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			<journal-id journal-id-type="publisher-id">Arbor</journal-id>
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				<journal-title>ARBOR Ciencia, Pensamiento y Cultura</journal-title>
				<abbrev-journal-title>Arbor</abbrev-journal-title>
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			<issn pub-type="epub">0210-1963</issn>
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				<publisher-name>Consejo Superior de Investigaciones Cient&#x00ED;ficas</publisher-name>
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			<article-id pub-id-type="publisher-id">arbor.2016.780n4006</article-id>
			<article-id pub-id-type="doi">10.3989/arbor.2016.780n4006</article-id>
			 
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				<subject>POTENCIAS DEL PENSAMIENTO DE XAVIER ZUBIRI / POTENCY OF THOUGHT OF XAVIER ZUBIRI</subject>
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				<article-title>Si Zubiri pudiera discutir con la bio&#x00E9;tica actual: inteligencia y neurociencia</article-title>
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					<trans-title>If Zubiri could discuss with current bioethics: intelligence and neuroscience</trans-title>
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				<alt-title alt-title-type="running-head">Si Zubiri pudiera discutir con la bio&#x00E9;tica actual: inteligencia y neurociencia</alt-title>
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					 <surname>Feito Grande</surname>
					 <given-names>Lydia</given-names>
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				<aff id="U1">Universidad Complutense de Madrid</aff>
				
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			<author-notes>
				<corresp id="cor1"><email xlink:href="lydia.feito@med.ucm.es">lydia.feito@med.ucm.es</email></corresp>
			</author-notes>
			
			
			<pub-date pub-type="epub">
				<day>31</day>
				<month>08</month>
				<year>2016</year>
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			<pub-date pub-type="collection">
			<year>2016</year>
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			<volume>192</volume>
			<issue>780</issue>
			
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					<month>09</month>
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					<license-p>Este es un art&#x00ED;culo de acceso abierto distribuido bajo los t&#x00E9;rminos de la licencia Creative Commons Attribution (CC BY) Espa&#x00F1;a 3.0.</license-p>
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				<title>RESUMEN</title>
				<p>Los fil&#x00F3;sofos son hijos de su tiempo. Sus enfoques, sus temas y sus abordajes son deudores de un momento hist&#x00F3;rico, de unos conocimientos y de un paradigma vigente a la altura de los tiempos en que les ha tocado vivir. Zubiri es buen ejemplo del fil&#x00F3;sofo que no quiere estar al margen de la ciencia y el conocimiento de su tiempo, pero no deja de ser un autor del siglo XX. La bio&#x00E9;tica actual expone una profusi&#x00F3;n de temas que, sin duda, hubieran fascinado a Zubiri, en tanto que ata&#x00F1;en a la reflexi&#x00F3;n sobre la misma condici&#x00F3;n del ser humano. Espec&#x00ED;ficamente, el desarrollo de las neurociencias propone un reto al pensamiento, que est&#x00E1; generando el correlativo avance de la llamada Neuro&#x00E9;tica. Desde este nuevo escenario se aborda aqu&#x00ED; un esbozo del di&#x00E1;logo que Zubiri podr&#x00ED;a haber planteado ante la neuro&#x00E9;tica del presente.</p>
			</abstract>
			
									
			<trans-abstract xml:lang="en">
				<title>ABSTRACT</title>
				<p>Philosophers are products of their time. Their standpoints, themes and perspectives are a result of a historical time, a knowledge and a prevailing paradigm throughout their epoch. Zubiri is a good example of a philosopher who wants to be in touch with the science and knowledge of his time, but is an author from the XX century. Contemporary bioethics includes a profusion of themes that undoubtedly would have fascinated Zubiri, in as far as they relate to a reflection on the human condition itself. Specifically, the development of neurosciences is challenging to thought, and is producing a correlative development of so-called neuroethics. From this new scenario, this paper deals with those ideas that Zubiri would have discussed in the context of contemporary neuroethics.</p>
			</trans-abstract>
			

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				<title>PALABRAS CLAVE</title>
				<kwd>Zubiri</kwd>
				<kwd>neuro&#x00E9;tica</kwd>
				<kwd>bio&#x00E9;tica</kwd>
				<kwd>neurociencia</kwd>
				<kwd>conciencia</kwd>
				<kwd>inteligencia</kwd>
				<kwd>naturaleza</kwd>
				<kwd>realidad</kwd>
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				<title>KEYWORDS</title> 			
				<kwd>Zubiri</kwd>	
				<kwd>neuroethics</kwd>
				<kwd>bioethics</kwd>
				<kwd>neuroscience</kwd>
				<kwd>consciousness</kwd>
				<kwd>intelligence</kwd>
				<kwd>nature</kwd>
				<kwd>reality</kwd>
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		<sec id="S1">
		
			<title>1. INTRODUCCI&#x00D3;N. LA BIO&#x00C9;TICA ACTUAL COMO RETO INTELECTUAL: BIO&#x00C9;TICA FUNDAMENTAL Y BIO&#x00C9;TICA APLICADA</title>

			<p>Mi objetivo en esta intervenci&#x00F3;n es mostrar brevemente algunos de los retos intelectuales que est&#x00E1; generando la bio&#x00E9;tica actual, tanto en su dimensi&#x00F3;n m&#x00E1;s fundamental como en la m&#x00E1;s aplicada, espec&#x00ED;ficamente en un terreno de notable expansi&#x00F3;n: la neuro&#x00E9;tica, es decir, el estudio de las implicaciones antropol&#x00F3;gicas, conceptuales y &#x00E9;ticas de los resultados de las neurociencias, para plantear, m&#x00E1;s como interrogantes que como afirmaciones, cu&#x00E1;les son los puntos que a Zubiri le resultar&#x00ED;an m&#x00E1;s interesantes y cu&#x00E1;l ser&#x00ED;a su abordaje de los mismos. </p>

			<p>Lamentablemente, Zubiri no tuvo la ocasi&#x00F3;n de asistir a los apasionantes descubrimientos de las &#x00FA;ltimas d&#x00E9;cadas. No pudo conocer c&#x00F3;mo la biolog&#x00ED;a, nueva reina de las ciencias, ha desbordado su campo en dos &#x00E1;mbitos espec&#x00ED;ficos: la gen&#x00E9;tica y la neurociencia. Sus impresionantes aportaciones han generado no pocos interrogantes filos&#x00F3;ficos, desde el punto de vista de sus implicaciones para reflexiones antropol&#x00F3;gicas, como la que ata&#x00F1;e a la existencia de una naturaleza humana, o &#x00E9;ticas, como la que versa sobre la responsabilidad y la toma de decisiones. Estas dos ciencias han obligado a pensar que, dentro de la bio&#x00E9;tica, se pueden distinguir subdisciplinas como la Gen&#x00C9;tica y la Neuro&#x00E9;tica, cuyo objetivo es el an&#x00E1;lisis de todos esos interrogantes e implicaciones &#x00E9;ticas que generan la gen&#x00E9;tica y la neurociencia respectivamente.</p>

			<p>La neuro&#x00E9;tica, y la bio&#x00E9;tica en general, tienen una dimensi&#x00F3;n fundamental y otra aplicada. La primera se refiere al estudio de los conceptos y teor&#x00ED;as que puedan utilizarse en la interpretaci&#x00F3;n de los datos, buscando las razones de su validez y aportando principios o sistemas explicativos desde los que pueda orientarse la segunda de las dimensiones, la que hace referencia a la aplicaci&#x00F3;n de las teor&#x00ED;as y principios a los problemas espec&#x00ED;ficos de un campo, tratando de lograr un doble objetivo: encontrar soluci&#x00F3;n a los conflictos y establecer, con ello, un modo de toma de decisiones acorde con un patr&#x00F3;n de promoci&#x00F3;n de unos determinados valores en la sociedad.</p>

			<p>En ambas dimensiones, la bio&#x00E9;tica supone un desaf&#x00ED;o para el pensamiento, pues pone en cuesti&#x00F3;n conceptos y supuestos que han sido objeto de debate filos&#x00F3;fico. As&#x00ED;, la naturaleza humana, la dignidad, la responsabilidad, etc. son cuestiones que se replantean con una nueva perspectiva. Particularmente en el terreno de la neurociencia, en donde la preocupaci&#x00F3;n por explicar el modo de conocimiento humano, los comportamientos, la toma de decisiones e incluso los sentimientos, dan lugar a reinterpretar, con una luz diferente, temas como la conciencia, la libertad, la imaginaci&#x00F3;n, los contenidos mentales o la identidad moral de las personas.</p>

			<p>Muchos autores hablan de una filosof&#x00ED;a naturalizada como caracter&#x00ED;stica propia de esta aproximaci&#x00F3;n en la que los datos cient&#x00ED;ficos son tan relevantes. Desde esta perspectiva, deudora de la propuesta de epistemolog&#x00ED;a naturalizada que hiciera W.V. Quine en los a&#x00F1;os 60 del siglo XX (Quine, <xref ref-type="bibr" rid="CIT21">1969</xref>), se asume que el modo de revelar c&#x00F3;mo podemos conocer la realidad se deriva de una explicaci&#x00F3;n biol&#x00F3;gica sobre el funcionamiento del cerebro humano (Churchland, <xref ref-type="bibr" rid="CIT07">1987</xref>). Esto supone asumir varias afirmaciones, de las cuales la primera y m&#x00E1;s importante es que el cerebro es fruto de la evoluci&#x00F3;n, lo que nos asemeja a otras especies en la medida en que se den capacidades derivadas de desarrollos similares del sistema nervioso. Esa dimensi&#x00F3;n evolutiva tambi&#x00E9;n nos permite comprender que la cognici&#x00F3;n no puede separarse del “nicho ecol&#x00F3;gico” que la sustenta, la estructura corporal. Es decir, que lejos de entender el cerebro como una mera computadora capaz de realizar operaciones generales –como quiz&#x00E1; en su d&#x00ED;a defendi&#x00F3; la met&#x00E1;fora fuerte del ordenador para explicar el funcionamiento del cerebro—, m&#x00E1;s bien es preciso observar el cerebro como una herramienta para la supervivencia del individuo. As&#x00ED;, un mayor control sensoriomotor y una mayor velocidad de procesamiento le dan al sujeto m&#x00E1;s posibilidades de sobrevivir.</p>

			<p>Por otra parte, la misma investigaci&#x00F3;n neurocient&#x00ED;fica, sus m&#x00E9;todos y posibilidades, y las aplicaciones futuras que puedan preverse, como por ejemplo la mejora cerebral, generan importantes interrogantes &#x00E9;ticos, algunos de los cuales no distan demasiado de reflexiones y an&#x00E1;lisis que ya se han elaborado previamente para otras cuestiones similares –por ejemplo, en &#x00E9;tica de la investigaci&#x00F3;n con seres humanos—, quedando as&#x00ED; emplazados dentro de la tarea bio&#x00E9;tica en la que se inscribe buena parte del trabajo de la neuro&#x00E9;tica. Sin embargo, para otros problemas tendremos que arbitrar nuevas estructuras de an&#x00E1;lisis, puesto que su novedad e implicaciones exceden los territorios ya explorados. Los conceptos y teor&#x00ED;as que se est&#x00E1;n manejando en la investigaci&#x00F3;n neurocient&#x00ED;fica, y que condicionan tanto el dise&#x00F1;o de los experimentos como la interpretaci&#x00F3;n de los resultados, afectando por tanto a su validez, son cuestionables. Es esencial analizar en profundidad las teor&#x00ED;as filos&#x00F3;ficas subyacentes. De este modo, la propia neurociencia se convierte en objeto de examen.</p>

			<p>¿Cu&#x00E1;l ser&#x00ED;a la actitud de Xavier Zubiri ante los debates suscitados en la bio&#x00E9;tica, y espec&#x00ED;ficamente en la neuro&#x00E9;tica? Sin duda, lo primero que cabe afirmar es que estar&#x00ED;a fascinado. Interesado y atento a los descubrimientos cient&#x00ED;ficos, preocupado por su repercusi&#x00F3;n en conceptos y problemas filos&#x00F3;ficos, y madurando con prudencia su propia reflexi&#x00F3;n. Dado que ciencia y filosof&#x00ED;a son para &#x00E9;l, aunque diferentes, inseparables, como momentos unitarios de la investigaci&#x00F3;n, los nuevos avances en las ciencias lo arrastrar&#x00ED;an a una b&#x00FA;squeda inacabable. En sus propias palabras: </p>

						<disp-quote><p>«Nada es real si no es respecto a otras realidades. Lo cual significa que toda cosa real es desde s&#x00ED; misma constitutivamente <italic>abierta</italic>. S&#x00F3;lo entendida desde otras cosas, que habr&#x00E1; que buscar, habremos entendido lo que es la cosa que queremos comprender. Lo que as&#x00ED; entendemos es lo que la cosa es en la realidad. El arrastre con que nos arrastra la realidad hace pues de su intelecci&#x00F3;n un movimiento de b&#x00FA;squeda. Y como esto mismo sucede con aquellas otras cosas desde las que entendemos lo que queremos entender, resulta que al estar arrastrados por la realidad nos encontramos envueltos en un movimiento inacabable. La investigaci&#x00F3;n es inacabable no s&#x00F3;lo porque el hombre no puede agotar la riqueza de la realidad, sino que es inacabable radicalmente, a saber, porque la realidad en cuanto tal es desde s&#x00ED; misma constitutivamente abierta.» (Zubiri, <xref ref-type="bibr" rid="CIT31">2004</xref>, p.7)</p></disp-quote>

			</sec>
			
			<sec id="S2">
			
			<title>2. EL PROBLEMA DE LA CONCIENCIA Y LA INTELIGENCIA</title>

			<p>El problema metodol&#x00F3;gico m&#x00E1;s acuciante al que se enfrentan los estudios sobre la conciencia es el relativo a la conexi&#x00F3;n o traducci&#x00F3;n que pueda establecerse entre la descripci&#x00F3;n de la experiencia subjetiva, que est&#x00E1; ligada necesariamente a una perspectiva individual, en primera persona, y los elementos que puedan ser descriptibles objetivamente, mediante los experimentos que adoptan una perspectiva en tercera persona. As&#x00ED;, la cuesti&#x00F3;n central es si los estados f&#x00ED;sicos del sistema nervioso humano se “encuentran” en el contenido de la experiencia consciente.</p>

			<p>A pesar de que los datos de nuestra percepci&#x00F3;n son reales –y en ello insisti&#x00F3; notablemente Zubiri al hablar de la impresi&#x00F3;n de realidad en el ser humano—, en buena medida, la descripci&#x00F3;n fenomenol&#x00F3;gica que realizamos a partir de esas impresiones es un relato desde la experiencia subjetiva, que no es posible extrapolar o universalizar. Este problema es al que se enfrentan las neurociencias actualmente: cu&#x00E1;l es la conexi&#x00F3;n entre el cuerpo viviente y el cuerpo vivido, entre la experiencia subjetiva y las descripciones objetivas, la duda acerca de si, por ejemplo, la activaci&#x00F3;n cerebral que pueda hacerse patente a trav&#x00E9;s de una t&#x00E9;cnica de neuroimagen revela cu&#x00E1;l es el contenido del estado mental que el sujeto experimenta, y si hay alg&#x00FA;n tipo de relaci&#x00F3;n causal entre la descripci&#x00F3;n emp&#x00ED;rica y la experiencia personal. </p>

			<p>En 1996 Francisco Varela propon&#x00ED;a una uni&#x00F3;n de la fenomenolog&#x00ED;a de Husserl y las ciencias cognitivas, que dio en llamar “neurofenomenolog&#x00ED;a” (Varela, <xref ref-type="bibr" rid="CIT22">1996</xref>), y que ha sido desarrollada por otros autores posteriormente (Varela, <xref ref-type="bibr" rid="CIT23">1997</xref>; Petitot, Varela, Pachoud y Roy, <xref ref-type="bibr" rid="CIT16">1999</xref>; Bayne, <xref ref-type="bibr" rid="CIT01">2004</xref>; Gallagher y Varela, <xref ref-type="bibr" rid="CIT10">2001</xref>). Varela consideraba que esta aproximaci&#x00F3;n metodol&#x00F3;gica ser&#x00ED;a capaz de afrontar el duro problema del “hiato explicativo” (<italic>explanatory gap</italic>), es decir, el espacio existente entre la experiencia fenom&#x00E9;nica y la naturaleza f&#x00ED;sica, o lo que tambi&#x00E9;n se ha venido denominando la distancia entre el m&#x00E9;todo de primera persona (m&#x00E1;s propio de la fenomenolog&#x00ED;a) y el m&#x00E9;todo de tercera persona (propio de las ciencias emp&#x00ED;ricas). La neurofenomenolog&#x00ED;a vendr&#x00ED;a a resolver este problema, posibilitando un estudio riguroso de la conciencia.</p>

			<p>Sin embargo, construir un puente entre la fenomenolog&#x00ED;a y la neurociencia no es f&#x00E1;cil. El m&#x00E9;todo propuesto por Varela es la “restricci&#x00F3;n rec&#x00ED;proca”. Se tratar&#x00ED;a de establecer una serie de principios de conexi&#x00F3;n, sobre la base de las correlaciones entre los datos fenom&#x00E9;nicos y los datos neurocient&#x00ED;ficos. Otra posible aproximaci&#x00F3;n es la metodolog&#x00ED;a heur&#x00ED;stica, de acuerdo a la cual los datos fenomenol&#x00F3;gicos podr&#x00ED;an utilizarse como gu&#x00ED;a en el descubrimiento de datos neurocient&#x00ED;ficos, y viceversa. Tambi&#x00E9;n hay autores que apuntan a un m&#x00E9;todo de establecimiento de relaciones causales entre lo fenom&#x00E9;nico y lo neurocient&#x00ED;fico. En todos los casos, queda en duda si realmente se logra cerrar ese hiato, si es posible correlacionar adecuadamente la experiencia subjetiva y los datos emp&#x00ED;ricos de la neurociencia, de modo que puedan aportar una explicaci&#x00F3;n consistente y universal.</p>

			<p>Para aclarar esta cuesti&#x00F3;n, seguiremos el ejemplo que expone Thomas Metzinger (<xref ref-type="bibr" rid="CIT14">2000</xref>): supongamos que una persona visita un laboratorio experimental de filosof&#x00ED;a de la mente, all&#x00ED; tiene la oportunidad de sostener en su mano una porci&#x00F3;n de un cerebro humano, y tiene la experiencia del color gris y la blandura del fragmento. Por la noche, esa misma persona se despierta de un sue&#x00F1;o en el que ha revivido exactamente la misma escena y las mismas sensaciones visuales y t&#x00E1;ctiles. ¿Cu&#x00E1;l es la diferencia entre ambos episodios? En el primero, el estado mental se refiere realmente a algo existente en el mundo externo, ya que la persona sosten&#x00ED;a efectivamente una porci&#x00F3;n de cerebro en la mano. En el segundo, no estaba presente ese fragmento de cerebro, la persona estaba durmiendo. Sin embargo, desde el punto de vista del contenido de la experiencia, son exactamente iguales. M&#x00E1;s a&#x00FA;n, sin alg&#x00FA;n elemento externo que venga a demostrarle a la persona que se encuentra en situaci&#x00F3;n de vigilia, no hay posibilidad ninguna de que pueda diferenciar ambas experiencias, ni determinar el grado de “realidad” que cada una de ellas tiene –entendiendo por realidad la correlaci&#x00F3;n con el elemento externo que suscita la experiencia—. En la filosof&#x00ED;a de Zubiri tiene perfecto sentido afirmar que ambas son reales en la aprehensi&#x00F3;n, si bien eso que es dado en la aprehensi&#x00F3;n nos lanza m&#x00E1;s all&#x00E1;, en busca de la realidad del mundo. </p>

			<p>En el fondo, esto es algo de lo que tenemos una inquietante experiencia todas las personas: la ausencia de una completa seguridad acerca de nuestra propia existencia, de nuestros propios pensamientos o de nuestra propia conciencia. Es lo que la exitosa pel&#x00ED;cula de Christopher Nolan, <italic>Inception</italic> (Origen) quiere plantearnos: ¿c&#x00F3;mo podr&#x00ED;amos saber si estamos so&#x00F1;ando, c&#x00F3;mo distinguir la realidad de la ficci&#x00F3;n, c&#x00F3;mo generar ideas que cambien la identidad y las acciones de los individuos? No es un tema nuevo en el cine, algo de esto se encontraba en la archiconocida y m&#x00ED;tica <italic>Matrix</italic>, o en la menos conocida pero sorprendentemente profunda <italic>The Thirteenth Floor</italic>. </p>

			<p>Esto es lo que planteara Descartes, al sospechar que todo lo que habita la mente puede no tener un correlato emp&#x00ED;rico. En sus <italic>Meditaciones</italic> explicaba la dificultad de saber cu&#x00E1;l es la “realidad real”, pues los sue&#x00F1;os lo parecen mientras estamos so&#x00F1;ando, pero otro tanto ocurre en la situaci&#x00F3;n de vigilia. Por supuesto, la pel&#x00ED;cula de Nolan no se limita a establecer esta duda, sino que tambi&#x00E9;n invita al espectador a un mim&#x00E9;tico desenmascaramiento de su subconsciente, acompa&#x00F1;ando al protagonista en el proceso psicol&#x00F3;gico de hacer visible y “real” lo que sustenta y subyace en los sue&#x00F1;os, su b&#x00FA;squeda de su identidad y, de nuevo, la duda sobre si &#x00E9;sta es m&#x00E1;s real en la realidad o en los sue&#x00F1;os. De hecho, el poder de la creatividad y el ensalzamiento de los sue&#x00F1;os est&#x00E1; presente en muchas de las expresiones de los personajes de la pel&#x00ED;cula, al destacar su capacidad de generar mundos imaginados, de hacer posible lo imposible, e insistiendo en que la realidad dada ya no es suficiente. </p>

			<p>Probablemente esto guarda relaci&#x00F3;n con la convicci&#x00F3;n zubiriana de que el ser humano tiene una capacidad de forjar lo irreal, dada su situaci&#x00F3;n vital de fluencia, de oscilaci&#x00F3;n entre lo real y lo irreal. Los proyectos, seg&#x00FA;n este autor, suponen un grado de irrealidad, que obliga a ir m&#x00E1;s all&#x00E1; del atenimiento a la realidad, hacia el &#x00E1;mbito de lo irreal. Dicho de otro modo: lo irreal es necesario para poder vivir en la realidad (Zubiri, <xref ref-type="bibr" rid="CIT32">2005</xref>).</p>

			<p>La sospecha sobre la realidad y la incapacidad de distinguirla del sue&#x00F1;o tambi&#x00E9;n se encuentra en la obra de Unamuno “Niebla” de 1914, donde su propio personaje pone en cuesti&#x00F3;n si el autor no ser&#x00E1; &#x00E9;l mismo un ser so&#x00F1;ado, creyendo en una realidad ficticia. Y afirma: <italic>“¿qu&#x00E9; es el mundo real sino el sue&#x00F1;o que so&#x00F1;amos todos; el sue&#x00F1;o com&#x00FA;n?”.</italic> Y aparece tambi&#x00E9;n en autores m&#x00E1;s cl&#x00E1;sicos, pues es lo que comenta Pedro Calder&#x00F3;n de la Barca en “La vida es sue&#x00F1;o”. Estas son las palabras de Segismundo: </p>

						<disp-quote><p>«Cielos, si es verdad que sue&#x00F1;o, suspendedme la memoria, que no es posible que quepan en un sue&#x00F1;o tantas cosas. ¡V&#x00E1;lgame Dios! ¡Qui&#x00E9;n supiera o saber salir de todas, o no pensar en ninguna!.» (Calder&#x00F3;n de la Barca, <xref ref-type="bibr" rid="CIT05">1647/1997</xref>, p. 183)</p></disp-quote>

						<disp-quote><p>«Estamos en un mundo tan singular, que el vivir s&#x00F3;lo es so&#x00F1;ar; y la experiencia me ense&#x00F1;a que el hombre que vive sue&#x00F1;a lo que es hasta despertar. (…) </p>

						<p>Sue&#x00F1;a el rico en su riqueza que m&#x00E1;s cuidados le ofrece; sue&#x00F1;a el pobre que padece su miseria y su pobreza; sue&#x00F1;a el que a medrar empieza, sue&#x00F1;a el que afana y pretende, sue&#x00F1;a el que agravia y ofende; y en el mundo, en conclusi&#x00F3;n, todos sue&#x00F1;an lo que son, aunque ninguno lo entiende.</p>

						<p>Yo sue&#x00F1;o que estoy aqu&#x00ED; destas prisiones cargado, y so&#x00F1;&#x00E9; que en otro estado m&#x00E1;s lisonjero me v&#x00ED;. ¿Qu&#x00E9; es la vida? Un frenes&#x00ED;. ¿Qu&#x00E9; es la vida? Una ilusi&#x00F3;n, una sombra, una ficci&#x00F3;n, y el mayor bien es peque&#x00F1;o; que toda la vida es sue&#x00F1;o, y los sue&#x00F1;os, sue&#x00F1;os son.» (Calder&#x00F3;n de la Barca, <xref ref-type="bibr" rid="CIT05">1647/1997</xref>, pp. 156-157).</p></disp-quote>

			<p>Podemos tener un conocimiento de la realidad externa a nosotros mismos, y tambi&#x00E9;n de los contenidos mentales de nuestra experiencia, sin embargo, la situaci&#x00F3;n del ser humano, desde el punto de vista epistemol&#x00F3;gico, ser&#x00ED;a la de una limitaci&#x00F3;n intr&#x00ED;nseca, que los datos cient&#x00ED;ficos no pueden superar. No hay ninguna caracter&#x00ED;stica de nuestros contenidos mentales que marque la diferencia entre vigilia y sue&#x00F1;o. El recurso que <italic>Inception</italic> utiliza del totem (una peque&#x00F1;a pieza u objeto) como dato de realidad, no es posible, pues tambi&#x00E9;n puede ser so&#x00F1;ado.</p>

			<p>Pues bien, siguiendo las distinciones t&#x00ED;picas de la fenomenolog&#x00ED;a, podemos afirmar con Metzinger, que el contenido fenom&#x00E9;nico de las representaciones mentales es independiente de que sea ver&#x00ED;dico. Es algo que se da en la experiencia, consciente o no, desde una perspectiva en primera persona y, sin duda, est&#x00E1; determinado por propiedades internas del cerebro. La posibilidad de una descripci&#x00F3;n cient&#x00ED;fica objetiva o de unos modelos cient&#x00ED;ficos de la conciencia pasa necesariamente por una cooperaci&#x00F3;n intersubjetiva. Si los individuos humanos tienen la experiencia de un cerebro gris y blando, sus propios cerebros activar&#x00E1;n los modelos fenom&#x00E9;nicos individuales de la realidad. Desde un punto de vista emp&#x00ED;rico, todos esos cerebros est&#x00E1;n implicados en una relaci&#x00F3;n perceptiva sobre datos visuales y t&#x00E1;ctiles. Los modelos de realidad se anclan en los modelos fenom&#x00E9;nicos, lo que a este autor le lleva a pensar que se caracterizan por un cierto realismo ingenuo.</p>

			<p>Zubiri se enfrent&#x00F3; al mismo problema, pero su soluci&#x00F3;n es algo diferente. Los juicios de la raz&#x00F3;n son necesariamente provisionales, hist&#x00F3;ricos, revisables y no pueden considerarse absolutamente verdaderos. Ello es debido a que la riqueza de la realidad es inagotable y a que nuestra capacidad de comprensi&#x00F3;n y explicaci&#x00F3;n, basada en datos emp&#x00ED;ricos y juicios de experiencia, es limitada. Sin embargo, la raz&#x00F3;n esboza hip&#x00F3;tesis bas&#x00E1;ndose en las experiencias, en las percepciones, y &#x00E9;stas no son meras construcciones vac&#x00ED;as, sino intuiciones primarias de una realidad que se nos impone. </p>

			<p>Aquello a lo que la inteligencia tiene acceso es a la realidad, y esto no es una forma de realismo ingenuo. Lo ser&#x00ED;a si pens&#x00E1;ramos que podemos tener un acceso directo a la realidad y, con ello, alcanzar una verdad como adecuaci&#x00F3;n de nuestro entendimiento con la cosa misma. Sin embargo, lo que Zubiri dice es bien diferente: se trata de afirmar que en el acto de intelecci&#x00F3;n, lo que se intelige es real, y que el ser humano tiene la capacidad no s&#x00F3;lo de aprehender algo, sino de aprehenderlo como real. Desde aqu&#x00ED; se podr&#x00E1;n realizar las descripciones de esa experiencia de un modo m&#x00E1;s o menos afinado, pero siempre estar&#x00E1;n basadas en algo real. Y, por supuesto, en esas descripciones se har&#x00E1;n patentes los datos de las neurociencias –o de cualquier otra ciencia pertinente a la cuesti&#x00F3;n—, los presupuestos ling&#x00FC;&#x00ED;sticos y metodol&#x00F3;gicos propios de una determinada altura de los tiempos y, en definitiva, los factores hist&#x00F3;rico-culturales que influyan en las explicaciones. </p>

			<p>Lo radical de la aportaci&#x00F3;n zubiriana es la afirmaci&#x00F3;n de que esa capacidad, espec&#x00ED;ficamente humana, de hab&#x00E9;rselas con las cosas como realidades es lo que formalmente constituye la inteligencia.</p>

						<disp-quote><p>«La inteligencia no est&#x00E1; constituida, como viene dici&#x00E9;ndose desde Plat&#x00F3;n y Arist&#x00F3;teles, por la capacidad de ver o de formar «ideas», sino por esta funci&#x00F3;n mucho m&#x00E1;s modesta y elemental: aprehender las cosas no como puros est&#x00ED;mulos, sino como realidades. Toda ulterior actividad intelectiva, es un mero desarrollo de &#x00E9;sta su &#x00ED;ndole formal.» (Zubiri, <xref ref-type="bibr" rid="CIT25">1963</xref>, p. 18)</p></disp-quote>

			<p>Las cosas pueden presentarse como est&#x00ED;mulos y como realidades, pero el ser humano tiene la posibilidad de hacerse cargo de la situaci&#x00F3;n y entender los est&#x00ED;mulos como reales. Se convierten entonces los est&#x00ED;mulos percibidos en algo que no s&#x00F3;lo afecta al organismo, sino que posee una estructura “de suyo”. Esto es posible porque el ser humano tiene un cerebro hiperformalizado, m&#x00E1;s desarrollado y capaz de elaborar diferentes respuestas ante un mismo est&#x00ED;mulo, por tanto relativamente indeterminado. Lo cual significa que el ser humano es una realidad constitutivamente abierta.</p>

			<p>Se puede decir as&#x00ED; que la inteligencia tiene una funci&#x00F3;n biol&#x00F3;gica: hacerse cargo de la situaci&#x00F3;n para seleccionar la respuesta m&#x00E1;s adecuada. Desde esta perspectiva, tambi&#x00E9;n Zubiri podr&#x00ED;a afirmar que es pertinente la convicci&#x00F3;n de la epistemolog&#x00ED;a naturalizada de que el cerebro nos adapta evolutivamente para la supervivencia. Sin embargo, va m&#x00E1;s all&#x00E1;.</p>

						<disp-quote><p>«En primer lugar, su funci&#x00F3;n primariamente biol&#x00F3;gica. Inteligir es algo irreductible a toda forma de puro sentir. Pero sin embargo, es algo intr&#x00ED;nsecamente «uno» con esta &#x00FA;ltima funci&#x00F3;n. Y esto, por lo menos, en tres aspectos : <italic>a</italic>), el cerebro no intelige, pero es el &#x00F3;rgano que coloca al hombre en la situaci&#x00F3;n de tener que inteligir para poder perdurar biol&#x00F3;gicamente; el cerebro tiene, en este aspecto, una funci&#x00F3;n exigitiva, precisamente por su hiperformalizaci&#x00F3;n; <italic>b</italic>),<italic> </italic>pero el cerebro tiene una funci&#x00F3;n aun m&#x00E1;s honda en orden a la intelecci&#x00F3;n: es que sin la actividad cerebral, el hombre no podr&#x00ED;a mantenerse en vilo para inteligir; <italic>c</italic>) el cerebro no s&#x00F3;lo «despierta» al hombre y le «hace tener que» inteligir, es que adem&#x00E1;s, dentro de ciertos l&#x00ED;mites, perfila y «circunscribe el tipo» de posible intelecci&#x00F3;n. De aqu&#x00ED; que, a pesar de que inteligencia y sensibilidad, sean irreductibles, sin embargo constituyen una estructura profundamente unitaria. No hay cesura ninguna en la serie biol&#x00F3;gica. En el hombre, todo lo biol&#x00F3;gico es mental, y todo lo mental es biol&#x00F3;gico.» (Zubiri, <xref ref-type="bibr" rid="CIT25">1963</xref>, p. 19)</p></disp-quote>

			<p>Pero tambi&#x00E9;n, al situarlo en la realidad, la inteligencia deja al ser humano en el mundo de las posibilidades, en una situaci&#x00F3;n de apertura al mundo. Desde aqu&#x00ED; es desde donde se puede justificar que el ser humano ha de hacer su vida, ha de crear su propia historia y de ello es de lo que ha de hacerse responsable. Por eso, necesariamente, el ser humano est&#x00E1; abocado a la &#x00E9;tica.</p>

			<p>En este necesario realizar su vida apropi&#x00E1;ndose de determinadas posibilidades y no de otras es donde surge la realidad moral. </p>

						<disp-quote><p>«La realidad sustantiva cuyo car&#x00E1;cter “f&#x00ED;sico” es tener propiedades necesariamente por apropiaci&#x00F3;n, es justo lo que yo entiendo por realidad moral.» (Zubiri, <xref ref-type="bibr" rid="CIT28">1986</xref>, p. 345) </p></disp-quote>

			<p>Es decir, la sustantividad humana tiene la caracter&#x00ED;stica de apropiarse posibilidades de vida, de manera inexorable, de tal modo que “lo” moral es una dimensi&#x00F3;n “f&#x00ED;sica” del ser humano, podr&#x00ED;amos decir que le es inherente, el ser humano es realidad moral porque es sustantividad personal. </p>

						<disp-quote><p>«Que el hombre tenga una dimensi&#x00F3;n moral es algo que pertenece a su realidad “f&#x00ED;sica”. La virtud no es ciertamente algo que el hombre tenga por naturaleza, pero es algo m&#x00E1;s que un mero valor: es una apropiaci&#x00F3;n real y f&#x00ED;sica de determinadas posibilidades de vida, es decir, es un momento de mi ser personal, de mi personalidad. Y justo esto es lo que a mi modo de ver constituye la dimensi&#x00F3;n moral del hombre, “lo” moral del hombre. No es necesario que el hombre tenga tal virtud determinada, pero es f&#x00ED;sicamente inexorable que tenga alguna. Lo cual quiere decir que “lo” moral es una dimensi&#x00F3;n “f&#x00ED;sica” del hombre. Lo moral es a su modo f&#x00ED;sico. “La” moral en el sentido de valores, bienes, y deberes s&#x00F3;lo es posible fundada en “lo” moral del hombre. S&#x00F3;lo hay bien moral porque el hombre es moral.» (Zubiri, <xref ref-type="bibr" rid="CIT26">1984a</xref>, p. 207)</p></disp-quote>

			</sec>			
			
			<sec id="S3">
			
			<title>3. LOS CORRELATOS NEURALES DE LA MORAL Y EL SER HUMANO COMO SER MORAL</title>

			<p>Otro planteamiento de la investigaci&#x00F3;n neurocient&#x00ED;fica, ligado al anterior, que a&#x00FA;n va m&#x00E1;s all&#x00E1; en su intento de explicar la mente o la conciencia, es la b&#x00FA;squeda de sus correlatos neurales. Se tratar&#x00ED;a de aislar los correlatos neuronales m&#x00ED;nimos suficientes para tipos espec&#x00ED;ficos de contenidos fenom&#x00E9;nicos. Aunque esto suponga necesariamente que dichos correlatos sean relativos a un sistema, y que est&#x00E9;n influidos por condiciones internas y externas, permitir&#x00ED;a describir un conjunto m&#x00ED;nimo suficiente para activar ciertos contenidos conscientes en la mente del sujeto.</p>

			<p>El problema, de nuevo, reside en los posibles malentendidos y reduccionismos, pues es evidente que mostrar emp&#x00ED;ricamente la existencia de una correlaci&#x00F3;n no es lo mismo que lograr una explicaci&#x00F3;n. Se van definiendo en los diversos estudios correlaciones entre estados o procesos cerebrales y estados de conciencia, pero no queda claro si hay una relaci&#x00F3;n causal entre ellos. De hecho, las interpretaciones podr&#x00ED;an ser muy variadas: desde el monismo materialista m&#x00E1;s extendido que entender&#x00ED;a que el estado mental y el estado cerebral son id&#x00E9;nticos, son la misma cosa, si bien vista desde el lado del sujeto o desde el dato objetivo; hasta una posici&#x00F3;n dualista, que considerase el estado mental como algo completamente diferente del proceso cerebral; o un resultado suyo, en la interpretaci&#x00F3;n epifenomenalista. Con ello se pone de manifiesto que el papel de las teor&#x00ED;as es esencial para poder dar sentido a los datos obtenidos en la investigaci&#x00F3;n emp&#x00ED;rica, y que ninguna afirmaci&#x00F3;n o hip&#x00F3;tesis est&#x00E1; exenta de valores y conceptos propios del paradigma vigente en el que se inscribe.</p>

			<p>Con este tipo de respuestas se pretende resolver el cl&#x00E1;sico problema mente-cerebro. Es un notable ejemplo de c&#x00F3;mo todas estas investigaciones est&#x00E1;n poniendo en cuesti&#x00F3;n la propia labor de la filosof&#x00ED;a (Brook y Akins, <xref ref-type="bibr" rid="CIT04">2005</xref>), cuya validez y necesidad son puestas en duda por quienes consideran que sus problemas ser&#x00E1;n resueltos ahora por las neurociencias, en una suerte de renovado positivismo que, sin embargo, tiene una insospechada fuerza. Como dice Zubiri:</p>

						<disp-quote><p>«El auge del ciencismo viene determinado no tanto por un racionalismo o por una cr&#x00ED;tica positivista del conocimiento, como por esta convicci&#x00F3;n profunda de que en la ciencia se sirve al hombre la &#x00FA;nica parcela de realidad que le es accesible con certeza.» (Zubiri, <xref ref-type="bibr" rid="CIT29">1987</xref>, p. 91)</p></disp-quote>

			<p>Algunos autores consideran que el exceso de &#x00E9;nfasis en los logros de la neurociencia para dar respuesta a los problemas filos&#x00F3;ficos da lugar a un reduccionismo simplificador y materialista en las explicaciones o, lo que es peor, a un absurdo que Maxwell Bennet y Daniel Hacker denominan “falacia mereol&#x00F3;gica” (Bennett y Hacker, <xref ref-type="bibr" rid="CIT03">2003</xref>; Bennett, Dennett, Hacker y Searle, <xref ref-type="bibr" rid="CIT02">2007</xref>). Seg&#x00FA;n estos autores, las descripciones neurocient&#x00ED;ficas atribuyen toda clase de funciones al cerebro, convirti&#x00E9;ndose &#x00E9;ste as&#x00ED; en el agente de dichas acciones. Es decir, se le asignan al cerebro poderes y actividades que corresponden a un sujeto sintiente, lo que supone un grave error, al tomar la parte por el todo. </p>

			<p>En la misma l&#x00ED;nea se sit&#x00FA;a Alva No&#x00EB; al afirmar que «el sujeto que experimenta no es una parte del cuerpo. No somos nuestro cerebro, sino que el cerebro es una parte de lo que somos.» (No&#x00EB;, <xref ref-type="bibr" rid="CIT15">2010</xref>, p. 24) Y por ello, para entender fen&#x00F3;menos complejos, como la conciencia, la capacidad de pensar, sentir y comprender el mundo, «debemos considerar un sistema m&#x00E1;s amplio, del que el cerebro no es sino un elemento m&#x00E1;s. (…) La conciencia requiere la operaci&#x00F3;n conjunta del cerebro, el cuerpo y el mundo.» (No&#x00EB;, <xref ref-type="bibr" rid="CIT15">2010</xref>, p. 27) No se trata de que la mente sea sustituida por el cerebro, como parecen defender autores como P. Churchland (<xref ref-type="bibr" rid="CIT08">1989</xref>), y que, por tanto, las explicaciones te&#x00F3;ricas puedan suplirse con explicaciones emp&#x00ED;ricas, sino de que el cerebro es el sustrato material de la mente, pero &#x00E9;sta es propia de los sujetos, no del cerebro por s&#x00ED; mismo. Los cerebros no tienen mente, las personas s&#x00ED;.</p>

			<p>Los trabajos de Pedro La&#x00ED;n Entralgo sobre cuerpo y mente son buena muestra de que Zubiri coincidir&#x00ED;a en estas afirmaciones, pues est&#x00E1;n construidos en buena medida sobre la filosof&#x00ED;a de este autor (La&#x00ED;n Entralgo, <xref ref-type="bibr" rid="CIT12">1989</xref> y <xref ref-type="bibr" rid="CIT13">1991</xref>). La concepci&#x00F3;n zubiriana del ser humano como un sistema de notas, de las cuales una es la inteligencia que procede de un “dar de s&#x00ED;” de la materia misma, hace pensar que el cerebro s&#x00F3;lo puede considerarse como el &#x00F3;rgano que soporta la capacidad de inteligir, pero que es del ser humano, como un todo, del que puede decirse que piensa, razona, siente o decide. </p>

			<p>El ser humano es una sustantividad con car&#x00E1;cter psico-org&#x00E1;nico, lo cual supone la existencia de dos subsistemas de notas, unas org&#x00E1;nicas y otras ps&#x00ED;quicas. Pero el sistema configurado por unas y otras tiene propiedades que corresponden al conjunto, no a ninguna de las notas constitutivas. Como se&#x00F1;ala Diego Gracia (<xref ref-type="bibr" rid="CIT11">2009</xref>), el psiquismo espec&#x00ED;ficamente humano es el resultado del proceso de complejizaci&#x00F3;n de las propias estructuras de su realidad. Es una nueva funci&#x00F3;n, surgida por sistematismo de las propias estructuras biol&#x00F3;gicas. Pero la inteligencia no podr&#x00ED;a ser el resultado del mero sistematismo de notas materiales, pues es una cualidad nueva de enorme importancia, que ha de afirmarse con car&#x00E1;cter esencial y constitutivo. Por tanto ha de ser una nota elemental, no una nota sistem&#x00E1;tica.</p>

						<disp-quote><p>«No es una nota sistem&#x00E1;tica. Se trata, por el contrario, de un elemento nuevo pero elemental, bien que exigido desde las estructuras materiales hiperformalizadas e intr&#x00ED;nsecamente y formalmente modulado por ellas.» (Zubiri, <xref ref-type="bibr" rid="CIT27">1984b</xref>, p. 97)</p></disp-quote>

			<p>La tesis de Zubiri es emergentista: no es posible saltar del orden de la estimulidad al orden de la realidad, lo cual significa que por mera complejizaci&#x00F3;n de las estructuras no puede darse la “elevaci&#x00F3;n” de la materia a inteligencia, sin embargo dicha complejizaci&#x00F3;n es imprescindible para que ese salto se produzca. Posiblemente, los datos de la neurociencia actual habr&#x00ED;an permitido a Zubiri articular mejor y en m&#x00E1;s profundidad estos planteamientos. No obstante, no cabe duda de que ser&#x00ED;a defensor de una posici&#x00F3;n m&#x00E1;s hol&#x00ED;stica y basada en interacciones complejas, que de un reduccionismo materialista como el que ahora resulta m&#x00E1;s frecuente.</p>
			
			</sec>
			
			<sec id="S4">

			<title>4. LA IDEA DE UNA NATURALEZA HUMANA</title>

			<p>Los debates filos&#x00F3;ficos propiciados por la neurociencia no son nuevos. Como se ha indicado, retoman en buena medida viejas discusiones –y en muchas ocasiones sin el suficiente bagaje como para interpretar adecuadamente los nuevos resultados emp&#x00ED;ricos—. No es extra&#x00F1;o, pues, observar c&#x00F3;mo los grandes fil&#x00F3;sofos han abordado estas cuestiones con una sorprendente actualidad. Aunque sus datos sean anteriores al gran avance del conocimiento generado en la llamada d&#x00E9;cada del cerebro –los a&#x00F1;os 90 del siglo XX—, Zubiri est&#x00E1; situado en el mismo tipo de debate que en la actualidad sostienen autores como Steven Pinker y otros acerca de la existencia de una naturaleza humana. </p>

			<p>Pinker afirma que existen diferencias innatas de comportamiento que resultan significativas entre los individuos, y tambi&#x00E9;n entre los varones y las mujeres. Este tipo de planteamientos ha reabierto un viejo debate relativo a la influencia de lo biol&#x00F3;gico-gen&#x00E9;tico y lo ambiental-cultural en la configuraci&#x00F3;n de los sujetos. Es la cl&#x00E1;sica distinci&#x00F3;n entra naturaleza y cultura, que vuelve a resurgir al enfatizarse los aspectos neurofisiol&#x00F3;gicos del ser humano y considerarlos determinantes. </p>

			<p>Seg&#x00FA;n Pinker (Pinker, <xref ref-type="bibr" rid="CIT17">1995</xref>, <xref ref-type="bibr" rid="CIT18">2001</xref> y <xref ref-type="bibr" rid="CIT19">2003</xref>), el miedo a afirmar una naturaleza humana, con ra&#x00ED;z en la gen&#x00E9;tica, responde a cuatro temores b&#x00E1;sicos: en primer lugar, la desigualdad, ya que si las personas tuvieran, por naturaleza, facultades mentales diferentes, esto significar&#x00ED;a una mejor dotaci&#x00F3;n para ciertas actividades, lo cual podr&#x00ED;a dar lugar a discriminaciones o a una nueva forma de eugenesia. En segundo lugar, la imperfecci&#x00F3;n, pues si la gente tiene ciertos sentimientos de modo innato, todo af&#x00E1;n socio-pol&#x00ED;tico por crear un mundo m&#x00E1;s justo es una p&#x00E9;rdida de tiempo. El cambio social s&#x00F3;lo puede tener lugar si hay espacio para la transformaci&#x00F3;n. En tercer lugar, el determinismo, es decir, la imposibilidad de atribuir responsabilidad a los agentes, pues ellos estar&#x00ED;an siempre actuando conforme al patr&#x00F3;n que marca su cerebro, sus genes o su evoluci&#x00F3;n. En &#x00FA;ltimo lugar, el nihilismo, en tanto que si los motivos y los valores humanos son productos de la fisiolog&#x00ED;a cerebral, forzados por la propia evoluci&#x00F3;n, en realidad no existir&#x00ED;an, tan s&#x00F3;lo ser&#x00ED;an resultados explicables biol&#x00F3;gicamente.</p>

			<p>En su opini&#x00F3;n, todos estos miedos obedecen a concepciones err&#x00F3;neas y no se siguen necesariamente de la afirmaci&#x00F3;n de una naturaleza humana. Por ello, considera que es compatible la afirmaci&#x00F3;n de la libertad, de la toma de decisiones o del perfeccionamiento por medio de factores ambientales, aun asumiendo la existencia de una naturaleza dependiente de factores gen&#x00E9;ticos. Por ello critica tres afirmaciones frecuentes, que responden a ideas bastante cl&#x00E1;sicas: en nuestro mundo contempor&#x00E1;neo se habr&#x00ED;a instalado, seg&#x00FA;n su diagn&#x00F3;stico, una convicci&#x00F3;n acerca de que la mente es una tabla rasa, de modo que no existen capacidades o temperamentos innatos, sino que todos son generados por el aprendizaje, la cultura y la sociedad. Tambi&#x00E9;n, al afirmar esta condici&#x00F3;n, el ser humano ser&#x00ED;a bueno por naturaleza, el mito del buen salvaje que no tiene maldad inherente, sino generada por una corrupci&#x00F3;n externa propiciada por la sociedad. Y, finalmente, en la medida en que lo m&#x00E1;s importante de nosotros mismos es de alguna manera independiente de nuestra biolog&#x00ED;a, nuestras posibilidades de experiencias y decisiones no pueden explicarse por razones fisiol&#x00F3;gicas ni evolutivas. Estas son las ideas que se ven comprometidas por los datos de las ciencias actuales, especialmente la gen&#x00E9;tica y la neurofisiolog&#x00ED;a. No obstante, la evidencia emp&#x00ED;rica se interpreta como una amenaza y, por ello, se combate en nombre de la defensa del ser humano.</p>

			<p>Pinker no tiene reparos en afirmar, a partir de los datos cient&#x00ED;ficos, que existen diferencias biol&#x00F3;gicas –gen&#x00E9;ticas, neurol&#x00F3;gicas, etc.— entre los individuos, y que &#x00E9;stas son determinantes. En este sentido, los seres humanos no ser&#x00ED;an tablas rasas, sino que dispondr&#x00ED;an de una serie de posibilidades o limitaciones innatas, que, no obstante, pueden ser, al menos parcialmente, modificadas. Enfatizar estos elementos frente a la fuerza de las explicaciones socioculturales no es, en su opini&#x00F3;n, incompatible con la defensa de los m&#x00E1;s vulnerables, con la lucha por la igualdad, o con la b&#x00FA;squeda de la justicia. Por ejemplo, en relaci&#x00F3;n a las diferencias entre varones y mujeres, Pinker subraya la importancia capital que tiene distinguir entre la proposici&#x00F3;n moral de que las personas no deben ser discriminadas por motivo de sexo, que &#x00E9;l considera el n&#x00FA;cleo del feminismo, y la proposici&#x00F3;n emp&#x00ED;rica de que hombres y mujeres son biol&#x00F3;gicamente indistinguibles (Feito, <xref ref-type="bibr" rid="CIT09">2008</xref>). Para &#x00E9;l, resulta evidente que son dos cosas diferentes, y que la distinci&#x00F3;n entre sexos no obsta a la lucha contra la discriminaci&#x00F3;n, sino que, antes bien, considera que es esencial, precisamente para proteger ese n&#x00FA;cleo del feminismo (<italic>The Science of Gender and Science</italic>). </p>

			<p>Su compromiso sociopol&#x00ED;tico puede ser correcto, pero en el &#x00E1;mbito de la explicaci&#x00F3;n de lo humano se le ha criticado a Pinker por incurrir en ese tipo de reduccionismo que resulta tan frecuente en nuestros d&#x00ED;as, al pretender que las ciencias ser&#x00E1;n capaces de ofrecer una explicaci&#x00F3;n completa del ser humano. De hecho, cada vez enfatiza m&#x00E1;s que es posible explicar la inteligencia humana como un proceso evolutivo de selecci&#x00F3;n natural (Pinker, <xref ref-type="bibr" rid="CIT20">2010</xref>). Para defender su opini&#x00F3;n se apoya en dos hip&#x00F3;tesis: por un lado, que los seres humanos evolucionaron para rellenar un “nicho cognitivo”, es decir un modo de supervivencia caracterizado por la manipulaci&#x00F3;n del entorno a trav&#x00E9;s del razonamiento causal y la cooperaci&#x00F3;n social. Por otro lado, que las facultades psicol&#x00F3;gicas que evolucionaron para prosperar en el nicho cognitivo se pueden definir como dominios de proceso de abstracci&#x00F3;n metaf&#x00F3;rica y combinaci&#x00F3;n productiva, que se hacen patentes en el lenguaje humano. </p>

			<p>Esta cuesti&#x00F3;n –expuesta aqu&#x00ED; de un modo muy resumido—, la idea de una naturaleza humana, est&#x00E1; sin duda en la l&#x00ED;nea de las preocupaciones de Zubiri, si bien su modo de enfocar la cuesti&#x00F3;n es bien diferente, al referirse a “el hombre” como una suerte de universal abstracto que puede describirse sin atender a los contextos en que vive, a la peculiaridad de su existencia. Cabe preguntarse si es posible realizar tal descripci&#x00F3;n “pura”, sin tomar en consideraci&#x00F3;n, por ejemplo, el factor cultural. Pero es bien sabido que Zubiri no dijo mucho sobre las diferencias entre g&#x00E9;neros o sobre el multiculturalismo, lo cual no deja de ser sorprendente.</p>

			<p>El ser humano parece irreductible a su naturaleza, pero sin duda es naturaleza, pues su condici&#x00F3;n f&#x00ED;sica y biol&#x00F3;gica son inexcusables y condicionan o posibilitan su mismo modo de ser. Pero al mismo tiempo, algo de raz&#x00F3;n ten&#x00ED;a Ortega y Gasset al afirmar que el ser humano tiene historia y que, por tanto, es algo m&#x00E1;s o diferente, propio de esa formalidad de realidad que coloca a las personas en un espacio construido, propio, habitado y posibilitante que es el mundo.</p>

						<disp-quote><p>“El hombre es la &#x00FA;nica cosa que no se comprende adecuadamente por su sola realidad efectiva, sino m&#x00E1;s bien por sus posibilidades de ser”. (Zubiri, <xref ref-type="bibr" rid="CIT30">2002</xref>, p. 295)</p></disp-quote>

			<p>El ser humano, seg&#x00FA;n Zubiri, se encuentra en una situaci&#x00F3;n radicalmente distinta con respecto al resto de los seres vivos, puesto que se encuentra arraigado en su naturaleza y conjug&#x00E1;ndola con su libertad. La implantaci&#x00F3;n en la realidad forma una uni&#x00F3;n indisoluble con la libertad que el ser humano va haciendo, por apropiaci&#x00F3;n, conformando de este modo su vida. Por eso el enfrentamiento con las cosas como realidades es espec&#x00ED;fico de una inteligencia sentiente y es tambi&#x00E9;n lo que torna la tendencia en volici&#x00F3;n, y la afecci&#x00F3;n en sentimiento.</p>

			<p>Adem&#x00E1;s, como animal de realidades, el ser humano tiene que realizar el modo de realidad que le es propio: el ser persona. Esa peculiaridad es la que le permite que su modo de ser real sea la autoposesi&#x00F3;n, es decir, estar sobre s&#x00ED;, ser <italic>suyo</italic>, y esto es lo que le confiere su <italic>personeidad</italic>, su ser persona. La forma de realidad humana, la personeidad, adquiere despu&#x00E9;s modulaciones concretas que son su personalidad. Cuando hablamos de persona, por tanto, entendemos por tal la unidad concreta de la personeidad seg&#x00FA;n la personalidad. Esto quiere decir que hay un cierto elemento “constructivo” en la configuraci&#x00F3;n de la personalidad, dependiente en parte de las posibilidades biol&#x00F3;gicas que ese sujeto concreto tiene, y en parte de las posibilidades ambientales, temporales, hist&#x00F3;ricas y culturales que se le abren en su mundo.</p>

						<disp-quote><p>“Por ello, la cuesti&#x00F3;n del ser del hombre jam&#x00E1;s podr&#x00E1; ser resuelta por v&#x00ED;a naturalista, porque el hombre existe personalmente”. En suma, el hombre tiene naturaleza e historia; y en el marco de su naturaleza, el hombre inscribe su existencia personal. De manera que una persona determinada es lo que en su historia y en su vida le pertenece; porque “no todo lo que pasa en m&#x00ED; o conmigo es m&#x00ED;o”. (Zubiri, <xref ref-type="bibr" rid="CIT30">2002</xref>, pp. 297-298).</p></disp-quote>

			<p>Puede interpretarse que la dimensi&#x00F3;n de personalidad abre ese espacio hist&#x00F3;rico y cultural, sin el cual la vida humana no ser&#x00ED;a realmente humana. El ser humano es agente y autor de su propia vida, constructor de su biograf&#x00ED;a. Y esa vida que la persona ejecuta tambi&#x00E9;n est&#x00E1; condicionada por una determinada &#x00E9;poca, un determinado contexto socio-cultural, unas determinadas peculiaridades individuales, etc., lo que conforma todo un contexto que ya le viene dado a la hora de ejecutar sus acciones.</p>

						<disp-quote><p>«El hombre es as&#x00ED;, ante todo, agente de sus actos, o lo que es lo mismo, es el agente de su vida: se posee a s&#x00ED; mismo por la actuaci&#x00F3;n de sus potencias y facultades (…) a la vez que agente de su vida, es actor de su propia vida. La persona es en cierto modo, el gran personaje de su vida.» (Zubiri, <xref ref-type="bibr" rid="CIT26">1984a</xref>, p. 77)</p></disp-quote>

			<p>El ser humano se encuentra en un espacio de posibilidades, abierto a la realidad misma por la inteligencia. Esta capacidad es la que permite que las acciones ejecutadas lo sean en vista a la propia realidad del sujeto en tanto que realidad. Es decir, el ser humano se “va haciendo” en su fluir en la realidad. Y las acciones realizadas van configurando una figura del yo. La conciencia as&#x00ED; no es tan s&#x00F3;lo una transici&#x00F3;n entre estados de cosas, como si s&#x00F3;lo fuera un espectador de lo que ocurre, sino que proyecta la propia realidad. El recorrido de la vida humana alcanza su unidad interna complet&#x00E1;ndose y configur&#x00E1;ndose en la realidad, pues cada acci&#x00F3;n revierte sobre la realidad del mismo ser humano. (Zubiri, <xref ref-type="bibr" rid="CIT32">2005</xref>) Por eso Zubiri, al enfatizar este aspecto constructivo, fluyente e inacabado, se apoya en la realidad f&#x00ED;sica y en el &#x00E1;mbito o campo de posibilidades dadas, pero explica al ser humano como una interacci&#x00F3;n que deviene, cambia, se constituye y da como resultado una nueva realidad.</p>

			<p>Probablemente, considerar que el ser humano puede describirse por su naturaleza, es decir por su condici&#x00F3;n gen&#x00E9;tica, por sus rasgos biol&#x00F3;gicos –lo que configura su personeidad—, y por su apropiaci&#x00F3;n de posibilidades, la forma de personalidad que va adquiriendo, que es din&#x00E1;mica, abierta, cambiante, e inconclusa, es una visi&#x00F3;n compleja y acorde con los datos cient&#x00ED;ficos. De esta manera, los avances en la neurociencia actual le proporcionar&#x00ED;an a Zubiri nuevas bases en las que sustentar su descripci&#x00F3;n de la naturaleza humana, pero su planteamiento podr&#x00ED;a recibir cr&#x00ED;ticas similares a las vertidas contra Pinker, pues enfatizar el arraigo biol&#x00F3;gico del ser humano es precisamente lo que hace este autor. </p>

			<p>Le salva a Zubiri el no haber prescindido de la situaci&#x00F3;n del ser humano como realidad que tiene un mundo, como modo propio de ser. Sin embargo, a la altura de nuestro tiempo, parecer&#x00ED;a necesario quiz&#x00E1; ampliar la descripci&#x00F3;n, para dar cabida al impacto de lo cultural como aut&#x00E9;ntico elemento configurador de la identidad. Que los aprendizajes recibidos son capaces de modificar f&#x00ED;sicamente nuestro cerebro –generando, por ejemplo, nuevas conexiones neuronales— es algo ahora bien sabido, que sin duda llevar&#x00ED;a a afirmar la interacci&#x00F3;n entre lo biol&#x00F3;gico y lo cultural. Que existen diferencias cerebrales correlativas a las diferencias de costumbres, de g&#x00E9;nero, de lenguaje, etc. tambi&#x00E9;n permitir&#x00ED;a matizar algunas cuestiones. Que nuestras capacidades tecnol&#x00F3;gicas tienden a permitir la modificaci&#x00F3;n cerebral y con ello lograr efectos como la mejora de la memoria o la atenci&#x00F3;n, supone tambi&#x00E9;n un &#x00E1;mbito de reflexi&#x00F3;n que obligar&#x00ED;a a revisar y completar buena parte de las afirmaciones pues, si los recuerdos forman parte de la identidad de la persona, al quedar como el sustrato de las acciones pasadas y las experiencias vividas, poder intervenir en la memoria, adem&#x00E1;s de una esperanza para los enfermos de Alzheimer, puede constituir una inquietante forma de reconfiguraci&#x00F3;n de la personalidad sobre la que es preciso reflexionar. </p>

			</sec>
			
			<sec id="S5">
			
			<title>5. EL COMPROMISO DEL FIL&#x00D3;SOFO CON LA REALIDAD</title>

			<p>En cualquier caso, el talante zubiriano apuntar&#x00ED;a a un intento de articulaci&#x00F3;n entre saberes, a una filosof&#x00ED;a a la altura de los tiempos, que pudiera dar cuenta de los datos cient&#x00ED;ficos. Y en esto estar&#x00ED;a de acuerdo con Paul Ricoeur:</p>

						<disp-quote><p>«No creo exagerado decir que la distancia sem&#x00E1;ntica es tan grande entre las ciencias cognitivas y la filosof&#x00ED;a como entre las ciencias neuronales y la filosof&#x00ED;a. Esa distancia entre vivencia fenomenol&#x00F3;gica y dato objetivo recorre toda la l&#x00ED;nea de divisi&#x00F3;n entre las dos aproximaciones al fen&#x00F3;meno humano. Pero ese dualismo sem&#x00E1;ntico (…) no puede ser m&#x00E1;s que una posici&#x00F3;n de partida. La experiencia m&#x00FA;ltiple, amplia y completa est&#x00E1; compuesta de tal modo que ambos discursos no dejan de ser correlativos en numerosos puntos de intersecci&#x00F3;n.» (Changeux y Ricoeur, <xref ref-type="bibr" rid="CIT06">1999</xref>, p. 32) </p></disp-quote>

			<p>Y esto es absolutamente necesario, no s&#x00F3;lo desde el punto de vista del conocimiento, sino tambi&#x00E9;n desde la responsabilidad que tiene el ser humano, en tanto que ser moral. La realidad exige respuestas. El &#x00E1;mbito del conocimiento no puede reducirse a la mera explicaci&#x00F3;n, sino que requiere tambi&#x00E9;n la acci&#x00F3;n, la toma de decisiones, la resoluci&#x00F3;n de los conflictos, la ordenaci&#x00F3;n de la convivencia, y la promoci&#x00F3;n de ciertos valores. &#x00C9;sta es la tarea de la bio&#x00E9;tica en su dimensi&#x00F3;n aplicada.</p>

			<p>En el caso de la neuro&#x00E9;tica, la b&#x00FA;squeda de los correlatos neurales de la conciencia y la moral puede dar como resultado la afirmaci&#x00F3;n, por ejemplo, de la existencia de ciertos patrones generales de activaci&#x00F3;n cerebral ante ciertos dilemas morales. Tambi&#x00E9;n una visi&#x00F3;n simplificadora de los datos de estas investigaciones puede promover un cambio en nuestro concepto de responsabilidad, pues si se establece una relaci&#x00F3;n causal determinista entre un proceso cerebral y un estado mental, podr&#x00ED;a afirmarse que un sujeto no es responsable, moral o legalmente, de una acci&#x00F3;n, pues tan s&#x00F3;lo obedece necesaria e involuntariamente a su naturaleza. Y quiz&#x00E1;, con las nuevas t&#x00E9;cnicas disponibles, podr&#x00ED;a proponerse una mejora cerebral de los individuos dotados de ciertas configuraciones cerebrales consideradas menos &#x00F3;ptimas para la convivencia. Siendo todo esto posible, es preciso analizar qu&#x00E9; consecuencias tendr&#x00ED;an estos planteamientos desde un punto de vista social, pol&#x00ED;tico y cultural, c&#x00F3;mo pueden transformar nuestra cultura y valores, y qu&#x00E9; tipo de decisiones conviene adoptar, tanto en la b&#x00FA;squeda de ciertos fines, como en los medios para lograrlos.</p>

			<p>Aunque Metzinger opine, como probablemente lo har&#x00ED;a el propio Zubiri, que esta otra dimensi&#x00F3;n de la neuro&#x00E9;tica es la “blanda”, no por ello menos importante, pero s&#x00ED; menos radical desde el punto de vista filos&#x00F3;fico, es posible pensar que la metaf&#x00ED;sica de la realidad de Zubiri, bien podr&#x00ED;a haber sido, adem&#x00E1;s, una metaf&#x00ED;sica de la acci&#x00F3;n. Y quiz&#x00E1;, enfrentado a los retos del presente, hubiera desarrollado tambi&#x00E9;n esa otra dimensi&#x00F3;n. De hecho, el propio Zubiri hace patente esa radical determinaci&#x00F3;n f&#x00ED;sica del ser humano como ser moral. Y esto exige otro planteamiento.</p>

			<p>La metaf&#x00ED;sica no tiene que estar necesariamente re&#x00F1;ida con la &#x00E9;tica. Como dice Reiner Wiehl:</p>

						<disp-quote><p>«El conocimiento metaf&#x00ED;sico es, como cualquier otro conocimiento, parte de este mundo, y por ello se encuentra vinculado necesariamente a la experiencia. Su misi&#x00F3;n frente a cualquier experiencia dada es, al menos, doble: debe, por un lado, hacerla m&#x00E1;s visible y transparente; por otro, debe abrir nuevos horizontes para la multiplicidad de experiencias dadas. Las categor&#x00ED;as metaf&#x00ED;sicas son v&#x00E1;lidas tanto para las experiencias de los mundos de vida multiculturales como para las m&#x00FA;ltiples experiencias de unas ciencias cada vez m&#x00E1;s diferenciadas.» (Wiehl, <xref ref-type="bibr" rid="CIT24">1992</xref>, p. 109)</p></disp-quote>

			<p>A la altura de nuestro tiempo, la labor del fil&#x00F3;sofo no puede ser, exclusivamente, la del pensador alejado de la vida cotidiana, que teoriza sobre el mundo y la realidad, sin meterse de lleno en ella y sus conflictos. Si la bio&#x00E9;tica tiene alg&#x00FA;n inter&#x00E9;s para el fil&#x00F3;sofo, es precisamente el de retarle a pensar y encontrar soluciones, el de ser capaz de moverse en el terreno de los conceptos y los fundamentos, pero tambi&#x00E9;n de aterrizar en la cruda realidad y sus problemas. Esto no implica renunciar a la metaf&#x00ED;sica, antes bien, exige una metaf&#x00ED;sica que, adem&#x00E1;s, pueda hablar de la &#x00E9;tica, y articular el conocimiento de la realidad en sus m&#x00FA;ltiples dimensiones. Pues al final, sue&#x00F1;o o realidad, como dec&#x00ED;a Calder&#x00F3;n, obrar bien es lo que importa: </p>

						<disp-quote><p>«No me despiertes si duermo; y si es verdad, no me duermas. Mas sea verdad o sue&#x00F1;o, obrar bien es lo que importa. Si fuere verdad, por serlo; si no, por ganar amigos para cuando despertemos.» (Calder&#x00F3;n de la Barca, <xref ref-type="bibr" rid="CIT05">1647/1997</xref>, pp. 166-167).</p></disp-quote>

			
			
		</sec>
		
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			<title>BIBLIOGRAF&#x00CD;A</title>
				
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