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			<journal-id journal-id-type="publisher-id">Arbor</journal-id>
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				<journal-title>ARBOR Ciencia, Pensamiento y Cultura</journal-title>
				<abbrev-journal-title>Arbor</abbrev-journal-title>
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			<issn pub-type="ppub">0210-1963</issn>
			<issn pub-type="epub">1988-303X</issn>
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				<publisher-name>Consejo Superior de Investigaciones Cient&#x00ED;ficas</publisher-name>
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			<article-id pub-id-type="publisher-id">arbor.2019.793n3004</article-id>
			<article-id pub-id-type="doi">10.3989/arbor.2019.793n3004</article-id>
			 
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				<subj-group subj-group-type="heading">
				<subject>LA CRISIS HIPOTECARIA: IMPACTOS Y RESPUESTAS SOCIALES EN CATALU&#x00D1;A / MORTGAGE CRISIS: SOCIAL IMPACTS AND RESPONSES IN CATALONIA</subject>
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				<article-title>Sobrendeudamiento, ejecuciones hipotecarias y cuestionamiento de la legitimidad de las deudas</article-title>
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					<trans-title>Over-indebtedness, home repossessions and the challenging of debt legitimacy</trans-title>
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				<alt-title alt-title-type="running-head">Sobrendeudamiento, ejecuciones hipotecarias y cuestionamiento de la legitimidad de las deudas</alt-title>
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					 <surname>Sabat&#x00E9; Muriel</surname>
					 <given-names>Irene</given-names>
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			<aff id="U1">Universitat de Barcelona</aff>
			
			<author-notes>
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					ORCID iD: <ext-link ext-link-type="uri" xlink:href="http://orcid.org/0000-0001-8470-0765">http://orcid.org/0000-0001-8470-0765</ext-link>
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			<pub-date pub-type="epub">
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				<year>2019</year>
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			<pub-date pub-type="collection">
			<year>2019</year>
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			<volume>195</volume>
			<issue>793</issue>
			
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					<license-p>Este es un art&#x00ED;culo de acceso abierto distribuido bajo los t&#x00E9;rminos de la licencia de uso y distribuci&#x00F3;n Creative Commons Reconocimiento 4.0 Internacional (CC BY 4.0).</license-p>
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			<abstract xml:lang="es">
				<title>RESUMEN</title>
				<p>Como consecuencia de la crisis econ&#x00F3;mica, inmobiliaria y financiera experimentada en Espa&#x00F1;a en los &#x00FA;ltimos a&#x00F1;os, muchos deudores hipotecarios no pueden hacer frente a sus cuotas y corren el riesgo de perder sus viviendas, en ocasiones conservando una deuda imposible de afrontar. El sobrendeudamiento y la morosidad hipotecaria abocan as&#x00ED; a ciertas econom&#x00ED;as dom&#x00E9;sticas a situaciones insostenibles que pueden llevar a una reordenaci&#x00F3;n de los gastos y necesidades, entre los que las cuotas hipotecarias dejan de tener prioridad. La legitimaci&#x00F3;n de la condici&#x00F3;n de moroso que puede observarse en esos casos es un fen&#x00F3;meno con importantes implicaciones antropol&#x00F3;gicas, en la medida en que constituye un cuestionamiento de la obligaci&#x00F3;n de devolver el pr&#x00E9;stamo. Desde el punto de vista de los deudores y de quienes les brindan apoyo, caer en el impago, lejos de constituir una transgresi&#x00F3;n moralmente reprobable, puede entenderse como un acto de responsabilidad que tiende al sostenimiento de la vida.</p>
			</abstract>
											
			<trans-abstract xml:lang="en">
				<title>ABSTRACT</title>
				<p>As a consequence of the economic, financial and real-estate crisis experienced in Spain during recent years, many mortgage debtors cannot meet their repayments and are at risk of remaining seriously indebted after the eviction. Over-indebtedness and mortgage default lead domestic economies to unsustainable situations that are forcing people to reorganize needs and expenses, and to reconsider the priority of mortgage repayments. The legitimization of the condition of the defaulting mortgagor that can be observed in such cases has important implications in anthropological terms, as it entails a challenge to the obligation to repay. From the viewpoint of debtors, and of those who support them, entering default, far from being a reprehensible action in moral terms, can be understood as an act of responsibility aimed at sustaining life.</p>
			</trans-abstract>
			

			<kwd-group xml:lang="es">							
				<title>PALABRAS CLAVE</title>
				<kwd>hipotecas</kwd>
				<kwd>deuda y cr&#x00E9;dito</kwd>
				<kwd>vivienda</kwd>
				<kwd>ejecuciones hipotecarias</kwd>
				<kwd>desahucios</kwd>
				<kwd>Barcelona</kwd>
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				<title>KEYWORDS</title> 			
				<kwd>mortgages</kwd>	
				<kwd>debt and credit</kwd>
				<kwd>housing</kwd>
				<kwd>home repossessions</kwd>
				<kwd>evictions</kwd>
				<kwd>Barcelona</kwd>
			</kwd-group>			
		
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		<sec id="S1">
			<title>LA INSOSTENIBILIDAD DE LA DEUDA HIPOTECARIA</title>

			<p>En 1996, cuando Esmeralda (v&#x00E9;ase <xref ref-type="table" rid="T1">tabla 1</xref>) y su marido ingresaban entre 3.000 y 4.000 euros mensuales por sus respectivos trabajos en la construcci&#x00F3;n y en una peluquer&#x00ED;a propia, una cuota hipotecaria de algo menos de 1.000 euros resultaba perfectamente asumible. Fue as&#x00ED; como se decidieron a comprar su vivienda actual en l’Hospitalet de Llobregat y luego, hacia 2004, ampliaron la hipoteca para adquirir tambi&#x00E9;n un apartamento en la costa de Castell&#x00F3;n. Esta segunda compra, m&#x00E1;s que a una decisi&#x00F3;n aventurada, obedec&#x00ED;a a una previsi&#x00F3;n de futuro por parte de la pareja: aut&#x00F3;nomos ambos, pensaron que la inversi&#x00F3;n en una segunda residencia servir&#x00ED;a para complementar sus futuras pensiones, previsiblemente bajas. No obstante, en 2014, tras dieciocho a&#x00F1;os cumpliendo con sus obligaciones financieras, los problemas de salud, sumados al desempleo de larga duraci&#x00F3;n, obligaron a Esmeralda y a su marido a dejar de pagar las cuotas. Hoy subsisten con una pensi&#x00F3;n de 408 euros, con la que mantienen tambi&#x00E9;n a su hijo menor, y se encuentran en riesgo de perder los dos inmuebles ante Bankia, con quien tratan de negociar una salida que les permita conservar un lugar donde habitar de manera asequible y estable.</p>

			<p>El caso de Esmeralda ilustra las circunstancias en que se encuentran los deudores espa&#x00F1;oles que, a&#x00F1;os despu&#x00E9;s de contraer la deuda hipotecaria, se ven incapaces de satisfacer las cuotas. En la mayor parte de los casos, son v&#x00ED;ctimas de circunstancias estructurales (v&#x00E9;ase Sales i Campos, <xref ref-type="bibr" rid="CIT20">2014</xref>, p. 11) incontrolables o dif&#x00ED;cilmente pronosticables, como la p&#x00E9;rdida del trabajo o el deterioro de las condiciones laborales, la desvalorizaci&#x00F3;n de los inmuebles, el aumento de los tipos de inter&#x00E9;s, los problemas de salud, las rupturas de pareja, etc. As&#x00ED;, mientras que el nivel de ingresos y la capacidad de movilizar recursos por otras v&#x00ED;as -como las redes de apoyo informales o la asistencia social- disminuyen en los largos a&#x00F1;os de la crisis econ&#x00F3;mica (Lorenzo Gilsanz, <xref ref-type="bibr" rid="CIT11">2014</xref>, p. 212), las obligaciones financieras se mantienen o se endurecen. A lo largo de este tiempo muchas familias han visto empeorar dr&#x00E1;sticamente la relaci&#x00F3;n entre sus ingresos y sus gastos<xref ref-type="fn" rid="NOTE1">1</xref>, hasta el punto de verse ante la amenaza de perder la vivienda (Carbonero Mu&#x00F1;oz y Ruiz Vega, <xref ref-type="bibr" rid="CIT04">2016</xref>, p. 52; Cabrera, <xref ref-type="bibr" rid="CIT02">2004</xref>, p. 13). Como factores de ese empeoramiento se encuentra el aumento de los &#x00ED;ndices que regulan el pago de intereses, el efecto de las cl&#x00E1;usulas suelo, as&#x00ED; como las refinanciaciones que, si bien suponen un alivio moment&#x00E1;neo, provocan a la postre un aumento de las cuotas y de la deuda total por la que se ha de responder, tal y como nos explicaban un abogado del departamento de contenciosos de uno de los principales bancos:</p>

							<disp-quote><p>“Muchas de las refinanciaciones que se han hecho a lo largo de estos tres &#x00FA;ltimos a&#x00F1;os [2009-2012] est&#x00E1;n entrando otra vez en mora y se est&#x00E1;n ejecutando. Porcentajes no s&#x00E9;… pero m&#x00E1;s del cincuenta… seguro. Se ha estado postergando el problema [...]. O se ha agravado, porque lo que se hace es que con la carencia est&#x00E1;s generando m&#x00E1;s intereses, y el d&#x00ED;a de ma&#x00F1;ana te das cuenta de que tienes m&#x00E1;s deuda que al principio. Quiz&#x00E1; la intenci&#x00F3;n inicial de hacer la refinanciaci&#x00F3;n era cuando no se cre&#x00ED;a que esta situaci&#x00F3;n iba a durar tanto. Que la econom&#x00ED;a se reactivar&#x00ED;a en dos… tres a&#x00F1;os y por tanto podr&#x00ED;an hacer frente a la nueva cuota cuando venciera la carencia. Cosa que no se est&#x00E1; dando. Entonces provocas que entren otra vez...”.</p></disp-quote>

			<p>Asimismo, las situaciones de morosidad suponen una amenaza tanto para los propios deudores como, de haberlos, para sus avaladores, dado que todos ellos responden ante el acreedor con su patrimonio e ingresos.</p>

			<p>Esta suma de circunstancias aboca a las econom&#x00ED;as dom&#x00E9;sticas a situaciones insostenibles, en un proceso multifactorial que resulta pertinente analizar en t&#x00E9;rminos antropol&#x00F3;gicos. As&#x00ED; pues, ¿qu&#x00E9; implicaciones tiene la situaci&#x00F3;n de morosidad hipotecaria para sus protagonistas, en t&#x00E9;rminos de atribuci&#x00F3;n y asunci&#x00F3;n de responsabilidades, tanto en t&#x00E9;rminos retrospectivos y morales -cuando se identifican los factores y las pr&#x00E1;cticas que han llevado a la actual situaci&#x00F3;n- como en sus proyecciones de futuro -al intentar trazar estrategias que permitan salir adelante? ¿C&#x00F3;mo evolucionan estas atribuciones y asunciones de responsabilidad, y en qu&#x00E9; medida lo hacen en relaci&#x00F3;n con cambios en las prioridades de la econom&#x00ED;a dom&#x00E9;stica a lo largo del proceso de ejecuci&#x00F3;n hipotecaria?</p>

			<p>Trataremos de dar respuesta a estas preguntas de investigaci&#x00F3;n mediante una aproximaci&#x00F3;n cualitativa a los casos concretos de deudores que describen -en primera persona y desde la &#x00F3;ptica de la econom&#x00ED;a dom&#x00E9;stica- sus experiencias y percepciones ante la amenaza de la ejecuci&#x00F3;n hipotecaria. Lo veremos sobre la base de una serie de datos etnogr&#x00E1;ficos recogidos en el &#x00E1;rea metropolitana de Barcelona entre los a&#x00F1;os 2012 y 2015, a trav&#x00E9;s de entrevistas semidirigidas y de sesiones de observaci&#x00F3;n durante asambleas y movilizaciones de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) (los datos de los informantes se recogen en la <xref ref-type="table" rid="T1">tabla 1</xref>).</p>

					<fig id="T1">
						<label>Tabla 1</label>
						<caption>
							<title>Datos de los informantes y situaci&#x00F3;n de la deuda hipotecaria</title>
							<p>Fuente: Elaboraci&#x00F3;n propia.</p>
						</caption>
						<graphic xmlns:xlink="http://www.w3.org/1999/xlink" xlink:href="../images/T1.jpg"/>
					</fig>
			
			<sec id="S1.1">
				<title>Significados cambiantes</title>

					<p>En situaciones de <italic>distr&#x00E9;s financiero</italic> (Sabat&#x00E9;, <xref ref-type="bibr" rid="CIT19">2018</xref>) como las que acabamos de describir, se producen profundos cambios en el plano de los significados. As&#x00ED;, por ejemplo, la representaci&#x00F3;n del cr&#x00E9;dito como algo positivo, como una oportunidad o una suerte para el deudor, es sustituida por una nueva imagen, la de la deuda como algo negativo, una carga o una condena que obstaculiza la obtenci&#x00F3;n del sustento y niega oportunidades de futuro (Gregory, <xref ref-type="bibr" rid="CIT07">2012</xref>). En l&#x00ED;nea con esto, Nelson, un deudor de origen ecuatoriano que compr&#x00F3; una vivienda en 2004, describe c&#x00F3;mo, en el momento de firmar la hipoteca con un mediador inmobiliario y mediante una estrategia de avales cruzados con un compatriota, su percepci&#x00F3;n era que todos los actores, incluido el banco, le estaban haciendo un favor. Hoy, tras una dura lucha que le ha permitido obtener la daci&#x00F3;n en pago, su percepci&#x00F3;n ha cambiado radicalmente: siente que fue v&#x00ED;ctima de un enga&#x00F1;o. Por su parte, Vanessa, una barcelonesa que ha perdido su piso y ve peligrar el de sus padres por haberla avalado, describe un proceso muy similar:</p>

								<disp-quote><p>“Pens&#x00E9;: «estoy pagando 800 de alquiler… Por un poquito m&#x00E1;s -ganaba m&#x00E1;s de 2.000 euros- pues me meto en un piso. Al fin y al cabo, ser&#x00E1; para m&#x00ED; y en un futuro para mis hijas». Y ah&#x00ED; fue donde digo que firm&#x00E9; mi sentencia de muerte, entre comillas”(Vanessa).</p></disp-quote>

					<p>Un razonamiento similar lleva a Esmeralda a afirmar:</p>
		
								<disp-quote><p>“Tengo dos pisos... Bueno, dos pisos no, dos problemas. Los pisos son m&#x00E1;s del banco que m&#x00ED;os” (Esmeralda).</p></disp-quote>

					<p>En este proceso puede identificarse tambi&#x00E9;n una transformaci&#x00F3;n dr&#x00E1;stica de las subjetividades y representaciones sociales de los distintos actores implicados en el endeudamiento hipotecario. Las entidades bancarias, que en tiempos de bonanza eran vistas como benefactoras de la sociedad y propiciadoras de la actividad econ&#x00F3;mica, pasan a ser objeto de cr&#x00ED;tica y son representadas como usureras y depredadoras por quienes sufren los rigores de las ejecuciones hipotecarias, as&#x00ED; como por quienes empatizan con ellas.</p>

					<p>Por su parte, los empleados de banca, en otro tiempo com&#x00FA;nmente vistos como proveedores casi desinteresados de asesoramiento a unos clientes que ten&#x00ED;an depositada su confianza en ellos, son hoy identificados con los objetivos del negocio bancario, y acusados de ser beneficiarios y c&#x00F3;mplices de lo que amplios sectores sociales consideran una estafa a gran escala. As&#x00ED;, cuando Junior, hijo de Nelson, acudi&#x00F3; por primera vez a una asamblea de la PAH en busca de orientaci&#x00F3;n para enfrentarse con el problema hipotecario, sus palabras expresaban cierta comprensi&#x00F3;n con la actuaci&#x00F3;n de los empleados de banca que hab&#x00ED;an dado pie a la firma de su hipoteca. Sin embargo, a medida que pasaban las semanas, el discurso de Junior al respecto mut&#x00F3; radicalmente, dando paso a una cr&#x00ED;tica feroz de la mala fe con que aquellos profesionales se hab&#x00ED;an lucrado a costa de su familia.</p>

					<p>La erosi&#x00F3;n y la ruptura de las relaciones entre empleados y clientes han facilitado este juicio moral negativo acerca del papel de la banca en general y de los empleados bancarios en particular. Factores como las fusiones entre entidades bancarias, la reducci&#x00F3;n de sus plantillas, la supresi&#x00F3;n o el traslado de oficinas, la elevaci&#x00F3;n de los casos de morosidad a departamentos internos de recuperaciones o impagos, as&#x00ED; como estrategias deliberadas de subcontrataci&#x00F3;n de los servicios de recobro que utilizan mayoritariamente la v&#x00ED;a telef&#x00F3;nica y evitan todo contacto personal con los deudores han contribuido a una despersonalizaci&#x00F3;n de la relaci&#x00F3;n entre acreedores y deudores.</p>

					<p>Por &#x00FA;ltimo, tambi&#x00E9;n la representaci&#x00F3;n social de los deudores ha sufrido un proceso de cambio: de ser percibidos -y auto percibirse- como inversores o emprendedores que buscaban su bienestar material haciendo un uso audaz de los resortes del mercado inmobiliario, pasan hoy a ser tachados -y a tacharse a s&#x00ED; mismos en muchos casos- de irresponsables o ambiciosos en exceso, y en consecuencia son culpabilizados de su situaci&#x00F3;n (Cabrera, <xref ref-type="bibr" rid="CIT02">2004</xref>, p. 14). De llegar a la ejecuci&#x00F3;n, aparecen como protagonistas de un proyecto fracasado. As&#x00ED; lo expresa Salvador, que se expone a la ejecuci&#x00F3;n de su piso y el de sus suegros:</p>

								<disp-quote><p>“He fallado a una parte de mi familia. No he podido hacer frente a todo. Para m&#x00ED; eso ya representa algo bastante duro de asumir” (Salvador).</p></disp-quote>
			</sec>


			<sec id="S1.2">
				<title>Obligaciones ineludibles</title>

					<p>Junto con estas transformaciones en el &#x00E1;mbito de los significados, resulta tambi&#x00E9;n relevante analizar el contraste entre la rigidez de la relaci&#x00F3;n hipotecaria y la fluidez del contexto social y econ&#x00F3;mico en el que esta aparece enmarcada. El car&#x00E1;cter contractual de este v&#x00ED;nculo hace de &#x00E9;l algo inflexible y deja en principio poco margen para la negociaci&#x00F3;n, dado que los t&#x00E9;rminos del contrato solo podr&#x00E1;n ser modificados si accede a ello la parte m&#x00E1;s fuerte, la entidad bancaria. Esto remite, tal y como se&#x00F1;ala el notario &#x00C1;ngel Serrano de Nicol&#x00E1;s (<xref ref-type="bibr" rid="CIT22">2015</xref>, p. 169), al hecho de que, lejos de negociarse individualmente cl&#x00E1;usula a cl&#x00E1;usula, se trata de contratos <italic>en masa y de adhesi&#x00F3;n</italic>, “pues todos se hacen conforme a minuta procedente de la Entidad acreedora y de acuerdo con sus condiciones generales de contrataci&#x00F3;n, que [...] se aceptan o no &#x00ED;ntegramente, tal y cual est&#x00E1; redactada y predispuesta dicha minuta”.</p>
					
					<p>En el &#x00E1;mbito judicial, esta rigidez y predisposici&#x00F3;n de los contratos, unida a la implacabilidad de la legislaci&#x00F3;n, da pie a lo que uno de nuestros informantes, el juez de Lleida Diego Guti&#x00E9;rrez, nos describ&#x00ED;a como sigue:</p>

								<disp-quote><p>“La ejecuci&#x00F3;n hipotecaria es un procedimiento est&#x00E1;ndar, muy tasado y r&#x00ED;gido. Cuestiones muy formales. Los deudores hipotecarios tienen unas causas muy limitadas para oponerse, para defenderse del procedimiento, porque estrictamente la ejecuci&#x00F3;n implica que o has dejado de pagar o has pagado. Una cuota hipotecaria con la que hay que cumplir... Si no se cumple, el procedimiento es sencillo: se subasta el inmueble, el banco o un tercero se lo adjudica y, si sobra algo de dinero, te lo quedas”.</p></disp-quote>

					<p>Esto no impide, no obstante, que en los &#x00FA;ltimos a&#x00F1;os se hayan producido algunos esfuerzos para forzar sentencias favorables a los deudores. Ejemplo de ello ha sido el uso h&#x00E1;bil de la jurisprudencia por parte de algunos jueces que, pese a estar comprometidos con el principio de la legalidad, han visto cierto margen de movimiento para tratar de humanizar la aplicaci&#x00F3;n estricta de la legislaci&#x00F3;n y de las cl&#x00E1;usulas contractuales. Como elemento com&#x00FA;n a estas pr&#x00E1;cticas identificamos la toma en consideraci&#x00F3;n del caso particular, de las circunstancias que han llevado a un determinado grupo dom&#x00E9;stico a la morosidad y la insolvencia. Con ello se consigue matizar el concepto de deuda imperante bajo el capitalismo financiero, que implica una estipulaci&#x00F3;n r&#x00ED;gida de los plazos y condiciones de la devoluci&#x00F3;n (Guyer, <xref ref-type="bibr" rid="CIT08">2012</xref>), para adaptarlo a una situaci&#x00F3;n de excepcionalidad causada por la crisis econ&#x00F3;mica y sus previsibles consecuencias en t&#x00E9;rminos de fragilizaci&#x00F3;n social (Moreno M&#x00E1;rquez y Aierdi Urraza, <xref ref-type="bibr" rid="CIT15">2015</xref>, p. 4; <xref ref-type="bibr" rid="CIT24">Sales i Campos</xref>, <italic>Diagnosis 2013</italic>). Una posibilidad en este sentido pasar&#x00ED;a por la neutralizaci&#x00F3;n de la fuerza del contrato con el argumento de que las circunstancias en que este fue suscrito se han visto radicalmente transformadas<xref ref-type="fn" rid="NOTE2">2</xref>. Junto a esta v&#x00ED;a, que es objeto de controversia entre los juristas, aparece otra basada en el reajuste de las obligaciones del deudor con arreglo a sus posibilidades actuales, de forma que la sostenibilidad de la deuda sea preservada. Esto se ha visto finalmente contemplado en la legislaci&#x00F3;n de segunda oportunidad promulgada en 2015<xref ref-type="fn" rid="NOTE3">3</xref>. Ciertas modificaciones de las condiciones de pago de las hipotecas se vienen produciendo a iniciativa de los propios acreedores (Stout, <xref ref-type="bibr" rid="CIT23">2015, 30 de marzo</xref>), dado que tal “flexibilizaci&#x00F3;n” puede constituir en s&#x00ED; misma una oportunidad de beneficio. As&#x00ED; ha ocurrido, por ejemplo, cuando los empleados bancarios animan a los deudores a ingresar las cuotas incompletas cuando eran incapaces de pagarlas &#x00ED;ntegramente. Tales pagos incompletos no contribuyen a saldar la deuda ni evitan que se desencadene la ejecuci&#x00F3;n si as&#x00ED; lo decide el banco pero, en el plano de las normas sociales y de los juicios morales, pueden ser vistas, tanto por los deudores como por los representantes de la entidad acreedora, como muestras de buena fe y de la voluntad de reanudar los pagos completos cuando la econom&#x00ED;a familiar se recupere. Junto a esto podemos situar tambi&#x00E9;n las ya mencionadas refinanciaciones que, desde el punto de vista de los bancos, han constituido la principal estrategia para invisibilizar la morosidad o posponer su manifestaci&#x00F3;n, al tiempo que funcionan como una fuente de lucro al permitir que se disparen los intereses de demora, como parece estar ocurriendo en el caso de Salvador:</p>

								<disp-quote><p>“No tengo una demanda judicial todav&#x00ED;a por eso. Quieren que alcance ese nivel donde yo ya no pueda responder [con el valor del piso hipotecado y el del aval]” (Salvador).</p></disp-quote>

					<p>A esta l&#x00F3;gica obedecen tambi&#x00E9;n las fuertes presiones recibidas por muchos deudores con dificultades para pagar, o que se encuentran ya en mora, para que acepten distintos tipos de refinanciaciones. Maite identifica en estos t&#x00E9;rminos los beneficios que el banco esperaba extraer si ella y su marido aceptaban una segunda carencia:</p>

								<disp-quote><p>“Dejamos de pagar en septiembre de 2009, despu&#x00E9;s de ofrecernos la carencia, que nos iban a enga&#x00F1;ar. Ya nos pusimos en contacto con la PAH, no ve&#x00ED;amos claro lo que nos estaban ofreciendo, tener que volver a pagar el notario, otra vez 3.000 euros, m&#x00E1;s el tasador... En total sub&#x00ED;a a 6.000 o 8.000 euros… que «tranquila, que te los metemos en la hipoteca». «¡Pero si no tengo dinero!» [...] Yo le ped&#x00ED; una minuta de la carencia que ofrec&#x00ED;an. Tardaron en hacerla. Y despu&#x00E9;s me veo en la libreta [de la cuenta bancaria] menos… Todo era menos, ellos iban cobrando y no hab&#x00ED;a ni un duro… menos 50 o 35 euros de gastos de gestor&#x00ED;a. ¿Pido el papel y me lo cobran? ¿Qu&#x00E9; es esto?” (Maite).</p></disp-quote>

					<p>Deudores como la propia Maite interpretan a posteriori como una equivocaci&#x00F3;n, fruto de su desorientaci&#x00F3;n y desconocimiento iniciales, haber aceptado una refinanciaci&#x00F3;n al surgir los primeros problemas econ&#x00F3;micos. Para los deudores en mora, la posibilidad aparece como una tabla de salvaci&#x00F3;n provisional que al mismo tiempo sirve a los intereses del banco. As&#x00ED; lo explica Esmeralda:</p>

								<disp-quote><p>“Cuando ves que no puedes, te proponen las refinanciaciones y eso es lo peor. Claro, te lo presentan como soluci&#x00F3;n: «en vez de pagar 1.200 voy a pagar 500… qu&#x00E9; bien, durante dos a&#x00F1;os». Piensas que en dos a&#x00F1;os la cosa va a ir mejor. Pero el problema es que durante ese tiempo no est&#x00E1;s pagando hipoteca, solo pagas intereses. Y al hacerte la refinanciaci&#x00F3;n tambi&#x00E9;n tiene unos gastos. A lo mejor pasas de deber 120 a deber 150. Y has estado dos a&#x00F1;os tirando el dinero. Todo se hace una bola. De deber 100.000 euros, igual acabas debiendo 300.000. Y la deuda triplica el valor del piso, esa es otra” (Esmeralda).</p></disp-quote>

					<p>En estos relatos emerge con fuerza la importancia del factor temporal: las refinanciaciones se ven como alivios moment&#x00E1;neos en unas circunstancias en que resulta imposible planificar la econom&#x00ED;a dom&#x00E9;stica a medio plazo. En efecto, una refinanciaci&#x00F3;n hipotecaria que permita una disminuci&#x00F3;n temporal de las cuotas podr&#x00ED;a constituir una soluci&#x00F3;n a situaciones pasajeras, pero ¿resultan eficaces en el contexto de una crisis tan prolongada, que implica una total falta de esperanzas para grandes sectores sociales? En este sentido, otras propuestas de soluci&#x00F3;n, como la daci&#x00F3;n en pago o los procedimientos de insolvencia, representan una ruptura, en la medida en que requieren una nueva conceptualizaci&#x00F3;n de la normalidad y la anormalidad, en un momento en que la inestabilidad y la precariedad econ&#x00F3;micas resultan cotidianas para muchos grupos dom&#x00E9;sticos.</p>

					<p>La exigencia de cumplir con las obligaciones impuestas por los contratos de pr&#x00E9;stamo hipotecario entra en colisi&#x00F3;n con la reivindicaci&#x00F3;n de tener garantizados unos m&#x00ED;nimos est&#x00E1;ndares de vida, como concordar&#x00ED;a con los ideales de estabilidad, seguridad o tranquilidad que, como principios de una econom&#x00ED;a moral (Sabat&#x00E9;, <xref ref-type="bibr" rid="CIT17">2016a</xref>; Scott, <xref ref-type="bibr" rid="CIT21">1976</xref>), aparecen ampliamente compartidos por las mayor&#x00ED;as sociales<xref ref-type="fn" rid="NOTE4">4</xref>. Esto no entrar&#x00ED;a en contradicci&#x00F3;n con la asunci&#x00F3;n de unas responsabilidades y obligaciones derivadas de la condici&#x00F3;n de deudores ni tampoco llegar&#x00ED;a a cuestionar la obligaci&#x00F3;n de devolver (Graeber, <xref ref-type="bibr" rid="CIT06">2011</xref>). Lejos de ello, se estar&#x00ED;a meramente matizando tal obligaci&#x00F3;n, al ajustarla o condicionarla a las posibilidades materiales y particulares de hacerlo en los t&#x00E9;rminos estipulados. As&#x00ED; se trasluce en las palabras de Salvador:</p>

								<disp-quote><p>“Dame facilidades para que yo pueda pagar y yo me comprometo. Tengo trabajo, puedo pagarte 300, 350, 400… pero deja que mi familia se mantenga segura, estable, bien. No me intentes echar a la calle ni abusar de m&#x00ED;” (Salvador).</p></disp-quote>

					<p>En las narraciones de los deudores, la insostenibilidad en el tiempo de la deuda hipotecaria aparece, junto con la irregularidad y precariedad del ingreso, como la principal amenaza para el sustento. Esmeralda lo expresa en t&#x00E9;rminos de su incapacidad para tomar decisiones econ&#x00F3;micas que impliquen cierta perspectiva temporal:</p>

								<disp-quote><p>“Entonces no puedes hacer cuentas… decir: «tiro por aqu&#x00ED; o por all&#x00ED;». No puedes tirar por ning&#x00FA;n sitio. Le das mil vueltas y siempre falta lo principal, que es el dinero. Y las perspectivas de que la cosa vaya un poquito a mejor” (Esmeralda).</p></disp-quote>

					<p>La dificultad de escapar a la espiral del sobrendeudamiento se debe a que este no solo tiene una dimensi&#x00F3;n econ&#x00F3;mica sino tambi&#x00E9;n unas implicaciones morales que reducen a&#x00FA;n m&#x00E1;s las posibles salidas.</p>

					<p>En tales circunstancias ¿es la decisi&#x00F3;n de dejar de pagar las cuotas hipotecarias una salida justificable en t&#x00E9;rminos tanto econ&#x00F3;micos como morales? Antes de tratar de abordar esta cuesti&#x00F3;n, veamos cu&#x00E1;les son las implicaciones de alcanzar la condici&#x00F3;n de moroso hipotecario.</p>
			</sec>
		</sec>

			
		<sec id="S2">
			<title>LAS IMPLICACIONES DEL IMPAGO</title>

			<p>Cuando los deudores hipotecarios entran en mora con solo tres recibos impagados, el banco tiene derecho a reclamar de golpe la deuda total, que en origen iba a pagarse en los pr&#x00F3;ximos veinte o treinta a&#x00F1;os. Si, como es com&#x00FA;n, el deudor no est&#x00E1; en situaci&#x00F3;n de responder ante ello, se abre la posibilidad de la ejecuci&#x00F3;n hipotecaria. La legitimidad de esta estipulaci&#x00F3;n legal est&#x00E1; siendo cuestionada incluso por representantes de la judicatura que abogan por un cambio en el marco legal. En todo caso, el hecho es que los deudores que ven inminente el momento de dejar de pagar las cuotas se ven en la situaci&#x00F3;n de tener que renunciar a sus proyectos vitales, fuertemente centrados en la vivienda de propiedad. Esta tend&#x00ED;a a entenderse como la concreci&#x00F3;n material del hogar, como el elemento principal del arraigo, y su consecuci&#x00F3;n era un hito en el ciclo del grupo dom&#x00E9;stico. La vivienda constitu&#x00ED;a as&#x00ED; una fuente de bienestar material en el presente al tiempo que aportaba una garant&#x00ED;a de seguridad de cara al futuro. Todas estas connotaciones aparecen contenidas en las palabras de Sonia, a quien, como a otras v&#x00ED;ctimas de exclusi&#x00F3;n residencial (Laparra Navarro y P&#x00E9;rez Eransus, <xref ref-type="bibr" rid="CIT10">2012</xref>, p. 23, p. 125; Lorenzo Gilsanz, <xref ref-type="bibr" rid="CIT11">2014</xref>; Moreno M&#x00E1;rquez y Aierdi Urraza, <xref ref-type="bibr" rid="CIT15">2015</xref>, p. 8; <xref ref-type="bibr" rid="CIT24">Sales i Campos</xref>, <italic>Diagnosis 2013</italic>), la amenaza de la ejecuci&#x00F3;n y las dificultades econ&#x00F3;micas han deparado una ruptura de pareja y el regreso a casa de sus padres mientras batalla por la daci&#x00F3;n en pago:</p>

							<disp-quote><p>“Estoy luchando para perder, eso es lo malo. Claro que quiero deshacerme del piso ya, pero no olvidemos que no solo se quedan el piso, se quedan el piso y las ilusiones de una vida, y eso no tiene precio. Y adem&#x00E1;s quieren ponerle un precio para seguir ganando, eso es lo que llevas mal. No porque te deshaces del muerto, porque realmente es un muerto, es por el hecho de que no solo se quedan con cuatro paredes, se quedan con mucho m&#x00E1;s, se quedan con todas las ilusiones, las esperanzas de una vida… se quedan con much&#x00ED;simas cosas, y hasta que no lo digieres, pues...” (Sonia)</p></disp-quote>

			<p>La destrucci&#x00F3;n de los proyectos y expectativas aparece tambi&#x00E9;n en el discurso de Esmeralda:</p>

							<disp-quote><p>“Se est&#x00E1;n destruyendo familias por esto. Porque no solamente es que te quiten el piso, es que te quitan las ilusiones. No puedes pensar ni tener esperanza” (Esmeralda).</p></disp-quote>

			<p>Y a las ilusiones frustradas se suma la subversi&#x00F3;n de la secuencia de acontecimientos com&#x00FA;nmente esperada en el ciclo dom&#x00E9;stico o vital, las trayectorias de ascenso social o los proyectos migratorios, poniendo a los deudores ante el riesgo de ver cronificada su situaci&#x00F3;n de falta de oportunidades (Moreno M&#x00E1;rquez y Aierdi Urraza, <xref ref-type="bibr" rid="CIT15">2015</xref>, p. 10). Nelson expresaba esa triple anomal&#x00ED;a cuando narraba c&#x00F3;mo, al obtener la daci&#x00F3;n en pago y tener que alojarse su familia en habitaciones realquiladas, hab&#x00ED;a vuelto a sentirse “como un tierno”, como cuando, m&#x00E1;s de una d&#x00E9;cada atr&#x00E1;s, empez&#x00F3; a abrirse camino en Barcelona buscando trabajo y alojamiento, antes de la reagrupaci&#x00F3;n familiar.</p>

			<p>Son muchos los deudores que, al referirse a la p&#x00E9;rdida de la vivienda, la valoran como un fracaso y reconocen en ella un error de c&#x00E1;lculo cometido en el pasado, fruto de una percepci&#x00F3;n excesivamente optimista de la realidad. El empleo, a menudo en sectores hiperflexibles como la construcci&#x00F3;n o los servicios (Cabrera Cabrera, <xref ref-type="bibr" rid="CIT03">2009</xref>, p. 5), era menos estable de lo que imaginaban, el nivel de ingresos m&#x00E1;s contingente, y no han sido capaces de mantener el nivel de vida durante las dos o tres d&#x00E9;cadas abarcadas por el plazo de devoluci&#x00F3;n. Esteban, a quien un problema de salud ha abocado al desempleo y se encuentra hoy con una deuda equivalente a la contra&#x00ED;da hace nueve a&#x00F1;os, habla de c&#x00F3;mo toda la familia, incluidas sus hijas ya adultas, ha aprendido la lecci&#x00F3;n:</p>

							<disp-quote><p>“Hay que aprender de la situaci&#x00F3;n. Que no hay que meterse en cosas. Hay que calcular mucho. Que las ilusiones son una cosa… y luego vienen las obligaciones” (Esteban).</p></disp-quote>

			<p>Esto no impide, no obstante, que los mismos deudores atribuyan responsabilidad tambi&#x00E9;n a otros actores, en especial a los bancos y a las autoridades p&#x00FA;blicas. As&#x00ED; lo denuncia el mismo Esteban:</p>
			
							<disp-quote><p>"Todos sabemos que nosotros somos una peque&#x00F1;a parte de lo que ha pasado. Los creadores de todo han sido ellos [la banca] y el Gobierno” (Esteban).</p></disp-quote>

			<p>O en palabras de Esmeralda:</p>

							<disp-quote><p>“Si hicimos mal las cuentas o lo que sea, tambi&#x00E9;n ellos las hicieron mal”(Esmeralda).</p></disp-quote>

			<p>Y de esta constataci&#x00F3;n surgen denuncias acerca de la indefensi&#x00F3;n de los deudores con dificultades y la reclamaci&#x00F3;n del derecho a recibir asistencia estatal. As&#x00ED; lo afirma la propia Esmeralda:</p>

							<disp-quote><p>“¿A ellos no los han rescatado? Pues que nos rescaten a nosotros. Porque Bankia ha sido rescatada con much&#x00ED;simo dinero. Nosotros tambi&#x00E9;n tenemos derecho a que nos rescaten“ (Esmeralda).</p></disp-quote>

			<p>Por su parte, Hern&#x00E1;n, que perdi&#x00F3; su vivienda tras la quiebra de su empresa, critica la connivencia entre los pol&#x00ED;ticos y la banca, as&#x00ED; como la existencia de viviendas vac&#x00ED;as en manos de esta &#x00FA;ltima:</p>

							<disp-quote><p>“Lo que no puede ser es que haya tanta gente durmiendo en la calle y siendo desahuciada y tantos pisos vac&#x00ED;os de los bancos y tantos pol&#x00ED;ticos enriqueci&#x00E9;ndose” (Hern&#x00E1;n).</p></disp-quote>

			<p>En ocasiones, los propios deudores formulan propuestas concretas acerca de c&#x00F3;mo el Estado deber&#x00ED;a abordar la cuesti&#x00F3;n. Salvador propon&#x00ED;a lo siguiente:</p>

							<disp-quote><p>“T&#x00FA; coges, creas un fondo ICO, haces un estudio de las morosidades, y la gente se puede acoger a ello, liquidas la deuda con el banco, y la gente tiene la deuda con el Estado” (Salvador).</p></disp-quote>

			<p>Pero m&#x00E1;s all&#x00E1; de la atribuci&#x00F3;n de responsabilidades y de las propuestas de soluci&#x00F3;n, en las experiencias de los deudores se revela c&#x00F3;mo la fuerza de la norma que obliga a devolver las deudas (Graeber, <xref ref-type="bibr" rid="CIT06">2011</xref>) dificulta enormemente el paso de dejar de pagar. Esto se debe a que el moroso es visto, en mayor o menor medida y por unos u otros actores -desde &#x00E9;l mismo hasta la opini&#x00F3;n p&#x00FA;blica en general-, como alguien que incumple un compromiso, un contrato al que accedi&#x00F3; de manera supuestamente libre. A ra&#x00ED;z de ese incumplimiento es culpado de manera individual y <italic>post facto</italic>. Es alguien que falla al banco como cliente y falla tambi&#x00E9;n a quienes dependen de &#x00E9;l para obtener el sustento y acceder a la vivienda. Esto se ve en las palabras de Salvador:</p>

							<disp-quote><p>“He fallado a una parte de mi familia. No he podido hacer frente a todo. Para m&#x00ED; eso ya representa algo bastante duro de asumir. Pero si soy capaz de hacerle frente no intentes castigarme m&#x00E1;s. Asumo mi parte de culpa” (Salvador).</p></disp-quote>

			<p>La acci&#x00F3;n de “fallar”, de decepcionar y de fracasar en el cumplimiento de un deber, afecta adem&#x00E1;s a quienes aceptaron responder por el deudor en el plano burocr&#x00E1;tico, aportando avales o garant&#x00ED;as, sin pensar que ese acto fuera a tener consecuencias reales. En los a&#x00F1;os de prosperidad, se avalaba en respuesta a la obligaci&#x00F3;n moral implicada en los lazos sociales, pero raramente se contemplaba la eventualidad del impago. El gesto de avalar parec&#x00ED;a quedar en el plano estrictamente burocr&#x00E1;tico. Pero hoy ese gesto constituye una amenaza real para el patrimonio de los fiadores, como hemos visto en los casos de Salvador o de Vanessa.</p>

			<p>Ante la morosidad, los empleados de banca desempe&#x00F1;an un papel crucial, por ejemplo enfatizando las responsabilidades financieras de los morosos. El pago de las cuotas hipotecarias se presenta como una obligaci&#x00F3;n absoluta que debe ser atendida por encima de cualquier otra consideraci&#x00F3;n. En ocasiones, se recurre a argumentos basados en el estigma que cae sobre los morosos, como le ocurri&#x00F3; a Juan cuando comunic&#x00F3; al banco su incapacidad para seguir pagando:</p>

							<disp-quote><p>“Me dec&#x00ED;a: «tu familia ¿sabe qu&#x00E9; tipo de persona eres?, ¿eh? Tu obligaci&#x00F3;n es pagarme»” (Juan).</p></disp-quote>

			<p>Estas advertencias, amenazadoras en distintos grados, sacan partido de los miedos e incertidumbres asociados con la morosidad. As&#x00ED; ocurre, por ejemplo, cuando se insin&#x00FA;a a los deudores el peligro de perder la custodia de los hijos, como le ocurri&#x00F3; a Salvador, seg&#x00FA;n sabemos por Esmeralda:</p>

							<disp-quote><p>“Le dijeron lo de la ni&#x00F1;a, que los ni&#x00F1;os no pueden vivir en la calle. Imag&#x00ED;nate c&#x00F3;mo sali&#x00F3; de all&#x00ED;” (Esmeralda).</p></disp-quote>

			<p>Todas estas circunstancias contribuyen a&#x00FA;n m&#x00E1;s a que la decisi&#x00F3;n de dejar de pagar, de producirse, constituya un punto de inflexi&#x00F3;n para los deudores, dado que implica una renuncia en un doble sentido. Por un lado, una renuncia material, puesto que se pierde tanto la vivienda como el dinero invertido en pagarla hasta el momento. Por otro lado, la renuncia simb&#x00F3;lica a la que nos refer&#x00ED;amos m&#x00E1;s arriba: se desvanece un proyecto de movilidad social, as&#x00ED; como la expectativa de proporcionar algo a los hijos, tanto en t&#x00E9;rminos de transmitirles los significados que acompa&#x00F1;an al patrimonio familiar como en el sentido de poder demostrarles que la previsi&#x00F3;n y los sacrificios son justamente recompensados.</p>

			<p>Por todo ello, dejar de pagar la hipoteca, lejos de ser una decisi&#x00F3;n f&#x00E1;cil que pueda tomarse a la ligera como algunas voces parecen apuntar, representa un paso extraordinariamente dif&#x00ED;cil, que se cobra muchas angustias y conflictos y que, en consecuencia, tiende a retrasarse todo lo posible, pese a que no habr&#x00ED;a justificaci&#x00F3;n racional para tal retraso, como describe Esmeralda:</p>

							<disp-quote><p>“Hay un per&#x00ED;odo en que pones la hipoteca por delante de todo y es un fallo total y absoluto porque de todas maneras vas a dejar de pagar pero piensas: «esto no va a durar, va a pasar». Yo se lo digo a mucha gente. El otro d&#x00ED;a un chico que vino llorando: «¿t&#x00FA; vas a poder pagar?» «No». «Pues entonces deja de pagar. No le des ni un duro m&#x00E1;s al banco, no vale la pena. Al banco le da igual que le debas 110.285, que que le debas 110.000; le da lo mismo, y t&#x00FA; vas a tener para comer ese mes o para comprarles unas bambas a tus ni&#x00F1;os»” (Esmeralda).</p></disp-quote>

			<p>Con la decisi&#x00F3;n tomada, la incertidumbre aumenta. ¿C&#x00F3;mo ser&#x00E1; la vida m&#x00E1;s all&#x00E1; del impago? Los deudores se enfrentan entonces a las incertidumbres derivadas de la inseguridad en la tenencia, de los ritmos a menudo arbitrarios del proceso de ejecuci&#x00F3;n, as&#x00ED; como de otras variables desconocidas o incontrolables, incluida la situaci&#x00F3;n financiera del propio banco, los avatares laborales de los empleados con quienes se est&#x00E1; negociando, los posibles cambios legislativos, la concesi&#x00F3;n o denegaci&#x00F3;n de la justicia gratuita, as&#x00ED; como determinadas din&#x00E1;micas financieras que escapan al escrutinio p&#x00FA;blico, como es el caso de la titulizaci&#x00F3;n hipotecaria (Sabat&#x00E9;, <xref ref-type="bibr" rid="CIT18">2016b</xref>). Los deudores deber&#x00E1;n ahora simult&#x00E1;neamente llevar la negociaci&#x00F3;n con el banco, enfrentarse a la burocracia estatal, y eventualmente deber&#x00E1;n estar prevenidos ante los abusos de quienes pretendan extraer alg&#x00FA;n lucro de su circunstancia<xref ref-type="fn" rid="NOTE5">5</xref>. As&#x00ED;, para desenvolverse en la nueva situaci&#x00F3;n con todos sus peligros, resultar&#x00E1; clave disponer de asesoramiento experto y poder acceder a informaci&#x00F3;n, as&#x00ED; como obtener el apoyo de su entorno o de otros agentes con quienes compartan sensibilidad o intereses.</p>
		</sec>

		<sec id="S3">
			<title>LA LEGITIMACI&#x00D3;N DE LA MOROSIDAD</title>

			<p>Ante la total incapacidad para pagar o la perspectiva de alcanzar pr&#x00F3;ximamente esa incapacidad, se desencadenan procesos que contribuyen a legitimar la morosidad en esas circunstancias espec&#x00ED;ficas. Esta construcci&#x00F3;n de la morosidad leg&#x00ED;tima se opone a otro tipo de morosidad, en este caso ileg&#x00ED;tima, que se atribuye a quienes presuntamente no sienten incomodidad en esa condici&#x00F3;n o incluso la abrazan como una estrategia que les permitir&#x00ED;a “vivir gratis” durante alg&#x00FA;n tiempo. Los deudores entrevistados, todos ellos inmersos en alg&#x00FA;n grado en negociaciones con el banco con el objetivo de resolver su situaci&#x00F3;n, ponen &#x00E9;nfasis en diferenciarse claramente de quienes, al menos presuntamente, estar&#x00ED;an aprovech&#x00E1;ndose de la coyuntura para salir indemnes tras un comportamiento irresponsable.</p>

			<p>La identidad de moroso, en este sentido, se adopta con muchas barreras y matices, como vemos en las palabras de Ram&#x00F3;n, a quien el aislamiento social y la falta de salidas han llevado a la depresi&#x00F3;n y a un intento de suicidio:</p>

							<disp-quote><p>“Yo no soy moroso de profesi&#x00F3;n, yo me he vuelto insolvente por las circunstancias de la vida, ¿no? Yo simplemente si hubiera cerrado mi empresa en otra &#x00E9;poca y la hubiera podido suplir con un trabajo, pues habr&#x00ED;a podido seguir pagando, pero es que no tengo posibilidad” (Ram&#x00F3;n).</p></disp-quote>

			<p>Para Salvador, actitudes como la de Ram&#x00F3;n o la suya propia son en realidad prevalentes entre quienes se encuentran en situaci&#x00F3;n de morosidad hipotecaria:</p>

							<disp-quote><p>“Nadie quiere que le regalen su casa, la gente quiere pagar” (Ram&#x00F3;n).</p></disp-quote>

			<p>Tambi&#x00E9;n Esteban enfatiza este aspecto cuando argumenta por qu&#x00E9; &#x00E9;l y su esposa siguen cumpliendo con otras obligaciones financieras tras dejar de pagar la hipoteca:</p>

							<disp-quote><p>“A nosotros lo que no nos gusta es dejar de pagar las cosas. La hipoteca porque es mucha cantidad, sino no habr&#x00ED;amos dejado de pagarla. Es lo que siempre les decimos a ellos [los empleados del banco]. Por ejemplo, este Mart&#x00ED;nez parece como que pasamos de todo. Nos dec&#x00ED;a: «deja de pagar el ICO y pagas el alquiler [el alquiler de mercado, una cantidad superior a los ingresos familiares, que el banco les ofrec&#x00ED;a junto con la daci&#x00F3;n]». Vaya forma de solucionar. Si no pagamos la hipoteca es porque no se puede, no porque no queramos. Y no voy a dejar de pagar cosas. No me gusta. Lo que pasa es que la hipoteca… ah&#x00ED; s&#x00ED; que ya no llego. […]. Al menos para nosotros es una cosa muy bestia” (Esteban).</p></disp-quote>

			<p>Y no falta quien, para poder seguir pagando las cuotas hipotecarias y no por ello dejar de atender otros gastos, llega a pedir otros pr&#x00E9;stamos, como ya relat&#x00E1;bamos en el caso de Esmeralda, y como ocurre tambi&#x00E9;n con Vanessa:</p>

							<disp-quote><p>“Tengo dos pr&#x00E9;stamos, por culpa de querer pagar la hipoteca, o por lo menos pagar los colegios, saqu&#x00E9; un pr&#x00E9;stamo personal en el Santander” (Vanessa).</p></disp-quote>

			<p>Estas actitudes y comportamientos est&#x00E1;n arraigados en una concepci&#x00F3;n de la buena voluntad del deudor, que har&#x00E1; hasta el &#x00FA;ltimo esfuerzo por cumplir con la obligaci&#x00F3;n contra&#x00ED;da, aun cuando eso repercuta negativamente en su bienestar o en sus posibilidades de salir adelante. La noci&#x00F3;n de moroso “de buena fe”, que tiene entidad jur&#x00ED;dica al aparecer en textos legales<xref ref-type="fn" rid="NOTE6">6</xref> caracterizando a los deudores que pueden beneficiarse de alguna medida paliativa de su situaci&#x00F3;n, aparece tambi&#x00E9;n con frecuencia en los discursos de los propios afectados, quienes, como ya hemos se&#x00F1;alado y al menos durante los proleg&#x00F3;menos del proceso de ejecuci&#x00F3;n, ponen empe&#x00F1;o en identificarse as&#x00ED; ante el banco. Para m&#x00E1;s tarde topar, en la mayor&#x00ED;a de los casos, con una total indiferencia ante sus desvelos. As&#x00ED; lo afirma Salvador al referir c&#x00F3;mo, antes de desencadenarse la ejecuci&#x00F3;n, y por tanto antes de que el juez pueda establecer un sueldo m&#x00ED;nimo inembargable, la entidad acreedora no tendr&#x00ED;a inconveniente en embargarle la n&#x00F3;mina &#x00ED;ntegramente, aun cuando eso hiciera peligrar la subsistencia de la familia:</p>

							<disp-quote><p>“Ellos se cobrar&#x00ED;an por encima de cualquier cosa la hipoteca, y si yo no tengo para comer, pues nada. Pero a ellos eso no les importa” (Salvador).</p></disp-quote>

			<p>Para profundizar en estos procesos de legitimaci&#x00F3;n del impago ante la amenaza de la ejecuci&#x00F3;n, resulta tambi&#x00E9;n revelador analizar las variadas posturas adoptadas por distintos tipos de “terceros” que intervienen en las relaciones acreedor-deudor. Topamos as&#x00ED; con distintas aproximaciones a la problem&#x00E1;tica hipotecaria, tanto en lo que se refiere a las formas de intervenir en los casos como en el tipo de objetivos finales que se persiguen. Por un lado vemos a los abogados y a otros expertos que ofrecen servicios de asesor&#x00ED;a y mediaci&#x00F3;n, ya sea desde las instituciones p&#x00FA;blicas, ya sea desde entidades del tercer sector, como C&#x00E1;ritas<xref ref-type="fn" rid="NOTE7">7</xref>. Tales actores abogan por la negociaci&#x00F3;n individual, envuelta en discreci&#x00F3;n, con las entidades bancarias. Se inclinan por recomendar a los deudores que acepten propuestas de refinanciaci&#x00F3;n que permitan a las familias permanecer en la vivienda por el momento, con la esperanza de que su situaci&#x00F3;n mejore cuando tengan que afrontar el aumento de las cuotas. Para ellos, la daci&#x00F3;n en pago, al implicar la p&#x00E9;rdida de la vivienda, no es una soluci&#x00F3;n deseable, como no lo es tampoco la estrategia de la confrontaci&#x00F3;n p&#x00FA;blica con el banco con el objetivo de perjudicar su imagen.</p>

			<p>En contraste con esto encontramos la postura de los activistas y co-participantes en movimientos sociales como la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH). Estos optan por la t&#x00E1;ctica de presionar a los bancos mediante movilizaciones, convocadas tanto en las agencias como en las oficinas centrales, exigiendo la daci&#x00F3;n en pago, la condonaci&#x00F3;n de la deuda para los deudores ya desahuciados y la concesi&#x00F3;n de contratos de alquiler a precios asequibles.</p>

			<p>Resulta evidente c&#x00F3;mo estas dos aproximaciones difieren en t&#x00E9;rminos pol&#x00ED;ticos: las acciones colectivas tratan de fomentar -logr&#x00E1;ndolo en buena medida- una nueva conciencia del endeudamiento hipotecario como un problema estructural, revirtiendo la din&#x00E1;mica de culpabilizaci&#x00F3;n de los deudores que venimos describiendo, al tiempo que promueven procesos de “empoderamiento” (Colau y Alemany, <xref ref-type="bibr" rid="CIT05">2012</xref>; Mangot, <xref ref-type="bibr" rid="CIT12">2013</xref>; Mir Garc&#x00ED;a, Fran&#x00E7;a, Mac&#x00ED;as y Veciana, <xref ref-type="bibr" rid="CIT14">2013</xref>; Sabat&#x00E9;, <xref ref-type="bibr" rid="CIT16">2014</xref>). En contraste con esto, la mediaci&#x00F3;n, individual y despolitizada, se orienta a la b&#x00FA;squeda de soluciones caso a caso.</p>

			<p>En relaci&#x00F3;n m&#x00E1;s estrecha con nuestra argumentaci&#x00F3;n, la promoci&#x00F3;n activa de la decisi&#x00F3;n de dejar de pagar en las asambleas de la PAH puede interpretarse como un cuestionamiento de la norma social que impele a los deudores a devolver lo prestado (Graeber, <xref ref-type="bibr" rid="CIT06">2011</xref>) y a cumplir con los contratos (Mauss, <xref ref-type="bibr" rid="CIT13">1923/1979</xref>). En consecuencia, es esta postura m&#x00E1;s beligerante la que ha propiciado la legitimaci&#x00F3;n de la propia condici&#x00F3;n de moroso hipotecario, su visibilizaci&#x00F3;n, as&#x00ED; como la conversi&#x00F3;n de este colectivo en un actor social relevante en estos &#x00FA;ltimos a&#x00F1;os. Algo que se produce en el plano pol&#x00ED;tico, p&#x00FA;blico, pero tambi&#x00E9;n a escala m&#x00E1;s micro y en el &#x00E1;mbito de la vida privada: en ambos sentidos la toma de conciencia acerca del car&#x00E1;cter colectivo y estructural de la problem&#x00E1;tica ha frenado o revertido la auto-inculpaci&#x00F3;n por parte de los deudores.</p>

			<p>La etnograf&#x00ED;a revela tambi&#x00E9;n c&#x00F3;mo, una vez tomada la decisi&#x00F3;n de dejar de pagar las cuotas hipotecarias, puede experimentarse una cierta liberaci&#x00F3;n derivada del nuevo orden de prioridades de la econom&#x00ED;a dom&#x00E9;stica. Juan narraba en estos t&#x00E9;rminos una de sus conversaciones con el director de la oficina bancaria:</p>

							<disp-quote><p>“Mira, te digo el orden: mis hijos, mi perro, mi gato... El &#x00FA;ltimo de la fila ser&#x00E1;s t&#x00FA;. Cuando ellos ya est&#x00E9;n bien, t&#x00FA; estar&#x00E1;s bien” (Juan).</p></disp-quote>

			<p>El sobrendeudamiento hipotecario se re-eval&#x00FA;a, as&#x00ED;, como un factor que no solo amenazaba la permanencia en la vivienda, sino que tambi&#x00E9;n desestabilizaba el sustento cotidiano en un doble sentido. Por un lado, pon&#x00ED;a en peligro la satisfacci&#x00F3;n de otras necesidades, incluidas las m&#x00E1;s b&#x00E1;sicas (Lorenzo Gilsanz, <xref ref-type="bibr" rid="CIT11">2014</xref>, p. 219), que pueden percibirse como m&#x00E1;s acuciantes teniendo en cuenta el marco temporal -de meses o a&#x00F1;os- en que se desarrollan los procesos de ejecuci&#x00F3;n hipotecaria antes del desahucio. Lo vemos, por ejemplo, en la nueva preocupaci&#x00F3;n de Esmeralda una vez asumida su incapacidad para cumplir con las cuotas:</p>

							<disp-quote><p>“Cambi&#x00F3; nuestra visi&#x00F3;n. Para m&#x00ED; ahora, aunque te parezca muy raro lo que te voy a decir, el problema no son los pisos, sino que el problema es comer cada d&#x00ED;a. A m&#x00ED; ahora ya me da igual que se los lleven [los dos pisos hipotecados] o no” (Emeralda).</p></disp-quote>

			<p>Por otra parte, el sobreendeudamiento resultaba tambi&#x00E9;n una r&#x00E9;mora que ejerc&#x00ED;a gran presi&#x00F3;n sobre los lazos de solidaridad entre parientes y amigos. Una presi&#x00F3;n que quiz&#x00E1; pudo soportarse durante alg&#x00FA;n tiempo pero que finalmente se revel&#x00F3; como insostenible. En el caso de Maite, la imposibilidad de recabar apoyo para afrontar las cuotas fue pronto evidente:</p>

							<disp-quote><p>“Hubo un mes que nos ayudaron mis padres. Otro mes los de mi marido. Pero piensa que eran cuotas de 1.000 euros y aquello iba para largo, mis padres no pod&#x00ED;an aguantar tantos meses. Dos meses te ayudan, pero iba para largo, no podr&#x00ED;an aguantar” (Maite).</p></disp-quote>

			<p>Un proceso muy similar es el que relata Esmeralda:</p>
			
							<disp-quote><p>Piensas: «al a&#x00F1;o que viene todo tiene que ir mejor» pero va a peor, todo lo contrario. Dices: «bueno, a ver si le pido este mes a mi padre que me ayude, el mes que viene a mis suegros, el siguiente a mi hermano»… Y se te hace una bola” (Esmeralda).</p></disp-quote>

			<p>Es, pues, en estas circunstancias cuando la decisi&#x00F3;n de dejar de pagar la hipoteca deviene planteable y adquiere legitimidad en tanto que facilita el acceso a recursos b&#x00E1;sicos como, por ejemplo, la alimentaci&#x00F3;n, y alivia las obligaciones acuciantes a las que en muchos casos estaba respondiendo el entorno social. M&#x00E1;s en general, el abandono del empe&#x00F1;o de pagar las cuotas zanja una situaci&#x00F3;n insostenible que no llevaba a ninguna parte, unos esfuerzos que ca&#x00ED;an en saco roto y que solo pospon&#x00ED;an lo inevitable. En ese sentido es usual escuchar en las asambleas de la PAH la expresi&#x00F3;n “pan para hoy, hambre para ma&#x00F1;ana”, cada vez que los participantes animan a un deudor a dar el paso en lugar de seguir con sus esfuerzos o aceptar una refinanciaci&#x00F3;n. En palabras de Esmeralda:</p>

							<disp-quote><p>“Nosotros se lo decimos aqu&#x00ED; a la gente: «¿t&#x00FA; ves que dentro de un a&#x00F1;o vas a poder seguir pagando? ¿No? pues entonces deja de pagar ya». Porque luego los bancos dicen, paga 100 euros si puedes, como signo de buena voluntad. Nada de pagar, si no pagas la cuota entera eres moroso igualmente y no est&#x00E1;s pagando m&#x00E1;s que los intereses. O ni eso” (Esmeralda).</p></disp-quote>

			<p>Esta cita muestra c&#x00F3;mo se les sugiere incluso que dejen pagar con cierta antelaci&#x00F3;n, cuando ya se prev&#x00E9; que tarde o temprano se va a caer en el impago. Este consejo hace a&#x00FA;n m&#x00E1;s visible la frontera moral que un deudor ha de cruzar para tomar tal decisi&#x00F3;n, venciendo una norma tan interiorizada como la que obliga a demostrar que se ha seguido pagando hasta el l&#x00ED;mite de lo posible o incluso m&#x00E1;s all&#x00E1; mediante nuevos endeudamientos, para poder seguir present&#x00E1;ndose y auto-represent&#x00E1;ndose como un deudor de buena fe.</p>

			<p>En suma, la etnograf&#x00ED;a nos muestra c&#x00F3;mo los esfuerzos hasta el momento dirigidos a continuar al corriente de pago se resignifican como contraproducentes para el mantenimiento del sustento, as&#x00ED; como tambi&#x00E9;n para garantizar un m&#x00ED;nimo de bienestar y de oportunidades de futuro para la familia, y muy especialmente para los hijos.</p>

			<p>Pero, pese a la rotundidad y convicci&#x00F3;n con que se expresan muchos de los deudores que ya se encuentran en situaci&#x00F3;n de impago, la decisi&#x00F3;n no est&#x00E1; exenta de conflicto, debido a que el juicio acerca de la legitimidad del impago no necesariamente es compartido por todos los implicados. En ocasiones una decisi&#x00F3;n de este tipo, que constituye un evidente alivio econ&#x00F3;mico, es objeto de cr&#x00ED;tica moral por parte del entorno familiar, aun cuando este est&#x00E9; simult&#x00E1;neamente apoyando a los deudores en lo material. En esos t&#x00E9;rminos describe Vanessa al desacuerdo que mantiene con sus padres, quienes, por otra parte, han respondido al deber moral de dar cobijo a la familia:</p>

							<disp-quote><p>“Es muy complicado. Ellos no lo asumen, no lo entienden. Eso lleva a un conflicto continuo en casa. Les cuesta. No lo entienden. Es su casa… su mentalidad es la herencia: «te dejo esto». Ellos cobran sus pensiones y con eso nos dan de comer” (Vanessa).</p></disp-quote>

			<p>En el mismo sentido describe la inclinaci&#x00F3;n de sus padres a priorizar sus obligaciones financieras por encima de cualquier otra consideraci&#x00F3;n:</p>

							<disp-quote><p>“Con los suministros... Mi padre es sagrado para eso. Estamos al d&#x00ED;a de todo. Por eso le cuesta entender lo de dejar de pagar hipoteca” (Vanessa).</p></disp-quote>

			<p>Este desacuerdo b&#x00E1;sico en torno a la obligaci&#x00F3;n de pagar la deuda desemboca en la proliferaci&#x00F3;n de reproches y rencores, con el resultado de una erosi&#x00F3;n de las relaciones familiares (Laparra Navarro y P&#x00E9;rez Eransus, <xref ref-type="bibr" rid="CIT10">2012</xref>, p. 23) que parad&#x00F3;jicamente, en casos como el de Vanessa y su familia, ha de sobrellevarse en una situaci&#x00F3;n de convivencia y hacinamiento.</p>

			<p>Puede ocurrir tambi&#x00E9;n que los deudores sean de entrada reticentes a reconocer su situaci&#x00F3;n de impago ante su entorno social. As&#x00ED; lo vivi&#x00F3; Esmeralda durante los primeros tiempos:</p>

							<disp-quote><p>“Al principio te da mucha verg&#x00FC;enza, sobre todo porque piensas que la gente te va a decir: «pues no haberte metido». Es una frase que mucha gente emplea. Y luego ya despu&#x00E9;s… pues la verg&#x00FC;enza se pasa y lo dices abiertamente. Pero al principio cuesta much&#x00ED;simo porque, claro, te culpabilizas t&#x00FA;, y luego dices: «a ver, tampoco nadie pensaba que las cosas iban a ir as&#x00ED;»” (Esmeralda).</p></disp-quote>

			<p>El temor a la estigmatizaci&#x00F3;n o al conflicto puede llevar incluso a ocultar la situaci&#x00F3;n durante un primer per&#x00ED;odo, como es el caso de Vanessa de cara a su hermana:</p>

							<disp-quote><p>“Ahora viene otra lucha bastante gorda, que es dec&#x00ED;rselo a mi hermana. Ella no lo sabe. Ya estuvo un tiempo sin hablar a mi padre porque me hab&#x00ED;a avalado. Ahora cuando se entere de que he perdido su parte de herencia, que es lo &#x00FA;nico que le importa... Es otra guerra que viene ahora, que acabar&#x00E1; con cualquier relaci&#x00F3;n, creo. No lo entiende porque ella es otra de las que dicen que todo me ha pasado por mi culpa” (Vanessa).</p></disp-quote>

			<p>M&#x00E1;s all&#x00E1; de la reacci&#x00F3;n del entorno social m&#x00E1;s pr&#x00F3;ximo, los deudores pueden verse tambi&#x00E9;n en la situaci&#x00F3;n de tener recurrir a instituciones asistenciales, tanto estatales como del tercer sector. La decisi&#x00F3;n de acudir a estas entidades parece depender fuertemente del grado en que los afectados se auto-perciban como “necesitados” y est&#x00E9;n dispuestos a asumir la posible estigmatizaci&#x00F3;n que el uso de estos recursos puede comportar, situ&#x00E1;ndose p&#x00FA;blicamente en una condici&#x00F3;n de inferioridad de estatus, tal y como muestra la bibliograf&#x00ED;a antropol&#x00F3;gica sobre la reciprocidad y el don. En ocasiones, vemos c&#x00F3;mo la existencia de apoyo familiar, por limitado que este sea, puede frenar la demanda de apoyo al Estado o a las entidades asistenciales. As&#x00ED; lo argumenta Maite:</p>

							<disp-quote><p>“No nos ha hecho falta ir a los servicios sociales. Con la ayuda de la familia… Si fu&#x00E9;ramos diciendo que &#x00E9;l [el marido] solo cobra la ayuda y tal, probablemente s&#x00ED; que nos lo dar&#x00ED;an. Pero como tenemos a mi suegra que nos cocina cada d&#x00ED;a...” (Maite).</p></disp-quote>

			<p>Frente a su situaci&#x00F3;n, por la que se muestra agradecida hacia unos padres y suegros que ella misma caracteriza como “gente humilde”, Maite describe c&#x00F3;mo otra afectada por una ejecuci&#x00F3;n hipotecaria, de origen migrante, tiene en la beneficencia su &#x00FA;nico recurso:</p>

							<disp-quote><p>“Ella tiene tres [hijos] peque&#x00F1;itos… as&#x00ED;, escalonaditos. A ella todav&#x00ED;a le hace m&#x00E1;s falta. Va a C&#x00E1;ritas a buscar comida y ropa. Nosotros no hemos tenido que ir a C&#x00E1;ritas” (Maite)</p></disp-quote>

			<p>En el relato de Jenny aparece adem&#x00E1;s la cuesti&#x00F3;n de la indignidad de esa v&#x00ED;a de aprovisionamiento:</p>

							<disp-quote><p>“Es que all&#x00ED; [en al banco de alimentos] la gente hasta se peleaba por la comida. Y mi hermana ya me dijo que no fuese, que ella me ayudar&#x00ED;a, y m&#x00E1;s gente que me ha ayudado, mis jefes con la carne y dem&#x00E1;s… nos han ayudado mucho, en ese aspecto no nos podemos quejar” (Jenny).</p></disp-quote>

			<p>Finalmente nos referiremos a la experiencia de la temporalidad que refieren los deudores en situaci&#x00F3;n de impago. Com&#x00FA;n a todos sus relatos es la sensaci&#x00F3;n de vivir al d&#x00ED;a, sin posibilidad de planificar siquiera a corto plazo, debido a la incertidumbre respecto a la estabilidad residencial y econ&#x00F3;mica. A esa sensaci&#x00F3;n alude Esteban cuando narra su d&#x00ED;a a d&#x00ED;a:</p>

							<disp-quote><p>“As&#x00ED; como antes ve&#x00ED;as el futuro la mar de bien, de feliz… que ibas a lograr cosas… ahora no. Porque hay una barrera ah&#x00ED;. Lo &#x00FA;nico que puedes tener son ilusiones pero el futuro no lo controlas para nada. Vas viviendo el d&#x00ED;a a d&#x00ED;a y esperando. Est&#x00E1;s viviendo solo el d&#x00ED;a a d&#x00ED;a, a ver qu&#x00E9; pasa. Cuando te vas a dormir: «bueno, no ha pasado nada, nadie ha dicho nada, a ver ma&#x00F1;ana…»” (Esteban).</p></disp-quote>

			<p>En tales circunstancias la planificaci&#x00F3;n a m&#x00E1;s a&#x00F1;os vista queda completamente descartada, tal y como expresa Esmeralda:</p>

							<disp-quote><p>“Con lo de comprar en Castell&#x00F3;n, la idea era irnos all&#x00ED; [al jubilarnos] y vender el de aqu&#x00ED;, quitarnos la hipoteca y tener un dinerito… o alquilar este y tener una renta para juntarla con la pensi&#x00F3;n, que entonces era una porquer&#x00ED;a... Y ahora ya ni te cuento, ya ni nos lo planteamos lo de la pensi&#x00F3;n. Es lo bueno, aprendes a no planificar porque ¿para qu&#x00E9;?” (Esmeralda).</p></disp-quote>

			<p>Esto no significa, no obstante, que los deudores no se esfuercen por tratar de mantener puertas abiertas hacia el futuro, muy especialmente el de la siguiente generaci&#x00F3;n. En ese sentido descarta Esteban la posibilidad de que sus hijas abandonen los estudios para contribuir a la econom&#x00ED;a dom&#x00E9;stica con un empleo a tiempo total:</p>

							<disp-quote><p>“Los colegios hay que pagarlos. Por narices. Lo que no vamos a hacer es decirles a nuestras hijas que dejen de estudiar. Si el futuro ya est&#x00E1; negro, intentan buscarse la vida, una carrera... No puedes decirles que no. Ellas ya lo hubiesen hecho, pero les hemos dicho que no”. (Esteban).</p></disp-quote>
		</sec>

		
		<sec id="S4">
			<title>CONCLUSI&#x00D3;N: MOROSIDAD Y RESPONSABILIDAD MORAL</title>

			<p>Testimonios como el de Esteban, junto con los de otras muchas personas que han contribuido a este estudio etnogr&#x00E1;f&#x00ED;co, nos permiten primeramente sostener que, si bien, en efecto, la decisi&#x00F3;n de dejar de pagar la hipoteca implica la transgresi&#x00F3;n de una norma social profundamente arraigada, tal decisi&#x00F3;n deviene en realidad la &#x00FA;nica opci&#x00F3;n posible cuando la deuda resulta insostenible e impide la satisfacci&#x00F3;n de necesidades b&#x00E1;sicas, la continuidad de la vida en condiciones dignas.</p>

			<p>Pero a&#x00FA;n podemos llevar el argumento un poco m&#x00E1;s all&#x00E1;. Sostenemos que la morosidad hipotecaria no debe ser interpretada, en la l&#x00ED;nea de ciertos discursos desacreditadores de los deudores y sus movilizaciones, como una falta de compromiso con la propia situaci&#x00F3;n y con la de aquellos con quienes se han contra&#x00ED;do obligaciones -ya sea mediante un contrato, como ocurre con los distintos proveedores y acreedores no hipotecarios, ya sea en t&#x00E9;rminos morales, como ocurre con los hijos u otras personas dependientes. Por el contrario, cruzar la frontera del impago, con todas las dificultades, incertidumbres y sufrimientos implicados en ese paso, constituye una respuesta, a menudo la &#x00FA;nica posible, al deterioro de la econom&#x00ED;a dom&#x00E9;stica causada por situaciones adversas como el desempleo, la disminuci&#x00F3;n de los ingresos, los problemas de salud o las rupturas de pareja. Todo ello sit&#x00FA;a a los hogares en una situaci&#x00F3;n de inseguridad en la tenencia de la vivienda que autores como <xref ref-type="bibr" rid="CIT24">Sales i Campos</xref> (<italic>Diagnosis 2013</italic>; Sales i Campos, <xref ref-type="bibr" rid="CIT20">2014</xref>) identifican plenamente como una forma de exclusi&#x00F3;n residencial<xref ref-type="fn" rid="NOTE8">8</xref>.</p>

			<p>Particularmente en el caso de los deudores hipotecarios, las graves dificultades experimentadas en el intento de adaptar las econom&#x00ED;as dom&#x00E9;sticas al entorno cambiante de la crisis financiera evidencian la rigidez de la estipulaci&#x00F3;n de los t&#x00E9;rminos de devoluci&#x00F3;n (Guyer, <xref ref-type="bibr" rid="CIT08">2012</xref>) y la violencia implicada en la obligaci&#x00F3;n de pagar las deudas (Graeber, <xref ref-type="bibr" rid="CIT06">2011</xref>). Los t&#x00E9;rminos de devoluci&#x00F3;n establecidos en los contratos de pr&#x00E9;stamo hipotecario, que de entrada legitiman la actitud implacable de los acreedores y el hecho de que estos puedan prescindir de toda consideraci&#x00F3;n moral, se ven cuestionados por la realidad de los deudores. Estos, obligados a escoger entre “comer o pagar”, reclaman la remoralizaci&#x00F3;n de la relaci&#x00F3;n crediticia a la luz de su situaci&#x00F3;n actual. Y en ocasiones denuncian adem&#x00E1;s el car&#x00E1;cter abusivo y fraudulento de unos pr&#x00E9;stamos que, ya de entrada, al dirigirse a sectores de poblaci&#x00F3;n econ&#x00F3;micamente vulnerables y contemplar en consecuencia una alta probabilidad de impago, constitu&#x00ED;an desde un principio una perversi&#x00F3;n de las relaciones crediticias, dado que el acreedor no necesariamente aspiraba a que el cr&#x00E9;dito le fuera reembolsado (Gregory, <xref ref-type="bibr" rid="CIT07">2012</xref>).</p>

			<p>De hecho, los datos presentados ilustran c&#x00F3;mo dejar de pagar las cuotas hipotecarias puede ser la &#x00FA;nica manera de seguir cumpliendo con el resto de responsabilidades que, aun en circunstancias econ&#x00F3;micas muy adversas, se consideran asumibles -por guardar proporci&#x00F3;n con los propios medios- o bien moralmente superiores -por responder a la inserci&#x00F3;n de los deudores en relaciones de reciprocidad. El deudor “de buena fe” se resignifica, as&#x00ED;, como alguien que, pese a haber cejado en el empe&#x00F1;o de seguir pagando las cuotas hipotecarias a toda costa, incumpliendo as&#x00ED; con lo que de entrada se considera la principal obligaci&#x00F3;n financiera de los grupos dom&#x00E9;sticos, mantiene una actitud comprometida con el mantenimiento de la vida y de la dignidad.</p>			
		</sec>
		
	</body>
	
	
	<back>
	
		<ack>
			<title>AGRADECIMIENTOS</title>

				<p>Esta investigaci&#x00F3;n ha sido financiada parcialmente por la Wenner Gren Foundation for Anthropological Research (Post-PhD Grant 2014) y por la Generalitat de Catalunya (SGR 2014). La autora agradece a Balint&#x00C1;bel Berem&#x00E9;nyi y a los participantes en el panel “la crisis hipotecaria en el Estado espa&#x00F1;ol: impactos y respuestas sociales”, celebrado en el marco del I Congreso de la Asociaci&#x00F3;n de Antrop&#x00F3;logos Iberoamericanos en Red, las sugerencias para la mejora de las versiones anteriores del texto. Tambi&#x00E9;n expresa su agradecimiento a todas las personas que se han prestado a colaborar con la investigaci&#x00F3;n aportando sus experiencias.</p>
		</ack>
		
		<sec id="notas">
			<title>NOTAS</title>
		
			<fn-group>
				<fn id="NOTE1"><label>1</label>
					<p>Seg&#x00FA;n Laparra Navarro y P&#x00E9;rez Eransus(<xref ref-type="bibr" rid="CIT10">2012</xref>, p. 124), entre 2007 y 2010 se produjo un aumento significativo del n&#x00FA;mero de hogares para los que el gasto en vivienda supone una carga elevada. De hecho, como muestra Ayala Ca&#x00F1;&#x00F3;n(<xref ref-type="bibr" rid="CIT01">2016</xref>, p. 152), el n&#x00FA;mero de hogares sin ning&#x00FA;n tipo de ingreso experiment&#x00F3; un aumento considerable durante los a&#x00F1;os de la crisis, entre 2007 y 2014.</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE2"><label>2</label>
					<p>Esto se refiere a la doctrina <italic>rebus sic stantibus</italic>, seg&#x00FA;n la cual un contrato puede llegar a declararse nulo ante una alteraci&#x00F3;n sobrevenida de las circunstancias en las que fue firmado. Existe desacuerdo entre los jueces que hemos entrevistado acerca de su aplicabilidad en el caso hipotecario.</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE3"><label>3</label>
					<p>Real Decreto-ley 1/2015, de 27 de febrero, de mecanismo de segunda oportunidad, reducci&#x00F3;n de carga financiera y otras medidas de orden social.</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE4"><label>4</label>
					<p>N&#x00F3;tese el contraste entre esos ideales y los de los modelos de &#x00E9;xito social y econ&#x00F3;mico que pretenden imponerse como hegem&#x00F3;nicos, como los que provienen del mundo de las finanzas o de la <italic>cultura de Wall Street</italic> (Ho, <xref ref-type="bibr" rid="CIT09">2009</xref>).</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE5"><label>5</label>
					<p>Esa fue la experiencia de Jenny cuando volvi&#x00F3; a instalarse en casa tras el lanzamiento.</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE6"><label>6</label>
					<p>Como, por ejemplo, el Real Decreto ley 1/2015.</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE7"><label>7</label>
					<p>C&#x00E1;ritas ofrece un Servicio de Mediaci&#x00F3;n en Vivienda, mientras que la Ag&#x00E8;ncia de l’Habitatge de la Generalitat de Catalunya ofrece un servicio de asesoramiento llamado Ofideute, y la Diputaci&#x00F3; de Barcelona ha creado una red de puntos de informaci&#x00F3;n llamada Servei d’Intermediaci&#x00F3; en Deutes de l’Habitatge, normalmente ubicados en las Oficinas de Vivienda de los ayuntamientos.</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE8"><label>8</label>
					<p>En efecto, <xref ref-type="bibr" rid="CIT24">Sales i Campos</xref> (<italic>Diagnosis</italic> 2013, p. 13) identifica los retrasos en el pago de la hipoteca como factores estructurales -relacionados con procesos econ&#x00F3;micos o din&#x00E1;micas del mercado inmobiliario- que pueden llevar al sinhogarismo en la medida en que la tenencia de la vivienda se torna insegura ante el riesgo de desahucio y en que los afectados por las ejecuciones pasan a vivir bajo un techo sin permiso legal, en situaci&#x00F3;n de ocupaci&#x00F3;n, o bien a hacerlo con amigos o familiares o en r&#x00E9;gimen de realquiler.</p>
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