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			<journal-id journal-id-type="publisher-id">Arbor</journal-id>
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				<journal-title>ARBOR Ciencia, Pensamiento y Cultura</journal-title>
				<abbrev-journal-title>Arbor</abbrev-journal-title>
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			<issn pub-type="epub">0210-1963</issn>
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				<publisher-name>Consejo Superior de Investigaciones Cient&#x00ED;ficas</publisher-name>
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			<article-id pub-id-type="publisher-id">arbor.2017.785n3010</article-id>
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				<subject>VARIA / VARIA</subject>
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				<article-title>El fen&#x00F3;meno hikikomori: tradici&#x00F3;n, educaci&#x00F3;n y tecnolog&#x00ED;as de la informaci&#x00F3;n y la comunicaci&#x00F3;n (TIC)</article-title>
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					<trans-title>The Hikikomori Phenomenon: Tradition, Education and Information and Communication Technologies (ICT)</trans-title>
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				<alt-title alt-title-type="running-head">El fen&#x00F3;meno hikikomori: tradici&#x00F3;n, educaci&#x00F3;n y tecnolog&#x00ED;as de la informaci&#x00F3;n y la comunicaci&#x00F3;n (TIC)</alt-title>
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					 <surname>S&#x00E1;nchez Rojo</surname>
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				<month>09</month>
				<year>2017</year>
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			<year>2017</year>
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			<volume>193</volume>
			<issue>785</issue>
			
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					<license-p>Este es un art&#x00ED;culo de acceso abierto distribuido bajo los t&#x00E9;rminos de la licencia Creative Commons Attribution (CC BY) Espa&#x00F1;a 3.0.</license-p>
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			<abstract xml:lang="es">
				<title>RESUMEN</title>
				<p>Considerado tradicionalmente exclusivo de la sociedad japonesa, el fen&#x00F3;meno <italic>hikikomori</italic> o aislamiento social, se ha ido extendiendo en los &#x00FA;ltimos a&#x00F1;os a otros pa&#x00ED;ses desarrollados de Occidente. Desde una perspectiva filos&#x00F3;fico-educativa y, por tanto, a partir del an&#x00E1;lisis cr&#x00ED;tico de textos, este trabajo intenta dar respuesta a lo que muchos autores consideran ya una epidemia. Mostraremos, por un lado, que el motivo principal para la aparici&#x00F3;n de este fen&#x00F3;meno en Jap&#x00F3;n ser&#x00E1; el fuerte conflicto existente entre una sociedad individualista y una tradici&#x00F3;n cultural colectivista a&#x00FA;n muy presente. Por otro lado, comprobaremos que este conflicto tambi&#x00E9;n est&#x00E1; empezando a producirse en Occidente gracias al ideal cada vez m&#x00E1;s colectivista que las tecnolog&#x00ED;as de la informaci&#x00F3;n y la comunicaci&#x00F3;n (TIC) ofrecen. Consecuentemente, los efectos en Occidente y en Jap&#x00F3;n empiezan a ser similares. Como conclusi&#x00F3;n, defenderemos la recuperaci&#x00F3;n de una educaci&#x00F3;n para el desarrollo de la subjetividad que intente superar dicho conflicto.</p>
			</abstract>
			
									
			<trans-abstract xml:lang="en">
				<title>ABSTRACT</title>
				<p>Traditionally considered as unique to Japan, the <italic>hikikomori</italic> phenomenon has been spreading in recent years to other developed countries in the Western world. From a philosophical-educational perspective, and thus by means of the critical analysis of texts, this paper tries to tackle what is already considered an epidemic by many authors. We will show, on the one hand, that the main reason for the occurrence of this phenomenon in Japan is a strong conflict between an individualistic society and a, still very present, collectivistic cultural tradition. On the other hand, we will verify that the same conflict is beginning to occur in the Western world thanks to the growing collectivistic ideal offered by information and communication technologies (ICT). Consequently, the effects in the Western world and in Japan are becoming similar. As a conclusion, we support the recovery of an education for subjectivity development that tries to overcome this conflict.</p>
			</trans-abstract>
			
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				<title>PALABRAS CLAVE</title>
				<kwd>Jap&#x00F3;n</kwd>	
				<kwd>fen&#x00F3;meno hikikomori</kwd>
				<kwd>TIC</kwd>
				<kwd>filosof&#x00ED;a de la educaci&#x00F3;n</kwd>
			</kwd-group>
			
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				<title>KEYWORDS</title> 			
				<kwd>Japan</kwd>	
				<kwd>the Hikikomori phenomenon</kwd>
				<kwd>ICT</kwd>
				<kwd>philosophy of education</kwd>
			</kwd-group>
			
		
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	<body>	
			
		<sec id="S1">
			<title>1. INTRODUCCI&#x00D3;N: LA PESADILLA DE TANIZAKI</title>

			<p>Si tuvi&#x00E9;semos que escoger una imagen que representase el Jap&#x00F3;n contempor&#x00E1;neo, sin lugar a dudas elegir&#x00ED;amos una foto nocturna de alguna de las calles del barrio de <italic>Shinju-ku</italic> en Tokio; un barrio mundialmente conocido, si bien no por el nombre, s&#x00ED; por sus enormes rascacielos y por las imperiosas luces de ne&#x00F3;n que los recubren iluminando sus noches. Este fue el escenario elegido por Sof&#x00ED;a Coppola en su pel&#x00ED;cula <italic>Lost in Translation</italic> (2003) para mostrar la llegada de uno de los protagonistas a la capital nipona, donde se desarrollar&#x00E1; la trama del filme. En esta escena podemos ver c&#x00F3;mo Bob Harris, interpretado por Bill Murray, se encuentra yendo de noche desde el aeropuerto hasta su hotel en taxi. Est&#x00E1; medio dormido, pues tras un largo viaje en avi&#x00F3;n desde Estados Unidos hasta Jap&#x00F3;n, uno no puede ser sino presa del cansancio y del sue&#x00F1;o. De vez en cuando entreabre los ojos, pero en seguida sus p&#x00E1;rpados vuelven a caer por s&#x00ED; solos. De repente, en una de estas ocasiones, al entreabrir los ojos, ya no puede dejar que el peso de sus p&#x00E1;rpados cansados venza a su voluntad de mantenerse despierto. Est&#x00E1; pasando por las calles de <italic>Shinju-ku</italic> y, ante semejante espect&#x00E1;culo, es imposible permanecer dormido. El gesto del protagonista es una mezcla de asombro e incredulidad. Tanto es as&#x00ED; que se ve obligado a restregarse los ojos para asegurarse de que aquello que est&#x00E1; observando es real y no el fruto de un sue&#x00F1;o. <italic>Shinju-ku</italic>, el barrio comercial de Tokio, imagen por excelencia del Jap&#x00F3;n contempor&#x00E1;neo, es pura luminosidad. Lo tenue all&#x00ED; no tiene cabida, todo es luz en su m&#x00E1;xima potencia. Paseando por sus calles uno se da cuenta de que aquello constituye la mayor representaci&#x00F3;n est&#x00E9;tica de hasta qu&#x00E9; punto el esp&#x00ED;ritu de las luces de Occidente ha calado hondo en Jap&#x00F3;n.</p>

			<p>Posiblemente fuese el temor a un exceso de luz en una sociedad acostumbrada a la sombra lo que llev&#x00F3; al escritor japon&#x00E9;s Junichirō Tanizaki a publicar en 1933 su ensayo <italic>El elogio de la sombra</italic>. En esta obra, Tanizaki muestra c&#x00F3;mo Jap&#x00F3;n no solo era un pa&#x00ED;s habituado a la sombra por haber estado pol&#x00ED;ticamente aislado hasta 1887<xref ref-type="fn" rid="NOTE1">1</xref>, sino que su cultura y tradici&#x00F3;n hab&#x00ED;an destacado desde tiempos inmemoriales por una exaltada valoraci&#x00F3;n est&#x00E9;tica de lo tenue frente a lo luminoso. Todo, desde la arquitectura hasta la pintura, pasando por la cocina y todos los aparatos y utensilios usados en la vida cotidiana, ven&#x00ED;an tradicionalmente atravesados por la sombra. </p>

						<disp-quote><p>No es que [los japoneses] tengamos ninguna prevenci&#x00F3;n a priori contra todo lo que reluce -afirmaba Tanizaki (<xref ref-type="bibr" rid="CIT49">2012</xref>, p. 30)-, pero siempre hemos preferido los reflejos profundos, algo velados, al brillo superficial y g&#x00E9;lido; es decir, tanto en las piedras naturales como en las materias artificiales, ese brillo ligeramente alterado que evoca irresistiblemente los efectos del tiempo.</p></disp-quote>

			<p>No quer&#x00ED;a decir con esto el autor, por tanto, que la est&#x00E9;tica japonesa fuese totalmente contraria al brillo, sino que el brillo apreciado ten&#x00ED;a un matiz diferente. El Occidente moderno, caracterizado -al menos a partir de la filosof&#x00ED;a kantiana- por una fe ciega en el progreso y sus &#x00E9;xitos, ten&#x00ED;a puesta la mirada m&#x00E1;s en un futuro prometedor que en un pasado que cada vez parec&#x00ED;a pesar m&#x00E1;s a dichas aspiraciones (Garc&#x00ED;a Morente, <xref ref-type="bibr" rid="CIT13">2002</xref>). Por el contrario, la tradici&#x00F3;n japonesa apostaba por una total y absoluta reverencia al pasado, siendo las huellas de su legado, hasta sus m&#x00E1;s &#x00ED;nfimos detalles, aquello que tranquilizaba a sus gentes a la hora de mirar hacia el futuro, donde nada habr&#x00ED;a de cambiar. Hasta tal punto era as&#x00ED; que, “contrariamente a los occidentales que se [esforzaban] por eliminar radicalmente todo lo que [fuese] suciedad, los extremo-orientales la [conservaban] valiosamente tal cual, para convertirla en un ingrediente de lo bello” (Tanizaki, <xref ref-type="bibr" rid="CIT49">2012</xref>, p. 31). No se trataba de la suciedad que conllevar&#x00ED;a una falta total de higiene, sino de las marcas que van apareciendo en un objeto por causa del uso. Estas, pudiendo ser borradas, prefer&#x00ED;an dejarse como muestra del pasado inmemorial que constitu&#x00ED;a todo tiempo presente y futuro. </p>

			<p>Lo viejo, lo velado, siempre a la sombra del pasado, hab&#x00ED;an constituido la belleza est&#x00E9;tica japonesa durante siglos y de repente, tras lo que se denomin&#x00F3; la «restauraci&#x00F3;n <italic>Meiji</italic>», la luz de Occidente parec&#x00ED;a querer inundarlo todo sin aparentemente mostrar resistencia alguna. Ahora bien, tampoco el breve ensayo de Tanizaki pretend&#x00ED;a serlo, puesto que, tal y como &#x00E9;l afirmaba en primera persona al final del mismo,</p>

						<disp-quote><p>Yo soy el primero en reconocer que las ventajas de la civilizaci&#x00F3;n contempor&#x00E1;nea son innumerables y adem&#x00E1;s las palabras no van a cambiar nada. Jap&#x00F3;n est&#x00E1; irreversiblemente encauzado en las v&#x00ED;as de la cultura occidental, tanto que no le queda sino avanzar valientemente dejando caer a aquellos que, como los viejos, son incapaces de seguir adelante. No obstante, como nuestra piel nunca cambiar&#x00E1; de color, tendremos que resignarnos a soportar eternamente unos inconvenientes que s&#x00F3;lo padecemos nosotros (Tanizaki, <xref ref-type="bibr" rid="CIT49">2012</xref>, p. 94).</p></disp-quote>

			<p>Y, precisamente, as&#x00ED; ha sido, pues efectivamente Jap&#x00F3;n y los japoneses nunca cambiaron de piel. Intentaron adaptar un sistema socio-econ&#x00F3;mico occidental, sin dejar nunca de lado una cultura y una educaci&#x00F3;n propias que, tal y como veremos, siempre se mostraron incompatibles con aquel. Tanizaki es reconocido por su intento de lograr, en el campo de la literatura, una conciliaci&#x00F3;n armoniosa entre Jap&#x00F3;n y Occidente que no supusiese la total aculturaci&#x00F3;n del pa&#x00ED;s nip&#x00F3;n. &#x00C9;l deseaba el progreso, pero no estaba dispuesto a sacrificar un legado cultural fraguado durante siglos. Es por eso por lo que posiblemente escribi&#x00F3; este ensayo, para que el bello mundo de las sombras no fuese olvidado y para que la luz no acabase inund&#x00E1;ndolo todo. No sabemos cu&#x00E1;l hubiese sido la reacci&#x00F3;n de este escritor, muerto en 1965, al pasear por las calles del <italic>Shinju-ku</italic> actual, pero posiblemente hubiese cre&#x00ED;do estar inmerso en una pesadilla; una pesadilla de luz que en un primer momento podr&#x00ED;a parecer el resultado est&#x00E9;tico de la aculturaci&#x00F3;n total de Jap&#x00F3;n. </p>

			<p>Ahora bien, a poco que hubiese analizado la sociedad japonesa de nuestros d&#x00ED;as, habr&#x00ED;a percibido que los valores e ideales de anta&#x00F1;o no estaban del todo perdidos. Efectivamente, habr&#x00ED;a comprobado que Occidente est&#x00E1; mucho m&#x00E1;s presente ahora que antes, pero su presencia no ha dejado de ser en ning&#x00FA;n momento superficial. La esencia de la sociedad sigue siendo puramente nipona. Los japoneses, sin haber cambiado nunca por completo de piel, siguen teniendo que hacer frente a problemas, cada vez mayores, asociados a la dificultad que supone el mantenimiento de un sistema socio-econ&#x00F3;mico occidental bajo una tradici&#x00F3;n cultural que poco tiene que ver con este. Dentro de estos problemas, uno de los m&#x00E1;s importantes hoy en d&#x00ED;a es el denominado fen&#x00F3;meno <italic>hikikomori</italic>, que afecta a personas que, no pudiendo soportar el exceso de luz, no conf&#x00ED;an tampoco en las sombras, de tal modo que optan por la m&#x00E1;s completa oscuridad, sin brillo alguno. </p>

		</sec>
		
		<sec id="S2">
			<title>2. EL FEN&#x00D3;MENO HIKIKOMORI: DEFINICI&#x00D3;N Y CONCEPTO</title>

			<p>El fen&#x00F3;meno <italic>hikikomori</italic>, traducido com&#x00FA;nmente como <italic>aislamiento social</italic>, es mundialmente conocido por el t&#x00E9;rmino japon&#x00E9;s, por tener su origen en el pa&#x00ED;s nip&#x00F3;n y por ser este el que mayor n&#x00FA;mero de casos reporta a d&#x00ED;a de hoy, a pesar de haberse extendido por otras partes del mundo desarrollado (Kato <italic>et al</italic>., <xref ref-type="bibr" rid="CIT22">2012</xref>; Teo <italic>et al</italic>., <xref ref-type="bibr" rid="CIT50">2015</xref>). Este fen&#x00F3;meno puede ser definido como “estado [...] que conlleva el encierro de uno mismo en su propio hogar, sin participar en sociedad durante seis meses o m&#x00E1;s, y que no parece tener otro problema psicol&#x00F3;gico asociado como su fuente principal”<xref ref-type="fn" rid="NOTE2">2</xref> (Saito, <xref ref-type="bibr" rid="CIT41">2013</xref>). De acuerdo a un informe publicado por el gobierno japon&#x00E9;s en julio de 2010, se estimaba que podr&#x00ED;an existir unos 700.000 casos de <italic>hikikomori</italic> en todo Jap&#x00F3;n (Hoffman, <xref ref-type="bibr" rid="CIT17">2011</xref>, 9 de octubre). Sin embargo, previamente ya hab&#x00ED;a habido estudios que situaban la cifra entre los 800.000 y los 1.400.000 casos (Hattori, <xref ref-type="bibr" rid="CIT16">2006</xref>), pues muchos permanecen ocultos durante bastante tiempo, haciendo sumamente dif&#x00ED;cil determinar el n&#x00FA;mero exacto de personas que se encuentran en esta situaci&#x00F3;n. </p>

			<p>No es dif&#x00ED;cil reconocer que el fen&#x00F3;meno <italic>hikikomori</italic> en Jap&#x00F3;n “es consecuencia del espectacular crecimiento de la econom&#x00ED;a japonesa durante la segunda mitad del siglo XX y del enorme progreso tecnol&#x00F3;gico que el pa&#x00ED;s realiz&#x00F3; durante ese periodo” (Murakami, <xref ref-type="bibr" rid="CIT31">2000</xref>, 1 de mayo). Efectivamente, encerrarse es m&#x00E1;s sencillo cuando se dispone de una familia que pueda mantener econ&#x00F3;micamente al encerrado y cuando existen numerosas formas de encontrar entretenimiento sin tan siquiera tener que abandonar el propio cuarto. Ahora bien, Jap&#x00F3;n no es el &#x00FA;nico pa&#x00ED;s que ha crecido econ&#x00F3;micamente a lo largo de la segunda mitad del siglo XX y, en cuanto al desarrollo tecnol&#x00F3;gico, tambi&#x00E9;n se ha producido en otros pa&#x00ED;ses. De este modo, no puede explicarse a partir de aqu&#x00ED; por qu&#x00E9; este fen&#x00F3;meno comenz&#x00F3; por aparecer en Jap&#x00F3;n y no en cualquier otro pa&#x00ED;s; por qu&#x00E9; lleva a&#x00F1;os all&#x00ED; presente sin la menor incidencia fuera de sus fronteras; y por qu&#x00E9; es precisamente en la actualidad cuando est&#x00E1;n empezando a registrarse los primeros casos en otros territorios. No habiendo consenso acad&#x00E9;mico a la hora de dar respuesta a estas cuestiones, desarrollaremos a continuaci&#x00F3;n una posible explicaci&#x00F3;n te&#x00F3;rica que trate de resolver dichos interrogantes para, finalmente, abordar el camino a seguir, desde un punto de vista pedag&#x00F3;gico, a la hora de mitigar su presencia.</p>

		</sec>
		
		<sec id="S3">
			<title>3. JAP&#x00D3;N: LA LOCURA DE MISHIMA Y LA LOCURA DE LOS HIKIKOMORI. DOS REACCIONES EXTREMAS ANTE LA PRESENCIA DE OCCIDENTE</title>

			<p>El 25 de noviembre de 1970, el ya por entonces internacionalmente reconocido escritor japon&#x00E9;s Yukio Mishima cometi&#x00F3; suicidio por <italic>seppuku</italic><xref ref-type="fn" rid="NOTE3">3</xref> en la base militar de Ichigaya (Tokio), tras haber asaltado el cuartel y haber secuestrado a su comandante. Mishima llevaba consigo una proclama que ley&#x00F3; ante las tropas. Les propon&#x00ED;a que se uniesen a &#x00E9;l en un golpe de estado que restaurase el Jap&#x00F3;n tradicional perdido a causa de una influencia occidental cada vez m&#x00E1;s presente. Sin embargo, las tropas no parec&#x00ED;an prestarle ninguna atenci&#x00F3;n, ante lo cual decidi&#x00F3; dejar de leer y suicidarse, rindiendo as&#x00ED; honor a su patria (Nathan, <xref ref-type="bibr" rid="CIT33">1985</xref>). Mishima se tom&#x00F3; muy en serio el principio b&#x00E1;sico que aparece en el libro cl&#x00E1;sico samur&#x00E1;i <italic>Hagakure</italic><xref ref-type="fn" rid="NOTE4">4</xref>: el camino del samur&#x00E1;i es la muerte. </p>

			<p>En un texto suyo comentando este libro, Mishima (<xref ref-type="bibr" rid="CIT28">2013</xref>, p. 19) escribe lo siguiente: “cuando Yamamoto afirma «de los dos casos, la vida o la muerte, escoge aquel en que se muere de forma inmediata», tan s&#x00F3;lo est&#x00E1; proponiendo seguir el camino m&#x00E1;s sensato, es decir, el abandono de uno mismo como medio de conseguir la virtud”. M&#x00E1;s adelante, afirma con orgullo que la moral tradicional japonesa, defendida en <italic>Hagakure</italic>, no consist&#x00ED;a en ning&#x00FA;n caso en “una moral interiorizada en la conciencia del samur&#x00E1;i, sino en una moral que depend&#x00ED;a del exterior” (Mishima, <xref ref-type="bibr" rid="CIT28">2013</xref>, p. 69); esto es, de la comunidad o clan al que uno pertenec&#x00ED;a. As&#x00ED; pues, no es que no hubiese un «s&#x00ED; mismo», sino que este ven&#x00ED;a reducido a su pertenencia a la comunidad. “Hay que tener confianza en uno mismo y responsabilizarse del clan”, afirmaba Mishima (<xref ref-type="bibr" rid="CIT28">2013</xref>, p. 51), pero este «uno mismo» ven&#x00ED;a reducido a dicha responsabilidad. La comunidad lo era todo y uno deb&#x00ED;a estar dispuesto a morir alegremente por ella, puesto que, desapareciendo aquella, nada ya tendr&#x00ED;a sentido. Si consideramos la sociedad como un todo y a los individuos como cada una de las partes que la componen, podemos afirmar que, mientras que el pensamiento occidental moderno permit&#x00ED;a, e incluso valoraba, la existencia aut&#x00F3;noma e independiente de las partes sobre el todo, en el Jap&#x00F3;n tradicional las partes carec&#x00ED;an de sentido m&#x00E1;s all&#x00E1; del todo. </p>

			<p>Mishima no pudo soportar el exacerbado individualismo capitalista que bajo la influencia de Occidente estaba dominando la sociedad japonesa y, ante un Jap&#x00F3;n cada vez m&#x00E1;s alejado del ideal samur&#x00E1;i colectivista, opt&#x00F3; por el suicidio ritual como acto de rebeli&#x00F3;n. La explicaci&#x00F3;n oficial del gobierno japon&#x00E9;s redujo su muerte, no obstante, a un simple acto de locura (Yamanouchi, <xref ref-type="bibr" rid="CIT55">1972</xref>). Ahora bien, si lo que Mishima reclamaba era un Jap&#x00F3;n donde la comunidad fuese lo &#x00FA;nico importante, lo que la sociedad japonesa estaba instaurando no era en ning&#x00FA;n caso un individualismo profundo que asentara las bases de una nueva sociedad, sino que este se situaba meramente en la superficie. La esencia segu&#x00ED;a siendo colectivista. Tanto era as&#x00ED; que no dejar&#x00ED;a de poner trabas al desarrollo aut&#x00F3;nomo e independiente de los individuos que, en algunos casos, acabar&#x00ED;an reaccionando con otro tipo de «locura».</p>

			<p>Lo cierto es que el concepto de «individuo» siempre fue dif&#x00ED;cil de entender por parte de la poblaci&#x00F3;n japonesa. Sin embargo, no por ello se dej&#x00F3; de reconocer por parte de los m&#x00E1;s destacados intelectuales japoneses desde el primer periodo de apertura de Jap&#x00F3;n a Occidente la importancia que dicho concepto tendr&#x00ED;a para el desarrollo futuro del pa&#x00ED;s. As&#x00ED;, por ejemplo, el militar y al mismo tiempo novelista Ōgai Mori, afirmaba en un texto publicado en 1911 lo siguiente:</p>

						<disp-quote><p>Los occidentales dicen que es la naturaleza de los b&#x00E1;rbaros no temer a la muerte. Quiz&#x00E1; yo sea el b&#x00E1;rbaro que ellos describen. As&#x00ED; mismo, recuerdo que cuando yo era peque&#x00F1;o mis padres me recalcaban a menudo que, habiendo nacido en una familia samur&#x00E1;i, deb&#x00ED;a ser capaz de acabar con mi propia vida. Me recuerdo, incluso entonces, pensando que probablemente habr&#x00ED;a dolor f&#x00ED;sico, y pensando que no hab&#x00ED;a otra soluci&#x00F3;n que aguantar aquel dolor. De esta forma, cada vez m&#x00E1;s, parece que debo ser ese as&#x00ED; denominado b&#x00E1;rbaro. No obstante, no puedo aceptar esa opini&#x00F3;n de los occidentales como justificable. Ser&#x00ED;a err&#x00F3;neo afirmar, sin embargo, que estoy tranquilo en relaci&#x00F3;n a la extinci&#x00F3;n del yo. Es molesto perder esa cosa llamada yo sin haber pensado claramente o aprendido lo que fue mientras existi&#x00F3;. Es lamentable. Vivir la vida de uno «viviendo como borracho, muriendo como dormido», tal y como los eruditos chinos dicen, es lamentable. Y como lo lamento y estoy molesto por ello, siento intensamente un vac&#x00ED;o en mi coraz&#x00F3;n. Experimento una indescriptible tristeza. Esto se convierte en angustia. Se convierte en un profundo dolor (Mori, <xref ref-type="bibr" rid="CIT30">1970</xref>, p. 420).</p></disp-quote>

			<p>Mori, buen conocedor de Occidente por haber vivido varios a&#x00F1;os en Alemania, hab&#x00ED;a estudiado el concepto de individualidad europeo, pero, a pesar de ello, se lamentaba por no haber alcanzado a comprender del todo un concepto que supon&#x00ED;a que, de alguna manera, ir&#x00ED;a acorde a los tiempos en los a&#x00F1;os venideros. Es por ello por lo que su incomprensi&#x00F3;n no le era indiferente, sino que, por el contrario, le produc&#x00ED;a vac&#x00ED;o y tristeza. Podr&#x00ED;amos mencionar tambi&#x00E9;n, a este respecto, a su contempor&#x00E1;neo, el escritor Natsume Sōseki, quien, tras haber vivido algunos a&#x00F1;os en Reino Unido y reconocer s&#x00ED; haber alcanzado un yo plenamente individual, afirmase de una manera mucho m&#x00E1;s directa la importancia que tendr&#x00ED;a en el futuro. Lo hizo precisamente en una conferencia, impartida en 1914 para alumnos de un prestigioso colegio japon&#x00E9;s, a quienes recomendaba encarecidamente luchar por ello con las siguientes palabras:</p>

						<disp-quote><p>La convicci&#x00F3;n que adquir&#x00ED; en aquel tiempo de que el yo es el ingrediente esencial y de que los otros son meramente secundarios, me aporta hoy una gran confianza en m&#x00ED; mismo, as&#x00ED; como un profundo sentimiento de paz. Parece como si fuese esto lo que me permitiese, incluso ahora, continuar viviendo. De hecho, es quiz&#x00E1; gracias a esta fuerza que puedo estar de pie en esta plataforma y daros esta conferencia. [...]. Sea cual sea el sacrificio al que se&#x00E1;is conducidos, creo que estar&#x00E9;is satisfechos cuando alcanc&#x00E9;is vuestro destino. No es cuesti&#x00F3;n de trabajar solamente por el bien del pa&#x00ED;s o de vuestra familia; es algo absolutamente esencial para la felicidad. [...] No guardo el deseo de sermonearos, pero como creo que vuestra futura felicidad depende de este proceso, no puedo permanecer en silencio ante este asunto (Sōseki, <xref ref-type="bibr" rid="CIT47">2004</xref>, pp. 40-41).</p></disp-quote>

			<p>La postura de estos dos intelectuales de finales del siglo XIX y principios del siglo XX fue durante estos primeros a&#x00F1;os mayoritaria, pero esta valorizaci&#x00F3;n del yo individual ir&#x00E1; perdiendo fuerza en las d&#x00E9;cadas siguientes. El periodo de entreguerras es conocido a nivel global como una &#x00E9;poca de exaltaci&#x00F3;n de los nacionalismos que conducir&#x00E1; de la I a la II Guerra Mundial. Este fue el caso de Jap&#x00F3;n que, despu&#x00E9;s de haberse abierto a Occidente, volver&#x00E1; a sus valores tradicionales m&#x00E1;s colectivistas, desarrollando una ideolog&#x00ED;a y un sentimiento nacionalistas generalizados que acabar&#x00E1;n lindando con el fascismo. De hecho, comenzar&#x00E1; aqu&#x00ED; el desarrollo de todo un campo de estudio a&#x00FA;n existente en nuestros d&#x00ED;as, denominado <italic>nihonjinron,</italic> y que podr&#x00ED;a ser traducido por <italic>japoneidad</italic>, un &#x00E1;mbito del saber que tratar&#x00ED;a de analizar todas aquellas manifestaciones que hacen de Jap&#x00F3;n una naci&#x00F3;n excepcional (Sugimoto, <xref ref-type="bibr" rid="CIT48">1999</xref>).</p>

			<p>Quiz&#x00E1; el autor japon&#x00E9;s m&#x00E1;s destacado de la &#x00E9;poca de entreguerras en el estudio del <italic>nihonjinron</italic> sea el fil&#x00F3;sofo Watsuji Tetsuro, quien a partir de los ideogramas que componen el t&#x00E9;rmino «ser humano» en japon&#x00E9;s -<italic>ningen</italic> [人間]–, elabor&#x00F3; toda una teor&#x00ED;a de la esencia de la mentalidad japonesa, cuyo desarrollo de la individualidad no podr&#x00ED;a ir nunca m&#x00E1;s all&#x00E1; de un sentimiento de dependencia hacia otros. Para Watsuji, la presencia del ideograma <italic>aida</italic> [間] –cuyo significado es «entre»–, dentro del t&#x00E9;rmino «ser humano», mostraba claramente c&#x00F3;mo el pensamiento tradicional japon&#x00E9;s no pod&#x00ED;a concebir al ser humano sin un estar siempre en relaci&#x00F3;n con otros. De esta forma, &#x00E9;l defend&#x00ED;a que</p>

						<disp-quote><p><italic>ningen</italic> [人間] no significa solamente «entre los humanos», sino entre los humanos en cuanto ser humano es «yo», «otra persona» y «la gente». […]. El hecho de llamar individuo humano (<italic>hito</italic> [人]) a un miembro de la sociedad (<italic>ningen</italic> [人間]) no es m&#x00E1;s que una expresi&#x00F3;n de este mismo fen&#x00F3;meno. El individuo (<italic>hito</italic> [人]) es el ser humano en el mundo. As&#x00ED;, siendo humano, no s&#x00F3;lo expresa la totalidad, sino, adem&#x00E1;s, es designado con el nombre de &#x00E9;sta (Watsuji, <xref ref-type="bibr" rid="CIT53">2006</xref>, pp. 251-253).</p></disp-quote>

			<p>No habr&#x00ED;a diferencia, por tanto, entre el individuo y la comunidad a la que este pertenece, sino que lo &#x00FA;nico que existir&#x00ED;a ser&#x00ED;a un todo cuyas partes por separado carecer&#x00ED;an de toda validez. Este pensamiento, que volv&#x00ED;a a las bases fundamentales del Jap&#x00F3;n tradicional, tal y como hemos apuntado anteriormente, fue altamente valorado en la &#x00E9;poca de entreguerras; no obstante, comenz&#x00F3; a perder credibilidad tras la derrota de Jap&#x00F3;n en la II Guerra Mundial. </p>

			<p>Los estudios de <italic>nihonjinron</italic> pasaron a ser impopulares, no siendo hasta los a&#x00F1;os 70, con un Jap&#x00F3;n ya econ&#x00F3;micamente recuperado, cuando la idea de «japoneidad» teorizada por Watsuji, volver&#x00ED;a a ser defendida por otros autores desde diferentes &#x00E1;mbitos. As&#x00ED; por ejemplo, podr&#x00ED;amos destacar a Chie Nakane, desde el &#x00E1;mbito de la antropolog&#x00ED;a, quien tras analizar las relaciones sociales y laborales en Jap&#x00F3;n, mostraba c&#x00F3;mo “el poder y la influencia del grupo no solamente afecta y entra dentro de las acciones individuales, sino que altera incluso sus ideas y formas de pensar” (Nakane, <xref ref-type="bibr" rid="CIT32">1970</xref>, p. 10); o tambi&#x00E9;n cabr&#x00ED;a se&#x00F1;alar a Takeo Doi, desde el &#x00E1;mbito de la psicolog&#x00ED;a, quien a partir del t&#x00E9;rmino japon&#x00E9;s <italic>amae</italic> [甘え] –traducido por <italic>dependencia</italic>, aunque mucho m&#x00E1;s amplio en su contenido–, trat&#x00F3; de fundamentar la existencia de una psique propia y exclusivamente japonesa (Doi, <xref ref-type="bibr" rid="CIT10">1988</xref>). Seg&#x00FA;n este autor, la mayor&#x00ED;a de los problemas psicol&#x00F3;gicos en Jap&#x00F3;n se deb&#x00ED;an a la predominancia de un tipo aut&#x00F3;ctono de psique, y a partir de ah&#x00ED; elaboraba sus intervenciones terap&#x00E9;uticas.</p>

			<p>Ideas en esta l&#x00ED;nea fueron muy populares en el Jap&#x00F3;n de las d&#x00E9;cadas de los 70 y los 80, sin embargo, a partir de finales de esta &#x00FA;ltima, los estudios en <italic>nihonjinron</italic> comenzaron a ser bastante criticados. La radical distinci&#x00F3;n y separaci&#x00F3;n entre Jap&#x00F3;n y el resto de naciones y culturas, que estos estudios pretend&#x00ED;an fundamentar, acababan por provocar cierta hostilidad a todo aquello que no fuese japon&#x00E9;s, perjudicando el desarrollo del pa&#x00ED;s a nivel global (Dale, <xref ref-type="bibr" rid="CIT07">1986</xref>). Ahora bien, investigaciones desde las m&#x00E1;s diversas disciplinas se han servido posteriormente de ciertas ideas originalmente abordadas desde el campo de estudio del <italic>nihonjinron</italic>, con el fin de explicar determinados fen&#x00F3;menos sociales que han ido apareciendo en el pa&#x00ED;s nip&#x00F3;n. La presencia de un ideal colectivista profundo desde tiempos inmemoriales en la cultura japonesa -recuperado intermitentemente en todo su potencial incluso en periodos donde el contacto con Occidente ya hab&#x00ED;a claramente influido-, no pod&#x00ED;a ser obviada. Ahora bien, la pretensi&#x00F3;n de estos estudios ya no ser&#x00E1; tanto mostrar una esencia excepcional e inquebrantable de la naci&#x00F3;n japonesa, sino dar cuenta de c&#x00F3;mo la educaci&#x00F3;n recibida o el orden social en que uno est&#x00E1; inmerso, pueden influir en la aparici&#x00F3;n de fen&#x00F3;menos problem&#x00E1;ticos concretos. </p>

			<p>Diversos estudios emp&#x00ED;ricos desde la d&#x00E9;cada de los 90 han mostrado c&#x00F3;mo existe una clara diferencia, a la hora de concebir el yo, entre Oriente y Occidente. Mientras que los orientales suelen desarrollar una idea de yo m&#x00E1;s relacional, los occidentales tienden a la construcci&#x00F3;n de un yo m&#x00E1;s individual o esencial (Markus y Kitayama, <xref ref-type="bibr" rid="CIT26">1991</xref>; Miyamoto, Nisbett y Masuda, <xref ref-type="bibr" rid="CIT29">2006</xref>). Esto influye en el desarrollo de los individuos en una sociedad y un mercado laboral completamente capitalista y occidental. Tal y como afirma Satomi (<xref ref-type="bibr" rid="CIT44">2007</xref>, p. 24), hoy en d&#x00ED;a, en Jap&#x00F3;n, “a pesar de sus diferencias fundamentales, el yo esencial coexiste con la noci&#x00F3;n local de yo relacional. Mientras que el sentido del yo esencial es conscientemente articulado y afirmado en contextos cotidianos, el yo relacional opera en un nivel m&#x00E1;s irreflexivo”, siendo precisamente esto lo que viene causando determinados problemas de comportamiento y adaptaci&#x00F3;n al medio.</p>

			<p>En Jap&#x00F3;n, los j&#x00F3;venes son formados en una tradici&#x00F3;n colectivista a&#x00FA;n muy presente, que dispone claramente lo que la familia y la naci&#x00F3;n esperan de cada uno y donde uno tiene la sensaci&#x00F3;n de no ser nada de manera independiente al entorno que lo circunda. Sin duda, esto hace muy dif&#x00ED;cil desarrollar el yo aut&#x00F3;nomo y autosuficiente que exige el sistema capitalista neoliberal, ya que, en un contexto donde uno siempre depende de la aprobaci&#x00F3;n de los otros en su desarrollo, se hace complicado llegar a ser uno mismo (Toivonen, Norasakkunkit y Uchida, <xref ref-type="bibr" rid="CIT51">2011</xref>). Es precisamente a esto a lo que se debe fundamentalmente el fen&#x00F3;meno <italic>hikikomori</italic> en Jap&#x00F3;n, cuya causa directa viene siempre relacionada con el fracaso en alg&#x00FA;n grupo de pertenencia considerado por el individuo como esencial (Horiguchi, <xref ref-type="bibr" rid="CIT18">2012</xref>). As&#x00ED;, por ejemplo, el encierro siempre suele comenzar tras un proceso de acoso escolar o marginaci&#x00F3;n por parte de los amigos y compa&#x00F1;eros, por la ruptura del n&#x00FA;cleo familiar, por el suspenso en un examen fundamental o por el despido del puesto de trabajo. El individuo siente que ha fracasado en lo que se esperaba de &#x00E9;l y, entonces, incapaz de reaccionar como ser independiente al grupo, decide encerrarse en su cuarto, experimentando el vac&#x00ED;o al cual dicho fracaso lo ha reducido.</p>

			<p>Ya el te&#x00F3;rico pol&#x00ED;tico Mayurama Masao (<xref ref-type="bibr" rid="CIT27">1963</xref>) reconoc&#x00ED;a, una d&#x00E9;cada despu&#x00E9;s del fin de la II Guerra Mundial, que la modernizaci&#x00F3;n en sentido occidental del pa&#x00ED;s nip&#x00F3;n no estaba siendo en ning&#x00FA;n caso acompa&#x00F1;ada del ideal profundo de modernidad por el que hab&#x00ED;a pasado Occidente a la hora de recorrer este camino, aventurando que esto ser&#x00ED;a un problema importante para Jap&#x00F3;n. Masao no se equivocaba, podemos hablar de un fracaso de la modernidad en Jap&#x00F3;n, el cual “puede ser atribuido exactamente a los mismos factores que permitieron el ascenso del fascismo: la ausencia de «individuaci&#x00F3;n» o agente moralmente aut&#x00F3;nomo” (Clammer, <xref ref-type="bibr" rid="CIT06">1999</xref>, p. 69). No hay espacio en Jap&#x00F3;n para el yo aut&#x00E9;ntico, los j&#x00F3;venes no son educados para ser ellos mismos, sino para pertenecer a diferentes grupos, fuera de los cuales, no son nadie. </p>

			<p>Si bien es cierto que algunos <italic>hikikomoris</italic> terminan descubriendo su aut&#x00E9;ntico yo durante el encierro<xref ref-type="fn" rid="NOTE5">5</xref>, en el momento del mismo no disponen de dicho yo, puesto que, de lo contrario, posiblemente aqu&#x00E9;l no tendr&#x00ED;a lugar. As&#x00ED; pues, el problema del <italic>hikikomori</italic> consiste en no saber qui&#x00E9;n es, siendo consciente meramente de qui&#x00E9;n no es. Aquel individuo que decide encerrarse lo hace porque, no pudiendo cumplir con las expectativas que la sociedad espera de &#x00E9;l, sabiendo que no es quien los dem&#x00E1;s le dicen ser, no es capaz de un descubrir dentro de s&#x00ED; mismo un yo propio e individual que pueda hacer frente a su fracaso particular. De esta forma, incapaz de reafirmarse, se a&#x00ED;sla y se abandona. Una vez dentro podr&#x00E1; desarrollar esta personalidad o no, pero incluso en caso de conseguirla, le ser&#x00E1; dif&#x00ED;cil salir al exterior y manifestarla pues, as&#x00ED; como podemos comprobar en alguno de los casos analizados por Zielenziger (<xref ref-type="bibr" rid="CIT56">2007</xref>), para la sociedad japonesa siempre ser&#x00E1; alguien que no ha cumplido con <italic>su parte</italic>. </p>

			<p>Comenzamos este apartado haciendo referencia a la historia de un «loco» que, como protesta hacia el olvido de la cultura tradicional nipona, decidi&#x00F3; suicidarse siguiendo el ritual cl&#x00E1;sico samur&#x00E1;i, y lo acabamos con la historia de otros «locos», los cuales se encierran indefinidamente aisl&#x00E1;ndose del mundo, precisamente por todo lo contrario; esto es, por no disponer del yo aut&#x00E9;ntico que deber&#x00ED;a acompa&#x00F1;ar a toda modernizaci&#x00F3;n en sentido occidental. Ahora bien, no estamos ante un completo caso de locura, ni en un caso ni en el otro, puesto que, si bien es cierto que tras la II Guerra Mundial hubo una fuerte incursi&#x00F3;n del individualismo occidental en Jap&#x00F3;n que produjo un importante cambio tanto cultural como social con respecto al sistema de valores tradicional -tal y como apuntaba Mishima-, esta naci&#x00F3;n no introdujo precisamente aquello que era lo m&#x00E1;s fundamental, a saber, el desarrollo de la identidad propia e individual. Jap&#x00F3;n introdujo el individualismo m&#x00E1;s banal y superficial, aqu&#x00E9;l que se reduce al consumo y al bienestar f&#x00ED;sico personal, pero no aquel individualismo previo y a la base de este, que afirma que cada uno es alguien completamente particular y, en el fondo, independiente de todo grupo al que pueda pertenecer. No se equivocaba Sōseki al indicar que la felicidad de los japoneses se jugaba en la consecuci&#x00F3;n de un yo aut&#x00E9;ntico y personal. Aunque algunas personas no dejen de intentarlo<xref ref-type="fn" rid="NOTE6">6</xref>, quiz&#x00E1; sea ya tarde para volver al Jap&#x00F3;n tradicional, como pretend&#x00ED;a Mishima. Sin embargo, no lo es para fomentar una educaci&#x00F3;n donde cada uno sea verdaderamente formado como sujeto individual. Posiblemente esta sea la &#x00FA;nica salida para la, esta vez s&#x00ED;, verdadera locura que implica vivir en una sociedad individualista regida por un esp&#x00ED;ritu total y absolutamente colectivista.</p>

		</sec>
		
		<sec id="S4">
			<title>4. OCCIDENTE: EL IMPERIO DE LAS TIC. ENTRE SENTIRSE SOLO Y NO SABER ESTAR SOLO</title>

			<p>Si pensamos en Occidente y en el origen de la Edad Moderna desde el punto de vista de la Historia de las Ideas, es inevitable hacer referencia a Descartes y al descubrimiento del <italic>cogito</italic> como acontecimiento fundamental. Sus consecuencias pueden verse reflejadas en todos los &#x00E1;mbitos, pero posiblemente sea el an&#x00E1;lisis de los espacios aquel que mejor muestra d&#x00E9; del cambio producido en lo que respecta al pensamiento. Los espacios son aquellos que posibilitan la Historia, pudiendo ser considerados, tal y como lo hizo Foucault, monumentos vivos del pensamiento (Pardo, <xref ref-type="bibr" rid="CIT37">1991</xref>). As&#x00ED; pues, no es casual que precisamente a finales del siglo XVII, cuando Descartes est&#x00E1; desarrollando su filosof&#x00ED;a, surja en arquitectura por primera vez la habitaci&#x00F3;n propia, privada, un espacio hecho para pensar en soledad (S&#x00E1;nchez Rojo, <xref ref-type="bibr" rid="CIT42">2013</xref>). De hecho, el mismo Descartes, en sus <italic>Meditaciones metaf&#x00ED;sicas</italic>, incide en el hecho de encontrarse a la hora de escribirlas “gozando de un seguro reposo, en un apacible retiro [...] sentado junto al fuego, en bata, teniendo [un] papel entre las manos” (Garc&#x00ED;a Morente, <xref ref-type="bibr" rid="CIT12">1991</xref>, pp. 125-126); o lo que es lo mismo, disfrutando de la situaci&#x00F3;n que ya por entonces empezaba a aparecer como id&#x00F3;nea para pensar.</p>

			<p>Durante la Edad Media, &#x00E9;poca regida por el total orden divino, lo que realmente hab&#x00ED;a importado “era el mundo externo y el lugar que uno ocupaba en &#x00E9;l. La vida era un asunto p&#x00FA;blico, e igual que uno no ten&#x00ED;a una autoconciencia muy desarrollada, tampoco se ten&#x00ED;a un cuarto para uno solo” (Rybczynsky, <xref ref-type="bibr" rid="CIT40">2006</xref>, p. 30). Las casas apenas dispon&#x00ED;an de un cuarto donde todos sus miembros llevaban una vida <italic>siempre</italic> en com&#x00FA;n. El &#x00E1;mbito p&#x00FA;blico estaba gobernado por el monarca o se&#x00F1;or feudal y se encontraba claramente diferenciado del &#x00E1;mbito privado, encarnado en la figura del <italic>pater familias</italic>, “poder interno en este caso que, [sin embargo,] a semejanza del otro, no [toleraba] las intromisiones del individualismo” (Duby, Barthlemy y De la Ronci&#x00E8;re, <xref ref-type="bibr" rid="CIT11">1988</xref>, p. 28). Ahora bien, a partir del siglo XVII, no dejaremos de encontrar diferentes manifestaciones en favor de este espacio y de la necesidad de disfrutar de tiempo para uno mismo. Esto conducir&#x00E1; a concebir la privacidad como un derecho y la soledad como un valor.</p>

			<p>De esta forma, aparte de Descartes, podr&#x00ED;amos hacer referencia a su contempor&#x00E1;neo, Blaise Pascal (Paraj&#x00F3;n, <xref ref-type="bibr" rid="CIT36">1998</xref>, p. 136), quien en sus pensamientos afirmaba en&#x00E9;rgicamente que ”toda la desgracia de los hombres proviene de una sola cosa, que es no saber permanecer en reposo en una habitaci&#x00F3;n”. Dios y el orden divino estaban empezando a ponerse en cuesti&#x00F3;n y, ante la posible p&#x00E9;rdida de seguridad que la fe en un ser superior aportaba, el ser humano comenz&#x00F3; a darse importancia a s&#x00ED; mismo, &#x00FA;nico ser en el que con total certeza podr&#x00ED;a a partir de entonces confiar. Tal y como afirma B&#x00E9;jar (<xref ref-type="bibr" rid="CIT04">1988</xref>, p. 25), “la concepci&#x00F3;n de lo privado, fundada en la idealizaci&#x00F3;n del individuo como recept&#x00E1;culo de la libertad, [ser&#x00E1; poco a poco] entendida simult&#x00E1;neamente como autodesarrollo y autonom&#x00ED;a”, discurso que, desde el &#x00E1;mbito de la pedagog&#x00ED;a, ha continuado vigente hasta nuestros d&#x00ED;as.</p>

			<p>Al mismo tiempo, la ciencia avanz&#x00F3;, los espacios y los tiempos comenzaron a ser medidos, clasificados y controlados hasta sus m&#x00E1;s &#x00ED;nfimos detalles, de modo que el ser humano, entendiendo la libertad como una de sus facultades m&#x00E1;s fundamentales y sinti&#x00E9;ndose, por tanto, libre, tendr&#x00ED;a cada vez menos oportunidad de expresarse como tal. Por ello, el culto al cuarto propio -que con el tiempo ser&#x00E1; el &#x00FA;nico espacio alejado de toda mirada ajena- no dejar&#x00E1; de crecer hasta alcanzar en el siglo XIX, con el auge de la burgues&#x00ED;a, su m&#x00E1;s elevada situaci&#x00F3;n. Los padres educaban a sus hijos en la lectura y la escritura dentro del cuarto propio, convirti&#x00E9;ndose la novela y el diario en dos de los elementos formativos m&#x00E1;s destacados del momento (Gay, <xref ref-type="bibr" rid="CIT15">1992</xref>). Quiz&#x00E1; el individuo estuviese obligado, si quer&#x00ED;a sobrevivir en sociedad, a seguir unas normas de apariencia claramente medidas y estipuladas, pero a&#x00FA;n pod&#x00ED;a ser &#x00E9;l mismo en la soledad de su cuarto. Esta experiencia le daba, al mismo tiempo, las herramientas clave para sortear inteligentemente las normas sociales cuando, de alguna forma, le pudiesen perjudicar.</p>

			<p>Sin embargo, esto cambiar&#x00ED;a con el declive de la clase burguesa y el surgimiento de la sociedad de masas, una sociedad donde el valor vital no se concentrar&#x00ED;a ya en llegar a ser quien uno era, tal y como habr&#x00ED;a defendido Nietzsche (L&#x00F3;pez Castell&#x00F3;n, <xref ref-type="bibr" rid="CIT25">1983</xref>), sino en ser como el resto; mediocre, indistinguible, uno m&#x00E1;s. Precisamente Ortega y Gasset, uno de los te&#x00F3;ricos que mejor analiz&#x00F3; este tipo de sociedad, defini&#x00F3; al ser humano que la compon&#x00ED;a como “el «hombre medio», [...] [que] convierte lo que era meramente cantidad -la muchedumbre- en una determinaci&#x00F3;n cualitativa: es la cualidad com&#x00FA;n, es el mostrenco social, es el hombre en cuanto no se diferencia de otros hombres, sino que repite en s&#x00ED; un tipo gen&#x00E9;rico” (Ortega y Gasset, <xref ref-type="bibr" rid="CIT35">1930/1997</xref>, p. 75). Atr&#x00E1;s hab&#x00ED;a quedado, por tanto, el esp&#x00ED;ritu de auto-formaci&#x00F3;n que hab&#x00ED;a fomentado la burgues&#x00ED;a. Ahora, m&#x00E1;s bien, se trataba de luchar por la supervivencia en las mejores condiciones posibles, dejando de lado las grandes preguntas que anteriormente hab&#x00ED;an formado parte de toda vida humana digna. La presencia mayoritaria de este tipo de ser humano dio lugar a un individuo pasivo y altamente manipulable que, disponiendo de los medios necesarios para una supervivencia biol&#x00F3;gica sin demasiados esfuerzos, ser&#x00ED;a capaz, tal y como mostr&#x00F3; Arendt (<xref ref-type="bibr" rid="CIT02">2007</xref>), de ser indiferente ante los m&#x00E1;s desde&#x00F1;ables actos cometidos contra la humanidad.</p>

			<p>La presencia de este individuo pasivo fue <italic>in crescendo</italic> en funci&#x00F3;n del surgimiento de ciertos aparatos electr&#x00F3;nicos que fueron apareciendo en la industria de la comunicaci&#x00F3;n, como la radio y, sobre todo, la televisi&#x00F3;n, que gestionaba no solamente la informaci&#x00F3;n que recib&#x00ED;a la mayor parte de la poblaci&#x00F3;n sino tambi&#x00E9;n su ocio y entretenimiento. De este modo, hacia finales del siglo XX, el te&#x00F3;rico pol&#x00ED;tico Giovanni Sartori (<xref ref-type="bibr" rid="CIT43">1998</xref>) daba cuenta de varias generaciones de j&#x00F3;venes que hab&#x00ED;an sido y estaban a&#x00FA;n siendo formadas acr&#x00ED;ticamente por las im&#x00E1;genes recibidas pasivamente a trav&#x00E9;s del televisor. La soluci&#x00F3;n a este problema estaba en la acci&#x00F3;n. Lo cierto es que el &#x00E1;mbito de la pedagog&#x00ED;a ya hac&#x00ED;a a&#x00F1;os que daba cuenta de ello, habiendo surgido a lo largo de todo el siglo XX diversos movimientos de renovaci&#x00F3;n pedag&#x00F3;gica que, desde diferentes puntos de vista, fomentaban una educaci&#x00F3;n m&#x00E1;s activa y participativa, donde el alumno no solo tuviese que recibir conocimiento, sino tambi&#x00E9;n aprender a producirlo (Carre&#x00F1;o, <xref ref-type="bibr" rid="CIT05">2002</xref>). No obstante, la gran industria de la informaci&#x00F3;n y la comunicaci&#x00F3;n parec&#x00ED;a tener mucha m&#x00E1;s fuerza y alcance que cualquiera de estas propuestas pedag&#x00F3;gicas, de modo que, el denominado por Sartori <italic>homo videns</italic> o individuo teledirigido, ten&#x00ED;a a pesar de todo una presencia mayoritaria en las sociedades de los pa&#x00ED;ses desarrollados.</p>

			<p>Tras a&#x00F1;os tratando de solventar este problema, su incidencia no dejaba de persistir; y es que, tal vez, solo la creaci&#x00F3;n de nuevos aparatos, con diferentes caracter&#x00ED;sticas, pero con el suficiente atractivo como para desbancar a la televisi&#x00F3;n de su poder de influencia, pudiese lograr un cambio. Durante la d&#x00E9;cada de los a&#x00F1;os 80 el uso de los ordenadores personales dom&#x00E9;sticos comenz&#x00F3; a hacerse generalizado y, a lo largo de la d&#x00E9;cada de los 90, poco a poco, fue incorpor&#x00E1;ndose internet a los mismos. Ahora bien, este primer internet de uso p&#x00FA;blico no era m&#x00E1;s que un sistema de almacenamiento de informaci&#x00F3;n que facilitaba el acceso a la misma, pero no la interacci&#x00F3;n entre usuarios. No ser&#x00ED;a hasta principios de la d&#x00E9;cada de los 2000, cuando surgiese un nuevo tipo de internet, denominado <italic>web 2.0</italic>, que vendr&#x00ED;a a ser el instrumento revolucionario que durante d&#x00E9;cadas se hab&#x00ED;a estado esperando. </p>

			<p>Seg&#x00FA;n el creador de dicho concepto, Tim O´Reilly (<xref ref-type="bibr" rid="CIT34">2007</xref>), si en algo se diferenciaba este nuevo modelo de internet con respecto al anterior, era en su car&#x00E1;cter participativo. Las nuevas aplicaciones que ir&#x00ED;an surgiendo no solo facilitar&#x00ED;an la interacci&#x00F3;n entre individuos a trav&#x00E9;s de la red, sino que esta ser&#x00ED;a pr&#x00E1;cticamente una exigencia. De este modo, solo individuos activos y participativos podr&#x00ED;an formar parte de este nuevo mundo en red que se estaba creando. En estos &#x00FA;ltimos a&#x00F1;os, todos nos hemos ido acostumbrando al uso diario de ciertas herramientas que nos permiten estar cada vez m&#x00E1;s cerca, a pesar de encontrarnos f&#x00ED;sicamente lejos. Del correo electr&#x00F3;nico y los primeros chats, pasamos a los blogs y los foros, hasta llegar a la creaci&#x00F3;n de redes sociales como <italic>Facebook</italic>, <italic>Tuenti</italic> y <italic>Twitter</italic>, entre otras. Hoy en d&#x00ED;a, gracias a los <italic>smartphones</italic>, todas estas aplicaciones est&#x00E1;n con nosotros all&#x00E1; donde vayamos, pudiendo disponer de ellas en cualquier momento, las 24 horas del d&#x00ED;a, los 365 d&#x00ED;as del a&#x00F1;o. </p>

			<p>Este estado de cosas nos convierte en sujetos en red, siempre en conexi&#x00F3;n, siempre actuando, siempre participando. As&#x00ED; pues, el individuo corriente de hoy en d&#x00ED;a podr&#x00ED;a definirse por muchas cosas, pero no por su car&#x00E1;cter pasivo. Parecer&#x00ED;a entonces que el problema de aquel sujeto teledirigido y acr&#x00ED;tico definido hace casi dos d&#x00E9;cadas por Sartori deber&#x00ED;a haber desaparecido. Sin embargo, a finales de la d&#x00E9;cada de los 2000, en un estudio realizado en torno a la relaci&#x00F3;n entre j&#x00F3;venes y redes sociales, la antrop&#x00F3;loga Paula Sibilia (<xref ref-type="bibr" rid="CIT46">2008</xref>), llegar&#x00ED;a a postular el surgimiento de generaciones de individuos que podr&#x00ED;an ser calificados como <italic>alterdirigidos</italic>. As&#x00ED; pues, seg&#x00FA;n esta autora, habr&#x00ED;an cambiado los medios, pero no el resultado. La gran mayor&#x00ED;a de los sujetos seguir&#x00ED;an siendo tan acr&#x00ED;ticos y tan manipulables como lo hab&#x00ED;an sido antes en la era televisiva.</p>

			<p>Hemos de puntualizar que Sibilia realiz&#x00F3; este estudio antes de que tuvieran lugar diversos movimientos sociales en diferentes partes del mundo que aparentemente han mostrado hasta qu&#x00E9; punto la ciudadan&#x00ED;a ha tomado conciencia pol&#x00ED;tica gracias a las TIC<xref ref-type="fn" rid="NOTE7">7</xref>. Por un lado, estas permiten acceder a las m&#x00E1;s diversas informaciones sin tener que pasar por el filtro de los &#x00F3;rganos de poder y, por otro, facilitan una mejor y m&#x00E1;s f&#x00E1;cil forma de organizaci&#x00F3;n. Ahora bien, el uso de las TIC no se reduce al &#x00E1;mbito p&#x00FA;blico, sino que tambi&#x00E9;n abarca todo el espectro de la esfera de lo privado. Diariamente colgamos informaci&#x00F3;n personal en la red, ya sea en forma de imagen, de v&#x00ED;deo o de texto. Teniendo la presencia de cualquier otro a un simple clic en la palma de nuestra mano, adquirimos una necesidad irrefrenable de contar a otros todo lo que nos pasa, lo que hacemos, lo que sentimos, lo que opinamos. En el estado de cosas actual la existencia personal se mide fundamentalmente en funci&#x00F3;n de nuestra presencia en internet. Esto es as&#x00ED; hasta el punto de que, si algo no est&#x00E1; colgado, no solo pierde todo valor, sino que parece no haber existido. Necesitamos sentirnos constantemente apoyados, saber que contamos con la presencia de otros all&#x00E1; donde estemos. Unos otros que, a pesar de no estar f&#x00ED;sicamente con nosotros, est&#x00E1;n siempre ah&#x00ED;. Medimos nuestros actos en funci&#x00F3;n de lo que se espera de nosotros y, en muchas ocasiones, nos presentamos ante el mundo no como somos, sino de la manera que nos gustar&#x00ED;a ser. Nuestra vida se reduce a una <italic>performance</italic> constante, de modo que es muy f&#x00E1;cil que nos sintamos solos, aun encontr&#x00E1;ndonos m&#x00E1;s acompa&#x00F1;ados que nunca (Turkle, <xref ref-type="bibr" rid="CIT52">2011</xref>). As&#x00ED; pues, si bien el an&#x00E1;lisis de Sibilia podr&#x00ED;a verse refutado atendiendo al uso p&#x00FA;blico de las TIC, se ve reforzado si analizamos su uso dentro de la esfera privada.</p>

			<p>La soledad se ha convertido en un estado enfermo del que hay que huir. Nadie quiere estar solo porque nos hemos acostumbrado a estar en todo momento acompa&#x00F1;ados y, aun as&#x00ED;, la soledad es uno de los peores males de nuestros d&#x00ED;as; y es que, al sentirnos constantemente observados y tener siempre que interpretar un papel hasta en el interior de nuestros cuartos, no es dif&#x00ED;cil sentirse incomprendido y abandonado (Deresiewicz, <xref ref-type="bibr" rid="CIT09">2009</xref>, 30 de enero). A su vez, hay determinadas situaciones en la vida que tenemos que afrontar por nosotros mismos, de manera individual, y aqu&#x00ED; los otros, ya sea f&#x00ED;sica o virtualmente, no pueden ayudarnos. Es por todo ello por lo que en Occidente tambi&#x00E9;n est&#x00E1;n comenzando a surgir determinados trastornos parecidos a los acontecidos en Jap&#x00F3;n. Si bien en Jap&#x00F3;n la presi&#x00F3;n de la tradici&#x00F3;n influ&#x00ED;a en la dificultad de los individuos a la hora de desarrollar un yo aut&#x00E9;ntico y personal, en Occidente esta comienza a venir determinada por un mundo tecnol&#x00F3;gico que tambi&#x00E9;n nos observa y nos exige ser de una determinada manera<xref ref-type="fn" rid="NOTE8">8</xref>. </p>

			<p>Las habitaciones se han llenado de gente del mismo modo en que lo estaban durante la Edad Media, solo que ahora, en vez de f&#x00ED;sica, su presencia es virtual. La soledad de uno consigo mismo, que a trav&#x00E9;s de la lectura y la escritura fomentara la educaci&#x00F3;n burguesa, se ha tornado cuanto menos imposible. Cierto es que ya la sociedad de masas puso en peligro el disfrute de este tipo de soledad formativa. No obstante, incluso durante esa &#x00E9;poca, los individuos ten&#x00ED;an la posibilidad de encontrarse solos, aunque fuera de manera obligada y por las circunstancias. As&#x00ED;, por ejemplo, los padres sol&#x00ED;an castigar a sus hijos sin salir de su cuarto, o uno a veces se perd&#x00ED;a en la calle y ten&#x00ED;a por s&#x00ED; mismo que encontrar el camino correcto. Ninguna de esas experiencias es hoy posible, los padres tendr&#x00ED;an primero que vaciar de aparatos el cuarto para poder ejercer dicho castigo y la posesi&#x00F3;n generalizada de un m&#x00F3;vil con GPS impide cualquier p&#x00E9;rdida. De este modo, no podemos dejar de reconocer que vivimos cada vez m&#x00E1;s en comunidad y que el sentido colectivista no ha dejado de aumentar en los &#x00FA;ltimos a&#x00F1;os (Reig Hern&#x00E1;ndez <xref ref-type="bibr" rid="CIT38">2012</xref>). Ahora bien, el problema no es que vivamos cada vez m&#x00E1;s en comunidad, sino que nos es sumamente complicado ser nosotros mismos dentro de ella. En muchas ocasiones podemos sentirnos solos, pero no sabemos estar solos y, hablando en terminolog&#x00ED;a de <italic>competencias</italic> -frecuentemente utilizada en el discurso pedag&#x00F3;gico de nuestros d&#x00ED;as-, es un hecho que, para evitar problemas como el fen&#x00F3;meno <italic>hikikomori</italic>, tanto en Oriente como en Occidente, saber estar solo se torna, hoy en d&#x00ED;a, una competencia fundamental. </p>

		</sec>
		
		<sec id="S5">
			<title>5. CONCLUSI&#x00D3;N: POR UNA PEDAGOG&#x00CD;A DE LA SOLEDAD</title>

			<p>Dec&#x00ED;a Arendt (<xref ref-type="bibr" rid="CIT01">1997</xref>, p. 40) que “nadie es capaz de mantener intacta su conciencia si no le es dado el actualizar el di&#x00E1;logo consigo mismo, es decir, si carece de la soledad que requiere toda forma de pensar”, y es que “cuanto m&#x00E1;s privada es nuestra vida, m&#x00E1;s aut&#x00E9;ntica y verdadera es; m&#x00E1;s nuestra, m&#x00E1;s propia, inconfundible y &#x00FA;nica” (Garc&#x00ED;a Morente, <xref ref-type="bibr" rid="CIT14">2011</xref>, p. 35). Solo experimentando y aprendiendo a disfrutar de la soledad como par&#x00E9;ntesis a nuestra vida social y pol&#x00ED;tica –desde la infancia hasta la edad adulta–, podemos llegar a ser nosotros mismos en tanto que separados del resto. Al mismo tiempo, solo a partir de entonces adquirimos la <italic>competencia</italic> de saber enfrentarnos a un mundo que, primando valores como la auto-superaci&#x00F3;n, la competitividad o la autonom&#x00ED;a, exige que demos lo mejor de nosotros mismos, disponiendo de una individualidad fuerte que, resistiendo, pueda adaptarse con &#x00E9;xito a la flexibilidad e impredecibilidad del sistema (Bauman, <xref ref-type="bibr" rid="CIT03">2004</xref>). </p>

			<p>Preguntado en torno a la condici&#x00F3;n <italic>hikikomori</italic>, un joven japon&#x00E9;s que hab&#x00ED;a pasado por esta situaci&#x00F3;n respondi&#x00F3; a su entrevistador lo siguiente: </p>

						<disp-quote><p>[Convertirse en] <italic>hikikomori</italic> no es una elecci&#x00F3;n positiva, sino negativa. [...]. T&#x00FA; no quieres convertirte en <italic>hikikomori</italic>, pero no puedes evitarlo. Cuando protegemos nuestras mentes y nuestros cuerpos, no podemos ganarnos la vida […], cuando intentamos ganarnos la vida, no podemos proteger nuestra mente y nuestros cuerpos. No existe el gris para el <italic>hikikomori</italic>. No hay t&#x00E9;rmino medio (Zielenziger, <xref ref-type="bibr" rid="CIT56">2007</xref>, p. 58).</p></disp-quote>

			<p>Perfectamente podr&#x00ED;amos aplicar estas palabras a Occidente y nuestra relaci&#x00F3;n actual con las TIC. Si quisi&#x00E9;ramos protegernos de una manera totalmente segura de la p&#x00E9;rdida o dificultad de desarrollo de una subjetividad propia y aut&#x00E9;ntica, tendr&#x00ED;amos que abandonar por completo el mundo tecnol&#x00F3;gico que habitamos, pero esto significar&#x00ED;a aislarnos, haci&#x00E9;ndose imposible una vida fruct&#x00ED;fera en sociedad. A su vez, si nos dejamos abandonar hacia el mundo que las TIC pueden llegar a permitir, acabaremos con toda posibilidad de conseguir un yo propio, aut&#x00F3;nomo e independiente. Efectivamente, tal y como afirma este joven japon&#x00E9;s, no hay t&#x00E9;rmino medio para el <italic>hikikomori</italic>, y no solo en Jap&#x00F3;n, sino en cualquier parte del mundo, siendo este su gran error. Lo cierto es que la aparente contradicci&#x00F3;n en la cual se sit&#x00FA;a el <italic>hikikomori</italic> en realidad no es tal, siendo posible encontrar este t&#x00E9;rmino medio que ciertas carencias formativas pueden llevarnos a obviar. </p>

			<p>Al igual que la tradici&#x00F3;n cultural japonesa, el mundo de las TIC tiene muchos aspectos positivos, tanto en el &#x00E1;mbito pol&#x00ED;tico, como social y personal, pero no podemos olvidar que ambos mundos tienden a fomentar una total p&#x00E9;rdida o dificultad de desarrollo de la propia personalidad. As&#x00ED; pues, tratar de evitar la contradicci&#x00F3;n que supone una sociedad individualista sobre la base de un contexto ideol&#x00F3;gico colectivista se torna, tanto en Jap&#x00F3;n como en Occidente, tarea pedag&#x00F3;gica fundamental. Todos aquellos ejercicios consistentes en fomentar tiempos y espacios de soledad reflexiva servir&#x00E1;n de buena ayuda. A su vez, no es necesario que las TIC se conviertan en un anexo de nuestro cuerpo, al igual que no tenemos por qu&#x00E9; reducir toda nuestra subjetividad a nuestro ser cultural. Las TIC nos acompa&#x00F1;an y la tradici&#x00F3;n cultural forma parte de nosotros, pero ni las unas ni la otra nos constituyen plenamente. En cuanto a las TIC, son m&#x00E1;quinas, y, al igual que educamos y nos formamos para un uso responsable de las mismas, hemos de educar tambi&#x00E9;n para la importancia de, al menos de vez en cuando, apagarlas (Serrano-Puche, <xref ref-type="bibr" rid="CIT45">2014</xref>). En relaci&#x00F3;n a la tradici&#x00F3;n cultural, las nuevas generaciones de japoneses deber&#x00ED;an aprender a, en determinadas circunstancias, poner en suspenso su pertenencia a determinada comunidad, siendo capaces de reafirmarse en tanto que lo que creen ser y lo que pretenden llegar a ser, independientemente de las expectativas que desde fuera les vengan impuestas.</p>

			<p>Si las luces del barrio de <italic>Shinju-ku</italic> mostraban hasta qu&#x00E9; punto la luz del progreso en Occidente hab&#x00ED;a llegado a cegar a la sociedad japonesa, el efecto de la luz de las pantallas en el resto de los pa&#x00ED;ses desarrollados tambi&#x00E9;n est&#x00E1; resultando cegadora. Siguiendo los dict&#x00E1;menes de la luz del progreso hemos iluminado todos los &#x00E1;mbitos de nuestra vida, haciendo que cada vez sea m&#x00E1;s dif&#x00ED;cil encontrar tiempos y espacios de oscuridad, donde uno pueda descansar de un contexto donde lo &#x00FA;nico que se premia es la actividad. Cuando la oscuridad es total nos da miedo, nos hace sentirnos inseguros y desconfiados, lo cual no deja de ser l&#x00F3;gico, pues el negro es ausencia, vac&#x00ED;o, nada. Ahora bien, la oscuridad no debe ni tiene por qu&#x00E9; ser total, solo ha de ser lo suficientemente oscura como para poder facilitar un buen descanso; esto es, puede ser entre sombras. </p>
		</sec>
		
	</body>
	
	
	<back>
	
		<sec id="notas">
			<title>NOTAS</title>
		
			<fn-group>
				<fn id="NOTE1"><label>1</label>
					<p>A&#x00F1;o en que comienza la <italic>Era Meiji</italic>, la cual significar&#x00E1; la apertura del pa&#x00ED;s nip&#x00F3;n al resto del mundo. Para un an&#x00E1;lisis introductorio pero detallado de la historia contempor&#x00E1;nea de Jap&#x00F3;n, v&#x00E9;ase Junqueras i Vies, Madrid i Morales, Mart&#x00ED;nez Taberner y Pitarch Fern&#x00E1;ndez (<xref ref-type="bibr" rid="CIT21">2012</xref>).</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE2"><label>2</label>
					<p>Las traducciones de los textos cuya referencia sea en un idioma distinto al castellano, han sido realizadas por el autor de este art&#x00ED;culo.</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE3"><label>3</label>
					<p>Se trata del suicidio ritual samur&#x00E1;i, consistente en la realizaci&#x00F3;n de un corte de lado a lado del abdomen que produc&#x00ED;a la muerte inmediata por desentra&#x00F1;amiento.</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE4"><label>4</label>
					<p>Obra escrita en base a las ense&#x00F1;anzas del samur&#x00E1;i convertido a monje Tsunetomo Yamamoto a principios del siglo XVIII y considerado por Mishima como el libro que m&#x00E1;s hab&#x00ED;a influido en su vida. Existe una versi&#x00F3;n de esta obra traducida al castellano (Yamamoto, <xref ref-type="bibr" rid="CIT54">2000</xref>).</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE5"><label>5</label>
					<p>De hecho, existen estudios que tratan de investigar la posibilidad de nuevos tipos de subjetividad en el universo <italic>hikikomori</italic> a trav&#x00E9;s del uso de las TIC (Ito Saito, <xref ref-type="bibr" rid="CIT19">2012</xref>; Ito Saito y Greiner, <xref ref-type="bibr" rid="CIT20">2013</xref>).</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE6"><label>6</label>
					<p>Nos referimos aqu&#x00ED; fundamentalmente al fen&#x00F3;meno <italic>otaku</italic> [オタク], tambi&#x00E9;n extendido en el Jap&#x00F3;n contempor&#x00E1;neo y muchas veces confundido con el fen&#x00F3;meno <italic>hikikomori</italic>, a pesar de que difieren bastante. Los <italic>otaku</italic> ser&#x00ED;an individuos enganchados a los comics <italic>manga</italic> hasta el punto de la obsesi&#x00F3;n y, si bien es cierto que pasan mucho tiempo en sus cuartos, no hay en ellos retraimiento social. Tienen contacto con otras personas y se relacionan socialmente, solo que dichos contactos se reducen a conversaciones y actividades que tengan que ver exclusivamente con el <italic>manga</italic>. Ante el fallo de la cultura tradicional japonesa a la hora de hacer valer realmente unos valores colectivistas que eviten experiencias de fracaso individual, crean sus propias comunidades basadas en mundos paralelos, las cuales les llenan bastante m&#x00E1;s de lo que lo hace su comunidad cultural en el mundo real. Para una introducci&#x00F3;n a este fen&#x00F3;meno, v&#x00E9;ase Lamarre (<xref ref-type="bibr" rid="CIT24">2004</xref>).</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE7"><label>7</label>
					<p>Nos estamos refiriendo a movimientos sociales recientes y conocidos por todos, que jam&#x00E1;s habr&#x00ED;an tenido la relevancia que tuvieron, si no hubiese sido por las TIC. As&#x00ED; lo muestran Resina de la Fuente (<xref ref-type="bibr" rid="CIT39">2011</xref>), respecto al 15M en 2011 en Madrid; De Luca, Lawson y Sun (<xref ref-type="bibr" rid="CIT08">2012</xref>) en relaci&#x00F3;n al movimiento <italic>Occupy Wall Street</italic> el mismo a&#x00F1;o en Nueva York; y Khondker (<xref ref-type="bibr" rid="CIT23">2011</xref>) atendiendo a los movimientos por la democracia acaecidos entre 2010 y 2012 en pa&#x00ED;ses &#x00E1;rabes y englobados todos bajo la expresi&#x00F3;n «primavera &#x00E1;rabe».</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE8"><label>8</label>
					<p>En ning&#x00FA;n caso queremos afirmar aqu&#x00ED; que las TIC no puedan ser la causa de que un individuo se convierta en <italic>hikikomori</italic>. Jap&#x00F3;n es un pa&#x00ED;s tambi&#x00E9;n desarrollado donde las TIC est&#x00E1;n tambi&#x00E9;n sumamente presentes. De esta forma, podr&#x00ED;a darse el caso de que algunos casos pudiesen venir, si no originados, al menos, reforzados por el uso de estas. Ahora bien, tal y como hemos podido observar en el apartado anterior, en Jap&#x00F3;n la ra&#x00ED;z remite a una causa previa mucho m&#x00E1;s profunda, siendo por ello por lo que el fen&#x00F3;meno <italic>hikikomori</italic> tuvo aqu&#x00ED; su origen y no en cualquiera de los otros pa&#x00ED;ses desarrollados, donde el fen&#x00F3;meno es m&#x00E1;s reciente por estar relacionado directamente con el uso de las TIC.</p>
				</fn>
				
			</fn-group>
		</sec>
				
		<ref-list>
			<title>BIBLIOGRAF&#x00CD;A</title>
				
			<ref id="CIT01">
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
					  <surname>Arendt</surname>
					  <given-names>H.</given-names>	  
				  </name>
			  </person-group>
			  <year>1997</year>
			  <source>Filosof&#x00ED;a y pol&#x00ED;tica. Heidegger y el existencialismo</source>
			  <publisher-loc>Bilbao</publisher-loc>
			  <publisher-name>Besatari</publisher-name>
			</element-citation>
			</ref>

			<ref id="CIT02"> 
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
					  <surname>Arendt</surname>
					  <given-names>H.</given-names>	  
				  </name>
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