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			<journal-id journal-id-type="publisher-id">Arbor</journal-id>
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				<journal-title>ARBOR Ciencia, Pensamiento y Cultura</journal-title>
				<abbrev-journal-title>Arbor</abbrev-journal-title>
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			<issn pub-type="epub">0210-1963</issn>
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				<publisher-name>Consejo Superior de Investigaciones Cient&#x00ED;ficas</publisher-name>
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			<article-id pub-id-type="publisher-id">arbor.2017.784n2004</article-id>
			<article-id pub-id-type="doi">10.3989/arbor.2017.784n2004</article-id>
			 
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				<subject>CRISIS, INCERTIDUMBRE Y VULNERABILIDADES SOCIALES / CRISIS, UNCERTAINTY AND SOCIAL VULNERABILITY</subject>
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				<article-title>Notas sobre la crisis de cuidados: distribuci&#x00F3;n social, moralizaci&#x00F3;n del tiempo y reciprocidad del tiempo donado en el &#x00E1;mbito dom&#x00E9;stico-familiar</article-title>
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					<trans-title>Some notes on care crisis: social distribution, time’s moralization and reciprocity of time donated in the domestic-familiar domain</trans-title>
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				<alt-title alt-title-type="running-head">Notas sobre la crisis de cuidados: distribuci&#x00F3;n social, moralizaci&#x00F3;n del tiempo y reciprocidad del tiempo donado en el &#x00E1;mbito dom&#x00E9;stico-familiar</alt-title>
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					 <surname>Legarreta Iza</surname>
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			<aff id="U1">Universidad del Pa&#x00ED;s Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea</aff>
				
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				<corresp id="cor1">e-mail: <email xlink:href="matxalen.legarreta@ehu.eus">matxalen.legarreta@ehu.eus</email>
					ORCID iD: <ext-link ext-link-type="uri" xlink:href="http://orcid.org/0000-0001-7892-325X">http://orcid.org/0000-0001-7892-325X</ext-link>
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			<pub-date pub-type="epub">
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				<year>2017</year>
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			<year>2017</year>
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			<volume>193</volume>
			<issue>784</issue>
			
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					<license-p>Este es un art&#x00ED;culo de acceso abierto distribuido bajo los t&#x00E9;rminos de la licencia Creative Commons Attribution (CC BY) Espa&#x00F1;a 3.0.</license-p>
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			<abstract xml:lang="es">
				<title>RESUMEN</title>
				<p>Los cambios acaecidos en las sociedades occidentales en las &#x00FA;ltimas d&#x00E9;cadas configuran una nueva forma de responder a la provisi&#x00F3;n de cuidados que ha sido definida en t&#x00E9;rminos de crisis. Esta nueva organizaci&#x00F3;n agudiza las desigualdades de g&#x00E9;nero existentes y genera nuevas relaciones de poder asim&#x00E9;tricas aunque, al mismo tiempo, ofrece tambi&#x00E9;n oportunidades de resignificaci&#x00F3;n del trabajo dom&#x00E9;stico y los cuidados. El art&#x00ED;culo analiza la crisis de cuidados en relaci&#x00F3;n a la distribuci&#x00F3;n social del <italic>tiempo donado</italic> en el &#x00E1;mbito dom&#x00E9;stico-familiar, as&#x00ED; como a su significaci&#x00F3;n y representaciones (moralizaci&#x00F3;n y reciprocidad). Para ello, emplea los datos cuantitativos producidos mediante la Encuesta de Presupuestos de Tiempo del Instituto Vasco de Estad&#x00ED;stica - Eustat y el material generado a trav&#x00E9;s de grupos de discusi&#x00F3;n.</p>
			</abstract>
			
									
			<trans-abstract xml:lang="en">
				<title>ABSTRACT</title>
				<p>The changes in Western societies in recent decades constitute a new way of responding to the provision of care that has been defined in terms of crisis. This new organization exacerbates existing gender inequalities and generates new asymmetrical power relations while, at the same time, it also offers opportunities for redefinition of domestic work and care. The article analyzes care crisis in relation to the social distribution of <italic>donated time</italic> in the domestic-family domain, as well as its significance and representations (moralization and reciprocity). For this purpose, it uses the quantitative data produced by Time Use Budget’s Survey of the Basque Statistics Institute-Eustat and material generated through focus groups.</p>
			</trans-abstract>
			
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				<title>PALABRAS CLAVE</title>
				<kwd>Crisis de cuidados</kwd>
				<kwd>tiempo donado</kwd>
				<kwd>reciprocidad</kwd>
				<kwd>distribuci&#x00F3;n social del tiempo</kwd>
				<kwd>moralizaci&#x00F3;n del tiempo</kwd>
				<kwd>adscripciones de g&#x00E9;nero</kwd>
			</kwd-group>
			
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				<title>KEYWORDS</title> 			
				<kwd>Care crisis</kwd>	
				<kwd>donated time</kwd>
				<kwd>reciprocity</kwd>
				<kwd>time’s social distribution</kwd>
				<kwd>moralization of time</kwd>
				<kwd>gender ascriptions</kwd>
			</kwd-group>
			
		
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	<body>	
			
		<sec id="S1">
			<title>1. INTRODUCCI&#x00D3;N<xref ref-type="fn" rid="NOTE1">1</xref></title>

			<p>La crisis de cuidados hace referencia a los desajustes en el sistema de provisi&#x00F3;n de cuidados que surgen en las &#x00FA;ltimas d&#x00E9;cadas en los pa&#x00ED;ses occidentales a ra&#x00ED;z de las transformaciones en las estructuras y en los modos de vida y sus significados y representaciones. Principalmente, como consecuencia del aumento de la esperanza de vida, crece el n&#x00FA;mero de personas que precisan cuidados y, dado el debilitamiento de los estados de bienestar, son las familias (y en ellas, sobre todo, las mujeres) las que deben hacer frente a su provisi&#x00F3;n. La crisis de cuidados es, asimismo, una crisis global que agudiza las desigualdades de g&#x00E9;nero existentes, al tiempo que crea nuevas relaciones de poder asim&#x00E9;tricas entre mujeres y hombres y entre unas mujeres y otras. Como toda crisis, sin embargo, ofrece tambi&#x00E9;n oportunidades para la resignificaci&#x00F3;n, en este caso, de las relaciones de g&#x00E9;nero, concretamente, con relaci&#x00F3;n al trabajo dom&#x00E9;stico y los cuidados. </p>

			<p>El presente art&#x00ED;culo pretende ofrecer una reflexi&#x00F3;n sobre la crisis de cuidados a trav&#x00E9;s del estudio del <italic>tiempo donado</italic> en el &#x00E1;mbito dom&#x00E9;stico-familiar<xref ref-type="fn" rid="NOTE2">2</xref>. Concretamente, el objetivo es analizar c&#x00F3;mo se responde a la provisi&#x00F3;n de cuidados atendiendo tanto a la distribuci&#x00F3;n y el empleo del tiempo de trabajo dom&#x00E9;stico-familiar, como a su significaci&#x00F3;n y representaciones (moralizaci&#x00F3;n y reciprocidad). Para ello, se han empleado los datos cuantitativos producidos por el Instituto Vasco de Estad&#x00ED;stica - Eustat a trav&#x00E9;s de la <italic>Encuesta de Presupuestos de Tiempo</italic> (en adelante, EPT)<xref ref-type="fn" rid="NOTE3">3</xref> y el material cualitativo generado mediante grupos de discusi&#x00F3;n (GD) en el marco de una investigaci&#x00F3;n llevada a cabo por la autora<xref ref-type="fn" rid="NOTE4">4</xref>. </p>

			<p>Adem&#x00E1;s de la introducci&#x00F3;n, el art&#x00ED;culo se divide en cinco apartados. El primero ofrece un breve esbozo sobre la crisis de cuidados y sus principales caracter&#x00ED;sticas. El segundo da cuenta de las herramientas anal&#x00ED;ticas que se emplear&#x00E1;n para el an&#x00E1;lisis: la naturaleza del tiempo donado y los atributos del principio de reciprocidad. El tercero recoge el estudio de la distribuci&#x00F3;n social del tiempo de trabajo dom&#x00E9;stico y de cuidados tomando como base las variables socio-demogr&#x00E1;ficas b&#x00E1;sicas (g&#x00E9;nero, edad y relaci&#x00F3;n con la del mercado laboral), y el cuarto, el de sus significados y representaciones respecto a cuatro posiciones discursivas (identificaci&#x00F3;n, problematizaci&#x00F3;n, reinvenci&#x00F3;n y reafirmaci&#x00F3;n). Por &#x00FA;ltimo, el quinto muestra las conclusiones.</p>

		</sec>
		
		<sec id="S2">
			<title>2. CRISIS DE CUIDADOS</title>

			<p>Los cambios acaecidos en las sociedades occidentales contempor&#x00E1;neas, tanto en el nivel estructural como en el sentido de los significados y las representaciones sociales, han generado transformaciones en el modelo de organizaci&#x00F3;n social y, m&#x00E1;s concretamente, en las formas de provisi&#x00F3;n de cuidados. Esta situaci&#x00F3;n ha sido definida en t&#x00E9;rminos de <italic>crisis de cuidados</italic> por diferentes autoras (Bimbi, <xref ref-type="bibr" rid="CIT08">1991</xref>; Ehrenreich y Hochschild, <xref ref-type="bibr" rid="CIT13">2002</xref>; Hoschschild, <xref ref-type="bibr" rid="CIT17">1995</xref>; Orozco, <xref ref-type="bibr" rid="CIT36">2011</xref>; Paperman, <xref ref-type="bibr" rid="CIT37">2011</xref>; VV.AA., <xref ref-type="bibr" rid="CIT45">2004</xref> y Zimmerman, <xref ref-type="bibr" rid="CIT46">2006</xref>, entre otras). </p>

			<p>Con el aumento de la esperanza de vida y el envejecimiento de la poblaci&#x00F3;n, crece el volumen de poblaci&#x00F3;n mayor y, con ello, el n&#x00FA;mero de personas que precisan cuidados. En este contexto, a falta de un fortalecimiento de los estados de bienestar, son las familias (y, en ellas, principalmente, las mujeres) las que tienen que hacerse cargo de la cobertura de los mismos (v&#x00E9;ase Garc&#x00ED;a Sainz, en este mismo volumen). Paralelamente, la creciente participaci&#x00F3;n de las mujeres en el mercado laboral y las transformaciones en las unidades de convivencia y en las formas de empleo (Bettio, Simonazzi y Villa, <xref ref-type="bibr" rid="CIT07">2006</xref>), conllevan que en los entornos dom&#x00E9;stico-familiares la provisi&#x00F3;n de cuidados ya no se asuma por completo en los mismos t&#x00E9;rminos que anta&#x00F1;o. </p>

			<p>La nueva organizaci&#x00F3;n del cuidado se configura, adem&#x00E1;s, en el nivel internacional, generando situaciones complejas de “m&#x00FA;ltiples crisis de cuidados” (Zimmerman, <xref ref-type="bibr" rid="CIT46">2006</xref>) y “cadenas globales de cuidado y asistencia” entre mujeres de diferentes lugares del mundo (Hochschild, <xref ref-type="bibr" rid="CIT18">2001</xref>), pues el “d&#x00E9;ficit de cuidado” (Ehrenreich y Hochschild, <xref ref-type="bibr" rid="CIT13">2002</xref>, p. 8) de los pa&#x00ED;ses del norte est&#x00E1; siendo suplido, en cierta medida, por la labor de personas migrantes que proceden de los pa&#x00ED;ses del sur. Todo ello conlleva que, en muchos casos, se agudicen las desigualdades existentes entre g&#x00E9;neros, al tiempo que emergen nuevas formas de desigualdad por razones de clase, etnia o lugar de procedencia, tanto entre mujeres y hombres, como entre unas mujeres y otras<xref ref-type="fn" rid="NOTE5">5</xref> (Anderson, <xref ref-type="bibr" rid="CIT03">2000</xref>; D&#x00ED;az Gorfinkiel, <xref ref-type="bibr" rid="CIT12">2008</xref>; Parella Rubio, <xref ref-type="bibr" rid="CIT38">2003</xref>; Salazar Parre&#x00F1;as, <xref ref-type="bibr" rid="CIT44">2001</xref>). La crisis, no obstante, genera tambi&#x00E9;n oportunidades de resignificaci&#x00F3;n del trabajo dom&#x00E9;stico-familiar y de las relaciones de g&#x00E9;nero sobre las que se desarrolla.</p>

			<p>Desde una mirada macro, se afirma que la crisis de cuidados no hace m&#x00E1;s que reflejar una crisis m&#x00E1;s profunda que supone el cuestionamiento de una forma de estructurar la sociedad y entender el mundo en el que vivimos, desarrollada y afianzada en los pa&#x00ED;ses occidentales a partir de la emergencia del capitalismo industrial (Orozco, <xref ref-type="bibr" rid="CIT35">2010</xref>; Orozco, <xref ref-type="bibr" rid="CIT36">2011</xref>). Desde una mirada micro, la crisis se refleja en los cambios en las din&#x00E1;micas de los entornos dom&#x00E9;stico-familiares, principalmente en lo referente a los discursos y representaciones en torno al sistema de provisi&#x00F3;n de cuidados. El art&#x00ED;culo se centra en la mirada micro para ofrecer un an&#x00E1;lisis del tiempo donado en el &#x00E1;mbito dom&#x00E9;stico-familiar.</p>

		</sec>
		
		<sec id="S3">
			<title>3. DON, RECIPROCIDAD Y MORALIZACI&#x00D3;N DEL TIEMPO</title>

			<p>Hablar de tiempo donado no es novedoso. Tal como queda reflejado en reflexiones anteriores de la autora (Legarreta, <xref ref-type="bibr" rid="CIT24">2012</xref>), es posible hallar referencias a este t&#x00E9;rmino en otros trabajos anteriores<xref ref-type="fn" rid="NOTE6">6</xref>. Barbara Adam, por ejemplo, se&#x00F1;ala que “las relaciones sociales est&#x00E1;n permeadas por la donaci&#x00F3;n de tiempo” (Adam, <xref ref-type="bibr" rid="CIT02">1999</xref>, p. 10). De esta forma, alude a una concepci&#x00F3;n del tiempo que no se corresponde con el “tiempo vac&#x00ED;o” que se compra y se vende en el mercado (“tiempo de reloj”), y a una noci&#x00F3;n de lo social que no se rige &#x00FA;nicamente por criterios utilitaristas. Ram&#x00F3;n Ramos, por su parte, aborda la donaci&#x00F3;n de tiempo en relaci&#x00F3;n al trabajo dom&#x00E9;stico-familiar en varios de sus textos sobre las met&#x00E1;foras de tiempo de la vida cotidiana (Ramos Torre, <xref ref-type="bibr" rid="CIT41">2007</xref>; Ramos Torre, <xref ref-type="bibr" rid="CIT42">2009</xref>; Ramos Torre, <xref ref-type="bibr" rid="CIT43">2011</xref>). Seg&#x00FA;n el autor, el tiempo empleado en este &#x00E1;mbito se define por su car&#x00E1;cter moral, as&#x00ED; como por su densa carga emocional: “ser&#x00ED;a reductivo pretender que (…) [el tiempo] s&#x00F3;lo puede ser un bien econ&#x00F3;mico sometido a c&#x00E1;lculo y valorable seg&#x00FA;n criterios de utilidad material (Ramos Torre, <xref ref-type="bibr" rid="CIT41">2007</xref>, p. 180). </p>

			<p>Ciertamente ambas propuestas coinciden al hacer referencia al tiempo como elemento constitutivo de una forma espec&#x00ED;fica de relaci&#x00F3;n: el don. En ambos casos el tiempo es algo que <italic>se dona</italic>. As&#x00ED;, al hablar de tiempo donado entran en juego al menos dos aspectos que merecen ser abordados con mayor exhaustividad: por un lado, la <italic>naturaleza de la relaci&#x00F3;n</italic> que se crea en torno al tiempo y, otro lado, <italic>la naturaleza del tiempo</italic> en tanto que objeto de la relaci&#x00F3;n. En cuanto a la naturaleza de la relaci&#x00F3;n, el don hace referencia a una relaci&#x00F3;n basada en la reciprocidad. En cuanto a la naturaleza del tiempo, la moralizaci&#x00F3;n es un atributo inherente del tiempo-don. A continuaci&#x00F3;n, se desarrollan estos dos aspectos con mayor precisi&#x00F3;n.</p>

			<p>En primer lugar, respecto al don en tanto que relaci&#x00F3;n basada en el principio de reciprocidad, se ha tomado como referencia principalmente la obra cl&#x00E1;sica de Marcel Mauss (<xref ref-type="bibr" rid="CIT30">1925/1971</xref>)<xref ref-type="fn" rid="NOTE7">7</xref>. El antrop&#x00F3;logo franc&#x00E9;s describe el don como una relaci&#x00F3;n de intercambio que se desarrolla ajena a la l&#x00F3;gica utilitarista del mercado y que conlleva tres acciones: dar, recibir y devolver. La contraprestaci&#x00F3;n forma parte de la relaci&#x00F3;n, por lo que el don, aparentemente altruista, supone inter&#x00E9;s: la persona que ofrece algo espera ser compensada por ello. Cuando alguien da, quien recibe contrae una deuda con el donante, de forma que el don comporta aceptaci&#x00F3;n y retorno. La reciprocidad, por tanto, es una caracter&#x00ED;stica constitutiva del don. As&#x00ED;, en base a unas pautas que permanecen t&#x00E1;citas y que son aceptadas por las partes implicadas en la relaci&#x00F3;n (Casado Neira, <xref ref-type="bibr" rid="CIT09">2003</xref>), el don genera una forma de relaci&#x00F3;n que conlleva, paralelamente, como fundamento y resultado, la creaci&#x00F3;n de v&#x00ED;nculos. Siguiendo a Joan Bestard se puede afirmar que “el don que no intensifica la solidaridad social es una contradicci&#x00F3;n” (<xref ref-type="bibr" rid="CIT06">1998</xref>, p. 224). En la obra de Mauss el don se presenta como el fundamento mismo de la sociedad. </p>

			<p>En esta misma l&#x00ED;nea, Alvin W. Gouldner define como universal el principio de reciprocidad, matizando que la <italic>norma moral</italic> de la reciprocidad interiorizada por las partes que conforman la relaci&#x00F3;n “es un mecanismo concreto y espec&#x00ED;fico involucrado en el mantenimiento de todo sistema social estable”, pues obliga moralmente a dar beneficios a aquellos de quienes previamente se han recibido (Gouldner, <xref ref-type="bibr" rid="CIT15">1979</xref>, p. 237). No obstante, advierte que las relaciones de poder sobre las que se desarrolla la vida social, as&#x00ED; como la falta de garant&#x00ED;as de que se restituya lo otorgado, puede, en ocasiones, llevar a una desestabilizaci&#x00F3;n del equilibrio, as&#x00ED; como a un cuestionamiento mismo del principio de reciprocidad. Se supera, de esta forma, el determinismo y la inclinaci&#x00F3;n a favor del equilibrio del pensamiento funcionalista, revisado por el autor, para ofrecer un abanico m&#x00E1;s amplio de posibilidades en torno al desarrollo de la reciprocidad. </p>

			<p>En segundo lugar, respecto al tiempo como objeto de la relaci&#x00F3;n, se toma como referencia, entre otros, el trabajo de Ram&#x00F3;n Ramos (Ramos Torre, <xref ref-type="bibr" rid="CIT41">2007</xref>; Ramos Torre, <xref ref-type="bibr" rid="CIT42">2009</xref>; Ramos Torre, <xref ref-type="bibr" rid="CIT43">2011</xref>) en torno a las met&#x00E1;foras del tiempo. Siguiendo la propuesta de las met&#x00E1;foras, en este caso, el tiempo es entendido como un <italic>tiempo-recurso</italic>: un tiempo que puede ser objeto de acciones dispositivas como vender, regalar, prestar, compartir o donar. Cuando se hace referencia al <italic>tiempo donado</italic> se entiende que el tiempo es lo que se dona: lo que se da, recibe o devuelve. El tiempo <italic>es el don</italic>, pues Marcel Mauss emplea el don indistintamente para apelar tanto a la “cosa o servicio” (Mauss, <xref ref-type="bibr" rid="CIT30">1925/1971</xref>, p. 228) que se da, recibe o devuelve, como a la relaci&#x00F3;n de reciprocidad que se genera en torno a ella. De este modo, en tanto que objeto de una interacci&#x00F3;n basada en el principio de reciprocidad, el tiempo posee unas caracter&#x00ED;sticas particulares que obligan a las partes a participar en la relaci&#x00F3;n: “¿[q]u&#x00E9; fuerza tiene la cosa que se da que obliga al donatario a devolverla?” (Mauss, <xref ref-type="bibr" rid="CIT30">1925/1971</xref>, p. 157). </p>

			<p>Se trata, por tanto, de un tiempo que obliga, un tiempo que, si bien es susceptible de cuantificaci&#x00F3;n, su significaci&#x00F3;n no se agota en su dimensi&#x00F3;n material, sino que posee tambi&#x00E9;n otro tipo de cualidades: morales, relacionales y emocionales. Como apunta Laura Bimbi (<xref ref-type="bibr" rid="CIT08">1991</xref>), las obligaciones rec&#x00ED;procas no pueden ser medidas con la duraci&#x00F3;n temporal concreta de las prestaciones ofrecidas o restituidas, por lo que el tiempo asume en el don una connotaci&#x00F3;n cualitativa. Asimismo, el don implica a quien lo ofrece en su totalidad: conlleva la “entrega absoluta de la persona” (Casado Neira, <xref ref-type="bibr" rid="CIT09">2003</xref>, p. 112), de forma que el tiempo que se dona se torna inseparable de la persona misma que forma parte de la interacci&#x00F3;n, lo que refuerza el car&#x00E1;cter moral de la contraprestaci&#x00F3;n y la dramatizaci&#x00F3;n p&#x00FA;blica de la donaci&#x00F3;n (Mauss, <xref ref-type="bibr" rid="CIT30">1925/1971</xref>). </p>

			<p>En base a estas premisas, en los siguientes apartados se ofrece una reflexi&#x00F3;n sobre la crisis de cuidados en torno al tiempo donado en el &#x00E1;mbito dom&#x00E9;stico-familiar, bien atendiendo a su materialidad (a trav&#x00E9;s de los datos cuantitativos en torno a su distribuci&#x00F3;n social), bien atendiendo a su significaci&#x00F3;n moral (a trav&#x00E9;s de los datos cualitativos sobre los discursos y experiencias). Tal distinci&#x00F3;n, sin embargo, se tomar&#x00E1; con precauci&#x00F3;n, puesto que, como se ha se&#x00F1;alado en otros trabajos, poner el acento en el contenido relacional del trabajo dom&#x00E9;stico y los cuidados puede llevar a excluir las actividades m&#x00E1;s instrumentales (cocinar, limpiar…), as&#x00ED; como las desigualdades de g&#x00E9;nero que caracterizan su ejecuci&#x00F3;n (Esquivel, <xref ref-type="bibr" rid="CIT14">2011</xref>). De esta forma, en el primer caso, se realizar&#x00E1; el an&#x00E1;lisis de los datos sobre el empleo y la distribuci&#x00F3;n del tiempo en relaci&#x00F3;n a las desigualdades de g&#x00E9;nero y, en el segundo, se estudiar&#x00E1;n los significados y las representaciones sociales tomando como eje el principio de reciprocidad.</p>

		</sec>
		
		<sec id="S4">
			<title>4. TIEMPO DONADO: DISTRIBUCI&#x00D3;N SOCIAL Y DESIGUALDADES DE G&#x00C9;NERO<xref ref-type="fn" rid="NOTE8">8</xref></title>

			<p>Los datos sobre el empleo del tiempo reflejan que la mitad de los bienes y servicios necesarios para la pervivencia de la sociedad vasca provienen del &#x00E1;mbito dom&#x00E9;stico-familiar. Las mujeres desempe&#x00F1;an la mayor parte de dicho trabajo (el 72%), mientras que los hombres cuentan con mayor protagonismo en la esfera productiva-mercantil (llevan a cabo el 59% del trabajo remunerado). El tiempo de trabajo dom&#x00E9;stico y de cuidados se distribuye de forma desigual entre mujeres y hombres: ellas dedican a dichas ocupaciones m&#x00E1;s del doble de tiempo que ellos (las mujeres 4 horas y 1 minuto y los hombres 1 hora y 38 minutos). Es m&#x00E1;s, considerando tanto el tiempo del &#x00E1;mbito dom&#x00E9;stico-familiar como el del mercado laboral, las mujeres trabajan casi una hora y cuarto m&#x00E1;s al d&#x00ED;a que los hombres (1 hora y 12 minutos), disponiendo, en consecuencia, de una hora menos de tiempo de ocio y de vida social<xref ref-type="fn" rid="NOTE9">9</xref>, lo que incide en un reparto desigual de oportunidades sociales y personales (Murillo de la Vega, <xref ref-type="bibr" rid="CIT34">1996</xref>), al tiempo que merma el bienestar de las mujeres.</p>

			<p>Si observamos el tiempo empleado por hombres y mujeres en el conjunto de actividades (<xref ref-type="fig" rid="F1">Gr&#x00E1;fico 1</xref>), se constata que la brecha entre el comportamiento de unos y otras es m&#x00E1;s pronunciada en lo referente al trabajo dom&#x00E9;stico y los cuidados que en relaci&#x00F3;n al resto de actividades. Cabe afirmar, por tanto, que las desigualdades de g&#x00E9;nero m&#x00E1;s acusadas tienen lugar en el &#x00E1;mbito dom&#x00E9;stico-familiar, por lo que poner el foco de atenci&#x00F3;n en esta esfera no resulta trivial, sino que implica detenerse en uno de los n&#x00FA;cleos duros de las desigualdades. </p>
			
					<fig id="F1">
						<label>Gr&#x00E1;fico 1</label>
						<caption>
							<title>Distribuci&#x00F3;n del tiempo diario de mujeres y hombres (hh:mm). Comunidad Aut&#x00F3;noma del Pa&#x00ED;s Vasco, 2008</title>
							<p>Fuente: elaboraci&#x00F3;n propia a partir de los datos de la Encuesta de Presupuestos de Tiempo del Instituto Vasco de Estad&#x00ED;stica - Eustat, 2008</p>
						</caption>
						<graphic xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xlink:href="../images/F1.jpg"/>
					</fig>
			

			<p>Los datos de la EPT ponen de manifiesto, asimismo, que el volumen de tiempo que mujeres y hombres dedican al &#x00E1;mbito dom&#x00E9;stico-familiar est&#x00E1; condicionado tanto por la edad como por la participaci&#x00F3;n en el mercado laboral aunque, independientemente de su momento vital y de su posici&#x00F3;n social, es el g&#x00E9;nero el que determina las pautas de la distribuci&#x00F3;n del tiempo de trabajo dom&#x00E9;stico y de cuidados.</p>

			<p>Con relaci&#x00F3;n al primer aspecto, cabe apuntar que el empleo del tiempo en el trabajo dom&#x00E9;stico y los cuidados se incrementa seg&#x00FA;n aumenta la edad, principalmente una vez entrada la poblaci&#x00F3;n en la edad adulta: el tiempo dedicado por los mayores de 35 a&#x00F1;os dobla el empleado por los m&#x00E1;s j&#x00F3;venes. La desigual dedicaci&#x00F3;n entre mujeres y hombres se mantiene, sin embargo, en todos los tramos de edad, pues el tiempo invertido por ellas es siempre significativamente mayor que el dedicado por ellos, incluso entre la poblaci&#x00F3;n m&#x00E1;s joven que ha sido socializada en un contexto de mayor igualdad formal. Los hombres m&#x00E1;s j&#x00F3;venes dedican la mitad de tiempo que las mujeres de su misma edad: alrededor de una hora ellos y algo m&#x00E1;s de dos horas ellas. No obstante, la distancia entre el tiempo invertido por unas y por otros crece conforme va aumentando la edad: se puede observar una diferencia de casi tres horas en el tiempo empleado por mujeres y hombres tanto de edad adulta como mayores. Las mujeres adultas dedican 2 horas y 45 minutos m&#x00E1;s que los hombres adultos al trabajo dom&#x00E9;stico y los cuidados y, entre la poblaci&#x00F3;n mayor, 2 horas y 50 minutos m&#x00E1;s ellas que ellos (ver <xref ref-type="fig" rid="F2">Gr&#x00E1;fico 2</xref>). </p>
			
			
						<fig id="F2">
							<label>Gr&#x00E1;fico 2</label>
							<caption>
								<title>Distribuci&#x00F3;n del tiempo de trabajo dom&#x00E9;stico y de cuidados entre mujeres y hombres por grupos de edad (hh:mm). Comunidad Aut&#x00F3;noma del Pa&#x00ED;s Vasco, 2008</title>
								<p>Fuente: Elaboraci&#x00F3;n propia a partir de los datos de la Encuesta de Presupuestos de Tiempo del Instituto Vasco de Estad&#x00ED;stica - Eustat, 2008</p>
							</caption>
							<graphic xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xlink:href="../images/F2.jpg"/>
						</fig>
					

			<p>En relaci&#x00F3;n al segundo aspecto, analizar los resultados seg&#x00FA;n la participaci&#x00F3;n en el mercado laboral aporta a&#x00FA;n mayor n&#x00FA;mero de matices a la distribuci&#x00F3;n del tiempo de trabajo dom&#x00E9;stico y de cuidados entre mujeres y hombres. Las desigualdades se mantienen en todos los casos, al margen de la relaci&#x00F3;n con el mercado laboral: la cantidad de tiempo dedicado por los hombres es menor que la invertida por las mujeres, excepto entre las mujeres que son estudiantes y los hombres que no lo son. No obstante, las mujeres estudiantes emplean el doble de tiempo que sus compa&#x00F1;eros varones en este &#x00E1;mbito: algo menos que una hora ellas y pr&#x00E1;cticamente media hora ellos (ver <xref ref-type="fig" rid="F3">Gr&#x00E1;fico 3</xref>).</p>
			
					<fig id="F3">
						<label>Figura 3</label>
						<caption>
							<title>Distribuci&#x00F3;n del tiempo de trabajo dom&#x00E9;stico y de cuidados de mujeres y hombres seg&#x00FA;n la participaci&#x00F3;n en el mercado laboral (hh:mm). Comunidad Aut&#x00F3;noma del Pa&#x00ED;s Vasco, 2003</title>
							<p>Fuente: Elaboraci&#x00F3;n propia a partir de los datos de la Encuesta de Presupuestos de Tiempo del Instituto Vasco de Estad&#x00ED;stica - Eustat, 2008</p>
						</caption>
						<graphic xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xlink:href="../images/F3.jpg"/>
					</fig>

			<p>Despu&#x00E9;s de la poblaci&#x00F3;n estudiante, la empleada es la que menor cantidad de tiempo invierte en esta esfera, aunque al trabajar tambi&#x00E9;n en el mercado laboral, asume una carga global de trabajo considerable: casi ocho horas al d&#x00ED;a (7 horas y 42 minutos). La mayor carga recae sobre las mujeres empleadas que dedican m&#x00E1;s de tres horas al trabajo dom&#x00E9;stico y los cuidados y casi cinco al remunerado (3 horas y 35 minutos y 4 horas y 53 minutos respectivamente). Consecuentemente, hacen frente a una carga global de trabajo de m&#x00E1;s de 8 horas y media al d&#x00ED;a (8 horas y 38 minutos), lo que supone una jornada semanal de m&#x00E1;s 60 horas (60 horas y 26 minutos). Se puede constatar, por tanto, que la doble jornada caracteriza el d&#x00ED;a a d&#x00ED;a de las mujeres vascas con empleo. La carga global de los hombres asalariados es menor que la de las mujeres, pese a ello asciende a 7 horas y 12 minutos.</p>

			<p>La diferencia entre mujeres y hombres se acent&#x00FA;a al comparar las pautas de comportamiento de unos y otras con relaci&#x00F3;n a la poblaci&#x00F3;n desempleada y jubilada. El tiempo que dedican las mujeres en ambos casos aumenta de forma significativa, hasta llegar a igualar, en el caso de las mujeres en situaci&#x00F3;n de desempleo, el tiempo que dedican a este &#x00E1;mbito las amas de casa a tiempo completo: casi cinco horas y media en ambos casos (ver gr&#x00E1;fico 3). Las mujeres jubiladas emplean en el trabajo dom&#x00E9;stico y los cuidados una hora menos que las desempleadas y las amas de casa a tiempo completo, 4 horas y 18 minutos, una cantidad sin embargo nada desde&#x00F1;able. De esta forma, las mujeres en situaci&#x00F3;n de desempleo y las amas de casa a tiempo completo implican en el trabajo dom&#x00E9;stico y los cuidados la misma cantidad de tiempo que la poblaci&#x00F3;n empleada en el mercado laboral; sin embargo, son consideradas inactivas por parte de las estad&#x00ED;sticas oficiales sobre trabajo (la <italic>Encuesta de Poblaci&#x00F3;n Activa</italic>). La valoraci&#x00F3;n desigual de uno y otro trabajo no hace m&#x00E1;s que acentuar la relaci&#x00F3;n asim&#x00E9;trica entre mujeres y hombres, pues no todos los tiempos tienen el mismo reconocimiento social.</p>

			<p>Entre las mujeres desempleadas, se observa que la presencia de aquellas que desempe&#x00F1;an trabajos de cuidado es significativa, pues cuatro de cada diez dedica alg&#x00FA;n tiempo a esta ocupaci&#x00F3;n (el 41,9% de las mujeres desempleadas frente al 26,1% del total de mujeres), de lo que se puede deducir la existencia de una posible relaci&#x00F3;n entre la maternidad y cierto alejamiento del mercado laboral. En esta l&#x00ED;nea, otros trabajos apuntan que la presencia de criaturas en los hogares conlleva un aumento del tiempo de trabajo dom&#x00E9;stico-familiar por parte de las mujeres que corresponde con un aumento del tiempo dedicado al mercado laboral por parte de los hombres (Bacigalupe de la Hera y Mart&#x00ED;n Roncero, <xref ref-type="bibr" rid="CIT05">2007</xref>, p. 121). Paralelamente, entre los hombres son los desempleados los que mayor volumen de tiempo dedican a la esfera dom&#x00E9;stica-familiar, aunque invierten en ella 1 hora y 5 minutos menos que las mujeres con empleo. Se puede constatar, por tanto, que el g&#x00E9;nero determina la implicaci&#x00F3;n en el &#x00E1;mbito dom&#x00E9;stico-familiar en mayor medida que la participaci&#x00F3;n en el mercado laboral.</p>

			<p>El <xref ref-type="fig" rid="F3">gr&#x00E1;fico 3</xref> muestra los datos sobre la distribuci&#x00F3;n del tiempo de trabajo dom&#x00E9;stico y de cuidados de mujeres y hombres con relaci&#x00F3;n a la participaci&#x00F3;n en el mercado laboral.</p>

			<p>Con todo ello, el an&#x00E1;lisis de los datos cuantitativos sobre el empleo del tiempo saca a la luz la persistencia de profundas desigualdades de g&#x00E9;nero en el &#x00E1;mbito dom&#x00E9;stico-familiar. La participaci&#x00F3;n de las mujeres en el mercado laboral implica adem&#x00E1;s la asunci&#x00F3;n de una mayor carga global de trabajo por parte de ellas, lo que delimita su capacidad de acceso al tiempo de libre disposici&#x00F3;n. As&#x00ED;, se puede concluir que el modelo “hombre ganador de pan / mujer ama de casa” no se refleja de forma generalizada en las pr&#x00E1;cticas y en el comportamiento de la poblaci&#x00F3;n vasca, principalmente por la participaci&#x00F3;n de las mujeres en el mercado laboral. Es m&#x00E1;s, con el paso del tiempo, la Comunidad Aut&#x00F3;noma del Pa&#x00ED;s Vasco muestra una tendencia que va derivando del modelo de “un trabajador y medio y una sola cuidadora” descrito por Jane Lewis (<xref ref-type="bibr" rid="CIT28">2007/2011</xref>) hacia la figura de “dos trabajadores y una sola cuidadora”. Pese a ello, como se observa en el siguiente apartado, el an&#x00E1;lisis del material cualitativo deja entrever que la pauta tradicional de divisi&#x00F3;n sexual del trabajo sigue formando parte del imaginario social y, de forma m&#x00E1;s o menos expresa, sale a la luz en el discurso tanto de mujeres como de hombres. Al mismo tiempo, si a trav&#x00E9;s de los usos y la distribuci&#x00F3;n del tiempo se arroja luz sobre las desigualdades de g&#x00E9;nero, una mirada en torno a los discursos y experiencias del tiempo donado en el &#x00E1;mbito dom&#x00E9;stico-familiar ofrece la oportunidad de observar el desarrollo del principio de reciprocidad y sus diferentes matices. Lo pertinente no es tanto “decidir si se cumple o no la reciprocidad en t&#x00E9;rminos absolutos” (Ramos Torre, <xref ref-type="bibr" rid="CIT39">1990</xref>, p. 11), sino determinar en qu&#x00E9; medida, en qu&#x00E9; contextos y con qu&#x00E9; caracter&#x00ED;sticas opera, as&#x00ED; como en qu&#x00E9; momentos y por qu&#x00E9; razones deja de ser v&#x00E1;lida, se cuestiona o se rompe.</p>

		</sec>
		
		<sec id="S5">
			<title>5. TIEMPO DONADO: DISCURSOS Y EXPERIENCIAS </title>

			<p>A trav&#x00E9;s del an&#x00E1;lisis de los datos cualitativos producidos mediante grupos de discusi&#x00F3;n, se han identificado cuatro posiciones discursivas con relaci&#x00F3;n a las adscripciones de g&#x00E9;nero del tiempo donado en el &#x00E1;mbito dom&#x00E9;stico familiar, que vienen determinadas por las posiciones sociales concretas desde las que se producen los discursos: la <italic>identificaci&#x00F3;n</italic>, la <italic>problematizaci&#x00F3;n</italic>, la <italic>reinvenci&#x00F3;n</italic> y la <italic>reafirmaci&#x00F3;n</italic>. De esta forma, como se ver&#x00E1; en los siguientes ep&#x00ED;grafes, las mujeres se identifican con su funci&#x00F3;n dom&#x00E9;stica, la problematizan o intentan reinventarla para apropi&#x00E1;rsela de forma renovada, y lo hacen de manera expl&#x00ED;cita. La posici&#x00F3;n de los hombres es m&#x00E1;s sutil, bien se problematiza y sale a la luz el car&#x00E1;cter construido de la adscripci&#x00F3;n de g&#x00E9;nero de la funci&#x00F3;n dom&#x00E9;stica; bien se refuerza desde el intento de desmarcarse y desvincularse de una identificaci&#x00F3;n plena con el &#x00E1;mbito dom&#x00E9;stico-familiar. En este sentido, la moralizaci&#x00F3;n del tiempo y el principio de reciprocidad se significan, se viven y se experimentan de forma diferente en unas posiciones discursivas y en otras, siendo tambi&#x00E9;n habitual cierta heterogeneidad en el seno de cada posici&#x00F3;n. </p>

			
			<sec id="S5.1">
			<title>5.1. Identificaci&#x00F3;n: dom&#x00E9;stico igual a mujer</title>

			<p>La <italic>identificaci&#x00F3;n</italic> es la posici&#x00F3;n discursiva que implica la asunci&#x00F3;n de los roles tradicionales de g&#x00E9;nero. Se ha identificado en relaci&#x00F3;n a los discursos de las mujeres con empleo no cualificado y de las mujeres mayores. La feminizaci&#x00F3;n del trabajo dom&#x00E9;stico y de los cuidados se naturaliza de forma que parece responder a la correspondencia que apunta Soledad Murillo: “dom&#x00E9;stico es igual a mujer” (Murillo, <xref ref-type="bibr" rid="CIT33">1995</xref>, p. 134). En relaci&#x00F3;n a la moralizaci&#x00F3;n del tiempo, la identificaci&#x00F3;n comporta un sentimiento de satisfacci&#x00F3;n por el deber cumplido.</p>

			<p>En el caso de las mujeres mayores, su posici&#x00F3;n fuera del mercado y su socializaci&#x00F3;n en los roles de g&#x00E9;nero tradicionales conllevan la asunci&#x00F3;n de las funciones dom&#x00E9;sticas como parte esencial de su cotidianidad, como constitutivas de su propia identidad. Su d&#x00ED;a a d&#x00ED;a se desarrolla, en gran medida, en base a las ocupaciones dom&#x00E9;stico-familiares, y el tiempo de cuidados se extiende m&#x00E1;s all&#x00E1; de las paredes del hogar y de la relaci&#x00F3;n con las y los familiares m&#x00E1;s allegados, pues son habituales las visitas a parientes de diversos grados de proximidad, amistades, vecinos y vecinas… que se encuentran en residencias de mayores. </p>

			<p>Respecto a la moralizaci&#x00F3;n del tiempo, se subraya el car&#x00E1;cter altruista de la donaci&#x00F3;n: ellas se ocupan y preocupan por los y las dem&#x00E1;s sin, aparentemente, esperar nada a cambio. No obstante, una mirada m&#x00E1;s atenta a sus narraciones pone de manifiesto que su dedicaci&#x00F3;n es compensada por la gratitud que reciben de aquellas personas a las que prestan atenci&#x00F3;n. El agradecimiento es el reconocimiento expl&#x00ED;cito del compromiso que se genera en la aceptaci&#x00F3;n del don, adem&#x00E1;s de un equilibrador inmediato de la deuda adquirida (Casado Neira, <xref ref-type="bibr" rid="CIT09">2003</xref>, p. 120). El tiempo donado en las visitas a residencias es restituido de inmediato por el reconocimiento de las personas que reciben atenci&#x00F3;n, en forma de contraprestaci&#x00F3;n inmediata. Se cumple, por tanto, el principio de reciprocidad:</p>

						<disp-quote><p>“- Pero esas cosas [se refiere a las visitas a residencias] hay que hacer, ¿eh? Porque agradecen.</p>

						<p>- ¡Hombre, no!</p>

						<p>- F&#x00ED;jate t&#x00FA;, lo que haces.</p>

						<p>- Y, y luego tambi&#x00E9;n tienes satisfacci&#x00F3;n personal </p>

						<p>- Tambi&#x00E9;n, s&#x00ED;, s&#x00ED;</p>

						<p>- Porque si t&#x00FA; ves adem&#x00E1;s que se quedan contentos y que oye, pues que has estado un ratito con ellos, y aunque a poco que hayas ido, pues ellos siempre son agradecidos, sobre todo la gente que est&#x00E1; bien de la cabeza, relativamente bien, pues lo agradecen.</p>

						<p>-Y la que no est&#x00E1; bien tambi&#x00E9;n est&#x00E1;, la que anda ahora en la residencia se dar&#x00E1; cuenta.</p>

						<p>- Te agradecen todos.</p>

						<p>- S&#x00ED;, s&#x00ED;” (GD 8: Mujeres mayores).</p></disp-quote>

			<p>Entre las mujeres con empleo no cualificado el tiempo de trabajo dom&#x00E9;stico y de cuidados se proclama como se&#x00F1;a de identidad, m&#x00E1;s fuerte incluso que la relaci&#x00F3;n con el mercado laboral. As&#x00ED;, aun desarrollando un trabajo retribuido, algunas se autodefinen como “amas de casa” (Legarreta Iza, <xref ref-type="bibr" rid="CIT21">2008</xref>, p. 62). En este sentido, se enuncian expresiones que, frente a la “rutina y sin sentido” (Arpal, <xref ref-type="bibr" rid="CIT04">1997</xref>) del trabajo asalariado, proclaman lo dom&#x00E9;stico-familiar como fuente de significaci&#x00F3;n: </p>

						<disp-quote><p>“- (…) yo en mi casa me siento superautorrealizada, yo me autorrealizo con mi vida familiar, con mi marido y… Yo si… si yo depender&#x00ED;a de mi trabajo… (<italic>se r&#x00ED;e</italic>)” (GD 4: Mujeres con empleo no cualificado).</p></disp-quote>

			<p>La moralizaci&#x00F3;n del tiempo se dilata en su discurso hasta llegar a tocar aspectos inherentes de la condici&#x00F3;n humana: el tiempo encarnado (Ramos Torre, <xref ref-type="bibr" rid="CIT41">2007</xref>; Ramos Torre, <xref ref-type="bibr" rid="CIT43">2011</xref>), tiempo del cuerpo (Adam, <xref ref-type="bibr" rid="CIT01">1995</xref>; Menzies, <xref ref-type="bibr" rid="CIT31">2000</xref>). En este grupo se percibe una ruptura generacional. Las m&#x00E1;s mayores apelan al ego&#x00ED;smo de las generaciones m&#x00E1;s j&#x00F3;venes (principalmente de las mujeres) por su retraso en la edad de tener la primera criatura. Las m&#x00E1;s j&#x00F3;venes no tienen hijos/as y aluden al sentimiento de culpa que les producir&#x00ED;a tenerlos y no poder atenderlos. Las de mayor edad, con hijos/as, posicion&#x00E1;ndose desde la perspectiva de quien, efectivamente, ha cumplido con su deber, califican de ego&#x00ED;sta el razonamiento de sus compa&#x00F1;eras por querer eludir las normas de reciprocidad: les toca asumir su responsabilidad adulta y ofrecer algo a la sociedad, de quien hasta ahora solamente han recibido, pues como se apunta en otros trabajos, “no transmitir la vida es cortar una cadena de la que nadie es el &#x00FA;ltimo eslab&#x00F3;n” (H&#x00E9;ritier-Aug&#x00E9;, <xref ref-type="bibr" rid="CIT16">1985</xref>; cf. Imaz Mart&#x00ED;nez, <xref ref-type="bibr" rid="CIT19">2009</xref>, p. 200). Es el momento oportuno, el <italic>kairos</italic>, de empezar a prestar cuidados, ya que romper la l&#x00F3;gica del don supone quedarse con algo que no les corresponde: responde a la l&#x00F3;gica lineal de la acumulaci&#x00F3;n y no al principio circular de la reciprocidad.</p>

			</sec>
			
			<sec id="S5.2">
			<title>5.2. Problematizaci&#x00F3;n: sentimiento de culpa e incertidumbre</title>

			<p>La <italic>problematizaci&#x00F3;n</italic> es la posici&#x00F3;n discursiva que da lugar a narraciones que ponen de manifiesto la historicidad de las adscripciones de g&#x00E9;nero y su naturaleza contingente en tanto que construcciones sociales. Se identifica entre las mujeres profesionales y entre los hombres jubilados y prejubilados. Aunque por distintas razones, la problematizaci&#x00F3;n es reflejo en ambos casos de una tensi&#x00F3;n entre sus adscripciones de g&#x00E9;nero (plano normativo), su pr&#x00E1;ctica cotidiana (presente) y su horizonte temporal (tanto en relaci&#x00F3;n a las expectativas que ten&#x00ED;an en el pasado respecto al presente, como a las expectativas que tienen en el presente respecto al futuro). </p>

			<p>Las mujeres profesionales se muestran especialmente cr&#x00ED;ticas respecto a las adscripciones de g&#x00E9;nero y su desigual reparto de tareas, responsabilidades y funciones. Elaboran un diagn&#x00F3;stico cr&#x00ED;tico en torno a una situaci&#x00F3;n que, bien se define de forma abstracta y global (como caracter&#x00ED;stica del orden social vigente), bien se expresa de forma encarnada a trav&#x00E9;s de contradicciones que atraviesan su d&#x00ED;a a d&#x00ED;a, su propia experiencia, sus inquietudes, sus motivaciones y sus expectativas. El mandato de g&#x00E9;nero se enfrenta a su pr&#x00E1;ctica cotidiana y a su proyecci&#x00F3;n profesional, poniendo en juego la propia persona, su identidad y sus capacidades.</p>

			<p>Dicho enfrentamiento genera que el significado moral del tiempo donado en el &#x00E1;mbito dom&#x00E9;stico-familiar se traduzca, en su caso, en un sentimiento de culpa generalizado. Sentimiento de culpa frente al que, en algunas ocasiones, se cede, llegando a trastocar los ritmos del propio cuerpo (Legarreta Iza, <xref ref-type="bibr" rid="CIT21">2008</xref>; Legarreta, <xref ref-type="bibr" rid="CIT26">2014a</xref>)<xref ref-type="fn" rid="NOTE10">10</xref> y, en otras, sin embargo, se lucha, llegando a cuestionar y renegociar los roles tradicionales de g&#x00E9;nero<xref ref-type="fn" rid="NOTE11">11</xref> y sale a la luz su agencia, su capacidad de actuar y de empoderarse. Asimismo, su postura cr&#x00ED;tica frente a las adscripciones de g&#x00E9;nero pone de manifiesto las desigualdades que genera el modelo heredado de domesticidad (Legarreta Iza, <xref ref-type="bibr" rid="CIT24">2012</xref>) que supone una disposici&#x00F3;n de estar atenta a cubrir las necesidades de los dem&#x00E1;s y obviar las propias (Murillo de la Vega, <xref ref-type="bibr" rid="CIT34">1996</xref>). Frente a la actitud de entrega, que implica la renuncia del principio de reciprocidad, se aboga por reivindicar la contraprestaci&#x00F3;n en el marco de un modelo m&#x00E1;s equitativo de relaciones de g&#x00E9;nero, una demanda que recuerda al “nuevo pacto social entre g&#x00E9;neros” formulado por Jane Lewis (<xref ref-type="bibr" rid="CIT28">2007/2011</xref>):</p>

						<disp-quote><p>“- (…) Pero en el fondo, ¡arg!, arrastraba todav&#x00ED;a esa cosa, que si est&#x00E1;s un poco baja ya te cogen la culpabilidad, ya te han agarrado la culpabilidad, y vuelves a regresar, y vuelves a repetir, y eso es que estamos educadas ah&#x00ED; a renunciar de nuestra calidad a favor de los dem&#x00E1;s (…) te van educando, te van educando para dar, y dar, y cuando recibes, que parece que tendr&#x00ED;a que ser una contrapartida, como cuando haces un balance financiero…</p>

						<p>- Te sientes culpable.</p>

						<p>- …que tienes un activo y un pasivo, y t&#x00FA; das, entra y sale, ¿no?, y sale y entra, y tienes una compensaci&#x00F3;n. Todav&#x00ED;a, cuando recibes todav&#x00ED;a de vez en cuando dices “gracias, gracias, gracias”, ¿no? </p>

						<p>- Uhm Porque… (<italic>silencio</italic>) </p>

						<p>- Ya, no est&#x00E1;s acostumbrada </p>

						<p>- …yo creo que tenemos que equilibrar esos balances” (GD 5: Mujeres profesionales).</p></disp-quote>

			<p>En el caso de los hombres jubilados y prejubilados, la problematizaci&#x00F3;n se desarrolla desde un desajuste encarnado entre su socializaci&#x00F3;n, el ejercicio de su rol durante su vida adulta (como “ganador de pan”) y la situaci&#x00F3;n en la que se encuentran actualmente. En su discurso se percibe una implicaci&#x00F3;n notable con el &#x00E1;mbito dom&#x00E9;stico-familiar. Este cobra una centralidad que no se observa en las narraciones del resto de los grupos compuestos por hombres: se abordan aspectos relacionados con el tiempo dedicado al cuidado espec&#x00ED;fico de criaturas y de personas mayores, as&#x00ED; como con otros quehaceres dom&#x00E9;sticos. Por ello, su experiencia vital del presente rompe con el modelo de ciclo vital lineal del discurso hegem&#x00F3;nico: juventud-estudio, edad adulta-empleo, vejez-jubilaci&#x00F3;n (Cordoni, <xref ref-type="bibr" rid="CIT11">1993</xref>; Legarreta, <xref ref-type="bibr" rid="CIT27">2014b</xref>). Sus vivencias no coinciden con las expectativas que ten&#x00ED;an en torno a su salida del mercado laboral, encontr&#x00E1;ndose en el presente inmersos en un &#x00E1;mbito, el dom&#x00E9;stico-familiar, que les es ajeno y sobre el que experimentan una sensaci&#x00F3;n de deber y de obligatoriedad. </p>

			<p>La moralizaci&#x00F3;n del tiempo donado en lo dom&#x00E9;stico-familiar se caracteriza por la queja, la preocupaci&#x00F3;n, el enfado y la resignaci&#x00F3;n, pero sobre todo por la incertidumbre y el desconcierto. Asumen que ellos mismos llegar&#x00E1;n a la situaci&#x00F3;n de aquellas personas mayores que, hoy en d&#x00ED;a, demandan sus cuidados. Hacerse mayor se identifica con ser m&#x00E1;s vulnerable y poseer menor grado de autonom&#x00ED;a y, viceversa, la dependencia se iguala a la vejez: </p>

						<disp-quote><p>“- ¿C&#x00F3;mo voy a ir yo [a la residencia] a aguantar viejos, ah&#x00ED; al lado? Aunque sean m&#x00E1;s j&#x00F3;venes que nosotros (…)” (GD 9: Hombres jubilados o prejubilados)<xref ref-type="fn" rid="NOTE12">12</xref>.</p></disp-quote>

			<p>Prev&#x00E9;n que envejecer&#x00E1;n y precisar&#x00E1;n cuidados, pero ¿qui&#x00E9;n se los va a prestar? La pregunta est&#x00E1; impl&#x00ED;cita y siembra la incertidumbre: surge la duda y la desolaci&#x00F3;n, pues no se atisba ninguna respuesta clara. </p>

			<p>Como apunta Gouldner, “la norma de la reciprocidad conduce a un inter&#x00E9;s por el pasado (…) [y] tambi&#x00E9;n sensibiliza a la persona con respecto al futuro” (<xref ref-type="bibr" rid="CIT15">1979</xref>, p. 247), pues la relaci&#x00F3;n de reciprocidad se establece, desde la perspectiva de sus protagonistas, que act&#x00FA;an y dan sentido al presente, bien en relaci&#x00F3;n al pasado, bien respecto a sus expectativas de futuro. En este caso, haber recibido tiempo de trabajo dom&#x00E9;stico y cuidados en el pasado les compromete a ofrecer su tiempo en el presente y a esperar una contraprestaci&#x00F3;n en el futuro. El principio de reciprocidad toma un sentido u otro en relaci&#x00F3;n al horizonte temporal de sus protagonistas. La narraci&#x00F3;n, sin embargo, deja entrever la ruptura de la norma de reciprocidad, as&#x00ED; como cierto resquebrajamiento de las relaciones intergeneracionales. Siguiendo a Gouldner, se pone de manifiesto, por tanto, que la reciprocidad, “aunque necesaria para la estabilidad de los sistemas sociales, no [siempre, cabr&#x00ED;a matizar] engendra requisitos morales suficientes para tal fin” (<xref ref-type="bibr" rid="CIT15">1979</xref>, p. 247).</p>

						<disp-quote><p>“- Esta generaci&#x00F3;n que estamos aqu&#x00ED; somos la que peor, la que peor va a vivir, seguramente… Nos ha tocado cuidar de nuestros hijos, nos ha tocado obedecer (<italic>&#x00E9;nfasis</italic>) a nuestros padres… </p>

						<p>- Y cuidarlos</p>

						<p>- Y cuidarlos… </p>

						<p>- S&#x00ED;. </p>

						<p>- Y nuestros hijos… </p>

						<p>- Nada. </p>

						<p>- En plan suave, van a decir… Te van a dar la patada.</p>

						<p>- Exacto.</p>

						<p>- S&#x00ED;, s&#x00ED;, te van dando largas, s&#x00ED;.</p>

						<p>- Pero si no es en plan suave, si es que esto es as&#x00ED;. </p>

						<p>- Es que esto es as&#x00ED;.</p>

						<p>- O que la vida ha evolucionado as&#x00ED;, pero que esta generaci&#x00F3;n…” (GD 9: Hombres jubilados y prejubilados).</p></disp-quote>

			<p>En este contexto, el quebrantamiento de las normas no hace m&#x00E1;s que poner de manifiesto su existencia misma, la de una l&#x00F3;gica circular que rige la relaci&#x00F3;n: dar, recibir y devolver. El don se constituye en tanto que sistema normativo que pauta las reglas de la provisi&#x00F3;n de bienestar y cuidados en el &#x00E1;mbito dom&#x00E9;stico-familiar: qui&#x00E9;n, cu&#x00E1;ndo, c&#x00F3;mo y con qu&#x00E9; intensidad debe prestar cuidados o recibirlos.</p>

			</sec>
			
			<sec id="S5.3">
			<title>5.3. Reinvenci&#x00F3;n: “marujas con glamour”</title>

			<p>La <italic>reinvenci&#x00F3;n</italic> es la posici&#x00F3;n discursiva que redefine la identificaci&#x00F3;n de las mujeres con su funci&#x00F3;n dom&#x00E9;stica. Se desarrolla principalmente entre las mujeres amas de casa a tiempo completo. Ellas describen su situaci&#x00F3;n actual como consecuencia de una elecci&#x00F3;n tomada en el pasado, en un momento concreto de su trayectoria vital; elecci&#x00F3;n que, con el paso del tiempo, ha resultado irrevocable. Dejan de trabajar de forma retribuida para cuidar de sus hijas e hijos, pero asumen que, aunque quisieran volver al mercado laboral, no se podr&#x00ED;an adecuar a &#x00E9;l, puesto que carecen de la cualificaci&#x00F3;n y las prestaciones que demanda. En este sentido, admiten que su situaci&#x00F3;n del presente no est&#x00E1; generalizada entre las mujeres y desarrollan un posicionamiento en torno a su “elecci&#x00F3;n” que no siempre se construye de forma monol&#x00ED;tica. </p>

			<p>Su discurso y su autodefinici&#x00F3;n como grupo de iguales se desarrolla guardando distancia de otros dos grupos: “madres que trabajan” y “<italic>marujas</italic>”. Por un lado, desaprobando el comportamiento de las madres con empleo, reafirman su propia decisi&#x00F3;n: ellas, frente a las otras, ejercen una maternidad intensiva, de forma responsable y con plena disposici&#x00F3;n. Por otro lado, deslig&#x00E1;ndose de la proyecci&#x00F3;n de una imagen trasnochada (reflejada en el t&#x00E9;rmino “<italic>maruja</italic>”) crean una identidad renovada en torno a su rol de esposas y madres: “<italic>marujas</italic> con clase, con glamour” (GD 5: Amas de casa a tiempo completo). Con esta estrategia doble pretenden construir una identidad que las sit&#x00FA;e en un lugar m&#x00E1;s relevante en el imaginario social y que revalorice su trabajo y su propia existencia. </p>

			<p>Entre la autoafirmaci&#x00F3;n frente a las “madres que trabajan” y la resignificaci&#x00F3;n frente a las “<italic>marujas</italic>”, se desarrolla un discurso que no siempre se sostiene de forma s&#x00F3;lida, pues presenta contradicciones, fisuras, dudas y desajustes cuando se hace referencia al futuro de sus propias hijas: ¿las animar&#x00ED;an a tomar su camino?, ¿y si ellas deciden hacerlo? No hay acuerdo sobre este aspecto, lo que evidencia el cuestionamiento de los roles tradicionales de g&#x00E9;nero:</p>

						<disp-quote><p>“- Yo tengo una contradicci&#x00F3;n como mujer, de que yo estoy muy bien, ¿no?, pero claro, yo no cobro un sueldo, yo soy ama de casa, yo dependo total de mi marido, en todos los aspectos. ¿Bien? Te va bien, te va bien, pero claro, ¿yo para mi hija qu&#x00E9; quiero? Yo no quiero lo m&#x00ED;o y estoy muy bien… </p>

						<p>- Yo tampoco. </p>

						<p>- Pero al mismo tiempo, claro, luego como mujer, me planteo, tengo una contradicci&#x00F3;n, ¿yo qu&#x00E9; quiero? que, que mi hija, ella, ella tenga su carrera, ella dependa y ella diga. </p>

						<p>(<italic>Hablan todas juntas, no se entiende</italic>).</p>

						<p>-	Que elija ella su vida, que elija su vida ella.</p>

						<p>-	Igual ella elige quedarse en casa como t&#x00FA;.</p>

						<p>-	No, no, no, yo jam&#x00E1;s le aconsejar&#x00ED;a a mi hija que se quedase en casa.</p>

						<p>-	Claro.</p>

						<p>-	¡No, no, no!</p>

						<p>-	Jam&#x00E1;s, jam&#x00E1;s.</p>

						<p>-	Pero ella puede elegir.</p>

						<p>-	S&#x00ED;, s&#x00ED;, puede elegir, pero yo…</p>

						<p>-	Yo si alguna vez tiene un hijo, si alguna vez tiene un hijo mi hija, a m&#x00ED; s&#x00ED; me gustar&#x00ED;a que hiciese lo mismo que he hecho yo, porque desde luego, como la madre y como el padre nadie le... nadie le va a atender, ninguna persona, sea la persona que sea…</p>

						<p>-	Estoy de acuerdo.</p>

						<p>-	Yo no le dir&#x00ED;a que dejase su…</p>

						<p>-	No, pero no me digas, si decide quedarse igual que hemos decidido…</p>

						<p>-	Tampoco me voy a martirizar porque se quede” (GD 3: Amas de casa a tiempo completo).</p></disp-quote>

			<p>En su d&#x00ED;a a d&#x00ED;a las amas de casa a tiempo completo dedican un volumen importante de tiempo al &#x00E1;mbito dom&#x00E9;stico-familiar, pero su valor moral no siempre se expresa en los mismos t&#x00E9;rminos. En ocasiones, se manifiesta a trav&#x00E9;s de la satisfacci&#x00F3;n, principalmente cuando se contrapone a las vivencias menos intensas en torno al cuidado de la prole por parte de sus parejas o por parte de las madres con empleo. En otras, sin embargo, se deja entrever que las cosas pod&#x00ED;an haber sido de otra forma, que su elecci&#x00F3;n conlleva renuncia y sacrificio. En estos &#x00FA;ltimos casos, la moralizaci&#x00F3;n se expresa en t&#x00E9;rminos de compensaci&#x00F3;n y puede ser interpretada en relaci&#x00F3;n al principio de reciprocidad como un reajuste del equilibrio entre aquello a lo que se ha renunciado y lo que se ha obtenido a cambio:</p>

						<disp-quote><p>“- (…) yo lo que m&#x00E1;s valoro es eso, que cuando mis hijos llegaban a casa yo estaba en casa, entonces era lo que m&#x00E1;s valoraba, el hablar con ellos, el contar, el estar <italic>en todo ah&#x00ED;</italic>... (<italic>&#x00E9;nfasis</italic>) (…) pero yo creo que eso lo valoras mucho, que mis hijos, cuando he llegado a casa han estado, yo he estado all&#x00ED;, yo creo que ha sido <italic>el gran premio</italic> a… todos estos a&#x00F1;os” (GD 3: Amas de casa a tiempo completo).</p></disp-quote>

			</sec>
			
			<sec id="S5.4">
			<title>5.4. Reafirmaci&#x00F3;n: hombre ganador de pan / mujer ama de casa</title>

			<p>La <italic>reafirmaci&#x00F3;n</italic> es la posici&#x00F3;n discursiva que refuerza la divisi&#x00F3;n de roles del modelo “hombre ganador de pan / mujer ama de casa”. Se desarrolla mayoritariamente entre los hombres adultos con empleo. Parten de una posici&#x00F3;n de colaboraci&#x00F3;n y de reparto de tareas en el &#x00E1;mbito dom&#x00E9;stico-familiar, pero no se percibe una asunci&#x00F3;n plena de las responsabilidades que conlleva. El trabajo dom&#x00E9;stico y los cuidados no resultan temas centrales en el desarrollo de su narraci&#x00F3;n. Salen a la luz como constitutivos de las rutinas diarias y aquellos que tienen criaturas peque&#x00F1;as ponen de manifiesto los problemas de “encaje temporal” (Lewis y Weigert, <xref ref-type="bibr" rid="CIT29">1981/1992</xref>) y la dificultad de disponer de tiempo libre y de ocio. </p>

			<p>Los hombres con empleo dedican al trabajo dom&#x00E9;stico y los cuidados una cantidad de tiempo considerablemente menor que la que dedican tanto los hombres jubilados como los desempleados. Adem&#x00E1;s, su relato sobre este tiempo no posee la intensidad de la narraci&#x00F3;n de los hombres jubilados y prejubilados, a la que se ha hecho alusi&#x00F3;n anteriormente, sino que se trata m&#x00E1;s bien de un discurso as&#x00E9;ptico, des-encarnado, que no se construye como parte esencial de su ser. Se puede percibir, por tanto, cierto distanciamiento de las funciones dom&#x00E9;sticas. Un ejemplo de ello es la escasa resonancia que tiene en el grupo de hombres con empleo no cualificado que uno de ellos lleve un tiempo con reducci&#x00F3;n de jornada gracias a un permiso de paternidad. Si bien el tema sale a colaci&#x00F3;n a trav&#x00E9;s de una intervenci&#x00F3;n de la moderadora, el grupo no produce interlocuci&#x00F3;n, no elabora un discurso encarnado sobre este aspecto. </p>

			<p>As&#x00ED;, pese a que los hombres con empleo afirmen ocuparse del trabajo dom&#x00E9;stico y los cuidados, no se percibe por su parte una preocupaci&#x00F3;n generalizada por este &#x00E1;mbito. Se puede constatar, por tanto, que en el nivel discursivo no reproducen modelos de corresponsabilidad, sino que reafirman la significaci&#x00F3;n y el peso simb&#x00F3;lico que sigue teniendo en el imaginario social el modelo “hombre ganador de pan / mujer ama de casa”, un modelo de relaciones desigual en el que a priori la jerarquizaci&#x00F3;n de espacios, tiempos y ocupaciones hace dif&#x00ED;cil el establecimiento de unas pautas de interacci&#x00F3;n sustentadas sobre un principio de reciprocidad sim&#x00E9;trica.</p>

			</sec>
		</sec>
			
		<sec id="S6">
			<title>6. CONCLUSIONES</title>

			<p>La organizaci&#x00F3;n social de provisi&#x00F3;n de cuidados se ha definido en t&#x00E9;rminos de crisis, pues las pautas tradicionales de sostenibilidad de la vida han dejado de funcionar como anta&#x00F1;o. Un acercamiento a las din&#x00E1;micas del entorno dom&#x00E9;stico-familiar desde una mirada cuantitativa ha puesto de manifiesto la persistencia de las desigualdades de g&#x00E9;nero en el reparto del trabajo dom&#x00E9;stico y los cuidados. Un enfoque cualitativo, por su parte, saca a la luz la complejidad desde la que se constituyen dichas desigualdades, al tiempo que ofrece la oportunidad de abordar la variedad y los matices, as&#x00ED; como las posibilidades de resignificaci&#x00F3;n, tomando como eje el principio de reciprocidad.</p>

			<p>El an&#x00E1;lisis cuantitativo muestra la persistencia de la divisi&#x00F3;n sexual del trabajo y las desigualdades de g&#x00E9;nero que genera. Las mujeres contin&#x00FA;an desempe&#x00F1;ando la mayor parte del trabajo dom&#x00E9;stico y de cuidados, independientemente de su edad y de su relaci&#x00F3;n con el mercado laboral. Una participaci&#x00F3;n cada vez mayor por parte de ellas en las ocupaciones asalariadas, implica que la carga global de trabajo se incline hacia sus espaldas, menguando su tiempo de ocio y vida social. As&#x00ED;, si bien producen la mayor parte de bienes y servicios necesarios para garantizar los niveles de bienestar y riqueza de la sociedad, invierten su tiempo en ocupaciones que, aunque resulten imprescindibles para la pervivencia, no gozan de reconocimiento y prestigio social. Una vez m&#x00E1;s, los datos sobre empleo del tiempo muestran que lo dom&#x00E9;stico-familiar engloba un volumen importante de tiempo, que es desempe&#x00F1;ado principalmente por las mujeres y que, asimismo, constituye el &#x00E1;mbito en el que las desigualdades de g&#x00E9;nero son m&#x00E1;s acusadas. La desigual valoraci&#x00F3;n y reconocimiento social de unos trabajos y otros crea jerarqu&#x00ED;as entre los tiempos dedicados al trabajo dom&#x00E9;stico-familiar, al mercado y al ocio y vida social, dificultando el desarrollo de unas relaciones basadas en la equidad. </p>

			<p>Un an&#x00E1;lisis m&#x00E1;s atento a los significados y las representaciones, sin embargo, saca a la luz la complejidad de las din&#x00E1;micas del entorno dom&#x00E9;stico-familiar y enriquece los resultados del estudio cuantitativo. En el nivel discursivo, se han identificado cuatro posiciones en torno a la relaci&#x00F3;n entre las adscripciones de g&#x00E9;nero y el trabajo dom&#x00E9;stico y los cuidados que dependen de la posici&#x00F3;n social de quien construye el relato: identificaci&#x00F3;n, problematizaci&#x00F3;n, reinvenci&#x00F3;n y reafirmaci&#x00F3;n. La (auto)asignaci&#x00F3;n de los roles tradicionales de g&#x00E9;nero, la moralizaci&#x00F3;n del tiempo y el desarrollo del principio de reciprocidad que rige la provisi&#x00F3;n de cuidados, se interpretan de forma diferente seg&#x00FA;n la posici&#x00F3;n discursiva, si bien esta interpretaci&#x00F3;n no se construye siempre de forma s&#x00F3;lida y homog&#x00E9;nea. As&#x00ED;, se pueden definir tres posturas diferentes con relaci&#x00F3;n a la crisis de cuidados: en la primera, la crisis parece no percibirse; en la segunda, se contempla con reticencia; y en la tercera, se define como una oportunidad.</p>

			<p>En primer lugar, se percibe que las mujeres mayores y los hombres con empleo asumen y, en cierta forma, refuerzan la divisi&#x00F3;n sexual del trabajo. Las del primer grupo se han socializado en los roles m&#x00E1;s tradicionales de g&#x00E9;nero, se ocupan y preocupan del &#x00E1;mbito dom&#x00E9;stico-familiar de una forma tal, que este llega a ser el principal eje estructurador de su d&#x00ED;a a d&#x00ED;a tanto en la pr&#x00E1;ctica como en el nivel simb&#x00F3;lico. El principio de reciprocidad se acepta y se da por cumplido: ellas donan su tiempo y, a cambio, sienten la satisfacci&#x00F3;n del deber cumplido y recogen gratitud de parte de aquellas personas que reciben lo ofrecido. Los del segundo grupo parten de una posici&#x00F3;n colaboradora en el &#x00E1;mbito dom&#x00E9;stico-familiar, pero en el nivel discursivo no producen un imaginario que abogue por la corresponsabilidad. Reproducen el modelo “hombre ganador de pan / mujer ama de casa”, lo que supone la asimilaci&#x00F3;n de un principio de reciprocidad basado en la inequidad: aportan menos de lo que reciben. La crisis de cuidados parece no afectar a estos dos grupos, apenas se deja notar. En el resto de los grupos, sin embargo, se puede constatar que, aunque de diferentes formas y con diversos matices, se genera un cuestionamiento de la norma. </p>

			<p>En segundo lugar, entre las mujeres con empleo no cualificado y los hombres jubilados y prejubilados se observan los cambios caracter&#x00ED;sticos de la crisis de cuidados con reticencia. Entre ellas, cabe matizar, sin embargo, que no se produce un discurso un&#x00ED;voco: se genera una tensi&#x00F3;n intergeneracional. Las m&#x00E1;s mayores acusan a las m&#x00E1;s j&#x00F3;venes de poner en tela de juicio el principio de reciprocidad por estar en edad de procrear y no tener descendencia. Las m&#x00E1;s j&#x00F3;venes, aunque a nivel discursivo reproducen el modelo de maternidad intensiva, apelando al sentimiento de culpa que les producir&#x00ED;a tener criaturas y no poder atenderlas por su dedicaci&#x00F3;n al mercado laboral, con su comportamiento ponen en cuesti&#x00F3;n la norma social pues, si bien es el momento de restituir la deuda, se niegan a dar. Las m&#x00E1;s mayores, por su parte, abogan por mantener el principio de reciprocidad en los t&#x00E9;rminos anteriores a la crisis. Los hombres jubilados y prejubilados verbalizan de forma abierta la ruptura de la l&#x00F3;gica del don, sienten incertidumbre y desasosiego ante la nueva situaci&#x00F3;n pues no contemplan una soluci&#x00F3;n factible para su restablecimiento: en el pasado han ejercido de hijos y han obedecido a sus padres (recibir), han ejercido de padres y han cuidado de sus hijos/as (dar) y de sus padres ya mayores (devolver), y ahora que se acerca el momento en el que ellos mismos precisen cuidados, no vislumbran ninguna posibilidad operativa de restituci&#x00F3;n. Contemplan con cierta a&#x00F1;oranza la estabilidad, seguridad y certeza de la &#x00E9;poca anterior a la crisis.</p>

			<p>En tercer y &#x00FA;ltimo lugar, se puede afirmar que entre las amas de casa a tiempo completo y las mujeres profesionales, aunque en grados muy distintos, se atisba un cuestionamiento de los roles tradicionales de g&#x00E9;nero. Frente a la escasa resonancia social que tiene su posici&#x00F3;n social actual, las amas de casa a tiempo completo sacan a la luz su agencia al reproducir una identidad renovada, que dota de reconocimiento tanto a lo que hacen como a lo que son. Si bien no cuestionan el principio de reciprocidad, en el que las mujeres donan su tiempo a cambio de gratitud, se percibe cierto tono sacrificial en la renuncia que supone el don. No obstante, en la falta de acuerdo en torno al futuro de sus hijas se presenta un atisbo de apertura hacia un cuestionamiento por parte de las mujeres de la asunci&#x00F3;n de la funci&#x00F3;n dom&#x00E9;stica: no todas quisieran que sus hijas fuesen tambi&#x00E9;n amas de casa. El cuestionamiento es mucho m&#x00E1;s expl&#x00ED;cito y general entre las mujeres profesionales. No sin esfuerzo ni contradicciones, dejan ver su agencia tanto en sus comportamientos como en el nivel discursivo, a trav&#x00E9;s de las estrategias que desarrollan para lograr tiempo para s&#x00ED; y mediante las reivindicaciones a favor de unas relaciones de g&#x00E9;nero m&#x00E1;s equitativas basadas en un principio de reciprocidad sim&#x00E9;trico. En estos dos grupos la crisis de cuidados se contempla como una oportunidad para resignificar las relaciones entre g&#x00E9;neros y, principalmente en el &#x00FA;ltimo, para apostar por una nueva organizaci&#x00F3;n social del trabajo dom&#x00E9;stico y los cuidados.</p>
		</sec>
		
	</body>
	
	
	<back>
	
		<ack>
			<title>AGRADECIMIENTOS</title>

				<p>La tesis doctoral en la que se inspira el texto fue llevada a cabo gracias a una beca predoctoral del gobierno vasco. El trabajo de campo al que se hace referencia forma parte de la investigaci&#x00F3;n “L&#x00F3;gicas temporales y desigualdades de g&#x00E9;nero. Un an&#x00E1;lisis cualitativo sobre la distribuci&#x00F3;n del tiempo de hombres y mujeres en la Comunidad Aut&#x00F3;noma de Euskadi”, desarrollada gracias a la Subvenci&#x00F3;n a Proyectos de Investigaci&#x00F3;n 2007 concedida por el Instituto Vasco de la Mujer-Emakunde (referencia: 24/2007PRO). Agradezco a Izaskun Artegui, Ram&#x00F3;n Ramos y Cristina Garc&#x00ED;a Sainz, la atenta lectura de este texto, sin embargo, la responsabilidad &#x00FA;ltima del mismo es m&#x00ED;a.</p>
		</ack>
		
		<sec id="notas">
			<title>NOTAS</title>
		
			<fn-group>
				<fn id="NOTE1"><label>1</label>
					<p>El art&#x00ED;culo toma como punto de partida algunas reflexiones presentadas en la tesis doctoral in&#x00E9;dita <italic>El tiempo donado en el &#x00E1;mbito dom&#x00E9;stico-familiar. Estudio sobre el trabajo dom&#x00E9;stico y los cuidados</italic>, defendida por la autora en julio de 2012 en la Universidad del Pa&#x00ED;s Vasco.</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE2"><label>2</label>
					<p>La propuesta de abordar en estudio del &#x00E1;mbito dom&#x00E9;stico-familiar a partir de la noci&#x00F3;n de tiempo donado, se ha desarrollado con mayor profundidad en trabajos anteriores (Legarreta Iza, <xref ref-type="bibr" rid="CIT21">2008</xref>; Legarreta Iza, <xref ref-type="bibr" rid="CIT22">2009</xref>; Legarreta Iza, <xref ref-type="bibr" rid="CIT23">2011</xref>; Legarreta Iza, <xref ref-type="bibr" rid="CIT25">2013</xref>; Legarreta, <xref ref-type="bibr" rid="CIT26">2014a</xref>).</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE3"><label>3</label>
					<p>Los datos de la EPT han sido cedidos a la autora por el Instituto Vasco de Estad&#x00ED;stica - Eustat con fines de investigaci&#x00F3;n. La EPT se lleva a cabo en la Comunidad Aut&#x00F3;noma del Pa&#x00ED;s Vasco de forma quinquenal desde 1993. El trabajo de campo de la &#x00FA;ltima encuesta se ha desarrollado en 2013, pero los datos todav&#x00ED;a no est&#x00E1;n disponibles. Por tanto, los &#x00FA;ltimos datos publicados por el Eustat son de 2008. Las caracter&#x00ED;sticas t&#x00E9;cnicas de la EPT se encuentran en la p&#x00E1;gina web del Instituto Vasco de Estad&#x00ED;stica - Eustat (disponible en: <ext-link ext-link-type="uri" xlink:href="http://www.eustat.es/estadisticas/tema_173/opt_0/tipo_7/ti_Uso_del_tiempo/temas.html#axzz2ziHfNQfc">http://www.eustat.es/estadisticas/tema_173/opt_0/tipo_7/ti_Uso_del_tiempo/temas.html#axzz2ziHfNQfc</ext-link> Consultado el 23/04/2013).</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE4"><label>4</label>
					<p>Se han llevado a cabo nueve grupos de discusi&#x00F3;n en diversas localizaciones geogr&#x00E1;ficas de la Comunidad Aut&#x00F3;noma del Pa&#x00ED;s Vasco, teniendo en cuenta las siguientes variables: g&#x00E9;nero, edad, relaci&#x00F3;n con el mercado laboral y composici&#x00F3;n del hogar. Todos ellos han tenido lugar entre noviembre de 2007 y enero de 2008 y han sido moderados por la autora, investigadora responsable del estudio.</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE5"><label>5</label>
					<p>Entre las mujeres se crean desigualdades entre empleadas y empleadoras, pero tambi&#x00E9;n entre aquellas que pueden externalizar parte del trabajo dom&#x00E9;stico y de cuidados, y las que no.</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE6"><label>6</label>
					<p>La reflexi&#x00F3;n aqu&#x00ED; recogida en torno al tiempo donado ha sido extra&#x00ED;da mayormente de la tesis doctoral de la autora citada con anterioridad y referenciada en la bibliograf&#x00ED;a. Parte de lo expuesto en este apartado, por tanto, proviene de dicho trabajo anterior. Las reflexiones posteriores en torno a c&#x00F3;mo opera la crisis de cuidados en las relaciones desarrolladas en torno al <italic>tiempo donado</italic> en el &#x00E1;mbito dom&#x00E9;stico-familiar, seg&#x00FA;n las diferentes posiciones discursivas, son in&#x00E9;ditas.</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE7"><label>7</label>
					<p>La teor&#x00ED;a del don ha sido desarrollada por Marcel Mauss en su obra <italic>Ensayo sobre los dones. Raz&#x00F3;n y forma del cambio en las sociedades primitivas</italic> (1925), ha tenido una notable repercusi&#x00F3;n en las teor&#x00ED;as sobre el intercambio y ha sido objeto de diferentes aplicaciones. Para elaborar este art&#x00ED;culo se han utilizado las siguientes referencias: la reflexi&#x00F3;n de Laura Bimbi (<xref ref-type="bibr" rid="CIT08">1991</xref>) sobre la econom&#x00ED;a del don en el &#x00E1;mbito dom&#x00E9;stico-familiar, el abordaje de Joan Bestard (<xref ref-type="bibr" rid="CIT06">1998</xref>) respecto a la tecnolog&#x00ED;a de la procreaci&#x00F3;n, los trabajos de David Casado Neira (<xref ref-type="bibr" rid="CIT09">2003</xref>) en torno a la donaci&#x00F3;n de sangre y la aproximaci&#x00F3;n de Elixabete Imaz (<xref ref-type="bibr" rid="CIT19">2009</xref>) a la maternidad desde el don. Asimismo, para profundizar en el principio de reciprocidad, han sido de gran utilidad las reflexiones desarrolladas por Alvin W. Gouldner (<xref ref-type="bibr" rid="CIT15">1979</xref>) a este respecto.</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE8"><label>8</label>
					<p>Parte del an&#x00E1;lisis de los datos expuestos en este apartado ha sido extra&#x00ED;do de la tesis doctoral de la autora citada con anterioridad y referenciada en la bibliograf&#x00ED;a.</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE9"><label>9</label>
					<p>Las mujeres asumen al d&#x00ED;a una carga global de trabajo de 6 horas y 50 minutos y los hombres de 5 horas y 38 minutos, lo que conlleva que ellas dispongan de menos tiempo para otras actividades, principalmente para el ocio y la vida social. Analizando los datos de forma longitudinal, se percibe que la desigual distribuci&#x00F3;n de la carga global entre mujeres y hombres no ha variado considerablemente con el paso del tiempo: en 1998 y en 2003 disminuye sensiblemente la carga de las mujeres y aumenta la de los hombres, pero la tendencia se invierte en el a&#x00F1;o 2008 mostrando una distribuci&#x00F3;n similar a la de 1993. Desde esta perspectiva, se observan mayores cambios con relaci&#x00F3;n al tiempo de trabajo de las mujeres que con relaci&#x00F3;n al de los hombres. Entre ellas aumenta el empleado para el trabajo retribuido, pero tal incremento no se corresponde con un aumento similar en la dedicaci&#x00F3;n al trabajo dom&#x00E9;stico-familiar por parte de ellos. Dicha tendencia est&#x00E1; acompa&#x00F1;ada por la disminuci&#x00F3;n del tiempo invertido por las mujeres en las actividades dom&#x00E9;stico-familiares, principalmente con relaci&#x00F3;n al trabajo dom&#x00E9;stico, pues le dedican casi una hora menos en 2008 que en 1993 (4 horas y 16 minutos en 1993 y 3 horas y 25 minutos en 2008).</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE10"><label>10</label>
					<p>Una de las mujeres narra que, queriendo simult&#x00E1;neamente ejercer la maternidad de forma intensiva y tener un empleo que se corresponda con su formaci&#x00F3;n, opta por el teletrabajo como estrategia para la conciliaci&#x00F3;n. Describe c&#x00F3;mo tal decisi&#x00F3;n conlleva unas jornadas laborales que no respetan los ritmos circadianos y que derivan en falta de sue&#x00F1;o. La falta de sue&#x00F1;o, asegura, le produce problemas de salud que desembocan en un trastorno hormonal y una menopausia precoz.</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE11"><label>11</label>
					<p>La lucha contra el sentimiento de culpa se percibe, por ejemplo, en las estrategias que desarrollan, no sin esfuerzo, las mujeres profesionales para lograr tiempo para s&#x00ED;, tiempo propio: reducci&#x00F3;n de la jornada laboral, externalizaci&#x00F3;n de parte del trabajo dom&#x00E9;stico y de cuidados, y determinaci&#x00F3;n a la hora de decidir a qu&#x00E9; se quiere dedicar el tiempo de libre disposici&#x00F3;n (Legarreta, <xref ref-type="bibr" rid="CIT26">2014a</xref>). Las estrategias, en este caso, se entienden en el sentido propuesto por Michel de Certeau (<xref ref-type="bibr" rid="CIT10">1993/2001</xref>, pp. 391-425) en tanto que hacen referencia a una apropiaci&#x00F3;n (de tiempo, y no tanto de espacio) que llega a cuestionar la relaci&#x00F3;n de fuerzas existente en torno a las adscripciones de g&#x00E9;nero.</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE12"><label>12</label>
					<p>La postura de las mujeres mayores es bien distinta: la vulnerabilidad se asume como caracter&#x00ED;stica intr&#x00ED;nseca de las personas y del paso del tiempo, la vejez y la muerte se aceptan y se naturalizan, si bien se pone de manifiesto que el proceso de naturalizaci&#x00F3;n es tambi&#x00E9;n un aprendizaje. Sus narraciones resultan sumamente sugerentes pues, en cierta medida, se acercan a las propuestas que se est&#x00E1;n desarrollando en el marco de una &#x00E9;tica del cuidado feminista (Molinier, <xref ref-type="bibr" rid="CIT32">2011</xref>; Paperman, <xref ref-type="bibr" rid="CIT37">2011</xref>). Se profundiza sobre este aspecto en un trabajo anterior (Legarreta Iza, <xref ref-type="bibr" rid="CIT27">2014b</xref>).</p>
				</fn>
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