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			<journal-id journal-id-type="publisher-id">Arbor</journal-id>
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				<journal-title>ARBOR Ciencia, Pensamiento y Cultura</journal-title>
				<abbrev-journal-title>Arbor</abbrev-journal-title>
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			<issn pub-type="epub">0210-1963</issn>
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				<publisher-name>Consejo Superior de Investigaciones Cient&#x00ED;ficas</publisher-name>
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			<article-id pub-id-type="publisher-id">arbor.2016.779n3002</article-id>
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				<subject>LAS LEGUMINOSAS EN LA AGRICULTURA DEL FUTURO / GRAIN LEGUMES IN FUTURE AGRICULTURE</subject>
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				<article-title>Legumbres: el pan del pobre</article-title>
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					<trans-title>Legumes, the poorman’s bread</trans-title>
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				<alt-title alt-title-type="running-head">Legumbres: el pan del pobre</alt-title>
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					 <surname>Cubero Salmer&#x00F3;n</surname>
					 <given-names>Jos&#x00E9; Ignacio</given-names>
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				<aff id="U1">Universidad de C&#x00F3;rdoba</aff>
				
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				<corresp id="cor1"><email xlink:href="ge1cusaj@uco.es">ge1cusaj@uco.es</email></corresp>
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				<year>2016</year>
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			<year>2016</year>
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			<volume>192</volume>
			<issue>779</issue>
			
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					<license-p>Este es un art&#x00ED;culo de acceso abierto distribuido bajo los t&#x00E9;rminos de la licencia Creative Commons Attribution (CC BY) Espa&#x00F1;a 3.0.</license-p>
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			<abstract xml:lang="es">
				<title>RESUMEN</title>
				<p>Domesticadas a la par que los primeros cereales y otros cultivos ricos en carbohidratos, compa&#x00F1;eras inseparables de ellos en la tierra, en las costumbres, en la mesa y en el pesebre, en la agricultura moderna las leguminosas no son, sin embargo, m&#x00E1;s que secundarias o terciarias, a pesar de las llamadas a su consumo en dietas equilibradas y a la necesidad de su inclusi&#x00F3;n en la “alimentaci&#x00F3;n” del suelo, es decir, en las rotaciones que incrementen la fertilidad del mismo de forma natural. Su riqueza en prote&#x00ED;nas hizo que se llamaran “el pan del pobre”; su capacidad de fertilizar la tierra fijando nitr&#x00F3;geno atmosf&#x00E9;rico fue recomendaci&#x00F3;n constante de los autores agr&#x00ED;colas desde los tiempos de Grecia y Roma. En el presente art&#x00ED;culo se presentan las leguminosas no en sus aspectos t&#x00E9;cnicos sino en su relaci&#x00F3;n con el Hombre desde diversos puntos de vista, incluyendo el papel que han representado en la Historia de la Ciencia al haber sido protagonista de estudios trascendentales como los de Mendel, Galton y Johannsen y la descripci&#x00F3;n del primer QTL entre otros.</p>
			</abstract>
			
									
			<trans-abstract xml:lang="en">
				<title>ABSTRACT</title>
				<p>Domesticated at the same time as the first cereals and other carbohydrate-rich crops, legumes have maintained close ties with these in all aspects of human life: in the land, traditions, and as food for man or animal feed. However, in modern farming they are only considered to be second class crops, in spite of continuous calls for their use in balanced diets and in crop rotations to increase soil fertility by fixing atmospheric nitrogen, avoiding excess use of synthetic fertilizers. Because of their high protein content they were known as “the poorman’s meat”. Moreover, their ability to fertilize soil was greatly valued by ancient agronomists since Greek and Roman times. Rather than focusing on the technical aspects of legumes, the present article considers the relationship between man and legumes from different perspectives, including their role in the History of Science, being protagonists of fundamental studies such as those carried out by Mendel, Galton and Johannsen, as well as the first description of a QTL.</p>
			</trans-abstract>
			

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				<title>PALABRAS CLAVE</title>
				<kwd>Leguminosas</kwd>
				<kwd>bot&#x00E1;nica</kwd>
				<kwd>alimentaci&#x00F3;n</kwd>
				<kwd>cocina</kwd>
				<kwd>folclore</kwd>
				<kwd>gen&#x00E9;tica</kwd>
			</kwd-group>
			
						
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				<title>KEYWORDS</title> 			
				<kwd>Legumes</kwd>	
				<kwd>botany</kwd>
				<kwd>food</kwd>
				<kwd>cooking</kwd>
				<kwd>folklore</kwd>
				<kwd>genetics</kwd>
			</kwd-group>
			
		
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	<body>	
			
		<sec id="S1">
			<title>UNA FAMILIA NUMEROSA</title>

			<p>La familia a la que pertenecen las especies aqu&#x00ED; tratadas ha recibido al menos tres bien conocidos nombres desde que la Bot&#x00E1;nica estableci&#x00F3; reglas taxon&#x00F3;micas firmes: leguminosas, papilion&#x00E1;ceas y fab&#x00E1;ceas. El primero responde a <italic>legumen</italic>, el nombre latino de los frutos (vainas) caracter&#x00ED;sticos de la familia, seg&#x00FA;n Varr&#x00F3;n derivado de <italic>legere</italic>, “arrancar”, pues se cosechaban no segando como los cereales sino arrancando a mano las plantas; el segundo se debe al de su tambi&#x00E9;n caracter&#x00ED;stica flor, cuya forma recuerda la de una mariposa (<italic>papilio</italic>), y el &#x00FA;ltimo a una de sus especies, las habas (<italic>faba</italic>). </p>

			<p>Los dos primeros se encuentran en la literatura en igualdad de proporciones, el tercero responde al nombre bot&#x00E1;nico oficial, siendo una singularidad. En efecto, la taxonom&#x00ED;a bot&#x00E1;nica moderna da a las familias nombres derivados de uno de sus g&#x00E9;neros m&#x00E1;s t&#x00ED;picos. As&#x00ED;, se prefiere <italic>po&#x00E1;ceas</italic> (de <italic>Poa</italic>) a <italic>gram&#x00ED;neas</italic>, o <italic>brasic&#x00E1;ceas</italic> (de <italic>Brassica</italic>) a <italic>cruc&#x00ED;feras</italic>, etc., pero el g&#x00E9;nero <italic>Faba</italic> no existe en la actualidad, aunque s&#x00ED; lo hizo mucho tiempo atr&#x00E1;s, cuando a las habas se las denominaba <italic>Faba bona</italic> por bot&#x00E1;nicos del XVIII siguiendo a Medikus, que les dio tal nombre en 1787. Fue Linneo quien, en 1753, les dio el nombre de <italic>Vicia faba</italic> que ha prevalecido a pesar de las numerosas dudas que siempre han existido en cuanto a su grado de parentesco, es decir, en cuanto a proximidad real, con el resto de especies del g&#x00E9;nero <italic>Vicia</italic>; el hecho de contener doble cantidad de ADN que el resto de cong&#x00E9;neres y la estructura de sus cromosomas a&#x00F1;ade peso sustancial a las dudas meramente morfol&#x00F3;gicas. Es cierto que la domesticaci&#x00F3;n pudo jugar un papel esencial en esta diferenciaci&#x00F3;n. En todo caso, el apunte es puramente bot&#x00E1;nico respecto a la curiosidad de que el nombre de la familia no tenga un g&#x00E9;nero en el que repose (Polhill y Raven, <xref ref-type="bibr" rid="CIT13">1981</xref>). </p>

			<p>Es una familia enorme; con m&#x00E1;s de 20.000 especies es una de las mayores de la Bot&#x00E1;nica, a pesar de lo cual ha sido relativamente poco explotada por los agricultores, si bien una gran cantidad de ellas ha sido utilizada por cazadores-recolectores por sus frutos, semillas e incluso hojas y tub&#x00E9;rculos, y asimismo por pueblos ganaderos, pues los pastizales favoritos son los que se basan fundamentalmente en una buena proporci&#x00F3;n de gram&#x00ED;neas y de leguminosas. Es la teor&#x00ED;a del equilibrio llevada a la pr&#x00E1;ctica. En efecto, las fuentes primarias de hidratos de carbono (cereales en zonas templadas, tub&#x00E9;rculos y ra&#x00ED;ces en las tropicales) han tenido en todas las culturas unas compa&#x00F1;eras inseparables: las leguminosas. Se complementan en la dieta tanto en las proporciones de prote&#x00ED;nas e hidratos de carbono como en las carencias respectivas en amino&#x00E1;cidos esenciales. No es extra&#x00F1;o, pues, que en grandes regiones del mundo se viva a base de comer diariamente arroz con jud&#x00ED;as, s&#x00E9;mola de trigo con garbanzos, etc. La asociaci&#x00F3;n va m&#x00E1;s all&#x00E1; de lo nutritivo, puesto que se complementan tambi&#x00E9;n en la extracci&#x00F3;n de nutrientes y, adem&#x00E1;s, a causa de la simbiosis existente entre leguminosas y bacterias fijadoras de nitr&#x00F3;geno atmosf&#x00E9;rico, constituyen una rotaci&#x00F3;n perfecta. </p>

			</sec>
			<sec id="S2">
			<title>LA CARNE DEL POBRE</title>

			<p>No es por azar que la asociaci&#x00F3;n cereal (o productor de hidratos de carbono)-leguminosa est&#x00E9; presente en todas las regiones del mundo desde el origen de la Agricultura: en el Pr&#x00F3;ximo Oriente y regiones bajo su influencia, trigo y cebada con habas, garbanzos, lentejas, guisantes etc.; en &#x00C1;frica, sorgo y mijo con la jud&#x00ED;a carilla (de origen africano; v&#x00E9;ase la &#x00FA;ltima secci&#x00F3;n de este art&#x00ED;culo en relaci&#x00F3;n con este nombre); en Am&#x00E9;rica, ma&#x00ED;z con varios frijoles americanos; en el norte de China, mijos y soja (hoy oleaginosa, entonces fuente de prote&#x00ED;na y grasa) y, en general, en todo el Lejano Oriente tropical, arroz con varias jud&#x00ED;as asi&#x00E1;ticas, parientes tanto de las africanas como de las americanas. En otras regiones donde no era posible el cultivo de grano, las leguminosas acompa&#x00F1;aron plantas suministradoras de az&#x00FA;cares: en el altiplano andino, el altramuz tarwi a la patata, en los tr&#x00F3;picos polin&#x00E9;sicos varias jud&#x00ED;as al sag&#x00FA; o a la batata, en &#x00C1;frica tropical a los &#x00F1;ames o, m&#x00E1;s tarde, a la mandioca. Se comprende f&#x00E1;cilmente que la gran cultura vegetariana, la hinduista, haya basado su cocina milenaria en un equilibrio diet&#x00E9;tico en el que las leguminosas juegan un papel esencial. Son, pues, no solo “carne del pobre” sino tambi&#x00E9;n “carne del vegetariano”. </p>

			<p>Nada mejor que reproducir un ya comentado pasaje del <italic>Libro de Buen Amor</italic> para mostrar su papel de “carne”, en este caso para una dieta vegetariana obligada. Le dice Do&#x00F1;a Cuaresma a Don Carnal, tras haberlo vencido en singular combate:</p>

					<disp-quote>
						<p>El d&#x00ED;a de domingo, por tu codicia mortal</p>

						<p>comer&#x00E1;s garbanzos cochos con aceite y no &#x00E1;l;</p>

						<p>…</p>

						<p>En el d&#x00ED;a del lunes, por tu soberbia mucha</p>

						<p>Comer&#x00E1;s de las arvejas, m&#x00E1;s no salm&#x00F3;n ni trucha;</p>

						<p>…</p>

						<p>El jueves cenar&#x00E1;s, por la tu mortal ira</p>

						<p>Y porque perjuraste diciendo mentira</p>

						<p>Lentejas con la sal: en rezar te remira;</p>

						<p>Cuando mejor te sepan, por Dios de ti las tira.</p>

						<p>…</p>

						<p>Come el d&#x00ED;a del s&#x00E1;bado las habas y no m&#x00E1;s:</p>

						<p>por tu envidia mucha, pescado no comer&#x00E1;s…</p>

						<p>etc. etc.</p>
					</disp-quote>

			<p>Teniendo en cuenta que, adem&#x00E1;s, Don Carnal ten&#x00ED;a que comer gachas (en la cual entrar&#x00ED;an las almortas) los martes, la proporci&#x00F3;n de leguminosas en su dieta es verdaderamente notable. Dieta, en su caso, de penitencia, pues Don Carnal era rico: “carne de vegetariano” (hoy en d&#x00ED;a, de dieta de adelgazamiento, otra especie de penitencia); para los no privilegiados, vegetarianos obligados, garbanzos, habas, lentejas, guisantes (las arvejas del Arcipreste, hoy el nombre com&#x00FA;n en Am&#x00E9;rica) y almortas eran la “carne del pobre”, pero con ella crec&#x00ED;an sanos y fuertes. </p>

			<p>Aunque en &#x00E9;pocas recientes el aceite ocupe el primer lugar en algunas especies (soja, cacahuete) es la prote&#x00ED;na, la que confiere la categor&#x00ED;a de “carne”. El porcentaje <italic>medio</italic> de prote&#x00ED;na en la semilla madura se sit&#x00FA;a, en general, entre el 20 y 25%, pudiendo aumentar con relativa facilidad por selecci&#x00F3;n, pero los altramuces sobrepasan el 30%, incluso sin haber sido seleccionados para ello (y el amarillo rebasa el 40%); soja y cacahuete, despu&#x00E9;s de haber sufrido una extraordinaria labor de selecci&#x00F3;n, superan el 35% el primero y el 25% el segundo, aun cuando la selecci&#x00F3;n fue realizada para incrementar la proporci&#x00F3;n de grasa (P&#x00E9;rez de la Vega, Torres, Cubero y Kole, <xref ref-type="bibr" rid="CIT12">2012</xref>).</p>

			<p>Un punto d&#x00E9;bil es el bajo contenido en amino&#x00E1;cidos azufrados de esa prote&#x00ED;na. Sin embargo, en la pr&#x00E1;ctica esto no es importante pues nunca figuran en solitario en la dieta o en los piensos; sus eternos compa&#x00F1;eros en ambos casos, los cereales, compensan ese d&#x00E9;ficit y, a su vez, ven compensado su bajo contenido en lisina, que le sobra a las leguminosas. Es esa combinaci&#x00F3;n la que permite una dieta equilibrada (aparte de las adiciones industriales de amino&#x00E1;cidos sint&#x00E9;ticos). De ah&#x00ED; que los platos compuestos con arroz y jud&#x00ED;as sigan siendo la comida diaria en grandes regiones del mundo, como tambi&#x00E9;n los “potajes” mediterr&#x00E1;neos y otros platos semejantes (“cocido”, cusc&#x00FA;s, etc.) (Cubero y Moreno, <xref ref-type="bibr" rid="CIT04">1983</xref>).</p>

		</sec>
			
		<sec id="S3">
			<title>ALGUNOS INCONVENIENTES</title>

			<p>El punto verdaderamente d&#x00E9;bil no es ese, sino la presencia de elementos no nutritivos, algunos de los cuales son manifiestamente t&#x00F3;xicos. La variedad es enorme. Hay factores lat&#x00ED;ricos, cianog&#x00E9;nicos, antitr&#x00ED;psicos, alcaloides, amino&#x00E1;cidos no proteicos, etc.; otros son simplemente molestos (digestiones pesadas) o inocuos aunque socialmente inconvenientes, como los causantes de flatulencia. Huelga decir que todas las plantas, en su estado natural, es decir, sin haber sufrido un proceso de selecci&#x00F3;n, tienen factores de ese estilo, y la raz&#x00F3;n es sencilla: atacada por un predador, la planta no puede huir como lo hace un animal, pero ha de defenderse, y lo hace con espinas, vellosidades, gl&#x00E1;ndulas diversas… y con sustancias t&#x00F3;xicas acompa&#x00F1;adas de sabores amargos que le indican al predador “cuidado… que debajo hay un veneno…” (Font Quer, <xref ref-type="bibr" rid="CIT08">1962</xref>). Una planta que ofrece una buena proporci&#x00F3;n de prote&#x00ED;na (y de hidratos de carbono) ser&#x00ED;a un bocado exquisito a no ser por esas defensas. </p>

			<p>No debe exagerarse, en general, la presencia de tales elementos, pues de nuevo hay que decir lo mismo que lo indicado respecto al bajo contenido en amino&#x00E1;cidos azufrados: las leguminosas no son nunca un alimento que se de en estado puro sino en mezcla, por lo que la proporci&#x00F3;n de sustancias antinutritivas disminuye por debajo de valores umbral. Adem&#x00E1;s, la selecci&#x00F3;n intuitiva, m&#x00E1;s bien autom&#x00E1;tica, ha hecho que se fuesen seleccionando variedades con menor contenido en estas sustancias; l&#x00F3;gicamente, ante un altramuz amargo y uno dulce nos quedaremos con el dulce, que sembraremos y multiplicaremos.</p>

			<p>En todo caso, es notable c&#x00F3;mo el Hombre ha sido capaz de salvar este inconveniente en su dieta, eliminando o reduciendo su contenido hasta niveles tolerables. El simple “remojado” aumenta la digestibilidad, la cocci&#x00F3;n suele eliminar muchos de estos factores; por ejemplo, los principios cianog&#x00E9;nicos (productores nada menos que de cianuros) presentes en las jud&#x00ED;as se eliminan coci&#x00E9;ndolas, pero dicha operaci&#x00F3;n est&#x00E1; restringida a la preparaci&#x00F3;n de alimentos para el hombre, no de piensos. Hay procedimientos industriales que lo consiguen, como es el caso de la soja, una de las que mayor n&#x00FA;mero de factores antinutritivos posee y, sin embargo, tras la extracci&#x00F3;n de aceite, su torta extrusionada est&#x00E1; completamente limpia de los mismos. Otros se eliminan con el lavado, como, por ejemplo, los alcaloides (que producen sabor amargo pero que pueden llegar a ser t&#x00F3;xicos) de los altramuces: ha sido pr&#x00E1;ctica habitual de los ganaderos la de sumergirlos durante varios d&#x00ED;as en un arroyo, en alguna acequia o en alg&#x00FA;n pil&#x00F3;n en el que se mantenga una corriente de agua, y recu&#x00E9;rdese c&#x00F3;mo se consumen como aperitivo: embebidos en agua salada. En suma, entre el lavado y la cocci&#x00F3;n, dos procedimientos culinarios ancestrales, se logra una buena eliminaci&#x00F3;n, y la no menos ancestral mezcla con otras materias (cereales, verduras, etc.) rebaja a&#x00FA;n m&#x00E1;s el contenido en sustancias no nutritivas (Nadal, Moreno y Cubero, <xref ref-type="bibr" rid="CIT10">2004</xref>). </p>

			<p>Algunos de esos factores merecen un comentario especial, pues no todos se eliminan por procedimientos sencillos como el lavado o la cocci&#x00F3;n. Las especies del g&#x00E9;nero <italic>Lathyrus</italic>, conocidas como almortas y titarros, contienen un amino&#x00E1;cido libre (pseudoleucina) pero que, al ser muy similar a la leucina, puede integrarse en las cadenas pept&#x00ED;dicas produciendo prote&#x00ED;nas t&#x00F3;xicas que pueden hacer degenerar la m&#x00E9;dula espinal provocando par&#x00E1;lisis parcial o total. La harina de almortas ha sido sin duda con la que mejores gachas se han cocinado en Espa&#x00F1;a, a pesar de lo cual no ha habido problemas ya que para sufrir tal enfermedad, <italic>latirismo</italic>, hay que consumir grandes cantidades de forma continua durante un largo tiempo, lo que solo ha sucedido en circunstancias especiales de hambrunas terribles, como en India tras la segunda guerra mundial por ejemplo: las almortas llegaron a constituir el componente principal de la dieta (son un cultivo enormemente resistente a circunstancias adversas, algo que los agricultores sab&#x00ED;an), y las consecuencias fueron nefastas. En fechas m&#x00E1;s cercanas se han dado casos de latirismo al consumir veza en lugar de lentejas (de Haro, <xref ref-type="bibr" rid="CIT06">1983</xref>). Como la <italic>pseudo</italic>-leucina y otros amino&#x00E1;cidos an&#x00E1;logos son resistentes a todo tratamiento industrial, solo cabe la mejora gen&#x00E9;tica para solucionar el problema. </p>

			<p>Otro caso interesante es el del fabismo, nombre evidentemente derivado de “faba”. Es m&#x00E1;s complicado, pues, a diferencia del anterior, la consecuencia de la ingesta de habas (sobre todo inmaduras) depende de que el consumidor posea un determinado gen que le hace ser sensible a algunas mol&#x00E9;culas peque&#x00F1;as (las dos principales llevan los nombres de vicina y convicina) e indestructibles por cualquier procedimiento: solo las elimina la selecci&#x00F3;n gen&#x00E9;tica. El <italic>fabismo</italic> consiste en una hemorragia estomacal que puede ser grave en regiones con pobres recursos hospitalarios. <italic>El fabismo no es una reacci&#x00F3;n al&#x00E9;rgica</italic>, en contra de una opini&#x00F3;n muy extendida; es una reacci&#x00F3;n fisiol&#x00F3;gica que necesita una constituci&#x00F3;n gen&#x00E9;tica y un est&#x00ED;mulo producido por las habas (de Haro, <xref ref-type="bibr" rid="CIT06">1983</xref>; P&#x00E9;rez de la Vega <italic>et al.</italic>, <xref ref-type="bibr" rid="CIT12">2012</xref>). ¿C&#x00F3;mo se ha mantenido ese gen en las poblaciones humanas siendo, como es, francamente delet&#x00E9;reo…? En principio deber&#x00ED;a haber desaparecido, o al menos estar en muy baja frecuencia, por selecci&#x00F3;n natural. Si no es as&#x00ED;, como es demostrable en poblaciones mediterr&#x00E1;neas, ha de ser porque debe reportar alguna ventaja. En este caso, se ha sugerido un efecto de resistencia o tolerancia a alguna enfermedad end&#x00E9;mica (por ejemplo, la malaria) en la misma zona en que se registra el fabismo; por alguna raz&#x00F3;n, los portadores de esos genes la toleran mejor que los no que no lo tienen en su constituci&#x00F3;n gen&#x00E9;tica (P&#x00E9;rez de la Vega <italic>et al.</italic>, <xref ref-type="bibr" rid="CIT12">2012</xref>). Toda moneda tiene dos caras… Como consejo pr&#x00E1;ctico, lector, si usted ha consumido habas en cualquier forma y no ha tenido nada, puede comer todas las que quiera; y si ha tenido alguna hemorragia, no las consuma m&#x00E1;s, pero no busque vacunas: el problema est&#x00E1; en sus genes y no se le pueden quitar. En cambio, las sustancias productoras de fabismo s&#x00ED; se le pueden quitar a las habas por selecci&#x00F3;n, y hay variedades que no las tienen. </p>

			<p>Los dos casos anteriores son dignos de menci&#x00F3;n pero el lector no debe pensar que es algo general en las leguminosas; como alimentos valiosos que son, se han protegido con multitud de defensas, pero ya se ha dicho que no siendo componentes &#x00FA;nicos de la dieta, los efectos nocivos son raros. No solo eso; es poco sabido que algunos granos <italic>naturales</italic>, sin tratamientos, como el garbanzo o la lenteja que se consumen en nuestro pa&#x00ED;s, de colores claros, muestran valores biol&#x00F3;gicos comparables al de la torta de soja <italic>tratada</italic> por procedimientos industriales. Y los de negros o muy oscuros, ricos en sustancias que dificultan la digesti&#x00F3;n, que son los que se consumen en el subcontinente indio (donde la lenteja es elemento fundamental en la cocina), no ocasionan nada porque se los ha consumido descascarillados desde tiempo inmemorial… ¿Por qu&#x00E9; esa diferencia de colores en India y en el Mediterr&#x00E1;neo…? Selecci&#x00F3;n intuitiva en este y culinaria en aquel… Primitivos, s&#x00ED;, pero no ignorantes. De ah&#x00ED; que existan variedades de altramuces sin alcaloides, sin taninos en habas, guisantes, garbanzos, jud&#x00ED;as, etc. Los casos m&#x00E1;s dif&#x00ED;ciles (fabismo, latirismo) han requerido la acci&#x00F3;n de la moderna Mejora gen&#x00E9;tica una vez conocidas las sutiles causas que los provocan.</p>

		</sec>
			
			
		<sec id="S4">
			<title>EL PAN DEL POBRE EN SU COMIDA Y SUS COSTUMBRES</title>

			<p>Siempre tuvieron fama de digestiones pesadas, y es cierto: fuertes cut&#x00ED;culas con abundantes taninos (salvo las que a lo largo de siglos, y tambi&#x00E9;n en nuestros d&#x00ED;as, se seleccionaron de flor blanca o colores claros de grano) no pueden producir otra cosa. Algunos otros de los factores se&#x00F1;alados m&#x00E1;s arriba, como los de flatulencia por ejemplo, colaboran en el resultado. De ah&#x00ED; que, para aliviar la digesti&#x00F3;n y aumentar su valor biol&#x00F3;gico, haya que cocerlas o descascarillarlas o ambas cosas; se lee, en efecto, en Al Awam: “El m&#x00E1;s seguro modo de cocer las habas y toda especie de legumbres es cocer sola el agua hasta que d&#x00E9; tres o m&#x00E1;s hervores, y despu&#x00E9;s echar en ella las habas bien limpias de su c&#x00E1;scara, y lo mismo las dem&#x00E1;s legumbres; lo cual acelera su cocimiento”. Hay que tener en cuenta que los potajes y cocidos se han acompa&#x00F1;ado de todo lo que se ha podido: verduras, cereales, carnes recias de dif&#x00ED;cil masticaci&#x00F3;n, huesos y tocinos rancios… no eran los mejores acompa&#x00F1;antes para una sobremesa apacible. Sorprende, sin embargo, la opini&#x00F3;n de un autor antiguo y respetable de que los garbanzos estimulan el apetito sexual… Es m&#x00E1;s l&#x00F3;gico lo que se dice de las habas: “Los fil&#x00F3;sofos de la naturaleza dicen que las habas embotan el coraz&#x00F3;n de los que las comen; por eso creen que tambi&#x00E9;n estorban los sue&#x00F1;os ver&#x00ED;dicos…” (Cubero, <xref ref-type="bibr" rid="CIT03">2016</xref>). </p>

			<p>Como todos los dem&#x00E1;s granos, los de leguminosas, descascarillados o no, se mol&#x00ED;an y mezclaban con otros para formar una masa base de pan (realmente, tortas) aut&#x00E9;nticamente “integral”, enriquecido con prote&#x00ED;nas que complementaban las de los cereales en el contenido en amino&#x00E1;cidos. Ese es el pan que se sigue haciendo en la cocina india, que utiliza para ello sobre todo lentejas, pero antiguamente los panes de garbanzos, habas y de cualquier otra leguminosa (incluso de altramuces tras lavarlos para eliminar el amargor) eran conocidos en todas partes, con frecuentes alusiones a digestiones lentas pues en las recetas que a veces dan se a&#x00F1;ade, adem&#x00E1;s de carne si se puede, “cebolla, aceite, manteca, y queso seco…” y adem&#x00E1;s, por si fuera poco, “cuyo pan se come con grosuras, mantecas, aceites y carne gorda, habiendo mezclado con su masa lo que dijimos se mezclase con la del panizo y del mijo” (Cubero, <xref ref-type="bibr" rid="CIT03">2016</xref>). Un buen alimento, sin duda, pero… </p>

			<p>En la manera m&#x00E1;s general de potajes y gachas (la de almortas es exquisita) hay que decir que, si bien en nuestra sociedad son ya platos de restaurante, en algunos lugares siguen siendo comida b&#x00E1;sica y a veces &#x00FA;nica: arroz con frijoles en buena parte de Am&#x00E9;rica central, “ful madamas” en Egipto, cusc&#x00FA;s en el Magreb, etc. En nuestro pa&#x00ED;s siguen siendo enormemente populares las jud&#x00ED;as (con toda variedad de nombres) con chorizo, fabadas, lentejas, sin olvidar al cocido de garbanzos en sus m&#x00FA;ltiples facetas: madrile&#x00F1;o, con callos, de vigilia, etc.… Y quien haya pasado en Inglaterra siquiera una noche no habr&#x00E1; dejado de tomar, ¡de desayuno…!, jud&#x00ED;as estofadas… </p>

			<p>La buena mesa exigi&#x00F3; productos m&#x00E1;s delicados que el grano seco. Entre las jud&#x00ED;as se seleccionaron algunas variedades para su consumo como grano <italic>tierno</italic>, inmaduro pero no verde (ha de clav&#x00E1;rsele la u&#x00F1;a): las “pochas”. Como aperitivos se toman as&#x00ED; habas en algunas regiones, pero lo com&#x00FA;n es consumir el grano verde, inmaduro, de habas (las “baby” se han impuesto en el mercado) y guisantes (los impuso Luis XIV y los nobles franceses lo siguieron, l&#x00F3;gicamente), tanto en fresco como, cada vez m&#x00E1;s, procesado, algo que tambi&#x00E9;n se hace con grano seco de garbanzos, lentejas y jud&#x00ED;as (y pochas) ofreci&#x00E9;ndose hoy una oferta de cuarta y quinta gama inmejorable. </p>

			<p>En la antig&#x00FC;edad se le atribuyeron algunas propiedades curiosas, adem&#x00E1;s de la afrodisiaca del garbanzo mencionada m&#x00E1;s arriba. Esos mismos garbanzos “comidos calientes o fr&#x00ED;os alegran al que los comiere, divierten el &#x00E1;nimo, hacen olvidar los cuidados, fortalecen el coraz&#x00F3;n, y apartan los pensamientos sombr&#x00ED;os” y tambi&#x00E9;n “las lentejas egipcias deparan alegr&#x00ED;a a los que las comen”, algo en lo que deb&#x00ED;a penar tambi&#x00E9;n los romanos, pues por algo debi&#x00F3; escribir Virgilio “no olvid&#x00E9;is las lentejas de Pelusium”, la ciudad del Delta egipcio famosa por sus productos agr&#x00ED;colas. Y, desde luego, alegraron al Patriarca Jacob tras prepararle un plato de lentejas a su hermano Esa&#x00FA; con el que le arrebat&#x00F3;, de forma poco ortodoxa, la primogenitura. Menos satisfacci&#x00F3;n le debi&#x00F3; dar a Col&#x00F3;n encontrar, en el pu&#x00F1;ado de garbanzos que sirvi&#x00F3; para echar suertes, en medio de una tremenda tormenta a la vuelta del primer viaje, uno negro: eso quer&#x00ED;a decir que, si se salvaban, tendr&#x00ED;a que ir a Guadalupe en peregrinaci&#x00F3;n. El garbanzo negro le toc&#x00F3; a &#x00E9;l, pero nunca fue (Cubero, <xref ref-type="bibr" rid="CIT02">2016</xref>). </p>

			<p>Por su parte, las habas “quitan de la boca el olor del ajo comidas inmediatamente despu&#x00E9;s”, algo que, al igual que la naturaleza afrodisiaca del garbanzo, no es aconsejable poner en pr&#x00E1;ctica. Tampoco la de quitar de los vestidos las manchas de sangre lav&#x00E1;ndolos con garbanzos molidos y mezclados con jab&#x00F3;n o sal… Y quedan en el folclore popular multitud de expresiones: “lentejas… si quieres las comes y si no las dejas”, es decir, “esto es lo que hay…” “El garbanzo negro de la familia” se sigue diciendo aunque ya no se encuentran ni en el mercado ni en el cultivo garbanzos negros mezclados con los de color “garbanzo” (es una categor&#x00ED;a propia). En el cl&#x00E1;sico rosc&#x00F3;n de Reyes, lo tradicional era colocar, en lugar de las figuritas de pl&#x00E1;stico actuales, granos de habas (“las habitas de la suerte”), tradici&#x00F3;n quiz&#x00E1; relacionada con la de “echar las habas” como medio de adivinaci&#x00F3;n, a la manera de los palillos de madera o hueso en otras culturas. Muestra de su consumo, y no precisamente por potentados econ&#x00F3;micos, son expresiones tales como “en todas partes cuecen habas”, “son habas contadas”, “tonto del haba” (“estar faba” dicen los valencianos), “me importa un haba”, y otras con referencias anat&#x00F3;micas no apropiadas en este lugar. </p>

		</sec>
			
		<sec id="S5">
			<title>EL “PAN” DEL SUELO DEL POBRE</title>

			<p>S&#x00ED;maco, v&#x00E1;stago de una importante familia senatorial romana del siglo IV dC, visitaba sus inmensas propiedades y le da cuenta a su padre de la inspecci&#x00F3;n: </p>

					<disp-quote>
						<p>“Nuestro patrimonio familiar decae y debemos examinarlo continuamente… pues sucede en nuestra &#x00E9;poca que el campo, que sol&#x00ED;a dar alimento, debe ser alimentado”. </p>
					</disp-quote>

			<p>Es dif&#x00ED;cil hallar una mejor descripci&#x00F3;n de un eterno problema: el de la p&#x00E9;rdida de fertilidad del suelo agr&#x00ED;cola con un cultivo incesante (Cubero, <xref ref-type="bibr" rid="CIT03">2016</xref>). La primera intuici&#x00F3;n de que la tierra perd&#x00ED;a poder estuvo ya en la mente de los primeros cultivadores que practicaron la roza. Al cabo de pocos a&#x00F1;os, deb&#x00ED;an abandonar la parcela desmontada y cultivada porque ya no daba m&#x00E1;s. Hay que reponer lo que se saca, y reponerlo equilibradamente para reconstituir el suelo en sus propiedades f&#x00ED;sicas, tan importantes como las qu&#x00ED;micas. Entre las soluciones est&#x00E1;n dar descanso a la tierra uno o varios a&#x00F1;os, esto es, dejarla en barbecho, o bien, si hay suficiente tierra inculta, practicar la agricultura itinerante. Otra soluci&#x00F3;n es abonar, pero durante miles de a&#x00F1;os el &#x00FA;nico abono fue el esti&#x00E9;rcol y su utilizaci&#x00F3;n depend&#x00ED;a del manejo del ganado (se pierde en la trashumancia, por ejemplo) y del propio manejo del esti&#x00E9;rcol: no debe ser fresco sino maduro, para lo cual se debe tener un estercolero para el primero y otro para el segundo.</p>

			<p>Ahora bien, la fertilidad se puede reponer por medio del cultivo de leguminosas pues tienen la peculiaridad de fijar nitr&#x00F3;geno atmosf&#x00E9;rico en forma de fertilizante gracias a las bacterias del g&#x00E9;nero <italic>Rhizobium</italic> y relacionados que viven en simbiosis en sus ra&#x00ED;ces con beneficio mutuo para hu&#x00E9;sped y bacteria: esta desarrolla su ciclo englobada en unos n&#x00F3;dulos que forman las ra&#x00ED;ces y recibe un buen suministro de az&#x00FA;cares y de otras sustancias que necesita, y la planta consigue una buena dosis de nitr&#x00F3;geno, esencial para la s&#x00ED;ntesis de todo tipo de prote&#x00ED;nas. La raz&#x00F3;n de este suministro se debe a la peculiaridad de esas bacterias de poder fijar el nitr&#x00F3;geno atmosf&#x00E9;rico (qu&#x00ED;micamente inerte) en forma de compuesto amoniacal que se une a los &#x00E1;cidos org&#x00E1;nicos para formar amino&#x00E1;cidos, los “ladrillos” de las prote&#x00ED;nas. Como “subproducto”, el exceso de nitr&#x00F3;geno atmosf&#x00E9;rico fijado en las ra&#x00ED;ces en mol&#x00E9;culas de amonio por los n&#x00F3;dulos bacterianos queda en el terreno, enriqueci&#x00E9;ndolo as&#x00ED; en un bien escaso. No todas lo hacen igual, sin embargo, porque la asociaci&#x00F3;n entre hu&#x00E9;sped y simbionte a veces es muy espec&#x00ED;fica. Por eso hay que tener cuidado cuando se transfiere un cultivo de leguminosa a una regi&#x00F3;n donde nunca se la conoci&#x00F3;, a menos que se lleve con ella la bacteria (en tiempos antiguos como impurezas de tierra en los sacos de transporte, hoy en forma de productos industriales) y que esta colonice los nuevos territorios. Es el caso, por ejemplo, de la soja fuera del norte de China o de las nuevas forrajeras africanas en Am&#x00E9;rica (Cubero y Moreno, <xref ref-type="bibr" rid="CIT04">1983</xref>).</p>

			<p>La base cient&#x00ED;fica de esa simbiosis no se conoci&#x00F3; hasta finales del siglo XIX pero sus efectos se sab&#x00ED;an desde tiempos remotos. Los autores griegos y romanos, en efecto, reconocieron que los cultivos de habas, lentejas, guisantes, etc., “estercolaban” la tierra y recomendaron su alternancia con cereales, lo cual era, dicho sea de paso, una pr&#x00E1;ctica com&#x00FA;n en las agriculturas de todo el mundo, que en lugar de las mencionadas leguminosas mediterr&#x00E1;neas utilizaban las aut&#x00F3;ctonas. Es una manera f&#x00E1;cil y eficaz de mantener la fertilidad del suelo. </p>

			<p>No es por azar que todas las agriculturas iniciales domesticaran cereales y leguminosas: en el Pr&#x00F3;ximo Oriente, trigo y cebada con guisantes, yeros, garbanzos y habas; en &#x00C1;frica, sorgo y mijos con la jud&#x00ED;a carilla entre otras. En Asia, junto al mijo en el norte y al arroz en el sur surgen soja y varias jud&#x00ED;as bien adaptadas a sus ambientes. En las dos Am&#x00E9;ricas, ma&#x00ED;z y jud&#x00ED;as (distintas, pero emparentadas, en el norte y en el sur); la legendaria triada de las “Tres Hermanas” de la primera agricultura americana: ma&#x00ED;z, jud&#x00ED;a y calabaza motiv&#x00F3; no pocos cuentos y leyendas entre las tribus primitivas. Hoy se siguen reconociendo los m&#x00E9;ritos de la asociaci&#x00F3;n y de las rotaciones para lo que se llama “agricultura sostenible”, pero con escaso &#x00E9;xito: el monocultivo feroz es el que domina el mundo desarrollado a pesar de los numerosos estudios que muestran que una simple alternancia de, por ejemplo, trigo con guisantes o habas produce m&#x00E1;s que el monocultivo continuado de trigo… pero es in&#x00FA;til, pues las cuentas no se hacen a plazo medio o largo sino al final de la campa&#x00F1;a, olvidando que, a pesar de los abonos de s&#x00ED;ntesis, el suelo degenera, pues el suelo no es algo inerte sino un organismo vivo repleto de micro y macroorganismos necesarios todos ellos para mantenerlo vivo. No en vano, cereales y leguminosas constituyen la base de todos los prados y estepas naturales en todo el mundo. </p>

		</sec>
		
		
		<sec id="S6">
			<title>PAN Y ESP&#x00CD;RITU</title>

			<p>El cereal, como alimento principal del Hombre en casi todas las regiones geogr&#x00E1;ficas, siempre ha tenido connotaciones religiosas; su cultivo ha sido ense&#x00F1;ado por los dioses y con frecuencia el dios se ha encarnado en &#x00E9;l; baste recordar trigo (hasta hoy en d&#x00ED;a en la misa cat&#x00F3;lica), cebada y ma&#x00ED;z, en distintas religiones sin conexi&#x00F3;n entre s&#x00ED;. Las leguminosas no han tenido esa consideraci&#x00F3;n como simples acompa&#x00F1;antes del alimento b&#x00E1;sico que son, pero un caso al menos nos muestra que tambi&#x00E9;n fueron compa&#x00F1;eras en este papel. </p>

			<p>Las habas estuvieron prohibidas para los sacerdotes en el Antiguo Egipto, seg&#x00FA;n cuenta Her&#x00F3;doto, algo que se ha atribuido al <italic>fabismo</italic> ya comentado. Como todo lo relativo a las prohibiciones y tab&#x00FA;es, incluyendo los del cerdo y la vaca sagrada india, hay que pensar m&#x00E1;s bien en alguna relaci&#x00F3;n con potencias ajenas al Hombre cuyo sentido se ha perdido. En el caso del cerdo y de la vaca india ha habido excelentes estudios que muestran el sentido de esos tab&#x00FA;es; en el cerdo, por ejemplo, los partidarios de la triquina se olvidan de que la <italic>porcofilia</italic> estuvo, y est&#x00E1;, infinitamente m&#x00E1;s extendida que la <italic>porcofobia</italic>, con la triquina presente en todos sitios por igual, y tambi&#x00E9;n olvidan que el cerdo era el animal nada menos que de Dem&#x00E9;ter y esencial en sacrificios y ritos romanos y griegos (su sangre serv&#x00ED;a… ¡para purificar las asambleas…!) (Cubero, <xref ref-type="bibr" rid="CIT03">2016</xref>; Darby, Ghalioungui y Grivetti, <xref ref-type="bibr" rid="CIT05">1977</xref>).</p>

			<p>No hay tantos estudios en el caso de las habas. Que hay algo subyacente es obvio, porque las habas se consum&#x00ED;an por la poblaci&#x00F3;n laica egipcia que, l&#x00F3;gicamente, deb&#x00ED;a presentar tanta frecuencia de fabismo como la casta sacerdotal. Se dice que Pit&#x00E1;goras, educado con sacerdotes egipcios, manten&#x00ED;a que estaban hechas de la misma naturaleza que el hombre y se negaba a comerlas, algo que tambi&#x00E9;n se encuentra en un verso atribuido a Orfeo: “<italic>Comer habas y la cabeza de los padres es lo mismo en verdad</italic>”. Fiel a su creencia, huyendo Pit&#x00E1;goras de los tarentinos, por no cruzar en su huida un campo de habas fue apresado y muerto. Se lee asimismo en la <italic>Geop&#x00F3;nica</italic> de Casiano Baso que Pit&#x00E1;goras dec&#x00ED;a que no se deb&#x00ED;an comer habas “porque hasta en su flor se encuentran signos funestos” (Darby <italic>et al</italic>., <xref ref-type="bibr" rid="CIT05">1977</xref>), algo de lo que no participaron los poetas hispano-musulmanes cuando comparaban las flores puntuadas de negro con “un lunar en la mejilla” de la amada (Cubero, <xref ref-type="bibr" rid="CIT03">2016</xref>). </p>

			<p>Recu&#x00E9;rdese que, en Roma, entre la m&#x00E1;s rancia nobleza de la Roma primitiva figuraba la <italic>gens</italic> Fabia. Eran las habas, adem&#x00E1;s, protagonistas del muy antiguo festival romano de las <italic>Fabaria</italic>, relacionado primitivamente con el culto a los antepasados, aunque se ha perdido el sentido de su origen, as&#x00ED; como el rito de arrojar, durante el festival, un grano de haba por encima del hombro. Se celebraban en el 1 de junio en honor de la diosa Carna, a la que se le ofrec&#x00ED;an tortas de harina de habas con manteca. </p>

		</sec>
		
		
		<sec id="S7">
			<title>CUESTI&#x00D3;N DE NOMBRES: JUD&#x00CD;AS, FRIJOLES, ALUBIAS, CH&#x00CD;CHAROS, HABICHUELAS…</title>

			<p>T&#x00ED;pico caso de domesticaci&#x00F3;n simult&#x00E1;nea e independiente en multitud de lugares debido a su buen contenido en prote&#x00ED;nas, este importante grupo de leguminosas de grano est&#x00E1; constituido por no pocas especies pertenecientes a varios g&#x00E9;neros muy emparentados entre s&#x00ED; y a veces de dif&#x00ED;cil distinci&#x00F3;n incluso por bot&#x00E1;nicos avezados. De ah&#x00ED; la multitud de sinonimias y de vacilaciones taxon&#x00F3;micas y su confusi&#x00F3;n en la cocina, pues todas ellas conocen usos comunes. Su historia y la de sus nombres merecen un comentario especial.</p>

			<p>En &#x00C1;frica occidental se domesticaron algunas de estas leguminosas, particularmente las hoy clasificadas como <italic>Dolichos lablab</italic> y <italic>Vigna unguiculata</italic>, compa&#x00F1;eras del sorgo y de los mijos; no tuvieron &#x00E9;xito al norte del Sahara, pues siendo plantas de d&#x00ED;a corto hab&#x00ED;a que sembrarlas en <italic>nuestra</italic> primavera para que se desarrollaran en <italic>nuestro</italic> verano y se recogieran en <italic>nuestro</italic> oto&#x00F1;o, es decir, en nuestra estaci&#x00F3;n <italic>seca</italic> cuando en su regi&#x00F3;n de origen lo hacen en la <italic>h&#x00FA;meda</italic>. En el verano mediterr&#x00E1;neo necesitaban riego, y de ah&#x00ED; que los tratadistas grecorromanos le tuvieran a estos cultivos tan poca simpat&#x00ED;a. Los griegos las llamaron <italic>faseol</italic> y los romanos <italic>faseolus</italic>. M&#x00E1;s tarde, los &#x00E1;rabes las denominaron <italic>lubia</italic> y, por la fuerte influencia griega que siempre hubo en Egipto desde los Ptolomeos, <italic>fasulia</italic>. Eran muy parecidas en formas, cultivo y usos, y los nombres, con toda probabilidad, se aplicaban a ambas especies. De ellos se derivan los espa&#x00F1;oles <italic>fasol, frejol, frijol-fr&#x00ED;jol</italic> y otros similares, y, evidentemente, <italic>alubia</italic>. Los primeros persistieron en Castilla, “alubia” en lo que hab&#x00ED;a sido musulm&#x00E1;n. Es posible que, por semejanza con las vainas y granos de habas, se conocieran ya como <italic>habichuelas</italic> (“habicholillas”, sin diptongo, en varios lugares andaluces). </p>

			<p>En Oriente se domesticaron tambi&#x00E9;n una buena cantidad de especies similares a las africanas, con los mismos tipos de cultivo y uso, que hoy reciben el nombre gen&#x00E9;rico de “jud&#x00ED;a” con alg&#x00FA;n determinativo (jud&#x00ED;a mungo, adzuki, alada, de sable, etc.) Adem&#x00E1;s, el frijol africano, tras pasar por la Ruta Sabea a India y luego hasta Indonesia, se diversific&#x00F3; tanto que hizo pensar a buenos bot&#x00E1;nicos en su posible origen asi&#x00E1;tico; no es as&#x00ED;, pero la diferenciaci&#x00F3;n fue enorme, y parte de esas variedades volvieron a Europa por el Corredor &#x00C1;rabe. </p>

			<p>En Am&#x00E9;rica exist&#x00ED;a una gran cantidad de especies estrechamente emparentadas con las anteriores, de las que se domesticaron varias, alguna hace al menos 7000 a&#x00F1;os, desde Mesoam&#x00E9;rica hasta el norte argentino. Como las africanas, su ciclo se desarrolla en <italic>nuestro</italic> verano. En una zona de domesticaci&#x00F3;n tan extensa, las distintas especies (<italic>Phaseolus</italic> <italic>vulgaris, lunatus</italic>, <italic>acutifolius</italic>, <italic>coccineus</italic>) recibieron diversos nombres (poroto, pallar, tepari, escomite, ayacote, acalate…) que llegan a nuestros d&#x00ED;as. Su parecido en todo es tan grande con las que entonces exist&#x00ED;an en el Antiguo Mundo que los primeros espa&#x00F1;oles que pisaron el Nuevo no dudaron en darles el nombre castellano: <italic>frijoles</italic>. </p>

			<p>Pero en tanto que el frijol conocido en Espa&#x00F1;a no se extendi&#x00F3; grandemente por el Nuevo, sucedi&#x00F3; al rev&#x00E9;s en direcci&#x00F3;n contraria. De m&#x00E1;s calidad y mayor producci&#x00F3;n, con mucha mayor variaci&#x00F3;n, terminaron por desplazar a las existentes y adoptar sus nombres: frijol, alubia, habichuela…, tomando, adem&#x00E1;s, otros en distintas regiones y a veces para distintas especies como <italic>garrof&#x00F3;n</italic> o <italic>hab&#x00F3;n</italic> (para la jud&#x00ED;a de Lima en Valencia), <italic>fabes</italic> (en Asturias), <italic>caparr&#x00F3;n</italic> (de grano rojo, en La Rioja), etc. El primitivo frijol de remoto origen africano hubo de adoptar otros nombres: jud&#x00ED;a carilla o de careta, frijol de carita, etc., por la manchita que tienen en torno al hilo de la semilla (que, por cierto, tambi&#x00E9;n tienen muchas variedades de frijoles americanos) (Un inciso: el nombre m&#x00E1;s extendido hoy en d&#x00ED;a para la alubia o jud&#x00ED;a antigua, incluso en autores espa&#x00F1;oles que ignoran la historia, es <italic>caup&#x00ED;</italic>, pura transcripci&#x00F3;n del nombre ingl&#x00E9;s <italic>cow pea</italic>, sin que tenga nada que ver ni con “vaca” ni con “guisante”). Para aumentar la confusi&#x00F3;n, tambi&#x00E9;n se conocen todas ellas en algunos lugares como <italic>ch&#x00ED;charos</italic> (sobre todo para variedades de grano blanco de la jud&#x00ED;a com&#x00FA;n) nombre veros&#x00ED;milmente derivado del latino <italic>cicer</italic> (garbanzo) o del italiano <italic>cic&#x00E9;rcula</italic> (almorta) sin que tenga mucha relaci&#x00F3;n con ninguno de estos dos cultivos, pero s&#x00ED; en el uso culinario, que es lo que le importaba a las clases humildes en la antig&#x00FC;edad. </p>

			<p>El “trasplante” de nombres populares tambi&#x00E9;n ocurri&#x00F3; en ingl&#x00E9;s: <italic>bean</italic> era el nombre gen&#x00E9;rico para las habas, y as&#x00ED; llega hasta el siglo XIX seg&#x00FA;n los diccionarios y textos agr&#x00ED;colas de la &#x00E9;poca; las jud&#x00ED;as, por su forma tambi&#x00E9;n arri&#x00F1;onada, se denominaban con esa palabra y determinantes variados: <italic>common bean</italic>, <italic>french bean, kidney bean</italic>, etc. Hoy sucede al rev&#x00E9;s: “bean” refiere indefectiblemente a la jud&#x00ED;a, y son las habas las que se denominan <italic>faba bean</italic>, <italic>horse bean</italic>, etc. M&#x00E1;s sorprendente resulta el hecho de que el <italic>trasplante</italic> de nombres tambi&#x00E9;n termin&#x00F3; ocurriendo en los cient&#x00ED;ficos. Casi todas las especies anteriores, tanto del Viejo como del Nuevo Mundo, se clasificaron en el g&#x00E9;nero <italic>Phaseolus</italic>, derivado del primitivo nombre latino. Avanzado el siglo XX se pens&#x00F3; que conven&#x00ED;a dividirlo para una mayor precisi&#x00F3;n taxon&#x00F3;mica. La idea inicial de dividirlo en dos g&#x00E9;neros principales, <italic>Phaseolus</italic> y <italic>Vigna</italic>, atendiendo a las especies del Nuevo y del Viejo Mundo respectivamente, nunca se pudo completar a la perfecci&#x00F3;n, pero como resultado, el venerable nombre grecolatino y aun &#x00E1;rabe, <italic>faseolus-fasulia</italic>, se le otorg&#x00F3; ¡a las especies americanas…! <italic>Vigna</italic> fue el que recibieron la mayor parte de las afroasi&#x00E1;ticas, pero quedan reductos de <italic>Vigna</italic> en Am&#x00E9;rica y de <italic>Phaseolus</italic> en Asia. Junto a ellos se conservan <italic>Dolichos,</italic> <italic>Canavalia, Psophocarpus</italic> y algunos otros.</p>

			<p>¿Y el nombre <italic>jud&#x00ED;a</italic>, el m&#x00E1;s com&#x00FA;n en Espa&#x00F1;a para todo este conjunto de cultivos…? Pues no se sabe a ciencia cierta nada sobre su origen. Todos los autores, hasta ahora y salvo alguna opini&#x00F3;n delirante, est&#x00E1;n de acuerdo en que no tiene nada que ver con los jud&#x00ED;os. Aparece en el siglo XVII, pero se populariza en el XVIII y desplaza a los dem&#x00E1;s, sobre todo al antiguo “frijol” que queda, en la mente popular, como t&#x00ED;picamente americano siendo el de m&#x00E1;s reciedumbre castellana. La palabra <italic>judihuela</italic>, que se lee en alg&#x00FA;n autor del XVII como el Padre Cobo (en Am&#x00E9;rica) y Fray Miguel de Agust&#x00ED;n (“El Prior”) en Espa&#x00F1;a, le ha sugerido a algunos una corrupci&#x00F3;n a partir de <italic>habichuela</italic> en ambientes moriscos, pero el juego malabar que hay que hacer para demostrarlo tiene m&#x00E1;s de ficci&#x00F3;n que de certeza. </p>

			<p>Claro que el nombre espa&#x00F1;ol de “garbanzo” no se sabe de d&#x00F3;nde viene; ciertamente, ni de las lenguas indoeuropeas ni del vasco. ¿Y qu&#x00E9; hay de la indudable conexi&#x00F3;n entre “lente” (ocular) y “lenteja”…? En lat&#x00ED;n ambas son <italic>lens</italic>, pero es un caso de huevo y gallina: los ling&#x00FC;istas no se deciden sobre cu&#x00E1;l deriva de cu&#x00E1;l, pero para los agr&#x00F3;nomos, como el que suscribe, est&#x00E1; claro: la “lenteja” es natural, le lente &#x00F3;ptica no. Cu&#x00E1;l sea el origen de la natural, es otra cosa (Cubero, <xref ref-type="bibr" rid="CIT03">2016</xref>).</p>

		</sec>
		
		
		<sec id="S8">
			<title>PAN DE LA CIENCIA</title>

			<p>No ser&#x00ED;a justo terminar estas notas sin mencionar el papel desempe&#x00F1;ado por las leguminosas en la Historia de la Ciencia. Pasemos por alto el estudio del tactismo en la mimosa que, con raz&#x00F3;n, se la denomin&#x00F3; <italic>Mimosa p&#x00FA;dica</italic> por cerrar sus foliolos al menor roce de la mano (la mimosa aut&#x00E9;ntica, no las numerosas acacias que se suelen llamar as&#x00ED;). Igualmente dejemos de lado los abundantes estudios sobre su taxonom&#x00ED;a, su sistem&#x00E1;tica y su evoluci&#x00F3;n, al ser una enorme familia tan diversa en todos sus aspectos formando, sin embargo, una unidad filogen&#x00E9;tica indudable demostrable asimismo desde todos los puntos de vista incluido el de la biolog&#x00ED;a molecular (Polhill y Raven, <xref ref-type="bibr" rid="CIT13">1981</xref>).</p>

			<p>Se ha mencionado antes el papel de las leguminosas en la fertilizaci&#x00F3;n del suelo, algo que hizo que los antiguos dijeran que “estercolaban” el terreno. Hasta que no se pudo demostrar que el nitr&#x00F3;geno del aire se fija en el suelo en forma amoniacal por la acci&#x00F3;n de las bacterias que forman n&#x00F3;dulos en las ra&#x00ED;ces de las leguminosas no se supo explicar tal peculiaridad ni zanjar el problema de la adquisici&#x00F3;n de nitr&#x00F3;geno por la planta. La demostraci&#x00F3;n fue, en los a&#x00F1;os ochenta del XIX, qu&#x00ED;mica, por Hermann Hellriegel, y biol&#x00F3;gica, por Martinus Willem Beijerink, que aisl&#x00F3; en 1888 el primer rizobio, <italic>Rhizobium leguminosarum</italic>, de los n&#x00F3;dulos de las ra&#x00ED;ces de las leguminosas. El estudio del mecanismo de la nitrificaci&#x00F3;n arranca con Sergei Nikolaevitch Winogradsky (1856-1946), el fundador de la microbiolog&#x00ED;a del suelo (Cubero y Moreno, <xref ref-type="bibr" rid="CIT04">1983</xref>; Nadal <italic>et al</italic>., <xref ref-type="bibr" rid="CIT10">2004</xref>). </p>

			<p>El sistema, como bien se sabe hoy, es complej&#x00ED;simo desde el punto de vista molecular: el hu&#x00E9;sped ha de poseer genes espec&#x00ED;ficos para aceptar a la bacteria y la formaci&#x00F3;n de n&#x00F3;dulos que esta necesita para desarrollarse, la cual ha de disponer asimismo de genes para reconocer al hu&#x00E9;sped que la alberga; el n&#x00F3;dulo crea el ambiente anaerobio obligatorio para los rizobios por medio de la leg-hemoglobina, otro fen&#x00F3;meno biol&#x00F3;gico al poseer secuencias de amino&#x00E1;cido id&#x00E9;nticas a la hemoglobina de mam&#x00ED;feros (Orive y Temprano, <xref ref-type="bibr" rid="CIT11">1983</xref>). Realmente, la que hoy parece una perfecta simbiosis debi&#x00F3; comenzar como pura enfermedad bacteriana, y de hecho lo es pues la producci&#x00F3;n de la leguminosa se resiente, si bien se compensa con la mayor cantidad de prote&#x00ED;nas que posee. La asociaci&#x00F3;n no es consustancial con las leguminosas, pues no se da en las m&#x00E1;s primitivas (en casi todas las cesalpinoideas y en algunas mimosoideas); solo las faboideas la poseen &#x00ED;ntegramente: claramente es una “infecci&#x00F3;n” que se convirti&#x00F3; en asociaci&#x00F3;n beneficiosa permanente (Cubero y Moreno, <xref ref-type="bibr" rid="CIT04">1983</xref>). </p>

			<p>No menos importante, quiz&#x00E1; mucho m&#x00E1;s, es el papel desempe&#x00F1;ado en el nacimiento de la Gen&#x00E9;tica y, por supuesto, en el de la Mejora <italic>gen&#x00E9;tica</italic>. En el siglo XVIII, las sociedades cient&#x00ED;ficas de Inglaterra, Alemania y Francia ofrecieron premios a quien descubriera los principios de la herencia, lo que dio lugar a un trabajo de investigaci&#x00F3;n de intensidad desconocida hasta entonces. El ingl&#x00E9;s Thomas Andrew Knight (1759–1838) y los franceses Augustin Sageret (1763-1851) y Charles Victor Naudin (1815-1899) estuvieron muy cerca de hacerlo, pero el m&#x00E9;rito de haberlo conseguido recae en un modesto monje agustino, Gregor Mendel (1822-1884), en el convento de Br&#x00FC;nn (hoy Brno) en Moravia (Blaringhem, <xref ref-type="bibr" rid="CIT01">1919</xref>). Los conocidos trabajos de Mendel con guisantes, en los que utiliz&#x00F3; rigurosa y magistralmente el m&#x00E9;todo cient&#x00ED;fico, le llevaron a enunciar sus “Leyes”, comunicadas en la Sociedad de Historia natural local en 1865 y publicadas el a&#x00F1;o siguiente en sus Anales. Es suficientemente conocido que sus resultados pasaron desapercibidos hasta 1900, a&#x00F1;o en el que tres cient&#x00ED;ficos los “redescubrieron” (se sospecha fuertemente que, al menos dos de los tres, los conoc&#x00ED;an) y pudo iniciarse el explosivo desarrollo de la Gen&#x00E9;tica y de sus aplicaciones, entre otras la selecci&#x00F3;n de nuevas variedades con criterios s&#x00F3;lidos (Srb, Owen y Edgar, <xref ref-type="bibr" rid="CIT07">1968</xref>). Pero ¿por qu&#x00E9; el guisante, humilde planta que hizo que Mendel fuera criticado en su tiempo, por no haber elegido las que los grandes cient&#x00ED;ficos manejaban…? Muy posiblemente porque gracias a Luis XIV, que los adoraba en su mesa, se produjo una proliferaci&#x00F3;n de variedades con formas y colores de todo tipo; es m&#x00E9;rito de Mendel haber considerado que m&#x00E1;s val&#x00ED;an esos caracteres sencillos (de los que tambi&#x00E9;n consta que los crib&#x00F3; para elegir los que le parecieron m&#x00E1;s convenientes) que los muy complicados tan del gusto de los grandes evolucionistas del XIX.</p>

			<p>Al mismo tiempo que Mendel, pero en un ambiente radicalmente distinto, Sir Francis Galton (1822-1911), miembro de la alta clase intelectual y econ&#x00F3;mica inglesa, realizaba sus trabajos en una especie ornamental intentando asimismo llegar a la base biol&#x00F3;gica de la herencia. Era una especie curiosamente pariente muy pr&#x00F3;xima del guisante de Mendel, el mal llamado “guisante de olor” pues no es un guisante ni tiene mucho olor, introducido poco antes en los jardines ingleses desde Sicilia (Blaringhem, <xref ref-type="bibr" rid="CIT01">1919</xref>). Sus m&#x00E9;todos, tambi&#x00E9;n rigurosos, eran completamente distintos a los de Mendel, y le permitieron crear m&#x00E9;todos estad&#x00ED;sticos (nada menos que los de “correlaci&#x00F3;n” y de “regresi&#x00F3;n”) y conceptos gen&#x00E9;ticos (el de heredabilidad est&#x00E1; sugerido) de aplicaci&#x00F3;n hoy en d&#x00ED;a en cualquier ciencia y llegar con ellos a otra explicaci&#x00F3;n de la herencia de gran aplicaci&#x00F3;n en selecci&#x00F3;n de razas y variedades; a comienzos del XX se demostr&#x00F3; que no solo no era incompatible con la teor&#x00ED;a mendeliana sino que se pod&#x00ED;a explicar con esta &#x00FA;ltima (Keynes, Edwards y Peel, <xref ref-type="bibr" rid="CIT09">2005</xref>; Cubero, <xref ref-type="bibr" rid="CIT02">2013</xref>). </p>

			<p>Como complemento de los dos estudios fundacionales citados, valgan otros tres: el concepto de “l&#x00ED;nea pura”, el primer “QTL” y la demostraci&#x00F3;n de la replicaci&#x00F3;n conservadora del ADN. </p>

			<p>La obtenci&#x00F3;n de nuevas variedades se hac&#x00ED;a ya en el siglo XIX con arreglo a criterios cient&#x00ED;ficos, aunque todav&#x00ED;a no gen&#x00E9;ticos; desde mediado el siglo, la casa Vilmorin hab&#x00ED;a dise&#x00F1;ado un nuevo sistema de selecci&#x00F3;n en remolacha azucarera, eligiendo las plantas no por su propio valor sino por el de sus descendientes (el m&#x00E9;todo se denomina, con raz&#x00F3;n, <italic>evaluaci&#x00F3;n de descendencia</italic> y se utiliza en casi todos los programas de mejora cl&#x00E1;sica); el &#x00E9;xito fue rotundo, pero hab&#x00ED;a fracasado con el trigo: no se consegu&#x00ED;a aumento alguno de rendimiento. Desde finales de ese mismo siglo, Wilhelm Johannsen, trabajando con una variedad de jud&#x00ED;a com&#x00FA;n, que se reproduce en autogamia estricta, sembr&#x00F3; semillas asiladas de un lote comercial: las m&#x00E1;s pesadas dieron descendientes con semillas pesadas y las m&#x00E1;s ligeras plantas con semillas ligeras; pero ah&#x00ED; se acababa la selecci&#x00F3;n: las segunda generaci&#x00F3;n de cada tipo dio plantas con semillas de ese mismo tipo y as&#x00ED; indefinidamente; cada l&#x00ED;nea originada en dichas plantas manten&#x00ED;a tenazmente generaci&#x00F3;n tras generaci&#x00F3;n el promedio del peso de sus semillas, sin que eligiendo las m&#x00E1;s grandes o las m&#x00E1;s peque&#x00F1;as tal peso aumentara o descendiera en la descendencia. Johannsen las llam&#x00F3; <italic>l&#x00ED;neas puras</italic>, y no solo tipific&#x00F3; el m&#x00E9;todo de obtenerlas que a&#x00FA;n se sigue en la actualidad, sino que intervino en el debate “transformista” de la &#x00E9;poca al demostrar que hay componentes fijos en la estructura de las especies. No pudo basarse en los trabajos de Mendel, reci&#x00E9;n “redescubiertos”, pues sus resultados los public&#x00F3; en 1903 tras los experimentos llevados a cabo durante a&#x00F1;os anteriores (y repetidos y publicados en 1926), si bien son f&#x00E1;cilmente explicables por el mecanismo mendeliano de la herencia: las plantas de una poblaci&#x00F3;n estrictamente aut&#x00F3;gama (como la de la jud&#x00ED;a) son homocig&#x00F3;ticas (palabra que en 1903 no estaba creada), es decir, gen&#x00E9;ticamente id&#x00E9;nticas entre s&#x00ED;, y as&#x00ED; son sus descendientes mientras se sigan manteniendo en autofecundaci&#x00F3;n; las diferencias en el peso <italic>dentro</italic> de cada planta son puros efectos ambientales (Srb <italic>et al</italic>., <xref ref-type="bibr" rid="CIT07">1968</xref>). Tampoco tardaron mucho tiempo en integrarse en las teor&#x00ED;as llamadas “sint&#x00E9;ticas” de la evoluci&#x00F3;n que fusionaron todas las aportaciones en el campo de la herencia sobre la base de la Gen&#x00E9;tica (palabra creada en 1905) mendeliana y de la selecci&#x00F3;n darwiniana (Cubero, <xref ref-type="bibr" rid="CIT02">2013</xref>). </p>

			<p>El primer estudio que mostr&#x00F3; “asociaci&#x00F3;n” de un car&#x00E1;cter cuantitativo con otro cualitativo (un “marcador”) es el de Sax en 1923 con jud&#x00ED;as. Cruz&#x00F3; una l&#x00ED;nea con semillas coloreadas grandes con otra de semillas blancas y peque&#x00F1;as (el color en el grano es dominante sobre blanco). Las plantas F<sub>2</sub> se clasificaron atendiendo a su segregaci&#x00F3;n en F<sub>3</sub> para el color, con el resultado de que, asociado al alelo para el color se registr&#x00F3; un incremento significativo del tama&#x00F1;o del grano. La interpretaci&#x00F3;n alternativa, una acci&#x00F3;n pleiotr&#x00F3;pica de dicho alelo, la refut&#x00F3; Rasmusson en 1935 con guisantes (otra vez una leguminosa…); cruz&#x00F3; una variedad tard&#x00ED;a de flores coloreadas con otra precoz de flores blancas. Entre los descendientes se escogieron dos l&#x00ED;neas, una de flor coloreada pero precoz y otra tard&#x00ED;a y de flor blanca (es decir, recombinantes), que segregaron ahora plantas de flor coloreada y tard&#x00ED;as y plantas de flor blanca y precoces, o sea, justamente lo contrario de lo obtenido en el primer cruzamiento, como debe ser si ha existido recombinaci&#x00F3;n entre el gen responsable del color de la flor y la regi&#x00F3;n donde se ubica el car&#x00E1;cter cuantitativo de precocidad. El desarrollo de los modernos QTL por m&#x00E9;todos moleculares es reciente, y quiz&#x00E1; muchos ignoren los precedentes con dos especies modestas (Cubero, <xref ref-type="bibr" rid="CIT02">2013</xref>).</p>

			<p>Cuando en 1957 Taylor y colaboradores publicaron su estudio aun no exist&#x00ED;a una prueba de que el ADN se replicara como suger&#x00ED;a el modelo de Watson y Crick. Taylor utiliz&#x00F3; una leguminosa, pariente pr&#x00F3;ximo de guisantes tanto del com&#x00FA;n como del “de olor”: las habas. ¿Por qu&#x00E9;…? Pues porque sus cromosomas eran material de investigaci&#x00F3;n en citogen&#x00E9;tica por su tama&#x00F1;o, n&#x00FA;mero y facilidad de tinci&#x00F3;n. Marc&#x00F3; con timidina radiactiva los cromosomas, observ&#x00F3; la mitosis por autorradiograf&#x00ED;a y al microscopio y el resultado es bien conocido: el punteado de la timidina tritiada demostraba la hip&#x00F3;tesis de la duplicaci&#x00F3;n semiconservadora de una manera elegante y sin paliativos (S&#x00E1;nchez-Monge Parellada, <xref ref-type="bibr" rid="CIT14">1972</xref>). </p>

		</sec>
			
			
		<sec id="S9">
			<title>EP&#x00CD;LOGO</title>

			<p>Baste lo anterior para percibir lo cerca que, en el campo, en el bosque, en la mesa, en las creencias, en las costumbres, en el habla popular… y en la Ciencia hemos tenido unas compa&#x00F1;eras inseparables. Como pago, la investigaci&#x00F3;n moderna deber&#x00ED;a invertir algo m&#x00E1;s en ellas; su papel de “carne o pan del pobre” est&#x00E1; muy lejos de haber terminado, teniendo en cuenta que, para el a&#x00F1;o 2050, se estima que vamos a ser nueve mil millones de habitantes en este mundo, la mayor parte en pa&#x00ED;ses subdesarrollados (la expresi&#x00F3;n “en v&#x00ED;as de desarrollo” es un eufemismo en la mayor parte de los casos), sin carne, casi sin pan, con tierras poco o nada f&#x00E9;rtiles, con la necesidad a&#x00F1;adida de mantener un ambiente limpio sin contaminantes… Vale la pena, pues, ayudarlas un poco: bien han demostrado en el pasado que por poco que se les dio, devolvieron ciento por uno. </p>

		</sec>
		
	</body>
	
	
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			<title>BIBLIOGRAF&#x00CD;A</title>
			
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