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			<journal-id journal-id-type="publisher-id">Arbor</journal-id>
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				<journal-title>ARBOR Ciencia, Pensamiento y Cultura</journal-title>
				<abbrev-journal-title>Arbor</abbrev-journal-title>
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			<issn pub-type="ppub">0210-1963</issn>
			<issn pub-type="epub">1988-303X</issn>
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				<publisher-name>Consejo Superior de Investigaciones Cient&#x00ED;ficas</publisher-name>
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			<article-id pub-id-type="publisher-id">arbor.2019.792n2008</article-id>
			<article-id pub-id-type="doi">10.3989/arbor.2019.792n2008</article-id>
			 
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				<subject>EL FUTURO DE LA BIO&#x00C9;TICA / THE FUTURE OF BIOETHICS</subject>
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				<article-title>Bio&#x00E9;tica y transhumanismo desde la perspectiva de la naturaleza humana</article-title>
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					<trans-title>Bioethics and transhumanism from the perspective of human nature</trans-title>
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				<alt-title alt-title-type="running-head">Bio&#x00E9;tica y transhumanismo desde la perspectiva de la naturaleza humana</alt-title>
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					 <surname>Postigo Solana</surname>
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			<aff id="U1">Universidad Francisco de Vitoria</aff>
			
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				<corresp id="cor1">e-mail: <email xlink:href="elena.postigo@ufv.es">elena.postigo@ufv.es</email>
					ORCID iD: <ext-link ext-link-type="uri" xlink:href="https://orcid.org/0000-0003-0831-9983">https://orcid.org/0000-0003-0831-9983</ext-link>
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				<year>2019</year>
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			<year>2019</year>
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			<volume>195</volume>
			<issue>792</issue>
			
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				<copyright-year>2019</copyright-year>
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					<license-p>Este es un art&#x00ED;culo de acceso abierto distribuido bajo los t&#x00E9;rminos de la licencia de uso y distribuci&#x00F3;n Creative Commons Reconocimiento 4.0 Internacional (CC BY 4.0).</license-p>
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			<abstract xml:lang="es">
				<title>RESUMEN</title>
				<p>Este art&#x00ED;culo se propone, en primer lugar, analizar algunos de los cambios producidos en el concepto de naturaleza humana a lo largo de la historia y, en segundo lugar, realizar una reflexi&#x00F3;n bio&#x00E9;tica acerca de las intervenciones planteadas por el transhumanismo y el <italic>enhancement</italic> o mejoramiento humano. Despu&#x00E9;s de repasar la g&#x00E9;nesis y principales cambios transcendentales del concepto de <italic>physis</italic> aplicado al hombre, concluiremos que hoy en d&#x00ED;a el concepto de naturaleza humana, tal y como lo entiende el transhumanismo, podr&#x00ED;a alinearse por analog&#x00ED;a con la <italic>modernidad l&#x00ED;quida</italic>. Entender&#x00ED;amos, as&#x00ED;, la naturaleza humana como una “naturaleza l&#x00ED;quida”, permanentemente en cambio. Esto plantea numerosos problemas, no solo de &#x00ED;ndole &#x00E9;tica o biom&#x00E9;dica, sino sobre todo de car&#x00E1;cter antropol&#x00F3;gico y metaf&#x00ED;sico, en el modo de entender al hombre, y condiciona toda valoraci&#x00F3;n bio&#x00E9;tica acerca de las intervenciones que supuestamente <italic>mejoran</italic> la humanidad.</p>
			</abstract>
			
									
			<trans-abstract xml:lang="en">
				<title>ABSTRACT</title>
				<p>This article aims, first, to analyze some of the historical changes in the concept of human nature and, secondly, to make a bioethical reflection about “enhancing” interventions proposed by the transhumanists. Once the genesis and major epochal changes in the concept of human nature are reviewed, we conclude that this concept, as understood today by transhumanism, could be aligned with the notion of <italic>liquid modernity</italic>. In this way, we would understand human nature as a “liquid nature”, permanently in change. This view poses many problems, not only of a bioethical kind, but especially of an anthropological and metaphysical nature. It tends to change man’s self-understanding and puts severe constraints on the assessment of supposedly enhancing interventions.</p>
			</trans-abstract>
			

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				<title>PALABRAS CLAVE</title>
				<kwd>Naturaleza</kwd>
				<kwd>bio&#x00E9;tica</kwd>
				<kwd>transhumanismo</kwd>
				<kwd>modernidad l&#x00ED;quida</kwd>
			</kwd-group>
			
						
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				<title>KEYWORDS</title> 			
				<kwd>Nature</kwd>	
				<kwd>bioethics</kwd>
				<kwd>transhumanism</kwd>
				<kwd>liquid modernity</kwd>
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			<sec id="S1">
			<title>1. LA DEROGACI&#x00D3;N DE LO “S&#x00D3;LIDO” COMO CATEGOR&#x00CD;A</title>
			 
			<p>El concepto de <italic>modernidad l&#x00ED;quida</italic> del soci&#x00F3;logo polaco Zygmunt Bauman (<xref ref-type="bibr" rid="CIT01">2002</xref>) constituye una excelente “caja de herramientas” conceptuales con las que abordar los cambios que se plantean sobre el hombre y la naturaleza humana a partir de los m&#x00E1;s recientes avances en biotecnolog&#x00ED;a y del reto planteado por el <italic>transhumanismo</italic> (Postigo Solana, <xref ref-type="bibr" rid="CIT06">2009</xref>; Postigo Solana, <xref ref-type="bibr" rid="CIT07">2016</xref>). Entendemos por transhumanismo lo que indica la definici&#x00F3;n que ha dado de &#x00E9;l Nick Bostrom, presidente del <italic>Future of Humanity Institute</italic> de la Universidad de Oxford y presidente de la Asociaci&#x00F3;n Transhumanista Mundial: “el transhumanismo es un movimiento cultural, intelectual y cient&#x00ED;fico que afirma el deber moral de mejorar las capacidades f&#x00ED;sicas y cognitivas de la especie humana, y de aplicar al hombre las nuevas tecnolog&#x00ED;as para eliminar aspectos no deseados y no necesarios de la condici&#x00F3;n humana, como son: el sufrimiento, la enfermedad, el envejecimiento e incluso la condici&#x00F3;n mortal” (Bostrom, <xref ref-type="bibr" rid="CIT02">2003</xref>). Entrar&#x00ED;a por tanto dentro de sus fines la alteraci&#x00F3;n, el mejoramiento y el alargamiento de la naturaleza humana: alterar, mejorar, alargar, e incluso, no morir. Para Bostrom, la condici&#x00F3;n humana es cambiante, no permanente; est&#x00E1; en manos de la ciencia y del cient&#x00ED;fico y a estos corresponde conducirla hacia un mayor bienestar, personal y global.</p>
			 
			<p>En su obra <italic>La modernidad l&#x00ED;quida</italic>, Bauman desecha el concepto de posmodernidad por parecerle que esta expresi&#x00F3;n remite a algo distinto de la modernidad, como si esta estuviese ya superada. Al contrario, Bauman piensa que la modernidad se identifica con el prurito de cambio de todo tipo de estructuras sociol&#x00F3;gicas, pol&#x00ED;ticas, econ&#x00F3;micas, de valores, etc. y, en ese sentido, el autor plantea que no solo no ha quedado derogada ni superada la modernidad en nuestros d&#x00ED;as, sino que nos hallamos en un per&#x00ED;odo de profundizaci&#x00F3;n de la misma, una fase en que lo caracter&#x00ED;stico no es la remisi&#x00F3;n de los cambios sino m&#x00E1;s bien su intensificaci&#x00F3;n. Se intensifica la rapidez con que se producen y, al mismo tiempo, el deseo de superaci&#x00F3;n de una barrera que incluye los l&#x00ED;mites naturales o biol&#x00F3;gicos del ser humano.</p>
			 
			<p>La barrera a la que Bauman se refiere es la del objetivo al que se orientan los cambios. Mientras que en sus inicios la modernidad propiciaba cambios en aras de una mayor estabilidad, en nuestra &#x00E9;poca los cambios se realizan para que en el nuevo escenario la innovaci&#x00F3;n sea m&#x00E1;s f&#x00E1;cil. Es decir, se cambia en aras a la inestabilidad. La modernidad en estas condiciones es, seg&#x00FA;n Bauman, estructuralmente cambiante; no es mera b&#x00FA;squeda de cambio sino que es constitutivamente cambio. Por tal motivo, la solidez ya no forma parte del horizonte epocal de Occidente en ning&#x00FA;n sentido que no sea el de su superaci&#x00F3;n. Consecuentemente, el fundamento ya no es de ning&#x00FA;n modo s&#x00F3;lido sino l&#x00ED;quido; estamos instalados en una fase del devenir de Occidente que no puede sino denominarse modernidad l&#x00ED;quida.</p>
			 
			<p>A partir de aqu&#x00ED;, y desde su perspectiva sociol&#x00F3;gica, Bauman relata en qu&#x00E9; consisten estos cambios, c&#x00F3;mo afectan a nuestras vidas y qu&#x00E9; podemos esperar en el campo econ&#x00F3;mico, institucional y geopol&#x00ED;tico. Nos habla por lo tanto de categor&#x00ED;as tales como la globalizaci&#x00F3;n de la econom&#x00ED;a, la disfunci&#x00F3;n entre poder y pol&#x00ED;tica, el devenir de las democracias, el colonialismo cultural, etc. Perspectivas todas ellas de gran inter&#x00E9;s pero que no corresponden al &#x00E1;mbito del presente estudio cuyo entorno disciplinar se circunscribe al de la bio&#x00E9;tica, entendida como el “estudio sistem&#x00E1;tico e interdisciplinar de las acciones del hombre sobre la vida humana, vegetal y animal, considerando sus implicaciones antropol&#x00F3;gicas y &#x00E9;ticas, con la finalidad de ver racionalmente aquello que es bueno para el hombre, las futuras generaciones y el ecosistema, para encontrar una posible soluci&#x00F3;n &#x00E9;tica, cl&#x00ED;nica, o elaborar una normativa jur&#x00ED;dica adecuada” (Postigo Solana, <xref ref-type="bibr" rid="CIT05">2003</xref>).</p>
			 
			<p>Por lo tanto nuestra l&#x00ED;nea de investigaci&#x00F3;n escoge desplazarse al polo opuesto del que ocupa Bauman; explora no el aspecto “macrosc&#x00F3;pico” -sociol&#x00F3;gico, pol&#x00ED;tico, econ&#x00F3;mico- de las consecuencias de la modernidad l&#x00ED;quida sino que se orienta hacia el de sus implicaciones “microsc&#x00F3;picas”, es decir, hacia las transformaciones que est&#x00E1;n teniendo lugar sobre la idea misma de hombre. Trataremos sobre la nueva antropolog&#x00ED;a incoada por los &#x00FA;ltimos avances en biotecnolog&#x00ED;a y sobre c&#x00F3;mo podr&#x00ED;a afectar al concepto recibido de naturaleza humana.</p>
			</sec>
			
			
			<sec id="S2"> 
			<title>2. LA PHYSIS COMO SUPERACI&#x00D3;N DE LA MOIRA</title>
			 
			<p>Para llevar a cabo esta investigaci&#x00F3;n, es necesario comprender dos procesos: primero cu&#x00E1;l es el periplo de cambio antropol&#x00F3;gico por el que el hemos llegado a tener un concepto de naturaleza humana. Segundo, cu&#x00E1;l es la transformaci&#x00F3;n que experiment&#x00F3; el propio concepto de naturaleza humana hasta nuestros d&#x00ED;as.</p>
			 
			<p>El primero de estos procesos va unido indisolublemente con el alumbramiento de la idea de <italic>physis</italic>, de naturaleza. Podr&#x00ED;amos confundir naturaleza con lo que hay cuando uno sale a espacios abiertos y sin urbanizar. Pero eso ser&#x00ED;a en todo caso el mundo animal, vegetal y geol&#x00F3;gico-mineral sin calificaci&#x00F3;n categorial alguna. La idea de naturaleza no solo se refiere a lo que existe independientemente de la acci&#x00F3;n humana, sino que implica dos presupuestos sobre este conjunto de seres: que est&#x00E9; ordenado y que se pueda conocer. El primero es el presupuesto c&#x00F3;smico; es el cosmos, la presunci&#x00F3;n de que “lo que hay” est&#x00E1; ordenado. El segundo es la idea misma de <italic>physis</italic>, de naturaleza, y consiste en pensar que eso que est&#x00E1; ordenado, ese cosmos, presenta rasgos isom&#x00F3;rficos con una cualidad del ser humano llamada <italic>nous</italic>, en virtud de la cual eso “que hay” puede aflorar en el <italic>nous</italic>, es decir puede llegar a conocerse. Este es un descubrimiento que convencionalmente se concede a Tales de Mileto y se data en torno al 650 a C.</p>
			 
			<p>No se olvide por tanto que naturaleza es el orden de las cosas asequible a la penetraci&#x00F3;n del entendimiento. Esta idea endosa el cosmos, es decir, se suma a la idea de cosmos que es mucho m&#x00E1;s antigua (su origen se pierde en la noche de los tiempos pero aparece ya claramente articulado en las primeras civilizaciones). Naturaleza es, pues, una apostilla sobre el cosmos; no es solo orden, es orden cognoscible por el hombre. Es muy importante darse cuenta de que la idea originaria de cosmos no implica conocimiento sino intermediaci&#x00F3;n: antes del alumbramiento de la <italic>physis</italic> lo que hay es un orden c&#x00F3;smico al que el hombre puede acceder por intermediaci&#x00F3;n de los dioses a trav&#x00E9;s del or&#x00E1;culo. En estas condiciones “lo que hay” no es naturaleza entendida como <italic>physis</italic>, sino <italic>moira</italic> -el oscuro fondo del que se extraen los tenues reflejos del orden c&#x00F3;smico gracias a la intervenci&#x00F3;n de los dioses por el or&#x00E1;culo-. Seg&#x00FA;n esto la naturaleza es una idea profundamente emancipadora pues concede al hombre la capacidad de llegar al fondo mismo de las cosas por s&#x00ED; mismo, sin necesidad de consulta a los dioses. El hombre ya no depende del signo oracular y de su incierta interpretaci&#x00F3;n. A partir del alumbramiento de la idea de naturaleza, el hombre contar&#x00E1; con su “propia tecnolog&#x00ED;a” de acceso al fondo de las cosas e ir&#x00E1; abandonando poco a poco el or&#x00E1;culo en favor de su propio m&#x00E9;todo, cuyo supuesto es el <italic>nous</italic> y que, en un proceso progresivo de independizaci&#x00F3;n del capricho de los dioses, le har&#x00E1; desechar las religiones c&#x00F3;smicas hasta llegar al monote&#x00ED;smo y a la ciencia: a la idea de que la certeza sobre las cosas es posible porque Dios las ha creado con la misma herramienta que ha puesto a disposici&#x00F3;n del hombre: la raz&#x00F3;n.</p>
			 
			<sec id="S2.1">
			<title>2.1. Naturaleza humana de Homero a P&#x00ED;ndaro</title>
			 
			<p>Ahora bien, una vez alcanzado el descubrimiento de la <italic>physis</italic> por superaci&#x00F3;n de la <italic>moira</italic>, cabe preguntarse: ¿en qu&#x00E9; posici&#x00F3;n queda el hombre como tal respecto de la naturaleza?, ¿es el hombre un objeto natural m&#x00E1;s -y por lo tanto completamente asequible al conocimiento- o cabe concederle un estatuto ontol&#x00F3;gico diferente? O dicho de otra forma: ¿existe algo que se pueda predicar del hombre con la misma certeza con que lo hacemos de una piedra o de un perro?, ¿existe algo que podamos llamar <italic>naturaleza humana</italic> y es esta naturaleza humana susceptible de ser conocida por el propio hombre?</p>
			 
			<p>La respuesta de la filosof&#x00ED;a griega a este interrogante ser&#x00E1; en &#x00FA;ltimo t&#x00E9;rmino positiva y dar&#x00E1; como saldo tres notables resultados: por un lado, la confirmaci&#x00F3;n de la vieja antropolog&#x00ED;a hom&#x00E9;rica en el sentido de que el hombre alcanza la excelencia y la perfecci&#x00F3;n mediante el cultivo de la virtud o <italic>aret&#x00E9;</italic>; por otro, que este rasgo que le eleva de lo material no es solo atributo del h&#x00E9;roe guerrero sino de todo hombre sabio; y por &#x00FA;ltimo, que esta naturaleza dual pertenece intr&#x00ED;nsecamente al hombre como tal, independientemente del favor o del concurso de los dioses.</p>
			 
			<p>Convencionalmente podemos cifrar el arco de esta transformaci&#x00F3;n entre Homero y P&#x00ED;ndaro ya que a este &#x00FA;ltimo se le atribuyen los cl&#x00E1;sicos dichos sapienciales que remiten al autoconocimiento; mientras que los textos hom&#x00E9;ricos, y en particular la <italic>Il&#x00ED;ada</italic>, han sido justamente considerados desde siempre como el humus nutricio de la visi&#x00F3;n antropol&#x00F3;gica del hombre griego arcaico.</p>
			 
			<p>Las herramientas que hacen posible este proceso son dos: un supuesto inamovible y un vector transformador. O, si se quiere, un suelo (de creencias) y un horizonte (de ideas) que hay que conquistar. El primero, el suelo, ser&#x00E1; la certeza hom&#x00E9;rica en la posibilidad de una antropolog&#x00ED;a dual (material/inmaterial); el segundo, el horizonte, consistir&#x00E1; en concretar los detalles del tr&#x00E1;nsito entre ambas. Dicho tr&#x00E1;nsito, naturalmente, estar&#x00E1; presidido por la evoluci&#x00F3;n de la idea de virtud. Veamos en detalle c&#x00F3;mo sucede esta transformaci&#x00F3;n.</p>
			 
			<p>En Homero el hombre puede trascender los atributos de la variedad racial a la que pertenece -mirmid&#x00F3;n, troyano, aqueo, etc.- mediante el ejercicio de la excelencia aristocr&#x00E1;tica, de la <italic>aret&#x00E9;</italic>, cuyo rasgo principal es el arrojo en la batalla. En efecto, el hombre antiguo sent&#x00ED;a como una evidencia indiscutible que algunos hombres son capaces de alcanzar grandeza, por lo que la naturaleza humana no puede ser un asunto cerrado. Esa apertura a lo trans-natural es la virtud: la potencialidad del hombre para realizar acciones en el l&#x00ED;mite de su naturaleza f&#x00ED;sica y equipararse a los dioses. Los animales, al no tener posibilidad de virtud, son incapaces de grandeza. Por ejemplo, un perro siempre ser&#x00E1; un perro, no podr&#x00E1; salir de lo que le marca su naturaleza perruna, mientras que el hombre (llamado a ser grande) podr&#x00E1; realizar acciones heroicas.</p>
			 
			<p>Ahora bien, mientras que en Homero esta grandeza implica de una forma u otra el concurso de los dioses, con el advenimiento de la <italic>physis</italic> se abre la posibilidad sapiencial, es decir, se abre la posibilidad de que el hombre llegue por s&#x00ED; mismo a determinar su propio destino a trav&#x00E9;s del descubrimiento de su virtud, de aquello para lo que sirve &#x00F3;ptimamente, una idea a la que llega por trasposici&#x00F3;n del concepto de utilidad material de las cosas funcionales.</p>
			</sec> 
			
			<sec id="S2.2">
			<title>2.2. Naturaleza humana: principio constructivo de la identidad personal</title>
			 
			<p>Nada m&#x00E1;s expresivo de esta nueva etapa que los consabidos dichos pind&#x00E1;ricos “con&#x00F3;cete a ti mismo” y “aprende a ser el que eres”. El hombre sabio ha de buscar su virtud por analog&#x00ED;a con la de las cosas materiales: si la virtud del cuchillo es cortar, ¿cu&#x00E1;l es la m&#x00ED;a? ¿Cu&#x00E1;l es mi propia virtud? O, dicho de otra forma, ¿a qu&#x00E9; estoy llamado? ¿Qu&#x00E9; tipo de virtud estoy llamado a ejercer? Por lo tanto, quedar&#x00E1; establecido ya desde un estadio muy primitivo una secuencia “natural” en el orden de lo que le es dado saber al hombre sobre s&#x00ED; mismo. Esta secuencia se fundamenta sobre el suelo de la naturaleza animal, es f&#x00E1;cilmente apreciable mediante sus funciones y se eleva por encima de esta mediante las facultades propiamente humanas y la virtud, hasta alcanzar una plenitud humana que linda con la de los dioses.</p>
			 
			<p>De Homero a P&#x00ED;ndaro, esta virtud -llave de paso de una parte a otra de la naturaleza humana- sufre una doble transformaci&#x00F3;n: se “democratiza” y se difumina. Se democratiza porque deja de ser un atributo aristocr&#x00E1;tico para convertirse en un rasgo antropol&#x00F3;gico. Se difumina, porque deja de estar un&#x00ED;vocamente identificada con la proeza b&#x00E9;lica y pasa a ser objeto de investigaci&#x00F3;n al que el hombre sabio puede acceder mediante la introspecci&#x00F3;n y la puesta en pr&#x00E1;ctica de la filosof&#x00ED;a sapiencial. El hombre no es a&#x00FA;n due&#x00F1;o de s&#x00ED; mismo, pues permanece ligado a la maquinaria c&#x00F3;smica que rige su destino, pero s&#x00ED; ha conseguido emanciparse del capricho de los dioses con sus ambiguos or&#x00E1;culos. Ahora las estrellas no le determinan, solo le condicionan, pues el hombre sabio/sensato sabe c&#x00F3;mo regir sus astros. Su poder es, pues, cada vez m&#x00E1;s equiparable al de los dioses sobre la vieja <italic>moira</italic>: no puede determinarla pero s&#x00ED; llegar a conocerla.</p>
			 
			<p>He aqu&#x00ED; que la pregunta por el hombre suscitada como consecuencia del advenimiento de la idea de <italic>physis</italic> da como resultado una brecha antropol&#x00F3;gica, un abanico de posibilidades por el que cada hombre tiene su propio destino, a&#x00FA;n pegado a la antigua <italic>moira</italic> y por lo tanto misterioso, apenas cognoscible. Solo los grandes hombres tendr&#x00E1;n un destino claro; para el resto, la vida apenas ser&#x00E1; distinguible de la de los animales.</p>
			 
			<p>Con el paso del tiempo la m&#x00E1;xima virtud de cada hombre, esa virtud-mist&#x00E9;rica de la que P&#x00ED;ndaro es portavoz, quedar&#x00E1; poco a poco explayada en una serie de virtudes menores que convienen a todo hombre que merece el nombre de tal, al hombre libre habitante de la <italic>polis</italic> susceptible de desarrollar una vida propia netamente distinta de la que desarrollan los animales<xref ref-type="fn" rid="NOTE1">1</xref>.</p>
			</sec> 
			
			<sec id="S2.3">
			<title>2.3. Naturaleza humana de P&#x00ED;ndaro a Arist&#x00F3;teles</title>
			 
			<p>El horizonte de autocontrol y conocimiento incoado en el ideal pind&#x00E1;rico perder&#x00E1; toda carga mist&#x00E9;rica en Arist&#x00F3;teles, quien deslinda ya claramente la &#x00ED;ndole dual, hilem&#x00F3;rfica, de la naturaleza humana entendida como principio de operaciones, describe sus partes constitutivas y propone un cat&#x00E1;logo de virtudes para lograr su armonizaci&#x00F3;n. Partiendo del viejo ideal sapiencial, Arist&#x00F3;teles reconocer&#x00E1; que la plenitud de todo hombre consiste en la actualizaci&#x00F3;n de lo que le es propio, lo que es propio de su naturaleza humana, tambi&#x00E9;n a trav&#x00E9;s de la virtud.</p>
			 
			<p>Define esta como el ejercicio pr&#x00E1;ctico de la raz&#x00F3;n -la cualidad espec&#x00ED;ficamente humana de la que carecen el resto de los seres de la naturaleza- en la b&#x00FA;squeda y actualizaci&#x00F3;n del bien propio de su naturaleza, y precisa que solo mediante su aplicaci&#x00F3;n en el mundo el hombre puede llegar a dominar su oficio de hombre y a ser feliz. De esta forma al final de la antig&#x00FC;edad el hombre quedar&#x00E1; definitivamente emancipado de la <italic>moira</italic> y sus agentes mist&#x00E9;ricos -el or&#x00E1;culo o signo de los dioses- y se definir&#x00E1; como un ser de naturaleza dual (el animal racional aristot&#x00E9;lico) donde la fisura entre ambas partes queda suturada por la virtud, prerrogativa que el hombre sabio es capaz de ejercer por s&#x00ED; solo, sin intervenci&#x00F3;n divina, pero eso s&#x00ED;: en compa&#x00F1;&#x00ED;a de otros hombres -en el seno de la ciudad-. La <italic>polis</italic> es el contexto necesario para que el hombre pueda llegar a conquistar lo espec&#x00ED;ficamente humano de su naturaleza y, elev&#x00E1;ndose desde su naturaleza puramente animal, pueda llegar a ser verdaderamente hombre. Se enlaza as&#x00ED; con la idea de <italic>zoon politikon</italic>, la pieza que viene a completar el arco antropol&#x00F3;gico que se inicia con el descubrimiento de la <italic>physis</italic>. En efecto, el duplo aristot&#x00E9;lico animal racional/<italic>zoon politikon</italic> supone la c&#x00FA;spide de la evoluci&#x00F3;n antropol&#x00F3;gica que libera al hombre de la subyugaci&#x00F3;n a un orden c&#x00F3;smico ignoto e incognoscible, accesible solo mediante la triangulaci&#x00F3;n oracular que graciosamente otorgan los dioses.</p>
			 
			<p>Esta nueva antropolog&#x00ED;a de la independencia c&#x00F3;smica que se abre con la <italic>physis</italic> llega, pues, a su apogeo en Arist&#x00F3;teles. La antropolog&#x00ED;a aristot&#x00E9;lica del animal racional/<italic>zoon politikon</italic> sintetiza perfectamente la idea de que el hombre es, ciertamente y en primera instancia, un animal como los dem&#x00E1;s pero que en &#x00E9;l existe la posibilidad de elevarse desde su naturaleza hasta un estadio superior que le confiere un mayor rango ontol&#x00F3;gico. Esto es posible gracias a uno de sus elementos constitutivos, la inteligencia, que el hombre sabio es capaz de desplegar en un abanico de virtudes cuya &#x00FA;nica condici&#x00F3;n de posibilidad es la vida en la comunidad perfecta de la <italic>polis</italic>. Solo as&#x00ED; el hombre puede alcanzar la vida que le es propia, la dignidad de la vida propiamente humana, muy distinta de la vida animal. <italic>Sensu contrario</italic>, el hombre desgajado de la vida c&#x00ED;vica -ya sea por herencia o accidente (designio de la Fortuna)- est&#x00E1; abocado a una regresi&#x00F3;n de su humanidad. Es el caso del b&#x00E1;rbaro, del esclavo o de aquel que ha ca&#x00ED;do en desgracia. El suicidio es, en estas condiciones, la &#x00FA;nica salida l&#x00F3;gica; el &#x00FA;ltimo acto de dignidad humana antes de ser subsumido completamente en la categor&#x00ED;a animal.</p>
			</sec> 
			
			<sec id="S2.4">
			<title>2.4. Naturaleza humana en el cristianismo</title>
			 
			<p>Es muy importante reconocer con toda nitidez que el cristianismo se integra sin fisuras en este arco evolutivo de la antropolog&#x00ED;a occidental que se da desde el alumbramiento de la idea de <italic>physis</italic> y que viene a completar el proceso de independencia c&#x00F3;smica del hombre<xref ref-type="fn" rid="NOTE2">2</xref>. Igualmente importante es darse cuenta de que dicha independencia solo pudo completarse plenamente mediante el recurso a un elemento parad&#x00F3;jico que solo el cristianismo supo aportar. Este elemento no es otro sino la externalizaci&#x00F3;n completa del elemento ultramundano de la naturaleza humana hacia una regi&#x00F3;n exterior propiamente ultramundana, la Ciudad de Dios, en cuya construcci&#x00F3;n desde el mundo todos los hombres participan con igual dignidad inalienable. El cosmopolitismo de finales de la antig&#x00FC;edad encuentra as&#x00ED; justamente la salida a sus apor&#x00ED;as mediante la met&#x00E1;fora urban&#x00ED;stica de San Agust&#x00ED;n. Una nueva mirada a la gran s&#x00ED;ntesis aristot&#x00E9;lica del animal racional/pol&#x00ED;tico revela la profundidad de la soluci&#x00F3;n agustiniana: en tanto que racional, el animal-hombre puede alcanzar una dignidad superior espec&#x00ED;ficamente humana mediante el ejercicio de la virtud que posibilita la <italic>polis</italic> y que le equipara a los dioses. Pero si el &#x00E1;mbito de esa <italic>polis</italic> es exclusivamente intramundano los inevitables enfrentamientos y diferencias entre los hombres hacen imposible que todo hombre alcance la dignidad de la virtud. La humanidad ha de dividirse necesariamente entre los que s&#x00ED; y los que no; dignos e indignos; salvos y r&#x00E9;probos. Por este motivo solo el recurso a una Ciudad de Dios es capaz de salvar las diferencias de dignidad entre hombres, pues solo fuera de este mundo es posible hallar la perfecci&#x00F3;n. El cristianismo se&#x00F1;ala esta ciudad ultramundana como el verdadero destino del hombre, all&#x00E1; donde la verdadera Vida -trasunto de la vieja <italic>bios</italic> aristot&#x00E9;lica- es posible en todo su esplendor y a cuya construcci&#x00F3;n debe orientarse <italic>hic et nunc</italic> la vida humana en esa otra ciudad, intramundana, donde los fallos est&#x00E1;n descontados desde el principio pues no son sino mero reflejo de las necesarias inconsistencias individuales de todos sus miembros.</p>
			 
			<p>En estos tiempos de pertinaz materialismo filos&#x00F3;fico<xref ref-type="fn" rid="NOTE3">3</xref> se dir&#x00E1; que el recurso a la ultramundanidad es irrelevante. Nada m&#x00E1;s lejos de la realidad. El concurso del duplo categorial mundano/ultramundano es tan inevitable en antropolog&#x00ED;a metaf&#x00ED;sica como es la menci&#x00F3;n idealista/realista en las discusiones de filosof&#x00ED;a primera. No es posible erradicarlos del debate; afloran <italic>velis nolis</italic> tan pronto el punto de vista alcanza un grado de abstracci&#x00F3;n suficientemente alto. La prueba de ello es que en el intento contempor&#x00E1;neo por inmanentizar completamente la vida p&#x00FA;blica, la idea de <italic>utop&#x00ED;a</italic> aflora sin remisi&#x00F3;n en todas las ideolog&#x00ED;as. Como el profesor Dalmacio Negro ha recordado en numerosas ocasiones, “lo Pol&#x00ED;tico sali&#x00F3; del seno de lo Sagrado, de lo religioso, para velar por el orden social” (Negro <xref ref-type="bibr" rid="CIT04">2010</xref>, p. 33), y en la tensi&#x00F3;n que genera la irreductibilidad de estos dos polos esenciales se engendra el resto de las categor&#x00ED;as de la vida p&#x00FA;blica: el derecho, la justicia, lo social, etc. No es el momento para profundizar sobre las luengas consecuencias de esta inoportuna inmanentizaci&#x00F3;n de la vida p&#x00FA;blica en nuestros d&#x00ED;as, cuyo desarrollo discurrir&#x00ED;a sin duda a lo largo de algo tan familiar para todos nosotros como es el enga&#x00F1;o pol&#x00ED;tico, es decir, la mentira erigida como polo categorial complementario al de la utop&#x00ED;a. Sin embargo, s&#x00ED; creo relevante destacar que el cristianismo, al llevar a cabo la mencionada “externalizaci&#x00F3;n” de los elementos ultramundanos que conforman la naturaleza humana, extrae la dignidad humana de los condicionamientos y ambig&#x00FC;edades del &#x00E1;mbito de la praxis para entronizarla definitivamente y sin ambages en el campo ontol&#x00F3;gico. Esta es, a todas luces, la aportaci&#x00F3;n espec&#x00ED;ficamente cristiana al desarrollo de la antropolog&#x00ED;a occidental<xref ref-type="fn" rid="NOTE4">4</xref>. En efecto, al cifrar la perfecci&#x00F3;n humana como un l&#x00ED;mite que apunta hacia lo ultramundano y se alcanza colectivamente por suma de empe&#x00F1;os perfectibles, el ejercicio de la raz&#x00F3;n y de la virtud no preceden a la dignidad humana, sino que esta se revela como estrictamente constitutiva de la condici&#x00F3;n humana y, en consecuencia, es anterior a la acci&#x00F3;n y condici&#x00F3;n de posibilidad de esta<xref ref-type="fn" rid="NOTE5">5</xref>.</p>
			</sec>
			</sec>
			
			
			<sec id="S3">
			<title>3. DE LA NATURALEZA HUMANA COMO ORDEN CONSTRUCTIVO A LA “NATURALEZA L&#x00CD;QUIDA”</title>
			 
			<p>La breve investigaci&#x00F3;n anterior sobre el devenir hist&#x00F3;rico de la idea de naturaleza humana no est&#x00E1; ni mucho menos conclusa. La Reforma y la modernidad incluir&#x00E1;n cambios considerables cuyo tratamiento desborda el &#x00E1;mbito del presente art&#x00ED;culo. Lo que s&#x00ED; es importante destacar llegado este punto con vistas a la investigaci&#x00F3;n que nos interesa es que desde el principio el concepto de naturaleza humana supone un orden constructivo seg&#x00FA;n el cual al hombre le es dado atisbar el aspecto personal y din&#x00E1;mico de cada cual sustent&#x00E1;ndose en los aspectos trivialmente asequibles al entendimiento -aspectos f&#x00ED;sicos y funcionales que el hombre comparte con los animales y que Bauman calificar&#x00ED;a de “s&#x00F3;lidos”-.</p>
			 
			<p>A lo largo de toda la evoluci&#x00F3;n del concepto de naturaleza humana -que, como hemos visto, corre en paralelo con los avatares hist&#x00F3;ricos de la civilizaci&#x00F3;n occidental desde Tales de Mileto hasta el advenimiento del cristianismo- este orden constructivo permanece inalterado pues nunca dej&#x00F3; de considerarse que al conocimiento de la dimensi&#x00F3;n personal variable y din&#x00E1;mica del ser humano se llega sobre la firme base natural com&#x00FA;n a todos los individuos de la especie.</p>
			 
			<p>Siglos despu&#x00E9;s, a d&#x00ED;a de hoy, seg&#x00FA;n J. M. Burgos (<xref ref-type="bibr" rid="CIT03">2007</xref>), desde el punto de vista filos&#x00F3;fico, las posiciones acerca del concepto de naturaleza humana podr&#x00ED;an resumirse en tres grandes acepciones: la naturalista en sus distintas formas: materialista, empirista, mecanicista (desde el hombre-m&#x00E1;quina moderno hasta el <italic>cyborg</italic>), neoempirismo, positivismo, neurobiologicismo o reduccionismo gen&#x00E9;tico. Todas ellas, a la postre, id&#x00E9;nticas en lo esencial, a saber, la reducci&#x00F3;n del hombre a mera materia, a <italic>factum</italic> f&#x00ED;sico, gen&#x00E9;tico o neuronal. La mayor parte de los autores transhumansistas y quienes promueven el mejoramiento liberal radical, tienen este concepto de naturaleza humana. En segundo lugar, la naturaleza entendida en sentido sociocultural, donde esta no es un <italic>factum</italic> dado sino que se construye mediante la cultura y la libertad. De esta segunda perspectiva brotan dos vertientes, la sociocultural (el hombre se construye culturalmente y en sociedad), o bien donde la conciencia y la libertad son quienes constituyen el ser y la existencia (Sartre). En esta perspectiva se produce lo que he denominado <italic>deriva</italic> de la persona del ser al obrar, del ser al pensar o elegir, produci&#x00E9;ndose un olvido o desconocimiento total de lo que es el hombre ontol&#x00F3;gicamente. El olvido de una metaf&#x00ED;sica del ser y la reducci&#x00F3;n de este a sus actos (pensar o elegir libremente) ha llevado a algunos autores a afirmar que la persona es tal solo cuando piensa y elige aut&#x00F3;nomamente, as&#x00ED; por ejemplo P. Singer o H. T. Engelhardt.</p>
			 
			<p>En bio&#x00E9;tica las consecuencias son patentes: una persona en coma o un grave discapacitado mental no ser&#x00ED;an personas de pleno derecho. Contrariamente a estos autores, sostenemos la validez del aserto cl&#x00E1;sico <italic>agere sequitur esse</italic>, el obrar sigue al ser, para obrar y actuar (pensar y elegir), hay que ser o existir previamente. Por &#x00FA;ltimo, entre esas tres versiones del concepto de naturaleza, tendr&#x00ED;amos la versi&#x00F3;n cl&#x00E1;sica, teniendo esta a su vez dos formas diferenciadas. Una, la versi&#x00F3;n aristot&#x00E9;lico-tomista, en sus formas cl&#x00E1;sicas o en sus formas contempor&#x00E1;neas (A. MacIntyre, R. Spaemann, M. Ronheimer o A. M. Gonz&#x00E1;lez); y otra, que ser&#x00ED;a la personalista con elementos de ontolog&#x00ED;a cl&#x00E1;sica y fenomenolog&#x00ED;a contempor&#x00E1;nea; en esta &#x00FA;ltima acepci&#x00F3;n tendr&#x00ED;amos a J. Seifert, K. Woityla y J. M. Burgos, entre otros. Seg&#x00FA;n esta &#x00FA;ltima concepci&#x00F3;n de la naturaleza humana ser&#x00ED;a necesaria una reformulaci&#x00F3;n del concepto de naturaleza cl&#x00E1;sica. Esta no debiera ser reducida bien a <italic>factum</italic>, o bien a conciencia, sino a una s&#x00ED;ntesis entre estas dos dimensiones. La naturaleza posee un dinamismo (apertura, no fisicismo), no est&#x00E1; terminada, tiene una serie de virtualidades por explicitar. Posee inclinaciones naturales que orientan su obrar y una “autoteleolog&#x00ED;a” (no solo teleolog&#x00ED;a). La raz&#x00F3;n pr&#x00E1;ctica, libre, abierta e hist&#x00F3;rico-cultural, ir&#x00ED;a reformulando lo bueno y conveniente para el hombre, mediante una interioridad e intencionalidad (resonancia cl&#x00E1;sica, F. Brentano, E. Husserl y P. Ricoeur) que juega un papel importante a la hora de valorar bio&#x00E9;ticamente las intervenciones sobre esta naturaleza humana, tanto para el hombre que vive hoy como para las generaciones futuras. Desde esta perspectiva, en mi opini&#x00F3;n, la m&#x00E1;s adecuada porque no reduce a la persona ni a materia ni a conciencia, porque capta aspectos del ser constante del hombre, de su naturaleza, y otros cambiantes, indeterminados, el hombre encontrar&#x00ED;a en s&#x00ED; mismo un ser dado, una serie de inclinaciones que dan orientaciones fundamentales para guiar la existencia humana (vivir, comer, pensar y buscar la verdad, etc.). As&#x00ED;, mediante su raz&#x00F3;n pr&#x00E1;ctica, decide en cada situaci&#x00F3;n qu&#x00E9; es lo bueno para orientar su existencia hacia el bien en sentido global, de toda la persona, y en sentido social, hacia el bien com&#x00FA;n de las personas.</p>
			 
			<p>Con el abandono del concepto cl&#x00E1;sico de naturaleza en su formulaci&#x00F3;n contempor&#x00E1;nea, y con la aceptaci&#x00F3;n mayoritaria del concepto empirista y su reducci&#x00F3;n a lo biol&#x00F3;gico, se ha producido la incapacidad para entender completamente la naturaleza humana como “principio de operaciones”, como <italic>physis</italic>, como un <italic>factum</italic> dado que a su vez incluye y es guiado por la recta raz&#x00F3;n, no completamente aut&#x00F3;noma sino en el reconocimiento de lo que esta es previamente a su conciencia (inclinaciones naturales que el hombre no puede obviar). En esa unidad-dual de la naturaleza humana, con una vertiente corporal y otra no reductible a lo corporal, &#x00ED;ntima y primigeniamente unidas, en uni&#x00F3;n constitutiva originaria, din&#x00E1;mica, cambiante y autoteleodirigida por el mismo hombre, este puede elegir o rechazar esos procesos (realizar aquello que los cl&#x00E1;sicos llamar&#x00ED;an actos <italic>contra</italic> <italic>natura</italic>: no beber, no comer, etc.), incluso puede intentar ir contra procesos biol&#x00F3;gicos naturales como el envejecer, en contra de su devenir.</p>
			 
			<p>Nos encontramos en una situaci&#x00F3;n en que el concepto de naturaleza humana cl&#x00E1;sico y moderno ha sido abandonado o reducido a materia y conciencia, a la postre a actividad neuronal. Una situaci&#x00F3;n en que la biotecnolog&#x00ED;a moldea la naturaleza a voluntad del hombre individual y de la ciencia; es en este sentido en el que creo que el concepto actual que definir&#x00ED;a mejor la situaci&#x00F3;n ser&#x00ED;a el de “naturaleza l&#x00ED;quida”, permanentemente cambiante. No se reconocen los l&#x00ED;mites biol&#x00F3;gicos de la naturaleza humana y se quieren alterar (vivir indefinidamente, cambiar sus bases biol&#x00F3;gicas, corregir defectos gen&#x00E9;ticos, cambiar de sexo o incluso afirmar que no estamos definidos sexualmente, cromos&#x00F3;mica ni gen&#x00E9;ticamente).</p>
			 
			<p>Es en este escenario donde se encuentra la bio&#x00E9;tica contempor&#x00E1;nea: para muchos autores, incluidos los transhumanistas, todo es posible, no hay nada dado, y si lo hay es accidental. No comparto esta visi&#x00F3;n, tanto en sus premisas te&#x00F3;ricas como en las implicaciones bio&#x00E9;ticas que conlleva. Si bien considero que existen aspectos cambiantes, corresponde a la bio&#x00E9;tica, una &#x00E9;tica aplicada, discernir y valorar qu&#x00E9; cambios son buenos para el hombre y las generaciones futuras y cu&#x00E1;les no porque ponen en juego su vida, su libertad, la justicia y la equidad, fundamentalmente.</p>
			</sec>
			
			
			<sec id="S4">
			<title>4. COROLARIO BIO&#x00C9;TICO</title>
			 
			<p>El advenimiento de la biotecnolog&#x00ED;a de las &#x00FA;ltimas d&#x00E9;cadas y la posibilidad de cambiar las bases biol&#x00F3;gicas de la vida humana y del resto de los seres vivos ha inducido a pensar que, debido a que la manipulaci&#x00F3;n de aspectos gen&#x00E9;ticos y fisiol&#x00F3;gicos hasta ahora tenidos por inalterables es posible, los cambios sobre el orden constructivo de la naturaleza humana son por tanto deseables y buenos. Se ha producido un salto injustificado desde una posibilidad tecnol&#x00F3;gica al plano de las valoraciones &#x00E9;ticas. No tiene por qu&#x00E9; ser bueno para el hombre y para el ecosistema todo aquello que podamos realizar. No es &#x00E9;tico todo aquello que es posible cient&#x00ED;ficamente. El tiempo y la experiencia han demostrado la verdad de estas dos aserciones. Corresponde a la persona racional valorar, juzgar con su propia raz&#x00F3;n de qu&#x00E9; manera estos cambios afectan al ser humano y a las generaciones futuras; y decidir, con prudencia, responsabilidad y justicia qu&#x00E9; es bueno hacer o no.</p>
			 
			<p>El crecimiento en conocimiento cient&#x00ED;fico no ha ido acompa&#x00F1;ado en paralelo por una reflexi&#x00F3;n acerca de las implicaciones &#x00E9;ticas que estos cambios producir&#x00ED;an en las personas actuales y en las generaciones futuras. Al menos no ha sido pensado con el debido rigor y suficiente profundidad. Algunas propuestas radicales de aplicaci&#x00F3;n de estas nuevas t&#x00E9;cnicas, como son por ejemplo las del transhumanismo, <italic>enhancement</italic> o mejoramiento radical, suponen de hecho la inversi&#x00F3;n del orden constructivo propio de la naturaleza humana tal y como ha venido consider&#x00E1;ndose hasta ahora. Se pretende alterar la naturaleza humana para que mejoremos f&#x00ED;sicamente y alarguemos nuestra existencia eliminando de ella todos aquellos aspectos indeseables como son el sufrimiento, el dolor e incluso la muerte. Lo biof&#x00ED;sico dejar&#x00ED;a de ser suelo constructivo para convertirse en algo voladizo ornamental. Muchas de las intervenciones planteadas por el transhumanismo y el mejoramiento gen&#x00E9;tico, cognitivo, f&#x00ED;sico, afectivo o moral van en esta l&#x00ED;nea (Savulescu <xref ref-type="bibr" rid="CIT08">2012</xref>; Savulescu y Bostrom, <xref ref-type="bibr" rid="CIT09">2012</xref>). Una vez desaparecida la idea de una naturaleza determinada, o reducida esta a sus aspectos meramente cuantificables, y ante las posibilidades que nos abre la biotecnolog&#x00ED;a, incluida la posibilidad de alargar la existencia humana o una hipot&#x00E9;tica criogenizaci&#x00F3;n de partes del organismo humano, el problema no es tanto de &#x00ED;ndole cient&#x00ED;fico-tecnol&#x00F3;gica cuanto de &#x00ED;ndole &#x00E9;tica y, en &#x00FA;ltima instancia, de antropolog&#x00ED;a metaf&#x00ED;sica: qui&#x00E9;nes somos en cuanto hombres y cu&#x00E1;l es el mejoramiento y el perfeccionamiento que nos corresponde en cuanto tales. ¿Hacia d&#x00F3;nde queremos llevar a nuestra especie?, ¿hacia d&#x00F3;nde dirige sus pasos la ciencia y la filosof&#x00ED;a?</p>
			 
			<p>El transhumanismo y el llamado mejoramiento humano radical reducen la naturaleza humana a una de sus dos dimensiones, la material; por lo general son fisicalistas. Al mismo tiempo, se produce una desteleologizaci&#x00F3;n de la naturaleza (negaci&#x00F3;n de que existan inclinaciones naturales) y una incapacidad para entender qu&#x00E9; le pasa al hombre y qu&#x00E9; es lo deseable para &#x00E9;l. J. Savulescu, T. Douglas, A. Buchanan, N. Agar y todos los <italic>enhancers</italic> interpretan la naturaleza humana desde una perspectiva mecanicista y reduccionista; para ellos la naturaleza no plantea problemas ni acotaciones, ni virtualidades preexistentes a una libertad. La libertad hace al hombre. Desde su perspectiva utilitarista, legitiman cualquier acci&#x00F3;n siempre que no haga da&#x00F1;o a otros y produzca cierta utilidad y beneficios. Estamos ante un <italic>enhancement</italic> utilitarista y libertario. Critican abiertamente a Leon Kass, M. Sandel y a todos los “bioconservadores” diciendo que realizan una apolog&#x00ED;a de la “mediocridad humana”, no permitiendo que el hombre evolucione hacia especies superiores (que sufran menos, que vivan m&#x00E1;s e incluso que no mueran).</p>
			 
			<p>La tesis de la naturaleza reducida a materia, a mi modo de ver, presenta numerosos problemas y ha habido numerosos autores que la han criticado. No solo por el da&#x00F1;o a la naturaleza humana hoy, sino por las alteraciones globales que se pueden introducir en la especie y en el ecosistema. Ahora bien, en un modelo en el que el hombre no es m&#x00E1;s que una pieza independiente, sin valor especial respecto al resto de los entes naturales, no pasa nada si este desaparece y aparece una especie nueva. En su perspectiva desaparecen o se diluyen los conceptos de dignidad humana y de persona.</p>
			 
			<p>Estos autores aceptan y asumen la filosof&#x00ED;a moderna, especialmente la que se inspira en Hume, el empirismo y el neo-empirismo, y caen en una asunci&#x00F3;n de la misma totalmente acr&#x00ED;tica, porque carece de la confrontaci&#x00F3;n con otras teor&#x00ED;as. Afirman que <italic>ens est percipi</italic>, es decir, que el hombre es una realidad material, un cuerpo, una estructura, excluyendo sus inclinaciones naturales, su finalidad intr&#x00ED;nseca o la existencia en &#x00E9;l de algo inmaterial. Para ellos el hombre es materia, genes, c&#x00E9;lulas y neuronas. De este modo se opera un reduccionismo biologicista que, unido a la “falacia naturalista”, establece que no es posible fijar una &#x00E9;tica que surja de la naturaleza humana (finalizada y racional). Los fines, seg&#x00FA;n esta teor&#x00ED;a, son elegidos o de modo aut&#x00F3;nomo por la racionalidad de la persona o bien por criterios extr&#x00ED;nsecos de una utilidad pragm&#x00E1;tica. El hombre, por lo tanto, es considerado como un mecanismo material complejo, que funciona como una m&#x00E1;quina. A este reduccionismo materialista se une adem&#x00E1;s un segundo nivel de reduccionismo, el reduccionismo neuronal. Somos sobre todo conexiones neuronales. Para estos autores, el d&#x00ED;a en que el hombre pueda descifrar con claridad c&#x00F3;mo funciona el cerebro, habremos descubierto c&#x00F3;mo funciona el hombre entero.</p>
			</sec>
			
			
			<sec id="S5">
			<title>5. CONCLUSI&#x00D3;N</title>
			 
			<p>El concepto de naturaleza humana se remonta al origen de la filosof&#x00ED;a y a la idea de <italic>physis</italic>. Desde el principio supone un esfuerzo por precisar la articulaci&#x00F3;n entre dos tipos de elementos de anta&#x00F1;o percibidos en el hombre e irreductibles entre s&#x00ED;: los asimilables a aspectos biol&#x00F3;gico-funcionales compartidos con el resto del reino animal, y otros, de m&#x00E1;s dif&#x00ED;cil concreci&#x00F3;n, que apuntan hacia la apertura de posibilidades asociada a la creatividad y las funciones intelectuales superiores espec&#x00ED;ficas del hombre. Desde el principio estas dos series de elementos se estructuran como un orden constructivo donde lo biol&#x00F3;gico-funcional sirve de basamento a lo psicol&#x00F3;gico-creativo-intelectual. En un primer momento este orden superior se adscribir&#x00E1; a la influencia m&#x00E1;gica de un orden ultramundano concomitante sobre algunos individuos concretos. La evoluci&#x00F3;n posterior del pensamiento occidental llegar&#x00E1;, en &#x00E9;poca helen&#x00ED;stica, a la admisi&#x00F3;n de que todos los hombres se hallan en el mismo plano de perfectibilidad pero que este supone un camino incierto al estar condicionado a su inserci&#x00F3;n en el seno de un &#x00E1;mbito pol&#x00ED;tico especial, la <italic>polis</italic>, y ser mu&#x00F1;eco, adem&#x00E1;s, del vaiv&#x00E9;n de las circunstancias de cada biograf&#x00ED;a particular cuyo saldo en fracaso prescribe el suicidio antes que la indignidad. La naturaleza humana no alcanzar&#x00E1; su independencia completa -tanto del cosmos como de la fortuna- sino con el advenimiento del cristianismo. La modernidad introduce nuevos elementos a la hora de conocer y apreciar la naturaleza humana y a la postre esta queda reducida para muchos a algo meramente cuantificable, con piezas intercambiables seg&#x00FA;n la voluntad humana guiada por los criterios de la ciencia.</p>
			 
			<p>El advenimiento de la biotecnolog&#x00ED;a contempor&#x00E1;nea est&#x00E1; propiciando la creencia falaz en una “naturaleza l&#x00ED;quida o invertida” seg&#x00FA;n la cual, mediante la aplicaci&#x00F3;n de ciertas nuevas t&#x00E9;cnicas (de manipulaci&#x00F3;n gen&#x00E9;tica y celular, de intervenci&#x00F3;n f&#x00ED;sico-bioqu&#x00ED;mica y de combinaci&#x00F3;n de elementos biol&#x00F3;gicos y nanoelectr&#x00F3;nicos), ser&#x00ED;a posible redefinir la identidad del ser humano tanto a nivel individual como al nivel de especie. Si no hay una naturaleza humana dada, est&#x00E1; en nuestras manos y en nuestra conciencia decidir qu&#x00E9; es lo bueno y deseable. Estas intervenciones plantean numerosos problemas bio&#x00E9;ticos, entre los cuales deseo destacar la eugenesia mejorativa radical y las intervenciones sobre el patrimonio gen&#x00E9;tico en su l&#x00ED;nea germinal, no som&#x00E1;tica. Apuestan por la eliminaci&#x00F3;n de embriones o fetos humanos con patolog&#x00ED;as no solo graves o severas. Esto supone obviamente contravenir algunas de las reglas fundamentales que las sociedades modernas se han dado y conculcan derechos fundamentales entre los que est&#x00E1;n el derecho a la vida, a la libertad y a la justicia. Otras intervenciones supuestamente mejorativas todav&#x00ED;a no est&#x00E1;n avaladas por suficientes estudios a largo plazo y adem&#x00E1;s no respetan el principio de precauci&#x00F3;n y de responsabilidad en &#x00E9;tica de la investigaci&#x00F3;n. Todo esto no quiere decir que no sea &#x00E9;tico cierto mejoramiento biotecnol&#x00F3;gico. Hemos de ver qu&#x00E9; significan cada una de esas intervenciones, qu&#x00E9; conllevan, qu&#x00E9; intenci&#x00F3;n y finalidad tienen y qu&#x00E9; medios utilizan. Una por una, estudi&#x00E1;ndolas con detalle.</p>
			 
			<p>En las pr&#x00F3;ximas d&#x00E9;cadas las tecnolog&#x00ED;as ir&#x00E1;n cambiando, igual que ayer se descubri&#x00F3; la nueva t&#x00E9;cnica CRISPR/Cas9 de <italic>gene editing</italic>, ma&#x00F1;ana ser&#x00E1; otra t&#x00E9;cnica y dentro de 50 a&#x00F1;os otras. Hay que estar abiertos a estas posibilidades siempre que no da&#x00F1;en al ser humano (<italic>primum non nuocere</italic>), est&#x00E9;n al servicio del progreso humano y del bien com&#x00FA;n y siempre que no conculquen derechos fundamentales o violen normas fundamentales de la &#x00E9;tica y de la convivencia humana. Las posibilidades terap&#x00E9;uticas de la biotecnolog&#x00ED;a son magn&#x00ED;ficas e ir&#x00E1;n en aumento, la medicina regenerativa de tejidos humanos ofrece unos horizontes realmente positivos para la curaci&#x00F3;n de ciertas enfermedades. Probablemente llegaremos a vivir muchos m&#x00E1;s a&#x00F1;os y tendremos implantes nanotecnol&#x00F3;gicos en nuestro cuerpo. Tendremos que valorar, paso a paso qu&#x00E9; significan estas intervenciones. En las d&#x00E9;cadas futuras nos esperan problemas nuevos, t&#x00E9;cnicas nuevas que plantear&#x00E1;n interrogantes &#x00E9;ticos acerca de la conveniencia y de la bondad de dichas intervenciones, tanto para la persona concreta en la que estas se producen como para las generaciones futuras y para el ecosistema.</p>
			 
			<p>Estamos cambiando las bases biol&#x00F3;gicas de la especie humana y de otros seres vivientes; todo ello, a menudo, sin la debida virtud de la prudencia y de la precauci&#x00F3;n que valoren a medio y largo plazo cu&#x00E1;les ser&#x00E1;n las consecuencias de dichas intervenciones. A mi modo de ver, es necesario que la bio&#x00E9;tica se interrogue sobre cada una de ellas, no basta que el fin de la intervenci&#x00F3;n biotecnol&#x00F3;gica sea bueno para el ser humano en quien se realiza. Es necesaria una valoraci&#x00F3;n pormenorizada que tenga en cuenta muchas variables, entre ellas el respeto debido a toda vida humana, la libertad, la justicia y la equidad a la hora de realizar ciertas intervenciones, as&#x00ED; como el impacto de estos cambios en la ecolog&#x00ED;a y el ecosistema global. Es un desaf&#x00ED;o suficientemente amplio e importante para que los estudiosos de bio&#x00E9;tica est&#x00E9;n ocupados en este siglo y milenio apenas comenzado. Tenemos algo grande en nuestras manos y hemos de proceder con la responsabilidad que le corresponde al hombre sabio consciente de ello. En suma, acompa&#x00F1;ar el desarrollo biotecnol&#x00F3;gico de una reflexi&#x00F3;n sapiencial paralela que valore el alcance de estas intervenciones y todo lo que est&#x00E1; en juego.</p>
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			<title>NOTAS</title>
		
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				<fn id="NOTE1"><label>1</label>
					<p>Es interesante destacar que la ra&#x00ED;z del prefijo <italic>bio</italic>, que hoy se usa para designar la mayor&#x00ED;a de las disciplinas que tienen que ver con la vida, en griego antiguo se refer&#x00ED;a solo a la vida del hombre reservando la ra&#x00ED;z <italic>zoos</italic> para la vida de los animales. Con este uso es como si los animales quedaran “antropometamorfoseados”</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE2"><label>2</label>
					<p>Es de rigor mencionar el car&#x00E1;cter desmitificador del cristianismo y llamar la atenci&#x00F3;n sobre el error com&#x00FA;n entre un cierto pensamiento cientificista, que no solo ignora este hecho sino que atribuye al cristianismo la orientaci&#x00F3;n oscurantista-mist&#x00E9;rica de las antiguas religiones c&#x00F3;smicas que, precisamente, el cristianismo dej&#x00F3; obsoletas.</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE3"><label>3</label>
					<p>Medios proclives al cientifismo -generalmente de corte biotecnol&#x00F3;gico- gustan de proyectar la imagen de que las cuestiones relativas al debate filos&#x00F3;fico entre realismo e idealismo han quedado obsoletas en favor de un amplio abanico de inconsistencias que se vienen etiquetando como materialismo cient&#x00ED;fico. La realidad es que los intentos serios -profesionalmente competentes desde un punto de vista filos&#x00F3;fico- por suturar esta secular divisi&#x00F3;n de escuelas filos&#x00F3;ficas son escasos, marginales y no han conseguido concitar grandes consensos.</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE4"><label>4</label>
					<p>Este &#x00E1;mbito dial&#x00E9;ctico de mundaneidad/ultramundaneidad no es solo el lugar donde hist&#x00F3;ricamente se descubre la dignidad humana sino que es su h&#x00E1;bitat natural, fuera del cual sus cimientos se muestran tambaleantes e inseguros. As&#x00ED; es como hay que ver el intento de inmanentizaci&#x00F3;n de la dignidad humana que supone la emisi&#x00F3;n de “derechos humanos” por parte de algunas instituciones supranacionales. En estas condiciones, estos supuestos derechos no son m&#x00E1;s que concesiones subjetivas que lo mismo pueden ampliarse que recortarse seg&#x00FA;n el capricho -o el inter&#x00E9;s- de los que deciden en estas instituciones paraestatales.</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE5"><label>5</label>
					<p>Varios grupos de influencia utilitarista y funcionalista sostienen que la dignidad humana no es un valor intr&#x00ED;nseco, ontol&#x00F3;gico, inherente a la naturaleza humana, sino algo que depende de ciertas condiciones mentales, funcionales, celulares, materialistas y biof&#x00ED;sicas. Seg&#x00FA;n este criterio, se producir&#x00ED;a la desaparici&#x00F3;n de la dignidad humana bajo determinadas condiciones como la demencia senil o la carencia de estados prolongados de conciencia, adscribi&#x00E9;ndose a este punto de vista por el que la dignidad humana no es constitutiva sino circunstancial.</p>
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			<title>BIBLIOGRAF&#x00CD;A</title>
				
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			  <comment>[En l&#x00ED;nea]. Disponible en: <ext-link ext-link-type="uri" xlink:href="http://www.nickbostrom.com/views/transhumanist.pdf">http://www.nickbostrom.com/views/transhumanist.pdf</ext-link></comment>
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			  <article-title>Transhumanesimo e postumano: principi teorici e implicazioni bioetiche</article-title>
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			  <chapter-title>Naturaleza humana y problemas bio&#x00E9;ticos del transhumanismo y el mejoramiento humano</chapter-title>
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