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				<journal-title>ARBOR Ciencia, Pensamiento y Cultura</journal-title>
				<abbrev-journal-title>Arbor</abbrev-journal-title>
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			<issn pub-type="epub">0210-1963</issn>
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				<publisher-name>Consejo Superior de Investigaciones Cient&#x00ED;ficas</publisher-name>
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			<article-id pub-id-type="publisher-id">arbor.2016.781n5004</article-id>
			<article-id pub-id-type="doi">10.3989/arbor.2016.781n5004</article-id>
			 
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				<subj-group subj-group-type="heading">
				<subject>LA INVENCI&#x00D3;N DEL PATRIMONIO NATURAL EN ESPA&#x00D1;A. POL&#x00CD;TICA, ACADEMIA, ACTIVISMO Y COMUNICACI&#x00D3;N / THE INVENTION OF NATURAL HERITAGE IN SPAIN. POLITICS, ACADEMY, ACTIVISM AND COMMUNICATION</subject>
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				<article-title>Activismo medioambiental en la &#x00E9;poca tardofranquista. El caso de El Saler</article-title>
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					<trans-title>Environmental activism in the late Franco years. The case of El Saler</trans-title>
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				<alt-title alt-title-type="running-head">Activismo medioambiental en la &#x00E9;poca tardofranquista. El caso de El Saler</alt-title>
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			<aff id="U1">Auburn University (Auburn, Alabama, EE.UU.)</aff>
			
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				<corresp id="cor1"><email xlink:href="srhamilton@auburn.edu">srhamilton@auburn.edu</email></corresp>
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				<year>2016</year>
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			<volume>192</volume>
			<issue>781</issue>
			
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				<copyright-statement>&#x00A9; 2016 CSIC</copyright-statement>
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					<license-p>Este es un art&#x00ED;culo de acceso abierto distribuido bajo los t&#x00E9;rminos de la licencia Creative Commons Attribution (CC BY) Espa&#x00F1;a 3.0.</license-p>
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				<title>RESUMEN</title>
				<p>Este art&#x00ED;culo traza la evoluci&#x00F3;n de las ideas y el discurso ambientalista durante las &#x00FA;ltimas d&#x00E9;cadas del r&#x00E9;gimen de Franco, entre 1950 y 1975. A lo largo de este per&#x00ED;odo, un grupo de naturalistas y cient&#x00ED;ficos naturales colaboraron con oficiales del r&#x00E9;gimen y una red conservacionista internacional para proteger espacios concretos de especial valor ecol&#x00F3;gico. A fines de la d&#x00E9;cada de 1960, a medida que el r&#x00E9;gimen se debilitaba y el descontento social crec&#x00ED;a, apareci&#x00F3; un nuevo grupo de activistas que ve&#x00ED;an la protecci&#x00F3;n ambiental como inseparable de los problemas de justicia social. A trav&#x00E9;s del an&#x00E1;lisis de la campa&#x00F1;a anti-desarrollista a prop&#x00F3;sito de los alrededores de la Albufera en Valencia, este art&#x00ED;culo estudia las tensiones entre estas corrientes que convivieron en los or&#x00ED;genes del movimiento medioambiental en Espa&#x00F1;a as&#x00ED; como el papel del activismo medioambiental en la erosi&#x00F3;n de la legitimidad pol&#x00ED;tica del r&#x00E9;gimen.</p>
			</abstract>
			
									
			<trans-abstract xml:lang="en">
				<title>ABSTRACT</title>
				<p>This article provides an overview of the evolution of environmental ideas and discourse during the final decades of the Franco regime, between 1950 and 1975. Throughout this period, a group of naturalists and natural scientists worked in collaboration with regime officials and an international network of conservationists to protect discrete spaces with special ecological value. By the late 1960s, as the regime weakened and social unrest increased, a new group of activists emerged who understood environmental protection as inextricably linked to issues of social justice. Through an analysis of an anti-development campaign carried out in the area surrounding the Albufera de Valencia, this article examines the tensions between these currents in the origins of the Spanish environmental movement, and the role of environmental activism in the erosion of the dictatorship’s political legitimacy.</p>
			</trans-abstract>
			

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				<title>PALABRAS CLAVE</title>
				<kwd>conservaci&#x00F3;n</kwd>
				<kwd>ecologismo</kwd>
				<kwd>activismo</kwd>
				<kwd>Franco</kwd>
				<kwd>dictadura</kwd>
				<kwd>Valencia</kwd>
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				<title>KEYWORDS</title> 			
				<kwd>conservation</kwd>	
				<kwd>environmentalism</kwd>
				<kwd>activism</kwd>
				<kwd>Franco</kwd>
				<kwd>dictatorship</kwd>
				<kwd>Valencia</kwd>
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			<title>LA EVOLUCI&#x00D3;N DEL PENSAMIENTO MEDIOAMBIENTAL</title>

			<p>El movimiento medioambiental espa&#x00F1;ol del siglo XX, como los de otros pa&#x00ED;ses occidentales, ha tomado una amplia variedad de formas, desde los esfuerzos de cient&#x00ED;ficos respetados para proteger espacios concretos a la protesta abierta de una juventud radicalizada. Incluso bajo el r&#x00E9;gimen franquista de los cincuenta, cuando se frustraban casi todos los esfuerzos civiles por oponerse a la pol&#x00ED;tica oficial, un grupo reducido de espa&#x00F1;oles dio a conocer sus preocupaciones sobre la degradaci&#x00F3;n del medio f&#x00ED;sico del pa&#x00ED;s, y dirigiendo sus esfuerzos a la conservaci&#x00F3;n de ecosistemas &#x00FA;nicos y lugares ic&#x00F3;nicos como Do&#x00F1;ana. Pero a finales de la d&#x00E9;cada de 1960, una nueva ola de ciudadanos aprovech&#x00F3; el espacio forjado por los conservacionistas para ocuparse de una amplia gama de causas sociales, redefiniendo el estado del medio ambiente como un factor entre muchos que contribu&#x00ED;an al bienestar humano. Durante la d&#x00E9;cada final de la dictadura, las corrientes paralelas de ecologismo y conservacionismo formaron las bases ideol&#x00F3;gicas de un movimiento desorganizado y heterog&#x00E9;neo.</p>

			<p>En su monograf&#x00ED;a seminal, <italic>Forcing the Spring</italic>, Robert Gottlieb explor&#x00F3; la intersecci&#x00F3;n entre justicia social y justicia ambiental, una intersecci&#x00F3;n complicada por el hecho de que los activistas de base de la justicia social no suelen identificarse con las cuestiones ambientales (Gottlieb, <xref ref-type="bibr" rid="CIT21">2005</xref>). Cuestiones tales como la extensi&#x00F3;n urbana, la calidad de agua y aire, y el acceso a parques e instalaciones de recreaci&#x00F3;n, por citar solo los m&#x00E1;s evidentes, ofrecen terreno com&#x00FA;n para los residentes urbanos de la clase trabajadora y las &#x00E9;lites intelectuales que se encuentran en grupos abiertamente ecologistas. En el caso de la Espa&#x00F1;a franquista, el vocabulario de un tercer grupo, los conservacionistas, derivado de un inter&#x00E9;s en la gesti&#x00F3;n guiada por la pericia cient&#x00ED;fica, serv&#x00ED;a para dar cobertura pol&#x00ED;tica a las agendas socio-pol&#x00ED;ticas de los otros dos.</p>

			<p>La Dehesa de El Saler, un parque popular en la costa de Valencia y sujeto de uno de los grandes planes urban&#x00ED;sticos apoyados por el r&#x00E9;gimen entre 1964 y 1973, fue tambi&#x00E9;n el lugar de una de las primeras campa&#x00F1;as ecologistas organizadas en Espa&#x00F1;a. Ocho a&#x00F1;os antes de que los activistas m&#x00E1;s prominentes del pa&#x00ED;s firmaran el Manifiesto de Benidorm, un grupo de vecinos, periodistas y profesores de la ciudad de Valencia pusieron a prueba estrategias e ideas que juntaron la pericia cient&#x00ED;fica y los conceptos tradicionales sobre el valor del medio ambiente con una nueva conciencia social. Aunque Valencia no pretende representar una norma nacional, este caso es uno de los mejor conocidos del activismo ambiental temprano y remueve muchas de las tendencias generales de la &#x00E9;poca. Preocupaciones populares sobre la calidad de vida urbana, intereses de personas pertenecientes a todo el espectro pol&#x00ED;tico sobre los paisajes &#x00FA;nicos del pa&#x00ED;s, y cr&#x00ED;ticas pol&#x00ED;ticas marxistas contra el r&#x00E9;gimen franquista y el sistema capitalista industrial confluyeron, transformando el intento de proteger un parque local en una protesta generalizada contra la privatizaci&#x00F3;n, un ataque contra la corrupci&#x00F3;n e incompetencia pol&#x00ED;tica, y una salida para las frustraciones con el <italic>statu quo</italic> pol&#x00ED;tico y social. Como estudio de caso, El Saler sugiere que el paisaje y el medio ambiente desempe&#x00F1;aron papeles cr&#x00ED;ticos en la creaci&#x00F3;n de un espacio social para la protesta durante la &#x00E9;poca tardofranquista, no solo por los or&#x00ED;genes complicados del ambientalismo de posguerra en Espa&#x00F1;a, sino tambi&#x00E9;n por la importancia que los espacios f&#x00ED;sicos concretos tuvieron en labrar identidades regionales.</p>

			<p>El an&#x00E1;lisis conocido de Samuel Hays sobre el pensamiento medioambiental en los Estados Unidos durante el siglo XX resuena claramente en el contexto espa&#x00F1;ol. El concepto de “conservaci&#x00F3;n,” con or&#x00ED;genes en la pol&#x00ED;tica progresista de Gifford Pinchot y Theodore Roosevelt, escribe Hays, era fundamentalmente una estrategia para el uso sostenible de recursos naturales en la que la explotaci&#x00F3;n y producci&#x00F3;n a largo plazo estaban aseguradas a trav&#x00E9;s de pr&#x00E1;cticas basadas en la gesti&#x00F3;n cient&#x00ED;fica. Aunque los conservacionistas a menudo entraban en conflicto con los defensores de la preservaci&#x00F3;n de paisajes silvestres, los preservacionistas y conservacionistas compart&#x00ED;an una filosof&#x00ED;a generalmente compatible que reconoc&#x00ED;a una clara divisi&#x00F3;n entre el mundo natural y el mundo social. En la pr&#x00E1;ctica, permit&#x00ED;an la continua expansi&#x00F3;n del desarrollo industrial, con la reserva de espacios y especies particulares como sacrosantos, principalmente en la forma de Parques Nacionales (Hays, <xref ref-type="bibr" rid="CIT23">1959</xref>).</p>

			<p>Los cambios culturales de la &#x00E9;poca de posguerra mundial dieron origen a una visi&#x00F3;n radicalmente divergente sobre la relaci&#x00F3;n entre los humanos y la naturaleza. En los 60 y a principios de los 70, j&#x00F3;venes del mundo occidental acampaban, hac&#x00ED;an senderismo, cultivaban comida ecol&#x00F3;gica, y “volv&#x00ED;an a la naturaleza,” junt&#x00E1;ndose as&#x00ED; en una contracultura que desde&#x00F1;aba el consumo capitalista y abrazaba un entendimiento del bienestar humano y la salud medioambiental como dos caras de una misma moneda. Los Parques Nacionales y zonas silvestres “pr&#x00ED;stinas” eran iniciativas encomiables, pero los nuevos pensadores vinculaban la degradaci&#x00F3;n del ambiente f&#x00ED;sico a los problemas sociales. Describ&#x00ED;an la contaminaci&#x00F3;n, el desarrollo y las industrias extractivas como perjudiciales no solamente para la flora y la fauna, sino tambi&#x00E9;n para los humanos que habitaban y atravesaban los mismos paisajes.</p>

			<p>Michael Bess, escribiendo sobre el caso franc&#x00E9;s, describe una escisi&#x00F3;n parecida entre “ecologismo centrado en la naturaleza” (<italic>nature-centered environmentalism</italic>) m&#x00E1;s conservador, patrocinado por los cient&#x00ED;ficos y naturalistas, quienes consideran que los ecosistemas y paisajes en s&#x00ED; mismos son objetos de valor que demandan protecci&#x00F3;n frente a los abusos humanos, y el “ecologismo social” (<italic>social environmentalism</italic>), territorio de progresistas y urbanitas quienes comprenden la naturaleza como espacio social, intr&#x00ED;nsecamente enlazado con la vida cotidiana de los humanos (Bess, <xref ref-type="bibr" rid="CIT11">2003</xref>).</p>

			<p>El caso espa&#x00F1;ol refleja las mismas tensiones y colaboraciones entre estas corrientes ideol&#x00F3;gicas, pero dentro del contexto de la &#x00E9;poca tardofranquista el ecologismo asum&#x00ED;a dimensiones pol&#x00ED;ticas adicionales. El ambientalismo centrado en la naturaleza apareci&#x00F3; entre algunos cient&#x00ED;ficos naturales de Espa&#x00F1;a al principio de la d&#x00E9;cada de 1950, cuando por fin la econom&#x00ED;a nacional empez&#x00F3; a recuperarse de los estragos de la Guerra Civil. Algunos de los ingenieros de montes que llevaron a cabo la trasformaci&#x00F3;n del paisaje a trav&#x00E9;s de proyectos hidrol&#x00F3;gicos, la exterminaci&#x00F3;n de “alima&#x00F1;as” y la repoblaci&#x00F3;n forestal, dieron a conocer su preocupaci&#x00F3;n sobre los efectos a largo plazo de los programas ambiciosos del Estado (Farias Barona, <xref ref-type="bibr" rid="CIT15">1942</xref>; Alonso-Geta, <xref ref-type="bibr" rid="CIT02">1962</xref>). A la vez, algunos bi&#x00F3;logos y ornit&#x00F3;logos, alarmados por la amenaza que presentaba el desarrollo, que llegaba hasta las zonas m&#x00E1;s silvestres y remotas, se hicieron eco de estas preocupaciones en cartas a sus colegas dentro de la Administraci&#x00F3;n, especialmente a los funcionarios del Consejo Superior de Investigaciones Cient&#x00ED;ficas (CSIC). En el CSIC encontraron algunos aliados simpatizantes y lograron varios &#x00E9;xitos en sus esfuerzos por proteger varios rincones del territorio nacional.</p>

			<p>Probablemente la campa&#x00F1;a m&#x00E1;s significativa fue el rescate del Coto de Do&#x00F1;ana de su destino como plantaci&#x00F3;n de eucalipto y guayule, tal como describe Lino Camprub&#x00ED; en otro cap&#x00ED;tulo de este volumen. La reserva abarcaba menos de la mitad de las tierras que los ornit&#x00F3;logos esperaba adquirir, pero tuvo un papel simb&#x00F3;lico importante como primer logro concreto de una alianza conservacionista internacional (Valverde, <xref ref-type="bibr" rid="CIT38">1975</xref>).</p>

			<p>La campa&#x00F1;a de Do&#x00F1;ana, junto con otros esfuerzos para proteger paisajes de valor ecol&#x00F3;gico, tuvo &#x00E9;xito en gran parte por la disposici&#x00F3;n de los conservacionistas a cooperar con la Administraci&#x00F3;n de Franco. Aunque la etapa m&#x00E1;s sangrienta de la represi&#x00F3;n franquista hab&#x00ED;a acabado en 1945, la Guardia Civil todav&#x00ED;a deten&#x00ED;a, torturaba e intimidaba a quienes abiertamente dieran voz a la oposici&#x00F3;n pol&#x00ED;tica al r&#x00E9;gimen. Los naturalistas que propugnaban la preservaci&#x00F3;n de los paisajes espa&#x00F1;oles, por tanto, lo hac&#x00ED;an dentro de un espacio apol&#x00ED;tico, forjado con cuidado dentro del contexto de represi&#x00F3;n cotidiana. Condenas generales sobre los esfuerzos del r&#x00E9;gimen por ampliar la producci&#x00F3;n, por ejemplo, no habr&#x00ED;an sido toleradas. En cambio, llamadas de preservar paisajes est&#x00E9;ticamente espectaculares, ecol&#x00F3;gicamente &#x00FA;nicos, o culturalmente ic&#x00F3;nicos como objetos de orgullo y patrimonio nacional recib&#x00ED;an una c&#x00E1;lida recepci&#x00F3;n por parte del r&#x00E9;gimen nacionalista. Cartas redactadas con cuidado, enlaces estrechos con particulares dentro de las salas de poder, y esfuerzos concienzudos para presentar la conservaci&#x00F3;n como un deber patri&#x00F3;tico y basado en la ciencia permit&#x00ED;an a los conservacionistas espa&#x00F1;oles, tal como a sus hom&#x00F3;logos en otros pa&#x00ED;ses autoritarios, lograr una serie de victorias menores en la preservaci&#x00F3;n de espacios peque&#x00F1;os y discretos.</p>

			<p>Una interpretaci&#x00F3;n de todo esto es que algunos cient&#x00ED;ficos realizaron una forma de oposici&#x00F3;n en clave, una forma de “vivir en la verdad” que ha sido observada en otras sociedades autocr&#x00E1;ticas del siglo XX (Havel y Keane, <xref ref-type="bibr" rid="CIT22">1985</xref>). Denuncias parecidas, poco destacadas y de baja intensidad, constitu&#x00ED;an uno de los canales m&#x00E1;s caracter&#x00ED;sticos para expresar la inquietud pol&#x00ED;tica en la primera &#x00E9;poca del franquismo. Esta forma de disidencia era una manera de bajo coste de mostrar la disconformidad y reflejaba la muy limitada esfera para la expresi&#x00F3;n cautelosa de opiniones divergentes bajo una dictadura. Al afirmar un conjunto de hechos ostensiblemente imparciales, basados en la experiencia cient&#x00ED;fica, los cient&#x00ED;ficos naturales desafiaban la narrativa dominante de progreso y desarrollo que el Estado patrocinaba.</p>

			<p>Sin embargo, otra interpretaci&#x00F3;n, que quiz&#x00E1;s sea compatible con la primera, es que el movimiento de “ecologismo centrado en la naturaleza” en Espa&#x00F1;a fue esencialmente conservador. Esta interpretaci&#x00F3;n se respalda no solo por los objetivos relativamente modestos de sus campa&#x00F1;as, sino tambi&#x00E9;n por la involucraci&#x00F3;n de pilares de la sociedad elitista, sobre todo del mundo financiero y pol&#x00ED;tico. Algunos miembros de la Sociedad Espa&#x00F1;ola de Ornitolog&#x00ED;a (SEO) ejerc&#x00ED;an tambi&#x00E9;n como directores de bancos y funcionarios de alto rango, y cazaban con pol&#x00ED;ticos franquistas, con quienes despu&#x00E9;s degustaban las piezas. Entre ellos, los cient&#x00ED;ficos pertenec&#x00ED;an a aquellos intelectuales espa&#x00F1;oles que no hab&#x00ED;an huido del pa&#x00ED;s ni perdido sus puestos en la represi&#x00F3;n franquista. El ornit&#x00F3;logo Jos&#x00E9; Antonio Valverde expresamente elogi&#x00F3; el inter&#x00E9;s del r&#x00E9;gimen por la naturaleza, escribiendo en el a&#x00F1;o que muri&#x00F3; Franco que “fue el Caudillo quien personalmente tom&#x00F3; la decisi&#x00F3;n de ordenar la creaci&#x00F3;n del Parque Nacional de Do&#x00F1;ana”, mientras “el Ministro de Turismo, don Manuel Fraga, y el Ministro de Agricultura hicieron un trabajo espl&#x00E9;ndido” con el proceso (Valverde, <xref ref-type="bibr" rid="CIT38">1975</xref>, p. 45). Al centrarse exclusivamente sobre paisajes aislados, dejando a un lado los problemas m&#x00E1;s sist&#x00E9;micos que formaban la base de las tendencias nacionales de desarrollo y urbanizaci&#x00F3;n, los conservacionistas generaban la impresi&#x00F3;n de que los problemas se pod&#x00ED;an solucionar con la recaudaci&#x00F3;n de fondos o cambios sencillos a planes concretos. No hac&#x00ED;a falta desafiar las pol&#x00ED;ticas subyacentes, ni rectificar la falta de regulaci&#x00F3;n sobre la contaminaci&#x00F3;n y ordenaci&#x00F3;n del territorio. Vale la pena notar, tambi&#x00E9;n, que los paisajes elegidos para su protecci&#x00F3;n yac&#x00ED;an en tierras no productivas; ni siquiera el entusiasmo de Franco hacia las presas y la repoblaci&#x00F3;n habr&#x00ED;an podido hacerlas rentables. De los cinco Parques Nacionales declarados por Franco durante la d&#x00E9;cada de 1950, por ejemplo, tres se encontraban en paisajes alpinos, mientras Do&#x00F1;ana y las Tablas de Daimiel, dos zonas de gran valor faun&#x00ED;stico, se ubicaban en tierras h&#x00FA;medas y remotas con potencial econ&#x00F3;mico limitado. Pastizales, bosques y zonas costeras, sitios de alto potencial para el desarrollo econ&#x00F3;mico, brillaron por su ausencia en esta corta lista.</p>

			<p>La figura m&#x00E1;s destacada en la historia del ecologismo espa&#x00F1;ol, F&#x00E9;lix Rodr&#x00ED;guez de la Fuente, compart&#x00ED;a este territorio pol&#x00ED;tico ambiguo con los conservacionistas. A trav&#x00E9;s de sus programas de radio y televisi&#x00F3;n, presentaba a muchos espa&#x00F1;oles los conceptos del equilibrio natural y uso sostenible, explicando la alteraci&#x00F3;n de aquel equilibrio en detrimento del mundo natural que supon&#x00ED;an las pr&#x00E1;cticas de construcci&#x00F3;n de presas y de exterminaci&#x00F3;n de “alima&#x00F1;as”. Estas ideas resonaron en la generaci&#x00F3;n joven que, como en otros pa&#x00ED;ses occidentales, estaba predispuesta al escepticismo hacia los esquemas tecnocr&#x00E1;ticos y los valores industrial-capitalistas.</p>

			<p>Pero aunque muchos de los que ve&#x00ED;an los programas del “Amigo Felix” cuando ni&#x00F1;os adoptaban pol&#x00ED;ticas ecologistas cuando se hac&#x00ED;an mayores, Rodr&#x00ED;guez de la Fuente nunca atribu&#x00ED;a el deterioro del medio ambiente abiertamente a las pol&#x00ED;ticas del Estado franquista. Como los progresistas estadounidenses de las d&#x00E9;cadas anteriores, promocionaba pr&#x00E1;cticas de gesti&#x00F3;n informadas por la ciencia que permitir&#x00ED;an la convivencia de las industrias extractivas, por un lado, y la salud medioambiental por otro. Criticaba, por ejemplo, el rechazo por parte de los ingenieros de la experiencia ofrecida por expertos en las ciencias naturales, y en particular de sus advertencias sobre las consecuencias imprevistas del desarrollo para los paisajes y ecosistemas, pero manten&#x00ED;a el silencio sobre las premisas fundamentales de la ingenier&#x00ED;a hidrol&#x00F3;gica. Por una parte, este era un resultado del pragmatismo: el apoyo y patrocinio del Estado espa&#x00F1;ol eran necesarios para continuar la radiodifusi&#x00F3;n de sus programas, hecho que sin duda ten&#x00ED;a influencia sobre su decisi&#x00F3;n de mantenerse al margen de los debates sobre las pol&#x00ED;ticas estatales y centrarse en los paisajes espec&#x00ED;ficos y contaminadores puntuales u otros agentes de bajo nivel del cambio ecol&#x00F3;gico. Por la otra, su postura apol&#x00ED;tica permit&#x00ED;a que su mensaje llegase al p&#x00FA;blico m&#x00E1;s amplio posible y facilitaba su colaboraci&#x00F3;n con aliados de todo el espectro pol&#x00ED;tico. De esta manera, Rodr&#x00ED;guez de la Fuente ocupaba un punto medio entre la conservaci&#x00F3;n de la SEO y el ecologismo que estaba por venir.</p>

			<p>En 1968, aprovechando el reciente cambio en las leyes de asociaciones c&#x00ED;vicas, Rodr&#x00ED;guez de la Fuente y algunos compa&#x00F1;eros rompieron con la SEO para fundar la Asociaci&#x00F3;n para la Defensa de Naturaleza (Adena), que pronto lleg&#x00F3; a ser la delegaci&#x00F3;n espa&#x00F1;ola del <italic>World Wildlife Fund</italic>. Sin embargo, manten&#x00ED;a muchas de las pr&#x00E1;cticas y pol&#x00ED;ticas conservadoras de su antecesora. Los enlaces estrechos de la organizaci&#x00F3;n con las &#x00E9;lites del r&#x00E9;gimen se evidencian por sus colaboradores: de nuevo, la junta directiva de Adena inclu&#x00ED;a gigantes del mundo financiero como Manuel de Prado y Col&#x00F3;n de Carvajal, mientras que el Pr&#x00ED;ncipe Juan Carlos de Borb&#x00F3;n acept&#x00F3; la presidencia honor&#x00ED;fica (Fern&#x00E1;ndez, <xref ref-type="bibr" rid="CIT16">1999</xref>). Por lo tanto, Adena se agreg&#x00F3; a una lista creciente de grupos conservacionistas que utilizaban el apoyo de los poderes f&#x00E1;cticos para conseguir sus objetivos. La Sociedad Real para la Protecci&#x00F3;n de Aves (<italic>Royal Society for the Protection of Birds</italic>), fundada en 1889 por arist&#x00F3;cratas inglesas lideradas por la duquesa de Portland, no era m&#x00E1;s que la primera de muchas asociaciones semejantes que contaban con la aprobaci&#x00F3;n oficial de la clase dirigente. En los Estados Unidos, el Club Boone y Crockett (<italic>Boone and Crockett Club</italic>) del presidente Theodore Roosevelt solicitaba la afiliaci&#x00F3;n de hombres de negocios y “aventureros” de las altas esferas de la sociedad americana. La propia <italic>WWF</italic>, la organizaci&#x00F3;n madre de Adena, nombr&#x00F3; al pr&#x00ED;ncipe Bernardo de Holanda como presidente fundador en 1962, y sus sucesores durante las d&#x00E9;cadas siguientes inclu&#x00ED;an un magnate del petr&#x00F3;leo, varios l&#x00ED;deres de negocios internacionales y varios jefes de Estado. En algunos casos, estas alianzas fueron puramente honor&#x00ED;ficas y serv&#x00ED;an principalmente como sello de aprobaci&#x00F3;n oficial; en otros, la importancia social y pol&#x00ED;tica de los miembros de las organizaciones desempe&#x00F1;aba un papel fundamental en la capacidad de &#x00E9;stas para alcanzar sus objetivos.</p>

			<p>Pero mientras que la colaboraci&#x00F3;n de los defensores del medio ambiente con los miembros y beneficiarios del sistema capitalista industrial no concordaba con los intereses de la generaci&#x00F3;n contracultural, en el contexto espa&#x00F1;ol la disyuntiva se magnificaba por estar el sistema inextricablemente enlazado con un r&#x00E9;gimen altamente polarizador. Aunque el apoyo de las &#x00E9;lites sociales en gran medida posibilitaba el &#x00E9;xito de la conservaci&#x00F3;n en los &#x00FA;ltimos a&#x00F1;os de la dictadura, tambi&#x00E9;n permit&#x00ED;a que el propio r&#x00E9;gimen hiciera suyas ciertas ideas y terminolog&#x00ED;a del conservacionismo, enemistando al movimiento conservacionista con los progresistas j&#x00F3;venes. Dada la creciente decrepitud del dictador a partir de 1966, la ret&#x00F3;rica conservacionista se convirti&#x00F3; en una de las muchas herramientas empleadas por los continuistas dentro del r&#x00E9;gimen para suavizar la transici&#x00F3;n pol&#x00ED;tica inminente y para equiparar la imagen extranjera de Espa&#x00F1;a con los de sus vecinos europeos, donde el ecologismo ya estaba en boga. En la pr&#x00E1;ctica, este conservacionismo generalmente consist&#x00ED;a en pintar de verde las pr&#x00E1;cticas existentes, en lugar de hacer cambios sustanciales en la pol&#x00ED;tica. Por lo tanto, la Direcci&#x00F3;n General de Montes, Caza y Pesca Fluvial cambi&#x00F3; su nombre por el del Instituto para la Conservaci&#x00F3;n de la Naturaleza (ICONA) en 1971, con intenci&#x00F3;n de legitimar al r&#x00E9;gimen a los ojos internacionales. Como patrocinador principal de Rodr&#x00ED;guez de la Fuente, el nuevo logotipo de ICONA aparec&#x00ED;a prominentemente en el comienzo de todos sus documentales sobre las especies en peligro de extinci&#x00F3;n y paisajes degradados, mientras los ingenieros forestales del propio ICONA reclamaban humedales y plantaban pinos por todo el pa&#x00ED;s.</p>

			<p>A pesar de la popularidad personal de F&#x00E9;lix, algunos de entre la generaci&#x00F3;n de activistas progresistas que llegaron a la mayor&#x00ED;a de edad en los a&#x00F1;os del tardofranquismo vieron en la complicidad de Adena con el r&#x00E9;gimen una grave falla. Demasiado j&#x00F3;venes para recordar los horrores de la guerra y sus secuelas, y criados con las ventajas y oportunidades educativas que faltaron a sus padres, experimentaban el r&#x00E9;gimen menos como amenaza verdadera a su seguridad personal que como la manifestaci&#x00F3;n de un sistema socioecon&#x00F3;mico y pol&#x00ED;tico fundamentalmente injusto. En comparaci&#x00F3;n con la falta de derechos humanos b&#x00E1;sicos y la supresi&#x00F3;n de la libertad intelectual, el conservacionismo parec&#x00ED;a territorio de “cazadores de mariposas” y viejos de la Universidad, quienes ignoraban la relaci&#x00F3;n compleja entre los mundos sociales y naturales, como quedaba demostrado por su inter&#x00E9;s limitado a la preservaci&#x00F3;n de lugares silvestres de dif&#x00ED;cil acceso y su rechazo a la lucha contra las causas principales de la degradaci&#x00F3;n del medio ambiente. En armon&#x00ED;a con los te&#x00F3;ricos marxistas y contraculturales de popularidad creciente en todo el mundo occidental, los j&#x00F3;venes activistas espa&#x00F1;oles entend&#x00ED;an las dos cosas - la protecci&#x00F3;n del medio ambiente y el rechazo del r&#x00E9;gimen - como intr&#x00ED;nsecamente vinculadas. El capitalismo industrial y la falta de instituciones democr&#x00E1;ticas, argumentaban, yac&#x00ED;an en el coraz&#x00F3;n de cada desaf&#x00ED;o importante al bienestar humano en Espa&#x00F1;a<xref ref-type="fn" rid="NOTE1">1</xref>.</p>

			<p>Este v&#x00ED;nculo se encontraba m&#x00E1;s claramente en las condiciones de vida de la clase obrera. Entre 1960 y 1970, aproximadamente 2,7 millones de espa&#x00F1;oles se trasladaron desde las zonas rurales a las zonas urbanas, donde se establecieron en barrios sin infraestructuras, poblados por poco m&#x00E1;s que chabolas y con una carencia de servicios sociales b&#x00E1;sicos tales como centros de salud, parques, agua limpia, transportes p&#x00FA;blicos y escuelas (Radcliff, <xref ref-type="bibr" rid="CIT33">2011</xref>). Mientras Adena se ocupaba de campa&#x00F1;as para paliar los efectos del abandono de tierras rurales y la expansi&#x00F3;n urbana en la flora y la fauna de espacios concretos, la gente trabajadora, y un n&#x00FA;mero creciente de acad&#x00E9;micos y profesores de las Facultades de Ciencias Sociales, se preocupaban por los impactos de los cambios demogr&#x00E1;ficos y f&#x00ED;sicos en la poblaci&#x00F3;n humana.</p>

			<p>A partir de 1964, con la relajaci&#x00F3;n de las restricciones legales contra las asambleas, empezaron a surgir asociaciones de vecinos con bases populares. Basadas en los barrios nuevos de las ciudades, demandaban soluciones a la falta de ordenaci&#x00F3;n urbana y, en muchos casos, organizaban sus propios arreglos cuando se enfrentaban a la ausencia de una respuesta oficial. Los temas que motivaban a las asociaciones son familiares para cualquier estudioso de la justicia social: la distribuci&#x00F3;n equitativa de los recursos urbanos; el saneamiento y el agua potable; la seguridad en las calles; y el derecho de los vecinos a tener voz en las asignaciones de uso de las tierras en las que viv&#x00ED;an, trabajaban y jugaban. Por primera vez desde la Guerra Civil, los gobiernos locales de todo el pa&#x00ED;s recib&#x00ED;an peticiones firmadas por cientos de residentes, quej&#x00E1;ndose de asuntos desde los pasos de peatones peligrosos hasta la baja presi&#x00F3;n del agua. La mayor&#x00ED;a de las asociaciones de vecinos duraban solo el tiempo necesario para resolver un asunto puntual, pero unas pocas se enredaban con luchas relacionadas con cuestiones m&#x00E1;s de largo plazo, como el desarrollo o la salud p&#x00FA;blica. Para volar por debajo del radar de la Guardia Civil, que todav&#x00ED;a ten&#x00ED;a autoridad para perseguir organizaciones con objetivos abiertamente pol&#x00ED;ticos o basados en clases econ&#x00F3;micas, incluso estas asociaciones m&#x00E1;s activistas segu&#x00ED;an defini&#x00E9;ndose por los asuntos locales y no por una agenda anti-r&#x00E9;gimen en s&#x00ED; (Garc&#x00ED;a, <xref ref-type="bibr" rid="CIT17">1995</xref>; Taylor, <xref ref-type="bibr" rid="CIT37">2009</xref>; Radcliff, <xref ref-type="bibr" rid="CIT33">2011</xref>).</p>

			<p>Los vecinos, en general, no se identificaban como ecologistas en el mismo sentido en el que, cada vez m&#x00E1;s, se utilizaba el t&#x00E9;rmino en otros pa&#x00ED;ses occidentales. Sin embargo, seg&#x00FA;n una definici&#x00F3;n que abarca toda la diversidad del movimiento actual, sin duda las preocupaciones de las familias urbanas de los 60 y 70 ten&#x00ED;an mucho que ver con el medio f&#x00ED;sico. Escribiendo sobre la ciudad estadounidense a comienzos del siglo pasado, Gottlieb describe: “los problemas ambientales de la ciudad industrial - los suministros de agua limitados y contaminados, recolecci&#x00F3;n y eliminaci&#x00F3;n inadecuada de residuos, la mala ventilaci&#x00F3;n y el aire contaminado y lleno de humo, barrios y conventillos superpoblados” como temas clave no solo para los reformadores sociales de la &#x00E9;poca, sino tambi&#x00E9;n para los activistas ambientales contempor&#x00E1;neos (Gottlieb, <xref ref-type="bibr" rid="CIT21">2005</xref>, p. 90). La salud p&#x00FA;blica y las condiciones contra las cuales protestaban las asociaciones de vecinos eran producto de las condiciones ambientales.</p>

			<p>Pamela Radcliff ha escrito sobre la infiltraci&#x00F3;n de agentes comunistas y socialistas en algunas asociaciones de vecinos, pero el socio medio parece haber sido relativamente apol&#x00ED;tico, preocupado principalmente con objetivos concretos de corto plazo y menos interesado en una reforma sist&#x00E9;mica (Radcliff, <xref ref-type="bibr" rid="CIT33">2011</xref>). Sin embargo, un peque&#x00F1;o grupo de intelectuales espa&#x00F1;oles, procedentes mayoritariamente de las facultades universitarias de Arquitectura, Derecho, Medicina y Sociolog&#x00ED;a, vio una relaci&#x00F3;n entre las organizaciones de bases locales y las corrientes ideol&#x00F3;gicas contraculturales que circulaban en el extranjero. Este grupo cumpl&#x00ED;a en las asociaciones de vecinos la misma funci&#x00F3;n que activistas como Jane Addams y Alice Hamilton hab&#x00ED;an ejercido en las reformas urbanas de la era progresista: en Estados Unidos un&#x00ED;an el aprieto de las familias trabajadoras con cuestiones ambientales generalizadas y trabajaban dentro del mundo intelectual para fomentar cambios duraderos. Fuertemente influidos por sus propios viajes fuera de Espa&#x00F1;a o por las lecturas clandestinas, desarrollaron una variedad espec&#x00ED;ficamente espa&#x00F1;ola de ecologismo que integraba conceptos globales de la ecolog&#x00ED;a con la pol&#x00ED;tica nacional progresista, para oponerse a las pol&#x00ED;ticas industrio-capitalistas de productivismo implacable del r&#x00E9;gimen. El vocabulario del movimiento ecologista internacional mundial les permit&#x00ED;a articular conexiones entre los problemas locales concretos y la influencia perdurable del r&#x00E9;gimen antidemocr&#x00E1;tico.</p>

			<p>Las aspiraciones del movimiento conservacionista sencillamente no bastaban para enfrentarse a las condiciones de vida de la gente trabajadora bajo el sistema capitalista, y hacer la vista gorda con los asuntos sociales para paliar los efectos sobre los “p&#x00E1;jaros y &#x00E1;rboles” comenz&#x00F3; a verse como un defecto moral. “El conservacionismo nost&#x00E1;lgico”, escribi&#x00F3; Josep-Vicent Marqu&#x00E9;s, un joven profesor de sociolog&#x00ED;a en la Universidad de Valencia y una de las figuras clave en el nuevo movimiento, aspiraba solamente “a salvar espacios naturales, oasis o guetos m&#x00E1;s o menos bonitos segregados del entorno humano, que quedar&#x00ED;a entregado a una degradaci&#x00F3;n juzgada irreversible” (Marqu&#x00E9;s, <xref ref-type="bibr" rid="CIT25">1980</xref>, p. 123). Al contrario, el nuevo ecologismo hund&#x00ED;a sus ra&#x00ED;ces en el deterioro de las condiciones de vida de los trabajadores bajo el sistema capitalista. Por lo tanto, los ecologistas adoptaron las causas invocadas por las asociaciones de vecinos, exigiendo agua y comida sana; barrios y parques ordenados con infraestructura adecuada; y derechos laborales. En la “Propuesta de Daimiel”, Marqu&#x00E9;s y otros activistas establecieron los bases ideol&#x00F3;gicas del ecologismo como “un movimiento socioecon&#x00F3;mico basado en la idea de armon&#x00ED;a de la especie humana con su medio, que lucha por una vida l&#x00FA;dica, creativa, igualitaria, pluralista y libre de explotaci&#x00F3;n y basada en la comunicaci&#x00F3;n y la cooperaci&#x00F3;n de las personas” (Federaci&#x00F3;n del Movimiento Ecologista, <xref ref-type="bibr" rid="CIT43">1978</xref>). Tales retos mezclaban los imperativos sociales del pa&#x00ED;s con las demandas f&#x00ED;sicas de la biosfera; un medio sano se vio como obligatorio para asegurar que las familias de la clase laboral tuvieran acceso a estos derechos fundamentales (Marqu&#x00E9;s, <xref ref-type="bibr" rid="CIT25">1980</xref>).</p>

			<p>Aunque fue “l&#x00F3;gico que amantes de los p&#x00E1;jaros, ambientalistas y ecologistas varios coincidi&#x00E9;semos e incluso luch&#x00E1;semos codo con codo”, Marqu&#x00E9;s y sus colegas declinaron aliarse con los conservacionistas que se compromet&#x00ED;an con el r&#x00E9;gimen, la encarnaci&#x00F3;n del sistema capitalista y antidemocr&#x00E1;tico, a cambio de la protecci&#x00F3;n de unas zonas y especies aisladas (Marqu&#x00E9;s, <xref ref-type="bibr" rid="CIT25">1980</xref>). Los conservacionistas, como era de esperar, ten&#x00ED;an una perspectiva bastante distinta sobre el tema. Rodr&#x00ED;guez de la Fuente, por ejemplo, atribuy&#x00F3; al ecologismo “un papel muy importante y muy positivo”, pero sugiri&#x00F3; que los activistas nuevos carec&#x00ED;an tanto de dedicaci&#x00F3;n a los sistemas naturales como de un correcto entendimiento de los mismos. Entre quienes toman la calle para denunciar la expropiaci&#x00F3;n de un parque, la construcci&#x00F3;n de una central nuclear, o la contaminaci&#x00F3;n de un r&#x00ED;o, escribi&#x00F3;, “puede haber personas quienes, quiz&#x00E1;s, al no existir el ecologismo ser&#x00ED;an activistas de hippies y flores” (Ara&#x00FA;jo, <xref ref-type="bibr" rid="CIT06">1990</xref>, p. 95).</p>

			<p>Desde luego, perturbar el <italic>statu quo</italic> y fortalecer el apoyo popular para las reformas democr&#x00E1;ticas plantando cara al r&#x00E9;gimen franquista estaban sin duda entre los objetivos de los ecologistas. El propio Marqu&#x00E9;s demostr&#x00F3; poco inter&#x00E9;s en el ambiente como ecosistema, por lo menos en los a&#x00F1;os tempranos de su carrera. Con unos amigos de la Universidad y del <italic>Partit Socialista Valenci&#x00E0;</italic> (entre ellos Dami&#x00E1; Moll&#x00E1;, colega en la Facultad de Sociolog&#x00ED;a; y Celia Amoroso, la conocida activista feminista y la futura esposa de Marqu&#x00E9;s), Marqu&#x00E9;s organiz&#x00F3; un grupo en 1970 que se llamaba <italic>Germania Socialista</italic>. En una de sus primeras protestas, una noche de 1971, la <italic>Germania</italic> se colaron en un campo de golf de un Parador reci&#x00E9;n inaugurado en tierras expropiadas y rociaron el c&#x00E9;sped con un fuerte herbicida. La operaci&#x00F3;n prosigui&#x00F3; perfectamente hasta que el sistema autom&#x00E1;tico de riegos se encendi&#x00F3;, asustando a los saboteadores, quienes creyeron haber sido descubiertos y huyeron, dejando atr&#x00E1;s su protesta ambiental. Aunque este tipo de ataques no form&#x00F3; parte habitual de sus protestas, Marqu&#x00E9;s y otros intelectuales sociales no mantuvieron en secreto que su inter&#x00E9;s en el medio ambiente era en lo relativo a la salud f&#x00ED;sica y emocional humanas (Fern&#x00E1;ndez, <xref ref-type="bibr" rid="CIT16">1999</xref>; Mateu y Dom&#x00ED;nguez, <xref ref-type="bibr" rid="CIT26">2011a</xref>).</p>

			<p>Para los ojos no entrenados y poco sofisticados de la Guardia Civil, las diferencias aparentemente obvias entre los ecologistas y los conservacionistas eran a menudo dif&#x00ED;ciles de detectar. Dado que los grupos de conservaci&#x00F3;n, tales como Adena y la SEO, hab&#x00ED;an sido totalmente aceptados e integrados en el r&#x00E9;gimen, los nuevos ecologistas fueron capaces de enmascarar su oposici&#x00F3;n fundamental al sistema pol&#x00ED;tico y econ&#x00F3;mico tras el lenguaje permisible de la salud de los ecosistemas y la conservaci&#x00F3;n del paisaje. Por otra parte, al centrarse en la escala local - tratamiento de agua en un barrio de Madrid, los espacios verdes en el coraz&#x00F3;n de Barcelona, la contaminaci&#x00F3;n del aire en las afueras de Bilbao – las campa&#x00F1;as ambientales se enlazaban con los objetivos leg&#x00ED;timos de las asociaciones de vecinos y as&#x00ED; evitaban acusaciones de tratar de desestabilizar la pol&#x00ED;tica nacional. Por lo menos en cierta medida, por tanto, Rodr&#x00ED;guez de la Fuente ten&#x00ED;a raz&#x00F3;n cuando escribi&#x00F3; que los ecologistas utilizaron el medio ambiente como tapadera para sus intereses pol&#x00ED;ticos y culturales subyacentes. Esto no quiere decir que los ecologistas en los &#x00FA;ltimos a&#x00F1;os de la dictadura no se preocuparan realmente por el mundo natural, ni que sus esfuerzos en campa&#x00F1;as concretas no fueran sinceros. Sin embargo, sus palabras y acciones sugieren que las causas y el lenguaje ambientales proveyeron una cubierta conveniente para una agenda m&#x00E1;s subversiva.</p>

			<p>En 1970, Marqu&#x00E9;s se uni&#x00F3; con otros intelectuales activistas de todo el pa&#x00ED;s - tales como Joaqu&#x00ED;n Araujo, Mario Gaviria, Pedro Costa, Ram&#x00F3;n Tamames, Jos&#x00E9; Luis Aranguren, Jos&#x00E9; Vidal-Beneyto, Enrique Bor&#x00F3;n, y Pablo Castellano - para formar la Asociaci&#x00F3;n Espa&#x00F1;ola para la Ordenaci&#x00F3;n del Medio Ambiente (AEORMA) (Fern&#x00E1;ndez, <xref ref-type="bibr" rid="CIT16">1999</xref>). M&#x00E1;s adelante, Costa la llam&#x00F3; “el primer grupo verdaderamente ecologista en la historia del movimiento en Espa&#x00F1;a” (Costa Morata, <xref ref-type="bibr" rid="CIT12">2011</xref>). Durante los siguientes seis a&#x00F1;os, AEORMA realiz&#x00F3; un papel importante en las campa&#x00F1;as izquierdistas de todo el pa&#x00ED;s a trav&#x00E9;s de una serie de delegaciones regionales vagamente organizadas. La posici&#x00F3;n social relativamente alta de sus socios, junto con sus t&#x00E1;cticas evasivas y la evitaci&#x00F3;n de la actividad abiertamente pol&#x00ED;tica, generalmente proteg&#x00ED;a AEORMA de represalias oficiales, pero aun as&#x00ED; el grupo ocupaba un espacio peligroso intermedio entre la oposici&#x00F3;n clandestina y las asociaciones de vecinos y grupos conservacionistas legales. Y es que los activistas de AEORMA utilizaron la ret&#x00F3;rica y t&#x00E1;cticas de los grupos legales para perseguir los objetivos de la oposici&#x00F3;n clandestina. Incluso el nombre del grupo, con su &#x00E9;nfasis en la “ordenaci&#x00F3;n,” recog&#x00ED;a las quejas del movimiento vecinal sobre la falta de planificaci&#x00F3;n del uso de suelo en las ciudades y los suburbios. La agenda de AEORMA no fue ni mucho menos exclusivamente ambiental: incluy&#x00F3; pol&#x00ED;ticas laborales expansivas; la planificaci&#x00F3;n urbana; la educaci&#x00F3;n p&#x00FA;blica; y la reforma del sistema pol&#x00ED;tico, as&#x00ED; como los temas m&#x00E1;s evidentemente ambientales como la contaminaci&#x00F3;n local y la conservaci&#x00F3;n de espacios verdes. Muchas veces, sus actividades combinaban objetivos ambientalistas con otros m&#x00E1;s pol&#x00ED;ticos, como fue el caso en una de sus primeras campa&#x00F1;as nacionales, cuando los activistas salieron al campo para interrumpir una cacer&#x00ED;a de urogallo. Si su objetivo principal era verdaderamente proteger al urogallo, como alegaron a los miembros de la Guardia Civil que acudieron a arrestarlos, o m&#x00E1;s bien incomodar y molestar a los ministros franquistas distinguidos que participaban en la caza, entre ellos Manuel Fraga, sigue siendo una cuesti&#x00F3;n abierta (Fern&#x00E1;ndez, <xref ref-type="bibr" rid="CIT16">1999</xref>; Costa Morata, <xref ref-type="bibr" rid="CIT12">2011</xref>).</p>

			<p>Con Marqu&#x00E9;s, la delegaci&#x00F3;n regional del Pa&#x00ED;s Valenciano de AEORMA contaba con unos cuarenta participantes activos, la mayor&#x00ED;a de ellos profesores j&#x00F3;venes de la Universidad de Valencia, y sus reuniones ten&#x00ED;an lugar en un aula de clases en la Facultad de Sociolog&#x00ED;a. Entre ellos se encontraban algunos de los que ser&#x00ED;an los intelectuales m&#x00E1;s prominentes de la izquierda valenciana en los a&#x00F1;os siguientes: Dami&#x00E0; Molla, Vicent Soler y Trinidad Sim&#x00F3;. Muchos de ellos tambi&#x00E9;n se asociaron con la <italic>Germania Socialista</italic> o el <italic>Partit Socialista</italic>. Para ellos, la falta de estructura formal y posici&#x00F3;n cuasi-legal eran atracciones fuertes. “¿Qu&#x00E9; era AEORMA?”, pregunt&#x00F3; en 2011 ret&#x00F3;ricamente Vicente Gonzales M&#x00F3;stoles, un arquitecto valenciano y ex-socio de AEORMA: “No lo s&#x00E9;. No tuvo dinero, ni estructura, ni direcci&#x00F3;n, ni organizaci&#x00F3;n.”<xref ref-type="fn" rid="NOTE2">2</xref> Otros describen AEORMA como un fantasma; un nombre dado solo para producir la ilusi&#x00F3;n de que Marqu&#x00E9;s y otros de los “intelectuales m&#x00E1;s activos de la Universidad” representaban un grupo m&#x00E1;s grande que ellos mismos<xref ref-type="fn" rid="NOTE3">3</xref>. De hecho, identificar a los “socios” de AEORMA es, en cierta manera, improductivo, dado que ninguna designaci&#x00F3;n como tal exist&#x00ED;a en su momento. Tal informalidad y falta de fronteras definidas eran, de alg&#x00FA;n modo, una respuesta a su estado semiclandestino, puesto que la Guardia Civil no pod&#x00ED;a desmantelar una organizaci&#x00F3;n que t&#x00E9;cnicamente no exist&#x00ED;a.</p>

			<p>La falta de formalidad tambi&#x00E9;n ejemplific&#x00F3; la naturaleza juvenil, casi traviesa, de las actividades del grupo, tal como sugieren los episodios como el del campo de golf o la frustraci&#x00F3;n de la cacer&#x00ED;a de urogallos. M&#x00F3;stoles se rio cuando le ense&#x00F1;&#x00E9; la tapa de un libro compuesto por &#x00E9;l hace unos treinta y ocho a&#x00F1;os, lo que se atribuy&#x00F3; a “AEORMA equipo 3”. “¡Equipo 3! Aquello fue para la polic&#x00ED;a”, dijo. “Si hay un equipo tres, debe haber unos equipos uno y dos. ¡Invest&#x00ED;galo!” (<xref ref-type="fig" rid="F1">Figura 1</xref>).</p>
			
			
					<fig id="F1">
						<label>Figura 1</label>
						<caption>
							<title>Cubierta del libro publicado por M&#x00F3;stoles y otros activistas ecologistas de Valencia, en la que figura AEORMA Equip 3 como autor</title>
						</caption>
						<graphic xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xlink:href="../images/F1.jpg"/>
					</fig>
						
						

			<p>Tapaderas, disimulo y ocultaci&#x00F3;n fueron sellos del movimiento ecologista en la &#x00E9;poca tardofranquista, como lo fueron de otros aspectos del activismo democr&#x00E1;tico<xref ref-type="fn" rid="NOTE4">4</xref>. Montones de documentos - art&#x00ED;culos de prensa, folletos y comunicados de prensa - implican la existencia de una red compleja y organizada de organizaciones izquierdistas, haciendo causa com&#x00FA;n entre los intelectuales valencianos, los socialistas, los comunistas clandestinos, y AEORMA. Tales documentos enga&#x00F1;an al investigador, sin embargo, precisamente porque se los dise&#x00F1;aba para enga&#x00F1;ar. Mientras que las asociaciones laborales se llevaban la peor parte de las represalias del Estado, los opositores intelectuales del r&#x00E9;gimen utilizaban todo su capital social considerable para confundir a la polic&#x00ED;a y a los pol&#x00ED;ticos, para crear la ilusi&#x00F3;n de un levantamiento popular, y para disfrazar sus verdaderos objetivos pol&#x00ED;ticos detr&#x00E1;s de una cortina de humo de demandas legales y aparentemente inocuas. Como resultado, muchos de los movimientos inmortalizados en los archivos de hoy se parecen poco a los eventos ca&#x00F3;ticos e improvisados de la d&#x00E9;cada de 1970.</p>

		</sec>
			
		<sec id="S2">
			
			<title>EL SALER PARA EL PUEBLO</title>

			<p>Todos estos factores - los conflictos y solapamientos entre el conservacionismo y el ecologismo, el legado confuso del activismo tardofranquista y la influencia de una dictadura que se estrellaba en la pol&#x00ED;tica local - entraron en juego en una campa&#x00F1;a valenciana que ha venido a conocerse como “El Saler para el Pueblo” (o, m&#x00E1;s bien, “<italic>El Saler per al Poble</italic>”, como la llamaban los participantes). En t&#x00E9;rminos algo hiperb&#x00F3;licos, el periodista Joaqu&#x00ED;n Fern&#x00E1;ndez la ha llamado “la movilizaci&#x00F3;n ciudadana que posiblemente haya sido m&#x00E1;s importante en la historia del conservacionismo a favor de un espacio natural”, mientras participantes y espectadores lo describen m&#x00E1;s modestamente como “uno de los primeros movimientos ecologistas” de Europa y por lo tanto, del pa&#x00ED;s (Fern&#x00E1;ndez, <xref ref-type="bibr" rid="CIT16">1999</xref>, p. 189; Dol&#x00E7;, <xref ref-type="bibr" rid="CIT14">2011</xref>, p. 10; Mateu y Dom&#x00ED;nguez, <xref ref-type="bibr" rid="CIT26">2011a</xref>). Mientras las dos descripciones tienen aspectos verdaderos, la realidad de la campa&#x00F1;a de El Saler es mucho m&#x00E1;s compleja y ejemplifica las incoherencias y conflictos internos de la ideolog&#x00ED;a ecologista a finales del franquismo.</p>

			<p>En 1964 el Ayuntamiento valenciano franquista, aprovechando la oleada de turistas extranjeros que acud&#x00ED;a a la costa mediterr&#x00E1;nea, consigui&#x00F3; permiso del Gobierno para emprender un proyecto de construcci&#x00F3;n inmenso que tendr&#x00ED;a lugar justo al sur de la ciudad. La Dehesa de El Saler, unos doce kil&#x00F3;metros de playas de arena blanca, bosques umbr&#x00ED;os, y atm&#x00F3;sfera tranquila a pocos kil&#x00F3;metros del centro urbano, se hab&#x00ED;a mantenido sin desarrollo durante los primeros a&#x00F1;os del <italic>boom</italic> tur&#x00ED;stico. Pertenec&#x00ED;a a la ciudad, comprada junto con el Lago de la Albufera adyacente como parque p&#x00FA;blico en 1911 para rescatarla de las amenazas del sector agrario. Durante m&#x00E1;s de medio siglo, los valencianos ocupaban la Dehesa, seg&#x00FA;n la estaci&#x00F3;n, como zona verde de escape y relajaci&#x00F3;n en las vacaciones y fines de semana. En primavera sal&#x00ED;an a buscar setas y esp&#x00E1;rragos en los bosques; en oto&#x00F1;o pescaban en el lago o paseaban por las dunas; y, por supuesto, en verano, iban miles de valencianos a ba&#x00F1;arse en las playas y hacer picnic en la sombra bajo los &#x00E1;rboles. Justo al sur de la Dehesa, se alzaban amenazadoras las torres de cemento de Cullera y el desarrollo incontrolado de Perell&#x00F3;, emblem&#x00E1;ticos de la nueva etapa de la econom&#x00ED;a costera. Pero las tierras de la Dehesa hab&#x00ED;an sido protegidas por una ley que obligaba al Ayuntamiento a “conservar el arbolado de la Dehesa y la integridad de su suelo, el cual no podr&#x00E1; tener otra ocupaci&#x00F3;n o destino agr&#x00ED;cola m&#x00E1;s que el de monte” (Ley cediendo en propiedad al Ayuntamiento de Valencia el lago denominado La Albufera y el monte denominado Dehesa de La Albufera). A cambio de unas tierras de la Dehesa para construir uno de sus queridos paradores, en 1964 Fraga dio permiso al Ayuntamiento para declarar toda la zona como terrenos urbanizables, privatiz&#x00E1;ndolos y excluyendo a la poblaci&#x00F3;n general de la ciudad.</p>

			<p>La urbanizaci&#x00F3;n, dise&#x00F1;ada por arquitectos y promotores de Madrid, dejar&#x00ED;a poco m&#x00E1;s de dos kil&#x00F3;metros de playa para uso p&#x00FA;blico, mientras las excavadoras aplanar&#x00ED;an el resto de la zona, desde las dunas costeras a las marismas estacionales, reemplaz&#x00E1;ndolas con apartamentos de lujo, hoteles de cinco estrellas, y otras instalaciones capaces de albergar una poblaci&#x00F3;n estacional de 100.000 personas. Mientras que muchos vieron el desarrollo de la Dehesa como preferible a la especulaci&#x00F3;n y falta de ordenaci&#x00F3;n que se estaba produciendo en otros lugares a lo largo del Mediterr&#x00E1;neo, el plan de la ciudad, sin embargo, dej&#x00F3; claro que el paisaje se transformaba radicalmente y su funci&#x00F3;n como parque p&#x00FA;blico ser&#x00ED;a esencialmente eliminada (<xref ref-type="fig" rid="F2">Figura 2</xref>) (Berenguer, <xref ref-type="bibr" rid="CIT10">1964</xref>; Iglesias, <xref ref-type="bibr" rid="CIT24">1970</xref>; Ventura, <xref ref-type="bibr" rid="CIT39">1970</xref>)<xref ref-type="fn" rid="NOTE5">5</xref>.</p>
			
			
					<fig id="F2">
						<label>Figura 2</label>
						<caption>
							<title>Vistas a&#x00E9;reas del mismo trozo de la Dehesa de El Saler, antes (1963) y despu&#x00E9;s (1974) de la urbanizaci&#x00F3;n</title>
							<p>Autor: Oficina T&#x00E8;cnica Devesa-Albufera.</p>
						</caption>
						<graphic xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xlink:href="../images/F2.jpg"/>
					</fig>
						
						

			<p>Tan pronto como el Ayuntamiento aprob&#x00F3; el plan, la Real Sociedad Espa&#x00F1;ola de Historia Natural, compuesta de cient&#x00ED;ficos respetados de toda Espa&#x00F1;a, se puso en contacto con el alcalde de Valencia para hacer constar su alarma frente “el anuncio de una serie de complejos edificables proyectados, algunos de asombrosa envergadura” en “este lugar incomparable.”<xref ref-type="fn" rid="NOTE6">6</xref> Liderados por el zo&#x00F3;logo valenciano Ignacio Docavo Alberti, presidente de la Sociedad, sostuvieron que la destrucci&#x00F3;n del paisaje diverso resultar&#x00ED;a catastr&#x00F3;fica para la inmensa riqueza de avifauna que anidaba en el invierno en la Dehesa y el litoral de la Albufera, que era uno de los humedales m&#x00E1;s importantes de Europa. El alcalde acept&#x00F3; la oferta de los cient&#x00ED;ficos de elaborar un informe investigando a fondo la forma de cuadrar el desarrollo con el valor ecol&#x00F3;gico de la zona. Despu&#x00E9;s de varios a&#x00F1;os de estudios que culminaron en una conferencia internacional en 1968, los cient&#x00ED;ficos recopilaron una lista de recomendaciones modestas que se consideraban compatibles con el plan existente, incluyendo la defensa del per&#x00ED;metro del lago, la creaci&#x00F3;n de una estaci&#x00F3;n biol&#x00F3;gica, la regulaci&#x00F3;n de las temporadas de caza y pesca, el control de la contaminaci&#x00F3;n, y la adici&#x00F3;n de un jard&#x00ED;n bot&#x00E1;nico a los planes. El alcalde, que en ese momento ya hab&#x00ED;a autorizado el comienzo de la construcci&#x00F3;n, acept&#x00F3; el informe con gesto grave, agradeci&#x00F3; a los cient&#x00ED;ficos su tiempo, y procedi&#x00F3; a ignorar todas sus sugerencias (Roca Miquel, <xref ref-type="bibr" rid="CIT35">1968</xref>; Docavo Alberti, <xref ref-type="bibr" rid="CIT13">1970</xref>, 26 de julio).</p>

			<p>En los a&#x00F1;os posteriores al fracasado intento de los conservacionistas de la Real Sociedad, mientras las excavadoras y hormigoneras aplanaban las dunas y constru&#x00ED;an estacionamientos en la Dehesa, los ecologistas se unieron a la lucha. El campo de golf quemado por la <italic>Germania Socialista</italic> no fue otro que el del Parador de la Dehesa, es decir, se trataba de una protesta en contra de la expropiaci&#x00F3;n de la tierra. Mientras tanto, el ingeniero y activista ecologista Guillermo Pons Ib&#x00E1;&#x00F1;ez present&#x00F3; al Ayuntamiento una “Oposici&#x00F3;n al Plan de Ordenaci&#x00F3;n de la Dehesa, en su Totalidad” notariada, en la que conden&#x00F3; a la urbanizaci&#x00F3;n como “totalmente opuesta a los intereses tur&#x00ED;sticos, sociales, del pueblo valenciano, y una ofensa a su mentalidad.” A diferencia de la Real Sociedad, las cr&#x00ED;ticas de Pons Ib&#x00E1;&#x00F1;ez surgieron principalmente de su preocupaci&#x00F3;n por los problemas sociales y est&#x00E9;ticos. Llam&#x00F3; a la expropiaci&#x00F3;n de la propiedad p&#x00FA;blica “antisocial”, y conden&#x00F3; rotundamente el uso irracional de “un Parque Natural espl&#x00E9;ndido y frondoso” para la edificaci&#x00F3;n masiva, lo que estaba “destruyendo su esencia.” Sin embargo, Pons Ib&#x00E1;&#x00F1;ez y sus colegas reconocieron la influencia que ten&#x00ED;an los argumentos conservacionistas en los c&#x00ED;rculos de la dictadura, sobre todo en tanto que llevaban el peso de la aprobaci&#x00F3;n internacional consigo. Por lo tanto, agreg&#x00F3; que la actividad tur&#x00ED;stica en la escala prevista por la ciudad invitar&#x00ED;a a “el oprobio de la cr&#x00ED;tica universal, considerando que: el Congreso Mundial para la Protecci&#x00F3;n de las Aves [...] recomend&#x00F3; un&#x00E1;nimemente, para nuestra Real Albufera, ‘el m&#x00E1;s exquisito cuidado’, para ser h&#x00E1;bitat ideal y milenario en la traslaci&#x00F3;n de estas aves.” Las advertencias, otra vez, recibieron solo silencio por parte del Ayuntamiento<xref ref-type="fn" rid="NOTE7">7</xref>.</p>

			<p>Los conservacionistas tambi&#x00E9;n continuaban con sus esfuerzos para concienciar al p&#x00FA;blico sobre la destrucci&#x00F3;n ecol&#x00F3;gica en curso en la Dehesa. Miguel Gil Corell, presidente de la delegaci&#x00F3;n valenciana de la SEO, escribi&#x00F3; a Rodr&#x00ED;guez de la Fuente y le pidi&#x00F3; su ayuda, aunque advirti&#x00F3; que “luchar contra la urbanizaci&#x00F3;n ser&#x00ED;a atacar molinos de viento” y que lo mejor que pod&#x00ED;a esperar ser&#x00ED;a que se limitaran algunas de las caracter&#x00ED;sticas m&#x00E1;s ofensivas, tales como el n&#x00FA;mero de edificios de gran altura o su proximidad a la orilla del lago (Gil Corell, <xref ref-type="bibr" rid="CIT18">1970</xref>, p. 8). Rodr&#x00ED;guez de la Fuente accedi&#x00F3; y, una tarde del verano de 1970, su voz familiar reson&#x00F3; en las salas de estar de todo el pa&#x00ED;s a trav&#x00E9;s de su programa <italic>Vida Salvaje</italic>, denunciando los males de “especulaci&#x00F3;n” y “modernidad” mientras la grabaci&#x00F3;n ense&#x00F1;aba im&#x00E1;genes de pinos arrancados, peces moribundos, y topadoras cruzando a la Dehesa<xref ref-type="fn" rid="NOTE8">8</xref>. Se centr&#x00F3; en el lago de la Albufera como sitio ecol&#x00F3;gico &#x00FA;nico e inmensamente rico que estaba en riesgo de desaparici&#x00F3;n por las amenazas conjuntas de la contaminaci&#x00F3;n industrial y el desarrollo en la Dehesa.</p>

			<p>Hasta este punto, el asunto de la Dehesa no hab&#x00ED;a atra&#x00ED;do la atenci&#x00F3;n de la prensa local, que habitualmente hab&#x00ED;a andado con cuidado en los asuntos del Ayuntamiento. Esta tendencia cambi&#x00F3;, sin embargo, tras menos de un mes desde la emisi&#x00F3;n de <italic>Vida Salvaje</italic>, con la publicaci&#x00F3;n de los primeros de una lista que llegar&#x00ED;a a contar con m&#x00E1;s de cien art&#x00ED;culos y editoriales en <italic>Las Provincias</italic>, el &#x00FA;nico diario independiente de Valencia, que perteneci&#x00F3; a la familia poderosa Reyna Dom&#x00E8;nech. La figura central en este cambio fue Maria Consuelo Reyna, hija de la familia y reci&#x00E9;n nombrada subdirectora del peri&#x00F3;dico. Con su protecci&#x00F3;n y bendici&#x00F3;n, durante la primera mitad de los 70, un grupo reducido de periodistas j&#x00F3;venes plantearon perspectivas cr&#x00ED;ticas sobre una amplia gama de temas que afectaban a la ordenaci&#x00F3;n del territorio valenciano: la llegada de una inmensa f&#x00E1;brica de <italic>Ford</italic> en las afueras de la Albufera; la construcci&#x00F3;n de una central nuclear cercana; la construcci&#x00F3;n de carreteras; la disposici&#x00F3;n del antiguo curso del desviado r&#x00ED;o Turia. Reyna invitaba a expertos, tanto soci&#x00F3;logos y economistas como cient&#x00ED;ficos, a contribuir con informes y reportajes a fondo en los que describ&#x00ED;an tales proyectos no solo como cat&#x00E1;strofes ecol&#x00F3;gicas sino tambi&#x00E9;n como ataques contra la forma de vivir valenciana, que supon&#x00ED;an la expropiaci&#x00F3;n de derechos fundamentales y el empeoramiento de la calidad de vida para los trabajadores de la ciudad. Habitualmente, estos art&#x00ED;culos integraban elementos conservacionistas y ecologistas para generar apoyo e indignaci&#x00F3;n p&#x00FA;blica.</p>

			<p>La &#x00E9;poca activista de <italic>Las Provincias</italic>, y con ella, en cierta medida, la de Valencia, empez&#x00F3; en 1970 con la campa&#x00F1;a para salvar la Dehesa de El Saler (Mateu y Dom&#x00ED;nguez, <xref ref-type="bibr" rid="CIT27">2011b</xref>). A finales de julio, el peri&#x00F3;dico public&#x00F3; un editorial de Docavo Alberti, quien hab&#x00ED;a aparecido en el cap&#x00ED;tulo de <italic>Vida Salvaje</italic> con Rodr&#x00ED;guez de la Fuente como experto en el sistema biol&#x00F3;gico de la Dehesa y la Albufera, en el que criticaba la negaci&#x00F3;n de la ciudad a tener en cuenta los consejos cient&#x00ED;ficos. Aunque “nadie sensato puede pensar que nosotros vayamos en contra del proyecto de urbanizaci&#x00F3;n”, insisti&#x00F3; que “concienzudos estudios biol&#x00F3;gicos [...] son los &#x00FA;nicos que pueden dar como fruto la salvaci&#x00F3;n de la Dehesa y Albufera” (Docavo Alberti, <xref ref-type="bibr" rid="CIT13">1970</xref>, 26 de julio). Pocos d&#x00ED;as despu&#x00E9;s, el periodista Francisco P&#x00E9;rez Puche visit&#x00F3; la Dehesa y public&#x00F3; un resumen de sus impresiones en el que describi&#x00F3; el estado deteriorado de un paisaje tan querido por los valencianos. Donde durante a&#x00F1;os las familias hab&#x00ED;an acudido al bosque y la playa, escribi&#x00F3;, ahora murallas y vallas cortaban el acceso. El paseo mar&#x00ED;timo que se hab&#x00ED;a construido sobre las dunas aplanadas ya se desmoron&#x00F3; por los vientos salados; los pocos parches remanentes del bosque estaban enfermos y moribundos; y el &#x00E1;rea p&#x00FA;blica min&#x00FA;scula sufri&#x00F3; de una falta deprimente de instalaciones (P&#x00E9;rez Puche, <xref ref-type="bibr" rid="CIT30">1970</xref>, 17 de julio; P&#x00E9;rez Puche, <xref ref-type="bibr" rid="CIT31">1970</xref>, 29 de julio).</p>

			<p>Estas quejas ten&#x00ED;an eco en las p&#x00E1;ginas de la revista <italic>Triunfo</italic>. En un reportaje del mismo verano de 1970, <italic>Triunfo</italic> habl&#x00F3; con la gente de los pueblos de la zona, concluyendo que “las preocupaciones de Adena pertenecen a otro nivel cultural.” Por lo tanto, recomendaron que “a la declarada pol&#x00E9;mica entre naturalistas y defensores del proyecto municipal, se una de inmediato el an&#x00E1;lisis social y pol&#x00ED;tico del proyecto, para conciliar [...] no solo Naturaleza y turismo [...] sino reforma y beneficio comunal [...] Es necesario un an&#x00E1;lisis social del proyecto” (Monle&#x00F3;n, <xref ref-type="bibr" rid="CIT28">1970</xref>, 25 septiembre). En los a&#x00F1;os posteriores, tal an&#x00E1;lisis social se publicaba en <italic>Las Provincias</italic>. Entre 1970 y 1974, este peri&#x00F3;dico public&#x00F3; casi doscientos art&#x00ED;culos y fotograf&#x00ED;as de El Saler, que inclu&#x00ED;an no solo entrevistas y editoriales de cient&#x00ED;ficos prominentes, sino tambi&#x00E9;n los an&#x00E1;lisis sociol&#x00F3;gicos y econ&#x00F3;micos de los miembros de las facultades de la Universidad local, junto con informes de investigaci&#x00F3;n a fondo en los que Puche, Reyna, y otros, acusaban al Ayuntamiento de corrupci&#x00F3;n pol&#x00ED;tica, gesti&#x00F3;n irresponsable, y expropiaci&#x00F3;n de bienes p&#x00FA;blicos (P&#x00E9;rez Puche, <xref ref-type="bibr" rid="CIT30">1970</xref>, 17 de julio; P&#x00E9;rez Puche, <xref ref-type="bibr" rid="CIT31">1970</xref>, 29 de julio). La cobertura del asunto en <italic>Las Provincias</italic> fue m&#x00E1;s completa a partir de 1973, cuando Consuelo Reyna se involucr&#x00F3; m&#x00E1;s profundamente y convirti&#x00F3; esto en su tema predilecto. Enfurecida por la declaraci&#x00F3;n del teniente de alcalde que era ponente de la Dehesa cuando dijo que “al Saler iban cuatro se&#x00F1;oritos y ahora lo vamos a poner a disposici&#x00F3;n de los valencianos,” escribi&#x00F3; un editorial en el que atac&#x00F3; al Ayuntamiento de una manera que puso en relieve los asuntos m&#x00E1;s profundos de la pol&#x00E9;mica de la urbanizaci&#x00F3;n (P&#x00E9;rez Puche, <xref ref-type="bibr" rid="CIT32">1973</xref>, 25 de febrero).</p>

						<disp-quote><p>“Entre los cuatro se&#x00F1;oritos que iban al Saler estaba media Valencia, o tal vez Valencia entera. ‘Se&#x00F1;oritos’ son los componentes de una familia que iba a pasar all&#x00ED; el domingo. ‘Se&#x00F1;oritos’ son los que, por razones de trabajo, se ve&#x00ED;an obligados a pasar el verano en Valencia y hac&#x00ED;an una escapada a tomar el ba&#x00F1;o al Saler. ‘Se&#x00F1;oritos’ son los que, por no poderse pasar un veraneo en cualquier punta de la costa, iban todas las ma&#x00F1;anas al Saler. Total, cuatro se&#x00F1;oritos.” (Reyna, <xref ref-type="bibr" rid="CIT34">1973</xref>).</p></disp-quote>

			<p>Carteles y pegatinas fijadas a los coches “de los muy valientes”<xref ref-type="fn" rid="NOTE9">9</xref>, representaban un pu&#x00F1;o agarrando el tronco de un &#x00E1;rbol, con el lema de “El Saler para el pueblo” o, m&#x00E1;s usual, “<italic>El Saler per al Poble</italic>”, el lema adoptado por los activistas. “El Pueblo”, por supuesto, quer&#x00ED;a decir la gente trabajadora de Valencia, cuyos derechos privados y culturales hab&#x00ED;an sido comprometidos por el r&#x00E9;gimen. “No se trata de reivindicar El Saler por la sola raz&#x00F3;n de que era de propiedad p&#x00FA;blica y debe volver a serlo,” insisti&#x00F3; un folleto de AEORMA, repartido por la calle. “Tampoco se trata, solamente, de que nos gustan los &#x00E1;rboles y queremos defenderlos. Lo que se plantea es la funci&#x00F3;n social que ha de cumplir la naturaleza [...] Necesitamos de El Saler [...] porque el pueblo trabajador tiene derecho, despu&#x00E9;s de agotadoras jornadas de trabajo, al descanso y al contacto con la naturaleza” (La portada del almanaque de <italic>Las Provincias</italic> en 1974 demuestra la centralidad del asunto de la Dehesa en el peri&#x00F3;dico)<xref ref-type="fn" rid="NOTE10">10</xref>.</p>

			<p>Sin elecciones, votaci&#x00F3;n, o libertad de expresi&#x00F3;n, es dif&#x00ED;cil saber con precisi&#x00F3;n c&#x00F3;mo fue la opini&#x00F3;n p&#x00FA;blica de los valencianos sobre el asunto de El Saler. Si dependemos solamente de lo que reflejan los archivos escritos, parece que la ciudad entera se moviliz&#x00F3; en contra de la urbanizaci&#x00F3;n. En una exposici&#x00F3;n en la Facultad de Arquitectura, AEORMA describi&#x00F3; El Saler como “<italic>un simbol de la llu&#x00ED;ta pel descans de la poblaci&#x00F3; treballadora, dels qui no poden comprar-se una parcel.la</italic>” (Asociaci&#x00F3;n Espa&#x00F1;ola para la Ordenaci&#x00F3;n del Medio Ambiente, <xref ref-type="bibr" rid="CIT01">1974</xref>).</p>

			<p>Denuncias formales, impugnaciones publicadas fielmente en <italic>Las Provincias</italic>, y docenas de informes, entrevistas y fotos en las mismas p&#x00E1;ginas, repetidamente describ&#x00ED;an la indignaci&#x00F3;n popular con la expropiaci&#x00F3;n del parque y el consecuente deterioro ecol&#x00F3;gico. En 1972, Pons Ib&#x00E1;&#x00F1;ez present&#x00F3; una serie de denuncias formales a lo largo de los a&#x00F1;os en las que aseguraba que “mi m&#x00E1;s airada protesta [...] refleja el sentir de todo el Pueblo Valenciano” y produjo un pliego notariado en el que describi&#x00F3; unos cuantos letreros de protesta escritos en las paredes de varios edificios de la ciudad: “<italic>no especuleu amb el Saler - Lladres</italic>”, “<italic>Saler es del poble</italic>”, “<italic>no faran platjes privades al Saler</italic>”<xref ref-type="fn" rid="NOTE11">11</xref>. Durante el verano de 1973, el peri&#x00F3;dico public&#x00F3; un torrente casi continuo de cartas, entrevistas, reportajes e informes sobre el tema, casi un&#x00E1;nimemente opuestos a la urbanizaci&#x00F3;n.</p>

			<p>Aunque por lo visto Valencia entera se moviliz&#x00F3; en defensa de El Saler, en la campa&#x00F1;a de Valencia en la primera mitad de los 70 - y, por cierto, en las campa&#x00F1;as ecologistas en general - tomaron parte casi exclusivamente las &#x00E9;lites intelectuales. Quiz&#x00E1;s el conservacionismo fue territorio de cient&#x00ED;ficos y “cazadores de mariposas”, pero igualmente el ecologismo, su pretendido populismo no obstante, fue dominio de arquitectos y profesores de sociolog&#x00ED;a. Puche compara la campa&#x00F1;a de <italic>Las Provincias</italic> entre 1973 y 1974 a la orden ap&#x00F3;crifa de William Randolph Hearst a su corresponsal en la Habana: “usted ponga las cr&#x00F3;nicas, que yo pondr&#x00E9; la guerra con Espa&#x00F1;a.” Seg&#x00FA;n Puche y M&#x00F3;stoles, los activistas progresistas - los de AEORMA y otros grupos izquierdistas, incluyendo al PCE - “pon&#x00ED;an a la gente, la movilizaci&#x00F3;n,” mientras <italic>Las Provincias</italic> “pon&#x00ED;a la m&#x00FA;sica, la ambientaci&#x00F3;n orquestal necesaria. Porque lo que contaba era ir minando el sistema del franquismo en un grado de colaboraci&#x00F3;n que por aquellos d&#x00ED;as fue bastante acentuado.” Pons Ib&#x00E1;&#x00F1;ez, Marqu&#x00E9;s, y otros intelectuales hac&#x00ED;an “solo lo suficiente” para dar a los periodistas algo que escribir, y los colegas del peri&#x00F3;dico “magnificaron todo” con el fin de crear la ilusi&#x00F3;n de consenso popular<xref ref-type="fn" rid="NOTE12">12</xref>. “Si una persona se fue a la Dehesa” para manifestarse en contra de las condiciones all&#x00ED;, confirma Consuelo Reyna, “apareci&#x00F3; en el peri&#x00F3;dico como si se tratara de cien.”<xref ref-type="fn" rid="NOTE13">13</xref> Lo mismo hac&#x00ED;an con unas pocas cartas escritas al editor, haciendo que pareciera una oleada de apoyo. Solo a finales de la campa&#x00F1;a, en agosto de 1974, empezaron a aparecer escritos firmados por varias asociaciones de vecinos en las p&#x00E1;ginas del peri&#x00F3;dico, e incluso entonces no hab&#x00ED;a muchos. La &#x00FA;nica movilizaci&#x00F3;n p&#x00FA;blica ocurri&#x00F3; en el oto&#x00F1;o de 1974, cuando m&#x00E1;s de doscientas personas respondieron a una llamada de AEORMA para acercarse a la playa de El Saler e intentar, sin &#x00E9;xito, plantar una bandera valenciana en la arena.<xref ref-type="fn" rid="NOTE14">14</xref></p>

			<p>Del mismo modo que el peri&#x00F3;dico prove&#x00ED;a una tapadera de apoyo popular para los activistas anti-franquistas, en alguna medida el movimiento anti-desarrollista fue tapadera para la insatisfacci&#x00F3;n generalizada de progresistas sociales de cierto estatus social. Seg&#x00FA;n Joaqu&#x00ED;n Fern&#x00E1;ndez, escribiendo sobre una tendencia nacional, “el ecologismo era una posibilidad novedosa en la lucha contra el sistema que deb&#x00ED;a ser analizada desde la &#x00F3;ptica globalizadora de un partido”, sobre todo por parte de las &#x00E9;lites intelectuales de las facultades universitarias del pa&#x00ED;s (Fern&#x00E1;ndez, <xref ref-type="bibr" rid="CIT16">1999</xref>). Hoy en d&#x00ED;a, Consuelo Reyna dice que la motivaci&#x00F3;n principal era una preocupaci&#x00F3;n genuina por la desaparici&#x00F3;n de los ecosistemas &#x00FA;nicos de la Dehesa. Insiste en que la zona representaba “el &#x00FA;ltimo aut&#x00E9;ntico bosque Mediterr&#x00E1;neo” que no hab&#x00ED;a sido alterado “por mano de hombre”, y que, por lo tanto, esto justificaba su preservaci&#x00F3;n y protecci&#x00F3;n contra el desarrollo<xref ref-type="fn" rid="NOTE15">15</xref>. En sus art&#x00ED;culos sobre la Dehesa, sin embargo, no se refer&#x00ED;a a los aspectos ecol&#x00F3;gicos sino a corrientes populistas y prodemocr&#x00E1;ticas, las cuales resonaban con un amplio p&#x00FA;blico progresista. Adem&#x00E1;s, aunque segu&#x00ED;a estando involucrada en asuntos relacionados con la calidad de vida urbana, Consuelo Reyna no retom&#x00F3; ning&#x00FA;n otro asunto de protecci&#x00F3;n de la naturaleza, lo que sugiere una posible superficialidad de inter&#x00E9;s en el tema. Tampoco fue la &#x00FA;nica de los partidarios en contra de la urbanizaci&#x00F3;n a quien falt&#x00F3; compromiso con el movimiento ecologista: a pesar de su uso frecuente de im&#x00E1;genes y descripciones de pinos muertos y dunas devastadas, en 2012, Puche admiti&#x00F3; abiertamente que los aspectos ecol&#x00F3;gicos de la campa&#x00F1;a eran una tapadera para sus ideas pol&#x00ED;ticas. &#x00C9;l y M&#x00F3;stoles se describen, a ellos mismos y a los dem&#x00E1;s periodistas y activistas de la Dehesa, como “izquierdistas vestidos de verde” que utilizaban la ret&#x00F3;rica y legitimidad de los conservacionistas como tapadera para una agenda bastante m&#x00E1;s amplia.</p>

			<p>Es cierto que, de alguna manera, la tolerancia institucional hacia el conservacionismo y las asociaciones de vecinos prest&#x00F3; a los periodistas un lenguaje para expresar sus quejas pol&#x00ED;ticas con seguridad. Sin embargo, el medio ambiente tambi&#x00E9;n importaba en s&#x00ED; mismo por razones que iban m&#x00E1;s all&#x00E1; de la ret&#x00F3;rica<xref ref-type="fn" rid="NOTE16">16</xref>. La preocupaci&#x00F3;n sobre los paisajes locales y el control local sobre su manejo y ordenaci&#x00F3;n no era &#x00FA;nica en Valencia. El tema se repet&#x00ED;a a lo largo del movimiento anti-r&#x00E9;gimen de todo el pa&#x00ED;s, vinculado a los movimientos de identidad y de autonom&#x00ED;a regional. La vinculaci&#x00F3;n de proyectos de desarrollo con la agenda centralista y el borrado de diferencias e identidades regionales hizo que el control sobre la ordenaci&#x00F3;n del suelo adquiriese una importancia magnificada. Defender un paisaje local, sobre todo uno de historia culturalmente relevante como la Albufera y su Dehesa, significaba tambi&#x00E9;n defender el derecho de la gente local a hacerse cargo de sus propios recursos y tierras, en contra de los intereses de Madrid. El desarrollo de El Saler, dise&#x00F1;ado por corporaciones y arquitectos madrile&#x00F1;os, y llevado a cabo por un acuerdo entre el Ayuntamiento franquista y los ministros del r&#x00E9;gimen, fue ejemplo y encarnaci&#x00F3;n de la apropiaci&#x00F3;n de la riqueza natural de la Comunidad Valenciana para beneficiar un sistema elitista, corrupto e inmanentemente capitalista. Entender la movilizaci&#x00F3;n de “<italic>El Saler per al Poble</italic>” de esta manera tambi&#x00E9;n aclara el nexo entre el regionalismo y la protecci&#x00F3;n del medio ambiente, com&#x00FA;n a muchos ecologistas de toda Espa&#x00F1;a. En Valencia, aunque <italic>Las Provincias</italic> segu&#x00ED;a publicando en castellano, los periodistas mantuvieron un tono francamente econacionalista a lo largo de la campa&#x00F1;a.</p>

			<p>Con esa excepci&#x00F3;n, la campa&#x00F1;a en contra del desarrollo de El Saler parece haber venido o de los pocos intelectuales elitistas de la Universidad o de los propios periodistas. La opini&#x00F3;n p&#x00FA;blica, al contrario, se manten&#x00ED;a a favor de alg&#x00FA;n tipo de desarrollo, aunque algo menos ambicioso que el plan de la ciudad. La mayor&#x00ED;a de los activistas est&#x00E1;n de acuerdo con la declaraci&#x00F3;n de M&#x00F3;stoles de que “la gran mayor&#x00ED;a [de los valencianos] quer&#x00ED;a urbanizaci&#x00F3;n, hotel, turismo, desarrollo, y poder irse a una playa en condiciones, como pasaba en toda Espa&#x00F1;a.” Los planes de la ciudad eran claramente “excesivos,” pero no hay evidencia de que la vehemencia con que <italic>Las Provincias</italic> se opuso al proyecto fuera compartida por el p&#x00FA;blico en general<xref ref-type="fn" rid="NOTE17">17</xref>.</p>

			<p>En ese momento, sin embargo, poco importaba. Con la salud de Franco en la decadencia final, &#x00F3;rdenes directas de Madrid instruyeron al nuevo alcalde de Valencia para buscar un compromiso y la conciliaci&#x00F3;n con las fuerzas de la oposici&#x00F3;n y, sobre todo, mantener la paz. Gracias a la campa&#x00F1;a de <italic>Las Provincias</italic>, la urbanizaci&#x00F3;n encabez&#x00F3; la lista de la Administraci&#x00F3;n valenciana de los puntos conflictivos en los que tendr&#x00ED;a que hacer concesiones con el fin de evitar que los j&#x00F3;venes activistas salieran a la calle. Miguel Ram&#x00F3;n Izquierdo, un respetado y prominente abogado acad&#x00E9;mico, sustituy&#x00F3; al anterior alcalde en el oto&#x00F1;o de 1973 e impuso de inmediato una moratoria en la construcci&#x00F3;n. Mediante varias medidas legales y burocr&#x00E1;ticas, detuvo a los inversores y constructores durante a&#x00F1;os, hasta que asumi&#x00F3; el poder el primer gobierno democr&#x00E1;tico de la ciudad en 1981. Ir&#x00F3;nicamente, ni los cient&#x00ED;ficos conservadores ni los ecologistas marxistas llegaron a salvar El Saler para el pueblo, sino m&#x00E1;s bien el &#x00FA;ltimo alcalde franquista.</p>

			<p>Hasta cierto punto, en 1974, la campa&#x00F1;a de El Saler ya no trataba de El Saler como lugar f&#x00ED;sico, sino de un enfrentamiento entre dos visiones muy diferentes del futuro pol&#x00ED;tico de Espa&#x00F1;a. Sin embargo, no es casualidad que los grupos anti-franquistas de Valencia y otras partes de Espa&#x00F1;a incluyesen un componente ecol&#x00F3;gico importante. La campa&#x00F1;a de El Saler ofrece una perspectiva nueva sobre el enrevesado mundo social y pol&#x00ED;tico del activismo en la &#x00E9;poca tardofranquista, y espec&#x00ED;ficamente sobre la estrecha relaci&#x00F3;n entre paisaje y poder. Representa, en cierta medida, una visi&#x00F3;n hol&#x00ED;stica en la que el cambio social ocurr&#x00ED;a a trav&#x00E9;s de imaginaciones ambientales. El nuevo ecologismo contrastaba con la perspectiva m&#x00E1;s compartimentada de los conservacionistas cient&#x00ED;ficos que hab&#x00ED;an dominado las campa&#x00F1;as anteriores. En la Transici&#x00F3;n, la ecolog&#x00ED;a lleg&#x00F3; a ser inseparable de la identidad regional y la pol&#x00ED;tica de izquierda, y los “econacionalistas” de Valencia y otras provincias perif&#x00E9;ricas se aliaban con las feministas, sindicalistas y emisoras de radio radicales. La importancia de la recuperaci&#x00F3;n y la redefinici&#x00F3;n de las tierras regionales formaba as&#x00ED; un elemento central en el resurgimiento de la democracia en Espa&#x00F1;a y otorg&#x00F3; importancia especial a los movimientos ecologistas de la &#x00E9;poca.</p>

			<p>La diversidad del movimiento ambiental contempor&#x00E1;neo refleja sus ra&#x00ED;ces diversas, que inclu&#x00ED;an conservacionistas tradicionales, activistas radicales de “verde profundo” y, quiz&#x00E1;s sobre todo en el caso espa&#x00F1;ol, una pluralidad de “ecologistas sociales” que persegu&#x00ED;an cambios ambientales como parte de una agenda m&#x00E1;s amplia de justicia y trasformaci&#x00F3;n social. A trav&#x00E9;s de la perspectiva prestada por esta definici&#x00F3;n aumentada, muchas de las movilizaciones ciudadanas de la era tardofranquista asumen matices medioambientales. Igualmente, campa&#x00F1;as como la de El Saler, que han sido vistas hist&#x00F3;ricamente como “ecologistas,” se pueden entender ahora como amalgamas de varios objetivos sociales y pol&#x00ED;ticos cuyas conexiones a paisajes y ecosistemas f&#x00ED;sicos eran m&#x00E1;s tenues de lo que se cre&#x00ED;a.</p>

		</sec>
		
	</body>
	
	
	<back>
	
		
		<sec id="notas">
			<title>NOTAS</title>
		
			<fn-group>
				<fn id="NOTE1"><label>1</label>
					<p>Para una discusi&#x00F3;n m&#x00E1;s profunda sobre la influencia pol&#x00ED;tica de los cient&#x00ED;ficos a nivel mundial en los sesenta, v&#x00E9;ase Goodell (<xref ref-type="bibr" rid="CIT20">1975</xref>).</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE2"><label>2</label>
					<p>Entrevista a Vicente Gonz&#x00E1;lez M&#x00F3;stoles (Valencia, 26 abril 2012); Josep-Vicent Marqu&#x00E9;s, documentos relacionados con AEORMA de diciembre 1974, colecci&#x00F3;n privada de Miguel Ram&#x00F3;n Izquierdo.</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE3"><label>3</label>
					<p>Entrevista a Vicente Ram&#x00F3;n Quir&#x00F3;s, Miguel Ram&#x00F3;n Quir&#x00F3;s y Francisco P&#x00E9;rez Puche (Valencia, 2 mayo 2012) y entrevista a Maria Consuelo Reyna (Valencia, 1 mayo 2012).</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE4"><label>4</label>
					<p>Entrevistas a Vicente Gonz&#x00E1;lez M&#x00F3;stoles (Valencia, 26 abril 2012) y a Francisco P&#x00E9;rez Puche (Valencia, 12 abril 2012).</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE5"><label>5</label>
					<p>Ayuntamiento de Valencia, folleto propagandista para el Plan General de Ordenacion del Monte de la Dehesa, 13 diciembre 1963, Servicio de Planeamiento del Ayuntamiento de Valencia (en adelante SP); Ayuntamiento de Valencia, <italic>Urbanizaci&#x00F3;n del Monte de la Dehesa, Oferta de TEVASA, Annex 3: Referencias Tecnicas y Financieras</italic>, diciembre 1966, SP.</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE6"><label>6</label>
					<p>Real Sociedad Espa&#x00F1;ola de Historia Natural, informe sobre el valor hist&#x00F3;rico natural de la Albufera, dirigido al Ayuntamiento de Valencia, 22 marzo 1964, SP.</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE7"><label>7</label>
					<p>Guillermo Pons Ib&#x00E1;&#x00F1;ez, <italic>Oposici&#x00F3;n al Plan de Ordenaci&#x00F3;n de la Dehesa, en su totalidad</italic>, entregado al Ayuntamiento de Valencia, 3 febrero 1970, Colecci&#x00F3;n privada de Mar&#x00ED;a Consuelo Reyna (en adelante MCR).</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE8"><label>8</label>
					<p><italic>Vida Salvaje</italic>, emisi&#x00F3;n original 30 junio 1970.</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE9"><label>9</label>
					<p>Entrevista a Vicente Gonz&#x00E1;lez M&#x00F3;stoles (Valencia, 26 abril de 2012).</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE10"><label>10</label>
					<p>AEORMA, <italic>Al Pueblo Valenciano</italic>, septiembre 1974, MCR.</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE11"><label>11</label>
					<p>Guillermo Pons Ib&#x00E1;&#x00F1;ez, <italic>Parcelaci&#x00F3;n y Venta del Monte de la Dehesa</italic>, al Ayuntamiento de Valencia, 24 abril 1972, MCR; pliego notariado por Rafael Azpitarte Camy, Notario de Valencia, 4 julio 1972, MCR.</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE12"><label>12</label>
					<p>Comunicaci&#x00F3;n personal de Francisco P&#x00E9;rez Puche (correo electr&#x00F3;nico de 21 enero de 2012).</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE13"><label>13</label>
					<p>Entrevista a Maria Consuelo Reyna (Valencia, 1 mayo 2012).</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE14"><label>14</label>
					<p>AEORMA, <italic>Al Pueblo Valenciano</italic>, septiembre 1974, MCR; Comisiones de Barrio y Pueblo de Valencia, Grupos de Amigos del Saler, <italic>Vecinos, Pueblo, Trabajadores de Valencia</italic>, Septiembre 1974, MCR.</p>
				</fn>
				<fn id="NOTE15"><label>15</label>
					<p>Entrevista a Maria Consuelo Reyna, (Valencia, 1 mayo 2012).</p>
				</fn>
				<fn id="NOTE16"><label>16</label>
					<p>Entrevista a Francisco P&#x00E9;rez Puche (12 abril 2012) y comunicaci&#x00F3;n personal del mismo autor (correo electr&#x00F3;nico de 21 enero de 2012).</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE17"><label>17</label>
					<p>Comunicaci&#x00F3;n personal de Francisco P&#x00E9;rez Puche (correo electr&#x00F3;nico de 21 enero de 2012).</p>
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