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			<journal-id journal-id-type="publisher-id">Arbor</journal-id>
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				<journal-title>ARBOR Ciencia, Pensamiento y Cultura</journal-title>
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			<issn pub-type="epub">0210-1963</issn>
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				<publisher-name>Consejo Superior de Investigaciones Cient&#x00ED;ficas</publisher-name>
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			<article-id pub-id-type="publisher-id">arbor.2016.782n6012</article-id>
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				<subject>VARIA / VARIA</subject>
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				<article-title>Ortega y las Meditaciones del Quijote</article-title>
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					<trans-title>Ortega and his Meditations on Quijote</trans-title>
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				<alt-title alt-title-type="running-head">Ortega y las Meditaciones del Quijote</alt-title>
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					 <surname>De Llera Esteban</surname>
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			<aff id="U1">Catedr&#x00E1;tico de Universidad</aff>
			
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				<corresp id="cor1"><email xlink:href="luis.llera@libero.it">luis.llera@libero.it</email></corresp>
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				<year>2016</year>
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			<volume>192</volume>
			<issue>782</issue>
			
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					<license-p>Este es un art&#x00ED;culo de acceso abierto distribuido bajo los t&#x00E9;rminos de la licencia Creative Commons Attribution (CC BY) Espa&#x00F1;a 3.0.</license-p>
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				<title>RESUMEN</title>
				<p>Este trabajo pretende conmemorar al mismo tiempo <italic>Meditaciones del Quijote</italic> (1914) de Jos&#x00E9; Ortega y Gasset y la obra magna de Cervantes, la segunda parte del <italic>Quijote</italic>, cuyo centenario se cumple en 1915. Se han resumido algunos de los &#x00FA;ltimos trabajos de excelentes orteguianos que han propuesto viejas y nuevas teor&#x00ED;as para comprender y desentra&#x00F1;ar el primer libro del fil&#x00F3;sofo del Escorial. Algunos de ellos han considerado que en el primer libro de Ortega se encuentran los fundamentos de toda su filosof&#x00ED;a posterior. Otros han observado la influencia y la rivalidad de Ortega con las filosof&#x00ED;as de Husserl y Heidegger. Por nuestra parte hemos querido equilibrar la controversia afirmando por una parte que algunos vestigios de las principales obras de madurez de Ortega se encuentran en <italic>Meditaciones</italic>, pero no lo suficiente como para poder afirmar que el joven fil&#x00F3;sofo de 1914 hab&#x00ED;a concluido su itinerario filos&#x00F3;fico. Es el mismo Ortega que repite continuamente que la filosof&#x00ED;a es evoluci&#x00F3;n y cambio de punto de vista, porque, entre otras cosas, el pensador necesita estar a la altura de los tiempos.</p>
			</abstract>
			
									
			<trans-abstract xml:lang="en">
				<title>ABSTRACT</title>
				<p>This work celebrates both <italic>Meditations on Quixote</italic> (1914) by Jose Ortega y Gasset and the great work of Cervantes, the second part of <italic>Quixote</italic>, whose Centenary was celebrated in 1915. Some of the most recent works by excellent Orteguian writers propose old and new theories to understand and interpret the first book of the philosopher of El Escorial. Some of them considered Ortega’s first book to provide the foundations for all his later philosophy. Another writer focused on the influence and rivalry of Ortega with Husserl and Heidegger philosophies. Here, we attempt to balance the controversy, pointing out that some traces of the principal mature works of Ortega are included in <italic>Meditations</italic>, but not enough to conclude that the young philosopher of 1914 had completed his philosophic itinerary. We find the same Ortega, who continually repeated that philosophy is an evolution and changing of points of view, enabling the thinker to keep abreast of the times.</p>
			</trans-abstract>

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				<title>PALABRAS CLAVE</title>
				<kwd>Ortega</kwd>
				<kwd>Cervantes</kwd>
				<kwd>historiograf&#x00ED;a</kwd>
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				<title>KEYWORDS</title> 			
				<kwd>Ortega</kwd>	
				<kwd>Cervantes</kwd>
				<kwd>historiography</kwd>
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		<sec id="S1">
			<title>1. EL CONTEXTO</title>

			<p>Casi todas las &#x00FA;ltimas interpretaciones sobre el primer libro de Ortega lo han considerado como el preludio de toda la filosof&#x00ED;a posterior; es decir como el primer ladrillo de un unicum nacido en 1914 y finalizado con la muerte del fil&#x00F3;sofo en los a&#x00F1;os Cincuenta. No podemos rechazar totalmente todos los puntos de vista; en primer lugar porque en parte son verdad. Tambi&#x00E9;n porque se trata de orteguianos muy bien formados y con a sus espaldas muchos centenares de p&#x00E1;ginas sobre la obra del llamado fil&#x00F3;sofo de El Escorial. Otras veces los investigadores han usado las <italic>Meditaciones del Quijote</italic> para exponer viejas interpretaciones sobre toda la obra orteguiana. Les damos la raz&#x00F3;n a los primeros s&#x00F3;lo en parte, pues poco se ci&#x00F1;en al texto de 1914, a veces descontextualiz&#x00E1;ndolo. Todos sabemos por experiencia personal, sobre todo si no gozamos ya del &#x00ED;mpetu de la vitalidad juvenil, que nuestro camino filos&#x00F3;fico, literario y cultural evoluciona por progresos internos y circunstancias externas. Las nuevas lecturas de Ortega, as&#x00ED; como la evoluci&#x00F3;n de la historia y de la sociedad, cambiaron l&#x00F3;gicamente su perspectiva.</p>

			<p>Ortega comienza a escribir sus primeros art&#x00ED;culos cuando la generaci&#x00F3;n modernista – la mal llamada del ‘98 – se impon&#x00ED;a en las letras peninsulares y en particular modo en las madrile&#x00F1;as. En la capital se afirmaban los Machado, Azor&#x00ED;n, Baroja, Valle-Incl&#x00E1;n y, tambi&#x00E9;n, Maeztu y Unamuno. Sab&#x00ED;a que para afirmarse en la cultura espa&#x00F1;ola se vio obligado a superarlos culturalmente a trav&#x00E9;s de sus art&#x00ED;culos y correspondencia y finalmente con su primer libro <italic>Meditaciones del Quijote</italic>. Hab&#x00ED;a que tener en cuenta que la mayor&#x00ED;a de ellos eran literatos con intereses filos&#x00F3;ficos, pero a excepci&#x00F3;n de Maeztu y Unamuno no conoc&#x00ED;an bien los sistemas filos&#x00F3;ficos que se hab&#x00ED;an desarrollado en Europa durante la segunda mitad del siglo XIX y el primer tercio del siglo XX. Por tal motivo, Ortega no quer&#x00ED;a enfrentarse a ellos mediante la exposici&#x00F3;n de un sistema filos&#x00F3;fico, entre otras cosas porque su preparaci&#x00F3;n al respecto no era completa y adem&#x00E1;s porque en casi toda su obra eligi&#x00F3; un g&#x00E9;nero que se lo prohib&#x00ED;a: el ensayo (De Llera Esteban, <xref ref-type="bibr" rid="CIT09">1999</xref>; De Llera Esteban, <xref ref-type="bibr" rid="CIT11">2009</xref>).</p>

			<p>El ensayo es un g&#x00E9;nero conocido en la Espa&#x00F1;a realista y sobre todo modernista. No resulta extra&#x00F1;o, pues, que Ortega se dirigiera a la cultura precedente con el mismo g&#x00E9;nero y con contenidos entrecruzados y diversos de literatura y filosof&#x00ED;a, pues el Modernismo fue una corriente cultural que a partir de la rebeli&#x00F3;n contra la neo-escol&#x00E1;stica pas&#x00F3; en seguida a la literatura, a la filosof&#x00ED;a y a las ciencias (De Llera Esteban, <xref ref-type="bibr" rid="CIT08">1994c</xref>).</p>

			<p>Ortega no fue ajeno a &#x00E9;l, pues cuando empez&#x00F3; a escribir sus primeros art&#x00ED;culos lo respir&#x00F3; en el ambiente europeo y espa&#x00F1;ol. Dos trabajos le dedic&#x00F3; el entonces “esencialista” espa&#x00F1;ol a la novela de Fogazzaro, <italic>El santo</italic>, que desat&#x00F3; y difundi&#x00F3; el Modernismo en Italia, sabiendo como sabemos que Ortega en aquellos momentos ten&#x00ED;a sus ojos puntados hacia Alemania. En el primero se lee: “Yo debo gratitud a este libro; ley&#x00E9;ndolo he sentido lo que mucho tiempo hace no hab&#x00ED;a podido gustar: la emoci&#x00F3;n cat&#x00F3;lica” y con su prosa envolvente y atractiva continua: “Mas esta f&#x00F3;rmula del futuro catolicismo, predicada por <italic>El santo</italic>, nos hace pensar a los que vivimos apartados de toda Iglesia: si fuera tal el catolicismo, ¿no podr&#x00ED;amos nosotros ser alg&#x00FA;n d&#x00ED;a cat&#x00F3;licos?” (Ortega y Gasset, <xref ref-type="bibr" rid="CIT22">1982</xref>).</p>

			<p>Estas frases merecen al menos un breve comentario, porque explican en parte su car&#x00E1;cter y su estilo. Car&#x00E1;cter de provocaci&#x00F3;n y estilo ensay&#x00ED;stico, nada f&#x00E1;cil de contestar porque mezcla su negaci&#x00F3;n a los cat&#x00F3;licos y su apertura a las novedades. Es decir, y como he escrito en otro lugar, una religi&#x00F3;n al alcance de todos, pero no gracias a una elaboraci&#x00F3;n m&#x00E1;s simple, sino acomodada al confort de la modernidad. Por ello Ortega no abriga la esperanza de que su labor d&#x00E9; frutos; pero merece fervorosa simpat&#x00ED;a. Con todo, el fil&#x00F3;sofo madrile&#x00F1;o nutre una cierta complicidad con el movimiento reformista, no solo por un motivo de moda o de altura de los tiempos, no, Ortega ten&#x00ED;a la sensibilidad cultural y el olfato adecuado para lo nuevo tan suficientemente desarrollado como para comprender la finalidad de fondo del Modernismo (De Llera Esteban, <xref ref-type="bibr" rid="CIT12">2012</xref>, p. 165.)</p>

			<p>A este prop&#x00F3;sito escrib&#x00ED;a: “Una Iglesia cat&#x00F3;lica amplia y salubre, que acertaba a superar la cruz de antinomia entre el dogmatismo cat&#x00F3;lico y la ciencia, nos parecer&#x00ED;a la m&#x00E1;s potente instituci&#x00F3;n de cultura: esta iglesia ser&#x00ED;a la gran m&#x00E1;quina de educaci&#x00F3;n del g&#x00E9;nero humano (Ortega y Gasset, <xref ref-type="bibr" rid="CIT22">1982</xref>, p. 430)”. Una vez m&#x00E1;s, Ortega mide y juzga el valor del Modernismo desde el punto de vista sociol&#x00F3;gico, por su posible validez para reformar las conciencias y la actitud de la colectividad espa&#x00F1;ola entre el viejo y permanente dilema de la doble verdad, la cient&#x00ED;fica y la filos&#x00F3;fica. Para nuestro pensador laico, la Iglesia cat&#x00F3;lica arrastraba demasiadas reglas en su largo recorrido hist&#x00F3;rico. Era preciso, por un lado, podar el &#x00E1;rbol dogm&#x00E1;tico, demasiado frondoso para el clima intelectual moderno, dar mayor fluidez a la creencia, utilizar la pesadumbre ideol&#x00F3;gica: se hac&#x00ED;a forzosa una reforma de las letras cat&#x00F3;licas. Ortega ve en el Modernismo la posibilidad de conciliar ciencia y fe o, mejor dicho, que la ideolog&#x00ED;a se abriese a la ciencia y en ese sentido conciliar tradici&#x00F3;n y modernidad y, en cierto modo, Espa&#x00F1;a con Europa. Como ya expliqu&#x00E9;, “El fil&#x00F3;sofo laico aplaude el Modernismo en cuanto promotor de una reforma dentro de la Iglesia para que, superando las incompatibilidades, se adaptase a la filosof&#x00ED;a y a la ciencia moderna. El problema era, y ser&#x00E1; siempre, precisamente ¿cu&#x00E1;l es el precio que la doctrina cat&#x00F3;lica debe pagar, en cada momento, para ser aceptada por la cultura laica? Ortega ve en el Modernismo una estaci&#x00F3;n nueva en la v&#x00ED;a ascendente del progreso cultural. Saluda a <italic>El santo</italic> con regocijo, probablemente tambi&#x00E9;n porque sab&#x00ED;a que Fogazzaro no hab&#x00ED;a conseguido exponer personalmente a P&#x00ED;o X sus ideas de cat&#x00F3;lico laico sobre la reforma llamada modernista y que, por ello, era su libro el &#x00FA;nico medio para dar a conocer sus ideas. Por otra parte, las tertulias modernistas milanesas, suizas y romanas contaban con intelectuales y con medio suficiente como para dejar sentir su voz, mientras que en Espa&#x00F1;a, el espacio concedido a la defensa del reformismo religioso result&#x00F3; infinitamente menor (De Llera Esteban, <xref ref-type="bibr" rid="CIT12">2012</xref>, p. 66).</p>

			<p>El impulso individualista y subjetivista era una novedad generalizada en el movimiento modernista, sea en su fase religiosa que en la literaria, pero ello no quiere decir, como ocurre con todas las novedades culturales de la historia, que la generaci&#x00F3;n precedente no hubiese preanunciado ideas y sentimientos, que se adelantaban, en cierto modo, a la nueva generaci&#x00F3;n. Por ejemplo, y en cuanto a los errores pr&#x00E1;cticos de la Iglesia, el p&#x00ED;o sacerdote y potente fil&#x00F3;sofo italiano Antonio Rosmini, en su libro <italic>Las cinco llagas de Santa Madre Iglesia</italic>, hab&#x00ED;a denunciado decenios antes de la explosi&#x00F3;n modernista los males que aquejaban a la Iglesia universal y a la romana en particular. Antonio Moroni cita el juicio de Pietro Pancrazi cuando apunta al desmesurado af&#x00E1;n de Fogazzaro por conciliar dogma y filosof&#x00ED;a, la ciencia y la fe, la libertad y el catolicismo, el arte del Verismo (Realismo) y el idealismo, Darwin y San Agust&#x00ED;n (Moroni, <xref ref-type="bibr" rid="CIT21">1985</xref>) Cuando escribe sobre el Modernismo, nuestro pensador cita Le Roy, Tirrel, Murri, Blondel, Minochi, Herling y Laberthonni&#x00E8;re. Adem&#x00E1;s en su art&#x00ED;culo sobre <italic>El santo</italic> escribe: “El Modernismo no se ha contentado con crear una nueva filolog&#x00ED;a. Su poderosa religiosidad le ha permitido labrar nuevas soluciones filos&#x00F3;ficas, sociol&#x00F3;gicas, &#x00E9;ticas, pol&#x00ED;ticas y teol&#x00F3;gicas. La novela de que hablamos, <italic>El santo</italic>, nos permite, en fin, esperar una nueva est&#x00E9;tica del catolicismo (Ortega y Gasset, <xref ref-type="bibr" rid="CIT22">1982</xref>)”. Lo escrito parece justificar que Ortega y Gasset no se preocup&#x00F3; solo por combatir el arte y la filosof&#x00ED;a realista del siglo XIX, sino que consider&#x00F3; al Modernismo la generaci&#x00F3;n del cambio, la primera del siglo XX, contra la que hab&#x00ED;a m&#x00E1;s que luchar y perfeccionar. Pero de momento el camino se presentaba largo y en subida. Modernistas eran Rub&#x00E9;n Dar&#x00ED;o, Antonio Machado, Azor&#x00ED;n y Baroja (Romero Samper, <xref ref-type="bibr" rid="CIT26">1994</xref>), adem&#x00E1;s de Unamuno, Maeztu y Juan Ram&#x00F3;n Jim&#x00E9;nez, tan interesados estos &#x00FA;ltimos tanto a la pura literatura, como al pensamiento. Este acercamiento de los llamados modernistas literatos espa&#x00F1;oles a los europeos de, quiz&#x00E1;s, mayor espesor especulativo tienen tambi&#x00E9;n sus ra&#x00ED;ces en la preocupaci&#x00F3;n de Ortega, Juan Ram&#x00F3;n Jim&#x00E9;nez y Unamuno por el movimiento de desacato / conciliaci&#x00F3;n europeo, pero tambi&#x00E9;n, y como es normal que ocurra, por un fen&#x00F3;meno de &#x00F3;smosis ambiental, proveniente de toda Europa a Espa&#x00F1;a (Cozar Casta&#x00F1;ar, <xref ref-type="bibr" rid="CIT04">2002</xref>). Este hecho hizo de nuestro Modernismo un movimiento menos unificado y dispersivo que en otras naciones europeas (Botti, <xref ref-type="bibr" rid="CIT01">1987</xref>), pero suficientemente claro para que Ortega reconociese en &#x00E9;l un cambio de perspectiva en orden al pensamiento y a la est&#x00E9;tica del siglo XIX. Claro que Ortega con su fuerte egotismo y su vocaci&#x00F3;n de salvador de la patria, con el fin de imprimir un nuevo ritmo a la lenta evoluci&#x00F3;n de la Restauraci&#x00F3;n borb&#x00F3;nica, se ve&#x00ED;a en obligaci&#x00F3;n de vencer la batalla a la generaci&#x00F3;n precedente a la suya para caracterizar orteguianamente a la nuev&#x00ED;sima generaci&#x00F3;n de 1914, la suya. El oponente m&#x00E1;s destacado se llamaba Miguel de Unamuno, con reconocido prestigio en el campo del Modernismo religioso y literario (Cassani, <xref ref-type="bibr" rid="CIT02">2012</xref>) Ortega ten&#x00ED;a que enfrentarse y lo hizo con fuerza y no demasiado respeto para con el rector de Salamanca. En una correspondencia le vino a decir que no bastaba con la intuici&#x00F3;n est&#x00E9;tica y con la valent&#x00ED;a del escritor. Se necesitaba saber, estudiar, adquirir esp&#x00ED;ritu cient&#x00ED;fico, pues de otra manera la alternativa no deber&#x00ED;a ser otra que callarse (Ortega Spottorno, Robles Carcedo y Ramos Gase&#x00F3;n, <xref ref-type="bibr" rid="CIT25">1987</xref>). La batalla, como veremos, la gan&#x00F3; el joven Ortega sin que por ello el prestigio y la fama de Unamuno disminuyesen. Algo parecido a la lucha cultural entre Ortega y los modernistas ocurri&#x00F3; entre ellos y la generaci&#x00F3;n precedente, la realista. No queda ninguna duda de que la batalla se dio quiz&#x00E1;s de forma menos radical, pues al principio realistas y modernistas escribieron en las mismas revistas, si bien poco a poco fueron alej&#x00E1;ndose rec&#x00ED;procamente (Mart&#x00ED;n, <xref ref-type="bibr" rid="CIT19">2002</xref>) Se ha repetido mucho que los modernistas eran mejores literatos y cultos que los novelistas de la generaci&#x00F3;n anterior. Los mejores y los peores dependen del gusto de los periodistas y del p&#x00FA;blico lector, pero el saber m&#x00E1;s o menos no; es cuesti&#x00F3;n mas objetiva y estamos convencidos que en base a tal objetividad la generaci&#x00F3;n de los Gald&#x00F3;s, Valera etc. poco tienen que envidiar a la de los Dar&#x00ED;o, Azor&#x00ED;n, Baroja etc. De cualquier modo, el rechazo de Ortega contra la cultura y el pensamiento precedente resulta siempre evidente. Respecto a este &#x00FA;ltimo todos concuerdan que despu&#x00E9;s de su educaci&#x00F3;n jesu&#x00ED;tica en los centros de M&#x00E1;laga y de Bilbao se alej&#x00F3; de la filosof&#x00ED;a cat&#x00F3;lica, especialmente de la escol&#x00E1;stica. Del socialismo ut&#x00F3;pico y marxista espa&#x00F1;ol escribi&#x00F3; poco o nada. Resulta m&#x00E1;s problem&#x00E1;tico discernir acerca de sus ideas sobre el krausismo y la Instituci&#x00F3;n Libre de Ense&#x00F1;anza. No cabe duda de las admiraciones y buenas relaciones personales que compart&#x00ED;a con algunos de sus miembros; entre otro Giner de los R&#x00ED;os y Costa. Pero tambi&#x00E9;n es verdad que en una carta dice que la filosof&#x00ED;a de Sanz del R&#x00ED;o en la Espa&#x00F1;a de 1908 poco o nada contaba. Ortega ha escrito a prop&#x00F3;sito: “Se ha hablado del famoso krausismo espa&#x00F1;ol. Pero los krausistas espa&#x00F1;oles eran lo que suele decirse excelentes personas y malos m&#x00FA;sicos. Han influido bastante y con noble sentido en la vida espa&#x00F1;ola, pero de Alemania conoc&#x00ED;an solo a Krause. Ni siquiera sobre Kant o los rom&#x00E1;nticos contempor&#x00E1;neos de Krause ten&#x00ED;an ideas claras. Comprender&#x00E1; el lector que encontrarse en un desierto con el heter&#x00F3;clito Krause, as&#x00ED; aislado, sin consecuencias ni concomitantes, es una escena sobremanera c&#x00F3;mica (Ortega y Gasset, <xref ref-type="bibr" rid="CIT24">2004</xref>, vol. 2, p. 21)”. Alg&#x00FA;n tiempo antes en carta a M. B. Coss&#x00ED;o, se hab&#x00ED;a pronunciado duramente contra la filosof&#x00ED;a de Krause: “Para m&#x00ED; la metaf&#x00ED;sica en su sentido riguroso – por ejemplo la de Krause – est&#x00E1; m&#x00E1;s muerta que nunca. Este sentido consiste en querer que una misma realidad – la tierra, la vida – es susceptible de dos elaboraciones intelectuales diversas: una f&#x00ED;sica y otra metaf&#x00ED;sica. Yo creo que hay una metaf&#x00ED;sica, pero que ha de entenderse por ella que existen problemas no s&#x00F3;lo no resueltos, sino insospechados por las otras ciencias (Ortega y Gasset, <xref ref-type="bibr" rid="CIT23">1990</xref>, 1 de noviembre)”.</p>
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		<sec id="S2">
			<title>2. NUEVA BIBLIOGRAF&#x00CD;A SOBRE MEDITACIONES DEL QUIJOTE</title>

			<p>El n&#x00FA;mero de mayo de 2014 (n. 396) Revista de Occidente ha sacado un monogr&#x00E1;fico sobre <italic>Meditaciones del Quijote</italic>, casi todos los art&#x00ED;culos de gran valor en el orteguismo espa&#x00F1;ol. El primer trabajo lleva la firma de Javier Zamora Bonilla (Zamora Bonilla, <xref ref-type="bibr" rid="CIT28">2002</xref>, p. 656). Para &#x00E9;l, siguiendo a Ortega, las <italic>Meditaciones</italic> son ensayos de amor intelectual. “La conceptualizaci&#x00F3;n de la cosa nos permite distinguirla de las dem&#x00E1;s, pero al mismo tiempo los l&#x00ED;mites del contexto merecen su conexi&#x00F3;n con el resto del mundo. No se pueden entender las cosas si se ven aisladamente”. Seg&#x00FA;n Bonilla, Ortega en 1914 hab&#x00ED;a abandonado ya el idealismo racionalista de Marburgo para conciliar la cultura del concepto con la cultura de la vida, que traducido a su ambiente madrile&#x00F1;o significaba la integraci&#x00F3;n de Espa&#x00F1;a en Europa, as&#x00ED; como la doble perspectiva de cultura germ&#x00E1;nica y latina. La primera se afianza en las profundidades, la segunda resbala en la superficie. Pero ello no quiere decir que de la cultura espa&#x00F1;ola no pueda ser recuperado nada importante para la cultura en general. Mas con una diferencia decisiva en contraste con el Quijote de Unamuno al rector de Salamanca le importaba el protagonista, a Ortega, Cervantes. El primero estaba enamorado del vitalismo aventurero del Quijote, el segundo de la gran empresa humanizadora de Cervantes. Bonilla termina su art&#x00ED;culo escribiendo la siguiente frase: “Las Meditaciones del Quijote buscaban un terreno s&#x00F3;lido en el que fundamentar un nuevo renacer de la cultura occidental – de la espa&#x00F1;ola en particular y de la europea en su conjunto. El tema, que m&#x00E1;s tarde calific&#x00F3; Ortega ‘De nuestro tiempo’, quedaba solo apuntado. M&#x00E1;s tarde lo desarroll&#x00F3; en su filosof&#x00ED;a de la raz&#x00F3;n vital e hist&#x00F3;rica, uno de los intentos m&#x00E1;s serios del siglo XX para entender al yo en la circunstancia, al hombre en el mundo, al individuo en su paisaje (Zamora Bonilla, <xref ref-type="bibr" rid="CIT30">2014</xref>, p. 7)”.</p>

			<p>Sin embargo echo de menos citaciones textuales del primer libro de Ortega. Probablemente el conocido orteguiano ha sido exprimido por muchos congresos y participaciones en libros colectivos. Las cosas son las que son y resulta dif&#x00ED;cil estirarlas (Ortega y Gasset, <xref ref-type="bibr" rid="CIT24">2004</xref>, vol. 2, p. 21).</p>

			<p>Pedro Cerezo Gal&#x00E1;n (Cerezo Gal&#x00E1;n, <xref ref-type="bibr" rid="CIT03">2014</xref>, pp. 12-13)escribe que Ortega en Meditaciones juega con diferentes niveles de la realidad pero el m&#x00E1;s relevante es el que denomina Realismo po&#x00E9;tico; tomando el texto de Ortega sobre el bosque que rodea al Escorial afirma que “la realidad inmediata es solo pretexto para que lo dem&#x00E1;s se haga oculto y distante […] al andar en &#x00E9;l se nos abren diferentes perspectivas seg&#x00FA;n la situaci&#x00F3;n y el inter&#x00E9;s del caminante […] en suma, el bosque es siempre en cada momento el correlato de mi viviente subjetividad”. La vida como correlaci&#x00F3;n del yo viviente y su circunstancia. Son voces de logos ocultos del bosque. “¿De qu&#x00E9; habla Ortega? Del bosque, del mundo, de la vida, del logos, de la verdad desveladora. ¿No apuntan todos estos nombres en la realidad?”. Nos parece que Pedro Cerezo Gal&#x00E1;n se propone diferentes preguntas a las cuales responden los textos orteguianos no con excesiva claridad pero si lo suficiente como para distinguir entre el bosque y la verdad desveladora. Es verdad que el bosque, para Ortega, es una multiplicidad de perspectivas, pero la verdad desveladora resulta muy heideggeriana como para introducirla en la filosof&#x00ED;a del joven Ortega. Habr&#x00ED;a que hablar del binomio vida y cultura, apreciaci&#x00F3;n que no le escapa al eximio investigador, porque la primera deber&#x00ED;a representar la realidad, la segunda la mirada inteligente del sujeto cognoscente. Pero si, nos detenemos un poco, siguiendo el consejo permanente de Ortega, nos topamos con un verdadero problema de teor&#x00ED;a del conocimiento. Porque, ¿qui&#x00E9;n es el primero, la cosa o la persona, la realidad que se presenta o el sujeto que la recibe? Nos parece in&#x00FA;til discutir del primer idealismo de Ortega o de su posterior objetivismo, ambos en sus primeros a&#x00F1;os de producci&#x00F3;n, si no vamos a la base del conocer en Ortega, pues en muchas ocasiones, y no siempre con acierto, se distinguen las formas integradas e interdependientes de elementos que producen el conocer: la cosa y el sujeto. No digo que no existan y sean copresentes, pero deber&#x00ED;amos asegurarnos qu&#x00E9; tipo de realismo u objetivismo es el proclamado por muchos en <italic>Meditaciones del Quijote</italic>, as&#x00ED; Ortega se plantea la posici&#x00F3;n de Descartes y despu&#x00E9;s de la fenomenolog&#x00ED;a de Hurssel nos resulta que est&#x00E9; intentando solucionar el problema por varios caminos, pero primero de todos el de la filosof&#x00ED;a de la estufa. Es decir, la realidad es vista por el hombre tal cual es (adecuatiointelectus et rei), o cabe preguntarse si los &#x00F3;rganos de la percepci&#x00F3;n reflejan las cosas, los entes, tal y como son, o cabe un segundo enga&#x00F1;o por parte de la res y por parte del hombre, esta pregunta se la hizo Ortega permanentemente, a veces enfrent&#x00E1;ndose con Descartes y crey&#x00F3; resolverlas con el vitalismo gnoseol&#x00F3;gico. Es decir, el hombre no tiene tiempo de madurar la respuesta porque al nacer se encuentra irremediable y espont&#x00E1;neamente con la vida. Ella es la base de todo conocer, es la realidad radical, el punto de partida para cualquier acto posterior de conocimiento, de percepci&#x00F3;n y de reflexi&#x00F3;n. En un segundo momento aparece la raz&#x00F3;n, el &#x00F3;rgano o la cualidad que distingue al hombre de los otros seres de vida del planeta. Este modo de afirmar la existencia personal y el modo de encararse con ella me recuerdan en cierto modo a Antonio Rosmini y a su descripci&#x00F3;n del sentimiento fundamental. Para el fil&#x00F3;sofo de Rovereto, el hombre sinti&#x00E9;ndose se percibe a s&#x00ED; mismo como existente. No se refiere a un sentir concreto, sino a uno generalizado gracias al cual se percibe como viviente y la vivencia de s&#x00ED; le abre al mundo. La individuaci&#x00F3;n m&#x00E1;s tarde del ser como ideal, real y moral proviene precisamente del llamado sentimiento fundamental. Ciertamente que el ser tri&#x00E1;dico, reflejo de la Sant&#x00ED;sima Trinidad, nada tiene que ver con la gnoseolog&#x00ED;a de Ortega, pero no estar&#x00ED;a de sobra profundizar entre la aproximaci&#x00F3;n a la existencia de ambas filosof&#x00ED;as. Es necesario recordar que en el per&#x00ED;odo en el que le toc&#x00F3; vivir a Rosmini estaban de moda las filosof&#x00ED;as idealistas y no las existencialistas.</p>

			<p>El profesor Cerezo afronta la definici&#x00F3;n del g&#x00E9;nero literario novela, afirmando con Ortega que el arte es esencialmente realizaci&#x00F3;n, es decir negar nuestra realidad situ&#x00E1;ndonos por encima de ella porque la novela no es mimesis de la circundante, sino desrealizaci&#x00F3;n de ella con la finalidad de crear o recrear cosas diferentes a las presentes, como el Quijote, ya que m&#x00E1;s nos introducimos en la historia m&#x00E1;s nos alejamos de la realidad cotidiana. La poes&#x00ED;a m&#x00E1;s aun que la novela desrealiza porque no necesita de la mimesis, o sea de la recreaci&#x00F3;n para construir un g&#x00E9;nero aut&#x00F3;nomo. Sin embargo, quedamos parcialmente sorprendidos, quiz&#x00E1;s por la falta de un pasaje, cuando el cr&#x00ED;tico afirma casi de golpe que la realidad por antonomasia es la pura idealidad, el mundo de las esencias y de las normas, aunque aclara que este mundo verdadero no puede dejar de reconocer su otra copia desva&#x00ED;da (una mimesis degradada) en la apariencia. Yo dir&#x00ED;a, con toda humildad y con miedo a equivocarme, que para Ortega la realidad radical es la vida y a partir de ella se pueden construir los otros niveles de conocimiento, incluido el mito, la novela y la poes&#x00ED;a. ¿Qu&#x00E9; sentido tendr&#x00ED;a pues el intento orteguiano de superar a Descartes y a Husserl si bien sus filosof&#x00ED;as arranquen de posiciones diferentes? Es verdad que Cerezo Gal&#x00E1;n cita un texto muy apropiado de Ortega, pero que parece no encajar con las expresiones precedentes: “Ahora tenemos que acomodar en la capacidad po&#x00E9;tica la realidad actual […]. Llegamos hasta aqu&#x00ED; a lo po&#x00E9;tico gracias a una superaci&#x00F3;n y abandono de lo circunstante, de lo actual. De modo que tanto vale decir realidad actual como decir lo no po&#x00E9;tico. Es, pues, la m&#x00E1;xima ampliaci&#x00F3;n est&#x00E9;tica a la que se puede llegar (Ortega y Gasset, <xref ref-type="bibr" rid="CIT24">2004</xref>, p. 809)”. La citaci&#x00F3;n de Ortega aclara pues de otro modo que se podr&#x00ED;a resolver en la disyuntiva realismo o idealismo. Diferencia radical a la que se presta muchas veces el coqueteo cultural y filos&#x00F3;fico del propio Ortega.</p>

			<p>Muchos nos han convencido sobre la separaci&#x00F3;n entre realidad o cosa y la idea citando otra vez un claro texto orteguiano: “Si la idea triunfa, la materialidad queda suplantada y vivimos alucinados. Si la materialidad se impone y, penetrando el vaho de la idea, reabsorbe a esta, vivimos desilusionados” (Ortega y Gasset, <xref ref-type="bibr" rid="CIT24">2004</xref>, I, p. 813). Cerezo recompone muy bien esta dicotom&#x00ED;a cuando aclara: “Para evitar tales extremos m&#x00F3;rbidos hay que pensar en un nuevo r&#x00E9;gimen de convivencia ir&#x00F3;nica entre facticidad y sentido, como a la dimensi&#x00F3;n interna a la misma realidad (Cerezo Gal&#x00E1;n, <xref ref-type="bibr" rid="CIT03">2014</xref>, pp. 20-26)”. Es verdad tambi&#x00E9;n que volviendo a la vida como realidad radical y anticipando en cierto modo a Heidegger Ortega escribe (citado con sorpresa por Cerezo): “Mas la realidad es un simple y pavoroso estar ah&#x00ED;. Presencia, yacimiento, inercia. Materialidad” (Ortega y Gasset, <xref ref-type="bibr" rid="CIT24">2004</xref>, I, p. 814).</p>

			<p>Compartimos en buena parte el trabajo de un estudioso valioso de la obra de Ortega. Quiz&#x00E1;s no hubieran sobrado las referencias al poder de la voluntad para pasar de lo real a lo ideal, de la vida mostrenca a la cultura.</p>

			<p>Eduardo Mart&#x00ED;nez de Pis&#x00F3;n analiza algunos aspectos del per&#x00ED;odo orteguiano analizado. Nos referimos por ejemplo al regeneracionismo y a la importancia del paisaje en <italic>Meditaciones del Quijote</italic>. Cita a J. Costa y Lucas Mallada, preocupados por los males de la patria y por los males geogr&#x00E1;ficos. Pena que Mart&#x00ED;nez de Pis&#x00F3;n no hubiera aprovechado la ocasi&#x00F3;n para definir al grupo llamado por la historiograf&#x00ED;a regeneracionista, distinta de la modernista; es decir, de la mal llamada Generaci&#x00F3;n del ‘98.</p>

			<p>Sobre el paisaje, argumento relacionado tambi&#x00E9;n con el geogr&#x00E1;fico, Mart&#x00ED;nez de Pis&#x00F3;n nos recuerda una conferencia poco posterior a <italic>Meditaciones del Quijote</italic>, titulada <italic>Temas del Escorial</italic> que en realidad resulta continuaci&#x00F3;n de las primeras p&#x00E1;ginas del libro de 1914: “Nos vuelve a llevar a la sierra del Guadarrama para mostrarnos, de su mano y tambi&#x00E9;n de la de Giner, por una parte, los elementos geogr&#x00E1;ficos que la componen en sus lomas y valles, con los que dialogan las sensaciones y, por otro lado, una idea de su entidad como proyecci&#x00F3;n del hombre sobre lo que le rodea. Ortega acaba por concluir: ‘No hay yo sin paisaje’. El paisaje es el horizonte de la vida, de modo que la fidelidad a nosotros mismos necesita la fidelidad al paisaje: ‘El patriotismo es ante todo la fidelidad al paisaje […] la patria es el paisaje (Mart&#x00ED;nez de Pis&#x00F3;n, <xref ref-type="bibr" rid="CIT20">2014</xref>, p. 44)”.</p>

			<p>Hace bien el autor del comentado art&#x00ED;culo en ocuparse del paisaje, porque Ortega inicia de este modo sus Meditaciones del Quijote y tambi&#x00E9;n el paisaje conforma las circunstancias y por lo tanto al yo. Adem&#x00E1;s porque el paisaje no solo es espacial sino tambi&#x00E9;n temporal y explica la evoluci&#x00F3;n del hombre con su entorno.</p>

			<p>El conocido y profundo conocedor de la obra de Ortega Jaime de Salas titula su trabajo <italic>Las Meditaciones del Quijote y el problema identitario</italic> (De Salas, <xref ref-type="bibr" rid="CIT14">2014</xref>). El mismo autor hab&#x00ED;a publicado ya sobre el argumento el trabajo <italic>Ortega, lector de Nietzsche. Las Meditaciones del Quijote frente a Meditaciones Intempestivas II</italic> (De Salas, <xref ref-type="bibr" rid="CIT13">1994</xref>). El trabajo parte del principio que el hombre vive necesariamente con los dem&#x00E1;s y de esta interrelaci&#x00F3;n nace el conocimiento, la sociedad y la cultura. Tal intercomunicaci&#x00F3;n crea la perspectiva: “La noci&#x00F3;n de perspectiva, como algo que se adquiere en la medida en que el individuo se incorpora a una forma de conversaci&#x00F3;n colectiva, aparece como el concepto general de la obra (De Salas, <xref ref-type="bibr" rid="CIT13">1994</xref>, p. 51). J. de Salas aplica los t&#x00E9;rminos interdependencia y perspectiva a lo social, recordando que con cercan&#x00ED;a temporal a <italic>Meditaciones</italic> Ortega publicase <italic>Vieja y nueva pol&#x00ED;tica</italic>. Podr&#x00ED;amos decir, con todas las diferencias que se quieran y que seguramente ser&#x00ED;an justas, que el presente trabajo sobre el sentido de la sociedad de Jaime de Salas se trabar&#x00ED;a bien con el precedente sobre el paisaje de Mart&#x00ED;nez de Pis&#x00F3;n: “Constituye un esfuerzo de comunicaci&#x00F3;n que tendr&#x00ED;a una dimensi&#x00F3;n preformativa en la medida en que adem&#x00E1;s de comunicar, crea – o recrea – el medio ideal que est&#x00E1; comunicando […] el sujeto hace su vida desde las ideas, conceptos, atendiendo a las caracter&#x00ED;sticas de la circunstancia (De Salas, <xref ref-type="bibr" rid="CIT13">1994</xref>, p. 52)”.</p>

			<p>Salas subraya las diferencias pol&#x00ED;ticas y sobre todo sociales existentes entre las circunstancias de 1914 y 2014. Antes cada naci&#x00F3;n y los hombres que la habitaban ten&#x00ED;an conciencia de puntos de referencia com&#x00FA;n para definir la propia identidad nacional, pero ahora la salida natural al mundo por los puertos de Guadarrama o el campo de Ont&#x00ED;gola carecer&#x00ED;a de sentido gracias a la comunicaci&#x00F3;n y a la globalizaci&#x00F3;n. Escribe Jaime de Salas: “No es que exista un nivel m&#x00E1;s bajo intelectualmente hablando, sino que la particularidad de vivir en un sitio, a&#x00FA;n cuando afecte a la vida cotidiana, de por s&#x00ED; tiende a no ofrecer puntos de referencia comunes (De Salas, <xref ref-type="bibr" rid="CIT13">1994</xref>, p. 57)”. En las &#x00FA;ltimas p&#x00E1;ginas el autor hace referencia comparativa con <italic>La rebeli&#x00F3;n de las masas</italic> y la <italic>teor&#x00ED;a de ideas y creencias</italic>. Si bien sean p&#x00E1;ginas muy bien trabadas, poco tienen que ver, a nuestro modesto entender, con las Meditaciones del Quijote, ya que el Ortega de 1914 poco se parec&#x00ED;a, a pesar de sus intuiciones del futuro, con el de 1929, trat&#x00E1;ndose sobre todo de un fil&#x00F3;sofo en continua evoluci&#x00F3;n, que hizo de ella uno de los puntos esenciales de su pensar.</p>

			<p>Antonio Guti&#x00E9;rrez Pozo insiste ya desde el t&#x00ED;tulo de su ensayo <italic>Meditaciones del Quijote como respuestas al nihilismo</italic> (Guti&#x00E9;rrez-Pozo, <xref ref-type="bibr" rid="CIT17">2014</xref>).La influencia determinante ejercida en la filosof&#x00ED;a de Ortega por Nietzsche y Heidegger, pues “si una filosof&#x00ED;a es lo que es en vista de sus circunstancias, la de Ortega ten&#x00ED;a que serlo en virtud de la circunstancia nihilista que le toc&#x00F3; vivir […] En torno a 1912, Ortega est&#x00E1; convencido de que estaba surgiendo un nuevo tiempo tras el per&#x00ED;odo hist&#x00F3;rico constituido por el idealismo, el positivismo y el nihilismo, y en ese momento de transici&#x00F3;n es a&#x00FA;n m&#x00E1;s apremiante si cabe el esfuerzo ilustrado de la autorreflexi&#x00F3;n” (Guti&#x00E9;rrez-Pozo, <xref ref-type="bibr" rid="CIT17">2014</xref>, p. 81). El autor considera al nihilismo una tendencia permanente de la historia del hombre. Aunque hace referencia a Jacobi como el primer fil&#x00F3;sofo que us&#x00F3; el t&#x00E9;rmino nihilismo recay&#x00F3; en Nietszche la creaci&#x00F3;n de la teor&#x00ED;a contempor&#x00E1;nea de la negatividad esencial de la vida, condensada en la expresi&#x00F3;n Dios ha muerto, si bien recuerda que “Nietsche considera que ese primer momento nihilista ha de ser consumado y completado para ir m&#x00E1;s all&#x00E1; de &#x00E9;l, y acceder as&#x00ED; a una nueva existencia, a un nuevo mundo” (Guti&#x00E9;rrez-Pozo, <xref ref-type="bibr" rid="CIT17">2014</xref>, p. 83).Hay que reconocer que a Dios le hemos matado entre todos los hombres porque no lo necesit&#x00E1;bamos. El autor retrocede algunos a&#x00F1;os para intentar demostrar que los idealismos y los positivismos decimon&#x00F3;nicos llevan ambos al nihilismo por caminos diferentes. El primero porque construy&#x00F3; una cultura al margen de la vida; en vez de ponerse al servicio de la vida la neg&#x00F3;. “La consecuencia fue la funesta separaci&#x00F3;n entre la cultura por un lado, con sus valores e ideales, y la vida por otro, con sus energ&#x00ED;as y deseos, que quedaba sin cultivar y rendir a la infelicidad” (Guti&#x00E9;rrez-Pozo, <xref ref-type="bibr" rid="CIT17">2014</xref>, p. 87). Con la llegada del positivismo fracas&#x00F3; el idealismo. Aquel redujo la vida a la materialidad y de aqu&#x00ED; al nihilismo y positivismo. Ortega, seg&#x00FA;n Antonio Guti&#x00E9;rrez, se form&#x00F3; en tres filosof&#x00ED;as negativas para la vida: “El idealismo alucinado por ideales transvitales que no incitan nuestros nervios, el positivismo desilusionante de la materia inerte, insignificante, y el pesimismo desesperado tanto por esa materia muda como por las ausencias de ideales conmovedores. La conclusi&#x00F3;n que se trae de las tres es que por una cosa o por otra, no hay verdaderos ideales ni metas, y la vida se consume en un desierto de materia bruta” (Guti&#x00E9;rrez-Pozo, <xref ref-type="bibr" rid="CIT17">2014</xref>, p. 88).</p>

			<p>Ortega, como ya dijimos al inicio de este trabajo, rechaza el siglo XIX en su conjunto, sea el positivismo que el idealismo. El modo de salvar y salvarse consiste para nuestro fil&#x00F3;sofo en cambiar la perspectiva; es decir recrear la s&#x00ED;ntesis entre la cultura y la vida, entre el realismo, el idealismo y el existencialismo positivo. Atender a las circunstancias que nos presenta el mundo circundante. Crear los valores que provienen del logos del idealismo y platonismo, pero ambos dependen de la afirmaci&#x00F3;n de nuestra existencia. Antonio Guti&#x00E9;rrez escribe que seg&#x00FA;n Ortega “hay que plantear la convivencia entre la cultura (valores e ideas) y la vida. Admitido esto, y dado que Ortega no entiende la s&#x00ED;ntesis sin jerarqu&#x00ED;a, en esta cohabitaci&#x00F3;n la vida es el factor superior […] la vida no tiene que suplantar los valores; si lo hace, nos lleva a la barbarie salvaje. Hay que recuperar la fe en los valores e ideales modernos, y para ello hay que soslayar su idealizaci&#x00F3;n y ponerlos al servicio de la vida, porque solo as&#x00ED;, asistiendo a la vida vuelven a valer” (Guti&#x00E9;rrez-Pozo, <xref ref-type="bibr" rid="CIT17">2014</xref>, p. 89). La interpretaci&#x00F3;n nos parece atinada y obtiene su validez en algunos textos de <italic>El tema de nuestro tiempo</italic>. Sin embargo creemos que no se trata a&#x00FA;n de s&#x00ED;ntesis entre valores y vida, entre ser real y ser moral, como dec&#x00ED;a Rosmini en un &#x00E1;mbito ontol&#x00F3;gico, sino que para Ortega, arrancando de la gnoseolog&#x00ED;a lo primero que se nos presenta no es el logos idealista o la objetividad mostrenca del realismo en todas sus fases. Para el fil&#x00F3;sofo de El Escorial la vida como ser ah&#x00ED;, como ser inmediato de nuestro conocimiento resulta ser la realidad radical, el primumcognitum y a partir de ella se puede construir una filosof&#x00ED;a, una est&#x00E9;tica y una moral. A partir de aqu&#x00ED;, creo yo, es cuando el hombre puede distinguir entre lo real y lo irreal y la relaci&#x00F3;n entre ambos que seg&#x00FA;n el Ortega de <italic>Meditaciones</italic> (y en ese caso la interpretaci&#x00F3;n de A. Guti&#x00E9;rrez) es el amor. De este modo las cosas que nos rodean adquieren su sentido, su logos y su lugar en el mundo. Lo que est&#x00E1; ah&#x00ED; desde el principio es la vida y a partir de ella las cosas y su sentido gracias al tercer elemento que es el amor. El logos est&#x00E1; latente en las cosas pero necesita del hombre, del amor capaz de interrelacionar lo real con lo ideal, de unir la vida con la raz&#x00F3;n. Esta &#x00FA;ltima est&#x00E1; impl&#x00ED;cita en cada cosa como posibilidad o como un germen o poder ser que consiste en la cosa misma en su plenitud o perfecci&#x00F3;n. Ortega en <italic>Meditaciones del Quijote</italic> escribe: “Hay dentro de toda cosa la indicaci&#x00F3;n de una posible plenitud”. Prosigue A. Guti&#x00E9;rrez: “El sentido no es sino el ideal de la cosa. El ideal vitalista es posibilidad, la perfecci&#x00F3;n de la cosa dentro de su poder ser. Las cosas entonces son binomios que parecen expl&#x00ED;citamente materia pero que guardan como posibilidad impl&#x00ED;cita su sentido, una inmanencia que trasciende su materialidad […] la realidad no se reduce a materia; incorpora la idealidad como posibilidad de plenitud” (Guti&#x00E9;rrez-Pozo, <xref ref-type="bibr" rid="CIT17">2014</xref>, p. 91). Y ello se consigue, repetimos, gracias al amor que como una especie de demiurgo plat&#x00F3;nico pone en contacto el logos con las cosas, si bien en otras ocasiones vendr&#x00ED;an ganas de decir que el demiurgo, el hombre con su raz&#x00F3;n vital, saca el logos de las cosas. Esta es pues nuestra interpretaci&#x00F3;n, despu&#x00E9;s de haber intentado completar enteramente el excelente punto de vista de A. Guti&#x00E9;rrez. Concordamos cuando escribe: “Se trata de desplegar mediante la interpretaci&#x00F3;n cultural – arte, ciencia, pol&#x00ED;tica –la posible plenitud que late en cada cosa […] Ortega exige una determinada actitud, un cierto pathos al sujeto salvador: el amor. Solo el amor permite a la subjetividad adoptar la disposici&#x00F3;n de apertura y acogida de las cosas que hace ejecutar su proyecto de significaci&#x00F3;n” (Guti&#x00E9;rrez-Pozo, <xref ref-type="bibr" rid="CIT17">2014</xref>, p. 92). No podemos decir que estos textos orteguianos no provengan directa o indirectamente de <italic>Meditaciones del Quijote</italic>, como han hecho otros int&#x00E9;rpretes de Ortega que para explicar estos conceptos han utilizado demasiado las obras de madurez.</p>

			<p>A. Guti&#x00E9;rrez menciona frecuentemente, y con raz&#x00F3;n, a Plat&#x00F3;n, tantas veces citado por Ortega en las <italic>Meditaciones del Quijote</italic>. En contra del nihilismo que le toc&#x00F3; vivir, Ortega discurre sobre el amor como contraposici&#x00F3;n a la filosof&#x00ED;a de Nietsche y Heidegger. “Para el odio el mundo es un desierto de ideales, simple materia; para el amor, una maravilla santa y sagrada, con un eterno potencial de sentido, valores e ideales. El mundo mirado sin amor es un p&#x00E1;ramo sin sentido, algo inh&#x00F3;spito, y la vida entonces no vale la pena ser vivida. Cuando Plat&#x00F3;n comprendi&#x00F3; el amor como apetito de belleza, como af&#x00E1;n de lo mejor y de la perfecci&#x00F3;n, vislumbr&#x00F3; que solo &#x00E9;l, como descubridor de verdad y sentido, puede fundar una aut&#x00E9;ntica existencia humana” (Guti&#x00E9;rrez-Pozo, <xref ref-type="bibr" rid="CIT17">2014</xref>, p. 93).</p>

			<p>Probablemente no pertenec&#x00ED;a a la intenci&#x00F3;n del autor cristianizar a Ortega, pero lo ha conseguido. Ya sabemos que la experiencia del joven Jos&#x00E9;, primero con los jesuitas de M&#x00E1;laga y despu&#x00E9;s con los de Deusto, le apart&#x00F3; totalmente del catolicismo que no volvi&#x00F3; a recuperar. Sin embargo en otro momento de su obra, tratando sobre los innumerables – infinitos – puntos de vistas existentes en el universo, afirma que Dios ser&#x00ED;a la suma de todos ellos. Probablemente el fil&#x00F3;sofo eligi&#x00F3; este ejemplo comparativo con fines exclusivamente did&#x00E1;cticos. De cualquier modo, el vitalismo optimista de Ortega y su af&#x00E1;n por llegar a una filosof&#x00ED;a, una pol&#x00ED;tica y una moral que ayuden a mejorar la sociedad de Espa&#x00F1;a y la identidad de los Espa&#x00F1;oles resulta evidente. Y <italic>Meditaciones del Quijote</italic>, quiz&#x00E1;s, conlleve como fin principal mejorar las circunstancias, no tanto con el fracasado Don Quijote como por su autor, Miguel de Cervantes. Y esta puede que sea la explicaci&#x00F3;n de porque titul&#x00F3; as&#x00ED; su primer libro.</p>

			<p>En fin quisi&#x00E9;ramos sacar a relucir un aspecto importante de la circunstancia orteguiana y que yo hasta ahora – probablemente por despiste o por ignorancia – no he visto en las cr&#x00ED;ticas sobre Ortega a su obra de 1914-1918. Nos referimos a la ausencia de comentarios sobre la Primera Guerra Mundial no solo por el impacto brutal causado en toda Europa, sino tambi&#x00E9;n por la falta de referencias a las ideolog&#x00ED;as que la provocaron. Precisamente se ha dicho siempre que el per&#x00ED;odo que abarca desde el final de la Gran Guerra al inicio de la Segunda Guerra Mundial fueron los a&#x00F1;os del fracaso de una Europa que se consumi&#x00F3; con la muerte y la destrucci&#x00F3;n. Y que ese fracaso de mala conciencia individual y colectiva provoc&#x00F3; el existencialismo negativo en los literatos y fil&#x00F3;sofos, adem&#x00E1;s, naturalmente que en los hombres y los pueblos (De Llera Esteban, <xref ref-type="bibr" rid="CIT06">1994a</xref>).</p>

			<p>El &#x00FA;ltimo ensayo del n&#x00FA;mero monogr&#x00E1;fico de <italic>Revista de Occidente</italic>, mayo 2014 sobre <italic>Meditaciones del Quijote</italic> lo firma &#x00C1;ngel P&#x00E9;rez con un t&#x00ED;tulo m&#x00E1;s consonante con el primer libro de Ortega: <italic>El roble y el fresno: Cervantes y Ortega</italic>. Al inicio se&#x00F1;ala la posibilidad, siguiendo al amigo Francisco Jos&#x00E9; Mart&#x00ED;n, de si las interpretaciones han hipertrofiado su lectura. Principio con el que concordamos. Recuerda tambi&#x00E9;n, factor importante, las intensas relaciones epistolares y personales que mantuvo con su amigo y lector del Quijote Navarro Ledesma (Gracia, <xref ref-type="bibr" rid="CIT15">2014</xref>). Adem&#x00E1;s parece ser que su maestro Herman Cohen ley&#x00F3; tambi&#x00E9;n la obra cervantina gracias a su alumno espa&#x00F1;ol. Por otra parte cita entre las lecturas alemanas G. Sinmel, que a nuestro parecer fue uno de los fil&#x00F3;sofos que m&#x00E1;s influyeron en Ortega (De Llera Esteban, <xref ref-type="bibr" rid="CIT05">1991</xref>). Otro argumento interesante de este art&#x00ED;culo sugestivo de &#x00C1;ngel P&#x00E9;rez reside en considerar dif&#x00ED;cil el estilo cervantino y m&#x00E1;s a&#x00FA;n, a&#x00F1;adir&#x00ED;amos nosotros, aplicarlo a la filosof&#x00ED;a. El cr&#x00ED;tico lo demuestra con una cita de Ortega: “¡Ah! Si supi&#x00E9;semos con evidencia en qu&#x00E9; consiste el estilo de Cervantes, la manera cervantina de acercarse a las cosas, lo tendr&#x00ED;amos todo logrado. Porque en estas cimas espirituales reina insuperable solidaridad y un estilo po&#x00E9;tico llega consigo una filosof&#x00ED;a y una moral, una ciencia y una pol&#x00ED;tica. Si alg&#x00FA;n d&#x00ED;a viniera alguien y nos descubriera el perfil del estilo de Cervantes, bastar&#x00ED;a que prolong&#x00E1;semos sus l&#x00ED;neas sobre los dem&#x00E1;s problemas colectivos para que despert&#x00E1;semos a nueva vida (Ortega y Gasset, <xref ref-type="bibr" rid="CIT24">2004</xref>, I, p. 793)”. Don Quijote est&#x00E1; loco de frente a sus circunstancias, altera la realidad temporal en que vive, pero su locura no altera las certezas sociales y morales de la sociedad de su &#x00E9;poca, es como si el caballero andante se hubiera apartado de su mundo para recrear otro mejor; consiste en la recreaci&#x00F3;n de la idea que se eleva encima de la realidad mostrenca. Como escribe &#x00C1;ngel P&#x00E9;rez “Don Quijote est&#x00E1; loco, pero es capaz de comprender las injusticias cometidas contra los condenados a galeras, de intentar rescatar al mozo Andr&#x00E9;s de la crueldad de su amo y de otras muestras de una virtud imperfecta que intenta encaramarse en el mundo. El buen juicio en el <italic>Quijote</italic> es precisamente la defensa de una estructura de pensamiento que funge activamente en el trasfondo de su visi&#x00F3;n del mundo. Don Quijote tiene arraigados de tal manera ciertos valores, que a pesar de la refracci&#x00F3;n producida por su locura, proyectan una energ&#x00ED;a potente y duradera” (Gracia, <xref ref-type="bibr" rid="CIT15">2014</xref>, p. 106).</p>

			<p>Otra novedad importante en la ultim&#x00ED;sima biograf&#x00ED;a sobre Ortega es el volumen de Jordi Gracia, <italic>Jos&#x00E9; Ortega y Gasset</italic>, de casi 700 p&#x00E1;ginas (Gracia, <xref ref-type="bibr" rid="CIT15">2014</xref>). Ha tenido la suerte de ser foco de la cr&#x00ED;tica en los principales cotidianos nacionales. Yo pude conseguirlo hace pocos d&#x00ED;as y me ha dado tiempo a leerlo una sola vez y de prisa. Se trata de una interpretaci&#x00F3;n que, en el mal o en el bien, necesita ser madurada, digerida e incorporada al propio saber, al menos en su estratos m&#x00E1;s importantes. A ojos cerrados dir&#x00ED;a que el uso de la correspondencia de Ortega y las eruditas explicaciones sobre la misma constituyen una de las novedades principales de este inmenso trabajo. La rese&#x00F1;a que he le&#x00ED;do dice en s&#x00ED;ntesis que es un magnifico trabajo biogr&#x00E1;fico pero, quiz&#x00E1;s, algo ingeneroso con el pensamiento de Ortega. No dudamos en efecto de que la filosof&#x00ED;a orteguiana est&#x00E9; plagada de contradicciones, teor&#x00ED;as sin concluir, provocaciones tendenciosas, vocaci&#x00F3;n indomable de ser el primero de la clase. S&#x00ED;, es verdad pero a Ortega no podemos verle como el fil&#x00F3;sofo puro que crea un nuevo sistema para la Espa&#x00F1;a de su tiempo. No, en efecto, pero si Ortega no hubiera existido ¿qu&#x00E9; hubiera sido del pensamiento espa&#x00F1;ol, en sus campos filos&#x00F3;ficos, art&#x00ED;sticos, &#x00E9;ticos y pol&#x00ED;ticos? ¿Hubieran bastado Unamuno o d’Ors para elevar el nivel de los a&#x00F1;os Veinte y Treinta del siglo pasado? Tampoco habr&#x00ED;an bastado por motivos diferentes los m&#x00E1;s j&#x00F3;venes, los encuadrados en la Escuela de Madrid y de Barcelona. Me refiero a Joaqu&#x00ED;n Xirau, Serra Hunter, los m&#x00E1;s j&#x00F3;venes Juan David Garc&#x00ED;a Bacca, Jos&#x00E9; Ferrater Mora y si de Barcelona nos traslad&#x00E1;semos a Madrid hallar&#x00ED;amos al kantiano Manuel Garc&#x00ED;a Morente, a Javier Zubiri, seguramente la cabeza filos&#x00F3;fica espa&#x00F1;ola m&#x00E1;s privilegiada del siglo XX, a su ayudante Mar&#x00ED;a Zambrano o al mismo Jos&#x00E9; Gaos. A pesar de sus virtudes y talentos ¿habr&#x00ED;an sido capaces de impulsar la cultura espa&#x00F1;ola en su intenci&#x00F3;n hisp&#x00E1;nica y europea? (Gracia Garc&#x00ED;a y R&#x00F3;denas de Moya, <xref ref-type="bibr" rid="CIT16">2008</xref>; De Llera Esteban, <xref ref-type="bibr" rid="CIT08">1994c</xref>).</p>

			<p>Para Jordi Gracia el programa filos&#x00F3;fico de Ortega como su retirada de la pol&#x00ED;tica entra en crisis en 1929: “En el primer caso porque emerge un nuevo jugador imprevisto en el terreno de la alta filosof&#x00ED;a – Martin Heidegger – y en el segundo porque la ilusi&#x00F3;n de la Segunda Rep&#x00FA;blica pueda acabar, por fin, con la Espa&#x00F1;a de la Restauraci&#x00F3;n que ha combatido desde 1908 al menos y Ortega se entrega a esta conquista. La primera de esas leyendas que desactiva esta biograf&#x00ED;a, sin embargo, es la de su juventud (porque no la hubo); la segunda de las leyendas es la de su marginalidad pol&#x00ED;tica (porque pele&#x00F3; y perdi&#x00F3; incluso las tres veces en que actu&#x00F3; como pol&#x00ED;tico); la tercera leyenda es la de la impotencia filos&#x00F3;fica (porque fue fil&#x00F3;sofo pero lo fue en primer lugar contra todos y contra s&#x00ED; mismo despu&#x00E9;s); la cuarta leyenda es nada m&#x00E1;s que una falsedad: no fue nunca franquista […] la quinta leyenda es la que hay que rebatir m&#x00E1;s hoy d&#x00ED;a, pero creo que el progresivo conservadorismo ideol&#x00F3;gico no le hizo aliado ni socio ni c&#x00F3;mplice de los fascismos” (Gracia, <xref ref-type="bibr" rid="CIT15">2014</xref>, p. 14). En cambio defiende el autor a Ortega cuando afirma que no es pecado no hacer un tratado filos&#x00F3;fico, pues sus numerosos ensayos le acreditan como tal.</p>

			<p>Sobre el tema de las cinco leyendas que el libro de Jordi Gracia pretende desmontar, la discusi&#x00F3;n ocupar&#x00ED;a m&#x00E1;s p&#x00E1;ginas de la que disponemos, aceptando solo por nuestra parte las dos &#x00FA;ltimas.</p>

			<p>La ampl&#x00ED;sima, y en muchos aspectos novedosa biograf&#x00ED;a de Jordi Gracia, tomada en parte de la de Javier Zamora Bonilla y del epistolario in&#x00E9;dito de Ortega, conservado en la fundaci&#x00F3;n Ortega-Mara&#x00F1;&#x00F3;n de la calle Fortuny, tienen sus mejores p&#x00E1;ginas en los a&#x00F1;os que preceden las <italic>Meditaciones del Quijote</italic>. Parte que, probablemente, pasar&#x00E1;n a la historiograf&#x00ED;a imperecedera sobre Ortega. Quiz&#x00E1;s las muchas citas, los excesivos datos y los extensos comentarios puedan desorientar en m&#x00E1;s de una ocasi&#x00F3;n.</p>

			<p>Resultan muy exhaustivas tambi&#x00E9;n las p&#x00E1;ginas de la formaci&#x00F3;n en Alemania, porque la lista de asignaturas que estudi&#x00F3; y el nombre de sus maestros no queda reducido, ni mucho menos, a Cohen y Natorp. Y explica que la formaci&#x00F3;n de Ortega no qued&#x00F3; reducida al neokantismo ni siquiera a las disciplinas de humanidades. Este factor nos parece importante porque hemos tenido siempre la creencia que los &#x00FA;nicos fil&#x00F3;sofos de las Escuelas de Madrid y Barcelona que estudiaron ciencias se redujeron a Zubiri y Garc&#x00ED;a Bacca.</p>
		</sec>
		
		<sec id="S3">
			<title>3. EL TEXTO</title>
			
			<p><italic>Meditaciones del Quijote</italic>, el primer libro de Ortega, fue tambi&#x00E9;n el primer libro de la “Serie II” de la Residencia de Estudiantes, dirigida por el poeta y, en ese momento, amigo Juan Ram&#x00F3;n Jim&#x00E9;nez a qui&#x00E9;n Alberto Jim&#x00E9;nez Frau hab&#x00ED;a encargado la direcci&#x00F3;n (Sobre la primera edici&#x00F3;n de <italic>Meditaciones del Quijote</italic>, la queja de Ortega, y el porqu&#x00E9; de publicarlas en la Residencia de Estudiantes ver el valioso y puntual trabajo de Javier Zamora Bonilla, “Ahora hace un siglo, t&#x00ED;tulo de la larga introducci&#x00F3;n (volumen aparte) ‘A la reci&#x00E9;n aparecida edici&#x00F3;n facs&#x00ED;mile de Meditaciones del Quijote’, Madrid, Alianza-Residencia de Estudiantes, 2014”.</p>

			<p>Desde hace alg&#x00FA;n tiempo Ortega deseaba publicar una serie de meditaciones. La hora lleg&#x00F3; en 1913 cuando el fil&#x00F3;sofo se retir&#x00F3; a El Escorial a preparar el primer volumen que en realidad ser&#x00ED;a el &#x00FA;ltimo. Consta de dos partes: “Meditaci&#x00F3;n preliminar” y “Meditaci&#x00F3;n primera”. Como explica Javier Zamora Bonilla, la intenci&#x00F3;n de Ortega era dar una interpretaci&#x00F3;n leibniziana de Cervantes frente a la visi&#x00F3;n cartesiana: “Una filosof&#x00ED;a de la unidad del mundo frente al dualismo cartesiano”.</p>

			<p>Parece ser que Ortega dud&#x00F3; en sus primeros a&#x00F1;os de publicista y de ensayista si dedicarse a la novela o a la filosof&#x00ED;a (Mart&#x00ED;n Cabrero, <xref ref-type="bibr" rid="CIT19">2002</xref>, pp. 171-188). Ortega, escribe Zamora Bonilla, siguiendo el texto de <italic>Meditaciones del Quijote</italic>, confronta los or&#x00ED;genes de la novela en Cervantes con las novelas del siglo XIX, tomando la descripci&#x00F3;n como el elemento fundamental. “La novela, seg&#x00FA;n el fil&#x00F3;sofo, naci&#x00F3; en oposici&#x00F3;n a la &#x00E9;pica, para hablar del presente, no de un pasado legendario; para poner al hombre real en el centro de la trama del universo po&#x00E9;tico, frente a un h&#x00E9;roe &#x00E9;pico extempor&#x00E1;neo; para elevar al mundo de la est&#x00E9;tica la realidad cotidiana” (Estudio introductorio p. 35).</p>

			<p>En <italic>Meditaciones del Quijote</italic>, la dureza de la vida la supera Ortega con la iron&#x00ED;a y el humor o si se prefiere con la metaf&#x00ED;sica, que es un modo concreto para alzarse de la vida y apartarse de ella; es decir superarla.</p>

			<p>Javier Zamora Bonilla, siguiendo la l&#x00ED;nea de Javier San Mart&#x00ED;n (San Mart&#x00ED;n, <xref ref-type="bibr" rid="CIT27">1998</xref>), afirma que en <italic>Meditaciones del Quijote</italic> est&#x00E1; incubada toda su filosof&#x00ED;a. Releyendo el primer libro de Ortega me pareci&#x00F3; ver expresiones e incluso teor&#x00ED;as que parec&#x00ED;an anunciar otra obra que he vuelto a repasar muchas veces: <italic>La deshumanizaci&#x00F3;n del arte</italic> (De Llera Esteban, <xref ref-type="bibr" rid="CIT10">2005</xref>, pp. 9-159) Pero a pesar de ello he cre&#x00ED;do que todos tenemos predisposici&#x00F3;n natural y cultural hacia ciertos aspectos de la vida y de la cultura y ellos pueden llevar a enga&#x00F1;os. En el &#x00FA;ltimo caso Ortega escribi&#x00F3; <italic>La deshumanizaci&#x00F3;n del arte</italic> en 1925, once a&#x00F1;os despu&#x00E9;s de <italic>Meditaciones del Quijote</italic> y estaba dirigida a los vanguardistas espa&#x00F1;oles que en 1914 casi ninguno hab&#x00ED;a publicado a&#x00FA;n nada, excepto Ram&#x00F3;n G&#x00F3;mez de la Serna, pero no los llamados futuristas y creacionistas. Por lo que concierne a la fenomenolog&#x00ED;a ciertamente que impact&#x00F3; al joven Ortega, pero despu&#x00E9;s pretendi&#x00F3; siempre hacer su filosof&#x00ED;a cognoscitiva y su propia metaf&#x00ED;sica. Ya en la primera p&#x00E1;gina de Meditaciones, Ortega anuncia que los temas tratados, “todos, directa o indirectamente, acaban por referirse a la circunstancia espa&#x00F1;ola […] carecen por completo de valor informativo […] Se busca en ellos lo siguiente: dado un hecho – un hombre, un libro, un cuadro, un paisaje, un error, un dolor – llevarlo por el camino m&#x00E1;s corto a la plenitud de su significado […] en postura tal que d&#x00E9; en ellos el sol innumerables reverberaciones.- Hay dentro de cada cosa la indicaci&#x00F3;n de una posible plenitud. Un alma abierta y noble sentir&#x00E1; la ambici&#x00F3;n de perfeccionarla, de auxiliarla, para que logre esa plenitud. Esto es amor – el amor a la perfecci&#x00F3;n de lo amado (Ortega y Gasset, <xref ref-type="bibr" rid="CIT24">2004</xref>, p. 347)”. Habr&#x00ED;a que a&#x00F1;adir a esta plataforma de arranque que <italic>Meditaciones del Quijote</italic> no es un trabajo de filosof&#x00ED;a, ni de teor&#x00ED;a literaria o pol&#x00ED;tica. Es un ensayo donde se tocan argumentos importantes, pero tambi&#x00E9;n otros humildes y que no es siempre f&#x00E1;cil seguir una l&#x00ED;nea en los temas tratados. El autor mariposea por el amor, por el platonismo etc. y, por supuesto, de alertar sobre la importancia de Cervantes como gu&#x00ED;a para la salvaci&#x00F3;n de Espa&#x00F1;a. Porque sin el amor se ha convertido el universo para el espa&#x00F1;ol en una cosa r&#x00ED;gida, seca, s&#x00F3;rdida y desierta. El amor, siguiendo a Plat&#x00F3;n tanta veces citado en esta obra, es como el demiurgo que baj&#x00F3; al mundo a fin de que todo el universo viva en conexi&#x00F3;n al contrario del odio que fabrica inconexi&#x00F3;n. “Los espa&#x00F1;oles le ofrecemos a la vida un coraz&#x00F3;n blindado de rencor, y las cosas, rebotando en &#x00E9;l, son despedidas cruelmente. Hay en derredor nuestro, desde hace siglos, un incesante y progresivo desmembramiento de los valores” (Ortega y Gasset, <xref ref-type="bibr" rid="CIT24">2004</xref>, p. 749)”. Amar para Ortega es comprender. Por este motivo toca a los mejores espa&#x00F1;oles la tarea de comprender para mejorar. El amor no es s&#x00F3;lo el religioso, el que proviene de la creencia, sino el que nace del intelecto a la verdad. En cambio a los espa&#x00F1;oles “nos es m&#x00E1;s f&#x00E1;cil enardecernos por un dogma moral que abrir nuestro pecho a las exigencias de la veracidad” (Ortega y Gasset, <xref ref-type="bibr" rid="CIT24">2004</xref>, p. 750)”. Al mismo tiempo subraya Ortega que &#x00E9;l nunca ha defendido la inmoralidad porque carece de sentido com&#x00FA;n, y con tono plat&#x00F3;nico afirma que la filosof&#x00ED;a no significa erudici&#x00F3;n. <italic>Meditaciones</italic> en este sentido no pretenden ser eruditas. Tampoco la obra es esencialmente filos&#x00F3;fica, porque la filosof&#x00ED;a es ciencia, mientras las <italic>Meditaciones</italic> son ensayos y el ensayo es la ciencia menos la prueba expl&#x00ED;cita. “Yo s&#x00F3;lo ofrezco modi res considerandi, posibles maneras de mirar las cosas”. No debemos pasar por alto estas indicaciones porque en ellas se encierran las pretensiones del ensayo, llamado <italic>Meditaciones del Quijote</italic>. Ortega insiste cuando escribe: “En mi intenci&#x00F3;n llevan estas ideas un oficio menos grave que el cient&#x00ED;fico: no han de obstinarse en que otros lo adopten, si no simplemente quisi&#x00E9;ramos despertar en almas hermanas otros pensamientos hermanos, aun cuando fueren hermanos enemigos. Pretexto y llamamiento a una colaboraci&#x00F3;n ideol&#x00F3;gica sobre los temas nacionales, nada m&#x00E1;s” (Ortega y Gasset, <xref ref-type="bibr" rid="CIT24">2004</xref>, p. 753)”. Y sobre tales temas hay que fijarse en los hechos y en las cosas aparentemente insignificantes porque ellas, en estas circunstancias, se revelan la intimidad de una raza. Lo contrario que se hizo en el siglo XIX espa&#x00F1;ol que atendieron a las grandes condiciones sociales y se olvidaron las individuales y precisamente de ellas se puede extraer el logos, la verdad.</p>

			<p>Yo creo que estas frases orteguianas deben m&#x00E1;s a la pol&#x00ED;tica y a la filosof&#x00ED;a del siglo XIX espa&#x00F1;ol que a la literatura. Quiz&#x00E1;s cuando escribi&#x00F3; as&#x00ED; olvid&#x00F3; a Pereda, Valera, Gald&#x00F3;s etc. A rengl&#x00F3;n seguido Ortega se enfrenta en la obra con el ser y con su definici&#x00F3;n: “¿Cu&#x00E1;ndo nos abriremos a la convicci&#x00F3;n de que el ser definitivo del mundo no es materia ni es alma, no es una cosa determinada, sino una perspectiva? Dios es la perspectiva y la jerarqu&#x00ED;a: el pecado de Sat&#x00E1;n fue un error de perspectiva.- Ahora bien, la perspectiva se perfecciona por la multiplicaci&#x00F3;n de sus t&#x00E9;rminos y la actitud con que relacionemos antes cada uno de sus rangos. La intuici&#x00F3;n en los valores superiores fecundan otros contactos con los m&#x00ED;nimos, y el amor hacia lo pr&#x00F3;ximo y menudo da en nuestros pechos realidad y eficacia a lo sublime. Para quien lo peque&#x00F1;o no es nada, no es grande lo grande.- Hemos de buscar para nuestra circunstancia, tal y como ella es, precisamente en lo que tiene de limitaci&#x00F3;n, de peculiaridad, el lugar acertado en la inmensa perspectiva del mundo. No de tenernos perpetuamente en &#x00E9;xtasis antes los valores hier&#x00E1;ticos, sino conquistar a nuestra vida individual el puesto oportuno entre ellos. En suma: la reabsorci&#x00F3;n de la circunstancia es el destino concreto del hombre” (Ortega y Gasset, <xref ref-type="bibr" rid="CIT24">2004</xref>, p. 756).</p>

			<p>El texto orteguiano no por m&#x00E1;s conocido resulta f&#x00E1;cil de interpretar, sobre todo cuando leemos que el mundo es una perspectiva. M&#x00E1;s f&#x00E1;cil habr&#x00ED;a resultado si hubiera dicho que el mundo es un conjunto indeterminado de perspectivas, porque perspectiva quiere decir punto de vista. ¿Pero de qui&#x00E9;n? Podr&#x00ED;a ser el divino, si Ortega hubiera sido creyente. La interpretaci&#x00F3;n que nos queda, aunque no estemos seguros, es la de una teor&#x00ED;a del conocimiento y no una ontolog&#x00ED;a como base del pensar orteguiano. Cada punto de vista crea una perspectiva y el conjunto absoluto de todos los que miran y piensan se acercar&#x00ED;a a la visi&#x00F3;n global del mundo. Cada hombre desde su mirada crea su propia perspectiva cuando reabsorbe sus propias circunstancias, pero hay que tener en cuenta que si la vida humana es historia, evoluci&#x00F3;n, el punto de vista de cada uno cambiar&#x00ED;a. Por eso no hay esencia sino revoluci&#x00F3;n. O como dir&#x00ED;a Antonio Machado: “Caminante no hay camino, se hace camino al andar”. Para Ortega todas las cosas participan – plat&#x00F3;nicamente dir&#x00ED;amos nosotros – del logos. De aqu&#x00ED; la conocida expresi&#x00F3;n de Meditaciones del Quijote: yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo. Se podr&#x00ED;a decir con Juli&#x00E1;n Mar&#x00ED;as que “En <italic>Don Quijote</italic> se muestra la vida humana exenta de los elementos que normalmente la encubren. Esta es la codificaci&#x00F3;n met&#x00F3;dica de las <italic>Meditaciones del Quijote</italic>, entendidas como primera aproximaci&#x00F3;n a una teor&#x00ED;a metaf&#x00ED;sica de la vida humana” (Mar&#x00ED;as, <xref ref-type="bibr" rid="CIT18">2007</xref>, p. 28).</p>

			<p>Las cosas nunca consiguen verse en su totalidad porque tienen anverso y reverso, como por ejemplo un fruto redondo. Aquellos nos dejan ver – tambi&#x00E9;n plat&#x00F3;nicamente – la apariencia, pero no lo que est&#x00E1; detr&#x00E1;s de ella, porque la realidad total es incomprensible. Alcanzamos solamente lo que nos proporciona el punto de vista. El bosque no se alcanza nunca y sin embargo es la esencia de conjunto de &#x00E1;rboles. Hay que trabajar y profundizar para llegar a ella, pues el bosque es tan real como la rama o el &#x00E1;rbol que toco. El conocimiento es aletheia, descubrimiento de lo que permanece oculto. “Hay un trasmundo constituido por estructuras de impresiones, que si es latente con relaci&#x00F3;n a aquel no es, por eso, menos real. Necesitamos, es cierto, para que este mundo superior exista ante nosotros, abrir algo m&#x00E1;s que los ojos, ejercitar actos de mayor esfuerzo; pero la medida de este esfuerzo no quita ni pone realidad a aquel. El mundo profundo es tan claro como el superficial, solo que exige m&#x00E1;s de nosotros” (Mar&#x00ED;as, <xref ref-type="bibr" rid="CIT18">2007</xref>, p. 768). Las apariencias de las cosas pasan enfrente de nosotros, son realidades superficiales, pero realidades, porque lo superficial como lo profundo son dos lados del objeto. Resultan ser el primer y el segundo plano. Depende de nosotros llegar al &#x00FA;ltimo y para ello se necesita reflexi&#x00F3;n y voluntad. “Estas realidades superiores son m&#x00E1;s poderosas; no caen sobre nosotros como sobre presas. Al contrario, para hacerse patente nos ponen una condici&#x00F3;n: que queramos su existencia y nos esforcemos hacia ellas. Viven, pues, en cierto modo, apoyadas en nuestra voluntad” (Mar&#x00ED;as, <xref ref-type="bibr" rid="CIT18">2007</xref>, p. 769). El apartado 6, titulado <italic>Cultura mediterr&#x00E1;nea</italic>, ha sido ya muy comentado. Ortega se opone a menudo a Men&#x00E9;ndez Pelayo, autor cat&#x00F3;lico decimon&#x00F3;nico, cuando recuerda su divisi&#x00F3;n cultural entre claridad latina y nieblas germ&#x00E1;nicas, en defensa sobre todo de la historia cultural espa&#x00F1;ola. Ortega, formado en Alemania y no en Francia como la mayor&#x00ED;a de la generaci&#x00F3;n precedente, critica escribiendo que la cultura germ&#x00E1;nica es superior a la latina. La primera es la de las realidades profundas, mientras la segunda es la cultura de las superficies. Pero ¡atenci&#x00F3;n! Entre ambas no existe una diferencia de claridad porque son dos dimensiones distintas de la cultura europea, sin que ninguna de ella, ni las dos juntas, alcancen nunca una claridad absoluta. Sin embargo, ambas razas, la germ&#x00E1;nica y la latina, son razas impuras por estar mezcladas entre ellas. Hoy como hoy se puede decir que “para un mediterr&#x00E1;neo no es lo m&#x00E1;s importante la esencia de una cosa, sino su presencia, su actualidad: a las cosas preferimos la sensaci&#x00F3;n viva de las cosas; al contrario de los germanos” (Mar&#x00ED;as, <xref ref-type="bibr" rid="CIT18">2007</xref>, p. 780). Estos germanos son meditadores. Los mediterr&#x00E1;neos miran, observan. De aqu&#x00ED; que los germanos sean meditadores, los mediterr&#x00E1;neos sensuales.</p>

			<p>Para no perder el hilo de lo que decimos, debemos recordar que las Meditaciones son ensayos sobre argumentos importantes, pero tambi&#x00E9;n banales, y lo que pretende Ortega es la delimitaci&#x00F3;n del car&#x00E1;cter espa&#x00F1;ol y el europeo. Para nosotros en esta primera obra Ortega no pretende, como en otras posteriores, la integraci&#x00F3;n. Es verdad que dedica buen espacio a explicar que cada cosa es fecundada por las dem&#x00E1;s. “Dir&#x00ED;an s&#x00ED;, que se aman y aspiran a maridarse”. Ortega vuelve enseguida a la distinci&#x00F3;n entre impresi&#x00F3;n y concepto. La primera nos proporciona la materia de las cosas, el concepto contiene todo aquello que esa cosa es en relaci&#x00F3;n con las dem&#x00E1;s. Pero s&#x00ED;, en <italic>Meditaciones</italic> anticipa en parte el concepto de raz&#x00F3;n vital. En efecto, la raz&#x00F3;n es parte, es una funci&#x00F3;n vital. “Muy lejos nos sentimos hoy del dogma hegeliano, que hace del pensamiento sustancia &#x00FA;ltima de toda realidad. Es demasiado ancho el mundo y demasiado rico para que asuma el pensamiento, la responsabilidad de cuanto en el ocurre. Pero al destronar la raz&#x00F3;n, cuidemos de ponerla en su lugar. No todo es pensamiento, pero sin &#x00E9;l no poseemos nada en plenitud […] la sensaci&#x00F3;n nos da &#x00FA;nicamente la materia difusa y plasmable de cada objeto; nos da la impresi&#x00F3;n de las cosas, no las cosas” (Mar&#x00ED;as, <xref ref-type="bibr" rid="CIT18">2007</xref>, p. 785). Ortega aplica lo dicho a la falta de integraci&#x00F3;n de la cultura espa&#x00F1;ola en la germana, o dicho de otra manera a la falta de apropiaci&#x00F3;n de los espa&#x00F1;oles de la estructura cultural de Alemania. A la cultura espa&#x00F1;ola le falta claridad por ser demasiado impresionista. Claridad no es vida, pero es la plenitud de la vida. “Esto ha solido faltar en nuestras producciones castizas. Nos encontramos ante ellas como en la vida. ¡Es aqu&#x00ED; su gran virtud! – se dice. ¡Es ah&#x00ED; su gran defecto! – respondo yo. Para vida, para espontaneidad, para dolores y nieblas me bastan con los m&#x00ED;os, con los que ruedan por mis venas; […] ahora necesito claridad, necesito sobre mi vida un amanecer. Y estas obras castizas son verdaderamente una ampliaci&#x00F3;n de mi carne y de mis huesos y un horrible incendio que repite &#x00E9;l de m&#x00ED; mismo. Son como yo, y yo voy buscando algo que sea m&#x00E1;s que yo – m&#x00E1;s seguro que yo” (Mar&#x00ED;as, <xref ref-type="bibr" rid="CIT18">2007</xref>, p. 790). En toda la primera obra de Ortega encontramos en ciernes la idea de lo vulgar y de lo excelso, de lo real y de lo ideal, el camino de lo m&#x00E1;s bajo a lo m&#x00E1;s alto. Porque si el hombre, como dec&#x00ED;amos p&#x00E1;ginas atr&#x00E1;s, tiene como punto de partida la vida, tiene el deber si quiere perfeccionarse pasar de las impresiones a los conceptos y estos &#x00FA;ltimos cada vez mejor trabados. Esta voluntad del hombre de levarse por encima de la vida, que no es solo biolog&#x00ED;a – como aprendi&#x00F3; en Marburgo – le sirve para alzarse por encima de la mostrenca realidad. Se podr&#x00ED;a decir que aqu&#x00ED; esta en ciernes su libro sobre <italic>Ideas y creencia</italic> y en cierto modo los tres vol&#x00FA;menes fundamentales de Ortega anteriores a la Segunda Rep&#x00FA;blica: <italic>El tema de nuestro tiempo</italic> (1923), <italic>La deshumanizaci&#x00F3;n del arte</italic> (1925) y <italic>La rebeli&#x00F3;n de las masas</italic> (1929). En el primero Ortega se enfrenta con los problemas filos&#x00F3;ficos o si queremos metaf&#x00ED;sicos de la &#x00E9;poca, con su teor&#x00ED;a de la raz&#x00F3;n vital y con la intenci&#x00F3;n de superar el realismo y el subjetivismo. La segunda pretende demostrar que el arte vanguardista – el que publicaba Revista de Occidente y a la que acud&#x00ED;an a sus tertulias los m&#x00E1;s j&#x00F3;venes literatos – era superior al anterior por ser un arte que superaba a lo que normalmente llamamos humano; es decir un arte creativo que no necesitaba de la realidad, de lo que se sol&#x00ED;a decir humano, demasiado humano. Un arte para los que eran capaces de abandonar el realismo y crear otro independiente de &#x00E9;l. Y en fin la tercera obra citada divid&#x00ED;a la sociedad en minor&#x00ED;as y masas, en intelectuales y gente com&#x00FA;n. Pero ¡atenci&#x00F3;n! No olvidemos que estas obras son solo un perfeccionamiento de <italic>Meditaciones del Quijote</italic>, por la sencilla raz&#x00F3;n de que Ortega hab&#x00ED;a cambiado y sus circunstancias tambi&#x00E9;n.</p>
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