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			<journal-id journal-id-type="publisher-id">ARBOR</journal-id>
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				<journal-title>ARBOR Ciencia, Pensamiento y Cultura</journal-title>
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			<issn pub-type="epub">0210-1963</issn>
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				<publisher-name>Consejo Superior de Investigaciones Cient&#x00ED;ficas</publisher-name>
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				<subject>RESE&#x00D1;AS DE LIBROS / BOOK REVIEWS</subject>
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				<article-title>Rese&#x00F1;a del libro &#x0022;El universo a debate. Una introducci&#x00F3;n a la filosof&#x00ED;a de la cosmolog&#x00ED;a&#x0022;</article-title>
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					<trans-title>Book review &#x0022;El universo a debate. Una introducci&#x00F3;n a la filosof&#x00ED;a de la cosmolog&#x00ED;a&#x0022;</trans-title>
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				<alt-title alt-title-type="running-head">Rese&#x00F1;a del libro &#x0022;El universo a debate. Una introducci&#x00F3;n a la filosof&#x00ED;a de la cosmolog&#x00ED;a&#x0022;</alt-title>
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			<aff id="U1">Universidad San D&#x00E1;maso (Madrid)</aff>
			
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			<volume>193</volume>
			<issue>784</issue>
				
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						<license-p>Este es un art&#x00ED;culo de acceso abierto distribuido bajo los t&#x00E9;rminos de la licencia Creative Commons Attribution (CC BY) Espa&#x00F1;a 3.0.</license-p>
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			<p><bold>Francisco Jos&#x00E9; Soler Gil</bold> <italic>El universo a debate. Una introducci&#x00F3;n a la filosof&#x00ED;a de la cosmolog&#x00ED;a</italic> Madrid: Biblioteca Nueva, 2012, 223 pp. ISBN: 978-84-16647-30-9</p>
		
			
			
						
			<p>La cosmolog&#x00ED;a goza de relevante actualidad no s&#x00F3;lo en el &#x00E1;mbito estrictamente cient&#x00ED;fico, sino tambi&#x00E9;n en los de la divulgaci&#x00F3;n cient&#x00ED;fica y de la opini&#x00F3;n p&#x00FA;blica. No es extra&#x00F1;a la semana en la que los medios de comunicaci&#x00F3;n informan de un nuevo descubrimiento cosmol&#x00F3;gico. ¿Por qu&#x00E9; esta amplia difusi&#x00F3;n y notoriedad? Entre otras razones porque a los hombres nos inquieta saber qu&#x00E9; lugar (en sentido ontol&#x00F3;gico y axiol&#x00F3;gico) ocupamos dentro del cosmos.</p>

			<p>Ahora bien, a partir de estas informaciones —muy valiosas pero fragmentarias— que nos llegan de la cosmolog&#x00ED;a, ¿puede la inteligencia humana lograr una comprensi&#x00F3;n cr&#x00ED;tica y razonable de la propia cosmolog&#x00ED;a, esto es, de sus conceptos y supuestos precient&#x00ED;ficos, de sus m&#x00E9;todos y sus modelos, de sus posibilidades, logros y l&#x00ED;mites, as&#x00ED; como de las —y esto es esencial— implicaciones para la humanidad y para nuestra comprensi&#x00F3;n de la realidad derivadas de cada uno de los modelos cosmol&#x00F3;gicos propuestos? Esta metarreflexi&#x00F3;n, de existir, corresponder&#x00ED;a realizarla a una filosof&#x00ED;a de la cosmolog&#x00ED;a, y tal es la pretensi&#x00F3;n de <italic>El universo a debate. Una introducci&#x00F3;n a la filosof&#x00ED;a de la cosmolog&#x00ED;a</italic>, publicada por Biblioteca Nueva dentro de su colecci&#x00F3;n Fronteras. Su autor, Francisco Jos&#x00E9; Soler Gil, es investigador en la Facultad de Filosof&#x00ED;a de la Universidad de Sevilla y miembro del Grupo de Investigaci&#x00F3;n de Filosof&#x00ED;a de la F&#x00ED;sica de la Universidad de Bremen. Desde hace a&#x00F1;os se ha especializado en filosof&#x00ED;a de la naturaleza y de la f&#x00ED;sica, de modo singular en filosof&#x00ED;a de la cosmolog&#x00ED;a. Entre sus &#x00FA;ltimos libros se encuentran <italic>Lo divino y lo humano en el Universo de Stephen Hawking</italic> (2008), <italic>Discovery or Construction? Astroparticle Physics and the Search for Physical Reality</italic> (2012), <italic>Mitolog&#x00ED;a materialista de la ciencia</italic> (2013) y <italic>Philosophie der Kosmologie</italic> (2014).</p>

			<p>Antes de introducirnos en la estructura y el contenido del libro, tres advertencias. La primera es que no nos encontramos propiamente ante el cl&#x00E1;sico tratado filos&#x00F3;fico que sol&#x00ED;a llevar por nombre, ya desde los griegos, περὶ κόσμου o <italic>Acerca del mundo</italic>. Estos consist&#x00ED;an en una <italic>filosof&#x00ED;a del mundo (o de la naturaleza)</italic>, mientras que la que aqu&#x00ED; presentamos consiste, como reza el propio subt&#x00ED;tulo, en una <italic>filosof&#x00ED;a de la cosmolog&#x00ED;a</italic>. La segunda es que se trata de una <italic>introducci&#x00F3;n</italic> a la cosmolog&#x00ED;a, como nos avisa de nuevo el subt&#x00ED;tulo y como el autor nos recuerda en diferentes lugares del libro, pero donde “introducci&#x00F3;n” no implica aqu&#x00ED; carencia de rigor ni de cientificidad —cualidades que s&#x00ED; posee este volumen—, sino presentaci&#x00F3;n sistem&#x00E1;tica y cr&#x00ED;tica de los elementos esenciales que entran en juego con la conciencia de no agotar ninguno de ellos. Y la tercera es que se trata este —el de la filosof&#x00ED;a de la cosmolog&#x00ED;a— de un campo de investigaci&#x00F3;n con a&#x00FA;n poco arraigo en Espa&#x00F1;a (no as&#x00ED; en los &#x00E1;mbitos anglosaj&#x00F3;n y germano, donde se cultiva m&#x00E1;s), aunque ya existen estudios importantes.</p>

			<p>Para cumplir este objetivo, el autor ha estructurado el ensayo en siete cap&#x00ED;tulos precedidos de una Introducci&#x00F3;n. En el primero se analizan las principales ideas de cosmos que se han sucedido a lo largo de la historia. Esta visi&#x00F3;n panor&#x00E1;mica no pretende ser una recopilaci&#x00F3;n de ideas cosmol&#x00F3;gicas, sino fundamentalmente “llamar la atenci&#x00F3;n sobre qu&#x00E9; planteamientos filos&#x00F3;ficos (o religiosos) han favorecido la concepci&#x00F3;n de la naturaleza como un todo c&#x00F3;smico, y qu&#x00E9; planteamientos han arrojado, en cambio, dudas sobre esa forma de considerar la realidad natural” (p. 20). No es cuesti&#x00F3;n banal, pues la posibilidad de una filosof&#x00ED;a de la cosmolog&#x00ED;a pende directamente de que exista realmente una cosmolog&#x00ED;a f&#x00ED;sica, esto es, de que se pueda elaborar una f&#x00ED;sica del universo considerado como un todo, existencia aquella que el autor busca demostrar.</p>

			<p>El segundo cap&#x00ED;tulo pretende ya defender el estatuto cient&#x00ED;fico de la cosmolog&#x00ED;a —no sin discutir los argumentos de aquellos que rechazan tal cientificidad—, lo que implica tanto precisar su aut&#x00E9;ntico objeto material como indagar en la funci&#x00F3;n y el peso que los postulados y presupuestos filos&#x00F3;ficos juegan en los diferentes modelos cosmol&#x00F3;gicos. Soler Gil quiere con esto posicionar a la cosmolog&#x00ED;a f&#x00ED;sica dentro del &#x00E1;mbito de las ciencias de la naturaleza, destacando no obstante la singularidad propia que encierra. Se trata, argumenta, de una ciencia no experimental, sino observacional —como lo son muchas otras ciencias y disciplinas de la f&#x00ED;sica (cf. p. 42)—, la cual —aqu&#x00ED; est&#x00E1; una primera particularidad— tiene como objeto el universo considerado como un todo (por tanto, no solo el universo observable o un segmento del mismo) y en donde, desde el punto de vista metodol&#x00F3;gico —segunda particularidad—, se entrecruzan en su elaboraci&#x00F3;n una gran cantidad de argumentos filos&#x00F3;ficos, peculiaridad esta que convierte a la cosmolog&#x00ED;a “en la m&#x00E1;s filos&#x00F3;fica de todas la ciencias” (p. 62).</p>

			<p>Esencial para una filosof&#x00ED;a de la cosmolog&#x00ED;a es lo que se refiere a la interpretaci&#x00F3;n de los modelos cosmol&#x00F3;gicos, pues las consecuencias que se deriven de ello ser&#x00E1;n bien distintas si dichos modelos describen (de modo aproximado) la forma verdadera del universo que si son construcciones no descriptivas, esto es, sistemas ficticios &#x00FA;tiles como herramientas de c&#x00E1;lculo pero no realistas. En el primer caso se hablar&#x00ED;a de <italic>realismo</italic> de los modelos cosmol&#x00F3;gicos, en el segundo de <italic>instrumentalismo</italic>. A indagar acerca de cu&#x00E1;l de los dos escenarios resulta m&#x00E1;s veros&#x00ED;mil est&#x00E1; dedicado el tercer cap&#x00ED;tulo. En primer lugar, se repasan de modo general algunos de los modelos cosmol&#x00F3;gicos propuestos a lo largo de la historia a fin de obtener criterios que permitan decidir qu&#x00E9; rasgos de un modelo cosmol&#x00F3;gico nos llevan a una interpretaci&#x00F3;n realista y cu&#x00E1;les a una instrumentalista. Obtenidos estos criterios, el autor se sirve de ellos para indagar en los modelos de la cosmolog&#x00ED;a f&#x00ED;sica actual, a fin de descubrir la interpretaci&#x00F3;n m&#x00E1;s adecuada para cada uno de ellos. As&#x00ED;, dados nuestros conocimientos actuales, concluye el autor que lo m&#x00E1;s razonable es concederle al <italic>modelo cosmol&#x00F3;gico est&#x00E1;ndar</italic> la capacidad de ofrecer una descripci&#x00F3;n realista de la estructura y din&#x00E1;mica a gran escala del universo (aunque aceptando que incluye “algunos aspectos dudosos”; p. 109), capacidad de la que no gozar&#x00ED;a el modelo cosmol&#x00F3;gico inflacionario (si bien reconociendo que la actitud aconsejable respecto de dicho modelo es la prudencia; cf. p. 104) ni tampoco —aqu&#x00ED; el autor s&#x00ED; es m&#x00E1;s firme— el modelo cu&#x00E1;ntico (cf. p. 109). De esto se concluye que ser&#x00E1; el primero de ellos el que, por su valor ontol&#x00F3;gico, tomar&#x00E1; Soler Gil como objeto preferente de su filosof&#x00ED;a de la cosmolog&#x00ED;a.</p>

			<p>Desde dicha base y horizonte real de la cosmolog&#x00ED;a corresponde seg&#x00FA;n el autor reflexionar sobre algunas de las consecuencias filos&#x00F3;ficas que de &#x00E9;l se derivan: “¿Qu&#x00E9; es la naturaleza? ¿Es un orden racional o no? ¿Es necesaria o contingente? ¿Qu&#x00E9; tipos de causas operan en ella? ¿Abarca la naturaleza toda la realidad, o estamos movidos para pensar que deben existir otros &#x00E1;mbitos del ser? ¿Es la naturaleza infinita en alg&#x00FA;n sentido? ¿Y cu&#x00E1;l es la posici&#x00F3;n del hombre en ella, o con respecto a ella? ¿Qu&#x00E9; relaci&#x00F3;n se da entre la inteligencia y la naturaleza?” (p. 110). A intentar responder filos&#x00F3;ficamente a estas preguntas est&#x00E1;n dedicados los restantes cap&#x00ED;tulos del libro.</p>

			<p>As&#x00ED;, en el cuarto se reflexiona sobre el denominado “ajuste fino” del universo, ofreciendo algunos de los datos cient&#x00ED;ficos m&#x00E1;s firmes del mismo y que, en tanto que <italic>hecho</italic>, “es admitido actualmente por la mayor&#x00ED;a de los especialistas” (p. 120). La cuesti&#x00F3;n seria comienza cuando se pasa de la mera constataci&#x00F3;n del hecho a su interpretaci&#x00F3;n. Seg&#x00FA;n Soler Gil —esta es su tesis—, hay buenos motivos para aceptar que las leyes y constantes del universo poseen unos finos ajustes, los cuales —estos y no otros— han posibilitado la generaci&#x00F3;n de estructuras complejas, entre las que destacan los seres vivos. A este respecto, el autor presenta y refuta la posici&#x00F3;n contraria representada por Stenger, quien considera una falacia tal “ajuste fino”. Presentar&#x00E1; y criticar&#x00E1; igualmente otras actitudes respecto del mismo, tales como considerarlo un hecho bruto, una necesidad o mero azar. Se incluye aqu&#x00ED; tambi&#x00E9;n la hip&#x00F3;tesis del “multiverso”, de modo singular la del “multiverso matem&#x00E1;tico” de Tegmark. La conclusi&#x00F3;n de Soler Gil es que ninguna de estas hip&#x00F3;tesis posee el suficiente grado de verosimilitud como para poder negar la hip&#x00F3;tesis del “ajuste fino”, esto es, que nos encontramos efectivamente ante un universo, el nuestro, &#x00FA;nico y muy especial.</p>

			<p>El cap&#x00ED;tulo quinto analiza cr&#x00ED;ticamente uno de los escenarios cosmol&#x00F3;gicos que siempre ha estado presente en la historia del pensamiento —tambi&#x00E9;n en la actualidad, incluidos no pocos libros divulgativos de cosmolog&#x00ED;a—: el de la repetici&#x00F3;n infinita de seres y acontecimientos. El autor, tras exponer los que considera como los dos principales argumentos dados para sostener tales modelos cosmol&#x00F3;gicos (el de Ellis y Brundrit y el de Garriga y Vilenkin), los somete con instrumentos cient&#x00ED;ficos y filos&#x00F3;ficos a una fuerte cr&#x00ED;tica, mostrando —a mi juicio de modo convincente— las deficiencias que encierran. Su conclusi&#x00F3;n es que tales modelos son fruto de una proyecci&#x00F3;n, si bien reformulada, de ideas cosmol&#x00F3;gicas arcaicas asumidas <italic>a priori</italic>, y no al rev&#x00E9;s, esto es, que la idea cosmol&#x00F3;gica de la repetici&#x00F3;n infinita sea consecuencia de tal o cual modelo cosmol&#x00F3;gico f&#x00ED;sico cient&#x00ED;ficamente argumentado. De este modo se muestra con mayor claridad a&#x00FA;n c&#x00F3;mo, frente a todo ideal de puro objetivismo cient&#x00ED;fico, los (pre)supuestos filos&#x00F3;ficos —a veces incluso mitol&#x00F3;gicos— influyen m&#x00E1;s de lo que muchos consideran en el desarrollo de las teor&#x00ED;as f&#x00ED;sicas.</p>

			<p>Los dos &#x00FA;ltimos cap&#x00ED;tulos gozan de una mayor densidad filos&#x00F3;fica que los anteriores. En el sexto se reflexiona sobre la relaci&#x00F3;n que se da entre la actual cosmolog&#x00ED;a f&#x00ED;sica y la teolog&#x00ED;a natural, as&#x00ED; como en los elementos comunes que comparten. Lo decimos en afirmativo porque Soler Gil, aun reconociendo que estamos ante un tema “realmente delicado y dif&#x00ED;cil” (p. 171), tratar&#x00E1; de mostrar que existe una relaci&#x00F3;n entre ambas. M&#x00E1;s a&#x00FA;n, lo que buscar&#x00E1; mostrar es que la “imagen actual del cosmos puede ser interpretada con sencillez y naturalidad desde una perspectiva te&#x00ED;sta” (p. 175), y lo har&#x00E1; a partir de tres rasgos c&#x00F3;smicos que, si bien aparecieron en otros momentos del libro, son ahora explicados con mayor detenimiento: a) su condici&#x00F3;n de objeto o sistema f&#x00ED;sico ordinario; b) su racionalidad intr&#x00ED;nseca, as&#x00ED; como la capacidad humana de comprender tal racionalidad; c) la enigm&#x00E1;tica teleolog&#x00ED;a que parecen presentar las leyes y constantes que rigen el universo, pues “parece como si estuviera dise&#x00F1;ado para que en alg&#x00FA;n estadio de su despliegue fuera posible la vida inteligente” (p. 181). Una vez expuesto el encaje real (y no meramente aparente) de estos rasgos con los ofrecidos por la cosmovisi&#x00F3;n cristiana, advierte no obstante del error que supone querer ver precipitadas identificaciones entre la cosmolog&#x00ED;a y la teolog&#x00ED;a donde no es tan claro que las haya, de modo especial la que identifica la Gran Explosi&#x00F3;n con el acto b&#x00ED;blico de la creaci&#x00F3;n del mundo. En todo caso, en esta b&#x00FA;squeda de elementos arm&#x00F3;nicos entre la cosmolog&#x00ED;a f&#x00ED;sica y la teolog&#x00ED;a, el autor es consciente de que no hay lugar para la demostraci&#x00F3;n —no estamos ante pruebas cient&#x00ED;ficas—, pero s&#x00ED; para la mostraci&#x00F3;n de “indicios” o “de dos caracterizaciones del universo, la cosmol&#x00F3;gica y la teol&#x00F3;gica, que encajan bien la una con la otra” (p. 190).</p>

			<p>El s&#x00E9;ptimo y &#x00FA;ltimo cap&#x00ED;tulo toca de lleno un tema inquietante: nuestro “lugar” en el cosmos. Qu&#x00E9; nos sugiere al respecto la cosmolog&#x00ED;a es lo que se propone explicar Soler Gil desde su propia cosmolog&#x00ED;a filos&#x00F3;fica. Este “lugar” —defiende— no se funda tanto en los par&#x00E1;metros espaciales y temporales del hombre dentro del escenario cosmol&#x00F3;gico como s&#x00ED; en su complejidad estructural y, sobre todo, en su inteligencia (o racionalidad), la cual posee, adem&#x00E1;s, una “sinton&#x00ED;a profunda” (p. 212) con el modo de ser (y racionalidad) del cosmos. ¿La raz&#x00F3;n profunda de ello? La cosmolog&#x00ED;a f&#x00ED;sica no est&#x00E1; obligada a dar una respuesta, pero desde luego, as&#x00ED; concluye el libro, “nos deja ante las mismas puertas del misterio” (p. 213).</p>

			<p>Resta a&#x00F1;adir que es elegante la prudencia que, a lo largo del libro, mantiene el autor respecto de algunas de sus conclusiones, prudencia que no hay que confundir con falta de firmeza en los argumentos esgrimidos, sino que es m&#x00E1;s bien expresi&#x00F3;n de la conciencia que tiene de encontrarse ante una disciplina, la cosmolog&#x00ED;a f&#x00ED;sica, que sigue avanzando cada d&#x00ED;a. Desde el punto de vista formal es de agradecer el esfuerzo que realiza por presentar al comienzo de cada cap&#x00ED;tulo la cuesti&#x00F3;n a discutir y la estructura a seguir para su desarrollo, as&#x00ED; como de cerrarlo con una s&#x00ED;ntesis del mismo. La bibliograf&#x00ED;a final es amplia y actualizada, y las notas a pie de p&#x00E1;gina, dada la naturaleza del libro, resultan en general equilibradas en n&#x00FA;mero y extensi&#x00F3;n.</p>

			<p>Estamos, en definitiva, ante un ensayo cient&#x00ED;fico serio, actual y sugerente, de gustosa lectura, si bien intelectualmente exigente en alguno de sus desarrollos para los no iniciados, un ensayo que no busca la pol&#x00E9;mica, sino el di&#x00E1;logo cient&#x00ED;fico entre cosmolog&#x00ED;a, filosof&#x00ED;a y teolog&#x00ED;a, y que ayudar&#x00E1; sin duda a los que cultivan o est&#x00E1;n interesados en alguna de estas disciplinas a asombrarse m&#x00E1;s si cabe por el enigma c&#x00F3;smico que nos envuelve y del que, de modo muy singular, formamos parte los seres humanos.</p>

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