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				<journal-title>ARBOR Ciencia, Pensamiento y Cultura</journal-title>
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			<issn pub-type="epub">0210-1963</issn>
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				<publisher-name>Consejo Superior de Investigaciones Cient&#x00ED;ficas</publisher-name>
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				<subject>RESE&#x00D1;AS DE LIBROS / BOOK REVIEWS</subject>
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				<article-title>Rese&#x00F1;a del libro &#x0022;Jos&#x00E9; Ib&#x00E1;&#x00F1;ez Mart&#x00ED;n y la ciencia espa&#x00F1;ola: el Consejo Superior de Investigaciones Cient&#x00ED;ficas&#x0022;</article-title>
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					<trans-title>Book review &#x0022;Jos&#x00E9; Ib&#x00E1;&#x00F1;ez Mart&#x00ED;n y la ciencia espa&#x00F1;ola: el Consejo Superior de Investigaciones Cient&#x00ED;ficas&#x0022;</trans-title>
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				<alt-title alt-title-type="running-head">Rese&#x00F1;a del libro &#x0022;Jos&#x00E9; Ib&#x00E1;&#x00F1;ez Mart&#x00ED;n y la ciencia espa&#x00F1;ola: el Consejo Superior de Investigaciones Cient&#x00ED;ficas&#x0022;</alt-title>
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				<day>30</day>
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			<volume>193</volume>
			<issue>784</issue>
				
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						<license-p>Este es un art&#x00ED;culo de acceso abierto distribuido bajo los t&#x00E9;rminos de la licencia Creative Commons Attribution (CC BY) Espa&#x00F1;a 3.0.</license-p>
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			<p><bold>Justo Forment&#x00ED;n Ib&#x00E1;&#x00F1;ez, Alfonso V. Carrascosa y Esther Rodr&#x00ED;guez Fraile</bold> <italic>Jos&#x00E9; Ib&#x00E1;&#x00F1;ez Mart&#x00ED;n y la ciencia espa&#x00F1;ola: el Consejo Superior de Investigaciones Cient&#x00ED;ficas</italic> Madrid, Asociaci&#x00F3;n Cat&#x00F3;lica de Propagandistas / CEU Ediciones, 2015. 166 pp. ISBN 978-84-16477-04-3</p>
		
			
			
						
			<p>Este breve libro es una sucinta pero interesante exposici&#x00F3;n de los principales rasgos biogr&#x00E1;ficos de Jos&#x00E9; Ib&#x00E1;&#x00F1;ez Mart&#x00ED;n (Valbona, Teruel, 1896 - Madrid, 1969) y de su papel protagonista en la creaci&#x00F3;n del Consejo Superior de Investigaciones Cient&#x00ED;ficas, principal organismo de investigaci&#x00F3;n espa&#x00F1;ol desde su constituci&#x00F3;n en 1939.</p>

			<p>Despu&#x00E9;s de un breve pr&#x00F3;logo de Jos&#x00E9; Pe&#x00F1;a Gonz&#x00E1;lez, la obra se estructura en tres cap&#x00ED;tulos. En el primero se hace una semblanza de Ib&#x00E1;&#x00F1;ez Mart&#x00ED;n, sobre cuya trayectoria &#x00FA;nicamente dispon&#x00ED;amos de una obra colectiva publicada en 1998 con motivo del centenario de su nacimiento. El segundo recuerda a las instituciones cient&#x00ED;ficas anteriores al CSIC. El tercero, y m&#x00E1;s extenso –ocupa casi cien p&#x00E1;ginas–, hace la historia del Consejo durante la Presidencia de Ib&#x00E1;&#x00F1;ez Mart&#x00ED;n. Siguen una relaci&#x00F3;n de los archivos –el m&#x00E1;s importante de ellos, el del propio Ib&#x00E1;&#x00F1;ez Mart&#x00ED;n– y de la bibliograf&#x00ED;a consultados, as&#x00ED; como un “Album gr&#x00E1;fico” de ocho p&#x00E1;ginas.</p>

			<p>Del cap&#x00ED;tulo biogr&#x00E1;fico se encarg&#x00F3; especialmente el sobrino de Ib&#x00E1;&#x00F1;ez Mart&#x00ED;n, ya fallecido, Justo Forment&#x00ED;n Ib&#x00E1;&#x00F1;ez, que narra con sencillez los principales momentos de la trayectoria humana, intelectual, religiosa y pol&#x00ED;tica de su biografiado. Nacido en 1896 en el pueblo turolense de Valbona, en el seno de una familia cat&#x00F3;lica de labradores y comerciantes, hizo all&#x00ED; sus primeras letras, estudi&#x00F3; el bachillerato en Teruel, donde se aloj&#x00F3; en una casa de hu&#x00E9;spedes y tuvo “siempre presentes los consejos de su profesor de religi&#x00F3;n y de los franciscanos, a los que visitaba a menudo” (p. 17), y se traslad&#x00F3; a Valencia para cursar –en ambas obtuvo Premio extraordinario–las carreras de Filosof&#x00ED;a y Letras, secci&#x00F3;n de Historia, y Derecho en la Universidad, al tiempo que frecuentaba el Centro Escolar y Mercantil, dirigido por el jesuita P. Jos&#x00E9; Conejos, donde recibi&#x00F3; una “educaci&#x00F3;n profundamente humanista y cristiana” (p. 18), ley&#x00F3; a Balmes, Aparisi, Donoso y Men&#x00E9;ndez Pelayo y dio sus primeros pasos en el arte de la oratoria.</p>

			<p>En 1920, acabadas sus dos licenciaturas en la Universidad de Valencia, Ib&#x00E1;&#x00F1;ez Mart&#x00ED;n piensa en trasladarse a Madrid para hacer all&#x00ED; sus estudios de doctorado, pero el fallecimiento de su padre, a la temprana edad de 53 a&#x00F1;os, le llev&#x00F3; a cambiar sus planes y, para no ser econ&#x00F3;micamente gravoso a su familia, opt&#x00F3; por hacer oposiciones a c&#x00E1;tedras de Geograf&#x00ED;a e Historia de Institutos, que prepar&#x00F3; en el Ateneo de Madrid y que gan&#x00F3; con el n&#x00FA;mero uno en la primera convocatoria a la que se present&#x00F3;: en octubre de 1922 se estrenaba en su tarea docente en el Instituto de Murcia. Si bien a sus tareas docentes pronto se a&#x00F1;adi&#x00F3; la publicaci&#x00F3;n de varios libros de texto de geograf&#x00ED;a e historia, que “a&#x00F1;os m&#x00E1;s tarde se constituyeron en una considerable fuente de ingresos” (p. 22), para Forment&#x00ED;n es indudable que “la faceta m&#x00E1;s importante de Ib&#x00E1;&#x00F1;ez Mart&#x00ED;n fue la vocaci&#x00F3;n pol&#x00ED;tica que llevaba en lo m&#x00E1;s profundo de su ser y cuya llama no se apag&#x00F3; nunca hasta su muerte” (<italic>loc. cit</italic>). Ya en Madrid hab&#x00ED;a podido conocer a miembros del Grupo de la Democracia Cristiana y del Partido Social Popular; en Murcia se inscribi&#x00F3; pronto en la Uni&#x00F3;n Patri&#x00F3;tica del dictador Miguel Primo de Rivera y fue sucesivamente teniente de alcalde del Ayuntamiento de Murcia y vicepresidente y presidente de la Diputaci&#x00F3;n provincial, a la que represent&#x00F3; en la Asamblea Nacional Consultiva (que no Legislativa, como se dice en el libro).</p>

			<p>En la regi&#x00F3;n murciana, y m&#x00E1;s concretamente en Lorca, conoci&#x00F3; a Mar&#x00ED;a de los &#x00C1;ngeles Mellado y P&#x00E9;rez de Meca, condesa de Mar&#x00ED;n, con la que contrajo matrimonio el 25 de marzo de 1930. Fue su mujer la que le anim&#x00F3; a trasladarse a Madrid, para lo que se present&#x00F3; a, y gan&#x00F3;, tambi&#x00E9;n con el n&#x00FA;mero uno, la c&#x00E1;tedra de Geograf&#x00ED;a e Historia del Instituto madrile&#x00F1;o de San Isidro. Y fue en Madrid donde Ib&#x00E1;&#x00F1;ez Mart&#x00ED;n habr&#x00ED;a de encontrar el ambiente que marc&#x00F3; su vida intelectual, pol&#x00ED;tica y religiosa: la Uni&#x00F3;n Mon&#x00E1;rquica Nacional, Renovaci&#x00F3;n Espa&#x00F1;ola, la revista <italic>Acci&#x00F3;n Espa&#x00F1;ola</italic>, Acci&#x00F3;n Popular y la CEDA –partido al que represent&#x00F3; como diputado por Murcia en 1933–; y la conocida desde su fundaci&#x00F3;n en 1909 como Asociaci&#x00F3;n Cat&#x00F3;lica Nacional de J&#x00F3;venes Propagandistas.</p>

			<p>Durante la guerra civil Ib&#x00E1;&#x00F1;ez Mart&#x00ED;n y su familia se refugiaron en la embajada de Turqu&#x00ED;a en Madrid (octubre de 1936), salieron de Madrid bajo protecci&#x00F3;n diplom&#x00E1;tica en mayo de 1937 y se instalaron en Burgos dos meses despu&#x00E9;s. Pronto nuestro hombre ser&#x00ED;a nombrado miembro de una Embajada Cultural en Sudam&#x00E9;rica, de la Comisi&#x00F3;n Asesora de Ense&#x00F1;anza Media y, concluida la guerra civil, el 9 de agosto de 1939 fue nombrado Ministro de Educaci&#x00F3;n Nacional, cargo que desempe&#x00F1;&#x00F3; hasta 1951. Entre 1951 y 1958 Ib&#x00E1;&#x00F1;ez Mart&#x00ED;n fue Presidente del Consejo de Estado y entre 1958 y 1969 embajador de Espa&#x00F1;a en Lisboa.</p>

			<p>El balance que Forment&#x00ED;n hace de la pol&#x00ED;tica educativa de Ib&#x00E1;&#x00F1;ez Mart&#x00ED;n –que estudia con m&#x00E1;s detalle– se centra en dos asuntos: la lucha contra el analfabetismo, que se redujo al todav&#x00ED;a “escandaloso” (p. 40) porcentaje del 17% en 1950, y las depuraciones de profesores, que demuestran que “la fractura de las dos Espa&#x00F1;as fue tremenda” (p. 42). </p>

			<p>Despu&#x00E9;s de se&#x00F1;alar de forma a un tiempo somera y precisa cu&#x00E1;les fueron las principales instituciones cient&#x00ED;ficas anteriores al CSIC, Alfonso V. Carrascosa y Esther Rodr&#x00ED;guez Fraile estudian en detalle la vida del Consejo durante los a&#x00F1;os en que Ib&#x00E1;&#x00F1;ez Mart&#x00ED;n fue Ministro de Educaci&#x00F3;n Nacional (1939-1951) y Presidente del CSIC (1939-1967; desde 1967 hasta su fallecimiento fue presidente de honor). Los autores consideran que en la redacci&#x00F3;n de la ley fundacional del Consejo, de 24 de noviembre de 1939, participaron tanto Ib&#x00E1;&#x00F1;ez Mart&#x00ED;n –que acept&#x00F3; alguna sugerencia directa del propio Franco– como el primer secretario general de la nueva instituci&#x00F3;n, el edaf&#x00F3;logo Jos&#x00E9; Mar&#x00ED;a Albareda.</p>

			<p>A continuaci&#x00F3;n se estudian de forma sistem&#x00E1;tica los principales aspectos de la vida del Consejo hasta 1952: relaci&#x00F3;n con otras instituciones investigadoras y culturales –destaca la afirmaci&#x00F3;n de que “tras la guerra civil no se desmantelaron los centros de investigaci&#x00F3;n pertenecientes a la Junta para Ampliaci&#x00F3;n de Estudios e Investigaciones Cient&#x00ED;ficas y a la Fundaci&#x00F3;n Nacional de Investigaciones Cient&#x00ED;ficas, sino que todos ellos se integraron en el CSIC” (p. 64)–; Patronatos de Humanidades y Ciencias Sociales –que, a pesar de la importancia que se les quiso dar, solo supon&#x00ED;an el 15% de la investigaci&#x00F3;n del Consejo–; personal investigador –se enfatiza el deseo de “buscar los hombres m&#x00E1;s id&#x00F3;neos y recuperar los que hab&#x00ED;an abandonado nuestro pa&#x00ED;s o hab&#x00ED;an quedado fuera de sus puestos oficiales de trabajo por causas pol&#x00ED;ticas” (p. 85), como el matem&#x00E1;tico Julio Rey Pastor o el historiador Men&#x00E9;ndez Pidal, que no llegaron a integrarse en el CSIC, y se recuerda que en estos “primeros a&#x00F1;os el personal cient&#x00ED;fico del Consejo se nutr&#x00ED;a del profesorado universitario, tal como hab&#x00ED;a ocurrido tambi&#x00E9;n en la JAE. La profesionalizaci&#x00F3;n de la labor investigadora vino unos a&#x00F1;os despu&#x00E9;s” (p. 86), con la creaci&#x00F3;n, a partir de 1945, de plazas de Colaboradores y de Investigadores Cient&#x00ED;ficos. </p>

			<p>Despu&#x00E9;s de destacar dos facetas innovadoras del Consejo, “la creaci&#x00F3;n de Centros por toda la geograf&#x00ED;a espa&#x00F1;ola y la apertura a la investigaci&#x00F3;n de las Ciencias aplicadas y t&#x00E9;cnicas” (p. 88), se estudian con mayor o menor detalle los dem&#x00E1;s aspectos de la vida de una instituci&#x00F3;n investigadora: becas y becarios, en especial para ampliar estudios en el extranjero, que por su n&#x00FA;mero comenzaron a ser significativas a partir de 1945 y que son tambi&#x00E9;n fuente de informaci&#x00F3;n sobre el ambiente favorable u hostil hacia Espa&#x00F1;a existente en los pa&#x00ED;ses visitados; relaciones internacionales del Consejo –con una muy completa relaci&#x00F3;n de los cient&#x00ED;ficos extranjeros invitados a Espa&#x00F1;a–; congresos internacionales, a los que se puede enviar personal preparado a partir de 1945; publicaciones peri&#x00F3;dicas del CSIC, que llegaron a ser 178 en 1956; “la m&#x00E1;s emblem&#x00E1;tica y representativa de todas” (p. 110), <italic>Arbor</italic>. Se informa con m&#x00E1;s brevedad de las bibliotecas del Consejo, de la creciente publicaci&#x00F3;n e intercambio de libros, de las exposiciones de las publicaciones del CSIC en el extranjero y de las donaciones del Consejo, tanto a personas como a entidades espa&#x00F1;olas y extranjeras.</p>

			<p>En varios largos e importantes ep&#x00ED;grafes se estudian los cursos para extranjeros y cursos de verano organizados por el CSIC, que tambi&#x00E9;n en este punto continuaba la tradici&#x00F3;n iniciada por la JAE en 1912. La instituci&#x00F3;n cultural de mayor relevancia en este &#x00E1;mbito es la Universidad Internacional Men&#x00E9;ndez Pelayo de Santander, oficialmente creada en 1945, si bien los cursos estivales de la Universidad Internacional de Verano de Santander, fundada por Fernando de los R&#x00ED;os en 1932, se reanudaron en 1938 y fueron asumidos por el CSIC ya en 1942. Otros cursos de verano de relieve fueron los de Jaca, la R&#x00E1;bida, Oviedo y Santiago.</p>

			<p>Los dos siguientes ep&#x00ED;grafes abordan tambi&#x00E9;n asuntos importantes: son, respectivamente, los edificios y los presupuestos del Consejo. En el primero se hace la historia de la ”Ciudad de la Ciencia”, inaugurada en 1946 a partir de los edificios heredados de la JAE en los Altos del Hip&#x00F3;dromo y completados en los a&#x00F1;os siguientes. En lo econ&#x00F3;mico, se recogen los presupuestos y gastos anuales del CSIC entre 1940 y 1952 y el reparto de las subvenciones entre los distintos Patronatos entre 1940 y 1950. En dicho ep&#x00ED;grafe, y citando una carta de Ib&#x00E1;&#x00F1;ez Mart&#x00ED;n a Franco cuando ya hab&#x00ED;a dejado el gobierno pero segu&#x00ED;a siendo Presidente del CSIC –en concreto, de 12 de junio de 1963–, se nos informa de “la grave crisis que sufri&#x00F3; el Consejo tras el cese de Ib&#x00E1;&#x00F1;ez Mart&#x00ED;n como Ministro (…), pues se quiso destruirlo tal como era entonces, transform&#x00E1;ndolo totalmente”, “crisis pol&#x00ED;tica de la que se consigui&#x00F3; sobrevivir por la habilidad de Ib&#x00E1;&#x00F1;ez Mart&#x00ED;n [y que] fue superada cuando ocupa la cartera de Educaci&#x00F3;n y Ciencia en 1962 [las fechas no cuadran del todo] Lora Tamayo, que hab&#x00ED;a trabajado eficazmente desde los or&#x00ED;genes del Consejo y que en 1967, a propuesta del Consejo ejecutivo del CSIC, sucede a Ib&#x00E1;&#x00F1;ez Mart&#x00ED;n en la presidencia efectiva, siendo &#x00E9;ste nombrado Presidente de Honor” (p. 137).</p>

			<p>El libro concluye con la selecci&#x00F3;n de algunas intervenciones parlamentarias de Ib&#x00E1;&#x00F1;ez Mart&#x00ED;n en los a&#x00F1;os veinte y treinta, en las que se apuntan ya algunos de los rasgos que hab&#x00ED;a de tener el futuro Consejo, como la multidisciplinariedad, la descentralizaci&#x00F3;n, la internacionalizaci&#x00F3;n y la aplicaci&#x00F3;n tecnol&#x00F3;gica de la investigaci&#x00F3;n. Por &#x00FA;ltimo, se ofrece la informaci&#x00F3;n m&#x00E1;s indispensable sobre la realidad del CSIC hoy y se vuelve sobre la importancia, en los or&#x00ED;genes y en los primeros a&#x00F1;os del CSIC, de Jos&#x00E9; Ib&#x00E1;&#x00F1;ez Mart&#x00ED;n y Jos&#x00E9; Mar&#x00ED;a Albareda, buenos amigos y buenos conocedores ambos de la realidad de la JAE, antecedente ineludible del Consejo. A partir de este prometedor libro, ser&#x00ED;a muy deseable que se emprendiera la tarea de confeccionar un estudio completo de la figura y la obra de Jos&#x00E9; Ib&#x00E1;&#x00F1;ez Mart&#x00ED;n, a trav&#x00E9;s de su archivo personal y de otras fuentes, procedentes tanto de archivos p&#x00FA;blicos como privados. </p>

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