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			<journal-id journal-id-type="publisher-id">Arbor</journal-id>
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				<journal-title>ARBOR Ciencia, Pensamiento y Cultura</journal-title>
				<abbrev-journal-title>Arbor</abbrev-journal-title>
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			<issn pub-type="epub">0210-1963</issn>
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				<publisher-name>Consejo Superior de Investigaciones Cient&#x00ED;ficas</publisher-name>
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			<article-id pub-id-type="publisher-id">arbor.2016.780n4005</article-id>
			<article-id pub-id-type="doi">10.3989/arbor.2016.780n4005</article-id>
			 
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				<subject>POTENCIAS DEL PENSAMIENTO DE XAVIER ZUBIRI / POTENCY OF THOUGHT OF XAVIER ZUBIRI</subject>
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				<article-title>En torno a la realidad humana en Xavier Zubiri</article-title>
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					<trans-title>About human reality in Xavier Zubiri’s philosophy</trans-title>
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				<alt-title alt-title-type="running-head">En torno a la realidad humana en Xavier Zubiri</alt-title>
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				<aff id="U1">Pontificia Universidad Cat&#x00F3;lica de Valpara&#x00ED;so</aff>
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				<corresp id="cor2"><email xlink:href="pamela.soto@ucv.cl">pamela.soto@ucv.cl</email></corresp>
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				<year>2016</year>
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			<year>2016</year>
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			<volume>192</volume>
			<issue>780</issue>
			
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					<license-p>Este es un art&#x00ED;culo de acceso abierto distribuido bajo los t&#x00E9;rminos de la licencia Creative Commons Attribution (CC BY) Espa&#x00F1;a 3.0.</license-p>
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				<title>RESUMEN</title>
				<p>Este art&#x00ED;culo indaga acerca del car&#x00E1;cter de la realidad humana y su relaci&#x00F3;n al concepto de persona en el pensamiento de Xavier Zubiri (1898-1983). La metodolog&#x00ED;a de an&#x00E1;lisis consiste en revisar el car&#x00E1;cter de la realidad humana desde la noolog&#x00ED;a, esto es, la &#x00FA;ltima etapa de la obra del autor, a fin de presentar al hombre desde su dimensi&#x00F3;n eminentemente f&#x00ED;sica y siempre encarnada de la realidad humana, permitiendo repensar desde una perspectiva f&#x00ED;sica el desarrollo individual, as&#x00ED; como tambi&#x00E9;n, el despliegue social e hist&#x00F3;rico del ser humano.</p>
			</abstract>
			
									
			<trans-abstract xml:lang="en">
				<title>ABSTRACT</title>
				<p>This article inquires into the nature of human reality and its connection to the concept of person in the philosophy of Xavier Zubiri(1898-1983). The methodology of the analysis consists in reviewing the nature of human reality through the prism of noology, i.e., the final period of this author’s work, in order to introduce man from its always incarnate, prominently physical, dimension of human reality. This allows individual development and the historical and social display of the human being from a physical perspective to be represented.</p>
			</trans-abstract>
			

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				<title>PALABRAS CLAVE</title>
				<kwd>Zubiri</kwd>
				<kwd>realidad</kwd>
				<kwd>persona</kwd>
				<kwd>absoluto</kwd>
				<kwd>noolog&#x00ED;a</kwd>
			</kwd-group>
			
						
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				<title>KEYWORDS</title> 			
				<kwd>Zubiri</kwd>	
				<kwd>reality</kwd>
				<kwd>person</kwd>
				<kwd>absolute</kwd>
				<kwd>noology</kwd>
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		<sec id="S1">
			<title>1. INTRODUCCI&#x00D3;N</title>

			<p>Uno de los problemas fundamentales que piensa una y otra vez Xavier Zubiri es el problema del hombre (Gracia, <xref ref-type="bibr" rid="CIT25">2003</xref>). Este problema moviliza la investigaci&#x00F3;n del autor durante d&#x00E9;cadas -desde los a&#x00F1;os 20 a los 80 (Corominas y Vicens, <xref ref-type="bibr" rid="CIT09">2006</xref>); tras el paso de estos largos a&#x00F1;os el fil&#x00F3;sofo va reflexionando acerca del problema del hombre desde distintas dimensiones: epistemol&#x00F3;gica, hist&#x00F3;rica, teol&#x00F3;gica y, tambi&#x00E9;n, desde una dimensi&#x00F3;n de orden antropol&#x00F3;gico, que se actualiza completamente desde la novedad de su pensamiento llamado «nool&#x00F3;gico», al final de su vida (Ba&#x00F1;&#x00F3;n, <xref ref-type="bibr" rid="CIT04">1999</xref>). En esta dimensi&#x00F3;n el problema acerca del hombre aparece en y por s&#x00ED; mismo, es decir, el hombre en su car&#x00E1;cter meramente real, que en palabras zubirianas consiste en lo propio de la realidad humana y &#x00E9;sta se da y se impone a la aprehensi&#x00F3;n primordial de cada uno de nosotros (Pintor Ramos, <xref ref-type="bibr" rid="CIT40">1993</xref>). Este car&#x00E1;cter humano a su vez es susceptible de ser descrito; descripci&#x00F3;n imperfecta pero a la vez siempre mejorable <italic>ad infinitum</italic>. Incluso, podemos decir, y sabiendo que exageramos en lo que decimos: la propia metaf&#x00ED;sica de Zubiri en torno a la «realidad», y luego su noolog&#x00ED;a en torno a la «formalidad de realidad», surgen para dar cuenta de modo acabado a la pregunta por la realidad humana.</p>

			<p>El car&#x00E1;cter nool&#x00F3;gico de su pensamiento responde a la &#x00FA;ltima etapa de la obra de Xavier Zubiri y &#x00E9;ste resulta clave para el desarrollo de la presente investigaci&#x00F3;n, pues a partir de la noolog&#x00ED;a, y en especial a partir del v&#x00ED;nculo que a trav&#x00E9;s de &#x00E9;sta se establece con la t&#x00E9;cnica (Gonz&#x00E1;lez, <xref ref-type="bibr" rid="CIT23">2010</xref>) es que resulta posible estudiar la articulaci&#x00F3;n originaria que se dan entre intelecci&#x00F3;n (hombre) y lo inteligido (las cosas). Y, precisamente, en esta articulaci&#x00F3;n que se produce una aprehensi&#x00F3;n de lo real, por parte del ser humano, que permite incluso su propia viabilidad (Gracia, <xref ref-type="bibr" rid="CIT24">1986</xref>; Guzm&#x00E1;n, <xref ref-type="bibr" rid="CIT28">1984</xref>). </p>

			<p>La noolog&#x00ED;a adem&#x00E1;s opera de modo ejemplar en el tema de la religaci&#x00F3;n haci&#x00E9;ndose cargo de lo real mismo como modo existencial que da sentido a la propia realidad humana; realidad que siente lo real desde un «m&#x00E1;s» inespec&#x00ED;fico que la requiere a ella misma para hacerse cargo de s&#x00ED; y de la totalidad. Zubiri es muy claro en esto: “(…) ¿es lo mismo metaf&#x00ED;sica y ontolog&#x00ED;a? ¿Es lo mismo realidad y ser? Ya, dentro de la fenomenolog&#x00ED;a, Heidegger atisb&#x00F3; la diferencia entre las cosas y su ser. Con lo cual la metaf&#x00ED;sica quedaba para &#x00E9;l fundada en la ontolog&#x00ED;a. Mis reflexiones siguieron una v&#x00ED;a opuesta: el ser se funda en la realidad. La metaf&#x00ED;sica es el fundamento de la ontolog&#x00ED;a. Lo que la filosof&#x00ED;a estudia no es ni la objetividad [Husserl y su fenomenolog&#x00ED;a] ni el ser [Heidegger y su ontolog&#x00ED;a], sino la realidad en cuanto tal. Desde 1944 mi reflexi&#x00F3;n constituye una etapa: la etapa rigurosamente metaf&#x00ED;sica” (Zubiri, <xref ref-type="bibr" rid="CIT51">2004</xref>, pp. 14-15). </p>

			<p>Zubiri deja claro en el «Pr&#x00F3;logo» que realiz&#x00F3; para la edici&#x00F3;n inglesa de <italic>Naturaleza, historia y Dios</italic> (uno de los pocos pasajes en el que Zubiri habla de s&#x00ED; mismo) el car&#x00E1;cter metaf&#x00ED;sico de su pensamiento, sin embargo, es precisamente su metaf&#x00ED;sica la que se abre a un nuevo modo de pensar, pues &#x00E9;l fil&#x00F3;sofo hace referencia a trav&#x00E9;s de su obra de un tipo de metaf&#x00ED;sica de orden fenomenol&#x00F3;gico, que se denominar&#x00E1; como «noolog&#x00ED;a». </p>

			<p>Esta noolog&#x00ED;a a la que hace referencia el fil&#x00F3;sofo se hace cargo de las cosas mismas y no deja nada fuera de ella, es decir, el car&#x00E1;cter f&#x00ED;sico de las cosas reales no es reducido, ni puesto en «epoch&#x00E9;», sino que es parte esencial de la propia descripci&#x00F3;n que se impone en la aprehensi&#x00F3;n humana. Por eso este car&#x00E1;cter f&#x00ED;sico que mienta no solamente lo real, sino radicalmente al acto intelectivo o lo que nuestro pensador llama «noergia», pues si queremos hablar en la terminolog&#x00ED;a del «noein» para expresar la intelecci&#x00F3;n, hay que decir que este «noein» no intelige de modo intencional, sino de modo f&#x00ED;sico: “… el <italic>noein</italic> es un <italic>ergon</italic> y por esto su estructura formal es <italic>Noergia</italic>” (Zubiri, <xref ref-type="bibr" rid="CIT46">1983</xref>, p. 94). De modo que esta intelecci&#x00F3;n desde lo f&#x00ED;sico permite pensar la realidad a partir de nuevas coordenadas, y en especial en el caso de Zubiri pensar la realidad humana desde dos de sus conceptos claves: persona y cuerpo, desde un marco te&#x00F3;rico nool&#x00F3;gico centrado en lo que &#x00E9;l llama «formalidad de realidad” (Espinoza, <xref ref-type="bibr" rid="CIT16">2014</xref>; Pintor Ramos, <xref ref-type="bibr" rid="CIT41">1994a</xref>; Ferraz, <xref ref-type="bibr" rid="CIT21">1994</xref>). </p>

			<p>Y es precisamente este marco nool&#x00F3;gico el que nos permitir&#x00E1; responder, a trav&#x00E9;s de este art&#x00ED;culo, alguna de las siguientes preguntas: ¿Por qu&#x00E9; el problema del hombre es «el» problema para Zubiri? ¿Por qu&#x00E9; el hombre es un problema fundamental para el siglo XX (y a lo mejor tambi&#x00E9;n en el XXI)? ¿Por qu&#x00E9; el hombre se vuelve problema a comienzos del siglo XX? ¿Por qu&#x00E9; sigue siendo problema el hombre todav&#x00ED;a hoy a comienzos del siglo XXI? ¿Por qu&#x00E9; el hombre es el tema de nuestro tiempo? ¿Por qu&#x00E9; el hombre es la clave o nodo desde d&#x00F3;nde se entiende la naturaleza, la historia y hasta Dios mismo o su ausencia para Zubiri? ¿Qu&#x00E9; sucede hoy en d&#x00ED;a que todav&#x00ED;a no podemos dar del todo con una conceptualizaci&#x00F3;n m&#x00E1;s acabada que d&#x00E9; cuenta del hombre en su complejidad? ¿Qu&#x00E9; pasa con el hombre? ¿Cu&#x00E1;nto puede el hombre? </p>

			</sec>
			
			<sec id="S2">
			
			<title>1</title>

			<p>Xavier Zubiri es muy claro cuando define, en <italic>El hombre y Dios</italic>, lo propio del hombre de la siguiente manera y junto con ello es muy t&#x00E9;cnico y preciso a nivel conceptual: “Es que el hombre no s&#x00F3;lo tiene realidad, sino que es una realidad formalmente «suya», en tanto que realidad. Su car&#x00E1;cter de realidad es «suidad». Es lo que, a mi modo de ver, constituye la raz&#x00F3;n formal de persona. El hombre no s&#x00F3;lo es real, sino que es «su» realidad. Por tanto, es real «frente a» <italic>toda</italic> otra realidad que no sea la suya. En este sentido, cada persona, por as&#x00ED; decirlo, est&#x00E1; «suelta» de toda otra realidad: es «ab-soluta» (…) Pero s&#x00F3;lo relativamente absoluta, porque este car&#x00E1;cter de absoluto es un car&#x00E1;cter cobrado’” (Zubiri, <xref ref-type="bibr" rid="CIT49">1988</xref>, p. 373). Este texto tan riguroso y algo &#x00E1;rido es un texto que para ser entendido de modo correcto es necesario conocer, por una parte, la trayectoria filos&#x00F3;fica del autor y, por otra, la etapa nool&#x00F3;gica de su investigaci&#x00F3;n final. El texto es parte del ya c&#x00E9;lebre Curso de Roma (impartido en la Universidad Gregoriana) del a&#x00F1;o 1973, esto es, estamos ante un fil&#x00F3;sofo maduro (tiene 75 a&#x00F1;os) a tan s&#x00F3;lo diez a&#x00F1;os de su muerte (Zubiri muri&#x00F3; en 1983). El pensador espa&#x00F1;ol a esta altura de su vida estaba transitando desde su «metaf&#x00ED;sica», en donde la obra fundamental es <italic>Sobre la esencia</italic> (1962) y su concepto clave es precisamente la «esencia o la realidad como esencia» (Zubiri, <xref ref-type="bibr" rid="CIT54">2008a</xref>) a una filosof&#x00ED;a de la intelecci&#x00F3;n, cuya obra fundamental es la Trilog&#x00ED;a de la <italic>Inteligencia sentiente</italic> editada por Alianza en tres vol&#x00FA;menes entre los a&#x00F1;os 1980-1983 (<italic>Inteligencia sentiente</italic> en 1980; <italic>Inteligencia y logos</italic> en 1982; <italic>Inteligencia y raz&#x00F3;n</italic> en 1983). En esta gran obra su concepto clave es la «actualidad o la realidad como actualidad». </p>

			<p>No est&#x00E1; dem&#x00E1;s se&#x00F1;alar que el t&#x00E9;rmino «actualidad», tan primordial en el &#x00FA;ltimo Zubiri (Pintor Ramos, <xref ref-type="bibr" rid="CIT42">1994b</xref>), puede ser rastreado en el pensamiento de Heidegger. En el a&#x00F1;o 1930, Heidegger dict&#x00F3; su gran conferencia <italic>De la esencia de la verdad</italic> (publicada luego reci&#x00E9;n en 1943); que inaugura el cambio de orientaci&#x00F3;n de lo m&#x00E1;s propio de su pensamiento, el giro (<italic>Khere</italic>), como el mismo Heidegger lo llama, al interior de su reflexi&#x00F3;n y que nos lleva del hombre al ser mismo (esa radical concepci&#x00F3;n del ser que no pudo dar a luz en <italic>Sein und Zeit</italic> de 1927) por medio de la verdad. La verdad entendida en este nuevo pensamiento como <italic>Lichtung</italic> y <italic>Unverborgenheit</italic> (idea que est&#x00E1; presente en todo el pensamiento heideggeriano posterior a 1927) trae la idea de que son las mismas cosas las que nos permiten juzgar acerca de ellas. Nuestros juicios ser&#x00E1;n «verdaderos» porque de antemano la cosa «verdadea» ante el hombre; est&#x00E1; presente ante &#x00E9;l (Heidegger, <xref ref-type="bibr" rid="CIT30">1996</xref>). La cosa porque se da como «presente» es porque puede ser «re-presentada» en el juicio. Esto es, la verdad como conformidad o adecuaci&#x00F3;n reposa en algo anterior que la constituye; y esto es propio de la cosa en cuanto a su car&#x00E1;cter de presentarse. </p>

			<p>Esta &#x00FA;ltima navegaci&#x00F3;n por la realidad del pensador Xavier Zubiri es, en cierta forma, un volver a sus inicios, pero a la altura de los tiempos, sus tiempos (los a&#x00F1;os 80), esto es, a la altura de su propia y madura conceptualizaci&#x00F3;n filos&#x00F3;fica. En este volver atr&#x00E1;s, empero desde lo que se es ahora, Zubiri retoma desde el concepto de actualidad lo mejor de su estancia en la fenomenolog&#x00ED;a de Husserl y de la ontolog&#x00ED;a de Heidegger (formalmente sus maestros, junto a Ortega), porque para su pensamiento: “Actualidad es estar presente desde s&#x00ED; mismo por ser real” (Zubiri, <xref ref-type="bibr" rid="CIT44">1980</xref>, p. 159). </p>

			<p>Esto permite que el concepto de «actualidad» se presente en oposici&#x00F3;n a la mera representaci&#x00F3;n (<italic>Vor-stellung</italic>), en cuanto, presencia efectiva (Cerezo, <xref ref-type="bibr" rid="CIT07">1996</xref>) no a&#x00F1;ade ninguna nota espec&#x00ED;fica a la realidad, de modo que el t&#x00E9;rmino «actualidad» est&#x00E1; pensado de forma radical la realidad desde un modo nool&#x00F3;gico en cuanto se la entiende como estar presente en cuanto est&#x00E1; presente en y por s&#x00ED; mismo como real (Espinoza, <xref ref-type="bibr" rid="CIT16">2014</xref>). Este &#x00FA;ltimo Zubiri permite ver las huellas de ese car&#x00E1;cter f&#x00ED;sico som&#x00E1;tico de los conceptos que el pensador ya utilizaba a comienzos de los a&#x00F1;os 30; nos referimos a los cursos que dict&#x00F3; en Madrid y Barcelona; a los primeros art&#x00ED;culos y conferencias que dicta, y que posteriormente rescata en <italic>Naturaleza, Historia, Dios</italic> de 1944. “… Zubiri antes de la publicaci&#x00F3;n (1944) de su primer libro <italic>Naturaleza, Historia Dios</italic> ya pensaba desde el problema mismo de la unidad del hombre y siempre ve&#x00ED;a que el hombre es corporal y desde ese car&#x00E1;cter natural deber&#x00ED;amos pensar su trascendencia, su alma, etc. Se ten&#x00ED;a que mostrar m&#x00E1;s que una dial&#x00E9;ctica entre cuerpo y alma, m&#x00E1;s que un alma sustancial inmortal que est&#x00E1; ‘dentro’ del cuerpo material y corruptible, una cierta unidad de ‘emergencia’ del alma desde el cuerpo, pero no sab&#x00ED;a del todo c&#x00F3;mo pensarlo sin las herramientas conceptuales de la filosof&#x00ED;a” (Ascorra y Espinoza, <xref ref-type="bibr" rid="CIT01">2011</xref>, p. 1064) </p>

			<p>En este mismo registro es interesante tener presente el bello y profundo curso de invierno del semestre 34-35 titulado <italic>Helenismo y cristianismo,</italic> el cual entre los a&#x00F1;os 1937 al 1939 fue profundizado por el fil&#x00F3;sofo a partir de los cursos dictados en el C&#x00ED;rculo de Estudios del <italic>Foyer internacional des &#x00E9;tudiants catholiques</italic> de la Ciudad Universitaria de Par&#x00ED;s. Este curso ha sido recientemente publicado en <italic>Cursos Universitarios. Volumen IV</italic>. En tal curso, el car&#x00E1;cter f&#x00ED;sico som&#x00E1;tico de las ideas de la teolog&#x00ED;a y filosof&#x00ED;a de los Padres Griegos se destacan como fundamentales para la teolog&#x00ED;a y filosof&#x00ED;a actual (Zubiri, <xref ref-type="bibr" rid="CIT56">2014</xref>). </p>

			<p>Zubiri durante esta etapa de su pensamiento ve&#x00ED;a una forma del cuerpo distinta desde cierta teolog&#x00ED;a y filosof&#x00ED;a griega, esto es, entender el cuerpo como «soma» dec&#x00ED;a en este Curso: “Las cosas que tienen materia son unas, como todo ente, por su principio formal, pero aqu&#x00ED; se introduce una nueva dimensi&#x00F3;n. En estos seres la forma est&#x00E1; recibida en un sujeto caracterizado por una interna exterioridad; la alteridad es aqu&#x00ED; exterioridad; la distinci&#x00F3;n, distancia. En consecuencia, la forma se extiende en el tiempo y en el espacio. Aqu&#x00ED;, tiempo y espacio no son entidades geom&#x00E9;tricas, sino algo que afecta a la acci&#x00F3;n formal del ser haciendo de ella, no simplemente una tensi&#x00F3;n, sino una ex-tensi&#x00F3;n y una dis-tensi&#x00F3;n en sentido activo: la espaciosidad y la temporeidad, desde las que se recoge y se repliega el ser en interna unidad. Tiempo y espacio son as&#x00ED; el &#x00E1;mbito en que est&#x00E1;n circunscritas las posibilidades de la acci&#x00F3;n en que el ser consiste. Por esto hay muchos modos distintos de estar en el tiempo y en el espacio. No insisto m&#x00E1;s aqu&#x00ED;. Estas cosas materiales son de tres &#x00F3;rdenes (…) En primer lugar, los cuerpos (<italic>soma</italic>)<italic>.</italic> Soma no significa en primera l&#x00ED;nea la simple materia pasiva e inerte, sino la manera c&#x00F3;mo la unidad formal del ser tiene realidad en los l&#x00ED;mites circunscriptos y definitivos que le impone su «extensi&#x00F3;n». Lo que llamamos materia es el ente som&#x00E1;tico. En rigor hay que entender la materia desde el <italic>soma,</italic> y no el <italic>soma</italic> desde la materia” (Zubiri, <xref ref-type="bibr" rid="CIT51">2004</xref>, p. 498). </p>

			<p>Este texto est&#x00E1; en la l&#x00ED;nea m&#x00E1;s propia que luego el te&#x00F3;logo franc&#x00E9;s M.-E. Boisrmard desarrollar&#x00E1; y que ser&#x00E1; muy importante en el pensamiento zubiriano de los 70, porque “la concepci&#x00F3;n de «carne» semita tiene esa idea de la <italic>s&#x00E1;rx</italic> griega; incluso se utiliza tal palabra griega en el pr&#x00F3;logo de San Juan. Y esta carne implica a la vez cuerpo y alma, un todo, el hombre sin m&#x00E1;s” (Ascorra y Espinoza, <xref ref-type="bibr" rid="CIT01">2011</xref>, p. 1065). Boismard lo indica muy claramente de la siguiente manera: “<italic>Y el Verbo se hizo carne.</italic> Hemos visto m&#x00E1;s arriba lo que hab&#x00ED;a que entender por este t&#x00E9;rmino ‘carne’. No es solamente el cuerpo del hombre, independiente del alma. Seg&#x00FA;n una manera de hablar en los libros sagrados, la carne designa al hombre entero, cuerpo y alma, pero considerado en su debilidad inherente al hecho de estar destinado a la corrupci&#x00F3;n” (Boismard, <xref ref-type="bibr" rid="CIT06">1967</xref>, p. 81). Este concepto de cuerpo que Zubiri comienza a trabajar tempranamente en su obra lo retomar&#x00E1; con todo al final de su vida, a trav&#x00E9;s del desarrollo de su etapa nool&#x00F3;gica.</p>

			<p>Zubiri consideraba a trav&#x00E9;s de su pensamiento una forma del cuerpo distinta, desde cierta teolog&#x00ED;a y filosof&#x00ED;a griega, esto es, entender el cuerpo como «soma», como presencia real dec&#x00ED;a entonces (m&#x00E1;s adelante ser&#x00E1; m&#x00E1;s claro y ser&#x00E1; el principio de actualidad mismo de la naturaleza, de la materia), terminolog&#x00ED;a cercana a la de Heidegger de esos a&#x00F1;os. El fil&#x00F3;sofo espa&#x00F1;ol estaba muy influenciado por Heidegger, como es sabido, en estos tiempos (Espinoza, <xref ref-type="bibr" rid="CIT11">2004a</xref>; Espinoza, <xref ref-type="bibr" rid="CIT14">2006a</xref>; Espinoza, Ascorra y Vargas <xref ref-type="bibr" rid="CIT18">2013</xref>; Espinoza, Vargas y Ascorra, <xref ref-type="bibr" rid="CIT17">2012</xref>; Nicol&#x00E1;s y Espinoza, <xref ref-type="bibr" rid="CIT39">2008</xref>), esto le permite entre otras cosas, por una parte, tomar distancia de la fenomenolog&#x00ED;a de Husserl, el primer trabajo de Zubiri fue completamente fenomenol&#x00F3;gico<xref ref-type="fn" rid="NOTE1">1</xref> (Barroso, <xref ref-type="bibr" rid="CIT05">2013</xref>) adem&#x00E1;s de sumergirse en el horizonte ontol&#x00F3;gico propuesto por Heidegger en <italic>Sein und Zeit</italic> (1927) y, por otra parte, siguiendo al fil&#x00F3;sofo alem&#x00E1;n, continuar con los fil&#x00F3;sofos griegos, en general, y Arist&#x00F3;teles, en especial, para repensar desde el origen «lo actual» (Heidegger, <xref ref-type="bibr" rid="CIT30">1996</xref>), desde el cl&#x00E1;sico m&#x00E9;todo de Heidegger de la <italic>Wiederholung</italic> (Heidegger, <xref ref-type="bibr" rid="CIT33">2006</xref>; Espinoza, <xref ref-type="bibr" rid="CIT13">2005</xref>).</p>

			<p>De all&#x00ED; que en la d&#x00E9;cada del 30, en torno al cuerpo de Cristo, Zubiri se permit&#x00ED;a decir enf&#x00E1;ticamente lo siguiente: “En el cuerpo glorioso de Cristo est&#x00E1; la ra&#x00ED;z de una glorificaci&#x00F3;n que ser&#x00E1; comunicada al hombre y a la creaci&#x00F3;n natural entera. Quiz&#x00E1; sirva para este problema la distinci&#x00F3;n entre <italic>s&#x00F4;ma</italic> y <italic>s&#x00E1;rx</italic> [<italic>…</italic>] El <italic>s&#x00F4;ma</italic> expresa la presencia real y circunscriptiva de un ser distenso en el espacio. Lo que llamamos materia es el ente que tiene este modo de ser som&#x00E1;tico. En el hombre esta materia es <italic>s&#x00E1;rx</italic>, carne” (Zubiri, <xref ref-type="bibr" rid="CIT51">2004</xref>, pp. 516-517).</p>

			<p>Para poder decir esto a nivel t&#x00E9;cnico en teolog&#x00ED;a griega, pero con vistas a la teolog&#x00ED;a en general y actual, Zubiri ya estaba generando una concepci&#x00F3;n del hombre y en ello del cuerpo a la luz de una filosof&#x00ED;a de la presencia con ciertos tintes de la ontolog&#x00ED;a heideggeriana, pero con algo nuevo. Esto nuevo es un cierto car&#x00E1;cter f&#x00ED;sico de esa presencia, de ese hombre y ese cuerpo que acontece en el mundo. Y eso ser&#x00E1;, luego el «momento de realidad» (en su etapa metaf&#x00ED;sica) y «formalidad de realidad» (en su etapa nool&#x00F3;gica). Es decir, tal momento Zubiri, lo estudiar&#x00E1;, tematizar&#x00E1; y precisar&#x00E1; a lo largo de su vida. Y esto lo llevar&#x00E1; a salir tanto de su pasado fenomenol&#x00F3;gico-ontol&#x00F3;gico (Husserl-Heidegger), para transitar por el camino metaf&#x00ED;sico y finalmente al nool&#x00F3;gico (Ferraz, <xref ref-type="bibr" rid="CIT21">1994</xref>).</p>

			<p>Es interesante que se conserven testimonios de Zubiri, respecto a esta primera etapa, espec&#x00ED;ficamente a esta imbricaci&#x00F3;n de hombre con presencia («soma»). As&#x00ED; nos recuerda La&#x00ED;n Entralgo: “La idea de llamar ‘<italic>soma’</italic> a la plena actualidad f&#x00ED;sica del cuerpo humano vino a la mente de Zubiri, por lo que de &#x00E9;l o&#x00ED; m&#x00E1;s de una vez, considerando el sentido de esa palabra griega en un texto de San Ignacio de Antioqu&#x00ED;a. Para un griego cualquiera, el sentido normal y fuerte del t&#x00E9;rmino <italic>soma</italic> era ni m&#x00E1;s ni menos el que para nosotros posee el t&#x00E9;rmino cuerpo; pero el autor cristiano quiere utilizarlo para llamar: <italic>soma tes al&#x00E9;theias</italic> ‘cuerpo de la verdad’, al conjunto sistem&#x00E1;tico de las verdades que constituyen el todo de la fe cristiana, esto es, al sistema de las varias proposiciones verbales en que el todo de esa fe se manifiesta a quien ha de profesarla. As&#x00ED; entendida, la palabra <italic>soma</italic> no es simplemente la traducci&#x00F3;n griega del ‘cuerpo’ de la lengua espa&#x00F1;ola, el <italic>body</italic> de la inglesa y el <italic>Leib</italic> de la alemana; para el cristiano ‘cuerpo’ como oposici&#x00F3;n al ‘alma’. He podido ver que, en un sentido no religioso, sino estrictamente profano, Arist&#x00F3;teles llama <italic>soma tes pisteos</italic>, «cuerpo de la confianza» o «de la creencia» (<italic>Ret&#x00F3;rica</italic>, 1354 a 16), al conjunto de las pruebas que hacen convincentes una demostraci&#x00F3;n. <italic>Soma</italic> en definitiva, es ahora el conjunto unitario de las notas en que se hace manifiesta y presente la esencia de algo” (La&#x00ED;n Entralgo, <xref ref-type="bibr" rid="CIT35">1991</xref>, p. 232). Zubiri le entrega la autor&#x00ED;a a la afirmaci&#x00F3;n «cuerpo de la verdad» (σώμα της αλήθειας) a San Ireneo (Zubiri, <xref ref-type="bibr" rid="CIT50">1993</xref>, p. 267). </p>

			<p>Consideramos que este testimonio de La&#x00ED;n Entralgo es realmente muy importante porque nos sirve para dar mejor sentido al vocablo utilizado por el propio Zubiri en los a&#x00F1;os 30, pero diferimos tanto en la traducci&#x00F3;n como interpretaci&#x00F3;n que se realiza ya de los griegos como del propio Zubiri. Porque respecto de los griegos ya sabemos por Heidegger de <italic>Ser y tiempo</italic> y en los textos de los a&#x00F1;os 30 como “De la esencia de la verdad” (1930) y “La doctrina de Plat&#x00F3;n de la verdad” (1932) , por el mismo Zubiri en <italic>Naturaleza, historia y Dios</italic> (1944) e <italic>Inteligencia y realidad</italic> (1980), y antes por Reinhardt en <italic>Parm&#x00E9;nides</italic> (1916), en las obras de Otto a <italic>Dionisio: mito y culto</italic> (1933), <italic>Las musas: el origen divino del canto y del mito</italic> (1954) y <italic>Teofan&#x00ED;a: el esp&#x00ED;ritu de la antigua religi&#x00F3;n griega</italic> (1956), tambi&#x00E9;n Hegel en las <italic>Lecciones de la historia de la filosof&#x00ED;a</italic> (1837-1840) y Nietzsche en <italic>El</italic> n<italic>acimiento de la tragedia</italic> (1872), que <italic>al&#x00E9;theia</italic> no mienta verdad, sino desvelamiento, desocultamiento –<italic>Unverborgenheit-</italic>, si queremos la patencia por excelencia de la manifestaci&#x00F3;n. Por eso <italic>soma tes aletheias</italic> mienta radicalmente, la actualizaci&#x00F3;n por antonomasia de la materia, esto es, el hombre en tanto cuerpo. El texto es casi reduplicativo, esto es, presencia de la presencia, actualizaci&#x00F3;n de lo que se hace presente, de lo que est&#x00E1; presente. Y en lo referente a la cita de Zubiri, es obvio que &#x00E9;l busca ese sentido para «soma» y en especial para el cuerpo glorioso de Cristo.</p>

			<p>En todo caso, Zubiri con esta categor&#x00ED;a de «soma» pensaba, a una, al hombre y su cuerpo como una unidad de presencia en la totalidad (Zubiri, <xref ref-type="bibr" rid="CIT52">2006a</xref>; Zubiri, <xref ref-type="bibr" rid="CIT53">2006b</xref>). Y aqu&#x00ED; est&#x00E1; la base para entender su trabajo posterior en torno a la «persona encarnada» desde su filosof&#x00ED;a &#x00FA;ltima, esto es, de la realidad o, mejor dicho, de la «formalidad de realidad».</p>

			</sec>
			
			<sec id="S3">
			
			<title>2</title>

			<p>Vayamos por partes. ¿Qu&#x00E9; es la realidad? Por medio de ciertas determinaciones del pensamiento de Zubiri desde los a&#x00F1;os 70 en adelante (desde su breve pero intenso curso acerca del tiempo), “Dos lecciones acerca del tiempo” en 1970. Estas lecciones se encuentran en <italic>Espacio. Tiempo. Materia</italic> (1996). Este curso es un estudio complejo del tiempo en todos sus momentos que lo constituyen, sin embargo, hablando con rigor, no es un libro propiamente dicho. Pues no alcanz&#x00F3; a ser estructurado como tal. Fueron distintas lecciones que se hicieron sobre el tiempo en 1970. De las cuales Zubiri luego trabaj&#x00F3; para un futuro libro, la primera de las lecciones versaba sobre el tiempo como l&#x00ED;nea (el concepto descriptivo del tiempo) y fue la que aparece ampliada y actualizada en la revista <italic>Realitas II</italic> en 1976; las otras lecciones (el tiempo estructural y el tiempo modal) no fueron trabajadas como deb&#x00ED;an haber sido (Espinoza, <xref ref-type="bibr" rid="CIT14">2006a</xref>). Y elevadas desde el horizonte nool&#x00F3;gico que se despliega en la trilog&#x00ED;a <italic>Inteligencia sentiente</italic> (1980-1983) y algunos otros textos de este per&#x00ED;odo, podemos dar de manera muy definitiva una cierta comprensi&#x00F3;n de lo que es la realidad para el pensador espa&#x00F1;ol y tambi&#x00E9;n entender de forma m&#x00E1;s acabada la articulaci&#x00F3;n de la realidad con el ser (Espinoza, <xref ref-type="bibr" rid="CIT12">2004b</xref>; Espinoza, <xref ref-type="bibr" rid="CIT13">2005</xref>); en cierta forma, por fin, acabar la disputa con Heidegger y en especial los heideggerianos respecto al papel del c&#x00E9;lebre <italic>Ser y tiempo</italic> de 1927 en la historia del pensamiento del siglo XX (y en la obra del fil&#x00F3;sofo espa&#x00F1;ol); y en este final, Zubiri incorpora realmente a Heidegger dentro de su filosof&#x00ED;a -el fil&#x00F3;sofo de la <italic>Selva Negra</italic> ya no es problema para Zubiri, como s&#x00ED; lo era en <italic>Sobre la esencia</italic>, al contrario, lo incorpora dentro de los m&#x00E1;s propio de su &#x00FA;ltima filosof&#x00ED;a (Espinoza, <xref ref-type="bibr" rid="CIT16">2014</xref>; Gonz&#x00E1;lez, <xref ref-type="bibr" rid="CIT22">2004</xref>). </p>

			<p>Entonces, ¿qu&#x00E9; es la realidad?: “… la verdad es que estamos instalados modestamente, pero irrefragablemente, en la realidad” (Zubiri, <xref ref-type="bibr" rid="CIT44">1980</xref>, p. 15). Pero, solamente lo estamos de modo sentiente. La aprehensi&#x00F3;n propia del hombre es una aprehensi&#x00F3;n de tipo impresiva, pero lo que se siente en esa impresi&#x00F3;n es la realidad misma de los contenidos. Se sienten los contenidos de un modo determinado, se sienten como «de suyo» lo que son en la aprehensi&#x00F3;n. Independiente del acto de aprehensi&#x00F3;n sentiente, se siente en ese mismo acto de aprehensi&#x00F3;n sentiente, se siente en ese mismo acto algo que es formalmente anterior - «<italic>prius</italic>»- a &#x00E9;l, el mero car&#x00E1;cter de realidad del contenido, esto es, se siente al contenido en la formalidad de realidad (Espinoza, <xref ref-type="bibr" rid="CIT16">2014</xref>). “Realidad es el modo de ser «en propio», dentro de la aprehensi&#x00F3;n misma. «En propio» significa que pertenece a lo aprehendido, por tanto, a&#x00FA;n antes de la aprehensi&#x00F3;n misma (<italic>prius</italic>)” (Zubiri, <xref ref-type="bibr" rid="CIT45">1982</xref>, pp. 12-13). Para entender mejor este elemento nool&#x00F3;gico: “No se trata de ir tras lo f&#x00ED;sico mismo, o sea, tras el emerger mismo de lo real <italic>qua</italic> real que se nos impone inexorablemente; esto es un modo muy adecuado para comprender acabadamente lo que luego la filosof&#x00ED;a francesa, italiana o alemana ha llamado simplemente Acontecimiento (&#x00C9;v&#x00E9;nement, Evento. <italic>Ereignis</italic> respectivamente). Porque tras este emerger f&#x00ED;sico no se esconde nada y esto es fundamental no olvidarlo (la misma aprehensi&#x00F3;n primordial debe ser vista de esta forma)”. (Espinoza, <xref ref-type="bibr" rid="CIT16">2014</xref>, p. 151; Ferraz, <xref ref-type="bibr" rid="CIT21">1994</xref>; Gracia, <xref ref-type="bibr" rid="CIT24">1986</xref>; Pintor Ramos, <xref ref-type="bibr" rid="CIT42">1994b</xref>). Como dice Diego Gracia de forma muy clara en el “Pr&#x00F3;logo” de <italic>Realidad y tiempo en Zubiri</italic>: “Lo aprehendido se me actualiza como «de suyo». El «de suyo» no es el «en s&#x00ED;» del realismo ingenuo, ni el «en m&#x00ED;» del idealismo, tambi&#x00E9;n ingenuo. El «de suyo» es realidad, pero realidad en la aprehensi&#x00F3;n, no allende ella. A pesar de lo cual, en el «de suyo» hay un momento que Zubiri llama de «<italic>prius</italic>»<italic>.</italic> Se ha discutido mucho lo que puede significar ese t&#x00E9;rmino. Espinoza Lolas da una explicaci&#x00F3;n que a m&#x00ED; me parece definitiva. En la aprehensi&#x00F3;n la iniciativa no la toma la conciencia, como suced&#x00ED;a en Husserl, sino que es la propia realidad, el propio «de suyo» el que sale por sus fueros y se impone. Lo originario no es ning&#x00FA;n tipo de «posici&#x00F3;n», como suced&#x00ED;a en el idealismo, sino la «imposici&#x00F3;n» de la propia realidad. Eso es lo que Zubiri llama «fuerza de imposici&#x00F3;n»” (Gracia, <xref ref-type="bibr" rid="CIT26">2006</xref>, p. XIX).</p>

			<p>Esto permite que la «actualidad» de lo real se sienta como «de suyo» (Espinoza, <xref ref-type="bibr" rid="CIT16">2014</xref>; Ferraz, <xref ref-type="bibr" rid="CIT21">1994</xref>; Gracia, <xref ref-type="bibr" rid="CIT24">1986</xref>): “… lo sentido se me presenta como algo que tiene una especie de fuero interno propio: es caliente, es fr&#x00ED;o, es pesado, etc., <italic>de suyo</italic>. No se trata de que el contenido sea propio de un sujeto que est&#x00E9; por debajo o por detr&#x00E1;s de lo propiamente sentido, sino que <italic>de suyo</italic> significa que eso que es el contenido de la impresi&#x00F3;n tiene ese car&#x00E1;cter formal propio. Pues bien, este car&#x00E1;cter <italic>de suyo</italic> es lo que llamo <italic>realidad</italic>. Cada cosa es real precisa y formalmente por ser de suyo aquello que ella es en impresi&#x00F3;n. Ser real significa pura y simplemente ser de por s&#x00ED;, ser de suyo aquello que nos presenta en la impresi&#x00F3;n. El <italic>de suyo</italic>, pues, lo que constituye la realidad en cuanto tal”. (Zubiri, <xref ref-type="bibr" rid="CIT55">2008b</xref>, p. 153). Heidegger piensa algo similar a comienzos de los a&#x00F1;os 30, en pleno «giro» de su pensamiento. Hay un texto muy importante en esta misma l&#x00ED;nea donde Heidegger explica las «anticipaciones de la percepci&#x00F3;n» (A 143, B 182) en el Cap&#x00ED;tulo I (<italic>El esquematismo de los conceptos puros del entendimiento</italic>) del Libro Segundo (<italic>Anal&#x00ED;tica de los principios</italic>) de la <italic>Anal&#x00ED;tica Trascendental</italic> de la <italic>Cr&#x00ED;tica de la raz&#x00F3;n pura</italic> de Kant; en este texto Heidegger hace la interpretaci&#x00F3;n fenomenol&#x00F3;gica de la importancia radical de que Kant anticipe lo real en la percepci&#x00F3;n misma como condici&#x00F3;n de posibilidad de la objetividad del objeto (Heidegger, <xref ref-type="bibr" rid="CIT29">1975</xref>). “Realidad es el car&#x00E1;cter formal –la formalidad- seg&#x00FA;n el cual lo aprehendido es […] algo «de suyo»” (Zubiri, <xref ref-type="bibr" rid="CIT44">1980</xref>, p. 10). El t&#x00E9;rmino de «formalidad de realidad» a diferencia del antiguo t&#x00E9;rmino de realidad en su etapa metaf&#x00ED;sica puede llevar a equ&#x00ED;vocos. Zubiri es claro: “No se trata de un concepto metaf&#x00ED;sico como en la Edad Media, sino de algo absolutamente distinto, de un momento sentiente de car&#x00E1;cter descriptivo” (Zubiri, <xref ref-type="bibr" rid="CIT44">1980</xref>, p. 35). </p>

			<p>Para el fil&#x00F3;sofo espa&#x00F1;ol la realidad no es algo de tipo conceptual, sea esto lo que fuere; incluso duda que pueda haber alguna lengua en especial que pueda expresar algo as&#x00ED; como un concepto absolutamente universal que d&#x00E9; cuenta de la realidad: “No se trata, repito una vez m&#x00E1;s, del concepto de m&#x00E1;xima universalidad. Cu&#x00E1;l sea este concepto es algo sumamente problem&#x00E1;tico y que depende inclusive de las lenguas que se empleen. Y es, adem&#x00E1;s, verdaderamente problem&#x00E1;tico que exista un concepto de total universalidad” (Zubiri, <xref ref-type="bibr" rid="CIT44">1980</xref>, p. 123). En esta postura Zubiri se coloca en el ant&#x00ED;poda de toda una tradici&#x00F3;n filos&#x00F3;fica que ha perforado la filosof&#x00ED;a occidental por siglos con el tema de entender lo m&#x00E1;s radical de la realidad por medio del rasgo conceptual de la universalidad. Para &#x00E9;l la realidad es todo lo contrario a un concepto, la formalidad est&#x00E1; sentida en el acto mismo de aprehensi&#x00F3;n impresiva de las cosas, esto es, en el sentir humano (Gracia, <xref ref-type="bibr" rid="CIT24">1986</xref>); y esto es fundamental para entender al hombre en su car&#x00E1;cter personal (L&#x00F3;pez Quintas, <xref ref-type="bibr" rid="CIT37">1985</xref>) y en su cuerpo (Conill, <xref ref-type="bibr" rid="CIT08">1991</xref>).</p>

			<p>La realidad como formalidad mienta, entonces, el «de suyo» que primariamente acontece en la aprehensi&#x00F3;n; se impone en ella y en esta imposici&#x00F3;n se siente, a la una, su car&#x00E1;cter de ser, que indica ese rasgo de estar siendo en la aprehensi&#x00F3;n y, en ello, el mundo. Realidad y ser van de la mano en Zubiri y no podr&#x00ED;a ser de otra manera, pues el di&#x00E1;logo con Heidegger sigue hasta el final de su vida (Espinoza, <xref ref-type="bibr" rid="CIT16">2014</xref>; Gonz&#x00E1;lez, <xref ref-type="bibr" rid="CIT22">2004</xref>).</p>

			<p>La articulaci&#x00F3;n realidad y ser es constructa; y mienta tanto una diferencia asim&#x00E9;trica de sus momentos como una unidad entre ambos t&#x00E9;rminos. Toda cosa se notifica a s&#x00ED; misma en cuanto esa unidad f&#x00ED;sica constructa en actualidad del «de» que la constituye como un todo sustantivo de «notas». Zubiri dice que: “… es la unidad estructural que consiste en ser un sistema «constructo», esto es, un sistema en que cada una de sus notas no tiene realidad propia de nota m&#x00E1;s que siendo intr&#x00ED;nseca y formalmente «de» las dem&#x00E1;s” (Zubiri, <xref ref-type="bibr" rid="CIT46">1983</xref>, p. 113). Para Zubiri, “Las <italic>cosas est&#x00E1;n constituidas por «notas</italic>» […] toda nota lo es por estar articulada con las dem&#x00E1;s […] El «de» le pertenece intr&#x00ED;nsecamente [...] Es lo que inspir&#x00E1;ndome en las leguas semitas llamo car&#x00E1;cter o estado «constructo» de toda nota” (Zubiri, <xref ref-type="bibr" rid="CIT48">1986</xref>, pp. 43-44). Y visto desde un modo m&#x00E1;s radical de las cosas mismas, Zubiri piensa que el car&#x00E1;cter constructo, su unidad: “… es la unidad estructural que consiste en ser un sistema «constructo», esto es, un sistema en que cada una de sus notas no tiene realidad propia de nota m&#x00E1;s que siendo intr&#x00ED;nseca y formalmente «de» las dem&#x00E1;s. El ser sistema constructo es la esencia misma de lo real en cuanto real. De ah&#x00ED; su funci&#x00F3;n radical” (Zubiri, <xref ref-type="bibr" rid="CIT46">1983</xref>, p. 113). Por este motivo, <italic>Inteligencia y raz&#x00F3;n</italic> (1983), que es el &#x00FA;ltimo libro de la Trilog&#x00ED;a (y escrito por Zubiri, muri&#x00F3; el mismo a&#x00F1;o de su presentaci&#x00F3;n), es el libro que mienta lo metaf&#x00ED;sico de anta&#x00F1;o (<italic>Sobre la esencia,</italic> de 1962) a la altura de una mirada nool&#x00F3;gica.</p>

			<p>Sin embargo, esta unidad de diferencia est&#x00E1; centrada, por ser constructa desde uno de los t&#x00E9;rminos de la articulaci&#x00F3;n (por eso es asim&#x00E9;trica), esto es, la realidad, el constructo no es una igualdad, sino que es en dominancia de un t&#x00E9;rmino acerca del otro. Nosotros hemos dicho, en otros art&#x00ED;culos, (Espinoza, <xref ref-type="bibr" rid="CIT15">2006b</xref>) debemos estar atentos a la lectura que debemos realizar de estos momentos, de modo particular del logos y la raz&#x00F3;n (tambi&#x00E9;n es constructo), esto porque desde un an&#x00E1;lisis descriptivo gen&#x00E9;tico los tres momentos pueden aparecer desarticulados, uno antes que el otro, donde el «logos» aparece como aquel que da las bases para que luego la raz&#x00F3;n se despliegue (Gracia, <xref ref-type="bibr" rid="CIT24">1986</xref>). Por este motivo, no debemos olvidar que el pensamiento de la obra madura de Zubiri es constructo: “…un an&#x00E1;lisis descriptivo constructo nos mostrar&#x00ED;a que la raz&#x00F3;n misma que busca indagar lo que se siente en aprehensi&#x00F3;n primordial nos exige el logos para que le d&#x00E9; sus materiales de apoyo. Dicho en t&#x00E9;rminos vulgares, para pensar se necesita un lenguaje, pero esto no quiere decir que el lenguaje sea anterior al pensar y que de aqu&#x00E9;l nazca &#x00E9;ste. Sin embargo, tampoco quiere decir que porque pienso hablo y que, por tanto, el pensar sea anterior al lenguaje. Lo que tenemos es una unidad constructa entre pensar y hablar, unidad que no se puede analizar desarticul&#x00E1;ndola. El hombre est&#x00E1; f&#x00ED;sicamente sumergido en la realidad sentida en esa unidad de «hablar-pensar». Por eso es muy interesante que Zubiri llame sin m&#x00E1;s a estos dos momentos ulteriores de la intelecci&#x00F3;n sentiente simplemente «raz&#x00F3;n» o si se quiere ‘raz&#x00F3;n sentiente’” (Espinoza, <xref ref-type="bibr" rid="CIT12">2004b</xref>, pp. 33-34).</p>

			<p>Es la realidad de lo real la que da de s&#x00ED; su ser, as&#x00ED; es como finalmente Zubiri asume a Heidegger de <italic>Ser y tiempo</italic> dentro de su obra; tal como el propio Heidegger lo hac&#x00ED;a al interior de su pensamiento despu&#x00E9;s de los a&#x00F1;os 30 con la profundizaci&#x00F3;n de la filosof&#x00ED;a que funda el tema del ser, esto es, el pensamiento del <italic>Ereignis</italic> (Espinoza, <xref ref-type="bibr" rid="CIT16">2014</xref>; Gonz&#x00E1;lez, <xref ref-type="bibr" rid="CIT22">2004</xref>). Y esto es lo que tenemos que se&#x00F1;alar para poder acceder al tema de la persona humana de manera correcta y en toda su magnitud, sin caer en reducciones simplonas. El ser, en sentido estricto, no es otra cosa (dicho de modo ontol&#x00F3;gico) que la manera en que la realidad «est&#x00E1; siendo» actual en el mundo, su «luz»; y el tiempo es la modalizaci&#x00F3;n de esa luz, esto es, su, por decirlo en met&#x00E1;fora, su «color»: “No solamente la realidad se aprehende en aprehensi&#x00F3;n primordial como «de suyo», entendido como un «de suyo que es», un «de suyo que est&#x00E1; siendo temp&#x00F3;reamente», sino que la misma aprehensi&#x00F3;n primordial queda, como es obvio, «tocada» por ese car&#x00E1;cter temp&#x00F3;reo [... ] la intelecci&#x00F3;n misma se desplegar&#x00ED;a en sus momentos ulteriores de logos y raz&#x00F3;n por motivos din&#x00E1;micos no solamente derivados del car&#x00E1;cter impresivo de la aprehensi&#x00F3;n primordial sino tambi&#x00E9;n por motivos temp&#x00F3;reos” (Espinoza, 2006, p. 350).</p>

			<p>Es el instante en que est&#x00E1; esa luz de la realidad siendo en el mundo; es c&#x00F3;mo est&#x00E1; siendo esa luz en el mundo, est&#x00E1; siendo en el instante de la «coloratura» de la realidad. Es el matiz impresivo mismo en la que la realidad siendo en el mundo «es». Ese car&#x00E1;cter impresivo temp&#x00F3;reo de lo real aprehendido en aprehensi&#x00F3;n primordial va a ser una de las fuentes del desarrollo ulterior de la inteligencia como logos y raz&#x00F3;n. El car&#x00E1;cter temp&#x00F3;reo sentido en aprehensi&#x00F3;n primordial da el car&#x00E1;cter modal mismo del ser sentido c&#x00F3;mo el «color» de la realidad, los «tonos» de la luz del ser -no olvidemos que el ser es la «luz» de la realidad y &#x00E9;sta es la «luminaria» misma- (Espinoza, <xref ref-type="bibr" rid="CIT16">2014</xref>). Ese «color» sentido en la luz que est&#x00E1; siendo la realidad nos permite distender y desplegar lo sentido porque el tiempo en su presentarse a la luz de su ser queda presente, en esa misma luz, como «color» de la realidad; «color» que hace visible el presente mismo que se despliega de la cosa sentida; el «color», esto es, el tiempo lanza al hombre (Espinoza y Orellana, <xref ref-type="bibr" rid="CIT19">2009</xref>) a hacerse cargo de lo real sentido (es cosa de pensar, por ejemplo, en todo lo que ha sido el sol para el hombre, pero nos referimos no a un sol en el sentido de una construcci&#x00F3;n cultural, sino, anterior a eso, a un sol sentido en aprehensi&#x00F3;n primordial de real, un sol «de suyo que es» y, adem&#x00E1;s, se siente de modo temp&#x00F3;reo). El «color» del ser, su tiempo, dar&#x00E1; una buena idea para ver c&#x00F3;mo la inteligencia se hace cargo de eso real sentido temp&#x00F3;reo y en ello mismo, dicho «color», dicho «presente en tiempo» requiere a la inteligencia a ir creando formas de dominio de ese presente, en efecto, ejemplo los rasgos del tiempo modal desde los que es posible ver con claridad la imbricaci&#x00F3;n de este con el ser y la realidad (Espinoza, Ascorra y Vargas, <xref ref-type="bibr" rid="CIT18">2013</xref>; Gonz&#x00E1;lez, <xref ref-type="bibr" rid="CIT22">2004</xref>), por ejemplo, la propia mano se vuelve intelectiva a luz de lo sentido como real y ella se vuelve configuradora de lo real en el pasar de su d&#x00ED;a y configuradora de las cosas en el sentido m&#x00E1;s simple del vocablo (Pintor Ramos, <xref ref-type="bibr" rid="CIT40">1993</xref>).</p>

			<p>Realidad y ser no siendo lo mismo se articulan de un modo muy especial: “Realidad y ser no son lo mismo. Decimos, por ejemplo, que una realidad cualquiera, la plata, tiene determinados caracteres…Pero no es que la plata los <italic>tenga</italic>, sino que <italic>constituyen</italic> la realidad arg&#x00E9;ntea en s&#x00ED; misma. En definitiva, lo que entendemos por realidad a prop&#x00F3;sito de cualquier cosa es aquello que a una cosa le compete <italic>de suyo</italic>, y no simplemente aquello que le sobrevenga a una realidad determinada por su relaci&#x00F3;n con otras” (Zubiri, <xref ref-type="bibr" rid="CIT55">2008b</xref>, p. 290). Esta determinaci&#x00F3;n de la realidad como los caracteres que le competen «de suyo» a la cosa real est&#x00E1; pensada a partir de una visi&#x00F3;n metaf&#x00ED;sica de la realidad. Tal visi&#x00F3;n fue defendida por Zubiri hasta el final de sus d&#x00ED;as, pero lo fue desde una matizaci&#x00F3;n nool&#x00F3;gica (Pintor Ramos, <xref ref-type="bibr" rid="CIT42">1994b</xref>). La realidad es el «de suyo» (desde s&#x00ED; misma), es esto y no otra cosa; pero tal afirmaci&#x00F3;n debe ser entendida desde la aprehensi&#x00F3;n misma en su acto de aprehender (y no salirnos de ella; este tipo de an&#x00E1;lisis tan cercano a la fenomenolog&#x00ED;a de Husserl y Heidegger fue parte fundamental del pensar zubiriano). Realidad es una formalidad (esto es, un modo de quedar las cosas reales en tanto que aprehendidas) en donde las cosas reales quedan en la aprehensi&#x00F3;n como siendo meramente «de suyo»; esto es, quedan en la aprehensi&#x00F3;n humana como siendo propias de s&#x00ED; mismas («en propio»), anterior («prius») a la misma aprehensi&#x00F3;n pero «en» ella misma. Y esto es fundamental para entender de modo adecuado el pensamiento del autor espa&#x00F1;ol. En esta anterioridad creemos ver uno de los aciertos m&#x00E1;s importantes de Zubiri para la filosof&#x00ED;a actual; es una posibilidad para entender, lo que se ha llamado, el acontecimiento en espa&#x00F1;ol y con los matices de: &#x00C9;v&#x00E9;nemennt en franc&#x00E9;s (Badiou, <xref ref-type="bibr" rid="CIT02">1999</xref>; Badiou, <xref ref-type="bibr" rid="CIT03">2005</xref>) o <italic>Ereignis</italic> en alem&#x00E1;n (Heidegger, <xref ref-type="bibr" rid="CIT32">2003</xref>). </p>

			<p>Lo ideal es dejar claro un breve matiz y sutileza del lenguaje que indica tres dimensiones distintas de la realidad, pero que se puede llevar a confusi&#x00F3;n si no lo sabemos y que son matices que en espa&#x00F1;ol son claves para entender lo que Zubiri entiende por realidad personal; t&#x00E9;rmino que estar&#x00E1; asociado al de cuerpo. Esa confusi&#x00F3;n est&#x00E1; en creer que tanto en alem&#x00E1;n como en franc&#x00E9;s se dice lo mismo que en espa&#x00F1;ol (y dejemos claro que tampoco se da semejante igualdad en franc&#x00E9;s como alem&#x00E1;n). &#x00C9;v&#x00E9;nemennt mienta una cierta irrupci&#x00F3;n de un evento o suceso que rompe el tejido ps&#x00ED;quico, social e hist&#x00F3;rico de la realidad humana; es la irrupci&#x00F3;n que no se deja atrapar por racionalidad alguna y que al contrario genera incoadamente una nueva racionalidad (esto no lo podemos olvidar para pensadores desde Foucault a Badiou). En cambio, <italic>Ereignis</italic> indica no un suceso o evento, esto ser&#x00ED;a algo fundamental pero emp&#x00ED;rico y &#x00F3;ntico en el trato del ser con el hombre, lo que se indica aqu&#x00ED; es una “apropiamiento” del hombre en el mundo, del hombre en el ser, de un pueblo en su todo, un modo realmente propio que no se deja homogeneizar, ni calcular, ni determinar mec&#x00E1;nicamente por ninguna ideolog&#x00ED;a ni sistema de pensamiento (esto se puede apreciar desde pensadores como Heidegger a Sloterdijk). Y, finalmente, <italic>Acontecimiento</italic> se&#x00F1;ala rotundamente otra cosa, un matiz muy distinto a los anteriores. La palabra viene de <italic>contingere</italic> y all&#x00ED; lo que suena es el <italic>cum</italic> y <italic>tangere</italic>. Y aqu&#x00ED; se indica la acci&#x00F3;n misma de tocar. El <italic>Acontecimiento</italic> mienta la dimensi&#x00F3;n f&#x00ED;sica de estar tocado radicalmente en y por la realidad, y en este estar tocado, en este contacto, se da el hombre en sentido pleno. Es la «tocadura» que constituye a todo y en especial al hombre mismo desde su propia aprehensi&#x00F3;n sentiente, en la integridad misma de su cuerpo; en su ser «aqu&#x00ED;» (Espinoza, Ascorra y Vargas, <xref ref-type="bibr" rid="CIT18">2013</xref>). La realidad «toca» y en ello constituye lo real. Y en este ser tocado, el hombre, en tanto que cuerpo, es arrastrado por lo real mismo cuando lo siente (aqu&#x00ED; est&#x00E1; todos los pensadores latinos desde Ortega, Zubiri a Duque). </p>

			<p>Por esto, la realidad en este car&#x00E1;cter de «acontecimiento», del quedar de las cosas en tanto reales, esto es, siendo absolutamente «suyas» en la aprehensi&#x00F3;n y en anterioridad, quedamos sumergidos «f&#x00ED;sicamente» en estas mismas cosas, pues nos sentimos arrastrados por un fuerza tal que nos toca y constituye; y que no podemos asir nunca del todo. “Para &#x00E9;l [Zubiri] la realidad es todo lo contrario a un concepto, la formalidad est&#x00E1; sentida en el acto mismo de aprehensi&#x00F3;n imprensiva de las cosas, esto es, en el sentir mismo humano. De all&#x00ED; que diga, para diferenciarse absolutamente de la filosof&#x00ED;a europea, que la formalidad es algo, en cierto modo, «f&#x00ED;sico». ¿Qu&#x00E9; quiere decir el vocablo «f&#x00ED;sico» para el pensamiento de nuestro fil&#x00F3;sofo? Es un vocablo que debe ser entendido de un modo originario, al modo como lo entendieron los mismos griegos. Real y f&#x00ED;sico mientan lo mismo en la filosof&#x00ED;a zubiriana” (Espinoza, 2006, p. 3) la cual es parte de la cl&#x00E1;sica “Nota General” en <italic>Sobre la esencia</italic> y el comienzo de <italic>Inteligencia y realidad</italic> (Marqu&#x00ED;nez, <xref ref-type="bibr" rid="CIT38">2006</xref>).</p>

			<p>Con este matiz de entender la realidad como formalidad, Zubiri ve que se supera el realismo en todas sus formas como el idealismo tambi&#x00E9;n en todas sus variantes. Por esto puede decir: “Realidad es el modo de ser «en propio», <italic>dentro</italic> de la aprehensi&#x00F3;n misma. «En propio» significa que pertenece a lo aprehendido, por tanto, a&#x00FA;n antes de la aprehensi&#x00F3;n misma (<italic>prius</italic>). Como este modo de quedar en la aprehensi&#x00F3;n es un modo de quedar en impresi&#x00F3;n, resulta que la aprehensi&#x00F3;n es un acto de <italic>impresi&#x00F3;n de realidad</italic>. En ella su contenido es actual en la impresi&#x00F3;n, pero sin referencia ninguna a una respuesta. Es lo que llamo <italic>mera actualidad</italic>: lo aprehendido est&#x00E1; presente y solamente est&#x00E1; presente. Pues bien estos tres momentos (impresi&#x00F3;n, en propio, y mera actualidad) constituyen unitariamente lo que llamo <italic>ser de suyo</italic>. He aqu&#x00ED; la formalidad de realidad: un modo de alteridad que consiste en el «de suyo»” (Zubiri, <xref ref-type="bibr" rid="CIT45">1982</xref>, p. 13). En efecto, las cosas se nos imponen en la aprehensi&#x00F3;n rotundamente, nos arrastran y arrebatan inexorablemente; se nos imponen en el cuerpo que somos, esto es, un cuerpo sentiente intelectivo: presi&#x00F3;n, contacto, audici&#x00F3;n, olfato, sensibilidad laber&#x00ED;ntica, kinestesia, cenestesia, vista, etc., (Zubiri, <xref ref-type="bibr" rid="CIT44">1980</xref>). En tal imposici&#x00F3;n, las cosas se nos manifiestan «f&#x00ED;sicamente» con sus propios caracteres, nos tocan; esto es, las cosas son en s&#x00ED; mismas estos caracteres que las constituyen y que se nos imponen en la aprehensi&#x00F3;n corporal en su conjunto. No hay nada por detr&#x00E1;s o debajo de la cosa que sea base o sustento esencial de esta misma cosa (la realidad nunca es sustancial, ya al modo realista como <italic>a posteriori</italic>, ya al idealista como <italic>a priori</italic>), sino simplemente es la cosa misma la que es un todo coherente y sistem&#x00E1;tico de notas; y son estas notas las que son “de suyo” en la aprehensi&#x00F3;n. Por tanto, tenemos una primera determinaci&#x00F3;n fundamental de la realidad de lo real aprehendido, ser meramente «de suyo» (t&#x00E9;rmino muy espa&#x00F1;ol que Zubiri desde la d&#x00E9;cada de los 30 ya lo usaba con valor filos&#x00F3;fico para traducir ni m&#x00E1;s ni menos que el <italic>arche</italic> de Anaximandro).</p>

			</sec>
			
			<sec id="S4">
			
			<title>3</title>

			<p>Ahora bien, la realidad humana es una realidad muy especial, es una realidad «real», esto es, una realidad de suyo «suya», reduplicativamente real o, si se quiere, reduplicativamente «suya». ¿Qu&#x00E9; mienta ese car&#x00E1;cter reduplicativo real? ¿Qu&#x00E9; mienta ese car&#x00E1;cter tan propio de este tipo de realidad humana? El car&#x00E1;cter f&#x00ED;sico de «de suyo» indica que somos una realidad con suficiencia para ser en un sistema de notas o momentos coherentes entre s&#x00ED;; y en tal sistematicidad y coherencia se expresa la realidad ella misma en el mundo, se impone en &#x00E9;l con todos sus matices. Pero nosotros como humanos a&#x00F1;adimos una tipificaci&#x00F3;n esencial y cualitativamente distinta a todas las otras realidades que acontecen en el mundo. Es ese car&#x00E1;cter de «suyo» del «de suyo», su reduplicaci&#x00F3;n. Una realidad «suya», eso es lo que somos, o, si se quiere, una realidad «de suyo suya». Esto no quiere decir una mera tautolog&#x00ED;a vac&#x00ED;a o un juego de palabras. Lo que se indica ac&#x00E1; es que la realidad humana es formalmente «suya». ¿Qu&#x00E9; se&#x00F1;ala ese car&#x00E1;cter formalmente «suyo» de la realidad humana? Aqu&#x00ED; se juega lo propiamente humano.</p>

			<p>El de «suyo» formal y f&#x00ED;sicamente indica que la realidad humana est&#x00E1; abierta primera e inexorablemente a «s&#x00ED; misma» y por ello luego (en un sentido ontol&#x00F3;gico y no cronol&#x00F3;gico) al mundo. Ese car&#x00E1;cter f&#x00ED;sico formal de la apertura a su «s&#x00ED; mismo» de toda realidad humana es una tremenda innovaci&#x00F3;n de todas las realidades en sus formas y modos de ser real a nivel c&#x00F3;smico evolutivo. La realidad humana es «suidad» (Gracia, <xref ref-type="bibr" rid="CIT24">1986</xref>; Pintor Ramos, <xref ref-type="bibr" rid="CIT41">1994a</xref>), o, como se dijo, realidad «de suyo suya». Esa «suidad» mienta lo que desde antiguo se conoce (pero sin la precisi&#x00F3;n conceptual que se requer&#x00ED;a) como la «propia espiritualizaci&#x00F3;n del hombre» en contraste a la mera activaci&#x00F3;n movente del animal. La propia apertura de la realidad a su car&#x00E1;cter real, a su «s&#x00ED; mismo», implica entre otras cosas su esencial libertad y es una apertura f&#x00ED;sica a ese «s&#x00ED; mismo», o sea, est&#x00E1; arrastrado, tocado a su «s&#x00ED; mismo». Y por ello somos la &#x00FA;nica realidad libre. Al estar abierto a «s&#x00ED; mismo» se es formal y f&#x00ED;sicamente libre; libre porque no se est&#x00E1; determinado necesariamente por el car&#x00E1;cter c&#x00F3;smico de su realidad, sino que est&#x00E1; perforado esencial, formal y f&#x00ED;sicamente de su mismidad abierta. El hombre es realidad f&#x00ED;sica abierta al mundo, pero est&#x00E1; en el cosmos junto a otras formas y modos de realidad. Y es ese car&#x00E1;cter de libertad es la que se expresa en la inteligencia sentiente, en la voluntad tendente y el sentimiento afectante. Toda la intelecci&#x00F3;n humana reposa en el car&#x00E1;cter «suyo», esto es, a la apertura a «s&#x00ED; mismo» de la realidad humana en toda su corporalidad. Y por esto la intelecci&#x00F3;n recubre a todo el hombre en su conjunto y lo recubre volviendo al hombre formalmente en una realidad en el mundo, mundo real, esto es, mundo en s&#x00ED; mismo abierto (luminoso) y en esa apertura se co-determina con otras realidades, pero es una co-determinaci&#x00F3;n de tipo c&#x00F3;smica. </p>

			<p>Este car&#x00E1;cter de «suidad» de la realidad humana lo vuelve de inmediato «absuelto» de todas las otras realidades no «suyas», no abiertas (o libres, dicho m&#x00E1;s simplemente) que est&#x00E1;n en co-determinaci&#x00F3;n c&#x00F3;smica. Y no meramente «absuelto» respecto de cualquier realidad no humana, sino de las otras realidades humanas e incluso de «s&#x00ED; mismo». La realidad humana es la &#x00FA;nica realidad absuelta mundanalmente aunque est&#x00E9; siendo parte del «aqu&#x00ED;» som&#x00E1;tico c&#x00F3;smico por su cuerpo (Espinoza, Ascorra y Vargas, <xref ref-type="bibr" rid="CIT18">2013</xref>), pero como hemos dicho su cuerpo es cuerpo libre, cuerpo abierto, su «aqu&#x00ED;» es un «aqu&#x00ED;» en libertad y por ende del tipo trascendental. El hombre es un cuerpo en libertad (por ser abierto) y por esta raz&#x00F3;n es un cuerpo trascendental (y de all&#x00ED; todas las formas de comunidades y organizaciones que va desarrollando el hombre a lo largo de su vida e historia son del tipo de cuerpos, cuerpos en libertad, esto es, transcendentales: la familia, la amistad c&#x00ED;vica, el parlamento, una empresa, una cofrad&#x00ED;a, etc.). Este cuerpo libre es, nool&#x00F3;gicamente, un «aqu&#x00ED;» inespec&#x00ED;fico o, dicho, de modo metaf&#x00F3;rico, es un «trozo» de cosmos, pero mundanal. Y por este motivo el hombre como realidad corporal mundanal est&#x00E1; «ab-suelta» en sentido estricto y etimol&#x00F3;gico. Y ese car&#x00E1;cter f&#x00ED;sico de «ab-suelto» indica lo que ya hemos dicho pero con un matiz fundamental, es decir, incondicional. “Es que el hombre no s&#x00F3;lo tiene realidad, sino que es una realidad formalmente «suya», en tanto que realidad. Su car&#x00E1;cter de realidad es «suidad». Es lo que, a mi modo de ver, constituye la raz&#x00F3;n formal de persona. El hombre no s&#x00F3;lo es real, sino que es «su» realidad. Por tanto, es real «frente a» <italic>toda</italic> otra realidad que no sea la suya. En este sentido, cada persona, por as&#x00ED; decirlo, est&#x00E1; «suelta» de toda otra realidad: es «ab-soluta» […] Pero s&#x00F3;lo relativamente absoluta, porque este car&#x00E1;cter de absoluto es un car&#x00E1;cter cobrado’” (Zubiri, <xref ref-type="bibr" rid="CIT47">1984</xref>, p. 373).</p>

			<p>La realidad humana no est&#x00E1; condicionada por nada, por eso su libertad. Ya para ser un m&#x00E1;rtir, ya para amar, ya para lo que sea (incluso un criminal). Todo acto humano y pr&#x00E1;ctica humana es libre pues est&#x00E1; formalmente «absuelta» (obviamente no estamos hablando de rasgos estim&#x00FA;licos tipos de lo fisiol&#x00F3;gico humano). Y de aqu&#x00ED; nacen las dimensiones est&#x00E9;tica, &#x00E9;tica, pol&#x00ED;tica, teologal del hombre. La realidad humana no est&#x00E1; condicionada meramente a ser un sistema sustantivo de notas coherentes que est&#x00E1;n siendo en el «aqu&#x00ED;» c&#x00F3;smico, sino que es una realidad absuelta (libre) en el mundo; libre para realizar su propia vida puesto que «de suyo» el hombre se tiene f&#x00ED;sicamente a «s&#x00ED; mismo» (por eso dicho con otros t&#x00E9;rminos es consciente, reflexiona y por eso se dice desde hace siglos que el hombre es «espiritual»). Los alemanes hablan de lo <italic>unbedingt</italic> que se traduce por incondicionado, sin embargo, lo que indica el t&#x00E9;rmino es el car&#x00E1;cter no «c&#x00F3;sico», no emp&#x00ED;rico del hombre (Zubiri dir&#x00ED;a que no es meramente «talitativo» o Heidegger habla de lo existencial para distinguirlo de lo &#x00F3;ntico). EL fil&#x00F3;sofo F&#x00E9;lix Duque respecto al concepto de lo incondicionado [<italic>unbedingt</italic>] cita a Schelling: “Llamamos <italic>bedingen</italic> (condicionar) al acto por el cual algo deviene <italic>Ding</italic> (cosa) […] lo cual es tanto como decir que nada puede ser puesto por s&#x00ED; mismo como <italic>Ding</italic> ([cosa]) […] As&#x00ED; que <italic>Unbendingt</italic> (incondicionado) es aquello que de ning&#x00FA;n modo puede hacerse <italic>Ding</italic> (cosa)” (Duque, <xref ref-type="bibr" rid="CIT10">1998</xref>, p. 258).</p>

			<p>Lo «ab-suelto» indica el rasgo propio de la «suidad» humana en vistas a todas las otras realidades. Por esto que se dice que el hombre es «absoluto» (en alguna medida casi como Dios). Lo libre por excelencia, el «aqu&#x00ED;» som&#x00E1;tico abierto al mundo, pero «ojo» siempre un «aqu&#x00ED;» y por ende traspasado de lo emp&#x00ED;rico, c&#x00F3;sico, talitativo, &#x00F3;ntico para realizar su absolutez. El hombre como realidad absoluta lo es siempre de modo relativo; es un ser hist&#x00F3;rico. Su «aqu&#x00ED;» corporal lo inserta en el movimiento (en el devenir) c&#x00F3;smico y en ello nace precisamente el car&#x00E1;cter hist&#x00F3;rico tan propiamente humano; y as&#x00ED; ese devenir se expresa, en definitiva, en las dimensiones est&#x00E9;tica, &#x00E9;tica, pol&#x00ED;tica, teologal, etc. del hombre. </p>

			<p>La realidad humana es absoluta, pero relativa: “La persona, en efecto, tiene que ir haci&#x00E9;ndose, esto es, realiz&#x00E1;ndose en distintas formas o figuras de realidad. En cada acci&#x00F3;n que el hombre ejecuta se configura una forma de realidad. Realizarse es adoptar una figura de realidad […] Y el hombre se realiza viviendo con las cosas, con los dem&#x00E1;s hombres y consigo mismo. En toda acci&#x00F3;n, el hombre est&#x00E1;, pues, «con» todo aquello con que vive” (Zubiri, <xref ref-type="bibr" rid="CIT47">1984</xref>, p. 373). Por esta raz&#x00F3;n, el hombre es un absoluto relativo. El car&#x00E1;cter relativo no es nada negativo ni peyorativo, sino toda la riqueza misma del car&#x00E1;cter absoluto de la realidad humana. El hombre como hemos dicho al comienzo de este art&#x00ED;culo es una realidad «que es», que est&#x00E1; siendo en el mundo. Y se es en el mundo desde un «aqu&#x00ED;» c&#x00F3;smico. Este car&#x00E1;cter c&#x00F3;smico mundanal del ser de la realidad humana confiere al hombre que sea lo que es como tal y as&#x00ED; sea propiamente hombre. “El cuerpo es la actualidad misma del hombre, es su estar siendo en el cosmos con toda su materialidad individual, social e hist&#x00F3;rica. Es un cuerpo de suyo propio, entre otros cuerpos, ya del modo fil&#x00E9;tico, ya del modo social y es, adem&#x00E1;s, un cuerpo que se entrega de generaci&#x00F3;n en generaci&#x00F3;n como ciertas capacidades de actualidad, es decir, modos de ser f&#x00ED;sicamente en el cosmos y de estar abiertos al mundo, es la historia entendida de un modo corporal. Y all&#x00ED;, en definitiva, estar&#x00ED;a el car&#x00E1;cter teologal corporal que integra todas estas otras dimensiones humanas como un cierta religaci&#x00F3;n en comunidad de unos con otros en vistas a algo que los supera y les da un sentido, un cierto camino por donde deben caminar en conjunto, con su propia individualidad, entre todos y en esas dotes actuales que se han entregado” (Espinoza, <xref ref-type="bibr" rid="CIT16">2014</xref>, p. 11).</p>

			<p>No podr&#x00ED;a ser hombre de otra manera, ser&#x00ED;a lo que fuera pero no realidad humana. El hombre como absoluto relativo es lo que mienta, radicalmente, el car&#x00E1;cter de persona. </p>

			</sec>
			
			<sec id="S5">
			
			<title>CONCLUSI&#x00D3;N</title>

			<p>Finalmente, si nos hemos dado cuenta, la vieja y moderna categor&#x00ED;a de sujeto o simplemente de yo para comprender acabadamente al hombre es totalmente innecesaria (Gracia, <xref ref-type="bibr" rid="CIT27">2009</xref>), pues ya no da de s&#x00ED; para expresar al hombre ya en su car&#x00E1;cter real (f&#x00ED;sico) ya en su car&#x00E1;cter «suyo». El yo es una pobre categor&#x00ED;a que dio lo que ten&#x00ED;a que dar en un horizonte de pensamiento europeo moderno, pero que ya no puede expresar el dinamismo real mismo en lo que consiste la realidad humana. Tal dinamismo mienta una realidad con otras realidades en libertad y sumergidos en el cuerpo mismo que les acontece. Y en tal sumergimiento est&#x00E1; despleg&#x00E1;ndose a nivel ps&#x00ED;quico, social e hist&#x00F3;rico la riqueza misma de esa absolutez, pero en relatividad. </p>

			<p>La idea de Zubiri de realidad es una idea, en su nacimiento heredera de la fenomenolog&#x00ED;a alemana de comienzos del siglo XX, que permiti&#x00F3; hacerse cargo de los m&#x00FA;ltiples fen&#x00F3;menos m&#x00E1;s radicales que urgen al hombre, entre estos fen&#x00F3;menos el del propio hombre ante s&#x00ED; mismo y ante el mero mundo. En ello Zubiri con su trabajo fino y preciso de matices nos da la posibilidad de entender al hombre, como lo hemos visto, desde una matriz conceptual rica y potente que nos permite dar de forma m&#x00E1;s adecuada con lo propiamente humano. Ese car&#x00E1;cter f&#x00ED;sico del “de suyo” del car&#x00E1;cter real, en general, y en lo espec&#x00ED;fico humano es un matiz de su pensamiento que nos lanza por distintos lugares a repensar lo que se hab&#x00ED;a dicho del hombre y de lo que puede un hombre. Gracias a esta concepci&#x00F3;n del hombre desde la realidad humana, de la persona y su cuerpo creemos que podemos repensar otras dimensiones fundamentales de &#x00E9;ste, entre ellas la pol&#x00ED;tica.</p>

			<p>De all&#x00ED;, a lo mejor, que la dimensi&#x00F3;n misma pol&#x00ED;tica tambi&#x00E9;n sea real, f&#x00ED;sica y corporal, y desde este car&#x00E1;cter est&#x00E9; d&#x00E1;ndose toda la historia de unos con otros, con todo el dolor que a veces esto conlleva junto a las esperanzas de que un d&#x00ED;a todos ser&#x00E1;n cada vez m&#x00E1;s libres, esto es, m&#x00E1;s «suyos». A lo mejor la dimensi&#x00F3;n pol&#x00ED;tica de la persona humana sea volver una y otra vez con el otro y por el otro para que sea m&#x00E1;s real, esto es, m&#x00E1;s «suyo»; m&#x00E1;s libre. Pero siempre una libertad que se va levantando desde el cuerpo de unos trabados con otros. Es posible que lo se&#x00F1;alado sea lo que nos permite entender, en el mal llamado «mito de la caverna» de la <italic>Rep&#x00FA;blica</italic> de Plat&#x00F3;n, por qu&#x00E9; ese esclavo liberado y que ha salido de la caverna y que ya vive bajo la luz del sol tenga la necesidad que se le impone f&#x00ED;sicamente de volver a buscar a los otros que siguen en la oscuridad. Y adem&#x00E1;s est&#x00E1; tan arrastrado y pose&#x00ED;do por esta luz que volver&#x00E1; una y otra vez hasta cuando todos ya se sientan liberados, bajo la luz del sol siendo un cuerpo social. Una verdadera Atenas.</p>
		</sec>
		
	</body>
	
	
	<back>
	
		<ack>
			<title>AGRADECIMIENTOS</title>

				<p>Este art&#x00ED;culo es parte del Proyecto Fondecyt N°: 1140973: “Realidad y t&#x00E9;cnica en Zubiri”.</p>
		</ack>
		
		<sec id="notas">
			<title>NOTAS</title>
		
			<fn-group>
				<fn id="NOTE1"><label>1</label>
					<p>El fil&#x00F3;sofo espa&#x00F1;ol estaba totalmente sumergido en el &#x00E1;mbito filos&#x00F3;fico alem&#x00E1;n que estaba instaur&#x00E1;ndose como un nuevo horizonte de pensamiento; comprend&#x00ED;a muy bien la fenomenolog&#x00ED;a inaugurada por Husserl y no podemos olvidar que sus dos primeros trabajos propiamente filos&#x00F3;ficos de alto nivel est&#x00E1;n incardinados en la fenomenolog&#x00ED;a. Para aprobar en 1921 la Licenciatura en Filosof&#x00ED;a Superior en la Universidad Cat&#x00F3;lica de Lovaina present&#x00F3; la tesina: <italic>Le probl&#x00E8;me de l’objetive d’apr&#x00E8; Ed. Husserl: La Logique pure</italic>. Luego se doctor&#x00F3; ese mismo a&#x00F1;o en Madrid con la tesis: <italic>Ensayo de una teor&#x00ED;a fenomenol&#x00F3;gica del juicio</italic>. Esta tesis fue publicada en 1923 y es el primer libro sobre fenomenolog&#x00ED;a de Husserl fuera de Alemania. Ambos textos se pueden encontrar en el volumen <italic>Primeros escritos</italic> (1921-1926).</p>
				</fn>
			</fn-group>
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			<title>BIBLIOGRAF&#x00CD;A</title>
				
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			  <year>2011</year>
			  <article-title>Cuerpo y alma en Zubiri… Un problema filos&#x00F3;fico-teol&#x00F3;gico</article-title>
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			  <source>Cursos universitarios. Volumen IV</source>
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			  <publisher-name>Alianza</publisher-name>
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