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			<journal-id journal-id-type="publisher-id">Arbor</journal-id>
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				<journal-title>ARBOR Ciencia, Pensamiento y Cultura</journal-title>
				<abbrev-journal-title>Arbor</abbrev-journal-title>
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			<issn pub-type="epub">0210-1963</issn>
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				<publisher-name>Consejo Superior de Investigaciones Cient&#x00ED;ficas</publisher-name>
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			<article-id pub-id-type="publisher-id">arbor.2017.785n3013</article-id>
			<article-id pub-id-type="doi">10.3989/arbor.2017.785n3013</article-id>
			 
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				<subject>VARIA / VARIA</subject>
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				<article-title>Jos&#x00E9; Otero Espasand&#x00ED;n (1900-1987). Un divulgador cient&#x00ED;fico espa&#x00F1;ol en la Argentina</article-title>
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					<trans-title>Jos&#x00E9; Otero Espasand&#x00ED;n (1900-1987). A Spanish science popularizer in Argentina</trans-title>
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				<alt-title alt-title-type="running-head">Jos&#x00E9; Otero Espasand&#x00ED;n (1900-1987). Un divulgador cient&#x00ED;fico espa&#x00F1;ol en la Argentina</alt-title>
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					 <surname>D&#x00ED;az-Fierros Viqueira</surname>
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			<aff id="U1">Universidade de Santiago de Compostela</aff>
		
			<author-notes>
				<corresp id="cor1">e-mail: <email xlink:href="francisco.diaz-fierros@usc.es">francisco.diaz-fierros@usc.es</email>
					ORCID iD: <ext-link ext-link-type="uri" xlink:href="http://orcid.org/0000-0003-3690-2172">http://orcid.org/0000-0003-3690-2172</ext-link>
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				<day>30</day>
				<month>09</month>
				<year>2017</year>
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			<pub-date pub-type="collection">
			<year>2017</year>
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			<volume>193</volume>
			<issue>785</issue>
			
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					<license-p>Este es un art&#x00ED;culo de acceso abierto distribuido bajo los t&#x00E9;rminos de la licencia Creative Commons Attribution (CC BY) Espa&#x00F1;a 3.0.</license-p>
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				<title>RESUMEN</title>
				<p>Jos&#x00E9; Otero Espasandin (1900-1987) fue un importante divulgador de la ciencia en la Argentina de los a&#x00F1;os cuarenta del pasado siglo XX que perteneci&#x00F3; al grupo de las <italic>Misiones Pedag&#x00F3;gicas</italic>. En este trabajo se ofrece una breve biograf&#x00ED;a suya y se presenta su producci&#x00F3;n como autor de textos de divulgaci&#x00F3;n de la ciencia y la t&#x00E9;cnica. Se destacan sus principales caracter&#x00ED;sticas y se discute su importancia y significado para la &#x00E9;poca.</p>
			</abstract>
			
									
			<trans-abstract xml:lang="en">
				<title>ABSTRACT</title>
				<p>Jos&#x00E9; Otero Espasand&#x00ED;n (1900-1987) was an important science popularizer in Argentina during the 1940´s, who belonged to the <italic>Misiones Pedag&#x00F3;gicas (Educational Missions)</italic> group in Spain. This paper presents his biography and his work as a science and technology popularizer. It focused on his features, value and significance for that period.</p>
			</trans-abstract>
			
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				<title>PALABRAS CLAVE</title>
				<kwd>divulgaci&#x00F3;n</kwd>
				<kwd>ciencia</kwd>
				<kwd>t&#x00E9;cnica</kwd>
				<kwd>educaci&#x00F3;n</kwd>
				<kwd>cultura</kwd>
				<kwd>Argentina</kwd>
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				<title>KEYWORDS</title> 			
				<kwd>popularization</kwd>	
				<kwd>science</kwd>
				<kwd>technology</kwd>
				<kwd>education</kwd>
				<kwd>culture</kwd>
				<kwd>Argentina</kwd>
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		<sec id="S1">
			<title>1. LA ACTUALIDAD DE LA DIVULGACI&#x00D3;N DE LA CIENCIA EN ARGENTINA</title>

			<p>La salida de la dictadura militar, en 1983, dio origen en Argentina a una etapa de expansi&#x00F3;n cultural de la que no fue ajena la divulgaci&#x00F3;n de la ciencia, sobre todo en lo relativo a la aparici&#x00F3;n de revistas y suplementos especiales en los diarios de mayor circulaci&#x00F3;n. En esta d&#x00E9;cada, el diario <italic>Clarin</italic>, que fue el primero, inaugura su suplemento <italic>Ciencia y T&#x00E9;cnica</italic> seguido por <italic>La Naci&#x00F3;n</italic>, con <italic>Ciencia</italic> y m&#x00E1;s tarde por <italic>Pagina 12</italic> con <italic>Futuro</italic> (Cazaux, <xref ref-type="bibr" rid="CIT03">2010</xref>). </p>

			<p>En este mismo per&#x00ED;odo aparece la versi&#x00F3;n argentina de la revista espa&#x00F1;ola <italic>Muy Interesante</italic> (1985) bajo la direcci&#x00F3;n de un conocido dibujante y emigrado espa&#x00F1;ol, el alicantino Manuel Garc&#x00ED;a Ferr&#x00E9;, <italic>Ciencia Hoy</italic> (1988), promovida por la asociaci&#x00F3;n que lleva el mismo nombre, <italic>Conozca M&#x00E1;s</italic> (1989), de la editorial Atl&#x00E1;ntida, y <italic>Descubrir</italic> (1989), de editorial Perfil. Es el momento en que las revistas comienzan a sustituir a los libros como cauces fundamentales de la divulgaci&#x00F3;n de la ciencia y alcanzan un grado de difusi&#x00F3;n notable. En el caso de las citadas y en su &#x00E9;poca de m&#x00E1;ximo esplendor (1991-1993) llegaron a totalizar m&#x00E1;s de 500.000 lectores (Vedia, <xref ref-type="bibr" rid="CIT25">1998, 14 de abril</xref>; Cazaux, <xref ref-type="bibr" rid="CIT03">2010</xref>). </p>

			<p>Una iniciativa notable fue la que adopt&#x00F3; la Universidad de Buenos Aires en 1984 creando el Centro Cultural Rector Ricardo Rojas como una instituci&#x00F3;n encargada de tender puentes entra la universidad y la comunidad a trav&#x00E9;s de un conjunto de actividades dirigidas hacia un p&#x00FA;blico amplio y no necesariamente universitario. Entre ellas figuraban <italic>Los libros de Nautilus</italic>, concebidos como un medio para difundir los conocimientos cient&#x00ED;ficos en formatos de revista o libros. La creaci&#x00F3;n de la editorial universitaria EUDEBA, en el mismo a&#x00F1;o, sirvi&#x00F3; para complementar la actividad divulgadora del centro cultural, el “Rojas”, como fue popularmente conocido.</p>

			<p>La profunda crisis econ&#x00F3;mica que padeci&#x00F3; Argentina desde 1998 hasta el 2001 afect&#x00F3; muy seriamente a la producci&#x00F3;n editorial en divulgaci&#x00F3;n de la ciencia, reduciendo por ejemplo los lectores de las revistas anteriores a valores inferiores a los 100.000 y dejando en m&#x00ED;nimos las dem&#x00E1;s actividades. La salida de la crisis supuso un relanzamiento de las iniciativas divulgadoras, pero en ning&#x00FA;n momento una vuelta a la situaci&#x00F3;n anterior pues, por una parte, muchas revistas, editoriales e instituciones hab&#x00ED;an desaparecido en esos a&#x00F1;os y, por otra, el contexto en el que se estaba produciendo la comunicaci&#x00F3;n de la ciencia hacia el gran p&#x00FA;blico se estaba abriendo hacia unos horizontes totalmente nuevos y diferentes. </p>

			<p>Los suplementos de los grandes diarios, con diferentes adaptaciones, monopolizaban al gran p&#x00FA;blico y algunas editoriales para sobrevivir tuvieron que adaptarse a la espectacularidad y el sensacionalismo que la nueva sociedad demandaba, como la colecci&#x00F3;n de la editorial Lamiqu&#x00E9;, <italic>Libros cient&#x00ED;ficamente divertidos</italic> o la <italic>Ciencia que ladra</italic>, de la Universidad de Quilmes (Cazaux, <xref ref-type="bibr" rid="CIT03">2010</xref>). Los canales de televisi&#x00F3;n comienzan a incluir la ciencia como tema de atracci&#x00F3;n, pero sobre todo ser&#x00E1;n otras formas de expresi&#x00F3;n, algunas tan enraizadas en el car&#x00E1;cter argentino como el teatro, las que incluyan como novedad a la ciencia en sus argumentos. (En el 2004 hab&#x00ED;a cuatro obras de tema cient&#x00ED;fico represent&#x00E1;ndose en las salas de Buenos Aires). Aparecen los caf&#x00E9;s cient&#x00ED;ficos, los festivales, los viernes cient&#x00ED;ficos, museos de puertas abiertas, el <italic>t&#x00FA;nel de la ciencia</italic> (Cazaux, <xref ref-type="bibr" rid="CIT03">2010</xref>) y todo un amplio abanico de iniciativas de comunicaci&#x00F3;n con el p&#x00FA;blico que dejaban en parte arrinconados los tradicionales formatos del libro y la revista, que de todas maneras tratar&#x00ED;an de sobrevivir con los nuevos recursos que aportaba internet.</p>

			<p>Esta profusi&#x00F3;n de formatos y esta deriva hacia la espectacularidad de la ciencia, de todas formas, no dejaba satisfechos a los divulgadores m&#x00E1;s serios y responsables, como el bi&#x00F3;logo Eduardo Wolovelsky, que en una entrevista del diario <italic>P&#x00E1;gina 12</italic> (17 de febrero del 2014) afirmaba:</p>

						<p>No acuerdo con la mayor&#x00ED;a de la cosas que se hacen en divulgaci&#x00F3;n cient&#x00ED;fica, porque hay una perspectiva publicitaria, propagand&#x00ED;stica, sin promover ninguna reflexi&#x00F3;n… cuando hay tanta preocupaci&#x00F3;n por la generaci&#x00F3;n de vocaci&#x00F3;n hacia la ciencia, justamente la perspectiva publicitaria la erosiona, primero porque plantea una perspectiva de divertimiento que no es cierta, porque el estudio requiere muchas virtudes, y una de las cuestiones que est&#x00E1; ausente es el divertimiento, puede existir la pasi&#x00F3;n, el inter&#x00E9;s, un deseo profundo, intenso, un compromiso importante, convicci&#x00F3;n, pero no es el divertimiento lo que convoca.</p>

			<p>A pesar de estos problemas, en la Argentina previa a la ca&#x00ED;da de la dictadura militar existe una importante producci&#x00F3;n editorial en divulgaci&#x00F3;n de la ciencia que no se puede olvidar y que, sin duda, es de las m&#x00E1;s destacadas del mundo iberoamericano. Una producci&#x00F3;n que hunde sus ra&#x00ED;ces en lo que se dio en llamar la “edad de oro” de las editoriales argentinas, la d&#x00E9;cada de los cuarenta del pasado siglo. En ella, el protagonismo de los intelectuales espa&#x00F1;oles exiliados fue, en muchos casos, decisivo, creando editoriales, sosteniendo colecciones o revistas y, en cualquier caso, trabajando siempre muy duro al lado de sus colegas argentinos en proyectos donde la idea de que se estaba construyendo algo nuevo y relevante era la dominante.</p>

			<p>En esa &#x00E9;poca y en ese ambiente, un exiliado espa&#x00F1;ol, nacido en una aldea del noroeste hispano y formado en la gran escuela de las <italic>Misiones Pedag&#x00F3;gicas</italic>, Jos&#x00E9; Otero Espasand&#x00ED;n, puso en marcha una serie de divulgaci&#x00F3;n, la <italic>Colecci&#x00F3;n Oro</italic> de Billiken, que sirvi&#x00F3; para llevar a los j&#x00F3;venes argentinos, de una forma amena y competente, el conocimiento cient&#x00ED;fico del momento. Su importante obra divulgadora, salvo contadas excepciones (Mu&#x00F1;oz, <xref ref-type="bibr" rid="CIT11">1994</xref>; Otero Varela, <xref ref-type="bibr" rid="CIT13">2001</xref>; Pelegr&#x00ED;n, <xref ref-type="bibr" rid="CIT14">2000</xref>; Pelegr&#x00ED;n, <xref ref-type="bibr" rid="CIT15">2008</xref>) es pr&#x00E1;cticamente desconocida en Espa&#x00F1;a por lo que ser&#x00ED;a un acto de justicia hist&#x00F3;rica rescatarla del olvido en el a&#x00F1;o en el que se cumplen 75 de la edici&#x00F3;n de su primer libro de divulgaci&#x00F3;n.</p>

		</sec>
		
		<sec id="S2">
			<title>2. LA DIVULGACI&#x00D3;N CIENT&#x00CD;FICA EN ESPA&#x00D1;A EN LAS PRIMERAS D&#x00C9;CADAS DEL SIGLO VEINTE</title>

			<p>La historia de la divulgaci&#x00F3;n cient&#x00ED;fica fue considerada tradicionalmente como un g&#x00E9;nero menor dentro de la historia general de la ciencia. De hecho, todav&#x00ED;a no existen buenos compendios de esta actividad que es una pieza clave para la transmisi&#x00F3;n de los conocimientos cient&#x00ED;ficos a la sociedad. Solo en los &#x00FA;ltimos a&#x00F1;os comenzaron a aparecer estudios sobre el papel esencial que juega, incluso como elemento constitutivo de la ciencia, la divulgaci&#x00F3;n cient&#x00ED;fica (Secord, <xref ref-type="bibr" rid="CIT21">2004</xref>; Topman, <xref ref-type="bibr" rid="CIT22">2008</xref>; Nieto-Gal&#x00E1;n, <xref ref-type="bibr" rid="CIT12">2011</xref>), as&#x00ED; como sobre las distintas modalidades que se fueron empleando en esta empresa a lo largo de la historia.</p>

			<p>En Espa&#x00F1;a, la divulgaci&#x00F3;n cient&#x00ED;fica tuvo unos claros precedentes en la obra de los ilustrados (Feijoo y Sarmiento, fundamentalmente) pero ser&#x00E1; en la segunda mitad del XIX, coincidiendo con la denominada “segunda revoluci&#x00F3;n del libro” (Botrel, <xref ref-type="bibr" rid="CIT02">1996</xref>), propiciada por el importante incremento de la alfabetizaci&#x00F3;n y por lo tanto con la llegada de nuevos lectores potenciales, cuando se manifieste ya de una forma clara. Ser&#x00E1;n sin duda, en primer lugar, las traducciones de los libros de los franceses Figuier y Flammmarion, en ediciones de lujo y gran formato, las que inicien este proceso, seguidas por otros libros de similares caracter&#x00ED;sticas, ahora de autores espa&#x00F1;oles (Od&#x00F3;n de Buen, Chao, etc.), editados sobre todo en Barcelona, los que sustenten esta divulgaci&#x00F3;n de “&#x00E9;lite”. As&#x00ED; mismo, revistas generalistas como <italic>El Museo Universal</italic>, <italic>La Am&#x00E9;rica</italic> o <italic>La Ilustraci&#x00F3;n Espa&#x00F1;ola y Americana</italic> (Lafuente y Saraiva, <xref ref-type="bibr" rid="CIT09">2002</xref>; Corell Domenech, <xref ref-type="bibr" rid="CIT04">2013</xref>) no dudar&#x00E1;n en dar cabida como firmas frecuentes a los grandes divulgadores cient&#x00ED;ficos del momento (Echegaray, Picatoste, Rodr&#x00ED;guez Mourelo, Rodr&#x00ED;guez Carracido, etc.). Y tambi&#x00E9;n aparecer&#x00E1;n revistas especializadas en divulgaci&#x00F3;n como <italic>La Naturaleza</italic> (1891-1900) e <italic>Ib&#x00E9;rica</italic> (1913-), entre otras, que afrontar&#x00E1;n el reto de informar peri&#x00F3;dicamente de las novedades cient&#x00ED;ficas y t&#x00E9;cnicas que se produc&#x00ED;an en el mundo. </p>

			<p>Pero va a ser la aparici&#x00F3;n de las ediciones populares y de bajo coste la que realmente lleve la ciencia a todos los niveles de la sociedad espa&#x00F1;ola, algo que sucedi&#x00F3; con el cambio de siglo. La primera colecci&#x00F3;n relevante de estos libros ser&#x00ED;an los <italic>Manuales Soler</italic> que, en formato reducido (11 x 16 cm.) y textos entre cien y doscientas p&#x00E1;ginas, trataban de llevar la ciencia y la t&#x00E9;cnica a “las personas amantes de la instrucci&#x00F3;n”, “las familias”, “los centros y asociaciones de car&#x00E1;cter cient&#x00ED;fico, pol&#x00ED;tico, profesional o recreativo” y a “las personas que se preocupan en instruirse”, teniendo como objetivos generales los de “popularizar los principios de la ciencia moderna, sus grandes conquistas” (S&#x00E1;nchez Vigil y Olivera Zaldua, <xref ref-type="bibr" rid="CIT19">2013</xref>). En 1900 editaban, entre otros, <italic>El compendio de qu&#x00ED;mica biol&#x00F3;gica</italic> y <italic>El compendio de qu&#x00ED;mica org&#x00E1;nica</italic> de Rodr&#x00ED;guez Carracido, <italic>El compendio de qu&#x00ED;mica general</italic> de Luanco o <italic>El an&#x00E1;lisis qu&#x00ED;mico</italic> de Casares Gil. Al lado de estos libros, que intentaban hacer asequible el conocimiento de ciencias de inter&#x00E9;s y actualidad, se publicaron otros de aplicaci&#x00F3;n t&#x00E9;cnica como <italic>Los abonos industriales, La abeja y sus productos, Ascensores hidr&#x00E1;ulicos y el&#x00E9;ctricos, Canales de riego,</italic> etc. En 1908 la colecci&#x00F3;n ten&#x00ED;a ya un amplio cat&#x00E1;logo que contaba entre sus autores a cient&#x00ED;ficos espa&#x00F1;oles relevantes, adem&#x00E1;s de los ya citados, como Ernesto Caballero, L&#x00E1;zaro e Ibiza, Calder&#x00F3;n y Arana, Huguet del Villar, Rivas Mateos, Rafael Altamira, Od&#x00F3;n de Buen, Fern&#x00E1;ndez Navarro, Ban&#x00FA;s y Comas. En ese a&#x00F1;o se vendieron en Espa&#x00F1;a 500.793 vol&#x00FA;menes y en la Argentina 178.914<xref ref-type="fn" rid="NOTE1">1</xref>. </p>

			<p>Con 101 t&#x00ED;tulos editados en 1915, la colecci&#x00F3;n fue adquirida por Josep Gallach que la incorpor&#x00F3; a su fondo y la reedit&#x00F3;, y continu&#x00F3; con el nombre de <italic>Manuales Gallach</italic>. Tres a&#x00F1;os despu&#x00E9;s ser&#x00ED;a adquirida, con todos los fondos de Gallach, por la editorial madrile&#x00F1;a CALPE (Compa&#x00F1;&#x00ED;a An&#x00F3;nima de Librer&#x00ED;a, Publicaciones y Ediciones) que continu&#x00F3; edit&#x00E1;ndola y ampli&#x00E1;ndola, conservando el t&#x00ED;tulo (S&#x00E1;nchez Vigil y Olivera Zaldua, <xref ref-type="bibr" rid="CIT19">2013</xref>).</p>

			<p>Tambi&#x00E9;n fue importante en relaci&#x00F3;n con la divulgaci&#x00F3;n cient&#x00ED;fica la editorial Labor fundada en Barcelona por el alem&#x00E1;n Georg W. Pfegler que cre&#x00F3; en 1923 la <italic>Biblioteca de iniciaci&#x00F3;n cultural</italic>, en formato menor, y que hasta 1937 lleg&#x00F3; a tener publicados 403 libros, muchos de ellos con varias ediciones. Con un nivel divulgativo superior a los <italic>Manuales Soler</italic> ten&#x00ED;a como lema de la colecci&#x00F3;n <italic>La Naturaleza de todos los pa&#x00ED;ses. La Cultura de todos los pueblos. La Ciencia de todas las &#x00E9;pocas</italic> y se anunciaba con la pretensi&#x00F3;n de “acercarse a la incesante actividad creadora de la Ciencia y penetrar en los cauces de la corriente viva del saber, en sus &#x00FA;ltimos avances y descubrimientos, estableciendo &#x00ED;ntimo contacto con las aportaciones de todas las culturas, &#x00E9;pocas y pa&#x00ED;ses”. Ten&#x00ED;a varias secciones (Ciencias filos&#x00F3;ficas, Artes pl&#x00E1;sticas, M&#x00FA;sica, Ciencias hist&#x00F3;ricas, Geograf&#x00ED;a, Ciencias jur&#x00ED;dicas, Pol&#x00ED;tica, Econom&#x00ED;a, Ciencias exactas, f&#x00ED;sicas y qu&#x00ED;micas y Ciencias Naturales). En su cat&#x00E1;logo cient&#x00ED;fico aparecen, sobre todo, traducciones, principalmente de autores germ&#x00E1;nicos, acompa&#x00F1;ados por algunos espa&#x00F1;oles consagrados ya como profesionales de la ciencia de una cierta relevancia, como J. Ma&#x00F1;as y Bonvi (<italic>F&#x00ED;sica general</italic>, 1927), E. Huguet del Villar (<italic>Geobot&#x00E1;nica</italic>, 1929), B. Fern&#x00E1;ndez Riofr&#x00ED;o (<italic>Introducci&#x00F3;n a la bot&#x00E1;nica</italic>, 1942), F. Garc&#x00ED;a del Cid (<italic>Introducci&#x00F3;n al estudio de la zoolog&#x00ED;a</italic>, 1928), C. Ar&#x00E9;valo (<italic>La vida en las aguas dulces</italic>, 1929), E. Rioja (<italic>Los animales marinos</italic>), E. Fern&#x00E1;ndez Galiano (<italic>Los animales par&#x00E1;sitos</italic>, 1929 y <italic>Los fundamentos de la biolog&#x00ED;a</italic>, 1945), L. Lozano Rey (<italic>Los vertebrados terrestres</italic>, 1931) o L. M. Lorente (<italic>Meteorolog&#x00ED;a</italic>, 1939)<xref ref-type="fn" rid="NOTE2">2</xref>.</p>

			<p>De todas formas, la editorial m&#x00E1;s importante de la &#x00E9;poca fue CALPE y en ella tambi&#x00E9;n existieron fondos y colecciones relevantes en relaci&#x00F3;n con la divulgaci&#x00F3;n de la ciencia, una editorial que, sobre todo, tuvo una importante penetraci&#x00F3;n en el mercado americano, fundamentalmente en el argentino. Fundada en 1918 despu&#x00E9;s de la gran guerra por Nicol&#x00E1;s Mar&#x00ED;a Urgoiti, presidente de Papelera Espa&#x00F1;ola y propietario de <italic>El Sol</italic>, ten&#x00ED;a como asesor literario a Ortega y Gasset. Este proyecto editorial fue posible gracias a la incorporaci&#x00F3;n de los fondos adquiridos a Gallach y en sus primeros a&#x00F1;os fue una de las empresas espa&#x00F1;olas m&#x00E1;s rentables (en 1922 era la empresa que ingresaba m&#x00E1;s en Hacienda (S&#x00E1;nchez Vigil, <xref ref-type="bibr" rid="CIT20">2004</xref>). En 1920 comenz&#x00F3; un ambicioso proyecto de apertura hacia los mercados americanos que se consolid&#x00F3; dos a&#x00F1;os despu&#x00E9;s con la inauguraci&#x00F3;n de su delegaci&#x00F3;n en Buenos Aires y una agresiva pol&#x00ED;tica comercial que “sembr&#x00F3; las bibliotecas de instituciones p&#x00FA;blicas y los despachos de particulares de colecciones CALPE y enciclopedias Espasa” (S&#x00E1;nchez, <xref ref-type="bibr" rid="CIT20">2004</xref>). En relaci&#x00F3;n con la ciencia ten&#x00ED;a varias colecciones (<italic>Medicina y Biolog&#x00ED;a</italic>, <italic>Ingenier&#x00ED;a y Qu&#x00ED;mica</italic>, <italic>Actualidades Cient&#x00ED;ficas y Pol&#x00ED;ticas</italic>, <italic>Libros de Invenciones e Industrias</italic> y <italic>Agricultura y Ganader&#x00ED;a</italic>), que no se podr&#x00ED;an adscribir con facilidad al g&#x00E9;nero de la divulgaci&#x00F3;n pues en ellas el tratamiento de los temas se realizaba con un grado bastante elevado de especializaci&#x00F3;n. Por otra parte, las dos colecciones de vocaci&#x00F3;n divulgadora, la <italic>Colecci&#x00F3;n Universal</italic> y los <italic>Breviarios de Ciencias y Letras</italic>, no cumplieron esa funci&#x00F3;n porque la primera se dedic&#x00F3; pr&#x00E1;cticamente a la literatura espa&#x00F1;ola y universal y al ensayo (en relaci&#x00F3;n con la ciencia solo ten&#x00ED;a <italic>El Origen de las Especies</italic>)<xref ref-type="fn" rid="NOTE3">3</xref> y la otra no pas&#x00F3; de los cinco t&#x00ED;tulos. Sin embargo, s&#x00ED; que tuvieron una gran relevancia y transcendencia la colecci&#x00F3;n de las cinco obras del franc&#x00E9;s J. H. Fabre, publicadas en 1920, dedicadas a la vida y costumbres de los insectos, y sobre todo los <italic>Libros de la Naturaleza</italic>. Esta colecci&#x00F3;n fue concebida en 1920 por el pedagogo Lorenzo Luzuriaga y estuvo reedit&#x00E1;ndose, ya como Espasa-Calpe, hasta los a&#x00F1;os setenta. Tuvo veinti&#x00FA;n t&#x00ED;tulos y en ellos colaboraron el zo&#x00F3;logo &#x00C1;ngel Cabrera, con ocho t&#x00ED;tulos, el ge&#x00F3;grafo Dant&#x00ED;n Cereceda, con cinco, Josefa Mart&#x00ED;, con dos, y ya solo con uno Fern&#x00E1;ndez Navarro, C&#x00E1;ndido Bol&#x00ED;var y otros. Todos los libros llevaban unas hermosas y atrayentes sobrecubiertas del dibujante Bagar&#x00ED;a.</p>

			<p>En 1925, con graves problemas econ&#x00F3;micos, CALPE se fusiona con la editorial Espasa, a la que le distribu&#x00ED;a su <italic>Enciclopedia Universal</italic> y que a su vez era su principal fuente de ingresos. En 1937, dentro de una tendencia general de las delegaciones de las editoriales espa&#x00F1;olas en Argentina de transformarse en empresas independientes, aparece Espasa-Calpe Argentina, gestionada por Urgoiti y Gonzalo Losada (este &#x00FA;ltimo crear&#x00ED;a poco despu&#x00E9;s la editorial Losada) con la colaboraci&#x00F3;n de Guillermo Torres y Attilio Rossi. La iniciativa fundamental de esta nueva etapa fue la creaci&#x00F3;n de la colecci&#x00F3;n <italic>Austral</italic>, conjunto de libros en “ediciones &#x00ED;ntegras autorizadas, bellamente presentados, muy econ&#x00F3;micos”, “libros para todos los lectores y un libro para el gusto de cada lector”. Ya en diciembre de 1938 ten&#x00ED;a publicados m&#x00E1;s de cincuenta t&#x00ED;tulos convirti&#x00E9;ndose en la colecci&#x00F3;n estrella de Espasa-Calpe (Larraz, <xref ref-type="bibr" rid="CIT10">2009</xref>).</p>

			<p>El tratamiento de la divulgaci&#x00F3;n cient&#x00ED;fica en esta nueva y emblem&#x00E1;tica colecci&#x00F3;n fue realmente limitado, pues analizando sus primeros mil t&#x00ED;tulos (alcanzados en 1950) se encuentran muy escasos vol&#x00FA;menes dedicados a esta tem&#x00E1;tica: dos de Desiderio Papp sobre el sistema solar y el universo, dos de Ignacio Puig sobre el cosmos y la tierra, tres de M. Maeterlick sobre vida y costumbres de hormigas y abejas, otro de E. Labin sobre energ&#x00ED;a at&#x00F3;mica y finalmente otro de A. Demaison de narraciones sobre animales salvajes. La historia de la ciencia, con siete textos de J. Babini, J. G. Crowther, A. Mieli, C. Pl&#x00E1; y J. Rey Pastor, solo con un criterio muy amplio podr&#x00ED;a considerarse tambi&#x00E9;n como divulgaci&#x00F3;n cient&#x00ED;fica.</p>

			<p>Espasa-Calpe public&#x00F3; tambi&#x00E9;n otras colecciones sobre ciencia como <italic>Historia y Filosof&#x00ED;a de la Ciencia</italic>, dirigida por Rey Pastor o <italic>Nueva Ciencia. Nueva T&#x00E9;cnica</italic>, donde los libros entraban de lleno, por su elevado tratamiento, en la categor&#x00ED;a del ensayo o del libro de texto. Solo espor&#x00E1;dicamente libros como los de George Gamow (1942 y 1949), ya en los a&#x00F1;os cuarenta, volv&#x00ED;an de nuevo a ser dirigidos hacia el gran p&#x00FA;blico.</p>

			<p>Otras editoriales espa&#x00F1;olas (Seix y Barral, Reguera, Juventud, etc.) trataron tambi&#x00E9;n de forma puntual la divulgaci&#x00F3;n cient&#x00ED;fica, pero fueron en su conjunto las tres grandes editoriales consideradas previamente las que llevaron el peso de este g&#x00E9;nero literario. De su an&#x00E1;lisis se puede concluir que, aunque comparado con la producci&#x00F3;n editorial global dedicada a la ciencia fue un tema menor, no dej&#x00F3; de tener su importancia y, sobre todo, se puede apreciar c&#x00F3;mo fueron los cient&#x00ED;ficos consagrados los que escribieron, de forma abrumadoramente mayoritaria, estos libros. Los divulgadores con una formaci&#x00F3;n no espec&#x00ED;ficamente cient&#x00ED;fica, como pudieron ser los periodistas o cultivadores de las ciencias sociales que en otros pa&#x00ED;ses tuvieron una cierta presencia (Nieto-Gal&#x00E1;n, <xref ref-type="bibr" rid="CIT12">2011</xref>), en la Espa&#x00F1;a de los comienzos del siglo XX, que es la &#x00E9;poca que consideramos en este trabajo, pr&#x00E1;cticamente no existieron<xref ref-type="fn" rid="NOTE4">4</xref>.</p>

		</sec>
		
		<sec id="S3">
			<title>3. LA DIVULGACI&#x00D3;N DE LA CIENCIA EN ARGENTINA EN LOS A&#x00D1;OS CUARENTA</title>

			<p>Existen diferentes trabajos sobre la edici&#x00F3;n en Argentina que coinciden en se&#x00F1;alar su precariedad hasta la d&#x00E9;cada de los cuarenta en la que comienza su “edad de oro”, propiciada en parte por el exilio de editores y empresas espa&#x00F1;olas como consecuencia de la guerra civil y en la que se crearon y desarrollaron numerosas editoriales de prestigio como Espasa-Calpe, Losada, Emec&#x00E9;, Sudamericana, etc. Anteriormente editoriales menores locales, as&#x00ED; como muchas francesas que comenzaban a especializarse en la edici&#x00F3;n en castellano y algunas espa&#x00F1;olas, ir&#x00ED;an cubriendo un mercado en expansi&#x00F3;n pero todav&#x00ED;a relativamente limitado.</p>

			<p>La ciencia estaba presente, sobre todo, en traducciones de autores extranjeros y la divulgaci&#x00F3;n cient&#x00ED;fica comenzaba a dar sus primeros pasos con editoriales como la Librer&#x00ED;a de la viuda de Ch. Bouret, con la publicaci&#x00F3;n de las obras de Flammarion en castellano desde el a&#x00F1;o 1913, as&#x00ED; como con diferentes manuales de ciencias cl&#x00E1;sicas y sobre determinadas t&#x00E9;cnicas. La venta de los <italic>Manuales Soler</italic> de Gallach desde los primeros a&#x00F1;os del XX, las bibliotecas de Labor desde los a&#x00F1;os veinte y, sobre todo, los fondos de Calpe y despu&#x00E9;s Espasa-Calpe contribuyeron a que la divulgaci&#x00F3;n cient&#x00ED;fica de estas editoriales espa&#x00F1;olas fuera ocupando un puesto cada vez m&#x00E1;s relevante en el mercado del libro argentino.</p>

			<p>En los a&#x00F1;os cuarenta la Editorial Sudamericana pone en marcha la colecci&#x00F3;n <italic>Ciencia y Cultura</italic>, en la que se publicar&#x00ED;an ensayos como la <italic>Autobiograf&#x00ED;a de la tierra</italic> de John Bradley o los <italic>Ensayos de un bi&#x00F3;logo</italic> de J. Huxley. Pero ser&#x00ED;an sobre todo en las editoriales Codex y Abril donde aparecer&#x00ED;an los trabajos del ge&#x00F3;logo H&#x00E9;ctor German Oesterheld, uno de los grandes divulgadores y escritores para p&#x00FA;blicos juveniles en Argentina, desaparecido durante la dictadura de los militares. Obras suyas ser&#x00ED;an <italic>Animales industriosos</italic> (1947), <italic>La vida de los animales prehist&#x00F3;ricos</italic> (1947), <italic>Nidos de p&#x00E1;jaros</italic> (1947), <italic>El mundo maravilloso de los insectos</italic> (1948), <italic>La aventura del petr&#x00F3;leo</italic> (1948), <italic>Historia de las rosas y los tulipanes</italic> (1949) o la <italic>Vida de los colibr&#x00ED;es y aves del para&#x00ED;so</italic> (1949). (Ferreiro, Garc&#x00ED;a, Ostuni, Rosales y Rodr&#x00ED;guez van Rousselt, <xref ref-type="bibr" rid="CIT08">2004</xref>).</p>

			<p>Una editorial singular en relaci&#x00F3;n con la divulgaci&#x00F3;n de la ciencia en la Argentina para p&#x00FA;blicos infantiles y juveniles ser&#x00ED;a la Atl&#x00E1;ntida, fundada en 1904 por el periodista uruguayo Constancio C. Vigil (1876-1954), que llegar&#x00ED;a a ser l&#x00ED;der del mercado de revistas. En ella se edit&#x00F3; el magazine infantil <italic>Billiken</italic> desde 1919, que todav&#x00ED;a sigue en circulaci&#x00F3;n, y que es la revista infantil m&#x00E1;s antigua de habla hispana. La revista organiz&#x00F3; sus contenidos como un complemento escolar en los que no faltar&#x00ED;an desde el primer n&#x00FA;mero los relativos a la divulgaci&#x00F3;n cient&#x00ED;fica en forma de curiosidades cient&#x00ED;ficas o notas de actualidad sobre nuevos inventos o descubrimientos (Varela V&#x00E1;zquez, <xref ref-type="bibr" rid="CIT23">1994, 15 de abril</xref>). A&#x00F1;os m&#x00E1;s tarde se crea la <italic>Biblioteca Billiken</italic>, que aportar&#x00ED;a <italic>Obras maestras en versi&#x00F3;n compendiada</italic> y <italic>Divulgaci&#x00F3;n amena de temas cient&#x00ED;ficos, hist&#x00F3;ricos y literarios</italic>. Las dos colecciones quedaron aplazadas hasta los a&#x00F1;os cuarenta, en los que se pusieron en marcha simult&#x00E1;neamente con el nuevo nombre de <italic>Colecci&#x00F3;n Oro</italic>, y en la que Jos&#x00E9; Otero Espasand&#x00ED;n tendr&#x00ED;a un protagonismo especial.</p>

		</sec>
		
		<sec id="S4">
			<title>4. UNA BIOGRAF&#x00CD;A SUCINTA</title>

			<p>Jos&#x00E9; Otero Espasand&#x00ED;n nace el 9 de noviembre de 1900 en Santa Baia de Castro, una peque&#x00F1;a parroquia del ayuntamiento de Cerdedo (Pontevedra). Estudia magisterio en Santiago y poco despu&#x00E9;s de concluir la carrera es enviado a cumplir el servicio militar a Melilla donde conoce a Rafael Dieste, que tan fundamental ser&#x00ED;a a&#x00F1;os despu&#x00E9;s en su vida. En 1923, despu&#x00E9;s de dos a&#x00F1;os en &#x00C1;frica, vuelve a Galicia para ejercer la docencia en Ribeira pero en 1929 se traslada a Madrid para ampliar sus estudios en la Escuela Superior de Magisterio en la especialidad de Ciencias. Entra en relaci&#x00F3;n con la Instituci&#x00F3;n Libre de Ense&#x00F1;anza y a partir de estos v&#x00ED;nculos trabaja como profesor de Matem&#x00E1;ticas en la Escuela Pluriling&#x00FC;e Internacional (all&#x00ED; conocer&#x00ED;a a su mujer, Alicia Ort&#x00ED;z) y en el Museo de Ciencias. En Madrid reanuda y refuerza su amistad con Dieste y pasa a colaborar con las <italic>Misiones Pedag&#x00F3;gicas</italic> donde coincide con Maria Zambrano, Serrano Plaja, Sanchez Barbudo, Lorenzo Varela, etc. Estos a&#x00F1;os recorriendo los pueblos de Galicia y Espa&#x00F1;a rescatando tradiciones, divulgando la ciencia y la cultura por medio de los libros, el cine y el teatro marcaron sin duda su vida, como ocurri&#x00F3;, en general, con sus compa&#x00F1;eros de <italic>Misiones</italic> que eran caracterizados por “el deseo de comunicaci&#x00F3;n con el pueblo, de intercambiar la cultura ancestral y los valores de los que eran depositarios, al mismo tiempo de entrega solidaria de una juventud, de un compromiso integral, una fuerza unificadora y un anhelo de grupo” (Pelegr&#x00ED;n, <xref ref-type="bibr" rid="CIT15">2008</xref>).</p>

			<p>Es importante destacar que, desde siempre, Otero Espasand&#x00ED;n tuvo una secreta admiraci&#x00F3;n por las matem&#x00E1;ticas<xref ref-type="fn" rid="NOTE5">5</xref> que compart&#x00ED;a y cultivaba con su amigo Dieste, y que ten&#x00ED;a pensado solicitar una pensi&#x00F3;n de estudios para ampliar estos conocimientos. Tambi&#x00E9;n la naturaleza y m&#x00E1;s concretamente las aves era otra de sus pasiones, que dej&#x00F3; reflejada en algunos de sus poemas (Cuquejo Enr&#x00ED;quez, <xref ref-type="bibr" rid="CIT05">2006</xref>).</p>

			<p>La guerra civil cambia el rumbo de su vida y en 1939 cruza la frontera francesa, es internado en un campo de refugiados y poco despu&#x00E9;s logra el visado para trasladarse a Inglaterra, estableci&#x00E9;ndose en Norwich donde su esposa ejerc&#x00ED;a de profesora de espa&#x00F1;ol. Por su condici&#x00F3;n de refugiado no consigue trabajar, aunque intenta realizar los estudios de ingeniero electricista. De todas formas, como consecuencia del comienzo de la segunda guerra mundial y del restablecimiento de las relaciones diplom&#x00E1;ticas con Espa&#x00F1;a, su mujer pierde su trabajo y la situaci&#x00F3;n del matrimonio se hace insostenible. Pero en 1940, su amigo Dieste desde Buenos Aires, donde ejerc&#x00ED;a como editor literario de Atl&#x00E1;ntida, le consigue un trabajo en la editorial que le permite obtener el permiso de emigraci&#x00F3;n y realizar su traslado a la Argentina.</p>

			<p>Coincide la llegada de Otero Espasandin con la puesta en marcha en Atl&#x00E1;ntida de la <italic>Colecci&#x00F3;n Oro</italic>, que Dieste llevaba tiempo proyectando. Destinada “a ni&#x00F1;os de 7 a 80 a&#x00F1;os” pretend&#x00ED;a divulgar la cultura en obras bien escritas y dise&#x00F1;adas y con un tratamiento literario que las hiciese asequibles a un p&#x00FA;blico mayoritario, por eso, el libro: </p>

						<p>Debe ser claro, ordenado, ameno, distribuido en cap&#x00ED;tulos. Un libro de divulgaci&#x00F3;n que no exija para ser entendido conocimientos especiales ni m&#x00E1;s h&#x00E1;bito literario que el leer una revista no literaria. Sin embargo, el libro debe ser bonito, noble, como una buena conferencia de Misiones que pudiera escuchar con gusto cualquiera de los misioneros adem&#x00E1;s del p&#x00FA;blico (Dieste, <xref ref-type="bibr" rid="CIT06">1995</xref>).</p>

			<p>Otero ser&#x00ED;a durante dos a&#x00F1;os el &#x00FA;nico autor de una colecci&#x00F3;n en la que en ese per&#x00ED;odo de tiempo publicar&#x00ED;a catorce libros, la mayor&#x00ED;a de divulgaci&#x00F3;n en biolog&#x00ED;a, astronom&#x00ED;a, qu&#x00ED;mica, geograf&#x00ED;a, mitolog&#x00ED;a, etc. Trabajaba d&#x00ED;a y noche, con un contrato leonino, pero que le permit&#x00ED;a vivir modestamente y, sobre todo, mantener contacto con sus viejos amigos y proyectar y, en algunos casos, desarrollar viejas ilusiones editoriales y literarias. En los cinco a&#x00F1;os que pas&#x00F3; en la Argentina public&#x00F3; veintis&#x00E9;is libros, la mayor&#x00ED;a de divulgaci&#x00F3;n y con la editorial Atl&#x00E1;ntida, as&#x00ED; como diversas traducciones. Tambi&#x00E9;n public&#x00F3; m&#x00E1;s de un centenar de art&#x00ED;culos, sobre todo en revistas de la emigraci&#x00F3;n siendo de destacar los veinticuatro sobre p&#x00E1;jaros que escribi&#x00F3; para <italic>Correo Literario</italic>. Esta revista creada por Luis Seoane ten&#x00ED;a entre sus colaboradores a Dieste, Alberti, Serrano Plaja, Francisco Ayala, Mar&#x00ED;a Teresa Le&#x00F3;n, S&#x00E1;bato, Octavio Paz, Gabriela Mistral o Julio Cortazar (Otero Varela, <xref ref-type="bibr" rid="CIT13">2001</xref>).</p>

			<p>En 1947 es contratado por un instituto de educaci&#x00F3;n secundaria norteamericano de Waynesburg (Pennsylvania) para dirigir el departamento de espa&#x00F1;ol y donde pasar&#x00ED;a seis a&#x00F1;os. De all&#x00ED;, como consecuencia de una enfermedad de su mujer, se traslada a Washington, donde trabajar&#x00E1; como editor del bolet&#x00ED;n de la Organizaci&#x00F3;n Panamericana de la Salud y posteriormente como traductor para el departamento de agricultura, donde tambi&#x00E9;n dar&#x00E1; clases de castellano para graduados. Sin llegar a volver a pisar las tierras de Galicia y de Espa&#x00F1;a fallece en Washington el 15 de octubre de 1987.</p>

		</sec>
		
		<sec id="S5">
			<title>5. SU PRODUCCI&#x00D3;N LITERARIA</title>

			<p>En el a&#x00F1;o 1941 Otero Espasand&#x00ED;n inaugura la <italic>Colecci&#x00F3;n Oro</italic> de editorial Atl&#x00E1;ntida con el libro <italic>Maravillas de las regiones polares</italic> y contin&#x00FA;a hasta 1943 como &#x00FA;nico autor de la colecci&#x00F3;n a la que aportar&#x00ED;a catorce vol&#x00FA;menes. Bastante menos de un libro por mes que le exig&#x00ED;a la editorial, pero m&#x00E1;s que suficiente para un trabajo para el que “deb&#x00ED;a de hacerse con la bibliograf&#x00ED;a precisa, deb&#x00ED;a estudiarla y documentarse, deb&#x00ED;a profundizar en el tema y despu&#x00E9;s, contrarreloj, deb&#x00ED;a escribir todo un mazo de folios que ten&#x00ED;a que entregar el d&#x00ED;a se&#x00F1;alado”. Todo por 300 pesos al mes (Rei N&#x00FA;&#x00F1;ez, <xref ref-type="bibr" rid="CIT18">1986</xref>). De ellos, la mayor&#x00ED;a de los libros podr&#x00ED;an incluirse dentro del g&#x00E9;nero de la divulgaci&#x00F3;n cient&#x00ED;fica (<italic>Pobladores del mar, Prodigios de las aves, Los seres microsc&#x00F3;picos, Gigantes marinos, El cortejo solar, Un paseo por el cielo y Sociedades de insectos)</italic>. Durante ese mismo a&#x00F1;o publicar&#x00ED;a tambi&#x00E9;n los n&#x00FA;meros 19 y 23 de dicha colecci&#x00F3;n, dedicados a <italic>Prodigios de las plantas</italic> y <italic>Nuestro Planeta</italic>. Los restantes libros de la <italic>Colecci&#x00F3;n Oro</italic> que public&#x00F3; en estos tres primeros a&#x00F1;os estar&#x00ED;an dedicados a las sociedades antiguas de Egipto, Grecia y Roma y a las narraciones mitol&#x00F3;gicas. </p>

			<p>En los &#x00FA;ltimos meses de 1943 hay un intento de Otero de establecer v&#x00ED;nculos con otras editoriales y publica en la <italic>Colecci&#x00F3;n Conocimiento</italic> de Editorial Pleamar <italic>La Ant&#x00E1;rtida como mito y como realidad</italic>, y en 1944 la traducci&#x00F3;n del libro de divulgaci&#x00F3;n cient&#x00ED;fica <italic>Tierra, luna y planetas</italic> de F. L. Whipple. En ese mismo a&#x00F1;o probar&#x00ED;a suerte con Labor con <italic>El deporte griego</italic>, as&#x00ED; como con la editorial Abril con la traducci&#x00F3;n del libro <italic>La astronom&#x00ED;a al d&#x00ED;a</italic> de W. M. Smart, y en 1945 con la editorial Nova, con <italic>La Qu&#x00ED;mica al d&#x00ED;a</italic> de A. Allcott y M. S. Bolton.</p>

			<p>De todas formas, Atl&#x00E1;ntida, donde todav&#x00ED;a permanec&#x00ED;a como asesor literario su fiel amigo Dieste, seguir&#x00ED;a siendo su editorial, en la que publicar&#x00ED;a, en 1945, los vol&#x00FA;menes dobles, n&#x00FA;meros 81 y 82 de la <italic>Colecci&#x00F3;n Oro</italic>, <italic>Los &#x00E1;tomos. Desde los griegos hasta nuestros d&#x00ED;as</italic>, que ser&#x00ED;a premiado en la Argentina<xref ref-type="fn" rid="NOTE6">6</xref> y el 97 sobre <italic>Animales viajeros</italic>. La serie dedicada a las civilizaciones antiguas la concluir&#x00ED;a con el volumen doble 86 y 87 sobre <italic>Las civilizaciones mesopot&#x00E1;micas</italic>. En el a&#x00F1;o 1946 publica otro volumen doble, el 98-99, <italic>El mundo de los reptiles</italic>, y a partir de este momento decide aparecer con seud&#x00F3;nimos<xref ref-type="fn" rid="NOTE7">7</xref>: el de Roger Moulin (Cuquejo Enr&#x00ED;quez, <xref ref-type="bibr" rid="CIT05">2006</xref>; Pelegr&#x00ED;n, <xref ref-type="bibr" rid="CIT14">2000</xref>) lo utilizar&#x00ED;a en sus libros <italic>La atm&#x00F3;sfera inquieta</italic> y <italic>Volcanes y terremotos</italic> (n&#x00FA;meros 118 y 119 de la <italic>Colecci&#x00F3;n Oro</italic>) y el de Norman Beechdale (Cuquejo Enr&#x00ED;quez, <xref ref-type="bibr" rid="CIT05">2006</xref>) para <italic>Riesgos y promesas de la ciencia</italic>. El &#x00FA;ltimo libro que publicar&#x00ED;a para Atl&#x00E1;ntida, ya desde Estados Unidos, ser&#x00ED;a en 1950 <italic>Los grandes r&#x00ED;os</italic>. En total edit&#x00F3; en la Argentina veintiocho libros, de los cuales dieciocho podr&#x00ED;an adscribirse al g&#x00E9;nero de la divulgaci&#x00F3;n cient&#x00ED;fica. Tambi&#x00E9;n realiz&#x00F3; tres traducciones de libros anglosajones sobre temas de popularizaci&#x00F3;n de la ciencia y dos m&#x00E1;s sobre otros temas.</p>

			<p>En la prestigiosa revista quincenal <italic>Correo Literario</italic> se encarg&#x00F3; de una columna que apareci&#x00F3; puntualmente en sus veinti&#x00FA;n primeros n&#x00FA;meros (del 15 de noviembre de 1943 hasta el 15 de septiembre de 1944) y que, ya de una forma menos regular, continu&#x00F3; en tres n&#x00FA;meros m&#x00E1;s (24, 38 y 40), sobre la vida y costumbres de las aves. Seg&#x00FA;n su testimonio era un material que hab&#x00ED;a extra&#x00ED;do en parte de un futuro libro que pensaba publicar y que se titular&#x00ED;a <italic>P&#x00E1;jaros en vuelo,</italic> pero que nunca lleg&#x00F3; a ver la luz.</p>

			<p>Finalmente, hay que citar tambi&#x00E9;n su obra literaria, muy dispersa en revistas gallegas y de la emigraci&#x00F3;n americana que solo &#x00FA;ltimamente fue recopilada, en su producci&#x00F3;n en idioma gallego, por Mar&#x00ED;a Cuquejo Enr&#x00ED;quez (<xref ref-type="bibr" rid="CIT05">2006</xref>). Hay que se&#x00F1;alar que, aunque inicialmente esta obra no tendr&#x00ED;a ninguna relaci&#x00F3;n con la ciencia, en varias de sus poes&#x00ED;as y cartas se pueden rastrear sin ning&#x00FA;n g&#x00E9;nero de dudas su querencia y vocaci&#x00F3;n por las cuestiones y expresiones cient&#x00ED;ficas (“Paseo as mi&#x00F1;as c&#x00E1;balas / baixo &#x00E1;-lgoritma das estrelas”; “Cruzabas ti a pratela do microscopio / da medianoite”; “Emigraron os paxaros da alma / po-las li&#x00F1;as magn&#x00E9;ticas do rencor”; “N&#x00FA;maros pitag&#x00F3;ricos / pespuntean na punta dos teus dedos”, etc.), as&#x00ED; como su respeto y afecto por el mundo natural, sobre todo por los seres que pueblan el aire.</p>

		</sec>
		
		<sec id="S6">
			<title>6. LA DIVULGACI&#x00D3;N CIENT&#x00CD;FICA DE OTERO ESPASAND&#x00CD;N</title>

			<p>Es posible que en la selecci&#x00F3;n de temas de divulgaci&#x00F3;n cient&#x00ED;fica que inclu&#x00ED;a la <italic>Colecci&#x00F3;n Oro</italic> interviniesen tanto Dieste como Otero Espasand&#x00ED;n, pues aquel ten&#x00ED;a fama de ser un editor muy meticuloso, como atestigua su carta a S&#x00E1;nchez Barbudo, otro de los autores de la colecci&#x00F3;n, en la que le “especifica el esquema, el &#x00ED;ndice del contenido de los cap&#x00ED;tulos del futuro libro, la extensi&#x00F3;n, el tiempo previsto para su publicaci&#x00F3;n, la remuneraci&#x00F3;n, etc.” (Pelegr&#x00ED;n, <xref ref-type="bibr" rid="CIT15">2008</xref>). En cualquier caso, se puede observar desde el primer momento la b&#x00FA;squeda de un equilibrio entre temas relacionados con las ciencias de la tierra (<italic>Maravillas de las regiones polares, El cortejo solar, Un paseo por el cielo…)</italic> y las ciencias de la vida (<italic>Pobladores del mar, Prodigios de las aves, Los seres microsc&#x00F3;picos…)</italic>, algo que era relativamente normal en las colecciones populares que comenzaban a editarse desde las primeras d&#x00E9;cadas del siglo XX. Posteriormente, a partir de 1945, introduce el conocimiento de la materia (<italic>Los &#x00E1;tomos…</italic>) y, sobre todo, el avance cient&#x00ED;fico y sus consecuencias, positivas y negativas, sobre las sociedades humanas (<italic>Riesgo y promesa de la ciencia</italic>). As&#x00ED; como los dos primeros grupos, correspondientes a las ciencias de la tierra y de la vida, parecen responder a una premeditada planificaci&#x00F3;n editorial, el &#x00FA;ltimo grupo podr&#x00ED;a ser el reflejo de una preocupaci&#x00F3;n mundial en relaci&#x00F3;n con las aplicaciones de la ciencia que comenz&#x00F3; a extenderse en los &#x00FA;ltimos a&#x00F1;os de la segunda guerra mundial y, sobre todo, a partir del lanzamiento de las bombas at&#x00F3;micas sobre Hiroshima y Nagasaki: “Las consecuencias inmediatas del descubrimiento de la bomba at&#x00F3;mica no han podido ser m&#x00E1;s funestas para la paz y la reconciliaci&#x00F3;n de los pueblos” (<italic>Riesgo y promesa de la ciencia</italic>, 1946). En cambio, la colecci&#x00F3;n de textos sobre las aves que aparecer&#x00E1;n en <italic>Correo Literario</italic> s&#x00ED; que parecen responder a un inter&#x00E9;s muy especial y particular que el autor desde siempre sinti&#x00F3; por la naturaleza. </p>

			<p>Un texto de divulgaci&#x00F3;n cient&#x00ED;fica, adem&#x00E1;s de la amenidad y de su lenguaje asequible, debe de beber en fuentes seguras y todas sus afirmaciones tienen que responder a realidades bien contrastadas. Los libros y art&#x00ED;culos de Otero no suelen ser pr&#x00F3;digos en citas bibliogr&#x00E1;ficas, por lo que no resulta f&#x00E1;cil realizar este an&#x00E1;lisis; sin embargo, una lectura detallada de los mismos muestra siempre un buen y actualizado conocimiento de la materia tratada, lo que presupone un riguroso trabajo previo de asesoramiento. Por otra parte, de las contadas citas que aparecen, sobre todo en sus trabajos sobre aves, se puede deducir que las fuentes anglosajonas, fundamentalmente las americanas, eran las de su preferencia.</p>

			<p>De todas formas, en lo que s&#x00ED; se distinguen los textos de divulgaci&#x00F3;n cient&#x00ED;fica de Otero Espasand&#x00ED;n, y en parte se diferencian de los que se encontraban en las colecciones populares del momento, es en el tratamiento del texto. Escritos con un l&#x00E9;xico cl&#x00E1;sico, pero expresivamente muy rico y sugerente, convierten algunas partes de sus libros y art&#x00ED;culos en aut&#x00E9;nticas piezas literarias:</p>

						<p>…En este caso ocurre algo semejante a lo que acontece con ciertas plantas, o sea que a pesar de contener sus flores elementos masculinos, no se realiza la polinizaci&#x00F3;n directa, sino que el polen de una planta fecunda los ovarios de otra distinta. Parece como si fuera necesario correr la aventura, abrir el alma al mensaje que viene de lejos te&#x00F1;ido de leyenda, dejarse llevar en alas de un ensue&#x00F1;o, a fin de que los frutos del amor sean plenos, aptos para dar cauce a la vida, eternamente renovada. Esto ocurre con la flor, con el paramecio, con las abejas, con los hombres (<italic>Las sociedades de insectos</italic>, 1943).</p>

						<p>…Tiene del duende tal vez la sorpresa, la aparente travesura, la gracia, lo arisco; pero su atuendo, su contorno firme, lo medido de sus actos repentinos, la ac&#x00FA;stica de su garganta, la geometr&#x00ED;a y el primor de sus huevecillos, lo alejan de toda creaci&#x00F3;n de la fantas&#x00ED;a, le dan una fuerza de evidencia absoluta. Basta que le ve&#x00E1;is unos segundos, mientras salta de una a otra zarza, para que los m&#x00E1;s &#x00ED;ntimos y menudos registros de vuestra sensibilidad se pongan alerta (La vida privada del Carrizo Casero. <italic>Correo Literario</italic>, 1 de abril de 1944).</p>

			<p>Esta “prosa l&#x00ED;rica” con un “entronque teatral” de Otero Espasand&#x00ED;n, que Pelegr&#x00ED;n (<xref ref-type="bibr" rid="CIT15">2008</xref>) relaciona con su paso por las <italic>Misiones Pedag&#x00F3;gicas</italic>, no impide que el contenido del texto sea fiel a la realidad cient&#x00ED;fica que trata de describir aunando en &#x00E9;l expresividad, riqueza y rigor. Consiguiendo libros y art&#x00ED;culos a un tiempo competentes y hermosos, en los que se hace realidad ese anhelo del autor de unir la ciencia con la poes&#x00ED;a. De ellos, el cr&#x00ED;tico F.A.R. de <italic>Correo Literario</italic> resaltaba en <xref ref-type="bibr" rid="CIT07">1943</xref>, sobre sus primeros libros publicados, que en sus p&#x00E1;ginas se conjugaban “la pasi&#x00F3;n del escritor, del hombre de imaginaci&#x00F3;n con el m&#x00E9;todo, conocimiento y rigor caracter&#x00ED;sticos de libros que sobre divulgaci&#x00F3;n cient&#x00ED;fica ha escrito hasta ahora” y, un a&#x00F1;o m&#x00E1;s tarde, el escritor Lorenzo Varela escrib&#x00ED;a que tienen “ese don explicativo dif&#x00ED;cil de encontrar, ese acierto en la selecci&#x00F3;n de los hechos, ideas e interpretaciones, que hacen de sus libros verdaderas obras maestras dentro de su categor&#x00ED;a”. </p>

			<p>Otra de las caracter&#x00ED;sticas de estos escritos es la importancia que en los mismos adquiere el contexto hist&#x00F3;rico, sobre todo en relaci&#x00F3;n con el mundo cl&#x00E1;sico, y que evidentemente est&#x00E1; relacionado con la vasta cultura que sobre estos temas Otero Espasand&#x00ED;n pose&#x00ED;a. Algo que ocurre desde sus primeras publicaciones hasta las &#x00FA;ltimas:</p>

						<p>En esta epopeya, tan vieja como el hombre mismo, de aventura y de conquista, la Ant&#x00E1;rtida ocupa el &#x00FA;ltimo cap&#x00ED;tulo… Es preciso remontarse a las aventuras ultramarinas de los griegos -la conquista del <italic>Vellocino de Oro</italic> y la descripci&#x00F3;n de los soberbios muros de Troya, levantados seg&#x00FA;n el mito, por los mismos dioses- o a los tiempos del Nuevo Mundo, para encontrar un plantel de h&#x00E9;roes equivalentes (<italic>La Ant&#x00E1;rtida como mito y como realidad</italic>, 1943).</p>

						<p>La sospecha de que el mundo est&#x00E1;, en &#x00FA;ltima instancia, constituido de part&#x00ED;culas indivisibles, eternas y homog&#x00E9;neas, surgi&#x00F3; en las mentes de los pensadores jonios varios siglos antes de nuestra Era, y esa concepci&#x00F3;n fue cantada en versos latinos magistrales por Lucrecio. Olvidada durante muchos siglos fue resucitada por Dalton a comienzos del siglo XIX (<italic>Los &#x00E1;tomos. Desde los griegos hasta nuestros  d&#x00ED;as</italic>, 1945).</p>

			<p>De todas formas, la erudici&#x00F3;n no impide que en otras partes del texto se busque la complicidad y la cercan&#x00ED;a mediante preguntas directas al lector o la utilizaci&#x00F3;n de la paradoja y el contraste como recurso para despertar su inter&#x00E9;s o incluso el humor y la iron&#x00ED;a para relativizar determinados pasajes del mismo. Seg&#x00FA;n Pelegr&#x00ED;n (<xref ref-type="bibr" rid="CIT14">2000</xref>), buscar&#x00ED;a la sugesti&#x00F3;n del lector, prodigando vocablos como <italic>extra&#x00F1;o</italic>, <italic>curioso</italic>, <italic>asombroso</italic>, <italic>sorpresa</italic>, <italic>secreto</italic>, <italic>inc&#x00F3;gnita</italic>, <italic>misterio</italic>, etc. Y tampoco rehuir&#x00ED;a el lenguaje coloquial:</p>

						<p>La alegr&#x00ED;a de Bunsen cuando comprendi&#x00F3; el alcance del aparato para el an&#x00E1;lisis qu&#x00ED;mico no es para describir. Se dedic&#x00F3; a perseguir substancias raras por todos los rincones del laboratorio; aqu&#x00ED; encontraba sodio, all&#x00ED; litio, en otro lugar cinc. Aquello era una maravilla, no importaba que estuviesen mezclados entre s&#x00ED; y otras basuras del laboratorio; aquel detective maravilloso separaba en el acto las huellas digitales de todos los elementos que merodeaban por los m&#x00E1;s absurdos recovecos (<italic>Los &#x00E1;tomos. De los griegos hasta nuestros d&#x00ED;as</italic>, 1945).</p>

			<p>No son raras tampoco analog&#x00ED;as sorprendentes y originales como las que utiliza, por ejemplo, para describir la erosi&#x00F3;n e&#x00F3;lica:</p>

						<p>El viento es otro escultor y otro demoledor maravilloso de las tierras emergidas. No posee, como el agua, arma de doble filo: la acci&#x00F3;n disolvente y la acci&#x00F3;n mec&#x00E1;nica, y por ello su acci&#x00F3;n es m&#x00E1;s lenta. Adem&#x00E1;s como buen artista, tiene gran inventiva. Su instrumento especial es la lima, o mejor dicho la lija. All&#x00ED; donde encuentra arena, llena sus talegos y en cuanto se le impone un obst&#x00E1;culo lanza contra &#x00E9;l sus mil lenguas afiladas como sierras. El viento utiliza desde hace millones de a&#x00F1;os la t&#x00E9;cnica de los talladores de diamantes, consistente en utilizar el polvo de la misma materia que desea atacar. Ataca el granito con el polvo de granito, el basalto con el polvo de basalto (<italic>Nuestro Planeta,</italic> 1943).</p>

			<p>Y tiene una idea muy arraigada sobre la ejemplaridad de los grandes nombres de la historia (algo tambi&#x00E9;n muy presente en las <italic>Misiones Pedag&#x00F3;gicas</italic>), por lo que en sus textos ocupan siempre un lugar destacado figuras como Maxwell, Pasteur, Admunsen, Flemming, Curie, etc. con la idea de que detr&#x00E1;s de cada descubrimiento, de cada avance de la ciencia se haga visible el factor humano, de “lo que de eterno hay en el hombre”, y de poder “contribuir en la medida de mis posibilidades al conocimiento de cuanto los hombres de todas las procedencias han descubierto” (<italic>La Ant&#x00E1;rtida como mito y como realidad</italic>, 1943).</p>

			<p>Pero si hay una convicci&#x00F3;n que aparece una y otra vez en sus libros sobre las ciencias de la vida es la del equilibrio que existe entre las diferentes fuerzas y elementos que se encuentran en la naturaleza. La idea de una armon&#x00ED;a entre todos los seres que la pueblan y el delicado encaje entre las diferentes funciones que generan es algo que pudo nacer en sus lecturas de los cl&#x00E1;sicos pero que sin duda aliment&#x00F3; y enriqueci&#x00F3; con sus paseos y vivencias por el campo gallego de su juventud. Ecologista <italic>avant la lettre,</italic> Otero Espasand&#x00ED;n no dud&#x00F3; en criticar la actitud engre&#x00ED;da y altiva del hombre frente a la naturaleza, comentando con iron&#x00ED;a: “menos mal que poseemos en compensaci&#x00F3;n el don de la inconsciencia y de la vanidad, y olvid&#x00E1;ndonos de cu&#x00E1;nto y cu&#x00E1;nto nos rodea, nos erigimos en reyes de la creaci&#x00F3;n, nos dedicamos a la pol&#x00ED;tica o al periodismo, aceptamos banquetes e intrigamos para que nos concedan una condecoraci&#x00F3;n o un nombramiento honorario” (El ave m&#x00E1;s &#x00FA;til: el guanay. <italic>Correo Literario</italic>, 1 de julio de 1944).</p>

			<p>Finalmente, el libro <italic>Riesgo y promesa de la ciencia</italic> (1946), uno de los &#x00FA;ltimos que public&#x00F3;, est&#x00E1; dedicado fundamentalmente a la descripci&#x00F3;n y exaltaci&#x00F3;n de los grandes avances de la ciencia y t&#x00E9;cnica contempor&#x00E1;neas (la conquista del espacio, los nuevos materiales, las telecomunicaciones, las nuevas formas de energ&#x00ED;a, el radar y la penicilina), por lo que podr&#x00ED;a ser incluido dentro del g&#x00E9;nero de la literatura documental, una de las modalidades de la divulgaci&#x00F3;n cient&#x00ED;fica. Pero, al final y en algunos de los apartados anteriores, Otero Espasand&#x00ED;n no deja de plantear con claridad algunos de los problemas que afectan a la ciencia y la t&#x00E9;cnica contempor&#x00E1;nea comenzando por el hambre en el mundo, cuesti&#x00F3;n sobre la que se&#x00F1;ala que “con muy pocas excepciones -y &#x00E9;stas harto interesadas para ser tenidas en cuenta- en nuestros d&#x00ED;as nadie puede dar cr&#x00E9;dito ni a Adam Smith ni a Malthus, entre otras muchas cosas porque, aunque parezca parad&#x00F3;jico, el problema alimenticio al que nos venimos refiriendo ha sido planteado en mayor medida por la abundancia de v&#x00ED;veres que por su escasez”, y todo ello como consecuencia, en parte, de que “la obsesi&#x00F3;n de nuestra sociedad es producir sin saber muy bien para qu&#x00E9; ni para quien, y estos productos, pensados en funci&#x00F3;n de dividendos, de precios, competencias y ganancias, y no en funci&#x00F3;n de las necesidades reales de la poblaci&#x00F3;n y del bienestar que proporcionan, acaban por ahogarnos, por lanzarnos a la lucha contra nuestros semejantes, por privarnos del trabajo”.</p>

			<p>Sin citarlo, recuerda en muchos casos el pensamiento de Bertrand Russell, tan comentado pero tambi&#x00E9;n tan criticado en aquellos tiempos, cuando plantea el problema del control por las &#x00E9;lites econ&#x00F3;micas y pol&#x00ED;ticas mundiales de las telecomunicaciones, proponiendo incluso para contrarrestarlo “la nacionalizaci&#x00F3;n de las estaciones de radio de cada pa&#x00ED;s, su plena subordinaci&#x00F3;n a los intereses de la comunidad y un amplio programa de acuerdos internacionales que encaucen y fiscalicen de un modo cauto, pero progresivo, las posibilidades culturales de estas conquistas de la ciencia y el tes&#x00F3;n humano”. Y por supuesto, coincide tambi&#x00E9;n con el pensador y activista ingl&#x00E9;s en su cr&#x00ED;tica sobre las aplicaciones b&#x00E9;licas de la ciencia, sobre todo de la energ&#x00ED;a at&#x00F3;mica, defendiendo un pacifismo l&#x00FA;cido y radical:</p>

						<p>S&#x00ED;, los hombres de ciencia, como el ciudadano corriente y moliente, hab&#x00ED;an aprendido muchas cosas en tanto se afanaban en sondear arcanos de la materia para sacar a luz tesoros de su energ&#x00ED;a, la nueva piedra filosofal. Entre ellas aprendieron cu&#x00E1;nta infelicidad crean las locuras de los hombres y hasta qu&#x00E9; punto resultan vanas y rid&#x00ED;culas muchas de las ambiciones y muchas de las glorias en cuyo nombre se lanzan unos contra otros… (<italic>Riesgos y promesa de la ciencia</italic>, 1946).</p>

		</sec>
		
		<sec id="S7">
			<title>7. CONCLUSI&#x00D3;N</title>

			<p>La colecci&#x00F3;n de libros de divulgaci&#x00F3;n que escribi&#x00F3; Otero Espasand&#x00ED;n para la Biblioteca Billiken de Atl&#x00E1;ntida en la Argentina en los comienzos de su “edad de oro” editorial constituye un hito fundamental en la popularizaci&#x00F3;n de la ciencia en ese pa&#x00ED;s. Concebidos como libros para un p&#x00FA;blico amplio, “para ni&#x00F1;os de 7 a 80 a&#x00F1;os”, fueron sobre todos le&#x00ED;dos, en sus repetidas ediciones, por los j&#x00F3;venes argentinos y en ellos toda una generaci&#x00F3;n aprendi&#x00F3; a conocer los secretos de la ciencia, a vivir con pasi&#x00F3;n los nuevos descubrimientos y a mirar con admiraci&#x00F3;n, pero tambi&#x00E9;n con respeto y cuidado, una actividad que estaba cambiando su modo de ser y estar en el mundo.</p>

			<p>Ese colectivo de escritores espa&#x00F1;oles que tuvieron que exiliarse de su pa&#x00ED;s en un momento especialmente dram&#x00E1;tico de su historia hab&#x00ED;an aprendido a valorar la importancia y transcendencia de una aut&#x00E9;ntica educaci&#x00F3;n para el pueblo en experiencias como las bibliotecas circulantes, las colecciones populares y, sobre todo, las <italic>Misiones Pedag&#x00F3;gicas</italic>. Nutridos culturalmente con las nuevas pr&#x00E1;cticas y teor&#x00ED;as pedag&#x00F3;gicas que ven&#x00ED;an de los tiempos de la Instituci&#x00F3;n Libre de Ense&#x00F1;anza y estimulados por los nuevos movimientos pol&#x00ED;ticos de democratizaci&#x00F3;n de la sociedad, se empe&#x00F1;aron como aut&#x00E9;nticos misioneros en la tarea de llevar la cultura a las capas tradicionalmente m&#x00E1;s despose&#x00ED;das de ella. Tambi&#x00E9;n la cultura cient&#x00ED;fica.</p>

			<p>Su obra se prolong&#x00F3; en el exilio, y en M&#x00E9;xico, Cuba y Argentina, sobre todo, crearon editoriales y revistas y prodigaron su saber y entusiasmo con su trabajo incansable de escritores y promotores de todo tipo de actividades culturales (conferencias, teatro, m&#x00FA;sica, etc.). Pese a ello todav&#x00ED;a sigue siendo una gran desconocida, sobre todo en lo relativo a la literatura infantil y juvenil que desarrollaron (Pelegrin, Sotomayor y Urdiales, 2008). Las aportaciones de Rafael Dieste en la Argentina fueron especialmente singulares e importantes y a su lado Otero Espasand&#x00ED;n supo interpretar como pocos sus deseos, contribuyendo a llevar adelante con una actividad inagotable proyectos que todav&#x00ED;a siguen siendo una referencia indiscutible en esos pa&#x00ED;ses. Y como bien nos recuerda la pedagoga argentina Ana Pelegr&#x00ED;n: “all&#x00E1; en Buenos Aires, en las provincias de Argentina, en escuelas remotas, en el deseo de aquella inalcanzable colecci&#x00F3;n completa de Billiken, viven las p&#x00E1;ginas de los espa&#x00F1;oles” (Pelegr&#x00ED;n, <xref ref-type="bibr" rid="CIT15">2008</xref>).</p>
		</sec>
		
	</body>
	
	
	<back>
	
		<sec id="notas">
			<title>NOTAS</title>
		
			<fn-group>
				<fn id="NOTE1"><label>1</label>
					<p>Estas referencias fueron extra&#x00ED;das del cat&#x00E1;logo de la Biblioteca Nacional (169 registros bibliogr&#x00E1;ficos correspondientes al campo <italic>Manuales Soler</italic>) as&#x00ED; como del Manual 14, <italic>Geolog&#x00ED;a</italic>, de J. Macpherson.</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE2"><label>2</label>
					<p>Estas referencias fueron extra&#x00ED;das igualmente del Cat&#x00E1;logo de la Biblioteca Nacional (129 registros bibliogr&#x00E1;ficos correspondientes al campo <italic>Biblioteca de iniciaci&#x00F3;n cultural</italic>).</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE3"><label>3</label>
					<p>Estas referencias fueron extra&#x00ED;das igualmente del Cat&#x00E1;logo de la Biblioteca Nacional (450 registros bibliogr&#x00E1;ficos correspondientes al campo <italic>Biblioteca Universal Calpe</italic>) y del Cat&#x00E1;logo del Patrimonio Nacional del Palacio Real (227 registros).</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE4"><label>4</label>
					<p>En el campo de la extensi&#x00F3;n agraria, que es una forma espec&#x00ED;fica de divulgaci&#x00F3;n t&#x00E9;cnica, en cambio, el propietario rentista que no era t&#x00E9;cnico agrario pero ten&#x00ED;a una cierta formaci&#x00F3;n (por ejemplo, los abogados) tuvo una presencia significativa en las revistas de divulgaci&#x00F3;n agraria espa&#x00F1;olas de esta &#x00E9;poca.</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE5"><label>5</label>
					<p><italic>Hoxe non me explico c&#x00F3;mo puiden manter un cego amor aos libros, sobre todo aos de matem&#x00E1;tica, como puiden chegar ateazado pol-a idea de penetral-os mais hostiles segredos do c&#x00E1;lculo. De haber tido unha boa escola primaria, unha boa escola Normal e unha boa escola Superior quezais hoxe puidera ser un investigador capaz de ofrecer ao mundo alguna idea orixinal no campo m&#x00E1;is puro da Matem&#x00E1;tica ou da Mec&#x00E1;nica</italic> (Cuquejo Enr&#x00ED;quez, <xref ref-type="bibr" rid="CIT05">2006</xref>).</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE6"><label>6</label>
					<p>Obituaries. Jose Otero dies; retired health bulletin editor. <italic>The Washington Post</italic>, 19 de octubre de 1987, p. 6<italic>.</italic>.</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE7"><label>7</label>
					<p>Los seud&#x00F3;nimos Jos&#x00E9; Barbanza y Tibor Sekeij, que Pelegr&#x00ED;n (<xref ref-type="bibr" rid="CIT14">2000</xref>) atribuye tambi&#x00E9;n a Otero Espasand&#x00ED;n, ser&#x00ED;an dudosos.</p>
				</fn>
				
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			<title>BIBLIOGRAF&#x00CD;A</title>
				
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					  <surname>Sotomayor</surname>
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				<p>b) Temas literarios, hist&#x00F3;ricos y de arte</p>

				<p>Otero Espasand&#x00ED;n, J. <italic>La civilizaci&#x00F3;n del Nilo</italic>. Buenos Aires: Atl&#x00E1;ntida.</p>


				<p><bold>1942</bold></p>

				<p>Otero Espasand&#x00ED;n, J. <italic>Prodigios de las aves</italic>. Buenos Aires: Atl&#x00E1;ntida.</p>

				<p>Otero Espasand&#x00ED;n, J. <italic>Los seres microsc&#x00F3;picos</italic>. Buenos Aires: Atl&#x00E1;ntida.</p>

				<p>Otero Espasand&#x00ED;n, J. <italic>Gigantes marinos</italic>. Buenos Aires: Atl&#x00E1;ntida.</p>

				<p>Otero Espasand&#x00ED;n, J. <italic>El cortejo solar</italic>. Buenos Aires: Atl&#x00E1;ntida.</p>

				<p>Otero Espasand&#x00ED;n, J. <italic>Un paseo por el cielo</italic>. Buenos Aires: Atl&#x00E1;ntida.</p>

				<p>Otero Espasand&#x00ED;n, J. <italic>Sociedades de insectos</italic>. Buenos Aires: Atl&#x00E1;ntida.</p>


				<p><bold>1943</bold></p>

				<p>a) Divulgaci&#x00F3;n de la ciencia y la t&#x00E9;cnica</p>

				<p>Otero Espasand&#x00ED;n, J. <italic>Prodigios de las plantas</italic>. Buenos Aires: Atl&#x00E1;ntida.</p>

				<p>Otero Espasand&#x00ED;n, J. <italic>Nuestro planeta</italic>. Buenos Aires: Atl&#x00E1;ntida.</p>

				<p>Otero Espasand&#x00ED;n, J. <italic>La Ant&#x00E1;rtida como mito y como realidad</italic>. Buenos Aires: Pleamar.</p>

				<p>b) Temas literarios, hist&#x00F3;ricos y de arte</p>

				<p>Otero Espasand&#x00ED;n, J. <italic>Narraciones mitol&#x00F3;gicas</italic>. Buenos Aires: Atl&#x00E1;ntida.</p>

				<p>Otero Espasand&#x00ED;n, J. <italic>La Grecia heroica</italic>. Buenos Aires: Atl&#x00E1;ntida.</p>

				<p>Otero Espasand&#x00ED;n, J. <italic>La Grecia cl&#x00E1;sica</italic>. Buenos Aires: Atl&#x00E1;ntida.</p>

				<p>Otero Espasand&#x00ED;n, J. <italic>Roma: la rep&#x00FA;blica</italic>. Buenos Aires: Atl&#x00E1;ntida.</p>

				<p>Otero Espasand&#x00ED;n, J. <italic>Roma: el imperio</italic>. Buenos Aires: Atl&#x00E1;ntida.</p>

				<p>c) Art&#x00ED;culos</p>

				<p>Otero Espasand&#x00ED;n, J. Orfeo. <italic>De mar a mar</italic>, 3 de febrero de 1943.</p>

				<p>Otero Espasand&#x00ED;n, J. Amigos desaparecidos. <italic>Correo Literario</italic>, 15 de noviembre de 1943.</p>

				<p>Otero Espasand&#x00ED;n, J. El amor entre las aves. <italic>Correo Literario</italic>, 1 de diciembre de 1943.</p>

				<p>Otero Espasand&#x00ED;n, J. Extra&#x00F1;as amistades. <italic>Correo Literario</italic>, 15 de diciembre de 1943.</p>


				<p><bold>1944</bold></p>

				<p>a) Divulgaci&#x00F3;n de la ciencia y la t&#x00E9;cnica</p>

				<p>Whipple, F. L. <italic>Tierra, luna y planetas</italic>. [Traducci&#x00F3;n de J. Otero Espasand&#x00ED;n]. Buenos Aires: Pleamar.</p>

				<p>Smart, W. M. <italic>La astronom&#x00ED;a al d&#x00ED;a</italic>. [Traducci&#x00F3;n de J. Otero Espasand&#x00ED;n]. Buenos Aires: Abril.</p>

				<p>b) Temas literarios, hist&#x00F3;ricos y de arte </p>

				<p>Otero Espasand&#x00ED;n, J. <italic>El deporte griego</italic>. Buenos Aires: Labor.</p>

				<p>c) Art&#x00ED;culos</p>

				<p>Otero Espasand&#x00ED;n, J. Majestades Ant&#x00E1;rticas. <italic>Correo Literario</italic>, 1 de enero de 1944.</p>

				<p>Otero Espasand&#x00ED;n, J. El superviviente de tres ojos. <italic>Correo Literario</italic>, 15 de enero de 1944.</p>

				<p>Otero Espasand&#x00ED;n, J. Seres que ignoran las fronteras. <italic>Correo Literario</italic>, 1 de febrero de 1944.</p>

				<p>Otero Espasand&#x00ED;n, J. Un p&#x00E1;jaro que anda bajo el agua. <italic>Correo Literario</italic>, 15 de febrero de 1944.</p>

				<p>Otero Espasand&#x00ED;n, J. Alas sobre el mar. <italic>Correo Literario</italic>, 15 de marzo de 1944.</p>

				<p>Otero Espasand&#x00ED;n, J. La vida privada del carrizo casero. <italic>Correo Literario</italic>, 1 de abril de 1944.</p>

				<p>Otero Espasand&#x00ED;n, J. Don Juanes femeninos entre las aves. <italic>Correo Literario</italic>, 15 de abril de 1944.</p>

				<p>Otero Espasand&#x00ED;n, J. Plumas que cantan. <italic>Correo Literario</italic>, 1 de mayo de 1944.</p>

				<p>Otero Espasand&#x00ED;n, J. Un h&#x00E9;roe del sur: el ping&#x00FC;ino emperador. <italic>Correo Literario</italic>, 1 de junio de 1944.</p>

				<p>Otero Espasand&#x00ED;n, J. El caso del cuclillo. <italic>Correo Literario</italic>, 15 de junio de 1944.</p>

				<p>Otero Espasand&#x00ED;n, J. El ave m&#x00E1;s &#x00FA;til: el guanay. <italic>Correo Literario</italic>, 1 de julio de 1944.</p>

				<p>Otero Espasand&#x00ED;n, J. Los amor&#x00ED;os del honker. <italic>Correo Literario</italic>, 1 de agosto de 1944.</p>

				<p>Otero Espasand&#x00ED;n, J. Ciudadanos del &#x00C1;rtico. <italic>Correo Literario</italic>, 15 de agosto de 1944.</p>

				<p>Otero Espasand&#x00ED;n, J. P&#x00E1;jaros estetas. <italic>Correo Literario</italic>, 1 de septiembre de 1944.</p>

				<p>Otero Espasand&#x00ED;n, J. El &#x00F1;and&#x00FA;. <italic>Correo Literario</italic>, 15 de septiembre de 1944.</p>


				<p><bold>1945</bold></p>

				<p>a) Divulgaci&#x00F3;n de la ciencia y la t&#x00E9;cnica</p>

				<p>Otero Espasand&#x00ED;n, J. <italic>Los &#x00E1;tomos desde los griegos hasta nuestros d&#x00ED;as</italic>. Buenos Aires: Atl&#x00E1;ntida.</p>

				<p>Otero Espasand&#x00ED;n, J. <italic>Animales viajeros</italic>. Buenos Aires: Atl&#x00E1;ntida.</p>

				<p>Otero Espasand&#x00ED;n, J. <italic>El mundo de los reptiles</italic>. Buenos Aires: Atl&#x00E1;ntida.</p>

				<p>Allcott, A y Bolton, H. S. <italic>La qu&#x00ED;mica al d&#x00ED;a</italic>. [Traducci&#x00F3;n de J. Otero Espasand&#x00ED;n]. Buenos Aires: Nova.</p>

				<p>b) Temas literarios, hist&#x00F3;ricos y de arte </p>

				<p>Otero Espasand&#x00ED;n, J. <italic>La civilizaci&#x00F3;n mesop&#x00F3;t&#x00E1;mica</italic>. Buenos Aires: Atl&#x00E1;ntida.</p>

				<p>Nettleship, R. L. <italic>La educaci&#x00F3;n del hombre seg&#x00FA;n Plat&#x00F3;n</italic>. [Traducci&#x00F3;n de J. Otero Espasand&#x00ED;n]. Buenos Aires: Atl&#x00E1;ntida.</p>

				<p>c) Art&#x00ED;culos</p>

				<p>Otero Espasand&#x00ED;n, J. Aves embusteras. <italic>Correo Literario</italic>, 1 de julio de 1945.</p>

				<p>Otero Espasand&#x00ED;n, J. Aves pescadoras. <italic>Correo Literario</italic>, 1 de septiembre de 1945.</p>

				<p>Otero Espasand&#x00ED;n, J. El canto del cisne. <italic>Correo Literario</italic>, 1 de noviembre de 1945.</p>


				<p><bold>1946</bold></p>

				<p>a) Divulgaci&#x00F3;n de la ciencia y la t&#x00E9;cnica</p>

				<p>Roger Moulin. <italic>La atm&#x00F3;sfera inquieta</italic>. Buenos Aires: Atl&#x00E1;ntida.</p>

				<p>Roger Moulin. <italic>Volcanes y terremotos</italic>. Buenos Aires: Atl&#x00E1;ntida.</p>

				<p>Norman Beachdale. <italic>Riesgos y promesa de la ciencia</italic>. Buenos Aires: Atl&#x00E1;ntida.</p>

				<p>b) Temas literarios, hist&#x00F3;ricos y de arte</p>

				<p>Laski, H. J. <italic>Reflexiones sobre la revoluci&#x00F3;n de nuestro tiempo</italic>. [Traducci&#x00F3;n de J. Otero Espasand&#x00ED;n]. Buenos Aires: Abril.</p>


				<p><bold>1947</bold></p>

				<p>Otero Espasand&#x00ED;n, J. <italic>El gran tablero de la pol&#x00ED;tica mundial</italic>. Buenos Aires: Atl&#x00E1;ntida.</p>


				<p><bold>1948</bold></p>

				<p>Otero Espasand&#x00ED;n, J. <italic>Historia de la educaci&#x00F3;n</italic>. Buenos Aires: Atl&#x00E1;ntida.</p>


				<p><bold>1950</bold></p>

				<p>Otero Espasand&#x00ED;n, J. <italic>Los grandes r&#x00ED;os</italic>. Buenos Aires: Atl&#x00E1;ntida.</p>


				<p><bold>1984</bold></p>

				<p>Otero Espasand&#x00ED;n, J. <italic>Cuentos que me cont&#x00F3; Dieste</italic>. Sada (A Coru&#x00F1;a): O Castro.</p>

		
			</app>
			
			<app>
					<title/>
					<fig id="A1">
						<label>Figura 1</label>
						<caption>
							<title>Propaganda de la Colecci&#x00F3;n Oro</title>
							<p>Fuente: Correo Literario, 1 septiembre de 1944.</p>
						</caption>
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					</fig>
			</app>
			
			<app>
					<title/>
					<fig id="A2">
						<label>Figura 2</label>
						<caption>
							<title>Otero Espasad&#x00ED;n dibujado por Attilio Rossi</title>
							<p>Fuente: 10 dibujos de Attilio Rossi. Buenos Aires: Editorial Nova, 1943.</p>
						</caption>
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					</fig>
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