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			<journal-id journal-id-type="publisher-id">Arbor</journal-id>
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				<journal-title>ARBOR Ciencia, Pensamiento y Cultura</journal-title>
				<abbrev-journal-title>Arbor</abbrev-journal-title>
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			<issn pub-type="epub">0210-1963</issn>
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				<publisher-name>Consejo Superior de Investigaciones Cient&#x00ED;ficas</publisher-name>
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			<article-id pub-id-type="publisher-id">arbor.2016.780n4001</article-id>
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				<subject>POTENCIAS DEL PENSAMIENTO DE XAVIER ZUBIRI / POTENCY OF THOUGHT OF XAVIER ZUBIRI</subject>
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				<article-title>La experiencia moral: una &#x00E9;tica sin verdades absolutas</article-title>
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					<trans-title>Moral experience: Ethics without absolute truths</trans-title>
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				<alt-title alt-title-type="running-head">La experiencia moral: una &#x00E9;tica sin verdades absolutas</alt-title>
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					 <surname>Barroso Fern&#x00E1;ndez</surname>
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				<aff id="U1">Universidad de Granada</aff>
				
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				<corresp id="cor1"><email xlink:href="obarroso@ugr.es">obarroso@ugr.es</email></corresp>
			</author-notes>
			
			
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				<year>2016</year>
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			<year>2016</year>
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			<volume>192</volume>
			<issue>780</issue>
			
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					<license-p>Este es un art&#x00ED;culo de acceso abierto distribuido bajo los t&#x00E9;rminos de la licencia Creative Commons Attribution (CC BY) Espa&#x00F1;a 3.0.</license-p>
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			<abstract xml:lang="es">
				<title>RESUMEN</title>
				<p>En este trabajo se pretende reconstruir la propuesta zubiriana de un saber de tipo moral. Este objetivo exige mirar los textos de antropolog&#x00ED;a moral escritos por Zubiri en los a&#x00F1;os cincuenta desde su obra m&#x00E1;s acabada: <italic>Inteligencia sentiente.</italic> Si efectivamente se puede hablar de un saber moral, habr&#x00E1; que descubrir cu&#x00E1;l es su sistema de referencia, constituido por determinados contenidos dados en impresi&#x00F3;n primordial de realidad y mediados por el logos, y su forma de conocimiento, con sus esbozos, experiencias y verdades. A partir de aqu&#x00ED;, el autor muestra que no es posible, desde la filosof&#x00ED;a de Zubiri, proponer una fundamentaci&#x00F3;n de la moral en sentido universal y absoluto. En todo caso, la posibilidad de un &#x00E1;mbito universal de moralidad no puede ser entendida como algo dado <italic>a priori</italic>, sino m&#x00E1;s bien como un ideal regulativo de la experiencia moral, algo a lo que la raz&#x00F3;n apunta pero nunca llega.</p>
			</abstract>
			
									
			<trans-abstract xml:lang="en">
				<title>ABSTRACT</title>
				<p>The aim of this paper is to reconstruct the Zubirian approach to the moral kind of knowledge. It is, therefore, necessary to examine Zubiri’s writings on moral anthropology from the 1950s, starting from the most complete one, namely <italic>Sentient intelligence. </italic>If there is the possibility of contemplating a moral knowledge, we should discover its reference system and determine how it is built upon the contents given in the primordial impression of reality, mediated by the logos and its particular form of knowledge, with all the outlines, experiences and truths. On this basis, we prove that is impossible to found morality in a universal and absolute sense. In any case, the possibility of a universal sphere should not be conceived as something <italic>a priori</italic>, but rather as a regulative ideal of moral experience, that is, something that reason always tends towards, but never reaches.</p>
			</trans-abstract>
			

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				<title>PALABRAS CLAVE</title>
				<kwd>Zubiri</kwd>
				<kwd>&#x00E9;tica</kwd>
				<kwd>antropolog&#x00ED;a</kwd>
				<kwd>noolog&#x00ED;a</kwd>
				<kwd>fundamentaci&#x00F3;n</kwd>
				<kwd>experiencia moral</kwd>
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				<title>KEYWORDS</title> 			
				<kwd>Zubiri</kwd>	
				<kwd>Ethics</kwd>
				<kwd>Anthropology</kwd>
				<kwd>noology</kwd>
				<kwd>foundation</kwd>
				<kwd>moral experience</kwd>
			</kwd-group>
			
		
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	<body>	
			
		<sec id="S1">
		<p>1. En este trabajo pretendo reconstruir el an&#x00E1;lisis que Zubiri lleva a cabo del conocimiento moral. El problema filos&#x00F3;fico de la moral puede ser abordado en &#x00E9;l desde distintas perspectivas. La m&#x00E1;s conocida es aquella en que insisti&#x00F3; Aranguren y que parte de la distinci&#x00F3;n entre moral como estructura (an&#x00E1;lisis de las estructuras antropol&#x00F3;gicas en tanto que estructuras morales) y moral como contenido (an&#x00E1;lisis filos&#x00F3;fico de la norma &#x00E9;tica) (Aranguren, <xref ref-type="bibr" rid="CIT03">1958</xref>, pp. 47-57, pp. 176-187). Tambi&#x00E9;n es posible trata la moral desde el punto de vista de la religaci&#x00F3;n, en tanto que una de las preguntas que se abren en nuestro estar religativamente en la realidad es “¿Qu&#x00E9; voy a hacer de m&#x00ED;?”. Ahora nos preguntamos m&#x00E1;s bien por <italic>qu&#x00E9; tipo de experiencia</italic> constituye la moral. </p>

		<p>En tanto que toda experiencia (en cuanto momento de la raz&#x00F3;n) es para Zubiri una forma determinada de <italic>probaci&#x00F3;n f&#x00ED;sica de realidad</italic>, podemos considerar que la moral es una forma determinada de <italic>conocimiento</italic>. Obviamente, entramos con ello en el terreno de la noolog&#x00ED;a. Pero como Zubiri no ha desarrollado en ella las distintas especies de conocimiento, nos vemos obligados a internarnos en sus estudios antropol&#x00F3;gicos. As&#x00ED;, metodol&#x00F3;gicamente, tendremos como textos fundamentales las &#x00FA;ltimas p&#x00E1;ginas del cap&#x00ED;tulo “El hombre, realidad moral” de <italic>Sobre el hombre</italic>, donde es analizada la estructura de la moral concreta, y el tercer volumen de <italic>Inteligencia sentiente</italic>, <italic>Inteligencia y raz&#x00F3;n,</italic> donde encontramos dos formas de experiencias que configuran la experiencia moral: <italic>conformaci&#x00F3;n</italic> y <italic>compenetraci&#x00F3;n</italic>. </p>

		<p>Dada la larga tradici&#x00F3;n de escisi&#x00F3;n entre saber te&#x00F3;rico (conocimiento) y saber pr&#x00E1;ctico (moral) ha de resultar extra&#x00F1;o hablar de un conocimiento moral y de su correspondiente &#x00E1;mbito de verdad. Zubiri llega a esta posibilidad desde, por un lado, la consideraci&#x00F3;n de la unidad radical del saber y del hacer, y, por otro, del rechazo de la escisi&#x00F3;n entre ser y deber. </p>

		<p>Si efectivamente se puede hablar de un saber moral, ser&#x00E1; posible reconstruir su sistema de referencia, constituido por determinados contenidos dados en impresiones primordiales de realidad y mediados por el logos, y su forma de conocimiento, con sus esbozos, experiencias y verdades. En una perspectiva tal surgen enseguida multitud de interrogantes: ¿Qu&#x00E9; es la moral a nivel de logos? ¿Cu&#x00E1;les son las caracter&#x00ED;sticas de tal conocimiento moral y las formas de su verdad? ¿Se puede hablar de “universales” en el &#x00E1;mbito de la &#x00E9;tica? Y, en caso afirmativo, ¿d&#x00F3;nde se encuentran, en el sistema de referencia o en la raz&#x00F3;n? Estas dos &#x00FA;ltimas preguntas apuntan obviamente al &#x00E1;mbito de una posible fundamentaci&#x00F3;n del comportamiento moral, acuciantemente planteada desde mitad del siglo XX tras la toma de conciencia del sistema global y la constataci&#x00F3;n de la multitud de propuestas morales a nivel planetario.</p>

		</sec>
		
		<sec id="S2">
		<p>2. Suscribo la tesis de que Zubiri se mueve en el &#x00E1;mbito de la fenomenolog&#x00ED;a, pero con una diferencia esencial respecto a la que llev&#x00F3; a cabo Husserl. Tras el intento de este &#x00FA;ltimo encontramos el objetivo de alcanzar un &#x00E1;mbito de verdades absolutas. Y es que para Husserl los hechos fenomenol&#x00F3;gicos son originarios, previos a toda construcci&#x00F3;n cient&#x00ED;fica y al modo natural en que el mundo nos es dado. Son “hechos puros”, aprehendidos a trav&#x00E9;s de la intuici&#x00F3;n fenomenol&#x00F3;gica y por ello dados previamente a toda actividad inductiva, deductiva o interpretativa. Se trata de hechos no-sensibles y <italic>a priori</italic>. Zubiri se refer&#x00ED;a en su Tesis Doctoral al m&#x00E9;todo de Husserl:</p>

					<disp-quote><p>“Intuici&#x00F3;n, reducci&#x00F3;n e ideaci&#x00F3;n son, pues, los tres momentos fundamentales del an&#x00E1;lisis fenomenol&#x00F3;gico. Por &#x00E9;l descompongo un fen&#x00F3;meno sin necesidad de salir de &#x00E9;l, y obtengo el conocimiento de una esencia que es condici&#x00F3;n <italic>a priori</italic> para la posibilidad de todo objeto individual. Este conocimiento es absoluto e infalible” (Zubiri, <xref ref-type="bibr" rid="CIT14">1999</xref>, p. 127).</p></disp-quote>

		<p>Pues bien, a mi juicio Diego Gracia entiende la fenomenolog&#x00ED;a de Zubiri en un sentido absoluto, y desde ah&#x00ED; cree posible arribar a un &#x00E1;mbito fundamental en sentido universal, algo as&#x00ED; como una especie de &#x00E9;tica m&#x00ED;nima que todas las formas morales concretas deber&#x00ED;an respetar. Por mi parte, considero que el sistema de referencia moral, que se puede alcanzar a trav&#x00E9;s de una mera descripci&#x00F3;n de hechos fenomenol&#x00F3;gicos, ha de ser entendido como un &#x00E1;mbito de fundamentaci&#x00F3;n para todo saber moral, pero en ning&#x00FA;n caso como un &#x00E1;mbito de verdades absolutas, necesarias y universales. </p>

		<p>Obviamente, para Zubiri, el problema del fundamento resultaba de suma importancia, dada la crisis nihilista que caracterizaba a la Europa de sus a&#x00F1;os de juventud. Pero entonces, lo que hab&#x00ED;a tras los intentos de alcanzar un &#x00E1;mbito de verdades fundamentales hac&#x00ED;a referencia al intento, a su vez, de alcanzar un &#x00E1;mbito de arraigo vital y personal. La sensaci&#x00F3;n de desarraigo existencial y el intento de superarlo est&#x00E1; muy presente en uno de los trabajos m&#x00E1;s importantes del joven Zubiri: “En torno al problema de Dios” (Zubiri, <xref ref-type="bibr" rid="CIT11">1944/1987</xref>, pp. 417-444). </p>

		<p>En cambio, en la &#x00E9;poca de recepci&#x00F3;n de la obra de Zubiri m&#x00E1;s fenomenol&#x00F3;gicamente depurada, <italic>Inteligencia sentiente</italic>, el sentido de aquello que se entiende por crisis de la modernidad ha cambiado respecto a lo vivido a caballo de los siglos XIX y XX. Si la crisis de la modernidad naci&#x00F3; como una crisis existencial, nihilista, por falta de arraigo, cerr&#x00F3; el siglo XX entendida fundamentalmente como una crisis de la raz&#x00F3;n y de sus verdades universales. El problema no es ahora el <italic>nihilismo</italic>, sino el <italic>relativismo</italic>. Ahora bien, aunque Zubiri escribi&#x00F3; <italic>Inteligencia sentiente</italic> en el &#x00FA;ltimo cuarto del siglo XX, su horizonte filos&#x00F3;fico no lleg&#x00F3; a estar constituido por esta problem&#x00E1;tica, y por ello no debemos entender que su filosof&#x00ED;a pretendiera alcanzar una fundamentaci&#x00F3;n en sentido universal. El problema que Zubiri enfrenta no exige un sistema de referencia moral que asegure este tipo de fundamentaci&#x00F3;n, sino que posibilite el arraigo existencial del esbozo moral. </p>

		</sec>
		
		<sec id="S3">

		<p>3. Seg&#x00FA;n Zubiri, en toda forma de saber encontramos un sistema de referencia en el que hay determinadas notas dadas en aprehensi&#x00F3;n primordial de realidad y mediadas a trav&#x00E9;s del logos. Dichas notas y dicho logos se constituyen en sistema de referencia en tanto que sirven de principio y canon a la raz&#x00F3;n para la construcci&#x00F3;n de esbozos determinados que despu&#x00E9;s habr&#x00E1;n de ser experienciados en la realidad. Esto significa que la raz&#x00F3;n no parte nunca de cero, sino que cuenta con todo lo que tal sistema de referencia engloba: notas aprehendidas en impresi&#x00F3;n primordial de realidad, fictos, perceptos, conceptos, sentidos, evidencias, verdades reales y duales, etc. Este c&#x00FA;mulo de aspectos sapienciales dirige el esbozar racional, lo enmarcan dentro de ciertos l&#x00ED;mites que establecen lo que se puede pensar. Pero tales l&#x00ED;mites no han de ser entendidos como definitivamente establecidos, sino como fronteras que van variando en el transcurso hist&#x00F3;rico. </p>

		<p>Luis S&#x00E1;ez ha analizado n&#x00ED;tidamente una falla en las filosof&#x00ED;as del sentido. En su &#x00FA;ltima obra, <italic>El ser err&#x00E1;tico</italic>, considera que s&#x00F3;lo se puede superar la “mera <italic>contemplatio</italic> sin vigor” a la que tiende la hermen&#x00E9;utica, con “la impronta de las cosas mismas” (S&#x00E1;ez, <xref ref-type="bibr" rid="CIT07">2009</xref>, p. 140). Tal actitud implica una revalorizaci&#x00F3;n de la fuerza de la realidad, desvanecida en la perspectiva hermen&#x00E9;utica, que &#x00E9;l lleva a cabo a trav&#x00E9;s de una original apropiaci&#x00F3;n de la l&#x00ED;nea de pensamiento que va de Nietzsche a Deleuze. Y no duda, al respecto, en situar a Zubiri en tal onda (S&#x00E1;ez, <xref ref-type="bibr" rid="CIT07">2009</xref>, pp. 209-213). Si bien es consciente de que en Zubiri hay un inter&#x00E9;s por la cuesti&#x00F3;n del fundamento completamente ausente en los enfoques de car&#x00E1;cter nietzscheano. As&#x00ED;, escribe: “De Heidegger conserva Zubiri la prioridad del <italic>des-cubrimiento</italic> (no de sentido, sino de realidad) sobre la creaci&#x00F3;n. La tarea de estar-en-la-realidad se funda, en el autor espa&#x00F1;ol, finalmente en una b&#x00FA;squeda de morada, en una <italic>inmoraci&#x00F3;n</italic>” (S&#x00E1;ez, <xref ref-type="bibr" rid="CIT07">2009</xref>, p. 212). Quiz&#x00E1;s ser&#x00ED;a mejor hablar de creaci&#x00F3;n desde el fundamento, desde el poder religativo a la realidad y el haz de posibilidades que abre, frente a la creaci&#x00F3;n desde el caos, desde el nihilismo productivo, por la que apuesta la tradici&#x00F3;n nietzscheana. Para Zubiri el nihilismo nunca es productivo; por ello no cesa en la b&#x00FA;squeda de un nuevo arraigo para la existencia. Tal arraigo explicar&#x00ED;a por qu&#x00E9; hay un nivel radical de moralidad que establece los l&#x00ED;mites de lo razonable, optable y realizable; por qu&#x00E9; es posible armar intuitiva y emocionalmente nuestra propia posici&#x00F3;n, nuestros propios y singulares c&#x00F3;digos morales.</p>

		<p>Pero lo cierto es que el sistema de referencia no se constituye s&#x00F3;lo desde la aprehensi&#x00F3;n primordial y el logos, sino que tambi&#x00E9;n es el resultado de un precipitado continuo desde la raz&#x00F3;n. Ya que, si bien es cierto que este sistema sirve de fundamento al esbozar racional, no lo es menos que cuando los esbozos racionales alcanzan la verdad en la experiencia, abren un camino de <italic>reversi&#x00F3;n</italic> en un intento por <italic>comprender el fundamento</italic> del mismo sistema de referencia. En tal proceso de comprensi&#x00F3;n, la raz&#x00F3;n <italic>refluye</italic> sobre el sistema de referencia, reconfigur&#x00E1;ndolo, enriqueci&#x00E9;ndolo, modific&#x00E1;ndolo.</p>

		<p>Como se puede observar, esto significa que la noci&#x00F3;n de fundamento tiene dos sentidos. Por un lado, el aquende se constituye en el fundamento para la marcha al allende: es el logos constituido como sistema de referencia para la raz&#x00F3;n. Por otro lado, el esbozo constituido a trav&#x00E9;s del sistema de referencia nos presenta la realidad que debe entenderse como realidad-fundamento de la propia realidad campal. Como escribe el propio Zubiri: “lo que se busca en la intelecci&#x00F3;n racional es cu&#x00E1;l sea el fundamento de la cosa real campal” (Zubiri, <xref ref-type="bibr" rid="CIT12">1983</xref>, p. 187). Nos ha dejado incluso ejemplos de c&#x00F3;mo la raz&#x00F3;n refluye sobre el sistema de referencia, afectando no s&#x00F3;lo a sus notas, sino tambi&#x00E9;n a sus propiedades trascendentales:</p>

					<disp-quote><p>“En la intelecci&#x00F3;n de las cosas reales del campo se hab&#x00ED;a decantado en nuestra intelecci&#x00F3;n no s&#x00F3;lo la intelecci&#x00F3;n de que las cosas reales son cuerpos, sino tambi&#x00E9;n y sobre todo la intelecci&#x00F3;n de que ser real es ser ‘cosa’, en el sentido que tiene hoy el vocablo cuando se habla, por ejemplo, de ‘cosismo’. Este era el metro de realidad: la marcha allende el campo se llevaba a cabo pensando que la realidad como mensurante es ‘cosa’. Hizo falta una intelecci&#x00F3;n mucho m&#x00E1;s dif&#x00ED;cil que la de la f&#x00ED;sica cu&#x00E1;ntica para inteligir que lo real puede ser real y sin embargo no ser cosa. Ser, por ejemplo, persona” (Zubiri, <xref ref-type="bibr" rid="CIT12">1983</xref>, p. 56).</p></disp-quote>

		<p>Desde el punto de vista de la &#x00E9;tica, la refluencia de la raz&#x00F3;n sobre el sistema de referencia implica que puede haber distintos logos morales, de acuerdo con diferentes experiencias morales y, por supuesto, que sus respectivos l&#x00ED;mites no tienen por qu&#x00E9; coincidir. Esta es sin duda una fuente de conflicto que, por lo dem&#x00E1;s, solo podr&#x00E1; ser adecuadamente enfrentada desde la experiencia racional moral.</p>

		<p>En fin, he aqu&#x00ED; el objetivo de Zubiri: asegurar un nivel radical de fundamentaci&#x00F3;n que proporcione arraigo existencial, pero sin apuntar al intento de una fundamentaci&#x00F3;n &#x00FA;ltima y universal que desde la obtenci&#x00F3;n de verdades absolutas permitiera enfrentar cr&#x00ED;ticamente otros c&#x00F3;digos morales. Si es posible una instancia cr&#x00ED;tica para tal prop&#x00F3;sito, esta se hallar&#x00E1; no en el sistema de referencia, sino en el &#x00E1;mbito de la experiencia racional entendida como una cr&#x00ED;tica continua de nuestro presente hist&#x00F3;rico sin instancias trascendentales inmutables.</p>

		</sec>
		
		<sec id="S4">

		<p>4. Desde esta perspectiva, Zubiri rechaza el relativismo moral en dos sentidos bien precisos. Por un lado, no es cierto que no podamos saltar sobre los marcos culturales propios para solventar conflictos morales. Es verdad que no hay aqu&#x00ED; verdades absolutas a las que agarrarse, pero la discusi&#x00F3;n puede ser llevada a la confrontaci&#x00F3;n racional con apoyo en la fuerza de la realidad. </p>

		<p>Por otro lado, Zubiri pretende alcanzar un &#x00E1;mbito de fundamentaci&#x00F3;n moral que permita superar las consecuencias de un nihilismo sobre el que ya nos advert&#x00ED;a Dostoievski. Un relativismo tan burdo como aquel que considera que “todo est&#x00E1; permitido”, un relativismo nihilista en el sentido m&#x00E1;s negativo y reactivo de la palabra, queda sencillamente falsado con una mirada superficial a las estructuras antropol&#x00F3;gicas y nool&#x00F3;gicas de la moral. </p>

		<p>Efectivamente, las personas tienen principios morales y desde ellos razonan moralmente. Defienden racionalmente estos principios, pero tambi&#x00E9;n pueden estar abiertas a modificarlos en la experiencia racional. Cuando esta apertura no existe, cuando se piensan los l&#x00ED;mites que fija el propio sistema de referencia moral como los l&#x00ED;mites a priori de toda moralidad, se cae en una posici&#x00F3;n bien definida: fundamentalismo (utilizando el concepto en un sentido m&#x00E1;s radical que el que ha adquirido en los &#x00FA;ltimos decenios y que lo equipara, sin m&#x00E1;s, con el fanatismo). </p>

		<p>La forma m&#x00E1;s b&#x00E1;sica de fundamentalismo consiste en entender el sistema de referencia propio como algo definitivo y absoluto, sin tomar en consideraci&#x00F3;n la refluencia que la experiencia racional ejerce sobre &#x00E9;l. En este sentido, el fundamentalismo es una posici&#x00F3;n bastante com&#x00FA;n. Cuando a&#x00FA;n hoy un Estado fan&#x00E1;tico, como es el caso de Ir&#x00E1;n, condena a una mujer a la lapidaci&#x00F3;n por adultera, la comunidad internacional, fundamentalmente a trav&#x00E9;s de las organizaciones no gubernamentales de Derechos Humanos, hace todo lo posible para la conmutaci&#x00F3;n de la pena. A nosotros, educados en la tradici&#x00F3;n ilustrada, tal condena nos resulta sencillamente intolerable. No hablo s&#x00F3;lo de intolerancia racional, sino de una intolerancia que afecta a lo m&#x00E1;s profundo de nuestro ser, de nuestras emociones e “intuiciones” morales.</p>

		<p>Pues bien, tal horror sentido, tal atentado, no nos asegura la inmoralidad de la acci&#x00F3;n m&#x00E1;s que desde nuestra propia experiencia moral y en referencia a ella. Nuestros esbozos morales, basados en la dignidad y la libertad de la persona, por encima de toda creencia, han refluido sobre el sistema de referencia moral hasta el punto de hacernos <italic>sentir</italic> horror ante situaciones como &#x00E9;sta. Pero puede ocurrir que tal sentimiento no est&#x00E9; presente en otros sistemas de referencia refluidos por experiencias morales distintas a la nuestra, y, en tal caso, la lapidaci&#x00F3;n podr&#x00ED;a aparecer en el sistema de referencia como una acci&#x00F3;n sentida como justa. </p>

		<p>En este ejemplo podr&#x00ED;amos definir el fundamentalismo como la equiparaci&#x00F3;n de nuestros sentimientos morales con los l&#x00ED;mites de la moralidad en cuanto tal. Tanto el que lapida como el que se horroriza ante tal acto pueden caen en una actitud fundamentalista si no son capaces de ir, respectivamente, m&#x00E1;s all&#x00E1; del sentimiento de justicia o de transgresi&#x00F3;n moral ante el acto mismo.</p>

		<p>¿Significa esto que no tenemos derecho a oponernos a aquello que sentimos como una transgresi&#x00F3;n moral? En absoluto. Tal oposici&#x00F3;n es no s&#x00F3;lo de lo m&#x00E1;s natural, sino, adem&#x00E1;s, muestra del arraigo existencial de nuestras experiencias morales. Pero hacer de tal oposici&#x00F3;n algo efectivo en el &#x00E1;mbito moral global, en la comunidad universal, exige pasar del logos a la experiencia moral.</p>

		</sec>
		
		<sec id="S5">

		<p>5. Sloterdijk ha afirmado que “la filosof&#x00ED;a moderna s&#x00F3;lo produce, en principio, una reorganizaci&#x00F3;n de la inmunidad simb&#x00F3;lica: bajo el signo () de la certeza” (Sloterdijk, <xref ref-type="bibr" rid="CIT10">2005/2007</xref>, p. 111). Se constata una b&#x00FA;squeda continua de un “fundamento interior de certeza”, especialmente, a su juicio, presente en la fenomenolog&#x00ED;a husserliana.</p>

		<p>En el terreno de la moral, esta necesidad de inmunidad, este intento de hacer del entendimiento puro el &#x00FA;ltimo territorio de la verdad, parece dar la raz&#x00F3;n a Rorty cuando afirmaba que preguntas como “¿por qu&#x00E9; no debo utilizar a los dem&#x00E1;s como medio? [...] Son preguntas que s&#x00F3;lo pueden responderse mediante metanarrativas filos&#x00F3;ficas que consideran que hay alg&#x00FA;n <italic>centro</italic> en el mundo o en el <italic>s&#x00ED; mismo</italic> que constituye la fuente de autoridad” (Rorty, <xref ref-type="bibr" rid="CIT06">1991/1993</xref>, p. 228). Para Rorty, la metanarrativa consistir&#x00ED;a en la idea de que el hombre pertenece a una especie biol&#x00F3;gica vinculada a algo no biol&#x00F3;gico, trascendente, que le dota de ciertos derechos. Trat&#x00E1;ndose, a su juicio, de un “consuelo metaf&#x00ED;sico” al que debemos renunciar. Sin duda hay diferencias importantes entre los mecanismos de inmunidad transcendentes, propios de la &#x00E9;poca premoderna, y los transcendentales propios de la modernidad; pero a&#x00FA;n as&#x00ED;, podemos detectar aires importantes de familia entre el concepto de “inmunidad simb&#x00F3;lica” y los de “metarranativa” y “consuelo metaf&#x00ED;sico”. Alasdair MacIntyre va incluso m&#x00E1;s lejos al afirmar, haciendo referencia a los Derechos Humanos, que “no existen tales derechos y creer en ellos es como creer en brujas y unicornios” (MacIntyre<sup> </sup>, <xref ref-type="bibr" rid="CIT05">1981/1987</xref>, p. 95). </p>

		<p>Si nos fijamos en las actitudes de estos autores, descubrir el car&#x00E1;cter no universal de los sistemas de referencia, les lleva (con reservas en el caso de Sloterdijk) a considerar que dichos sistemas son poco m&#x00E1;s que meras ficciones encaminadas a producir consuelos inmunol&#x00F3;gicos. En cambio, partiendo de Zubiri, podemos aceptar que el sistema de referencia no nos aporta certezas absolutas que sirvan de fundamento inconmovible de toda moral particular, pero sin tener que concluir con ello en el car&#x00E1;cter ficticio de dicho sistema. </p>

		<p>En tanto que verdades racionales morales, los Derechos Humanos refluyen sobre el logos moral, y por ello se puede leer en el pre&#x00E1;mbulo de la Declaraci&#x00F3;n Universal de Derechos Humanos que los pueblos y las Naciones Unidas se proclamaron resueltos “a reafirmar la <italic>fe</italic> en los derechos fundamentales del hombre y en la dignidad y el valor de la persona”. </p>

		<p>¿De d&#x00F3;nde nace esta fe en la dignidad humana? Desde Zubiri creo que podemos responder que no es el resultado de una instancia ni trascendente (como podr&#x00ED;a ser la afirmaci&#x00F3;n de que el ser humano est&#x00E1; hecho a imagen de Dios) ni transcendental (en el sentido kantiano del t&#x00E9;rmino), sino m&#x00E1;s bien el resultado de experiencias racionales humanas y, en cuanto tales, no son meras ficciones, sino que tienen un referente objetivo, real.</p>

		</sec>
		
		<sec id="S6">
		
		<p>6. Para profundizar en este asunto, deteng&#x00E1;monos en un pasaje de <italic>Sobre el hombre</italic> donde Zubiri analiza las tesis fundamentales del relativismo moral. Al respecto, no duda en que es ineludible cierta dosis de contextualismo: </p>

					<disp-quote><p>“en esta sociedad y en su historia entera, el hombre recibe de los dem&#x00E1;s un sistema de posibilidades apropiables y, en orden a la felicidad, un sistema de posibilidades apropiandas en sentido positivo o en sentido negativo [...] La moralidad misma es social e hist&#x00F3;rica. No se trata, pura y simplemente de que el hombre tenga unas ideas morales en funci&#x00F3;n de la sociedad y de la historia, sino de que la dimensi&#x00F3;n de realidad moral que el hombre tiene es constitutivamente <italic>qua</italic> realidad moral, hist&#x00F3;rica y social” (Zubiri, <xref ref-type="bibr" rid="CIT13">1986</xref>, p. 422).</p></disp-quote>

		<p>Desde esta perspectiva, comprobamos que la apropiaci&#x00F3;n moral de cada individuo se inscribe dentro de un determinado contexto que la hace posible y la define en alguna medida. Pero una cosa es afirmar que la apropiaci&#x00F3;n moral del individuo est&#x00E1; condicionada culturalmente y otra muy distinta suscribir un relativismo cultural radical. Zubiri da ahora dos razones fundamentales para rechazar tal relativismo. </p>

		<p>En primer lugar, aunque es cierto que el ser humano recibe la moral de los dem&#x00E1;s, no lo es menos que cada persona debe actuar moralmente sobre dicha moral decidiendo si se apropia o no los deberes. Por muy condicionado que est&#x00E9;, el acto &#x00FA;ltimo de la moral es un acto de apropiaci&#x00F3;n personal. La equiparaci&#x00F3;n total entre lo social y la moral es la forma m&#x00E1;s burda de relativismo. Una cosa es que la moral est&#x00E9; social e hist&#x00F3;ricamente condicionada, otra cosa es entender esta condicionalidad como una causalidad cerrada. Lo social organiza ciertamente un sistema de deberes, pero s&#x00F3;lo hay deberes porque hay realidades <italic>debitorias</italic>, porque hay seres humanos. A la persona se le pueden imponer determinados deberes sociales porque ella misma es una realidad debitoria, porque ha creado estos deberes en su convivencia con los dem&#x00E1;s. Por ello es absurdo pretender que estos deberes sociales se le impongan hasta el punto de que coarten totalmente su capacidad de decisi&#x00F3;n. El campo de los deberes humanos es m&#x00E1;s amplio que el campo de los deberes sociales: “Por lo mismo, no es nada evidente que los &#x00FA;nicos deberes que el hombre pueda recibir vengan forzosamente de la sociedad” (Zubiri, <xref ref-type="bibr" rid="CIT13">1986</xref>, p. 424).</p>

		<p>En segundo lugar, Zubiri descubre que las posiciones relativistas participan de la escisi&#x00F3;n kantiana de ser y deber al situar la relatividad moral en el sistema de deberes que cada sociedad tiene y que se diferencia del sistema de deberes de otras sociedades. Pero lo cierto es que todo sistema de deberes depende de la <italic>idea</italic> determinada que se tenga del hombre y entonces:</p>

					<disp-quote><p>“En el fondo lo que late es no un problema de multiplicidad de deberes, sino una cosa m&#x00E1;s grave y radical: una multiplicidad pavorosa de ideas precisamente acerca de lo que es el hombre […] Ni el individuo ni la sociedad pueden determinar un sistema de deberes, si no es en vista de una cierta idea del hombre” (Zubiri, <xref ref-type="bibr" rid="CIT13">1986</xref>, p. 425).</p></disp-quote>

		</sec>
		
		<sec id="S7">

		<p>7. ¿Cambia esto las cosas? Para responder a este interrogante hemos de aclarar qu&#x00E9; es lo que Zubiri entiende por <italic>idea de hombre</italic>. </p>

		<p>Esta noci&#x00F3;n es portadora de una gran fuerza heur&#x00ED;stica a la hora de rechazar el relativismo en el primero de los sentidos a los que he apuntado: aquel seg&#x00FA;n el cual parece no tener sentido enfrentar sistemas morales de distintas culturas. Ahora podemos decir que para captar en toda su radicalidad dicho enfrentamiento, hay que superar el &#x00E1;mbito de los deberes concretos para llegar a las ideas de ser humano que les subyacen. </p>

		<p>Parecer&#x00ED;a que el problema s&#x00F3;lo ha sido desplazado si estas ideas no fueran m&#x00E1;s que ficciones o metarrelatos. Pero si los distintos sistemas de deberes tienen su fuente en determinadas ideas del ser humano, hay que decir ahora que &#x00E9;stas tienen car&#x00E1;cter real, objetivo, en base a que dependen del car&#x00E1;cter abierto de la propia realidad humana. Zubiri responde antropol&#x00F3;gicamente a un problema epistemol&#x00F3;gico, pero esto est&#x00E1; en las ant&#x00ED;podas de constituir una reca&#x00ED;da en el antropologismo cl&#x00E1;sico: aquel seg&#x00FA;n el cual el hombre es la medida de todas las cosas.</p>

		<p>La persona s&#x00F3;lo puede existir estando sobre s&#x00ED;, apropi&#x00E1;ndose posibilidades en vistas a una <italic>perfectio</italic>, a una determinada idea de plenitud. Su propia sustantividad lo exige incoativamente: no puede subsistir m&#x00E1;s que estando sobre s&#x00ED; con una idea de s&#x00ED; misma; todo su ser depende de la idea que de s&#x00ED; misma tiene y “su propia idea pertenece a su propia realidad” (Zubiri, <xref ref-type="bibr" rid="CIT13">1986</xref>, p. 429). Las distintas ideas de ser humano no dan lugar, obviamente, a distintas realidades humanas, pero s&#x00ED; a distintas ideas de perfecci&#x00F3;n, distintas ideas de qu&#x00E9; es la naturaleza humana y, consecuentemente, qu&#x00E9; es lo que puede “dar de s&#x00ED;”. </p>

		<p>¿En qu&#x00E9; se diferencia esta tesis de la del relativismo antropol&#x00F3;gico? Este puede aceptar que todo sistema de deberes es dependiente de determinadas ideas sobre el ser humano. Incluso puede aceptar que el ser humano, por su indeterminaci&#x00F3;n, por su car&#x00E1;cter abierto, no puede subsistir sin la postulaci&#x00F3;n de tales ideas. Pero puede seguir manteniendo, al mismo tiempo, que lo que en concreto sean esas ideas desde las que se configuran los distintos sistemas de deberes es algo ligado en su totalidad a los diversos contextos culturales. </p>

		<p>Pero si observamos ahora la antropolog&#x00ED;a de Zubiri a la luz de su noolog&#x00ED;a, este antropologismo se desvanece. Desde un punto de vista nool&#x00F3;gico, las ideas del ser humano constituyen, precisamente, los esbozos morales que han de ser experienciados racionalmente. En tanto que tales, apuntan a un &#x00E1;mbito de objetividad, de verdad, portando pretensiones de universalidad que escapan de los contextos en los que han fraguado.</p>

		<p>Zubiri considera que como esas ideas y esos tipos de perfecci&#x00F3;n no son adventicios al ser humano, se ha de investigar en qu&#x00E9; medida cada uno de ellos se ajusta a la perfectibilidad de la que es capaz por su propia constituci&#x00F3;n psicof&#x00ED;sica:</p>

					<disp-quote><p>“La perfecci&#x00F3;n humana est&#x00E1; fundada en una perfectividad y precisamente por eso esas distintas ideas del hombre representan otras tantas “posibilidades” de ser hombre de una manera o de otra [...] Ahora bien, si las distintas ideas del hombre est&#x00E1;n en lo que es el hombre de una manera incoativa, cada una de esas ideas tiene que medirse con la perfectividad interna del hombre” (Zubiri, <xref ref-type="bibr" rid="CIT13">1986</xref>, pp. 430-431).</p></disp-quote>

		<p>Los cambios en la idea de ser humano parten de lo que este es en su sustantividad por su dimensi&#x00F3;n de perfectividad. La conclusi&#x00F3;n va a ser terminante:</p>

					<disp-quote><p>“El aparente relativismo no es sino un desarrollo de posibilidades, algo que no hace sino desplegar posibilidades que incoativamente est&#x00E1;n en la propia sustantividad humana [...] Todas esas posibilidades est&#x00E1;n ancladas en lo que el hombre es por su sustantividad. Por tanto, todas esas perfecciones, todas esas ideas o tipos posibles de perfectividad que hay en el hombre, penden, en &#x00FA;ltima instancia, de lo que constituya la raz&#x00F3;n de ser de la propia sustantividad humana” (Zubiri, <xref ref-type="bibr" rid="CIT13">1986</xref>, pp. 431-432).</p></disp-quote>

		<p>La apuesta por el universalismo es ahora n&#x00ED;tida en Zubiri: “una moral que no resista la prueba de la universalidad est&#x00E1; minada radicalmente por su base” (Zubiri, <xref ref-type="bibr" rid="CIT13">1986</xref>, p. 431). L&#x00E9;ase: aquellas ideas morales que no est&#x00E9;n en la l&#x00ED;nea del desarrollo de la capacidad de perfectividad humana deben ser rechazadas.</p>

		<p>Pero, ¿en base a qu&#x00E9; se produce este universalismo? ¿En base a qu&#x00E9; es posible decidir entre ideas incompatibles sobre el ser humano? Ya lo hemos indicado. Estas decisiones dependen del saber moral en toda su amplitud: del sistema de referencia moral de los esbozos morales experienciados; y, por supuesto, de la retroalimentaci&#x00F3;n entre ambos momentos debido al concepto doble de fundamento, desde el logos y desde la raz&#x00F3;n, que maneja Zubiri.</p>

		</sec>
		
		<sec id="S8">

		<p>8. En el mundo global de los Derechos Humanos, los sistemas de referencia moral parecen tender a su unificaci&#x00F3;n a trav&#x00E9;s de la <italic>fe</italic> generalizada en la dignidad de la persona. La antropolog&#x00ED;a de Zubiri nos dota de herramientas interesantes para intentar entender en qu&#x00E9; consiste esta fe.</p>

		<p>La realidad humana, en tanto que realidad personal, tiene suidad, es decir, es reduplicativa y formalmente suya; y, en esta suidad, se enfrenta al todo de lo real como un relativo absoluto. Podemos utilizar el an&#x00E1;lisis de la persona en tanto que suidad y relativo absoluto para intentar reconstruir un sistema de referencia que sirva para las distintas propuestas morales que han arribado a la dignidad inalienable de la persona humana. Efectivamente, para estas propuestas morales, parece ser claro que cualquier esbozo o idea sobre el ser humano ha de adecuarse a un sistema de referencia moral que incluya la dignidad de la persona; y, efectivamente, el an&#x00E1;lisis fenomenol&#x00F3;gico (y por tanto pre-racional) de la persona que realiza Zubiri, y que concluye en su car&#x00E1;cter absoluto y final, pone las bases para una defensa de la dignidad humana como condici&#x00F3;n imprescindible de todo esbozo moral ilustrado. Aunque esta sea una cuesti&#x00F3;n que luego haya de disputarse en el terreno de la misma raz&#x00F3;n, dota a dicha raz&#x00F3;n de un arraigo prerracional, existencial.</p>

		<p>¿C&#x00F3;mo hacerse cargo de un concepto valorativo, como el de dignidad, en la descripci&#x00F3;n desde el logos del car&#x00E1;cter personal dado en aprehensi&#x00F3;n primordial de realidad? Zubiri no considera la aprehensi&#x00F3;n primordial de realidad como puramente intelectual, sino que en ella est&#x00E1;n ya incrustadas el sentimiento y la volici&#x00F3;n de lo real.</p>

		<p>Lo que ocurre es que su “inteleccionismo” puede velar este aspecto de su filosof&#x00ED;a. Para entenderlo correctamente, partamos del an&#x00E1;lisis al respecto de un fil&#x00F3;sofo cuyo pensar fue siempre en la l&#x00ED;nea de romper con todo intelectualismo: Max Scheler. &#x00C9;ste considera err&#x00F3;neo el intento de fundamentar la moral, al estilo kantiano, en una perspectiva meramente formal. Al reino de los valores schelerianos no se accede a trav&#x00E9;s de la racionalidad, sino que son dados a la “conciencia estimativa”. En su <italic>Ordo amoris</italic> –que curiosamente fue traducido por Zubiri al espa&#x00F1;ol– Scheler hace un an&#x00E1;lisis magn&#x00ED;fico de la razones del coraz&#x00F3;n. Aquello que llamamos metaf&#x00F3;ricamente “coraz&#x00F3;n humano”, no debe entenderse como un c&#x00FA;mulo ca&#x00F3;tico de estados sentimentales, sino como un verdadero “<italic>microcosmos del mundo de los valores. ‘El coraz&#x00F3;n tiene sus razones</italic>’” (Scheler, <xref ref-type="bibr" rid="CIT09">1933/1996</xref>, p. 54). Estas razones no son tales porque el entendimiento haya intervenido previamente sobre ellas, sino que son razones previas a todo entendimiento; razones a las que solemos llamar “motivos” o “deseos”. Estos funcionan como “evidencias objetivas”, para las que el entendimiento muchas veces es ciego. Para Scheler este es un &#x00E1;mbito fundamental en la moral que, el hombre moderno, es su af&#x00E1;n de claridad racional, ha ignorado, consider&#x00E1;ndolo muchas veces como poco urgente de analizar; poco firme e indeterminado. Scheler es tajante al respecto: </p>

					<disp-quote><p>“una filosof&#x00ED;a que desconoce de tal modo y niega <italic>a priori</italic> la pretensi&#x00F3;n de trascendencia que poseen todos los actos no l&#x00F3;gicos, o que la restringe a aquellos actos no pensantes de conocimiento intuitivo que en el dominio de la teor&#x00ED;a y de la ciencia suministran el material para el pensamiento; una filosof&#x00ED;a tal se ha condenado ya a s&#x00ED; misma a una absoluta ceguera para toda la m&#x00FA;ltiple riqueza de conexiones objetivas distintas de las accesibles por actos intelectuales del esp&#x00ED;ritu; se asemeja tal filosof&#x00ED;a a un hombre con ojos sanos que los cerrara para no percibir los colores sino por medio del o&#x00ED;do o del olfato” (Scheler, <xref ref-type="bibr" rid="CIT09">1933/1996</xref>, p. 63). </p></disp-quote>

		<p>Desde esta perspectiva se acaba considerando que toda relaci&#x00F3;n inmediata con los objetos ha de ser relaci&#x00F3;n de un acto pensante, mientras que todas las dem&#x00E1;s relaciones dependientes de <italic>tendencias</italic>, <italic>amor, sentimientos, odio,</italic> etc., est&#x00E1;n mediadas por estos mismos actos pensantes. “Pero [concluye Scheler] de hecho vivimos primariamente, con <italic>toda la riqueza de nuestro esp&#x00ED;ritu</italic>, en las <italic>cosas</italic>, en el <italic>mundo</italic>” (Scheler, <xref ref-type="bibr" rid="CIT09">1933/1996</xref>, p. 62). </p>

		<p>S&#x00E1;lvense las distancias entre un planteamiento objetivista e intencional como el de Scheler y el realismo zubiriano, y podr&#x00E1; mantenerse que tampoco en Zubiri el acceso a la realidad primordial es s&#x00F3;lo intelectivo, sino que tambi&#x00E9;n nos est&#x00E1;n dados aspectos de la realidad y de mi propia realidad sentimental y volitivamente.</p>

		<p>En todo caso, con lo dicho hasta ahora, ha de quedar clara una importante diferencia entre ambos planteamientos. No creo que sea posible afirmar desde Zubiri que las razones del coraz&#x00F3;n son independientes de todo entendimiento (l&#x00E9;ase aqu&#x00ED; “raz&#x00F3;n” zubiriana). Habr&#x00ED;a que decir que son m&#x00E1;s bien ese sedimento que ha quedado como algo prerracional constituyendo gran parte del sistema de referencia moral y que es, en gran medida, producto de la refluencia de la raz&#x00F3;n. </p>

		<p>Esta importante diferencia entre Zubiri y Scheler, que imposibilita entender su fenomenolog&#x00ED;a como un m&#x00E9;todo capaz de alcanzar verdades absolutas, no ha sido habitualmente percibida por la interpretaci&#x00F3;n fenomenol&#x00F3;gica de Zubiri. Desde la que, por ejemplo, Diego Gracia ha afirmado que “resulta evidente que el esbozo moral ser&#x00E1; tanto mejor cuanto m&#x00E1;s se ajuste a lo que antes hemos llamado sistema de referencia” (Gracia, <xref ref-type="bibr" rid="CIT02">1991</xref>, p. 139). Aqu&#x00ED;, el sistema de referencia moral aparece como un &#x00E1;mbito de fundamentaci&#x00F3;n absoluta. Tal sistema, en tanto que dado fenomenol&#x00F3;gicamente, tendr&#x00ED;a un car&#x00E1;cter trascendental en el sentido de transhist&#x00F3;rico. Por mi parte, como vengo manteniendo en este trabajo, considero que para Zubiri, si bien es cierto que tenemos acceso fenomenol&#x00F3;gico a un nivel prerracional del saber, esto no significa que podamos referirnos a un nivel puro respecto a la experiencia racional, sino que desde tal experiencia se va continuamente rehaciendo el sistema de referencia prerracional. </p>

		<p>Entonces, los sistemas de referencia morales, como cualesquiera otras manifestaciones del saber, no tienen por qu&#x00E9; ser coincidentes en todos los individuos y todas las culturas, sino que pender&#x00E1;n en gran parte de la experiencia moral propia de aquellos y estas. Lo cual implica que en situaciones de encuentro o choque entre culturas, hay que pensar que nuestros recursos a un &#x00E1;mbito prerracional de moralidad, a&#x00FA;n cuanto resulten fundamentales para nosotros, no tienen por qu&#x00E9; aportar pruebas irrefutables para los otros.</p>

		<p>Hecha esta importante matizaci&#x00F3;n, considero que el sistema de referencia moral constituye un &#x00E1;mbito fundamental de la moral, cara al arraigo existencial de los principios morales. </p>

		<p>Desde esta perspectiva, y en esto s&#x00ED; que coincido con Gracia, en tal sistema de referencia aparece la realidad como trascendentalmente buena, con el sentido que esto tiene en Zubiri. Es decir, no estamos haciendo del <italic>bonum</italic> una idea transmundana, sino que el <italic>bonum</italic> como trascendental hace referencia a la <italic>condici&#x00F3;n</italic> en la que las cosas reales quedan, en tanto que reales, con respecto al ser humano: donde lo real en tanto que real –la realidad trascendental– se constituye en <italic>bien</italic> en tanto que bien para el ser humano –<italic>bonum</italic> trascendental–, en cuanto &#x00E9;ste descubre, en la experiencia de la religaci&#x00F3;n, que no puede existir desligado de la realidad que lo fundamenta. </p>

		<p>Adem&#x00E1;s, en la aprehensi&#x00F3;n de realidad se actualiza, junto al de suyo, la suidad y por esta actualizaci&#x00F3;n aparece en el sistema de referencia una realidad <italic>a la que se debe</italic> prerracionalmente: la “persona”. La suidad, independientemente de que pueda ser el resultado de refluencias racionales, de experiencias hist&#x00F3;ricas y culturales, es para nosotros algo que se nos da en la aprehensi&#x00F3;n primordial de realidad, algo que se nos impone incuestionablemente y de lo que tenemos verdad real. </p>

		<p>En este punto hay que hacer referencia a otra importante diferencia entre el planteamiento de Gracia y el nuestro. &#x00C9;l ha centrado el sistema de referencia en la forma de realidad humana, la suidad, frente al modo de realidad, el relativo absoluto. Esto responde a que la caracterizaci&#x00F3;n de la persona como relativo absoluto no tiene, a su juicio, la fuerza de la caracterizaci&#x00F3;n como suidad. Considera que en aprehensi&#x00F3;n primordial me est&#x00E1; dada mi realidad personal como formalmente m&#x00ED;a. Por ello la persona en cuanto suidad se constituye en un elemento fundamental de la fundamentaci&#x00F3;n moral. </p>

		<p>Ahora bien, creo que desde Zubiri hay que mantener que tambi&#x00E9;n me est&#x00E1; dado en aprehensi&#x00F3;n el car&#x00E1;cter de mi realidad como relativo absoluto. Y esto no es algo vano, porque resulta bastante complejo determinar <italic>qui&#x00E9;nes</italic> son personas desde el punto de vista de la forma de realidad. Efectivamente, mientras que la forma de realidad, la suidad, apunta a c&#x00F3;mo el ser humano vive su propia interioridad, el modo de realidad, el relativo absoluto, apunta m&#x00E1;s bien a c&#x00F3;mo esta suidad se hace actual en el mundo. Cada ser humano se hace presente al resto de humanos como un relativo absoluto y con ello manifiesta a los dem&#x00E1;s su car&#x00E1;cter personal. </p>

		<p>Gracia deja la cuesti&#x00F3;n sobre “qui&#x00E9;nes son personas” fuera del an&#x00E1;lisis fenomenol&#x00F3;gico de fundamentaci&#x00F3;n porque considera que se trata de una verdad antropol&#x00F3;gica que tiene un car&#x00E1;cter m&#x00E1;s o menos extenso dependiendo de la cultura en cuesti&#x00F3;n. As&#x00ED;, algunas culturas s&#x00F3;lo reconocen como personas, como portadores de derechos y respeto, a los de su propia etnia. Esto, obviamente, va en contra del presunto car&#x00E1;cter transhist&#x00F3;rico y trascendental de la dignidad de la persona. Parece que el respeto a la dignidad humana est&#x00E1; dado transhist&#x00F3;rica y trascendentalmente en el sistema de referencia; pero <italic>qui&#x00E9;nes</italic> sean estas personas supone ya un trabajo de la raz&#x00F3;n. La raz&#x00F3;n act&#x00FA;a sobre el sistema de referencia produciendo una continua universalizaci&#x00F3;n. Efectivamente, en el terreno de la moral podemos constatar c&#x00F3;mo se ha dado a lo largo de la historia un proceso de universalizaci&#x00F3;n a la hora de entender qui&#x00E9;nes son las realidades humanas, una universalizaci&#x00F3;n continua del campo moral (como muestras podemos referirnos a las discusiones sobre la humanidad de los ind&#x00ED;genas americanos en la &#x00E9;poca dorada de la cultura hisp&#x00E1;nica o, m&#x00E1;s recientemente, a los derechos de la mujer). Lo que ocurre es que la universalizaci&#x00F3;n ganada queda incorporada pre-racionalmente, en el sistema de referencia. Y ello explica la fuerza de coacci&#x00F3;n, la <italic>noergia,</italic> con la que se nos impone en la actualidad el respeto a todos los seres humanos independientemente de su etnia, raza, sexo, etc. Este proceso de universalizaci&#x00F3;n explica tambi&#x00E9;n el respeto a la realidad en general y a la vida en particular. La universalizaci&#x00F3;n de las realidades merecedoras de respeto no abarca hoy s&#x00F3;lo a las personas vivientes, sino tambi&#x00E9;n a las pasadas –memoria hist&#x00F3;rica– y a las futuras –preocupaci&#x00F3;n por el mundo que dejaremos a las siguientes generaciones–. Incluso esta universalizaci&#x00F3;n va m&#x00E1;s all&#x00E1; de la propia realidad personal, a los vivientes capaces de sufrimiento –como proponen las diferentes &#x00E9;ticas ambientales–.</p>

		<p>En todo caso, aunque s&#x00F3;lo desde una perspectiva rudimentaria, la consideraci&#x00F3;n de la persona como relativo absoluto aporta elementos que no pueden ser tenidos en cuenta en la perspectiva de Gracia. Desde su concepci&#x00F3;n del sistema de referencia moral, s&#x00F3;lo podemos explicar por qu&#x00E9; est&#x00E1; dado en aprehensi&#x00F3;n primordial de realidad <italic>qu&#x00E9;</italic> es persona, en ning&#x00FA;n caso por qu&#x00E9; sentimos que tambi&#x00E9;n nos est&#x00E1; dado de esta forma <italic>qui&#x00E9;nes</italic> son personas. A mi juicio, esto &#x00FA;ltimo s&#x00F3;lo es explicable si entendemos el sistema de referencia como constituido por la refluencia de la raz&#x00F3;n sobre el logos. Y en tal caso, queda claro que el sistema de referencia no es, como ha escrito Gracia, “ahist&#x00F3;rico” (Gracia, <xref ref-type="bibr" rid="CIT02">1991</xref>, p. 136). Obviamente, este dificultad para hacer referencia al <italic>qui&#x00E9;nes</italic> son personas desde el sistema de referencia, desaparece en nuestra perspectiva desde el momento en que hemos negado el car&#x00E1;cter absoluto de la fenomenolog&#x00ED;a de Zubiri.</p>

		</sec>
		
		<sec id="S9">

		<p>9. Como apuntaba antes, el hecho de que no sea posible alcanzar a nivel fenomenol&#x00F3;gico verdades absolutas, nos obliga a tener que superar la perspectiva meramente prerracional a la hora de fundamentar nuestros esbozos morales o al entrar en colisi&#x00F3;n con otros. No entender esto es no entender el problema fundamental del conflicto moral entre culturas: el fundamentalismo consistente en creer el sistema de referencia propio es el &#x00FA;nico posible y adecuado. No hay un conjunto de m&#x00ED;nimos &#x00E9;ticos al margen de la discusi&#x00F3;n racional, aunque el fuerte arraigo existencial del sistema de referencia nos haga pensar a veces lo contrario. En la palestra p&#x00FA;blica, nuestra obligaci&#x00F3;n es fundar racionalmente, en la experiencia moral, nuestro sistema de referencia, sabedores que en tal proceder puede verse modificado.</p>

		<p>Ha llegado el momento de profundizar en el sentido que puede tener en Zubiri esta experiencia moral; la moral en el &#x00E1;mbito de la raz&#x00F3;n. </p>

		</sec>
		
		<sec id="S10">

		<p>10. Partiendo del sistema de referencia moral tenemos que elaborar nuestros esbozos morales; determinadas ideas de perfecci&#x00F3;n de nuestra propia realidad. Las ideas no est&#x00E1;n dadas en impresi&#x00F3;n –o lo est&#x00E1;n s&#x00F3;lo de una forma incoativa, en la medida en que se elaboran a partir de los elementos del sistema de referencia–. Nuestras ideas morales se constituyen, por tanto, racionalmente y en el contraste experiencial con la realidad. </p>

		<p>Si no hay un &#x00E1;mbito de verdades absolutas, para Zubiri la universalidad m&#x00E1;s que un <italic>a priori</italic> es algo a lograr. Los principios morales racionales s&#x00F3;lo alcanzan tal calidad en su confrontaci&#x00F3;n continua con la experiencia. Es absurdo pensar en ellos como algo <italic>a priori</italic> universal y necesario. Su universalidad y su “necesidad” es algo que se tienen que ganar en la experiencia, y esta ganancia ser&#x00E1; siempre una ganancia sometida a revisi&#x00F3;n, porque los esbozos nunca pueden concluirse y siempre est&#x00E1;n abiertos al cambio en funci&#x00F3;n de las circunstancias sociales e hist&#x00F3;ricas.</p>

		<p>Partamos de que los principios del sistema de referencia son insuficientes, no s&#x00F3;lo en tanto que han de ser fundados en la experiencia racional, sino que adem&#x00E1;s lo son para anclar la moral en sus aplicaciones concretas.</p>

		<p>Los esbozos morales parten siempre de un sistema de referencia, pero, como ocurre en la praxis cient&#x00ED;fico-t&#x00E9;cnica, en la praxis moral no podemos desarrollar dichos esbozos con s&#x00F3;lo echar mano de &#x00E9;ste, sino que el esbozo racional tiene que ser continuamente confrontado con la experiencia. Obviamente, esta experiencia se distingue del “experimento” cient&#x00ED;fico; consistiendo ahora en “compenetraci&#x00F3;n” –entre personas y entre culturas– o “conformaci&#x00F3;n” –la experiencia que adquiere la propia realidad personal a lo largo de su decurso vital o, socialmente, la experiencia que adquiere una cultura a lo largo del decurso hist&#x00F3;rico. Nos referiremos, en primer lugar, a la experiencia moral por conformaci&#x00F3;n. </p>

		</sec>
		
		<sec id="S11">

		<p>11. La conformaci&#x00F3;n queda definida en <italic>Inteligencia y raz&#x00F3;n</italic>, como “experiencia de m&#x00ED; mismo” (Zubiri, <xref ref-type="bibr" rid="CIT12">1983</xref>, p. 254); de la realidad de m&#x00ED; mismo. No se trata de una simple aprehensi&#x00F3;n o de un juicio. Estos se hallan a nivel del logos y aqu&#x00ED; estamos ante una intelecci&#x00F3;n racional; un conocimiento en que me hago problema de m&#x00ED; mismo. Como experiencia “consiste en una inserci&#x00F3;n de un esbozo (por tanto algo irreal) de posibilidades de lo que soy, en mi propia realidad. La experiencia de m&#x00ED; mismo es un conocimiento de m&#x00ED; mismo” (Zubiri, <xref ref-type="bibr" rid="CIT12">1983</xref>, p. 256). Sobre c&#x00F3;mo se lleva a cabo esta experiencia, Zubiri escribe: </p>

					<disp-quote><p>“Para ello necesito probar la inserci&#x00F3;n de este esbozo en mi propia realidad. En &#x00FA;ltima instancia no hay m&#x00E1;s que una probaci&#x00F3;n f&#x00ED;sica de esta inserci&#x00F3;n: tratar de conducirme &#x00ED;ntimamente conforme a lo esbozado” (Zubiri, <xref ref-type="bibr" rid="CIT12">1983</xref>, p. 256). </p></disp-quote>

		<p>En <italic>Inteligencia y raz&#x00F3;n</italic> Zubiri no hace referencia a la conformaci&#x00F3;n de esbozos en la sociedad, pero se trata de una extensi&#x00F3;n del concepto que podemos llevar a cabo, ya que &#x00E9;l mismo nos ha indicado la manera de hacerlo en <italic>Sobre el hombre</italic>. En este caso, la experiencia lo es de “la adecuaci&#x00F3;n entre la situaci&#x00F3;n concreta del hombre dentro de una sociedad, y la idea del hombre dentro de ella” (Zubiri, <xref ref-type="bibr" rid="CIT13">1986</xref>, p. 427). ¿Pueden ser nuestra propia vida y nuestra concreta sociedad conformadas a lo esbozado? Se trata de ver si aquellas posibilidades concretas que en un momento determinado del tiempo tiene la sociedad, son o no “desarrollo” de la idea moral que el hombre tiene en esa sociedad. As&#x00ED;, si no es posible desarrollar una moralidad que suponga una promoci&#x00F3;n de la idea de ser humano, entonces esta idea entra en “crisis” y tendr&#x00E1; que ser sustituida por otra:</p>

					<disp-quote><p>“La moral, precisamente para ser moral, tiene que ser una moral desarrollable. Si no lo fuera, se quedar&#x00ED;a yugulada. Ahora bien, esto acontece a veces en las sociedades que en uno o en otro momento han sentido crujir su propia idea del hombre, y han tenido que dar lugar a formas sociales completamente distintas. [...] Se trata de una adecuaci&#x00F3;n entre la situaci&#x00F3;n concreta del hombre dentro de una sociedad, y la idea del hombre dentro de ella. Esa adecuaci&#x00F3;n o inadecuaci&#x00F3;n es real. El problema de la moral dentro de una sociedad no es un problema especulativo de ideas morales, sino de verdad real y efectivamente moral” (Zubiri, <xref ref-type="bibr" rid="CIT13">1986</xref>, p. 427).</p></disp-quote>

		<p>Se puede constatar c&#x00F3;mo dada una determinada idea de ser humano en una sociedad, se van produciendo cambios en la moralidad de esa sociedad; pero un an&#x00E1;lisis m&#x00E1;s profundo de la situaci&#x00F3;n nos muestra que estos cambios han de ser entendidos como desarrollos de la idea que se tiene. Por ello Zubiri afirma que “se trata de un desarrollo interno de la moral, y no de un cambio de la moral” (Zubiri, <xref ref-type="bibr" rid="CIT13">1986</xref>, p. 427). La moral, para ser tal, debe obedecer al desarrollo de las posibilidades internas a una determinada idea de la realidad moral del ser humano. En este desarrollo se va conformando el esbozo moral, por la experiencia, con la situaci&#x00F3;n concreta. La conformaci&#x00F3;n consiste en ver </p>

					<disp-quote><p>“en qu&#x00E9; forma determinada en la moral vigente est&#x00E1;n o no implicadas determinadas posibilidades, que se presentan en una situaci&#x00F3;n concreta de esa sociedad. La concreci&#x00F3;n de la moral dentro de una sociedad es un problema estricto y formal de “verdad moral” del hombre [...] de si aquellas posibilidades concretas que en un momento determinado del tiempo tiene la sociedad, son o no desarrollo o deformaci&#x00F3;n de la idea moral que el hombre tiene en esa sociedad. [...] No se trata de una variaci&#x00F3;n conexiva, sino de una ex-plicaci&#x00F3;n de las posibilidades implicadas dentro de una idea del hombre. Si esto no fuera ya posible, habr&#x00ED;a claudicado la idea del hombre, y esa sociedad se encontrar&#x00ED;a en situaci&#x00F3;n de tener que cambiar su propia idea de la moral, y de ser una nueva sociedad. No solamente la sociedad constituye la moral, sino que la moral tambi&#x00E9;n constituye la sociedad” (Zubiri, <xref ref-type="bibr" rid="CIT13">1986</xref>, pp. 427-428).</p></disp-quote>

		<p>En una determinada sociedad se esboza una idea de ser humano (lo normal es que convivan varias, m&#x00E1;xime en lo que llamamos sociedades multiculturales). Con el punto de mira situado sobre esta idea, la moral se desarrolla con vistas a su realizaci&#x00F3;n. Pero puede ocurrir que descubramos que nuestra idea no es viable en la sociedad en la que nos encontramos, y, entonces, &#x00E9;sta entra en crisis por irrealizable. </p>

		<p>¿Significa esto que la filosof&#x00ED;a moral zubiriana participa de una especie de conformismo con las situaciones concretas? En absoluto. Lo que Zubiri est&#x00E1; defendiendo es que nuestra moral no puede ser independiente de la sociedad: tiene que ser consistente con las posibilidades de realizaci&#x00F3;n que la sociedad ofrece. Al mismo tiempo, el desarrollo de la moral para la realizaci&#x00F3;n de nuestra idea de ser humano implica ir introduciendo cambios en nuestra sociedad. En este caso, los ideales modifican la realidad f&#x00E1;ctica. </p>

		<p>Un elemento fundamental para entender los cambios revolucionarios de las ideas de ser humano podemos encontrarlo en el papel que Zubiri atribuye a los reformadores sociales. Aranguren se ha referido en breves pero acertadas l&#x00ED;neas a esta tem&#x00E1;tica bajo el t&#x00ED;tulo de “moral como actitud” (L&#x00F3;pez Aranguren, <xref ref-type="bibr" rid="CIT04">1996</xref>, p. 23). Para comprender esto hay que decir algo sobre el concepto zubiriano de “mentalidad”. Este –en su forma socio-hist&#x00F3;rica– hace referencia a una experiencia colectiva, a una habitud formada por lo pensado colectivamente; por ello, la mentalidad es de &#x00ED;ndole impersonal –momento del <italic>se–</italic>. Pero esto, lejos de mostrar un car&#x00E1;cter negativo –como ve Zubiri en Heidegger y su sentido de la “autenticidad”–, es fundamental para la constituci&#x00F3;n de la persona. Por otro lado, y frente a la tendencia hegelianizante, la mentalidad no da lugar a una especie de “esp&#x00ED;ritu objetivo” que se impondr&#x00ED;a irremediablemente: si bien es cierto que la mente de cada una de las personas que forman una sociedad est&#x00E1; configurada positivamente por la mentalidad existente, no es menos cierto que todas las personas no tienen por qu&#x00E9; estar necesariamente en acuerdo con ella. As&#x00ED;, aunque cada persona recibe un sistema moral de los dem&#x00E1;s, hasta la m&#x00E1;s modesta de ellas puede desechar este sistema recibido (Zubiri, <xref ref-type="bibr" rid="CIT13">1986</xref>, p. 423). </p>

		<p>Ahora bien, es cierto que la mayor&#x00ED;a de las personas pasan por la vida sin hacerse cuesti&#x00F3;n de estos esbozos morales. Si no fuera as&#x00ED;, nos encontrar&#x00ED;amos en una crisis continua que impedir&#x00ED;a el desarrollo moral. Pero no es menos cierto que de vez en cuando aparecen individuos especiales que cargan sobre sus espaldas la tarea de reformar los esbozos morales e incluso de proponer otros nuevos. </p>

		<p>Si definimos la <italic>moral como contenido</italic> como la moral vigente que la mayor&#x00ED;a de los mortales sigue sin cuestionarse, podemos hablar de la <italic>moral como actitud</italic> como aquella puesta en cuesti&#x00F3;n de lo establecido. Es la postura de tipos de hombre como Nietzsche o Marx, pero, para Zubiri, fundamentalmente de reformadores religioso-morales, como Jes&#x00FA;s o Buda. En todo caso, determinadas personas que en momentos precisos pueden enfrentarse a lo moralmente establecido produciendo nuevos c&#x00F3;digos morales. El reformador act&#x00FA;a sobre un presente en crisis queriendo mejorar el futuro. </p>

		<p>En la mayor&#x00ED;a de los casos es la misma situaci&#x00F3;n, la realidad, la que obliga a la raz&#x00F3;n moral a trabajar intensivamente para ir m&#x00E1;s all&#x00E1; de los patrones de comportamiento heredados de la tradici&#x00F3;n. En las situaciones de crisis, de desorientaci&#x00F3;n, la raz&#x00F3;n se ve obligada a interrogarse acerca de qu&#x00E9; es el ser humano en la realidad, ya sea porque esa sociedad se enfrente a circunstancias completamente nuevas para las que la moral vigente ha quedado obsoleta o por el choque entre varios esbozos. Es lo que vamos a ver a continuaci&#x00F3;n, lo cual exigen entrar en la segunda forma de experiencia moral: la compenetraci&#x00F3;n.</p>

		</sec>
		
		<sec id="S12">

		<p>12. Zubiri define la compenetraci&#x00F3;n en <italic>Inteligencia y raz&#x00F3;n</italic> como “una instalaci&#x00F3;n del experienciador en lo experiencial” (Zubiri, <xref ref-type="bibr" rid="CIT12">1983</xref>, pp. 249-250). Encuentra en el habla popular una expresi&#x00F3;n de lo m&#x00E1;s oportuna: “una persona ve por los ojos de otra”. </p>

		<p>Zubiri es consciente de un peligro siempre presente en la compenetraci&#x00F3;n: “siempre se corre el riesgo de proyectar sobre lo experienciado la &#x00ED;ndole misma del experienciador” (Zubiri, <xref ref-type="bibr" rid="CIT12">1983</xref>, p. 250). Quiz&#x00E1;s este riesgo es mayor en la compenetraci&#x00F3;n sociocultural que en la personal; dando lugar a formas de etnocentrismo. </p>

		<p>En todo caso Zubiri tambi&#x00E9;n hace referencia al encuentro, m&#x00E1;s all&#x00E1; de la perspectiva individual y personal, desde un punto de vista cultura, en tanto que lo piensa en la forma de una experiencia hist&#x00F3;rica. Pone como ejemplo la compenetraci&#x00F3;n del pueblo jud&#x00ED;o con Yahveh.</p>

		<p>De nuevo, podemos acudir a <italic>Sobre el hombre</italic> para desarrollar esta forma de experiencia socioculturalmente.</p>

		<p>Lo cierto es que si s&#x00F3;lo cont&#x00E1;ramos con la experiencia moral conformativa, ser&#x00ED;a imposible justificar el encuentro intercultural m&#x00E1;s all&#x00E1; de sus formas etnoc&#x00E9;ntricas y colonialistas. Nos fijar&#x00ED;amos, dentro de nuestra sociedad, una idea de ser humano e ir&#x00ED;amos desarrollando nuestra moralidad y nuestras formas sociales de acuerdo con esta idea. Ahora bien, ¿se puede discutir con otras sociedades –o con cualquier otro portador de esbozos morales– sobre qu&#x00E9; ideas son m&#x00E1;s adecuadas cuando unas chocan con otras? </p>

		<p>Una respuesta negativa a esta pregunta, lleva al particularismo hist&#x00F3;rico a aceptar el progreso dentro de cada una de las culturas negando, al mismo tiempo, la posibilidad de comparaci&#x00F3;n entre los esbozos de distintas culturas.</p>

		<p>Pero para Zubiri es necesario justificar los esbozos morales con la experiencia en una determinada l&#x00ED;nea universalista. Se trata de ver en qu&#x00E9; medida la idea de ser humano que tiene una sociedad recoge las posibilidades de perfecci&#x00F3;n disponibles a la especie humana en nuestro presente hist&#x00F3;rico y global; de ver si el esbozo moral es congruente con la concreta posibilitaci&#x00F3;n humana; de ver, en fin, si la idea de ser humano maximiza la capacidad de perfectividad de la realidad humana:</p>

					<disp-quote><p>“Una vez m&#x00E1;s estamos en el problema de la verdad moral del hombre, pero aqu&#x00ED; much&#x00ED;simo m&#x00E1;s grave, porque no se trata de una verdad moral, uno de cuyos t&#x00E9;rminos fuera mi situaci&#x00F3;n concreta y el otro una idea determinada del hombre, sino que se trata de la idea del hombre por un lado y, por el otro, de las posibilidades de perfecci&#x00F3;n que pueda haber en el hombre determinadamente [...] De ah&#x00ED; que, de una manera m&#x00E1;s grave y radical que en el caso de la sociedad concreta, es menester decir que los cambios en la idea de la perfectividad humana [...] no son otra cosa sino el hacer ver en cada situaci&#x00F3;n concreta las posibilidades que efectivamente y fecundamente dimanan de esa condici&#x00F3;n unitaria y radical por la que el hombre es una sustantividad abierta” (Zubiri, <xref ref-type="bibr" rid="CIT13">1986</xref>, p. 431).</p></disp-quote>

		<p>S&#x00F3;lo se puede postular la inconmensurabilidad de los esbozos morales si pensamos en ellos como algo exclusivamente condicionado por las din&#x00E1;micas culturales, sin intervenci&#x00F3;n de factores personales, y entendiendo, a su vez, las culturas como algo cerrado sobre s&#x00ED; mismo. Pero, como ya hemos apuntado, aunque las ideas de ser humano penden de las culturas en que fraguan, s&#x00F3;lo son posibles y necesarias porque dichos seres son realidades abiertas, inteligentes: </p>

					<disp-quote><p>“El hecho de que en toda sociedad haya una idea del hombre arranca de que los hombres, que componen esa sociedad, son realidades abiertas, en virtud de la inteligencia sentiente. Por ser inteligencia sentiente, el hombre se ve forzado a estar proyectado ante s&#x00ED; mismo, y a concebir una cierta idea de s&#x00ED;” (Zubiri, <xref ref-type="bibr" rid="CIT13">1986</xref>, p. 429).</p></disp-quote>

		<p>Javier San Mart&#x00ED;n ha afirmado que “el relativismo cultural dogm&#x00E1;ticamente usado no es sino una especie de escepticismo respecto a la posibilidad humana de obtener un conocimiento que no se limite a ser transposici&#x00F3;n y reflejo de unas condiciones hist&#x00F3;ricas y sociales determinadas” (San Mart&#x00ED;n, <xref ref-type="bibr" rid="CIT08">2009</xref>, p. 129). Esta es la din&#x00E1;mica que exige la apertura de la antropolog&#x00ED;a cultural a la antropolog&#x00ED;a filos&#x00F3;fica, en cuanto a la posibilidad de desarrollar una correcta filosof&#x00ED;a del ser humano, que d&#x00E9; raz&#x00F3;n tanto del car&#x00E1;cter determinado de lo social, como de la libertad de la persona y de su apertura a lo real. Y es que el relativismo cultural se basa en dos nociones filos&#x00F3;ficamente discutibles: una concepci&#x00F3;n del ser humano no determinado por la naturaleza pero absolutamente determinado por la cultura y una concepci&#x00F3;n esc&#x00E9;ptica de la relaci&#x00F3;n del hombre con el mundo. Pero, respectivamente, podemos observar, en primer lugar, c&#x00F3;mo los individuos pueden resistir contra su propia cultura; y c&#x00F3;mo, en segundo lugar, el conocimiento del medio resulta fundamental para todo &#x00E9;xito cultural; es decir, la adaptaci&#x00F3;n a la naturaleza esta mediada por lo cultural y ser&#x00ED;a imposible tal adaptaci&#x00F3;n si la cultura fuera totalmente arbitraria. En realidad, ya desde la tendencia funcionalista de la antropolog&#x00ED;a es posible avanzar en la superaci&#x00F3;n del relativismo, en tanto a la suposici&#x00F3;n de que hay condiciones necesarias en toda cultura, y por lo tanto propias de toda sociedad humana,<italic></italic> que permiten descubrir la existencia de regularidades vistas en la comparaci&#x00F3;n intercultural.</p>

		<p>San Mart&#x00ED;n entiende estas regularidades desde un punto de vista trascendentalista. En Zubiri se trata m&#x00E1;s bien de regularidades que van surgiendo en la experiencia racional como inmersi&#x00F3;n en la realidad, aunque partiendo de la apertura a la realidad, que s&#x00ED; constituye una dimensi&#x00F3;n transcendental en el ser humano: </p>

					<disp-quote><p>“El hombre es una sustantividad abierta en funci&#x00F3;n de su inteligencia sentiente y esto, ni es obra del hombre ni es algo que puede cambiar. Lo que cambia es que todas esas ideas distintas del hombre expresan de manera m&#x00E1;s o menos adecuada algo de lo que esa naturaleza puede dar de s&#x00ED;” (Zubiri, <xref ref-type="bibr" rid="CIT13">1986</xref>, p. 429). </p></disp-quote>

		<p>En la compenetraci&#x00F3;n, como forma de experiencia racional, </p>

					<disp-quote><p>“el problema queda ce&#x00F1;ido a qu&#x00E9; forma y con qu&#x00E9; medida esas ideas del hombre est&#x00E1;n implicadas o incursas en esa dimensi&#x00F3;n de perfectibilidad del hombre” (Zubiri, <xref ref-type="bibr" rid="CIT13">1986</xref>, p. 430).</p></disp-quote>

		<p>Y averiguar esto exige una inmersi&#x00F3;n experiencial en la realidad: </p>

					<disp-quote><p>“La &#x00FA;ltima palabra no la tiene el sistema de conceptos que le hombre emplea, sino la realidad misma. Frente a eso que es la realidad misma, el hombre tiene que hacer uso de sus conceptos, no un uso puramente conceptual y racional sino un uso razonado” (Zubiri, <xref ref-type="bibr" rid="CIT13">1986</xref>, p. 434).</p></disp-quote>

		<p>Esto significa, primero, que el lugar de discusi&#x00F3;n entre ideas morales no es el logos, sino la raz&#x00F3;n, la experiencia; y, segundo, que aquellas verdades que se logran en la experiencia, dif&#x00ED;cilmente alcanzan una verificaci&#x00F3;n plena (en tal caso ser&#x00ED;an verdades racionales), sino un apoyo m&#x00E1;s o menos grande (y en tal caso hablamos de verdades razonables). </p>

		<p>En fin, en situaci&#x00F3;n de confrontaci&#x00F3;n entre distintos esbozos morales, en principio debe caber la posibilidad de elegir entre ellos a trav&#x00E9;s de un tanteo racional, experiencial. Experiencialmente debemos poder tantear qu&#x00E9; tipo de perfecci&#x00F3;n nos es accesible al poner en relaci&#x00F3;n las ideas de ser humano y las posibilidades de perfecci&#x00F3;n que hay en nuestra situaci&#x00F3;n socio-hist&#x00F3;rica. El esbozo ser&#x00E1;, entonces, tanto mejor cuanto m&#x00E1;s capacidad tenga de acoger en su seno las posibilidades de perfecci&#x00F3;n que nuestra experiencia concreta nos va mostrando y, en segundo lugar, cuanto m&#x00E1;s plural sea, es decir, cuando desde &#x00E9;l sean viables m&#x00E1;s procesos distintos de personalizaci&#x00F3;n. La idea de ser humano no puede permanecer impasible ante las posibilidades de perfecci&#x00F3;n que la situaci&#x00F3;n socio-hist&#x00F3;rica ofrece.</p>

		<p>S&#x00F3;lo encuentro un punto criticable en la posici&#x00F3;n de Zubiri: cree que en alg&#x00FA;n lado tiene que haber “una forma de perfecci&#x00F3;n que pueda alojar todas las posibilidades m&#x00E1;ximas de la sociedad y de la historia” (Zubiri, <xref ref-type="bibr" rid="CIT13">1986</xref>, p. 434). Dicho en un lenguaje actual, parece que en Zubiri a&#x00FA;n la identidad impera sobre la diferencia. </p>

		<p>Considero que la creencia en un esbozo moral que recoja estas posibilidades m&#x00E1;ximas, es incompatible con las caracter&#x00ED;sticas de la noci&#x00F3;n de esbozo que maneja el propio Zubiri: ning&#x00FA;n esbozo racional, en este caso moral, podr&#x00E1; agotar todas las posibilidades que la realidad ofrece. </p>

		<p>En todo caso, es claro que la posici&#x00F3;n de Zubiri al respecto no puede ser definida como multiculturalista, sino como interculturalista. Es decir, su propuesta universalista apunta a la necesidad de apertura respectiva de las mentalidades frente al mantenimiento de la mera diferencia. Gracias a esta apertura podemos pasar de hablar de realizaci&#x00F3;n de un grupo o una sociedad humana, a hablar de la realizaci&#x00F3;n de la especie humana; aunque se puede entender esta realizaci&#x00F3;n respecto de diferentes esbozos morales.</p>

		<p>La posici&#x00F3;n de Zubiri a este respecto s&#x00ED; que es totalmente consecuente con su concepci&#x00F3;n de la raz&#x00F3;n. Antonio Gonz&#x00E1;lez ha explicado acertadamente esta conexi&#x00F3;n entre universalizaci&#x00F3;n y raz&#x00F3;n refiri&#x00E9;ndose, espec&#x00ED;ficamente, al terreno moral. Si nuestra raz&#x00F3;n consiste en un ir desde lo dado en aprehensi&#x00F3;n hacia las cosas reales allende, es decir, en un continuo trascender la aprehensi&#x00F3;n, esto significa, aplicado a la moral, “que los actos racionales est&#x00E1;n, por su misma estructura, impelidos a trascender tanto mis bienes elementales, como todos mis esquemas intencionales de &#x00ED;ndole moral [...] Lo propio de la raz&#x00F3;n consiste, por tanto, en un permanente transcender los propios intereses y criterios morales para situarlos entre los dem&#x00E1;s intereses y criterios del mundo” (Gonz&#x00E1;lez, <xref ref-type="bibr" rid="CIT01">1997</xref>, pp. 180-181). </p>

		<p>Zubiri no pod&#x00ED;a pronunciarse de otra forma desde el momento en que constat&#x00F3; la creaci&#x00F3;n en la segunda mitad del siglo XX de una aut&#x00E9;ntica “historia universal”. Desde entonces, el sujeto de la historia es la humanidad en su conjunto, por lo tanto, las posibilidades con las que seamos capaces de contar han de ser vistas como posibilidades de toda la humanidad. La historia universal debe ser entendida como la creaci&#x00F3;n de un &#x00FA;nico y planetario sistema de posibilidades. Dicho de otra forma, la globalizaci&#x00F3;n ocupa el lugar de la historia. </p>

		<p>Las posibilidades de realizaci&#x00F3;n en la “aldea global” son inmensas; pero, parad&#x00F3;jicamente, el hombre parece cada vez m&#x00E1;s oprimido, m&#x00E1;s retrotra&#x00ED;do a un estado infrahumano. ¿C&#x00F3;mo un sistema de posibilidades como el nuestro puede mostrar una cara tan deshumanizante y opresora? ¿No encontramos aqu&#x00ED; una falsaci&#x00F3;n de nuestros esbozos morales en tanto que no permiten maximizar la perfectividad humana desde el rico sistema de posibilidades adquirido en nuestra experiencia hist&#x00F3;rica? Queden abiertas estas cuestiones. </p>
		
		</sec>
		
		<sec id="S13">
		
		<title>CONCLUSI&#x00D3;N</title>
		
		<p>En Zubiri, dado que <italic>la</italic> moral se funda en las estructuras antropol&#x00F3;gicas (<italic>lo</italic> moral), puede ser tratada como una forma de conocimiento. Si aplicamos al asunto el marco conceptual de <italic>Inteligencia sentiente</italic>, podemos hablar de una experiencia racional moral con un &#x00E1;mbito de veracidad propio, en las formas, principalmente, de conformaci&#x00F3;n y encuentro (o compenetraci&#x00F3;n). Desde este punto de vista, no es posible hacer referencia a una fundamentaci&#x00F3;n &#x00FA;ltimo y universal de la moral, ya que las verdades morales, en tanto que verdades racionales, est&#x00E1;n sometidas al devenir social e hist&#x00F3;rico de toda verdad racional. Cabr&#x00ED;a la posibilidad de situar los intentos de fundamentaci&#x00F3;n moral en el &#x00E1;mbito previo al de la raz&#x00F3;n, es decir, en el logos, pero hemos mostrado que este logos se halla refluido por las verdades racionales y por lo tanto pose&#x00ED;do por su mismo devenir. En conclusi&#x00F3;n, la posibilidad de un &#x00E1;mbito de universalidad en moral s&#x00F3;lo tiene cabida como ideal regulativo de la experiencia racional.</p>
			
			
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