<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<!DOCTYPE article PUBLIC "-//NLM//DTD Journal Publishing DTD v3.0 20080202//EN" "http://dtd.nlm.nih.gov/publishing/3.0/journalpublishing3.dtd">
<article article-type="research-article" dtd-version="3.0" xml:lang="es" xmlns:mml="http://www.w3.org/1998/Math/MathML" xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink">


	<front>
		<journal-meta>
			<journal-id journal-id-type="publisher-id">Arbor</journal-id>
			<journal-title-group>
				<journal-title>ARBOR Ciencia, Pensamiento y Cultura</journal-title>
				<abbrev-journal-title>Arbor</abbrev-journal-title>
			</journal-title-group>
			<issn pub-type="epub">0210-1963</issn>
			<publisher>
				<publisher-name>Consejo Superior de Investigaciones Cient&#x00ED;ficas</publisher-name>
			</publisher>
		</journal-meta>
		
		<article-meta>
			<article-id pub-id-type="publisher-id">arbor.2016.778n2006</article-id>
			<article-id pub-id-type="doi">10.3989/arbor.2016.778n2006</article-id>
			 
			<article-categories>
				<subj-group subj-group-type="heading">
				<subject>¿HAY MUJERES M&#x00C1;S ALL&#x00C1; DEL FEMINISMO? / DO SOME WOMEN GO BEYOND FEMINISM?</subject>
				</subj-group>
			</article-categories>	 	 
				
			<title-group>
				<article-title>Discursos de g&#x00E9;nero: el modelo de la igualdad en la diferencia</article-title>
				<trans-title-group xml:lang="en">
					<trans-title>Gender discourses: the model of equality in difference</trans-title>
				</trans-title-group>
				<alt-title alt-title-type="running-head">Discursos de g&#x00E9;nero: el modelo de la igualdad en la diferencia</alt-title>
			</title-group>
			
						
			<contrib-group>
			
				<contrib contrib-type="author" corresp="yes"> 
					<name>
					 <surname>Aparisi Miralles</surname>
					 <given-names>&#x00C1;ngela</given-names>
					</name>
					<xref ref-type="aff" rid="U1"/>
					<xref ref-type="corresp" rid="cor1"/>
				</contrib>
			
				<aff id="U1">Universidad de Navarra</aff>
				
			</contrib-group>
			
			<author-notes>
				<corresp id="cor1"><email xlink:href="aparisimiralles@gmail.com">aparisimiralles@gmail.com</email></corresp>
			</author-notes>
			
			
			<pub-date pub-type="epub">
				<day>30</day>
				<month>04</month>
				<year>2016</year>
			</pub-date>
						
			
			<pub-date pub-type="collection">
			<year>2016</year>
			</pub-date>
			
			<volume>192</volume>
			<issue>778</issue>
			
			<elocation-id>a303</elocation-id>

			 <history>
				<date date-type="received">
					<day>08</day>
					<month>09</month>
					<year>2015</year>
				</date>
				<date date-type="accepted">
					<day>14</day>
					<month>09</month>
					<year>2015</year>
				</date>
			 </history>
			 
			<permissions>
				<copyright-statement>&#x00A9; 2016 CSIC</copyright-statement>
				<copyright-year>2016</copyright-year>
				<license license-type="open-access" xlink:href="http://creativecommons.org/licenses/by/3.0/es/deed.en">
					<license-p>Este es un art&#x00ED;culo de acceso abierto distribuido bajo los t&#x00E9;rminos de la licencia Creative Commons Attribution (CC BY) Espa&#x00F1;a 3.0.</license-p>
				</license>
			</permissions>
			

			<abstract xml:lang="es">
				<title>RESUMEN</title>
				<p>A partir de los principales modelos de relaci&#x00F3;n entre sexo y g&#x00E9;nero, el objetivo de este art&#x00ED;culo es plantear la alternativa del modelo de la igualdad en la diferencia, tambi&#x00E9;n denominado de la reciprocidad, complementariedad o corresponsabilidad. El punto de partida es que, aunque los diferentes discursos de g&#x00E9;nero que se han ido sucediendo han llevado a cabo contribuciones significativas en el &#x00E1;mbito de la igualdad, sin embargo, en ocasiones, han arrastrado consigo algunas deficiencias y reduccionismos de los que no han conseguido desprenderse. En concreto, en muchas ocasiones se ha desequilibrado la balanza, bien en favor de la diferencia o de la igualdad var&#x00F3;n-mujer. Se plantea que el modelo de la igualdad en la diferencia, por el contrario, cuando es bien entendido, permite una arm&#x00F3;nica combinaci&#x00F3;n entre dichos principios, lo cual lo sit&#x00FA;a en un mejor punto de partida para el debate en el &#x00E1;mbito de los derechos humanos.</p>
			</abstract>
			
									
			<trans-abstract xml:lang="en">
				<title>ABSTRACT</title>
				<p>Starting with the main models of the relationship between sex and gender, the aim of this paper is to propose an alternative discourse: the model of equality in difference, also called reciprocity, complementarity or corresponsibility. The starting point is that, although the gender discourses arising have made significant contributions in the field of equality, some have brought with them deficiencies and reductionisms inherent to their thinking. The model of equity in difference, on the contrary, when properly understood, allows for the principles of equality and difference between man and woman to be combined, making it an enriching standpoint within the human rights debate.</p>
			</trans-abstract>
			

			<kwd-group xml:lang="es">							
				<title>PALABRAS CLAVE</title>
				<kwd>Modelos de relaci&#x00F3;n sexo-g&#x00E9;nero</kwd>
				<kwd>igualdad</kwd>
				<kwd>diferencia</kwd>
				<kwd>reciprocidad</kwd>
				<kwd>corresponsabilidad</kwd>
				<kwd>complementariedad</kwd>
			</kwd-group>
			
						
			<kwd-group xml:lang="en">
				<title>KEYWORDS</title>
				<kwd>Models of sex-gender relationship</kwd>	
				<kwd>equality</kwd>
				<kwd>difference</kwd>
				<kwd>reciprocity</kwd>
				<kwd>complementarity</kwd>
			</kwd-group>
			
		
		</article-meta>
	</front>		
	

	<body>	
			
		<sec id="S1">
			<title>1. INTRODUCCI&#x00D3;N</title>

			<p>La categor&#x00ED;a de “g&#x00E9;nero” est&#x00E1; muy presente en el discurso antropol&#x00F3;gico, social, pol&#x00ED;tico y legal contempor&#x00E1;neo. En las &#x00FA;ltimas d&#x00E9;cadas se ha integrado en el lenguaje acad&#x00E9;mico, en las normas jur&#x00ED;dicas y, desde 1995, en muchos documentos y programas de Naciones Unidas. En la actualidad, es objeto de una consolidada disciplina acad&#x00E9;mica, y tambi&#x00E9;n se est&#x00E1; introduciendo en el campo de la educaci&#x00F3;n b&#x00E1;sica. </p>

			<p>A partir de los a&#x00F1;os setenta del siglo pasado, esta categor&#x00ED;a result&#x00F3; &#x00FA;til para poner en evidencia que, en los roles femeninos y masculinos, existen unos elementos propios de la estructura humana, y otros que dependen de las mentalidades y usos sociales. En este contexto, con el recurso a la expresi&#x00F3;n “g&#x00E9;nero” se quiso significar que la realidad integral del ser humano supera la biolog&#x00ED;a, en el sentido de que, en la conformaci&#x00F3;n y desarrollo de la identidad sexual, poseen tambi&#x00E9;n mucha importancia la educaci&#x00F3;n, la cultura y la libertad. Estos factores influyen, a su vez, en el papel o rol que asume una persona en su desenvolvimiento social. Dicho rol se manifiesta en actitudes, patrones de comportamiento y atributos de la personalidad mediados, principalmente, por el contexto hist&#x00F3;rico-cultural en el que cada ser humano se desarrolla (Aparisi, <xref ref-type="bibr" rid="CIT04">2009</xref>, p. 170). </p>

			<p>Considerados de este modo, el sexo y el g&#x00E9;nero ser&#x00ED;an dos dimensiones complementarias, que confluyen en una misma realidad: la identidad sexual del ser humano. Un aspecto es innato y biol&#x00F3;gico -el sexo-, y remite al dato emp&#x00ED;rico - o “recibido y asumido”-, de la dualidad biol&#x00F3;gica var&#x00F3;n/mujer. El otro es cultural -el g&#x00E9;nero-, y conduce a una representaci&#x00F3;n psicol&#x00F3;gico-simb&#x00F3;lica, una construcci&#x00F3;n hist&#x00F3;rica y antropol&#x00F3;gico-cultural, con los condicionamientos sociales que ello conlleva (Zuanazzi, <xref ref-type="bibr" rid="CIT37">1991</xref>, pp. 81-82). Ambos aspectos, integrados en la persona, conforman su identidad masculina o femenina. En cualquier caso, interesa hacer notar que, en esta l&#x00ED;nea argumental, ambas dimensiones no se presentan como antag&#x00F3;nicas, sino como complementarias. Se trata, por ello, de aspectos que, en un desarrollo equilibrado de la persona, est&#x00E1;n llamados a integrarse arm&#x00F3;nicamente. Lo anteriormente se&#x00F1;alado configurar&#x00ED;a, en nuestra opini&#x00F3;n, la estructura b&#x00E1;sica de una visi&#x00F3;n realista del g&#x00E9;nero, porque refleja la realidad antropol&#x00F3;gica y vital del ser humano, que no es solo biolog&#x00ED;a, ni solo cultura, sino una compleja integraci&#x00F3;n de m&#x00FA;ltiples factores. </p>

			<p>No obstante, es importante tener en cuenta que, en la actualidad, la referencia al g&#x00E9;nero no nos remite a un solo discurso. Al contrario, nos sit&#x00FA;a ante un panorama intelectual y pr&#x00E1;ctico, muy complejo. En consecuencia, no podemos apelar, en absoluto, a una sola teor&#x00ED;a de g&#x00E9;nero, ya que coexisten enfoques y perspectivas muy diferentes, apoyadas en antropolog&#x00ED;as distintas, con consecuencias pr&#x00E1;cticas muy dispares, especialmente en el Derecho. </p>

			<p>Es conocido que, a lo largo de las &#x00FA;ltimas d&#x00E9;cadas del siglo XX, sobre todo en el &#x00E1;mbito anglosaj&#x00F3;n, proliferaron los denominados <italic>Women’s Studies</italic>. Ante la situaci&#x00F3;n de desigualdad var&#x00F3;n-mujer, evidenciada a lo largo de la historia, dichos estudios trabajaron en programas de equidad, tanto en aspectos te&#x00F3;ricos, como en su aplicaci&#x00F3;n a la pr&#x00E1;ctica. Sin embargo, esta defensa de la igualdad ha estado presa, frecuentemente, de un claro prejuicio: el de identificar la subordinaci&#x00F3;n, propia de una cultura secular, que ha venido denomin&#x00E1;ndose “patriarcado” (Amor&#x00F3;s, <xref ref-type="bibr" rid="CIT03">1991</xref>), con la diferencia. Subordinaci&#x00F3;n y diferencia se han considerado inexorablemente unidas, entendi&#x00E9;ndose que, al admitir que las mujeres son distintas a los varones, se acepta su inferioridad y consiguiente subordinaci&#x00F3;n. En consecuencia, arrastradas por ese lastre te&#x00F3;rico, las pol&#x00ED;ticas de igualdad han sido frecuentemente igualitaristas. Por ello, de manera progresiva, los <italic>Women’s Studies</italic> entraron en conflicto con quienes defend&#x00ED;an la existencia de cualquier tipo de diferencia entre el var&#x00F3;n y la mujer. Dicha diferencia era siempre considerada -y a&#x00FA;n, muchas veces, lo es-, como esencialista y determinista (Nubiola, <xref ref-type="bibr" rid="CIT30">2002</xref>, pp. 155-187; &#x00C1;lvarez, <xref ref-type="bibr" rid="CIT02">2002</xref>, pp. 353-390). De ah&#x00ED; que, en este contexto igualitarista, se tendi&#x00F3; a suprimir cualquier referencia, o constancia, de la dualidad biol&#x00F3;gica var&#x00F3;n-mujer.</p>

			<p>Dichos estudios fueron evolucionando hacia los <italic>Gender Studies</italic>. En ellos, certeramente, las reflexiones sobre la mujer se han ido incluyendo en un &#x00E1;mbito antropol&#x00F3;gicamente m&#x00E1;s amplio. En este marco, como ya se ha se&#x00F1;alado, la palabra g&#x00E9;nero presupon&#x00ED;a, inicialmente, la base biol&#x00F3;gica de la diferencia sexuada entre var&#x00F3;n y mujer. No obstante, tambi&#x00E9;n aqu&#x00ED; se ha ido derivando hacia un igualitarismo, hasta llegar a lo que algunos han denominado <italic>postfeminismo de g&#x00E9;nero</italic>. En este contexto, desde hace algunos a&#x00F1;os, el uso del t&#x00E9;rmino g&#x00E9;nero se ha desplazado hacia posiciones cada vez m&#x00E1;s ambiguas y complejas. En el &#x00E1;mbito de los <italic>Gender Studies</italic> existe, actualmente, una importante l&#x00ED;nea de interpretaci&#x00F3;n, de car&#x00E1;cter radical, en la que se ignora y elimina, cualquier referencia a la corporalidad del ser humano. Se defiende as&#x00ED; la total irrelevancia de la dimensi&#x00F3;n biol&#x00F3;gica en la identidad sexual de las personas. El sexo queda reducido a un mero dato anat&#x00F3;mico, sin trascendencia antropol&#x00F3;gica alguna (Butler, <xref ref-type="bibr" rid="CIT11">2007</xref>).</p>

			<p>Las razones que han motivado esta evoluci&#x00F3;n son complejas. En cierta medida, responden a la idea de que, siendo la biolog&#x00ED;a una constataci&#x00F3;n emp&#x00ED;rica de la diferencia, e identific&#x00E1;ndose, como ya se ha indicado, la diferencia con la inferioridad y la subordinaci&#x00F3;n, se pretende avanzar en la igualdad de g&#x00E9;nero por la v&#x00ED;a de ignorar la dualidad gen&#x00E9;tica var&#x00F3;n-mujer. Incluso, se defiende un supuesto “derecho” a superarla, gracias a los avances de la tecnolog&#x00ED;a biom&#x00E9;dica, de tal modo que dicha diferencia nunca sea un l&#x00ED;mite a la libertad individual en la configuraci&#x00F3;n de la propia identidad. </p>

			<p>Esta libertad -en la l&#x00ED;nea de la emancipaci&#x00F3;n de la antropolog&#x00ED;a, propuesta por amplios sectores de la filosof&#x00ED;a moderna-, se plantea como una facultad totalmente aut&#x00F3;noma y desvinculada de cualquier otra instancia o dato previo. De este modo, se ha desembocado en la teor&#x00ED;a postmoderna de <italic>g&#x00E9;nero</italic>, o <italic>postfeminismo de g&#x00E9;nero</italic>, que disocia las categor&#x00ED;as de sexo (biolog&#x00ED;a) y g&#x00E9;nero (cultura, libertad). Se sostiene as&#x00ED; que cualquier diferencia entre var&#x00F3;n y mujer responde, &#x00ED;ntegramente, al proceso de socializaci&#x00F3;n e inculturaci&#x00F3;n y debe ser superada. </p>

			<p>Como se puede advertir, frente a la teor&#x00ED;a realista de g&#x00E9;nero, anteriormente referida, en la que sexo y g&#x00E9;nero se consideran dos dimensiones complementarias, esta concepci&#x00F3;n sigue una l&#x00ED;nea muy diferente. La distinci&#x00F3;n entre sexo y g&#x00E9;nero -dimensiones ya no necesariamente vinculadas-, se integra en el ya cl&#x00E1;sico enfrentamiento entre naturaleza y cultura, donde se produce la aniquilaci&#x00F3;n de la primera en beneficio de la segunda: el g&#x00E9;nero termina siendo exaltado como algo convencionalmente elaborado, al gusto de la autonom&#x00ED;a individual. En definitiva, el g&#x00E9;nero, entendido en este segundo sentido, tiende a anular al sexo en todos los &#x00E1;mbitos de la vida personal y social (Palazzani, <xref ref-type="bibr" rid="CIT32">2008</xref>, pp. 31-35). </p>

			<p>En las &#x00FA;ltimas d&#x00E9;cadas, las posiciones se han llevado hasta el extremo, en un intento de anular cualquier presupuesto objetivo en la identidad sexual humana. Dichas l&#x00ED;neas argumentales llegan a defender la absoluta irrelevancia, e indiferencia, no solo del sexo biol&#x00F3;gico, sino tambi&#x00E9;n del g&#x00E9;nero, sosteniendo una noci&#x00F3;n de identidad sexual “deconstruible”, y “reconstruible”, social e individualmente. Por esta v&#x00ED;a se llega a la denominada <italic>Queer theory</italic> de Judith Butler (<xref ref-type="bibr" rid="CIT11">2007</xref>) Jane Flax (<xref ref-type="bibr" rid="CIT21">1990</xref>) o Donna Haraway (<xref ref-type="bibr" rid="CIT25">1989</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="CIT26">1991</xref>).</p>

			<p>En nuestra opini&#x00F3;n, esta deriva del postfeminismo, y su pretensi&#x00F3;n de acaparar cualquier interpretaci&#x00F3;n del t&#x00E9;rmino g&#x00E9;nero, est&#x00E1; necesitando de una renovada reflexi&#x00F3;n antropol&#x00F3;gica. Dicha reflexi&#x00F3;n debe encaminarse a proponer modelos de relaciones personales m&#x00E1;s acordes con la realidad del ser humano. Se trata de formular nuevas hip&#x00F3;tesis, en orden a reconocer, tanto a nivel te&#x00F3;rico, como pr&#x00E1;ctico, la enriquecedora y arm&#x00F3;nica conjunci&#x00F3;n entre igualdad y diferencia de varones y mujeres (Castilla de Cort&#x00E1;zar, <xref ref-type="bibr" rid="CIT13">1992</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="CIT14">1996</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="CIT15">1997</xref>). En este contexto, el presente trabajo persigue proponer l&#x00ED;neas alternativas de pensamiento que, desde una antropolog&#x00ED;a realista, permitan la elaboraci&#x00F3;n de una teor&#x00ED;a de g&#x00E9;nero que haga posible defender la complejidad, riqueza y unidad de la identidad sexual de la persona (biolog&#x00ED;a, cultura, educaci&#x00F3;n, libertad,…). Asimismo, pretendemos aportar algunas bases antropol&#x00F3;gicas v&#x00E1;lidas para sustentar un modelo de relaci&#x00F3;n sexo-g&#x00E9;nero que pueda integrar, en las relaciones var&#x00F3;n-mujer, no solo la igualdad, ni solo la diferencia, sino ambas dimensiones, sin que ninguna lesione a la otra. Desde ah&#x00ED;, y como consecuencias pr&#x00E1;cticas, se propone trabajar en un modelo de relaci&#x00F3;n sexo/ g&#x00E9;nero que haga posible la corresponsabilidad y complementariedad var&#x00F3;n-mujer, en los diversos &#x00E1;mbitos de la vida familiar y social. </p>
		</sec>
		
		<sec id="S2">
			<title>2. MODELOS DE RELACI&#x00D3;N SEXO-G&#x00C9;NERO </title>

			<p>Para situarnos mejor en el tema, puede resultar &#x00FA;til exponer, de manera esquem&#x00E1;tica, los modelos de conexi&#x00F3;n entre sexo y g&#x00E9;nero que se han sucedido a lo largo de la historia. La relaci&#x00F3;n entre las categor&#x00ED;as de sexo y g&#x00E9;nero nos permite distinguir, al menos, cinco modelos de relaci&#x00F3;n var&#x00F3;n-mujer: el modelo de la subordinaci&#x00F3;n, los primeros movimientos por la igualdad, la evoluci&#x00F3;n hacia el modelo igualitarista, el pensamiento de la diferencia y el modelo de la igualdad en la diferencia, tambi&#x00E9;n denominado de la corresponsabilidad, reciprocidad o complementariedad (Elosegui, <xref ref-type="bibr" rid="CIT19">2011</xref>). </p>

			<p>El primer modelo, el de la <italic>subordinaci&#x00F3;n</italic>, se caracteriza por la desigualdad entre var&#x00F3;n y mujer, al confundir diferencia con inferioridad. Adem&#x00E1;s, se entiende que el sexo biol&#x00F3;gico determina el g&#x00E9;nero, es decir, las funciones o roles que la persona debe desempe&#x00F1;ar en la sociedad. Por otro lado, esta se presenta dividida en dos espacios: el p&#x00FA;blico y el privado, teniendo primac&#x00ED;a el primero sobre el segundo. La actividad de la mujer se limita al espacio privado, fundamentalmente a la crianza de los hijos y a las labores dom&#x00E9;sticas. Al var&#x00F3;n le corresponde la actividad p&#x00FA;blica: la pol&#x00ED;tica, la econom&#x00ED;a, la cultura, la guerra, etc. En definitiva, se cae en un reduccionismo biologicista, que sirve como sustrato del sistema patriarcal. </p>

			<p>Frente a esta situaci&#x00F3;n, en las culturas de ra&#x00ED;ces cristianas, surgieron los primeros movimientos por la igualdad, que contribuyeron a reconocer como tal a la mujer, y a mejorar la situaci&#x00F3;n de discriminaci&#x00F3;n sufrida a lo largo de la historia. No obstante, en este leg&#x00ED;timo marco de lucha por la igualdad, se produjo, con el tiempo, una derivaci&#x00F3;n hacia un modo espec&#x00ED;fico de entender las relaciones var&#x00F3;n-mujer que, posteriormente, se designar&#x00E1; como <italic>modelo igualitarista</italic>. Como intentaremos mostrar, dicho modelo presenta importantes avances, pero tambi&#x00E9;n dificultades e incoherencias. La fundamental es que, para defender la igualdad, se niega cualquier diferencia entre var&#x00F3;n y mujer. Este planteamiento pendular, frecuente en el pensamiento humano, se debi&#x00F3; al prejuicio de considerar, nuevamente, como sin&#x00F3;nimos, los conceptos de diferencia y subordinaci&#x00F3;n. Se produce as&#x00ED; una confusi&#x00F3;n entre igualdad e igualitarismo, con negaci&#x00F3;n de cualquier diferencia entre var&#x00F3;n y mujer, al relacionarla con la inferioridad, lleg&#x00E1;ndose as&#x00ED; a la p&#x00E9;rdida de la identidad de esta &#x00FA;ltima (Ballesteros, <xref ref-type="bibr" rid="CIT07">2000</xref>).</p>

			<p>La reacci&#x00F3;n frente al modelo igualitarista, y la consiguiente p&#x00E9;rdida de identidad de la mujer, vino a trav&#x00E9;s del denominado <italic>feminismo de la diferencia</italic>. Dicho pensamiento distingue entre una perspectiva masculina, y otra femenina, de construir la cultura y, en definitiva, la historia. La primera, en l&#x00ED;nea con el modelo igualitarista y con el discurso moderno, potenciar&#x00ED;a el individualismo, el pragmatismo, la racionalidad y la autonom&#x00ED;a personal. Se tratar&#x00ED;a de un modelo pretendidamente neutro y abstracto, en la medida en que ignora las diferencias de g&#x00E9;nero. En este marco, el pensamiento de la diferencia denunci&#x00F3; que dicha neutralidad es solo aparente, ya que, en realidad, propone al var&#x00F3;n como paradigma &#x00FA;nico, y exclusivo, de lo humano, tambi&#x00E9;n para la mujer. </p>

			<p>Ciertamente, el feminismo de la diferencia ha aportado mucha riqueza al discurso de g&#x00E9;nero. Por otro lado, las &#x00E9;ticas del cuidado, impulsadas por este modelo, han tenido mucha repercusi&#x00F3;n en el &#x00E1;mbito pr&#x00E1;ctico. Sin embargo, tambi&#x00E9;n hay aspectos rechazables en esta visi&#x00F3;n. Lo cuestionable no es el pensamiento en s&#x00ED;, sino la radicalizaci&#x00F3;n feminista de este enfoque, la exaltaci&#x00F3;n unilateral de lo femenino (Scoltsar, <xref ref-type="bibr" rid="CIT33">1992</xref>; Allen, <xref ref-type="bibr" rid="CIT01">1986</xref>; Gilligan, <xref ref-type="bibr" rid="CIT22">1986</xref>). En realidad, el feminismo de la diferencia corre el riesgo de entender al var&#x00F3;n como un ser <italic>irredento</italic>, condenado a guiarse exclusivamente por criterios individualistas, de poder, violencia y competitividad. Comete, por ello, un grave error: el de atribuir al g&#x00E9;nero masculino, como si fueran su “esencia”, los caracteres y modos de construir la realidad que a este le hab&#x00ED;a asignado el pensamiento moderno. </p>

			<p>El &#x00FA;ltimo modelo, el de <italic>la igualdad en la diferencia</italic> (tambi&#x00E9;n denominado de la <italic>complementariedad y corresponsabilidad var&#x00F3;n-mujer</italic>), se propone hacer compatible la igualdad y la diferencia entre ambos, sin caer en la subordinaci&#x00F3;n, en el igualitarismo, ni en la exaltaci&#x00F3;n unilateral de la diferencia. Por un lado, se parte de la igual condici&#x00F3;n de personas del var&#x00F3;n y la mujer y, en consecuencia, de su igual dignidad y derechos. Ambos, en igualdad de derechos, poseen una doble misi&#x00F3;n conjunta: la familia y la cultura. En consecuencia, est&#x00E1;n llamados, de igual manera, a ser co-protagonistas de la construcci&#x00F3;n de la historia y la sociedad, de un progreso equilibrado y justo, que promueva la armon&#x00ED;a y la felicidad. No obstante, dicha igualdad en dignidad y derechos no es &#x00F3;bice para defender, al mismo tiempo, la diferencia entre var&#x00F3;n y mujer (gen&#x00E9;tica, biol&#x00F3;gica, hormonal, e incluso psicol&#x00F3;gica). Para sostener sus aseveraciones, este modelo intenta sentar sus ra&#x00ED;ces en la realidad de la existencia humana y, primariamente, en los datos que nos aportan las ciencias experimentales y culturales. Ello requiere, inevitablemente, de un enfoque interdisciplinar. </p>
			
		</sec>

		
		<sec id="S3">
			<title>3. EL MODELO DE LA IGUALDAD EN LA DIFERENCIA, RECIPROCIDAD O CORRESPONSABILIDAD </title>

			<p>La conciencia de las insuficiencias del modelo igualitarista, fundamentalmente la p&#x00E9;rdida de la propia identidad de la mujer, de la familia y de la cultura del servicio al otro, dio origen en los a&#x00F1;os setenta a nuevos movimientos feministas que intentaron realizar una profunda cr&#x00ED;tica a esta situaci&#x00F3;n. En estos movimientos se admite lo que de positivo ha tenido el primer feminismo, en su dura lucha por la igualdad de derechos entre hombre y mujer. Pero, junto a ello, se pretende cambiar los presupuestos de los que part&#x00ED;a el igualitarismo. En este contexto, surge el modelo de la igualdad en la diferencia, o complementariedad. </p>

			<p>Es a&#x00FA;n una tarea pendiente de la antropolog&#x00ED;a filos&#x00F3;fica el sentar las bases de dicho modelo: fundamentalmente, explicar c&#x00F3;mo se articula el g&#x00E9;nero con la estructura personal, es decir, desarrollar el enclave personal y relacional de la condici&#x00F3;n sexuada, con objeto de conocer mejor la identidad personal y sus implicaciones en las relaciones familiares y sociales. No obstante, se podr&#x00ED;a se&#x00F1;alar, en rasgos muy generales, que dicho modelo como ya se ha indicado, intenta aunar, de manera adecuada, las categor&#x00ED;as de igualdad y diferencia entre hombre y mujer. Por ello, se plantea, en primer lugar, el reto de profundizar en las mismas desde diversas perspectivas. Se trata de evitar caer en los errores, tanto del modelo subordinacionista, como del igualitarismo y del pensamiento de la diferencia y, en definitiva, en los excesos en los que han incidido quienes han desequilibrado la balanza a favor de la diferencia o, por el contrario, de la igualdad (Castilla de Cort&#x00E1;zar, <xref ref-type="bibr" rid="CIT14">1996</xref>; Castilla de Cort&#x00E1;zar, <xref ref-type="bibr" rid="CIT16">2002</xref>, p. 24). </p>

			<p>Se presupone as&#x00ED;, en t&#x00E9;rminos muy generales, que hombres y mujeres son diferentes pero, y al mismo tiempo, iguales. Diferentes, por ejemplo, desde un plano gen&#x00E9;tico, endocrinol&#x00F3;gico e, incluso, psicol&#x00F3;gico. Sin embargo, tales diferencias no llegan a romper la igualdad ontol&#x00F3;gica, en cuanto que hombres y mujeres son personas y, por lo tanto, poseen una igual dignidad ontol&#x00F3;gica. De este modo, la distinci&#x00F3;n presupone, necesariamente la igualdad (Castilla de Cort&#x00E1;zar, <xref ref-type="bibr" rid="CIT14">1996</xref>, p. 45).</p>

			<p>La categor&#x00ED;a de la igualdad entre var&#x00F3;n y mujer es un presupuesto incuestionable. Es m&#x00E1;s, tal igualdad es condici&#x00F3;n imprescindible para la propia complementariedad. De hecho, estudios psicol&#x00F3;gicos han demostrado que las semejanzas entre los sexos son muy superiores a las diferencias en cualquier tipo de variable.</p>

			<p>Una vez establecida convenientemente la igualdad, el modelo de la complementariedad debe dar un paso adelante: tiene que dilucidar donde se encuentra la diferencia y saber insertarla en la igualdad, de modo que ninguna categor&#x00ED;a lesione o le reste su lugar a la otra. Se tratar&#x00ED;a de encontrar lo que Janne Haaland Matl&#x00E1;ry denomin&#x00F3; el “eslab&#x00F3;n perdido” del feminismo, es decir “una antropolog&#x00ED;a capaz de explicar en qu&#x00E9; y por qu&#x00E9; las mujeres son diferentes a los hombres” (Haaland Matl&#x00E1;ry, <xref ref-type="bibr" rid="CIT24">2000</xref>, p. 23). Adem&#x00E1;s, al determinar en qu&#x00E9; consiste la diferencia, tendr&#x00E1; que precisar qu&#x00E9; tiene de cultural y qu&#x00E9; de permanente en la condici&#x00F3;n sexuada, explicando c&#x00F3;mo se armonizan igualdad y diversidad (Castilla de Cort&#x00E1;zar, <xref ref-type="bibr" rid="CIT13">1992</xref>, pp. 37-38). </p>

			<p>En relaci&#x00F3;n a la igualdad, se plantean dos elementos estructurales comunes a hombres y mujeres: a) su dignidad intr&#x00ED;nseca, con los correspondientes iguales derechos; b) su car&#x00E1;cter relacional. As&#x00ED;, frente al individualismo que enarbola gran parte del igualitarismo, se entiende que la dimensi&#x00F3;n de interdependencia es tambi&#x00E9;n consustancial a la persona. Esta se construye <italic>en</italic> y <italic>a trav&#x00E9;s</italic> de la relaci&#x00F3;n intersubjetiva. La experiencia humana -tanto de varones como de mujeres- es, as&#x00ED;, una experiencia de relaci&#x00F3;n e interdependencia con los dem&#x00E1;s. En realidad, se podr&#x00ED;a afirmar que el ser humano no es solo <italic>ser</italic>, sino <italic>ser con</italic> los dem&#x00E1;s. La persona es, por constituci&#x00F3;n, m&#x00E1;xima comunicaci&#x00F3;n. Ciertamente, este rasgo constitutivo se manifiesta, posteriormente, en sus actos, pero la estructura relacional e interdependiente est&#x00E1; enclavada en el <italic>ser</italic> de la persona. </p>

			<p>Adem&#x00E1;s, cabe destacar que la conciencia que cada ser tiene de s&#x00ED; mismo est&#x00E1; ligada a la conciencia del otro. La relaci&#x00F3;n con el mundo es intr&#x00ED;nseca a la estructura del ser y, por tanto, la identidad se define en su relaci&#x00F3;n con la alteridad. Desde la perspectiva psicol&#x00F3;gica, se puede afirmar que la “medida de mi <italic>yo</italic> me es dada por un <italic>otro-yo</italic>, del <italic>yo</italic> que reconozco en el <italic>t&#x00FA;</italic>. Identidad y alteridad se reclaman rec&#x00ED;procamente” (Zuanazzi, <xref ref-type="bibr" rid="CIT38">1995</xref>, p. 55; Zuanazzi, <xref ref-type="bibr" rid="CIT37">1991</xref>, p. 1).</p>

			
		<sec id="S3.1">
			<title>3.1. Algunas hip&#x00F3;tesis sobre la diferencia</title>

			<p>Partiendo de la igualdad ontol&#x00F3;gica entre var&#x00F3;n y mujer, el problema est&#x00E1; ahora, como ya se ha apuntado, en dilucidar el estatuto de la diferencia, ensambl&#x00E1;ndolo con la igualdad. En principio, se plantea que la distinci&#x00F3;n o diferencia entre var&#x00F3;n y mujer afecta a la identidad m&#x00E1;s profunda de la persona. En contraposici&#x00F3;n al pensamiento dualista, se parte de la unidad radical entre cuerpo y esp&#x00ED;ritu, entre dimensi&#x00F3;n corporal y racional. La diferencia sexual humana ser&#x00ED;a, entonces, una distinci&#x00F3;n en el mismo interior del <italic>ser</italic>. Y teniendo en cuenta que el ser humano es personal, ser&#x00ED;a una diferencia en el seno mismo de la persona. De este modo, existir&#x00ED;an dos modalidades o posibles “cristalizaciones” del ser personal: la persona masculina y la persona femenina (Castilla de Cort&#x00E1;zar, <xref ref-type="bibr" rid="CIT14">1996</xref>). </p>

			<p>La diferencia entre varones y mujeres est&#x00E1; actualmente respaldada por las ciencias biom&#x00E9;dicas; en concreto, por la Gen&#x00E9;tica, la Endocrinolog&#x00ED;a y la Neurolog&#x00ED;a (Camps, <xref ref-type="bibr" rid="CIT12">2007</xref>, pp. 41-187). Es evidente que, desde un punto de vista biol&#x00F3;gico, la persona se sit&#x00FA;a en la existencia como var&#x00F3;n o como mujer. El ser humano, de modo natural o innato, se desarrolla diferenci&#x00E1;ndose en cuerpo humano masculino y femenino. Los gametos que aporta a la fecundaci&#x00F3;n el organismo del var&#x00F3;n y el de la mujer son diferentes. El cromosoma X o Y del gameto masculino determinar&#x00E1; el sexo cromos&#x00F3;mico del nuevo individuo, ya que el femenino siempre tiene el cromosoma sexual X. A su vez, el sexo cromos&#x00F3;mico determinar&#x00E1; el sexo gonadal y este el hormonal, con todas sus importantes consecuencias posteriores. </p>

			<p>Por ello, desde un punto de vista gen&#x00E9;tico, todas las c&#x00E9;lulas del hombre (que contienen los cromosomas XY) son diferentes a las de la mujer (cuyo equivalente es XX). Se calcula que la desigualdad ser&#x00ED;a de un 3%. No se trata de un porcentaje muy alto. No obstante, hay que tener en cuenta que esa peque&#x00F1;a diferencia se encuentra en todas las c&#x00E9;lulas de nuestro cuerpo (Blay, <xref ref-type="bibr" rid="CIT10">1992</xref>, p. 228). Por ello, la condici&#x00F3;n sexual de la persona humana es una caracter&#x00ED;stica que —al menos, desde el punto de vista biol&#x00F3;gico— acompa&#x00F1;a al ser humano desde su mismo origen y a lo largo de toda su existencia. </p>

			<p>La referida realidad biol&#x00F3;gica encierra, en s&#x00ED; misma, un profundo significado personal. Spaemann denomina “identidad natural b&#x00E1;sica” a la dimensi&#x00F3;n biol&#x00F3;gica de la persona. Dicha dimensi&#x00F3;n natural -el organismo-, permite que el ser humano sea “en todo momento reidentificable desde fuera” (Spaemann, <xref ref-type="bibr" rid="CIT35">2000</xref>, p. 96; Camps, <xref ref-type="bibr" rid="CIT12">2007</xref>, pp. 241-280). Se trata de un indicio crucial: la identidad personal corporal, la identidad sexual y las identidades y relaciones familiares que se desprenden de esa realidad -maternidad, paternidad, filiaci&#x00F3;n y fraternidad- se encuentran encarnadas en un organismo, y marcar&#x00E1;n la vida de la persona. En consecuencia, la condici&#x00F3;n sexual no es un elemento irrelevante, sino un presupuesto insoslayable en el camino personal de b&#x00FA;squeda y formaci&#x00F3;n de la propia identidad. </p>

			<p>El desarrollo adecuado del cromosoma «Y» determinar&#x00E1;, a su vez, diferencias endocrinol&#x00F3;gicas que se sumar&#x00E1;n a la diferenciaci&#x00F3;n gen&#x00E9;tica. La acci&#x00F3;n de las hormonas es muy importante en el posterior crecimiento intra y extrauterino del ser humano. Estas determinan el desarrollo sexuado e influyen en el sistema nervioso central. En consecuencia, parece que tambi&#x00E9;n configuran de modo diferencial el cerebro (De Vries <italic>et al</italic>., <xref ref-type="bibr" rid="CIT17">1984</xref>; Moir y Jessel, <xref ref-type="bibr" rid="CIT29">1989</xref>; Kimura, <xref ref-type="bibr" rid="CIT27">1992</xref>, pp. 77-84; Gur, <xref ref-type="bibr" rid="CIT23">1997</xref>, pp. 65-90). Para Zuanazzi, “la sexualizaci&#x00F3;n involucra a todo el organismo, de modo que el dimorfismo coimplica, de manera m&#x00E1;s o menos evidente, a todos los &#x00F3;rganos y funciones. En particular, este proceso afecta al sistema nervioso central, determinando diferencias estructurales y funcionales entre el cerebro masculino y femenino” (Zuanazzi, <xref ref-type="bibr" rid="CIT38">1995</xref>, p. 80; Barbarino y de Marinis, <xref ref-type="bibr" rid="CIT08">1984</xref>; L&#x00F3;pez Moratalla, <xref ref-type="bibr" rid="CIT28">2009</xref>). De este modo, se podr&#x00ED;a afirmar que ambos cerebros ser&#x00ED;an dos “fundamentales variantes biol&#x00F3;gicas del cerebro humano” (Dimond, <xref ref-type="bibr" rid="CIT18">1977</xref>, p. 477; Zuanazzi, <xref ref-type="bibr" rid="CIT37">1991</xref>; Zollino y Neri, <xref ref-type="bibr" rid="CIT36">1990</xref>, pp. 21- 22; Zuanazzi, <xref ref-type="bibr" rid="CIT38">1995</xref>, p. 46). </p>

			<p>Los estudios realizados en la especie humana est&#x00E1;n todav&#x00ED;a abiertos. No obstante, parece que fenot&#x00ED;picamente (y ello incluye la conducta) mujeres y varones difieren (Castilla de Cort&#x00E1;zar, <xref ref-type="bibr" rid="CIT13">1992</xref>, p. 23). Se podr&#x00ED;a afirmar que, la complejidad infinitamente m&#x00E1;s desarrollada del psiquismo humano -en comparaci&#x00F3;n con el de los animales- no permite delimitar con tanta evidencia lo que, en este, se encuentra bajo la dependencia inmediata de las hormonas genitales. En cualquier caso, parece que las diferencias se refieren, fundamentalmente, a que un sexo emite un determinado comportamiento con mayor frecuencia o intensidad que otro. Por otro lado, estudios psicom&#x00E9;tricos han demostrado la existencia de una variedad de diferencias, estad&#x00ED;sticamente significativas, respecto a habilidades cognitivas entre hombres y mujeres. As&#x00ED;, por ejemplo, Kimura estudi&#x00F3; las diferencias entre el cerebro del var&#x00F3;n y el de la mujer en el modo de resolver problemas intelectuales. Lleg&#x00F3; a la conclusi&#x00F3;n de que poseen modelos diversos de capacidad, no de nivel global de inteligencia. De este modo, se podr&#x00ED;a afirmar que existe heterogeneidad entre los sexos en cuanto a la organizaci&#x00F3;n cerebral para ciertas habilidades. Pero tal diferencia no implica una mayor o menor inteligencia entre ellos, sino una capacidad complementaria de observar y abordar la realidad (Kimura, <xref ref-type="bibr" rid="CIT27">1992</xref>, pp. 77-84). </p>

			<p>Dicho esto, conviene tener en cuenta que las diferencias referidas no nos permiten, como en ocasiones se ha pretendido, dividir el mundo en dos planos, el masculino y el femenino, entendi&#x00E9;ndolos como dos esferas perfectamente delimitadas. Tampoco es admisible referirse a “virtudes” o “valores” exclusivamente masculinos o femeninos. Como indica Castilla, las cualidades, las virtudes, son individuales, personales. Tener buen o mal o&#x00ED;do, buena o mala voz, no depende de ser var&#x00F3;n o mujer. Por otra parte, puede haber varones con una gran intuici&#x00F3;n y mujeres con destreza t&#x00E9;cnica. Las cualidades son individuales y las virtudes pertenecen a la naturaleza humana, que es la misma para los dos sexos. Por ello, no se puede hacer una distribuci&#x00F3;n de virtudes y cualidades propias de cada sexo, afirmando, por ejemplo, que a la mujer le corresponde la ternura y al var&#x00F3;n la fortaleza. La mujer demuestra habitualmente, sobre todo ante el dolor, una mayor fortaleza que muchos varones (Castilla de Cort&#x00E1;zar, <xref ref-type="bibr" rid="CIT16">2002</xref>, pp. 36-37). Por otra parte, los varones, sobre todo a partir de los 35 a&#x00F1;os -al menos es lo que afirman los psiquiatras-, desarrollan una gran ternura (Castilla de Cort&#x00E1;zar, <xref ref-type="bibr" rid="CIT16">2002</xref>, p. 36), que se asocia con el descenso en la proporci&#x00F3;n de testosterona. </p>

			<p>Desde esta perspectiva, parece que hombres y mujeres presentan, en general, modos complementarios de percibir y construir la realidad. Se podr&#x00ED;a afirmar que los valores, cualidades y virtudes “cristalizan” de manera diferente en hombres y mujeres. Por decirlo de alg&#x00FA;n modo, en general, es distinta la fortaleza femenina que la masculina. Pero, al mismo tiempo, cada una necesita o se complementa con la otra. Ballesteros (<xref ref-type="bibr" rid="CIT07">2000</xref>, p. 130) hace un elenco de valores complementarios, o m&#x00E1;s bien, de distintos modos o “cristalizaciones” de estos. Por ejemplo, relaciona la exactitud, el an&#x00E1;lisis, el discurso, la competencia, el crecimiento y lo productivo con el var&#x00F3;n. En contrapartida, atribuye a la mujer la analog&#x00ED;a, la s&#x00ED;ntesis, la intuici&#x00F3;n, la cooperaci&#x00F3;n, la conservaci&#x00F3;n y lo reproductivo con la mujer. Tambi&#x00E9;n Castilla realiza un elenco de actitudes m&#x00E1;s frecuentes, respectivamente, en varones y en mujeres (Castilla de Cort&#x00E1;zar, <xref ref-type="bibr" rid="CIT16">2002</xref>, pp. 37-38). </p>

			<p>No obstante, es importante destacar que no encontramos valores o cualidades superiores en uno u otro sexo, sino perspectivas y enfoques complementarios de la realidad. En esta l&#x00ED;nea, la profesora norteamericana Jean Bethke Elsthain, en su conocido libro <italic>Public Man, Private Woman</italic> ha expuesto claramente el planteamiento que intenta sentar las bases de una sociedad m&#x00E1;s &#x00E9;tica y m&#x00E1;s humana. En sus palabras: “Una alternativa a la protesta feminista que busca la completa absorci&#x00F3;n de la mujer dentro de la sociedad mercantil debiera no perder contacto con la esfera tradicional de la mujer. El mundo de la mujer surgi&#x00F3; de un troquel de cuidado y preocupaci&#x00F3;n por los dem&#x00E1;s. Cualquier comunidad humana viable debe tener entre sus miembros un sector importante dedicado a proteger su vulnerabilidad. Hist&#x00F3;ricamente esa ha sido la misi&#x00F3;n de la mujer. Lo lamentable no es que la mujer refleje una &#x00E9;tica de responsabilidad social, sino que el mundo p&#x00FA;blico, en su mayor&#x00ED;a, haya repudiado dicha &#x00E9;tica” (Elsthain, <xref ref-type="bibr" rid="CIT20">1981</xref>).</p>
			
		</sec>
		</sec>

		
		<sec id="S4">
			<title>4. CONCLUSI&#x00D3;N</title>

			<p>El modelo de la igualdad en la diferencia pretende superar las insuficiencias de anteriores paradigmas de relaci&#x00F3;n sexo-g&#x00E9;nero, sin renunciar a incorporar sus logros. Se trata de edificar una sociedad m&#x00E1;s humana, aprovechando la riqueza que pueden aportar, varones y mujeres, tanto en el &#x00E1;mbito privado -especialmente en la familia-, como en el p&#x00FA;blico. </p>

			<p>Para ello se plantea, como se&#x00F1;ala Castilla, la necesidad de “construir una familia con padre y una cultura con madre” (<xref ref-type="bibr" rid="CIT16">2002</xref>, p. 30). Porque la realidad es que cada hijo necesita el amor de su padre y de su madre y, adem&#x00E1;s, del cari&#x00F1;o que ambos se tienen entre s&#x00ED;. Para ello, una de las claves est&#x00E1; en entender que aquellos valores que la modernidad asign&#x00F3; a la condici&#x00F3;n femenina –el cuidado, el servicio, la atenci&#x00F3;n diligente a los dem&#x00E1;s, la actitud de dar lo mejor de s&#x00ED; mismo–, no deben ser privativos, ni exclusivos, de ella. Por el contrario, son igualmente indispensables para el var&#x00F3;n, intentando evitar que se convierta en un ser preocupado solo por el poder y la competencia frente a los dem&#x00E1;s. De ah&#x00ED; lo obligatorio para el hombre de cultivar las actitudes de respeto, cuidado y valoraci&#x00F3;n de la vida, de su activa presencia en el hogar, y de su colaboraci&#x00F3;n corresponsable en las tareas del mismo. </p>

			<p>Adem&#x00E1;s, es importante destacar que tambi&#x00E9;n las estructuras laborales y sociales necesitan del “genio” y de los valores que tradicionalmente ha representado la mujer. Y ello, para hacerlas m&#x00E1;s habitables, para que se acomoden a las necesidades de cada etapa de la vida de las personas, para que cada ser humano pueda dar, en cada circunstancia, lo mejor de s&#x00ED; mismo. Pero consideramos que esto solo ser&#x00E1; posible desde un modelo en el que la corresponsabilidad sea una realidad, empezando por el &#x00E1;mbito familiar y, desde ah&#x00ED;, llegando al p&#x00FA;blico.</p>
			
			
		</sec>
		
	</body>
	
	
	<back>
	
		
				
		<ref-list>
			<title>BIBLIOGRAF&#x00CD;A</title>
			<ref id="CIT01">
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
					  <surname>Allen</surname>
					  <given-names>J.</given-names>	  
				  </name>
			  </person-group>
			  <year>1986</year>
			  <chapter-title>Motherhood: the annihilation of women</chapter-title>
			  <person-group person-group-type="editor">
				  <name>
					  <surname>Trebilcot</surname>
					  <given-names>J.</given-names>	  
				  </name>
			  </person-group>
			  <source>Mothering: Essays in feminist theory</source>
			  <publisher-name>Rowman &#x0026; Allanheld</publisher-name>
			</element-citation>
			</ref>

			<ref id="CIT02"> 
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
					  <surname>&#x00C1;lvarez</surname>
					  <given-names>L.</given-names>	  
				  </name>
			  </person-group>
			  <year>2002</year>
			  <source>Estudios sobre la sexualidad en el pensamiento contempor&#x00E1;neo</source>
			  <publisher-loc>Pamplona</publisher-loc>
			  <publisher-name>Universidad de Navarra</publisher-name>
			</element-citation>
			</ref>

			<ref id="CIT03">
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
					  <surname>Amor&#x00F3;s</surname>
					  <given-names>C.</given-names>	  
				  </name>
			  </person-group>
			  <year>1991</year>
			  <source>Hacia una cr&#x00ED;tica de la raz&#x00F3;n patriarcal</source>
			  <publisher-loc>Barcelona</publisher-loc>
			  <publisher-name>Anthropos</publisher-name>
			</element-citation>
			</ref>

			<ref id="CIT04">
			<element-citation publication-type="journal">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
					  <surname>Aparisi</surname>
					  <given-names>A.</given-names>	  
				  </name>
			  </person-group>
			  <year>2009</year>
			  <article-title>Ideolog&#x00ED;a de g&#x00E9;nero: de la naturaleza a la cultura</article-title>
			  <source>Persona y Derecho</source>
			  <volume>61</volume>
			</element-citation>
			</ref>

			<ref id="CIT05">
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
					  <surname>Aparisi</surname>
					  <given-names>A.</given-names>	  
				  </name>
			  </person-group>
			  <year>2011</year>
			  <chapter-title>Aproximaci&#x00F3;n a las consecuencias sociales y jur&#x00ED;dicas de la ideolog&#x00ED;a de g&#x00E9;nero</chapter-title>
			  <person-group person-group-type="coordinator">
				  <name>
					  <surname>Molina</surname>
					  <given-names>E.</given-names>	  
				  </name>
				  <name>
					  <surname>Trigo Oubi&#x00F1;a</surname>
					  <given-names>T. A.</given-names>	  
				  </name>				  
			  </person-group>
			  <source>Matrimonio, Familia, Vida. Homenaje al profesor Dr. Augusto Sarmiento</source>
			  <publisher-loc>Pamplona</publisher-loc>
			  <publisher-name>Eunsa</publisher-name>
			</element-citation>
			</ref>

			<ref id="CIT06">
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
					  <surname>Aparisi</surname>
					  <given-names>A.</given-names>	  
				  </name>
			  </person-group>
			  <year>2011</year>
			  <source>Persona y g&#x00E9;nero</source>
			  <publisher-loc>Pamplona</publisher-loc>
			  <publisher-name>Thomson-Aranzadi</publisher-name>
			</element-citation>
			</ref>

			<ref id="CIT07">
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
					  <surname>Ballesteros</surname>
					  <given-names>J.</given-names>	  
				  </name>
			  </person-group>
			  <year>2000</year>
			  <source>Postmodernidad: decadencia o resistencia</source>
			  <publisher-loc>Madrid</publisher-loc>
			  <publisher-name>Tecnos</publisher-name>
			</element-citation>
			</ref>

			<ref id="CIT08">
			<element-citation publication-type="journal">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
					  <surname>Barbarino</surname>
					  <given-names>A.</given-names>	  
				  </name>
				  <name>
					  <surname>de Marinis</surname>
					  <given-names>L.</given-names>	  
				  </name>				  
			  </person-group>
			  <year>1984</year>
			  <chapter-title>Ruolo degli ormoni gonadici sulla sessualizzazione cerebrale</chapter-title>				  
			  <source>Medicina e Morale</source>			  
			  <fpage>724</fpage>
			  <lpage>729</lpage>
			</element-citation>
			</ref>

			<ref id="CIT09">
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
					  <surname>Berge</surname>
					  <given-names>A.</given-names>	  
				  </name>
			  </person-group>
			  <year>1967</year>
			  <source>La educaci&#x00F3;n sexual de la infancia</source>
			  <publisher-loc>Barcelona</publisher-loc>
			  <publisher-name>Miracle</publisher-name>
			</element-citation>
			</ref>

			<ref id="CIT10"> 
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
					  <surname>Blay</surname>
					  <given-names>R.</given-names>	  
				  </name>
			  </person-group>
			  <year>1992</year>
			  <source>Iron Jhon</source>
			  <publisher-loc>Barcelona</publisher-loc>
			  <publisher-name>Plaza Jan&#x00E9;s</publisher-name>
			</element-citation>
			</ref>

			<ref id="CIT11">
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
					  <surname>Butler</surname>
					  <given-names>J.</given-names>	  
				  </name>
			  </person-group>
			  <year>2007</year>
			  <source>El g&#x00E9;nero en disputa. El feminismo y la subversi&#x00F3;n de la identidad</source>
			  <publisher-loc>Barcelona</publisher-loc>
			  <publisher-name>Paid&#x00F3;s</publisher-name>
			</element-citation>
			</ref>

			<ref id="CIT12">
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
					  <surname>Camps</surname>
					  <given-names>M.</given-names>	  
				  </name>
			  </person-group>
			  <year>2007</year>
			  <source>Identidad sexual y Derecho</source>
			  <publisher-loc>Pamplona</publisher-loc>
			  <publisher-name>Eunsa</publisher-name>
			</element-citation>
			</ref>

			<ref id="CIT13">
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
					  <surname>Castilla de Cort&#x00E1;zar</surname>
					  <given-names>B.</given-names>	  
				  </name>
			  </person-group>
			  <year>1992</year>
			  <source>La complementariedad var&#x00F3;n-mujer: nuevas hip&#x00F3;tesis</source>
			  <publisher-loc>Madrid</publisher-loc>
			  <publisher-name>Rialp</publisher-name>
			</element-citation>
			</ref>

			<ref id="CIT14">
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
					  <surname>Castilla de Cort&#x00E1;zar</surname>
					  <given-names>B.</given-names>	  
				  </name>
			  </person-group>
			  <year>1996</year>
			  <source>Persona femenina - persona masculina</source>
			  <publisher-loc>Madrid</publisher-loc>
			  <publisher-name>Rialp</publisher-name>
			</element-citation>
			</ref>

			<ref id="CIT15">
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
					  <surname>Castilla de Cort&#x00E1;zar</surname>
					  <given-names>B.</given-names>	  
				  </name>
			  </person-group>
			  <year>1997</year>
			  <source>Persona y g&#x00E9;nero: ser var&#x00F3;n y ser mujer</source>
			  <publisher-loc>Madrid</publisher-loc>
			  <publisher-name>Eiunsa</publisher-name>
			</element-citation>
			</ref>

			<ref id="CIT16">
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
					  <surname>Castilla de Cort&#x00E1;zar</surname>
					  <given-names>B.</given-names>	  
				  </name>
			  </person-group>
			  <year>2002</year>
			  <chapter-title>Lo masculino y lo femenino en el siglo XXI</chapter-title>
			  <person-group person-group-type="editor">
				  <name>
					  <surname>Aparisi</surname>
					  <given-names>A.</given-names>	  
				  </name>
				  <name>
					  <surname>Ballesteros</surname>
					  <given-names>J.</given-names>	  
				  </name>
			  </person-group>
			  <source>Por un feminismo de la complementariedad. Nuevas perspectivas para la familia y el trabajo</source>
			  <publisher-loc>Pamplona</publisher-loc>
			  <publisher-name>Eunsa</publisher-name>
			  <fpage>24</fpage>
			  <lpage>46</lpage>
			</element-citation>
			</ref>

			<ref id="CIT17">
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
					  <surname>De Vries</surname>
					  <given-names>G. J.</given-names>	  
				  </name>
				  <name>
					  <surname>Debruin</surname>
					  <given-names>J. P. C.</given-names>	  
				  </name>
				  <name>
					  <surname>Uylings</surname>
					  <given-names>H. B. M.</given-names>	  
				  </name>
				  <name>
					  <surname>Corner</surname>
					  <given-names>M. A.</given-names>	  
				  </name>				  				  				  
			  </person-group>
			  <year>1984</year>
			  <chapter-title>Sex differences in the brain: the relation between structure and function</chapter-title>
			  <source>Progress in Brain Research</source>
			  <volume>61</volume>
			  <fpage>315</fpage>
			  <lpage>330</lpage>
			</element-citation>
			</ref>

			<ref id="CIT18">
			<element-citation publication-type="journal">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
					  <surname>Dimond</surname>
					  <given-names>S. J.</given-names>	  
				  </name>
			  </person-group>
			  <year>1977</year>
			  <article-title>Evolution and lateralization of the brain: concluding remarks</article-title>
			  <source>Annals of the New York Academy of Sciences</source>
			  <volume>299</volume>
			  <fpage>477</fpage>
			  <lpage>501</lpage>
			</element-citation>
			</ref>

			<ref id="CIT19">
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
					  <surname>El&#x00F3;segui</surname>
					  <given-names>M.</given-names>	  
				  </name>
			  </person-group>
			  <year>2011</year>
			  <chapter-title>Tres diversos modelos filos&#x00F3;ficos sobre la relaci&#x00F3;n entre sexo y g&#x00E9;nero</chapter-title>
			  <person-group person-group-type="editor">
				  <name>
					  <surname>Aparisi</surname>
					  <given-names>A.</given-names>	  
				  </name>
			  </person-group>
			  <source>Persona y G&#x00E9;nero</source>
			  <publisher-loc>Pamplona</publisher-loc>
			  <publisher-name>Thomson-Aranzadi</publisher-name>
			  <fpage>53</fpage>
			  <lpage>75</lpage>
			</element-citation>
			</ref>

			<ref id="CIT20">
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
					  <surname>Elsthain</surname>
					  <given-names>J. B.</given-names>	  
				  </name>
			  </person-group>
			  <year>1981</year>
			  <source>Public man, Private Woman in Social and Political Thought</source>
			  <publisher-loc>Priceton</publisher-loc>
			  <publisher-name>Priceton University Press</publisher-name>
			</element-citation>
			</ref>

			<ref id="CIT21">
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
					  <surname>Flax</surname>
					  <given-names>J.</given-names>	  
				  </name>
			  </person-group>
			  <year>1990</year>
			  <source>Thinking Fragments. Psychoanalysis, Feminism and Postmodernism in the Contemporary West</source>
			  <publisher-loc>Berkeley-Los Angeles</publisher-loc>
			  <publisher-name>University of California Press</publisher-name>
			</element-citation>
			</ref>

			<ref id="CIT22">
			<element-citation publication-type="journal">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
					  <surname>Gilligan</surname>
					  <given-names>K.</given-names>	  
				  </name>
			  </person-group>
			  <year>1986</year>
			  <article-title>On “In a different voice”: an interdisciplinary Forum</article-title>
			  <source>Signs</source>
			  <volume>11</volume>
			  <fpage>304</fpage>
			  <lpage>333</lpage>
			</element-citation>
			</ref>

			<ref id="CIT23">
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
					  <surname>Gurr</surname>
					  <given-names>E.</given-names>	  
				  </name>
			  </person-group>
			  <year>1997</year>
			  <chapter-title>Diferencias en las funciones del cerebro entre los sexos</chapter-title>
			  <person-group/>
				  <collab>VV. AA.</collab>
			  <source>La mujer en el umbral del siglo XXI</source>
			  <publisher-loc>Madrid</publisher-loc>
			  <publisher-name>Universidad Complutense</publisher-name>
			  <fpage>65</fpage>
			  <lpage>90</lpage>
			</element-citation>
			</ref>

			<ref id="CIT24">
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
					  <surname>Haaland Matlary</surname>
					  <given-names>J.</given-names>	  
				  </name>
			  </person-group>
			  <year>2000</year>
			  <source>El tiempo de las mujeres. Notas para un Nuevo Feminismo</source>
			  <publisher-loc>Madrid</publisher-loc>
			  <publisher-name>Rialp</publisher-name>
			</element-citation>
			</ref>

			<ref id="CIT25">
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
					  <surname>Haraway</surname>
					  <given-names>D.</given-names>	  
				  </name>
			  </person-group>
			  <year>1989</year>
			  <source>Primate Visions: Gender, Race and Nature in the World of Modern Science</source>
			  <publisher-loc>New York</publisher-loc>
			  <publisher-name>Routledge</publisher-name>
			</element-citation>
			</ref>

			<ref id="CIT26">
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
					  <surname>Haraway</surname>
					  <given-names>D.</given-names>	  
				  </name>
			  </person-group>
			  <year>1991</year>
			  <chapter-title>A Cyborg Manifiesto: Science, Technology, and Socialist-Feminism in the Late Century</chapter-title>
			  <source>Simians, Cyborgs, and Women</source>
			  <publisher-loc>New York</publisher-loc>
			  <publisher-name>Routledge</publisher-name>
			  <fpage>149</fpage>
			  <lpage>181</lpage>
			</element-citation>
			</ref>

			<ref id="CIT27">
			<element-citation publication-type="journal">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
					  <surname>Kimura</surname>
					  <given-names>D.</given-names>	  
				  </name>
			  </person-group>
			  <year>1992</year>
			  <article-title>Cerebro de var&#x00F3;n y cerebro de mujer</article-title>
			  <source>Investigaci&#x00F3;n y ciencia</source>
			  <volume>194</volume>
			  <comment>Disponible en <uri>(http://www.investigacionyciencia.es/revistas/investigacion-y-ciencia/numero/194)</uri></comment>			  
			</element-citation>
			</ref>

			<ref id="CIT28">
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
					  <surname>Lop&#x00E9;z Moratalla</surname>
					  <given-names>N.</given-names>	  
				  </name>
			  </person-group>
			  <year>2009</year>
			  <source>Cerebro de mujer y cerebro de var&#x00F3;n</source>
			  <publisher-loc>Madrid</publisher-loc>
			  <publisher-name>Rialp</publisher-name>
			</element-citation>
			</ref>

			<ref id="CIT29">
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
					  <surname>Moir</surname>
					  <given-names>A.</given-names>	  
				  </name>
				  <name>
					  <surname>Jessel</surname>
					  <given-names>D.</given-names>	  
				  </name>				  
			  </person-group>
			  <year>1989</year>
			  <source>Brain Sex. The real difference between men and women</source>
			  <publisher-loc>London</publisher-loc>
			  <publisher-name>Penguin Group</publisher-name>
			</element-citation>
			</ref>

			<ref id="CIT30">
			<element-citation publication-type="journal">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
					  <surname>Nubiola</surname>
					  <given-names>J.</given-names>	  
				  </name>
			  </person-group>
			  <year>2000</year>
			  <article-title>Esencialismo, diferencia sexual y lenguaje</article-title>
			  <source>Humanitas</source>
			  <volume>23</volume>
			  <fpage>351</fpage>
			  <lpage>390</lpage>
			</element-citation>
			</ref>

			<ref id="CIT31">
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
					  <surname>Palazzani</surname>
					  <given-names>L.</given-names>	  
				  </name>
			  </person-group>
			  <year>2002</year>
			  <chapter-title>Los valores femeninos en bio&#x00E9;tica</chapter-title>
			  <person-group person-group-type="editor">
				  <name>
					  <surname>Aparisi</surname>
					  <given-names>A.</given-names>	  
				  </name>
				  <name>
					  <surname>Ballesteros</surname>
					  <given-names>J.</given-names>	  
				  </name>				  
			  </person-group>
			  <source>Por un feminismo de la complementariedad. Nuevas perspectivas para la familia y el trabajo</source>
			  <publisher-loc>Pamplona</publisher-loc>
			  <publisher-name>Eunsa</publisher-name>
			  <fpage>55</fpage>
			  <lpage>76</lpage>
			</element-citation>
			</ref>
	
			<ref id="CIT32">
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
					  <surname>Palazzani</surname>
					  <given-names>L.</given-names>	  
				  </name>
			  </person-group>
			  <year>2008</year>
			  <source>Identit&#x00E0; di genere? Dalla differenza alla in-differenza sessuale nel diritto</source>
			  <publisher-loc>Milano</publisher-loc>
			  <publisher-name>San Paolo</publisher-name>
			</element-citation>
			</ref>

			<ref id="CIT33">
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
					  <surname>Scoltsar</surname>
					  <given-names>P. W.</given-names>	  
				  </name>
			  </person-group>
			  <year>1992</year>
			  <chapter-title>Do feminist ethics counter feminista aims?</chapter-title>
			  <person-group person-group-type="editor">
				  <name>
					  <surname>Browning</surname>
					  <given-names>E.</given-names>	  
				  </name>
				  <name>
					  <surname>Coultrip-McQuin</surname>
					  <given-names>S.</given-names>	  
				  </name>				  
			  </person-group>
			  <source>Explorations in feminist ethics</source>
			  <publisher-loc>Bloomington</publisher-loc>
			  <publisher-name>Indiana University Press</publisher-name>
			  <fpage>259</fpage>
			  <lpage>291</lpage>
			</element-citation>
			</ref>

			<ref id="CIT34">
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
					  <surname>Serra</surname>
					  <given-names>A.</given-names>	  
				  </name>
			  </person-group>
			  <year>1989</year>
			  <chapter-title>La biologia della sessualit&#x00E0; in prospettiva pedagogica</chapter-title>
			  <person-group person-group-type="editor">
				  <name>
					  <surname>Zuanazzi</surname>
					  <given-names>G.</given-names>	  
				  </name>
			  </person-group>
			  <source>L’educazione sessuale nella scuola</source>
			  <publisher-loc>Brezzo di B&#x00E9;dero</publisher-loc>
			  <publisher-name>Editrice Salcom</publisher-name>
			  <fpage>63</fpage>
			  <lpage>82</lpage>
			</element-citation>
			</ref>

			<ref id="CIT35">
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
					  <surname>Spaemann</surname>
					  <given-names>R.</given-names>	  
				  </name>
			  </person-group>
			  <year>2000</year>
			  <source>Personas. Acerca de la distinci&#x00F3;n entre “algo” y “alguien”</source>
			  <publisher-loc>Pamplona</publisher-loc>
			  <publisher-name>Eunsa</publisher-name>
			</element-citation>
			</ref>

			<ref id="CIT36">
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
					  <surname>Zollino</surname>
					  <given-names>M.</given-names>	  
				  </name>
				  <name>
					  <surname>Neri</surname>
					  <given-names>G.</given-names>	  
				  </name>				  
			  </person-group>
			  <year>1990</year>
			  <chapter-title>Le basi biologiche della differenziazione sessuale</chapter-title>
			  <person-group person-group-type="editor">
				  <name>
					  <surname>Dastoli</surname>
					  <given-names>C.</given-names>	  
				  </name>
				  <name>
					  <surname>Bologna</surname>
					  <given-names>T.</given-names>	  
				  </name>				  
			  </person-group>
			  <source>Sessualit&#x00E0; da ripensare. Argomenti di preparazione all’educazione sessuale per insegnanti e genitori</source>
			  <publisher-loc>Mil&#x00E1;n</publisher-loc>
			  <publisher-name>Vita e Pensiero</publisher-name>
			</element-citation>
			</ref>

			<ref id="CIT37">
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
					  <surname>Zuanazzi</surname>
					  <given-names>G.</given-names>	  
				  </name>
			  </person-group>
			  <year>1991</year>
			  <source>Temi e simboli dell’eros</source>
			  <publisher-loc>Roma</publisher-loc>
			  <publisher-name>Citt&#x00E1; Nuova</publisher-name>
			</element-citation>
			</ref>

			<ref id="CIT38">
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
					  <surname>Zuanazzi</surname>
					  <given-names>G.</given-names>	  
				  </name>
			  </person-group>
			  <year>1995</year>
			  <source>L’et&#x00E1; ambigua. Paradossi, risorse e turbamenti dell’adolescenza</source>
			  <publisher-loc>Brescia</publisher-loc>
			  <publisher-name>La Scuola</publisher-name>
			</element-citation>
			</ref>
			
		</ref-list>
		
	</back>
</article>