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			<journal-id journal-id-type="publisher-id">Arbor</journal-id>
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				<journal-title>ARBOR Ciencia, Pensamiento y Cultura</journal-title>
				<abbrev-journal-title>Arbor</abbrev-journal-title>
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			<issn pub-type="epub">0210-1963</issn>
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				<publisher-name>Consejo Superior de Investigaciones Cient&#x00ED;ficas</publisher-name>
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			<article-id pub-id-type="publisher-id">arbor.2017.784n2005</article-id>
			<article-id pub-id-type="doi">10.3989/arbor.2017.784n2005</article-id>
			 
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				<subject>CRISIS, INCERTIDUMBRE Y VULNERABILIDADES SOCIALES / CRISIS, UNCERTAINTY AND SOCIAL VULNERABILITY</subject>
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				<article-title>El impacto de la crisis econ&#x00F3;mica en la pobreza de tiempo y la desigualdad de g&#x00E9;nero</article-title>
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					<trans-title>The impact of the economic crisis on time poverty and gender inequalities</trans-title>
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				<alt-title alt-title-type="running-head">El impacto de la crisis econ&#x00F3;mica en la pobreza de tiempo y la desigualdad de g&#x00E9;nero</alt-title>
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					 <surname>Garc&#x00ED;a Sainz</surname>
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			<aff id="U1">Universidad Aut&#x00F3;noma de Madrid</aff>
		
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				<corresp id="cor1">e-mail: <email xlink:href="cristina.garcia@uam.es">cristina.garcia@uam.es</email>
					ORCID iD: <ext-link ext-link-type="uri" xlink:href="http://orcid.org/0000-0002-2412-1267">http://orcid.org/0000-0002-2412-1267</ext-link>
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				<month>06</month>
				<year>2017</year>
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			<year>2017</year>
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			<volume>193</volume>
			<issue>784</issue>
			
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					<license-p>Este es un art&#x00ED;culo de acceso abierto distribuido bajo los t&#x00E9;rminos de la licencia Creative Commons Attribution (CC BY) Espa&#x00F1;a 3.0.</license-p>
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			<abstract xml:lang="es">
				<title>RESUMEN</title>
				<p>En el presente art&#x00ED;culo se trata la pobreza en relaci&#x00F3;n con el tiempo y el g&#x00E9;nero. En primer lugar, se describen los argumentos que acreditan la situaci&#x00F3;n de pobreza de tiempo y se delimitan los conceptos que la diferencian de otros como el d&#x00E9;ficit de tiempo o la privaci&#x00F3;n de tiempo. En segundo lugar, se analiza el impacto que las pol&#x00ED;ticas de ajuste estructural est&#x00E1;n teniendo sobre la dedicaci&#x00F3;n al trabajo no remunerado, por la menguante labor del Estado y por la ca&#x00ED;da de ingresos en las familias. En tercer lugar, se contempla la situaci&#x00F3;n del mercado laboral en relaci&#x00F3;n con la ampliaci&#x00F3;n de los tiempos de trabajo, as&#x00ED; como con la flexibilidad impuesta; se observa c&#x00F3;mo los empleos at&#x00ED;picos producen privaci&#x00F3;n de tiempo y restan autonom&#x00ED;a sobre el tiempo propio. Por &#x00FA;ltimo, se recogen algunas aportaciones que tratan sobre la riqueza y/o la cualidad del tiempo, sus dimensiones y la necesaria articulaci&#x00F3;n de los distintos tiempos sociales.</p>
			</abstract>
			
									
			<trans-abstract xml:lang="en">
				<title>ABSTRACT</title>
				<p>This article discusses poverty in relation to time and gender. Firstly, it explains the theoretical assumptions on the topic of time poverty, and the differences between time deficit and time deprivation. Secondly, it describes the impact of policies of structural adjustment; in the dedication to unpaid domestic work, by decreasing the state’s role and the declining of household incomes. Third, the labor market situation in relation to flexibility of working time and working hours is contemplated; it shows how the atypical employment produces time deprivation and subtracts autonomy on own time. Finally, it explains some contributions dealing with the wealth in time and quality of time, his dimensions and the necessary articulation of different social times.</p>
			</trans-abstract>
			
			<kwd-group xml:lang="es">							
				<title>PALABRAS CLAVE</title>
				<kwd>pobreza de tiempo</kwd>
				<kwd>d&#x00E9;ficit de tiempo</kwd>
				<kwd>privaci&#x00F3;n de tiempo</kwd>
				<kwd>riqueza de tiempo</kwd>
				<kwd>trabajo no remunerado</kwd>
				<kwd>empleos at&#x00ED;picos</kwd>
				<kwd>desigualdad de g&#x00E9;nero</kwd>
			</kwd-group>
			
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				<title>KEYWORDS</title> 			
				<kwd>time poverty</kwd>	
				<kwd>time-deficit</kwd>
				<kwd>time deprivation</kwd>
				<kwd>wealth in time</kwd>
				<kwd>unpaid domestic work</kwd>
				<kwd>working time</kwd>
				<kwd>gender inequality</kwd>
			</kwd-group>
			
		
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	</front>		
	

	<body>	
			
		<sec id="S1">
			<title>1. INTRODUCCI&#x00D3;N</title>

			<p>En este art&#x00ED;culo se analiza el tiempo como factor determinante de la pobreza. El tiempo constituye un recurso que, junto con los ingresos, que habitualmente se contemplan en los indicadores de pobreza relativa, puede revelar situaciones de pobreza escondida tras d&#x00E9;ficits de tiempo o privaciones de tiempo. Una elevada dedicaci&#x00F3;n a la producci&#x00F3;n dom&#x00E9;stica condiciona otros tiempos de la vida cotidiana y origina d&#x00E9;ficits de tiempo. A su vez, el tiempo del empleo, con jornadas largas, o con jornadas irregulares demasiado reducidas, acorta el tiempo disponible y perjudica la capacidad de los individuos para procurar su bienestar.</p>

			<p>Tras el cambio de ciclo econ&#x00F3;mico originado en 2007 y el impacto de la crisis sobre el trabajo, la realizaci&#x00F3;n de trabajo dom&#x00E9;stico se ha visto afectada en dos direcciones. Por un lado, por la dejaci&#x00F3;n del Estado en relaci&#x00F3;n con asuntos y demandas de inter&#x00E9;s social, que comporta una derivaci&#x00F3;n hacia el hogar de actividades que incrementan el tiempo de dedicaci&#x00F3;n dom&#x00E9;stica. Por otro lado, porque la ca&#x00ED;da de los ingresos y de poder adquisitivo de las familias reduce las opciones de compra de productos y servicios en el mercado, muchos de los cuales terminan siendo elaborados o producidos en el hogar. En suma, la disminuci&#x00F3;n de la labor del Estado y la incapacidad de hacer frente a productos y servicios en el mercado incrementa el tiempo de trabajo de las mujeres y las familias. En este art&#x00ED;culo se quiere mostrar c&#x00F3;mo la situaci&#x00F3;n de crisis est&#x00E1; acrecentando el trabajo no remunerado y la desigualdad de g&#x00E9;nero.</p>

			<p>La situaci&#x00F3;n de incertidumbre derivada de la precariedad del empleo y de la flexibilidad de la relaci&#x00F3;n laboral debilita la posici&#x00F3;n social de los sectores m&#x00E1;s afectados por ellas. La transformaci&#x00F3;n de las pautas temporales estables del fordismo<xref ref-type="fn" rid="NOTE1">1</xref>, que tiene lugar en los mercados laborales desde las &#x00FA;ltimas d&#x00E9;cadas del siglo XX, constituye una de las caracter&#x00ED;sticas m&#x00E1;s destacadas del orden social actual. La flexibilidad aplicada a la jornada de trabajo, si bien puede tener resultados positivos <italic>para</italic> los ocupados en contextos laborales estables, significa flexibilidad <italic>de</italic> los trabajadores cuando se aplica en condiciones de precariedad. Los trabajadores flexibles posindustriales han venido a sustituir a la figura del obrero industrial del mercado fordista.</p>

			<p>En este marco de relaciones laborales flexibles se reclama plena disponibilidad para el empleo, a la vez que crece el volumen de responsabilidades y tareas dom&#x00E9;sticas como resultado de las medidas aplicadas en la crisis. Las condiciones del empleo y su inseguridad originan que la demandada conciliaci&#x00F3;n de vida laboral y personal-familiar se convierta en inoperante para buena parte de la poblaci&#x00F3;n asalariada. Junto al d&#x00E9;ficit de tiempo, causado en principio por la dedicaci&#x00F3;n dom&#x00E9;stica, aparece una demanda temporal imprecisa que da lugar a privaci&#x00F3;n de tiempo para colectivos perif&#x00E9;ricos de los mercados de trabajo. La flexibilidad de la jornada de trabajo y los des&#x00F3;rdenes horarios ocasionan privaci&#x00F3;n de tiempo, puesto que la plena disponibilidad para el empleo reduce la autonom&#x00ED;a sobre el tiempo propio.</p>

			<p>En la primera parte de este art&#x00ED;culo se lleva a cabo una aproximaci&#x00F3;n te&#x00F3;rica sobre la inclusi&#x00F3;n de la variable tiempo como recurso disponible que, junto con los ingresos, constituye un indicador cuantitativo de pobreza relativa. El tiempo disponible y los ingresos pueden dar lugar a cuatro situaciones posibles: pobreza de ingresos y pobreza de tiempo, pobreza de ingresos pero no de tiempo, pobreza de tiempo pero no de ingresos y ausencia de pobreza. En la segunda parte se analizan los efectos que est&#x00E1;n teniendo en Espa&#x00F1;a las pol&#x00ED;ticas sociales sobre el desempe&#x00F1;o del trabajo dom&#x00E9;stico, con un incremento de la dedicaci&#x00F3;n temporal al hogar por parte de las mujeres. En la tercera parte se examina c&#x00F3;mo la flexibilidad del mercado laboral y la desregulaci&#x00F3;n de los tiempos de trabajo pueden reducir la dedicaci&#x00F3;n al empleo, pero a menudo generan privaci&#x00F3;n de tiempo (y de ingresos); se contempla la polarizaci&#x00F3;n que presentan los mercados de trabajo, con largas jornadas, por un lado, y excesivamente reducidas, por otro. La &#x00FA;ltima parte est&#x00E1; dedicada a abrir nuevas perspectivas sobre la calidad del tiempo. Se contempla que, m&#x00E1;s all&#x00E1; del tiempo disponible, la riqueza de tiempo, o m&#x00E1;s bien la percepci&#x00F3;n sobre la calidad de vida en un entorno espacio-temporal satisfactorio, se expresa por los v&#x00ED;nculos y conexiones con otros tiempos sociales, con los m&#x00FA;ltiples tiempos y actividades de otras personas e instituciones que coexisten en el entorno. Las pol&#x00ED;ticas p&#x00FA;blicas competentes en materia laboral y en igualdad deben partir de la articulaci&#x00F3;n de tiempos, ingresos y servicios para corregir las desigualdades que conducen a la pobreza y la exclusi&#x00F3;n social.</p>

		</sec>
		
		<sec id="S2">
			<title>2. APROXIMACI&#x00D3;N TE&#x00D3;RICA A LA MEDICI&#x00D3;N DE LA POBREZA SEG&#x00DA;N TIEMPO E INGRESOS</title>

			<p>El examen sobre la pobreza no se limita a observar las privaciones y carencias de ingresos que impiden cubrir las necesidades b&#x00E1;sicas, sino que atiende tambi&#x00E9;n a la escasez de medios disponibles para satisfacerlas, entre ellos las que activan las capacidades que tienen los individuos para elegir entre opciones alternativas y alcanzar un grado satisfactorio de calidad de vida (Sen, <xref ref-type="bibr" rid="CIT37">2000</xref>; Sen, <xref ref-type="bibr" rid="CIT39">2004</xref>). Algunos estudios recientes incluyen entre tales medios el tiempo disponible como recurso. Junto con los ingresos, el tiempo determina la pobreza de muchas familias e individuos. Ingresos y tiempo, considerados conjuntamente, aportan una nueva perspectiva que hay que considerar en los an&#x00E1;lisis sobre pobreza.</p>

			<p>Distintos autores, como Sen (<xref ref-type="bibr" rid="CIT38">2002</xref>, 30 abril), Arriagada (<xref ref-type="bibr" rid="CIT06">2005</xref>) y, en el &#x00E1;mbito de los pa&#x00ED;ses desarrollados, Blackden y Wodon (<xref ref-type="bibr" rid="CIT10">2006</xref>), han destacado la relaci&#x00F3;n entre pobreza y tiempo, especialmente en el caso de las mujeres, asociada a la tradicional divisi&#x00F3;n del trabajo seg&#x00FA;n el g&#x00E9;nero que se produce en los hogares. Aunque las diferencias de participaci&#x00F3;n en el trabajo no remunerado entre mujeres y hombres son m&#x00E1;s notables en sociedades menos desarrolladas, tambi&#x00E9;n se encuentran en las industrializadas y en las posindustriales, ya que en todas ellas las mujeres asumen mayoritariamente los trabajos dom&#x00E9;sticos. La carga global de trabajo, medida en tiempo dedicado a ambos trabajos (remunerado y no remunerado) es superior para ellas en comparaci&#x00F3;n con los varones, con independencia de cu&#x00E1;l sea la dedicaci&#x00F3;n al empleo. Las consecuencias sociales derivadas de la desigual distribuci&#x00F3;n del trabajo pueden ser evaluadas tanto en relaci&#x00F3;n con el tiempo disponible, como con los ingresos, las oportunidades y las capacidades.</p>

			<sec id="S2.1">
			<title>2.1. El binomio de la pobreza relativa: carencia de ingresos y d&#x00E9;ficit de tiempo</title>

			<p>Convencionalmente la pobreza de las familias, y de los individuos, se ha venido valorando b&#x00E1;sicamente a partir de los ingresos disponibles. La medici&#x00F3;n de la pobreza relativa se basa en los ingresos como variable principal de c&#x00E1;lculo (el umbral de pobreza se sit&#x00FA;a bajo la l&#x00ED;nea en la que los ingresos, de la unidad familiar o del individuo, no superan el 60% de la mediana). La necesidad de complementar los an&#x00E1;lisis de pobreza con otras variables, no estrictamente monetarias, ha sido un aspecto de inter&#x00E9;s para los expertos en esta materia. La inclusi&#x00F3;n del tiempo como recurso disponible para dar cuenta de la situaci&#x00F3;n de pobreza de los hogares se encuentra en el trabajo pionero de Clair Vickery (<xref ref-type="bibr" rid="CIT42">1977</xref>). Los indicadores convencionales de pobreza presuponen que la situaci&#x00F3;n de pobreza depende de los ingresos b&#x00E1;sicamente, y cuando esos ingresos caen por debajo de una l&#x00ED;nea establecida, o mediana, las familias se encuentran en situaci&#x00F3;n de pobreza. Vickery considera que los hogares, para mantener un est&#x00E1;ndar b&#x00E1;sico de calidad de vida, precisan de unos ingresos m&#x00ED;nimos, pero tambi&#x00E9;n de tiempo que, destinado a la producci&#x00F3;n dom&#x00E9;stica, permita garantizar el bienestar de los miembros del hogar. La propuesta de Vickery consiste en a&#x00F1;adir la variable tiempo como un factor esencial para determinar el umbral de pobreza, de manera que para valorar la calidad de vida de los hogares contar&#x00ED;a tanto el <italic>input</italic> de los ingresos disponibles como el <italic>input</italic> de tiempo disponible. La relaci&#x00F3;n se representa gr&#x00E1;ficamente en la <xref ref-type="fig" rid="F1">Figura 1</xref>.</p>
			
					<fig id="F1">
						<label>Figura 1</label>
						<caption>
							<title>El binomio ingresos y tiempos en la generaci&#x00F3;n de pobreza</title>
							<p>Fuente: Basado en Vickery, <xref ref-type="bibr" rid="CIT42">1977</xref></p>
						</caption>
						<graphic xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xlink:href="../images/F1.jpg"/>
					</fig>
			

			<p>El eje de ordenadas representa los ingresos y el de abscisas el tiempo. Tm es el tiempo disponible con el que cuentan los hogares para destinar al trabajo, tanto a trabajo de mercado como a producci&#x00F3;n dom&#x00E9;stica. Algunas caracter&#x00ED;sticas de los hogares, como el n&#x00FA;mero de miembros, determinar&#x00ED;an los par&#x00E1;metros de la curva DBAC. El umbral de pobreza de ingresos viene determinado por la l&#x00ED;nea IoC, por debajo de la cual se encuentran los hogares pobres por raz&#x00F3;n de ingresos; pero a su vez, la pobreza de tiempo vendr&#x00ED;a dada por la l&#x00ED;nea ToB, por debajo de la cual se encontrar&#x00ED;an los hogares con pobreza de tiempo. De ello resulta que los hogares pobres de ingresos, de tiempo, o de ambos, quedar&#x00ED;an bajo la curva DBAC. La forma de la curva vendr&#x00E1; dada por la capacidad de los hogares para sustituir dinero por tiempo; es decir, si los ingresos son altos pueden comprarse bienes y servicios en el mercado, o adquirirse con prestaciones p&#x00FA;blicas, para compensar la falta de tiempo. La autora pretende mostrar, por un lado, lo desacertado de contemplar &#x00FA;nicamente la variable ingresos para estimar la pobreza de los hogares y, por otro lado, el papel que pueden tener las transferencias o prestaciones p&#x00FA;blicas para compensar los ingresos familiares de los hogares con pocos recursos.</p>

			<p>Los an&#x00E1;lisis de Vickery suponen un tratamiento novedoso en la consideraci&#x00F3;n de la pobreza, al introducir un sistema comparativo y complementario entre el tiempo y la renta necesaria para superar el umbral de pobreza de los hogares. La autora analiza los hogares de EE.UU. en los a&#x00F1;os setenta a trav&#x00E9;s de una estimaci&#x00F3;n de los ingresos, de la participaci&#x00F3;n de los trabajadores en el mercado de trabajo y de las horas dedicadas al mismo, as&#x00ED; como de las necesidades de tiempo seg&#x00FA;n el tipo de hogar. Sus resultados muestran que los m&#x00E1;s expuestos a la pobreza son los monoparentales compuestos por mujeres (madres) conviviendo con ni&#x00F1;os menores. De su estudio se concluye que el hecho de que los adultos dispongan de m&#x00E1;s tiempo no revierte en mejor calidad de vida si los ingresos no superan una l&#x00ED;nea cr&#x00ED;tica (IoC). Por el contrario, puede observarse pobreza de tiempo con ingresos elevados, aunque se disponga de dinero para sustituir la carencia de tiempo por bienes y servicios adquiridos en el mercado. Sin embargo, cuando a la carencia de tiempo se suma la de ingresos, la pobreza se multiplica.</p>

			<p>Tres d&#x00E9;cadas m&#x00E1;s tarde, el estudio de Vickery ha servido de inspiraci&#x00F3;n a los canadienses Andrew Harvey y Arun Mukhopadhyay (<xref ref-type="bibr" rid="CIT17">2007</xref>), quienes lo consideran un punto de partida b&#x00E1;sico para avanzar en las relaciones entre tiempo, dinero y pobreza. Consideran el tiempo como un componente que debe acompa&#x00F1;ar a los ingresos porque, como dicen, “el dinero no sirve para comprarlo todo”. A partir de las encuestas de uso del tiempo estudian las situaciones de carencia de tiempo -d&#x00E9;ficit de tiempo- en hogares compuestos de padres o de madres conviviendo con menores de 15 a&#x00F1;os. Su aportaci&#x00F3;n se centra en estudiar el d&#x00E9;ficit de tiempo entre grupos de trabajadores que dedican largas jornadas a su ocupaci&#x00F3;n laboral para ganarse la vida. En estos casos, cuando se carece de tiempo para dedicar a actividades dom&#x00E9;sticas se precisa de dinero para comprar bienes y servicios en el mercado si se quiere mantener el mismo nivel de consumo; lo relevante es que muchas familias con bajos ingresos carecen tambi&#x00E9;n de dinero suficiente para compensar su carencia de tiempo dom&#x00E9;stico mediante la compra de bienes y servicios. A diferencia de Vickery estos autores llaman la atenci&#x00F3;n sobre la escasa capacidad con la que cuenta la poblaci&#x00F3;n trabajadora para decidir sobre el tiempo que desea dedicar al empleo, dada la situaci&#x00F3;n de incertidumbre que presentan los mercados laborales, as&#x00ED; como la baja participaci&#x00F3;n de la poblaci&#x00F3;n asalariada en las decisiones que conciernen a la gesti&#x00F3;n y organizaci&#x00F3;n de los tiempos del empleo.</p>

			<p>Para conocer c&#x00F3;mo Harvey y Mukhopadhyay (<xref ref-type="bibr" rid="CIT17">2007</xref>, p. 60) entienden el d&#x00E9;ficit de tiempo es preciso partir de la clasificaci&#x00F3;n de Aas (1982), para quien el tiempo es un recurso disponible y cuantificable, que puede ser distribuido entre cuatro categor&#x00ED;as de actividades: a) el tiempo necesario para el cuidado de uno mismo; b) el tiempo obligado, impuesto por el empleo y la formaci&#x00F3;n; c) el tiempo comprometido por las responsabilidades familiares y dom&#x00E9;sticas; y d) el tiempo libre, que es el resultado de restar las 24 horas del d&#x00ED;a del tiempo gastado en los tres grupos de actividades citadas (cuidados personales + empleo + hogar). De esta forma, considerando el tiempo diario disponible al que se le resta el tiempo necesario (de cuidados personales) m&#x00E1;s el tiempo comprometido (para el hogar), si una persona se emplea por m&#x00E1;s tiempo que el resultante de esta resta ser&#x00ED;a pobre de tiempo, es decir, presentar&#x00ED;a d&#x00E9;ficit de tiempo. </p>

			<p>La aportaci&#x00F3;n de Harvey y Mukhopadhyay incluye un c&#x00E1;lculo del valor econ&#x00F3;mico que supone el d&#x00E9;ficit de tiempo. Para ello, otorgan un valor a ese tiempo de acuerdo con el salario m&#x00ED;nimo. Tras sus estimaciones se destaca que el d&#x00E9;ficit de tiempo se encuentra en mayor medida en los hogares monoparentales de personas empleadas con dos o m&#x00E1;s menores a cargo. Afirman que es tambi&#x00E9;n en estos hogares donde se encuentra la mayor incidencia de pobreza observada en tiempo e ingresos conjuntamente. Se&#x00F1;alan que para muchos de estos hogares es muy dif&#x00ED;cil escapar de la pobreza de tiempo, por lo que proponen que deber&#x00ED;an verse compensados con una retribuci&#x00F3;n equivalente al valor econ&#x00F3;mico que supone su d&#x00E9;ficit de tiempo (Harvey y Mukhopadhyay, <xref ref-type="bibr" rid="CIT17">2007</xref>, p. 70).</p>

			<p>A partir de los trabajos de Vickery (<xref ref-type="bibr" rid="CIT42">1977</xref>) y de Harvey y Mukhopadhyay (<xref ref-type="bibr" rid="CIT17">2007</xref>), Antonopoulos y Memis (<xref ref-type="bibr" rid="CIT04">2010</xref>) han aplicado el estudio sobre d&#x00E9;ficit de tiempo a distintos pa&#x00ED;ses con diferente nivel de desarrollo. En su investigaci&#x00F3;n llevada a cabo para el caso de Sud&#x00E1;frica ponen de manifiesto que los indicadores que se utilizan para medir la pobreza de tiempo en los pa&#x00ED;ses desarrollados a menudo no son &#x00FA;tiles para dar cuenta de lo que sucede en otros pa&#x00ED;ses menos industrializados que cuentan con diferentes modos de vida y contextos de trabajo distintos. En estos pa&#x00ED;ses buena parte de la actividad desempe&#x00F1;ada diariamente es trabajo no remunerado, como acarrear agua, atender a las criaturas y otras variadas tareas para la subsistencia, las cuales no pueden ser sustituidas por servicios adquiridos en el mercado, ni son compensadas con prestaciones proporcionadas por el Estado. El desempe&#x00F1;o del trabajo de subsistencia puede llegar a sustraer tiempo del necesario para dormir, lo cual no puede ser valorado en t&#x00E9;rminos de d&#x00E9;ficit de tiempo sino m&#x00E1;s bien como privaci&#x00F3;n o penuria de tiempo. Con frecuencia puede producirse excedente de tiempo a la vez que se padece penuria o privaci&#x00F3;n de tiempo. Para estas autoras el concepto privaci&#x00F3;n de tiempo se adapta mejor a las condiciones de vida y de trabajo de buena parte de la poblaci&#x00F3;n de los pa&#x00ED;ses en v&#x00ED;as de desarrollo, aunque, como recuerdan, puede tambi&#x00E9;n encontrarse en pr&#x00E1;cticas laborales de los pa&#x00ED;ses desarrollados; de hecho, se halla entre aquellos grupos de trabajadores que carecen de jornadas de trabajo regulares y deben estar disponibles para el empleo a cualquier hora del d&#x00ED;a.</p>

			<p>Con similar orientaci&#x00F3;n, Antonopoulos, Masteron y Zacharias (<xref ref-type="bibr" rid="CIT03">2012</xref>) han llevado a cabo m&#x00E1;s recientemente su investigaci&#x00F3;n sobre pobreza de tiempo en pa&#x00ED;ses latinoamericanos (Argentina, Chile y M&#x00E9;xico) donde han aplicado un indicador que combina el nivel de ingresos y el tiempo necesario para la producci&#x00F3;n dom&#x00E9;stica en distintos tipos de hogares. Sus resultados muestran que la pobreza se esconde en hogares donde hay al menos un ocupado cuyos ingresos son demasiado bajos para cubrir su d&#x00E9;ficit de tiempo dom&#x00E9;stico mediante el acceso a servicios en el mercado. Al igual que en las investigaciones citadas anteriormente estos autores encuentran que la pobreza de tiempo es m&#x00E1;s frecuente en hogares monoparentales y, especialmente, en los encabezados por una madre con dos o m&#x00E1;s hijos. Tras sus resultados, los autores plantean la necesidad de que los programas de ayuda p&#x00FA;blica, para paliar la pobreza escondida causada por el d&#x00E9;ficit de tiempo, se extiendan a los grupos de poblaci&#x00F3;n afectados tambi&#x00E9;n por pobreza de tiempo.</p>

			</sec>
		</sec>
		
		<sec id="S3">
			<title>3. EL INCREMENTO DEL TIEMPO COMPROMETIDO EN TRABAJO DOM&#x00C9;STICO EN ESPA&#x00D1;A</title>

			<p>Los estudios mencionados en el apartado precedente introducen el factor tiempo como variable determinante de la pobreza. Consideran que el tiempo comprometido en trabajo dom&#x00E9;stico es el componente fundamental de la organizaci&#x00F3;n y la distribuci&#x00F3;n del tiempo en distintas actividades y es el que, en primera instancia, determina la pobreza de tiempo. Desde esta perspectiva de medici&#x00F3;n de la pobreza se presupone que el tiempo destinado a atender las necesidades b&#x00E1;sicas de la vida diaria (alimentaci&#x00F3;n y descanso, b&#x00E1;sicamente) es an&#x00E1;logo para las personas adultas pero, sin embargo, el destinado a la producci&#x00F3;n dom&#x00E9;stica, un tiempo comprometido con la subsistencia, la salud y el equilibrio personal y el bienestar (y no el tiempo del empleo), es el que introduce las diferencias que posicionan a los sujetos en relaci&#x00F3;n con otros tiempos sociales y delimitan sus estrategias. </p>

			<sec id="S3.1">
			<title>3.1. La labor menguante del Estado y sus efectos sobre el trabajo dom&#x00E9;stico</title>

			<p>En el pasado, el desarrollo de los estados de bienestar en Europa se ha identificado con asignaci&#x00F3;n de gasto p&#x00FA;blico a asuntos sociales, as&#x00ED; como con la implantaci&#x00F3;n de servicios p&#x00FA;blicos que pudieran facilitar la desfamiliarizaci&#x00F3;n, entendiendo como tal la posibilidad de que todo individuo, con independencia de su situaci&#x00F3;n familiar, pudiera llevar a cabo sus expectativas de participaci&#x00F3;n en la vida social y especialmente en la vida laboral. El ya d&#x00E9;bil estado de bienestar espa&#x00F1;ol est&#x00E1; experimentando en los &#x00FA;ltimos a&#x00F1;os un paulatino retroceso, en tanto que manifiesta una dejaci&#x00F3;n de responsabilidades y compromisos en la resoluci&#x00F3;n de problemas sociales que reclaman su intervenci&#x00F3;n. La reducci&#x00F3;n de la labor social que compete al Estado est&#x00E1; repercutiendo, de distintas formas, en la vida personal y familiar, provocando un incremento del trabajo no remunerado y del tiempo destinado a la producci&#x00F3;n dom&#x00E9;stica. </p>

			<p>En Espa&#x00F1;a las pol&#x00ED;ticas de ajuste estructural aplicadas en los &#x00FA;ltimos a&#x00F1;os est&#x00E1;n afectando negativamente a la oferta de servicios p&#x00FA;blicos b&#x00E1;sicos, educativos, sanitarios y sociales (en especial a la atenci&#x00F3;n a las personas en situaci&#x00F3;n de dependencia), por citar algunos de los campos m&#x00E1;s relacionados con la producci&#x00F3;n y la reproducci&#x00F3;n dom&#x00E9;stica. El debilitamiento del estado de bienestar tiene como consecuencia una derivaci&#x00F3;n al &#x00E1;mbito privado familiar de demandas que podr&#x00ED;an ser atendidas por los poderes p&#x00FA;blicos. Esta pr&#x00E1;ctica significa un refuerzo del modelo familiarista, en tanto que traslada la responsabilidad del cuidado a las mujeres (y a las familias) provocando un incremento del tiempo destinado a trabajo dom&#x00E9;stico en tareas que (aunque solo fuera parcialmente) estaban siendo asumidas por los poderes p&#x00FA;blicos. Como ejemplo de ello se encuentra la disminuci&#x00F3;n del presupuesto destinado a la educaci&#x00F3;n que ha tenido como consecuencia la desaparici&#x00F3;n de algunos programas educativos, como el encargado de la educaci&#x00F3;n infantil -<italic>Educa3</italic>- o la supresi&#x00F3;n de servicios complementarios, como los comedores escolares, cuyo vac&#x00ED;o ha de llenarse con mayor dedicaci&#x00F3;n temporal por parte de la familia (madres, padres, abuelos) a cuidados infantiles, atenci&#x00F3;n de los escolares en casa y otras tareas dom&#x00E9;sticas. En el campo de la salud p&#x00FA;blica, la reducci&#x00F3;n de servicios y de personal sanitario, adem&#x00E1;s de tener efectos negativos sobre el estado de salud de la poblaci&#x00F3;n m&#x00E1;s vulnerable, revierte sobre los h&#x00E1;bitos de provisi&#x00F3;n de cuidados en el hogar. En ese sentido, la reducci&#x00F3;n de los periodos de hospitalizaci&#x00F3;n en los centros p&#x00FA;blicos, as&#x00ED; como la implantaci&#x00F3;n de programas de atenci&#x00F3;n m&#x00E9;dica domiciliaria se apoyan sobre la disponibilidad de alg&#x00FA;n miembro de la familia que pueda (y disponga de tiempo para) sustituir la atenci&#x00F3;n especializada.</p>

			<p>Otro &#x00E1;mbito en el que el abandono de la labor social por parte del Estado repercute en el trabajo no remunerado de los hogares se encuentra en los servicios de atenci&#x00F3;n a la dependencia. Los indicadores de cobertura de poblaci&#x00F3;n atendida muestran una pr&#x00E1;ctica paralizaci&#x00F3;n de este sistema, que ha sido nombrado como “cuarto pilar del estado de bienestar”. A pesar del paulatino envejecimiento de la poblaci&#x00F3;n espa&#x00F1;ola, en los &#x00FA;ltimos a&#x00F1;os se ha experimentado un descenso en el n&#x00FA;mero de personas atendidas por el sistema p&#x00FA;blico. Desde 2012 los requisitos de acceso son m&#x00E1;s restringidos, menos personas dependientes pueden optar al cat&#x00E1;logo de servicios disponible y se constata un mayor retraso, un abandono entre quienes, habiendo sido valorados como dependientes, quedan sin ser atendidos (Barriga Mart&#x00ED;n, Brezmes Nieto, Garc&#x00ED;a Herrero y Ram&#x00ED;rez Navarro, <xref ref-type="bibr" rid="CIT07">2013</xref>). Estos cambios generan un ahorro para la administraci&#x00F3;n p&#x00FA;blica, pero se consigue incrementando el gasto asumido por los usuarios. Al mismo tiempo se ha aplicado un recorte a las prestaciones econ&#x00F3;micas y sociales otorgadas a los cuidadores que se hacen cargo de familiares dependientes. La atenci&#x00F3;n de las personas adultas dependientes requiere de una respuesta social y de un tratamiento con perspectiva integral; sin embargo, las medidas aprobadas recientemente van &#x00FA;nicamente en la direcci&#x00F3;n de revertir el cuidado hacia la instituci&#x00F3;n familiar. Los efectos de estas pol&#x00ED;ticas impactan m&#x00E1;s negativamente en los hogares con menos recursos, los que cuentan con personas que requieren una demanda intensiva de cuidados y en las cuidadoras no profesionales.</p>

			<p>El debilitamiento del poder de los Estados a la hora de hacer frente a las necesidades sociales contrasta con el poder con el que se impone, desde el <italic>fundamentalismo del mercado</italic>, la gesti&#x00F3;n privada y la eliminaci&#x00F3;n de servicios p&#x00FA;blicos (Stiglitz, <xref ref-type="bibr" rid="CIT40">2012</xref>; Ruesga, <xref ref-type="bibr" rid="CIT35">2012</xref>). Los gobiernos muestran una capacidad cada vez menor para responder a los retos sociales que la sociedad plantea. Lejos de promover la universalizaci&#x00F3;n de los servicios p&#x00FA;blicos, se tiende a aminorarlos o se promueve su privatizaci&#x00F3;n, lo que deja a gran parte de poblaci&#x00F3;n sin recursos desasistida. Estas pautas de desestatalizaci&#x00F3;n conducen a que sean las familias quienes tengan que buscar soluciones privadas, de uno u otro signo (externalizaci&#x00F3;n, voluntariado, trabajo no remunerado, empleo informal, etc.) dependiendo sobre todo de su capacidad adquisitiva. El trabajo familiar no remunerado se incrementa cuando no se cuenta con servicios p&#x00FA;blicos ni es posible adquirir los servicios en el mercado. El incremento del trabajo dom&#x00E9;stico termina provocando d&#x00E9;ficit de tiempo en los individuos y grupos sociales con mayor dedicaci&#x00F3;n al mismo y pobreza de tiempo en aquellos con menores ingresos. </p>

			<p>El tiempo comprometido en la producci&#x00F3;n dom&#x00E9;stica est&#x00E1; estrechamente vinculado con el orden social de g&#x00E9;nero. La divisi&#x00F3;n sexual y social del trabajo, que rige en la mayor parte de las sociedades, atribuye a las mujeres el trabajo reproductivo, de manera que son ellas quienes tienen m&#x00E1;s comprometido su tiempo con el desempe&#x00F1;o de actividades dom&#x00E9;sticas no remuneradas. La proporci&#x00F3;n de mujeres que dedica tiempo a trabajos dom&#x00E9;sticos es m&#x00E1;s elevada que la de varones. En Espa&#x00F1;a un 91,9% de mujeres desempe&#x00F1;a actividades relacionadas con el trabajo dom&#x00E9;stico familiar frente al 74,7% de varones. El tiempo dedicado a estas ocupaciones tambi&#x00E9;n es mayor entre la poblaci&#x00F3;n femenina: 4 horas y 29 minutos diarios frente a las 2 horas y 32 minutos que dedican los varones (Instituto Nacional de Estad&#x00ED;stica, <xref ref-type="bibr" rid="CIT19">2010</xref>). Esta participaci&#x00F3;n coloca a las mujeres en un punto de partida desfavorable en relaci&#x00F3;n con la dedicaci&#x00F3;n al empleo y con la obtenci&#x00F3;n de ingresos suficientes para compensar el d&#x00E9;ficit de tiempo. Si se observa la dedicaci&#x00F3;n seg&#x00FA;n la composici&#x00F3;n del hogar, los datos muestran que la presencia de menores o de mayores dependientes en el mismo provoca las situaciones que mayor c&#x00F3;mputo de tiempo requieren. As&#x00ED;, cuando el hogar cuenta con miembros menores de diez a&#x00F1;os o cuando hay adultos dependientes, la dedicaci&#x00F3;n de tiempo, para ambos g&#x00E9;neros, supera las cuatro horas diarias, aunque las diferencias entre mujeres y hombres siguen siendo significativas. </p>

			</sec>
			
			<sec id="S3.2">
			<title>3.2. Empobrecimiento familiar y trabajo no remunerado</title>

			<p>Por otra parte, la ca&#x00ED;da de poder adquisitivo de los individuos y las familias, debida al descenso de los salarios y la disminuci&#x00F3;n de los ingresos, est&#x00E1; provocando una reducci&#x00F3;n del gasto en productos y servicios. Seg&#x00FA;n los datos del Instituto Nacional de Estad&#x00ED;stica (<xref ref-type="bibr" rid="CIT21">2013</xref>) el gasto medio por hogar ha descendido significativamente en 2012, con relaci&#x00F3;n al a&#x00F1;o anterior, en dos conceptos muy relacionados con la actividad dom&#x00E9;stica: hoteles, caf&#x00E9;s y restaurantes (-7,5%) y art&#x00ED;culos de vestir y calzado (-10,2%), lo que significa que una parte de ese consumo ha dejado de realizarse y que otra parte se ha sustituido por producci&#x00F3;n dom&#x00E9;stica familiar. En relaci&#x00F3;n con las pautas de consumo de la poblaci&#x00F3;n espa&#x00F1;ola un reciente informe muestra que se ha producido un descenso del gasto en alimentaci&#x00F3;n (-1,3%) en relaci&#x00F3;n con el a&#x00F1;o anterior, y una disminuci&#x00F3;n de un 4,1% en el consumo alimentario extradom&#x00E9;stico (<italic>Alimentaci&#x00F3;n en Espa&#x00F1;a</italic>, <xref ref-type="bibr" rid="CIT44">2012</xref>). El descenso del consumo alimenticio no es uniforme, sino que presenta gran disparidad seg&#x00FA;n el tipo de hogar: ha disminuido con relaci&#x00F3;n a la media, en un 11,3%, en los hogares de renta baja y un 2,0% en los de renta media, mientras que se ha incrementado en un 12,0% en los de renta alta, lo que da cuenta de la distancia creciente entre clases sociales en el acceso a productos b&#x00E1;sicos. En relaci&#x00F3;n con la composici&#x00F3;n de los hogares se observa que los monoparentales con criaturas peque&#x00F1;as se encuentran entre los m&#x00E1;s perjudicados por el descenso del gasto en productos alimenticios. De hecho, son estos hogares compuestos por una persona adulta y uno o m&#x00E1;s ni&#x00F1;os dependientes los que presentan las mayores tasas de riesgo de pobreza en Espa&#x00F1;a y en Europa (Instituto Nacional de Estad&#x00ED;stica, <xref ref-type="bibr" rid="CIT20">2012</xref>; Eurostat, <xref ref-type="bibr" rid="CIT16">2013</xref>).</p>

			<p>Como resultado de la ca&#x00ED;da de los ingresos familiares los h&#x00E1;bitos de compra de los hogares tambi&#x00E9;n se han modificado. Seg&#x00FA;n el informe de Mercasa, <italic>Alimentaci&#x00F3;n en Espa&#x00F1;a</italic> <xref ref-type="bibr" rid="CIT45">2013</xref>, los consumidores espa&#x00F1;oles han incrementado el tiempo que dedicaban a compras de alimentos, rompiendo as&#x00ED; la tendencia manifestada en los &#x00FA;ltimos a&#x00F1;os. Si en 2008 el tiempo invertido en esta tarea era de 2 horas y 45 minutos, en 2012 este tiempo se ha elevado hasta una media de 3 horas semanales. El citado informe se&#x00F1;ala que los consumidores examinan m&#x00E1;s que hace cuatro a&#x00F1;os los productos y los precios, y seleccionan el establecimiento de compra de acuerdo con el ahorro que calculan. Como resultado, en el citado periodo, los consumidores han incrementado el tiempo de dedicaci&#x00F3;n a las compras alimenticias pr&#x00E1;cticamente en un 10%.</p>

			<p>La recesi&#x00F3;n econ&#x00F3;mica ha provocado una intensificaci&#x00F3;n del trabajo y un incremento del trabajo dom&#x00E9;stico y de cuidados (Bener&#x00ED;a, <xref ref-type="bibr" rid="CIT09">2010</xref>, p. 1522). El incremento del tiempo destinado a la producci&#x00F3;n dom&#x00E9;stica es consecuencia tanto de la dejaci&#x00F3;n del Estado en asuntos sociales como de la inaccesibilidad de las familias a los servicios que oferta el mercado, provocada por la ca&#x00ED;da de sus ingresos. Su impacto en los hogares no est&#x00E1; siendo neutralizado por un mayor acceso y una mejor calidad de los servicios p&#x00FA;blicos, sino que depende de la posici&#x00F3;n socioecon&#x00F3;mica de las familias y de las redes de solidaridad formal e informal. Por otra parte, la composici&#x00F3;n de los hogares tiene efectos en el grado de corresponsabilidad dom&#x00E9;stica y el reparto del trabajo en el hogar; aunque queda a&#x00FA;n por explorar cu&#x00E1;l es la contribuci&#x00F3;n de los varones a la producci&#x00F3;n dom&#x00E9;stica en el contexto de la crisis, cuando la incertidumbre y la precariedad del empleo debilitan las normas de g&#x00E9;nero que les asignaban (en exclusiva) el rol sustentador. A su vez, las condiciones del empleo y la organizaci&#x00F3;n de los tiempos laborales dificultan, a&#x00FA;n m&#x00E1;s, la distribuci&#x00F3;n equilibrada del trabajo entre los miembros del hogar.</p>

			<p>En relaci&#x00F3;n con la estructura productiva, el aumento del trabajo no remunerado de los hogares est&#x00E1; contribuyendo a descompensar la distribuci&#x00F3;n econ&#x00F3;mica del trabajo entre actividades dom&#x00E9;sticas y remuneradas, en perjuicio de las primeras. Esta circunstancia no solo tiene repercusiones entre los individuos m&#x00E1;s activos en trabajo dom&#x00E9;stico, sino que tiene derivaciones de &#x00ED;ndole estructural, en la medida en que refleja un descenso del sector mercantil, que arrastra consigo una ca&#x00ED;da de la producci&#x00F3;n de bienes y servicios y, con ella, de la recaudaci&#x00F3;n de las haciendas p&#x00FA;blicas. El desequilibrio de la carga de trabajo en favor del trabajo no mercantil aproxima a Espa&#x00F1;a a pa&#x00ED;ses menos desarrollados, donde la proporci&#x00F3;n de trabajo no remunerado (contabilizada en horas de trabajo) tiende a ser elevada, mientras que la aleja de otros pa&#x00ED;ses europeos como B&#x00E9;lgica, Holanda, Francia y Alemania, adem&#x00E1;s de los n&#x00F3;rdicos, donde la diferencia de tiempo de dedicaci&#x00F3;n a ambos tipos de trabajo es menor y tambi&#x00E9;n es m&#x00E1;s peque&#x00F1;o el volumen de la carga global de trabajo (OECD, <xref ref-type="bibr" rid="CIT30">2011</xref>; <italic>World Development Report</italic>, <xref ref-type="bibr" rid="CIT46">2012</xref>).</p>

			</sec>
		</sec>
		
		<sec id="S4">
			<title>4. PRECARIEDAD DEL TRABAJO REMUNERADO Y PRIVACI&#x00D3;N DE TIEMPO</title>

			<p>Ya a mediados de los noventa el franc&#x00E9;s R. Castel manifestaba, con relaci&#x00F3;n a la situaci&#x00F3;n de entonces, que la crisis posiblemente hab&#x00ED;a logrado acabar con una idea de progreso en la que exist&#x00ED;a la confianza de contar con los mecanismos necesarios para controlar el devenir de la sociedad. El derrumbe de la sociedad salarial significaba para &#x00E9;l la p&#x00E9;rdida de centralidad del trabajo (asalariado) y la degradaci&#x00F3;n del asalariado. El orden social construido en el pasado se encuentra ahora alterado, de manera que los principios de protecci&#x00F3;n social y solidaridad est&#x00E1;n siendo sustituidos por la l&#x00F3;gica de la competitividad y la rentabilidad. En su <italic>Metamorfosis de la cuesti&#x00F3;n social</italic> destaca adem&#x00E1;s que “toda la organizaci&#x00F3;n de la temporalidad social est&#x00E1; afectada y todas las regulaciones que rigen la integraci&#x00F3;n de los individuos en sus diferentes roles, tanto familiares como sociales, se han vuelto m&#x00E1;s flexibles” (Castel, <xref ref-type="bibr" rid="CIT13">1997</xref>, p. 449); una afirmaci&#x00F3;n que casi veinte a&#x00F1;os m&#x00E1;s tarde es ampliamente compartida, entre otros por Ladner (<xref ref-type="bibr" rid="CIT24">2009</xref>), quien afirma que la estructura temporal de la sociedad fordista se ha transformado dando paso a otra definida por un tiempo impredecible, fragmentado y cambiante.</p>

			<p>En este apartado se tratan los efectos de la flexibilidad sobre los tiempos de trabajo de la poblaci&#x00F3;n ocupada que m&#x00E1;s frecuentemente escapa a la normalizaci&#x00F3;n horaria. Si bien existe una tendencia a la bifurcaci&#x00F3;n en la dedicaci&#x00F3;n laboral, tanto en pa&#x00ED;ses desarrollados como en desarrollo, la observaci&#x00F3;n de la prolongaci&#x00F3;n de los horarios laborales y de los ajustes de jornada se centra b&#x00E1;sicamente en el caso espa&#x00F1;ol. </p>

			
			<sec id="S4.1">
			<title>4.1. Flexibilidad y jornadas excesivas</title>

			<p>Al igual que en otros pa&#x00ED;ses europeos, en Espa&#x00F1;a las relaciones laborales experimentan actualmente un proceso de cambio en el que las condiciones de trabajo se ven deterioradas, especialmente entre los grupos de trabajadores de baja cualificaci&#x00F3;n y bajos salarios, subempleados, que se ubican en las zonas de mayor inseguridad y riesgo del mercado de trabajo (Beck, <xref ref-type="bibr" rid="CIT08">2002</xref>, p. 180; Alonso, <xref ref-type="bibr" rid="CIT02">2009</xref>, pp. 149-150). Con las pol&#x00ED;ticas de ajuste y las normas aprobadas en la crisis, algunos derechos laborales tradicionalmente asentados, como la negociaci&#x00F3;n colectiva y la protecci&#x00F3;n social pactada en los convenios, se han perdido para miles de personas ocupadas y con ellas la oportunidad de que los trabajadores participen en la organizaci&#x00F3;n de los tiempos en sus empresas. Cada vez m&#x00E1;s, las pr&#x00E1;cticas laborales presentan una disociaci&#x00F3;n entre el tiempo acordado en el contrato y el efectuado, de manera que las horas pactadas en el contrato no se corresponden con las efectivamente realizadas (Moreno Colom, <xref ref-type="bibr" rid="CIT29">2010</xref>, p. 307).</p>

			<p>Con car&#x00E1;cter general, la introducci&#x00F3;n de las tecnolog&#x00ED;as de la informaci&#x00F3;n y la comunicaci&#x00F3;n (TIC) en la vida laboral ha permitido incrementar la productividad, pero tambi&#x00E9;n ha contribuido a incrementar el tiempo m&#x00E1;s all&#x00E1; del desempe&#x00F1;ado en el centro de trabajo. La estandarizaci&#x00F3;n de las relaciones de empleo del fordismo significaba, entre otras cosas, que el trabajo (asalariado) se realizaba fuera de casa (en oposici&#x00F3;n al dom&#x00E9;stico), pero tal frontera ha quedado difuminada tras los cambios temporales aplicados actualmente a la relaci&#x00F3;n laboral (Prieto y Ramos, <xref ref-type="bibr" rid="CIT31">1999</xref>; de Castro, <xref ref-type="bibr" rid="CIT14">2007</xref>), con la aplicaci&#x00F3;n de las TIC y, en concreto, con el teletrabajo. Con esta modalidad de flexibilidad del lugar de trabajo se lleva a cabo una penetraci&#x00F3;n de la actividad laboral en la vida personal y familiar, una intromisi&#x00F3;n que no resulta gratuita para el entorno dom&#x00E9;stico ni para los miembros que lo componen, puesto que invade los espacios y altera los tiempos de la cotidianeidad compartida (a la hora de cenar, de descansar, de dormir, etc.). La realizaci&#x00F3;n de pr&#x00E1;cticas laborales como el teletrabajo afecta al &#x00E1;mbito dom&#x00E9;stico e incrementa el trabajo del hogar. S. Ladner ha observado la influencia que tienen las TIC en el trabajo y en la prolongaci&#x00F3;n de la jornada, as&#x00ED; como en la percepci&#x00F3;n que hombres y mujeres tienen acerca de esta situaci&#x00F3;n. Para los varones, trabajar m&#x00E1;s horas de las habituales es entendido como una necesidad que finalmente revierte en beneficio de la familia, y as&#x00ED; es compartido por sus parejas. Las mujeres, sin embargo, no lo conciben de la misma forma, no lo aceptan como un sacrificio necesario; ellas mismas, al igual que sus parejas, tienden a rechazarlo por las distorsiones que introduce en la vida familiar. La prolongaci&#x00F3;n de la jornada, a la que se ve expuesta buena parte de la poblaci&#x00F3;n empleada, repercute negativamente en quienes desempe&#x00F1;an habitualmente el trabajo dom&#x00E9;stico, que lo asumen sin compensaci&#x00F3;n alguna, contribuyendo indirectamente al desempe&#x00F1;o laboral (Ladner, <xref ref-type="bibr" rid="CIT24">2009</xref>, pp. 298-299).</p>

			<p>Por otra parte, las pol&#x00ED;ticas de ajuste estructural, que han liberalizado y desregulado los mercados, para facilitar el beneficio a corto plazo, se materializan en el mercado de trabajo en una flexibilidad contractual, que conduce a reducciones dr&#x00E1;sticas de efectivos, y en una flexibilidad salarial que ajusta los salarios a la baja (Ruesga, <xref ref-type="bibr" rid="CIT35">2012</xref>, p. 421). El resultado es un deterioro de la relaci&#x00F3;n laboral que genera incertidumbre y riesgo a la poblaci&#x00F3;n afectada, que busca oportunidades para mejorar su situaci&#x00F3;n. Las estad&#x00ED;sticas laborales muestran que, entre 2006 y 2012, la poblaci&#x00F3;n ocupada que busca otro empleo por “inseguridad en su empleo actual” se ha incrementado en un 92,5% y que el n&#x00FA;mero de ocupados que busca otro empleo para mejorar sus ingresos se ha incrementado en un 22,7% en ese mismo periodo (Instituto Nacional de Estad&#x00ED;stica, <xref ref-type="bibr" rid="CIT20">2012</xref>). Muchos asalariados ampl&#x00ED;an el tiempo de trabajo con ocupaciones complementarias o prolongan la jornada por exigencias de la producci&#x00F3;n. Sin embargo, el hecho de trabajar muchas horas no supone una garant&#x00ED;a de suficiencia de ingresos para estas personas, ya que los sueldos no les permiten, en muchos casos, superar el umbral de pobreza. Parad&#x00F3;jicamente, el mercado laboral espa&#x00F1;ol ofrece jornadas laborales elevadas (en comparaci&#x00F3;n con otros pa&#x00ED;ses del entorno europeo) junto con tasas muy altas de desempleo, lo que se traduce en una intensificaci&#x00F3;n del empleo entre la poblaci&#x00F3;n ocupada que trabaja muchas horas, frente a desocupaci&#x00F3;n de otras muchas personas que no pueden dedicar jornada alguna, o dedican un tiempo escaso, al trabajo remunerado.</p>

			<p>En este contexto de prolongaci&#x00F3;n de los tiempos de trabajo, coincidente en el tiempo con una creciente participaci&#x00F3;n laboral femenina, se han ido poniendo en marcha desde la d&#x00E9;cada de los noventa, diversas medidas de conciliaci&#x00F3;n de la vida laboral y familiar-personal, con el objeto de facilitar la compatibilidad entre el empleo (sobre todo femenino) y el desempe&#x00F1;o de tareas dom&#x00E9;sticas y familiares. Los estudios sobre conciliaci&#x00F3;n han puesto de relieve los desajustes y conflictos generados en torno al tiempo de trabajo y la desigualdad de g&#x00E9;nero. Buena parte de las investigaciones realizadas sobre conciliaci&#x00F3;n han destacado los efectos que las largas jornadas laborales tienen sobre el ejercicio de responsabilidades dom&#x00E9;sticas, en especial sobre la demanda de cuidados familiares, de menores y de adultos dependientes. Algunos informes europeos (Kotowska <italic>et al</italic>., <xref ref-type="bibr" rid="CIT23">2010</xref>; Eurostat, <xref ref-type="bibr" rid="CIT15">2012</xref>) han visibilizado los “conflictos de tiempo”, derivados de una alta dedicaci&#x00F3;n al empleo, y la tensi&#x00F3;n que perciben las personas ocupadas al considerar que dedican demasiado tiempo al trabajo, laboral y familiar, frente al escaso tiempo que destinan a las relaciones sociales y las aficiones. </p>

			<p>Una mirada cr&#x00ED;tica a las pol&#x00ED;ticas de conciliaci&#x00F3;n, tal y como se han planteado en Espa&#x00F1;a, la aportan Borr&#x00E1;s, Torns y Moreno (<xref ref-type="bibr" rid="CIT11">2007</xref>) quienes destacan que no se trata &#x00FA;nicamente de procurar el equilibrio entre tiempos dentro y fuera del empleo, sino de atender los conflictos de la propia relaci&#x00F3;n laboral derivados de una ordenaci&#x00F3;n unilateral de los tiempos de trabajo, no consensuada ni pactada. Estos autores consideran que las pol&#x00ED;ticas de conciliaci&#x00F3;n no ser&#x00E1;n efectivas si no adoptan medidas que combinen el objetivo de igualdad de oportunidades con medidas de &#x00ED;ndole laboral sobre el tiempo de trabajo. Su posici&#x00F3;n acerca de la orientaci&#x00F3;n de estas pol&#x00ED;ticas toma forma en una propuesta que articula tres niveles de actuaci&#x00F3;n: individual, social y laboral. Individual, en tanto que las medidas han de responder a necesidades reales que los sujetos experimentan en su vida cotidiana; social, porque se trata de un problema de organizaci&#x00F3;n social, institucional, y no solo de tiempos, ni concerniente &#x00FA;nicamente a las mujeres; y laboral, porque tales medidas deben implementarse en conjunci&#x00F3;n con una ordenaci&#x00F3;n razonada y negociada de los tiempos de trabajo.</p>

			<p>Las pol&#x00ED;ticas laborales implantadas en los &#x00FA;ltimos a&#x00F1;os a&#x00F1;aden m&#x00E1;s riesgo e incertidumbre a las relaciones de empleo, al v&#x00ED;nculo laboral y a las condiciones de trabajo. En este contexto laboral la puesta en pr&#x00E1;ctica de medidas de conciliaci&#x00F3;n se convierte casi en un privilegio al que solo algunos grupos de trabajadores pueden acceder. La percepci&#x00F3;n de riesgos, como la posible p&#x00E9;rdida del empleo, disuade a la poblaci&#x00F3;n trabajadora de ejercitar derechos laborales, como por ejemplo el disfrute de permisos laborales para cuidar a familiares, menores o mayores dependientes. As&#x00ED; se puede observar en la evoluci&#x00F3;n de las excedencias tomadas para cuidados de criaturas y familiares adultos, cuya cifra registra un descenso de un 14,5% en solo dos a&#x00F1;os, entre 2010 y 2012 (Ministerio de Empleo y Seguridad Social, <xref ref-type="bibr" rid="CIT28">2012</xref>).</p>

			</sec>
			
			<sec id="S4.2">
			<title>4.2. Jornadas reducidas en empleos at&#x00ED;picos: privaci&#x00F3;n de tiempo</title>

			<p>La reorganizaci&#x00F3;n de los mercados laborales globales ha generado una polarizaci&#x00F3;n en los empleos (Stiglitz, <xref ref-type="bibr" rid="CIT40">2012</xref>, p. 105; Sassen, <xref ref-type="bibr" rid="CIT36">2013</xref>, p. 397). Junto a ocupaciones de alto nivel profesional crece tambi&#x00E9;n un abanico de empleos precarios con jornadas y salarios reducidos (trabajos auxiliares y dom&#x00E9;sticos, entre otros). Las nuevas normas laborales, m&#x00E1;s que regular y asegurar las condiciones de la relaci&#x00F3;n laboral abren la puerta a lo impredecible, especialmente en relaci&#x00F3;n con el tiempo de trabajo; las pr&#x00E1;cticas en este sentido se dirigen a una reducci&#x00F3;n de las jornadas, con preferencia por el trabajo a tiempo parcial, jornadas fragmentadas, por d&#x00ED;as o por horas, en horarios discontinuos, etc., que pueden ser sometidas a cambios con facilidad. En Alemania estos empleos at&#x00ED;picos se conocen como <italic>minijobs</italic> y en Reino Unido toman la forma de <italic>Zero-hours contracts</italic>. Esta modalidad crece significativamente en los &#x00FA;ltimos a&#x00F1;os, en este &#x00FA;ltimo pa&#x00ED;s, en sectores como hosteler&#x00ED;a y restauraci&#x00F3;n, educaci&#x00F3;n y servicios sociales (Pyper y McGuinness, <xref ref-type="bibr" rid="CIT32">2013</xref>). Las caracter&#x00ED;sticas principales de estos empleos son su jornada flexible y reducida que, sin embargo, va unida a la plena disponibilidad temporal seg&#x00FA;n las necesidades productivas, su irregularidad horaria y su bajo salario, en consonancia con el tiempo realmente trabajado (lo que implica que la remuneraci&#x00F3;n no alcance, en muchos casos, el salario m&#x00ED;nimo). Como en otros trabajos de baja cualificaci&#x00F3;n en estos empleos at&#x00ED;picos, de reducida jornada o <italic>minijobs</italic>, el tiempo presencial (<italic>oncall</italic>, “de guardia”) no se tiene en cuenta, siendo de libre disposici&#x00F3;n para la empresa y un tiempo del que la persona contratada no puede disponer. El desempe&#x00F1;o de estos empleos de baja intensidad temporal no se percibe como una mejora, o una ventaja comparativa con respecto a otros de jornadas m&#x00E1;s largas, sino que se valora como un “tiempo libre involuntario” (Ara&#x00FA;jo, Duque y Franch, <xref ref-type="bibr" rid="CIT05">2013</xref>) que empobrece la calidad de vida. En estos casos el tiempo reducido del empleo se inserta en el desorden temporal, la intermitencia, el car&#x00E1;cter espor&#x00E1;dico y la discrecionalidad que sufren quienes los desempe&#x00F1;an, sometidos a privaci&#x00F3;n de (su) tiempo, tal y como apuntaban Antonopoulos y Memis (<xref ref-type="bibr" rid="CIT04">2010</xref>).</p>

			<p>Las estad&#x00ED;sticas sobre condiciones de vida muestran la relaci&#x00F3;n contradictoria existente entre tiempo de trabajo, duraci&#x00F3;n de la jornada y riesgo de pobreza. Si se compara el tiempo dedicado al trabajo con la exposici&#x00F3;n al riesgo de pobreza entre las personas ocupadas a tiempo completo y a tiempo parcial, se comprueba que, con car&#x00E1;cter general, en todos los pa&#x00ED;ses europeos, la poblaci&#x00F3;n que trabaja a tiempo parcial tiene mayor &#x00ED;ndice de pobreza que la que trabaja a tiempo completo. Entre la poblaci&#x00F3;n espa&#x00F1;ola en riesgo de pobreza seg&#x00FA;n la jornada trabajada se constata que, en el a&#x00F1;o 2012, un 10,9% de las personas ocupadas a tiempo completo eran pobres, mientras que la pobreza alcanzaba a un 18,8% de las que trabajaban a tiempo parcial.</p>

			<p>La reducci&#x00F3;n de la jornada laboral, no voluntaria, se interpreta como “subempleo relacionado con el tiempo” y se vincula a una mayor probabilidad de caer en la pobreza (Lee, McCann y Messenger, <xref ref-type="bibr" rid="CIT25">2008</xref>, p. 91 y p. 97). El indicador AROPE, que recoge el riesgo de pobreza y exclusi&#x00F3;n social entre la poblaci&#x00F3;n de la Uni&#x00F3;n Europea, pone de relieve que, adem&#x00E1;s de la pobreza de ingresos y de otras carencias materiales, la minimizaci&#x00F3;n de la jornada laboral tambi&#x00E9;n conduce a situaciones de penuria. Este indicador se&#x00F1;ala que se encuentran en riesgo de pobreza las personas de un hogar en el que sus miembros en edad laboral se emplean por menos del 20% del total de su potencial tiempo de trabajo (Instituto Nacional de Estad&#x00ED;stica, <xref ref-type="bibr" rid="CIT20">2012</xref>). De acuerdo con dicho indicador, el porcentaje de personas, de entre 0 y 59 a&#x00F1;os, que viven en Espa&#x00F1;a en hogares con baja intensidad de empleo fue de un 14,2% en 2012, una cifra solo superada por Croacia, el pa&#x00ED;s que m&#x00E1;s recientemente se ha incorporado a la Uni&#x00F3;n Europea.</p>

			<p>La temporalidad del empleo va unida a la precariedad en el caso del mercado laboral espa&#x00F1;ol; ambas configuran actualmente la norma social de empleo (Migu&#x00E9;lez y Prieto, <xref ref-type="bibr" rid="CIT27">2008</xref>). Autoras como Carrasquer y Torns (<xref ref-type="bibr" rid="CIT12">2007</xref>) y Torns (<xref ref-type="bibr" rid="CIT41">2011</xref>) han mostrado su particular incidencia en relaci&#x00F3;n con el empleo femenino. Desde esta perspectiva, se plantea que las pol&#x00ED;ticas de conciliaci&#x00F3;n, en tanto que no atienden a este contexto, estar&#x00E1;n llamadas a ser residuales, porque solo responden a las aspiraciones de una porci&#x00F3;n reducida del universo ocupacional. Los sectores de mayor ocupaci&#x00F3;n femenina, entre los que se encuentran la sanidad, el comercio, el empleo dom&#x00E9;stico, la limpieza, los cuidados a las personas y la restauraci&#x00F3;n, se encuentran entre los m&#x00E1;s sometidos a condiciones de flexibilidad en relaci&#x00F3;n con las jornadas y los horarios, por un lado, y con la estabilidad de los puestos de trabajo, por otro. Buena parte de los empleos de estos sectores son a tiempo parcial, sumergidos (como el servicio dom&#x00E9;stico), se realizan mediante jornadas fragmentadas (como el sector de cuidados a las personas, la limpieza, la hosteler&#x00ED;a y el comercio) o a turnos (como una proporci&#x00F3;n importante del sector sanitario). La participaci&#x00F3;n femenina en estos sectores agrupa pr&#x00E1;cticamente a la mitad de las mujeres ocupadas en Espa&#x00F1;a. Son las m&#x00E1;s proclives a sufrir pobreza de tiempo y de ingresos. </p>

			</sec>
		</sec>
		
		<sec id="S5">
			<title>5. DISPONIBILIDAD DE TIEMPO Y CUALIDAD DEL TIEMPO VIVIDO</title>

			<p>Hasta ahora se ha analizado la pobreza de tiempo y se ha mostrado c&#x00F3;mo las pol&#x00ED;ticas p&#x00FA;blicas, sociales y laborales tienen una fuerte influencia en la disponibilidad de tiempo de las personas, sobre todo en relaci&#x00F3;n con el trabajo dom&#x00E9;stico y las condiciones del empleo. La distribuci&#x00F3;n del tiempo viene determinada por la vida familiar y por las jornadas y los horarios laborales, por lo que las actuaciones para mejorar las carencias de tiempo y de ingresos deber&#x00ED;an ir orientadas en ambas direcciones; es decir, tanto atendiendo a la corresponsabilidad dom&#x00E9;stica como a la organizaci&#x00F3;n de los tiempos y las condiciones de trabajo, pero tambi&#x00E9;n, en relaci&#x00F3;n con ambas esferas, hacia la extensi&#x00F3;n y la mejora de los servicios p&#x00FA;blicos. </p>

			<p>Si bien la interrelaci&#x00F3;n entre ingresos y tiempo resulta pertinente para profundizar en las dimensiones de la pobreza, cabr&#x00ED;a establecer igualmente, en el polo opuesto, una conexi&#x00F3;n entre riqueza material y riqueza de tiempo. Como Reisch (<xref ref-type="bibr" rid="CIT34">2001</xref>) ha se&#x00F1;alado, entre ciertos profesionales con alto nivel de ingresos, disponer de tiempo libre puede constituir una aspiraci&#x00F3;n m&#x00E1;s importante que mejorar el nivel salarial o la capacidad de adquirir bienes materiales. Reducir el tiempo comprometido en tareas dom&#x00E9;sticas y el tiempo obligado del empleo es una aspiraci&#x00F3;n realizable para quienes pueden elegir, bien optando por la adquisici&#x00F3;n de bienes y servicios en el mercado o bien reduciendo su jornada laboral (y sus ingresos) para ganar tiempo.</p>

			<p>Las pol&#x00ED;ticas de conciliaci&#x00F3;n se han centrado principalmente en este &#x00FA;ltimo grupo poblacional, es decir, han considerado como ordinaria la situaci&#x00F3;n de profesionales y personas ocupadas con empleos de calidad, cuya situaci&#x00F3;n laboral les ofrece la posibilidad de elegir entre tiempo e ingresos sin poner en riesgo su estabilidad laboral. Sin embargo, han ignorado la realidad de los mercados laborales que imponen flexibilidad y temporalidad, al tiempo que impiden a los grupos de personas ocupadas m&#x00E1;s vulnerables elegir jornadas u horarios en funci&#x00F3;n de necesidades personales y familiares. Pero, como se&#x00F1;alaba Hochschild (<xref ref-type="bibr" rid="CIT18">1997</xref>), el espacio laboral dif&#x00ED;cilmente ofrece la posibilidad de elegir c&#x00F3;mo disponer del tiempo; por lo cual resulta fundamental desplegar pol&#x00ED;ticas p&#x00FA;blicas que tengan en cuenta el contexto de los mercados laborales, especialmente la situaci&#x00F3;n de las mujeres ocupadas, si, como se afirma, existe inter&#x00E9;s en mantener y fomentar la participaci&#x00F3;n laboral femenina (y masculina). Desde distintas posiciones se ha insistido en la necesidad de desarrollar pol&#x00ED;ticas sociales que atiendan la presi&#x00F3;n generada por el cuidado familiar, en especial entre las madres, particularmente cuando el mercado laboral presenta un horizonte de inseguridad (Wheelock, <xref ref-type="bibr" rid="CIT43">2001</xref>, pp. 179-180); porque el trabajo dom&#x00E9;stico y las tareas de cuidado constituyen el principal factor que limita el desempe&#x00F1;o de otras actividades fuera del hogar, entre ellas, el empleo (Razavi, <xref ref-type="bibr" rid="CIT33">2007</xref>, pp. 7-8).</p>

			<p>En esta l&#x00ED;nea argumental se sit&#x00FA;a la propuesta de J. Lewis (<xref ref-type="bibr" rid="CIT26">2006</xref>, p. 53), que parte de los avances que en este terreno han supuesto las pol&#x00ED;ticas de conciliaci&#x00F3;n implantadas en los pa&#x00ED;ses n&#x00F3;rdicos que, si bien han logrado mejoras considerables en la igualdad de g&#x00E9;nero, no han conseguido equiparar la distribuci&#x00F3;n del trabajo entre hombres y mujeres. Lewis plantea que las pol&#x00ED;ticas que promueven la extensi&#x00F3;n de los servicios p&#x00FA;blicos no son suficientes, por lo que es preciso que se combinen tambi&#x00E9;n con la distribuci&#x00F3;n de los recursos (ingresos) y la distribuci&#x00F3;n del tiempo entre mujeres y hombres. En su opini&#x00F3;n, tales pol&#x00ED;ticas deben contemplar: a) la asignaci&#x00F3;n de tiempos por g&#x00E9;nero, tanto en el empleo como en el trabajo de cuidados; b) la asignaci&#x00F3;n de recursos econ&#x00F3;micos que permita a sus destinatarios adquirir cuidados y recibir formaci&#x00F3;n; y c) la provisi&#x00F3;n de servicios para atender a menores y mayores demandantes de cuidados. Esta f&#x00F3;rmula requiere ser desplegada tanto en el &#x00E1;mbito del hogar como en el espacio p&#x00FA;blico y ello demanda un cambio en la organizaci&#x00F3;n presencial y extensiva de los tiempos de trabajo. Como puede verse, esta propuesta encierra un planteamiento integral que busca mover los pilares que sostienen la divisi&#x00F3;n del trabajo por g&#x00E9;nero.</p>

			<p>Los par&#x00E1;metros temporales que corresponden con esta orientaci&#x00F3;n de las pol&#x00ED;ticas descritas se dirigen a un horizonte que contempla, m&#x00E1;s que la cantidad, la cualidad del tiempo; una meta dif&#x00ED;cil de lograr si no es mediante una acci&#x00F3;n colectiva que consiga modificar las pautas del tiempo ordinario (Hochschild, <xref ref-type="bibr" rid="CIT18">1997</xref>), comprometido y obligado. L. A. Reisch (<xref ref-type="bibr" rid="CIT34">2001</xref>, p. 377) ahonda en esta dimensi&#x00F3;n a trav&#x00E9;s del concepto de ‘riqueza de tiempo’ (<italic>wealth in time</italic>), que encierra la idea de recuperar un tiempo de calidad construido desde m&#x00FA;ltiples dimensiones. Posteriormente Kilkey y Perrons (<xref ref-type="bibr" rid="CIT22">2010</xref>, p. 246) han recuperado este enfoque que han definido como un tiempo cualitativo, que va m&#x00E1;s all&#x00E1; de la posibilidad de disponer de abundante tiempo, en tanto que procura conjugar arm&#x00F3;nicamente los tiempos sociales, en el nivel individual, laboral y societal.</p>

			<p>Para L. A. Reisch (<xref ref-type="bibr" rid="CIT34">2001</xref>) ese tiempo de calidad deber&#x00ED;a cumplir con las siguientes condiciones: a) una dimensi&#x00F3;n cronom&#x00E9;trica: disponibilidad de tiempo para llevar a cabo las distintas actividades de la vida cotidiana de manera satisfactoria; b) una dimensi&#x00F3;n cronol&#x00F3;gica: distribuci&#x00F3;n del tiempo seg&#x00FA;n una sucesi&#x00F3;n acorde con los ritmos naturales, personales y sociales; c) autonom&#x00ED;a o soberan&#x00ED;a sobre el tiempo, con referencia especial a los tiempos del empleo; d) sincronizaci&#x00F3;n de los ritmos propios con los de los dem&#x00E1;s, familia, amigos, instituciones y servicios de la sociedad; y e) articulaci&#x00F3;n de las plurales dimensiones temporales y espaciales que intervienen y condicionan nuestra propia vida, una idea desarrollada por Adam (<xref ref-type="bibr" rid="CIT01">2004</xref>) mediante la noci&#x00F3;n de <italic>timescape</italic>.</p>

			<p>La observaci&#x00F3;n de estas dimensiones del tiempo y su necesaria articulaci&#x00F3;n colocan el factor temporal como eje fundamental para mejorar las capacidades individuales necesarias para conseguir mejorar la calidad de vida y el bienestar social. Sin embargo, como se ha visto en p&#x00E1;ginas anteriores, las caracter&#x00ED;sticas actuales del mercado laboral (espa&#x00F1;ol) hacen improbable el cumplimiento de la dimensi&#x00F3;n cronom&#x00E9;trica, incluso en casos de estabilidad laboral, pero con dif&#x00ED;cil acceso a medidas de conciliaci&#x00F3;n. Por el lado de los trabajadores precarios, en empleos at&#x00ED;picos y con privaci&#x00F3;n de tiempo, tanto la propiedad cronol&#x00F3;gica, como la sincronizaci&#x00F3;n, as&#x00ED; como la facultad de autonom&#x00ED;a sobre el tiempo quedan frenadas por las pautas de realizaci&#x00F3;n del trabajo, la incertidumbre y los riesgos sociales derivados del mercado laboral. Las consecuencias del actual marco normativo y de relaciones laborales ponen de manifiesto la necesidad de reconducir y de actuar, de manera articulada, en el &#x00E1;mbito del hogar, de las empresas y de las pol&#x00ED;ticas p&#x00FA;blicas.</p>

		</sec>
		
		<sec id="S6">
			<title>6. ALGUNAS NOTAS PARA CONTINUAR INVESTIGANDO Y DEBATIENDO</title>

			<p>La pobreza de tiempo se expresa a partir de una elevada dedicaci&#x00F3;n a actividades dom&#x00E9;sticas, lo que condiciona otras ocupaciones de la vida diaria. La producci&#x00F3;n dom&#x00E9;stica absorbe un tiempo que queda comprometido por la realizaci&#x00F3;n de distintas actividades b&#x00E1;sicas para la alimentaci&#x00F3;n y el cuidado de los miembros de la familia. El tiempo destinado al trabajo dom&#x00E9;stico compromete otras actividades sociales como la disponibilidad para el trabajo remunerado, la formaci&#x00F3;n y el tiempo libre, entre otros. Cuando la dedicaci&#x00F3;n al trabajo dom&#x00E9;stico es alta y el empleo ocupa todo el tiempo restante se produce d&#x00E9;ficit de tiempo. La disponibilidad de ingresos altos posibilita compensar la carencia de tiempo para la producci&#x00F3;n dom&#x00E9;stica con servicios comprados en el mercado. En los casos en los que los ingresos no permiten la adquisici&#x00F3;n de productos y servicios, la escasez de tiempo se suma a la pobreza de ingresos. Es en estos casos cuando se ve necesario promover la responsabilidad del Estado, como agente redistribuidor, capaz de compensar las situaciones de desigualdad y pobreza.</p>

			<p>Los an&#x00E1;lisis de pobreza en relaci&#x00F3;n con el tiempo disponible parten de la consideraci&#x00F3;n de la producci&#x00F3;n dom&#x00E9;stica, y del tiempo comprometido en ella, como el eje sobre el que se pliegan otros tiempos sociales, lo que de alguna manera supone un giro en relaci&#x00F3;n con los an&#x00E1;lisis temporales que se basan en las encuestas de uso del tiempo, donde la clasificaci&#x00F3;n de actividades y los resultados que se obtienen se jerarquizan tomando como base el tiempo obligado del empleo.</p>

			<p>El empleo ha sido tradicionalmente un factor de integraci&#x00F3;n social; sin embargo, esta caracter&#x00ED;stica est&#x00E1; cambiando, dado el car&#x00E1;cter precario que acompa&#x00F1;a a buena parte de las ocupaciones actuales. Cuando se produce baja intensidad de empleo, las personas y los miembros del hogar con quienes conviven pueden verse abocados a la pobreza. El alargamiento de las jornadas puede provocar d&#x00E9;ficit temporal porque los trabajadores no disponen de tiempo para el descanso y el ocio, pero el encogimiento de las mismas, hasta extremos de subempleo, no permite obtener ingresos suficientes para vivir dignamente. Adem&#x00E1;s, la flexibilidad contractual, la excesiva flexibilidad de la jornada, la fragmentaci&#x00F3;n horaria y la plena disponibilidad generan privaci&#x00F3;n de tiempo, impiden tener soberan&#x00ED;a sobre el tiempo propio y para organizarlo en funci&#x00F3;n de expectativas personales y de relaciones sociales. </p>

			<p>El dise&#x00F1;o y la aplicaci&#x00F3;n de pol&#x00ED;ticas p&#x00FA;blicas que relacionen los tiempos de trabajo con el principio de igualdad se perfila como la &#x00FA;nica garant&#x00ED;a que puede contrarrestar la pobreza de ingresos y de tiempo que afecta a los grupos de poblaci&#x00F3;n socialmente vulnerables. As&#x00ED;, la corresponsabilidad dom&#x00E9;stica, la organizaci&#x00F3;n pactada de los tiempos de trabajo y la accesibilidad a servicios sociales ser&#x00ED;an los pilares necesarios para poder articular los tiempos sociales. De manera resumida, tiempo, dinero y servicios son los elementos que pueden facilitar la mejora de la calidad de vida de los sectores m&#x00E1;s desfavorecidos de la poblaci&#x00F3;n.</p>

			<p>A partir de lo recogido en este texto se abren algunas l&#x00ED;neas de investigaci&#x00F3;n que invitan a continuar estudiando. Por una parte, parece relevante avanzar en an&#x00E1;lisis emp&#x00ED;ricos que pongan de manifiesto la relaci&#x00F3;n existente entre tiempo e ingresos, desde una perspectiva comparativa entre distintos estratos sociales, as&#x00ED; como entre distintos pa&#x00ED;ses. Por otra parte, resulta necesario obtener datos que permitan diferenciar entre la situaci&#x00F3;n de las familias, seg&#x00FA;n su composici&#x00F3;n y tambi&#x00E9;n seg&#x00FA;n la situaci&#x00F3;n de los miembros de las mismas, en especial, comprobar c&#x00F3;mo afecta la pobreza a las personas que las componen. Por &#x00FA;ltimo, las investigaciones sobre pobreza y riqueza de tiempo sugieren nuevos enfoques para avanzar la articulaci&#x00F3;n emp&#x00ED;rica de las cinco dimensiones temporales que se&#x00F1;ala Reisch (dimensi&#x00F3;n cronom&#x00E9;trica, dimensi&#x00F3;n cronol&#x00F3;gica, autonom&#x00ED;a y soberan&#x00ED;a sobre el tiempo, sincronizaci&#x00F3;n y articulaci&#x00F3;n), en distintos contextos locales y en distintos pa&#x00ED;ses. </p>
		</sec>
		
	</body>
	
	
	<back>
	
		<sec id="notas">
			<title>NOTAS</title>
		
			<fn-group>
				<fn id="NOTE1"><label>1</label>
					<p>Sistema de organizaci&#x00F3;n del trabajo basado en la divisi&#x00F3;n de tareas y la maximizaci&#x00F3;n del tiempo. H. Ford extendi&#x00F3; este modelo laboral en los talleres de fabricaci&#x00F3;n de autom&#x00F3;viles mediante el trabajo en cadena.</p>
				</fn>
			</fn-group>
		</sec>
				
		<ref-list>
			<title>BIBLIOGRAF&#x00CD;A</title>
				
			<ref id="CIT01">
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
					  <surname>Adam</surname>
					  <given-names>B.</given-names>	  
				  </name>
			  </person-group>
			  <year>2004</year>
			  <source>Time</source>
			  <publisher-loc>Cambridge</publisher-loc>
			  <publisher-name>Polity Press</publisher-name>
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