de “muy perra”, se produce no ante la muerte, sino ante la injusticia, y sobre todo ante la consideraci&#x00F3;n por parte del grupo social, de su banalidad como mujer. Su desprecio va dirigido hacia la mentira, la holgazaner&#x00ED;a y la injusticia. La decepci&#x00F3;n de los supuestos modelos, como ocurre con su padre, provoca un escepticismo que se viste de indiferencia, bajo cuya m&#x00E1;scara se advierte con fuerza el sentimiento nunca manifestado. </p>

			<p>Los mitos de Elena son los grandes perdedores, los grandes olvidados, las mujeres que se ponen en marcha, las que combaten sin fusiles, las que reclaman la verdadera fuerza de M&#x00E9;xico, las que (desde el ninguneo que analizaba Paz) act&#x00FA;an y sirven y atienden con su voz, con su palabra, con sus ollas de arroz, con su sacrificio y su anonimato en <italic>Nada, nadie, las voces del temblor</italic>. Mujeres que pierden su identidad y se nos muestran como las grandes masas de soldados que pinta Siqueiros. Son esa parte peque&#x00F1;a e ignorada, que trata de abrirse paso entre las encrucijadas de los acontecimientos hist&#x00F3;ricos. Y a trav&#x00E9;s de la pluma de Elena las figuras destacan paulatinamente, apenas intangibles, se agigantan como las sombras hasta convertirse en el eje de la historia. Es necesario salvar su presencia, recuperar la imagen y la palabra de los olvidados. Recrear mediante la expresi&#x00F3;n oral un mundo de voces que sin el testimonio de la escritura hubieran sido silenciadas. Y en este aspecto aflora de nuevo la continuidad de una tradici&#x00F3;n, porque el testimonio junto a la literatura, es el veh&#x00ED;culo que las artes pl&#x00E1;sticas adoptaron en los comienzos de la Revoluci&#x00F3;n Mexicana. La iron&#x00ED;a cr&#x00ED;tica de Jos&#x00E9; Guadalupe Posada, que pervive en la obra de Rivera y Siqueiros, se abre paso como denuncia. Y la misma denuncia aflora a&#x00F1;os m&#x00E1;s tarde en la literatura de Poniatowska para hablar, no ya de un pa&#x00ED;s maltratado, sino tambi&#x00E9;n del olvido de los sujetos m&#x00E1;s insistentemente castigados, entre ellos, la mujer.</p>

			<p>La forma adoptada para realizar su narraci&#x00F3;n procede de las mismas teor&#x00ED;as que se establecieron en la Escuela de San Carlos, la escuela de Bellas Artes, 1) <italic>salir a la calle para pintar</italic>, de igual modo que Alvarez Bravo saca a sus alumnos a fotografiar cualquier rinc&#x00F3;n, cualquier sujeto o cualquier campo. Su literatura recoge la escena cotidiana pero oculta, y act&#x00FA;a a manera de c&#x00E1;mara fotogr&#x00E1;fica que guarda una sorpresa. Los hechos contemplados en la calle, de cu&#x00F1;a period&#x00ED;stica, se insertan en el relato de ficci&#x00F3;n. El segundo m&#x00E9;todo, 2) es <italic>la escritura fragmentada</italic> en la que se estructura el mundo que compone su narraci&#x00F3;n. La suma de los fragmentos nos ofrece finalmente una perspectiva que se quiere simult&#x00E1;nea y total del proceso. Estos dos par&#x00E1;metros, la realidad cotidiana y la fragmentaci&#x00F3;n, son perceptibles incluso en las obras “hist&#x00F3;ricas” como <italic>Querido Diego, te abraza Quiela</italic>. Por &#x00FA;ltimo, 3), <italic>la revelaci&#x00F3;n de lo oculto</italic> <italic>o de lo ignorado</italic>. Mediante la intromisi&#x00F3;n en lo escondido, se revela la verdad: la banalidad de la revoluci&#x00F3;n que no ha servido para mitigar los desequilibrios sociales.</p>

			<p>Nada tan tr&#x00E1;gico como la expresi&#x00F3;n de la ausencia, con el lenguaje reducido, apenas capaz de manifestarse. Josefina Borquez, al igual que otras protagonistas de la obra de Elena, se caracteriza por el silencio –como advierte Rub&#x00E9;n Rodr&#x00ED;guez-; un silencio forzado, propio de la mujer en obras paradigm&#x00E1;ticas de la literatura hispanoamericana como las de R&#x00F3;mulo Gallegos. Frente al silencio, Elena propicia la voz de sus protagonistas, extrayendo la palabra para que comuniquen; quiere romper el mutismo de la estatua -dir&#x00ED;a Rosario Castellanos-: “Ant&#x00ED;tesis de Pigmali&#x00F3;n el hombre no aspira (...) a convertir una estatua en un ser vivo, sino un ser vivo en una estatua”. </p>

			<p>Mediante la palabra y la denuncia, como se ha podido ver en los &#x00FA;ltimos sucesos de Ayotzinapa y en el discurso de recepci&#x00F3;n del doctorado Honoris Causa por la Universidad Complutense, Elena Poniatowska logra hacer evolucionar la posibilidad de la mujer para “predicar” en su propio tiempo. Desde el rescate de la soldadera a la denuncia logra, al igual que Sor Juana, exponer su pensamiento y recibir el aplauso de la sociedad. Porque ambas coinciden en la capacidad de hacer o&#x00ED;r su voz… su voz de mujeres en los medios de comunicaci&#x00F3;n que les son propios, los de la cultura de su tiempo. En suma, en ambas se percibe el orgullo de ser mujeres y el conocimiento de su val&#x00ED;a, que las hace regresar seguras a su casa o a su celda. Por lo que a ambas se les puede aplicar las palabras con que Poniatowska retrata a Mariana Yampolsky:</p>

						<disp-quote><p>y otra vez la emprende como una campesina fuerte, campanita de barro que regresa a la casa con su haz de trigo despu&#x00E9;s de haber cumplido la tarea del d&#x00ED;a.</p></disp-quote>

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