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				<journal-title>ARBOR Ciencia, Pensamiento y Cultura</journal-title>
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			<issn pub-type="ppub">0210-1963</issn>
			<issn pub-type="epub">1988-303X</issn>
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				<publisher-name>Consejo Superior de Investigaciones Cient&#x00ED;ficas</publisher-name>
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				<subject>RESE&#x00D1;AS DE LIBROS / BOOK REVIEWS</subject>
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				<article-title>Adolfo Torrecilla. Cien a&#x00F1;os de literatura a la sombra del Gulag 1917-2017. Madrid: Ediciones Rialp, 2017, 483 pp. ISBN:978-84-321-4913-9</article-title>
				<alt-title alt-title-type="running-head">Rese&#x00F1;a</alt-title>
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					<surname>G&#x00F3;mez Cifuentes</surname>
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			<aff id="U1">Universidad del Pa&#x00ED;s Vasco</aff>

				 
			<pub-date pub-type="epub">
				<day>30</day>
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				<year>2019</year>
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			<volume>195</volume>
			<issue>793</issue>
				
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			<p>Adolfo Torrecilla (Madrid, 1960) es profesor, cr&#x00ED;tico literario y colabora en diferentes revistas y medios de comunicaci&#x00F3;n. Dirige la secci&#x00F3;n de literatura de la agencia Aceprensa y, entre otras publicaciones, es autor de <italic>Dos gardenias para ti y otros relatos</italic>.</p>
			
			<p><italic>Cien a&#x00F1;os de literatura a la sombra del Gulag 1917-2017</italic> es un valioso ensayo que analiza de manera rigurosa y did&#x00E1;ctica m&#x00E1;s de un centenar de obras de diversos g&#x00E9;neros que versan sobre la experiencia que tuvieron sus autores en los <italic>gulag</italic>, los asesinatos cometidos en la URSS (Uni&#x00F3;n de Rep&#x00FA;blicas Socialistas Sovi&#x00E9;ticas) o en pa&#x00ED;ses del Tel&#x00F3;n de Acero y lo acontecido en otras <italic>geograf&#x00ED;as de la barbarie</italic> como China, Camboya o Corea del Norte. </p>

			<p>El ensayo que nos ocupa comienza con una pregunta directa del autor a los lectores: ¿cu&#x00E1;ndo asumiremos que Kolim&#x00E1; y Auswitch son las dos caras de una misma moneda? De este modo, a lo largo de las tres partes en que estructura su obra, trata de justificar dicha “afirmaci&#x00F3;n”. Comienza mostrando una visi&#x00F3;n global de la maquinaria represiva en la URSS, cuyas v&#x00ED;ctimas, para sorpresa del autor, no parecen formar parte del imaginario colectivo. En el segundo y tercer cap&#x00ED;tulo ilustra purgas, torturas, exterminios, matanzas en masa, persecuciones, fusilamientos, trabajos forzados, exilios, apaleamientos hasta la muerte, esclavitud, hambrunas… con la “experiencia” de autores que vivieron y sufrieron en carne propia el terror rojo, autores que mantuvieron la dignidad de la palabra y enfrentaron el da&#x00F1;o para ajusticiar la sinraz&#x00F3;n de aquellos a&#x00F1;os. </p>

			<p>Uno de los grandes aciertos del ensayo de Adolfo Torrecilla es que se aleja de ser un mero registro bibliogr&#x00E1;fico, recorre las <italic>geograf&#x00ED;as de la barbarie</italic> mediante un exhaustivo estudio sobre los literatos y el contexto hist&#x00F3;rico en que se hallan, apostillando aspectos &#x00E9;ticos y est&#x00E9;ticos de sus obras que nos ayudan a vislumbrar el valor de sus legados literarios.</p>

			<p>Una breve, pero &#x00FA;til, cronolog&#x00ED;a hist&#x00F3;rica y literaria que va desde 1894 hasta 2017, tras la que se advierte a los lectores de que se trata solo de una selecci&#x00F3;n de obras publicadas en castellano en las que se han occidentalizado en la medida de lo posible algunas de las graf&#x00ED;as de sus nombres, nos adentra en la primera parte subtitulada “Itinerario de una memoria olvidada”. El autor sit&#x00FA;a al lector en la revoluci&#x00F3;n rusa de 1917, movimiento que transform&#x00F3; la historia de muchos pa&#x00ED;ses y de millones de personas, a la vez que determin&#x00F3; las manifestaciones art&#x00ED;sticas y culturales de su tiempo. El r&#x00E9;gimen busca saboteadores por todos lados y la URSS se convierte en un centro de espionaje donde la racionalidad revolucionaria sustituye a la justicia. El Partido debilit&#x00F3; la agricultura creando las condiciones propicias para las terribles y devastadoras hambrunas que acabaron con la vida de siete millones de personas; decidi&#x00F3; eliminar la <italic>intelligentsia</italic> estandarizando a los escritores a los que consideraba “los ingenieros del alma”. La literatura solo tiene un camino: el realismo socialista. 1937 marca un punto y aparte en la historia de los <italic>gulag</italic> pues dejan de ser prisiones para convertirse en verdaderos campos de exterminio. Algunas voces como la de Victor Serge o Arthur Koestler comienzan a o&#x00ED;rse pero, y esta es una de las cuestiones que asombra sobremanera al autor, la inteligencia occidental se muestra m&#x00E1;s indulgente con el comunismo que con el nazismo o fascismo. Solzhenitsyn, aprovechando una delgada pol&#x00ED;tica aperturista, publica <italic>Un d&#x00ED;a en la vida de Iv&#x00E1;n Den&#x00ED;sovich</italic>. Fue r&#x00E1;pidamente retirada de circulaci&#x00F3;n, pero a partir de dicha obra, nada fue lo mismo.</p>

			<p>En la segunda parte, nos sumergimos de lleno con Adolfo Torrecilla en los “Testimonios literarios de la represi&#x00F3;n en la URSS y otros pa&#x00ED;ses comunistas” As&#x00ED;, Jos&#x00E9; M. Faraldo con <italic>Historia y memoria de la Revoluci&#x00F3;n</italic> da cuenta de c&#x00F3;mo las autoridades bolcheviques construyeron desde el principio su propia memoria. Surge lo que Anne Applebaum en <italic>Gulag</italic> denomina el <italic>homo sovieticus</italic>: la sumisa aceptaci&#x00F3;n del comunismo como &#x00FA;nico sistema de vida que incluso hace peligrar la cultura al desaparecer la libertad de ejercer la cr&#x00ED;tica. Algunos escritores como C&#x00E9;sar Vallejo o R. J. S&#x00E9;nder se mostrar&#x00E1;n en sus obras encandilados con los ideales ut&#x00F3;picos, otros como Stefan Zweig ser&#x00E1;n conscientes de que en su viaje a Rusia, a pesar de ense&#x00F1;arles muchas cosas, dejan de ense&#x00F1;arles otras muchas. Los primeros en criticar los m&#x00E9;todos de la URSS fueron Victor Serge con <italic>Ciudad conquistada</italic>, Arthur Koestler con <italic>El cero y el infinito</italic> o Jan Vatlin con <italic>La noche qued&#x00F3; atr&#x00E1;s</italic>, pero el verdadero <italic>juicio de N&#x00FC;renberg</italic> del comunismo, comenta Torrecilla, fue la obra <italic>Archipi&#x00E9;lago Gulag</italic> de Alexander Solzhenitsyn. Tras &#x00E9;l llegaron <italic>Relatos de Kolim&#x00E1;</italic> de Varlam Shalamov o <italic>Vida y destino</italic> de Vasili Grossman, entre otros que demostrar&#x00E1;n que, como dice Enrique Fern&#x00E1;ndez Vernet, “el Gulag no solo estaba en los campos penitenciarios, sino que habitaba en el alma de las personas”. <italic>El fin del «Homo Sovieticus»</italic> de Svetlana Alexi&#x00E9;vich, Premio Nobel 2015, da cuenta de la desintegraci&#x00F3;n de la URSS y junto con otras obras, como <italic>Vida e ins&#x00F3;litas aventuras del soldado Iv&#x00E1;n Chonkin</italic> o <italic>El compromiso</italic>, imprimir&#x00E1; una cierta distancia al acontecimiento introduciendo el humor y la s&#x00E1;tira para combatir la censura bolchevique. Llegados a este punto el repaso literario al que nos ha enfrentado el autor nos deja una visi&#x00F3;n hol&#x00ED;stica de la represi&#x00F3;n en la URSS.</p>

			<p>En la tercera parte o “Geograf&#x00ED;as de la barbarie”, Torrecilla transita con los autores seleccionados y las obras m&#x00E1;s representativas de estos los pa&#x00ED;ses azotados por el comunismo. Inicia la memoria de la <italic>sin memoria</italic> en un viaje tanto f&#x00ED;sico como psicol&#x00F3;gico, como denota la frase de Fatos Kongoli: “Me fugu&#x00E9; a mi interior, a los territorios de la soledad. No existe fuga m&#x00E1;s amarga, pero tampoco m&#x00E1;s segura”. Las obras que Torrecilla nos propone tratan de hacer frente a los interrogantes que plante&#x00F3; dicho momento hist&#x00F3;rico. As&#x00ED;, el checo Arthur London plantea en <italic>La confesi&#x00F3;n</italic> su incomprensi&#x00F3;n ante la indiferencia con que el resto de pa&#x00ED;ses asist&#x00ED;a al horror bolchevique. El rumano Dan Lungu en <italic>¡Soy un vejestorio comunista!</italic> refleja lo parad&#x00F3;jico que resulta que una parte de la poblaci&#x00F3;n, habiendo vivido un r&#x00E9;gimen totalitario e inhumano, fuera capaz de sentir nostalgia de &#x00E9;l. El b&#x00FA;lgaro Angel Wagenstein en <italic>El Pentateuco de Isaac</italic>, donde su protagonista Itzik recorre todas las estaciones m&#x00E1;s oscuras de la historia europea del siglo XX, desenmascara con una sola frase <italic>el terror de Stalin</italic>, como lo denomina Applebaum: “... me fui a la guerra como austro-h&#x00FA;ngaro y regres&#x00E9; como polaco.” Habr&#x00E1; autores como G&#x00FF;orgy Dragom&#x00E1;n que decidan narrar, por ejemplo, el infierno vivido por Yata y su madre a la que apodaban “la zorra jud&#x00ED;a”, sin ning&#x00FA;n tipo de b&#x00E1;lsamo. O autoras como Monika Zgustova que aportar&#x00E1; un rayo de esperanza ante tanto dolor y sufrimiento: “Me doy cuenta de que sin mi experiencia en el Gulag no ser&#x00ED;a como soy... si uno pasa por el campo y no se convierte en un ogro… est&#x00E1; acorazado. Ha pasado la prueba”. De uno u otro modo, Adolfo Torrecilla -como afirma Varujan Vosganian en <italic>El libro de los suspiros:</italic> “Yo soy, sobre todo, lo que no he podido realizar”- piensa que la huella en el alma humana permanecer&#x00E1; indeleble hasta que se haga justicia. </p>

			<p>Cuando Adolfo Torrecilla hace alusi&#x00F3;n a Corea del Norte, llama la atenci&#x00F3;n la actualidad del problema al que nuestra sociedad, en palabras del autor, sigue sin querer volver los ojos. En <italic>Los acuarios de Pyongyang</italic>, Kan Chol Hwan relata su experiencia en un campo de concentraci&#x00F3;n coreano en la d&#x00E9;cada de los 90, donde se calcula siguen hoy d&#x00ED;a prisioneros m&#x00E1;s de 200.000 coreanos. Es por testimonios como este por lo que Camboya, China o incluso Cuba ocupan tambi&#x00E9;n un lugar en dichas <italic>geograf&#x00ED;as de la barbarie</italic> declaradas por el autor, porque siguen revelando lo poco que vale una vida cuando la ideolog&#x00ED;a se vuelve demente.</p>

			<p>Concluye Torrecilla alegando que el terror sovi&#x00E9;tico o chino con Mao o de Pol Pot en Camboya…, descrito ampliamente en todas estas obras, ha contado con aliados como la falta de im&#x00E1;genes, la ausencia de asociaciones que den visibilidad a los hechos, como sucede con la Shoah, que a menudo los cr&#x00ED;menes nazis acaparan toda la atenci&#x00F3;n encubriendo los sovi&#x00E9;ticos que continuaron al menos hasta 1953, o el hecho de que muchos intelectuales confiaran en el comunismo como la llegada de un tiempo nuevo... Todo esto, si recurrimos a la consigna de Agamben, amenaza con volver a repetirse, aunque en el “Ep&#x00ED;logo” de <italic>Cien a&#x00F1;os de literatura a la sombra del Gulag 1917-2017</italic>, Torrecilla hace hincapi&#x00E9; en que, en una sociedad analg&#x00E9;sica, portadora de un individualismo gregario y anarquizante a partes iguales, que diluye la memoria a largo plazo trivializando los horrores del pasado, se auguran males mucho m&#x00E1;s graves en el futuro.</p>

			<p>En este ameno e interesante repaso por <italic>el gran osario de la memoria hist&#x00F3;rica</italic>, como afirma Shentalinski en 1988 cuando se le permite acceder a la Lubianka para indagar el paradero de miles de escritores represaliados y asesinados, encontraremos autores tan conocidos como Czeslaw Milosz o Bor&#x00ED;s Pasternak, entre otros que no lo son tanto como Esther Hautzig o Denise Affon&#x00E7;o, pero que seg&#x00FA;n Torrecilla merecen serlo. La m&#x00E1;s que recomendable obra que tenemos ante nosotros supone un homenaje literario a la propia literatura que result&#x00F3;, y siempre ha resultado, indispensable como reducto humano en &#x00E9;pocas donde el <italic>hombre</italic> se olvida de ser <italic>hombre</italic>. Magn&#x00ED;fica obra que nos emplaza a descubrir futuras lecturas que merecen un lugar privilegiado en la memoria colectiva de la humanidad pues, como afirma Adolfo Torrecilla, no debemos dejar de leer y escribir sobre aquello.</p>

			<p><bold>Rebeca G&#x00F3;mez Cifuentes</bold></p>
			
			<p><italic>Universidad del Pa&#x00ED;s Vasco</italic></p>

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