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				<journal-title>ARBOR Ciencia, Pensamiento y Cultura</journal-title>
				<abbrev-journal-title>Arbor</abbrev-journal-title>
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			<issn pub-type="epub">0210-1963</issn>
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				<publisher-name>Consejo Superior de Investigaciones Cient&#x00ED;ficas</publisher-name>
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			<article-id pub-id-type="publisher-id">arbor.2018.787n1006</article-id>
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				<subj-group subj-group-type="heading">
				<subject>EL 68, MITO Y CR&#x00CD;TICA / MAY ’68, MYTH AND CRITIQUE</subject>
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				<article-title>Perd&#x00F3;n por haber hablado demasiado: deconstrucciones del 68</article-title>
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					<trans-title>Sorry for having spoken so much: Deconstructions of ‘68</trans-title>
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				<alt-title alt-title-type="running-head">Perd&#x00F3;n por haber hablado demasiado: deconstrucciones del 68</alt-title>
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					 <surname>Garc&#x00ED;a Caparr&#x00F3;s</surname>
					 <given-names>Julio</given-names>
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			<aff id="U1">Universidad de Zaragoza</aff>

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				<year>2018</year>
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			<year>2018</year>
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			<volume>194</volume>
			<issue>787</issue>
			
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					<license-p>Este es un art&#x00ED;culo de acceso abierto distribuido bajo los t&#x00E9;rminos de la licencia de uso y distribuci&#x00F3;n Creative Commons Reconocimiento 4.0 Internacional (CC BY 4.0).</license-p>
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				<title>RESUMEN</title>
				<p>El objetivo de este art&#x00ED;culo es el de poner en valor la naturaleza pol&#x00ED;tica y te&#x00F3;rica de la filosof&#x00ED;a deconstructiva de Jacques Derrida, disoci&#x00E1;ndola de una identificaci&#x00F3;n simple con las cr&#x00ED;ticas de la misma que se siguen del libro de Ferry y Renaut, y que en ning&#x00FA;n caso hacen justicia a un intento tan sostenido en el tiempo de propiciar el cambio, la reflexi&#x00F3;n y la innovaci&#x00F3;n en los m&#x00E1;s diversos frentes pol&#x00ED;ticos y sociales.</p>
			</abstract>
			
									
			<trans-abstract xml:lang="en">
				<title>ABSTRACT</title>
				<p> The main aim of this article is to highlight the political and theoretical nature of Jacques Derrida’s deconstructive philosophy, dissociating it from a simple identification with criticism derived from Ferry and Renaut’s book, which by no means do justice to a much sustained attempt through time to promote change, reflection and innovation in the most diverse political and social fronts.</p>
			</trans-abstract>
			
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				<title>PALABRAS CLAVE</title>
				<kwd>Estructuralismo</kwd>
				<kwd>psicoan&#x00E1;lisis</kwd>
				<kwd>marxismo</kwd>
				<kwd>fenomenolog&#x00ED;a</kwd>
				<kwd>g&#x00E9;nero</kwd>
				<kwd>diferencia</kwd>
				<kwd>derecho</kwd>
			</kwd-group>
			
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				<title>KEYWORDS</title> 			
				<kwd>Structuralism</kwd>	
				<kwd>psychoanalysis</kwd>
				<kwd>marxism</kwd>
				<kwd>phenomenology</kwd>
				<kwd>genre</kwd>
				<kwd>difference</kwd>
				<kwd>right</kwd>
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		<sec id="S1">
			<title></title>
						<disp-quote><p>«... pardon d’avoir trop parl&#x00E9;».</p>

						<p>Jacques Derrida, <italic>Papier Machine</italic>.</p></disp-quote>

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		<sec id="S2">
			<title>LA CARICATURA, EL PANFLETO Y LA MUERTE</title>

			<p>Si tuvi&#x00E9;ramos que hacer un relato de esto de lo que aqu&#x00ED; vamos a hablar elegir&#x00ED;amos varios hitos, diferentes marcas para se&#x00F1;alar las distintas, y a menudo distantes, etapas de nuestro recorrido. Como punto de inicio tomaremos una tira, una <italic>bande desin&#x00E9;e</italic> aparecida en <italic>La Quinzaine Litteraire</italic> el 1 de julio de 1966 firmada por Maurice Henry. Otro hito importante ser&#x00ED;a la publicaci&#x00F3;n en 1985 de <italic>Pensamiento del 68. Ensayo sobre el antihumanismo contempor&#x00E1;neo</italic>, de Luc Ferry y Alain Renaut. Y el punto final ser&#x00ED;a el 8 de octubre de 2004, con el fallecimiento del fil&#x00F3;sofo Jacques Derrida, vencido por un c&#x00E1;ncer de p&#x00E1;ncreas. Aparentemente no hay ninguna conexi&#x00F3;n entre los tres acontecimientos. Y la verdad es que el v&#x00ED;nculo entre ellos es bastante complejo, inaccesible a un examen sumario.</p>

			<p>He elegido el primer hito no por casualidad, sino porque define el impacto popular en los medios de masas de un estilo de pensamiento que, alej&#x00E1;ndose del marxismo, del existencialismo y de la filosof&#x00ED;a cat&#x00F3;lica en cualquiera de sus formas –desde el neotomismo de Jacques Maritain al personalismo de Emmanuel Mounier–, ha irrumpido bajo la etiqueta del estructuralismo en la escena cultural y cultual francesa. De hecho, los cuatro salvajes dibujados por Henry, representan a Michel Foucault, quien entre otras cosas pondr&#x00ED;a patas arriba las relaciones de la filosof&#x00ED;a con la historia, a Jacques Lacan, que invita a una relectura de Freud con independencia de los senderos m&#x00E1;s pisoteados por el freudismo, a Claude L&#x00E9;vi-Strauss, al que debemos un relanzamiento de la etnograf&#x00ED;a en Francia, y a Roland Barthes, quien propone nuevas concepciones sobre qu&#x00E9; significa leer y sobre las fronteras de la literatura. Una primera advertencia significativa es la de que entre estos taumaturgos, entre estos chamanes del nuevo pensamiento salvaje, abundan las ciencias sociales en cualquiera de sus formas, pero se echa de menos la filosof&#x00ED;a. Para ser justos, dos de las personalidades principales del periodo que nos ocupa est&#x00E1;n ausentes de la vi&#x00F1;eta y son, adem&#x00E1;s, grandes amigos entre s&#x00ED;. Me refiero a Louis Althusser y a Jacques Derrida. Es obvio que en esa n&#x00F3;mina de ausentes y presentes en la tira de caricaturas habr&#x00ED;a que incluir a Gilles Deleuze y a F&#x00E9;lix Guattari, y a una lista casi interminable de soci&#x00F3;logos, pensadores y publicistas de la &#x00E9;poca.</p>

			<p>El segundo hito solo a primera vista resulta m&#x00E1;s s&#x00F3;lido desde el punto de vista intelectual que el primero. En efecto, la publicaci&#x00F3;n del ensayo de Ferry y Renaut no es tanto un acontecimiento filos&#x00F3;fico como uno pol&#x00ED;tico, en el que, como es l&#x00F3;gico y af&#x00ED;n a la problem&#x00E1;tica de los 60, habr&#x00E1; que incluir la pol&#x00ED;tica acad&#x00E9;mica, la restauraci&#x00F3;n de los modos tradicionales de producci&#x00F3;n de conocimiento, as&#x00ED; como la pol&#x00ED;tica editorial bajo los modos del capitalismo financiero. Luc Ferry pone en circulaci&#x00F3;n no tanto un diagn&#x00F3;stico filos&#x00F3;fico genuino, como tendremos ocasi&#x00F3;n de evaluar, cuanto un programa de anulaci&#x00F3;n y desarme de la filosof&#x00ED;a de izquierda, si es que no de la filosof&#x00ED;a p&#x00FA;blica en general. En este sentido no es ni siquiera comparable a lo que pretendieron los llamados <italic>nuevos fil&#x00F3;sofos</italic>, quienes intentaron un espacio junto a la filosof&#x00ED;a surgida del 68, ya que Ferry no pretende sustituir nada sino efectuar una enmienda a la totalidad, aunque para ello se valga de un viejo artefacto intelectual como el del <italic>antihumanismo</italic>, que habremos de revisar con mucha atenci&#x00F3;n. Tambi&#x00E9;n me adelanto a decir que Ferry y Renaut tuvieron &#x00E9;xito. Habr&#x00E1; que reconocerlo sin ambages. Muchas de las propuestas o actitudes de finales de los 60 estaban ya desarmadas por la fuerza de los acontecimientos. El socialismo era ya una empresa espectral, y no olvidemos lo que debe el pensamiento 68 a cierto apoyo institucional y a unas convicciones que eran desmentidas casi cada d&#x00ED;a por la pr&#x00E1;ctica de la &#x00E9;lite socialista. En el otro lado, justo al lado del propio Luc Ferry y de sus obvios compromisos pol&#x00ED;ticos, el republicanismo de derecha abandonaba la excepcionalidad gaullista para caer en la din&#x00E1;mica <italic>bling-bling</italic>, esto es, en el exhibicionismo desprejuiciado de la riqueza y el mal gusto, en el que el italiano Silvio Berlusconi es verdad que iba bastantes pasos por delante de Nicolas Sarkozy. Por otro lado, los atentados del 11 de septiembre de 2001, uno de los &#x00FA;ltimos aspectos de la deriva del nuevo siglo sobre los que lleg&#x00F3; a pronunciarse Jacques Derrida, provocaron un rearme de los esquemas de identidad menos inclusivos, de tal manera que la larga circularidad de terrorismo y nacionalismo reactivo no hab&#x00ED;a hecho otra cosa que comenzar.</p>

			<p>Porque la muerte de Derrida es un final. Morir siempre lo es, de hecho el fil&#x00F3;sofo hab&#x00ED;a dicho adi&#x00F3;s a todos los grandes nombres de los 60. Incluso hab&#x00ED;a tematizado en la muerte de su gran amigo Emmanuel L&#x00E9;vinas qu&#x00E9; significa decir adi&#x00F3;s. Del mismo modo en el que la inminencia del final se le aparec&#x00ED;a en su &#x00FA;ltima entrevista concedida como el desenlace de una guerra librada contra uno mismo, lo que no solo es una met&#x00E1;fora del c&#x00E1;ncer sino tambi&#x00E9;n de la deconstrucci&#x00F3;n misma como una apelaci&#x00F3;n a una responsabilidad &#x00E9;tica indecidible, infinita. La muerte de Derrida es un final en otro sentido m&#x00E1;s radical. Nadie como &#x00E9;l hab&#x00ED;a encarnado las luces e incluso los excesos de una edad que as&#x00ED; se cerraba. Pero tambi&#x00E9;n, y este es el giro fundamental de nuestra contribuci&#x00F3;n, nadie habr&#x00ED;a efectuado una cr&#x00ED;tica m&#x00E1;s inmisericorde de las ilusiones, de los espejismos y de las consignas en los que la verdadera fuerza inspiradora del 68 llegar&#x00ED;a a perderse. Volviendo a nuestra anecd&#x00F3;tica vi&#x00F1;eta, la verdad es que el fil&#x00F3;sofo protagoniz&#x00F3; dur&#x00ED;simas diatribas con Michel Foucault y Jacques Lacan; el tercer cham&#x00E1;n, Claude Levi-Strauss, jam&#x00E1;s acept&#x00F3; las alegr&#x00ED;as con las que Derrida abordaba su trabajo en antropolog&#x00ED;a, y puede decirse que solo mantuvo una tibia amistad con Roland Barthes. Al final, en el t&#x00E9;rmino, uno –tambi&#x00E9;n el propio Jacques Derrida– comprende cu&#x00E1;nto hay de ef&#x00ED;mero y qu&#x00E9; poco de duradero en los asuntos humanos. E incluso advierte cu&#x00E1;ntas cosas no habr&#x00ED;a escrito ni dicho de todas las que ha escrito y dicho, forzado por las circunstancias o los compromisos. Esto explicar&#x00ED;a el t&#x00ED;tulo de nuestro art&#x00ED;culo y la petici&#x00F3;n de disculpas. Es verdad que nadie tiene derecho a pedir perd&#x00F3;n por otro, as&#x00ED; que he tomado por t&#x00ED;tulo una cita, una disculpa, una petici&#x00F3;n de perd&#x00F3;n citada, porque el fil&#x00F3;sofo la expres&#x00F3; aqu&#x00ED; y all&#x00E1;. Porque la multiplic&#x00F3; entre la imposibilidad de decir y la de no hacerlo o guardar silencio. Estos son los tres hitos de una historia, aunque yo no voy a contar una historia, o no de una manera sustancial. Porque se trata de pensar, de seguir haci&#x00E9;ndolo, incluso en estos tiempos en los que el pensamiento parece un esfuerzo in&#x00FA;til, un injustificable retardo.</p>

		</sec>
		
		<sec id="S3">
			<title>LA ESCOL&#x00C1;STICA DE UNA ENEMISTAD CON EL PENSAMIENTO</title>

			<p>Gran parte de lo que hoy se recuerda por el p&#x00FA;blico com&#x00FA;n de la filosof&#x00ED;a de Jacques Derrida, y de la llamada <italic>deconstrucci&#x00F3;n</italic>, se debe a un panfleto, dado que no creemos que alcance la categor&#x00ED;a de un ensayo de filosof&#x00ED;a como tal. Se trata del libro que publicaron Luc Ferry y Alain Renaut <italic>La pens&#x00E9;e 68</italic>, subtitulado de una manera tan aparatosa como reveladora, <italic>Essai sur l’antihumanisme contemporaine</italic> (Ferry y Renaut, <xref ref-type="bibr" rid="CIT50">1986</xref>). Y digo que de manera reveladora porque la acusaci&#x00F3;n del antihumanismo viene de muy lejos. De hecho es casi tan antigua como el llamado estructuralismo. Y hemos dicho “casi” porque justo en el a&#x00F1;o 1968 no puede decirse que todav&#x00ED;a sea el del antihumanismo un aspecto recurrente en la cr&#x00ED;tica del estructuralismo. No, por ejemplo, en las dos sesiones p&#x00FA;blicas que se siguieron en febrero de aquel a&#x00F1;o en la Sorbona, y que estaban centradas en el tema mucho m&#x00E1;s t&#x00E9;cnico de la pertinencia o no del an&#x00E1;lisis sincr&#x00F3;nico (estructuralista), frente al diacr&#x00F3;nico o hist&#x00F3;rico (defendido, en este caso, por el te&#x00F3;rico marxista franco rumano Lucien Goldmann) (Labrousse, Zazzo <italic>et al</italic>., <xref ref-type="bibr" rid="CIT58">1969</xref>). En cambio, un a&#x00F1;o m&#x00E1;s tarde, y desde all&#x00ED; hasta la intervenci&#x00F3;n de Luc Ferry y Renaut, la cuesti&#x00F3;n del antihumanismo est&#x00E1; bien presente, como se recoge en un ensayo de Eugenio Tr&#x00ED;as de 1969, titulado <italic>Luz roja al humanismo</italic>, que es a su vez la presentaci&#x00F3;n de un volumen de conjunto (VV.AA., <xref ref-type="bibr" rid="CIT69">1969</xref>).</p>

			<p>Ferry y Renaut consideran, lo que en cierto modo es obvio, que el llamado antihumanismo tiene su origen en un libro de Michel Foucault publicado en <xref ref-type="bibr" rid="CIT51">1966</xref>, que llegar&#x00ED;a a ser muy popular <italic>Las palabras y las cosas</italic>. Sin embargo, a partir de aqu&#x00ED; se inicia la especulaci&#x00F3;n, porque subtienden la genealog&#x00ED;a de ese antihumanismo a la influencia del fil&#x00F3;sofo alem&#x00E1;n Martin Heidegger en Francia, lo que pone en el epicentro de este antihumanismo sesentayochista a Jacques Derrida. A este respecto conviene que deslindemos aqu&#x00ED; la posici&#x00F3;n de Derrida con respecto al estructuralismo, ya sea el de Foucault, el del psicoan&#x00E1;lisis de Jacques Lacan o el antropol&#x00F3;gico de Levi-Strauss. En medio quedar&#x00ED;a el caso del antihumanismo de Louis Althusser, que es un caso con caracter&#x00ED;sticas particulares por muchas razones. Del mismo modo habr&#x00E1; que precisar a qu&#x00E9; tipo de recepci&#x00F3;n de Heidegger se refieren Ferry y Renaut, y a qu&#x00E9; recepci&#x00F3;n de Heidegger se opondr&#x00ED;a siempre Derrida en general. Digamos que el conjunto de la estrategia de Ferry y Renaut es el de identificar al pensamiento del 68 con el antihumanismo, del que es reo al menos parcialmente el llamado estructuralismo. En segundo lugar ese antihumanismo habr&#x00ED;a que localizarlo en la difusi&#x00F3;n de la filosof&#x00ED;a heideggeriana en Francia, y Jacques Derrida ser&#x00ED;a el gran heideggeriano franc&#x00E9;s, luego Derrida <italic>es</italic> el pensamiento 68. </p>

			<p>Todo tiene el aspecto de una operaci&#x00F3;n <italic>ad hominem</italic>, de hecho el propio fil&#x00F3;sofo tuvo la oportunidad de desmontar parte de la argumentaci&#x00F3;n, y sobre la otra a estas alturas ya contamos con toda la informaci&#x00F3;n necesaria para hacerlo por nuestra cuenta. As&#x00ED; que vamos a detenernos un instante en la relaci&#x00F3;n con cada uno de los protagonistas relevantes de la caricatura estructuralista no sin antes apuntar a la conexi&#x00F3;n entre la deconstrucci&#x00F3;n y el estructuralismo. Esta la expondr&#x00E1; Derrida en su largo di&#x00E1;logo con Elisabeth Roudinesco, que es tambi&#x00E9;n un reencuentro con una amiga alejada (Derrida y Roudinesco, <xref ref-type="bibr" rid="CIT45">2001</xref>, pp. 19-27) y, aunque a rega&#x00F1;adientes, un ajuste de cuentas con el libro de Ferry y Renaut, probablemente in&#x00FA;til, es verdad, porque no se trataba de un ataque filos&#x00F3;fico propiamente dicho, pero s&#x00ED; muy rico en contenido para nuestros propios intereses: “Yo comenc&#x00E9; a escribir entre 1962 y 1966, en los [a&#x00F1;os en] que el estructuralismo era no solo un pensamiento sistem&#x00E1;tico, sino un nuevo pensamiento del sistema, de la forma sist&#x00E9;mica, con la prevalencia del modelo ling&#x00FC;&#x00ED;stico en L&#x00E9;vi-Strauss y en Lacan, ya sea con la complicaci&#x00F3;n con la que cada uno afectaba a ese modelo”. Y aqu&#x00ED;, desde el principio, el homenaje, la recepci&#x00F3;n de la herencia, se confunden con la cr&#x00ED;tica. “Yo sent&#x00ED;a, en verdad, la fecundidad y la legitimidad de ese gesto, en ese momento, como respuesta a los empirismos, a los positivismos o a otros ‘obst&#x00E1;culos’ epistemol&#x00F3;gicos”. Este esperanzado optimismo juvenil se mezcla no obstante con un actitud por completo diferente. “Pero yo percib&#x00ED;a no menos el precio a pagar, a saber, el de una cierta ingenuidad, la repetici&#x00F3;n un poco alegre de viejos gestos filos&#x00F3;ficos, la sumisi&#x00F3;n un poco son&#x00E1;mbula a una historia de la metaf&#x00ED;sica de la que estaba entrenado a descifrar el programa, las combinaciones, todas las posibilidades a mis ojos ya agotadas, fatigadas. Cre&#x00ED; poder discernir lo que este programa podr&#x00ED;a comportar de esterilidad, o de precipitado y dogm&#x00E1;tico”. Entre esos motivos de distancia con respecto a la promesa estructuralista, precisamente cuenta, y mucho, la denegaci&#x00F3;n pr&#x00E1;ctica de la historia y de la fuerza del cambio. Pero, insiste Derrida, “yo no he dicho nada nunca contra el estructuralismo”, lo que subraya Roudinesco citando una frase del fil&#x00F3;sofo en <italic>Fuerza y significaci&#x00F3;n</italic>, que es un verdadero homenaje: “Si se retirase un d&#x00ED;a, abandonando sus obras y sus signos en las playas de nuestra civilizaci&#x00F3;n, la invasi&#x00F3;n <italic>estructuralista</italic> llegar&#x00ED;a a ser una cuesti&#x00F3;n para el historiador de las ideas. Quiz&#x00E1;s incluso un objeto” (Derrida, <xref ref-type="bibr" rid="CIT23">1989b</xref>, p. 9). De hecho, es muy dif&#x00ED;cil evitar la tentaci&#x00F3;n de pensar que Derrida est&#x00E1; imitando en este fragmento una de las especialidades de Michel Foucault, a saber, la de los pron&#x00F3;sticos algo ampulosos. De hecho es un pron&#x00F3;stico ampuloso de Foucault el que dar&#x00E1; origen a la leyenda del antihumanismo a la hora de abordar la filosof&#x00ED;a estructuralista: “En todo caso, una cosa es cierta: que el hombre no es el problema m&#x00E1;s antiguo ni el m&#x00E1;s constante que se haya planteado el saber humano. (...) El hombre es una invenci&#x00F3;n cuya fecha reciente muestra con toda facilidad la arqueolog&#x00ED;a de nuestro pensamiento. Y quiz&#x00E1; tambi&#x00E9;n su pr&#x00F3;ximo fin. Si esas disposiciones desaparecieran tal como aparecieron (...) entonces podr&#x00ED;a apostarse a que el hombre se borrar&#x00ED;a, como en los l&#x00ED;mites del mar un rostro de arena” (Foucault, <xref ref-type="bibr" rid="CIT51">1966</xref>). Dos playas, dos rompeolas de profec&#x00ED;a, pero a decir verdad la de Foucault es anterior a la Derrida.</p>

			<p>La relaci&#x00F3;n entre ambos fue desde el principio muy complicada. No hay que olvidar que las disensiones de Derrida con el estructuralismo no solo fueron te&#x00F3;ricas sino que estuvieron cruzadas de asperezas personales. Y el principio es nada menos que la conferencia de 1963 <italic>Cogito e historia de la locura</italic> que, publicada cuatro a&#x00F1;os m&#x00E1;s tarde, y aunque reconoci&#x00E9;ndose el autor como disc&#x00ED;pulo de Foucault, emprende un desmontaje algo despiadado de su obra capital hasta la fecha (Derrida, <xref ref-type="bibr" rid="CIT23">1989b</xref>, pp. 47-89). El ataque fue devuelto, desde luego, precisamente en un ap&#x00E9;ndice de <italic>Historia de la locura</italic>, en el que describe el trabajo de Jacques Derrida como un mero comentario de textos en el que se desvincula cualquier implicaci&#x00F3;n de los sujetos en pr&#x00E1;cticas discursivas que excedan a la filosof&#x00ED;a misma (Foucault, <xref ref-type="bibr" rid="CIT52">1976</xref>, p. 371). La ruptura entre ambos ser&#x00E1; radical, de hecho contaminar&#x00E1; ocasionalmente la relaci&#x00F3;n de Derrida con el propio Gilles Deleuze, quien a su vez tambi&#x00E9;n se enemistar&#x00E1; con Foucault por otras razones (Dosse, <xref ref-type="bibr" rid="CIT46">2009</xref>, p. 409). De tal manera que la deconstrucci&#x00F3;n como pr&#x00E1;ctica textual se juzgar&#x00E1; durante los setenta como un elemento recesivo y escolar, al menos en relaci&#x00F3;n con las filosof&#x00ED;as entonces juzgadas como m&#x00E1;s innovadoras y comprometidas.</p>

			<p>La ruptura con Foucault durar&#x00E1; hasta 1981, diez a&#x00F1;os, pues durante la detenci&#x00F3;n de Derrida en la prisi&#x00F3;n de la Checoslovaquia socialista, Foucault ser&#x00E1; uno de sus m&#x00E1;s activos defensores (Eribon, <xref ref-type="bibr" rid="CIT47">1992</xref>, p. 169). En cualquier caso la amistad nunca se recompondr&#x00ED;a del todo. De hecho, probablemente solo estuvieron juntos una vez m&#x00E1;s en una cena en casa de Foucault, pues su prematura muerte en 1984 no permiti&#x00F3; otra cosa (Peeters, <xref ref-type="bibr" rid="CIT65">2013</xref>, p. 412). Lo que se suele olvidar es que la ruptura entre ambos tuvo consecuencias para el conjunto de la escena filos&#x00F3;fica francesa de aquellos a&#x00F1;os, cuyos protagonistas se ve&#x00ED;an de un modo u otro impelidos a tomar posici&#x00F3;n. Por ejemplo, Jean Braudillard, quien comparte editorial con Derrida (Galil&#x00E9;e) y lanza una andanada terrible contra el esquema de la producci&#x00F3;n tal como se articula en la filosof&#x00ED;a de Foucault (Baudrillard, <xref ref-type="bibr" rid="CIT03">1978</xref>), y al que opondr&#x00ED;a los brillos de la seducci&#x00F3;n. El propio Deleuze, aunque de un modo m&#x00E1;s incisivo, se&#x00F1;alar&#x00ED;a su diferendo con el principio de placer foucaultiano en favor de una teor&#x00ED;a del deseo, que enfatiza la carga y la distancia encendida entre m&#x00E1;quinas deseantes. Pero el que inequ&#x00ED;vocamente est&#x00E1; del lado de Derrida es su amigo y maestro Maurice Blanchot quien, apelando a su indudable autoridad como uno de los m&#x00E1;s infatigables protagonistas de los sucesos del 68, subraya la ausencia de Foucault del asunto, en esa extra&#x00F1;a despedida publicada dos a&#x00F1;os despu&#x00E9;s de su muerte (Blanchot, <xref ref-type="bibr" rid="CIT04">1988</xref>).</p>

			<p>Con Claude L&#x00E9;vi-Strauss nunca existi&#x00F3; intimidad alguna, aunque es manifiesto que al antrop&#x00F3;logo no le agrad&#x00F3; en absoluto que fuese elegida su obra por un muy joven Jacques Derrida en el congreso de la John Hopkins University en 1966. Aparentemente se trata de una modesta comunicaci&#x00F3;n, pero supone dos cosas fundamentales para el futuro desarrollo de la deconstrucci&#x00F3;n, a saber, la aparici&#x00F3;n de un discurso propiamente postestructuralista y la introducci&#x00F3;n de Derrida con extraordinario &#x00E9;xito en Estados Unidos (Derrida, <xref ref-type="bibr" rid="CIT11">1972a</xref>, pp. 269-293). Afirmar el ocaso del enfoque estructural debido a su ausencia de centro, a la vez que se lo invoca con un gesto netamente metaf&#x00ED;sico, solo pod&#x00ED;a incomodar al m&#x00E1;s cient&#x00ED;fico y menos espectacular de los estructuralistas. Una consecuencia no menos importante, pero mucho m&#x00E1;s complicada, de esta intervenci&#x00F3;n americana ser&#x00ED;a la del inicio de una larga disensi&#x00F3;n con el psicoanalista Jacques Lacan, puesto que &#x00E9;l mismo hab&#x00ED;a participado en tal encuentro, cosechando lo que cuando menos podr&#x00ED;a describirse como un moderado fracaso, a pesar de sus m&#x00E1;s que notables esfuerzos por ganarse la simpat&#x00ED;a del p&#x00FA;blico (Lacan, <xref ref-type="bibr" rid="CIT59">1972</xref>, pp. 205-220). Las diferencias con Lacan, aunque con un componente personal llamativo, tienen mayor alcance te&#x00F3;rico. En particular advierte Derrida c&#x00F3;mo el psicoan&#x00E1;lisis de este &#x00FA;ltimo, aunque travestido de ambici&#x00F3;n filos&#x00F3;fica, en realidad solo se sirve de los aspectos m&#x00E1;s pedestres y afines a la convenci&#x00F3;n metaf&#x00ED;sica de una inspiraci&#x00F3;n de Heidegger, con una perspectiva bastante ingenua sobre el sujeto y su relaci&#x00F3;n con la verdad (Derrida, <xref ref-type="bibr" rid="CIT14">1977b</xref>). </p>

			<p>Esta deconstrucci&#x00F3;n de la clausura metaf&#x00ED;sica del psicoan&#x00E1;lisis de Lacan tiene su expresi&#x00F3;n m&#x00E1;s radical y agresiva en el comentario que se propone de una lectura privilegiada, a saber, la que el psicoanalista hiciese sobre el relato de <italic>La carta robada</italic> de Poe (Lacan, <xref ref-type="bibr" rid="CIT60">1978</xref>). Digamos que esta cr&#x00ED;tica de la ilusi&#x00F3;n del an&#x00E1;lisis como una simple correspondencia o asimilaci&#x00F3;n de la verdad, como una llegada a destino de la carta que permanec&#x00ED;a en demora o <italic>souffrance</italic>, es lo que pone en un plano sustantivo el propio Derrida en la parte principal de su trabajo sobre el cartero de la verdad, y lo m&#x00E1;s importante es que no lo hace acudiendo a ninguna instancia externa al texto, sino a partir de una <italic>close reading</italic>, de una lectura m&#x00E1;s atenta de la obra de Poe que viene a inquietar la interpretaci&#x00F3;n de Lacan (Derrida, <xref ref-type="bibr" rid="CIT13">1977a</xref>). No estamos hablando de un escrito cualquiera del psicoanalista, sino de uno de los m&#x00E1;s brillantes y celebrados en la escena filos&#x00F3;fica de aquellos a&#x00F1;os. En efecto, para Deleuze ese an&#x00E1;lisis de posiciones en torno a un objeto que circula, la carta o <italic>lettre</italic>, es lo caracter&#x00ED;stico de una perspectiva estructural, de lo inconsciente estructurado como un lenguaje (Deleuze, <xref ref-type="bibr" rid="CIT09">1982</xref>, pp. 569-599). Claro que esto no es sino el principio de una respuesta por parte de la deconstrucci&#x00F3;n al desaf&#x00ED;o que el psicoan&#x00E1;lisis planteaba a la filosof&#x00ED;a. La amistad y colaboraci&#x00F3;n de Jacques Derrida con Jean-Luc Nancy y Philippe Lacoue-Labarthe se traduce en un demoledor escrito, en el que se acent&#x00FA;a la pertenencia estricta del pensamiento de Jacques Lacan a una matriz metaf&#x00ED;sica y al papel que juega cierta intromisi&#x00F3;n pedestre de Heidegger en ella (Nancy y Lacoue-Labarthe, <xref ref-type="bibr" rid="CIT64">1981</xref>). Esta exposici&#x00F3;n del <italic>sistema</italic> Lacan, aparecida en 1973, tendr&#x00E1; un eco peculiar en el propio psicoanalista, a la vez complacido en su vanidad (casi infinita, todo hay que decirlo) e inquieto por la manera en la que se desmonta su presentaci&#x00F3;n o apariencia filos&#x00F3;fica (Lacan, <xref ref-type="bibr" rid="CIT61">1981</xref>, p. 80). Parte de esta diatriba tiene que ver con algunos modos de atribuci&#x00F3;n por parte de Lacan de las inquietudes y contribuciones ajenas. Por ejemplo, del inter&#x00E9;s de Jacques Derrida por la escritura en Plat&#x00F3;n en su &#x00E9;poca m&#x00E1;s af&#x00ED;n a la revista <italic>Tel Quel</italic> (Derrida, <xref ref-type="bibr" rid="CIT12">1972b</xref>, pp. 77-213). De aquel mismo periodo proviene el &#x00E9;nfasis, igualmente usufructuado de manera poco &#x00E9;tica, por la <italic>chora</italic> plat&#x00F3;nica, que probablemente ha conocido Lacan o bien por la lectura del libro de entrevistas <italic>Posiciones</italic>, que le afectaba de un modo tan directo, o de su eco en Julia Kristeva, de nuevo en el entorno de <italic>Tel Quel</italic> (Kristeva, <xref ref-type="bibr" rid="CIT57">1977</xref>, p. 57)<xref ref-type="fn" rid="NOTE1">1</xref>. Aunque es verdad que Derrida tardar&#x00ED;a mucho tiempo en publicar un desarrollo amplio de su lectura del <italic>Timeo</italic> plat&#x00F3;nico (Derrida, <xref ref-type="bibr" rid="CIT31">1993a</xref>).<xref ref-type="fn" rid="NOTE2">2</xref> </p>

			<p>Y esto nos lleva a la relaci&#x00F3;n de Derrida con uno de los pensadores m&#x00E1;s relevantes del 68, a saber, con Louis Althusser, con el que mantuvo una s&#x00F3;lida y probada amistad a lo largo de muy dram&#x00E1;ticas vicisitudes. Althusser, desde el marxismo m&#x00E1;s ortodoxo, supone la otra vuelta de tuerca al real o presunto antihumanismo estructuralista, singularmente en su afirmaci&#x00F3;n de que la perspectiva materialista es la de la lucha de clases, entendida como un proceso sin sujeto ni fines (Althusser, <xref ref-type="bibr" rid="CIT01">1974</xref>). Todav&#x00ED;a en 1982, y frente a la interpretaci&#x00F3;n, tan com&#x00FA;n dentro del marxismo estricto, de la deconstrucci&#x00F3;n como una especie de oscurantismo escol&#x00E1;stico, Althusser defender&#x00E1; lo que considera una verdadera radicaci&#x00F3;n materialista del empe&#x00F1;o de Derrida (Althusser, <xref ref-type="bibr" rid="CIT02">1994</xref>, p. 553). Por cierto que este reconocimiento no es separable de un inter&#x00E9;s del maestro marxista por Martin Heidegger.</p>

			<p>Es que el &#x00FA;ltimo aspecto de la cr&#x00ED;tica a Derrida vertida por <italic>El pensamiento del 68</italic> se refiere a la identificaci&#x00F3;n de ese constructo te&#x00F3;rico con la recepci&#x00F3;n de la filosof&#x00ED;a de Martin Heidegger en Francia, y por lo tanto con la asunci&#x00F3;n de que este sea su int&#x00E9;rprete privilegiado. Esto es una forma de omitir cuestiones m&#x00E1;s complejas. En primer lugar, si nos referimos a la influencia de Heidegger en el antihumanismo del 68, desde luego habr&#x00ED;a que mencionar la <italic>Humanismusbrief</italic>, dirigida por el pensador alem&#x00E1;n a Jean Beaufret, y que plantea una ruptura con la interpretaci&#x00F3;n dada por Jean Paul Sartre del existencialismo como una manera de humanismo. Es verdad que esta carta es fundamental para comprender qu&#x00E9; sea la deconstrucci&#x00F3;n con respecto a la metaf&#x00ED;sica, dado que el reverso de la misma es tambi&#x00E9;n metaf&#x00ED;sico, por ejemplo al invertir la noci&#x00F3;n de esencia por la de existencia (Heidegger, <xref ref-type="bibr" rid="CIT56">1991</xref>, p. 19). No hay algo as&#x00ED; como un <italic>afuera</italic> de la metaf&#x00ED;sica y desde luego no lo hay como su contrario, dado que la t&#x00E1;ctica de la inversi&#x00F3;n siempre est&#x00E1; presa de aquello que se quiere invertir. Sabemos, sobre todo a trav&#x00E9;s de la monumental biograf&#x00ED;a de Peeters, que Jacques Derrida no simpatiza en absoluto con Jean Beaufret y su c&#x00ED;rculo de allegados, que no solo parec&#x00ED;a afecto de la pedanter&#x00ED;a de un culto idol&#x00E1;trico laico a Heidegger sino tambi&#x00E9;n de cierto antisemitismo casi nauseabundo. </p>

			<p>Y sin embargo Ferry y Renaut no yerran, o no lo hacen del todo, cuando asignan a la propia deconstrucci&#x00F3;n una genealog&#x00ED;a heideggeriana. En efecto, la deconstrucci&#x00F3;n, en un sentido nada convencional, estar&#x00ED;a relacionada con lo que en <italic>Ser y tiempo</italic> el fil&#x00F3;sofo alem&#x00E1;n determinar&#x00ED;a como la destrucci&#x00F3;n de la historia de la ontolog&#x00ED;a (<italic>Destruktion der Geschichte der Ontologie</italic>), con ese c&#x00E9;lebre ep&#x00ED;grafe seis de la <italic>Introducci&#x00F3;n</italic>. La <italic>Destruktion</italic> as&#x00ED; entendida no tiene el sentido de quitarse de encima la tradici&#x00F3;n ontol&#x00F3;gica, sino el de acercarse hacia las experiencias originarias que llevaron a plantearse a los humanos el problema del ser. Esto conlleva mostrar la naturaleza derivada y secundaria de los conceptos metaf&#x00ED;sicos. Sin embargo “La destrucci&#x00F3;n no quiere sepultar el pasado en la nada; tiene una mira <italic>positiva</italic>: su funci&#x00F3;n negativa resulta indirecta y t&#x00E1;cita (<italic>unausdr&#x00FC;cklich und indirekt</italic>)” (Heidegger, <xref ref-type="bibr" rid="CIT55">1979</xref>, p. 23). No obstante, y desde el principio, el abordaje de la filosof&#x00ED;a de Heidegger que emprende Derrida no pasa sino por una deconstrucci&#x00F3;n de la misma, de todo lo que en ella permanece anclado a una ontolog&#x00ED;a de la presencia, con un origen dado y alcanzable, as&#x00ED; como con unos fines. En realidad el trabajo deconstructivo no tiene origen ni t&#x00E9;rmino, de ah&#x00ED; que privilegie la escritura, la <italic>differance</italic>, en lugar de una <italic>difference</italic> que pueda reducirse de manera m&#x00E1;s o menos obvia a la unidad. En este diferirse sin origen ni final de la escritura, entra en juego toda la din&#x00E1;mica de la huella o de la traza, en la que ocupa los primeros a&#x00F1;os de su producci&#x00F3;n Derrida, una vez que se ha desprendido de su inicial ocupaci&#x00F3;n fenomenol&#x00F3;gica (Derrida, <xref ref-type="bibr" rid="CIT10">1967</xref>, pp. 42-108). En cualquier caso lo que nunca fue Jacques Derrida, contra lo que opinan Ferry y Renaut, es un devoto heideggeriano. El hecho de que se rebelase a menudo contra aquellas formas de no lectura debidas a la condenada pol&#x00ED;tica del pasado nazi heideggeriano no significa en absoluto que intentase proteger u ocultar nada de ello, antes al contrario. Lo que sucede es que la deconstrucci&#x00F3;n nunca debe sustraerse al imperativo de la lectura y a la seriedad de la misma, si es que de verdad se pretende dislocar, inquietar o disociar los procedimientos convencionales de interpretaci&#x00F3;n y transmisi&#x00F3;n. Lo demostrar&#x00ED;a, al producirse la en&#x00E9;sima y m&#x00E1;s oportunista revisi&#x00F3;n biogr&#x00E1;fica –la de V&#x00ED;ctor Far&#x00ED;as– con un texto denso y cuidadoso que es sobre todo una lectura atenta y perturbadora del discurso del rectorado de Martin Heidegger, que en cierto modo tambi&#x00E9;n puede considerarse una actualizaci&#x00F3;n de la pneumatolog&#x00ED;a, dado que se centra en la interdicci&#x00F3;n del uso sencillo de la noci&#x00F3;n de <italic>esp&#x00ED;ritu</italic>, y de c&#x00F3;mo esta se vulnera en el discurso rectoral (Derrida, <xref ref-type="bibr" rid="CIT22">1989a</xref>). </p>

			<p>A posteriori, el fil&#x00F3;sofo reconocer&#x00E1; que con el estructuralismo no mantiene en absoluto la misma distancia, sino que se separa de aquellos principales pensadores o bien por motivos de estilo o por bien por razones conceptuales. Cerca te&#x00F3;ricamente de Foucault, de su an&#x00E1;lisis de dispositivos sociales y de sus efectos textuales. Bastante lejos del elemental <italic>retorno</italic> freudiano de Lacan y sin embargo muy cerca de su estilo y de su tratamiento cuidadoso de la lengua. Digamos que Ferry y Renaut fracasan en su intento de construirse una imagen un&#x00ED;voca, del todo fantasiosa, de ese monstruo conceptual al que se oponen. Que la debilidad de la argumentaci&#x00F3;n sea manifiesta no habr&#x00ED;a de impedir cierto &#x00E9;xito editorial y una no peque&#x00F1;a respetabilidad acad&#x00E9;mica. Esto no se explica por razones intr&#x00ED;nsecamente filos&#x00F3;ficas, que no existen, sino de tipo sociol&#x00F3;gico. Habr&#x00ED;a que interrogarse por los cambios producidos en el capitalismo financiero y por la expansi&#x00F3;n de una ideolog&#x00ED;a, la del neoliberalismo, tan absurda como la de la ortodoxia leninista y no menos mort&#x00ED;fera que ella. Que la deconstrucci&#x00F3;n era incompatible con dichos cambios es lo que veremos a continuaci&#x00F3;n, as&#x00ED; que lo de menos es que el neo humanismo individualista que se postula como alternativa sea un subproducto ya deteriorado desde la misma factor&#x00ED;a. Y es que no se trata con esta operaci&#x00F3;n de sustituir una filosof&#x00ED;a <italic>mala</italic> o <italic>perversa</italic> por otra mejor, sino de hacerlo por <italic>ninguna</italic> filosof&#x00ED;a.</p>

		</sec>
		
		<sec id="S4">
			<title>EL GIRO DE PRAGA</title>

			<p>A partir de 1981, esto es, de su ingreso en las mazmorras de la Checoslovaquia estalinista, el trabajo de Jacques Derrida sufre una aceleraci&#x00F3;n casi desesperada, multiplic&#x00E1;ndose as&#x00ED; en la exposici&#x00F3;n a los medios de masas y tambi&#x00E9;n en los compromisos sociales y pol&#x00ED;ticos que la desconstrucci&#x00F3;n es capaz de asumir. Este cambio de ritmo es indiscutible, lo que no significa que haya una novedad radical en ello. La pr&#x00E1;ctica textual, a la vez parsimoniosa y devoradora de prejuicios, ten&#x00ED;a desde el principio, y el fil&#x00F3;sofo no se ha cansado jam&#x00E1;s de repetirlo, un sentido pol&#x00ED;tico. Formar&#x00ED;a parte de ese impulso mesi&#x00E1;nico, en s&#x00ED; mismo no deconstruible aunque s&#x00ED; lo sean todos los mesianismos religiosos, ideol&#x00F3;gicos y sociales (Derrida, <xref ref-type="bibr" rid="CIT17">1983</xref>). Es verdad que la bibliograf&#x00ED;a sobre este giro es relativamente pobre en Espa&#x00F1;a, al menos si la comparamos con la que existe sobre la primera etapa, y que todav&#x00ED;a se parece a un ejercicio especulativo (Fern&#x00E1;ndez Agis, <xref ref-type="bibr" rid="CIT48">2010</xref>). De hecho sobre este desfase bibliogr&#x00E1;fico la propia deconstrucci&#x00F3;n de Jacques Derrida tendr&#x00ED;a mucho que decir, pues afecta a la propia industria universitaria, a sus modos de recepci&#x00F3;n y transmisi&#x00F3;n. Para todos los que la propuesta de Derrida no es clasificable con facilidad. Demasiado alejada de discursos anta&#x00F1;o poderosos, como el marxismo y el psicoan&#x00E1;lisis (a pesar de la profunda amistad con Althusser, o tal vez por ella misma) y un poco demasiado cl&#x00E1;sica en su manejo de la t&#x00E9;cnica del comentario. En otro sentido, bastante ajena al academicismo convencional, pues a diferencia por ejemplo de un Gilles Deleuze, lo &#x00FA;nico parecido a una monograf&#x00ED;a universitaria firmado por Derrida es una tesis bastante rigurosa y densa sobre la fenomenolog&#x00ED;a de Husserl (Derrida, <xref ref-type="bibr" rid="CIT25">1990a</xref>) que, aunque ajena por completo a la elaboraci&#x00F3;n literaria del conjunto de sus obras, plantea un problema, el de esa incesante b&#x00FA;squeda de un comienzo originario dentro de la fenomenolog&#x00ED;a husserliana, que no es nada extra&#x00F1;o a la inquietud deconstructiva por un retorno y una dislocaci&#x00F3;n sin t&#x00E9;rmino de la presunta apodicticidad, de la presencia y de lo <italic>t&#x00E9;tico</italic> en filosof&#x00ED;a. Sostenemos que a partir de este giro &#x00E9;tico y pol&#x00ED;tico es posible reinterpretar, y as&#x00ED; lo hace el fil&#x00F3;sofo franc&#x00E9;s, lo sostenido a trav&#x00E9;s de la deconstrucci&#x00F3;n en relaci&#x00F3;n con ese presunto pensamiento del 68. En el caso del antihumanismo es preciso llevarlo m&#x00E1;s lejos del mero tachado estructuralista del subsuelo existencial o marxista cl&#x00E1;sico (Derrida, <xref ref-type="bibr" rid="CIT24">1989c</xref>, pp. 145-174). Ahora y bajo diversos modos, ya sea como descentramiento de la conciencia en Jacques Lacan o como denuncia del dominio de unas ciencias humanas sin sujeto en Michel Foucault, lo que sobre todo prefiere percibir la deconstrucci&#x00F3;n es el “humanismo de <italic>otro</italic> hombre”. Lo otro, como veremos, es lo incalculable, y el acontecimiento lo que viene o llega (Derrida, <xref ref-type="bibr" rid="CIT30">1992c</xref>, p. 193). Ser&#x00ED;a demasiado f&#x00E1;cil objetar que esta &#x00E9;tica de la alteridad tiene que ver con un inter&#x00E9;s tard&#x00ED;o por Emmanuel L&#x00E9;vinas. No se trata de discutir la filiaci&#x00F3;n de esta tem&#x00E1;tica en el pensamiento de L&#x00E9;vinas, cosa que reconoce sin problemas Jacques Derrida. Es la naturaleza tard&#x00ED;a de esa impostaci&#x00F3;n la que puede rebatirse sin dificultad, dado que <italic>Violencia y metaf&#x00ED;sica</italic>, el primer ensayo dedicado al maestro, es del a&#x00F1;o 1963. Es decir, al principio mismo o desde el principio.</p>

			<p>No se pueden mostrar al detalle los inn&#x00FA;meros compromisos en los que se desarrollar&#x00ED;a la filosof&#x00ED;a deconstructiva. Uno de los fundamentales, que se vincula a cierta actitud cr&#x00ED;tica hacia el admirado L&#x00E9;vinas, ser&#x00ED;a el de una relativa afinidad con el feminismo (Derrida, <xref ref-type="bibr" rid="CIT20">1987a</xref>), con la denuncia de la omisi&#x00F3;n de la diferencia y el g&#x00E9;nero en favor de un falologocentrismo, dando de nuevo un giro de m&#x00E1;s a su deconstrucci&#x00F3;n del fonocentrismo, mediante el <italic>suplemento</italic> de la escritura, que acompa&#x00F1;ado en esto por Paul de Man, habr&#x00ED;a seguido hasta Jean Jacques Rousseau (De Man, <xref ref-type="bibr" rid="CIT08">1979</xref>). En esa adhesi&#x00F3;n tendr&#x00ED;a un peso importante su amistad de larga duraci&#x00F3;n con H&#x00E9;l&#x00E8;ne Cixoux, proveniente como &#x00E9;l de una familia franco jud&#x00ED;a y argelina (Cixoux y Derrida, <xref ref-type="bibr" rid="CIT06">1998</xref>). En cualquier caso se convierte en una referencia importante a la hora de interpelar al pensamiento desde una &#x00F3;ptica feminista (Chanter, <xref ref-type="bibr" rid="CIT05">1995</xref>). Y entre sus aportaciones en este terreno yo no pasar&#x00ED;a por alto su sorprendente relectura femenina de la filosof&#x00ED;a de Nietzsche, en torno a la pregunta “y qu&#x00E9; si la verdad hubiese sido siempre mujer”, ¿no afectar&#x00ED;a esto a una metaf&#x00ED;sica de la presencia, de lo que se muestra o aparece a plena luz? (Derrida, <xref ref-type="bibr" rid="CIT15">1978</xref>).</p>

			<p>Ese otro con respecto al sujeto del humanismo liberal no es solo la mujer sino incluso el animal. Derrida hablar&#x00E1; a veces de un genocidio animal, sistem&#x00E1;tico y despiadado, aproxim&#x00E1;ndose as&#x00ED; a la lucha animalista, pero sin renunciar por ello –no lo har&#x00E1; jam&#x00E1;s– a una reflexi&#x00F3;n de alto nivel a la vez que se afronta este aspecto de lucha, por ejemplo mostrando el extra&#x00F1;o efecto de opacidad de nuestra propia desnudez ante la mirada de un animal (Derrida, <xref ref-type="bibr" rid="CIT44">2008</xref>), o la responsabilidad sin l&#x00ED;mite a la que nos expone el cuidado de nuestro gato con respecto al resto de los gatos (Derrida, <xref ref-type="bibr" rid="CIT28">1992a</xref>), como si al dar la vida a alguien necesariamente, y m&#x00E1;s all&#x00E1; de cualquier satisfacci&#x00F3;n, tuvi&#x00E9;semos que se&#x00F1;alar que estamos dando la muerte a muchos otros, como un innumerable reproche que nos viene silencioso desde el otro. Este es un aspecto crucial de la deconstrucci&#x00F3;n, por lo que se refiere a todo tipo de compromiso &#x00E9;tico. Me refiero a la naturaleza inagotable de la responsabilidad, esto es, a lo incalculable del efecto de nuestras decisiones y a la constricci&#x00F3;n con la que las efectuamos, lo que las acerca l&#x00F3;gicamente a lo que en psicolog&#x00ED;a cognitiva se denomina <italic>double bind</italic>, doble nudo o doble v&#x00ED;nculo (Zoletto, <xref ref-type="bibr" rid="CIT70">2003</xref>), uno en el que hagamos lo que hagamos lo hacemos mal.</p>

			<p>En nada se observa mejor este doble nudo, que a menudo llamar&#x00E1; <italic>apor&#x00ED;a</italic>, en un sentido cl&#x00E1;sico, que en el planteamiento pol&#x00ED;tico y filos&#x00F3;fico del principio de hospitalidad, que es el de un mandato a la vez inevitable e insuficiente (Derrida, <xref ref-type="bibr" rid="CIT38">1998a</xref>). Hay una antinomia insoluble entre la ley de la hospitalidad (incondicional) y las leyes o regulaciones de la hospitalidad, de tr&#x00E1;nsito o emigraci&#x00F3;n (Derrida, <xref ref-type="bibr" rid="CIT37">1997</xref>, p. 73). Esa antinomia sacude en realidad los atributos del estado, de la naci&#x00F3;n, y plantea la existencia de ciudades-refugio. De tal manera que la ley incondicional sobrevive en esos burgos m&#x00E1;s all&#x00E1;, o mediante el desborde de las leyes condicionadas del estado-naci&#x00F3;n (Derrida, <xref ref-type="bibr" rid="CIT35">1996a</xref>). Esa apertura hacia el otro, hacia el extranjero o extra&#x00F1;o, no es independiente de lo que nos est&#x00E1; dado esperar de nosotros mismos. De lo europeo mismo (Garc&#x00ED;a Caparr&#x00F3;s, <xref ref-type="bibr" rid="CIT53">1999</xref>, pp. 367-372). As&#x00ED; que por este lado, por el de la arribada del otro, es nuestra democracia la que se pone a prueba, porque a diferencia de otros sistemas la democracia siempre queda para otro d&#x00ED;a, es perfectible, est&#x00E1; por venir (Derrida, <xref ref-type="bibr" rid="CIT29">1992b</xref>). A partir de esta idea creo que puede entenderse mejor la posici&#x00F3;n pol&#x00ED;tica del fil&#x00F3;sofo, y en particular su juicio en torno al 68: “No he sido nunca lo que se dice una persona del sesenta y ocho. Es verdad que he participado en aquellos momentos en las manifestaciones u organizado la primera asamblea general en la calle Ulm, pero me he mantenido en reserva, incluso inquieto ante una cierta euforia de espontaneidad, de fusi&#x00F3;n y antisindicalismo, ante el entusiasmo de la palabra por fin ‘liberada’, de la ‘transparencia’ restaurada, etc. Nunca he cre&#x00ED;do en esas cosas...” (Derrida, <xref ref-type="bibr" rid="CIT30">1992c</xref>, p. 358). Conviene no perder de vista esta perspectiva y esta memoria escindida de esa ilusoria inmediatez. A menudo fue considerado con circunspecci&#x00F3;n por otros actores debido a esa reserva, puede que hasta el final de su vida, por lo que resulta todav&#x00ED;a m&#x00E1;s injustificada la acusaci&#x00F3;n de Ferry y Renaut; una que podr&#x00ED;a haberse aparejado con m&#x00E1;s exactitud a Julia Kristeva o Alain Badiou, por ejemplo, quienes tuvieron una actitud hostil a menudo hacia el fil&#x00F3;sofo por su falta de entusiasmo revolucionario en aquella hora. </p>

			<p>No obstante, Derrida es consciente de que algo que viene de m&#x00E1;s lejos ha ocurrido entonces. A trav&#x00E9;s de esa espontaneidad pol&#x00ED;tica ingenua se pon&#x00ED;a en cuesti&#x00F3;n la legitimidad de las instituciones. Y en particular se produc&#x00ED;a una interrogaci&#x00F3;n social, de facto, sobre el origen de los poderes de sanci&#x00F3;n, publicaci&#x00F3;n y distribuci&#x00F3;n. De ah&#x00ED; el inter&#x00E9;s temprano de la deconstrucci&#x00F3;n por lo que se llamar&#x00ED;an <italic>contra instituciones</italic>, y en particular por el lugar de la filosof&#x00ED;a, de la facultad de filosof&#x00ED;a, dentro de la universidad, tal y como ya era planteado en la diatriba cl&#x00E1;sica entre Kant –quien era partidario de la presencia de la misma para preservar lo universal de la universidad– y Schelling, que abogaba por su desaparici&#x00F3;n o fusi&#x00F3;n entre todas las disciplinas (Derrida, <xref ref-type="bibr" rid="CIT18">1984</xref>; Derrida, <xref ref-type="bibr" rid="CIT19">1986</xref>; Derrida, <xref ref-type="bibr" rid="CIT41">2001b</xref>). No obstante, el inter&#x00E9;s de Derrida era todav&#x00ED;a de m&#x00E1;s largo alcance, y afectaba a la idea misma de la docencia y a la ense&#x00F1;anza de la filosof&#x00ED;a en bachillerato, con la constituci&#x00F3;n del Groupe de Recherches sur l’Enseignement Philosophique (GREPH) (Derrida, <xref ref-type="bibr" rid="CIT16">1982</xref>, pp. 57-108). Por no hablar de su compromiso personal con una contra instituci&#x00F3;n como el Colegio Internacional de Filosof&#x00ED;a (Derrida, <xref ref-type="bibr" rid="CIT39">1998b</xref>, pp. 91-129). Podr&#x00ED;amos multiplicar la exposici&#x00F3;n de los frentes de combate pol&#x00ED;tico: derechos de minor&#x00ED;as, racismo, defensa internacional de los escritores, derecho y pena de muerte, etc., pero eso exceder&#x00ED;a los l&#x00ED;mites de este trabajo. Ese incesante activismo, que no renuncia en absoluto a la potencia especulativa, es el que incomoda al individualismo neoliberal, que solo aspira a una restauraci&#x00F3;n del orden econ&#x00F3;mico e institucional.</p>

			<p>En realidad la deconstrucci&#x00F3;n es inc&#x00F3;moda en m&#x00E1;s de una direcci&#x00F3;n y por m&#x00E1;s de un motivo, dado que interrumpe o pone en suspenso las adscripciones pol&#x00ED;ticas simples. As&#x00ED; se muestra en el debate, en algunos casos hasta furioso, que se levant&#x00F3; en 1993 con sus <italic>Espectros de Marx</italic>, que es una reivindicaci&#x00F3;n de cierto esp&#x00ED;ritu de Marx frente al intolerante dogmatismo de un olvido, realizada precisamente por quien nunca fue militante comunista ni marxista te&#x00F3;rico (Derrida, <xref ref-type="bibr" rid="CIT33">1993c</xref>). Sobre esa furia yo subrayar&#x00ED;a la violenta respuesta de Antonio Negri, a pesar de los m&#x00E1;s elementales principios de gratitud que le deb&#x00ED;a a Derrida, por la acogida e incluso refugio de este al inicio de su fuga de la justicia italiana. Dogmatismo y petrificaci&#x00F3;n leninista obligan. Tampoco sus acercamientos a la democracia radical o al populismo de izquierda podr&#x00ED;an ser muy fruct&#x00ED;feros (Mouffe, <xref ref-type="bibr" rid="CIT63">1998</xref>). De entrada, y sin mayores profundizaciones, de este populismo le separa la ecuaci&#x00F3;n entre democracia y secreto que ha resaltado frente a la peligrosa utop&#x00ED;a de la absoluta transparencia, que es en s&#x00ED; misma totalitaria (Derrida, <xref ref-type="bibr" rid="CIT34">1994</xref>; Derrida, <xref ref-type="bibr" rid="CIT32">1993b</xref>). A estas resistencias pol&#x00ED;ticas, y a veces coincidiendo con ellas, se unen las m&#x00E1;s convencionales de escepticismo (Goodheart, <xref ref-type="bibr" rid="CIT54">1991</xref>).</p>

		</sec>
		
		<sec id="S5">
			<title>LO REAL Y NOSOTROS QUE LO AMAMOS APASIONADAMENTE</title>

			<p>Una de las actividades m&#x00E1;s serias dentro de la filosof&#x00ED;a europea es la de una restauraci&#x00F3;n del realismo en ontolog&#x00ED;a, singularmente la que se produce bajo la direcci&#x00F3;n del italiano Maurizio Ferraris, y que de manera expl&#x00ED;cita se presenta como una cr&#x00ED;tica a la deconstrucci&#x00F3;n de Derrida (Ferraris, <xref ref-type="bibr" rid="CIT49">2010</xref>). Este nuevo realismo prestar&#x00E1; una gran atenci&#x00F3;n a los hechos sociales, a su naturaleza y a su inequ&#x00ED;voca realidad diferente a la de los hechos f&#x00ED;sicos, como as&#x00ED; sucede desde la filosof&#x00ED;a anal&#x00ED;tica del americano John Searle (<xref ref-type="bibr" rid="CIT68">1997</xref>). Una diferencia no peque&#x00F1;a entre ambos es que Ferraris fue un gran amigo del franc&#x00E9;s mientras que la enemistad con el mismo es notoria por parte de Searle, y tiene que ver con el intento deconstructivo de hacer uso de la filosof&#x00ED;a del lenguaje de John Austin, de quien el propio Searle se considera heredero intelectual (Searle, <xref ref-type="bibr" rid="CIT67">1991</xref>; Derrida, <xref ref-type="bibr" rid="CIT26">1990b</xref>). De hecho, y siempre seg&#x00FA;n Ferraris, la eficacia de la deconstrucci&#x00F3;n en el desmontaje de las realidades que tienen que ver con la documentalidad, es inversamente proporcional a la misma cuando se aplica a otro tipo de realidades. El poder textual se transforma en impotencia (Scholes, <xref ref-type="bibr" rid="CIT66">1985</xref>).</p>

			<p>Creo que es una cr&#x00ED;tica injusta. De hecho Derrida no ha dicho que no exista algo as&#x00ED; como lo real. M&#x00E1;s bien ha dicho que la realidad es imposible (Derrida, <xref ref-type="bibr" rid="CIT40">2001a</xref>, pp. 283-319). Que algo sea imposible, en el sentido en el que lo plantea, no lo hace menos real sino todo lo contrario. Es que lo real es lo que viene, lo que llega u ocurre de manera imprevisible, de una vez por todas. La deconstrucci&#x00F3;n de Derrida, aun admitiendo un cierto giro pol&#x00ED;tico, social y &#x00E9;tico –uno que se identificar&#x00ED;a como una aceleraci&#x00F3;n de los ritmos e intervenciones, de las tomas de posici&#x00F3;n y las denuncias– no se sustrae con ello a un movimiento o a una posibilidad que estaba all&#x00ED; desde el inicio. Acercarse a lo real como lo que se acerca, como el acontecimiento, supone retomar la orientaci&#x00F3;n inicial de la deconstrucci&#x00F3;n de Jacques Derrida, que era precisamente la de la fenomenolog&#x00ED;a. El fen&#x00F3;meno es lo que se aparece. Es verdad que la ontolog&#x00ED;a de la fenomenolog&#x00ED;a de Husserl est&#x00E1; determinada por una metaf&#x00ED;sica de la presencia, que es ontoteolog&#x00ED;a de parte a parte, privilegiando el <italic>logos</italic>, el sentido, el estar sobre s&#x00ED; mismo o presente a s&#x00ED; del ser, etc. Esto es algo que, lejos de negar, enfatizar&#x00ED;a una filosof&#x00ED;a deconstructiva al abordar la perspectiva husserliana. De all&#x00ED; que se volviese a lo que problematiza ese discurso metaf&#x00ED;sico: la escritura, la huella, la diferencia, el g&#x00E9;nero, etc. Por eso, y solo por eso, debido a razones estrictamente filos&#x00F3;ficas, la deconstrucci&#x00F3;n siempre fue una pol&#x00ED;tica, incluso cuando lo que aborda pol&#x00ED;ticamente es el discurso pol&#x00ED;tico o la ideolog&#x00ED;a. No es casualidad que la deconstrucci&#x00F3;n haya estado tan lejos y a la vez tan cerca del marxismo revolucionario, del reformismo socialdem&#x00F3;crata o de la democracia radical populista, como que todos esos discursos, todas esas pr&#x00E1;cticas, todas esas ideolog&#x00ED;as obedecen, en un caso o en otro, a lo calculable, a lo previsible, a lo determinado y determinable. Lo hace, y de un modo superlativo, la ideolog&#x00ED;a neoliberal, como si la din&#x00E1;mica del mercado estuviese m&#x00E1;s exenta de una metaf&#x00ED;sica de la presencia que la planificaci&#x00F3;n socialista, por ejemplo. Por eso no es posible situar con precisi&#x00F3;n a Derrida ni en el acomodo de la revuelta ni en la seguridad de la reforma o en la arrogancia de la restauraci&#x00F3;n derechista. A todo ello se opone lo que ocurre y lo hace de una vez por todas: “Intentar pensar el azar ser&#x00ED;a antes de nada interesarse en la <italic>experiencia</italic> (subrayo esta palabra) de lo que llega de modo imprevisible. Y con seguridad estar&#x00ED;an inclinados a pensar que la imprevisibilidad condiciona la estructura misma del acontecimiento. ¿Un acontecimiento anticipable, y por lo tanto aprehensible o comprensible, un acontecimiento sin encuentro absoluto, es un acontecimiento en el sentido pleno de la palabra?” (Derrida, <xref ref-type="bibr" rid="CIT21">1987b</xref>, p. 358).</p>

			<p>Lo previsto, lo presente en su anticipaci&#x00F3;n est&#x00E1; en lo horizontal de un horizonte, se anuncia o pronostica. En cambio el acontecimiento es el venir de la alteridad de lo otro. Pero eso otro, dice, y en esto muy pegado a la escucha de Emmanuel L&#x00E9;vinas, es vertical, viene desde lo alto. En realidad el otro es lo m&#x00E1;s alto. Con esta idea de la realidad imposible y de la responsabilidad sin l&#x00ED;mite hacia esa llegada de lo otro, de un otro que es tambi&#x00E9;n lo alto, es obvio que la deconstrucci&#x00F3;n –sin alterar en absoluto la laicidad de su pensamiento– se hace hospitalaria incluso con esa dimensi&#x00F3;n religiosa de la espera, del arriba, pero con la atenci&#x00F3;n muy puesta en todo lo que en aquella dimensi&#x00F3;n pertenece a la misma clausura metaf&#x00ED;sica. As&#x00ED; a veces asocia la deconstrucci&#x00F3;n con todo lo que hay de negativo en la teolog&#x00ED;a negativa, o incluso se abre a una cierta vitalizaci&#x00F3;n del agustinismo cristiano al reconstruir, al confesar, su biograf&#x00ED;a argelina (Derrida, <xref ref-type="bibr" rid="CIT27">1991</xref>).</p>

			<p>Esta venida, lo que sale al encuentro, es el efecto del lenguaje, la lengua en efecto y afecto. A esto ha dedicado innumerables p&#x00E1;ginas, pero a nosotros nos basta con resumir las finales de <italic>El monoling&#x00FC;ismo del otro</italic> (Derrida, <xref ref-type="bibr" rid="CIT36">1996b</xref>, pp. 125-128). La improvisaci&#x00F3;n de cualquier inauguralidad es lo imposible mismo. La apor&#x00ED;a permanece como un lenguaje imposible, ilegible, irrecibible. Por eso, dicho sea de paso, la existencia de la literatura, de su libertad de producci&#x00F3;n y distribuci&#x00F3;n, no es un asunto entre otros, sino el asunto mismo de la libertad y del cambio. Gracias a esa lengua, que no es una dada, sino un acontecimiento prometido m&#x00E1;s que dado, a que hay la donaci&#x00F3;n de la lengua, a que ella la lengua se da (escribe en alem&#x00E1;n <italic>es gibt die Sprache</italic>). La lengua viene del otro, es la venida del otro. Pero ese venir, y cada vez que abrimos la boca, es el performativo de una promesa. Lo que afirma Derrida es que esa promesa ha de disociarse de los valores de la verdad, de la intenci&#x00F3;n o de un querer decir. Es esa apertura estructural y mesi&#x00E1;nica que existe en el decir. Paul de Man, el cr&#x00ED;tico americano de origen belga y amigo de Derrida, bromeaba trucando la c&#x00E9;lebre frase de Heidegger, <italic>Die Sprache spricht</italic>, el habla habla, por lo que tiene de tautol&#x00F3;gico y de presente as&#x00ED;, con esta otra <italic>Die Sprache vespricht</italic>, el habla promete. Pero lo prometido est&#x00E1; en lo abierto, no previsto, porque todo lo que acontece, si es que algo sucede, lo hace con un margen de imprevisi&#x00F3;n, incluso de perversi&#x00F3;n. Esa hospitalidad hacia lo que llega, con sus amenazas y sus bendiciones, todas ellas imprevistas, ese enamorarse del aparecer de lo que aparece, es lo propio de la deconstrucci&#x00F3;n, lo que la desapropia de cualquier discurso pol&#x00ED;tico simple, incluido el de la mitolog&#x00ED;a de la inmediatez del 68. Pero eso es a la vez lo m&#x00E1;s caracter&#x00ED;stico del 68, esa idolatr&#x00ED;a pasional por el cambio. Y esto es lo que la restauraci&#x00F3;n de la filosof&#x00ED;a convencional, planteada por Ferry y Renaut, pretende sacrificar, sin tener en cuenta (o tal vez teni&#x00E9;ndolo demasiado presente) que con ello no se desarticula solo el pensamiento de Jacques Derrida, sino tal vez cualquier pensamiento en sentido radical o profundo. </p>

			<p>Alguien que no dej&#x00F3;, hasta el &#x00FA;ltimo instante, de decir, de escribir y pronunciarse, supo desde el principio cu&#x00E1;nta era su responsabilidad: “Hablar me da miedo porque, sin decir nunca bastante, digo tambi&#x00E9;n siempre demasiado. Y si la necesidad de hacerse soplo o palabra estrecha el sentido –y nuestra responsabilidad del sentido–, la escritura de nuevo estrecha y constri&#x00F1;e m&#x00E1;s la palabra. La escritura es la angustia de la <italic>ruah</italic> hebrea experimentada desde el lado de la soledad y de la responsabilidad humanas” (Derrida, <xref ref-type="bibr" rid="CIT23">1989b</xref>, pp. 18-19). A sabiendas ya del p&#x00E9;simo pron&#x00F3;stico de su enfermedad, Derrida concede una entrevista a Jean Birnbaum, en la que afirma lo siguiente: “La supervivencia es la vida m&#x00E1;s all&#x00E1; de la vida, m&#x00E1;s que la vida, y el discurso que pronuncio no es un discurso mort&#x00ED;fero; al contrario, es la afirmaci&#x00F3;n de un viviente que prefiere el vivir, y por tanto el sobrevivir, a la muerte, pues la supervivencia no es solo lo que queda: es la vida m&#x00E1;s intensa posible” (Derrida, <xref ref-type="bibr" rid="CIT43">2007</xref>, p. 50). Y as&#x00ED;, en su trabajo, arrancado s&#x00ED;, pero no vencido. No creo que el tiempo que viene necesite menos pensamiento sino mucho m&#x00E1;s.</p>
		</sec>
		
	</body>
	
	
	<back>
		
		<sec id="notas">
			<title>NOTAS</title>
		
			<fn-group>
				<fn id="NOTE1"><label>1</label>
					<p>El art&#x00ED;culo sobre Artaud y el sujeto en proceso es de 1973.</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE2"><label>2</label>
					<p>Y que es, adem&#x00E1;s, una versi&#x00F3;n ampliada de un estudio aparecido en 1987.</p>
				</fn>
				
			</fn-group>
		</sec>
				
		<ref-list>
			<title>BIBLIOGRAF&#x00CD;A</title>
				
			<ref id="CIT01">
			<element-citation publication-type="book">
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