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				<journal-title>ARBOR Ciencia, Pensamiento y Cultura</journal-title>
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			<issn pub-type="epub">0210-1963</issn>
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				<publisher-name>Consejo Superior de Investigaciones Cient&#x00ED;ficas</publisher-name>
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				<subject>VARIA / VARIA</subject>
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				<article-title>Johann G. Herder: perfil intelectual de un ilustrado radical</article-title>
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					<trans-title>Johann G. Herder: intellectual profile of an illuminated radical</trans-title>
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				<alt-title alt-title-type="running-head">Johann G. Herder: perfil intelectual de un ilustrado radical</alt-title>
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			<volume>193</volume>
			<issue>784</issue>
			
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				<title>RESUMEN</title>
				<p>Los or&#x00ED;genes intelectuales del nacionalismo y de su idea de cultura hallan en la obra del pensador alem&#x00E1;n Johann G. Herder (1744-1803) una referencia ineludible. Herder propuso una versi&#x00F3;n de la Ilustraci&#x00F3;n contraria a la <italic>oficial</italic>, cr&#x00ED;tica con las pol&#x00ED;ticas del reformismo burocr&#x00E1;tico del absolutismo y con el racionalismo filos&#x00F3;fico kantiano. La versi&#x00F3;n de la Ilustraci&#x00F3;n de Herder participa de un sentido de la historia abierto a la diversidad cultural. La lengua y la cultura emergen del planteamiento de Herder como las cifras de un mundo popular ut&#x00F3;picamente imaginado de espaldas a la l&#x00F3;gica del poder mon&#x00E1;rquico y aristocr&#x00E1;tico. La idea nacionalista de cultura elaborada por el pensador alem&#x00E1;n nos obliga a reconsiderar, de una manera cr&#x00ED;tica, los or&#x00ED;genes rom&#x00E1;nticos del nacionalismo.</p>
			</abstract>
			
									
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				<title>ABSTRACT</title>
				<p>The intellectual origins of Nationalism and its idea of Culture found an unavoidable reference in Johann G. Herder’s work (1744-1803). Herder put forward an approach to Enlightenment contrary to the <italic>official one</italic>, critical of the policies of bureaucratic Reformism of Absolutism and Kantian Philosophical Rationalism. Herder’s take on Enlightenment holds a sense of History open to cultural diversity. Language and Culture emerge from Herder’s approach as the codes of a people’s world conceived of in a utopian way, beyond the logic of monarchic and aristocratic power. The nationalist idea of culture developed by the German thinker makes us reconsider, in a critical way, the Romantic origins of Nationalism.</p>
			</trans-abstract>
			
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				<title>PALABRAS CLAVE</title>
				<kwd>cultura</kwd>
				<kwd>nacionalismo</kwd>
				<kwd>Ilustraci&#x00F3;n</kwd>
				<kwd>absolutismo</kwd>
				<kwd>lengua</kwd>
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				<title>KEYWORDS</title> 			
				<kwd>culture</kwd>	
				<kwd>Nationalism</kwd>
				<kwd>Enlightenment</kwd>
				<kwd>Absolutism</kwd>
				<kwd>language</kwd>
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		<sec id="S1">
			<title>1. UN REFORMADOR DE LA HUMANIDAD</title>

			<p>Johann Gottfried Herder (1744-1803), pensador alem&#x00E1;n nacido en la Prusia oriental en una familia de escasos recursos y fe pietista, constituye el eje alrededor del cual proponemos esta indagaci&#x00F3;n sobre los or&#x00ED;genes intelectuales de la ideolog&#x00ED;a nacionalista. Su defensa de la singularidad de los pueblos y culturas, su visi&#x00F3;n del lenguaje como elemento clave de la identidad cultural, su cr&#x00ED;tica acerba del racionalismo ilustrado, que tanta repercusi&#x00F3;n ha tenido en la cr&#x00ED;tica actual de la globalizaci&#x00F3;n como forma estandarizada de vida, su humanitarismo pacifista y, en fin, su propia condici&#x00F3;n de intelectual impaciente, insatisfecho y marginal en un mundo que le dio la espalda hacen de &#x00E9;l una atalaya privilegiada para entender el fen&#x00F3;meno nacionalista en sus or&#x00ED;genes. </p>

			<p>No pretendo decir que el nacionalismo saliese completamente formado y definido de la cabeza de Herder, sino que, en torno a este autor, a su &#x00E9;poca, ideas y personalidad, los elementos constitutivos del nacionalismo empezaron a girar y combinarse de una manera que dej&#x00F3; huella. El pensador alem&#x00E1;n fue una aut&#x00E9;ntica <italic>esponja</italic> que absorbi&#x00F3;, sin demasiado orden y con demasiada urgencia, el cambiante y efervescente mundo intelectual de su &#x00E9;poca. Esa segunda mitad del siglo XVIII que, en una Alemania donde, a diferencia de Francia y Gran Breta&#x00F1;a, no se hab&#x00ED;a producido la unidad nacional, vio desplegarse trayectorias tan deslumbrantes como las de un Lessing, un Hamann, un Goethe, un Kant o un Schiller. Herder se insert&#x00F3; en el vuelo de estas trayectorias y busc&#x00F3; su lugar al sol. Estudi&#x00F3; con el Kant precr&#x00ED;tico en el K&#x00F6;nisberg de los a&#x00F1;os 60 y mantuvo una larga amistad con &#x00E9;l, enturbiada al final por diferencias intelectuales irreconciliables. Tambi&#x00E9;n en K&#x00F6;nisberg conoci&#x00F3; y admir&#x00F3; a Johann Georg Hamann, llamado el <italic>Mago del Norte</italic> por su saber y escritura esot&#x00E9;rica y religiosa, con los que se opon&#x00ED;a airadamente a la fe ilustrada en una raz&#x00F3;n emancipada. En el Estrasburgo de comienzos de los a&#x00F1;os 70, trab&#x00F3; relaci&#x00F3;n con un joven Goethe, al que deslumbraron los infinitos conocimientos literarios y filos&#x00F3;ficos de Herder y que ayud&#x00F3; a este a obtener el puesto de Superintendente de Escuelas, Pastor principal y Predicador de la Corte en Weimar. </p>

			<p>Herder form&#x00F3; parte de esa constelaci&#x00F3;n de pensadores alemanes que, en la segunda mitad del siglo XVIII, revolucionaron el panorama europeo. El nacionalismo surge as&#x00ED; de una obra inserta en el proceso de alumbramiento de la filosof&#x00ED;a cr&#x00ED;tica, del idealismo, del romanticismo, etc&#x00E9;tera. En este sentido, quiz&#x00E1;s sin saberlo y en una ominosa segunda fila respecto de los autores nombrados, Herder hizo su contribuci&#x00F3;n a aquella revoluci&#x00F3;n. Para ello, fue capaz de absorber un n&#x00FA;mero llamativo de novedosas tendencias intelectuales y recrearlas a su modo y manera, de tal forma que semejante recreaci&#x00F3;n le llev&#x00F3; a ser un autor enciclop&#x00E9;dico donde conviv&#x00ED;an especialidades hoy separadas. Herder fue fil&#x00F3;logo, cr&#x00ED;tico literario, historiador de la literatura, estudioso del folklore, fil&#x00F3;sofo, antrop&#x00F3;logo, te&#x00F3;logo y Pastor luterano. Esta precisi&#x00F3;n resulta importante para comprender que el nacionalismo inici&#x00F3; su andadura en un mundo en el que prevalec&#x00ED;an cualificaciones no tan mostrencamente acad&#x00E9;micas ni especializadas como las actuales, sino de m&#x00E1;s altos vuelos. No se trataba, entonces, de ser un cr&#x00ED;tico literario que escribiese en revistas ultraminoritarias o un historiador de la literatura entregado a la elaboraci&#x00F3;n de infumables tratados con millones de notas al pie, sino de ser un cr&#x00ED;tico y un historiador para reformar a la humanidad. Este tono moralizante, reformista y, en fin, ideol&#x00F3;gico de la enciclop&#x00E9;dica obra herderiana nos habla no solo de su concepci&#x00F3;n ilustrada del saber como v&#x00ED;a de perfeccionamiento moral y social, sino de una actitud rebelde e inconformista que se sirve del estudio y la erudici&#x00F3;n para remediar los males existentes.</p>

			<p>No conviene olvidar que Herder, junto con Goethe y otros j&#x00F3;venes airados, fue uno de los impulsores del movimiento prerrom&#x00E1;ntico alem&#x00E1;n conocido como <italic>Sturm und Drang</italic> (Tempestad y empuje). Movimiento que se alzaba contra el filiste&#x00ED;smo burgu&#x00E9;s de los sentimientos convencionales e hip&#x00F3;critas y propugnaba una existencia pura y aut&#x00E9;ntica de pasiones naturales no traicionadas por los artificios sociales. La profunda visi&#x00F3;n hist&#x00F3;rica de Herder, que tanto influir&#x00E1; en el nacionalismo posterior, de un mundo de diversidad cultural respetuoso con la identidad originaria de cada pueblo y naci&#x00F3;n surge de una revuelta contra la sociedad establecida. Los j&#x00F3;venes airados del <italic>Sturm und Drang</italic> crearon una literatura subversiva y tr&#x00E1;gica donde la escisi&#x00F3;n entre el alma bella y la realidad corrupta no se curaba mediante ning&#x00FA;n paliativo, haciendo del suicidio una posibilidad siempre presente. Herder, en sentido estricto, fue un subversivo, un Pastor que lanz&#x00F3; recriminatorias y agudas homil&#x00ED;as en su obra contra la alianza entre pr&#x00ED;ncipes, nobles y fil&#x00F3;sofos, contra ese reformismo ilustrado, tan emparentado en su cabeza con Federico II de Prusia y el Kant <italic>cr&#x00ED;tico</italic>, que minaba las bases de una sociedad natural, identitariamente pura, de un <italic>Volk</italic> incontaminado por las sofistiquer&#x00ED;as filos&#x00F3;ficas de los intelectuales y el elitismo, militarismo y burocratismo de los gobernantes. </p>

			<p>Esta impronta subversiva, de cr&#x00ED;tica del <italic>statu quo</italic>, que Herder identificada con el despotismo ilustrado de su tiempo, con el plan de reformas de una monarqu&#x00ED;a ajena a lo popular como clave de autenticidad social, dejar&#x00E1; indudablemente su huella en el nacionalismo. Y originar&#x00E1; ese hecho tan desconcertante para algunos de c&#x00F3;mo las &#x00E9;lites nacionalistas, subyugadas por un Estado central tildado de opresor, son capaces de manejar <italic>a la vez</italic> la cr&#x00ED;tica m&#x00E1;s despiadada de lo establecido con la defensa de un nuevo <italic>statu quo</italic>, el de un Estado-naci&#x00F3;n urdido con los mimbres de la vieja y acostumbrada pol&#x00ED;tica de los poderosos.</p>

			<p>Herder, que nada tiene que ver con aquellas &#x00E9;lites, salvo que les prepar&#x00F3; el brebaje que consumir&#x00ED;an con delectaci&#x00F3;n, era un ingenuo, un reformador bienintencionado de la humanidad, un ilustrado radical y ut&#x00F3;pico. Pero esa ingenuidad, bondad y humanitarismo, por los elementos involucrados en su satisfacci&#x00F3;n, tendr&#x00ED;an un destino hist&#x00F3;rico inesperado ya que lo que, en su origen, fue una utop&#x00ED;a emancipatoria termin&#x00F3; engendrando una pol&#x00ED;tica de dominaci&#x00F3;n. Y aqu&#x00ED; la idea de cultura, tal y como fue configurada por Herder aprovechando la inagotable imaginaci&#x00F3;n intelectual de la segunda mitad del siglo XVIII, jug&#x00F3; un papel decisivo y explosivo.</p>

		</sec>
		
		
		<sec id="S2">
			<title>2. UN IDE&#x00D3;LOGO DE LA IDENTIDAD</title>

			<p>La perspectiva desde la que abordo el fen&#x00F3;meno nacionalista lo considera una <italic>idea</italic> fruto de determinadas <italic>decisiones intelectuales</italic> m&#x00E1;s o menos conscientes del parto al que estaban dando lugar. Decisiones que, en el caso de Herder, se relacionan espec&#x00ED;ficamente con la construcci&#x00F3;n ideol&#x00F3;gica de la identidad alemana. Aquel puso su erudici&#x00F3;n al servicio de un fin pol&#x00ED;tico, fue un <italic>ide&#x00F3;logo de la identidad</italic> que, desde lo literario y cultural y en una escala hist&#x00F3;rica y antropol&#x00F3;gica universal, estableci&#x00F3; las bases de un <italic>Volk</italic> alem&#x00E1;n confrontado con el mal ejemplo del cosmopolitismo franc&#x00E9;s e inspirado en la coherencia y unidad del <italic>Volk</italic> jud&#x00ED;o y griego. </p>

			<p>La empresa intelectual de Herder resulta relevante para el nacionalismo en tanto abordamos este como idea. Pues aquel involucr&#x00F3; en tal empresa una <italic>insatisfacci&#x00F3;n pol&#x00ED;tica</italic> de partida que ti&#x00F1;&#x00F3; su <italic>odisea cultural por la historia universal</italic> de un neto color ideol&#x00F3;gico. En 1769, un Herder que vive inmerso en pleno proceso de reinvenci&#x00F3;n personal dice de s&#x00ED; mismo que “no estaba satisfecho como miembro social. No como maestro de escuela. Me hallaba insatisfecho como ciudadano. Me hallaba, por fin, insatisfecho como autor”.</p>

			<p>Herder, en ese a&#x00F1;o crucial, se arrepiente de toda una formaci&#x00F3;n que lo convirti&#x00F3; en un “tintero de cultura sabihonda”, en “un estante que solo pertenece al cuarto de estudio” y que lo apart&#x00F3; de “conocer por extenso el mundo, los hombres, las sociedades, las mujeres, el placer”. Este lamento le hace exclamar: “¿Cu&#x00E1;ndo llegar&#x00E9; a destruir en m&#x00ED; cuanto he aprendido y a descubrir por m&#x00ED; mismo lo que pienso, lo que aprendo y lo que creo?”.</p>

			<p>Para lograr ese objetivo, se apremia a elevarse “por encima de las discusiones y m&#x00E9;ritos librescos”, a consagrarse “al provecho y a la formaci&#x00F3;n del mundo vivo”. En un ejercicio sorprendente de autoconciencia, que tan bien evoca el esp&#x00ED;ritu inconformista del <italic>Sturm und Drang</italic>, dice que “la insignificancia de tu educaci&#x00F3;n, la esclavitud de tu pa&#x00ED;s, la inestabilidad de tu carrera, te han limitado de tal manera, te han envilecido tanto, que ya no te conoces” (Herder, <xref ref-type="bibr" rid="CIT07">1982</xref>).</p>

			<p>En estos fragmentos, ya est&#x00E1; entero el Herder cuya insatisfacci&#x00F3;n personal consigo mismo y el mundo le impulsar&#x00E1; a emprender su particular viaje de la impaciencia a la tierra so&#x00F1;ada de un <italic>Volk</italic> liberado de excrecencias librescas, pedanter&#x00ED;a filos&#x00F3;fica y servilismo hip&#x00F3;crita. El Herder del que Isaiah Berlin afirma que era “un hombre susceptible, resentido, competitivo, infeliz, que necesitaba apoyo moral y elogios, neur&#x00F3;tico, pedante, dif&#x00ED;cil, suspicaz y, a menudo, insoportable” (Berlin, <xref ref-type="bibr" rid="CIT02">2000</xref>).</p>

			<p>Goethe trab&#x00F3; relaci&#x00F3;n con Herder en el Estrasburgo de 1770, donde el segundo hab&#x00ED;a llegado como maestro y predicador de viaje de un joven pr&#x00ED;ncipe. En <italic>Poes&#x00ED;a y verdad</italic>, escrita muchos a&#x00F1;os despu&#x00E9;s, Goethe se&#x00F1;ala “la aversi&#x00F3;n al agradecimiento” caracter&#x00ED;stica de “hombres notables”. “Herder –dice Goethe- amargaba continuamente sus mejores d&#x00ED;as a s&#x00ED; mismo y a los dem&#x00E1;s ya que en su madurez no supo moderar con la fuerza de su esp&#x00ED;ritu todo aquel despecho que hab&#x00ED;a tenido que embargarlo durante su juventud” (Goethe, <xref ref-type="bibr" rid="CIT06">1999</xref>).</p>

			<p>La ansiedad de Herder recuerda vivamente al Rousseau que no soportaba la vida de los salones ni, en general, esa sociabilidad del trato educado donde el parecer prevalece sobre el ser, tan definitoria del mundo de la Ilustraci&#x00F3;n. Herder afirma que “en las amistades y en sociedad: inoportuno temor previo o demasiadas expectativas de los dem&#x00E1;s, lo primero me paraliza de entrada, lo segundo me induce al error y me hace rid&#x00ED;culo” (Herder, <xref ref-type="bibr" rid="CIT07">1982</xref>).</p>

			<p>El gran Lichtenberg, contempor&#x00E1;neo de Herder, tiene un aforismo memorable donde nos previene contra esos autores que, por hablar con <italic>lengua de &#x00E1;ngel</italic>, lo ven todo en todo. Esta manera sublime de enfrentarse al mundo y, sobre todo, pensarlo y escribirlo es la propia de Herder. El cual, como cr&#x00ED;tico literario y como fil&#x00F3;sofo de la historia, como predicador y antrop&#x00F3;logo, como te&#x00F3;rico del lenguaje y como estudioso del folklore, siempre habl&#x00F3; con <italic>lengua de &#x00E1;ngel</italic>, lo que fue una de las causas de que Kant le lanzase m&#x00E1;s de un sarcasmo. El sentimiento de lo sublime “orienta mi amor, mi odio, mi admiraci&#x00F3;n, mi sue&#x00F1;o sobre la felicidad y la desgracia, mi proyecto de vida en el mundo, mi expresi&#x00F3;n, mi estilo, mis modales, mi fisonom&#x00ED;a, mi conversaci&#x00F3;n, mi ocupaci&#x00F3;n, todo” (Herder, <xref ref-type="bibr" rid="CIT07">1982</xref>).</p>

			<p>La insatisfacci&#x00F3;n de Herder, su malestar, provoca que lo identitario, la cultura nacional, no se tramita en su obra como una mera pasi&#x00F3;n de anticuario, como un asunto meramente erudito inocente en t&#x00E9;rminos pol&#x00ED;ticos. Herder se sab&#x00ED;a inmerso en una lucha ideol&#x00F3;gica contra el afrancesado y cosmopolita racionalismo ilustrado y contra su plasmaci&#x00F3;n pol&#x00ED;tica en la forma del reformismo mon&#x00E1;rquico. Lucha que le llevar&#x00E1;, como a su amigo Hamann, a proponer un concepto alternativo, sublime, radical de Ilustraci&#x00F3;n. </p>

			<p>Es esa conciencia de participar en una batalla intelectual y pol&#x00ED;tica, de entender que su obra posee, en &#x00FA;ltima instancia, un cariz ideol&#x00F3;gico, la que permite establecer una relaci&#x00F3;n entre Herder y el nacionalismo. Y ello a pesar de que el nacionalismo del pensador alem&#x00E1;n posea unas caracter&#x00ED;sticas que lo distancian del nacionalismo posterior. </p>

			<p>Mi punto de vista choca con dos visiones centrales en los estudios sobre Herder y el nacionalismo, las de Isaiah Berlin y Ernest Gellner. </p>

			<p>Berlin niega el v&#x00ED;nculo entre Herder y el nacionalismo despolitizando la exploraci&#x00F3;n identitaria del autor alem&#x00E1;n y present&#x00E1;ndola como una exploraci&#x00F3;n sin relevancia ideol&#x00F3;gica, puramente erudita y sentimental (Berlin, <xref ref-type="bibr" rid="CIT02">2000</xref>). Al respecto, creo que una cosa es hablar de la <italic>ingenuidad ut&#x00F3;pica</italic> de Herder a la hora de elaborar su idea redentora de cultura y otra muy diferente despojar esa ingenuidad de su neto y expl&#x00ED;cito sentido pol&#x00ED;tico en su cr&#x00ED;tica del racionalismo y reformismo ilustrados. Aunque el nacionalismo posterior fuese, como artefacto pol&#x00ED;tico, todo menos ingenuo y tolerante, ello no es &#x00F3;bice para que un nacionalismo como el de Herder asumiese un rango ideol&#x00F3;gico de primer orden dentro del amplio campo de la “Ilustraci&#x00F3;n radical”, por utilizar la expresiva f&#x00F3;rmula de Jonathan Israel (Israel, <xref ref-type="bibr" rid="CIT10">2012</xref>). Campo abonado al humanitarismo y al igualitarismo donde despuntan figuras de tanta relevancia como Emmanuel Siey&#x00E8;s, Thomas Paine y William Godwin. Todos ellos part&#x00ED;cipes antes y durante la revoluci&#x00F3;n francesa en la proposici&#x00F3;n te&#x00F3;rica de una sociedad posaristocr&#x00E1;tica e igualitaria. Proposici&#x00F3;n en la que, desde una perspectiva cultural e identitaria, particip&#x00F3; Herder como un radical m&#x00E1;s.</p>

			<p>Gellner sit&#x00FA;a el nacionalismo en la &#x00F3;rbita del Estado y su din&#x00E1;mica de unificaci&#x00F3;n ling&#x00FC;&#x00ED;stica y cultural en sociedades transformadas por la divisi&#x00F3;n del trabajo (Gellner, <xref ref-type="bibr" rid="CIT05">1988</xref>). Sin desdecir la verosimilitud de este punto de vista, yo defender&#x00ED;a que el nacionalismo apunta a determinados autores cuyas decisiones intelectuales contribuyeron a forjarlo como idea. Detr&#x00E1;s de esta idea no solo hay Estados &#x00E1;vidos de legitimidad y control sociales, sino tambi&#x00E9;n intelectuales impacientes por el despertar de sus pueblos. De ah&#x00ED; que el conocimiento de aquellas decisiones, y no &#x00FA;nicamente de determinados procesos modernizadores, pueda iluminar en parte un fen&#x00F3;meno tan polimorfo y arcano como el nacionalista. Lo que implica que las ideas, y los prop&#x00F3;sitos, sentimientos, expectativas, luchas e insatisfacciones asociados a ellas, son realidades de la historia que, al igual que la divisi&#x00F3;n del trabajo o el sistema educativo orquestado por el Estado para unificar ling&#x00FC;&#x00ED;sticamente a una poblaci&#x00F3;n, deben tenerse en cuenta.</p>

			<p>Mi noci&#x00F3;n del nacionalismo conecta con la intuici&#x00F3;n de Elie Kedourie en su breve y enjundioso libro sobre el tema. Kedourie lo entiende como un “producto del pensamiento” alem&#x00E1;n del siglo XVIII que ejemplifica la patolog&#x00ED;a de un <italic>estilo pol&#x00ED;tico</italic> de car&#x00E1;cter est&#x00E9;tico-filos&#x00F3;fico. Su aproximaci&#x00F3;n al nacionalismo como un tipo de pol&#x00ED;tica filos&#x00F3;fica y rom&#x00E1;ntica, como un delirio pol&#x00ED;tico motivado por el anhelo metaf&#x00ED;sico de autodeterminaci&#x00F3;n, la asumo como referente de mi indagaci&#x00F3;n. Con lo que esta ser&#x00ED;a, en el fondo, una reflexi&#x00F3;n, m&#x00E1;s que sobre Herder y el nacionalismo, sobre los efectos perversos que tiene hacer girar la pol&#x00ED;tica en la &#x00F3;rbita de algo tan indeterminado como <italic>lo cultural</italic>. El nacionalismo constituye uno de esos efectos. El elitismo nietzscheano, otro. Pues una pol&#x00ED;tica inspirada por la idea del <italic>Volk</italic> incontaminado de los or&#x00ED;genes o por la del <italic>Genio</italic> que utiliza a los infrahombres para sus propios fines de autorrealizaci&#x00F3;n respira por los mismos poros de una transparencia cultural ominosa y absoluta. La cultura como salvoconducto filos&#x00F3;fico de una pol&#x00ED;tica carente de l&#x00ED;mites al servicio de cualquier abuso propagand&#x00ED;stico. Es decir, la cultura como medio de ocultamiento, de sublimaci&#x00F3;n est&#x00E9;tica, de la realidad del poder. Lo que faculta a las &#x00E9;lites pol&#x00ED;ticas detentadoras de la legitimidad cultural, sea la del <italic>Volk</italic> o la del <italic>Genio</italic> o ambas a la vez en mezcla inaudita, pero hist&#x00F3;ricamente real, para practicar sin restricci&#x00F3;n la barbarie de la virtud.</p>

			<p>Kedourie dice que “revestir los problemas de poder con una terminolog&#x00ED;a religiosa o est&#x00E9;tica puede conducir a una confusi&#x00F3;n enga&#x00F1;osa y peligrosa”. En virtud de tal revestimiento, “no son los fil&#x00F3;sofos quienes se convierten en reyes, sino los reyes quienes logran servirse de la filosof&#x00ED;a para sus fines”. La pol&#x00ED;tica, para los creadores como Herder de la idea nacionalista, era “una llave de oro que franqueaba la entrada a reinos de f&#x00E1;bula”, un medio para saciar la “sed metaf&#x00ED;sica”, un “mundo interior” donde “el l&#x00ED;mite entre literatura y vida” se halla completamente desdibujado (Kedourie, <xref ref-type="bibr" rid="CIT12">1985</xref>).</p>

		</sec>
		
		
		<sec id="S3">
			<title>3. LOS SIGNIFICADOS DE LA CULTURA </title>

			<p>Herder utiliza el t&#x00E9;rmino <italic>cultura</italic> de un modo diferente del predominante en su &#x00E9;poca. No en relaci&#x00F3;n con el mundo civilizado y la sofisticaci&#x00F3;n intelectual, sino como elemento variable y diferenciador de un amplio espectro de actividades humanas. Sobre todo, seg&#x00FA;n uno de los m&#x00E1;s agudos int&#x00E9;rpretes del pensamiento pol&#x00ED;tico herderiano, F. M. Barnard, el autor alem&#x00E1;n estar&#x00ED;a interesado en la convivencia equilibrada de las diversas culturas sociales de un <italic>Volk</italic> (Barnard, <xref ref-type="bibr" rid="CIT01">1967</xref>). Dice al respecto el propio Herder: “¿Qu&#x00E9; pueblo hay en la tierra que no tenga cultura propia?” (Herder, <xref ref-type="bibr" rid="CIT09">2002</xref>).</p>

			<p>El t&#x00E9;rmino cultura carece de una determinaci&#x00F3;n clara, aunque de las palabras de Herder se desprenden dos ideas asociadas con &#x00E9;l:</p>

			<p>Una, que forma parte de la experiencia hist&#x00F3;rica de los pueblos en que la humanidad se ha organizado a lo largo del tiempo.</p>

			<p>Otra, que contrasta en su sentido hist&#x00F3;rico y antropol&#x00F3;gico con la versi&#x00F3;n unilateral y etnoc&#x00E9;ntrica del mismo suministrada por esa Europa ilustrada que desprecia Herder.</p>

			<p>La cultura de la que habla el autor alem&#x00E1;n no es la de la filosof&#x00ED;a ni la de los salones, la de ese mundo elitista y cosmopolita de origen franc&#x00E9;s que Federico el Grande se empe&#x00F1;&#x00F3; en importar a Berl&#x00ED;n gracias a su amistad con un Voltaire o un Mapertuis. Herder reaccion&#x00F3; furibundamente en 1769 contra esta atm&#x00F3;sfera de literatos y fil&#x00F3;sofos que, pregonando la autonom&#x00ED;a de la raz&#x00F3;n, se olvidaban de las ra&#x00ED;ces populares del pensamiento y la literatura y establec&#x00ED;an un r&#x00E9;gimen cultural tutelado por la monarqu&#x00ED;a. Su reacci&#x00F3;n afecta no solo a dicho r&#x00E9;gimen, sino a las estructuras profundas del Antiguo R&#x00E9;gimen; en concreto, a un reformismo de inspiraci&#x00F3;n ilustrada, desp&#x00F3;tico y racionalista al mismo tiempo, cuyo burocratismo uniformador, activo militarismo y arrogante elitismo amenazaban con secar las fuentes populares. Conduciendo as&#x00ED; a una sociedad de fil&#x00F3;sofos engre&#x00ED;dos y bur&#x00F3;cratas dominantes sin espacio para el abigarrado y colorido mundo de las costumbres, tradiciones y oficios del <italic>Volk</italic>.</p>

			<p>Cultura evoca, en Herder, un acto de insumisi&#x00F3;n respecto del <italic>statu quo</italic> definitorio de un cierto despotismo ilustrado, que se identifica principalmente con la Francia y la Prusia de la segunda mitad del siglo XVIII. Acto radical desenmascarador de la mentira ilustrada, de la espuria alianza entre pr&#x00ED;ncipes, nobles y fil&#x00F3;sofos, orientado al restablecimiento de un <italic>Volk</italic> puro. Los or&#x00ED;genes de este, objeto de atenci&#x00F3;n universal por parte del Herder estudioso de las canciones y el folklore de los pueblos antiguos, se convierten en una ecuaci&#x00F3;n ideol&#x00F3;gica donde el tradicionalismo m&#x00E1;s arraigado sirve de punta de lanza para un desaf&#x00ED;o radical al orden vigente. </p>

			<p>Esta uni&#x00F3;n entre tradicionalismo y progresismo, este uso del pasado popular no para consagrar el <italic>statu quo</italic> sino para desafiarlo palpitan en el fondo de la filosof&#x00ED;a de la historia herderiana y contribuyen a fijar, dentro de unas coordenadas ideol&#x00F3;gicas determinadas, su idea de cultura. Quiz&#x00E1;s podamos entender as&#x00ED; hechos tan sorprendentes del nacionalismo como el car&#x00E1;cter subversivo de su canto de los or&#x00ED;genes, la utilizaci&#x00F3;n estrat&#x00E9;gica del pasado como una v&#x00ED;a aut&#x00E9;nticamente revolucionaria de conquista del porvenir. Pues tanto Herder como los nacionalistas posteriores ten&#x00ED;an muy claro que su objetivo al ensalzar las virtudes ancestrales del <italic>Volk</italic> no era el mero desahogo l&#x00ED;rico, sino una profunda y devastadora cr&#x00ED;tica de lo existente con la vista puesta en un futuro reino de f&#x00E1;bula.</p>

			<p>Desde la impotencia pol&#x00ED;tica y el sentimiento de aislamiento intelectual, dos claves fundamentales para entender la idea nacionalista de cultura elaborada por Herder, este atribuir&#x00E1; a dicha idea tres significados:</p>

			<p>Uno, la cultura como poder creador y vital opuesto a las fr&#x00ED;as reglas del racionalismo burocr&#x00E1;tico. En este punto, Herder romper&#x00E1; con el dualismo cartesiano y su prolongaci&#x00F3;n en Kant y propugnar&#x00E1;, siguiendo a Spinoza y Leibniz, una filosof&#x00ED;a inmanentista, pluralista y vitalista. Filosof&#x00ED;a donde las facultades humanas no est&#x00E1;n escindidas unas de otras y donde historia y naturaleza constituyen dos caras del mismo poder creador originario (Reill, <xref ref-type="bibr" rid="CIT15">1989</xref>).</p>

			<p>Dos, la cultura como misi&#x00F3;n redentora de la humanidad, como vanguardia ideol&#x00F3;gica de una regeneraci&#x00F3;n universal a la que no le son ajenos los tonos mesi&#x00E1;nicos y religiosos. En este punto, Herder asumir&#x00E1; el legado de Lutero bajo la forma, m&#x00E1;s que de una confesi&#x00F3;n religiosa, de una obra cultural. Es el Lutero creador de la lengua alemana y forjador del esp&#x00ED;ritu alem&#x00E1;n, inspirador, en fin, de una aut&#x00E9;ntica religi&#x00F3;n nacional el que m&#x00E1;s huella dejar&#x00E1; en Herder y su proyecto reformista (B&#x00FC;ttgen, <xref ref-type="bibr" rid="CIT03">1998</xref>).</p>

			<p>Tres, la cultura como ciencia del hombre. En este punto, Herder postular&#x00E1; que la filosof&#x00ED;a debe dejar el paso a la antropolog&#x00ED;a, que el conocimiento metaf&#x00ED;sico y especulativo debe ser sustituido por una filosof&#x00ED;a de la historia abierta a las realidades del hombre (Zammito, <xref ref-type="bibr" rid="CIT17">2002</xref>). </p>

			<p>Estos tres significados afloran en el ensalzamiento de lo primitivo tan peculiar del autor alem&#x00E1;n: “…cuanto m&#x00E1;s primitivo es, cuanto m&#x00E1;s activo sea un pueblo –pues no otra cosa significa la palabra- tanto m&#x00E1;s primitivas, tanto m&#x00E1;s vivas, libres, sensibles, l&#x00ED;ricamente activas, ser&#x00E1;n sus canciones”. </p>

			<p>La pureza de lo ancestral contrasta con el “pensamiento, el lenguaje y los modos literarios artificiosos, cient&#x00ED;ficos”. La expresi&#x00F3;n vigorosa y firme de “los salvajes” obedece a que no han sido pervertidos “por artificios, por esperanzas de esclavos, por una furtiva y medrosa pol&#x00ED;tica y una premeditaci&#x00F3;n confusa”. Vestigios de aquella firmeza y vigor no se hallan entre los eruditos, sino en “ni&#x00F1;os inocentes, mujeres, gente con buen sentido natural, m&#x00E1;s formados en la acci&#x00F3;n que en la especulaci&#x00F3;n”. Herder exclama apesadumbrado: “Apenas vemos y sentimos ya, sino que solo pensamos y sutilizamos, no hacemos poes&#x00ED;a con el mundo vivo (…). Despu&#x00E9;s de todo, tenemos metaf&#x00ED;sica y dogm&#x00E1;tica y actas… y dormimos tranquilos” (Herder, <xref ref-type="bibr" rid="CIT07">1982</xref>).</p>

			<p>Los estudios de Herder sobre el lenguaje, su labor de cr&#x00ED;tico literario, sus recopilaciones y comentarios de “canciones de los pueblos antiguos”, en definitiva, toda su labor de erudito es incomprensible sin asumir su malestar t&#x00ED;picamente rousseauniano. Lo importante de la obra herderiana para la fabricaci&#x00F3;n de la idea nacionalista se relaciona con su prop&#x00F3;sito de volver a hacer, como antiguamente, antes de que la pol&#x00ED;tica de poder y la filosof&#x00ED;a ilustrada estableciesen su dominio, “poes&#x00ED;a con el mundo vivo”. El trasfondo pol&#x00E9;mico de su aventura intelectual debe tenerse presente en todo momento a fin de no sucumbir a la sublimidad de su discurso, que desconcert&#x00F3; a Kant por su falta de rigor anal&#x00ED;tico y verbosidad incontrolada. Herder puede resultar pl&#x00FA;mbeo y oscuro, pero sus sarcasmos e insatisfacci&#x00F3;n lo hacen girar en una &#x00F3;rbita ideol&#x00F3;gica muy definida de valor incuestionable para entender la pol&#x00ED;tica contempor&#x00E1;nea.</p>

			<p>Si lo primitivo exuda una idea din&#x00E1;mica, vital, redentora y valiosa como forma de conocimiento es debido al hecho de que, en manos de Herder, lo primitivo conecta con lo m&#x00E1;s esencial de su ideol&#x00F3;gicamente cargada idea de cultura. En el mismo sentido, opera su ensalzamiento de la singularidad e individualidad hist&#x00F3;ricas, su tesis de que la historia no se acomoda a un patr&#x00F3;n unificador y que, por ello, el destino de cada pueblo consiste en dilucidar dentro de s&#x00ED; mismo su propio centro de felicidad. De nuevo aqu&#x00ED; despunta la cr&#x00ED;tica de una filosof&#x00ED;a de la historia practicada al modo de Voltaire, con los pies orgullosamente puestos en la Europa del XVIII, lo que permite mirar por encima del hombro a las sociedades salvajes y primitivas. Herder propone <italic>otra</italic> filosof&#x00ED;a de la historia donde sostiene que “nadie en el mundo siente m&#x00E1;s que yo la debilidad de las caracterizaciones generales. ¿Qui&#x00E9;n ha observado que es imposible expresar la peculiaridad de un ser humano? ¡Qu&#x00E9; profundidad reside simplemente en el car&#x00E1;cter de una naci&#x00F3;n!”.</p>

			<p>Para sentir lo que representa cada naci&#x00F3;n “debiera comenzarse por simpatizar” con ella, con la “naturaleza an&#x00ED;mica que domina sobre todo”. Solo as&#x00ED; uno puede persuadirse de que no hay en el mundo dos momentos que sean id&#x00E9;nticos: “… si la historia centellea y vacila ante tus ojos, si se convierte en una mara&#x00F1;a de escenas, pueblos y periodos, comienza por leer y aprender a ver. Todo cuadro general, todo concepto universal es pura abstracci&#x00F3;n”. El hombre no es “una divinidad espont&#x00E1;neamente orientada hacia el bien” porque debe aprenderlo todo, desarrollarse progresivamente y avanzar paso a paso en una lucha constante.</p>

			<p>Herder critica, frente a esta versi&#x00F3;n individualizada y contextualizada de las actividades humanas, “la imagen ideal de virtud extra&#x00ED;da del manual de su propio siglo”. Esta imagen impide percibir que las deficiencias y excepciones, contradicciones e incertidumbres de otras culturas y siglos “son perfectamente humanas” y atienden a su propio objetivo. En una frase redonda, que suscribir&#x00ED;a cualquier nacionalista o multiculturalista de nuestros tiempos globalizados, dice: “Al igual que cada esfera posee su centro de gravedad, cada naci&#x00F3;n tiene su centro de felicidad en s&#x00ED; misma”.</p>

			<p>No haber advertido esto hace de autores ilustrados como Hume, Voltaire y Robertson “cl&#x00E1;sicos fantasmas del crep&#x00FA;sculo” que, con su soberbia euroc&#x00E9;ntrica, se privan de entender el misterio de la diversidad humana, los muchos caminos por los que el hombre, las culturas, los pueblos llegan a conquistar la felicidad. La naturaleza humana “no es un vaso de felicidad absoluta, independiente, inmutable; es un barro d&#x00FA;ctil, susceptible de adoptar diversas formas”. De ah&#x00ED; que toda comparaci&#x00F3;n entre dos hombres, dos pueblos, dos culturas resulte incierta y dudosa pues “¿qui&#x00E9;n puede comparar la distinta satisfacci&#x00F3;n de sentidos distintos en mundos distintos?”. Y es que el bien se halla diseminado por toda la tierra y “como una sola forma de humanidad y una sola regi&#x00F3;n eran incapaces de abarcarlo, se dispers&#x00F3; en mil formas de humanidad y recorre ahora –eterno Proteo- todos los continentes y todas las &#x00E9;pocas” (Herder, <xref ref-type="bibr" rid="CIT07">1982</xref>).</p>

		</sec>
		
		
		<sec id="S4">
			<title>4. LA REALIDAD ABSOLUTA DEL LENGUAJE</title>

			<p>La argamasa de la cultura, el cimiento del <italic>Volk</italic>, la plasmaci&#x00F3;n de la creatividad humana, donde se hallan involucrados imaginaci&#x00F3;n, inteligencia y capacidad de adaptaci&#x00F3;n al entorno, es el lenguaje. Para Herder, el hombre, a diferencia de los animales, carece de instintos que le permitan vincularse a un h&#x00E1;bitat determinado. Esta carencia biol&#x00F3;gica hace del hombre un ser flexible e indigente que debe servirse de su inaudita apertura al mundo para lograr aclimatar este a su condici&#x00F3;n despojada. El hombre, en di&#x00E1;logo con la naturaleza, debe crear su realidad y a este proceso lo llamamos historia. Seg&#x00FA;n Herder, el lenguaje constituye la herramienta fundamental del hombre a la hora de colonizar culturalmente su amenazador entorno. La diversidad infinita de esta colonizaci&#x00F3;n, de las formas culturales y sociales creadas a lo largo de la historia, arraiga en la experiencia ling&#x00FC;&#x00ED;stica y simb&#x00F3;lica que define lo humano, fundamento de su libertad en tanto dicha experiencia no se encuentra determinada por un programa biol&#x00F3;gico definido semejante al de los animales. Toda cultura ser&#x00ED;a un sistema de signos que requiere una hermen&#x00E9;utica sensible al hecho de la diversidad para ser correctamente interpretada. Hermen&#x00E9;utica que, como hemos visto, fija la filosof&#x00ED;a de la historia de Herder en unas coordenadas diferentes de las dominantes en su siglo. </p>

			<p>En los a&#x00F1;os 70 del XVIII, sostiene Robert S. Leventhal (Leventhal, <xref ref-type="bibr" rid="CIT13">1994</xref>), los Goethe, Hamann, Lichtenberg, Heyne y Herder articularon un “paradigma hermen&#x00E9;utico-filol&#x00F3;gico” seg&#x00FA;n el cual el int&#x00E9;rprete no tratar&#x00ED;a de representar un correcto sistema de ideas, sino de entrar en confrontaci&#x00F3;n con un texto hist&#x00F3;rico y su contexto. Para Herder, la cuesti&#x00F3;n de la prioridad del lenguaje en el conocimiento del hombre es al fin pol&#x00ED;tica porque, dice Leventhal, “cualquier intento de salirse del lenguaje e ir m&#x00E1;s all&#x00E1; de las met&#x00E1;foras producir&#x00E1; una tecnolog&#x00ED;a de Estado” amparada por el racionalismo filos&#x00F3;fico y el sistema cient&#x00ED;fico. La condici&#x00F3;n ling&#x00FC;&#x00ED;stica del hombre produce una nueva filosof&#x00ED;a alejada del an&#x00E1;lisis metaf&#x00ED;sico y de la creencia en una verdad situada m&#x00E1;s all&#x00E1; del discurso y de la historia. Por eso, la filosof&#x00ED;a debe reorientarse a la vida hist&#x00F3;rica y la pol&#x00ED;tica, a la moral y la educaci&#x00F3;n. En resumen, para Herder, seg&#x00FA;n Leventhal:</p>

			<p>El ser humano no es una entidad que preexista a sus posibles modos de expresi&#x00F3;n.</p>

			<p>La base de la identidad pol&#x00ED;tica no reside en el soberano, sino en la comunidad hist&#x00F3;rica y ling&#x00FC;&#x00ED;stica forjadora de una cultura.</p>

			<p>La humanidad no es una sustancia metaf&#x00ED;sica, sino una hip&#x00F3;tesis interpretativa que permite relacionar diferentes formas de existencia hist&#x00F3;rico-culturales.</p>

			<p>No existe soporte natural o metaf&#x00ED;sico para el lenguaje. Este constituye la posibilidad de la distinci&#x00F3;n y el conocimiento, pero &#x00E9;l mismo flota en el vac&#x00ED;o. Es suma de fuerzas, poderes y energ&#x00ED;as y, por ello, debido a su esencial indeterminaci&#x00F3;n, no hay un criterio objetivo para dise&#x00F1;ar el mundo humano. La cultura ser&#x00ED;a una emanaci&#x00F3;n de dicha indeterminaci&#x00F3;n, una fuerza misteriosa y proteica que hace de lo humano un mundo de <italic>identidades ficticias</italic> con las que, por otra parte, el hombre alcanza su <italic>verdad</italic>.</p>

			<p>Con el lenguaje, dice Herder, “el g&#x00E9;nero humano recibi&#x00F3; un prototipo de todo lo que le restaba por hacer”. De ah&#x00ED; que el <italic>giro ling&#x00FC;&#x00ED;stico</italic> que encarna abarque desde una epistemolog&#x00ED;a hasta una antropolog&#x00ED;a hist&#x00F3;rica y cultural. El an&#x00E1;lisis del lenguaje implica desde investigaciones sobre c&#x00F3;mo pensamos y elaboramos nuestras ideas hasta interpretaciones de concepciones del mundo, sistemas de valores, obras art&#x00ED;sticas, religiosas y cient&#x00ED;ficas, etc&#x00E9;tera. Herder llega a sugerir, y en esto se parece mucho a buena parte de los fil&#x00F3;sofos llamados posmodernos, que la raz&#x00F3;n es un resultado de la imaginaci&#x00F3;n. Afirma textualmente, como rese&#x00F1;a Manfred Frank, que “nuestra raz&#x00F3;n se forma solo por medio de ficciones”. A lo que apostilla Frank que la racionalidad –para Herder- es siempre la racionalidad de un mundo y “un mundo es siempre la relaci&#x00F3;n de significados de un sistema de signos que, recibido como herencia, permite a los miembros de una cultura heredar al mismo tiempo una misma imagen del mundo” (Frank, <xref ref-type="bibr" rid="CIT04">1994</xref>).</p>

			<p>Si la cultura es la expresi&#x00F3;n de lo que somos, el lenguaje es el arma con que la cultura nos convierte en lo que somos. El lenguaje constituye el v&#x00ED;nculo intergeneracional a trav&#x00E9;s del cual los pueblos preservan su identidad y son capaces de integrar los cambios sin adulterarla. El lenguaje incorpora valores, juicios sobre la realidad, concepciones del mundo que impregnan nuestros pensamientos y sentimientos, piensa y siente por nosotros. De ah&#x00ED; que Herder, contra Kant, pueda aseverar que la raz&#x00F3;n “no subsiste por s&#x00ED; misma separada de otras facultades” pues “el alma que siente y se forma im&#x00E1;genes, que piensa y se forma principios, constituye una facultad viviente en distintos actos”.</p>

			<p>Dado que el alma piensa con palabras, “en materia de raz&#x00F3;n pura o impura, hay que o&#x00ED;r a este viejo testigo universal y necesario” que es el lenguaje. Apurando esta idea, Herder llega a formulaciones que m&#x00E1;s de un fil&#x00F3;sofo contempor&#x00E1;neo del lenguaje podr&#x00ED;a suscribir. La palabra que designa el concepto “suele indicarnos c&#x00F3;mo hemos llegado al concepto, qu&#x00E9; significa y qu&#x00E9; es lo que le falta”. De ah&#x00ED; que “gran parte de los malentendidos, contradicciones y absurdos atribuidos a la raz&#x00F3;n no se deber&#x00E1;n seguramente a ella misma, sino al defectuoso instrumento del lenguaje o a su incorrecto uso…” (Herder, <xref ref-type="bibr" rid="CIT07">1982</xref>).</p>

			<p>La especulaci&#x00F3;n herderiana sobre el lenguaje, muy ligada a la cr&#x00ED;tica del &#x00ED;dolo ilustrado y kantiano de una raz&#x00F3;n emancipada donde la l&#x00F3;gica del concepto prevalece sobre su expresi&#x00F3;n ling&#x00FC;&#x00ED;stica, propone no tanto un rechazo de la Ilustraci&#x00F3;n como una superaci&#x00F3;n de esta. Herder, al igual que su mentor y amigo, el esot&#x00E9;rico Johann Georg Hamann, tratar&#x00ED;a de canalizar el esp&#x00ED;ritu emancipatorio de la Ilustraci&#x00F3;n liber&#x00E1;ndolo de las cadenas <italic>racionalistas</italic> que lo lastran. Como si, m&#x00E1;s all&#x00E1; de la terrible alianza entre reformismo mon&#x00E1;rquico y racionalismo ilustrado, hubiese una Ilustraci&#x00F3;n igualitarista, humanitaria y popular esperando a ser descubierta. </p>

			<p>La idea de cultura en Herder, con la filosof&#x00ED;a de la historia que postula, con su &#x00E9;nfasis en el lenguaje como realidad humana fundamental y con sus acentos vitalistas y redentores, cumplir&#x00ED;a una neta funci&#x00F3;n ideol&#x00F3;gica en absoluto retardataria, sino progresista. La funci&#x00F3;n de liberar a la sociedad de su cors&#x00E9; absolutista, aristocr&#x00E1;tico y racionalista y permitir que aflore la espontaneidad no corrompida de las siempre puras energ&#x00ED;as del <italic>Volk</italic>. Herder, como Hamann, no es un anti-ilustrado, sino un defensor de <italic>otra</italic> Ilustraci&#x00F3;n. Defensa que hace de ellos ilustrados radicales en su inconformismo, populismo y malestar. </p>

		</sec>
		
		
		<sec id="S5">
			<title>5. LA POES&#x00CD;A COMO MITOLOG&#x00CD;A POL&#x00CD;TICA</title>

			<p>¿Qu&#x00E9; ser&#x00ED;a de muchos nacionalismos sin la lengua? ¿Y qu&#x00E9; ser&#x00ED;a de muchos nacionalistas sin la poes&#x00ED;a? Herder no solo ofrece argumentos a los primeros para subrayar el valor central que ocupa el lenguaje en el alma y las sociedades humanas, sino que destila tambi&#x00E9;n toda una bater&#x00ED;a de reflexiones sobre el alcance de la poes&#x00ED;a popular como forma de conocimiento y como mitolog&#x00ED;a capaz de dar un sustento pol&#x00ED;tico a las comunidades culturales.</p>

			<p>En tanto forma de conocimiento, la poes&#x00ED;a reflejar&#x00ED;a aquellas <italic>identidades ficticias</italic> que el lenguaje inventa como la <italic>verdad</italic> m&#x00E1;s esencial del hombre: “Cualquiera puede ver –dice Herder- que no estoy usando la palabra poes&#x00ED;a como sin&#x00F3;nimo de falsedad pues, en el reino de la comprensi&#x00F3;n, el significado del s&#x00ED;mbolo po&#x00E9;tico es la verdad”.</p>

			<p>Herder se termin&#x00F3; persuadiendo de que los valores de la poes&#x00ED;a primitiva pose&#x00ED;an una indudable relevancia epistemol&#x00F3;gica opuesta al imperio de la raz&#x00F3;n discursiva y del m&#x00E9;todo racionalista y emparentada con la religi&#x00F3;n. Experiment&#x00F3; la necesidad de reeditar en su &#x00E9;poca el sue&#x00F1;o de un poeta que creara una “nueva mitolog&#x00ED;a” (la expresi&#x00F3;n es de Herder) con tanto empuje como la mitolog&#x00ED;a de los antiguos: “Queremos estudiar la mitolog&#x00ED;a de los antiguos –dice Herder- para poder llegar a ser inventores nosotros mismos”. </p>

			<p>Seg&#x00FA;n Manfred Frank, dicho sue&#x00F1;o representa el intento de fundamentar religiosamente el esp&#x00ED;ritu de la &#x00E9;poca, de inventar “un lenguaje pl&#x00E1;stico que soporte nacional y pol&#x00ED;ticamente, y con parecida autoridad a la de los antiguos, la concepci&#x00F3;n del mundo de los contempor&#x00E1;neos”. Tras ese sue&#x00F1;o, subyace el deseo de “recuperar la fuerza de renovaci&#x00F3;n de la antigua mitolog&#x00ED;a como instrumento de s&#x00ED;ntesis social, acuerdo m&#x00ED;tico y fundamentaci&#x00F3;n axiom&#x00E1;tica a partir de valores supremos” (Frank, <xref ref-type="bibr" rid="CIT04">1994</xref>).</p>

			<p>Herder ten&#x00ED;a una clara conciencia de la fragmentaci&#x00F3;n y divisi&#x00F3;n de la Alemania de su tiempo, un mosaico de territorios pol&#x00ED;tica y jurisdiccionalmente dispares unidos apenas simb&#x00F3;licamente por la figura del emperador del Sacro Imperio Germ&#x00E1;nico. Una Alemania que, ya desde la <italic>Germania</italic> de T&#x00E1;cito, apuntaba unos rasgos culturales propios que la reforma luterana, con su &#x00E9;nfasis en la lengua vern&#x00E1;cula, no hizo sino acentuar. El <italic>Volk</italic> alem&#x00E1;n deb&#x00ED;a ser rescatado de su postraci&#x00F3;n secular y, para ello, la literatura y la poes&#x00ED;a eran cruciales a fin de establecer los actualizados par&#x00E1;metros de su resurgimiento. Herder, en tanto cr&#x00ED;tico literario, asumi&#x00F3; el papel de incentivar la aparici&#x00F3;n de una nueva literatura alemana consciente del reto cultural que se le planteaba. Ni m&#x00E1;s ni menos que ser veh&#x00ED;culo de una nueva mitolog&#x00ED;a que permitiese a los alemanes reconocerse, m&#x00E1;s all&#x00E1; de su dispersi&#x00F3;n pol&#x00ED;tica, como miembros de una misma comunidad y de un mismo proyecto hist&#x00F3;rico. Herder hace expl&#x00ED;cita esta necesidad cuando afirma que “estamos trabajando en Alemania como en los d&#x00ED;as de Babel, divididos por sectas de gusto, facciones en el arte po&#x00E9;tico, escuelas de filosof&#x00ED;a que polemizan entre ellas: sin capital ni inter&#x00E9;s com&#x00FA;n, sin un grande y universal reformador…”.</p>

			<p>El sue&#x00F1;o de Herder trascend&#x00ED;a lo est&#x00E9;tico pues, a su juicio, la verdadera poes&#x00ED;a es pol&#x00ED;tica de por s&#x00ED;. Hecho demostrado por el patriotismo de los poetas antiguos, israelitas y griegos, principalmente. A diferencia de Kant, Herder se sirve de la est&#x00E9;tica para restaurar la armon&#x00ED;a social en la modernidad. Su proyecto po&#x00E9;tico-pol&#x00ED;tico convierte la categor&#x00ED;a de lo sublime, seg&#x00FA;n Jochen Schulte-Sasse (Schulte-Sasse, <xref ref-type="bibr" rid="CIT16">1990</xref>), en un instrumento con el que resta&#x00F1;ar las heridas del mundo moderno, lo que aboca a una estetizaci&#x00F3;n de las relaciones humanas, incluidas las pol&#x00ED;ticas. Dicho proyecto hunde sus ra&#x00ED;ces en la conciencia de que la modernidad demanda una nueva mitolog&#x00ED;a, una nueva concepci&#x00F3;n del espacio p&#x00FA;blico, una nueva forma de comunicaci&#x00F3;n que vertebre las relaciones sociales. A diferencia de la antig&#x00FC;edad cl&#x00E1;sica y, en concreto, de Atenas, Herder estima que el r&#x00E9;gimen asambleario y la oratoria pol&#x00ED;tica no sirven como referente para los modernos. Benjamin W. Redekop (Redekop, <xref ref-type="bibr" rid="CIT14">1999</xref>) subraya que, pese al resurgimiento del modelo republicano debido a la revoluci&#x00F3;n francesa, Herder vincul&#x00F3; su proyecto est&#x00E9;tico de regeneraci&#x00F3;n social con la literatura y la poes&#x00ED;a, partiendo del presupuesto de que la reforma moral y cultural era una condici&#x00F3;n previa a todo cambio pol&#x00ED;tico.</p>

			<p>La conciencia hist&#x00F3;rica herderiana respecto de las diferencias entre antiguos y modernos le lleva a resaltar el car&#x00E1;cter negativo, por demag&#x00F3;gico, del antiguo modelo republicano de comunicaci&#x00F3;n p&#x00FA;blica. El orador pol&#x00ED;tico representa “la magia ret&#x00F3;rica del charlat&#x00E1;n”, que contamina la atm&#x00F3;sfera de las asambleas favoreciendo la manipulaci&#x00F3;n de las pasiones populares. Frente a la demagogia de las rep&#x00FA;blicas antiguas, Herder, como Pastor luterano, enfatiza el valor de un tipo de comunicaci&#x00F3;n p&#x00FA;blica basado en las “homil&#x00ED;as”, en la acci&#x00F3;n discursiva de predicadores que no buscan manipular, ni obtener ventajas personales, sino llevar la luz a su audiencia, formar moralmente a esta. La oratoria pol&#x00ED;tica tendr&#x00ED;a, por el contrario, debido a su base demag&#x00F3;gica, un car&#x00E1;cter tumultuoso y oportunista, ret&#x00F3;ricamente sof&#x00ED;stico. </p>

			<p>A esta diferencia en cuanto a los modelos de comunicaci&#x00F3;n p&#x00FA;blica predominantes, se une la distinci&#x00F3;n que se har&#x00E1; cl&#x00E1;sica entre la libertad de los antiguos y la libertad de los modernos. Esta contrasta con aquella por ser menos audaz e impetuosa, “m&#x00E1;s fina y modesta”. La de los modernos engloba “la libertad de conciencia”, “la libertad para disfrutar el hogar y la vi&#x00F1;a de uno bajo la sombra del trono” y “para poseer el fruto del esfuerzo propio”. A juicio de Herder, en tal g&#x00E9;nero de libertad, que nada tiene que ver con la libertad participativa del republicanismo cl&#x00E1;sico, descansa el “sentimiento del patriotismo” t&#x00ED;picamente moderno, sin que dicho g&#x00E9;nero aboque a los planteamientos individualistas y ego&#x00ED;stas de un Helvetius, un Mandeville o un Hobbes, todos ellos calificados como “fr&#x00ED;os mis&#x00E1;ntropos” (Herder, <xref ref-type="bibr" rid="CIT08">1992</xref>). </p>

			<p>La manera de institucionalizar este modelo de comunicaci&#x00F3;n p&#x00FA;blica, y as&#x00ED; establecer las bases para que arraigue una nueva mitolog&#x00ED;a capaz de vertebrar org&#x00E1;nicamente el fragmentado mundo alem&#x00E1;n, consiste en que la “Historia de la literatura” aspire a ser “la voz de la sabidur&#x00ED;a patri&#x00F3;tica y la reformadora del pueblo”. Dice Herder que “un pueblo que posea grandes poetas sin lenguaje po&#x00E9;tico, competentes escritores en prosa sin un lenguaje flexible, grandes fil&#x00F3;sofos sin un lenguaje exacto es un absurdo”.</p>

			<p>El problema a la hora de crear una nueva mitolog&#x00ED;a desde presupuestos ya no pol&#x00ED;tico-republicanos, sino pol&#x00ED;tico-culturales; ya no desde la figura del orador, sino desde las figuras del literato, el historiador de la literatura y el cr&#x00ED;tico literario; ya no desde una versi&#x00F3;n asamblearia del espacio p&#x00FA;blico, sino estrictamente literaria radica en que obliga a hacer un uso innovador de los referentes antiguos a fin de interpretar los acontecimientos modernos. Y, para ello, se precisan, seg&#x00FA;n Herder, “dos poderes que no suelen aparecer juntos: el anal&#x00ED;tico del fil&#x00F3;sofo y el sint&#x00E9;tico del poeta” (Herder, <xref ref-type="bibr" rid="CIT08">1992</xref>).</p>

			<p>El cr&#x00ED;tico e historiador de la literatura debe ser una mezcla de fil&#x00F3;sofo, fil&#x00F3;logo y poeta. Debe ser capaz de esclarecer la relaci&#x00F3;n entre obra, autor y &#x00E9;poca; de entender c&#x00F3;mo la clave de dicha relaci&#x00F3;n descansa en la lengua materna mediante la que el genio contribuye a la formaci&#x00F3;n de una literatura nacional. Tal esclarecimiento y entendimiento sit&#x00FA;an al cr&#x00ED;tico e historiador en un pa&#x00ED;s como Alemania, a&#x00FA;n falto de literatura nacional, en la posici&#x00F3;n de inspirador de un cambio, de gu&#x00ED;a moral del mismo. Tal cambio remite a una acentuad&#x00ED;sima conciencia hist&#x00F3;rica seg&#x00FA;n la cual ha de romperse con la mera imitaci&#x00F3;n de los modelos antiguos.</p>

			<p>No existe un criterio universal y atemporal de lo bello, de lo bueno y del gusto. El cr&#x00ED;tico literario debe ayudar a definir el gusto est&#x00E9;tico y moral de su p&#x00FA;blico en el presente. De ah&#x00ED; que el necesario conocimiento de los modelos antiguos haya de someterse a un criterio no imitativo, sino heur&#x00ED;stico. Para, de este modo, interpretar est&#x00E9;ticamente los acontecimientos modernos. Interpretaci&#x00F3;n de la que depende la constituci&#x00F3;n de una nueva mitolog&#x00ED;a que permita al disgregado <italic>Volk</italic> recuperar su unidad perdida.</p>

			<p>Herder fue consciente de la dificultad que entra&#x00F1;aba semejante tarea, fomentar la aparici&#x00F3;n de una literatura nacional basada en formas po&#x00E9;ticas vivas y poderosas. Y ello debido en gran parte a que su &#x00E9;poca, como le desvel&#x00F3; su sensible conciencia hist&#x00F3;rica, era “la &#x00E9;poca filos&#x00F3;fica del lenguaje”, m&#x00E1;s filos&#x00F3;ficamente anal&#x00ED;tica que po&#x00E9;ticamente sint&#x00E9;tica. La tragedia de dicha &#x00E9;poca estribaba en que pose&#x00ED;a, como &#x00E9;poca ilustrada y racionalista que era, un talento cr&#x00ED;tico m&#x00E1;s que po&#x00E9;tico, un talento para comprender m&#x00E1;s que para crear.</p>

			<p>El cr&#x00ED;tico precede al poeta en un tiempo sin o&#x00ED;dos para la poes&#x00ED;a. Pero el cr&#x00ED;tico no reconciliado con esta situaci&#x00F3;n, caso de Herder, que amenaza con hacer de &#x00E9;l un instructor de normas y juez de lo formalmente correcto e incorrecto, aspira a devolver a la literatura su perdida vitalidad, a inyectar de nuevo en la poes&#x00ED;a algo de su antiguo primitivismo y alejarla de su actual didactismo y moralismo. Por eso Shakespeare es tan importante para Herder, porque rompe con la herencia formal de los cl&#x00E1;sicos, reinventa el gesto audaz y decidido de los modelos antiguos y aplica innovadoramente ese gesto liberado de servidumbres formales a la creaci&#x00F3;n de una literatura moderna y nacional.</p>

			<p>Todo el problema reside en qu&#x00E9; actitud adoptar respecto de los referentes est&#x00E9;ticos y mitol&#x00F3;gicos de la antig&#x00FC;edad, fuese la israelita, la griega, la romana o la de los germanos. Someterse a su herencia formalmente seg&#x00FA;n un concepto universal de lo bello y del gusto ser&#x00ED;a un completo desatino. Para Herder, y son palabras suyas citadas por Hans Robert Jauss, la “diferencia entre los tiempos antiguos y los nuevos, es decir, entre los griegos y los romanos en comparaci&#x00F3;n con todos los nuevos pueblos europeos” es tan “manifiesta” que exime de realizar un an&#x00E1;lisis comparativo. Jauss desvela el trasfondo de estas palabras diciendo que la decadencia de la cultura antigua “obliga a reconocer el origen de la poes&#x00ED;a moderna como una creaci&#x00F3;n nueva surgida del esp&#x00ED;ritu de los himnos cristianos”. Lo que pone de manifiesto, y aqu&#x00ED; radicar&#x00ED;a el sentido m&#x00E1;s profundo del historicismo ilustrado de Herder, que la diferencia entre <italic>los antiguos y los modernos</italic> apunta, seg&#x00FA;n Jauss, al “desarrollo general del conocimiento, de la cultura y de sus instituciones en la historia de la humanidad, que ya no ser&#x00E1; posible entender a trav&#x00E9;s de ninguna categor&#x00ED;a general de la educaci&#x00F3;n est&#x00E9;tica” (Jauss, <xref ref-type="bibr" rid="CIT11">2000</xref>). </p>

			<p>Apostar por un uso creativo y no meramente imitativo de la herencia <italic>antigua</italic> encierra enormes dificultades. No siendo la menor de ellas que el presente es m&#x00E1;s filos&#x00F3;fico que po&#x00E9;tico, m&#x00E1;s anal&#x00ED;tico que sint&#x00E9;tico, m&#x00E1;s cr&#x00ED;tico que imaginativo. Herder vivi&#x00F3; en la contradicci&#x00F3;n de saberse un cr&#x00ED;tico sensible a aquellas dificultades. Con lo que el cr&#x00ED;tico atribulado por el dictamen de su conciencia hist&#x00F3;rica deber&#x00E1; violentar esta y obligarse a creer en que, m&#x00E1;s all&#x00E1; de dicho dictamen, hay espacio para so&#x00F1;ar con una literatura nacional a la altura de los tiempos. Violentar su conciencia hist&#x00F3;rica significar&#x00E1;, a la postre, explorar otras dimensiones de la Ilustraci&#x00F3;n; viajar impacientemente en busca de un puerto donde la <italic>reconciliaci&#x00F3;n</italic> que acabe con la actual indigencia sea posible. Reconciliaci&#x00F3;n entre la filosof&#x00ED;a y la poes&#x00ED;a, la cr&#x00ED;tica y la imaginaci&#x00F3;n, la modernidad y la antig&#x00FC;edad, la literatura y la naci&#x00F3;n. </p>

			<p>El puerto anhelado por Herder se identifica con aquella versi&#x00F3;n pol&#x00ED;tico-cultural del espacio p&#x00FA;blico donde el cr&#x00ED;tico e historiador literarios puedan desempe&#x00F1;ar su papel de reformadores del pueblo, de aut&#x00E9;nticos predicadores de la luz del <italic>Volk</italic> que propicien la aparici&#x00F3;n de poetas nacionales y los gu&#x00ED;en en su patri&#x00F3;tica ejecutoria. Pues detr&#x00E1;s de todo est&#x00E1; ese p&#x00FA;blico no congregado ya en asambleas como en las rep&#x00FA;blicas antiguas, de rostro an&#x00F3;nimo, que espera ansioso beber en las fuentes modernas de su lengua y de sus mitos. Y ello para llegar a ser un pueblo en el pleno sentido pol&#x00ED;tico y cultural de la expresi&#x00F3;n.</p>

			<p>Herder dilucid&#x00F3; distintos modelos de <italic>Volk</italic> (israelita, griego) en el pasado que, por su car&#x00E1;cter audaz en lo pol&#x00ED;tico y lo literario, por su experiencia hist&#x00F3;rica de una libertad aut&#x00E9;ntica, podr&#x00ED;an servir de faro al resurgir de Alemania. Jugada ideol&#x00F3;gica arriesgad&#x00ED;sima que implicaba combinar elementos antiguos de manera creativa y novedosa. La lengua y la literatura ser&#x00ED;an la punta de lanza de este proyecto nacional. Proyecto animado por un deseo de fuga respecto de la paralizante est&#x00E9;tica neocl&#x00E1;sica y, en fin, del dominio cultural del racionalismo de donde surgen los anhelos nacionalistas en su forma m&#x00E1;s puramente herderiana.</p>

			<p>El nacionalismo as&#x00ED; definido aparece como una ideolog&#x00ED;a contradictoria incapaz de resolver su inquietud fundacional, la cual viene a ser un doloroso desgarro en la conciencia hist&#x00F3;rica de la Ilustraci&#x00F3;n, la expresi&#x00F3;n de un malestar que lleva a violentar dram&#x00E1;ticamente dicha conciencia. Mas este gesto violento y desgarrado lo pudo hacer Herder porque la conciencia hist&#x00F3;rica ilustrada era proteica, una matriz capaz de engendrar una amplia n&#x00F3;mina de <italic>bastardos</italic>. El nacionalismo, visto desde Herder, que es la &#x00FA;nica perspectiva mantenida de principio a fin en este art&#x00ED;culo, ser&#x00ED;a, por sorprendente que suene, un <italic>bastardo de la Ilustraci&#x00F3;n</italic>, una consecuencia ideol&#x00F3;gica del car&#x00E1;cter ambiguo y proteico de su conciencia hist&#x00F3;rica. Lo que significa que el nacionalismo no surge <italic>contra</italic> la Ilustraci&#x00F3;n, sino como <italic>otra</italic> Ilustraci&#x00F3;n que divisa sus perfiles constitutivos en un horizonte posracionalista. Horizonte que se identifica con esa indeterminaci&#x00F3;n conceptual que hemos dado en llamar <italic>cultura</italic>. </p>

			<p>Cabe preguntarse si el nacionalismo no es la <italic>obra po&#x00E9;tica e imaginativa</italic> de un cr&#x00ED;tico literario que trat&#x00F3; de llenar el vac&#x00ED;o de una literatura nacional mediante el acto de convertir la filosof&#x00ED;a en antropolog&#x00ED;a, <italic>lo explicativo</italic> <italic>sin vida</italic> en <italic>lo comprensivo vitalizado</italic>. Es decir, mediante el acto de inundar el campo del conocimiento erudito con las visiones de una imaginaci&#x00F3;n sublime, desbocada, que habla con <italic>lengua de &#x00E1;ngel</italic>. Pues en un tiempo sin poetas, pero con acuciantes necesidades nacionales, el cr&#x00ED;tico literario debe ocupar el vac&#x00ED;o ensanchando hasta el l&#x00ED;mite los confines de su saber, haciendo, como dec&#x00ED;a Herder, “ciencia de cada potencia an&#x00ED;mica” y convirti&#x00E9;ndose en una especie de fil&#x00F3;sofo-poeta o poeta-fil&#x00F3;sofo. El antrop&#x00F3;logo y el fil&#x00F3;sofo de la historia en que se transform&#x00F3; Herder guiado por su deseo de sustituir la metaf&#x00ED;sica por el conocimiento total de la realidad del hombre no son m&#x00E1;s que un <italic>poeta sobrevenido</italic> que act&#x00FA;a con patriotismo al servicio del <italic>Volk</italic>. Motivo de que la erudici&#x00F3;n resulte inseparable, en su caso, de una cruzada reformista inspirada por un fin netamente ideol&#x00F3;gico. </p>

			<p>La impaciencia de Herder asume la forma de una rebeli&#x00F3;n sentimental en virtud de la cual se respeta el esp&#x00ED;ritu anal&#x00ED;tico de la &#x00E9;poca inoculando en dicho esp&#x00ED;ritu el vitalismo po&#x00E9;tico e imaginativo que le falta. De esta manera, el fil&#x00F3;sofo desnortado del racionalismo y el cr&#x00ED;tico amanerado por la aplicaci&#x00F3;n de las reglas cl&#x00E1;sicas dejan su lugar a esa figura intelectual que representa Herder. Poeta bajo ropaje erudito que cumple tareas de construcci&#x00F3;n nacional con su obra en sustituci&#x00F3;n de aquellos poetas que no terminan de aparecer. </p>

			<p>Angustiado por el retardado despertar nacional de Alemania, Herder <italic>juega</italic> literalmente con la conciencia hist&#x00F3;rica que le define como cr&#x00ED;tico literario para situar dicha conciencia en el punto exacto desde donde propiciar aquel despertar. Este punto no ser&#x00E1; el de una, por el momento, inviable literatura nacional, sino el de una ciencia del hombre posracionalista y posmetaf&#x00ED;sica orientada por fines patri&#x00F3;ticos y reformistas. Ciencia af&#x00ED;n a <italic>otra</italic> Ilustraci&#x00F3;n de tipo organicista nutrida por una concepci&#x00F3;n vitalista de la naturaleza y de la historia. De esta ciencia e Ilustraci&#x00F3;n, de este <italic>juego</italic> herderiano, experimental y creativo, con la conciencia hist&#x00F3;rica surgir&#x00E1; el nacionalismo como artefacto ideol&#x00F3;gico. Al cual se le podr&#x00E1;n reprochar muchas y terribles cosas, pero no el car&#x00E1;cter intelectualmente audaz que se halla detr&#x00E1;s, incluso, de sus rasgos m&#x00E1;s retardatarios. Car&#x00E1;cter que, en parte, se lo debe a Herder, quien fue, qu&#x00E9; duda cabe, un innovador, un explorador de aquellos desfiladeros de la conciencia hist&#x00F3;rica ilustrada por los que el racionalismo no se aventur&#x00F3; a descender.</p>

		</sec>
		
		
		<sec id="S6">
			<title>6. CONCLUSI&#x00D3;N</title>

			<p>Nuestra comprensi&#x00F3;n de Herder como un ilustrado radical obliga a replantearse los or&#x00ED;genes rom&#x00E1;nticos del nacionalismo. Evidentemente, el romanticismo constituye una fuente fundamental de dicha ideolog&#x00ED;a. Lo que suele pasar m&#x00E1;s desapercibido es el car&#x00E1;cter proteico, multiforme de la Ilustraci&#x00F3;n. Es decir, que muchas de las reacciones al mundo ilustrado <italic>oficial</italic> (reformismo absolutista, racionalismo), m&#x00E1;s que ser opuestas al esp&#x00ED;ritu ilustrado, deber&#x00ED;an entenderse como versiones de <italic>otra</italic> Ilustraci&#x00F3;n. </p>

			<p>En el caso de Herder, su exploraci&#x00F3;n heterodoxa y radical del esp&#x00ED;ritu ilustrado, saturada como estaba de insatisfacci&#x00F3;n personal, impotencia pol&#x00ED;tica y una buena dosis de resentimiento, le llev&#x00F3; a bosquejar la posibilidad hist&#x00F3;rica de un mundo posaristocr&#x00E1;tico y posracionalista, humanitario e igualitarista emparentado con la recuperaci&#x00F3;n del alma perdida del <italic>Volk</italic> alem&#x00E1;n. Esta operaci&#x00F3;n ideol&#x00F3;gica, que posee un sentido fundamental dentro de los par&#x00E1;metros de las ideas pol&#x00ED;ticas contempor&#x00E1;neas, fue realizada por Herder a una escala universal, desde la perspectiva de una filosof&#x00ED;a vitalista de la historia emparentada con el poder creador del lenguaje y la poes&#x00ED;a, con la potencia mitol&#x00F3;gica del lenguaje y la poes&#x00ED;a en tanto factores culturales creadores de comunidad pol&#x00ED;tica.</p>

			<p>Si entendemos, a partir del caso representado por Herder, que la Ilustraci&#x00F3;n es un concepto polim&#x00F3;rfico y que su plasmaci&#x00F3;n radical se vincula con una cr&#x00ED;tica de la oficialidad ilustrada (reyes, nobles y fil&#x00F3;sofos), de la represora alianza entre reformismo y racionalismo, fundamento de una sociedad unificada y homog&#x00E9;nea sin espacio para la creatividad de las tradiciones populares, no ser&#x00E1; contradictorio presentar el nacionalismo ut&#x00F3;pico y humanitario de Herder como un ejemplo de <italic>tradicionalismo insurgente</italic>. El cual se sirve ideol&#x00F3;gicamente de la historia no para fortalecer el statu quo, sino para desenmascararlo y ayudar a desmantelarlo. De ah&#x00ED; que la filosof&#x00ED;a herderiana de la historia, mucho m&#x00E1;s que una nueva ciencia del hombre posmetaf&#x00ED;sica preocupada por las circunstancias reales de la experiencia humana, constituya un instrumento pol&#x00ED;tico de oposici&#x00F3;n a lo establecido inserto en el proceso hist&#x00F3;rico deslegitimador del Antiguo R&#x00E9;gimen de finales del siglo XVIII, cuyo momento clave fue la revoluci&#x00F3;n francesa. Herder no era af&#x00ED;n a la extrema politizaci&#x00F3;n desencadenada por el magno acontecimiento, al asamble&#x00ED;smo descontrolado y desestabilizador donde triunfa la oratoria del demagogo, pero s&#x00ED; era af&#x00ED;n al esp&#x00ED;ritu igualitarista de la revoluci&#x00F3;n. Aunque &#x00E9;l trabajase la idea de igualdad en una clave, antes que pol&#x00ED;tica, cultural, como emblema de un mundo de culturas nacionales, de pueblos unidos en el respeto de sus identidades. </p>

			<p>Este nacionalismo tolerante y pac&#x00ED;fico surge de una cruzada ideol&#x00F3;gica contra la Ilustraci&#x00F3;n <italic>oficial</italic> y representa la posibilidad de una Ilustraci&#x00F3;n pensada sin la limitaci&#x00F3;n impuesta por el poder y la raz&#x00F3;n. Para Herder, y ah&#x00ED; reside toda su ingenuidad y toda su grandeza, la cultura, el lenguaje y la poes&#x00ED;a, las tradiciones y canciones populares encarnar&#x00ED;an, por contraste con el poder y la raz&#x00F3;n, lo contrario de la dominaci&#x00F3;n, la coacci&#x00F3;n y el servilismo. Un mundo liberado de cadenas, primitivo, vitalista y espont&#x00E1;neo, en que los hombres comunes habr&#x00ED;an dejado de estar sometidos a las normas intelectuales y burocr&#x00E1;ticas de esa &#x00E9;lite ilustrada tan odiada por Herder. Y podr&#x00ED;an dedicarse a sus oficios y actividades tradicionales sin temor al impacto sobre sus vidas de los planes reformistas, siempre mec&#x00E1;nicos y homogeneizadores, del poder.</p>

			<p>Lo que el pensador alem&#x00E1;n no pudo anticipar fue que la cultura, el lenguaje y la poes&#x00ED;a eran capaces de engendrar un nacionalismo diferente del suyo, un nacionalismo depredador y violento anclado en la pol&#x00ED;tica del poder, el orgullo y el desprecio. La ingenuidad de Herder fue la propia de un ilustrado radical, de un reformador bienintencionado de la humanidad que, como supo ver Kant, cometi&#x00F3; el pecado intelectual de moralizar las fuerzas de la historia y la tradici&#x00F3;n para desmantelar la fortaleza de una raz&#x00F3;n y un poder emancipados de su v&#x00ED;nculo con el <italic>Volk</italic>. Este ser&#x00ED;a la potencia afectiva y m&#x00ED;tica, la verdadera alma de la historia, el n&#x00FA;cleo originario e irreductible de esta. La versi&#x00F3;n herderiana del <italic>Volk</italic> es la de un ilustrado radical que nada tiene que ver con versiones posteriores del mismo, mucho m&#x00E1;s s&#x00F3;rdidas y terribles.</p>
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