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			<journal-id journal-id-type="publisher-id">ARBOR</journal-id>
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				<journal-title>ARBOR Ciencia, Pensamiento y Cultura</journal-title>
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			<issn pub-type="ppub">0210-1963</issn>
			<issn pub-type="epub">1988-303X</issn>
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				<publisher-name>Consejo Superior de Investigaciones Cient&#x00ED;ficas</publisher-name>
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				<subject>RESE&#x00D1;AS DE LIBROS / BOOK REVIEWS</subject>
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				<article-title>Julian Baggini. A Short History of Truth. Consolations for a Post-Truth World. Londres: Quercus, 2017, 115 pp. ISBN: 978-1-78648-888-3</article-title>
				<alt-title alt-title-type="running-head">Rese&#x00F1;a</alt-title>
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					<surname>P&#x00E9;rez Lasserre</surname>
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			<aff id="U1">Universidad de San Sebasti&#x00E1;n</aff>
			
			 
				 
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				<day>30</day>
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				<year>2019</year>
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			<issue>793</issue>
				
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						<license-p>Este es un art&#x00ED;culo de acceso abierto distribuido bajo los t&#x00E9;rminos de la licencia de uso y distribuci&#x00F3;n Creative Commons Reconocimiento 4.0 Internacional (CC BY 4.0).</license-p>
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			<p>El libro de Julian Baggini logra algo muy dif&#x00ED;cil de alcanzar, a saber, el constituirse como un texto lo suficientemente denso desde el punto de vista filos&#x00F3;fico como para llamar la atenci&#x00F3;n del mundo acad&#x00E9;mico, pero al mismo tiempo capaz de hacer surgir el inter&#x00E9;s de aquellos no versados en las humanidades. En efecto, la sencillez del lenguaje utilizado, junto a la vinculaci&#x00F3;n de teor&#x00ED;as filos&#x00F3;ficas con momentos concretos de la historia contempor&#x00E1;nea (el mejor ejemplo, creo, es la conjugaci&#x00F3;n que hace entre el pensamiento de David Hume y lo ocurrido en Iraq durante la administraci&#x00F3;n del expresidente de Estados Unidos George Bush), hace que el texto sea llamativo para todo tipo de p&#x00FA;blico.</p>

			<p>El autor comienza su obra con un cap&#x00ED;tulo dedicado a las <italic>verdades eternas</italic>, esto es, aquellas de origen trascendente que defienden las distintas religiones. El an&#x00E1;lisis que Baggini hace en este cap&#x00ED;tulo se encuentra centrado en la idea de que las verdades que encuentran su origen en las ciencias exactas y aquellas de car&#x00E1;cter teol&#x00F3;gico (si es que existen, enfatiza el autor), pueden coexistir si se tiene en consideraci&#x00F3;n que las primeras se encuentran en el plano de lo <italic>ordinario</italic>, de aquello que los seres humanos somos capaces de conocer, mientras que las segundas se encuentran en una dimensi&#x00F3;n <italic>extraordinaria</italic>, fuera de nuestras capacidades de comprensi&#x00F3;n como seres mundanos y limitados. En palabras del autor:</p>

						<disp-quote><p>Nadie debiese confundir la teolog&#x00ED;a con la ciencia, el mito con la historia. Si las verdades eternas existen, lo que las har&#x00ED;a especiales es justamente que estas no son parte de lo ordinario, de lo emp&#x00ED;ricamente comprobable. Ir&#x00F3;nicamente, aquellos que las tratan como tales disminuyen el valor de las mismas, en vez de, por ese medio, defender su fe (p. 19).</p></disp-quote>

			<p>Es decir, Baggini, sin aseverar la existencia de las mismas, critica al pensamiento cientificista que trata las verdades de origen trascendente como parte del mundo fenom&#x00E9;nico, pero al mismo tiempo ataca a quienes, creyendo que as&#x00ED; le dan mayor fuerza a la fe, interpretan los textos sagrados de manera literal y desechan los avances logrados por las ciencias exactas. En palabras sencillas, en este cap&#x00ED;tulo el autor busca el justo medio entre la ciencia y la fe.</p>

			<p>El segundo cap&#x00ED;tulo est&#x00E1; dedicado a las verdades que encuentran su origen en las autoridades <italic>(authoritative truths)</italic>. Aqu&#x00ED; el autor arguye que, si bien el apoyarse en personas expertas en temas en los que uno es ignorante est&#x00E1; bien, no hay que caer en el absurdo de dejar que los otros piensen por uno. Es decir, apoy&#x00E1;ndose en la famosa frase de Kant en su <italic>Cr&#x00ED;tica de la raz&#x00F3;n pura</italic>, defiende la idea de que hay que atreverse a pensar por uno mismo (cf. p. 31), pero al mismo tiempo reconociendo la incapacidad de los seres humanos para saberlo todo sobre todo (y, por lo tanto, la necesidad de recurrir a otros en ciertos asuntos). La frase que mejor resume lo vertido por Baggini en este cap&#x00ED;tulo es de hecho la que lo clausura: “no pienses solo, pero piensa por ti mismo, no porque eres m&#x00E1;s sabio o inteligente que los dem&#x00E1;s, sino porque eso es lo que has de hacer en &#x00FA;ltima instancia” (p. 31).</p>

			<p>En los cap&#x00ED;tulos 3, 4 y 5, Baggini analiza las verdades <italic>esot&#x00E9;ricas</italic>, <italic>racionales</italic> y <italic>emp&#x00ED;ricas</italic>, respectivamente. Sobre las primeras dice que no hay que desecharlas inmediatamente, toda vez que el pensamiento cr&#x00ED;tico exige que sean los antecedentes los que desacrediten las verdades y no el mero capricho. As&#x00ED;, se&#x00F1;ala el autor, si es que se quiere aseverar que una teor&#x00ED;a conspirativa es absurda (como, por ejemplo, que el ataque del 11 de septiembre de 2001 a Estados Unidos fue orquestado por la administraci&#x00F3;n de Bush), es necesario justificar las razones que llevan a dicha conclusi&#x00F3;n (cf. pp. 37-39). Respecto a las verdades racionales, Baggini dice que, si bien es necesaria y ha tra&#x00ED;do incontables beneficios para la humanidad, la racionalidad por s&#x00ED; misma no basta para explicar la totalidad de la existencia humana. Es decir, argumenta que quienes tienen fe ciega en la raz&#x00F3;n pecan de egocentrismo, toda vez que toman como premisa la idea de que ella puede penetrar en todos los recovecos de la existencia mediante explicaciones l&#x00F3;gicamente articuladas, aun cuando la experiencia nos ense&#x00F1;a que la vida concreta muchas veces no responde a la l&#x00F3;gica. Es por eso por lo que el autor defiende la idea de que “al igual que el alcohol, cuando es excesivamente pura, la raz&#x00F3;n se transforma en indigerible y potencialmente t&#x00F3;xica. La raz&#x00F3;n funciona mejor cuando se mezcla no s&#x00F3;lo con l&#x00F3;gica, sino que tambi&#x00E9;n con experiencia, evidencias, juicio, sutilidad del pensamiento y sensibilidad frente a la ambig&#x00FC;edad” (p. 47).</p>

			<p>Acerca de las verdades emp&#x00ED;ricas Baggini dice algo similar. Arguye que, si bien es innegable que el m&#x00E9;todo cient&#x00ED;fico ha logrado un cierto nivel de certeza en las ciencias, no hay que olvidar que hay otros factores respecto a los cuales la propia ciencia reconoce muchas veces que ha cometido un error (y as&#x00ED; se produce el avance en la misma), y que no todos los aspectos de la existencia son explicables emp&#x00ED;ricamente.</p>

			<p>Los cap&#x00ED;tulos 6, 7 y 8 los dedica el autor a las verdades <italic>creativas</italic>, <italic>relativas</italic> y <italic>poderosas</italic> <italic>(powerful)</italic>. Es aqu&#x00ED; donde encontramos la idea central del libro, a saber, que si bien la l&#x00F3;gica de las ciencias exactas no basta para explicar la totalidad de la realidad, tampoco se ha de caer en el otro extremo: el nominalismo. Baggini describe esta l&#x00ED;nea de pensamiento se&#x00F1;alando que responde a la idea de que algo se puede hacer realidad por medio de la sola palabra (p. 63). Llev&#x00E1;ndolo a un ejemplo concreto, el nominalismo (seg&#x00FA;n la descripci&#x00F3;n de Baggini) se&#x00F1;ala que basta con decir que una manzana es azul para que esta lo sea, toda vez que el lenguaje es una construcci&#x00F3;n arbitraria del ser humano para explicar el mundo. Ahora bien, el autor, aun cuando entiende que este pensamiento haya nacido como respuesta a aquellos fil&#x00F3;sofos que aseveraban que eran poseedores de una &#x00FA;nica y absoluta verdad, critica el hecho de que el mismo clausura la alteridad. Es decir, deja de reconocer <italic>lo otro</italic>, el mundo circundante y cotidiano, y se centra solo en el ser humano y en su pensamiento. Hace violencia a la alteridad mediante categor&#x00ED;as fabricadas por el ser humano y no escucha que esta tambi&#x00E9;n nos dice algo. Se olvida de que los seres humanos no somos due&#x00F1;os del mundo, sino que formamos parte de &#x00E9;l. Adem&#x00E1;s, es esta &#x00FA;ltima idea, agrega Baggini, lo que ha llevado a las sociedades contempor&#x00E1;neas al mundo de la post-verdad, aquel donde mi verdad es tan v&#x00E1;lida como la de otros sin importar si alguna de ellas tiene o no alguna correlaci&#x00F3;n con el mundo. </p>

			<p>El camino de salida <italic>(the way out)</italic> que propone Baggini es el siguiente:</p>

						<disp-quote><p>Hay m&#x00E1;s de una manera de describir el mundo, m&#x00E1;s de una manera de asignar valor e importancia a las cosas. Eso contradice la perspectiva simplista seg&#x00FA;n la cual hay solo una verdad y, por lo tanto, una manera de describir el mundo. Pero, ¿qui&#x00E9;n cree tal cosa? Quiz&#x00E1;s no hay <italic>una</italic> verdad, pero hay <italic>verdades</italic> objetivas, realidad respecto a verdades relativas (p. 74).</p></disp-quote>

			<p>Dicho de otro modo, si bien hay que reconocer que la realidad es de car&#x00E1;cter hermen&#x00E9;utico, y que, por lo tanto, un mismo fen&#x00F3;meno es susceptible de diversas interpretaciones, hay que tomar en consideraci&#x00F3;n al mismo tiempo que, para que estas interpretaciones sean “verdaderas”, es necesario que se compadezcan con el mundo, con la alteridad que buscan describir. Es decir, si bien es factible y leg&#x00ED;timo el considerar una manzana como un ente &#x00FA;til para alimentarme o como un ente &#x00FA;til para una obra de arte, resultar&#x00ED;a ileg&#x00ED;timo el concebirla como un ente &#x00FA;til para transportar a un ser humano a cien kil&#x00F3;metros por hora. La manzana no presenta la posibilidad de ser comprendida de esa manera, por lo que dicha interpretaci&#x00F3;n har&#x00ED;a violencia a la alteridad.</p>

			<p>En definitiva, el libro de Baggini, de manera bastante sencilla, elocuente y accesible para todo tipo de p&#x00FA;blico, toma la idea heideggeriana (aun cuando no lo cite) de que la verdad no es la adecuaci&#x00F3;n de nuestra mente con la realidad, sino un desocultamiento de la misma por parte de los seres humanos, y la utiliza como medio para destruir los cimientos sobre los que se construye el mundo de la post-verdad. Es decir, busca reconciliar la relatividad de la verdad con el realismo, dando como resultado una posici&#x00F3;n hermen&#x00E9;utica bastante cercana a la de autores como Hans-Georg Gadamer (aun cuando este &#x00FA;ltimo, por razones obvias, desarrolla este pensamiento de manera mucho m&#x00E1;s extensa). Si bien el acad&#x00E9;mico extra&#x00F1;ar&#x00E1; un cierto nivel de profundidad en el texto, la falta de la misma se ve enriquecida por la capacidad del autor para explicar temas sumamente complejos de manera tal que pueden ser comprendidos por toda persona.</p>

			<p><bold>Diego P&#x00E9;rez Lasserre</bold></p>
			
			<p><italic>Universidad de San Sebasti&#x00E1;n</italic></p>


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