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				<journal-title>ARBOR Ciencia, Pensamiento y Cultura</journal-title>
				<abbrev-journal-title>Arbor</abbrev-journal-title>
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			<issn pub-type="epub">0210-1963</issn>
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				<publisher-name>Consejo Superior de Investigaciones Cient&#x00ED;ficas</publisher-name>
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			<article-id pub-id-type="publisher-id">arbor.2016.779n3012</article-id>
			<article-id pub-id-type="doi">10.3989/arbor.2016.779n3012</article-id>
			 
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				<subject>VARIA / VARIA</subject>
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				<article-title>Piedad de la Cierva: una sorprendente trayectoria profesional durante la segunda rep&#x00FA;blica y el franquismo</article-title>
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					<trans-title>Piedad de la Cierva: a surprising career during the Second Republic and Franco’s regime</trans-title>
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				<alt-title alt-title-type="running-head">Piedad de la Cierva: una sorprendente trayectoria profesional durante la segunda rep&#x00FA;blica y el franquismo</alt-title>
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					 <surname>Alva Rodr&#x00ED;guez</surname>
					 <given-names>Inmaculada</given-names>
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					<license-p>Este es un art&#x00ED;culo de acceso abierto distribuido bajo los t&#x00E9;rminos de la licencia Creative Commons Attribution (CC BY) Espa&#x00F1;a 3.0.</license-p>
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				<title>RESUMEN</title>
				<p>Piedad de la Cierva obtuvo la licenciatura de Ciencias por la Universidad de Valencia en 1932. Ese mismo a&#x00F1;o se traslad&#x00F3; a Madrid para realizar su tesis doctoral en el prestigioso Instituto Rockefeller. Dos a&#x00F1;os m&#x00E1;s tarde le fue concedida una beca de ampliaci&#x00F3;n de estudios en el Niels B&#x00F6;ehr de Copenhague para profundizar en materias relacionadas con la radioactividad. Despu&#x00E9;s de la guerra civil pudo continuar con su investigaci&#x00F3;n cient&#x00ED;fica trabajando en temas de los que fue pionera como el vidrio &#x00F3;ptico o la fabricaci&#x00F3;n de ladrillos refractarios. El objetivo de este trabajo es dar visibilidad al trabajo desarrollado por esta pionera reconstruyendo su biograf&#x00ED;a intelectual a trav&#x00E9;s de lo que ella recoge en sus memorias y los escasos datos que nos proporcionan la bibliograf&#x00ED;a relacionada. A trav&#x00E9;s de su labor cient&#x00ED;fica quedar&#x00E1;n de manifiesto las dificultades que encontr&#x00F3; y los apoyos que le facilitaron desenvolverse en un mundo entonces preferentemente masculino.</p>
			</trans-abstract>
			
			<abstract xml:lang="en">
			<title>ABSTRACT</title>
				<p>Piedad de la Cierva earned her degree in Sciences from the University of Valencia in 1932. That same year she moved to Madrid to prepare her thesis at the prestigious Rockefeller Institute. Two years later, she was given a grant to extend her studies on radioactivity at the Nils Bohr Institute in Copenhagen. She was able to continue her scientific research after the Civil War and was a pioneer in areas such as optical glass or refractory brick manufacture. This work aims to raise the profile of this female pioneer’s work by tracing her intellectual biography from her memoirs and the limited data available from the specialised bibliography. Her work as a scientist revealed the difficulties that she met and the support she obtained to help her make her way in a predominantly male world.</p>
			</abstract>
			

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				<title>PALABRAS CLAVE</title>
				<kwd>Piedad de la Cierva</kwd>
				<kwd>ciencia</kwd>
				<kwd>g&#x00E9;nero</kwd>
				<kwd>Junta para la Ampliaci&#x00F3;n de Estudios</kwd>
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				<title>KEYWORDS</title> 			
				<kwd>Piedad de la Cierva</kwd>	
				<kwd>sciences</kwd>
				<kwd>gender</kwd>
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			<p>Piedad de la Cierva dej&#x00F3; por escrito a la edad de ochenta a&#x00F1;os sus recuerdos personales, centr&#x00E1;ndose sobre todo en su carrera profesional<xref ref-type="fn" rid="NOTE1">1</xref>. “He llegado hasta aqu&#x00ED; suavemente, casi sin darme cuenta y dejo atr&#x00E1;s un largo pasado, que voy a recordar un poco duro a veces; pero lleno de sentido, de trabajo, de alegr&#x00ED;a y de paz” (Cierva Viudes, 1993, fol. 1), dir&#x00ED;a en el comienzo de esas memorias. Era consciente de que hab&#x00ED;a sido testigo y protagonista de unos a&#x00F1;os excepcionales en los que las mujeres estaban accediendo a la educaci&#x00F3;n universitaria y empezaban a desarrollar su carrera profesional. Estos escritos autobiogr&#x00E1;ficos de Piedad constituyen un material de gran valor para conocer de primera mano no solo su recorrido profesional, sino tambi&#x00E9;n sus personales sentimientos y vivencias. Precisamente, este tipo de memorias o “life writings” es a menudo la &#x00FA;nica fuente para reconstruir la historia de las mujeres, tan invisibles habitualmente en las historias y registros oficiales (cf. Lerner, <xref ref-type="bibr" rid="CIT21">2006</xref>, p. 13). Tratar&#x00E9; por tanto de presentar la trayectoria de Piedad de la Cierva fundamentalmente al hilo de sus recuerdos.</p>

			<p>Piedad de la Cierva obtuvo la licenciatura de Ciencias por la Universidad de Valencia en 1932. No era normal entonces que las mujeres alcanzaran los estudios universitarios, aunque ya se hab&#x00ED;a dado un avance importante en los de bachillerato. En el curso que Piedad de la Cierva acab&#x00F3; la carrera, el n&#x00FA;mero de mujeres matriculadas en la universidad espa&#x00F1;ola era de 2.206, es decir, representaban un 6% del total de alumnos universitarios (cf. Montero, <xref ref-type="bibr" rid="CIT32">2009</xref>, p. 205). Fue una de esas mujeres afortunadas porque su padre se dio cuenta, tras la Gran Guerra, de que el mundo hab&#x00ED;a cambiado y las mujeres estaban destinadas a protagonizar un mayor papel (cf. Cierva Viudes, 1993, fols. 9-10). Pens&#x00F3; que la mejor manera de capacitar a su hija era facilit&#x00E1;ndole una educaci&#x00F3;n universitaria. Juan de la Cierva hubiera preferido que estudiara Farmacia, quiz&#x00E1; porque en aquel entonces se ve&#x00ED;a como una carrera adecuada para las mujeres (cf. Capel Mart&#x00ED;nez, <xref ref-type="bibr" rid="CIT03">1986</xref>, pp. 461, 472; Flecha Garc&#x00ED;a, <xref ref-type="bibr" rid="CIT18">2015</xref>, p. 64), pero su hija Piedad manifest&#x00F3; desde el principio una clara inclinaci&#x00F3;n por la Qu&#x00ED;mica. Finalmente, su padre accedi&#x00F3; a que se matriculara en la Facultad de Ciencias de la Universidad de Murcia a condici&#x00F3;n de que hiciera tambi&#x00E9;n las asignaturas que le faltaban para obtener Magisterio<xref ref-type="fn" rid="NOTE2">2</xref>. Piedad reflejaba en sus memorias que fue su profesor de Ciencias quien despert&#x00F3; en ella el amor por la Qu&#x00ED;mica. Mostraba con su elecci&#x00F3;n –en contra del parecer de su padre y de las ideas predominantes en su tiempo– una clara determinaci&#x00F3;n y personalidad puesto que optaba por una carrera en la que estar&#x00ED;a en minor&#x00ED;a y en la que las perspectivas profesionales para una mujer eran escasas. Carmen Magall&#x00F3;n ha puesto de relieve que para estas mujeres pioneras en el campo de las ciencias experimentales el apoyo paterno fue determinante, aunque deb&#x00ED;an tener tambi&#x00E9;n “dos rasgos de car&#x00E1;cter, necesarios en aquellas circunstancias: una disposici&#x00F3;n clara a ejercer su libertad, por encima de convencionalismos, y el no cejar ante las dificultades” (Magall&#x00F3;n Portol&#x00E9;s, <xref ref-type="bibr" rid="CIT28">2010b</xref>, p. 323). Rasgos que se daban en Piedad quien, por ejemplo, se neg&#x00F3; a asistir a clase con una se&#x00F1;ora de compa&#x00F1;&#x00ED;a, como su padre pretend&#x00ED;a conforme a los usos de la &#x00E9;poca (cf. Cierva Viudes, 1993, fol. 6).</p>

			<p>El 2 de octubre de 1928 empez&#x00F3; a estudiar como alumna oficial en la Universidad de Murcia. Era un mundo nuevo para ella, acostumbrada a estudiar en casa con profesores particulares, refugiada en el cari&#x00F1;o de su madre que paliaba la severidad paterna, exigi&#x00E9;ndole constantemente la excelencia acad&#x00E9;mica. “Las exigencias de mi padre –recuerda en sus memorias– a pesar de su buena intenci&#x00F3;n, me hab&#x00ED;an proporcionado a&#x00F1;os muy duros que prefiero no recordar. Tambi&#x00E9;n sus planes econ&#x00F3;micos familiares, en lo que mi madre no pod&#x00ED;a intervenir, creaban un ambiente poco agradable. Metida en casa, poco trato con gente de mi edad, con un plan de vida diferente, yo era t&#x00ED;mida y encogida. En esos a&#x00F1;os, mi amparo era mi madre, que tambi&#x00E9;n sufr&#x00ED;a mucho” (Cierva Viudes, 1993, fol. 12). Fue su madre la que le transmiti&#x00F3; una vida cristiana de piedad sencilla que mantendr&#x00ED;a toda su vida.</p>

			<p>En la Universidad de Murcia era la &#x00FA;nica mujer, una situaci&#x00F3;n que se repetir&#x00ED;a m&#x00E1;s veces en su vida. En escasas ocasiones sufri&#x00F3; discriminaci&#x00F3;n por ser mujer, posiblemente porque la avalaban sus aptitudes intelectuales, adem&#x00E1;s de que, en general, se encontr&#x00F3; con profesores que le ayudaron en su promoci&#x00F3;n profesional. As&#x00ED;, por ejemplo, siempre recordar&#x00ED;a gratamente el trato recibido en las clases de F&#x00ED;sica del profesor Fernando Ferrando, un hombre a quien volver&#x00ED;a a encontrar de nuevo en la Universidad de Valencia (cf. Cierva Viudes, 1993, fol. 13).</p>

			<p>El siguiente curso, 1929-30, se traslad&#x00F3; a Valencia para continuar la carrera. Era tambi&#x00E9;n una oportunidad de salir del asfixiante ambiente familiar y vivir nuevas experiencias. En primer lugar, pudo encontrar otras chicas universitarias en la Residencia de Escolapias en la que se alojaba, lo que romp&#x00ED;a en parte el aislamiento que hab&#x00ED;a sufrido en Murcia. El internado de las monjas escolapias era para chicas de bachillerato, pero admit&#x00ED;an tambi&#x00E9;n a universitarias. Junto con Piedad de la Cierva hab&#x00ED;a tres estudiantes de Magisterio y dos de Medicina.</p>

			<p>El mundo femenino de la residencia ofrec&#x00ED;a un agudo contraste con la facultad de Qu&#x00ED;micas donde nuevamente era la &#x00FA;nica mujer de su clase, aunque hab&#x00ED;a cinco chicas m&#x00E1;s en la Facultad. La vida en la universidad y en las calles de la ciudad era agitada y convulsa con algaradas callejeras y huelgas. Tras la proclamaci&#x00F3;n de la segunda rep&#x00FA;blica y el peligro de que la residencia de escolapias fuera asaltada, las monjas se deshicieron del internado. Lo que en principio parec&#x00ED;a una contrariedad para Piedad de la Cierva se convirti&#x00F3; en una nueva oportunidad de conocer un ambiente m&#x00E1;s selecto.</p>

			<p>El profesor Ferrando, que se hab&#x00ED;a trasladado a Valencia en 1931, le ofreci&#x00F3; alojamiento con su familia. All&#x00ED; se encontr&#x00F3; con un ambiente cristiano similar al de su casa, pero presidido por una mayor libertad. La mujer de Ferrando era adem&#x00E1;s Licenciada en Filosof&#x00ED;a y Letras y archivera: “El ambiente de aquella casa era totalmente distinto al de mi familia y al que todas las familias que yo conoc&#x00ED;a. Se trataban de igual a igual, con una gran cordialidad y delicadeza. Comentaban lo que dec&#x00ED;an los peri&#x00F3;dicos; yo nunca hab&#x00ED;a le&#x00ED;do ninguno. Comentaban la quema de conventos, lo que hac&#x00ED;a el gobierno, etc.” (Cierva Viudes, 1993, fol.18).</p>

			<p>Cuando acab&#x00F3; la carrera en junio de 1932 con Premio Extraordinario de Licenciatura ten&#x00ED;a diecinueve a&#x00F1;os y ning&#x00FA;n deseo de dar por concluida su carrera cient&#x00ED;fica. Como le ocurrir&#x00ED;a en otras ocasiones, encontr&#x00F3; el aliento adecuado en sus profesores. Fue el profesor de Qu&#x00ED;mica General, Antonio Ipiens<xref ref-type="fn" rid="NOTE3">3</xref>, quien le propuso hacer el doctorado en Madrid. Para ello le dio una carta de recomendaci&#x00F3;n dirigida a Julio Palacios, uno de los investigadores m&#x00E1;s prestigiosos de la Universidad Central de Madrid. </p>

			<p>Si ya Valencia hab&#x00ED;a significado una apertura de horizontes, la marcha a la capital de Espa&#x00F1;a era una nueva aventura pre&#x00F1;ada de grandes perspectivas. El Madrid de los a&#x00F1;os treinta destacaba por ser una ciudad de gran movimiento cultural, pol&#x00ED;tico, intelectual, lo que se ha llamado la Edad de Plata. Muchos de los protagonistas de esos a&#x00F1;os han sido objeto de estudio y son bien conocidos en la comunidad cient&#x00ED;fica, literaria y art&#x00ED;stica, pero no ocurre as&#x00ED; con las mujeres. Aunque sus nombres aparecen a veces en antolog&#x00ED;as, estudios cient&#x00ED;ficos, etc., no han recibido todav&#x00ED;a una atenci&#x00F3;n adecuada. Poetas y escritoras como Ernestina de Champourc&#x00ED;n, Rosa Chacel o Carmen Conde, artistas como Maruja Mallo o fil&#x00F3;sofas como Mar&#x00ED;a Zambrano tienen escasas monograf&#x00ED;as y no se les integra correctamente dentro del contexto cultural e intelectual en el que vivieron<xref ref-type="fn" rid="NOTE4">4</xref>. Lo mismo ocurre con las mujeres cient&#x00ED;ficas. En las diversas instituciones de la Junta de Ampliaci&#x00F3;n de Estudios (JAE) hab&#x00ED;a un grupo de mujeres que aportaron importantes descubrimientos y fueron pioneras en diversos campos cient&#x00ED;ficos. Pero tambi&#x00E9;n es cierto que “de estas pioneras espa&#x00F1;olas en las ciencias experimentales hay estudios contextuales, prosopogr&#x00E1;ficos, de significado generacional y grupal, en los que se dan a conocer sus nombres y contribuciones, pero falta la profundizaci&#x00F3;n en su experiencia individual, el conocer m&#x00E1;s sobre sus trayectorias y circunstancias vitales, en relaci&#x00F3;n con su incorporaci&#x00F3;n a la ciencia” (Magall&#x00F3;n Portol&#x00E9;s, <xref ref-type="bibr" rid="CIT27">2010a</xref>, p. 767)<xref ref-type="fn" rid="NOTE5">5</xref>. Piedad de la Cierva, ciertamente fue una de estas pioneras. Este ensayo es una aproximaci&#x00F3;n a su obra cient&#x00ED;fica y una primera semblanza intelectual a partir sobre todo de lo recogido en sus recuerdos personales, con lo que se quiere contribuir a llenar ese vac&#x00ED;o al que hac&#x00ED;a referencia Magall&#x00F3;n Portol&#x00E9;s.</p>

		</sec>
			
		<sec id="S2">
			
			<title>1. LOS INICIOS: LA SECCI&#x00D3;N DE RAYOS X EN EL INSTITUTO ROCKEFELLER</title>

			<p>“A lo largo de mi vida he ido recorriendo etapas que, cada vez, me llevaban a ambientes m&#x00E1;s elevados social y culturalmente” (Cierva Viudes, 1993, fol. 21). As&#x00ED; iniciaba en sus memorias su llegada a Madrid en octubre de 1932. Como alojamiento eligi&#x00F3; la Residencia de la Instituci&#x00F3;n Teresiana, un proyecto innovador de promoci&#x00F3;n de la mujer, fundado por el sacerdote Pedro Poveda (cf. Montero, <xref ref-type="bibr" rid="CIT32">2009</xref>, pp. 77-95; 213-217). All&#x00ED; convivi&#x00F3; con otras treinta y cinco universitarias.</p>

			<p>Pero fue su llegada al reci&#x00E9;n estrenado Instituto Rockefeller lo que le caus&#x00F3; m&#x00E1;s impacto<xref ref-type="fn" rid="NOTE6">6</xref>. “La llegada con mi padre al Instituto Rockefeller me deslumbr&#x00F3; […]. Era el Instituto un gran edificio modern&#x00ED;simo, con instalaciones estupendas para investigar en distintos ramos de F&#x00ED;sica y Qu&#x00ED;mica. Hab&#x00ED;a sido promovido por la Junta de Ampliaci&#x00F3;n de Estudios e instalado con la m&#x00E1;s completa equipaci&#x00F3;n despu&#x00E9;s de visitar varios grandes Centros de Investigaci&#x00F3;n de Europa” (Cierva Viudes, 1993, fol. 21). Avalada por la carta de presentaci&#x00F3;n de Ipiens, Julio Palacios se hizo cargo de ella. Le organiz&#x00F3; el plan de estudios que consistir&#x00ED;a en asignaturas de doctorado en la Universidad y trabajo en el Instituto para aprender las T&#x00E9;cnicas de Rayos X, como preparaci&#x00F3;n de su futura tesis doctoral (cf. AGUCM, Expediente acad&#x00E9;mico de Piedad de la Cierva, 59/99-41, 3)<xref ref-type="fn" rid="NOTE7">7</xref>. Adem&#x00E1;s deber&#x00ED;a repasar franc&#x00E9;s e ingl&#x00E9;s para poder utilizar la bibliograf&#x00ED;a.</p>

			<p>El equipo de Julio Palacios en la Secci&#x00F3;n de Rayos X estaba formado por dos f&#x00ED;sicos: Rafael Salvia y Luis Bru (que preparaban oposiciones); Julio Garrido, doctor en Ciencias Naturales, Jos&#x00E9; Mar&#x00ED;a Gonz&#x00E1;lez Barredo, qu&#x00ED;mico, Jorge Doetsch, Ingeniero de Minas, Jos&#x00E9; Losada y Piedad de la Cierva. Nuevamente era la &#x00FA;nica mujer y en este caso, adem&#x00E1;s, la persona m&#x00E1;s joven. Palacios era uno de los pioneros en los estudios de cristalograf&#x00ED;a en Espa&#x00F1;a. Precisamente en 1926 se hab&#x00ED;a publicado el primer trabajo de investigaci&#x00F3;n relacionado con la cristalograf&#x00ED;a de Rayos X en la revista <italic>Anales de la Real Sociedad Espa&#x00F1;ola de F&#x00ED;sica y Qu&#x00ED;mica, </italic>“Determinaci&#x00F3;n de la estructura cristalina del &#x00F3;xido de n&#x00ED;quel, del cobalto y sulfuro de plomo”, firmado por una mujer, Felisa Mart&#x00ED;n Bravo, -que fue la primera doctoranda en Ciencias F&#x00ED;sicas- (cf. Magall&#x00F3;n Portol&#x00E9;s, <xref ref-type="bibr" rid="CIT24">2001</xref>, pp. 46-49), dirigida por Julio Palacios. La creaci&#x00F3;n de la Secci&#x00F3;n de Rayos X en el Rockefeller en 1932 bajo la direcci&#x00F3;n de este y el equipo ya mencionado dio el impulso definitivo a los estudios cristalogr&#x00E1;ficos mediante la difracci&#x00F3;n de rayos X (cf. Mart&#x00ED;nez Ripoll, <xref ref-type="bibr" rid="CIT30">2009</xref>, p. 228).</p>

			<p>Rafael Salvia fue el encargado de ense&#x00F1;ar a los reci&#x00E9;n llegados -Losada y De la Cierva-. Les introdujo en el estudio de estructuras cristalinas por difracci&#x00F3;n de Rayos X, les ense&#x00F1;&#x00F3; a manejar los aparatos de medici&#x00F3;n, a revelar pel&#x00ED;culas, a medir diagramas y a hacer c&#x00E1;lculos. “Recuerdo mi gran sorpresa cuando comprob&#x00E9; que yo era capaz de calcular la distancia entre los &#x00E1;tomos de cloro y sodio de un cristal de sal. Y c&#x00F3;mo me impresionaba pensar que Dios, Creador del Universo, hab&#x00ED;a distribuido los &#x00E1;tomos, tan peque&#x00F1;os de aquella forma tan asombrosa” (Cierva Viudes, 1993, fol. 24), recordaba Piedad al cabo de los a&#x00F1;os.</p>

			<p>Conforme se fue familiarizando con el edificio empez&#x00F3; a conocer a otras mujeres que trabajaban en las dem&#x00E1;s secciones del Instituto. Piedad de la Cierva recordaba expresamente a Amelia Garrido y a Narcisa Mart&#x00ED;n Retortillo con las que les unir&#x00ED;a una amistad que dur&#x00F3; toda su vida. Desde 1932 hasta que se clausur&#x00F3; la actividad del edificio a causa de la guerra, en 1937, fueron 36 las cient&#x00ED;ficas vinculadas al centro. Entre ellas se podr&#x00ED;a destacar –adem&#x00E1;s de Piedad de la Cierva– a Carmen Gonz&#x00E1;lez Escobar, Dorotea Barn&#x00E9;s, Pilar Madariaga, Rosa Bern&#x00ED;s o Mar&#x00ED;a Teresa Salazar y otras muchas<xref ref-type="fn" rid="NOTE8">8</xref>. Aunque la desproporci&#x00F3;n en n&#x00FA;mero era clara, representaban el 25% de los cient&#x00ED;ficos que trabajaban en el Rockefeller, tanto los hombres como las mujeres contribuyeron al crecimiento en cantidad y calidad del trabajo cient&#x00ED;fico (cf. Gonz&#x00E1;lez Ib&#x00E1;&#x00F1;ez y Santamar&#x00ED;a Garc&#x00ED;a, <xref ref-type="bibr" rid="CIT20">2009</xref>, pp. 383-386). Ten&#x00ED;an adem&#x00E1;s por costumbre reunirse en el sal&#x00F3;n de t&#x00E9; donde se celebraban reuniones una vez por semana para conocerse y tratar temas de inter&#x00E9;s (cf. Magall&#x00F3;n Portol&#x00E9;s, <xref ref-type="bibr" rid="CIT26">2007</xref>,<italic> </italic>pp. 221-227<sup>)</sup>. </p>

			<p>La actividad de Piedad de la Cierva durante estos a&#x00F1;os de formaci&#x00F3;n e investigaci&#x00F3;n fue muy destacable. Una vez acabadas las asignaturas de doctorado, se le nombr&#x00F3; ayudante de clases pr&#x00E1;cticas de Qu&#x00ED;mica Org&#x00E1;nica de la Facultad de Ciencias. Empez&#x00F3; a participar en congresos internacionales, como el IX Congreso Internacional de Qu&#x00ED;mica Pura y Aplicada que reuni&#x00F3; a sabios del mundo entero, celebrado en la primavera de 1934. La comunicaci&#x00F3;n que present&#x00F3; expon&#x00ED;a algunos de los resultados que ser&#x00ED;an luego la base de su tesis doctoral.</p>

			<p>Ese mismo a&#x00F1;o, ya en noviembre, se centr&#x00F3; en el tema de su tesis doctoral, “Factores qu&#x00ED;micos del azufre y del plomo”. Recordar&#x00ED;a siempre con agradecimiento la dedicaci&#x00F3;n y paciencia del profesor Julio Palacios en la elaboraci&#x00F3;n de su tesis quien, entre bromas y veras, le dec&#x00ED;a “Piedad, cuando acabe la tesis, tendr&#x00E1; que leerse el Quijote” (Cierva Viudes, 1993, fol. 28). Pues sus dotes como investigadora no ten&#x00ED;an correlaci&#x00F3;n con su capacidad como escritora. El resto del curso trabaj&#x00F3; en colaboraci&#x00F3;n con Luis Rivoir en un m&#x00E9;todo de an&#x00E1;lisis de acero con Rayos X. Se public&#x00F3; en <italic>Anales de las Sociedades Espa&#x00F1;olas de F&#x00ED;sica y Qu&#x00ED;mica</italic>. Durante unos meses trabaj&#x00F3; con ellos una f&#x00ED;sica argentina, Cecilia Moss&#x00ED;n -considerada la primera f&#x00ED;sica argentina-. Fruto del trabajo de esos meses public&#x00F3; con Jos&#x00E9; Losada “Factor at&#x00F3;mico del zinc”. Esas relaciones de trabajo se convirtieron de nuevo en una relaci&#x00F3;n de amistad como lo prueba el hecho de que se vieran en Par&#x00ED;s, donde continuaba trabajando Cecilia, en mayo de 1935 en la parada que hizo Piedad en la ciudad, camino de Copenhague.</p>

			<p>Piedad de la Cierva fue una las mujeres -entre las investigadoras de esta secci&#x00F3;n- que realiz&#x00F3; una aportaci&#x00F3;n m&#x00E1;s relevante y continuada durante este periodo (cf. Magall&#x00F3;n Portol&#x00E9;s, <xref ref-type="bibr" rid="CIT25">2004</xref>, pp. 240-241). Sus trabajos dar&#x00ED;an lugar a la tesis doctoral <italic>Los factores at&#x00F3;micos del azufre y del plomo </italic>y a siete art&#x00ED;culos que se publicar&#x00ED;an en los <italic>Anales de la Sociedad Espa&#x00F1;ola de F&#x00ED;sica y Qu&#x00ED;mica</italic>, algunos de ellos en colaboraci&#x00F3;n con Julio Palacios o con otros investigadores que trabajaban en la Secci&#x00F3;n de Rayos X<xref ref-type="fn" rid="NOTE9">9</xref>.</p>

			<p>A principios de 1935, hab&#x00ED;a ya defendido su tesis con la que obtuvo la calificaci&#x00F3;n de sobresaliente y Premio Extraordinario de doctorado (cf. AGUCM 59/99-41, 3). Julio Palacios le propuso que solicitara una beca para ampliar estudios en el extranjero. En principio solicit&#x00F3; una a la Junta de Ampliaci&#x00F3;n de Estudios para estudiar con el profesor Marck en Viena (cf. Residencia de Estudiantes. Archivo de la JAE, <uri>http://archivojae.edadeplata.org/jae_app/JAE/36-514</uri>). Quiz&#x00E1; no se la dieron porque finalmente obtuvo una beca de la Academia de las Ciencias de la Fundaci&#x00F3;n del Marqu&#x00E9;s de Cartagena para trabajar en temas de radioactividad en el Niels B&#x00F6;ehr, Instituto de F&#x00ED;sica te&#x00F3;rica de Copenhague junto al profesor George von Hevesy, descubridor del hafnio y futuro Premio Nobel (cf. AGA, (5) 19.1 32/13636, leg. 9619/3)<xref ref-type="fn" rid="NOTE10">10</xref>.</p>

		</sec>
			
		<sec id="S3">
			
			<title>2. LA EXPERIENCIA DANESA: LA RADIACI&#x00D3;N ARTIFICIAL</title>

			<p>El Instituto de F&#x00ED;sica Te&#x00F3;rica, fundado por Niels B&#x00F6;ehr era uno de los centros m&#x00E1;s prestigiosos en materia de radioactividad artificial. B&#x00F6;ehr hab&#x00ED;a recibido el Premio Nobel en 1913, con 28 a&#x00F1;os, por descubrir la estructura del &#x00E1;tomo. Era un lugar privilegiado al que acud&#x00ED;an investigadores de toda Europa y se trabajaba con otros centros de Alemania, Inglaterra y Francia. El prestigio cient&#x00ED;fico de quienes trabajaban all&#x00ED; era muy alto y algunos eran ya o ser&#x00ED;an Premios Nobel. Muchos llegaban huyendo de la Alemania nazi, buscando un lugar en el que poder trabajar con libertad. Entre ellos, el h&#x00FA;ngaro George von Hevesy, Otto Frisch, de Viena o el alem&#x00E1;n James Frank. Trabajaban unas treinta personas, todos hombres excepto una jud&#x00ED;a alemana, la doctora Selvy, con la que Piedad de la Cierva trabaj&#x00F3; estrechamente. La materia principal de trabajo era la desintegraci&#x00F3;n artificial del &#x00E1;tomo que hab&#x00ED;a descubierto el matrimonio Juliot-Curie.</p>

			<p>El ambiente del Colegio de la Asunci&#x00F3;n donde se alojaba era muy selecto. Adem&#x00E1;s de las alumnas, viv&#x00ED;an tres rusas, parientes del zar que estaban all&#x00ED; asiladas. Las monjas eran veinte y de nacionalidades muy distintas. Nada m&#x00E1;s llegar, le entregaron un Catecismo en franc&#x00E9;s y la llave de la residencia para que tuviera libertad de entrar y salir. Cada alumna ten&#x00ED;a una tutora y Piedad rememoraba con cari&#x00F1;o y admiraci&#x00F3;n las conversaciones que manten&#x00ED;a con la suya, la Madre Hildegarda. Una mujer muy culta, que hab&#x00ED;a vivido muchos a&#x00F1;os en Filipinas y aficionada a la f&#x00ED;sica: “se ofreci&#x00F3; a darme clases de alem&#x00E1;n y charl&#x00E1;bamos de vez en cuando, comentando las maravillas de Dios que hab&#x00ED;a inventado y creado los &#x00E1;tomos” (Cierva Viudes, 1993, fol. 36).</p>

			<p>El Niels B&#x00F6;ehr le result&#x00F3; muy austero en comparaci&#x00F3;n con el Instituto Rockefeller. Pero all&#x00ED; se estaba trabajando en los fundamentos de lo que ser&#x00ED;a la energ&#x00ED;a nuclear. Aprendi&#x00F3; m&#x00E9;todos revolucionarios y el manejo de instrumentos que posibilitaban la desintegraci&#x00F3;n artificial del &#x00E1;tomo. Sus estudios se centraron en el aluminio y el bromo. Aplicaba las t&#x00E9;cnicas que le ense&#x00F1;aban y discut&#x00ED;a los resultados con Hevesy, Frisch y Bronsted. Se asombraba de la excelencia intelectual del sitio donde trabajaba, que era tambi&#x00E9;n el ambiente que presid&#x00ED;a la ciudad: “Dinamarca era un pa&#x00ED;s de alto nivel social, pr&#x00E1;cticamente una clase &#x00FA;nica. Todos los ni&#x00F1;os, incluidos los pr&#x00ED;ncipes, asist&#x00ED;an a la escuela p&#x00FA;blica. Solamente hab&#x00ED;a una especie de aristocracia: la del estudio” (Cierva Viudes, 1993, fol. 41).</p>

			<p>La estancia de Piedad de la Cierva en Copenhague fue muy fruct&#x00ED;fera y tendr&#x00ED;a como resultado la publicaci&#x00F3;n de dos art&#x00ED;culos en los <italic>Anales de las Sociedades Espa&#x00F1;olas de F&#x00ED;sica y Qu&#x00ED;mica</italic> con el t&#x00ED;tulo: “Bifurcaci&#x00F3;n en la transmutaci&#x00F3;n del aluminio por la acci&#x00F3;n de neutrones r&#x00E1;pidos” y “Separaci&#x00F3;n de los hisopos del Bromo”. Adem&#x00E1;s aprovech&#x00F3; las vacaciones de Navidad para visitar el Instituto de Radio en Par&#x00ED;s. El 30 de enero de 1935, Irene Joliot le ense&#x00F1;aba las instalaciones del centro y tuvieron oportunidad de hablar y debatir sobre sus trabajos comunes (cf. Cierva Viudes, 1993, fol. 43).</p>

			<p>Tambi&#x00E9;n el viaje de vuelta a Espa&#x00F1;a, cuando acab&#x00F3; el per&#x00ED;odo de la beca, fue organizado por el profesor Hevesy para que pudiera conocer otros institutos de Qu&#x00ED;mica con los que le convendr&#x00ED;a mantener el contacto. Uno de ellos fue el laboratorio de la Dra. Lise Meitner, pionera de la fisi&#x00F3;n nuclear, en el Kaiser Wilhelm Institut fur Chemie de Berl&#x00ED;n<xref ref-type="fn" rid="NOTE11">11</xref>.</p>

			<p>Su vuelta a Espa&#x00F1;a estaba llena de nuevos proyectos e ilusiones. Empez&#x00F3; a montar un contador de part&#x00ED;culas β y se puso un equipo a su disposici&#x00F3;n para poner en pr&#x00E1;ctica todo lo aprendido en materia de radioactividad artificial, sum&#x00E1;ndose as&#x00ED; el Rockefeller a los centros pioneros en estos temas. Con este objeto hab&#x00ED;a recibido otra beca de la Academia de Ciencias para continuar en Madrid esos trabajos (cf. AGA, (5) 19.1 32/13636, leg. 9619/3). Pero corr&#x00ED;a el a&#x00F1;o 1936 y el 18 de julio termin&#x00F3; con todos esos sue&#x00F1;os.</p>

		</sec>
			
		
		<sec id="S4">
			
			<title>3. EL INSTITUTO DE &#x00D3;PTICA “DAZA DE VALD&#x00C9;S”</title>

			<p>Cuando el conflicto b&#x00E9;lico acab&#x00F3;, Piedad de la Cierva intent&#x00F3; incorporarse a su actividad ordinaria en el Rockefeller. Durante la guerra hab&#x00ED;a trabajado como profesora de f&#x00ED;sica y qu&#x00ED;mica en un instituto de Osuna y tuvo que esperar a acabar el curso acad&#x00E9;mico para trasladarse definitivamente a la capital de Espa&#x00F1;a. Esta nueva etapa cient&#x00ED;fica de Piedad, aunque mencionada en algunos libros, es menos conocida que su &#x00E9;poca de la JAE (cf. Alcal&#x00E1; Cortijo y Magall&#x00F3;n Portol&#x00E9;s, <xref ref-type="bibr" rid="CIT02">2008</xref>, pp. 155, 161-162). Es por eso que la principal fuente de investigaci&#x00F3;n por el momento son las memorias in&#x00E9;ditas que he estado utilizando hasta ahora.</p>

			<p>En 1939 se fund&#x00F3; el Consejo Superior de Investigaciones Cient&#x00ED;ficas (CSIC) que integraba la mayor parte de los centros de la JAE. En principio, el panorama no parec&#x00ED;a muy favorecedor para la integraci&#x00F3;n de las mujeres en este instituto cient&#x00ED;fico. Su primer presidente, Julio Casares, se opon&#x00ED;a a la admisi&#x00F3;n de mujeres. Adem&#x00E1;s se nutri&#x00F3; casi exclusivamente de catedr&#x00E1;ticos, “estamento casi exclusivo de varones que no facilitaba en muchos casos que las mujeres hicieran estudios de doctorado” (Alcal&#x00E1; Cortijo, <xref ref-type="bibr" rid="CIT01">1996</xref>, p. 63). Sin embargo, la presencia de mujeres en el CSIC fue m&#x00E1;s significativa de lo que pod&#x00ED;a parecer. De hecho, como se&#x00F1;ala Alcal&#x00E1; Cortijo- el 10% de las mujeres que figuraban en la plantilla del CSIC en los a&#x00F1;os setenta hab&#x00ED;an entrado en la d&#x00E9;cada de los cuarenta. Eran en general, mujeres que se hab&#x00ED;an formado en los a&#x00F1;os treinta, no hab&#x00ED;an sufrido la depuraci&#x00F3;n o el exilio y eran necesarias en una instituci&#x00F3;n que estaba en momento de crecimiento (cf. Alcal&#x00E1; Cortijo, <xref ref-type="bibr" rid="CIT01">1996</xref>, pp. 63-64).</p>

			<p>Este fue el caso de Piedad de la Cierva. Cuando lleg&#x00F3; a Madrid, los distintos centros se estaban reorganizando y la secci&#x00F3;n Rayos X a&#x00FA;n no funcionaba (cf. Gonz&#x00E1;lez Ib&#x00E1;&#x00F1;ez y Santamar&#x00ED;a Garc&#x00ED;a, <xref ref-type="bibr" rid="CIT20">2009</xref>, p. 36). Fue entonces cuando contact&#x00F3; con ella Jos&#x00E9; Mar&#x00ED;a Otero Navascu&#x00E9;s, a quien hab&#x00ED;a conocido en los meses que ambos hab&#x00ED;an estado refugiados en la embajada de Noruega (cf. P&#x00E9;rez Fern&#x00E1;ndez-Tur&#x00E9;gano, <xref ref-type="bibr" rid="CIT38">2012</xref>, pp. 37-38). Le propuso participar en el proyecto de creaci&#x00F3;n de una secci&#x00F3;n de &#x00D3;ptica dentro del Instituto de F&#x00ED;sica para impulsar la fabricaci&#x00F3;n de instrumentos &#x00F3;pticos para la Marina. Pronto se form&#x00F3; un grupo con dos ingenieros industriales: Antonio Santamar&#x00ED;a y Alberto Navascu&#x00E9;s; un f&#x00ED;sico, Armando Dur&#x00E1;n, adem&#x00E1;s de Otero y Piedad de la Cierva (cf. P&#x00E9;rez Fern&#x00E1;ndez-Tur&#x00E9;gano, <xref ref-type="bibr" rid="CIT38">2012</xref>, pp. 75-76). Ser&#x00ED;a el n&#x00FA;cleo del futuro Instituto de &#x00D3;ptica “Daza de Vald&#x00E9;s”, que Navascu&#x00E9;s dirigir&#x00ED;a desde 1946 hasta 1966 (cf. P&#x00E9;rez Fern&#x00E1;ndez-Tur&#x00E9;gano, <xref ref-type="bibr" rid="CIT38">2012</xref>, p. 54).</p>

			<p>Es claro que el prestigio y los conocimientos de Piedad de la Cierva sobre la radiaci&#x00F3;n artificial eran demasiado importantes para ignorarla, ayudado por el hecho de que no se hubiera significado pol&#x00ED;ticamente a favor de la Rep&#x00FA;blica en los a&#x00F1;os treinta y que su familia mantuviera lazos pol&#x00ED;ticos y de amistad con los nuevos dirigentes. Fue la &#x00FA;nica mujer admitida en la primera constituci&#x00F3;n del CSIC. Aunque pronto ir&#x00ED;an llegando otras, como Mar&#x00ED;a Teresa Vig&#x00F3;n, Mar&#x00ED;a Eg&#x00FC;&#x00E9;s y Olga Mar&#x00ED;a Riquelme porque ni Otero Navascu&#x00E9;s, ni Julio Palacios o Armando Dur&#x00E1;n, ten&#x00ED;an inconveniente en trabajar con mujeres (cf. Moya de Guerra <italic>et al</italic>., <xref ref-type="bibr" rid="CIT34">2002</xref>, pp. 561-562). Miraban a las personas por su val&#x00ED;a profesional. </p>

			<p>Sin embargo, fue necesario tomar precauciones. As&#x00ED;, cuando el profesor Dur&#x00E1;n propuso a Mar&#x00ED;a Eg&#x00FC;&#x00E9;s, en marzo de 1940, que participara en un cursillo de &#x00D3;ptica Geom&#x00E9;trica y C&#x00E1;lculo de Sistemas que se impartir&#x00ED;a en la secci&#x00F3;n de &#x00D3;ptica a cargo del profesor Weidert, le advirti&#x00F3; que al acabar el curso deb&#x00ED;a marcharse del edificio porque Julio Casares no quer&#x00ED;a mujeres en su instituto. M&#x00E1;s de una vez tuvo que esconderse debajo de la mesa porque se acercaba Casares (cf. Moya de Guerra <italic>et al</italic>., <xref ref-type="bibr" rid="CIT35">2003</xref>, p. 4). Mar&#x00ED;a Eg&#x00FC;&#x00E9;s recordaba agradecida el apoyo de sus compa&#x00F1;eras y, sobre todo, el de Piedad de la Cierva que tambi&#x00E9;n hac&#x00ED;a el curso. Una de las veces que Julio Casares se la encontr&#x00F3; le advirti&#x00F3; que no quer&#x00ED;a verla por all&#x00ED; fuera de las horas del cursillo. Le confes&#x00F3; que ten&#x00ED;a que tolerar la presencia de Piedad de la Cierva porque llevaba mucho tiempo trabajando all&#x00ED; y conoc&#x00ED;a a su familia, pero que con Mar&#x00ED;a no ten&#x00ED;a esos compromisos. Otero y Dur&#x00E1;n buscaron una soluci&#x00F3;n intermedia para que Eg&#x00FC;&#x00E9;s pudiera seguir trabajando, como ya hab&#x00ED;an tenido que hacer con Piedad. Todo cambi&#x00F3; cuando Albareda se hizo cargo del CSIC y las mujeres pudieron entrar con libertad a trabajar all&#x00ED; en los distintos institutos (cf. Moya de Guerra <italic>et al</italic>., <xref ref-type="bibr" rid="CIT34">2002</xref>, p. 564).</p>

			<p>En cualquier caso, la presencia de estas mujeres en el CSIC y en un campo, el de las ciencias qu&#x00ED;micas, en el que eran una minor&#x00ED;a, evidencia cierta continuidad respecto a la &#x00E9;poca de la segunda rep&#x00FA;blica. Cuestiona en cierto modo la idea universalmente admitida de que el franquismo supuso una ruptura con respecto a los logros conseguidos para la mujer en la &#x00E9;poca republicana o al menos hace pensar que esa ruptura no fue tan radical como se ven&#x00ED;a pensando.</p>

			<p>Adem&#x00E1;s de sus tareas en el Instituto de &#x00D3;ptica, Piedad de la Cierva fue nombrada Auxiliar de c&#x00E1;tedra de la asignatura “Estructura at&#x00F3;mico-molecular y Espectroscopia” que se impart&#x00ED;a en los cursos de Doctorado. Consuelo Flecha ha puesto de relieve que fue este el medio habitual por el que las mujeres empezaron a dar clases en la universidad, ya desde la segunda rep&#x00FA;blica. Como ayudantes de clases pr&#x00E1;cticas o auxiliares de c&#x00E1;tedra, en ocasiones mal pagadas, se perpetuar&#x00ED;an en esos puestos sin muchas esperanzas de promoci&#x00F3;n. Incluso –como fue el caso de Piedad– se ocuparon de las clases te&#x00F3;ricas en casos de c&#x00E1;tedra vacante. De hecho, ninguna de las que empezaron antes de 1936 llegaron a tener su plaza en propiedad y apenas quedan registros de su actividad en los documentos oficiales (cf. Flecha Garc&#x00ED;a, <xref ref-type="bibr" rid="CIT17">2010</xref>, p. 260). </p>

			<p>La c&#x00E1;tedra en la que empez&#x00F3; a ayudar Piedad de la Cierva hab&#x00ED;a sido creada para Miguel Catal&#x00E1;n. Piedad pensaba que le servir&#x00ED;a lo aprendido en Copenhague y adem&#x00E1;s aprender&#x00ED;a mucho de Catal&#x00E1;n pues asistir&#x00ED;a a sus clases, al tiempo que le ayudaba en las pr&#x00E1;cticas. Sin embargo, Catal&#x00E1;n hab&#x00ED;a sido depurado y se le impidi&#x00F3; acceder a su c&#x00E1;tedra. Para su sorpresa, se encontr&#x00F3; con que era ella la que ten&#x00ED;a que ocuparse de las clases te&#x00F3;ricas, pero sin que constara oficialmente en ning&#x00FA;n sitio y sin recibir un sueldo. Hab&#x00ED;a cursado las asignaturas y la base de sus estudios en Copenhague le resultaban muy &#x00FA;tiles, pero preparar las clases le supon&#x00ED;a mucho esfuerzo. Catal&#x00E1;n la asesor&#x00F3;, y todos confiaban en que se tratara de una situaci&#x00F3;n transitoria pero no fue as&#x00ED;<xref ref-type="fn" rid="NOTE12">12</xref>. Los alumnos eran unos treinta. Entre ellos hab&#x00ED;a licenciados de antes de 1936, sacerdotes, catedr&#x00E1;ticos de instituto, auxiliares de universidad. Hasta entonces, Piedad de la Cierva no hab&#x00ED;a sufrido ninguna dificultad seria por el hecho de ser mujer en el mundo cient&#x00ED;fico en que se mov&#x00ED;a. Posiblemente, su apellido le facilit&#x00F3; tambi&#x00E9;n el camino, pero fue sobre todo su solvencia cient&#x00ED;fica e intelectual lo que le permiti&#x00F3; moverse con soltura en un mundo preferentemente masculino.</p>

			<p>El fracaso en las oposiciones a c&#x00E1;tedra a las que se present&#x00F3; en 1941, como se ver&#x00E1; en el apartado siguiente, le provoc&#x00F3; un enorme desencanto pues le hizo darse cuenta de que el mundo universitario era a&#x00FA;n un coto cerrado en el que las mujeres se encontraban en situaci&#x00F3;n de inferioridad. De hecho, estaba ocupando una c&#x00E1;tedra vacante por la que percib&#x00ED;a una cantidad m&#x00ED;nima, el tercio del sueldo anual de lo que ganaba un catedr&#x00E1;tico y sin reconocimiento oficial pues constaba solo como auxiliar de c&#x00E1;tedra (cf. AGUCM, P. 746, 44 y P. 469, 12).</p>

			<p>Decidi&#x00F3;, por tanto, dejar las clases pr&#x00E1;cticas de la Complutense y centrarse en el Instituto de &#x00D3;ptica donde trabajaba a gusto y en temas que le interesaban. All&#x00ED; se ocupaba de preparar espejos de aluminio por evaporaci&#x00F3;n al vac&#x00ED;o, una t&#x00E9;cnica necesaria para la fabricaci&#x00F3;n de prism&#x00E1;ticos (cf. Cierva Viudes, 1993, fol. 71).</p>

			<p>En el comienzo del curso 1941-42 fue nombrada Directora del Laboratorio de la antigua Residencia de Se&#x00F1;oritas de las calle Fortuny. Pero sobre todo, se dedic&#x00F3; al Instituto de &#x00D3;ptica “Daza de Vald&#x00E9;s” donde permanecer&#x00ED;a hasta 1950. De los setenta y ocho cient&#x00ED;ficos que trabajaron en el Instituto durante los diez a&#x00F1;os que dur&#x00F3;, veinte eran mujeres, entre las que destacaban Olga Mª Riquelme, Teresa Vig&#x00F3;n o Narcisa Mart&#x00ED;n Retortillo. Pero realmente las que se mantuvieron trabajando all&#x00ED; todos esos a&#x00F1;os fueron solo Piedad de la Cierva y Mar&#x00ED;a Eg&#x00FC;&#x00E9;s (cf. Gonz&#x00E1;lez Ib&#x00E1;&#x00F1;ez y Santamar&#x00ED;a Garc&#x00ED;a, <xref ref-type="bibr" rid="CIT20">2009</xref>, pp. 392-393). El n&#x00FA;mero de publicaciones de esos a&#x00F1;os da fe del intenso trabajo que Piedad desarroll&#x00F3; durante esos a&#x00F1;os<xref ref-type="fn" rid="NOTE13">13</xref>.</p>

		</sec>
			
		
		<sec id="S5">
			
			<title>4. LAS OPOSICIONES A C&#x00C1;TEDRA DE UNIVERSIDAD</title>

			<p>Una de las pocas veces que sufri&#x00F3; las consecuencias de la discriminaci&#x00F3;n de g&#x00E9;nero fue en unas oposiciones a c&#x00E1;tedra de universidad. A principios de 1941 se hab&#x00ED;an convocado las oposiciones de c&#x00E1;tedra de F&#x00ED;sico-Qu&#x00ED;mica para las universidades de Sevilla, Valencia y Murcia (cf. AGA, (5) 19.1 32/13636, leg. 9619/3). Piedad de la Cierva se present&#x00F3; ante la insistencia de su padre que so&#x00F1;aba con que su hija fuera la primera mujer catedr&#x00E1;tica de Universidad (cf. Cierva Viudes, 1993, fol. 67). </p>

			<p>Adem&#x00E1;s de Piedad, se presentaba otra mujer, Mar&#x00ED;a Teresa Salazar Berm&#x00FA;dez. Nacida en Villanueva del Ariscal (Sevilla), era ya Doctora en Qu&#x00ED;micas en 1931. De 1931 a 1934 trabaj&#x00F3; en la Secci&#x00F3;n de F&#x00ED;sico-Qu&#x00ED;mica del Rockefeller y en 1934 obtuvo una beca de la JAE para estudiar la “Estructura del n&#x00FA;cleo at&#x00F3;mico” en Francia. Sigui&#x00F3; trabajando luego en el Instituto Nacional de F&#x00ED;sica y Qu&#x00ED;mica y fue una de las m&#x00E1;s cercanas colaboradoras del Dr. Moles. Antes de la Guerra Civil ya hab&#x00ED;a publicado cinco art&#x00ED;culos cient&#x00ED;ficos (cf. Magall&#x00F3;n Portol&#x00E9;s, <xref ref-type="bibr" rid="CIT23">1996</xref>, p. 59 y Montero, <xref ref-type="bibr" rid="CIT32">2009</xref>, p. 266).</p>

			<p>Las dos ten&#x00ED;an m&#x00E9;ritos suficientes para presentarse a la convocatoria con garant&#x00ED;as de &#x00E9;xito. Otero Carvajal, que ha estudiado las oposiciones a c&#x00E1;tedras universitarias durante el franquismo, asegura a la vista de los expedientes, que sus <italic>curricula</italic> eran incluso superiores a los de algunos de los candidatos (cf. Otero Carvajal, <xref ref-type="bibr" rid="CIT36">2012</xref>, p. 59). Adem&#x00E1;s de Piedad de la Cierva y Teresa Salazar se presentaban Octavio Rafael Foz Gazulla, Juli&#x00E1;n Rodr&#x00ED;guez Velasco y Jos&#x00E9; Mar&#x00ED;a Gonz&#x00E1;lez Barredo. </p>

			<p>Antes de presentarse a los ex&#x00E1;menes, para los que Piedad se hab&#x00ED;a estado preparando duramente, se enter&#x00F3; por un amigo de su padre y por el ministro de educaci&#x00F3;n, Ib&#x00E1;&#x00F1;ez Mart&#x00ED;n, que los resultados ya estaban dados. Adem&#x00E1;s exist&#x00ED;a una especie de acuerdo entre las facultades de no dar la plaza a una mujer. Ib&#x00E1;&#x00F1;ez Mart&#x00ED;n le aconsej&#x00F3; que no se presentara. Era mejor hacerlo para c&#x00E1;tedra para instituto donde con toda seguridad se le dar&#x00ED;a una plaza (cf. Cierva Viudes, 1993, p. 68). A pesar de todo, las dos mujeres se presentaron.</p>

			<p>Las actas de las sesiones del tribunal reflejan las diferencias de trato que sufrieron Piedad de la Cierva y Teresa Salazar. En la calificaci&#x00F3;n de uno de los ejercicios, por ejemplo, se comenta lo mismo de las dos: “acordando por unanimidad el que a pesar de las deficiencias observadas por el Tribunal por la Srta. opositora pod&#x00ED;a continuar con el siguiente ejercicio”. Tambi&#x00E9;n la valoraci&#x00F3;n de sus trabajos cient&#x00ED;ficos fue negativa. As&#x00ED;, dos de los vocales coincid&#x00ED;an en minusvalorar las publicaciones de Piedad de la Cierva porque hab&#x00ED;an sido hechas en colaboraci&#x00F3;n con otros, sin considerar el prestigio de los colaboradores como Julio Palacios o Hevesy, quien ganar&#x00ED;a el Premio Nobel en 1943. Solo el profesor Ipiens, que conoc&#x00ED;a personalmente a Piedad y apreciaba su labor cient&#x00ED;fica, opinaba que “la autoridad del profesor Palacios es garant&#x00ED;a del valor de las citadas publicaciones, en las que la Srta. de la Cierva revela una enorme aptitud para las investigaciones f&#x00ED;sico-qu&#x00ED;micas. Sus restantes trabajos sobre radioactividad artificial, algunos bajo la direcci&#x00F3;n del profesor Hevesy constituyen una iniciaci&#x00F3;n en las delicadas t&#x00E9;cnicas de la desintegraci&#x00F3;n artificial de los &#x00E1;tomos” (AGA, (5) 19.1 32/13636, leg. 9619/3).</p>

			<p>Las c&#x00E1;tedras de Sevilla y Valencia las ganaron dos de los opositores masculinos y la de Murcia se declar&#x00F3; desierta. Parec&#x00ED;a que prefer&#x00ED;an dejarlo as&#x00ED; antes que d&#x00E1;rsela a una mujer. Teresa Salazar present&#x00F3; una instancia pidiendo la revisi&#x00F3;n de las calificaciones. Argumentaba que el Tribunal no era apto para examinarles porque ninguno era profesor de f&#x00ED;sico-qu&#x00ED;mica. Pero adem&#x00E1;s manifestaba su sospecha de que no se le hubiera dado la plaza por ser mujer, cuando –seg&#x00FA;n dec&#x00ED;a– algunos de los que hab&#x00ED;an estado entre el p&#x00FA;blico hab&#x00ED;an calificado sus exposiciones de brillantes. Se quejaba finalmente del da&#x00F1;o hecho a su prestigio por el hecho de haber dejado una plaza desierta. El recurso fue desestimado argumentando que se presentaba fuera de plazo (AGA (5) 19.1 32/13636, leg. 9619/3).</p>

			<p>No era la primera vez que Teresa Salazar hab&#x00ED;a sufrido esta negativa experiencia. Se hab&#x00ED;a presentado ya en 1936 a las oposiciones de la Universidad de La Laguna y lo volver&#x00ED;a a intentar, de nuevo sin &#x00E9;xito, en 1945 para las de Valencia y Valladolid (cf. Flecha Garc&#x00ED;a, <xref ref-type="bibr" rid="CIT17">2010</xref>, p. 272). Piedad de la Cierva, por el contrario, desisti&#x00F3; de volver a intentarlo m&#x00E1;s, decepcionada por la discriminaci&#x00F3;n sufrida. La realidad es que no ser&#x00ED;a hasta 1953 cuando una mujer gan&#x00F3; las oposiciones a c&#x00E1;tedra. Mar&#x00ED;a de los &#x00C1;ngeles Galino ser&#x00ED;a la primera mujer catedr&#x00E1;tica, en Historia de la Pedagog&#x00ED;a e Historia de la Pedagog&#x00ED;a espa&#x00F1;ola, por la Universidad de Madrid<xref ref-type="fn" rid="NOTE14">14</xref>.</p>

		</sec>
			
		
		<sec id="S6">
			
			<title>5. LA CREACI&#x00D3;N DEL LTIEMA Y LA AVENTURA DEL VIDRIO &#x00D3;PTICO</title>

			<p>En 1945 se cre&#x00F3; el LTIEMA (Laboratorio y Taller de Investigaci&#x00F3;n del Estado Mayor de la Armada), cuyos fondos se dedicaron sobre todo a la investigaci&#x00F3;n del vidrio &#x00F3;ptico. Josemar&#x00ED;a Otero Navascu&#x00E9;s fue nombrado subdirector del centro y director en 1948 (cf. P&#x00E9;rez Fern&#x00E1;ndez-Tur&#x00E9;gano, <xref ref-type="bibr" rid="CIT38">2012</xref>, p. 52). En cuanto se hizo cargo del Instituto impuso su impronta personal. Busc&#x00F3;, por ejemplo, la colaboraci&#x00F3;n con otros centros nacionales e internacionales. Quer&#x00ED;a adem&#x00E1;s que el LTIEMA fuera “un laboratorio de investigaci&#x00F3;n y desarrollo, cubriendo actividades desde la ciencia aplicada hasta el desarrollo del prototipo” y un peque&#x00F1;o taller industrial. La l&#x00ED;nea prioritaria ser&#x00ED;a la &#x00F3;ptica, electr&#x00F3;nica y comunicaciones, direcci&#x00F3;n de tiro, mec&#x00E1;nica de precisi&#x00F3;n y metrolog&#x00ED;a (cf. P&#x00E9;rez Fern&#x00E1;ndez-Tur&#x00E9;gano, <xref ref-type="bibr" rid="CIT38">2012</xref>, pp. 52s).</p>

			<p>Para este nuevo proyecto quiso contar con Piedad de la Cierva, quien ser&#x00ED;a contratada ese a&#x00F1;o como Personal T&#x00E9;cnico Civil de la Marina. Adem&#x00E1;s de las tareas de investigaci&#x00F3;n que desempe&#x00F1;&#x00F3;, se encargaba de las sesiones pr&#x00E1;cticas de qu&#x00ED;mica a los alumnos de la Escuela de Ingenieros Navales. La relaci&#x00F3;n con los alumnos era muy cordial e incluso se fraguaron amistades que se mantuvieron en el tiempo como Manuel Bernardo y Adolfo Garc&#x00ED;a Abriles, quienes llegaron a ser Almirantes (cf. Cierva Viudes, 1993, fol. 74).</p>

			<p>Pero su tarea principal era el trabajo sobre las l&#x00E1;minas antirreflectoras que recubr&#x00ED;an la superficie de las lentes y los prismas, permitiendo as&#x00ED; la visi&#x00F3;n nocturna. Otero estaba interesado en la fabricaci&#x00F3;n en Espa&#x00F1;a de estos instrumentos &#x00F3;pticos desde su vuelta de Alemania donde hab&#x00ED;a probado su eficacia. Para Piedad supon&#x00ED;a un nuevo reto, puesto que era un trabajo pionero en Espa&#x00F1;a y hab&#x00ED;a muy poca bibliograf&#x00ED;a. Los avances fueron a base de muchos ensayos y experimentaciones. </p>

			<p>Finalmente a partir de 1945 pudo aplicarse ese procedimiento a los prism&#x00E1;ticos que se fabricaban en el LTIEMA. Piedad de la Cierva present&#x00F3; la Memoria de los trabajos realizados a la Academia de las Ciencias en 1946. Esa Memoria recibi&#x00F3; el Primer Premio de la Academia de Ciencias para trabajos de investigaci&#x00F3;n. Era la primera mujer que recib&#x00ED;a un reconocimiento de este grado (cf. Cierva Viudes, fol. 76). Los primeros resultados sobre las l&#x00E1;minas reflectoras se dieron a conocer en un congreso en Par&#x00ED;s. En 1947 acudi&#x00F3; tambi&#x00E9;n a la Feria de Muestras de Barcelona para exponer los prototipos fabricados en el Instituto: sextantes, diferentes tipos de prism&#x00E1;ticos, tel&#x00E9;metros. Colaboraban con ella Mar&#x00ED;a Teresa Vig&#x00F3;n, Xula Vig&#x00F3;n y Mar&#x00ED;a Eg&#x00FC;&#x00E9;s.</p>

			<p>Otro de los grandes proyectos de Otero fue la industrializaci&#x00F3;n en Espa&#x00F1;a del vidrio &#x00F3;ptico, un material que se produc&#x00ED;a a&#x00FA;n en pocos lugares del mundo. Quer&#x00ED;a que el LTIEMA fuera un centro pionero en esta materia. Encomend&#x00F3; esta tarea a Piedad de la Cierva para lo que la envi&#x00F3; a Estados Unidos en 1948 con el fin de que estudiara de primera mano los secretos de esa industria. Piedad trabaj&#x00F3; en el National Bureau of Standards en Washington y visit&#x00F3; la Facultad de Ingenier&#x00ED;a de Vidrio de la Universidad de Toledo (Ohio) y otras f&#x00E1;bricas de vidrio &#x00F3;ptico, como la Libby Owens, especializada en la fabricaci&#x00F3;n del vidrio irrompible, por entonces desconocido en Espa&#x00F1;a. Por &#x00FA;ltimo, antes de volver a Espa&#x00F1;a estuvo en la Bausch and Jomb Optical y la Kodak en Rochester (Nueva York) (cf. Cierva Viudes, 1993, fols. 81-98).</p>

			<p>De vuelta a Espa&#x00F1;a y con la experiencia adquirida, se puso a trabajar en la fabricaci&#x00F3;n del vidrio, tipificando primero las materias primas que deb&#x00ED;a utilizar, construyendo los hornos y formando un equipo compuesto por investigadores y obreros. Una de las investigadoras era Francisca de Andr&#x00E9;s –que ya hab&#x00ED;a trabajado en otras ocasiones con Piedad de la Cierva–. Los primeros estudios sobre las materias primas, en concreto las arcillas, sirvi&#x00F3; a De Andr&#x00E9;s como tema de tesis doctoral<xref ref-type="fn" rid="NOTE15">15</xref>. Aunque la directora real era Piedad de la Cierva, tuvo que pedirle a Jos&#x00E9; Mar&#x00ED;a Albareda que figurara como director, ya que Piedad no era catedr&#x00E1;tica (cf. Cierva Viudes, 1993, fol. 103).</p>

			<p>Finalmente consigui&#x00F3; fabricar el primer ensayo de vidrio &#x00F3;ptico en 1954. La Memoria se present&#x00F3; a un Concurso del Consejo Superior de Investigaciones Cient&#x00ED;ficas, con el t&#x00ED;tulo “Ensayos de fabricaci&#x00F3;n de vidrio &#x00F3;ptico”. Fue premiada con el 1º Premio de Investigaci&#x00F3;n t&#x00E9;cnica “Juan de la Cierva” en 1955 y publicada por el Consejo Superior de Investigaciones Cient&#x00ED;ficas<xref ref-type="fn" rid="NOTE16">16</xref>.</p>

			<p>Acudi&#x00F3; en 1956 al Congreso Internacional celebrado en Madrid sobre “Realidad en estado s&#x00F3;lido”, junto con otros tres compa&#x00F1;eros –Francisca de Andr&#x00E9;s, Aurea Perales y Jos&#x00E9; Rodr&#x00ED;guez- donde presentaron dos trabajos: “Influencia de electrolitos en el colado de crisoles” y “Atacabilidad de los crisoles por el vidrio fundido”, que luego fueron publicados.</p>

			<p>La fama y el prestigio de Piedad de la Cierva y sus colaboradores trascend&#x00ED;an las fronteras: recib&#x00ED;an peticiones de separatas de sus art&#x00ED;culos desde la f&#x00E1;brica de Bausch and Lomb y tambi&#x00E9;n del Instituto del Vidrio de Par&#x00ED;s. En junio de 1956 visit&#x00F3; las instalaciones del LTIEMA el Dr. Heindl de Wash, quien elogi&#x00F3; sus trabajos sobre arcillas y vidrios y le pidi&#x00F3; que publicase los resultados de sus ensayos en revistas de Estados Unidos. Piedad empez&#x00F3; tambi&#x00E9;n a colaborar en el Instituto del Vidrio de La Granja ayudando en la selecci&#x00F3;n de materias primas (cf. Cierva Viudes, 1995, fol. 10).</p>

			<p>Otero Navascu&#x00E9;s hab&#x00ED;a dejado la direcci&#x00F3;n del LTIEMA en 1956. Los nuevos directores no estaban interesados en la fabricaci&#x00F3;n del vidrio &#x00F3;ptico y en 1957 se decidi&#x00F3; desmontar los hornos para a&#x00F1;adir esos terrenos al campo de deporte.</p>

			<p>Compatible con los trabajos rutinarios en el LTIEMA, como, por ejemplo, los an&#x00E1;lisis de aceros, Piedad de la Cierva empez&#x00F3; a interesarse por otros temas de investigaci&#x00F3;n –al tener que abandonar el tema del vidrio &#x00F3;ptico– con los que adem&#x00E1;s pudo ayudar e iniciar en la investigaci&#x00F3;n a otras mujeres: las superficies pulidas del vidrio y la capacidad aislante de la cascarilla de arroz.</p>

			<p>En el oto&#x00F1;o de 1959 hab&#x00ED;a acudido a ella Luisa Arroyo, del Instituto de Electr&#x00F3;nica, para pedirle que le dirigiera la tesis doctoral. En principio, Luisa Arroyo quer&#x00ED;a trabajar sobre los vidrios conductores transparentes, pero Piedad le sugiri&#x00F3; que lo hiciera sobre las superficies pulidas por estar m&#x00E1;s relacionado con el trabajo que estaba haciendo. Juntas realizaron un trabajo muy original que sirvi&#x00F3; a Luisa Arroyo de tesis doctoral: “Superficies pulidas de vidrio”. Parte de esos resultados fueron en un art&#x00ED;culo conjunto<xref ref-type="fn" rid="NOTE17">17</xref>. Como ya hab&#x00ED;a hecho antes, tuvo que figurar como Director de la tesis doctoral un catedr&#x00E1;tico universitario.</p>

			<p>A trav&#x00E9;s de una revista americana hab&#x00ED;a conocido las investigaciones sobre unos ladrillos aislantes, fabricados con cenizas de paja de arroz, que despert&#x00F3; su curiosidad. Ese art&#x00ED;culo le hab&#x00ED;a tra&#x00ED;do algunos recuerdos de la infancia, en concreto, las barras de hielo que se compraban en su casa y eran transportadas cubiertas en paja de arroz. Empez&#x00F3; a experimentar por su cuenta con la cascarilla del arroz. No se quemaba de forma normal sino en los hornos de vidrio, que por entonces aun no se hab&#x00ED;an desmontado. Se quemaba la parte org&#x00E1;nica pero quedaban unas cenizas muy blancas y abundantes que conservaban la misma estructura de la cascarilla. Las analiz&#x00F3; al microscopio, hizo fotograf&#x00ED;as e inici&#x00F3; un an&#x00E1;lisis qu&#x00ED;mico de densidad aparente y real. Busc&#x00F3; bibliograf&#x00ED;a sobre el tema y se dio cuenta de que ten&#x00ED;a un nuevo tema de investigaci&#x00F3;n. “El examen microsc&#x00F3;pico de las cenizas de cascarilla daba una imagen preciosa: una cedillas huecas de s&#x00ED;lice casi pura proporcionaban un material ideal como refractario y como aislante. A m&#x00ED; me asombraban mis observaciones y me divert&#x00ED;a considerar una vez m&#x00E1;s de las maravillas de la creaci&#x00F3;n: en medio del campo cubierto de agua, donde se cultiva al arroz, aquellas ramitas endebles chupan del suelo la s&#x00ED;lice, que se va colocando ordenadamente, mezclada con la parte vegetal, que primero es verde y luego le&#x00F1;osa. As&#x00ED; se va formando la cascarilla alrededor de cada granito de arroz, blanco y arenoso” (Cierva Viudes, 1995, fols. 10-11).</p>

			<p>Ante la falta de inter&#x00E9;s por parte del Ministerio de Marina por seguir con la industrializaci&#x00F3;n del vidrio &#x00F3;ptico, Piedad de la Cierva se implic&#x00F3; cada vez m&#x00E1;s en este nuevo proyecto de investigaci&#x00F3;n. Ve&#x00ED;a que “era un tema de estudio interesante porque pod&#x00ED;a tener aplicaci&#x00F3;n inmediata para la fabricaci&#x00F3;n de ladrillos refractarios aislantes, para las calderas de los barcos y para otros hornos como los de cemento que en aquella &#x00E9;poca de gran impulso de la construcci&#x00F3;n se importaban de Dinamarca” (Cierva Viudes, 1995, fol. 12). El nuevo director del LTIEMA se interes&#x00F3; en esta nueva investigaci&#x00F3;n y anim&#x00F3; a Piedad de la Cierva a seguir. Le dio autorizaci&#x00F3;n para que colaboraran con ella dos mujeres que trabajaban en el laboratorio del LTIEMA con cierta regularidad: Antonia Mu&#x00F1;oz y Guadalupe Ortiz de Land&#x00E1;zuri.</p>

			<p>El trabajo desarrollado sirvi&#x00F3; de tesis doctoral a Guadalupe Ortiz de Land&#x00E1;zuri, que fue le&#x00ED;da en 1965 y obtuvo la calificaci&#x00F3;n de sobresaliente <italic>cum laude</italic>. El trabajo se present&#x00F3; a la convocatoria de los premios de Investigaci&#x00F3;n “Juan de la Cierva” como trabajo en equipo en la opci&#x00F3;n “Investigaci&#x00F3;n T&#x00E9;cnica”. Obtuvieron el Premio y ya desde el LTIEMA se procedi&#x00F3; a conseguir la patente del proceso de fabricaci&#x00F3;n (cf. Cierva Viudes, 1995, fol. 20; Egu&#x00ED;bar, <xref ref-type="bibr" rid="CIT16">2001</xref>, pp. 216-219). En este caso el “director” de la tesis fue el profesor &#x00C1;ngel Viau, muy amigo de Piedad de la Cierva.</p>

			<p>Un nuevo director del LTIEMA imprimi&#x00F3; una nueva orientaci&#x00F3;n al instituto, dejando de lado la investigaci&#x00F3;n. El trabajo de Piedad de la Cierva era cada vez m&#x00E1;s rutinario y con menos espacios para desarrollar l&#x00ED;neas de investigaci&#x00F3;n. Pr&#x00E1;cticamente se dedicaba a redactar normas sobre tipos de materiales que se deb&#x00ED;an utilizar en la Marina. La situaci&#x00F3;n en el trabajo, unido al fallecimiento de uno de sus hermanos en 1969 y el agravamiento de la enfermedad de su madre, le llevaron a plantearse la jubilaci&#x00F3;n anticipada, a los 63 a&#x00F1;os. Despu&#x00E9;s de 35 a&#x00F1;os de trabajo en el LTIEMA iniciaba su jubilaci&#x00F3;n el 1 de marzo de 1976 una mujer que hab&#x00ED;a sido pionera en varios campos de las ciencias qu&#x00ED;micas.</p>

			<p>Sus &#x00FA;ltimos a&#x00F1;os fueron una lucha contra la p&#x00E9;rdida de memoria. Los recuerdos escritos por ella, que me han permitido reconstruir gran parte de su vida, dan fe de su confianza en el poder de la ciencia pero tambi&#x00E9;n el reconocimiento de sus propias limitaciones: “Muchas veces me he preguntado c&#x00F3;mo se producen en nosotros las ideas, los pensamientos. Ya s&#x00E9; que el Esp&#x00ED;ritu Santo dirige nuestros pensamientos y acciones y &#x00C9;l me encomiendo con frecuencia. Pero no he visto nunca la relaci&#x00F3;n entre el alma humana –el entendimiento, la voluntad, la memoria- y el funcionamiento del cuerpo, concretamente del cerebro. No s&#x00E9; si es problema de Psicolog&#x00ED;a, de Fisiolog&#x00ED;a… Desde hace alg&#x00FA;n tiempo noto que me falla la memoria: se me olvidan los nombres de personas muy conocidas; se me olvida lo que tengo que hacer o donde he guardado un papel. El m&#x00E9;dico dice que es falta de riego cerebral; un proceso de envejecimiento normal…Dicen que los ordenadores, ese invento nuevo que ya sobrepasa mi capacidad de aprender, funcionan de un modo parecido a la memoria… No s&#x00E9; c&#x00F3;mo funcionan los ordenadores. Los cient&#x00ED;ficos de hoy los han inventado y los fabrican. Y yo sigo con la curiosidad de saber c&#x00F3;mo funcionan esas neuronas, de las que no conozco m&#x00E1;s que el nombre, y que son capaces de producir y almacenar vivencias de ochenta a&#x00F1;os” (Cierva Viudes, 1993, fol. 49).</p>

		</sec>

		
		<sec id="S7">		
			
			<title>CONCLUSIONES</title>

			<p>El trabajo cient&#x00ED;fico de Piedad de la Cierva no ha tenido a&#x00FA;n el reconocimiento que merece. Este breve ensayo quiere ser un inicio de lo que ser&#x00E1; un proyecto m&#x00E1;s amplio, escribir la biograf&#x00ED;a de esta pionera cient&#x00ED;fica. Experta en radiaci&#x00F3;n artificial cuando estaba en sus inicios, su trabajo en la industrializaci&#x00F3;n del vidrio &#x00F3;ptico y el descubrimiento de las capacidades de la cascarilla de arroz para fabricar material refractario son algunos de sus logros que se vertieron en un n&#x00FA;mero importante de art&#x00ED;culos, algunas patentes y premios de investigaci&#x00F3;n.</p>

			<p>Es llamativo que hasta el momento no haya habido estudios sobre la labor desarrollada por esta cient&#x00ED;fica, lo que es una muestra m&#x00E1;s de la persistente invisibilidad de la mujer a nivel acad&#x00E9;mico. Las escasas menciones sobre su colaboraci&#x00F3;n con Julio Palacios, Miguel Catal&#x00E1;n y sobre todo con Jos&#x00E9; Mar&#x00ED;a Otero Navascu&#x00E9;s suponen un agudo contraste con las monograf&#x00ED;as dedicadas a estos hombres de ciencia. Es, por tanto, una tarea pendiente rescatar del olvido el trabajo de Piedad de la Cierva y tantas otras mujeres que desarrollaron una labor destacada entre la segunda rep&#x00FA;blica y el franquismo.</p>

			<p>La actividad cient&#x00ED;fica que desarroll&#x00F3; en dos per&#x00ED;odos tan distintos manifiesta la existencia de una continuidad en su trabajo. No se puede hablar, por tanto, de una ruptura total entre ambas &#x00E9;pocas. Junto a Piedad, encontramos otras mujeres que hab&#x00ED;an empezado su trayectoria profesional en los a&#x00F1;os anteriores a la guerra y que pudieron continuarla durante el franquismo. Arroja cierta luz sobre la situaci&#x00F3;n de la mujer en este per&#x00ED;odo y permite entrever que, a pesar de que se diera una tendencia a promover el trabajo de la mujer en el hogar, hubo mujeres que pudieron desarrollar sin cortapisas una labor cient&#x00ED;fica importante.</p>

			<p>En este sentido, tambi&#x00E9;n habr&#x00ED;a que destacar las redes de apoyo y colaboraci&#x00F3;n mutua que se dieron entre estas mujeres en ambos per&#x00ED;odos. En el caso de Piedad, hay que valorar su impulso y ayuda a otras investigadoras que estaban empezando, como prueban las tres tesis doctorales que dirigi&#x00F3; a tres mujeres, aunque no pudiera quedar constancia de ser la directora. Ser&#x00ED;a interesante estudiar hasta qu&#x00E9; punto este tipo de redes se extendieron entre las mujeres investigadoras, aunque sean dif&#x00ED;ciles de rastrear, porque habitualmente, al no ser catedr&#x00E1;ticos de universidad, no pudieron firmar los trabajos que dirigieron.</p>

			<p>La trayectoria cient&#x00ED;fica de Piedad de la Cierva es de gran inter&#x00E9;s no solo por el valor en s&#x00ED; mismo de sus aportaciones a la ciencia sino porque plantea interrogantes sobre la situaci&#x00F3;n de la mujer entre los a&#x00F1;os treinta y cuarenta y cuestiona la idea extendida de las escasas oportunidades que pod&#x00ED;a tener una mujer que quisiera desarrollar una carrera profesional. Invita por tanto a profundizar en el trabajo de esta pionera cient&#x00ED;fica y de otras mujeres que, como ella, supieron abrirse paso con brillantez en un mundo preferentemente masculino.</p>

		</sec>
		
	</body>
	
	
	<back>
	
		<sec id="notas">
			<title>NOTAS</title>
		
			<fn-group>
				<fn id="NOTE1"><label>1</label>
					<p>Estas memorias se encuentran en el Archivo General de la Prelatura del Opus Dei, Series U.1.4. Citar&#x00E9; este manuscrito como Cierva Viudes. Est&#x00E1; dividido en dos documentos. El primero, con fecha 24 de octubre de <xref ref-type="bibr" rid="CIT04">1933</xref>, consta de 103 folios escritos a mano por una sola cara. El segundo, fechado en 20 de marzo de 1995, son 24 folios mecanografiados tambi&#x00E9;n por una cara. En esas memorias describi&#x00F3; tambi&#x00E9;n su encuentro con el Opus Dei. Fue una de las primeras mujeres que solicit&#x00F3; la admisi&#x00F3;n en el Opus Dei como Agregada en diciembre de 1952. Desde ese a&#x00F1;o hizo compatible su dedicaci&#x00F3;n al Opus Dei con su trabajo como cient&#x00ED;fica.</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE2"><label>2</label>
					<p>Las alumnas que completaban el bachillerato pod&#x00ED;an obtener el t&#x00ED;tulo de Magisterio en un curso si se matriculaban de unas asignaturas, en concreto, Pedagog&#x00ED;a, M&#x00FA;sica y Labores. Un buen estudio de la evoluci&#x00F3;n de los estudios de Magisterio de 1900 a 1930 puede verse en Capel Mart&#x00ED;nez, <xref ref-type="bibr" rid="CIT03">1986</xref>, pp. 424-428.</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE3"><label>3</label>
					<p>El profesor Antonio Ipiens Lacasa era catedr&#x00E1;tico de Qu&#x00ED;mica General en la Universidad de Valencia desde 1924. En 1941 obtuvo la c&#x00E1;tedra de Qu&#x00ED;mica experimental en la Universidad de Madrid. Cf. <uri>http://www.ranf.com/acad%C3%A9micos/acad%C3%A9micos-de-n%C3%BAmero/anteriores/1187-excmo-sr-d-antonio-ipi%C3%A9ns-lacasa.html</uri>. Su mujer tambi&#x00E9;n ten&#x00ED;a una carrera universitaria, lo que explica que viera normal que Piedad de la Cierva continuara desarrollando una carrera cient&#x00ED;fica, y la apoyara.</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE4"><label>4</label>
					<p>Un interesante estudio sobre las intelectuales de la Segunda Rep&#x00FA;blica que pone de relieve el desconocimiento de la importante actividad que desarrollaron es Garc&#x00ED;a Jaramillo (<xref ref-type="bibr" rid="CIT19">2013</xref>). Quiz&#x00E1; el estudio m&#x00E1;s cl&#x00E1;sico y completo hasta el momento sea el de Mangini (<xref ref-type="bibr" rid="CIT29">2001</xref>).</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE5"><label>5</label>
					<p>Hay algunos estudios detallados de estas cient&#x00ED;ficas pioneras que permiten al menos hacerse una idea de la cantidad y calidad de las mujeres que a trav&#x00E9;s de las becas de la JAE y otro tipo de pensiones contribuyeron al avance de la ciencia en distintos &#x00E1;mbitos. En este sentido es un cl&#x00E1;sico el estudio de Magall&#x00F3;n Portol&#x00E9;s (<xref ref-type="bibr" rid="CIT25">2004</xref>), en especial las p&#x00E1;ginas dedicadas al Instituto Nacional de F&#x00ED;sica y Qu&#x00ED;mica (pp. 223-260), donde realiza una interesante prosopograf&#x00ED;a de las 36 mujeres que trabajaron all&#x00ED; entre 1931-1936.</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE6"><label>6</label>
					<p>El Instituto Rockefeller se inaugur&#x00F3; el 6 de febrero de 1932. Llamado as&#x00ED; por su principal benefactor, era el Instituto Nacional de F&#x00ED;sica y Qu&#x00ED;mica, dependiente de la Junta de Ampliaci&#x00F3;n de Estudios. Un completo estudio de su trayectoria y logros cient&#x00ED;ficos est&#x00E1;n recogidos en Gonz&#x00E1;lez Ib&#x00E1;&#x00F1;ez y Santamar&#x00ED;a Garc&#x00ED;a (<xref ref-type="bibr" rid="CIT20">2009</xref>).</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE7"><label>7</label>
					<p>Ver el apartado <italic>Fuentes</italic> al final del art&#x00ED;culo.</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE8"><label>8</label>
					<p>Una breve biograf&#x00ED;a de algunas de estas mujeres puede leerse en Magall&#x00F3;n Portol&#x00E9;s, <xref ref-type="bibr" rid="CIT23">1996</xref>, pp. 56-59. Un estudio m&#x00E1;s reciente es el de Merino Hern&#x00E1;ndez, <xref ref-type="bibr" rid="CIT31">2015</xref>, pp. 225-241.</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE9"><label>9</label>
					<p>Esos art&#x00ED;culos eran Cierva Viudes y Losada (<xref ref-type="bibr" rid="CIT04">1933</xref>), Cierva Viudes y Palacios (<xref ref-type="bibr" rid="CIT05">1934</xref>), Cierva Viudes y Palacios (<xref ref-type="bibr" rid="CIT06">1935</xref>), Cierva Viudes (<xref ref-type="bibr" rid="CIT07">1936</xref>), Palacios, Rivoir y Cierva Viudes (<xref ref-type="bibr" rid="CIT37">1936</xref>), Cierva Viudes y Rivoi (<xref ref-type="bibr" rid="CIT08">1936</xref>).</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE10"><label>10</label>
					<p>Ver el apartado Fuentes al final del art&#x00ED;culo.</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE11"><label>11</label>
					<p>Una breve pero interesante biograf&#x00ED;a sobre esta f&#x00ED;sica, que tan relacionada estar&#x00ED;a posteriormente con la construcci&#x00F3;n de la bomba at&#x00F3;mica, es Lewin Simen (<xref ref-type="bibr" rid="CIT22">1997</xref>).</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE12"><label>12</label>
					<p>Miguel Catal&#x00E1;n fue un destacado cient&#x00ED;fico que con sus descubrimientos ayud&#x00F3; a cient&#x00ED;ficos como B&#x00F6;ehr a definir la estructura esencial del &#x00E1;tomo. Era jefe de la Secci&#x00F3;n de Espectroscopia en el Instituto Rockefeller. Simultaneaba esos trabajos con la ense&#x00F1;anza como catedr&#x00E1;tico en la Universidad Complutense. Tras la Guerra Civil sufri&#x00F3; la depuraci&#x00F3;n y no pudo recuperar su c&#x00E1;tedra hasta 1946. Tampoco pudo reiniciar su actividad cient&#x00ED;fica hasta 1950. Un completo estudio de su vida y obra es el de S&#x00E1;nchez Ron (<xref ref-type="bibr" rid="CIT39">1994</xref>). Es curioso que no se mencione a Piedad de la Cierva en la etapa en que sustituy&#x00F3; a Catal&#x00E1;n en su c&#x00E1;tedra, dado que el propio cient&#x00ED;fico, asumiendo las circunstancias pol&#x00ED;ticas, la estuvo asesorando.</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE13"><label>13</label>
					<p>Los art&#x00ED;culos publicados fueron Cierva y Dur&#x00E1;n (<xref ref-type="bibr" rid="CIT09">1941</xref>), Cierva (<xref ref-type="bibr" rid="CIT10">1943</xref>), Cierva y Dur&#x00E1;n (<xref ref-type="bibr" rid="CIT11">1943</xref>), Cierva (<xref ref-type="bibr" rid="CIT12">1944</xref>), Cierva y Cacho (<xref ref-type="bibr" rid="CIT13">1949</xref>).</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE14"><label>14</label>
					<p>En la <italic>Revista Espa&#x00F1;ola de Pedagog&#x00ED;a</italic>, donde se dio la noticia, se afirmaba: “ha sido eliminado el prejuicio, mantenido por algunos, de la inconveniencia de que una c&#x00E1;tedra universitaria sea regida en propiedad por una mujer, ya que el puesto de profesoras adjuntas es desempe&#x00F1;ado brillantemente por numerosas doctoras” (REP, vol. 11/44, 1953, p. 575). Una muestra de lo largamente que se hab&#x00ED;a mantenido tal prejuicio.</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE15"><label>15</label>
					<p>La tesis era “Estudio f&#x00ED;sico-qu&#x00ED;mico de arcillas y caolines espa&#x00F1;oles”. Un resumen del trabajo fue publicado en una revista de la <italic>American Ceramic Society</italic>.</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE16"><label>16</label>
					<p>La publicaci&#x00F3;n era Cierva Viudes (<xref ref-type="bibr" rid="CIT14">1955</xref>).</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE17"><label>17</label>
					<p>El art&#x00ED;culo era Cierva Viudes, P., Arroyo, L. (1963), “La superficie del vidrio”. <italic>Bolet&#x00ED;n de la Sociedad Espa&#x00F1;ola de Cer&#x00E1;mica</italic>, nº 2, pp. 95-102. En la primera p&#x00E1;gina se advierte que el art&#x00ED;culo era parte de la tesis de Luisa Arroyo.</p>
				</fn>
				
			</fn-group>
		</sec>
		
		<sec id="fuentes">
			<p>Los archivos utilizados para esta investigaci&#x00F3;n han sido el Archivo General de la Prelatura del Opus Dei (AGP) donde se encuentran las memorias de Piedad de la Cierva, base fundamental de este trabajo. En el Archivo General de la Administraci&#x00F3;n (AGA) he consultado el expediente de la oposici&#x00F3;n a las c&#x00E1;tedras universitarias y en el Archivo General de la Universidad Complutense de Madrid (AGUCM) encontr&#x00E9; el expediente acad&#x00E9;mico y el personal de Piedad con el salario que cobraba los a&#x00F1;os que trabaj&#x00F3; all&#x00ED; como Auxiliar de c&#x00E1;tedra.</p>
		</sec>
		
						
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			<title>BIBLIOGRAF&#x00CD;A</title>
				
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