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				<journal-title>ARBOR Ciencia, Pensamiento y Cultura</journal-title>
				<abbrev-journal-title>Arbor</abbrev-journal-title>
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			<issn pub-type="ppub">0210-1963</issn>
			<issn pub-type="epub">1988-303X</issn>
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				<publisher-name>Consejo Superior de Investigaciones Cient&#x00ED;ficas</publisher-name>
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				<subject>VARIA / VARIA</subject>
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				<article-title xml:lang="es">Del subdesarrollo al desarrollo: el viaje sin retorno de Edmundo Desnoes</article-title>
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					<trans-title>From underdevelopment to development: the trip without return of Edmundo Desnoes</trans-title>
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				<alt-title alt-title-type="running-head">Del subdesarrollo al desarrollo: el viaje sin retorno de Edmundo Desnoes</alt-title>
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					 <surname>Aparicio</surname>
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			<aff id="U1"><institution>Universidad Internacional de La Rioja</institution></aff>
			
			<author-notes>
				<corresp id="cor1">Correo-e: <email xlink:href="yannelys.aparicio@unir.net">yannelys.aparicio@unir.net</email></corresp>
				
				<p content-type="orcid" id="orcid1"><ext-link ext-link-type="uri" xlink:href="https://orcid.org/0000-0003-3074-8741">https://orcid.org/0000-0003-3074-8741</ext-link></p>
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			<volume>196</volume>
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					<license-p>Este es un art&#x00ED;culo de acceso abierto distribuido bajo los t&#x00E9;rminos de la licencia de uso y distribuci&#x00F3;n Creative Commons Reconocimiento 4.0 Internacional (CC BY 4.0).</license-p>
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			<abstract xml:lang="es">
				<p>La narrativa del cubano Edmundo Desnoes describe los cambios sociales que se dieron en la isla con el triunfo de la revoluci&#x00F3;n en 1959. La p&#x00E9;rdida de la libertad signific&#x00F3; un proceso de alienaci&#x00F3;n en el individuo y la sociedad, cuya degradaci&#x00F3;n paulatina se observa en la novela <italic>Memorias del subdesarrollo</italic> (1965), descendiendo desde la animalizaci&#x00F3;n a la desintegraci&#x00F3;n. Cuarenta a&#x00F1;os m&#x00E1;s tarde, Desnoes publica <italic>Memorias del desarrollo</italic> (2007) y describe a un protagonista derivado del anterior, en su evoluci&#x00F3;n despu&#x00E9;s de haber dejado la isla y haberse instalado en Nueva York. Sin embargo, la vida en una sociedad desarrollada no curar&#x00E1; las heridas mortales abiertas por la represi&#x00F3;n de la dictadura, porque su identidad ha sido da&#x00F1;ada para siempre.</p>
			</abstract>
			
									
			<trans-abstract xml:lang="en">
				<p>The narrative of the Cuban Edmundo Desnoes describes the social changes that occurred on the island with the triumph of the revolution in 1959. The loss of freedom meant a process of alienation in the individual and society, the gradual degradation of which is observed in the novel <italic>Memorias del subdesarrollo</italic> (<italic>Memories of the underdevelopment</italic>) (1965), descending from animalization, in the purest Kafkaesque style, to disintegration. Forty years later, Desnoes publishes <italic>Memorias del desarrollo</italic> (<italic>Memories of the Development</italic>) (2007) and describes a main character derived from the previous one, in his evolution after leaving the island and settling in New York. However, life in a developed society will not heal the mortal wounds opened by the repression of the dictatorship, because his identity has been irreparably harmed.</p>
			</trans-abstract>

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				<kwd>Edmundo Desnoes</kwd>
				<kwd>cambios sociales</kwd>
				<kwd>dictaduras latinoamericanas</kwd>
				<kwd>identidad</kwd>
				<kwd>Memorias del subdesarrollo</kwd>
				<kwd>Memorias del desarrollo</kwd>
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				<kwd>Edmundo Desnoes</kwd>	
				<kwd>social changes</kwd>
				<kwd>Latin American dictatorships</kwd>
				<kwd>identity</kwd>
				<kwd>memories of the underdevelopment</kwd>
				<kwd>memories of the development</kwd>
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		<sec id="S1">
			<title>UNA CUBA DESARROLLADA Y UNA CUBA SUBDESARROLLADA</title>

				<p>La literatura de los a&#x00F1;os sesenta en Cuba se debati&#x00F3; entre las concesiones sin fisuras al r&#x00E9;gimen reci&#x00E9;n instaurado alrededor de una violenta revoluci&#x00F3;n que sacudi&#x00F3; los cimientos de la sociedad insular o la disidencia. Apenas hubo espacio para la autonom&#x00ED;a del arte, una opci&#x00F3;n que se hab&#x00ED;a convertido, desde la segunda mitad del siglo XIX, en uno de los pilares m&#x00E1;s s&#x00F3;lidos de las po&#x00E9;ticas contempor&#x00E1;neas en el mundo occidental. Para aquellos que sintieron la necesidad de manifestar su disidencia, los caminos tampoco fueron muy diversos: una acci&#x00F3;n cr&#x00ED;tica frontal significaba la salida inmediata del pa&#x00ED;s, y una cr&#x00ED;tica ambigua, m&#x00E1;s centrada en lo existencial que en lo espec&#x00ED;ficamente pol&#x00ED;tico, permit&#x00ED;a a los artistas mimetizar el descontento bajo las formas del existencialismo de posguerra u otras filosof&#x00ED;as nihilistas que hab&#x00ED;an inundado el hemisferio occidental despu&#x00E9;s de los desastres humanos, sociales y pol&#x00ED;ticos de las contiendas mundiales.</p>

				<p>Edmundo Desnoes fue el escritor cubano que mejor supo elaborar un discurso que fuera a la vez &#x00FA;til para los objetivos sociales de los partidarios del fen&#x00F3;meno revolucionario y para aquellos desencantados que no se resignaban a esconder su malestar. Su novela <italic>Memorias del subdesarrollo</italic> (1965) pon&#x00ED;a el acento en un concepto que se hab&#x00ED;a acu&#x00F1;ado en 1952, cuando el economista franc&#x00E9;s Alfred Sauvy defini&#x00F3; el tercer mundo como el conjunto de pa&#x00ED;ses que no pertenec&#x00ED;an ni al bloque capitalista ni al bloque del este, y que era la mayor parte del Planeta, los pa&#x00ED;ses subdesarrollados, a los que ninguno de los otros dos bloques ten&#x00ED;a en cuenta (Sauvy, <xref ref-type="bibr" rid="CIT24">1952</xref>). Ahora bien, aplicar en 1965 el concepto de subdesarrollo a Cuba se encontraba con dos circunstancias que hac&#x00ED;an su situaci&#x00F3;n excepcional. La primera tiene que ver con el hecho de que la isla ya hab&#x00ED;a resuelto, desde sus instancias pol&#x00ED;ticas gubernamentales, asimilarse al bloque del este varios a&#x00F1;os antes y, por tanto, quiz&#x00E1; deber&#x00ED;a ser considerada miembro del segundo mundo, en terminolog&#x00ED;a de Sauvy, ya que desde su inclusi&#x00F3;n en ese conjunto pol&#x00ED;tico estaba siendo ayudada econ&#x00F3;micamente por la Uni&#x00F3;n Sovi&#x00E9;tica, y su econom&#x00ED;a no pod&#x00ED;a compararse, en grado de pobreza, a la de la mayor&#x00ED;a de los pa&#x00ED;ses africanos, asi&#x00E1;ticos, centroamericanos y sudamericanos asociados al concepto de tercer mundo.</p>

				<p>La segunda particularidad es la que condenaba al pa&#x00ED;s caribe&#x00F1;o a una paradoja dif&#x00ED;cilmente resoluble: Cuba hab&#x00ED;a sido hasta 1958, seg&#x00FA;n los datos macroecon&#x00F3;micos, un pa&#x00ED;s del primer mundo, mucho m&#x00E1;s avanzado que, por ejemplo, Espa&#x00F1;a, Argentina u otros que tradicionalmente siempre hab&#x00ED;an sido m&#x00E1;s desarrollados. Solo Venezuela o Uruguay ten&#x00ED;an un PIB mayor que el de Cuba en Am&#x00E9;rica Latina en esa &#x00E9;poca. En 1958, seg&#x00FA;n el Proyecto Maddison, el PIB de Cuba era superior al de Espa&#x00F1;a, pero en 1963 el de Espa&#x00F1;a ya era el doble que el de Cuba, pues la Pen&#x00ED;nsula hab&#x00ED;a entrado en una clara fase de desarrollismo, mientras que Cuba se hund&#x00ED;a con las reformas ejecutadas por el gobierno revolucionario, que inclu&#x00ED;an la supresi&#x00F3;n de la propiedad privada, los negocios particulares y cualquier iniciativa econ&#x00F3;mica que no fuera estatal. El &#x00FA;ltimo dato que ofrece Maddison, comparando las econom&#x00ED;as cubana y espa&#x00F1;ola es de 2008, y se&#x00F1;ala un PIB peninsular cinco veces mayor que el insular (Jorr&#x00ED;n, <xref ref-type="bibr" rid="CIT13">2016, 28 de noviembre</xref>). Adem&#x00E1;s del Proyecto Maddison (<italic>Maddison Historical Statistics</italic>) publicado en 2013, que recoge todo tipo de estad&#x00ED;sticas internacionales desde 1926 hasta 2010, los datos que a continuaci&#x00F3;n aportaremos pueden consultarse en el <italic>Statistic Year Book of United Nations</italic> de 1959, en el <italic>Annuaire International d’Education</italic> de la UNESCO, de 1959, en Moreno Fraginals (<xref ref-type="bibr" rid="CIT18">1978</xref>), en las publicaciones de la CEPAL/ONU, sobre todo en Garc&#x00ED;a Molina (<xref ref-type="bibr" rid="CIT09">2005</xref>, pp. 15-18), y en Mesa Lago (<xref ref-type="bibr" rid="CIT17">2009</xref>, pp. 41-61).</p>

				<p>Cuba fue un pa&#x00ED;s que hasta los a&#x00F1;os cincuenta hab&#x00ED;a batido muchos records de progreso, siendo, por ejemplo, el primer lugar de Am&#x00E9;rica Latina y el tercero del mundo en obtener el ferrocarril, el pa&#x00ED;s donde se descubri&#x00F3; el agente transmisor de la fiebre amarilla, gracias al doctor Carlos J. Finlay, quien indic&#x00F3; adem&#x00E1;s su prevenci&#x00F3;n y tratamiento (1881); el primer territorio latinoamericano en desarrollar un sistema de alumbrado p&#x00FA;blico (1889), el primero de Am&#x00E9;rica Latina en impulsar el transporte del tranv&#x00ED;a y del autom&#x00F3;vil (1900), el primero del mundo en implementar la tecnolog&#x00ED;a del discado directo en el tel&#x00E9;fono (1906), el primero de Am&#x00E9;rica Latina en crear un Departamento de Rayos X (1907), el primer pa&#x00ED;s latinoamericano en realizar un vuelo, entre Cuba y Cayo Hueso (1913), el &#x00FA;nico pa&#x00ED;s en mantener durante varias d&#x00E9;cadas la relaci&#x00F3;n uno a uno entre la moneda nacional y el d&#x00F3;lar (1915-1958), la segunda naci&#x00F3;n del mundo en inaugurar una estaci&#x00F3;n de radio (1922), el primer pa&#x00ED;s de Am&#x00E9;rica Latina en decretar la jornada laboral de ocho horas, el salario m&#x00ED;nimo y la autonom&#x00ED;a universitaria (1937), el primer pa&#x00ED;s de Am&#x00E9;rica Latina en tener un presidente de raza negra (1940), el segundo pa&#x00ED;s del mundo en emitir formalmente televisi&#x00F3;n (1950), el primer pa&#x00ED;s del mundo en construir un hotel con aire acondicionado central (1951), etc.</p>

				<p>Todo eso fue desapareciendo con la revoluci&#x00F3;n que triunf&#x00F3; en 1959. En los a&#x00F1;os cincuenta, los &#x00ED;ndices de desarrollo, publicados oficialmente por la ONU, daban las siguientes cifras: Cuba era el tercer pa&#x00ED;s de Am&#x00E9;rica Latina en consumo de carne por habitante, el segundo con menor mortalidad infantil, el segundo con menor &#x00ED;ndice de analfabetismo, el de m&#x00E1;s m&#x00E9;dicos per c&#x00E1;pita, el de mayor porcentaje de viviendas electrificadas y de consumo cal&#x00F3;rico diario, el segundo del mundo en tener cine en 3D (1957), el segundo en tener televisi&#x00F3;n a color (1958) y era la econom&#x00ED;a n&#x00FA;mero 29 del mundo (Esteban y Aparicio, <xref ref-type="bibr" rid="CIT06">2015</xref>, pp. 185-186). Es cierto que hab&#x00ED;a bolsas de pobreza y focos de desigualdad, y tambi&#x00E9;n es cierto que Batista hab&#x00ED;a llevado su proyecto de dictadura a unos niveles amplios de represi&#x00F3;n, lo que hab&#x00ED;a provocado una revoluci&#x00F3;n en contra de su gesti&#x00F3;n pol&#x00ED;tica, pero la generaci&#x00F3;n de riqueza y el nivel de crecimiento de aquella peque&#x00F1;a isla era una realidad irrefutable.</p>

				<p>Por eso, cuando Edmundo Desnoes public&#x00F3; su novela en 1965, enseguida llam&#x00F3; la atenci&#x00F3;n de cr&#x00ED;ticos literarios, pero tambi&#x00E9;n de economistas, soci&#x00F3;logos, polit&#x00F3;logos e incluso cineastas, ya que tres a&#x00F1;os m&#x00E1;s tarde, en 1968, tuvo lugar una r&#x00E9;plica filmogr&#x00E1;fica que ha sido considerada como la verdadera obra maestra del cine cubano. La obra de Desnoes era una pieza m&#x00E1;s dentro del conjunto de reacciones de todo tipo que hab&#x00ED;a suscitado el cambio violento de r&#x00E9;gimen en Cuba. Uno de los te&#x00F3;ricos que contribuy&#x00F3; a mantener vivos la discusi&#x00F3;n y el inter&#x00E9;s por el nuevo sistema fue el soci&#x00F3;logo de la Universidad de Columbia Charles Wright Mills, quien visit&#x00F3; la isla poco despu&#x00E9;s que Sartre y public&#x00F3; ese mismo a&#x00F1;o <italic>Listen Yankee. The Revolution in Cuba</italic>. Preocupado por la miseria end&#x00E9;mica de muchos pa&#x00ED;ses latinoamericanos (Brasil, M&#x00E9;xico), por las grandes diferencias econ&#x00F3;micas entre las clases, la ausencia de una clase media extendida en la mayor&#x00ED;a de los pa&#x00ED;ses del sur y, sobre todo, por la deriva imperialista de los Estados Unidos sobre Cuba y otras regiones hispanas, alent&#x00F3; a Cuba para continuar un camino experimental y alert&#x00F3; a su pa&#x00ED;s sobre el peligro que corr&#x00ED;a la isla si ca&#x00ED;a bajo la influencia del otro imperio, el sovi&#x00E9;tico. Estados Unidos podr&#x00ED;a impedir esa otra colonizaci&#x00F3;n y facilitar a Cuba un camino nuevo sin injerencias del marxismo (Rojas, <xref ref-type="bibr" rid="CIT22">2009</xref>, pp. 43-45).</p>

				<p>Todo ello hizo que, al hilo de los planteamientos de Sauvy, que pretend&#x00ED;an colorear a tres bandas el mapa de las relaciones internacionales, en Cuba surgiera un inter&#x00E9;s muy expl&#x00ED;cito por el t&#x00E9;rmino y el concepto de subdesarrollo, hasta el punto de que en el mismo a&#x00F1;o en el que se estren&#x00F3; la pel&#x00ED;cula <italic>Memorias del subdesarrollo</italic>, en el Congreso Cultural de La Habana, algunos de los ponentes invocaron al subdesarrollo como un problema que se colocaba en el crisol «de la nueva identidad cr&#x00ED;tica del intelectual latinoamericano» (Rojas, <xref ref-type="bibr" rid="CIT22">2009</xref>, p. 45). Desnoes barajaba, adem&#x00E1;s de la terminolog&#x00ED;a del economista franc&#x00E9;s, los mismos conceptos que Mills o Sartre para analizar el concepto de subdesarrollo, que eran los que el gobierno cubano establec&#x00ED;a para comprometer unas se&#x00F1;as de identidad insular que, supuestamente, habr&#x00ED;an de extenderse a todo el subcontinente hisp&#x00E1;nico. La euforia de la nomenclatura, que evocaba tambi&#x00E9;n un estilo de vida y de concepci&#x00F3;n de la sociedad, lleg&#x00F3; tambi&#x00E9;n a la po&#x00E9;tica cinematogr&#x00E1;fica. Ya en la mitad de los a&#x00F1;os cincuenta hab&#x00ED;an coincidido en el Centro Experimental de Cinematograf&#x00ED;a de Roma, como estudiantes, Tom&#x00E1;s Guti&#x00E9;rrez Alea (el futuro director de la pel&#x00ED;cula sobre la novela de Desnoes), Julio Garc&#x00ED;a Espinosa (futuro Viceministro de Cultura para el Cine, en Cuba), Fernando Birri (futuro director de cine, uno de los cl&#x00E1;sicos de la direcci&#x00F3;n en Argentina) y Gabriel Garc&#x00ED;a M&#x00E1;rquez, por entonces un periodista colombiano especializado en temas de cine. Todos ellos se formaron en el neorrealismo italiano, con personajes tan relevantes como Vittorio de Sica o Cesare Zavattini, y en aquella &#x00E9;poca ya pensaban en crear una plataforma para la creaci&#x00F3;n y difusi&#x00F3;n del cine latinoamericano. M&#x00E1;s adelante, ya instalados en sus pa&#x00ED;ses o en otros del subcontinente, desarrollaron la idea de lo que se llam&#x00F3; a partir de los sesenta el <italic>tercer cine</italic>, que coincid&#x00ED;a con la nomenclatura «tercer mundo», y que ven&#x00ED;a a ser una alternativa al de Hollywood (el <italic>primer cine</italic>, el de corte capitalista y grandes producciones), y al <italic>segundo</italic>, el europeo, de autor, m&#x00E1;s centrado en los problemas humanos, en la profundidad de las historias, que en los efectos y las t&#x00E9;cnicas.</p>

				<p>El tercer cine deber&#x00ED;a ser el que luchara contra el imperialismo de la industrializaci&#x00F3;n y del gran capital asociado a la producci&#x00F3;n art&#x00ED;stica, fij&#x00E1;ndose en cuestiones sociales y pol&#x00ED;ticas de resistencia y lucha. Pocos meses despu&#x00E9;s de estrenarse la pel&#x00ED;cula de Desnoes/Guti&#x00E9;rrez Alea, Fernando Solanas y Octavio Getino publicaron en Cuba el art&#x00ED;culo «Hacia un tercer cine», que a&#x00F1;os m&#x00E1;s tarde se convertir&#x00ED;a, junto con otros ensayos, en el libro clave de la cinematograf&#x00ED;a latinoamericana (Getino, <xref ref-type="bibr" rid="CIT10">1979</xref>). Seg&#x00FA;n los autores del art&#x00ED;culo, ese tercer cine se centrar&#x00ED;a en descolonizar la cultura, tratando de inventar lenguajes nuevos para una nueva conciencia y una nueva realidad (Getino, <xref ref-type="bibr" rid="CIT10">1979</xref>, p. 6). El problema de Desnoes fue que, a pesar de estar incluido por la cr&#x00ED;tica en ese &#x00E1;mbito de difusi&#x00F3;n del concepto de subdesarrollo y de terceras opciones, su visi&#x00F3;n no era la de un proletario sino la de un burgu&#x00E9;s que no sabe muy bien desde d&#x00F3;nde y hacia d&#x00F3;nde camina.</p>
		</sec>

		<sec id="S2">
			<title>CONSECUENCIAS DEL SUBDESARROLLO EN MEMORIAS DEL SUBDESARROLLO</title>

				<p>En Cuba, novela y pel&#x00ED;cula se interpretaron como una cr&#x00ED;tica al burgu&#x00E9;s acomodado, sin espacio en la Cuba socialista, a quien le cuesta adaptarse a las nuevas circunstancias que exigen la creaci&#x00F3;n de un «hombre nuevo». En la novela, el conflicto ante el que se debate Sergio, su protagonista, es precisamente el de pensar y actuar como un hombre del primer mundo mientras vive en un pa&#x00ED;s subdesarrollado y tercermundista. El conflicto es m&#x00E1;s pertinente si se tiene en cuenta que Desnoes no siempre vivi&#x00F3; en un pa&#x00ED;s «subdesarrollado», ya que antes de 1959 hab&#x00ED;a elegido Estados Unidos, concretamente Nueva York, para instalarse una temporada, como respuesta burguesa a los conflictos interiores que le generaba la situaci&#x00F3;n pol&#x00ED;tica de su pa&#x00ED;s, con la sucesi&#x00F3;n de reg&#x00ED;menes poco convincentes y un grado nada aceptable de corrupci&#x00F3;n. Lo &#x00FA;nico positivo de aquella huida, seg&#x00FA;n sus propias palabras en <italic>Punto de vista</italic> (<xref ref-type="bibr" rid="CIT03">1967</xref>), fue que pudo encontrarse a s&#x00ED; mismo al observarse desde lejos y verse como desdoblado, e integrar despu&#x00E9;s su autoconocimiento una vez comenzado el periodo revolucionario:</p>

								<disp-quote><p>Hace apenas dos a&#x00F1;os y con treinta y cuatro a&#x00F1;os en las costillas empec&#x00E9; a darme cuenta cabal de lo despistado que andaba despu&#x00E9;s de haber devorado absurdos libros y libros importantes y extra&#x00F1;os libros y libros deslumbrantes, y despu&#x00E9;s de haberme ido lo mismo a una isla desierta en las Bahamas, infectada de sutiles y devastadores jejenes, que a vivir en la m&#x00E1;s gigantesca ciudad del mundo: Nueva York. De nada me sirvi&#x00F3; aunque la pas&#x00E9; bien y mal, inseguro. O mejor dicho: solo me sirvi&#x00F3; cuando descubr&#x00ED; un punto de vista para entender lo que hab&#x00ED;a hecho aqu&#x00ED;. La experiencia fue necesaria, supongo, pero la revoluci&#x00F3;n cubana fue decisiva. Me oblig&#x00F3; a detenerme y asumir mi lugar en el mundo. (Desnoes, <xref ref-type="bibr" rid="CIT03">1967</xref>, p. 7).</p></disp-quote>

				<p>Desnoes, antes de 1959, hab&#x00ED;a vivido en Venezuela, hab&#x00ED;a pasado tambi&#x00E9;n un tiempo rodeado de naturaleza, lejos de la civilizaci&#x00F3;n, despu&#x00E9;s se hab&#x00ED;a instalado en Nueva York y regresado a La Habana agitados ya los tambores de la revoluci&#x00F3;n y cuando la isla se encontraba en una primera fase de euforia (Luque, <xref ref-type="bibr" rid="CIT15">2012</xref>, p. 98). Por otro lado, su origen bicultural le hac&#x00ED;a portador de ciertas manchas de ambig&#x00FC;edad identitaria, que estar&#x00E1;n presentes en sus novelas. De padre cubano y madre estadounidense, el biling&#x00FC;ismo funcion&#x00F3; siempre como la oportunidad de elegir aunque, a menudo, al mejor estilo existencialista, esa libertad no siempre fuera un foco de posibilidades sino de miedos o de indefiniciones. Ya en su primera novela, <italic>No hay problema</italic>, de 1961, el narrador presentaba al protagonista como un hombre que «Nunca se sent&#x00ED;a c&#x00F3;modo en ninguna parte» y anotaba que «Era cubano pero a mundo lo confund&#x00ED;an con un norteamericano. Tal vez si hubiera nacido con pelo negro y ojos negros no se sentir&#x00ED;a tan improbable y fuera de lugar. Todo en Cuba estaba dominado por la presencia f&#x00ED;sica» (Luque, <xref ref-type="bibr" rid="CIT15">2012</xref>, p. 98). Asimismo, en su siguiente novela, escrita muy poco antes que sus primeras <italic>Memorias…</italic>, titulada <italic>El cataclismo</italic>, el protagonista se resignaba a ser un pobre cubanito <italic>subdesarrollao</italic> (Luque, <xref ref-type="bibr" rid="CIT15">2012</xref>, p. 101), a pesar de que so&#x00F1;aba ser otra cosa, m&#x00E1;s parecida a un hombre del primer mundo.</p>

				<p>Sergio Malabre, personaje principal de <italic>Memorias del subdesarrollo</italic>, se percibe a s&#x00ED; mismo como un extranjero aunque, como sabemos, tampoco era un adaptado en la &#x00E9;poca anterior, porque su concepto del intelectual burgu&#x00E9;s latinoamericano siempre hab&#x00ED;a sido el mismo. En el art&#x00ED;culo «El mundo sobre sus pies», de mitad de los sesenta, del que se aprovechaban frases para integrarlas en la mesa redonda que se exhibe en la pel&#x00ED;cula, Desnoes expresaba un sentimiento que le acompa&#x00F1;ar&#x00ED;a toda la vida, porque es tambi&#x00E9;n aplicable al protagonista de la novela de <xref ref-type="bibr" rid="CIT05">2007</xref>, <italic>Memorias del desarrollo</italic>, que lleva muchos a&#x00F1;os viviendo en los Estados Unidos. El cubano asegura en ese texto que aunque &#x00E9;l tiene una apariencia blanca e industrializada, ha recibido buena educaci&#x00F3;n y vivido en una familia de clase media habanera, y ha sido durante a&#x00F1;os perfectamente identificable con su equivalente europeo y estadounidense, tiene la sensaci&#x00F3;n y la conciencia de constatarse solo como una mala imitaci&#x00F3;n del sujeto del primer mundo, y que, haga lo que haga y viva como y donde viva, siempre ser&#x00E1; inferior al del primer mundo. Y concluye:</p>

								<disp-quote><p>Ahora s&#x00E9; que aunque parezca blanco, anglosaj&#x00F3;n y protestante soy en realidad un negro sure&#x00F1;o. Los latinoamericanos somos todos negros. Discriminados, oprimidos, rechazados, ignorados, extranjeros dentro de esa nueva estafa con pretensiones de universalidad: el estilo de vida norteamericano, el gran sue&#x00F1;o blanco de los Estados Unidos. (Desnoes, <xref ref-type="bibr" rid="CIT03">1967</xref>, p. 100)</p></disp-quote>

				<p>Como veremos m&#x00E1;s adelante, el tiempo que pasa entre las primeras <italic>Memorias…</italic> y las segundas no sirve al protagonista para encontrarse, sino m&#x00E1;s bien para continuar perdiendo detalles de su propia identidad, a pesar de que el cubano pensaba que «todo hispanoamericano se plantea constantemente el problema de su desarraigo y de su identidad», y que «la ausencia de una personalidad cultural lo impelen a recorrer el mundo en busca de patrias espirituales» (Desnoes, <xref ref-type="bibr" rid="CIT02">1960</xref>, p. 20). Desnoes, consciente de su hibridez, hubiera querido sentirse bien en las dos caras de su constituci&#x00F3;n cultural, y solventar mediante la s&#x00ED;ntesis el problema que achaca a todo el orbe hispanoamericano. Sin embargo, ello es solo un deseo, nunca consumado. En una entrevista de agosto de 2018, titulada adecuadamente «De Juan P&#x00E9;rez a Edmundo Desnoes», el escritor cubano-americano aseguraba que le gustar&#x00ED;a definirse por las dos culturas, la espa&#x00F1;ola y la anglosajona y que quisiera unir a Don Quijote con Hamlet, «crear una combinaci&#x00F3;n de la duda con esa sensibilidad espa&#x00F1;ola. Yo soy esa mezcla: el sue&#x00F1;o de las locuras de Don Quijote con las dudas de Hamlet» (Rivero y Russell, <xref ref-type="bibr" rid="CIT20">2018, 22 de agosto</xref>). El nombre completo del escritor es Juan Edmundo P&#x00E9;rez Desnoes, pero &#x00E9;l utiliz&#x00F3; para firmar sus obras los dos t&#x00E9;rminos que lo identificaban menos con el &#x00E1;mbito cubano y que, seg&#x00FA;n &#x00E9;l, lo acercaban a la cultura en ingl&#x00E9;s.</p>

				<p>El personaje de <italic>Memorias del subdesarrollo</italic>, a pesar del desconcierto creado por los cambios sociales y pol&#x00ED;ticos, y sobre todo a pesar de la opini&#x00F3;n del autor acerca de la identidad, decide quedarse a vivir en Cuba, aun teniendo la oportunidad de marchar con su familia rumbo a los Estados Unidos. De este modo, algunas de las interpretaciones sugieren que el Sergio de la historia constituye un fiel retrato de la decadente burgues&#x00ED;a, que no era capaz de adaptarse al nuevo modelo social, aunque tampoco se decid&#x00ED;a a dar un paso hacia lo desconocido. El dilema acerca de abandonar o no la isla se relaciona probablemente en gran medida con la mirada melanc&#x00F3;lica hacia &#x00E9;pocas anteriores, con el hecho de la que burgues&#x00ED;a «con poder econ&#x00F3;mico fijaba en la sociedad pre-revolucionaria abundantes criterios de gusto y consumo, tanto en la vida cotidiana como en el &#x00E1;mbito art&#x00ED;stico» (Santana Fern&#x00E1;ndez de Castro, <xref ref-type="bibr" rid="CIT23">2010</xref>, p. 214). El problema m&#x00E1;s complicado, que Sergio intuye b&#x00E1;sicamente, es que el subdesarrollo econ&#x00F3;mico, que ha sido evidente desde los primeros momentos de cambio, deviene subdesarrollo cultural, y afecta a todos los &#x00E1;mbitos de la existencia. A partir de los a&#x00F1;os sesenta los artistas y escritores tienen que ir, como todos los nacionales, a cortar ca&#x00F1;a, a las escuelas del campo y, algunos de ellos, a los campos de concentraci&#x00F3;n de las UMAP (<italic>Unidades Militares de Ayuda a la Producci&#x00F3;n</italic>), y sus posibilidades de viajar y responder intelectual y formativamente a los caminos que la vida burguesa les permit&#x00ED;a, ahora quedan sepultados, para que se cumpla el nuevo orden que desdibuja las individualidades, iguala econ&#x00F3;micamente a todos por debajo y dificulta los viajes y las relaciones con intelectuales y artistas de otros pa&#x00ED;ses, as&#x00ED; como con sus obras.</p>

				<p>Los escritores de la generaci&#x00F3;n de Desnoes, y los artistas o burgueses de la de Sergio, enseguida son conscientes de que su destino miserable lo es, al menos, no tanto como el de aquellos que conforman la primera generaci&#x00F3;n revolucionaria, porque los primeros han podido viajar durante algunos a&#x00F1;os, conocer otras tierras y otras formas de pensar, han podido leer obras en otros idiomas y de otros pa&#x00ED;ses sin cortapisas ideol&#x00F3;gicas. Y tienen una mente abierta, formada en la libertad y la abundancia. Sin embargo, dice Orlando, amigo de Sergio al comienzo de la pel&#x00ED;cula del subdesarrollo, ellos (los m&#x00E1;s j&#x00F3;venes) «est&#x00E1;n m&#x00E1;s jodidos que nosotros. Ya nosotros por lo menos viajamos y hemos visto museos y experimentado cosas y le&#x00ED;do todo lo que nos ha dado la gana». Todo esto contrasta con el espect&#x00E1;culo socializado que impone la revoluci&#x00F3;n con su marketing particular, «que consiste en la escenificaci&#x00F3;n de una utop&#x00ED;a en el Tercer Mundo o, m&#x00E1;s espec&#x00ED;ficamente, en el Caribe, una zona fronteriza donde se capitalizan s&#x00ED;mbolos tur&#x00ED;sticos, sexuales, religiosos y revolucionarios como atributos de una comunidad pol&#x00ED;ticamente alternativa» (Rojas, <xref ref-type="bibr" rid="CIT22">2009</xref>, p. 29).</p>

				<p>El m&#x00E9;rito de Desnoes consiste quiz&#x00E1; en mostrar abiertamente, por primera vez dentro del proceso revolucionario, la preocupaci&#x00F3;n existencial de tantos pensadores cubanos que se enfrentaban a la duda, debati&#x00E9;ndose ante la disyuntiva de vivir entre el pasado y el presente y sin saber exactamente qu&#x00E9; rumbo tomar. Era este, en &#x00FA;ltima instancia, el desasosiego por el futuro de la literatura en un pa&#x00ED;s socialista, subdesarrollado y en plena construcci&#x00F3;n de una sociedad en la que «todo lo que nos rodea est&#x00E1; hundido en el subdesarrollo. Hasta los sentimientos del cubano son subdesarrollados: sus alegr&#x00ED;as y sus sufrimientos son primitivos y directos, no han sido trabajados y enredados por la cultura. La Revoluci&#x00F3;n es lo &#x00FA;nico complicado y serio que les ha ca&#x00ED;do en la cabeza a los cubanos. Pero de aqu&#x00ED; a que nos pongamos al d&#x00ED;a con los pa&#x00ED;ses civilizados pasar&#x00E1;n muchos a&#x00F1;os» (Desnoes, <xref ref-type="bibr" rid="CIT04">2006</xref>, p. 36). Pero ¿qu&#x00E9; significaba para el protagonista de <italic>Memorias…</italic>ponerse al d&#x00ED;a? ¿Era lo mismo que para el r&#x00E9;gimen? Para entonces, en la isla, el Che Guevara parec&#x00ED;a haber descubierto, en su obra <italic>El hombre y el socialismo en Cuba</italic> (1965), que la culpa de que muchos intelectuales y artistas no siguieran por el camino correcto radicaba en el hecho de que «no eran aut&#x00E9;nticamente revolucionarios» (Guevara, <xref ref-type="bibr" rid="CIT11">1968</xref>, p. 636).</p>

				<p>A partir de entonces se llev&#x00F3; a cabo en la naci&#x00F3;n una fuerte campa&#x00F1;a para adoctrinar a todos aquellos que no fueran conscientes de la necesidad de apoyar el nuevo proyecto. Si se quer&#x00ED;a permanecer protegido hab&#x00ED;a que ser revolucionario, t&#x00E9;rmino que en aquel momento resultaba un tanto confuso para algunos. De hecho, en el Congreso Cultural de 1968, Ambrosio Fornet declaraba que en la Cuba de esos a&#x00F1;os se le&#x00ED;a y publicaba a Kafka, a Proust, a Joyce, se proyectaba el cine de Visconti, Antonioni, Bergman o se exhib&#x00ED;a arte vanguardista y abstracto, o netamente contempor&#x00E1;neo y occidental, pero, como dice Rojas, «lo cierto es que descolonizarse y desarrollarse implicaba para aquellos intelectuales algo m&#x00E1;s que ser socialistas heterodoxos que admiraban las vanguardias occidentales. No bastaba con definirse como “socialistas cubanos” y, a la vez, mantenerse interesados en la producci&#x00F3;n cultural de Occidente: esa leg&#x00ED;tima posici&#x00F3;n era vista por sus superiores y por ellos mismos como una contradicci&#x00F3;n o una ambig&#x00FC;edad» (Rojas, <xref ref-type="bibr" rid="CIT22">2009</xref>, p. 51). La contribuci&#x00F3;n de Fornet al Congreso invitaba a los revolucionarios a ser contundentes, manifestarse con claridad y dureza, alejarse de la suavidad de las «v&#x00ED;rgenes» o los «arc&#x00E1;ngeles» para proceder a provocar un incendio, con virulencia. (Fornet, <xref ref-type="bibr" rid="CIT07">1977</xref>, p. 35)</p>

				<p>El debate sobre el papel que deb&#x00ED;an ocupar los intelectuales y artistas en el campo cultural y literario de la isla, y por ende de toda Am&#x00E9;rica Latina, estaba servido. Aquellos que se alinearon con la propuesta incendiaria de Fornet ya sab&#x00ED;an a qu&#x00E9; atenerse, y los que desearon una libertad plena para establecer una independencia absoluta entre el poder y el arte tomaron el camino del exilio. Pero Desnoes eligi&#x00F3; muy h&#x00E1;bilmente el terreno pantanoso de la ambig&#x00FC;edad y de la iron&#x00ED;a, ya que la novela de 1965 «no se planteaba como veh&#x00ED;culo para la adhesi&#x00F3;n de ideas, sino como exposici&#x00F3;n cr&#x00ED;tica e ir&#x00F3;nica de los diferentes discursos que entraban en tensi&#x00F3;n en la sociedad cubana de la &#x00E9;poca» (Peris, <xref ref-type="bibr" rid="CIT19">2011</xref>, p. 425). Por eso, <italic>Memorias…</italic> se interpret&#x00F3; con argumentos s&#x00F3;lidos tanto desde el punto de vista de una cr&#x00ED;tica feroz a la burgues&#x00ED;a acomodada que hab&#x00ED;a perdido su lugar en la nueva sociedad como a la dictadura que imped&#x00ED;a al artista manifestarse con libertad. En este contexto, el personaje de <italic>Memorias del subdesarrollo</italic> monologa, como una criatura abandonada, a veces sin m&#x00E1;s finalidad que la de observar y describir su entorno, aunque en ocasiones tambi&#x00E9;n se autoanaliza: «Me da una sensaci&#x00F3;n extra&#x00F1;a al caminar por las habitaciones; la casa se est&#x00E1; convirtiendo en una caverna» (Desnoes, <xref ref-type="bibr" rid="CIT04">2006</xref>, p. 30). Sergio se describe y proyecta como un mero observador, haciendo que sus exposiciones sean cada vez menos profundas o elaboradas. As&#x00ED;, al explorar su cuerpo afirma: «Fij&#x00E1;ndose en los pies uno ve que est&#x00E1; muy cerca, que es un animal» (Desnoes, <xref ref-type="bibr" rid="CIT04">2006</xref>, p. 25), y un poco m&#x00E1;s adelante: «esta ma&#x00F1;ana me asombr&#x00F3; el eructo tan ruidoso que solt&#x00E9; cuando termin&#x00E9; de tomar el caf&#x00E9; con leche (...), me estoy convirtiendo en un animal» (Desnoes, <xref ref-type="bibr" rid="CIT04">2006</xref>, p. 31). Para entender mejor los efectos de la animalizaci&#x00F3;n, debemos hacer hincapi&#x00E9; en la naturaleza y el alcance del proceso comunicativo. En su obra <italic>Pol&#x00ED;tica</italic>, Arist&#x00F3;teles establece que el hombre tiene uso de raz&#x00F3;n y lenguaje, lo que le confiere una voz, que sirve para mostrar las penas y las alegr&#x00ED;as, para decir qu&#x00E9; es lo que est&#x00E1; bien y lo que est&#x00E1; mal, y por ellos es esencialmente diferente a los dem&#x00E1;s animales (Sim&#x00F3;n Abril, <xref ref-type="bibr" rid="CIT25">1910</xref>, pp. 15-16).</p>

				<p>El concepto de «animal racional» aristot&#x00E9;lico est&#x00E1; planteado con claridad en el comienzo del relato y de la pel&#x00ED;cula, porque el diletante y sus amigos analizan la situaci&#x00F3;n con ciertos visos de objetividad y manifiestan una inteligente capacidad de an&#x00E1;lisis pero, en el momento del autoesclarecimiento, Sergio observa que va perdiendo cualidades abstractas, inmateriales, incluso racionales, porque el examen de las reacciones corporales le coloca en otro nivel, m&#x00E1;s animalizado. Cuando eso comienza a ocurrir, en las primeras ocasiones Sergio trata de corregir los reflejos instintivos: «Como no hay nadie en casa no me aguanto nada. Me acord&#x00E9; de mi padre soltando peos y eructando solo en el portal los domingos (…). No puedo permitir que esto vuelva a pasar. Aunque no haya nadie en la casa debo comportarme como un hombre civilizado. Me avergonzar&#x00ED;a terriblemente que alguien hubiera o&#x00ED;do mi eructo de bestia satisfecha» (Desnoes, <xref ref-type="bibr" rid="CIT04">2006</xref>, p. 31). Sin embargo, hacia la mitad de la novela, el protagonista va evolucionando hacia la p&#x00E9;rdida de ciertos criterios y valores, pasando a proyectar una voz imparcial, que refleja los vaivenes de su existencia sin perseguir mucho m&#x00E1;s que la satisfacci&#x00F3;n de sus necesidades vitales: dar rienda suelta a sus pasiones, alimentarse, incluso convivir, mientras es testigo del transcurrir del tiempo, sin trazarse ya aspiraciones ni prop&#x00F3;sitos de lucha. As&#x00ED;, conecta ideol&#x00F3;gicamente con cierta corriente existencialista de mitad de siglo, que se inaugur&#x00F3; en Cuba alrededor de la obra y las actitudes de algunos intelectuales y artistas relacionados con el entorno de <italic>Or&#x00ED;genes</italic>, unas dos d&#x00E9;cadas antes de que Desnoes produjera su obra literaria de los a&#x00F1;os sesenta. Como ha hecho notar Rojas,</p>
				
								<disp-quote><p><italic>Or&#x00ED;genes</italic> se debat&#x00ED;a entre el <italic>horror vacui</italic> de Pascal y la <italic>nada que fluye</italic> de Nietzsche. Dos alternativas plenamente inscritas en la deconstrucci&#x00F3;n de la raz&#x00F3;n occidental: el AntiDescartes y el AntiHegel, descritos por Albert Camus en <italic>El hombre rebelde</italic>, cuyo fragmento sobre el nihilismo fue traducido por Rodr&#x00ED;guez Feo para un n&#x00FA;mero de 1952. Esta plataforma (…) permiti&#x00F3; ciertas aproximaciones al existencialismo y, en especial, a Martin Heidegger, de quien Pi&#x00F1;era Llera tradujo el pasaje de ¿Qu&#x00E9; es la metaf&#x00ED;sica? En el verano de 1949 (Rojas, <xref ref-type="bibr" rid="CIT21">2008</xref>, p. 296).</p></disp-quote>

				<p>Desnoes, ligeramente posterior a esta generaci&#x00F3;n bicef&#x00E1;lica en cuanto al origen de ciertas actitudes existenciales, ser&#x00E1; algo m&#x00E1;s cercano al existencialismo sartreano, y m&#x00E1;s af&#x00ED;n a esa «nada que fluye», materia b&#x00E1;sica del pensamiento de los franceses de la posguerra mundial, y alimento de una gran parte de la novel&#x00ED;stica cubana de los sesenta, (Menton, <xref ref-type="bibr" rid="CIT16">2002</xref>, p. 410) y tambi&#x00E9;n en la espa&#x00F1;ola y en otras tradiciones literarias (Jim&#x00E9;nez Mart&#x00ED;nez, <xref ref-type="bibr" rid="CIT12">2011</xref>). Pero la animalizaci&#x00F3;n kafkiana no est&#x00E1; solo representada en las <italic>Memorias del subdesarrollo</italic>, escrita y publicada en un momento de auge de corrientes existencialistas en Cuba enfrentadas al triunfalismo y mesianismo del gobierno revolucionario, un momento en que no pocos escritores comenzaban a considerar que en Cuba se estaba dando un proceso de animalizaci&#x00F3;n del individuo, encerrado en una c&#x00E1;rcel de naturaleza pan&#x00F3;ptica, f&#x00E1;cilmente equiparable al contexto de numerosos relatos del checo. Tambi&#x00E9;n hay reflejos del mismo universo en su siguiente novela. Cuarenta a&#x00F1;os despu&#x00E9;s de publicar <italic>Memorias del subdesarrollo</italic>, el lector se encuentra a otro <italic>alter ego</italic> creado por Desnoes, ya en la tercera edad, quien nos relata las vivencias de la segunda etapa de su vida en Europa y Estados Unidos. <italic>Memorias del desarrollo</italic> podr&#x00ED;a ser considerada como una segunda parte, donde se presenta a un Edmundo mucho m&#x00E1;s esc&#x00E9;ptico y deshumanizado, y sorprende la estampa de un hombre que tampoco logra encontrar su sitio, su libertad plena, su buscada y deseada identidad, en la cuna del desarrollo: Nueva York.</p>

				<p>Sergio, en las primeras <italic>Memorias…</italic> manifiesta un comportamiento cada vez menos racional y, a su vez, m&#x00E1;s animalizado, dejando gradualmente de recordar a sus padres o su ex mujer. «Noem&#x00ED; a mi lado y yo no pod&#x00ED;a sentir nada tierno (…) Estamos desnudos en la cama, indefensos, dos animales sin pelo, sin m&#x00FA;sculos fuertes, sin protecci&#x00F3;n, desvalidos» (Desnoes, <xref ref-type="bibr" rid="CIT04">2006</xref>, p. 141). En una visita a la casa de Hemingway, en La Habana, ante el retrato de Ava Gardner, Sergio explora detalladamente su objeto de placer: «ten&#x00ED;a los pies muy grandes (…). Es lo &#x00FA;nico que podemos hacer nosotros los subdesarrollados, masturbarnos con fotos de las grandes hembras del mundo» (Desnoes, <xref ref-type="bibr" rid="CIT04">2006</xref>, p. 67). Esta vida diferente, y cada vez m&#x00E1;s, de lo que hasta entonces ha sido corriente, y que hace al animal diferenciarse del hombre, consiste en la «creaci&#x00F3;n de un interregno, un peque&#x00F1;o territorio paralelo, subterr&#x00E1;neo o por fuera de la luz» (Garbatzky, <xref ref-type="bibr" rid="CIT08">2017</xref>, p. 51) en el que la existencia del animal (o lo animalizado) «exige la invenci&#x00F3;n del margen, los recovecos donde pueda existir e incluso donde pueda visualizarse furtivamente, brillar» (Garbatzky, <xref ref-type="bibr" rid="CIT08">2017</xref>, p. 52).</p>

				<p>El individuo exhibe una voz cada vez m&#x00E1;s imprecisa, en la medida en que avanza su desidia: «No tengo ganas de hacer nada. Estoy aqu&#x00ED; sentado ante la m&#x00E1;quina de escribir porque me duele la cabeza de tanto dormir. Me siento intoxicado de sue&#x00F1;o (…). Y solo podemos escribir la vida o la mentira que realmente somos. Ahora tengo ganas de tirarme en la cama. Me voy» (Desnoes, <xref ref-type="bibr" rid="CIT04">2006</xref>, p. 23). Se evidencia aqu&#x00ED; el cansancio y el desarraigo, algo que se une al uso del tiempo como algo fenom&#x00E9;nico y no tanto cronol&#x00F3;gico, que aparece cuando Sergio tiene la intenci&#x00F3;n de poner la fecha cada vez que se sienta a escribir pero luego se da cuenta de que eso no tiene sentido, que es una tonter&#x00ED;a (Desnoes, <xref ref-type="bibr" rid="CIT04">2006</xref>, p. 30). Es parte del discurso de corte existencialista sartreano, que pone «en primer plano los vac&#x00ED;os del relato», que media «entre cada momento de escritura» sin aparecer descrito en ella, pero que determina «las transformaciones en su tonalidad emotiva» (Peris, <xref ref-type="bibr" rid="CIT19">2011</xref>, p. 426), y que se manifiesta tambi&#x00E9;n en el modo de observar al resto de los cubanos que comparten con el protagonista el proceso de carnavalizaci&#x00F3;n: «Es un juego enloquecedor fijarse en una parte del cuerpo de las personas; las orejas, por ejemplo, los vientres. Y ni hablar de las formas, posiciones y tama&#x00F1;os de los fondillos femeninos (…) La gente me dio la impresi&#x00F3;n de desvalidos, indefensos, semilampi&#x00F1;os, precariamente balanceados en dos patas» (Desnoes, <xref ref-type="bibr" rid="CIT04">2006</xref>, p. 132). Las diferencias cada vez mayores entre lo espiritual y lo corporal van a acentuar la distancia entre lo humano y lo animal, en ese proceso de conversi&#x00F3;n hacia lo f&#x00ED;sico en detrimento de lo racional. Cuerpos carnavalizados, al decir de Bajtin, desprovistos de sensibilidad inmaterial y condenados al mero movimiento f&#x00ED;sico (Bajtin, <xref ref-type="bibr" rid="CIT01">2002</xref>, p. 273). Al hilo de estas reflexiones, Peris en su estudio sobre la obra de Desnoes de 1965 observ&#x00F3; que se ajustaba a esa definici&#x00F3;n del cuerpo como «espect&#x00E1;culo grotesco», cercano a lo que la «cultura burguesa iba a borrar de su representaci&#x00F3;n estilizada del cuerpo humano y que pon&#x00ED;a el acento en las partes del cuerpo abiertas as exterior, en sus orificios, protuberancias y salientes (Peris, <xref ref-type="bibr" rid="CIT19">2011</xref>, p. 430).</p>
		</sec>

		<sec id="S3">
			<title>UN DESARROLLO MATERIAL SIN RECUPERACI&#x00D3;N IDENTITARIA</title>

				<p>La idea de la muerte como soluci&#x00F3;n necesaria, o de la imposibilidad de redenci&#x00F3;n, emergen hacia el final de la novela del subdesarrollo. Son consecuencias l&#x00F3;gicas del recorrido existencial que se ha trazado. El vac&#x00ED;o y la muerte admiten cierto grado de identificaci&#x00F3;n en la medida en que el vac&#x00ED;o nombra el No-Ser. Nombrar el t&#x00E9;rmino de la vida es pasar de lo articulado (el <italic>Dasein</italic> heideggeriano como Ser en el mundo, es decir, <italic>Sein-in-der-Welt</italic>), a la desarticulaci&#x00F3;n, a la «deconstrucci&#x00F3;n de la ligaz&#x00F3;n del sujeto con la totalidad de referencias posibles» (Laera, <xref ref-type="bibr" rid="CIT14">2013</xref>, p. 117). Al final de la novela del subdesarrollo, Sergio desvela, como &#x00FA;nico prop&#x00F3;sito, la huida: «Sal&#x00ED;, regres&#x00E9;. No soporto la casa ni la calle (…) Una isla es una trampa, la Revoluci&#x00F3;n nos cogi&#x00F3; a todos aqu&#x00ED; dentro. No sent&#x00ED; ning&#x00FA;n alivio mirando el mar. No ve&#x00ED;a nada (...). Termin&#x00F3; la vida, tengo que soltarlo todo: el mundo se abre debajo de mis pies, me hundo en el vac&#x00ED;o, me vuelvo loco» (Desnoes, <xref ref-type="bibr" rid="CIT04">2006</xref>, pp. 145-147). Y aunque no muere, se produce un hecho curioso, pues el narrador desaparece de la historia en el &#x00FA;ltimo cap&#x00ED;tulo, titulado «Yodor», cediendo as&#x00ED; el protagonismo a un tal Paco L&#x00F3;pez, que con mezcla de orgullo y nostalgia cuenta su experiencia en la construcci&#x00F3;n de un mu&#x00F1;eco mec&#x00E1;nico capaz de caminar, hablar y fumar. Luego, poco a poco, el personaje va describiendo sus peripecias al tratar de dar a conocer su invento, as&#x00ED; como las carencias a las que se enfrent&#x00F3; debido a la escasez de piezas para mantener el invento en buen estado. El cap&#x00ED;tulo final de <italic>Memorias del subdesarrollo</italic> se separa totalmente del resto de la historia, alej&#x00E1;ndose de la vida de Sergio, quien ya no analiza a sus coterr&#x00E1;neos, ni reflexiona acerca de su presente, ni transmite sus sentimientos. Sin embargo, resulta interesante c&#x00F3;mo la nueva voz narrativa constata la realidad cubana que, anteriormente, hab&#x00ED;a sido descrita por Malabre. El cambio de voz narrativa es tambi&#x00E9;n el s&#x00ED;mbolo de la desarticulaci&#x00F3;n existencial de Sergio, en el sentido heideggeriano del que habl&#x00E1;bamos.</p>

				<p>Como si se tratara de una met&#x00E1;fora de la revoluci&#x00F3;n cubana, Paco describe la euforia ante las perspectivas del inicio, el &#x00E9;xito de la empresa, la repercusi&#x00F3;n internacional (en este caso en Nueva York), la fama, luego la decadencia, la carencia de recursos, la precariedad que preceder&#x00ED;a a los cambios sociales y el silencio ante los temas que tratasen sobre pol&#x00ED;tica y, para demostrar la veracidad del argumento, el personaje recurre a un &#x00E1;lbum de fotos, prueba irrefutable de todo lo expuesto. Luego desvela el anhelo de libertad, la b&#x00FA;squeda de una salida, que en este caso ser&#x00ED;a la marcha a Estados Unidos y, en contraste, la imposibilidad de lograr dicho anhelo a corto plazo. Malabre ya no emitir&#x00E1; m&#x00E1;s testimonios, su mon&#x00F3;logo termina en el pen&#x00FA;ltimo cap&#x00ED;tulo, como si no fuese capaz de articular palabra alguna y, por tanto, recurriese a otra voz que permitiera enunciar nuevas declaraciones. <italic>Memorias del subdesarrollo</italic> cierra la historia con la inc&#x00F3;gnita acerca del destino de Sergio, aunque las afirmaciones de Paco sugieren la inevitable ruptura: «El mu&#x00F1;eco ya no existe. Le entr&#x00E9; a hachazos. Un d&#x00ED;a cog&#x00ED; un hacha y lo hice pedazos. Lo desbarat&#x00E9;» (Desnoes, <xref ref-type="bibr" rid="CIT04">2006</xref>, p. 180). El destino de Yodor es, finalmente, met&#x00E1;fora de los de Paco y Sergio: «Yodor era muy grande para Cuba, muy caro, era un mu&#x00F1;eco incosteable» (Desnoes, <xref ref-type="bibr" rid="CIT04">2006</xref>, p. 181). El sinsentido del giro final de la novela remite al absurdo de la vida. El desplazamiento estructural y tem&#x00E1;tico remite a la ausencia de centralidad existencial, que culmina en la desaparici&#x00F3;n de la voz original, y de la del mu&#x00F1;eco, la falsa voz, que nunca habr&#x00ED;a podido sustituir a la verdadera. La respuesta final es el silencio, porque es muy evidente la conexi&#x00F3;n del vac&#x00ED;o de la persona con el colectivo. El fracaso del individuo habla del fracaso del sistema, que quiz&#x00E1; en los a&#x00F1;os sesenta, cuando Desnoes termin&#x00F3; la novela del subdesarrollo, no era tan evidente para toda la sociedad, pero que en el cambio de siglo ya no generaba ninguna duda.</p>

				<p>Al retomar la pista del nuevo <italic>alter ego</italic>, cuatro d&#x00E9;cadas m&#x00E1;s tarde, ya instalado en Manhattan, Nueva York, y convertido en un ciudadano estadounidense, <italic>Memorias del desarrollo</italic> evidenciar&#x00E1;, contrariamente a lo que se esperar&#x00ED;a del individuo asentado en una de las ciudades m&#x00E1;s pr&#x00F3;speras del mundo, a un hombre a&#x00FA;n m&#x00E1;s desamparado que en el subdesarrollo, y con la &#x00FA;nica certeza de que no lograr&#x00E1; encauzar su camino: «Corra o no corra -dice el narrador-, jam&#x00E1;s llegar&#x00E9; a ninguna parte» (Desnoes, <xref ref-type="bibr" rid="CIT05">2007</xref>, p. 11). El personaje principal se sabe atrapado en una situaci&#x00F3;n hostil de la que no intenta escapar; por el contrario, aprecia la soledad que lo llevar&#x00E1; al final: «Quiero l&#x00ED;brarme de las muletas del picol&#x00ED;simo nombre que he logrado. No quiero que recuerden los libros que publiqu&#x00E9;. Ya no tengo la seguridad y el prestigio de un trabajo bien remunerado, ni la h&#x00FA;meda intimidad de una mujer, ni siquiera los sacudimientos de una entretenida conversaci&#x00F3;n con amigos. El que habla solo persigue hablar con Dios un d&#x00ED;a» (Desnoes, <xref ref-type="bibr" rid="CIT05">2007</xref>, p. 12). La intertextualidad machadiana refleja el estado interior de una persona que ans&#x00ED;a encontrarse a s&#x00ED; misma en una autocontemplaci&#x00F3;n satisfactoria, de identidad recobrada, aunque ello no parece posible.</p>

				<p>En la historia del desarrollo, Desnoes dibuja a un hombre que lleva sobre sus hombros la carga de varias d&#x00E9;cadas de penuria en Cuba. En este sentido, el personaje maneja datos concretos -en &#x00E9;l no hay incertidumbre sino desidia-, y es capaz de contemplar el pasado, analizar los errores cometidos y sintetizar la evoluci&#x00F3;n del pa&#x00ED;s, intuyendo que ya est&#x00E1; todo perdido. Edmundo, un nuevo Sergio, siente la culpa de los irreparables pecados de la etapa del subdesarrollo: «Los detalles son m&#x00E1;s importantes que la totalidad; la totalidad es una abstracci&#x00F3;n. Deb&#x00ED; haberme iluminado en el preciso instante en el que desaparecieron del mercado el papel sanitario y los desodorantes (…). Deb&#x00ED; haberme iluminado especialmente despu&#x00E9;s de mi primer viaje a Checoslovaquia y Alemania del este (…). El fracaso del comunismo saltaba a la vista desde cada objeto, habitaci&#x00F3;n, edificio, desde cada arreglo econ&#x00F3;mico y social -pero en mi est&#x00FA;pida coraza ideol&#x00F3;gica no quer&#x00ED;a reconocer el error del proyecto» (Desnoes, <xref ref-type="bibr" rid="CIT05">2007</xref>, pp. 88-89).</p>

				<p>Y nuevamente, como ya ocurr&#x00ED;a en las primeras <italic>Memorias…</italic>, el &#x00E1;mbito de los animales se antoja recurrente, con una diferencia: si en el subdesarrollo se produjo un proceso de animalizaci&#x00F3;n, en el desarrollo se ubica la imagen del animal como espejo identitario del narrador: «Un perro: pens&#x00E9; mientras me acostumbraba a convivir con solo mi imagen en el espejo (…), el perro es la &#x00FA;nica criatura en toda la creaci&#x00F3;n que ha establecido una verdadera intimidad con la mujer y con el hombre (…); el perro vive en simbiosis con los humanos. Por eso pens&#x00E9; que deb&#x00ED;a conseguirme un perro» (Desnoes, <xref ref-type="bibr" rid="CIT05">2007</xref>, pp. 12-13). Adem&#x00E1;s, otros animales se har&#x00E1;n familiares al protagonista, que vivir&#x00E1; una terrible paradoja: en uno de los lugares m&#x00E1;s poblados de la tierra y con mayor diversidad &#x00E9;tnica, social y econ&#x00F3;mica, lo &#x00FA;nico rese&#x00F1;able es la confluencia con ciertos animales: «Un groundhog, una obesa marmota se deleita en el c&#x00E9;sped (…) en cuanto me ve abrir la puerta huye (…) Tengo la sospecha, me temo que la marmota se ha establecido, vive bajo la caba&#x00F1;a» (Desnoes, <xref ref-type="bibr" rid="CIT05">2007</xref>, p. 185).</p>

				<p><italic>Memorias del desarrollo</italic> sorprende en sus &#x00FA;ltimas p&#x00E1;ginas con una voz nueva: una hija natural de Edmundo cuenta ciertos episodios de la revoluci&#x00F3;n cubana que se le habr&#x00ED;an escapado a su padre. A trav&#x00E9;s de Natalia Desnoes, el lector conoce detalles de los &#x00FA;ltimos d&#x00ED;as del personaje, cuya realidad se reduce a un cuerpo aletargado e inm&#x00F3;vil: «¿Qu&#x00E9; haces ah&#x00ED; tirado como un perro? -es todo lo que se me ocurri&#x00F3; contestarle en ese momento (…). El cuerpo que vi tendido ah&#x00ED; solo sobre la hierba e incapaz de moverse, de levantarse, ese era el cuerpo de mi padre» (Desnoes, <xref ref-type="bibr" rid="CIT05">2007</xref>, p. 221). El alejamiento del mundo humano encamina al personaje hacia el deseado final: «Es posible dormir para siempre y existir a lo largo de una eternidad. Vivir y respirar sedoso en el aire. Quieta. Quieto» (Desnoes, <xref ref-type="bibr" rid="CIT05">2007</xref>, p. 191). Edmundo parece, finalmente, haber llegado a una conclusi&#x00F3;n: la &#x00FA;nica soluci&#x00F3;n es la liberaci&#x00F3;n plat&#x00F3;nica del cuerpo: sin cuerpo no hay prisi&#x00F3;n, ni desencanto, ni sufrimiento. Animalizaci&#x00F3;n, p&#x00E9;rdida de voz, corporalidad sin conciencia, desintegraci&#x00F3;n: este es el proceso que conforma la b&#x00FA;squeda in&#x00FA;til de una identidad esquiva. ¿Qu&#x00E9; implica este final? Si comparamos las dos <italic>Memorias…</italic>, observamos numerosos paralelismos inquietantes. El proceso de animalizaci&#x00F3;n y aniquilaci&#x00F3;n de lo humano es similar. Desnoes sali&#x00F3; de Cuba en 1979 para instalarse definitivamente en Nueva York, buscando un refugio para su identidad perdida por la falta de libertad de la dictadura, por las incomodidades provocadas por un sistema alienante, que lo llevaban a una progresiva desaparici&#x00F3;n como ser humano.</p>

				<p>Supuestamente, ese cambio de ubicaci&#x00F3;n deber&#x00ED;a haber sido el detonante de un reencuentro identitario, ya que la condici&#x00F3;n anfibia o h&#x00ED;brida del autor podr&#x00ED;a facilitarle la asimilaci&#x00F3;n a un nuevo tipo de sociedad, en el que la libertad est&#x00E1; visible desde casi toda la extensa ciudad en forma de estatua. Desnoes por fin podr&#x00ED;a superar haber sido alguna vez P&#x00E9;rez. De ese modo, Edmundo deber&#x00ED;a haber podido superar haber sido Malabre alguna vez. Pero ninguna de esas cosas ocurri&#x00F3;. La revoluci&#x00F3;n hab&#x00ED;a determinado, parece que de un modo definitivo, la identidad individual. No hab&#x00ED;a marcha atr&#x00E1;s. La alienaci&#x00F3;n hab&#x00ED;a deconstruido y pulverizado el interior de la persona, dejando apenas la carcasa, el ensamblaje exterior. Y el proceso no era reversible en el &#x00E1;mbito del desarrollo. La relaci&#x00F3;n entre posibilidad espiritual y posibilidad material nunca fue directa.</p>

				<p>De la misma forma que, en el aspecto macroecon&#x00F3;mico, el pa&#x00ED;s no podr&#x00ED;a volver a la situaci&#x00F3;n que hemos descrito, anterior a 1959, aunque hubiera un cambio radical de gobierno, en el microcosmos de la persona tampoco es posible el retorno. Ning&#x00FA;n Ave F&#x00E9;nix renace de sus cenizas cuando un sistema pol&#x00ED;tico ha quebrado los principios b&#x00E1;sicos de la dignidad humana establecidos por la libertad de pensamiento, de palabra, de acci&#x00F3;n. Aquel que aprendi&#x00F3;, a la fuerza, a no ser libre en Cuba, nunca aprender&#x00E1; a ser libre en un lugar adecuado para ello.</p>
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