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			<journal-id journal-id-type="publisher-id">Arbor</journal-id>
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				<journal-title>ARBOR Ciencia, Pensamiento y Cultura</journal-title>
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			<issn pub-type="epub">0210-1963</issn>
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				<publisher-name>Consejo Superior de Investigaciones Cient&#x00ED;ficas</publisher-name>
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			<article-id pub-id-type="publisher-id">arbor.2018.790n4002</article-id>
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				<subject>HUMANIDADES Y PENSAMIENTO CIENT&#x00CD;FICO / HUMANITIES AND SCIENTIFIC THINKING</subject>
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				<article-title>La ciencia y el arte desde la perspectiva de la transevoluci&#x00F3;n</article-title>
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					<trans-title>Science and art from a transevolutionary perspective</trans-title>
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				<alt-title alt-title-type="running-head">La ciencia y el arte desde la perspectiva de la transevoluci&#x00F3;n</alt-title>
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					ORCID iD: <ext-link ext-link-type="uri" xlink:href="https://orcid.org/0000-0002-2867-1119">https://orcid.org/0000-0002-2867-1119</ext-link>
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				<year>2018</year>
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			<year>2018</year>
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			<volume>194</volume>
			<issue>790</issue>
			
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					<license-p>Este es un art&#x00ED;culo de acceso abierto distribuido bajo los t&#x00E9;rminos de la licencia de uso y distribuci&#x00F3;n Creative Commons Reconocimiento 4.0 Internacional (CC BY 4.0).</license-p>
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			<abstract xml:lang="es">
				<title>RESUMEN</title>
				<p>La especie humana ha manipulado desde sus or&#x00ED;genes tanto el mundo real como el figurado. Mientras que la acci&#x00F3;n manipuladora de la especie humana sobre ambos mundos fue cr&#x00ED;tica para su supervivencia al comienzo de su evoluci&#x00F3;n -hoy <italic>transevoluci&#x00F3;n</italic>-, en la cultura ulterior esos mundos son abordados por dos actividades con bases conceptuales muy diferentes: la ciencia y el arte. En este trabajo sostengo la tesis de que ambos resultan necesarios para saber estar en el mundo y para transformarlo adecuadamente.</p>
			</abstract>
			
									
			<trans-abstract xml:lang="en">
				<title>ABSTRACT</title>
				<p>From its origins, the human species has manipulated not only the real world but also the figurative one. While that manipulative action of the human species over both worlds was critical for the survival of the species in the beginning of its evolution -now <italic>transevolution</italic>-, it is also true that in the subsequent culture those worlds have been approached by two trades with highly different conceptual bases, science and art. In this paper I hold the thesis that both trades are necessary to know how to be in the world as well as how to transform it in an appropriate way.</p>
			</trans-abstract>
			
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				<title>PALABRAS CLAVE</title>
				<kwd>Ciencia</kwd>
				<kwd>arte</kwd>
				<kwd>verdad</kwd>
				<kwd>desocultamiento</kwd>
				<kwd>manipulaci&#x00F3;n</kwd>
				<kwd>transformaci&#x00F3;n</kwd>
				<kwd>transevoluci&#x00F3;n</kwd>
			</kwd-group>
			
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				<title>KEYWORDS</title> 			
				<kwd>Science</kwd>	
				<kwd>art</kwd>
				<kwd>truth</kwd>
				<kwd>revealing</kwd>
				<kwd>manipulation</kwd>
				<kwd>transformation</kwd>
				<kwd>transevolution</kwd>
			</kwd-group>
			
		
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		<sec id="S1">
			<title>DE LA INTUICI&#x00D3;N AL OFICIO</title>

			<p>Si en lugar de examinar la ciencia por su producto o por su proceso lo hici&#x00E9;ramos atendiendo a la intuici&#x00F3;n, a la idea o al ansia por comprender que est&#x00E1;n detr&#x00E1;s de ella, nos dar&#x00ED;amos cuenta, como probablemente no pueda ser de otra manera, de que no difiere mucho de otras actividades del pensamiento. No es que la existencia llegue a cobrar sentido para el individuo que examina el mundo bajo el prisma de la ciencia, pero proporciona satisfacci&#x00F3;n y deleite intelectual conocer las piezas que lo componen y que lo hacen funcionar. En el fondo, sean reales o figurados sus respectivos mundos, y con independencia tambi&#x00E9;n de si por la ciencia accedemos o no al &#x00FA;nico mundo real posible, cuesti&#x00F3;n de eterno debate, la ciencia y las artes convergen en un hedonismo palmario y consustancial en sus practicantes: los cient&#x00ED;ficos y los artistas. De nuevo, sean reales o figurados, a los mundos se accede en primera instancia a trav&#x00E9;s de la intuici&#x00F3;n, la idea y la voluntad de comprenderlos. El sentido ganado por el mundo real o el mundo figurado gracias a la explicaci&#x00F3;n que sobre ellos elabora el cient&#x00ED;fico o el artista quiz&#x00E1; no sea transferible sin m&#x00E1;s a la existencia de estos, pero eso es otro asunto y en todo caso cient&#x00ED;fico y artista s&#x00ED; disfrutan por la cosa hecha, algo consustancial a nuestra especie. Luego est&#x00E1;n los m&#x00E9;todos, las especializaciones, las matem&#x00E1;ticas, las met&#x00E1;foras y las adecuaciones de las diferentes ciencias y artes que conforman los aprendizajes y los oficios, de cuyo ejercicio m&#x00E1;s o menos diestro obtendremos un mayor o menor placer final.</p>

			<p>Nuestra especie manipula desde sus or&#x00ED;genes los entes del mundo, tanto los del real como los del figurado. Y ese trabajo inicial no se puede considerar estrictamente cient&#x00ED;fico, pero tampoco estrictamente art&#x00ED;stico. El objetivo que subyac&#x00ED;a a la manipulaci&#x00F3;n de las cosas reales del mundo y de las cosas figuradas era posibilitarnos la supervivencia por la apropiaci&#x00F3;n de las mismas. Hay cuestiones ontol&#x00F3;gicas que ya nos preocupan desde entonces y, al tiempo que trat&#x00E1;bamos de subsistir manejando los entes del mundo real, tambi&#x00E9;n las creaciones del mundo figurado respond&#x00ED;an a cierta necesidad de atribuir sentido a la existencia. La representaci&#x00F3;n figurada de un animal no era otra cosa que un intento por aprehenderlo y dominarlo en cierta forma, por ejemplo. Ese sentido existencial tiene m&#x00E1;s relaci&#x00F3;n con las ganas de vivir y sobrevivir, es decir con la aludida perduraci&#x00F3;n de los miembros de la especie, de lo que estar&#x00ED;amos dispuestos a aceptar de entrada. No hab&#x00ED;a todav&#x00ED;a ciencia de las manipulaciones ni, veros&#x00ED;milmente tampoco, arte, sino m&#x00E1;s bien tentativas de mantenerse por medio de pr&#x00E1;cticas de racionalidad m&#x00ED;nima sobre el mundo real (a base de ensayo y error), as&#x00ED; como balbucientes vislumbres de un mundo imaginario que pretend&#x00ED;a captar la esencia de las cosas. No creo que lo primero fuera ciencia todav&#x00ED;a, ni arte lo segundo. La ciencia y el arte se forjaron posteriormente con la propia evoluci&#x00F3;n de la cultura, y de la intuici&#x00F3;n para las cosas de los mundos real y figurado pasamos a los oficios. Pero ¿en qu&#x00E9; consisten ese oficio al que llamamos ciencia, y ese otro al que denominamos arte?</p>

			</sec>
			
			<sec id="S2">
			<title>NUESTRA SINGULARIDAD</title>

			<p>El hombre es la &#x00FA;nica especie que puede repasar su historia y cuyos miembros pueden reflexionar, con estupor unos y con satisfacci&#x00F3;n otros, sobre el hecho de que de la misma forma que hemos llegado a ser podr&#x00ED;amos no haber llegado. Esta constituir&#x00ED;a una de las m&#x00E1;s crudas conclusiones existenciales que cabr&#x00ED;a esperar de la moderna teor&#x00ED;a de la evoluci&#x00F3;n. No obstante, tales afirmaciones requieren matizaci&#x00F3;n. La teor&#x00ED;a evolutiva, en efecto, es uno de los pilares centrales de la moderna biolog&#x00ED;a, la ciencia que estudia los entes vivos. Y esa teor&#x00ED;a, cuya formulaci&#x00F3;n inicial corre a cargo de Darwin, avanza que todos los entes vivos tienen un origen com&#x00FA;n y que unos vienen de la evoluci&#x00F3;n de otros. La especie humana no es ajena en modo alguno al devenir evolutivo, y la moderna investigaci&#x00F3;n biol&#x00F3;gica confirma, primero, que la enorme cantidad de caracteres id&#x00E9;nticos entre todos los entes vivos solamente es explicable por la circunstancia de que todos procedemos de un ente ancestral com&#x00FA;n; y segundo, que rastreando los caracteres de nuestra especie, as&#x00ED; como los de otras, somos capaces de reconstruir con precisi&#x00F3;n creciente la historia evolutiva que nos precede. Ser&#x00ED;a sumamente oportuno, por otra parte, atender a la historia de esa reconstrucci&#x00F3;n, porque cuando examinamos las especies vivas que est&#x00E1;n pr&#x00F3;ximas a nosotros en el &#x00E1;rbol evolutivo, u otras ya desaparecidas, apreciamos que comparten, o han compartido con la nuestra, una ingente cantidad de caracteres. Muchos de dichos caracteres son constitutivos del ente humano, de la misma forma que de esas otras especies, simplemente porque los hemos heredado de los ancestros comunes. Otros son in&#x00E9;ditos, y tiene relevancia detectar su aparici&#x00F3;n. As&#x00ED; pues, los entes que son las especies se componen de caracteres compartidos y de caracteres novedosos. Aunque los caracteres particulares o espec&#x00ED;ficos de las especies nos sirvan para la discriminaci&#x00F3;n sistem&#x00E1;tica entre ellas, si es que estamos dispuestos a conferir estatus de ente definido a cada especie, lo cierto es que no es l&#x00ED;cito obviar la importancia que revisten los caracteres compartidos como prueba fehaciente de que todas poseen un mismo origen y genealog&#x00ED;a. No podemos tampoco hacer caso omiso del hecho de que los entes vivos son susceptibles de transformarse con el devenir del tiempo, y es un objetivo fundamental de la ciencia que los estudia determinar qu&#x00E9; agentes, qu&#x00E9; fuerzas gu&#x00ED;an, sin direcci&#x00F3;n aparente, la transformaci&#x00F3;n de unos en otros. Darwin fue diestro proponiendo una de ellas, la selecci&#x00F3;n natural. No es la &#x00FA;nica: existen otras. De hecho, para Darwin era imperiosa la necesidad, dada la natural transformaci&#x00F3;n de unos entes en otros, de hallar de nuevo alguna fuerza, tambi&#x00E9;n natural, apta para explicar la evoluci&#x00F3;n.</p>

			<p>Es probable que nos aturda la diversidad de lo vivo; casi no hay rinc&#x00F3;n en el planeta que no est&#x00E9; habitado por la vida, y sorprende conocer las condiciones tan extremas, desde una perspectiva antropoc&#x00E9;ntrica, que aquella puede llegar a soportar. Por poco que se estudie su naturaleza y las fuerzas que gobiernan su evoluci&#x00F3;n, no dejaremos de apreciar la irreductible tendencia de lo vivo a perseverar, haciendo de la transformaci&#x00F3;n, de la diversificaci&#x00F3;n y, en una palabra, del cambio, la base de su &#x00E9;xito colonizador y expansivo. Cualquier ontolog&#x00ED;a de la vida deber&#x00ED;a captar tan inexcusable cualidad.</p>

			<p>Pero regresemos a la primera afirmaci&#x00F3;n: el hombre es la &#x00FA;nica especie capaz de reconstruir su historia evolutiva. Esta no es sino una m&#x00E1;s de las muchas investigaciones desarrolladas por la especie dentro de la esfera del conocimiento que llamamos ciencia. Y la ciencia es, tambi&#x00E9;n, otra de las muestras posibles del repertorio de capacidades intelectivas de nuestra especie. Algo ha acontecido en su singular evoluci&#x00F3;n que ha posibilitado a la especie humana ser destacadamente racional e inteligente. Con todo, no conviene enfatizar tal circunstancia desde la &#x00F3;ptica de la exclusividad. Si deseamos contemplar la evoluci&#x00F3;n como una categor&#x00ED;a intr&#x00ED;nseca a la vida, cosa innegable, entonces deber&#x00ED;amos admitir que la inteligencia, la racionalidad y otras caracter&#x00ED;sticas que nos solemos atribuir como privativas no lo son en realidad -aun cuando s&#x00ED; pueda serlo un cierto grado de ellas-. En todo caso, hemos conseguido narrar la historia de la vida en el planeta y, espec&#x00ED;ficamente, nuestra propia historia evolutiva. No se trata de una conquista antigua pues, aunque la ciencia moderna nace con Galileo en el siglo XVI, el descubrimiento de la evoluci&#x00F3;n, del &#x00E1;rbol de la vida y de la historia evolutiva de nuestra especie tardar&#x00ED;an al menos tres siglos m&#x00E1;s. Son hechos relativamente recientes y, adem&#x00E1;s, muy descollantes porque trascienden su propia facticidad. En efecto, cuando enjuiciamos racionalmente parejos hallazgos no podemos dejar de reflexionar sobre su significaci&#x00F3;n. Formulo una de esas reflexiones, de marcado inter&#x00E9;s para lo que aqu&#x00ED; pretendo, mediante las siguientes preguntas: ¿por qu&#x00E9; hemos llegado a ser entes tan racionales?, ¿de qu&#x00E9; nos sirve?, ¿qu&#x00E9; hacer con nuestra inteligencia? Mi interrogaci&#x00F3;n sobre el servicio que la inteligencia presta a la especie no tiene por finalidad mostrar que con ella hacemos cosas, como de hecho ocurre y siempre ha ocurrido. Sin ir m&#x00E1;s lejos, somos una especie sorprendentemente activa en su competencia para modificar o alterar el medio que la rodea, ahora ya casi todo el planeta. Sostengo, adem&#x00E1;s, que el intervencionismo es crecientemente racional o, dicho de otro modo, progresivamente m&#x00E1;s cient&#x00ED;fico conforme la ciencia va proyectando su linterna del conocimiento sobre los entes que constituyen la naturaleza, entes entre los que nos contamos. Nuestra especie, con su raz&#x00F3;n cient&#x00ED;fica, ha intervenido e interviene la naturaleza, incluida la nuestra. No obstante, mi pregunta por el activo servicio que la inteligencia nos presta pretende ser un cuestionamiento de otro tipo, a saber: ¿puede nuestra singular inteligencia trascender la naturaleza de los entes? Y ¿qu&#x00E9; entiendo por <italic>trascender</italic>? No utilizo el t&#x00E9;rmino en el sentido kantiano de traspasar los l&#x00ED;mites de toda experiencia posible, sino m&#x00E1;s bien en una doble acepci&#x00F3;n muy vinculada a la ciencia misma y pr&#x00F3;xima al realismo de Heidegger. Por un lado, trascender en el sentido de penetrar, comprender o averiguar algo que est&#x00E1; oculto. La inteligencia, como instrumento de la ciencia, sujeta los entes a una actividad de escrutinio, de experimentaci&#x00F3;n, que los desoculta y que los hace comprensibles. Si declaro que los hace m&#x00E1;s comprensibles es que ya disponemos previamente de esa misma capacidad de desocultamiento; pero la inteligencia en su vertiente cient&#x00ED;fica acent&#x00FA;a la comprensi&#x00F3;n de los entes y, por lo tanto, los torna m&#x00E1;s manejables, mediante un mayor entendimiento de lo que sobre ellos pudiera obrarse. De no estar la acci&#x00F3;n rodeada de tanta inteligencia, de no estribar en el desocultamiento cient&#x00ED;fico de la verdad del ente, no se lograr&#x00ED;a manipular este &#x00FA;ltimo. Por otro lado, la segunda acepci&#x00F3;n de trascender, muy pr&#x00F3;xima al aserto que acabo de efectuar, es la de que con la acci&#x00F3;n cient&#x00ED;fica inteligente vamos m&#x00E1;s all&#x00E1; del propio ente comprendido o penetrado. La ciencia se configura como pr&#x00E1;ctica inteligente, y trasciende los entes sobre los que proyecta su linterna, en el sentido de moverse allende ellos, de transformarlos, de crear o fabricar otros.</p>

			</sec>
			
			<sec id="S3">
			<title>LA ESPECIALIZACI&#x00D3;N DE LA CIENCIA </title>

			<p>En una obra en la que se ocupa de la esencia de la ciencia, Heidegger (<xref ref-type="bibr" rid="CIT03">1999</xref>) reconoce que para tratar tal materia hay que plantearse antes otras preguntas. La primera, por ejemplo, versar&#x00ED;a sobre la relaci&#x00F3;n que existe entre el ser con capacidad de conocer y los entes conocibles. Del primero, el hombre, asevera Heidegger que su existir o <italic>Dasein</italic> lo faculta para apreciar el ente cual ente, el ente verdadero. No cabe relativismo en el conocimiento debido a la inconfundible forma en que nos relacionamos con el resto de seres de nuestra especie y con los entes en general. Heidegger otorga singularidad a la especie; el <italic>Dasein</italic> de los humanos es &#x00FA;nico, tiene car&#x00E1;cter de exclusividad, marca propia que bien pudiera vincularse a la autoconciencia, a la percepci&#x00F3;n de “yoidad”, de ser el &#x00FA;nico ser que se pregunta por el ser, por su ser, hall&#x00E1;ndose su esencia en su propia existencia. Yo, por mi parte, pienso que la ontolog&#x00ED;a de la vida reclamar&#x00ED;a que algo tan fundamental como el <italic>Dasein</italic> (humano) fuera una caracter&#x00ED;stica compartida, hasta cierto grado, con otros seres que, evolutivamente, est&#x00E1;n pr&#x00F3;ximos a nosotros. Sin embargo, no es esa la cuesti&#x00F3;n que deseo abordar y desarrollar aqu&#x00ED;. Lo que me interesa subrayar, desde una &#x00F3;ptica m&#x00E1;s cient&#x00ED;fica, es si el <italic>Dasein</italic> humano, aun y admitiendo que sea exclusivo, constituye o no el producto esperable de cualquier evoluci&#x00F3;n natural. Anteriormente hab&#x00ED;a descrito como grandes &#x00E9;xitos en la biolog&#x00ED;a el descubrimiento del &#x00E1;rbol de la vida o de la historia evolutiva de la especie humana, historia donde se pone de manifiesto que somos entes naturales con caracteres tanto compartidos con el resto de las especies como singulares. Un punto que sigue en debate es si nuestra especie es un producto final de la evoluci&#x00F3;n o, por el contrario, otro resultado singular de la misma, por maravillosas que pudieran parecer las cualidades que la configuran. No descarto que consigamos llegar en alg&#x00FA;n momento a una dilucidaci&#x00F3;n efectiva de tal asunto desde la ciencia, desocultando cada vez m&#x00E1;s ese ente tan particular que es la especie humana. La cuesti&#x00F3;n en torno a si somos o no un producto final, complejo, de la evoluci&#x00F3;n biol&#x00F3;gica, divide a muchos estudiosos, tanto dentro de la ciencia como fuera de ella. Dentro de la ciencia, por ejemplo, la posici&#x00F3;n tradicional de los bi&#x00F3;logos evolutivos es que somos meros accidentes, y que las contingencias que gobiernan la evoluci&#x00F3;n hacen totalmente imposible pensar en una tendencia hacia entes de complejidad progresiva, cuyo t&#x00E9;rmino m&#x00E1;s acabado ser&#x00ED;a nuestra especie. En cambio, desde otros sectores de la ciencia, se&#x00F1;aladamente desde la f&#x00ED;sica y su c&#x00E9;lebre principio antr&#x00F3;pico, se asegura que cualquier teor&#x00ED;a v&#x00E1;lida sobre el universo tiene que ser compatible con la existencia del hombre. Es decir: si en el universo se deben verificar ciertas condiciones para nuestra existencia, esas condiciones son verdaderas porque nosotros existimos. Y diversas corrientes de pensamiento evolutivo relativamente j&#x00F3;venes postulan tambi&#x00E9;n que es inevitable la complejidad creciente de la vida en su evoluci&#x00F3;n, a pesar de la supuesta contingencia y no predictibilidad local o puntual, tanto espacial como temporal, del devenir evolutivo. Estas corrientes no entran en consideraciones m&#x00E1;s especulativas en torno a si el hombre es el remate de la evoluci&#x00F3;n biol&#x00F3;gica, o la complejidad creciente la forma contempor&#x00E1;nea de hablar cient&#x00ED;ficamente sobre el progreso; simplemente manifiestan que pertenece a la din&#x00E1;mica de la vida incrementar su complejidad, y que cualquier contingencia que la mermase, o cualquier fuerza temporal que la redujera, tarde o temprano se ver&#x00ED;a contrarrestada de nuevo por la propensi&#x00F3;n natural a la complejificaci&#x00F3;n. Es m&#x00E1;s, empezamos a encontrar formulaciones te&#x00F3;ricas sobre las condiciones necesarias para que la evoluci&#x00F3;n sea progresiva y, lo que resulta m&#x00E1;s importante, predecible. S&#x00E9; que estas hip&#x00F3;tesis pueden antojarse al menos sorprendentes cuando uno se da cuenta de c&#x00F3;mo se suele estudiar, explicar y presentar la historia evolutiva, generalmente imbuida de los principios b&#x00E1;sicos de contingencia y accidentalidad, que hacen francamente impracticable toda referencia a principios alternativos como los de complejidad creciente, inevitabilidad o progreso.</p>

			<p>En tanto en cuanto sigamos adelantando en el desocultamiento esencial del recorrido evolutivo, especialmente en el desarrollo de una teor&#x00ED;a universal m&#x00E1;s acabada de la evoluci&#x00F3;n, bien predictiva o bien no predictiva, ser&#x00E1; oportuno desarrollar el pensamiento sobre la trascendencia del quehacer humano atendiendo a su propio futuro, pensamiento que se basar&#x00ED;a en dos supuestos primordiales. El primero de ellos es el de nuestra singularidad como seres capaces de asegurar sin ning&#x00FA;n g&#x00E9;nero de dudas, al menos retrospectivamente, que “estamos aqu&#x00ED;”, que “somos conscientes de ser”, y que estamos aqu&#x00ED; porque hay un proceso, de asumida complejidad creciente, basado en la acci&#x00F3;n sistem&#x00E1;tica de fuerzas puramente naturales, que nos ha llevado a la situaci&#x00F3;n de ser conscientes de nuestra existencia, as&#x00ED; como a poder establecer nuestra genealog&#x00ED;a vital, la que nos vincula con el resto de entes que pueblan o han poblado el planeta. El segundo supuesto concierne a la misma ciencia -genuino producto de la racionalidad y de la inteligencia-, la cual, siendo una conquista reciente, nos lleva de la mano hacia la transformaci&#x00F3;n racional de la naturaleza, incluida la propia (Fern&#x00E1;ndez Liria, <xref ref-type="bibr" rid="CIT02">2012</xref>). Este supuesto tiene amplias consecuencias, por lo que, al igual que sucede con el supuesto previo, no hemos de tomarlo como carente de soporte emp&#x00ED;rico. Ambos disponen de &#x00E9;l. En efecto, es emp&#x00ED;ricamente contrastable que somos un resultado de la evoluci&#x00F3;n biol&#x00F3;gica en relaci&#x00F3;n de parentesco con el resto de entes vivos (dicho esto, nos falta soporte, ya se apunt&#x00F3;, para confirmar si encarnamos el producto final de la evoluci&#x00F3;n, la forma m&#x00E1;s avanzada de la complejidad o del progreso biol&#x00F3;gico ascendentes). Tambi&#x00E9;n es emp&#x00ED;ricamente contrastable que nuestra especie ha intervenido e interviene en la naturaleza de modo cada vez m&#x00E1;s racional, m&#x00E1;s cient&#x00ED;fico. Somos interventores compulsivos, pero solo podemos efectuar especulaciones -en parte justificadas por la historia de los logros sociales, culturales, cient&#x00ED;ficos y tecnol&#x00F3;gicos de las diferentes civilizaciones- a prop&#x00F3;sito de qu&#x00E9; futuro cabe augurar para nuestro planeta y para los entes que lo pueblan, as&#x00ED; como para nosotros mismos.</p>

			<p>Los dos supuestos anteriores conforman la base que me ha ayudado a formular la tesis sobre la trascendencia de la evoluci&#x00F3;n a la que denomino, en una sola palabra, <italic>transevoluci&#x00F3;n</italic>. Conviene hacer una consideraci&#x00F3;n previa para evitar confusiones sobre lo que significa, en primera instancia, la trascendencia de la evoluci&#x00F3;n como teor&#x00ED;a cient&#x00ED;fica que ha ido m&#x00E1;s all&#x00E1; de su propio dominio biol&#x00F3;gico para entrar en el dominio no-biol&#x00F3;gico, tecnol&#x00F3;gico y cultural si se quiere, de la transevoluci&#x00F3;n. La evoluci&#x00F3;n biol&#x00F3;gica, en cuanto teor&#x00ED;a, ha sobrepasado su propio campo de actuaci&#x00F3;n, y en torno a ella se ha forjado un pensamiento evolutivo que permea, que impregna, muchos otros saberes y disciplinas. El pensamiento evolutivo elabora explicaciones convincentes, racionales, en torno al lenguaje, la &#x00E9;tica, la religi&#x00F3;n, la sociedad o la econom&#x00ED;a. C. Castrodeza (<xref ref-type="bibr" rid="CIT01">2010</xref>), por ejemplo, eleva la selecci&#x00F3;n natural a categor&#x00ED;a metaf&#x00ED;sica. As&#x00ED;, las conductas sociales de los individuos en sectores o profesiones o colectivos tan variados como los de la pol&#x00ED;tica, la econom&#x00ED;a, las naciones, las culturas o las lenguas, etc., parecen admitir, todas ellas, una razonable interpretaci&#x00F3;n sobre el supuesto nada desde&#x00F1;able de que est&#x00E1;n darwinizadas, de que son darwinianas en esencia. Es decir, de que su din&#x00E1;mica responde a una acci&#x00F3;n selectiva que, en condiciones de competencia por recursos obviamente escasos, impone el dominio de unos individuos sobre otros, de los part&#x00ED;cipes de unas ideas o representantes de una clase pol&#x00ED;tica sobre los de otra, de los seguidores o impulsores de unas econom&#x00ED;as frente a los de otras, de los miembros de unas naciones sobre los de otras, de los poseedores de una cultura o de los hablantes de una lengua dadas sobre los de otras. Es cuesti&#x00F3;n clave identificar la naturaleza del recurso que corresponde a cada uno de esos &#x00E1;mbitos, profesiones o colectivos, cuya escasez promueve la acci&#x00F3;n de la selecci&#x00F3;n natural. Ahora bien, ¿son los individuos los &#x00FA;ltimos beneficiarios de tal imposici&#x00F3;n? Castrodeza sostiene que no porque, aunque se trate de seres humanos concretos en cualquier zona de la sociedad, en la pol&#x00ED;tica, en la econom&#x00ED;a, en la ciencia, o en un pa&#x00ED;s o en otro, en esta o aquella lengua, etc., los que en verdad se imponen unos a otros no son los individuos, sino sus genes, que simplemente tratan de maximizar su eficacia, de extenderse. Llevando hasta l&#x00ED;mites extremos la tesis de Dawkins relativa a los replicadores, para Castrodeza el ente humano no representar&#x00ED;a m&#x00E1;s que un feliz constructo de la evoluci&#x00F3;n biol&#x00F3;gica, en el cual la conciencia del yo, la percepci&#x00F3;n de ser &#x00FA;nico, es un invento de la evoluci&#x00F3;n por selecci&#x00F3;n natural para garantizar la persistencia temporal de sus replicadores m&#x00E1;s &#x00ED;ntimos e indivisibles. Obviamente esta tesis, que conduce al nihilismo absoluto, comporta que todas las m&#x00E1;s nobles cualidades de la especie no dejan de ser un c&#x00FA;mulo de sucesivas y afortunadas soluciones rematadas en el autoenga&#x00F1;o del ente sobre su yo, sobre su ficticio control de s&#x00ED; mismo y sobre su presunta voluntad de decidir con libertad. Visi&#x00F3;n del ente humano que, como no parece compatible con el <italic>Dasein</italic> heideggeriano, nos empujar&#x00ED;a a plantearnos el otorgar tal estatus existencial a sus unidades m&#x00E1;s fundamentales e indivisibles: los genes. ¿Habr&#x00ED;a alguna contra-argumentaci&#x00F3;n pensable, alguna tesis a nuestro alcance que permitiera subvertir el nihilismo impuesto por los genes al ente humano y, en general, al resto de entes vivos? Es probable que la respuesta se halle en la misma historia reciente de la ciencia, en el surgimiento de la biolog&#x00ED;a molecular y de la ingenier&#x00ED;a gen&#x00E9;tica, en ese preciso momento en el que los propios genes se vuelven entes ellos mismos intervenibles a partir de su construcci&#x00F3;n m&#x00E1;s sofisticada y perfecta: la especie humana. La capacidad de nuestra especie para modificar la naturaleza ha sido una t&#x00F3;nica constante, pero si sigui&#x00E9;ramos a pies juntillas la tesis de los replicadores dawkinianos acabar&#x00ED;amos por mantener que todo ese intervencionismo, de una manera u otra, estaba en &#x00FA;ltimo t&#x00E9;rmino orientado a la maximizaci&#x00F3;n del &#x00E9;xito relativo de unos replicadores frente a otros, y no de los individuos. Y tal vez sea leg&#x00ED;timo afirmar que todav&#x00ED;a permanecemos bajo su ciego influjo, al menos mientras no intensifiquemos nuestra acci&#x00F3;n sobre ellos. Solo con la actual ciencia biol&#x00F3;gica vislumbramos que podemos lograr esto &#x00FA;ltimo. No lo estamos haciendo con nuestro propio genoma, en toda su dimensi&#x00F3;n, porque el trecho que nos separa de una intervenci&#x00F3;n racional, efectiva, inteligente sobre &#x00E9;l es todav&#x00ED;a largo. Pero el resto de entes vivos ya son objeto de nuestro actuar interventor. La domesticaci&#x00F3;n de especies con las que convivimos ilustra la acci&#x00F3;n trascendente sobre los otros entes vivos, intervenci&#x00F3;n que va nutri&#x00E9;ndose continuamente de ciencia. Tanto es as&#x00ED; que estamos a las puertas de crear, de fabricar entes que no han existido antes, y eso aun cuando una ciencia como la biolog&#x00ED;a sint&#x00E9;tica se encuentre solamente en sus albores ¿Qu&#x00E9; tipo de biolog&#x00ED;a cabe esperar, en el futuro m&#x00E1;s o menos inmediato, que concierna tambi&#x00E9;n a un intervencionismo de gran calado sobre el propio ente humano? Si aceptamos la tesis nihilista de los replicadores dawkinianos, el subsiguiente an&#x00E1;lisis filos&#x00F3;fico del estatuto del ente humano y de su intervencionismo sobre otros entes y sobre el suyo propio nos informa de que el <italic>Dasein</italic> del hombre est&#x00E1; por constituirse, y de que ser&#x00E1; real cuando tengamos una capacidad de intervenci&#x00F3;n racional y con amplio desocultamiento sobre nosotros mismos, en particular sobre nuestros genes. La intervenci&#x00F3;n sobre el resto de los entes, nuestra proyecci&#x00F3;n cient&#x00ED;fica hacia los mismos a partir de la emergencia de la ingenier&#x00ED;a gen&#x00E9;tica, su gradual desocultamiento, no es otra cosa que el mejor ejercicio, la antesala para superar el nihilismo y para entrar en la fase propiamente existencial del ser humano; para exceder as&#x00ED;, o eliminar, el estatus de <italic>Dasein</italic> existencial de sus replicadores. Y es aqu&#x00ED; donde comparece la idea de trascender la evoluci&#x00F3;n como transevoluci&#x00F3;n por acci&#x00F3;n del, ahora s&#x00ED;, <italic>Dasein</italic> humano.</p>

			<p>Con la tesis de la transevoluci&#x00F3;n sostengo que el hombre est&#x00E1; en condiciones de trascender la naturaleza, incluida la suya propia. De hecho, podr&#x00ED;a afirmarse que es sustancial, esencial a nuestra especie, llevar a cabo tal proceso, como venimos haci&#x00E9;ndolo desde nuestro origen. Es m&#x00E1;s, se conseguir&#x00E1; guiar la transformaci&#x00F3;n de la naturaleza seg&#x00FA;n modalidades que solo podemos barruntar, aunque existen algunas s&#x00F3;lidas evidencias -las antes comentadas como soporte emp&#x00ED;rico a los dos supuestos- que nos llevan a presagiar sociedades, mundos y entes radicalmente nuevos. El segundo supuesto se sirve de la ciencia, y hace que ella asuma un protagonismo central en toda esta empresa transformadora y reinterpretativa de los entes. Fue Heidegger mismo quien otorg&#x00F3; a la ciencia, cuando persegu&#x00ED;a su esencia, una cualificaci&#x00F3;n y una relevancia que la sit&#x00FA;a no como una manera entre otras de desocultar la verdad de los entes, sino como el instrumento m&#x00E1;s valioso al que podemos recurrir para alcanzarlo.</p>

			</sec>
			
			<sec id="S4">
			<title>CIENCIA Y CONOCIMIENTO GENERAL</title>

			<p>Desde sectores diferentes al campo cient&#x00ED;fico se afirma que la ciencia no es m&#x00E1;s que un modo de conocer la naturaleza y los entes que la constituyen. La aprehensi&#x00F3;n de esos entes, aseveran portavoces no cient&#x00ED;ficos, puede llevarse a cabo a partir de otros reg&#x00ED;menes de conocimiento con capacidad de captaci&#x00F3;n de la realidad del mundo o de la esencia de las cosas. Si bien doy por buena tal afirmaci&#x00F3;n, creo que ser&#x00ED;a razonable utilizar, en un intento aclaratorio y clasificatorio de tales sistemas de aprehensi&#x00F3;n del mundo, precisamente su estatus o no de cientificidad porque, a mi juicio, hay una diferencia entre el quehacer cient&#x00ED;fico y el no cient&#x00ED;fico. Bajo el paraguas de la no cientificidad se protegen muchas formas de aferrar el mundo, la esencia de los entes, las cuales, tal y como defiende Heidegger, quiz&#x00E1; gozan de habilidad similar a la de la ciencia para dar, desde el <italic>Dasein</italic>, con la verdad entitativa. Los atributos de verdad del ente desocultado ya est&#x00E1;n ah&#x00ED; desde el primer momento, y la percepci&#x00F3;n de cualquiera de ellos mediante el arte, la poes&#x00ED;a o la filosof&#x00ED;a, puede ser incluso sublime. La ciencia, en cambio, suele provenir de una captaci&#x00F3;n pobre de los atributos de los entes, m&#x00E1;s alejada en principio de lo fundamental que la de la literatura, el pensamiento filos&#x00F3;fico y las artes. De hecho, la proyecci&#x00F3;n cient&#x00ED;fica sobre los entes resulta siempre tosca, limitada y parcial. Ello es as&#x00ED; porque la ciencia no puede, en su estricta identidad, abarcar el estudio del ente en cuanto ente, desligado de sus atributos, que son por fuerza aquello en lo que la ciencia se focaliza y se especializa. Esa es la diferencia cardinal entre la filosof&#x00ED;a o el arte y la ciencia. Pero la ciencia dispone de un proceder, de un m&#x00E9;todo, que la lleva invariablemente, de forma progresiva y sistem&#x00E1;tica, a un tipo de desocultamiento de la verdad subyacente de los entes que por su parte no tiene parang&#x00F3;n posible con los asimientos instant&#x00E1;neos de la poes&#x00ED;a, la literatura o la m&#x00FA;sica. El mismo Heidegger considera que, con la ciencia, hemos fabricado un instrumento imprescindible que nos proporciona una capacidad de intervenci&#x00F3;n sobre los entes de la que, probablemente, carecen las otras formas no cient&#x00ED;ficas de aprehensi&#x00F3;n de la realidad y del mundo. Aun cuando estas &#x00FA;ltimas, que contin&#x00FA;an tras el auge de la ciencia, ayudan a saber qu&#x00E9; tenemos delante, a entender las esencias verdaderas de los entes, precisamente gracias a su no limitaci&#x00F3;n, a su no especializaci&#x00F3;n, solo las formas cient&#x00ED;ficas limitadas, especializadas de la ciencia nos permiten actuar con garant&#x00ED;as sobre ellos. La especializaci&#x00F3;n y la limitaci&#x00F3;n, en efecto, son las claves de la ciencia a lo largo de su historia. Es tanto lo adquirido a trav&#x00E9;s de la especializaci&#x00F3;n cient&#x00ED;fica que desde hace tiempo una sola mente no es capaz de abrazar todo el conocimiento producido por la ciencia, ni siquiera en sus l&#x00ED;neas b&#x00E1;sicas. La sociolog&#x00ED;a del conocimiento cient&#x00ED;fico, al estudiar su especializaci&#x00F3;n obligada frente a saberes m&#x00E1;s universales, acaba indic&#x00E1;ndonos que la formaci&#x00F3;n cient&#x00ED;fica es tanto menor a escala individual cuanto mayor es a escala de la sociedad en su conjunto, y que, en consecuencia, ser&#x00ED;a muy importante cultivar al tiempo modos de aprehender la realidad inicialmente m&#x00E1;s totalizadores; conocimientos que, en buena medida, nos facilitasen un mejor estar en el mundo, un mejor posicionarnos frente a los entes y los hechos; en definitiva, un mejor “tener criterio”. En todo caso, la forma m&#x00E1;s amplia de conocimiento, no necesariamente una sola, debe ser no cient&#x00ED;fica, porque las restricciones que impone el m&#x00E9;todo de la ciencia impiden justo la generalidad. Es decir, lo caracter&#x00ED;stico del m&#x00E9;todo cient&#x00ED;fico hace que el conocimiento ofrecido por &#x00E9;l sea particular, y que no pueda suplantar formas tradicionales, pre-cient&#x00ED;ficas, de conocimiento, las cuales al parecer s&#x00ED; logran abarcar, por la naturaleza de su proceder, lo general. Como ser&#x00E1; f&#x00E1;cil concluir de estas reflexiones, abogamos claramente por la pluralidad del conocimiento del mundo, pues el ser humano individual necesita tipos tanto generales como especializados, no cient&#x00ED;ficos y cient&#x00ED;ficos, de saber, para habitar ese mundo y, llegado el caso, para transformarlo apropiadamente. Y para evitar que, conforme el mundo se escudri&#x00F1;a con la lente de la ciencia, el conocimiento acumulado pase por nosotros como pasa el agua por la roca emplazada en medio de un r&#x00ED;o. </p>
		</sec>
		
	</body>
	
	
	<back>
	
		<ack>
			<title>AGRADECIMIENTOS</title>

				<p>Este trabajo ha sido financiado por los proyectos BFU2012-39816-CO2-01 y SAF2012-31187 del Ministerio de Econom&#x00ED;a y Competitividad, y cofinanciado por FEDER, <italic>Prometeo</italic>/2009/092 de la Generalitat Valenciana y por los proyectos ST-FLOW e ITN Marie-Curie <italic>Symbiomics</italic> de la Uni&#x00F3;n Europea.</p>
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			<title>BIBLIOGRAF&#x00CD;A</title>
				
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					  <surname>Castrodeza</surname>
					  <given-names>C.</given-names>	  
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			  <year>2010</year>
			  <source>La darwinizaci&#x00F3;n del mundo</source>
			  <publisher-loc>Barcelona</publisher-loc>
			  <publisher-name>Herder</publisher-name>
			</element-citation>
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			<element-citation publication-type="book">
			  <person-group person-group-type="author">
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					  <surname>Fern&#x00E1;ndez Liria</surname>
					  <given-names>C.</given-names>	  
				  </name>
			  </person-group>
			  <year>2012</year>
			  <source>¿Para qu&#x00E9; servimos los fil&#x00F3;sofos?</source>
			  <publisher-loc>Madrid</publisher-loc>
			  <publisher-name>Los Libros de la Catarata</publisher-name>
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					  <surname>Heidegger</surname>
					  <given-names>M.</given-names>	  
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			  <year>1999</year>
			  <source>Introducci&#x00F3;n a la filosof&#x00ED;a</source>
			  <publisher-loc>Madrid</publisher-loc>
			  <publisher-name>C&#x00E1;tedra</publisher-name>
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