<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<!DOCTYPE article PUBLIC "-//NLM//DTD Journal Publishing DTD v3.0 20080202//EN" "http://dtd.nlm.nih.gov/publishing/3.0/journalpublishing3.dtd">
<article article-type="research-article" dtd-version="3.0" xml:lang="es" xmlns:mml="http://www.w3.org/1998/Math/MathML" xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink">


	<front>
		<journal-meta>
			<journal-id journal-id-type="publisher-id">Arbor</journal-id>
			<journal-title-group>
				<journal-title>ARBOR Ciencia, Pensamiento y Cultura</journal-title>
				<abbrev-journal-title>Arbor</abbrev-journal-title>
			</journal-title-group>
			<issn pub-type="epub">0210-1963</issn>
			<publisher>
				<publisher-name>Consejo Superior de Investigaciones Cient&#x00ED;ficas</publisher-name>
			</publisher>
		</journal-meta>
		
		<article-meta>
			<article-id pub-id-type="publisher-id">arbor.2017.783n1005</article-id>
			<article-id pub-id-type="doi">10.3989/arbor.2017.783n1005</article-id>
			 
			<article-categories>
				<subj-group subj-group-type="heading">
				<subject>VARIA / VARIA</subject>
				</subj-group>
			</article-categories>	 	 
				
			<title-group>
				<article-title>La afasia en los testimonios de conversi&#x00F3;n s&#x00FA;bita</article-title>
				<trans-title-group xml:lang="en">
					<trans-title>Aphasia in sudden conversion testimonies</trans-title>
				</trans-title-group>
				<alt-title alt-title-type="running-head">La afasia en los testimonios de conversi&#x00F3;n s&#x00FA;bita</alt-title>
			</title-group>
			
						
			<contrib-group>
				<contrib contrib-type="author" corresp="yes"> 
					<name>
					 <surname>Contreras Espuny</surname>
					 <given-names>Jos&#x00E9; Mar&#x00ED;a</given-names>
					</name>
					<xref ref-type="aff" rid="U1"/>
					<xref ref-type="corresp" rid="cor1"/>
				</contrib>
			</contrib-group>
			
			<aff id="U1">Universidad de Sevilla</aff>
			
			<author-notes>
				<corresp id="cor1"><email xlink:href="josemariacontrerasespuny@gmail.com">josemariacontrerasespuny@gmail.com</email>
					ORCID iD: <ext-link ext-link-type="uri" xlink:href="http://orcid.org/0000-0001-8813-8474">http://orcid.org/0000-0001-8813-8474</ext-link>
				</corresp>
			</author-notes>
			
			
			<pub-date pub-type="epub">
				<day>31</day>
				<month>03</month>
				<year>2017</year>
			</pub-date>
						
			
			<pub-date pub-type="collection">
			<year>2017</year>
			</pub-date>
			
			<volume>193</volume>
			<issue>783</issue>
			
			<elocation-id>a374</elocation-id>

			 <history>
				<date date-type="received">
					<day>11</day>
					<month>05</month>
					<year>2015</year>
				</date>
				<date date-type="accepted">
					<day>25</day>
					<month>10</month>
					<year>2015</year>
				</date>
			 </history>
			 
			<permissions>
				<copyright-statement>&#x00A9; 2017 CSIC</copyright-statement>
				<copyright-year>2017</copyright-year>
				<license license-type="open-access" xlink:href="http://creativecommons.org/licenses/by/3.0/es/deed.en">
					<license-p>Este es un art&#x00ED;culo de acceso abierto distribuido bajo los t&#x00E9;rminos de la licencia Creative Commons Attribution (CC BY) Espa&#x00F1;a 3.0.</license-p>
				</license>
			</permissions>
			

			<abstract xml:lang="es">
				<title>RESUMEN</title>
				<p>Mediante el estudio comparativo filol&#x00F3;gico y fenomenol&#x00F3;gico de los testimonios aut&#x00F3;grafos de conversi&#x00F3;n s&#x00FA;bita de Paul Claudel, Manuel Garc&#x00ED;a Morente y Andr&#x00E9; Frossard, se pretende indagar en la <italic>afasia</italic>, entendida como incapacidad de hablar frente a la teofan&#x00ED;a y la dificultad de comunicar est&#x00E1; en un marco testimonial. En comparaci&#x00F3;n con la tradici&#x00F3;n m&#x00ED;stica, se har&#x00E1; un recorrido por la taxonom&#x00ED;a de <italic>lo inefable</italic> en el <italic>corpus</italic> y se observar&#x00E1;n sus posibilidades ling&#x00FC;&#x00ED;sticas y narrativas. El objetivo es analizar los rasgos e implicaciones que adquiere el lenguaje a la hora de tener que comunicar un algo inexpresable, en este caso, la aparici&#x00F3;n puntual de la divinidad con las implicaciones m&#x00ED;sticas que conlleva.</p>
			</abstract>
			
									
			<trans-abstract xml:lang="en">
				<title>ABSTRACT</title>
				<p>By means of the comparative philological and phenomenological studies of the autobiographical testimonies of Paul Claudel, Manuel Garc&#x00ED;a Morente and Andr&#x00E9; Frossard, we inquire into aphasia, an incapacity to talk compared with theophany and the difficulty, when the time comes, to communicate this in a testimonial setting. By comparing this to the mystic tradition, we explore the taxonomy of the ineffable fact in the corpus, as well as the linguistic and narrative possibilities. The aim is to analyse the features and implications of the language when it has to communicate the inexpressible, in this case, one-time appearance of the deity, considering the mystic implications involved.</p>
			</trans-abstract>
			
			<kwd-group xml:lang="es">							
				<title>PALABRAS CLAVE</title>
				<kwd>lo inefable</kwd>
				<kwd>afasia</kwd>
				<kwd>conversi&#x00F3;n s&#x00FA;bita</kwd>
				<kwd>autobiograf&#x00ED;a</kwd>
				<kwd>escritura</kwd>
			</kwd-group>
			
			<kwd-group xml:lang="en">
				<title>KEYWORDS</title> 			
				<kwd>ineffable</kwd>	
				<kwd>aphasia</kwd>
				<kwd>sudden conversion</kwd>
				<kwd>autobiography</kwd>
				<kwd>writing</kwd>
			</kwd-group>
			
		
		</article-meta>
	</front>		
	

	<body>	
			
		<sec id="S1">
			<title>1. OBJETIVOS Y METODOLOG&#x00CD;A</title>

			<p>En las &#x00FA;ltimas d&#x00E9;cadas y a ra&#x00ED;z de las corrientes posestructuralistas, se ha incidido en el naufragio del signo de forma constitutiva, en su inherente incapacidad para apresar y trasladar la realidad de lo designado. En el clima de deconstrucci&#x00F3;n, la cualidad de lo inefable ha perdido exclusividad y, si antes se empleaba para ciertas circunstancias excepcionales, ahora puede verse como una etiqueta que engloba a la realidad por completo. Sin embargo, resulta obvio que en el campo de la designaci&#x00F3;n hay una escala entre lo no-mentable y lo mentable, pese a que este &#x00FA;ltimo tampoco lo sea enteramente. Descripciones, por ejemplo, de m&#x00E1;s dif&#x00ED;cil expresi&#x00F3;n o literalizaci&#x00F3;n, y no por defecto de narrador sino por cualidad del objeto a describir. Si no queremos salirnos del marco posestructuralista, diremos que existen realidades que hacen especialmente patente el car&#x00E1;cter meramente aproximativo del lenguaje, y lo har&#x00E1;n en virtud de su naturaleza radical y prodigiosa.</p>

			<p>Para la contemplaci&#x00F3;n y estudio de esta periferia del lenguaje, se ha recurrido a unos textos que parecen id&#x00F3;neos por lo pr&#x00ED;stino de la experiencia y la virginidad del protagonista-narrador. Se trata de textos aut&#x00F3;grafos sobre conversiones s&#x00FA;bitas, entendidas como el cambio de postura religiosa a ra&#x00ED;z de un encuentro puntual y concreto con la divinidad. Por decirlo de otro modo, testimonios de experiencias m&#x00ED;sticas en sujetos no m&#x00ED;sticos, es decir, autores que han avistado la divinidad en una sola ocasi&#x00F3;n y que, por lo tanto, no podr&#x00E1;n recurrir al afinamiento de la designaci&#x00F3;n de quienes han sufrido varias experiencias en este sentido. Tanto el objeto de la experiencia –el ente inabarcable que conocemos por Dios-, como las caracter&#x00ED;sticas del fen&#x00F3;meno –puntual, inexplicable-, as&#x00ED; como la biso&#x00F1;ez del narrador y protagonista –acontecimiento acecido una sola vez- propician la idoneidad de los textos.</p>

			<p>Se han escogido tres autores de la primera mitad del siglo XX que part&#x00ED;an de posiciones ateas o agn&#x00F3;sticas. El <italic>corpus</italic> se justifica en tres sentidos principalmente:</p>
			
							<list list-type="alpha-lower">
								<list-item>
									<p>Contemporaneidad. Debido a la proximidad temporal de los testimonios respecto a nuestros d&#x00ED;as y a la semejanza del paradigma imperante, que lo es desde la revoluci&#x00F3;n cient&#x00ED;fica. De esta manera podemos presuponer en los autores las mismas reservas modernas que en un lector de hoga&#x00F1;o. Se evitar&#x00E1;n las posibles sospechas sobre la capacidad anal&#x00ED;tica de los protagonistas por la semejanza y competencia de sus recursos explicativos-cient&#x00ED;ficos. Asimismo, ya en el siglo XX, se compart&#x00ED;a nuestra escasa permeabilidad para lo extraordinario o milagroso.</p>
								</list-item>
								<list-item>
									<p>Increencia. Se trata de autores que part&#x00ED;an del ate&#x00ED;smo o del agnosticismo, de forma que se muestra claramente su incapacidad hermen&#x00E9;utica y vivencial para acoger una experiencia de este tipo, lo que redundar&#x00E1; en el desbordamiento de la percepci&#x00F3;n y de las condiciones aprior&#x00ED;sticas que obra el acontecimiento.</p>
								</list-item>
								<list-item>
									<p>Competencia. Se han elegido tres figuras de demostrada solvencia intelectual para abjurar la sospecha de enajenaci&#x00F3;n que tan f&#x00E1;cilmente podr&#x00ED;a sobrevolar estos casos. Son:</p>
								</list-item>
							
									<list list-type="roman-lower">
											<list-item>
												<p>El literato Paul Claudel, quien se convirti&#x00F3; en N&#x00F4;tre Dame a los 18 a&#x00F1;os de edad. Alejado de cualquier creencia religiosa y firmemente asentado en el determinismo materialista que imperaba entonces, acudi&#x00F3; a la catedral en busca del impulso est&#x00E9;tico que pudiera brindarle el ritual cat&#x00F3;lico. De repente, sin ning&#x00FA;n est&#x00ED;mulo concreto que pudiera calificarse de detonador, siente la existencia de Dios de forma casi f&#x00ED;sica y una convicci&#x00F3;n religiosa que mantuvo hasta su muerte.</p>
											</list-item>
											<list-item>
												<p>El periodista Andr&#x00E9; Frossard, quien se convirti&#x00F3; en una capilla de la calle Ulm, en Par&#x00ED;s, cuando contaba con 20 a&#x00F1;os. Hijo de un destacado pol&#x00ED;tico socialista, Frossard viv&#x00ED;a indiferente a la religi&#x00F3;n. El 8 de julio de 1935 entra en la mencionada capilla en busca de un amigo. Al igual que Claudel, sin que mediara ning&#x00FA;n est&#x00ED;mulo concreto, siente la mirada de Dios y cambia para siempre sus creencias y forma de vida.</p>
											</list-item>
											<list-item>
												<p>El fil&#x00F3;sofo Manuel Garc&#x00ED;a Morente, quien abandon&#x00F3; el agnosticismo en el a&#x00F1;o 1937, a los 51 a&#x00F1;os, tambi&#x00E9;n en Par&#x00ED;s. Se encontraba acogido en el piso de un amigo y atormentado por la situaci&#x00F3;n de su familia que permanec&#x00ED;a en Espa&#x00F1;a en plena contienda civil. Tras escuchar por la radio una partitura de Berlioz, es asaltado por una serie de im&#x00E1;genes cristol&#x00F3;gicas. Esa misma noche despierta y siente con viveza la presencia de Cristo en su habitaci&#x00F3;n. Tres a&#x00F1;os despu&#x00E9;s se ordenar&#x00ED;a sacerdote.</p>
											</list-item>
									</list>
							</list>

			<p>La conversi&#x00F3;n s&#x00FA;bita, objeto y detonante de la afasia, consiste en una puntual experiencia m&#x00ED;stica donde la divinidad transparenta su existencia al sujeto y, fruto de la cual, este cambia su vida de posiciones arreligiosas a una postura vital de acendrada religiosidad y, como consecuencia de ella, intentar&#x00E1; vivir seg&#x00FA;n la voluntad divina en adelante –<italic>kenosis</italic>-. Se trata, desde luego, de un acontecimiento de caracter&#x00ED;sticas peculiares, extraordinarias, que asimismo desplegar&#x00E1; un mapa fenomenol&#x00F3;gico muy particular. Para acotarlo, se puede recurrir a lo que Jean-Luc Marion (<xref ref-type="bibr" rid="CIT13">2008</xref>) llama “fen&#x00F3;meno saturado” (p. 339), a su estatus de acontecimiento puro en tanto que rebasa todas las categor&#x00ED;as del pensamiento y aun as&#x00ED; aparece. Desencadena una sobreabundancia de significaci&#x00F3;n que no puede ser aprehendida por la raz&#x00F3;n, sino por medio de la intuici&#x00F3;n, al estar esta m&#x00E1;s liberada de las categor&#x00ED;as conceptuales que son desarboladas por la magnitud de la experiencia. Adem&#x00E1;s se demuestra puramente vivencial: la certeza que extraiga el individuo no se produce por medio del repaso de consecuencias y premisas de lo que acontece, sino que el sentido se aporta s&#x00FA;bitamente en el contexto de la experiencia y dif&#x00ED;cilmente se podr&#x00E1; extrapolar a un proceso racional. </p>

			<p>Todo lo anterior no debe llevar a considerar el acontecimiento como vaporoso, indefinido o vago, sino todo lo contrario; se produce una certeza tan firme y con un contenido no&#x00E9;tico tan discernible, que la raz&#x00F3;n se muestra insuficiente para su aprehensi&#x00F3;n. As&#x00ED; pues, la experiencia torna obsoleta la raz&#x00F3;n y no al contrario.</p>

			<p>Habr&#x00ED;a que recordar, por &#x00FA;ltimo, la diferencia entre ‘indecible’ e ‘inefable’, seg&#x00FA;n la establece Vladimir Jank&#x00E9;l&#x00E9;vitch (<xref ref-type="bibr" rid="CIT10">2005</xref>) en su libro <italic>La m&#x00FA;sica y lo inefable</italic> (p. 118). Lo indecible ser&#x00ED;a aquello que directamente no se deja penetrar de ning&#x00FA;n modo, que es absolutamente inalcanzable por cualquier v&#x00ED;a y que, por lo tanto, nada se puede decir al respecto. Lo inefable, por contra, es aquello que no se puede acotar por ser infinito e ilimitado y que, por ende, no puede trasplantarse fielmente al lenguaje. As&#x00ED;, en nuestro caso hablaremos de “lo inefable” pues, aunque su magnitud infinita impide un correlato ling&#x00FC;&#x00ED;stico, aunque no pueda ser apresado por el razonamiento, si se presenta, es intuitivamente comprensible y el fracaso del idioma es posterior. Es decir, el narrador no encuentra el obst&#x00E1;culo en su interior, donde el fen&#x00F3;meno se presenta claro y definido, sino que la traba aparece cuando este acontecimiento intenta ser puesto en palabras para presentarlo fielmente al lector hipot&#x00E9;tico. As&#x00ED;, se tratar&#x00E1; la afasia seg&#x00FA;n lo inefable de la teofan&#x00ED;a. Se podr&#x00ED;a argumentar que Dios es asimismo lo indecible, dado que cualquier t&#x00E9;rmino o referencia adulterar&#x00ED;a su esencia; sin embargo, especialmente en estos casos, pasa de lo indecible al campo de lo inefable en tanto que se aparece, que irrumpe en la trayectoria de la vida humana para donar sentido –<italic>donatio</italic>-. Toma la divinidad la iniciativa –<italic>kair&#x00F3;s</italic>- para que el hombre pueda atisbar un fragmento, m&#x00E1;s bien un actante, de su Ser, en este caso la existencia activa.</p>

			<p>Aqu&#x00ED; se hablar&#x00E1; de afasia seg&#x00FA;n su acepci&#x00F3;n etimol&#x00F3;gica griega (ἀφασία), como ‘imposibilidad de hablar’. Esta incapacidad se plasma gr&#x00E1;ficamente y en varios niveles dentro de los textos aut&#x00F3;grafos de conversi&#x00F3;n s&#x00FA;bita. Si bien tamizadas por la personalidad y estilo de cada uno de los autores, las l&#x00ED;neas maestras de los rasgos constitutivos se repetir&#x00E1;n en todos ellos, fijando as&#x00ED; un esquema fenomenol&#x00F3;gico y narratol&#x00F3;gico com&#x00FA;n. </p>

		</sec>
		
		<sec id="S2">
			<title>2. AFASIA SEG&#x00DA;N LA DIVINIDAD</title>

						<disp-quote><p>[…] [S]er&#x00ED;a ignorancia pensar que los dichos de amor en intelligencia m&#x00ED;stica, quales son los de las presentes canciones, con alguna manera de palabras que se puedan bien explicar, porque el sp&#x00ED;ritu del Se&#x00F1;or […] pide por nosotros con gemidos ynefables lo que nosotros no podemos bien entender ni comprehender para lo manifestar. Porque ¿qui&#x00E9;n podr&#x00E1; escribir lo que &#x00E1; las almas amorosas donde &#x00E9;l mora haze entender? Y ¿Qui&#x00E9;n podr&#x00E1; manifestar con palabras lo que las haze sentir? (Mart&#x00ED;nez de Burgos, <xref ref-type="bibr" rid="CIT15">1962</xref>, pp. 3-4).</p></disp-quote>

			<p>Son palabras del abulense san Juan de la Cruz como p&#x00F3;rtico a su <italic>C&#x00E1;ntico espiritual</italic>. Advierte de la incapacidad inherente al lenguaje para referir el encuentro con la divinidad. “Ser&#x00ED;a ignorancia”, dice, explicar adecuadamente el contenido de la experiencia, obrar la traslaci&#x00F3;n simb&#x00F3;lica que exige la comunicaci&#x00F3;n humana. Se ha citado, no debe olvidarse, quiz&#x00E1;s al que m&#x00E1;s se ha acercado a expresar lo inexpresable, un fin&#x00ED;simo escribiente con una larga experiencia en el campo m&#x00ED;stico. M&#x00E1;s rotunda, por tanto, ser&#x00E1; la afasia que aqueje a nuestros protagonistas, cuyos encuentros con la divinidad solo se produjeron en una ocasi&#x00F3;n y, por lo tanto, carecen de esa “abundante intelligencia m&#x00ED;stica” (Mart&#x00ED;nez de Burgos, <xref ref-type="bibr" rid="CIT15">1962</xref>, p. 5) que el de Fontiveros s&#x00ED; pose&#x00ED;a. Los presentes autores estar&#x00E1;n privados de la intimidad con el acontecimiento que tendr&#x00E1;n otros m&#x00ED;sticos de largo recorrido, ya que sus encuentros han sido &#x00FA;nicos y fortuitos, no destino de un largo proceso asc&#x00E9;tico de vaciamiento y perfecci&#x00F3;n para alcanzar la gracia m&#x00ED;stica. A prop&#x00F3;sito, Andr&#x00E9; Frossard insiste en que su libro es el “atestado de un accidente”, pues narra c&#x00F3;mo no iba hacia al catolicismo cuando con &#x00E9;l se top&#x00F3; (<xref ref-type="bibr" rid="CIT06">1969</xref>, p. 8).</p>

			<p>Al margen de la sapiencia en descripciones m&#x00ED;sticas de cada autor, la imposibilidad de hablar es constitutivamente anterior y provendr&#x00E1; del objeto. Es Dios materia inefable por antonomasia, lo que el fil&#x00F3;sofo austriaco Ludwig Wittgenstein (<xref ref-type="bibr" rid="CIT19">2010</xref>) denominaba “lo m&#x00ED;stico”, es decir, el lenguaje refiri&#x00E9;ndose a lo indesignable, a lo que, a todas luces, excede su naturaleza y por tanto defrauda su funci&#x00F3;n (pp. 131-132) –el fil&#x00F3;sofo austriaco no hace la distinci&#x00F3;n entre indecible e inefable que s&#x00ED; vimos en Jank&#x00E9;l&#x00E9;vitch (<xref ref-type="bibr" rid="CIT10">2005</xref>, p. 118)-. La teofan&#x00ED;a supone un “fen&#x00F3;meno saturado” que da un exceso de intuici&#x00F3;n al margen de cualquier prescripci&#x00F3;n conceptual. Por lo tanto, si se produce una ruina del concepto, ¿c&#x00F3;mo acudir a una convenci&#x00F3;n como es la idiom&#x00E1;tica? Se difumina, o m&#x00E1;s bien no se deja apresar, la primera condici&#x00F3;n de la comunicaci&#x00F3;n ling&#x00FC;&#x00ED;stica: un ente delimitable. Y no se resiste a tenor de su abstracci&#x00F3;n, pues se concreta en la experiencia, sino por su naturaleza inabarcable para cualquier c&#x00F3;digo. No puede llevarse a cabo, por tanto, la reificaci&#x00F3;n que exige el lenguaje. Comenta Martin Buber al respecto:</p>

						<disp-quote><p>Por su naturaleza, el T&#x00FA; eterno no puede convertirse en Ello, pues por su naturaleza no puede ser reducido a medida sin l&#x00ED;mite, ni aun a la medida de lo inconmensurable ni al l&#x00ED;mite del ser ilimitado; porque, por su naturaleza, no puede ser pensado como una suma de propiedades, tampoco como una suma infinita de propiedades elevadas a la trascendencia; porque no puede ser encontrado ni en el mundo ni fuera del mundo; porque no puede ser emp&#x00ED;ricamente dado; porque no puede ser pensado (Buber, <xref ref-type="bibr" rid="CIT01">2005</xref>, p. 98).</p></disp-quote>

			<p>Dios es lo netamente indesignable. No podemos realizar un aislamiento de caracter&#x00ED;sticas en pos de una definici&#x00F3;n, no puede haber un aislamiento conceptual, siendo su esencia hol&#x00ED;stica, inabarcable; nada en particular es &#x00C9;l, al tiempo que nada se le queda fuera. En la tradici&#x00F3;n monote&#x00ED;sta en que se inscriben nuestros testimonios, Dios, as&#x00ED; con may&#x00FA;sculas, es &#x00FA;nico a la vez que incognoscible, al menos desde el plano terrenal; por ende, si solo hay uno y nadie lo ha visto, c&#x00F3;mo designarlo, c&#x00F3;mo secuestrar su esencia. Se trata de la incapacidad de constituir un Ello, como dec&#x00ED;a Buber m&#x00E1;s arriba. </p>

			<p>Ante el contacto, aunque mitigado –un desvelamiento total de Dios aniquilar&#x00ED;a-, con esta entidad que debe situarse en la cima del Ser, el sujeto siente la sensaci&#x00F3;n punzante de ser testigo indigno debido al desfase ontol&#x00F3;gico entre la criatura y el Creador. “&#x00D4; Infini, il n´y a rien d´assez &#x00E9;troit dans mon cœur pour Te contenir!” (Claudel, citado en Chr&#x00E9;tien, <xref ref-type="bibr" rid="CIT02">2007</xref>, p. 240). He aqu&#x00ED; la tragedia &#x00ED;ntima de cualquier experiencia m&#x00ED;stica: el hombre se muestra recept&#x00E1;culo insuficiente. Es tanta la grandeza y la gracia que se derrama, que apenas puede hacerse el individuo eco de ello; de ah&#x00ED; una de las vertientes que cobra el componente de inefabilidad. El contacto con la entidad ontol&#x00F3;gica mayor por definici&#x00F3;n –Dios-, m&#x00E1;s a&#x00FA;n cuando es repentino, a modo de choque, produce un sobrecogimiento por el contraste entre dos naturalezas tan distantes: la divina y la humana.</p>

			<p>Para introducirse en ese estado, el hombre no puede permanecer en su condici&#x00F3;n ordinaria, ya que, de ordinario Dios no se manifiesta de esa manera. Habr&#x00E1; de recordarse que se trata de una experiencia &#x00FA;nica que por s&#x00ED; sola se basta para cambiar toda una vida. Para penetrar en esta revelaci&#x00F3;n, en esta experiencia en s&#x00ED; saturada, se precisa que el sujeto sobrepase sus propios l&#x00ED;mites, excediendo su naturaleza y su inmanencia; tambi&#x00E9;n su capacidad sensorial que se muestra aqu&#x00ED; deficitaria cuanto menos. Es lo que Jean-Louis Chr&#x00E9;tien llama <italic>dilatation</italic> (<xref ref-type="bibr" rid="CIT02">2007</xref>, p. 246) y que exige un proceso de amplificaci&#x00F3;n, incluso de salida de s&#x00ED; –‘&#x00E9;xtasis’ significa salida-. El sujeto ha de adaptarse para una revelaci&#x00F3;n que rebasa una a una sus categor&#x00ED;as, incluida, desde luego, la conceptual y de ah&#x00ED; la ling&#x00FC;&#x00ED;stica. Lo que implica tambi&#x00E9;n una <italic>epoj&#x00E9;</italic> en el sentido fenomenol&#x00F3;gico –diferente, por ejemplo, a la ataraxia budista-, un poner en par&#x00E9;ntesis la experiencia que se legitima en s&#x00ED;, al margen del curso preestablecido de la realidad que la experiencia del mundo habr&#x00E1; trazado. En otras palabras, la teofan&#x00ED;a ha de ser considerada insularmente, deponiendo las expectativas del sujeto. En s&#x00ED; misma se muestra perfectamente comprensible y arm&#x00F3;nica, el problema sobreviene cuando ha de compararse con el resto de experiencias y echar mano del lenguaje que, ahora definitivamente, se revela como instrumento insuficiente. Necesitar&#x00E1;, por tanto, un lenguaje nuevo, nacido de las exigencias de la hierofan&#x00ED;a, completamente desemejante al consensuado que el hombre emplea en su comunicaci&#x00F3;n cotidiana. De alguna forma el lenguaje deber&#x00ED;a salirse de sus v&#x00ED;as, desencajarse de igual manera que lo hab&#x00ED;a hecho el sujeto y su concepci&#x00F3;n del mundo. </p>

			<p>Todos estos elementos, necesariamente, apuntan a un fen&#x00F3;meno y un ente inabarcable, de una magnitud inescrutable. No obstante, si se recurre a los testimonios de conversi&#x00F3;n s&#x00FA;bita, se comprueba que no es la grandeza la impresi&#x00F3;n refleja que el sujeto recibe de la divinidad. Por ejemplo, el citado Paul Claudel describe: “J’avais eu tout &#x00E0; coup le sentiment d&#x00E9;chirant de l’innocence, de l’&#x00E9;ternelle enfance de Dieu, une r&#x00E9;v&#x00E9;lation ineffable” (<xref ref-type="bibr" rid="CIT03">1965</xref>, p. 1010). Por su parte, el fil&#x00F3;sofo espa&#x00F1;ol Manuel Garc&#x00ED;a Morente sufrir&#x00E1; la teofan&#x00ED;a durante la audici&#x00F3;n de <italic>La infancia de Jes&#x00FA;s</italic> de Berlioz y tras present&#x00E1;rsele los primeros compases de la vida de Cristo (Garc&#x00ED;a Morente, <xref ref-type="bibr" rid="CIT07">2002</xref>, pp. 36-38). En contra de lo que cabr&#x00ED;a esperar, la primera impresi&#x00F3;n de los testigos se refiere a la inocencia, la ternura, la infancia o la pureza; lo que resulta sorprendente a tenor de la magnitud insondable de quien se manifiesta. As&#x00ED; pues, cabe identificar la v&#x00ED;a sensitiva e intuitiva como primordial en esta experiencia, ya que, probablemente, un proceso racional hubiera destacado en primer lugar la grandiosidad, que pasa por ser el rasgo m&#x00E1;s directamente aplicable al ente divino. </p>

			<p>Lo anterior incide en algo que ya se ha anotado: se trata de una experiencia vivida de forma ad&#x00E1;nica, ya que el sujeto no puede recurrir a categor&#x00ED;as previas. No ser&#x00E1;n pues experiencias de tipo teol&#x00F3;gico –considerando la teolog&#x00ED;a como ciencia racional-, sino puro encuentro vivencial, personal con la entidad que la ciencia religiosa, si se quiere, solo conoce indirectamente. Son oportunas las palabras de Job en 42, 5: “Antes te conoc&#x00ED;a de o&#x00ED;das, ahora te han visto mis ojos”. Se trata justamente de la diferencia entre conocer algo por especulaci&#x00F3;n racional y hacerlo por medio del encuentro, de la experiencia. </p>

			<p>Otra de las cualidades constitutivas del objeto divino, siempre seg&#x00FA;n la experiencia de los protagonistas, est&#x00E1; en plena consonancia con la propia etimolog&#x00ED;a del t&#x00E9;rmino, pues <italic>Dios</italic> proviene de la ra&#x00ED;z indoeuropea <italic>deiw-</italic> ‘brillar, ser blanco’. “Yo soy la luz del mundo”, leemos en Jn. 8, 12. Pero es una luz insospechada e incomparable, por eso produce un innombrable deleite, aunque tambi&#x00E9;n estupor. La reacci&#x00F3;n humana ante esta caracter&#x00ED;stica divina es descrita por Andr&#x00E9; Frossard (<xref ref-type="bibr" rid="CIT06">1969</xref>) con una gr&#x00E1;fica comparaci&#x00F3;n: “J´&#x00E9;tais une chouette en plein midi, qui fait l´exp&#x00E9;rience du soleil” (p. 169). Afirma poco despu&#x00E9;s en el mismo cap&#x00ED;tulo: “lumi&#x00E8;re qui faisait p&#x00E2;lir le jour” (p. 171), lo que hace inevitable la menci&#x00F3;n a <italic>La noche oscura</italic> de san Juan de la Cruz donde pondera: “m&#x00E1;s cierto que la luz del mediod&#x00ED;a” (<xref ref-type="bibr" rid="CIT16">1992</xref>, p. 261) o a Jb. 11, 17: “Tu vida ser&#x00E1; m&#x00E1;s radiante que el mediod&#x00ED;a”. Es pues el grado m&#x00E1;ximo de luz que ser&#x00ED;a insoportable para el hombre si esta no fuera acompa&#x00F1;ada de “dulzura” en el mismo grado. Esta iluminaci&#x00F3;n, adem&#x00E1;s, se utiliza en sentido figurado en tanto que conlleva la aportaci&#x00F3;n de sentido a la vida, es decir, el esclarecimiento gracias a la luminaria de la nueva verdad descubierta. Y lo hace sin verbalidad, sin figuraci&#x00F3;n; es una comunicaci&#x00F3;n previa o superior al lenguaje, no hay mediaci&#x00F3;n significativa: “r&#x00E9;v&#x00E9;l&#x00E9; et masqu&#x00E9; par cette d&#x00E9;l&#x00E9;gation de lumi&#x00E8;re qui sans discours ni figures donnait tout &#x00E0; comprendre et tout &#x00E0; aimer” (Frossard, <xref ref-type="bibr" rid="CIT06">1969</xref>, p. 162). Y esto granjea al sujeto lo que el te&#x00F3;logo Llu&#x00ED;s Duch llama “pensamiento sacramental” (<xref ref-type="bibr" rid="CIT04">1979</xref>, p. 46), a tenor del cual el hombre ve al un&#x00ED;sono lo inmanente y lo trascendente, estando lo primero en la matriz de lo segundo; es lo que se denomina una visi&#x00F3;n del mundo <italic>sub specie divinitatis</italic>. </p>

			<p>En todo este exceso se produce un anonadamiento maravilloso del sujeto. He ah&#x00ED; el reflejo m&#x00E1;s fisiol&#x00F3;gico de la afasia en estos casos, la imposibilidad de hablar en el sentido m&#x00E1;s obvio. La teofan&#x00ED;a desencadena una experiencia de tanta intensidad, que el sujeto enmudece incapaz de articular palabra en el contexto del encuentro. Queda, literalmente, boquiabierto. De ah&#x00ED; que no se pueda hablar de di&#x00E1;logo, pues el sujeto no puede responder a Dios, no se constituye como interlocutor. Es preciso anotar que el acontecimiento es, en terminolog&#x00ED;a de Juan Mart&#x00ED;n Velasco (<xref ref-type="bibr" rid="CIT14">1995</xref>), “teop&#x00E1;tico” (p. 47): el hombre padece la experiencia, no es componente activo del proceso, sino pasivo. En primer lugar porque la iniciativa corresponde al ente divino, por medio de la Gracia –<italic>kair&#x00F3;s</italic>- y, en segundo lugar, porque al hombre le est&#x00E1; vedada la contemplaci&#x00F3;n plena de la divinidad, la cual resulta ontol&#x00F3;gicamente inobservable. Lo que sucede, pues, es que el sujeto siente la mirada de Dios sobre &#x00E9;l, siente que se le transparenta moment&#x00E1;neamente la existencia de Dios, pero no porque lo vea, sino porque siente su mirada. En tal caso, el sujeto queda paralizado, con la palabra arrebatada y constituido como objeto, de ah&#x00ED; que se le pueda denominar como sujeto paciente en tanto que recibe la acci&#x00F3;n. Cierto que, seg&#x00FA;n el presupuesto teol&#x00F3;gico, Dios nos observa constantemente; lo que cambia es la conciencia palpable y puntual de este hecho en el objeto, en el sujeto paciente. Se produce una grieta moment&#x00E1;nea en la ocultaci&#x00F3;n divina y su sempiterna vigilancia es percibida n&#x00ED;tidamente por quien es observado. </p>

			<p>La cohesi&#x00F3;n o el eje armonizador de todos estos elementos, de tan dif&#x00ED;cil distinci&#x00F3;n y catalogaci&#x00F3;n, ser&#x00E1; la Presencia, el estar ah&#x00ED; de la divinidad que se manifiesta. Ser&#x00E1; esta presencia el origen y sustancia de toda la experiencia y por ende de la narraci&#x00F3;n. Presencia que, al demostrarse activa, se revela amorosa en su iniciativa de comunicaci&#x00F3;n, ya que su interlocuci&#x00F3;n con el hombre, ontol&#x00F3;gicamente menor, implica un abajamiento, un descendimiento. Siendo su naturaleza, por definici&#x00F3;n, autosuficiente, la intervenci&#x00F3;n a favor del sujeto pasivo no puede explicarse sino como un acto de amor. Asimismo, la comprobaci&#x00F3;n de que Dios existe y reivindica lo humano al revel&#x00E1;rsele, es ya una certeza de redenci&#x00F3;n. Dios se confirma personal. De ah&#x00ED; que el hombre refiera en multitud de ocasiones la relaci&#x00F3;n divina en clave amorosa; como as&#x00ED; demuestra la producci&#x00F3;n de san Juan de la Cruz y toda la dial&#x00E9;ctica del deseo formada alrededor de la <italic>unio mystica</italic> (Haas, <xref ref-type="bibr" rid="CIT09">2009</xref>, p. 89). Frossard (<xref ref-type="bibr" rid="CIT06">1969</xref>) sigue esta l&#x00ED;nea y acaba su libro con una declaraci&#x00F3;n digna de cualquier ep&#x00ED;stola rom&#x00E1;ntica, casi un piropo; eso s&#x00ED;, como correspondencia a un amor excesivo y eterno en tanto que divino: “Amour, pour te dire, l´&#x00E9;ternit&#x00E9; sera courte” (p. 167).</p>

		</sec>
		
		<sec id="S3">
			<title>3. AFASIA POR LAS CARACTER&#x00CD;STICAS DE LA EXPERIENCIA</title>

			<p>Otra de las imposibilidades para la expresi&#x00F3;n de la teofan&#x00ED;a es relativa a la imposibilidad de s&#x00ED;ntesis, al menos de la s&#x00ED;ntesis sucesiva, lo que imposibilita una narraci&#x00F3;n ordenada o casu&#x00ED;stica. Lo que el narrador-protagonista suele relatar son las sensaciones y consecuencias derivadas de la experiencia, pero no la experiencia en s&#x00ED;. Esta no se puede descomponer o resultar como la suma de sus partes; es una unidad experiencial indivisible, al tiempo que inconmensurable. Por consiguiente, no cabr&#x00ED;a la recopilaci&#x00F3;n de caracter&#x00ED;sticas en pos de la definici&#x00F3;n:</p>

						<disp-quote><p>Adem&#x00E1;s, esa desmesura no se ejerce siempre ni de entrada a partir de la enormidad de una cantidad sin delimitaciones; esa desmesura se caracteriza m&#x00E1;s a menudo por nuestra simple imposibilidad de aplicar una s&#x00ED;ntesis sucesiva que permita prever un agregado a partir de la suma finita de sus partes finitas. Como el fen&#x00F3;meno saturado sobrepasa la suma de sus partes –las cuales tampoco pueden a menudo enumerarse-, hay que abandonar la s&#x00ED;ntesis sucesiva por lo que llamaremos una s&#x00ED;ntesis instant&#x00E1;nea, cuya representaci&#x00F3;n precede y sobrepasa la de los eventuales componentes, en lugar de resultar seg&#x00FA;n la previsi&#x00F3;n (Marion, <xref ref-type="bibr" rid="CIT13">2008</xref>, p. 331).</p></disp-quote>

			<p>Explica su caso Garc&#x00ED;a Morente y resbala. Por una parte, asegura la presencia que marca el acontecimiento, por otra, sin embargo, no sabe precisar ni c&#x00F3;mo ni cu&#x00E1;ndo esto sucedi&#x00F3;, simplemente lo hizo. No puede seguir un discurso del tipo “vi esto, con esta forma, y eso me hizo pensar aquello”:</p>

						<disp-quote><p>¿C&#x00F3;mo es esto posible? Yo no lo s&#x00E9;. Pero s&#x00E9; que &#x00E9;l estaba all&#x00ED; presente y que yo, sin ver, ni o&#x00ED;r, ni oler, ni gustar, ni tocar nada, le percib&#x00ED;a con absoluta e indubitable evidencia (Garc&#x00ED;a Morente, <xref ref-type="bibr" rid="CIT07">2002</xref>, pp. 42-43).</p></disp-quote>

			<p>La manifestaci&#x00F3;n de lo divino no puede ser expresada con palabras. Por coherencia ontol&#x00F3;gica, la comunicaci&#x00F3;n de la divinidad es pre-ling&#x00FC;&#x00ED;stica, tiene que ver m&#x00E1;s con la palabra primordial –“En el principio exist&#x00ED;a la Palabra” (Jn. 1, 1)<italic>,</italic> esencial –urdimbre de cualquier lenguaje posterior-<xref ref-type="fn" rid="NOTE1">1</xref> y, por tanto, anterior a cualquier comunicaci&#x00F3;n consensuada de &#x00E1;mbito puramente humano. As&#x00ED; pues, la traducci&#x00F3;n de significado a significante es imposible o, al menos, fraudulenta. En la conversi&#x00F3;n s&#x00FA;bita la divinidad no traslada palabras, no hay un discurso en sentido ling&#x00FC;&#x00ED;stico; m&#x00E1;s bien se habla de “sensaci&#x00F3;n”, “impresi&#x00F3;n”, “sentimiento”. Estos t&#x00E9;rminos no se refieren a una experiencia subjetivista o peyorativamente emocional, sino que se centran, una vez m&#x00E1;s con insuficiencia, en una experiencia que no es susceptible de ser reducida a conceptos o vocablos de ordenaci&#x00F3;n racional. As&#x00ED;, la teofan&#x00ED;a no es una experiencia sub-racional, sino supra-racional. Esto no quita, por otra parte, que haya un mensaje presente y perfectamente comprensible, aunque sea la sola confirmaci&#x00F3;n de la existencia de Dios y de su naturaleza amorosa.</p>

			<p>Dice Claudel:</p>

						<disp-quote><p>En essayant, comme je l’ai fait souvent, de reconstituer les minutes qui suivirent cet instant extraordinaire, je retrouve les &#x00E9;l&#x00E9;ments suivants qui, cependant, ne formaient qu’un seul &#x00E9;clair […] (Claudel, <xref ref-type="bibr" rid="CIT03">1965</xref>, p. 1010).</p></disp-quote>

			<p>La comunicaci&#x00F3;n de la teofan&#x00ED;a al resto –al fin y al cabo ese es el intento de cualquier escrito de conversi&#x00F3;n- es ardua. No solo por la naturaleza de la divinidad, sino por la fisionom&#x00ED;a de la experiencia que disfruta el sujeto: &#x00FA;nica, s&#x00FA;bita y dif&#x00ED;cilmente medible. Al recurrir Claudel a la imagen de &#x00E9;clair, adem&#x00E1;s de una posible relaci&#x00F3;n con la imagen del fuego como fuerza unitiva y asimiladora (Haas, <xref ref-type="bibr" rid="CIT09">2009</xref>, p. 88), dibuja gr&#x00E1;ficamente lo que supuso y la dificultad inherente a su comunicaci&#x00F3;n. El protagonista-narrador debe tomar un suceso que acaeci&#x00F3; m&#x00FA;ltiple y complejo en simultaneidad, al tiempo que un&#x00ED;voco, diseccionarlo y presentarlo, diferenciando posibles causas, caracter&#x00ED;sticas y conclusiones. Obviamente supone una desnaturalizaci&#x00F3;n: primero, se trata de un suceso que no resulta de la uni&#x00F3;n de sus partes, por lo que cualquier recorrido por sus cualidades o reflejos nunca brindar&#x00E1; una imagen completa y fidedigna, esto es, no existe sustituci&#x00F3;n textual leg&#x00ED;tima; segundo, porque la experiencia vendr&#x00E1; mediada por el tamiz del receptor, esto es, no se puede saber c&#x00F3;mo se manifiesta lo divino sino c&#x00F3;mo Claudel lo percibe, con sus subsiguientes interpretaciones o personalismos. </p>

			<p>Igualmente la experiencia conserva el marchamo de su generador, siendo, por tanto, resistente a cualquier c&#x00F3;mputo temporal definido. Garc&#x00ED;a Morente, por ejemplo, se resiste a establecer una horquilla temporal concreta, ya que, en el sucederse de la teofan&#x00ED;a, se anulan o trascienden los c&#x00F3;mputos; lo que vendr&#x00E1; a redundar en su dificultad para ser narrada: “¿Cu&#x00E1;nto tiempo dur&#x00F3; su presencia? Ya he dicho que no lo s&#x00E9;” (Garc&#x00ED;a Morente, <xref ref-type="bibr" rid="CIT07">2002</xref>, p. 43).</p>

		</sec>
		
		<sec id="S4">
			<title>4. AFASIA POR LO SUBJETIVO</title>

			<p>Recurriremos ahora a los n&#x00FA;meros 283-325 de las <italic>Investigaciones filos&#x00F3;ficas</italic> de Ludwig Wittgenstein (<xref ref-type="bibr" rid="CIT18">2004</xref>, pp. 91-99). Del pensador austr&#x00ED;aco, m&#x00E1;s concretamente de su segunda etapa donde depone levemente su escepticismo en la posibilidad de comunicaci&#x00F3;n ling&#x00FC;&#x00ED;stica, nos interesa lo relativo a lo subjetivo del lenguaje privado: c&#x00F3;mo, a ra&#x00ED;z de la experiencia privada, se constituye un uso p&#x00FA;blico, consensuado. Cualquier experiencia, al verbalizarse, pasa del comportamiento no-hablado al hablado, por medio de unos juegos de adaptaci&#x00F3;n ling&#x00FC;&#x00ED;stica que van asemejando el sentimiento de uno con el de otro. Se pasa, del &#x00E1;mbito privado de la experiencia, a una conceptualizaci&#x00F3;n com&#x00FA;n que permite agrupar varias experiencias subjetivas bajo un com&#x00FA;n significante objetivo. Sin embargo, ¿se puede hablar de juegos ling&#x00FC;&#x00ED;sticos en la teofan&#x00ED;a? Probablemente no por dos razones fundamentalmente: a) es imposible destacar las caracter&#x00ED;sticas principales que facilitar&#x00ED;an la sustituci&#x00F3;n ling&#x00FC;&#x00ED;stica; b) no puede dejar de ser una experiencia enteramente privada en tanto que vivencial y puntual, por lo que ning&#x00FA;n relato podr&#x00E1; activar la experiencia en el otro. </p>

			<p>Las cualidades que se han ido adjudicando al fen&#x00F3;meno de la teofan&#x00ED;a –<italic>vivencial, saturado, intuitivo</italic>, etc&#x00E9;tera-, hacen que sea esencialmente incomunicable; sobre todo en dos aspectos: el car&#x00E1;cter experiencial-personal y la inefabilidad de lo revelado. Por lo tanto, dado que solo el que lo experimenta puede comprenderlo, cualquier comunicaci&#x00F3;n ser&#x00E1; siempre deficitaria. Si normalmente se ha dicho que cualquier tipo de significante ling&#x00FC;&#x00ED;stico es una mera aproximaci&#x00F3;n convencional a la realidad, en este caso es especialmente tangible. Y es que, si a Dios solo se le puede conocer en el encuentro, el significante, para el que no haya “sufrido” la experiencia, est&#x00E1; m&#x00E1;s que nunca desligado de su referente.</p>

			<p>Si es personal e intransferible, si solo quien lo experimenta lo conoce, si la dislocaci&#x00F3;n del tiempo impide acometer la narraci&#x00F3;n, ¿por qu&#x00E9; intentar comunicarlo? Por la pertinencia de las implicaciones. Aunque Dios se le transparente en un momento dado a un sujeto x y solo a &#x00E9;l, que lo haga tiene pertinencia universal, pues es Dios uno y de todos. Por consiguiente, pese a la insuficiencia palmaria del testimonio, los conversos sienten la obligaci&#x00F3;n de comunicar su experiencia, en la mayor&#x00ED;a de los casos, dada la importancia de la verdad de que han sido depositarios.</p>

		</sec>
		
		<sec id="S5">
			<title>5. AFASIA EN LA MET&#x00C1;FORA</title>

			<p>En un punto de su testimonio, Andr&#x00E9; Frossard (<xref ref-type="bibr" rid="CIT06">1969</xref>, p. 166) confiesa su miedo a caer en “quimera” a la hora de describir el fen&#x00F3;meno. Aun presuponiendo la validez del s&#x00ED;mbolo para referir la realidad, cu&#x00E1;l podr&#x00ED;a utilizarse para describir lo inefable por antonomasia. Las palabras adulterar&#x00E1;n, por tanto, la experiencia de la teofan&#x00ED;a y, por ende, la har&#x00E1;n de alg&#x00FA;n modo intransferible, habiendo sido, la certeza implantada directamente en el alma del sujeto paciente, sin traducci&#x00F3;n humana; solo su efecto en el sujeto pasivo puede ser comprensible para un tercero. Se trata de lo que no puede ser referido e infringe una frustraci&#x00F3;n connatural a este tipo de escritos. No obstante, esta consideraci&#x00F3;n no debe extenderse m&#x00E1;s all&#x00E1;, ya que el acontecimiento es inefable, intransferible, pero no ininteligible. Para el sujeto paciente, contuvo una significaci&#x00F3;n clara, incluso con una elocuencia mayor de la que puede ser encontrada en nuestra comunicaci&#x00F3;n cotidiana. Lo dibuja con precisi&#x00F3;n y belleza, de nuevo, san Juan de la Cruz (<xref ref-type="bibr" rid="CIT16">1992</xref>, p. 264):</p>

						<disp-quote><p>Entr&#x00E9;me donde no supe </p>

						<p>y qued&#x00E9;me no sabiendo </p>

						<p>[…] y el esp&#x00ED;ritu dotado </p>

						<p>de un entender no entendiendo </p>

						<p>toda sciencia trascendiendo.</p></disp-quote>

			<p>Esta expresi&#x00F3;n parad&#x00F3;jica, plena de ox&#x00ED;moron, refleja vivamente las caracter&#x00ED;sticas de la experiencia. Se trata de un saber di&#x00E1;fano otorgado por la intuici&#x00F3;n m&#x00ED;stica que se brinda, pero, al mismo tiempo, su taxonom&#x00ED;a es tan desemejante a nuestro conocimiento ordinario y al orden de nuestra experiencia com&#x00FA;n, que la comunicaci&#x00F3;n deviene imposible, quimera. Situaci&#x00F3;n de radical novedad para el sujeto paciente, quien carece de las categor&#x00ED;as mentales para diseccionar y de los recursos ling&#x00FC;&#x00ED;sticos para apresar, sin que esto impida que el conocer se produzca y lo haga en un nivel de certidumbre incomparable. Se ve, pues, que la dicotom&#x00ED;a ignorancia-conocimiento se a&#x00FA;na en un mismo suceso: mientras se desconoce, o m&#x00E1;s bien no se puede esquematizar, la taxonom&#x00ED;a de la experiencia por provenir del incognoscible divino -<italic>Mysterium tremendum</italic>-, se incuba en el hombre un conocimiento s&#x00FA;bito sobre el origen y finalidad del mundo a tenor de su derivaci&#x00F3;n del Ser Supremo. Se desconoce el porqu&#x00E9; y el c&#x00F3;mo de la experiencia que da sentido a toda la realidad; he ah&#x00ED; la paradoja.</p>

			<p>En consonancia con lo anterior, a la hora de describir lo sucedido, se encuentran una serie de calificativos o ideas que pueden resultar antit&#x00E9;ticas, haciendo uso de la <italic>coincidentia oppositorum</italic>. Se trata de un recurso literario que, aunque utilizado por la tradici&#x00F3;n m&#x00ED;stica, tambi&#x00E9;n es rastreable, por ejemplo, en buena parte del Siglo de Oro espa&#x00F1;ol, sobre todo con relaci&#x00F3;n a temas amorosos. Se contraponen dos elementos opuestos, y del choque surge un tercero que no es abordable directamente, que solo puede ser sugerido rompiendo la l&#x00F3;gica designativa. Es m&#x00E1;s, cuando se trata del inefable m&#x00ED;stico, de la experiencia totalmente otra, m&#x00FA;ltiple y un&#x00ED;voca, no pueden m&#x00E1;s que contradecirse o quebrarse las reglas de lo decible. En el caso de la teofan&#x00ED;a, el recurso cobra un doble sentido: a) como palmeo ling&#x00FC;&#x00ED;stico y balbuceo conceptual para intentar expresar lo inefable; b) como acercamiento a la descripci&#x00F3;n, siendo la divinidad el Todo, sin que nada se le quede fuera, de forma que es imposible, como tantas veces se ha visto, referirse a Dios en t&#x00E9;rminos que no sean negativos u hol&#x00ED;sticos –<italic>inmortal, imperecedero, inefable, inescrutable, omnisciente, omnipotente</italic>-. Por otra parte, como se&#x00F1;ala Mart&#x00ED;n Velasco (<xref ref-type="bibr" rid="CIT14">1995</xref>, pp. 55-56), tambi&#x00E9;n se emplea la armon&#x00ED;a de contrastes para referirse al efecto o sentimientos que el encuentro origina en el hombre. Produce en el sujeto paciente una “ambivalencia afectiva” debido a la doble vertiente de lo manifestado:</p>
			
							<list list-type="bullet">
								<list-item>
									<p>Debida a un Dios trascendente, excelencia suma, cima ontol&#x00F3;gica, Creador absoluto.</p>
								</list-item>
								<list-item>
									<p>Debida a un Dios inmanente, que colma amorosamente el m&#x00E1;s &#x00ED;ntimo deseo humano.</p>
								</list-item>
							</list>

			<p>El te&#x00F3;logo Olegario Gonz&#x00E1;lez de Cardedal ha se&#x00F1;alado las exigencias metaforizantes cuando de hablar de la experiencia de Dios se trata (<xref ref-type="bibr" rid="CIT08">1996</xref>, pp. 4-6). En cada caso particular se comprobar&#x00E1; la insuficiencia de las t&#x00E9;cnicas tropol&#x00F3;gicas; pese a ello, la met&#x00E1;fora pasa por ser el &#x00FA;nico recurso posible para comunicar algo que el emisor no puede acotar y que el receptor no alcanza a imaginar. No se puede construir una imagen de sustituci&#x00F3;n, la cual, por medio de elementos conocidos, d&#x00E9; a entender lo desconocido; lo que, en &#x00FA;ltima instancia, supone tambi&#x00E9;n el fracaso de la met&#x00E1;fora. Por tanto, aunque esta aparezca como &#x00FA;nico instrumento posible, lo ser&#x00E1; de forma insuficiente y nos har&#x00E1; hablar de una catecresis: “en falta de un <italic>verbum propium</italic>, permite el uso […] de una imagen debilitada como denominaci&#x00F3;n para ese objeto” (Haas, <xref ref-type="bibr" rid="CIT09">2009</xref>, p. 25). Esto implica un empleo fraudulento o insuficiente del tropo, pues su naturaleza precaria, aun infinitamente distante a la realidad que designa, sirve m&#x00E1;s para apuntar que para comunicar su esencia; es, por as&#x00ED; decirlo, un de&#x00ED;ctico m&#x00E1;s que un concepto. No hay base objetual con que constituir significante, sino necesidad vivencial, implicante:</p>

						<disp-quote><p>De la otra ladera s&#x00F3;lo podemos hablar desde la atenci&#x00F3;n, la audici&#x00F3;n y el anhelo; y con palabras de este mundo que remiten a realidades, experiencias y esperanzas de este mundo. Toda palabra sobre ella es <italic>met&#x00E1;fora</italic> (µεταϕέρο, transportar, transponer), &#x00FA;nica forma posible para decir desde lo nuestro conocido lo otro desconocido; y &#x00FA;nica forma para que esa otra ladera, yendo m&#x00E1;s all&#x00E1; de s&#x00ED;, llegue hasta nosotros sin alterarse o reducirse. Ir m&#x00E1;s all&#x00E1; de s&#x00ED; exige salir de s&#x00ED;, tanto a la realidad cognoscible como al sujeto cognoscente. La met&#x00E1;fora nombra la forma en que la realidad se trasciende a s&#x00ED; misma hasta el sujeto cognoscente y el &#x00E9;xtasis (έξ ίστημι, sacar fuera de s&#x00ED;, salir de s&#x00ED;) nombra la forma en que el sujeto cognoscente es atra&#x00ED;do hasta la realidad, connaturaliz&#x00E1;ndose con ella y no someti&#x00E9;ndosela (Gonz&#x00E1;lez de Cardedal, <xref ref-type="bibr" rid="CIT08">1996</xref>, pp. 5-6).</p></disp-quote>

			<p>Dice al respecto Frossard (<xref ref-type="bibr" rid="CIT06">1969</xref>): “Le peintre &#x00E0; qui il serait donn&#x00E9; d´entrevoir des couleurs inconnues, avec quoi les peindrait-il?” (p. 166). La imagen es certera para ejemplificar la problem&#x00E1;tica de la representaci&#x00F3;n. No hay asidero comparativo posible ni estructuras anal&#x00F3;gicas para una aproximaci&#x00F3;n satisfactoria. No caben aqu&#x00ED; descripciones a base de un conjunto de realidades conocidas para que el lector se haga la idea de una realidad desconocida. Cualquier descripci&#x00F3;n por acumulaci&#x00F3;n es insuficiente. Lo Absoluto se encuentra en un nivel inaccesible para el hombre, y si se entrev&#x00E9; –<italic>entrevoir</italic>-, la experiencia es incomunicable seg&#x00FA;n un esquema terrestre. La divinidad, seg&#x00FA;n la experiencia de los protagonistas, es incomparable con todo lo conocido, incluso con todo lo desconocido. </p>

			<p>Ninguna de los cuatro pilares tropol&#x00F3;gicos que se&#x00F1;ala Haas (<xref ref-type="bibr" rid="CIT09">2009</xref>, pp. 30-31) sirven en este caso: ni la met&#x00E1;fora que parte de la similitud en la diferencia, ni la metonimia que reduce el todo a la parte –recordemos que Dios no es reductible a una de sus partes, pues es un Todo no parcelable-, ni la sin&#x00E9;cdoque por la misma raz&#x00F3;n, ni siquiera la iron&#x00ED;a. En este sentido, Garc&#x00ED;a Morente (<xref ref-type="bibr" rid="CIT07">2002</xref>) intenta expresar una sensaci&#x00F3;n concreta concatenando comparaciones para, al final del fragmento, certificar la insuficiencia de la comparaci&#x00F3;n al emplear im&#x00E1;genes sensitivas para algo que no fue tal:</p>

						<disp-quote><p>Era como una suspensi&#x00F3;n de todo lo que en el cuerpo pesa y gravita, una sutileza tan delicada de toda mi materia, que dij&#x00E9;rase no ten&#x00ED;a corporeidad, como si yo todo hubiese sido transformado en un suspiro o c&#x00E9;firo o h&#x00E1;lito. Era una caricia infinitamente suave, impalpable, incorp&#x00F3;rea, que emanaba de &#x00C9;l y que me envolv&#x00ED;a y me sustentaba en vilo, como la madre que tiene en sus brazos al ni&#x00F1;o. Pero sin ninguna sensaci&#x00F3;n concreta de tacto (p. 43).</p></disp-quote>

			<p>El mismo Garc&#x00ED;a Morente, tras un pormenorizado estudio anal&#x00ED;tico de su experiencia, tras sopesarla filos&#x00F3;ficamente e intentar fijar sus atribuciones y particularidades, no tiene m&#x00E1;s remedio que darse por vencido y exclamar: “¡Jes&#x00FA;s, Jes&#x00FA;s! ¡Bondad! ¡Misericordia! Una figura blanca, una sonrisa, un adem&#x00E1;n de amor, de perd&#x00F3;n, de universal ternura. ¡Jes&#x00FA;s!” (<xref ref-type="bibr" rid="CIT07">2002</xref>, p. 42). Se asiste a la enumeraci&#x00F3;n de diversos calificativos o cualidades, un recorrido apresurado por las caracter&#x00ED;sticas del ente manifestado que, no obstante, no resulta de la suma de sus propiedades. Por eso, el autor va acumulando apelativos o representaciones hasta que vuelve a la &#x00FA;nica palabra que le hace justicia y, como dando en el centro de la diana, recurre al nombre propio que nos sit&#x00FA;a en el marco de un encuentro personal; de nuevo, vivencial, que no constituye objeto, sino que es el Ser mismo, en s&#x00ED;, en comunicaci&#x00F3;n. Asimismo, el nombre propio y el encuentro por tanto personal, nos aleja de la vaguedad que a veces se percibe en las designaciones m&#x00ED;sticas. No se trata de un “je ne sais quoi”, pues el origen y contenido est&#x00E1;n perfectamente delimitados: la transparencia puntual que confirma que Jes&#x00FA;s de Nazaret es Dios mismo. Donde s&#x00ED; cabe la expresi&#x00F3;n francesa es en la explicaci&#x00F3;n y narraci&#x00F3;n de las particularidades de la experiencia y de la naturaleza de la intuici&#x00F3;n que brinda. As&#x00ED;, lo que se intuye est&#x00E1; claro, lo que resulta confuso es el modo en que se intuye. </p>

		</sec>
		
		<sec id="S6">
			<title>6. AFASIA Y ESTILO</title>

			<p>Seg&#x00FA;n se ha ido viendo, la aplicaci&#x00F3;n l&#x00F3;gica o adecuada del lenguaje, en cuanto rebasado, ser&#x00ED;a desarticulada, impresionista, vaga quiz&#x00E1;s en su intento de aprehender lo inaprehensible. El ejemplo paradigm&#x00E1;tico se encuentra en Blaise Pascal y la nota aut&#x00F3;grafa que, relativa a su conversi&#x00F3;n, encontraron tejida en una de sus prendas tras su muerte:</p>

						<disp-quote><p>Desde aproximadamente las diez y media de la noche,</p>

						<p>hasta aproximadamente las doce y media.</p>

						<p>Fuego. </p>

						<p>“Dios de Abraham, Dios de Isaac, Dios de Jacob”</p>

						<p>y no de fil&#x00F3;sofos y sabios. Certeza. Certeza.</p>

						<p>Sentimiento. Alegr&#x00ED;a. Paz.</p>

						<p>Dios de Jesucristo. […]</p>

						<p>Alegr&#x00ED;a, alegr&#x00ED;a, llantos de alegr&#x00ED;a.</p>

						<p>Yo me he alejado.</p>
						
						<p><italic>Derelinquerunt me fontem aquae vivae</italic></p>

						<p>“Dios m&#x00ED;o, ¿ser&#x00E9; yo abandonado?”</p>

						<p>Que yo no est&#x00E9; nunca separado de &#x00C9;l por toda la eternidad.</p>

						<p>“Esta es la vida eterna, que te conozcan a Ti solo Dios</p>

						<p>verdadero, y a aquel a qui&#x00E9;n has enviado, Jesucristo”</p>

						<p>Jesucristo. Jesucristo (citado en J&#x00FC;rgen Baden, <xref ref-type="bibr" rid="CIT11">1969</xref>, pp. 48-49).</p></disp-quote>

			<p>Periodos cortos, repeticiones, escasez de verbos, asociaciones, evocaciones insinuadas, estructura ca&#x00F3;tica… todo lo anterior concuerda con la tem&#x00E1;tica y las circunstancias de la experiencia. Ahora bien, ser&#x00ED;a injusto desacreditar los testimonios de conversi&#x00F3;n que no presenten estos rasgos, porque, si bien lo narrado es lo mismo, la naturaleza del texto difiere. El documento de Pascal era de &#x00E1;mbito personal - nadie m&#x00E1;s lo ley&#x00F3; en vida-, por lo que bastaba una serie de asociaciones que le recordaran el acontecimiento de aquella noche. Por el contrario, Claudel, Frossard y Garc&#x00ED;a Morente –este &#x00FA;ltimo en una ep&#x00ED;stola privada pero destinada a explicar el fen&#x00F3;meno a un tercero- procuraron con su texto representar lo m&#x00E1;s claramente posible el suceso que desencaden&#x00F3; su conversi&#x00F3;n, de forma que fuera comprensible para un lector hipot&#x00E9;tico. Aun as&#x00ED;, se pueden encontrar restos de esta justicia ling&#x00FC;&#x00ED;stica cuando intentan rescatar sus pensamientos en el momento preciso. Los tres recurren al lenguaje fragmentado, de periodos cortos y b&#x00E1;sicamente centrado en los de&#x00ED;cticos –primer estadio del lenguaje-. Ser&#x00E1; suficiente un ejemplo en cada caso:</p>

						<disp-quote><p>Claudel: “<italic>C’est vrai ! Dieu existe, Il est l&#x00E0;. C’est quelqu’un, c’est un &#x00EA;tre aussi personnel que moi ! Il m’aime, Il m’appelle</italic>” (<xref ref-type="bibr" rid="CIT03">1965</xref>, p. 1010).</p>

						<p>Frossard: “<italic>Il est la r&#x00E9;alit&#x00E9;, il est la v&#x00E9;rit&#x00E9;</italic>” (<xref ref-type="bibr" rid="CIT06">1969</xref>, p. 158).</p>

						<p>Morente: “<italic>Volv&#x00ED; la cara hacia el interior de la habitaci&#x00F3;n y me qued&#x00E9; petrificado. All&#x00ED; estaba &#x00C9;l</italic>” (<xref ref-type="bibr" rid="CIT07">2002</xref>, p. 42).</p></disp-quote>

			<p>El &#x00E1;nimo divulgativo general, que s&#x00ED; poseen los escritos de Claudel y Frossard, aconsejar&#x00ED;a una estructura sencilla y un estilo di&#x00E1;fano. En el caso de Claudel la contenci&#x00F3;n es patente, m&#x00E1;s a&#x00FA;n considerando el estilo florido de su producci&#x00F3;n literaria. El poeta franc&#x00E9;s embrida su estilo, decant&#x00E1;ndose por periodos cortos, adjetivaci&#x00F3;n moderada y sencillez tropol&#x00F3;gica. Impide cualquier ejercicio ret&#x00F3;rico patente que pueda parecer como deliberada intenci&#x00F3;n del autor de producir un efecto. Se palia la voz del autor a favor de la narraci&#x00F3;n as&#x00E9;ptica de los acontecimientos. Quiere, en definitiva, ser cronista fidedigno, neutral. Se podr&#x00ED;a hablar de una redacci&#x00F3;n casi telegr&#x00E1;fica y un respeto por el orden no marcado de las oraciones. Si acaso, se aprecia cierto extra&#x00F1;amiento cuando se relata el momento ontol&#x00F3;gico –teofan&#x00ED;a-. Sin embargo, se trata m&#x00E1;s bien de un intento de simplificaci&#x00F3;n comunicativa de lo inefable que, por m&#x00E1;s que se pretenda claridad, no puede ser expresado de forma convencional, pues la misma naturaleza del hecho lo impide, lo que acabar&#x00E1; desembocando, aunque solo como intento, en algunas contorsiones de la expresi&#x00F3;n. Ser&#x00ED;a oportuno el prop&#x00F3;sito de Michel Leiris para su <italic>Edad de hombre</italic>, que dej&#x00F3; manifestado en <italic>De la literatura considerada como una tauromaquia</italic>:</p>

						<disp-quote><p>Porque decir la verdad y nada m&#x00E1;s que la verdad no lo es todo: falta todav&#x00ED;a abordarla directamente y decirla sin los artificios de las grandes arias destinadas a imponerse mediante tr&#x00E9;molos y sollozos en la voz […] decir todo y decirlo desde&#x00F1;ando todo &#x00E9;nfasis, sin abandonar nada a la facilidad, como obedeciendo a una necesidad […] (Leiris, <xref ref-type="bibr" rid="CIT12">2005</xref>, p. 20).</p></disp-quote>

			<p>El cometido que Claudel persegu&#x00ED;a con la concreci&#x00F3;n y desnudez estil&#x00ED;stica era dotar de credibilidad al escrito, huyendo de la desconfianza o lejan&#x00ED;a que el ornamento o la exageraci&#x00F3;n de una prosa colorista pudieran suponer. Un estilo marcado puede antojarse como revisi&#x00F3;n y a&#x00F1;adidura al tema en s&#x00ED;, lo que suma una distancia entre el lector y el contenido del texto. La finalidad es evitar la sensaci&#x00F3;n de reelaboraci&#x00F3;n que mediatizar&#x00ED;a el proceso, disimular lo suficiente la pluma del escribiente para otorgar un cariz cient&#x00ED;fico, de cr&#x00F3;nica as&#x00E9;ptica.</p>

						<disp-quote><p>Cuando la intenci&#x00F3;n testimonial se impone sobre los dem&#x00E1;s componentes de la autobiograf&#x00ED;a, la enunciaci&#x00F3;n tiende a la homogeneidad, a la mimetizaci&#x00F3;n de la realizaci&#x00F3;n oral y al estilo transparente (el <italic>no-estilo</italic>), con lo que se difuminan los l&#x00ED;mites entre autor y lector reales y sus representantes textuales, y la credibilidad y veracidad del discurso se acent&#x00FA;a (Fern&#x00E1;ndez Prieto, <xref ref-type="bibr" rid="CIT05">2004</xref>, p. 425).</p></disp-quote>

			<p>Igualmente, este modo que exige la neutralidad dificulta a&#x00FA;n m&#x00E1;s la narraci&#x00F3;n de la teofan&#x00ED;a. Por coherencia literaria, ser&#x00ED;a la poes&#x00ED;a el g&#x00E9;nero que m&#x00E1;s se aproximar&#x00ED;a a las caracter&#x00ED;sticas de la experiencia por su naturaleza sugerente, evocadora y m&#x00E1;s libre a la hora de emplear y engarzar conceptos. Sin embargo, el empleo de ese g&#x00E9;nero contradir&#x00ED;a el esp&#x00ED;ritu de objetividad, ya que la l&#x00ED;rica, m&#x00E1;s que ninguna otra forma de escritura, interpone m&#x00E1;s patentemente el prisma de lo subjetivo frente a la realidad. As&#x00ED; pues, el cometido de cr&#x00F3;nica o testimonio que buscan los autores desaconseja al mismo tiempo el uso del <italic>modus loquendi</italic> m&#x00E1;s apropiado para expresar la experiencia de la teofan&#x00ED;a. </p>

			<p>De cualquier forma, no se debe olvidar que el n&#x00FA;cleo tem&#x00E1;tico y narrativo debe ser el momento ontol&#x00F3;gico, ese <italic>in preaesentia Dei stare</italic> (Haas, <xref ref-type="bibr" rid="CIT09">2009</xref>, p. 64) que supone un acto sacramental. Los t&#x00ED;tulos de los textos son bastante expl&#x00ED;citos al respecto: <italic>Ma conversion; Dieu existe je L´ai recontr&#x00E9;; El Hecho Extraordinario</italic>, este &#x00FA;ltimo titulado por el editor a posteriori al tratarse de una ep&#x00ED;stola privada publicada a la muerte del autor. As&#x00ED;, se trata de testimonios de conversi&#x00F3;n y, siendo esta s&#x00FA;bita, el cl&#x00ED;max y asunto de los escritos debe ser la teofan&#x00ED;a, el encuentro puntual con la divinidad. Cuando se acomete la narraci&#x00F3;n del momento ontol&#x00F3;gico, se suceden una serie de giros ling&#x00FC;&#x00ED;sticos ya apuntados: la afasia, la emotividad del lenguaje, el discurso fragmentario, las im&#x00E1;genes de sustituci&#x00F3;n, met&#x00E1;foras, etc&#x00E9;tera. El lenguaje se ve obligado a sobrepasarse a s&#x00ED; mismo para seguir siendo referencial y comunicativo, pues se pretende que un interlocutor se haga la idea m&#x00E1;s aproximada posible sobre algo que en esencia es incomunicable. Se da por tanto la paradoja de que el hecho fundamental de la narraci&#x00F3;n recibe poco desarrollo, en lo que a espacio se refiere, dada su naturaleza extraordinaria e inefable. Lo que podemos ver, y nuestros autores insisten en ello, son las consecuencias en la vida del sujeto pasivo; pero apenas nos es trasmitido el momento de dilataci&#x00F3;n po&#x00E9;tica e &#x00ED;ntima que compone el momento ontol&#x00F3;gico. De ah&#x00ED; que el mayor tratamiento narrativo lo reciban los momentos colindantes, tanto anteriores como posteriores, pues, en puridad, ante la epifan&#x00ED;a solo vale callar. </p>

		</sec>
		
		<sec id="S7">
			<title>7. CONCLUSIONES</title>

			<p>A lo largo de estas p&#x00E1;ginas se han establecido los distintos niveles en que irrumpe la afasia en los textos aut&#x00F3;grafos de conversi&#x00F3;n s&#x00FA;bita. El primer nivel y m&#x00E1;s obvio corresponder&#x00E1; al objeto que hay que describir: Dios, el ente inefable por antonomasia en virtud de su naturaleza inabarcable. As&#x00ED; pues, una experiencia consistente en el avistamiento de la divinidad ser&#x00E1; paradigm&#x00E1;ticamente indesignable y producir&#x00E1; un estupor af&#x00E1;sico en el testigo. De ah&#x00ED; se pasa a un segundo nivel que corresponder&#x00E1; a las caracter&#x00ED;sticas de la experiencia. Se ha dicho que se trata de un fen&#x00F3;meno saturado, de un acontecimiento puro que excede las categor&#x00ED;as racionales y que, si bien dona sentido, lo hace por medio de la intuici&#x00F3;n m&#x00ED;stica y, por lo tanto, con un car&#x00E1;cter no-mentable. En tercer lugar, el componente subjetivo que colabora decisivamente en la incomunicabilidad del fen&#x00F3;meno. Por &#x00FA;ltimo, centr&#x00E1;ndonos en el lenguaje, se ve que igualmente se muestran insuficientes sus m&#x00E9;todos –analog&#x00ED;as, met&#x00E1;foras- para expresar lo desconocido o lo inalcanzable. No existe asidero comparativo ni recurso tropol&#x00F3;gico viable que pueda dibujar la realidad en un lector hipot&#x00E9;tico. En definitiva, una afasia cr&#x00F3;nica que invade cada uno de los niveles, tanto de la experiencia como del texto que intenta describirla.</p>

			<p>Se ha constatado la frustraci&#x00F3;n irrefragable que surge cuando se intenta poner por escrito algo que excede ostensiblemente la sustancia ling&#x00FC;&#x00ED;stica. Frustraci&#x00F3;n empero que debe ser asumida por estos narradores debido a la necesidad de comunicaci&#x00F3;n que conlleva la pertinencia universal del acontecimiento. As&#x00ED;, como se se&#x00F1;alaba al principio, los testimonios de conversi&#x00F3;n s&#x00FA;bita suponen el id&#x00F3;neo esp&#x00E9;cimen para el estudio y contemplaci&#x00F3;n de la afasia en todos los niveles –autoral, textual y referencial-. Debido, entre otras cosas, al inter&#x00E9;s testimonial y neutro de los textos, se aprecia aqu&#x00ED; la ejemplificaci&#x00F3;n m&#x00E1;s radical de esa exasperaci&#x00F3;n designativa que aflora al intentar acotar lo que es ilimitado.</p>
		</sec>
		
	</body>
	
	
	<back>
	
		<sec id="notas">
			<title>NOTAS</title>
		
			<fn-group>
				<fn id="NOTE1"><label>1</label>
					<p>“Los antiguos hab&#x00ED;an distinguido con toda precisi&#x00F3;n el <italic>logos endiathetos</italic> o verbo interno del <italic>logos prophoricos</italic> o verbo externo. La palabra va siempre con nosotros aunque callemos o sobre todo cuando callamos. Porque la palabra no destinada al consumo instrumental es la que nos constituye: la palabra que no hablamos, la que habla en nosotros y nosotros, a veces, trasladamos en el decir” (Valente, <xref ref-type="bibr" rid="CIT17">2000</xref>, p. 62).</p>
				</fn>
			</fn-group>
		</sec>
				
		<ref-list>
			<title>BIBLIOGRAF&#x00CD;A</title>
				
			<ref id="CIT01">
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
					  <surname>Buber</surname>
					  <given-names>M.</given-names>	  
				  </name>
			  </person-group>
			  <year>2005</year>
			  <source>Yo y T&#x00FA;</source>
			  <publisher-loc>Madrid</publisher-loc>
			  <publisher-name>Caparr&#x00F3;s editores</publisher-name>
			</element-citation>
			</ref>
		
			<ref id="CIT02"> 
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
					  <surname>Chr&#x00E9;tien</surname>
					  <given-names>J.-L.</given-names>	  
				  </name>
			  </person-group>
			  <year>2007</year>
			  <source>La joie spacieuse</source>
			  <publisher-loc>Par&#x00ED;s</publisher-loc>
			  <publisher-name>Les &#x00C9;ditions de Minuit</publisher-name>
			</element-citation>
			</ref>

			<ref id="CIT03">
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
					  <surname>Claudel</surname>
					  <given-names>P.</given-names>	  
				  </name>
			  </person-group>
			  <year>1965</year>
			  <source>Oeuvres compl&#x00E8;tes</source>
			  <publisher-loc>Par&#x00ED;s</publisher-loc>
			  <publisher-name>Gallimard</publisher-name>
			</element-citation>
			</ref>

			<ref id="CIT04">
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
					  <surname>Duch</surname>
					  <given-names>L.</given-names>	  
				  </name>
			  </person-group>
			  <year>1979</year>
			  <source>La experiencia religiosa en el contexto de la cultura contempor&#x00E1;nea</source>
			  <publisher-loc>Barcelona</publisher-loc>
			  <publisher-name>Bru&#x00F1;o</publisher-name>
			</element-citation>
			</ref>

			<ref id="CIT05">
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
					  <surname>Fern&#x00E1;ndez Prieto</surname>
					  <given-names>C.</given-names>	  
				  </name>
			  </person-group>
			  <year>2004</year>
			  <chapter-title>Enunciaci&#x00F3;n y comunicaci&#x00F3;n en la autobiograf&#x00ED;a</chapter-title>
			  <person-group person-group-type="editor">
				  <name>
					  <surname>Fern&#x00E1;ndez Prieto</surname>
					  <given-names>C.</given-names>	  
				  </name>
				  <name>
					  <surname>Hermosilla &#x00C1;lvarez</surname>
					  <given-names>M. A.</given-names>	  
				  </name>
			  </person-group>
			  <source>Autobiograf&#x00ED;a en Espa&#x00F1;a: un balance</source>
			  <publisher-loc>Madrid</publisher-loc>
			  <publisher-name>Visor</publisher-name>
			  <fpage>417</fpage>
			  <lpage>432</lpage>
			</element-citation>
			</ref>

			<ref id="CIT06">
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
					  <surname>Frossard</surname>
					  <given-names>A.</given-names>	  
				  </name>
			  </person-group>
			  <year>1969</year>
			  <source>Dieu existe, je L´ai recontr&#x00E9;</source>
			  <publisher-loc>Par&#x00ED;s</publisher-loc>
			  <publisher-name>Librairie Arth&#x00E8;me Fayard</publisher-name>
			</element-citation>
			</ref>

			<ref id="CIT07">
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
					  <surname>Garc&#x00ED;a Morente</surname>
					  <given-names>M.</given-names>	  
				  </name>
			  </person-group>
			  <year>2002</year>
			  <source>El “Hecho Extraordinario”</source>
			  <publisher-loc>Madrid</publisher-loc>
			  <publisher-name>Rialp</publisher-name>
			</element-citation>
			</ref>
			
			<ref id="CIT08">
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
					  <surname>G&#x00F3;nzalez de Cardedal</surname>
					  <given-names>O.</given-names>	  
				  </name>
			  </person-group>
			  <year>1996</year>
			  <source>Cuatro poetas desde la otra ladera</source>
			  <publisher-loc>Valladolid</publisher-loc>
			  <publisher-name>Trotta</publisher-name>
			</element-citation>
			</ref>
			
			<ref id="CIT09">
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
					  <surname>Haas</surname>
					  <given-names>A.</given-names>	  
				  </name>
			  </person-group>
			  <year>2009</year>
			  <source>Viento de lo absoluto</source>
			  <publisher-loc>Madrid</publisher-loc>
			  <publisher-name>Siruela</publisher-name>
			</element-citation>
			</ref>

			<ref id="CIT10"> 
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
					  <surname>Jank&#x00E9;l&#x00E9;vitch</surname>
					  <given-names>V.</given-names>	  
				  </name>
			  </person-group>
			  <year>2005</year>
			  <source>La m&#x00FA;sica y lo inefable</source>
			  <publisher-loc>Barcelona</publisher-loc>
			  <publisher-name>Alpha Decay</publisher-name>
			</element-citation>
			</ref>
			
			<ref id="CIT11">
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
					  <surname>J&#x00FC;rgen Baden</surname>
					  <given-names>H.</given-names>	  
				  </name>
			  </person-group>
			  <year>1969</year>
			  <source>Literatura y conversi&#x00F3;n</source>
			  <publisher-loc>Madrid</publisher-loc>
			  <publisher-name>Guadarrama</publisher-name>
			</element-citation>
			</ref>
			
			<ref id="CIT12">
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
					  <surname>Leiris</surname>
					  <given-names>M.</given-names>	  
				  </name>
			  </person-group>
			  <year>2005</year>
			  <source>Edad de hombre. Precedido de La literatura considerada como una tauromaquia</source>
			  <publisher-loc>Pamplona</publisher-loc>
			  <publisher-name>Laetoli</publisher-name>
			</element-citation>
			</ref>
			
			<ref id="CIT13">
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
					  <surname>Marion</surname>
					  <given-names>J.-L.</given-names>	  
				  </name>
			  </person-group>
			  <year>2008</year>
			  <source>Siendo dado</source>
			  <publisher-loc>Madrid</publisher-loc>
			  <publisher-name>S&#x00ED;ntesis</publisher-name>
			</element-citation>
			</ref>

			<ref id="CIT14">
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
					  <surname>Mart&#x00ED;n Velasco</surname>
					  <given-names>J.</given-names>	  
				  </name>
			  </person-group>
			  <year>1995</year>
			  <source>La experiencia cristiana de Dios</source>
			  <publisher-loc>Valladolid</publisher-loc>
			  <publisher-name>Trotta</publisher-name>
			</element-citation>
			</ref>
			
			<ref id="CIT15">
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="editor">
				  <name>
					  <surname>Mart&#x00ED;nez de Burgos</surname>
					  <given-names>M.</given-names>	  
				  </name>
			  </person-group>
			  <year>1962</year>
			  <source>El c&#x00E1;ntico espiritual, seg&#x00FA;n el manuscrito de las madres carmelitas de Ja&#x00E9;n</source>
			  <publisher-loc>Madrid</publisher-loc>
			  <publisher-name>Espasa-Calpe</publisher-name>
			</element-citation>
			</ref>
			
			<ref id="CIT16">
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
					  <surname></surname>
					  <given-names>San Juan de la Cruz</given-names>	  
				  </name>
			  </person-group>
			  <year>1992</year>
			  <source>Poes&#x00ED;a</source>
			  <publisher-loc>Madrid</publisher-loc>
			  <publisher-name>C&#x00E1;tedra</publisher-name>
			</element-citation>
			</ref>
			
			<ref id="CIT17">
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
					  <surname>Valente</surname>
					  <given-names>J. &#x00C1;.</given-names>	  
				  </name>
			  </person-group>
			  <year>2000</year>
			  <source>La piedra y el centro</source>
			  <publisher-loc>Barcelona</publisher-loc>
			  <publisher-name>Tusquets</publisher-name>
			</element-citation>
			</ref>
			
			<ref id="CIT18">
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
					  <surname>Wittgenstein</surname>
					  <given-names>L.</given-names>	  
				  </name>
			  </person-group>
			  <year>2004</year>
			  <source>Investigaciones filos&#x00F3;ficas</source>
			  <publisher-loc>Barcelona</publisher-loc>
			  <publisher-name>Cr&#x00ED;tica</publisher-name>
			</element-citation>
			</ref>
			
			<ref id="CIT19">
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
					  <surname>Wittgenstein</surname>
					  <given-names>L.</given-names>	  
				  </name>
			  </person-group>
			  <year>2010</year>
			  <source>Tractatus logicus-philosophicus</source>
			  <publisher-loc>Madrid</publisher-loc>
			  <publisher-name>Alianza</publisher-name>
			</element-citation>
			</ref>

		</ref-list>
		
	</back>
</article>