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			<journal-id journal-id-type="publisher-id">Arbor</journal-id>
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				<journal-title>ARBOR Ciencia, Pensamiento y Cultura</journal-title>
				<abbrev-journal-title>Arbor</abbrev-journal-title>
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			<issn pub-type="ppub">0210-1963</issn>
			<issn pub-type="epub">1988-303X</issn>
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				<publisher-name>Consejo Superior de Investigaciones Cient&#x00ED;ficas</publisher-name>
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			<article-id pub-id-type="publisher-id">arbor.2019.794n4005</article-id>
			<article-id pub-id-type="doi">10.3989/arbor.2019.794n4005</article-id>
			 
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				<subject>VARIA / VARIA</subject>
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				<article-title>La cr&#x00ED;tica de la ciencia en Espa&#x00F1;a despu&#x00E9;s del 68</article-title>
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					<trans-title>The critique of science in Spain after 1968</trans-title>
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				<alt-title alt-title-type="running-head">La cr&#x00ED;tica de la ciencia en Espa&#x00F1;a despu&#x00E9;s del 68</alt-title>
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					 <surname>D&#x00ED;az-Fierros Viqueira</surname>
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			<author-notes>
				<corresp id="cor1">e-mail: <email xlink:href="francisco.diaz.fierros@gmail.com">francisco.diaz.fierros@gmail.com</email>
					ORCID iD: <ext-link ext-link-type="uri" xlink:href="https://orcid.org/0000-0003-3690-2172">https://orcid.org/0000-0003-3690-2172</ext-link>
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				<year>2019</year>
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			<year>2019</year>
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			<volume>195</volume>
			<issue>794</issue>
			
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					<license-p>Este es un art&#x00ED;culo de acceso abierto distribuido bajo los t&#x00E9;rminos de la licencia de uso y distribuci&#x00F3;n Creative Commons Reconocimiento 4.0 Internacional (CC BY 4.0).</license-p>
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				<title>RESUMEN</title>
				<p>Se analizan en este art&#x00ED;culo una serie de revistas y libros, as&#x00ED; como otro tipo de manifestaciones producidas en Espa&#x00F1;a en el per&#x00ED;odo 1968-1976, que se refirieron a la denominada <italic>cr&#x00ED;tica de la ciencia</italic>. Este movimiento tuvo su mayor vigencia en los pa&#x00ED;ses occidentales en la d&#x00E9;cada de los setenta del pasado siglo. El an&#x00E1;lisis muestra la presencia de esta cr&#x00ED;tica en diferentes medios, aun cuando se puede considerar que su relevancia fue relativamente minoritaria en el conjunto de la sociedad espa&#x00F1;ola.</p>
			</abstract>
			
									
			<trans-abstract xml:lang="en">
				<title>ABSTRACT</title>
				<p>This paper analyses a series of books, journals and other types of representations produced in Spain between 1968 and 1976 that refer to the so-called <italic>Critique of Science</italic>. This movement mainly expanded in Western countries during the 70’s. It shows how this critique appeared in different media, although with less relevance in Spanish society.</p>
			</trans-abstract>
			

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				<title>PALABRAS CLAVE</title>
				<kwd>Cientifismo</kwd>
				<kwd>pacifismo</kwd>
				<kwd>ecologismo</kwd>
				<kwd>ciencia cr&#x00ED;tica</kwd>
			</kwd-group>
			
						
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				<title>KEYWORDS</title> 			
				<kwd>Scientism</kwd>	
				<kwd>pacifism</kwd>
				<kwd>environmentalism</kwd>
				<kwd>critical science</kwd>
			</kwd-group>
			
		
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	<body>	
			
		<sec id="S1">
			<title>INTRODUCCI&#x00D3;N</title>

					<p>Al cumplirse cincuenta a&#x00F1;os desde los acontecimientos de mayo del 68 se prodigaron los an&#x00E1;lisis sobre su significado y transcendencia. En general, se destacaba que su importancia se derivaba sobre todo del hecho de que diversos movimientos contestatarios que ven&#x00ED;an emergiendo desde el final de la Segunda Guerra Mundial tuvieron en ese momento, por diversas circunstancias que no son f&#x00E1;ciles de concretar y de describir, su coincidencia y unas condiciones sociopol&#x00ED;ticas que facilitaron su repentina y dram&#x00E1;tica manifestaci&#x00F3;n p&#x00FA;blica. Hay un acuerdo bastante amplio en afirmar que el 68 tuvo culturalmente poco de original, aunque como s&#x00ED;ntoma de los cambios que estaban ocurriendo en la sociedad occidental fuera un momento fundamental y singular de la historia reciente.</p>

					<p>Dentro de los movimientos de protesta que tuvieron una mayor vigencia se recuerda en este aniversario la cr&#x00ED;tica al d&#x00E9;ficit democr&#x00E1;tico y al autoritarismo en la universidad, en las instituciones p&#x00FA;blicas y en las empresas, el pacifismo con la guerra del Vietnam como referencia obligada, el feminismo y el ecologismo y, en general, el rechazo de las normas tradicionales que estaban vigentes en la familia y en las principales organizaciones. Sin embargo, la cr&#x00ED;tica a la ciencia, que tuvo tambi&#x00E9;n su importancia y transcendencia en estos acontecimientos, apenas es recordada.</p>

					<p>Existen libros y trabajos sobre esta cuesti&#x00F3;n, aunque tampoco son muy numerosos, como el fundamental de Renaul Debailly (<xref ref-type="bibr" rid="CIT19">2015</xref>), profesor de sociolog&#x00ED;a en la Sorbona, titulado <italic>La critique de la science depuis 1968</italic> en el que ya con una cierta perspectiva temporal se analizan las causas y las caracter&#x00ED;sticas de este movimiento. Y por supuesto, existen los que se escribieron en los a&#x00F1;os de mayor efervescencia de la cr&#x00ED;tica a la ciencia en la d&#x00E9;cada de los setenta y que se pueden considerar ya como manifestaciones sintom&#x00E1;ticas de estos acontecimientos. Ser&#x00ED;a el caso de los del f&#x00ED;sico Levy-Leblond y Jaubert (<xref ref-type="bibr" rid="CIT43">1975</xref>), una de las figuras m&#x00E1;s emblem&#x00E1;ticas de esta &#x00E9;poca, con su <italic>(Auto)critique de la science</italic> o el de la soci&#x00F3;loga americana Nelkin (<xref ref-type="bibr" rid="CIT52">1978</xref>), algo m&#x00E1;s tard&#x00ED;o, titulado <italic>Scientists in an Adversary Culture: The 1970s</italic>. En Espa&#x00F1;a son tambi&#x00E9;n muy escasas las referencias sobre la cr&#x00ED;tica de la ciencia posterior al 68 en los pa&#x00ED;ses occidentales, pudiendo citarse el cap&#x00ED;tulo sobre «Mayo de 1968 contra el cientifismo» del libro de Echevarr&#x00ED;a (<xref ref-type="bibr" rid="CIT23">2003</xref>) <italic>Introducci&#x00F3;n a la metodolog&#x00ED;a de la ciencia</italic> y el de Fern&#x00E1;ndez Buey «Entre mayo del 68 y la guerra del Vietnam» <xref ref-type="bibr" rid="CIT70">(s.f.)</xref>.</p>

					<p>Por otra parte, con este enunciado de <italic>cr&#x00ED;tica de la ciencia</italic> deben reconocerse varios planteamientos que tuvieron un desarrollo temporal diferente pero que acabaron confluyendo en una amalgama un tanto an&#x00E1;rquica de consideraciones cr&#x00ED;ticas sobre esta actividad en la d&#x00E9;cada de los setenta. Posteriormente, sobre todo en los ochenta, dieron lugar ya a formulaciones mucho m&#x00E1;s elaboradas que acabaron por influir decisivamente en la historia, en la sociolog&#x00ED;a, en la axiolog&#x00ED;a y en la filosof&#x00ED;a de la ciencia actuales.</p>

					<p>El primero de estos planteamientos, que tiene ra&#x00ED;ces muy antiguas, que incluso podr&#x00ED;amos llevar hasta Galileo y sobre todo hasta consideraciones y mitos rom&#x00E1;nticos como el de Frankestein, es el del <italic>mal uso de la ciencia</italic>. Sus dos expresiones m&#x00E1;s evidentes en las cr&#x00ED;ticas posteriores al 68 se centraron en la utilizaci&#x00F3;n de los avances cient&#x00ED;fico-t&#x00E9;cnicos en la carrera de armamentos y en la contaminaci&#x00F3;n provocada por los nuevos productos qu&#x00ED;micos. El siguiente ser&#x00ED;a el relativo a la <italic>objetividad y racionalidad en la ciencia</italic> que fue puesto en entredicho por pensadores como Feyerabend, Roszak, Marcuse o Debord, seguido y defendido con entusiasmo por los movimientos contraculturales. La <italic>democratizaci&#x00F3;n de las instituciones</italic> en el caso de la ciencia se orient&#x00F3; hacia la cr&#x00ED;tica del poder, casi absoluto, que ten&#x00ED;an en los laboratorios y en la universidad sus <italic>mandarines</italic>. Tambi&#x00E9;n, aunque con menos insistencia, se destac&#x00F3; el escaso relieve de los subalternos y la m&#x00ED;nima presencia de las mujeres en cargos de responsabilidad. Finalmente, fue puesta en duda la pretendida <italic>autonom&#x00ED;a de la ciencia</italic> ya que una sociolog&#x00ED;a y una historia social de la ciencia emergentes estaban evidenciando de una forma convincente que la actividad cient&#x00ED;fica, aun respetando la existencia de m&#x00E9;todos y principios propios e independientes, estaba determinada tambi&#x00E9;n por los valores que emanaban de la sociedad; de ah&#x00ED; que se propuso que m&#x00E1;s que hablar de <italic>ciencia</italic> y <italic>sociedad</italic> habr&#x00ED;a que hacerlo sobre la <italic>ciencia</italic> en <italic>sociedad</italic>.</p>

					<p>Resulta evidente de las consideraciones anteriores, que movimientos sociales de tanta trascendencia posterior como el pacifismo, el ecologismo o el feminismo estuvieron presentes en la cr&#x00ED;tica de la ciencia de esta &#x00E9;poca. De todas formas, parece excesivo, como algunas veces se ha se&#x00F1;alado, que sean aspectos constituyentes de la misma. A lo sumo, se puede considerar que fueron actividades paralelas con un devenir bastante independiente que, en algunos momentos y bajo determinadas circunstancias, confluyeron e incluso llegaron a interactuar efectivamente (Debailly, <xref ref-type="bibr" rid="CIT19">2015</xref>).</p>
		</sec>

		<sec id="S2">
			<title>ANTECEDENTES DESPU&#x00C9;S DE LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL</title>

					<p>El ataque con bombas at&#x00F3;micas a Hiroshima y Nagasaki en 1945 supuso un fuerte revulsivo en el mundo cient&#x00ED;fico que cambi&#x00F3; radicalmente muchas voluntades que inicialmente, frente al peligro nazi, estaban a favor de una colaboraci&#x00F3;n estrecha entre los cient&#x00ED;ficos y los militares. Es bien conocido el <italic>caso Oppenheimer</italic> sobre este cient&#x00ED;fico alem&#x00E1;n, l&#x00ED;der del proyecto Manhattan, que cre&#x00F3; la bomba at&#x00F3;mica, pero que despu&#x00E9;s se neg&#x00F3; a seguir con las investigaciones que dar&#x00ED;an lugar a la bomba H. En 1954, en pleno delirio macartista, fue sometido a un proceso penal que influy&#x00F3; decisivamente sobre la opini&#x00F3;n de muchos cient&#x00ED;ficos que comenzaron a dudar seriamente sobre su participaci&#x00F3;n en la creaci&#x00F3;n de nuevos armamentos. Colaboraci&#x00F3;n, que todo hay que se&#x00F1;alarlo, era la fuente fundamental de financiaci&#x00F3;n de muchas universidades y centros de investigaci&#x00F3;n en Estados Unidos.</p>

					<p>Las fuertes protestas a que dio origen la guerra del Vietnam (1955-1975) en la sociedad americana, sobre todo a partir de los sesenta, y que llenaron de contenido muchos de los movimientos contraculturales que aparecieron en esta &#x00E9;poca, pronto se extendieron al resto del mundo occidental. Los movimientos pacifistas las hicieron suyas y tambi&#x00E9;n los cient&#x00ED;ficos m&#x00E1;s comprometidos, como Bertrand Russell y Laurent Schwartz, alertaron sobre los riesgos y las consecuencias de las nuevas armas que se empezaban a desarrollar, as&#x00ED; como de los serios peligros que supon&#x00ED;a la nueva aplicaci&#x00F3;n masiva de biocidas en las selvas de Indochina. Estas protestas, como es bien conocido, ocuparon una buena parte del imaginario del 68, quedando reflejadas en las m&#x00E1;s variadas iniciativas, tanto pol&#x00ED;ticas como est&#x00E9;ticas.</p>

					<p>Esta protesta contra el uso de los plaguicidas en Vietnam no hac&#x00ED;a m&#x00E1;s que seguir la senda que hab&#x00ED;a abierto la bi&#x00F3;loga americana Rachel Carson en <xref ref-type="bibr" rid="CIT16">1962</xref> con la publicaci&#x00F3;n de <italic>Primavera silenciosa,</italic> en la que con un calculado dramatismo evidenciaba los peligros de los nuevos productos qu&#x00ED;micos que la ciencia hab&#x00ED;a descubierto para el control de las plagas. Estos riesgos, sumados a otros procesos de degradaci&#x00F3;n del medio ambiente que la actividad industrial hab&#x00ED;a desencadenado, dieron origen a un amplio movimiento de protesta que en 1970, en el denominado <italic>D&#x00ED;a de la Tierra</italic>, consigui&#x00F3; reunir en Washington a millones de personas. Hab&#x00ED;a nacido el movimiento ecologista, que poco a poco se extendi&#x00F3; al resto del mundo civilizado y que en la d&#x00E9;cada de los setenta se articul&#x00F3; en una serie de grupos e instituciones, muchos de ellos todav&#x00ED;a hoy en plena actividad, que ten&#x00ED;an como objetivo prioritario la defensa de una naturaleza &#x00ED;ntegra y descontaminada (D&#x00ED;az-Fierros Viqueira, <xref ref-type="bibr" rid="CIT21">2006</xref>). Muchos de esos grupos les dieron voz y acci&#x00F3;n a los cient&#x00ED;ficos, cada vez m&#x00E1;s numerosos, que propon&#x00ED;an unos objetivos alternativos a una ciencia y una t&#x00E9;cnica en la que predominaban las aplicaciones orientadas exclusivamente a los incrementos de productividad. Esta lucha por estos nuevos usos de la ciencia vino a substituir, en cierta manera, a la tradicional contra sus aplicaciones b&#x00E9;licas que, por otra parte, atenuadas las principales tensiones de la Guerra Fr&#x00ED;a, hab&#x00ED;a dejado de tener en ella uno de sus principales alicientes.</p>

					<p>Finalmente, hay que tener en cuenta que, en los a&#x00F1;os posteriores a la Segunda Guerra Mundial, surgi&#x00F3; un fuerte motivo de preocupaci&#x00F3;n y cr&#x00ED;tica en relaci&#x00F3;n con el d&#x00E9;ficit cient&#x00ED;fico que padec&#x00ED;an los pa&#x00ED;ses del tercer mundo, en el que se ve&#x00ED;a una de las causas de las dram&#x00E1;ticas de las condiciones en que viv&#x00ED;an, y que libros como la <italic>Geopol&#x00ED;tica da Fome</italic> de Josu&#x00E9; de Castro (<xref ref-type="bibr" rid="CIT17">1953</xref>) mostraban en toda su crudeza. Por otra parte, instituciones como la UNESCO, fundada ese mismo a&#x00F1;o, tomaban como uno de sus ejes de actuaci&#x00F3;n el <italic>Periphery Principle</italic>, que promov&#x00ED;a la cooperaci&#x00F3;n cient&#x00ED;fica entre los pa&#x00ED;ses menos desarrollados, creando oficinas y laboratorios en Am&#x00E9;rica Latina, India, Egipto o China (Petitjean, <xref ref-type="bibr" rid="CIT58">2008</xref>) y defendiendo, en colaboraci&#x00F3;n con otras instituciones como la FAO o el Banco Mundial, la transferencia de capital humano y equipos para que las aplicaciones cient&#x00ED;ficas se hicieran realidad en estas regiones.</p>

					<p>La <italic>ciencia en sociedad</italic> presupone la existencia de dos interacciones diferentes: por una parte, la relativa a sus aplicaciones en la sociedad, que se acaba de comentar, con sus implicaciones en el pacifismo, en el ecologismo y en la ayuda al tercer mundo. Por otra parte, en una acci&#x00F3;n complementaria, pero de sentido opuesto, tambi&#x00E9;n se evidencia en esta &#x00E9;poca la influencia que tienen sobre la ciencia las ideolog&#x00ED;as, los sistemas pol&#x00ED;ticos o simplemente la cultura que emanan de una determinada sociedad. La pretendida autonom&#x00ED;a y racionalidad de la ciencia que tradicionalmente se hab&#x00ED;a defendido pronto fue puesta en cuesti&#x00F3;n por la obra de algunos fil&#x00F3;sofos como los de la Escuela de Frankfurt, pero sobre todo por la historia y la sociolog&#x00ED;a de la ciencia que en estos a&#x00F1;os se constituyeron en unas disciplinas aut&#x00F3;nomas con metodolog&#x00ED;as propias y bien asentadas. Un historiador como el brit&#x00E1;nico Bernal con <italic>The Social Function of Science</italic> (<xref ref-type="bibr" rid="CIT07">1939</xref>) y <italic>Science in History</italic> (<xref ref-type="bibr" rid="CIT08">1954</xref>) fue el precursor de estos planteamientos, pero ser&#x00E1; sobre todo la publicaci&#x00F3;n en <xref ref-type="bibr" rid="CIT36">1962</xref> de <italic>La estructura de las revoluciones cient&#x00ED;ficas</italic> de Khun la que alcance gran popularidad y asiente como doctrina establecida la falta de independencia de la ciencia frente a la sociedad. El americano Merton y su escuela, considerados los fundadores de la sociolog&#x00ED;a de la ciencia, abrieron por su parte un fruct&#x00ED;fero campo de investigaci&#x00F3;n que dio sus mejores resultados a partir de los ochenta.</p>

					<p>La protesta contra el autoritarismo en la sociedad, que comenzaba a manifestarse p&#x00FA;blicamente con los movimientos contraculturales americanos de los a&#x00F1;os sesenta, lleg&#x00F3; al mundo de la ciencia como un reflejo de la agitaci&#x00F3;n que convulsion&#x00F3; a las universidades a partir de 1967 en los pa&#x00ED;ses m&#x00E1;s avanzados del mundo occidental (Estados Unidos, Alemania, Jap&#x00F3;n, Italia, etc.). Si se toma como ejemplo el caso franc&#x00E9;s, sus manifestaciones m&#x00E1;s expl&#x00ED;citas despu&#x00E9;s de la eclosi&#x00F3;n de mayo y junio del 68, con su cadena de huelgas y manifiestos en los laboratorios y centros de investigaci&#x00F3;n, fueron la aparici&#x00F3;n de una serie de publicaciones de vida bastante ef&#x00ED;mera donde se recog&#x00ED;an estas inquietudes, como <italic>Survivre</italic> (1970-1975), <italic>Labo-Contestation</italic> (1970-1973) o <italic>Impasciencia</italic> (1975-1977), as&#x00ED; como una serie de boletines de los diferentes colectivos de personal.</p>

					<p>El feminismo, que era ya un movimiento que se estaba manifestando con fuerza en diversos pa&#x00ED;ses, en el mundo de la ciencia de estos a&#x00F1;os dej&#x00F3;, de todas formas, muy escasas muestras de activismo, que a lo sumo se concretaban en algunos manifiestos y reflexiones dentro de contextos revisionistas m&#x00E1;s amplios. De hecho, el feminismo en la ciencia no lleg&#x00F3; a la opini&#x00F3;n p&#x00FA;blica y a los medios de una forma clara hasta la d&#x00E9;cada de los ochenta (Harding, <xref ref-type="bibr" rid="CIT31">1986</xref>).</p>

					<p>Como un resumen de lo que fue la cr&#x00ED;tica de la ciencia del 68 y sobre todo en la d&#x00E9;cada siguiente, en la que alcanz&#x00F3; su manifestaci&#x00F3;n m&#x00E1;s expl&#x00ED;cita, quedaron una serie de libros, donde de una forma m&#x00E1;s meditada y elaborada, aparec&#x00ED;an los principales argumentos de este movimiento. De ellos se podr&#x00ED;an destacar como los m&#x00E1;s representativos, aparte de los ya citados de Levy-Leblond y Jaubert (<xref ref-type="bibr" rid="CIT43">1975</xref>) y Merton (<xref ref-type="bibr" rid="CIT49">1971</xref>), los siguientes: <italic>Science et Politique</italic> (Salomon, <xref ref-type="bibr" rid="CIT63">1970</xref>), <italic>Science and Society</italic> (Rose y Rose, <xref ref-type="bibr" rid="CIT61">1970</xref>), <italic>Scientific Knowledge and its Social Problems</italic> (Ravetz, <xref ref-type="bibr" rid="CIT59">1971</xref>), <italic>Sociology of Science</italic> (Barnes, <xref ref-type="bibr" rid="CIT06">1972</xref>), <italic>Politica e scienza</italic> (Jorio y Pacilio, <xref ref-type="bibr" rid="CIT35">1972</xref>) o <italic>La Science et la Technique comme</italic> «<italic>Ideologie</italic>» (Habermas, <xref ref-type="bibr" rid="CIT30">1974</xref>).</p>
		</sec>

		<sec id="S3">
			<title>LOS MATERIALES</title>

					<p>Para la realizaci&#x00F3;n de este trabajo se tuvieron en cuenta una serie de revistas que se pod&#x00ED;an considerar como buenos testimonios de estos planteamientos en Espa&#x00F1;a: <italic>Triunfo, Cuadernos para el di&#x00E1;logo</italic> y <italic>Arbor</italic>, que fueron revisadas en su totalidad para el per&#x00ED;odo 1968-1976. Tambi&#x00E9;n fueron tenidos en cuenta los libros editados en un per&#x00ED;odo m&#x00E1;s amplio (1955-1976) y otros materiales bibliogr&#x00E1;ficos complementarios. El trabajo se dividi&#x00F3; en tres per&#x00ED;odos: los a&#x00F1;os anteriores al 68, el propio 68 y la primera mitad de la d&#x00E9;cada de los setenta, en la que se manifiesta de forma m&#x00E1;s expl&#x00ED;cita la denominada <italic>cr&#x00ED;tica de la ciencia</italic>.</p>
		</sec>

		<sec id="S4">
			<title>CIENCIA, PACIFISMO Y ECOLOGISMO EN LA ESPA&#x00D1;A ANTERIOR AL 68</title>

					<p>Sin que existan referencias muy expl&#x00ED;citas sobre la idea que se ten&#x00ED;a de la ciencia en las primeras d&#x00E9;cadas posteriores a la Guerra Civil, diferentes autores consideran que hasta los a&#x00F1;os cincuenta hubo un predominio casi total del neoescolasticismo en sus diferentes variantes (Bueno, <xref ref-type="bibr" rid="CIT13">1970</xref>; D&#x00ED;az, <xref ref-type="bibr" rid="CIT20">1974</xref>). De todas formas, aunque se trataba de defender la base ideol&#x00F3;gica del franquismo frente al racionalismo, al materialismo y al positivismo cientificista, no se pretendi&#x00F3; frenar la actividad cient&#x00ED;fica pues el tomismo, frente al agustinismo, consideraba a la ciencia compatible, por lo menos dentro de ciertos l&#x00ED;mites, con las creencias y la fe (Ronzon, <xref ref-type="bibr" rid="CIT60">1982</xref>). Un ejemplo de estos planteamientos lo tenemos en el libro publicado por Albareda, fundador y Secretario General del Consejo Superior de Investigaciones Cient&#x00ED;ficas (CSIC), <italic>Consideraciones sobre la investigaci&#x00F3;n cient&#x00ED;fica</italic> (<xref ref-type="bibr" rid="CIT03">1951</xref>), en el que se defiende a la ciencia como fuente del conocimiento y origen, a trav&#x00E9;s de la t&#x00E9;cnica, del bienestar de la humanidad, pero que resulta insuficiente para dar respuestas a las grandes preguntas del hombre:</p>

								<disp-quote><p>Pero la humanidad no se siente feliz; no solo eso; se siente defraudada. Desde una y otra cima del mundo del saber, brotan voces que contrastan, junto al desarrollo cient&#x00ED;fico, la ausencia del progreso moral (Albareda, <xref ref-type="bibr" rid="CIT03">1951</xref>).</p></disp-quote>

					<p>Y Calvo Serer (<xref ref-type="bibr" rid="CIT14">1950, 5 diciembre</xref>), en el mismo sentido, comentaba en <italic>ABC</italic> que todo lo que las ciencias tienen de positivo “solo puede ser asimilado por un esfuerzo creativo paralelo, proporcionado y efectivo, de las ciencias del Esp&#x00ED;ritu, entendida esta palabra seg&#x00FA;n lo que significa en la tradici&#x00F3;n human&#x00ED;stica cl&#x00E1;sico-cristiana”.</p>

					<p>Este contexto transcendente para la ciencia de los neotomistas fue dejando paso a partir de los a&#x00F1;os del desarrollismo espa&#x00F1;ol a una preocupaci&#x00F3;n por las conexiones entre la ciencia y el progreso econ&#x00F3;mico que se centr&#x00F3; fundamentalmente en sus relaciones con la t&#x00E9;cnica, delimitando de una forma particular los campos y modalidades de actuaci&#x00F3;n de la ciencia b&#x00E1;sica y de la orientada hacia la resoluci&#x00F3;n de problemas. Es la &#x00E9;poca tambi&#x00E9;n de la recepci&#x00F3;n en Espa&#x00F1;a del <italic>Manual de Frascati</italic> (<xref ref-type="bibr" rid="CIT53">1963</xref>), donde se establecen las diferencias entre la investigaci&#x00F3;n b&#x00E1;sica, aplicada y de desarrollo y, sobre todo, del importante informe de la Organizaci&#x00F3;n para la Cooperaci&#x00F3;n y el Desarrollo Econ&#x00F3;micos (OCDE) sobre <italic>La investigaci&#x00F3;n cient&#x00ED;fica y sus necesidades en relaci&#x00F3;n con el desarrollo econ&#x00F3;mico de Espa&#x00F1;a</italic> (<xref ref-type="bibr" rid="CIT54">1966</xref>).</p>

					<p>Un ejemplo singular de estos nuevos planteamientos en relaci&#x00F3;n con la ciencia en Espa&#x00F1;a se encuentra en el coloquio celebrado en el Centro de Estudios Sociales de la Santa Cruz del Valle de los Ca&#x00ED;dos en <xref ref-type="bibr" rid="CIT65">1964</xref> sobre <italic>La ciencia, la investigaci&#x00F3;n y la t&#x00E9;cnica ante el desarrollo econ&#x00F3;mico y el progreso social</italic>, considerado por su organizador, S&#x00E1;nchez Agesta, como “uno de los temas m&#x00E1;s importantes de nuestro tiempo”. En &#x00E9;l participaron los m&#x00E1;s influyentes gestores de la ciencia espa&#x00F1;ola del momento (Albareda, Guti&#x00E9;rrez R&#x00ED;os, Otero Navascu&#x00E9;s, Salustiano del Campo, etc.), y de sus ponencias se deduce la trascendencia pol&#x00ED;tica que estaba teniendo ya la ciencia en los planes de desarrollo espa&#x00F1;ol, en los que se intentaban arbitrar las medidas necesarias para salir del vergonzoso 0.2% del PIB que hasta entonces se le estaba dedicando. Hubo, como no pod&#x00ED;a ser menos, abundantes referencias a la necesaria conexi&#x00F3;n entre las diferentes modalidades de investigaci&#x00F3;n y el progreso econ&#x00F3;mico, pero que en este caso estaban en general bastante bien apoyadas en abundantes datos y estad&#x00ED;sticas. Conclu&#x00ED;a el coloquio con una ponencia sobre la doctrina pontificia sobre la ciencia, la investigaci&#x00F3;n y la t&#x00E9;cnica que ciertamente contrastaba un poco con el tono general de la reuni&#x00F3;n, bastante m&#x00E1;s “mundano”.</p>

					<p>Al margen de los planteamientos oficialistas y de los intereses y preocupaciones que realmente se viv&#x00ED;an en los laboratorios, comienzan a desarrollarse en Espa&#x00F1;a los primeros focos que entrar&#x00ED;an en conexi&#x00F3;n con las corrientes m&#x00E1;s actuales del pensamiento cient&#x00ED;fico mundial, que en ese momento se centraban en las discusiones sobre el empirismo l&#x00F3;gico (Russell, Carnap, Whitehead, Wittgenstein, etc.). Ser&#x00ED;an el grupo de Tierno Galv&#x00E1;n en Salamanca, puesto de manifiesto sobre todo a trav&#x00E9;s de su <italic>Bolet&#x00ED;n</italic> (1951-1956), y el de los j&#x00F3;venes fil&#x00F3;sofos del Instituto Luis Vives del CSIC (S&#x00E1;nchez-Mazas, Par&#x00ED;s, Bueno, etc.) que ten&#x00ED;an en la revista <italic>Theoria</italic> (1953-1955) su &#x00F3;rgano de expresi&#x00F3;n (Ronzon, <xref ref-type="bibr" rid="CIT60">1982</xref>), los m&#x00E1;s representativos. Al final de los a&#x00F1;os sesenta, se acusa en Espa&#x00F1;a la llegada de otra de las grandes teor&#x00ED;as sobre la ciencia: el falsacionismo de Popper, que tendr&#x00ED;a su m&#x00E1;s significativo exponente en el I Simposio de Filosof&#x00ED;a de la Ciencia (Burgos, 1968), celebrado en su honor y al que asisti&#x00F3; como conferenciante (Ostal&#x00E9;, <xref ref-type="bibr" rid="CIT56">2017</xref>). Tambi&#x00E9;n habr&#x00ED;a que se&#x00F1;alar la recepci&#x00F3;n de la Teor&#x00ED;a Cr&#x00ED;tica de la Escuela de Frankfurt que a partir de publicaciones como <italic>Dial&#x00E9;ctica de la Ilustraci&#x00F3;n de</italic> Horkheimer y Adorno (<xref ref-type="bibr" rid="CIT33">1969</xref>)<xref ref-type="fn" rid="NOTE1">1</xref> realizaba, entre otras cuestiones, una revisi&#x00F3;n radical de la neutralidad valorativa de la ciencia que defend&#x00ED;an los neopositivistas (Sevilla, <xref ref-type="bibr" rid="CIT67">2010</xref>). Todas estas novedades sobre el pensamiento cient&#x00ED;fico dieron lugar a numerosas publicaciones, aparecidas sobre todo en las editoriales Espasa, Tecnos y Ariel, por lo que se podr&#x00ED;a decir que, aunque fuese en un &#x00E1;mbito bastante minoritario, en Espa&#x00F1;a se estaba participando ya de los grandes debates ideol&#x00F3;gicos que surg&#x00ED;an en el mundo en torno a las ideas sobre la ciencia.</p>

					<p>De los dirigentes cient&#x00ED;ficos espa&#x00F1;oles de esta &#x00E9;poca, que se ocuparon con bastante frecuencia en sus manifestaciones sobre los usos de la ciencia, no faltaron las cr&#x00ED;ticas a sus aplicaciones b&#x00E9;licas, incluso con ciertas referencias expl&#x00ED;citas a la bomba at&#x00F3;mica: “el mundo ve que falta el trigo b&#x00E1;sico del sustento personal y sobra la energ&#x00ED;a pavorosa de los &#x00E1;tomos destrozados” (Albareda, <xref ref-type="bibr" rid="CIT03">1951</xref>); “la desintegraci&#x00F3;n del &#x00E1;tomo no la investig&#x00F3; Hahn para que unos hombres la emplearan contra otros” (Lora Tamayo, <xref ref-type="bibr" rid="CIT45">1968</xref>). Sin embargo, el tratamiento era bastante gen&#x00E9;rico y pr&#x00E1;cticamente sin referencias concretas a las naciones que estaban inmersas en la Guerra Fr&#x00ED;a del momento, que era realmente el n&#x00FA;cleo del pacifismo militante que despu&#x00E9;s se integr&#x00F3; en la cr&#x00ED;tica de la ciencia de los a&#x00F1;os setenta.</p>

					<p>Los planteamientos m&#x00E1;s comprometidos, posiblemente comenzaron a manifestarse en Espa&#x00F1;a a partir de la revista <italic>Theoria</italic> con la publicaci&#x00F3;n en 1955 de las conferencias Reith de la BBC que Oppenheimer hab&#x00ED;a impartido dos a&#x00F1;os antes. En la &#x00FA;ltima de ellas, con pocos meses de antelaci&#x00F3;n al comienzo de su famoso proceso en Estados Unidos, realizaba una cr&#x00ED;tica directa de la aplicaci&#x00F3;n de la energ&#x00ED;a at&#x00F3;mica en la guerra. Pero ser&#x00E1; sobre todo la revista <italic>Triunfo</italic>, en el mismo a&#x00F1;o del incidente de las bombas ca&#x00ED;das en Palomares, la que publique con gran alarde editorial el mensaje de a&#x00F1;o nuevo del nobel Linus Pauling (<xref ref-type="bibr" rid="CIT57">1966, 31 diciembre</xref>). En &#x00E9;l se realizaba una cr&#x00ED;tica incisiva y combativa de las aplicaciones de la energ&#x00ED;a at&#x00F3;mica en la guerra, de las posibilidades de su fabricaci&#x00F3;n en pa&#x00ED;ses peque&#x00F1;os y del contrabando nuclear. Pero tampoco dejaba de condenar las nuevas armas qu&#x00ED;micas y biol&#x00F3;gicas que se estaban empleando ya en el Vietnam, con un llamamiento a la responsabilidad de los cient&#x00ED;ficos y a la adopci&#x00F3;n de posturas cr&#x00ED;ticas que no pongan “en causa a la propia ciencia”. En esta misma revista y por esta &#x00E9;poca, comienzan tambi&#x00E9;n a aparecer con una cierta asiduidad, como ejemplo impl&#x00ED;cito de buenas pr&#x00E1;cticas cient&#x00ED;ficas, art&#x00ED;culos o noticias sobre las aplicaciones pac&#x00ED;ficas de la energ&#x00ED;a nuclear y, sobre todo, de la carrera espacial. Otro ejemplo de esta visi&#x00F3;n cr&#x00ED;tica de la ciencia contempor&#x00E1;nea lo ofrece Lara Guitard (<xref ref-type="bibr" rid="CIT39">1968</xref>) en la revista <italic>Arbor</italic> con un comentario a las declaraciones de Max Born sobre su visi&#x00F3;n pesimista acerca del futuro de la humanidad, a pesar de unos avances cient&#x00ED;ficos que no es capaz de asimilar y de orientar hacia su bienestar. Expresivamente titula el comentario «Max Born: voces de Casandra sobre la ciencia y el porvenir de la humanidad».</p>

					<p>Una modalidad muy utilizada en la &#x00E9;poca para conocer las corrientes de actualidad e incluso para sortear la censura fue la publicaci&#x00F3;n de textos de teatro que se utilizaban como tales o bien en funciones de <italic>teatro le&#x00ED;do</italic>, muy de moda en los medios universitarios. Obras importantes por el mensaje pacifista radical que aportaban en relaci&#x00F3;n con la ciencia fueron <italic>Los f&#x00ED;sicos</italic> de D&#x00FC;rrenmatt (<xref ref-type="bibr" rid="CIT22">1962</xref>), <italic>El caso Oppenheimer</italic> de Kipphart (<xref ref-type="bibr" rid="CIT37">1964</xref>) o el <italic>Galileo Galilei</italic> de Brecht (<xref ref-type="bibr" rid="CIT12">1964</xref>). Dentro de este mismo apartado se podr&#x00ED;a incluir la pel&#x00ED;cula de Kubrick <italic>El Dr. Strangelove</italic>, estrenada en Espa&#x00F1;a en 1964 con el curioso t&#x00ED;tulo de ¿Tel&#x00E9;fono rojo? Volamos hacia Mosc&#x00FA;. La guerra del Vietnam, que comenzaba ya a ser motivo de atenci&#x00F3;n de los medios, dio origen tambi&#x00E9;n en esta &#x00E9;poca a libros en los que la ciencia era criticada por su colaboraci&#x00F3;n en la contienda, como <italic>Cr&#x00ED;menes de guerra en el Vietnam</italic> de Russell (<xref ref-type="bibr" rid="CIT62">1967</xref>).</p>

					<p>Finalmente, habr&#x00ED;a que tener en cuenta tambi&#x00E9;n los C&#x00ED;rculos de la UNESCO que se crean en Espa&#x00F1;a a comienzos de los sesenta (en 1960 el de Barcelona y 1961 el de Madrid) y por los que se canalizaron muchas manifestaciones reivindicativas de estos a&#x00F1;os a trav&#x00E9;s de publicaciones ef&#x00ED;meras, y sobre todo de charlas y conferencias. No es f&#x00E1;cil acceder a la documentaci&#x00F3;n que testimonia este activismo, que present&#x00F3; siempre un fuerte car&#x00E1;cter militante, en el que se manifiestan muchos de los colectivos y voces cr&#x00ED;ticas de los sesenta, pero s&#x00ED; se puede se&#x00F1;alar que el pacifismo radical entraba dentro de los temas normales de discusi&#x00F3;n, al que sin duda pertenecer&#x00ED;a la conferencia impartida en Madrid sobre <italic>Los usos pac&#x00ED;ficos del &#x00E1;tomo</italic> <xref ref-type="bibr" rid="CIT71">(s.f.)</xref>.</p>

					<p>En 1962 la editorial de Caralt publica en castellano <italic>Primavera silenciosa</italic> en una fecha relativamente temprana con relaci&#x00F3;n a las posteriores manifestaciones ecologistas en Espa&#x00F1;a. Poco despu&#x00E9;s comienzan a aparecer referencias en prensa diaria y sobre todo en revistas generalistas, noticias relacionadas con la contaminaci&#x00F3;n del aire en ciudades europeas y americanas, seguidas cronol&#x00F3;gicamente por los problemas derivados de la contaminaci&#x00F3;n qu&#x00ED;mica del agua, as&#x00ED; como del uso de plaguicidas. La lucha contra las centrales nucleares, que result&#x00F3; fundamental en los movimientos ecologistas, fue otro de los temas estrella, pero durante las d&#x00E9;cadas siguientes.</p>

					<p>En general, el ecologismo naciente de estos a&#x00F1;os se nutr&#x00ED;a de noticias extra&#x00ED;das de las revistas m&#x00E1;s comprometidas (como por ejemplo <italic>Triunfo</italic>)<xref ref-type="fn" rid="NOTE2">2</xref>, as&#x00ED; como de movimientos de protesta contra determinadas actividades que afectaban a la calidad o a la integridad del medio ambiente. Grupos conservacionistas tradicionales como la Sociedad Espa&#x00F1;ola de Ornitolog&#x00ED;a o la Sociedad Aranzadi de Ciencias Naturales, fundados en los a&#x00F1;os cincuenta y con una actividad relacionada con la valoraci&#x00F3;n y protecci&#x00F3;n de la naturaleza, fueron tambi&#x00E9;n acogiendo en su ideario las actividades reivindicativas propias de los nuevos grupos ecologistas que en general iban surgiendo al hilo de protestas muy concretas. En esta d&#x00E9;cada decisiva de los sesenta se pusieron tambi&#x00E9;n de manifiesto otros cambios que afectar&#x00ED;an posteriormente a la cr&#x00ED;tica de la ciencia. El modelo europeo de sociedad, que nos llegaba por la mayor permeabilidad de nuestras fronteras a las nuevas ideas y costumbres, as&#x00ED; como por un incremento de los viajes al extranjero, comenz&#x00F3; a ser substituido en determinados c&#x00ED;rculos y en los &#x00FA;ltimos a&#x00F1;os de la d&#x00E9;cada por propuestas tercermundistas; y as&#x00ED;, modelos de pa&#x00ED;ses como Cuba o China se defendieron como alternativas reales al capitalismo liberal de Occidente (D&#x00ED;az, <xref ref-type="bibr" rid="CIT20">1974</xref>).</p>

					<p>Finalmente, habr&#x00ED;a que considerar el conflicto generacional que se manifestaba cada vez con m&#x00E1;s evidencia en el cambio de unas costumbres que se enfrentaban claramente a las de las generaciones precedentes y del que se deriv&#x00F3; una cr&#x00ED;tica a la autoridad establecida, que se expres&#x00F3; sobre todo en las aulas y en los espacios p&#x00FA;blicos, con una est&#x00E9;tica importada que romp&#x00ED;a abiertamente con los gustos tradicionales.</p>
		</sec>

		<sec id="S5">
			<title>LAS REVUELTAS DEL 68 Y LA CIENCIA</title>

					<p>De los acontecimientos de mayo y junio del 68 en Francia recibi&#x00F3; el lector espa&#x00F1;ol puntual noticia en los medios de difusi&#x00F3;n, acompa&#x00F1;ada en muchos casos de comentarios que, seg&#x00FA;n la adscripci&#x00F3;n ideol&#x00F3;gica del medio, eran de total rechazo o daban una informaci&#x00F3;n m&#x00E1;s o menos neutral de los hechos. En los principales diarios, de todas formas, las referencias a la participaci&#x00F3;n de cient&#x00ED;ficos en los conflictos, de forma individual o colectiva, estaba ausente y, aunque es bien cierto que esta hab&#x00ED;a sido minoritaria en el conjunto de las revueltas, no dejaba de ser significativa y relevante. En las revistas semanales y mensuales consultadas, que pudieron ofrecer ya una informaci&#x00F3;n m&#x00E1;s elaborada y contrastada, las referencias a la ciencia y a sus implicaciones tambi&#x00E9;n fueron m&#x00ED;nimas. Se resume a continuaci&#x00F3;n el tipo de informaci&#x00F3;n que dieron alguna de ellas a los acontecimientos del 68 y, si las hab&#x00ED;a, las referencias a la ciencia o a los cient&#x00ED;ficos.</p>
					
					<p><italic>Triunfo</italic>. Fue posiblemente la revista que le dedic&#x00F3; un tratamiento m&#x00E1;s amplio a los sucesos del 68, ya que entre el 18 de mayo y el 8 de junio fueron apareciendo noticias, comentarios y amplios reportajes gr&#x00E1;ficos de estos acontecimientos, con un art&#x00ED;culo (en el n&#x00FA;mero 314) donde se analizaban sus principales claves explicativas. En &#x00E9;l es donde aparecen las &#x00FA;nicas referencias a la ciencia a trav&#x00E9;s de la implicaci&#x00F3;n de Kastler, premio nobel de f&#x00ED;sica, y de Monod, premio nobel de medicina, como defensores de las protestas estudiantiles, con participaci&#x00F3;n incluso en sus marchas y asambleas. Si, como ya se ha comentado, el pacifismo y m&#x00E1;s concretamente la guerra del Vietnam y el ecologismo se consideran movimientos paralelos y en cierta manera relacionados con el 68, tambi&#x00E9;n habr&#x00ED;a que se&#x00F1;alar diferentes reportajes contrarios a la guerra del Vietnam, como el titulado «Gases en Vietnam» (Lebel-Radial, <xref ref-type="bibr" rid="CIT42">1968, 6 julio</xref>) o el relativo al informe del f&#x00ED;sico ruso Sajarov (Aldebar&#x00E1;n, <xref ref-type="bibr" rid="CIT04">1968, 10 agosto</xref>), con una propuesta mundial de desarme dirigida a los cient&#x00ED;ficos de todo el mundo. Tambi&#x00E9;n aparece un amplio reportaje de agencia, «Est&#x00E1;is pudriendo el planeta» (Davy, <xref ref-type="bibr" rid="CIT18">1953, 7 diciembre</xref>), sobre los problemas de la sobreexplotaci&#x00F3;n de recursos y de la contaminaci&#x00F3;n de la tierra, con una referencia expl&#x00ED;cita, en una &#x00E9;poca ciertamente temprana, al cambio clim&#x00E1;tico.</p>
					
					<p><italic>Cuadernos para el di&#x00E1;logo</italic>. Le dedic&#x00F3; un n&#x00FA;mero extraordinario al mayo franc&#x00E9;s en junio-julio del 68 (el n&#x00FA;mero 57-58) donde fueron analizadas con detalle sus causas y significado, con una especial preocupaci&#x00F3;n por las repercusiones que podr&#x00ED;an tener en Espa&#x00F1;a. Aranguren muestra su preocupaci&#x00F3;n en que el trasfondo anti tecnol&#x00F3;gico que se aprecia en muchas protestas pudiera ser interpretado por los espa&#x00F1;oles como “un apartamiento del desarrollo tecnol&#x00F3;gico -que no hay que confundir con la tecnocracia-, del estudio de las ciencias m&#x00E1;s modernas”. Otros autores como Marzal (<xref ref-type="bibr" rid="CIT46">1968</xref>) insisten en su car&#x00E1;cter de denuncia de “este mundo nuestro satisfecho y tecnificado del consumo”. Carrillo (<xref ref-type="bibr" rid="CIT15">1968</xref>), en la misma l&#x00ED;nea argumental, se&#x00F1;ala que “la prosperidad, la productividad y la tecnolog&#x00ED;a al servicio de la pol&#x00ED;tica monopolista se han tocado directamente y la sociedad avanzada se ha manifestado sumamente vulnerable”. Pero ser&#x00E1; en el n&#x00FA;mero doble siguiente, el de agosto-septiembre (59-60), donde aparezcan la ciencia y la t&#x00E9;cnica de una manera m&#x00E1;s expl&#x00ED;cita como protagonistas, sobre todo en el art&#x00ED;culo de Boix (<xref ref-type="bibr" rid="CIT11">1968</xref>), donde se dice:</p>

								<disp-quote><p>Hoy la ciencia y la t&#x00E9;cnica han dejado de ser un instrumento en manos de la burgues&#x00ED;a para convertirse en elementos cada vez m&#x00E1;s integrados en el concepto de fuerzas productivas y en este sentido las exigencias del desarrollo t&#x00E9;cnico y cient&#x00ED;fico se oponen cada vez m&#x00E1;s a los intereses de la burgues&#x00ED;a.</p></disp-quote>

					<p>O bien:</p>

								<disp-quote><p>Los t&#x00E9;cnicos, cient&#x00ED;ficos, profesionales en general, son cada vez m&#x00E1;s intelectuales asalariados cuya fuerza de trabajo -su formaci&#x00F3;n, preparaci&#x00F3;n, experiencia- est&#x00E1; sometida en la sociedad capitalista a las leyes del mercado, habiendo dejado ya de disfrutar los privilegios de una casta al servicio de la burgues&#x00ED;a.</p></disp-quote>

					<p>Y se concluye con un argumento t&#x00ED;pico de la cr&#x00ED;tica de la ciencia que se prodigar&#x00E1; en los a&#x00F1;os setenta: “el proceso de socializaci&#x00F3;n de la producci&#x00F3;n se ha intensificado, alcanzando a los propios medios de investigaci&#x00F3;n y creaci&#x00F3;n cient&#x00ED;fica”. Finalmente, Aguilar Navarro (<xref ref-type="bibr" rid="CIT02">1968b</xref>) vuelve a insistir sobre “el reto que la tecnolog&#x00ED;a lanza al hombre contempor&#x00E1;neo”, construyendo</p>

								<disp-quote><p>una civilizaci&#x00F3;n t&#x00E9;cnica (que) nos ha impuesto una forma de sociedad, un sistema de valores y comportamientos humanos que no pueden conciliarse con la tradici&#x00F3;n cultural humanista que la Europa liberal, burguesa y parcialmente democr&#x00E1;tica impuso a todo el mundo.</p></disp-quote>

					<p>Aguilar Navarro indica claramente las profundas diferencias que existen entre los movimientos estudiantiles franceses y los espa&#x00F1;oles, concluyendo que se trata de una nueva visi&#x00F3;n de la sociedad, que prescinde de las tradiciones y que se encara “con el resto de la autonom&#x00ED;a de la ciencia y del mundo”.</p>

					<p><italic>Arbor</italic>. En el n&#x00FA;mero 271-272 en la secci&#x00F3;n de <italic>Comentarios de actualidad</italic> de G&#x00F3;mez Gal&#x00E1;n (<xref ref-type="bibr" rid="CIT26">1968</xref>) se presentan una recensi&#x00F3;n de diversos libros sobre los movimientos estudiantiles europeos y la universidad espa&#x00F1;ola, con una reflexi&#x00F3;n final sobre el mayo franc&#x00E9;s que, frente a las descalificaciones de los autores comentados, propone que, pese a todo, debe aprenderse algo importante de esas manifestaciones, ya que ellas “forman parte de la realidad social, de manera seria, aunque no encaje del todo en alg&#x00FA;n esquema aprior&#x00ED;stico de la realidad”.</p>

					<p>De esta muestra sobre la respuesta de algunas de las revistas espa&#x00F1;olas m&#x00E1;s significativas, se deduce, por una parte, el inter&#x00E9;s que las convulsiones de mayo del 68 tuvieron en Espa&#x00F1;a (“A lo largo de un mes no hemos hecho otra cosa que reflexionar sobre los acontecimientos franceses”, comenzaba su art&#x00ED;culo Aguilar Navarro (<xref ref-type="bibr" rid="CIT01">1968a</xref>) en el n&#x00FA;mero monogr&#x00E1;fico de <italic>Cuadernos para el di&#x00E1;logo</italic> de junio-julio) pero, por otra, puede apreciarse c&#x00F3;mo los argumentos sobre la cr&#x00ED;tica de la ciencia y la t&#x00E9;cnica son pr&#x00E1;cticamente marginales. Algo que de todas formas no deber&#x00ED;a extra&#x00F1;ar, pues estos no comenzaron a tener una presencia notable, incluso en los pa&#x00ED;ses donde aparecieron de forma m&#x00E1;s acusada, hasta los primeros a&#x00F1;os de la d&#x00E9;cada de los setenta.</p>
		</sec>

		<sec id="S6">
			<title>LA CR&#x00CD;TICA DE LA CIENCIA ESPA&#x00D1;OLA EN LOS SETENTA</title>

					<p>El per&#x00ED;odo de este an&#x00E1;lisis se limitar&#x00E1; hasta el a&#x00F1;o 1976. En primer lugar, por una cuesti&#x00F3;n de espacio, pero tambi&#x00E9;n porque en la vida espa&#x00F1;ola, con la llegada de Adolfo Su&#x00E1;rez al gobierno en ese a&#x00F1;o, comienza un cambio pol&#x00ED;tico fundamental que de una forma progresiva se fue extendiendo tambi&#x00E9;n a los &#x00E1;mbitos sociales y culturales del pa&#x00ED;s. Durante el mismo, se producir&#x00E1;n de todas formas los hechos fundamentales que pueden considerarse como pioneros en la cr&#x00ED;tica de la ciencia en Espa&#x00F1;a que, aunque tengan en general un car&#x00E1;cter minoritario, son s&#x00ED;ntomas indudables de un cambio de mentalidad frente al significado tradicional de la ciencia. Aparecer&#x00E1;n sobre todo en los comentarios o reportajes de determinadas revistas o en las traducciones de libros significativos, pero tambi&#x00E9;n a lo largo de ese periodo ir&#x00E1; surgiendo alg&#x00FA;n tipo de manifestaci&#x00F3;n colectiva y acad&#x00E9;mica que nos indicar&#x00E1; que lo que comenz&#x00F3; naciendo como un inter&#x00E9;s minoritario acab&#x00F3; accediendo a capas m&#x00E1;s amplias de la sociedad.</p>

					<p>Probablemente la primera referencia significativa fue la recensi&#x00F3;n que se realiz&#x00F3; en <italic>Triunfo</italic> en <xref ref-type="bibr" rid="CIT38">1970</xref> de un discurso de Levy-Leblond cuando le concedieron el premio Thibaud de la Academia de Ciencias de Lyon, aparecido en <italic>Les Temps Modernes</italic>, y que se titulaba «La ciencia ¿para qui&#x00E9;n?». En &#x00E9;l el conocido representante del movimiento cr&#x00ED;tico franc&#x00E9;s expone sus tesis sobre la ciencia como soporte ideol&#x00F3;gico de una determinada sociedad:</p>

								<disp-quote><p>Despu&#x00E9;s de la religi&#x00F3;n y las humanidades cl&#x00E1;sicas, es hoy en d&#x00ED;a la ciencia la que sostiene y estructura las formas de la ideolog&#x00ED;a impuesta por la clase social en el poder, la burgues&#x00ED;a […] La ciencia sirve para justificar todo el aparato de la jerarqu&#x00ED;a social, procur&#x00E1;ndose criterios «objetivos».</p></disp-quote>

					<p>Tres a&#x00F1;os m&#x00E1;s tarde el matem&#x00E1;tico e historiador de la ciencia, disc&#x00ED;pulo de Rey Pastor, Ernesto Garc&#x00ED;a Camarero (<xref ref-type="bibr" rid="CIT25">1973, 4 agosto</xref>) publica en la misma revista un amplio art&#x00ED;culo sobre «La responsabilidad social del cient&#x00ED;fico» en el que comienza con los testimonios hist&#x00F3;ricos de cient&#x00ED;ficos como Einstein, Born o Pauling en contra de las aplicaciones b&#x00E9;licas recientes de la ciencia, pero considerando que el problema es mucho m&#x00E1;s amplio, ya que, de siempre</p>

								<disp-quote><p>La actividad de creaci&#x00F3;n cient&#x00ED;fica ha estado mediatizada por el mecenazgo de los grandes se&#x00F1;ores, o por su institucionalizaci&#x00F3;n en Academias. Esta mediatizaci&#x00F3;n hace que los temas de estudio para los cient&#x00ED;ficos provengan en general de los problemas econ&#x00F3;micos o militares que esos se&#x00F1;ores ten&#x00ED;an.</p></disp-quote>

					<p>Considera que el mayo del 68 sirvi&#x00F3; para relanzar estos problemas, y de nuevo vuelve a citar el conocido discurso de Levy-Leblod sobre la ciencia en la sociedad actual. Plantea el problema de sus aplicaciones actuales ya que, aunque el de la fabricaci&#x00F3;n de armas tecnol&#x00F3;gicas no desapareci&#x00F3;, s&#x00ED; fue ampliado hacia la responsabilidad del cient&#x00ED;fico “en campos sociales m&#x00E1;s bastos, como son el equilibrio ecol&#x00F3;gico, la poluci&#x00F3;n radiactiva de las aplicaciones llamadas «para la paz» […] el derroche energ&#x00E9;tico y de materias primas”. Concluye con una referencia a la “desorientaci&#x00F3;n” de la ciencia respecto a los verdaderos problemas de la humanidad como son el hambre y la subalimentaci&#x00F3;n, haciendo un llamamiento a la responsabilidad y culpabilidad del cient&#x00ED;fico “al no denunciar al menos esta an&#x00F3;mala situaci&#x00F3;n”.</p>

					<p>En este mismo sentido, tenemos la serie de Ciencias de los <italic>Cuadernos Anagrama</italic>, dirigida por el bi&#x00F3;logo catal&#x00E1;n Joan Senent-Josa, que en <xref ref-type="bibr" rid="CIT34">1975</xref> inicia la publicaci&#x00F3;n de una serie de peque&#x00F1;os vol&#x00FA;menes conteniendo textos de autores que se significaron en la cr&#x00ED;tica de la ciencia tradicional como Joliot-Curie, Langevin, Althusser, Monod o el propio Levy-Leblond. El coordinador de esta colecci&#x00F3;n se&#x00F1;alaba en su presentaci&#x00F3;n la necesidad de conocer los debates “sobre la pretendida neutralidad de la ciencia, su funci&#x00F3;n social y la responsabilidad del cient&#x00ED;fico ante la utilizaci&#x00F3;n de los resultados de sus investigaciones con fines contrarios a los intereses de los pueblos”. Es decir, todo un programa de lo que se entend&#x00ED;a por aquellos a&#x00F1;os como “cr&#x00ED;tica de la ciencia”.</p>

					<p>Pero ser&#x00E1;n sobre todo las aplicaciones indebidas de la ciencia las que aparezcan en la mayor parte de los comentarios espa&#x00F1;oles, que ya habr&#x00ED;an olvidado en buena medida las orientadas a la guerra, como estaba sucediendo en el resto del mundo, y ahora se centrar&#x00ED;an en los problemas generados por la t&#x00E9;cnica como producto derivado de la ciencia. Un ejemplo temprano de estas consideraciones aparece en <xref ref-type="bibr" rid="CIT32">1969</xref>, una vez m&#x00E1;s en <italic>Triunfo</italic>, en un art&#x00ED;culo de Haro Teglen titulado «A&#x00F1;o Cero III: La t&#x00E9;cnica, el &#x00FA;ltimo mito», as&#x00ED; como en otro posterior del americano Leach sobre «Los hombres y las m&#x00E1;quinas» (<xref ref-type="bibr" rid="CIT41">1970</xref>).</p>

					<p>Pero tambi&#x00E9;n en revistas m&#x00E1;s “institucionales” como <italic>Arbor</italic>, y en gestores relevantes de la ciencia espa&#x00F1;ola aparece esta preocupaci&#x00F3;n, como ocurre con el trabajo de Guti&#x00E9;rrez R&#x00ED;os sobre «Proyecci&#x00F3;n social de la ciencia» (<xref ref-type="bibr" rid="CIT29">1974</xref>). En &#x00E9;l se considera que la “crisis de nuestro tiempo” depende en buena medida de la incapacidad de la sociedad para asimilar todos los adelantos t&#x00E9;cnicos: “la vida social est&#x00E1; montada sobre una estructura cient&#x00ED;fico-social cada vez m&#x00E1;s compleja dotada de sus propias leyes internas, que es factor estabilizador de la vida pol&#x00ED;tica”, pero que de todas formas “estamos asistiendo a la quiebra de los supuestos de la pol&#x00ED;tica hasta hace poco tiempo vigentes”. Como no pod&#x00ED;a ser menos, por la &#x00E9;poca en que se viv&#x00ED;a, el desarrollo econ&#x00F3;mico era otro de los puntos fuertes de las implicaciones de la t&#x00E9;cnica pero que, de todas formas, si no se realizaba dentro de ciertos l&#x00ED;mites pod&#x00ED;a dar origen a “la agresi&#x00F3;n al ambiente, la destrucci&#x00F3;n de la naturaleza, el despilfarro de los recursos naturales […] una civilizaci&#x00F3;n que est&#x00E1; convirtiendo el mundo en una bola de cemento y asfalto y de aguas negras”. Conclu&#x00ED;a con una reflexi&#x00F3;n sobre la sociedad de la opulencia “oprimida por temores y por sentimientos de culpabilidad, (que) est&#x00E1; perdiendo la arrogancia y el optimismo de antes […] y empieza a valorar, cada vez m&#x00E1;s, cosas olvidadas: el silencio, la paz interior, la soledad, las aguas limpias…”.</p>

					<p>Como se est&#x00E1; viendo, el tema de las agresiones “t&#x00E9;cnico-cient&#x00ED;ficas” a la naturaleza es algo recurrente en los anteriores planteamientos, que ir&#x00E1; aumentando progresivamente de a&#x00F1;o en a&#x00F1;o a lo largo de la d&#x00E9;cada, en la medida en que esta preocupaci&#x00F3;n mundial se vaya imponiendo. Un hecho poco destacado hasta ahora en las historias del movimiento ambiental espa&#x00F1;ol (Fern&#x00E1;ndez, <xref ref-type="bibr" rid="CIT24">1999</xref>; Varillas y Cruz, <xref ref-type="bibr" rid="CIT68">1981</xref>) fue la celebraci&#x00F3;n en el CSIC en el a&#x00F1;o 1970 del <italic>Coloquio sobre protecci&#x00F3;n a la naturaleza</italic>, coordinado por el arquitecto Gabriel Alomar, que fue posiblemente la primera reuni&#x00F3;n cient&#x00ED;fica de esta naturaleza celebrada en Espa&#x00F1;a. En ella se trataron los temas cl&#x00E1;sicos de la contaminaci&#x00F3;n por plaguicidas y otros productos, as&#x00ED; como la degradaci&#x00F3;n de los espacios naturales. Pero tambi&#x00E9;n apareci&#x00F3; como tema destacado del momento el del agotamiento de los recursos del planeta que intervenciones como la del Club de Roma o publicaciones como <italic>Los l&#x00ED;mites del crecimiento</italic>, de Meadows, Meadows, Randers y Behrens (<xref ref-type="bibr" rid="CIT48">1972</xref>), hac&#x00ED;an inevitables. Tema que, por otra parte, surg&#x00ED;a ligado tambi&#x00E9;n a la problem&#x00E1;tica del subdesarrollo y que comenzaba a tener un fuerte protagonismo en Espa&#x00F1;a con traducciones de textos fundamentales o con aportaciones propias muy significativas como el libro de Sampedro <italic>Conciencia del subdesarrollo</italic> (<xref ref-type="bibr" rid="CIT64">1972</xref>). Durante esta d&#x00E9;cada todas las revistas donde la ciencia tuviera ya un cierto protagonismo comenzaron a tratar el tema ambiental e incluso la prensa diaria se ocup&#x00F3; de los principales acontecimientos internacionales, como ocurri&#x00F3; con la Cumbre del Planeta de Estocolmo del a&#x00F1;o 1972.</p>

					<p>Una de las caracter&#x00ED;sticas de la cr&#x00ED;tica a la ciencia en la Espa&#x00F1;a de los setenta fue el acento que se puso -y con el que conectaron amplios grupos de investigadores- en los gastos en I+D y en la estructura de los &#x00F3;rganos de gesti&#x00F3;n de la investigaci&#x00F3;n cient&#x00ED;fica. En el primer caso, la cuesti&#x00F3;n estaba relacionada evidentemente con el clamoroso desfase que exist&#x00ED;a entre Espa&#x00F1;a y el resto de los pa&#x00ED;ses del entorno europeo (en 1974, el porcentaje de fondos destinados a I+D con relaci&#x00F3;n al PIB estaba todav&#x00ED;a en el 0.34). En el segundo caso, la estructura de los &#x00F3;rganos de gesti&#x00F3;n de la investigaci&#x00F3;n cient&#x00ED;fica ten&#x00ED;a muchos aspectos que estaban vinculados al proceso de democratizaci&#x00F3;n creciente que estaba viviendo la sociedad espa&#x00F1;ola y que exig&#x00ED;a tambi&#x00E9;n su aplicaci&#x00F3;n en la escala jer&#x00E1;rquica de la investigaci&#x00F3;n y sobre todo en los procedimientos de gesti&#x00F3;n acad&#x00E9;mica, demasiado afectados todav&#x00ED;a por formulas autoritarias. En el inevitable <italic>Triunfo</italic> aparece en el a&#x00F1;o <xref ref-type="bibr" rid="CIT28">1974</xref> un muy amplio art&#x00ED;culo sobre «Investigaci&#x00F3;n y Democracia», firmado por un <italic>Grupo Murciano de Investigaci&#x00F3;n</italic>, colectivo que, ya por su propia existencia y denominaci&#x00F3;n, es todo un s&#x00ED;ntoma de los nuevos aires que corr&#x00ED;an en el -hasta entonces- tradicional mundo del CSIC (de donde proven&#x00ED;an los firmantes del art&#x00ED;culo). Despu&#x00E9;s de un an&#x00E1;lisis hist&#x00F3;rico de los presupuestos y organizaci&#x00F3;n del CSIC, en el que se destaca la poca relevancia que tuvieron en su primera &#x00E9;poca los estudios de ciencias, se detienen en describir las disfunciones que este organismo presentaba con relaci&#x00F3;n a su contexto internacional. Se insiste en la importancia de la investigaci&#x00F3;n cient&#x00ED;fica en relaci&#x00F3;n con la dependencia tecnol&#x00F3;gica de Espa&#x00F1;a, donde los pagos por <italic>royalties</italic> triplican los gatos en I+D, y se concluye con una referencia a la necesidad de democratizar unas estructuras donde “los responsables de cada escal&#x00F3;n estructural del Consejo no sean el fruto directo organizativo de las escalas inferiores”, as&#x00ED; como que los “nombramientos (director, directores de patronatos, de institutos, etc.) sean efectuados desde &#x00E1;reas de decisi&#x00F3;n ajenas al trabajo concreto que se hace entre los investigadores”. Se propone que las reformas se decidan por medio de asambleas y debates, en grupos de discusi&#x00F3;n de todas las escalas, afirmando que “una reforma que no tenga en cuenta el papel de la ciencia en la sociedad y que no suponga un funcionamiento democr&#x00E1;tico est&#x00E1; abocada al fracaso”.</p>

					<p>En esta &#x00E9;poca existe tambi&#x00E9;n un importante movimiento corporativo que reclama, como en el caso anterior, mayores recursos para la investigaci&#x00F3;n, pero tambi&#x00E9;n mejoras salariales, estabilidad y sobre todo organizaci&#x00F3;n y gesti&#x00F3;n democr&#x00E1;tica de los centros, que podr&#x00ED;a identificarse en las asambleas y reuniones que comenzaban a proliferar y sobre todo en los boletines y revistas profesionales (en general de muy dif&#x00ED;cil localizaci&#x00F3;n). Un ejemplo de estas manifestaciones la tendr&#x00ED;amos en el art&#x00ED;culo firmado por Senent-Josa sobre «La lucha de los trabajadores cient&#x00ED;ficos» (<xref ref-type="bibr" rid="CIT66">1976, 24 enero</xref>) en el <italic>Butllet&#x00ED; del Collegi Oficial de Doctors i Llicenciats en Filosofia i Lletres i Ci&#x00E8;ncies del D.U. de Catalunya i Balears</italic>, en el que se da cuenta de las conclusiones de una reuni&#x00F3;n reivindicativa de investigadores ligados a los centros del CSIC de Catalu&#x00F1;a en la que se reclamaba entre otras cuestiones “pleno ejercicio de las libertades democr&#x00E1;ticas de expresi&#x00F3;n, reuni&#x00F3;n, asociaci&#x00F3;n, manifestaci&#x00F3;n y derecho de huelga dentro de los centros de investigaci&#x00F3;n” y “creaci&#x00F3;n en cada centro, con car&#x00E1;cter inmediato, de comisiones formadas por representantes de todas las categor&#x00ED;as […]”. La vi&#x00F1;eta que ilustra el trabajo se identificar&#x00ED;a sin ning&#x00FA;n problema con las expresiones gr&#x00E1;ficas m&#x00E1;s caracter&#x00ED;sticas del movimiento cr&#x00ED;tico franc&#x00E9;s: en ella se ve a un investigador con bata llevando sobre sus hombros a un caballero con chistera que le muestra un cartel donde se puede leer “La ci&#x00E8;ncia es neutra i est&#x00E0; al servei de tota la societat”.</p>

					<p>Esta problem&#x00E1;tica de la neutralidad y autonom&#x00ED;a de la ciencia frente a la sociedad no se plante&#x00F3; en Espa&#x00F1;a de una forma organizada y continua hasta la segunda mitad de la d&#x00E9;cada de los ochenta. La fundaci&#x00F3;n del Instituto de Investigaciones sobre la Ciencia y Tecnolog&#x00ED;a en 1985 por varios acad&#x00E9;micos (Sanmartin, Medina, L&#x00F3;pez Cerezo, etc.) podr&#x00ED;a significar este comienzo. Por eso lo que pudo suceder una d&#x00E9;cada antes ser&#x00ED;an solo aproximaciones que podr&#x00ED;an llegar de campos como la sociolog&#x00ED;a del conocimiento o la filosof&#x00ED;a de la ciencia. De todas formas, hubo un hecho que tuvo una transcendencia indudable sobre estas consideraciones <italic>externalistas</italic> de la ciencia, y que incluso lleg&#x00F3; a influir sobre los propios investigadores cient&#x00ED;ficos, que comenzaron a abandonar sus anacr&#x00F3;nicas formulaciones sobre metodolog&#x00ED;as cient&#x00ED;ficas de corte baconiano e incluso, en los m&#x00E1;s avanzados intelectualmente, neopositivistas. Fue la recepci&#x00F3;n de la obra de Khun (<xref ref-type="bibr" rid="CIT36">1962</xref>) sobre <italic>La estructura de las revoluciones cient&#x00ED;ficas</italic> que en su interpretaci&#x00F3;n m&#x00E1;s extrema “presenta una imagen del conocimiento cient&#x00ED;fico radicalmente distinta de -e incompatible con- la visi&#x00F3;n racionalista tradicional” (Gonz&#x00E1;lez Garc&#x00ED;a, L&#x00F3;pez Cerezo y Luj&#x00E1;n, <xref ref-type="bibr" rid="CIT27">1997</xref>). Con ella, la ciencia dejaba de ser un conocimiento neutro y aut&#x00F3;nomo para pasar a ser una actividad, como otras muchas, mediatizada por los intereses y valores de una determinada sociedad. El impulso de su conocimiento y difusi&#x00F3;n en Espa&#x00F1;a se le atribuye al fil&#x00F3;sofo de la universidad madrile&#x00F1;a Muguerza (<xref ref-type="bibr" rid="CIT51">1971</xref>), pudiendo considerarse que ya a partir de la siguiente d&#x00E9;cada sus teor&#x00ED;as estaban plenamente consolidadas en nuestro pa&#x00ED;s (Zamora Ba&#x00F1;o, <xref ref-type="bibr" rid="CIT69">1997</xref>).</p>

					<p>La historia de la ciencia espa&#x00F1;ola, que estaba resurgiendo a partir de los trabajos de L&#x00F3;pez Pi&#x00F1;ero y Garc&#x00ED;a Ballester en Valencia, de Vernet en Barcelona, o de los disc&#x00ED;pulos de Rey Pastor y La&#x00ED;n Entralgo en Madrid, comenz&#x00F3; a reformularse con nuevos planteamientos a partir de los enfoques de la sociometr&#x00ED;a y sobre todo de su historia social. Esta &#x00FA;ltima, dada a conocer en Espa&#x00F1;a a partir de la traducci&#x00F3;n en 1967 de la <italic>Historia Social de la Ciencia</italic> de Bernal (<xref ref-type="bibr" rid="CIT09">1967</xref>), comenz&#x00F3; a mostrarnos, con sus planteamientos marxistas, c&#x00F3;mo la ciencia era un factor decisivo en la historia de los pueblos y de las culturas, pero tambi&#x00E9;n una actividad que estaba muy mediatizada por las ideas de una determinada clase o sociedad. En Espa&#x00F1;a se considera que fue Peset, del CSIC, a partir de los trabajos publicados en la primera mitad de la d&#x00E9;cada de los setenta, el que inici&#x00F3; la historia social de la ciencia en este pa&#x00ED;s (Mateos Montero, <xref ref-type="bibr" rid="CIT47">2009</xref>).</p>

					<p>Finalmente, existe un hecho en el a&#x00F1;o 1975 que posiblemente sea la primera manifestaci&#x00F3;n p&#x00FA;blica en Espa&#x00F1;a, con la ciencia como motivo, que tiene unas caracter&#x00ED;sticas similares a los diferentes movimientos de contestaci&#x00F3;n social que caracterizaron al mayo franc&#x00E9;s. Ocurri&#x00F3; en Barcelona en el homenaje nacional celebrado en el mes de septiembre dedicado al profesor Severo Ochoa, con la organizaci&#x00F3;n de un congreso, con gran alarde de actos y autoridades, y al que asistieron diez premios nobel. Los becarios de investigaci&#x00F3;n protestaron abiertamente contra el despilfarro econ&#x00F3;mico que supon&#x00ED;a dicha celebraci&#x00F3;n mientras los recursos espa&#x00F1;oles en investigaci&#x00F3;n segu&#x00ED;an estancados, y los dedicados a Catalu&#x00F1;a en franca disminuci&#x00F3;n. Se entreg&#x00F3; una carta de protesta y, como se recogi&#x00F3; en <italic>La Vanguardia</italic>, hubo diversas manifestaciones p&#x00FA;blicas contra dicha celebraci&#x00F3;n.</p>
		</sec>

		<sec id="S7">
			<title>CONCLUSI&#x00D3;N</title>

					<p>Dentro de las caracter&#x00ED;sticas particulares que los acontecimientos de mayo del 68 tuvieron para Espa&#x00F1;a, la denominada <italic>critica de la ciencia</italic>, que se manifest&#x00F3; en la d&#x00E9;cada siguiente en diferentes pa&#x00ED;ses, tuvo tambi&#x00E9;n aqu&#x00ED; su presencia. Se pudo comprobar que cuestiones relacionadas con el mal uso de la ciencia, su objetividad y racionalidad, su autonom&#x00ED;a o el d&#x00E9;ficit democr&#x00E1;tico de sus instituciones fueron discutidas en diferentes medios. De todas formas, se pudo reconocer tambi&#x00E9;n como una singularidad espa&#x00F1;ola una insistencia cr&#x00ED;tica permanente hacia la escasez de los recursos dedicados a la investigaci&#x00F3;n. En cualquier caso, fue un movimiento minoritario que solo en determinadas &#x00E9;pocas y circunstancias lleg&#x00F3; a tener una presencia relevante en los ambientes cient&#x00ED;ficos espa&#x00F1;oles.</p>			
		</sec>
		
	</body>
	
	
	<back>
		
		<sec id="notas">
			<title>NOTAS</title>
		
			<fn-group>
				<fn id="NOTE1"><label>1</label>
					<p>La primera edici&#x00F3;n en castellano fue publicada en 1969 por Editorial Sur de Buenos Aires con el t&#x00ED;tulo <italic>Dial&#x00E9;ctica del Iluminismo</italic>.</p>
				</fn>
				
				<fn id="NOTE2"><label>2</label>
					<p>Al contrario de lo que ocurri&#x00F3; con las traducciones al castellano de libros sobre pacifismo y teor&#x00ED;a de la ciencia, las referidas al ecologismo pr&#x00E1;cticamente no existen en este per&#x00ED;odo ya que la mayor&#x00ED;a de ellas van a publicarse en las dos d&#x00E9;cadas siguientes.</p>
				</fn>
			</fn-group>
		</sec>
				
		<ref-list>
			<title>BIBLIOGRAF&#x00CD;A</title>
				
				<ref id="CIT01">
			<element-citation publication-type="journal">
			  <person-group person-group-type="author">
				  <name>
					  <surname>Aguilar Navarro</surname>
					  <given-names>M.</given-names>	  
				  </name>
			  </person-group>
			  <year>1968a</year>
			  <article-title>La respuesta de la derecha francesa</article-title>
			  <source>Cuadernos para el di&#x00E1;logo</source>
			  <issue>57-58</issue>
			  <fpage>32</fpage>
			  <lpage>33</lpage>
			</element-citation>
			</ref>

			<ref id="CIT02"> 
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					  <surname>Aguilar Navarro</surname>
					  <given-names>M.</given-names>	  
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			  </person-group>
			  <year>1968b</year>
			  <article-title>Revoluci&#x00F3;n cultural y participaci&#x00F3;n pol&#x00ED;tica</article-title>
			  <source>Cuadernos para el di&#x00E1;logo</source>
			  <issue>59-60</issue>
			  <page-range>25-26, 29-30</page-range>
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			  <year>1951</year>
			  <source>Consideraciones sobre la investigaci&#x00F3;n cient&#x00ED;fica</source>
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			  <year>1968</year>
			  <month>08</month>
			  <day>10</day>
			  <article-title>Cr&#x00ED;tica del informe Sajarof</article-title>
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			  <fpage>40</fpage>
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