<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<!DOCTYPE article PUBLIC "-//NLM//DTD Journal Publishing DTD v3.0 20080202//EN" "http://dtd.nlm.nih.gov/publishing/3.0/journalpublishing3.dtd">
<article article-type="research-article" dtd-version="3.0" xml:lang="es" xmlns:mml="http://www.w3.org/1998/Math/MathML" xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink">


	<front>
		<journal-meta>
			<journal-id journal-id-type="publisher-id">Arbor</journal-id>
			<journal-title-group>
				<journal-title>ARBOR Ciencia, Pensamiento y Cultura</journal-title>
				<abbrev-journal-title>Arbor</abbrev-journal-title>
			</journal-title-group>
			<issn pub-type="epub">0210-1963</issn>
			<publisher>
				<publisher-name>Consejo Superior de Investigaciones Cient&#x00ED;ficas</publisher-name>
			</publisher>
		</journal-meta>
		
		<article-meta>
			<article-id pub-id-type="publisher-id">arbor.2018.787n1008</article-id>
			<article-id pub-id-type="doi">10.3989/arbor.2018.787n1008</article-id>
			 
			<article-categories>
				<subj-group subj-group-type="heading">
				<subject>EL 68, MITO Y CR&#x00CD;TICA / MAY ’68, MYTH AND CRITIQUE</subject>
				</subj-group>
			</article-categories>	 	 
				
			<title-group>
				<article-title>Las sociolog&#x00ED;as post 68 y la creatividad social</article-title>
				<trans-title-group xml:lang="en">
					<trans-title>Sociologies post 68 and social creativity</trans-title>
				</trans-title-group>
				<alt-title alt-title-type="running-head">Las sociolog&#x00ED;as post 68 y la creatividad social</alt-title>
			</title-group>
			
						
			<contrib-group>
			
				<contrib contrib-type="author" corresp="yes"> 
					<name>
					 <surname>S&#x00E1;nchez Capdequi</surname>
					 <given-names>Celso</given-names>
					</name>
					<xref ref-type="aff" rid="U1"/>
					<xref ref-type="corresp" rid="cor1"/>
				</contrib>

			</contrib-group>
			
			<aff id="U1">Universidad P&#x00FA;blica de Navarra</aff>
		
			<author-notes>
				<corresp id="cor1">e-mail: <email xlink:href="celso.sanchez@unavarra.es">celso.sanchez@unavarra.es</email>
					ORCID iD: <ext-link ext-link-type="uri" xlink:href="https://orcid.org/0000-0002-5255-2961">https://orcid.org/0000-0002-5255-2961</ext-link>
				</corresp>

			</author-notes>
			
			
			<pub-date pub-type="epub">
				<day>31</day>
				<month>03</month>
				<year>2018</year>
			</pub-date>
						
			
			<pub-date pub-type="collection">
			<year>2018</year>
			</pub-date>
			
			<volume>194</volume>
			<issue>787</issue>
			
			<elocation-id>a435</elocation-id>

			 <history>
				<date date-type="received">
					<day>31</day>
					<month>01</month>
					<year>2017</year>
				</date>
				<date date-type="accepted">
					<day>13</day>
					<month>11</month>
					<year>2017</year>
				</date>
			 </history>
			 
			<permissions>
				<copyright-statement>&#x00A9; 2018 CSIC</copyright-statement>
				<copyright-year>2018</copyright-year>
				<license license-type="open-access" xlink:href="https://creativecommons.org/licenses/by/4.0/">
					<license-p>Este es un art&#x00ED;culo de acceso abierto distribuido bajo los t&#x00E9;rminos de la licencia de uso y distribuci&#x00F3;n Creative Commons Reconocimiento 4.0 Internacional (CC BY 4.0).</license-p>
				</license>
			</permissions>
			

			<abstract xml:lang="es">
				<title>RESUMEN</title>
				<p>Este trabajo analiza la idea de creatividad social en relaci&#x00F3;n con los acontecimientos de mayo del 68. Esta expresi&#x00F3;n aparece como foco de inter&#x00E9;s sociol&#x00F3;gico en un momento en el que las viejas estructuras de la modernidad burguesa se erosionan y emerge una nueva autoimagen del hombre postburgu&#x00E9;s: el artista. El texto explica los diferentes significados de la creatividad y los peligros que surgen en la sociedad moderna cuando la creatividad instituida oculta a la creatividad instituyente.</p>
			</abstract>
			
									
			<trans-abstract xml:lang="en">
				<title>ABSTRACT</title>
				<p>This paper analyzes the idea of social creativity in relation to the events of May ‘68. This expression appears as a sociological focus of attention when old structures of bourgeois modernity are broken down and a new self image of postbourgeois man emerges: the artist. The text explains the different meanings of creativity and the dangers that appear in modern society when instituted creativity conceal instituent creativity.</p>
			</trans-abstract>
			
			<kwd-group xml:lang="es">							
				<title>PALABRAS CLAVE</title>
				<kwd>Creatividad</kwd>
				<kwd>imaginario</kwd>
				<kwd>artista</kwd>
				<kwd>cambio social</kwd>
				<kwd>modernidad burguesa e historia</kwd>
			</kwd-group>
			
			<kwd-group xml:lang="en">
				<title>KEYWORDS</title> 			
				<kwd>Creativity</kwd>	
				<kwd>imaginary</kwd>
				<kwd>artist</kwd>
				<kwd>social change</kwd>
				<kwd>burgueois modernity and history</kwd>
			</kwd-group>
			
		
		</article-meta>
	</front>		
	

	<body>	
			
		<sec id="S1">
			<title>INTRODUCCI&#x00D3;N</title>

			<p>Si alguna expresi&#x00F3;n de cambio social ha suscitado en la historia reciente la atenci&#x00F3;n del amplio espectro de cient&#x00ED;ficos sociales, y de la opini&#x00F3;n p&#x00FA;blica en general, ha sido la de los acontecimientos de mayo del 68. Su irrupci&#x00F3;n coincide con el cuestionamiento y el desprestigio de s&#x00ED;mbolos, referentes y estructuras de una modernidad que ya no se reconoce en los viejos perfiles burgueses de <italic>la autoridad paterna</italic> en la familia, <italic>el especialista</italic> en la profesi&#x00F3;n, <italic>el s&#x00FA;bdito</italic> en la pol&#x00ED;tica y <italic>el fiel</italic> en la religi&#x00F3;n. Las expectativas de nuevo cu&#x00F1;o marcadas por un esp&#x00ED;ritu m&#x00E1;s reivindicativo y heterodoxo, af&#x00ED;n al autodesarrollo personal y a la iniciativa individual, refractario a esquemas de autoridad y a paternalismos, valedor de una visi&#x00F3;n est&#x00E9;tica y esteticista de la biograf&#x00ED;a y de las relaciones sociales, y defensor de minor&#x00ED;as y modos de vida alejados de las corrientes dominantes de la sociedad, componen un fondo coral que expresa la voluntad social de transformar el guion de los acontecimientos en el que los automatismos de la historia decimon&#x00F3;nicos dejan su lugar a la agencia social. </p>

			<p>En t&#x00E9;rminos de an&#x00E1;lisis social y atendiendo a la publicaci&#x00F3;n cient&#x00ED;fica m&#x00E1;s reciente (Boltanski y Chiapello, <xref ref-type="bibr" rid="CIT02">2002</xref>; Florida, <xref ref-type="bibr" rid="CIT08">2010</xref>; Koppetsch, <xref ref-type="bibr" rid="CIT15">2006</xref>; Reckwitz, <xref ref-type="bibr" rid="CIT18">2012</xref>), mayo del 68 es en especial expresi&#x00F3;n reveladora de un cambio de valores que madura en un curso hist&#x00F3;rico de muy largo recorrido. Adem&#x00E1;s de transformaciones espec&#x00ED;ficas en dominios sectoriales como los nuevos sujetos de la protesta representados por la juventud universitaria (Hobsbawm, <xref ref-type="bibr" rid="CIT10">2000</xref>, p. 303), la transformaci&#x00F3;n de las relaciones de producci&#x00F3;n hacia un cariz m&#x00E1;s espont&#x00E1;neo, informal y menos reglamentado (Boltanski y Chiapello, <xref ref-type="bibr" rid="CIT02">2002</xref>), un modo de cr&#x00ED;tica social basada en la recuperaci&#x00F3;n de las dimensiones l&#x00FA;dicas y expresivas de la condici&#x00F3;n humana (Marcuse, <xref ref-type="bibr" rid="CIT16">1982</xref>), lo que se detecta en esa ola de cambios convulsos es una mutaci&#x00F3;n honda y de calado en el magma soterrado de la imaginaci&#x00F3;n humana en cuyas tramas se adivina una nueva autoimagen del hombre: la del <italic>artista creativo</italic> (Taylor, <xref ref-type="bibr" rid="CIT21">2006</xref>, pp. 637 y ss.). Francia, y m&#x00E1;s en concreto Par&#x00ED;s, se constituyen en <italic>s&#x00ED;mbolos</italic> que encarnan una mutaci&#x00F3;n profunda y de una longitud de onda que va a expandirse con diferentes ritmos a lo largo y ancho del planeta. </p>

			<p>Casi medio siglo despu&#x00E9;s de aquellas jornadas intensas y reivindicativas su efecto sorpresa ha pasado. Queda su eco en las tramas secretas de los modelos sociales posteriores, por ejemplo en las del actual. As&#x00ED; como hasta fechas recientes, por la proximidad con su acontecer, se trataba de un evento que se enfocaba como principio de una serie de cambios con los que <italic>se iniciaba algo nuevo y desconocido</italic>, la reflexi&#x00F3;n actual sobre mayo del 68 y su ideal de creatividad se percibe, ya con m&#x00E1;s retrospectiva hist&#x00F3;rica, como un <italic>punto de llegada</italic> de un largo proceso hist&#x00F3;rico en el que empieza a estabilizarse un determinado estado de cosas: <italic>el imaginario de la creatividad y el arte como discurso nuclear del conjunto de la sociedad</italic> (Reckwitz, <xref ref-type="bibr" rid="CIT18">2012</xref>).</p>

		</sec>
		
		<sec id="S2">
			<title>PRECEDENTES: EL DESPERTAR DEL DISCURSO DE LA CREATIVIDAD</title>

			<p>En el entorno de esos d&#x00ED;as se&#x00F1;alados de finales de los 60 (y en sinton&#x00ED;a con las revueltas del 68) un debate in&#x00E9;dito se instala en los discursos acad&#x00E9;micos y sociales: la creatividad social. De manera s&#x00FA;bita y espont&#x00E1;nea el inter&#x00E9;s social y sociol&#x00F3;gico por esa cuesti&#x00F3;n crece y se consolida. El rechazo a las par&#x00E1;lisis funcionales y a los privilegios de clase forjados en las viejas estructuras de la modernidad burguesa alienta la idea de autonom&#x00ED;a social e individual deudora de un elemento fundamental habitualmente olvidado: la creatividad de la acci&#x00F3;n. En este contexto marcado por el protagonismo de las aulas universitarias y por una atm&#x00F3;sfera de contestaci&#x00F3;n canalizada como novedad por la juventud universitaria (Hobsbwam, <xref ref-type="bibr" rid="CIT10">2000</xref>, p. 443), se produce lo que Charles Taylor denomina el <italic>giro expresivista</italic> de los a&#x00F1;os 60 (Taylor, <xref ref-type="bibr" rid="CIT21">2006</xref>, p. 669), con el cual la sociedad del momento redescubre en el p&#x00E1;lpito art&#x00ED;stico-creativo del viejo romanticismo, y posteriormente, en el del arte de las vanguardias, un legado revolucionario promotor de una imagen de la sociedad muy distinta a la que empieza a dar s&#x00ED;ntomas de descomposici&#x00F3;n.</p>

			<p>Se trata de algo que no era com&#x00FA;n hasta ese momento. La creatividad hab&#x00ED;a ocupado un lugar menor o casi anecd&#x00F3;tico en los grandes momentos del pensamiento sociol&#x00F3;gico. Autores tan sustantivos en la formaci&#x00F3;n del imaginario sociol&#x00F3;gico como K. Marx, M. Weber, E. Durkheim y G. Simmel analizan perif&#x00E9;ricamente la creatividad, pero sin convertirse en el n&#x00FA;cleo denso de sus investigaciones. Tem&#x00E1;ticas como el <italic>fetichismo de la mercanc&#x00ED;a</italic> en Marx, <italic>la experiencia carism&#x00E1;tica</italic> en Weber, la <italic>efervescencia ritual</italic> en Durkheim y la <italic>lucha entre las formas trascendentes y los procesos de formalizaci&#x00F3;n</italic> en Simmel, representan episodios sectoriales o de especial inter&#x00E9;s para otros objetivos explicativos de los citados autores. De igual modo, la teor&#x00ED;a de la modernizaci&#x00F3;n que desde los a&#x00F1;os 30 del siglo pasado impera en el universo sociol&#x00F3;gico y que, entre otros, representa el soci&#x00F3;logo norteamericano Talcott Parsons, fija su atenci&#x00F3;n en la adaptaci&#x00F3;n y estabilizaci&#x00F3;n del sistema social. Su preocupaci&#x00F3;n es la consolidaci&#x00F3;n del orden social en unos entornos de enorme complejidad y turbulencias internacionales. Este enfoque te&#x00F3;rico, hegem&#x00F3;nico hasta los a&#x00F1;os 60 del siglo pasado, concibe la vida social a partir de un proceso de secularizaci&#x00F3;n que encarna el proceso inexorable de la diferenciaci&#x00F3;n funcional de la sociedad y que desemboca en la convergencia de todo tipo de sociedad en el modelo de las democracias occidentales secularizadas, descentradas, diferenciadas e individualizadas.</p>

			<p>Sin duda alguna, las contribuciones de los autores francfortianos de mitad del siglo pasado, como Walter Benjamin, Herbert Marcuse, Theodor Adorno, y posteriormente J&#x00FC;rgen Habermas, ofrecen una versi&#x00F3;n renovada de la sociedad moderna ya que coinciden en el diagn&#x00F3;stico de las cegueras del pensamiento identitario y en la necesidad de oxigenaci&#x00F3;n cr&#x00ED;tico-discursiva con la que reorientar el curso err&#x00E1;tico de la raz&#x00F3;n moderna. Desde la otra parte del espectro pol&#x00ED;tico (conservador), Daniel Bell advierte del surgimiento de una subjetividad hedonista y esteticista que, en continuidad con una atm&#x00F3;sfera moral permisiva y experimental, acaba erosionando los esquemas de rigor, autocontrol y disciplina inherentes a la racionalidad moderna. Ya en los 80 el arco de pensadores posmodernos como Francois Lyotard, David Harvey, Scott Lash y Frederic Jameson constatan, sin entrar en el coraz&#x00F3;n de la creatividad, el nacimiento de una sociedad en la que las esperanzas de emancipaci&#x00F3;n universal de la modernidad declinan y los actores empiezan a priorizar las cuestiones del significante frente a las del significado, el fragmento frente a las visiones unificadas del mundo, la pulsi&#x00F3;n y expresi&#x00F3;n est&#x00E9;tica frente a las grandes s&#x00ED;ntesis de la teor&#x00ED;a. </p>

			<p>Sin embargo, a partir de los a&#x00F1;os 70, surgen los primeros esbozos de una reflexi&#x00F3;n social y sociol&#x00F3;gica expresamente dedicada a la creatividad. Dicho de otro modo, esta empieza a ser pensada, meditada, convertida en problema. Tres ser&#x00ED;an los casos m&#x00E1;s representativos de este nuevo episodio de reflexi&#x00F3;n social: Cornelius Castoriadis (<xref ref-type="bibr" rid="CIT04">1988</xref>), Shmuel Eisenstadt (<xref ref-type="bibr" rid="CIT07">2000</xref>) y Hans Joas (<xref ref-type="bibr" rid="CIT12">1992</xref>). Estos autores van a entrar en los procesos de transformaci&#x00F3;n de la sociedad moderna por la <italic>v&#x00ED;a regia</italic> de la creatividad. Si bien es verdad que sit&#x00FA;an sus reflexiones en escenarios distintos, como el de lo ontol&#x00F3;gico en Castoriadis, lo hist&#x00F3;rico-evolutivo en Eisenstadt y lo intersubjetivo en Joas, se trata de contribuciones que comparten el hilo conductor de un elemento que, a pesar de su condici&#x00F3;n estructural en la vida humana, ha sido frecuentemente apartado de la atenci&#x00F3;n acad&#x00E9;mica. En los tres autores se constata el impulso vivo del episodio social del 68 en la medida en que, a diferencia de los automatismos hist&#x00F3;ricos prevalecientes en la teor&#x00ED;a de la modernizaci&#x00F3;n, afrontan las dimensiones creativas del actor social en aspectos tan constitutivos de la experiencia social como la noci&#x00F3;n de orden, civilizaci&#x00F3;n e instituci&#x00F3;n social. Los acontecimientos de la &#x00E9;poca llevan a estos marcos te&#x00F3;ricos a explorar a fondo las condiciones de posibilidad de hechos sociales naturalizados por la sociolog&#x00ED;a y a cuestionarse su supuesta consistencia ahist&#x00F3;rica.</p>

			<p>Castoriadis (<xref ref-type="bibr" rid="CIT05">1975/1989</xref>) centra toda su obra en la cuesti&#x00F3;n del <italic>imaginario</italic>. Griego de nacimiento y franc&#x00E9;s de adopci&#x00F3;n, perteneciente a la corriente trostkista del marxismo, adem&#x00E1;s de psicoanalista y economista, este autor estudia las dimensiones inexpresadas de una ontolog&#x00ED;a (judeocristiana) que, desde sus or&#x00ED;genes presocr&#x00E1;ticos, ha encontrado en la categor&#x00ED;a de <italic>determinaci&#x00F3;n (Bestimmheit)</italic> el fundamento de sus reflexiones. Desde Grecia a la modernidad burguesa la filosof&#x00ED;a ha pensado el <italic>ser</italic> como una realidad autosuficiente y clausurada a lo que solo cabe llegar con el uso met&#x00F3;dico de la raz&#x00F3;n. El ser es un <italic>orden preexistente, abstracto y formalizado</italic> que, ya se sit&#x00FA;e en el <italic>mundo de las ideas</italic> de Plat&#x00F3;n, en el marco hist&#x00F3;rico en el que <italic>se autorrevela el esp&#x00ED;ritu (Geist)</italic> en el caso de Hegel, o en las <italic>contradicciones hist&#x00F3;ricas</italic> finalmente reconciliadas con la revoluci&#x00F3;n exitosa en Marx, solo cabe ser constatado como una realidad cerrada y clausurada por la indagaci&#x00F3;n filos&#x00F3;fica. El soporte epistemol&#x00F3;gico que subyace a este enfoque filos&#x00F3;fico incluye un <italic>yo cognoscente</italic> que se acerca a un <italic>objeto acabado y clausurado</italic> en su ser a trav&#x00E9;s de la facultad racional, que proporciona un modelo de verdad como <italic>adequatio</italic>. De igual modo, todo lo que es y ocurre es lo que habr&#x00E1; de ser y ocurrir sin margen alguno para la novedad y, algo m&#x00E1;s, sin espacio para la intervenci&#x00F3;n creativa de la acci&#x00F3;n humana.</p>

			<p>Ante este dibujo filos&#x00F3;fico Castoriadis (<xref ref-type="bibr" rid="CIT04">1988</xref>) profundiza en las tramas secretas de una realidad que, lejos de ser orden, es <italic>magma</italic>, y que constituye el principio din&#x00E1;mico y acausal de la complejidad del universo. Plantea una reflexi&#x00F3;n ontol&#x00F3;gica, de <italic>fundamentos</italic>, radical, por tanto, ya que explora la (in)consistencia de los supuestos irrebatibles de la filosof&#x00ED;a occidental, como son el yo cognoscente, el mundo objetivo y la verdad como adecuaci&#x00F3;n. Y lo hace convirtiendo en objeto de exploraci&#x00F3;n el <italic>imaginario</italic>, la urdimbre viva, din&#x00E1;mica y transformadora desde la cual el ser se define como <italic>por-ser</italic>, como <italic>auto-alteraci&#x00F3;n</italic> y, por tanto, como <italic>multiplicidad</italic> (p. 10). A su juicio, la estabilidad del mundo ha sido pensada en t&#x00E9;rminos l&#x00F3;gico-morales. Pero Castoriadis propone detener la mirada en <italic>lo sin-fondo</italic> del imaginario entendido como la <italic>condici&#x00F3;n de formalizaci&#x00F3;n</italic> de la conciencia l&#x00F3;gica y formal. Se trata de <italic>las condiciones de posibilidad del pensamiento que no pueden ser pensadas</italic>. El imaginario act&#x00FA;a a partir de las tramas de sentido y al margen del <italic>principio de realidad</italic> ya que es su generador. En &#x00E9;l no hay ser, sino caos generador de m&#x00FA;ltiples y provisionales formas de ser en ausencia de criterios l&#x00F3;gicos y morales ahist&#x00F3;ricos. Sus elementos originarios son im&#x00E1;genes y met&#x00E1;foras que, como bien sab&#x00ED;a Nietzsche, se relacionan a partir de criterios de semejanza y similitud y cristalizan en realidades objetivas y objetivadas. Antes de pensar en una realidad acabada, el imaginario es <italic>creaci&#x00F3;n de im&#x00E1;genes</italic> con las que se incorpora hemen&#x00E9;uticamente el sentido al mundo. La creaci&#x00F3;n imaginaria es el nacimiento de un nuevo ideal de sociedad (Durkheim) en el que se proyecta el querer-ser intersubjetivo. Esto hace pensable el mundo. De esta forma, las sociedades podr&#x00E1;n diferenciarse a partir de la relaci&#x00F3;n que establezcan con su trasfondo imaginario: o bien ignoran su protagonismo creador y lo delegan en otras fuerzas externas como Dios, tradici&#x00F3;n o naturaleza, a las que Castoriadis denomina sociedades <italic>heter&#x00F3;nomas</italic>, o bien asumen su responsabilidad creativa e incorporan elementos de autocorrecci&#x00F3;n cr&#x00ED;tica y pol&#x00ED;tica, a las que define como sociedades <italic>aut&#x00F3;nomas</italic>. </p>

			<p>En el caso de Shmuel Eisenstadt el plano de la experiencia desde el que enfoca la cuesti&#x00F3;n de la creatividad es el hist&#x00F3;rico-evolutivo. Este pensador jud&#x00ED;o y alumno aventajado de Edward Shils debate con la teor&#x00ED;a de la modernizaci&#x00F3;n y sus esquemas de convergencia para explorar las posibilidades desconocidas que albergan las experiencias de la modernizaci&#x00F3;n. En los a&#x00F1;os 70 este autor, ya conocedor de la teor&#x00ED;a del imaginario de Castoriadis, indaga en los m&#x00FA;ltiples modos de expresi&#x00F3;n que pueden ofrecer los procesos de modernizaci&#x00F3;n que han sido silenciados por la hegemon&#x00ED;a universal del modelo propiamente judeo-cristiano. En su reflexi&#x00F3;n la novedad epistemol&#x00F3;gica radica en que sit&#x00FA;a a la modernizaci&#x00F3;n en sus encuadres civilizaciones y en conexi&#x00F3;n con sus cimientos simb&#x00F3;licos. Existen diferentes din&#x00E1;micas hist&#x00F3;ricas modernizadoras que promueven las diferentes civilizaciones en las que tienen lugar a partir de los presupuestos cosmovisionales sobre los que se asientan. La clave explicativa de esas din&#x00E1;micas hist&#x00F3;ricas vendr&#x00ED;a dada por el (diferente) grado de tensi&#x00F3;n que en todas ellas se establecen entre los planos de la trascendencia y la inmanencia. Eisenstadt (<xref ref-type="bibr" rid="CIT07">2000</xref>) detecta una <italic>creatividad cultural</italic> (pp. 19-20) inadvertida en la vida de las civilizaciones que desborda los l&#x00ED;mites presuntamente universales del modelo de civilizaci&#x00F3;n judeo-cristiano y que surge hist&#x00F3;ricamente de la mano de la idea de <italic>trascendencia</italic>.</p>

			<p>Pues bien, aqu&#x00ED; juega un papel destacado el episodio hist&#x00F3;rico de la <italic>era axial</italic> de la que habla en primer lugar el fil&#x00F3;sofo alem&#x00E1;n Karl Jaspers (<xref ref-type="bibr" rid="CIT11">1965</xref>). Con este concepto este autor remite al per&#x00ED;odo hist&#x00F3;rico que abarca entre el 800 y 500 a. C. en el que surgen civilizaciones y religiones como la filosof&#x00ED;a griega, el juda&#x00ED;smo, el cristianismo, el budismo, el confucianismo, el zoroastrismo y m&#x00E1;s tarde el islam. Todas ellas comparten una innovaci&#x00F3;n cultural revolucionaria: la <italic>visi&#x00F3;n dualizada</italic> del mundo. La trascendencia y la inmanencia constituyen los dos planos de una experiencia que sustituye a la <italic>visi&#x00F3;n monista y compacta del mundo</italic> (Bellah, <xref ref-type="bibr" rid="CIT01">2005</xref>, p. 71), inherente a las sociedades tribales y arcaicas (preaxiales). Si en estas el elemento nuclear es la <italic>conservaci&#x00F3;n del orden c&#x00F3;smico</italic> al que liga su suerte y destino la vida humana, en las culturas axiales el elemento b&#x00E1;sico y novedoso es la idea de <italic>salvaci&#x00F3;n individual</italic>. Se abre el per&#x00ED;odo hist&#x00F3;rico en el que los actores toman conciencia del problema de la muerte y se hacen cargo de la orientaci&#x00F3;n de su vida terrenal. Frente al plano trascendente de la salvaci&#x00F3;n del alma, el plano de la inmanencia constituye el contexto en el que el actor individual crea y dise&#x00F1;a modos de vida con los que ofrecer respuesta al interrogante &#x00E9;tico del <italic>deber ser</italic>. Si aquel mundo es el de la beatitud y la vida eterna y, por ende, modelo &#x00E9;tico del terrenal, en el <italic>m&#x00E1;s-ac&#x00E1;</italic> rige la muerte y la contingencia. Todo es mutable, incierto e inestable: en definitiva, <italic>tiempo</italic>. Por ello, en este plano de la inmanencia los actores empiezan a asumir la conciencia de su libertad y su responsabilidad en la creaci&#x00F3;n de formas de vida en las que la salvaci&#x00F3;n es desaf&#x00ED;o prioritario. De alg&#x00FA;n modo esta moviliza la acci&#x00F3;n individual y la inter-acci&#x00F3;n pol&#x00ED;tico-social dentro de la esfera inmanente donde las biograf&#x00ED;as individuales y las instituciones pol&#x00ED;ticas se redise&#x00F1;an constantemente debido a su contingencia constitutiva. </p>

			<p>El surgimiento de esta visi&#x00F3;n dual de las civilizaciones axiales constituye un paso irreversible en el proceso evolutivo de la especie. Su contribuci&#x00F3;n esencial consiste en la aparici&#x00F3;n de lo que Merlin Donald (<xref ref-type="bibr" rid="CIT06">1991</xref>) denomina la <italic>cultura te&#x00F3;rica</italic> que, personificada por los <italic>pensadores y portadores del conocimiento</italic>, como fil&#x00F3;sofos, profetas, m&#x00ED;sticos, ascetas, literatos, etc. otorgan a las <italic>ideas</italic> y al <italic>pensamiento abstracto</italic> y <italic>universal</italic> un protagonismo in&#x00E9;dito. Si bien en esas civilizaciones solo las <italic>minor&#x00ED;as creativas</italic> (Toynbee, <xref ref-type="bibr" rid="CIT22">1981</xref>, p. 343) pueden hacer uso competente de ese horizonte de conocimiento social debido a su elevado nivel de ilustraci&#x00F3;n cultural, el embri&#x00F3;n de su posterior y lenta democratizaci&#x00F3;n a lo largo de la historia ya est&#x00E1; en curso de manera inexorable. De este modo, el problema de la salvaci&#x00F3;n contribuye al surgimiento definitivo de una creatividad social en la memoria filogen&#x00E9;tica de la especie, en la que los primeros estadios cognitivos, es decir, <italic>el</italic> <italic>epis&#x00F3;dico, el mim&#x00E9;tico y el m&#x00ED;tico</italic> se integran con el <italic>te&#x00F3;rico</italic> (de la era axial) en la conciencia humana entendida como un “un sistema h&#x00ED;brido” (Donald, <xref ref-type="bibr" rid="CIT06">1991</xref>, p. 364). La imaginaci&#x00F3;n y la argumentaci&#x00F3;n constituyen los cimientos simb&#x00F3;licos de los que se componen las respuestas &#x00E9;ticas de los individuos ante el desaf&#x00ED;o de la trascendencia. </p>

			<p>Y en este sentido, el avance evolutivo de la era axial ha acompa&#x00F1;ado desde entonces hasta la actualidad a la memoria cognitiva, cultural y moral de esas civilizaciones. En todas ellas reside el componente auto-corrector de la reflexividad y de la creatividad en lugar de mec&#x00E1;nicas esenciales de origen divino, metaf&#x00ED;sico o natural. Y la singularidad de sus recorridos modernizadores descansa en las tramas cosmovisionales del conjunto de las civilizaciones. M&#x00E1;s en concreto, en la espec&#x00ED;fica manera de resolver la tensi&#x00F3;n entre trascendencia e inmanencia. De esta cuesti&#x00F3;n depende la mayor o menor tendencia al cambio de los marcos intramundanos. As&#x00ED; las cosas, las civilizaciones con una visi&#x00F3;n extramundana de la salvaci&#x00F3;n, por ejemplo el budismo o el hinduismo, ofrec&#x00ED;an pocos impulsos para una transformaci&#x00F3;n pol&#x00ED;tica y social. Al mismo tiempo, las civilizaciones con una fuerte orientaci&#x00F3;n intramundana, por ejemplo el juda&#x00ED;smo, el cristianismo y el islam, siempre en per&#x00ED;odos concretos, mostraban una mayor tendencia a la transformaci&#x00F3;n que a la conservaci&#x00F3;n del mundo de modo que “el potencial para un proceso extenso y acelerado de transformaci&#x00F3;n alcanzaba su valor m&#x00E1;ximo” (Joas y Kn&#x00F6;bl, <xref ref-type="bibr" rid="CIT13">2015</xref>, p. 318).</p>

			<p>El soci&#x00F3;logo alem&#x00E1;n Hans Joas representa el despertar de la creatividad en el plano de la reflexi&#x00F3;n sociol&#x00F3;gica. Afincado en los entornos del pensamiento pragmatista y reputada autoridad en la obra de G. H. Mead, Joas se convierte con su obra <italic>La creatividad de la acci&#x00F3;n</italic> (publicada originalmente en <xref ref-type="bibr" rid="CIT12">1992</xref>) en uno de los primeros soci&#x00F3;logos que trata expresamente el problema de la creatividad. Y lo hace en un contexto poco favorecedor, como el de una corriente sociol&#x00F3;gica y cultural, el de la teor&#x00ED;a de la modernizaci&#x00F3;n, que ensalza las <italic>reglas</italic> como herramienta explicativa del comportamiento social y del funcionamiento institucional. En este enfoque te&#x00F3;rico la creatividad es <italic>lo por explicar</italic>, no <italic>lo que explica</italic>. Joas entiende que la sociolog&#x00ED;a ha analizado la vida social <italic>sin acci&#x00F3;n</italic> o, con m&#x00E1;s precisi&#x00F3;n, sin entrar radicalmente en las consecuencias de la acci&#x00F3;n. Su potencial de contingencia y aleatoriedad ha sido reprimido por l&#x00F3;gicas y mec&#x00E1;nicas que alejan de la vivencia subjetiva y la convivencia intersubjetiva la aparici&#x00F3;n de lo inesperado y lo aleatorio; en concreto, la aparici&#x00F3;n de aquello que altera e interrumpe las l&#x00ED;neas rectas y rutinarias de la vida social. Su concurso implica efectos y consecuencias que escapan a la capacidad de previsi&#x00F3;n y control del actor. En este sentido, Joas entiende que la creatividad es algo estructural en la acci&#x00F3;n. Se trata de la fuerza autotrascendente y renovadora de la interacci&#x00F3;n social que no se integra en las estructuras del orden, antes bien, las altera y, por lo mismo, las funda. Su relaci&#x00F3;n directa con el cambio social y con la autonom&#x00ED;a de la sociedad revela aspectos que han sido desatendidos en una sociolog&#x00ED;a mayormente atenta a las continuidades de la vida social, y ajena a la capacidad de los actores para reorientar el curso de las cosas e intervenir voluntaria y consensuadamente en el mismo.</p>

			<p>Joas no se plantea la acci&#x00F3;n como n&#x00FA;cleo b&#x00E1;sico desde el que elaborar una nueva teor&#x00ED;a social junto a la marxista, la funcionalista, la sist&#x00E9;mica, etc. M&#x00E1;s que proponer una teor&#x00ED;a social <italic>creativa</italic> o <italic>de la creatividad</italic> piensa en el componente creativo subyacente a todo actuar humano. No hay manera de despojarse de su inquietante presencia porque lo mismo que altera funda. En ese sentido cualquier an&#x00E1;lisis sociol&#x00F3;gico habr&#x00ED;a de contar con los efectos inesperados y eventuales cambios derivados de la acci&#x00F3;n. Esto es algo que, seg&#x00FA;n Joas, los soci&#x00F3;logos de los a&#x00F1;os 70 y 80 empiezan a realizar. A diferencia de las r&#x00ED;gidas armaduras conceptuales de la sociolog&#x00ED;a de la modernizaci&#x00F3;n, modelos sociol&#x00F3;gicos como la teor&#x00ED;a del <italic>imaginario social</italic> de C. Castoriadis, el <italic>estructuralismo gen&#x00E9;tico</italic> de P. Bourdieu, la teor&#x00ED;a de <italic>la estructuraci&#x00F3;n</italic> de A. Giddens, entre otros, vienen a hacer visible el momento de ruptura que inexorablemente ofrece la acci&#x00F3;n. Las denomina a todas ellas <italic>teor&#x00ED;as de la constituci&#x00F3;n</italic> que, por un lado, dicen <italic>no</italic> a visiones deterministas y transhist&#x00F3;ricas del curso temporal y, por otro, afirman la existencia del cambio social a partir de decisiones y acciones de los miembros de la sociedad (Joas, <xref ref-type="bibr" rid="CIT12">1992</xref>, p. 336).</p>

			<p>La noci&#x00F3;n de creatividad de Joas se apoya en varios aspectos (Joas, <xref ref-type="bibr" rid="CIT12">1992</xref>, pp. 218-285). Uno de ellos es la idea de un sujeto que no se acerca al mundo con el &#x00FA;nico cometido de conocerlo. Antes bien, el sujeto es <italic>parte del mundo</italic> que, antes que a conocer, le incita a actuar, a hacer, a intervenir en los desaf&#x00ED;os que le interpelan. Su conexi&#x00F3;n con lo que en &#x00E9;l acontece es directa, y la tarea del conocimiento solo es comprensible al albur de los est&#x00ED;mulos del entorno, nunca en abstracto. Toda acci&#x00F3;n es respuesta al car&#x00E1;cter situado del actor en un contexto espec&#x00ED;fico. Otro aspecto ser&#x00ED;a <italic>la dimensi&#x00F3;n social de la acci&#x00F3;n</italic>. El actor forma parte de una atm&#x00F3;sfera que le constituye medularmente. La figura del individuo no es el elemento inicial y esencial en el an&#x00E1;lisis de la creatividad ya que en ella se dan cita un sinf&#x00ED;n de condicionantes sociales que la hacen posible. Joas se detiene en los c&#x00F3;digos de comportamiento social como referencias inexcusables desde las que explicar las decisiones y acciones del yo. Y el &#x00FA;ltimo aspecto ser&#x00ED;a el de la relevancia del <italic>cuerpo</italic> en la acci&#x00F3;n social. No en vano, se trata de una instancia cuyo protagonismo ha sido menor por la hegemon&#x00ED;a de la mente y la raz&#x00F3;n de cu&#x00F1;o cartesiano. Joas recupera las dimensiones expresivas que intervienen en las propuestas sociales de los actores que se activan desde experiencias autotrascendentes conformadoras de valores y creencias, y posteriormente se articulan argumentativamente en el debate social.</p>

			<p>En estas tres reflexiones que tratan expresamente la creatividad prevalece un rasgo com&#x00FA;n y compartido: la creatividad es una instancia <italic>potencial y posibilitante</italic> cuya presencia inesperada supone la aparici&#x00F3;n de lo desconocido en el plano ontol&#x00F3;gico, hist&#x00F3;rico-evolutivo e intersubjetivo. Se trata de <italic>lo que prepara</italic> (Bloch) un futuro estado de cosas que no puede anticiparse por la condici&#x00F3;n de <italic>alteridad</italic> del hecho creativo. Sin embargo, lo que ocurre en la actualidad es que la creatividad ha devenido <italic>imaginario social contempor&#x00E1;neo</italic>. M&#x00E1;s que como potencia, hoy <italic>se ha actualizado como instituci&#x00F3;n</italic>. Podemos hablar de la creatividad como <italic>escenario de normalizaci&#x00F3;n y como norma</italic> que define los contornos de lo pensable en nuestros usos sociales. En este sentido, mayo del 68 era el <italic>inicio</italic> de un modelo social en que se democratiz&#x00F3; la figura del artista creador. Pero, como se expondr&#x00E1; a continuaci&#x00F3;n, tambi&#x00E9;n fue <italic>final</italic> de un largo proceso hist&#x00F3;rico en el que culminaba la transformaci&#x00F3;n radical de la sociedad moderna y de la autoconciencia humana.</p>

		</sec>
		
		<sec id="S3">
			<title>CULMINACI&#x00D3;N DE UN LARGO PROCESO HIST&#x00D3;RICO: LA CREATIVIDAD COMO NORMA</title>

			<p>En nuestro tiempo se ha producido un hecho in&#x00E9;dito sin parang&#x00F3;n en la historia humana. La creatividad se ha hecho <italic>realidad</italic>. Su alcance sem&#x00E1;ntico impregna el conjunto de actividades y &#x00E1;mbitos de la vida social. Si hasta fechas recientes ha sido pensada como <italic>potencia instituyente</italic>, ahora se ha convertido en <italic>actualizaci&#x00F3;n instituida</italic>. La creatividad del arte y el artista se desplazan desde la periferia al centro de mando de la sociedad. La visi&#x00F3;n antag&#x00F3;nica de la modernidad escindida entre el &#x00E1;mbito del c&#x00E1;lculo y el de la creatividad se resquebraja. La creatividad art&#x00ED;stica ya no corresponde a un &#x00E1;mbito funcional de la sociedad. Se ha transformado en la <italic>palabra sagrada</italic> (Br&#x00F6;ckling, <xref ref-type="bibr" rid="CIT03">2013</xref>, p. 152) cuya fuerza sem&#x00E1;ntica lo abarca todo.</p>

			<p>Cuando se habla de creatividad como centro de la vida social, dos ser&#x00ED;an los rasgos que dan forma a tal experiencia. </p>

			<p>En primer lugar, una b&#x00FA;squeda casi obsesiva de <italic>la novedad</italic>. El gran desaf&#x00ED;o del actor contempor&#x00E1;neo es el de la originalidad. Buena parte de las orientaciones del comportamiento social est&#x00E1;n movidas por la noci&#x00F3;n de <italic>ruptura con lo establecido</italic>. Se vive la necesidad imperiosa de aportar <italic>diferencia</italic> a todo lo que se hace. Las estructuras internas de las instituciones, los criterios de productividad de las organizaciones econ&#x00F3;micas, las pautas de estabilizaci&#x00F3;n de las empresas en el mundo globalizado y la autoimagen de los individuos, entre otros, son tramas sometidas a la novedad. Especial inter&#x00E9;s ofrece la creatividad dirigida a “la conformaci&#x00F3;n del individuo mismo” (Reckwitz, <xref ref-type="bibr" rid="CIT18">2012</xref>, p. 11) sobre la base de una propuesta de originalidad concebida como ruptura, diferencia y divergencia. Richard Rorty habla de “la cultura de la autocreaci&#x00F3;n” (<xref ref-type="bibr" rid="CIT20">1991</xref>, pp. 159 ss.) para definir esta forma de estar en el mundo caracter&#x00ED;stico del hombre de nuestro tiempo. </p>

			<p>Por otra parte, el modelo del artista, antes demonizado en los inicios de la modernidad burguesa, ahora cobra un protagonismo tan intenso que le convierte en un referente constante de actos y decisiones. En palabras de Ch. Taylor (<xref ref-type="bibr" rid="CIT21">2006</xref>), “existe un conjunto de ideas e intuiciones, a&#x00FA;n no comprendidas del todo, que nos lleva a admirar al artista y al creador m&#x00E1;s que ninguna otra civilizaci&#x00F3;n; que nos convence de que una vida dedicada a la expresi&#x00F3;n o a la representaci&#x00F3;n art&#x00ED;stica es eminentemente valiosa” (p. 45). La creatividad es representada por un perfil social que, por ejemplo, para hacer visible la peculiaridad de nuestro tiempo, no formaba parte del cuadro de los tipos de acci&#x00F3;n social que Max Weber (<xref ref-type="bibr" rid="CIT23">1987</xref>, pp. 20 y ss.) defini&#x00F3; con car&#x00E1;cter casi can&#x00F3;nico para la reflexi&#x00F3;n sociol&#x00F3;gica (Kn&#x00F6;bl, <xref ref-type="bibr" rid="CIT14">2011</xref>, p. 289). El artista de las vanguardias de principios del siglo XX destaca en la aridez burocr&#x00E1;tico-funcional del modelo maquinista por el hecho de incorporar afectividad a sus obras. Esta carga afectiva se sit&#x00FA;a en el centro de la relaci&#x00F3;n social <italic>transmitiendo</italic> y <italic>convocando</italic> al otro, al p&#x00FA;blico. El modelo del artista, por tanto, representa un tipo de acci&#x00F3;n m&#x00E1;s integral que incluye sectores de la vida humana que hab&#x00ED;an sido menospreciados por la obsesi&#x00F3;n acumulativa de la modernidad burguesa. </p>

			<p>Una vez analizado el significado de lo creativo como el foco vertebrador de la sociedad contempor&#x00E1;nea se tratar&#x00ED;a de repensar la noci&#x00F3;n de modernidad que se proyecta desde este centro neur&#x00E1;lgico est&#x00E9;tico. El elemento destacable ser&#x00ED;a que el &#x00E9;nfasis funcional y racionalizador se debilita o se transforma sin que ese surco teleol&#x00F3;gico desaparezca, antes bien, se reubica. La dimensi&#x00F3;n est&#x00E9;tico-creativa no viene a desdecir las poderosas tendencias calculativas y normativas que han predominado en la modernidad inicial. Si acaso, su presencia sustantiva en los actuales modos de vida llena <italic>un d&#x00E9;ficit estructural</italic> que acompa&#x00F1;a los dos &#x00FA;ltimos siglos de la historia humana: la ausencia de la afectividad como elemento inexcusable de la vida social. La expansi&#x00F3;n de la creatividad constituye un s&#x00ED;ntoma, un indicio de algo que exig&#x00ED;a presencia en los actos sociales pero que hab&#x00ED;a sido maniatado por la racionalidad funcional para una mejor gesti&#x00F3;n t&#x00E9;cnica de la complejidad de las sociedades avanzadas. Los actores quieren expresarse m&#x00E1;s all&#x00E1; del per&#x00ED;metro de lo dom&#x00E9;stico y lo funcional, pretenden mostrar sus afectos o incorporarlos a buena parte de sus contextos de acci&#x00F3;n, aborrecen un modelo de vida que parte en dos polos totalmente incomunicados, raz&#x00F3;n y afecto, la dimensi&#x00F3;n integral de la condici&#x00F3;n humana. Un paso decisivo tiene lugar cuando los perfiles caracter&#x00ED;sticos de la creatividad contempor&#x00E1;nea como gastr&#x00F3;nomos, dise&#x00F1;adores, publicistas, modistas, ingenieros, etc., liberan su afectividad en el manejo objetivo de los artefactos t&#x00E9;cnicos de sus oficios y conjugan libre y experimentalmente la convivencia de sendos dominios de la vida humana y profesional, hasta tiempos recientes enfrentados e incomunicados. </p>

			<p>La modernidad est&#x00E9;tica promueve la creatividad como instancia de reencuentro de una forma de vida descompensada, durante gran parte su recorrido, hacia la esfera t&#x00E9;cnico-productiva. Desde los a&#x00F1;os 70 (m&#x00E1;s en concreto, desde el umbral hist&#x00F3;rico de mayo del 68) se constata una transformaci&#x00F3;n paulatina pero insistente que echa ra&#x00ED;ces en una vertiente de la tradici&#x00F3;n igualmente moderna, como es la rom&#x00E1;ntica, pero soslayada o alejada de los centros de organizaci&#x00F3;n y decisi&#x00F3;n social, y que consuma su irrupci&#x00F3;n y consolidaci&#x00F3;n estructural desde el momento en que “las ideas y pr&#x00E1;cticas de las viejas contraculturas y subculturas se transforman en hegem&#x00F3;nicas” (Reckwitz, <xref ref-type="bibr" rid="CIT19">2015</xref>, p. 14). Dicho de otro modo, el ideal de la creatividad se convierte en el segmento dominante de la cultura del presente en sus formas de trabajo, consumo y relaci&#x00F3;n. </p>

			<p>En este orden de cosas, podr&#x00ED;a hablarse de una visi&#x00F3;n de la modernidad que ya no responde al origen asc&#x00E9;tico-burgu&#x00E9;s glosado, en especial, por Max Weber, en la medida en que la racionalidad medios-fines y la experiencia est&#x00E9;tica por separado son b&#x00E1;sicamente “puntos extremos de un <italic>continuum</italic>” (Reckwitz, <xref ref-type="bibr" rid="CIT18">2012</xref>, p. 28). Es decir, no son inexorablemente excluyentes entre s&#x00ED;. M&#x00E1;s bien, se han escindido debido a un modo de vida que promovi&#x00F3; la tendencia compulsiva hacia la eficacia, y en el que el medio t&#x00E9;cnico se convirti&#x00F3; en finalidad social. Sin embargo, a d&#x00ED;a de hoy lo que predomina en nuestras miradas de la experiencia ordinaria son combinaciones cruzadas en las que la est&#x00E9;tica adereza y nutre las actividades sociales de todo tipo y la raz&#x00F3;n instrumental se resit&#x00FA;a en el plano de los medios t&#x00E9;cnicos. Estamos, por tanto, ante <italic>un cambio de la estructura social</italic>. El arte se ha desplazado hacia el centro de las estructuras organizadoras del modo de vida contempor&#x00E1;neo. El artista y sus rasgos tales como la experimentaci&#x00F3;n, la originalidad, la sed de reconocimiento, la lucha contra lo can&#x00F3;nico, entre otros, se imponen en todos los &#x00F3;rdenes de lo social. La modernidad no es algo monol&#x00ED;tico. Dicho de otro modo, “la modernidad no es s&#x00F3;lo una maquinaria de des-estetizaci&#x00F3;n, tambi&#x00E9;n de estetizaci&#x00F3;n” (Reckwitz, <xref ref-type="bibr" rid="CIT18">2012</xref>, p. 34). En este sentido, la consolidaci&#x00F3;n de la creatividad como valor prevaleciente supone el nacimiento de un modelo de subjetividad que se expande por los diversos recintos de la sociedad y que no encaja con las pautas identitarias de origen burgu&#x00E9;s. El alma rom&#x00E1;ntica y el alma ilustrada ya no caminan por separado. El sujeto creador actual las cruza en sus producciones. Por ello, no se identifica con el artista rom&#x00E1;ntico abandonado a su sola meditaci&#x00F3;n sin contacto con el mundo y sus recursos profanos, ni con el t&#x00E9;cnico o especialista que sigue pautas mec&#x00E1;nicas del trabajo en cadena sin contacto con sus tramas emocionales. </p>

			<p>En este contexto surge una nueva versi&#x00F3;n del modo de vida met&#x00F3;dico, cuyo objetivo ya no es la disciplina y el autocontrol afectivo sino la autoafirmaci&#x00F3;n y la experimentaci&#x00F3;n. Surge una nueva <italic>moral del trabajo</italic> basada, por un lado, en la importancia de los <italic>contenidos del trabajo</italic> y, por otro, en las expectativas de <italic>la satisfacci&#x00F3;n subjetiva y la autorrealizaci&#x00F3;n individual</italic> (Koppetsch, <xref ref-type="bibr" rid="CIT15">2006</xref>, p. 9). Esta sistematizaci&#x00F3;n de la conducta, que viene dada tambi&#x00E9;n por la difusi&#x00F3;n global del soporte tecnol&#x00F3;gico, descansa sobre <italic>un elemento de no-planificaci&#x00F3;n y aleatoriedad</italic> del trance creativo que se armoniza con la racionalidad instrumental. De alg&#x00FA;n modo, “la innovaci&#x00F3;n t&#x00E9;cnico-econ&#x00F3;mica y la creatividad est&#x00E9;tica se asocian” (Heubel, <xref ref-type="bibr" rid="CIT09">2002</xref>, p. 19). Aqu&#x00ED; la racionalidad t&#x00E9;cnica se acopla a la exigencia de racionalidad est&#x00E9;tica consistente en la producci&#x00F3;n orientada a la novedad. Aunque entre ambas formas racionalidad no existe ninguna homolog&#x00ED;a estructural, toda vez que la racionalidad formal tiende a procesos an&#x00F3;nimos guiados por una l&#x00F3;gica de incremento de los rendimientos frente a la dimensi&#x00F3;n opuesta de la racionalidad est&#x00E9;tica orientada a la producci&#x00F3;n de la novedad ante un p&#x00FA;blico al que hay que encantar desde el deleite emocional, el imaginario de la creatividad resulta de una complementariedad entre ambos modos de la racionalidad. </p>

		</sec>
		
		<sec id="S4">
			<title>GENEALOG&#x00CD;A DEL IMAGINARIO DE LA CREATIVIDAD</title>

			<p>Las reflexiones sociol&#x00F3;gicas m&#x00E1;s recientes sobre la creatividad, emparentadas con las expuestas anteriormente, introducen una mirada bien distinta. Se enfrentan a <italic>una creatividad instituida como forma de vida</italic> (<italic>Lebensform)</italic>. Su condici&#x00F3;n de hecho social cristalizado no sugiere an&#x00E1;lisis de la creatividad referidos a lo que est&#x00E1; por-venir, m&#x00E1;s bien a lo que ya est&#x00E1; consumado. Sobre este particular Andreas Reckwitz (<xref ref-type="bibr" rid="CIT18">2012</xref>) realiza un estudio geneal&#x00F3;gico que describe la din&#x00E1;mica hist&#x00F3;rica que desemboca en el modelo social actual y que revela la fuerza incontinente del arte para colonizar otras esferas de la modernidad. Ese proceso atraves&#x00F3; por diferentes fases: en primer lugar, fue <italic>nicho</italic>; tiempo despu&#x00E9;s, se transform&#x00F3; en <italic>contracultura</italic>; y, por &#x00FA;ltimo, se convirti&#x00F3; en <italic>norma</italic>.</p>

			<p>En los primeros momentos de la modernidad el arte ocupa un espacio y un protagonismo marginal y subsidiario. Es <italic>el nicho</italic> en el que se condensan los perfiles y las actividades socialmente desvirtuadas y las incipientes voces discordantes con el sistema de producci&#x00F3;n capitalista. El n&#x00FA;cleo de la sociedad lo constituye la conciencia burguesa, la filosof&#x00ED;a maquinista, la secularizaci&#x00F3;n de creencias e ideales, el control t&#x00E9;cnico del mundo, la neutralizaci&#x00F3;n afectiva del cuerpo humano y la hegemon&#x00ED;a del individuo autorreferencial y autosuficiente. Asimismo, el sustento normativo de la religi&#x00F3;n contribuye a la catalogaci&#x00F3;n y convalidaci&#x00F3;n moral de los comportamientos sociales en los que la bohemia se concibe como la periferia marginal de los n&#x00FA;cleos de decisi&#x00F3;n pol&#x00ED;tica. El arte se ocupa de la belleza y el artista la engendra sin m&#x00E1;s relaci&#x00F3;n con los centros de decisi&#x00F3;n de la sociedad que la de ser un mero episodio de <italic>compensaci&#x00F3;n afectiva</italic> en medio de la erosi&#x00F3;n emocional provocada por la conciencia instrumental burguesa. Proporcionan disfrute, huida de la realidad y enso&#x00F1;aci&#x00F3;n on&#x00ED;rica. Pero no influyen sobre <italic>la realidad</italic> entendida como una experiencia radicada en los procesos de actividad econ&#x00F3;mica. En este esquema la socialidad art&#x00ED;stica se localiza en la bohemia donde se liberan los rigores morales de la sociedad y donde una atm&#x00F3;sfera de permisividad y laxitud impregna las biograf&#x00ED;as y las experiencias de los artistas. Se trata de contextos que facilitan determinadas actividades desempe&#x00F1;adas por personalidades exc&#x00E9;ntricas y excepcionales por su contacto con la inspiraci&#x00F3;n ultramundana. El perfil del artista queda recogido en la figura del genio. Su obra est&#x00E1; motivada por factores ajenos y extra&#x00F1;os a la conciencia burguesa r&#x00ED;gida y disciplinada. Su estilo de vida se encarna en una minor&#x00ED;a aristocr&#x00E1;tica no integrada socialmente porque su actividad profesional no encaja en la tipolog&#x00ED;a de los oficios reconocidos orientados b&#x00E1;sicamente hacia el trabajo remunerado. La gran aportaci&#x00F3;n social es <italic>la educaci&#x00F3;n sentimental</italic> con la que refina la rudeza y la insensibilidad burguesa. </p>

			<p>Sin embargo, ya en este per&#x00ED;odo de la experiencia art&#x00ED;stica se anuncian voces minoritarias que cuestionan los usos y abusos de la insaciable econom&#x00ED;a capitalista. En 1851 tiene lugar en el <italic>Cristal Palace</italic> de Londres la <italic>I Exposici&#x00F3;n Universal</italic> en la que los destellos de la opulencia en sectores como la arquitectura, los objetos t&#x00E9;cnicos, la producci&#x00F3;n industrial, el interiorismo, absorben la atenci&#x00F3;n de esas masas an&#x00F3;nimas sedientas del calambrazo de la nueva divinidad secular: <italic>el consumo</italic>. Una de las primeras expresiones de rechazo es el movimiento denominado <italic>Art-and-Craft</italic>, que se dirige contra la producci&#x00F3;n industrial estandarizada y promueve una interpretaci&#x00F3;n alternativa del trabajo y el consumo. Este movimiento pretende anular la diferencia insalvable entre trabajo y arte acudiendo a un concepto integrador como el de <italic>artesan&#x00ED;a</italic>. Con &#x00E9;l se trata de hacer una defensa de los artefactos artesanales producidos <italic>por</italic> el hombre y <italic>para</italic> el hombre, donde no hay primac&#x00ED;a de la producci&#x00F3;n ni de la circulaci&#x00F3;n, donde el productor y el usuario no se someten al predominio del objeto y donde el trabajo y sus obras invitan a la realizaci&#x00F3;n y al disfrute personal respectivamente. Consistir&#x00ED;a, por tanto, en un intento de cuestionar el cariz impersonal y objetivo de la econom&#x00ED;a capitalista al ver en la actividad artesanal los modos de trabajo que salvaguardan la expresividad de los individuos en la producci&#x00F3;n y el uso de las mercanc&#x00ED;as. </p>

			<p>Esta voz minoritaria e inaudible de rechazo a las l&#x00F3;gicas de la econom&#x00ED;a capitalista nunca ha dejado de estar presente en la vida moderna. Es m&#x00E1;s, se fortalece en los a&#x00F1;os 50 y 60 del siglo XX. Esta transformaci&#x00F3;n tiene lugar, primera y t&#x00ED;midamente, en los procesos de producci&#x00F3;n y de consumo con la llegada del <italic>sistema fordista</italic>. Radicado originariamente en Estados Unidos y basado en el imaginario de la <italic>affluent society</italic>, el fordismo se consolida a partir de una contradicci&#x00F3;n de base. Por un lado, insiste en el proceso de racionalizaci&#x00F3;n de la modernidad burguesa orientado hacia una sociedad hiperorganizada, centrada en la planificaci&#x00F3;n econ&#x00F3;mica y dise&#x00F1;ada bajo el modelo de la gran corporaci&#x00F3;n con una r&#x00ED;gida jerarqu&#x00ED;a y divisi&#x00F3;n del trabajo. Asimismo, activa una profunda estetizaci&#x00F3;n de la vida cotidiana. Las clases medias encarnan los primeros episodios de actores contempor&#x00E1;neos que encuentran sentido en el consumo masivo en el que ya no predomina el valor de uso sino el valor est&#x00E9;tico y simb&#x00F3;lico de las cosas. Todo esto es posible por la revoluci&#x00F3;n t&#x00E9;cnica que se est&#x00E1; produciendo en ese momento hist&#x00F3;rico y que permite la difusi&#x00F3;n y el disfrute a gran escala de la estimulaci&#x00F3;n est&#x00E9;tica. La radio, el cine, el tocadiscos y, m&#x00E1;s tarde, la televisi&#x00F3;n, se brindan a la novedosa recepci&#x00F3;n est&#x00E9;tica. </p>

			<p>A mitad de siglo pasado surgen las primeras expresiones de rechazo del sistema fordista. Una mutaci&#x00F3;n axiol&#x00F3;gica, de la que habla Charles Taylor en referencia a ese <italic>giro expresivista</italic> que tiene lugar en la sociedad de los a&#x00F1;os 60 del siglo pasado (primero en Estados Unidos), se produce con el resultado de una alteraci&#x00F3;n del cuadro global de la sociedad. Ese giro tiene en la experiencia art&#x00ED;stica su n&#x00FA;cleo fundamental. Ya no se trata tanto de un consumo masificado y organizado de la producci&#x00F3;n, sino de una reivindicaci&#x00F3;n de la figura del artista como modelo de vida. Y en concreto, del artista de las vanguardias. Todos los individuos est&#x00E1;n llamados a orientar su vida desde sus par&#x00E1;metros basados en la expresividad. Esta concepci&#x00F3;n del arte se sit&#x00FA;a en las ant&#x00ED;podas de la est&#x00E9;tica de la cultura de masas y del conformismo social del sistema fordista. Reivindica el arte como algo que excede el espacio de la belleza de la modernidad burguesa y que cobra vida como n&#x00FA;cleo directriz de las pr&#x00E1;cticas sociales. Ya no se trata de una parte de la experiencia humana, sino de <italic>la experiencia humana integralmente concebida</italic> desde la expresividad est&#x00E9;tica. T&#x00E9;rminos como <italic>autenticidad, autodesarrollo, plenitud, vivencia</italic> etc. se convierten en referentes sem&#x00E1;nticos del discurso social y, al mismo tiempo, del discurso acad&#x00E9;mico de la psicolog&#x00ED;a y la pedagog&#x00ED;a, como ocurre en los casos de A. Maslow, E. Fromm y H. Marcuse, entre otros.</p>

			<p>De alg&#x00FA;n modo, las tramas del romanticismo y las vanguardistas confluyen, renovando el sustrato de creencias de la sociedad. La vida planificada del futuro y la experiencia volcada hacia el recuerdo del pasado se debilitan ante una existencia centrada en el v&#x00E9;rtigo del presente. As&#x00ED; las cosas, este episodio post-rom&#x00E1;ntico y post-vanguardista se caracteriza por la democratizaci&#x00F3;n de la creatividad espont&#x00E1;nea, que “exige experimentar la vitalidad del momento, vindicar la espontaneidad contra la rutinizaci&#x00F3;n, contra la repetici&#x00F3;n de actos id&#x00E9;nticos en la creaci&#x00F3;n de lo nuevo” (Reckwitz, <xref ref-type="bibr" rid="CIT17">2010</xref>, p. 465). La creatividad entendida como la capacidad de elaborar ideas y actos imprevistos y novedosos, de combinar de manera in&#x00E9;dita distintas representaciones y pr&#x00E1;cticas o de trascender fronteras y l&#x00ED;mites r&#x00ED;gidamente arraigados, se presenta como <italic>presupuesto natural de un sujeto que se realiza a s&#x00ED; mismo</italic>. </p>

			<p>Esta mutaci&#x00F3;n simb&#x00F3;lica de la sociedad se corresponde con numerosos movimientos de protesta que ganan visibilidad social e influencia sobre la opini&#x00F3;n p&#x00FA;blica. A partir de este momento, la dimensi&#x00F3;n est&#x00E9;tica se transforma en <italic>contracultura</italic> a trav&#x00E9;s de la que se proyectan, de manera m&#x00FA;ltiple y diversa, visiones alternativas a la imperante. La visi&#x00F3;n burguesa del mundo queda seriamente cuestionada. Elementos de la vida creativa, que hasta ese momento exist&#x00ED;a en nichos sociales diseminados, se erigen, se radicalizan y se configuran como referentes atractivos favorecedores del cambio de valores. Recogen una sensibilidad diversa y comprometida dirigida hacia temas como la defensa medioambiental, los derechos de la raza negra y de la mujer, la oposici&#x00F3;n ante la guerra, los excesos de la explotaci&#x00F3;n capitalista, etc.</p>

			<p>En este orden de cosas, en los a&#x00F1;os 80 la creatividad art&#x00ED;stica se convierte en <italic>norma</italic>. El arte se sit&#x00FA;a en los centros de decisi&#x00F3;n y organizaci&#x00F3;n de la sociedad. La bohemia art&#x00ED;stica abandona la periferia para, luego de representar la posici&#x00F3;n antag&#x00F3;nica y alternativa a la sublimaci&#x00F3;n burguesa y fordista de la producci&#x00F3;n, convertirse en voz cantante del presente hist&#x00F3;rico. El referente simb&#x00F3;lico de la innovaci&#x00F3;n habla en favor del gesto creativo como el impulso irrenunciable del bienestar social. Arte y t&#x00E9;cnica se cruzan y se solapan. Y lo hacen liberando la inventiva en el trance experimental de la creatividad, en el que los instrumentos t&#x00E9;cnicos ofrecen sus recursos a la enso&#x00F1;aci&#x00F3;n y a la imaginaci&#x00F3;n. Este binomio ya no corresponde en exclusiva a un segmento o clase social, ni a un perfil profesional, ni a un entorno cultural. La complejidad tecnol&#x00F3;gica ya no es, <italic>per se</italic>, un obst&#x00E1;culo o impedimento que bloquea la proyecci&#x00F3;n creativa. Muy al contrario, convive con la invenci&#x00F3;n y es parte sustantiva de las realizaciones individuales en los diferentes planos de la experiencia social. Las n&#x00ED;tidas fronteras de anta&#x00F1;o entre sendos espacios sociales se diluyen. </p>

			<p>Este hecho social de reciente factura describe las claves simb&#x00F3;licas del tiempo actual. La experiencia art&#x00ED;stica invade los diferentes planos de la cultura contempor&#x00E1;nea. Comparece como una oportunidad para la autoexpresi&#x00F3;n individual en el curso de la acci&#x00F3;n, pero tambi&#x00E9;n como un desaf&#x00ED;o irremplazable que obliga a generar originalidad. Su normalizaci&#x00F3;n se traduce en exigencia, cuando no en coacci&#x00F3;n. Solo los esp&#x00ED;ritus m&#x00E1;s originales tienen garantizada la presencia en los espacios densos y decisivos de la sociedad. Reckwitz (<xref ref-type="bibr" rid="CIT19">2015</xref>) habla de la paradoja inherente a la normalizaci&#x00F3;n est&#x00E9;tica. No en vano, su car&#x00E1;cter de desaf&#x00ED;o irremplazable se vive, en determinadas ocasiones, como una disciplinizaci&#x00F3;n de “segundo orden” (Reckwitz, <xref ref-type="bibr" rid="CIT19">2015</xref>, p. 46), desde el momento en que no se condensa en los cuerpos domesticados, sino en la imperiosa necesidad de “marcar distancia frente a lo actual y las rutinas e incluir un elemento de lo sorprendente y lo imprevisible” (Reckwitz, <xref ref-type="bibr" rid="CIT19">2015</xref>, p. 46). La creatividad ha devenido <italic>nuevo destino inexorable</italic> que convierte a todo individuo en artista pero con desiguales resultados en t&#x00E9;rminos de originalidad. </p>

		</sec>
		
		<sec id="S5">
			<title>CONCLUSI&#x00D3;N: LAS ENCRUCIJADAS DE LA CREATIVIDAD</title>

			<p>Se dec&#x00ED;a anteriormente que la &#x00E9;poca actual tiene algo de in&#x00E9;dito en la historia. La creatividad se ha convertido en norma y en normal. Las voces de la academia que clamaban por una sociedad dise&#x00F1;ada desde los par&#x00E1;metros de la creatividad art&#x00ED;stica pueden verse representadas en el actual modelo de la sociedad moderna que se consolida con motivo de los acontecimientos de mayo del 68. Es dif&#x00ED;cil saber si aquellas esperanzas en futuros modelos sociales animados por la utop&#x00ED;a est&#x00E9;tica hoy se considerar&#x00ED;an culminados y consumados en el actual. La creatividad se ha hecho realidad, m&#x00E1;s en concreto, <italic>principio de realidad</italic>. Y en ese sentido, la creatividad ya no solo libera, expande y estimula el ingenio y la libertad, tambi&#x00E9;n ofrece frenos, resistencias y coacciones. La normalizaci&#x00F3;n de la creatividad obliga al conjunto de los actores a ofrecer originalidad en cada aspecto de su vida, a vivir la creaci&#x00F3;n como un imperativo. No es que queramos ser creativos, es que <italic>debemos serlo</italic> (Reckwitz, <xref ref-type="bibr" rid="CIT18">2012</xref>, p. 10). La propia sociedad premia esa creatividad bajo etiquetas de enorme prestigio en nuestros d&#x00ED;as, como innovaci&#x00F3;n, emprendimiento, talento, etc. Y por diferentes motivos de orden educativo, econ&#x00F3;mico, cultural etc. no todos los individuos est&#x00E1;n en iguales de condiciones de acceder a las m&#x00E1;ximas cotas de reconocimiento social. Una nueva escisi&#x00F3;n social se trama en el seno de la cultura de la creatividad.</p>

			<p>Pero de igual o mayor importancia es el problema del significado de la creatividad en nuestros usos sociales. Hoy es <italic>principio de realidad</italic> y, en ese sentido, su condici&#x00F3;n de hecho social consolidado en las conciencias de los actores puede hacer olvidar que ha sido propiamente imaginada y proyectada. Es decir, que ha sido creada. El peligro de nuestro tiempo es que esta sociedad vea creatividad por doquier salvo en los procesos instituyentes que la crearon. Negar esta realidad implica que el concepto de creatividad instituida se explique sin creatividad instituyente, sin esas dimensiones potenciales (Castoriadis, Eisenstadt y Joas) que forman parte de la g&#x00E9;nesis del hecho social y que lo convierten en algo contingente y provisional. Mayo del 68 fue una fecha hist&#x00F3;rica cargada de resonancias. Con ella nac&#x00ED;a la sociedad de la democratizaci&#x00F3;n de la creaci&#x00F3;n. Y tambi&#x00E9;n nuevas expresiones de desigualdad social.</p>
		</sec>
		
	</body>
	
	
	<back>
	
		<ref-list>
			<title>BIBLIOGRAF&#x00CD;A</title>
				
			<ref id="CIT01">
			<element-citation publication-type="journal">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
					  <surname>Bellah</surname>
					  <given-names>R. N.</given-names>	  
				  </name>
			  </person-group>
			  <year>2005</year>
			  <article-title>What is Axial about the Axial Age?</article-title>
			  <source>Archives Europ&#x00E9;ennes de Sociologie</source>
			  <volume>XLVI</volume>
			  <issue>1</issue>
			  <fpage>69</fpage>
			  <lpage>87</lpage>
			  <comment><ext-link ext-link-type="uri" xlink:href="https://doi.org/10.1017/S0003975605000032">https://doi.org/10.1017/S0003975605000032</ext-link></comment>
			</element-citation>
			</ref>

			<ref id="CIT02"> 
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
					  <surname>Boltanski</surname>
					  <given-names>L.</given-names>	  
				  </name>
				  <name>
					  <surname>Chiapello</surname>
					  <given-names>&#x00C9;.</given-names>	  
				  </name>
			  </person-group>
			  <year>2002</year>
			  <source>El nuevo esp&#x00ED;ritu del capitalismo</source>
			  <publisher-loc>Madrid</publisher-loc>
			  <publisher-name>Akal</publisher-name>
			</element-citation>
			</ref>


			<ref id="CIT03">
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
					  <surname>Br&#x00F6;ckling</surname>
					  <given-names>U.</given-names>	  
				  </name>
			  </person-group>
			  <year>2013</year>
			  <source>Das unternehmische Selbst</source>
			  <publisher-loc>Francfort del Meno</publisher-loc>
			  <publisher-name>Suhrkamp</publisher-name>
			</element-citation>
			</ref>

			<ref id="CIT04">
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
					  <surname>Castoriadis</surname>
					  <given-names>C.</given-names>	  
				  </name>
			  </person-group>
			  <year>1988</year>
			  <source>Los dominios del hombre: las encrucijadas del laberinto</source>
			  <publisher-loc>Barcelona</publisher-loc>
			  <publisher-name>Gedisa</publisher-name>
			</element-citation>
			</ref>

			<ref id="CIT05">
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
					  <surname>Castoriadis</surname>
					  <given-names>C.</given-names>	  
				  </name>
			  </person-group>
			  <year>1975/1989</year>
			  <source>La instituci&#x00F3;n imaginaria de la sociedad</source>
			  <publisher-loc>Barcelona</publisher-loc>
			  <publisher-name>Tusquets</publisher-name>
			</element-citation>
			</ref>

			<ref id="CIT06">
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
					  <surname>Donald</surname>
					  <given-names>M.</given-names>	  
				  </name>
			  </person-group>
			  <year>1991</year>
			  <source>Origins of Modern Mind. Three Stages in the Evolution of Culture and Cognition</source>
			  <publisher-loc>Cambridge (Mass.)</publisher-loc>
			  <publisher-name>Harvard University Press</publisher-name>
			</element-citation>
			</ref>

			<ref id="CIT07">
			<element-citation publication-type="journal">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
					  <surname>Eisenstadt</surname>
					  <given-names>S. N.</given-names>	  
				  </name>
			  </person-group>
			  <year>2000</year>
			  <article-title>The Civilizational Dimension of Sociological Analysis</article-title>
			  <source>Thesis Eleven</source>
			  <volume>62</volume>
			  <fpage>1</fpage>
			  <lpage>21</lpage>
			  <comment><ext-link ext-link-type="uri" xlink:href="https://doi.org/10.1177/0725513600062000002">https://doi.org/10.1177/0725513600062000002</ext-link></comment>
			</element-citation>
			</ref>

			<ref id="CIT08">
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
					  <surname>Florida</surname>
					  <given-names>R.</given-names>	  
				  </name>
			  </person-group>
			  <year>2010</year>
			  <source>La clase creativa. La transformaci&#x00F3;n de la cultura del trabajo y del ocio en el siglo XXI</source>
			  <publisher-loc>Barcelona</publisher-loc>
			  <publisher-name>Paid&#x00F3;s</publisher-name>
			</element-citation>
			</ref>

			<ref id="CIT09">
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
					  <surname>Heubel</surname>
					  <given-names>F.</given-names>	  
				  </name>
			  </person-group>
			  <year>2002</year>
			  <source>Das Dispositiv der Kreativit&#x00E4;t</source>
			  <publisher-loc>Darmstadt</publisher-loc>
			  <publisher-name>Wissenschaftliche Buchgesellschaft</publisher-name>
			</element-citation>
			</ref>

			<ref id="CIT10"> 
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
					  <surname>Hobsbawm</surname>
					  <given-names>E.</given-names>	  
				  </name>
			  </person-group>
			  <year>2000</year>
			  <source>Historia del siglo XX</source>
			  <publisher-loc>Barcelona</publisher-loc>
			  <publisher-name>Cr&#x00ED;tica</publisher-name>
			</element-citation>
			</ref>

			<ref id="CIT11">
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
					  <surname>Jaspers</surname>
					  <given-names>K.</given-names>	  
				  </name>
			  </person-group>
			  <year>1965</year>
			  <source>Origen y meta de la historia</source>
			  <publisher-loc>Madrid</publisher-loc>
			  <publisher-name>Revista de Occidente</publisher-name>
			</element-citation>
			</ref>

			<ref id="CIT12">
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
					  <surname>Joas</surname>
					  <given-names>H.</given-names>	  
				  </name>
			  </person-group>
			  <year>1992</year>
			  <source>Die Kreativit&#x00E4;t des Handelns</source>
			  <publisher-loc>Francfort del Meno</publisher-loc>
			  <publisher-name>Suhrkamp</publisher-name>
			</element-citation>
			</ref>

			<ref id="CIT13">
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
					  <surname>Joas</surname>
					  <given-names>H.</given-names>	  
				  </name>
				  <name>
					  <surname>Kn&#x00F6;bl</surname>
					  <given-names>W.</given-names>	  
				  </name>
			  </person-group>
			  <year>2015</year>
			  <source>Teor&#x00ED;a social</source>
			  <publisher-loc>Madrid</publisher-loc>
			  <publisher-name>Akal</publisher-name>
			</element-citation>
			</ref>

			<ref id="CIT14">
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
					  <surname>Kn&#x00F6;bl</surname>
					  <given-names>W.</given-names>	  
				  </name>
			  </person-group>
			  <year>2011</year>
			  <chapter-title>Makrotheorie zwischen Pragmatismus und Historismus</chapter-title>
			  <person-group person-group-type="editor">
				  <name>
					  <surname>Hollstein</surname>
					  <given-names>B.</given-names>	  
				  </name>
				  <name>
					  <surname>Jung</surname>
					  <given-names>M.</given-names>	  
				  </name>
				  <name>
					  <surname>Kn&#x00F6;bl</surname>
					  <given-names>W.</given-names>	  
				  </name>
			  </person-group>
			  <source>Handlung und Erfahrung</source>
			  <publisher-loc>Francfort del Meno</publisher-loc>
			  <publisher-loc>New York</publisher-loc>
			  <publisher-name>Campus Verlag</publisher-name>
			  <fpage>273</fpage>
			  <lpage>315</lpage>
			</element-citation>
			</ref>

			<ref id="CIT15">
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
					  <surname>Koppetsch</surname>
					  <given-names>C.</given-names>	  
				  </name>
			  </person-group>
			  <year>2006</year>
			  <source>Das Ethos der Kreativen</source>
			  <publisher-loc>Constanza</publisher-loc>
			  <publisher-name>UVK Verlagsgesellschaft</publisher-name>
			</element-citation>
			</ref>

			<ref id="CIT16">
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
					  <surname>Marcuse</surname>
					  <given-names>H.</given-names>	  
				  </name>
			  </person-group>
			  <year>1982</year>
			  <source>Eros y civilizaci&#x00F3;n</source>
			  <publisher-loc>Barcelona</publisher-loc>
			  <publisher-name>Seix Barral</publisher-name>
			</element-citation>
			</ref>

			<ref id="CIT17">
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
					  <surname>Reckwitz</surname>
					  <given-names>A.</given-names>	  
				  </name>
			  </person-group>
			  <year>2010</year>
			  <source>Das hybride Subjekt</source>
			  <publisher-loc>Weilerwist</publisher-loc>
			  <publisher-name>Velbr&#x00FC;ck Wissenschaft</publisher-name>
			</element-citation>
			</ref>

			<ref id="CIT18">
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
					  <surname>Reckwitz</surname>
					  <given-names>A.</given-names>	  
				  </name>
			  </person-group>
			  <year>2012</year>
			  <source>Die Erfindung der Kreativit&#x00E4;t</source>
			  <publisher-loc>Francfort del Meno</publisher-loc>
			  <publisher-name>Suhrkamp</publisher-name>
			</element-citation>
			</ref>

			<ref id="CIT19">
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
					  <surname>Reckwitz</surname>
					  <given-names>A.</given-names>	  
				  </name>
			  </person-group>
			  <year>2015</year>
			  <chapter-title>&#x00C4;sthetik und Gesellschaft. Ein analytischer Bezugnahmen</chapter-title>
			  <person-group person-group-type="editor">
				  <name>
					  <surname>Reckwitz</surname>
					  <given-names>A.</given-names>	  
				  </name>
				  <name>
					  <surname>Prinz</surname>
					  <given-names>S</given-names>	  
				  </name>
				  <name>
					  <surname>Sch&#x00E4;fer</surname>
					  <given-names>H.</given-names>	  
				  </name>
			  </person-group>
			  <source>&#x00C4;sthetik und Gesellschaft</source>
			  <publisher-loc>Francfort del Meno</publisher-loc>
			  <publisher-name>Suhrkamp</publisher-name>
			  <fpage>9</fpage>
			  <lpage>52</lpage>
			</element-citation>
			</ref>

			<ref id="CIT20">
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
					  <surname>Rorty</surname>
					  <given-names>R.</given-names>	  
				  </name>
			  </person-group>
			  <year>1991</year>
			  <source>Contingencia, iron&#x00ED;a y solidaridad</source>
			  <publisher-loc>Barcelona</publisher-loc>
			  <publisher-name>Paid&#x00F3;s</publisher-name>
			</element-citation>
			</ref>

			<ref id="CIT21">
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
					  <surname>Taylor</surname>
					  <given-names>Ch.</given-names>	  
				  </name>
			  </person-group>
			  <year>2006</year>
			  <source>Las fuentes del yo</source>
			  <publisher-loc>Barcelona</publisher-loc>
			  <publisher-name>Paid&#x00F3;s</publisher-name>
			</element-citation>
			</ref>

			<ref id="CIT22">
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
					  <surname>Toynbee</surname>
					  <given-names>A. J.</given-names>	  
				  </name>
			  </person-group>
			  <year>1981</year>
			  <source>Estudio de la historia</source>
			  <volume>1</volume>
			  <publisher-loc>Madrid</publisher-loc>
			  <publisher-name>Alianza</publisher-name>
			</element-citation>
			</ref>

			<ref id="CIT23">
			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
					  <surname>Weber</surname>
					  <given-names>M.</given-names>	  
				  </name>
			  </person-group>
			  <year>1987</year>
			  <source>Econom&#x00ED;a y sociedad</source>
			  <publisher-loc>M&#x00E9;xico</publisher-loc>
			  <publisher-name>Fondo de Cultura Econ&#x00F3;mica</publisher-name>
			</element-citation>
			</ref>

		</ref-list>
		
	</back>
</article>