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				<journal-title>ARBOR Ciencia, Pensamiento y Cultura</journal-title>
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			<issn publication-format="print">0210-1963</issn>
			<issn publication-format="electronic">1988-303X</issn>
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					<subject>Varia</subject>
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				<article-title>Voces feministas sobre el impacto de la COVID-19 en las mujeres</article-title>
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						<surname>P&#xe9;rez Sede&#xf1;o</surname>
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						<surname>Su&#xe1;rez Tom&#xe9;</surname>
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					<license-p>Este es un art&#xed;culo de acceso abierto distribuido bajo los t&#xe9;rminos de la licencia de uso y distribuci&#xf3;n Creative Commons Reconocimiento 4.0 Internacional (CC BY 4.0).</license-p>
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		<sec id="sec1">
			<title>Bel&#xe9;n Laspra P&#xe9;rez</title>
			<p>Son varios los informes institucionales que han se&#xf1;alado el impacto desigual que ha tenido la crisis del coronavirus, alertando sobre una mayor incidencia de sus efectos negativos en la situaci&#xf3;n econ&#xf3;mica, social y sanitaria de las mujeres.</p>
			<p>El informe <ext-link ext-link-type="uri" xlink:href="https://www.un.org/sites/un2.un.org/files/2020/10/covid_and_women_spanish_new_translation.pdf">
					<italic>Las repercusiones de la COVID-19 en las mujeres</italic>
				</ext-link>, publicado en 2020 por Naciones Unidas, se&#xf1;alaba que las repercusiones econ&#xf3;micas han sido m&#xe1;s graves en el caso de las mujeres y las ni&#xf1;as porque, por lo general, ganan menos, ahorran menos y tienen puestos de trabajo vulnerables. Adem&#xe1;s, el trabajo de cuidados no remunerados aument&#xf3; durante la pandemia y este fue asumido de forma mayoritaria por mujeres, especialmente en los periodos de confinamiento. Tambi&#xe9;n su salud se ha visto m&#xe1;s perjudicada, les ha afectado especialmente la reasignaci&#xf3;n de recursos y el cambio de prioridades de la atenci&#xf3;n sanitaria, incluso en los servicios de salud sexual y reproductiva: la incertidumbre inicial sobre los efectos de la vacuna en embarazadas, las alteraciones en la menstruaci&#xf3;n como consecuencia de la vacuna y los estrictos protocolos que se adoptaron en los alumbramientos contribuyeron a agravar la ya dif&#xed;cil situaci&#xf3;n. El informe tambi&#xe9;n subraya el incremento de la violencia de g&#xe9;nero.</p>
			<p>El documento elaborado por el Instituto de la Mujer en 2020, <ext-link ext-link-type="uri" xlink:href="https://www.inmujeres.gob.es/diseno/novedades/PlantillaCovid-19/IMPACTO_DE_GENERO_DEL_COVID-19_03.pdf">
					<italic>La perspectiva de g&#xe9;nero, esencial en la respuesta a la COVID-19</italic>
				</ext-link> hace hincapi&#xe9; en los mismos puntos: la centralidad de la responsabilidad y ejecuci&#xf3;n de las tareas de cuidados que recayeron sobre las mujeres, una mayor precariedad y pobreza laboral en ellas y el aumento de la violencia de g&#xe9;nero y otros tipos de violencia agravadas por la situaci&#xf3;n de confinamiento. Adem&#xe1;s, se&#xf1;al&#xf3; la sobrecarga que sufrieron las mujeres que trabajaban en &#xe1;mbitos sanitarios y esenciales, donde su presencia era tambi&#xe9;n mayoritaria.</p>
			<p>El reciente Eurobar&#xf3;metro <ext-link ext-link-type="uri" xlink:href="https://europa.eu/eurobarometer/surveys/detail/2712">
					<italic>Women in times of COVID-19</italic>
				</ext-link>, publicado en 2022 por el Parlamento Europeo, ha revelado datos preocupantes. El 77% de las mujeres de la Uni&#xf3;n Europea (UE) cree que la pandemia de la COVID-19 ha provocado un aumento de la violencia f&#xed;sica y emocional contra ellas en sus propios pa&#xed;ses, desde el 93% en Grecia hasta el 47% en Hungr&#xed;a. Cuatro de cada diez personas encuestadas (38%) afirman que la pandemia tambi&#xe9;n ha tenido un impacto negativo en los ingresos de las mujeres, as&#xed; como en su equilibrio entre la vida laboral y personal (44%) y en la cantidad de tiempo que dedican al trabajo remunerado (21%). Adem&#xe1;s, han considerado que la salud mental de las mujeres se ha visto significativamente afectada por las restricciones pand&#xe9;micas, como las medidas de confinamiento y toques de queda (41% a nivel de la UE) y las limitaciones en el n&#xfa;mero de personas que pod&#xed;an reunirse (38%).</p>
			<p>Las conclusiones a las que llegan estos informes no solo invitan a la reflexi&#xf3;n, sino que muestran la importancia de proporcionar datos desagregados por sexo y de la incorporaci&#xf3;n del g&#xe9;nero como herramienta que permite profundizar en el an&#xe1;lisis de realidades complejas. Pero el n&#xfa;mero de mujeres afectadas por la crisis de la COVID-19 es mucho m&#xe1;s que una cifra en un informe; es la vida de una mujer, las vidas de incontables mujeres que han visto alterado su entorno p&#xfa;blico y privado. Por ello, hemos querido recoger las voces de un caleidoscopio de expertas sobre el impacto que la pandemia de la COVID-19 ha tenido y contin&#xfa;a teniendo en las mujeres. A ellas les hemos pedido que aterricen los datos de estos estudios en la vida de las mujeres, en el entorno laboral y en la esfera del hogar. Que nos hablen de las madres, de las hijas y de las abuelas; de las amas de casa, de las enfermeras, m&#xe9;dicas e investigadoras; de las esposas y de las mujeres maltratadas; que nos hablen, en definitiva, de la realidad de las mujeres en estos tiempos post-normales. </p>
		</sec>
		<sec id="sec2">
			<title>Eulalia P&#xe9;rez Sede&#xf1;o</title>
			
			<sec id="sec2.0">
				<title>&#xbf;Es la pandemia de la COVID-19 una tragedia para el feminismo? Es esta una pregunta cuya respuesta es &#x201c;s&#xed;&#x201d;</title>
			<p>La pandemia que estamos viviendo ha producido situaciones insospechadas y totalmente nuevas para las que la sociedad ha demandado soluciones de todo tipo, es decir, no solo m&#xe9;dicas, sino tambi&#xe9;n econ&#xf3;micas y sociales. En este escenario, la ciencia se ha revelado como algo imprescindible. Hemos podido ver c&#xf3;mo quienes se dedican a la investigaci&#xf3;n en diversos &#xe1;mbitos del conocimiento, desde la biotecnolog&#xed;a hasta las humanidades, se han esforzado por reducir la propagaci&#xf3;n del virus, entender la enfermedad, desarrollar tratamientos y vacunas o analizar el impacto social de la pandemia en distintos grupos sociales. Uno de los grupos m&#xe1;s vulnerables es el de las mujeres, por su doble papel de cuidadoras dentro y fuera de casa.</p>
			<p>&#xbf;Es la pandemia de la COVID-19 una tragedia para el feminismo? A esta una pregunta podemos responder &#x201c;s&#xed;&#x201d;, analizando diversos aspectos, aunque me centrar&#xe9; en dos: c&#xf3;mo afecta o puede afectar a las mujeres como cuidadoras dentro y fuera del hogar y c&#xf3;mo las afecta cuando son acad&#xe9;micas e investigadoras.</p>
		</sec>
			<sec id="sec2.1">
				<title>Como cuidadoras dentro y fuera del hogar</title>
				<p>De acuerdo con los datos de la <ext-link ext-link-type="uri" xlink:href="https://www.ine.es/dyngs/INEbase/es/operacion.htm?c=Estadistica_C&amp;cid=1254736176918&amp;menu=ultiDatos&amp;idp=1254735976595">
						<italic>Encuesta de Poblaci&#xf3;n Activa (EPA)</italic>
					</ext-link>, antes del comienzo de la pandemia, las mujeres ya desempe&#xf1;aban en mayor n&#xfa;mero puestos de trabajo relacionados con actividades sanitarias y de servicios sociales. Durante la pandemia, su n&#xfa;mero se ha visto incrementado. Dentro de la poblaci&#xf3;n activa, las mujeres que desempe&#xf1;an actividades sanitarias y de servicios sociales se han mantenido entre el 10 y el 15%, mientras que los hombres se han mantenido por debajo del 5%. En los establecimientos residenciales para personas mayores y dependientes, donde se encontraron los casos m&#xe1;s graves de COVID-19 y el mayor n&#xfa;mero de fallecimientos, trabajaban en el cuarto trimestre de 2021, 384.700 personas de las que 322.000 eran mujeres, es decir, un 83,6% del personal contratado eran mujeres.</p>
				<p>La independencia y la autonom&#xed;a de las mujeres han sido v&#xed;ctimas silenciosas de la pandemia. Un efecto llamativo es que muchas parejas volvieron a modos de vida m&#xe1;s comunes en las d&#xe9;cadas de 1960 y 1970. Hasta ese momento, en muchas parejas los dos componentes se pod&#xed;an permitir desempe&#xf1;ar un trabajo remunerado porque otras personas cuidaban de sus hijas e hijos y de las personas dependientes que tuvieran a su cargo. Durante la pandemia, este trabajo volvi&#xf3; a recaer sobre las mujeres, debido a los estereotipos, las normas sociales y la educaci&#xf3;n recibida (aunque hubiera parejas que se repart&#xed;an el trabajo). De acuerdo con los datos del <ext-link ext-link-type="uri" xlink:href="https://www.ine.es/jaxiT3/Tabla.htm?t=10893">
						<italic>Instituto Nacional de Estad&#xed;stica</italic>
					</ext-link> para 2021, en Espa&#xf1;a, el 19,2% de las personas que trabajan a tiempo parcial son mujeres, los hombres representan el 6,5%. Adem&#xe1;s, ellas dedicaban m&#xe1;s tiempo a las tareas del hogar, a la compra o al cuidado de personas dependientes (v&#xe9;ase <ext-link ext-link-type="uri" xlink:href="https://www.ine.es/ss/Satellite?L=es_ES&amp;c=INEPublicacion_C&amp;cid=1259924822888&amp;p=1254735110672&amp;pagename=ProductosYServicios%2FPYSLayout&amp;param1=PYSDetalleGratuitas">
						<italic>Mujeres y hombres en Espa&#xf1;a</italic>
					</ext-link>). Y, en el caso de las familias monoparentales los problemas son a&#xfa;n mayores, en Espa&#xf1;a, los datos de la <ext-link ext-link-type="uri" xlink:href="https://www.ine.es/jaxi/Tabla.htm?path=/t20/p274/serie/prov/p01/l0/&amp;file=01017.px&amp;L=0">
						<italic>Encuesta Continua de Hogares</italic>
					</ext-link> para 2020, reflejaban que el 81,3% de estos hogares los llevaban mujeres.</p>
				<p>El cierre de las escuelas supuso un problema enorme para las mujeres. Una de las cosas que aprendimos con la crisis del &#xc9;bola (2014-2015), es que el cierre de las escuelas afect&#xf3; a las oportunidades de las chicas, especialmente en los pa&#xed;ses menos desarrollados. Muchas abandonaron la educaci&#xf3;n y recibieron m&#xe1;s violencia sexual y de g&#xe9;nero, la proporci&#xf3;n de embarazos adolescentes aument&#xf3; y muchas mujeres murieron en el parto. Los recursos se dedicaron a atajar la epidemia y todo aquello que no se consideraba prioritario fue cancelado. <ext-link ext-link-type="uri" xlink:href="https://twitter.com/clarewenham?lang=es">Clare Wenham</ext-link>, profesora asociada de Pol&#xed;ticas de Salud Global en la London School of Economics, de sus viajes por &#xc1;frica durante la crisis del &#xc9;bola, relata que en uno de los pa&#xed;ses m&#xe1;s afectados entre 2013 y 2016, Sierra Leona, murieron m&#xe1;s mujeres por complicaciones obst&#xe9;tricas que por la propia enfermedad infecciosa, aunque estas muertes generaron menos atenci&#xf3;n que las causadas por la epidemia.</p>
				<p>Como se&#xf1;alaba Rachel C. Snow en el informe para el Centro de Estudios de Poblaci&#xf3;n de la Universidad de M&#xed;chigan, publicado en 2007, el g&#xe9;nero es un determinante social de la salud especialmente complejo porque interact&#xfa;a y se identifica con las dimensiones biol&#xf3;gicas de la vulnerabilidad. Aunque algunos estudios presentan los datos desagregados por sexo, nos informan poco acerca de si las diferencias observadas son atribuibles a diferencias sexuales cromos&#xf3;micas subyacentes, a la experiencia de g&#xe9;nero, o a una combinaci&#xf3;n de factores. Es muy importante tener esto en cuenta porque las intervenciones sanitarias ser&#xe1;n necesariamente diferentes si las vulnerabilidades son atribuibles al sexo, al g&#xe9;nero o a ambos. </p>
				<p>Seg&#xfa;n <ext-link ext-link-type="uri" xlink:href="https://twitter.com/CCriadoPerez?ref_src=twsrc%5Egoogle%7Ctwcamp%5Eserp%7Ctwgr%5Eauthor">Caroline Criado P&#xe9;rez</ext-link>, durante las pandemias causadas por los virus del Zika (2016) y del &#xc9;bola (2014-2015) se publicaron m&#xe1;s de 15.000 trabajos revisados por pares, pero menos del 1% exploraba el impacto de g&#xe9;nero. En el caso que nos ocupa, el estudio <ext-link ext-link-type="uri" xlink:href="https://gh.bmj.com/content/5/7/e002922.full">
						<italic>&#xbf;D&#xf3;nde est&#xe1;n las mujeres? Desigualdades de g&#xe9;nero en la autor&#xed;a de la investigaci&#xf3;n COVID-19</italic>
					</ext-link>
					<italic>,</italic> concluye que las mujeres representan aproximadamente un tercio de todos los autores que publicaron art&#xed;culos relacionados con la COVID-19 desde el comienzo del brote en enero de 2020. Las mujeres est&#xe1;n constantemente subrepresentadas y esto tiene implicaciones para la disponibilidad de datos desglosados por sexo y, por lo tanto, en nuestra comprensi&#xf3;n de la COVID-19.</p>
				<p>Tambi&#xe9;n sabemos que en las crisis causadas por el &#xc9;bola y el Zika aumentaron la violencia de g&#xe9;nero como consecuencia del incremento del estr&#xe9;s, el consumo de alcohol y las dificultades financieras en los varones, factores relevantes de cara al incremento de la violencia ya observados en otras crisis no sanitarias. Seg&#xfa;n <ext-link ext-link-type="uri" xlink:href="https://www.lamoncloa.gob.es/serviciosdeprensa/notasprensa/igualdad/Paginas/2020/190520-viogen.aspx">datos oficiales</ext-link>, en Espa&#xf1;a, entre el 14 de marzo y el 15 de abril del a&#xf1;o 2020 las llamadas al 016 aumentaron un 31%. En el mismo periodo las consultas on-line aumentaron un 443,5% con respecto al mismo periodo del a&#xf1;o anterior. La atenci&#xf3;n psicol&#xf3;gica y emocional v&#xed;a WhatsApp, un servicio creado gracias a la aprobaci&#xf3;n del plan de contingencia durante la COVID-19, aument&#xf3; un 129,3% entre el 1 y el 15 de abril. El a&#xf1;o 2021 se sald&#xf3; con 87.307 llamadas, la cifra m&#xe1;s alta desde que el <ext-link ext-link-type="uri" xlink:href="http://estadisticasviolenciagenero.igualdad.mpr.gob.es/">Portal Estad&#xed;stico del Gobierno contra la Violencia de G&#xe9;nero</ext-link> recoge datos.</p>
			</sec>
			<sec id="sec2.2">
				<title>Como acad&#xe9;micas-investigadoras</title>
				<p>La COVID-19 ha tenido una desigual incidencia entre hombres y mujeres por lo que respecta a la productividad cient&#xed;fica. <ext-link ext-link-type="uri" xlink:href="https://papers.ssrn.com/sol3/papers.cfm?abstract_id=3623492">
						<italic>Un estudio de finales de 2020 sobre el impacto que el confinamiento han tenido en la producci&#xf3;n acad&#xe9;mica</italic>
					</ext-link> muestra una desigualdad desproporcionada entre la producci&#xf3;n de hombres y la de las mujeres. Utilizando datos del mayor repositorio de preimpresos de acceso abierto para las ciencias sociales, se analizaron los 41.858 <italic>pre-prints</italic> en 18 disciplinas, producidos por 76.832 personas de 25 pa&#xed;ses durante un periodo de dos a&#xf1;os. Los resultados indican que, en Estados Unidos, en las diez semanas posteriores al cierre, aunque la productividad total de la investigaci&#xf3;n aument&#xf3; un 35%, la productividad de las acad&#xe9;micas descendi&#xf3; un 13,9% en relaci&#xf3;n a la de los acad&#xe9;micos (esta diferencia fue m&#xe1;s acusada en las universidades m&#xe1;s prestigiosas).</p>
				<p>La exdirectora del Instituto de Salud Carlos III (ISCIII), <ext-link ext-link-type="uri" xlink:href="https://twitter.com/raquelyotti?lang=es">Raquel Yotti</ext-link>, actual secretaria general de investigaci&#xf3;n del Ministerio de Ciencia e Innovaci&#xf3;n, expuso en su intervenci&#xf3;n <italic>Las mujeres en la Gesti&#xf3;n de la Crisis Sanitaria</italic> un dato preocupante: si en una convocatoria cient&#xed;fica el porcentaje de solicitudes entre hombres y mujeres suele ser de un 60 a 40, en el marco de una convocatoria impulsada por el ISCIII en el contexto de la pandemia, se recibieron 900 solicitudes de hombres y menos de 300 de mujeres (un 7 % menos de lo habitual). Estos datos ejemplifican que existen diferencias significativas en el n&#xfa;mero de art&#xed;culos que se enviaron a publicar y en los que fueron publicados durante la pandemia, as&#xed; como en los proyectos de investigaci&#xf3;n obtenidos; y eso a pesar de que las mujeres representan el 63% de las personas que se dedican a la investigaci&#xf3;n en ciencias de la vida y de la salud.</p>
				<p>El proyecto Europeo horizonte 2020 <italic>SUPERA: Apostando por planes de igualdad sostenibles, innovadores e inclusivos</italic>
					<ext-link ext-link-type="uri" xlink:href="https://www.amecopress.net/El-COVID-19-limita-mas-la-investigacion-academica-de-las-mujeres-que-la-de-los-hombres-23502">(+info)</ext-link>, ha mostrado que las mujeres han desarrollado su trabajo durante la pandemia en peores condiciones que los varones, pues ellas han dedicado mayor tiempo al trabajo dom&#xe9;stico y al de cuidados. Las mujeres han dedicado m&#xe1;s tiempo del habitual a la limpieza, a la planificaci&#xf3;n y preparaci&#xf3;n de las comidas, al cuidado de sus hijas e hijos, al apoyo en sus tareas escolares y al cuidado de personas mayores convivientes y no convivientes. Los hombres, por el contrario, dedicaron m&#xe1;s su tiempo al deporte, al ejercicio f&#xed;sico y al ocio. Antes del confinamiento los hombres ya enviaban a publicar m&#xe1;s libros, m&#xe1;s cap&#xed;tulos del libro y m&#xe1;s art&#xed;culos, pero durante los tres meses de confinamiento esta diferencia se dispar&#xf3;, especialmente en el caso de los art&#xed;culos.</p>
				<p>La pandemia ha supuesto un retroceso en los derechos adquiridos y en la independencia y autonom&#xed;a de las mujeres y ser&#xed;a deseable que las universidades y los organismos de investigaci&#xf3;n utilizar&#xe1;n estos datos a la hora de evaluar la productividad del profesorado y del personal investigador y que las organizaciones los tengan en cuenta para analizar posibles consecuencias no deseadas del teletrabajo.</p>
				<p>Es de suponer que vengan otras crisis, por ello es importante reconocer y aprender de los errores, y no aceptar que las cuestiones de g&#xe9;nero est&#xe9;n ausentes. Lo que hagamos ahora es fundamental para las vidas de millones de mujeres y ni&#xf1;as del presente y del futuro.</p>
			</sec>
		</sec>
		<sec id="sec3">
			<title>Danila Su&#xe1;rez Tom&#xe9;</title>
			
			<sec id="sec3.0">
				<title>Las mujeres absorben la mayor parte del impacto negativo y no forman parte del esquema de toma de decisiones</title>
			<p>El g&#xe9;nero es a menudo un factor ignorado en las emergencias de salud, a pesar de ser un factor estructuralmente relevante en la organizaci&#xf3;n de nuestras sociedades. Los <ext-link ext-link-type="uri" xlink:href="https://data.unwomen.org/resources/covid-19-and-gender-monitor">informes</ext-link> enfocados a analizar las desigualdades de g&#xe9;nero en el contexto de la pandemia de la COVID-19 han dado cuenta de este problema en t&#xe9;rminos mensurables. Lo que se ha podido constatar, efectivamente, es que la emergencia sanitaria, y las medidas tomadas para hacerle frente, han profundizado las desigualdades sociales basadas en el g&#xe9;nero, la raza y la clase y han afectado de modo intensificado a los grupos sociales estructuralmente vulnerables entre los cuales se encuentran las mujeres, las personas trans y las personas no binarias.</p>
			<p>Este diagn&#xf3;stico se impone al tener en cuenta que una pandemia tiene efectos que exceden al &#xe1;mbito cl&#xed;nico y que se extienden sobre todas las esferas sociales. Desde los estudios feministas, como el reciente monogr&#xe1;fico <ext-link ext-link-type="uri" xlink:href="https://revistas.ucm.es/index.php/INFE/issue/view/3985">
					<italic>Retos de la era Covid desde una perspectiva feminista</italic>
				</ext-link>, se ha sostenido con &#xed;mpetu que una de las grandes consecuencias que la emergencia sanitaria de la COVID-19 nos leg&#xf3; fue el agravamiento de la crisis estructural de cuidados que ya se encontraba entre los problemas sociales m&#xe1;s graves que la agenda feminista puso de relieve en las &#xfa;ltimas d&#xe9;cadas. Considero que es fundamental leer los resultados de los <ext-link ext-link-type="uri" xlink:href="https://globalhealth5050.org/the-sex-gender-and-covid-19-project/the-data-tracker/">informes que analizan las desigualdades de g&#xe9;nero</ext-link> en la pandemia contextualizados dentro de este problema m&#xe1;s abarcativo, y tambi&#xe9;n considero que son los estudios feministas los que tienen las herramientas necesarias para poder comprender cabalmente el fen&#xf3;meno y resolverlo.</p>
			<p>Las actividades de cuidados (como las tareas dom&#xe9;sticas y de atenci&#xf3;n familiar o comunitaria) no representan, para el sistema econ&#xf3;mico dominante, tareas valorables. La esfera productiva del sistema capitalista -tal y como han podido mostrar los desarrollos de la econom&#xed;a feminista- se basa en la explotaci&#xf3;n del trabajo de cuidados no remunerado que, bajo el amparo de la ideolog&#xed;a sexista que estructura nuestras sociedades, realizan mayoritariamente las mujeres, en tanto se perciben como tareas femeninas. Entre las distintas tareas de cuidados no remuneradas se encuentran las de los cuidados informales en salud, que representan un problema particular tanto dentro como fuera del contexto de pandemia. La falta de inversi&#xf3;n en los sistemas de salud a nivel mundial resulta en la descarga de responsabilidades de atenci&#xf3;n sobre las mujeres, una situaci&#xf3;n que se agrava durante las emergencias sanitarias. El aporte de las cuidadoras informales a la salud global es tan importante como es invisibilizado. La reducci&#xf3;n de las tasas de mortalidad en todos los grupos etarios durante el &#xfa;ltimo medio siglo se debe en gran medida a la contribuci&#xf3;n subestimada de las mujeres a la salud y la atenci&#xf3;n social. No obstante, estas cuidadoras informales no reciben ning&#xfa;n tipo de apoyo o compensaci&#xf3;n por su trabajo y, adem&#xe1;s, padecen consecuencias negativas en su salud integral a causa de ello.</p>
			<p>La desvalorizaci&#xf3;n de las tareas de cuidado no remuneradas repercute tambi&#xe9;n en la valoraci&#xf3;n de las actividades remuneradas que se asocian a los cuidados: el trabajo dom&#xe9;stico, la ense&#xf1;anza y los servicios de salud. Estas tres actividades representan &#xe1;reas laborales consideradas femeninas, est&#xe1;n ocupadas mayoritariamente por mujeres y son de las peores remuneradas a nivel global. La crisis de cuidados que se evidencia en el transcurso de la pandemia de COVID-19, por lo tanto, se expande tanto en el &#xe1;mbito no remunerado como remunerado de las tareas de cuidados fuertemente feminizadas. En el caso del sistema de salud, las mujeres que trabajan como personal sanitario de primera l&#xed;nea han sido uno de los grupos m&#xe1;s expuestos a lo largo del transcurso de la pandemia. No obstante, las mujeres no han participado en igual proporci&#xf3;n en la planificaci&#xf3;n y la toma de decisiones relacionadas con las intervenciones y los mecanismos de seguridad, vigilancia, detecci&#xf3;n y prevenci&#xf3;n durante la emergencia sanitaria a lo largo del planeta. Esto resulta en un problema de injusticia severo en donde las mujeres absorben la mayor parte del impacto negativo y no forman parte del esquema de toma de decisiones.</p>
			<p>Los estudios feministas han producido un gran cuerpo te&#xf3;rico que analiza, explica y propone soluciones en torno a la crisis estructural de los cuidados. No obstante, los avances en t&#xe9;rminos de pol&#xed;ticas p&#xfa;blicas han sido escasos globalmente a pesar de la amplia comprensi&#xf3;n que se ha ofrecido del fen&#xf3;meno. Esto se debe, en buena parte, al que el sistema econ&#xf3;mico dominante no tiene al sostenimiento y cuidado de la vida en el centro de sus objetivos. Es imperioso que las pol&#xed;ticas econ&#xf3;micas de todos los Estados comiencen a dar cuenta de este problema y a ofrecer soluciones basadas en la evidencia que se proveen desde los estudios con perspectiva de g&#xe9;nero. Las emergencias sanitarias, como la de la COVID-19, pueden enfrentarse de manera m&#xe1;s propicia si, de antemano, se procuran subsanar las desigualdades sociales estructurales. La crisis estructural de los cuidados es un foco de desigualdad que precisa de atenci&#xf3;n y soluci&#xf3;n urgentes. Asimismo, es deseable que se intensifique la producci&#xf3;n de evidencia sistem&#xe1;tica sobre el impacto que las diferencias de sexo y g&#xe9;nero tienen durante las pandemias, que se refuercen y se expandan los sistemas de salud existentes y que se promueva la igualdad de g&#xe9;nero en el campo laboral de la salud.</p>
		</sec>
		</sec>
		<sec id="sec4">
			<title>Telma Vega Felgueroso</title>
			
			<sec id="sec4.0">
				<title>En las normas se valora lo &#x201c;masculino&#x201d; y, en cambio, se le da un tratamiento casi invisible o en negativo a lo estereotipadamente femenino</title>
			<p>El bar&#xf3;metro del Parlamento Europeo <ext-link ext-link-type="uri" xlink:href="https://europa.eu/eurobarometer/surveys/detail/2712">Women in times of COVID-19</ext-link>, publicado en 2022 apunta al impacto que la COVID-19 ha provocado en el equilibrio entre la vida laboral y personal (44%) y en la cantidad de tiempo que dedican al trabajo remunerado (21%). La Organizaci&#xf3;n internacional del Trabajo (OIT), en su informe <ext-link ext-link-type="uri" xlink:href="https://www.ilo.org/wcmsp5/groups/public/---ed_norm/---relconf/documents/meetingdocument/wcms_793281.pdf">
					<italic>El trabajo en tiempos de la COVID</italic>
				</ext-link> recuerda que, cuando las escuelas y los centros de cuidados tuvieron que cerrar, fueron de nuevo las mujeres quienes hubieron de absorber el aumento de la carga de tareas no remuneradas en el hogar. El Fondo Monetario Internacional (FMI), en su informe <ext-link ext-link-type="uri" xlink:href="https://www.imf.org/-/media/Files/Publications/covid19-special-notes/Spanish/spcovid19-special-seriesgender-equality-covid19.ashx">
					<italic>Igualdad de g&#xe9;nero y la Covid-19: Pol&#xed;ticas e instituciones para mitigar la crisis</italic>
				</ext-link>, tambi&#xe9;n record&#xf3; que la pandemia (y el teletrabajo derivado del confinamiento) supuso un incremento de tareas especialmente para las mujeres con menores a su cargo.</p>
			<p>La COVID-19 ha tenido impacto en muchos sectores, no s&#xf3;lo en el sanitario. A nivel laboral ha mostrado tambi&#xe9;n ha puesto de relieve la insuficiencia legal ante el tiempo de cuidados y, por tanto, ante la igualdad de oportunidades en clave de g&#xe9;nero. La COVID-19 ha mostrado tambi&#xe9;n que el tiempo de cuidados no tiene la misma protecci&#xf3;n real que el tiempo productivo y esto tiene mucho que ver con el modo en que se presenta el g&#xe9;nero en las normas y en el mundo laboral (y no s&#xf3;lo).</p>
			<p>Tras la COVID-19 se implementaron en Espa&#xf1;a una serie de medidas dirigidas a proteger el trabajo de cuidados, tales como el <ext-link ext-link-type="uri" xlink:href="https://www.ccoo-servicios.es/archivos/Plan-MeCuida-comparativa.pdf">
					<italic>Plan MECUIDA</italic>
				</ext-link> o la <ext-link ext-link-type="uri" xlink:href="https://www.boe.es/buscar/doc.php?id=BOE-A-2021-11472">Ley 10/2021, sobre el trabajo a distancia</ext-link>. Sin embargo, esta ley no visibiliza, por s&#xed; misma, el trabajo de cuidados ni es una medida de conciliaci&#xf3;n, sino que es una medida dirigida a determinar el lugar de trabajo, algo que, seg&#xfa;n c&#xf3;mo se establezca, podr&#xe1; favorecer la conciliaci&#xf3;n de esferas vitales o contribuir a invisibilizar a&#xfa;n m&#xe1;s lo que no se ve (hacer un informe, mientras vigilo que no se queme la comida e impido que mis hijas e hijos se peleen por un juguete no es conciliar, es multitarea. Y en esa multitarea, lo &#xfa;nico visible a efectos laborales es el informe -adem&#xe1;s del posible riesgo para mi salud mental- y se exigir&#xe1; por igual a quien tiene menores y adultos a cargo que a quien no los tiene).</p>
			<p>El mercado de trabajo necesita, para su desarrollo, que nuestro tiempo vital se distribuya de un modo muy preciso: en tareas productivas -el trabajo- y en tareas reproductivas o de cuidado. Ambos tiempos son igual de necesarios para el mercado laboral, pero mientras el primero es el n&#xfa;cleo de la legislaci&#xf3;n laboral, el segundo se ha ido incorporando a la normativa a modo de excepci&#xf3;n, contribuyendo a dividir a la poblaci&#xf3;n trabajadora en dos grupos: quienes se ajustan a las previsiones leales y quienes no.</p>
			<p>La normativa laboral en Espa&#xf1;a (el <ext-link ext-link-type="uri" xlink:href="https://www.boe.es/buscar/act.php?id=BOE-A-2015-11430">
					<italic>Estatuto de los trabajadores</italic>
				</ext-link>, pero sobre todo la <ext-link ext-link-type="uri" xlink:href="https://www.boe.es/buscar/act.php?id=BOE-A-2015-11724">
					<italic>Ley General de la Seguridad Social</italic>
				</ext-link>) premia con la m&#xe1;xima protecci&#xf3;n (por ejemplo, con el acceso a la m&#xe1;xima pensi&#xf3;n de jubilaci&#xf3;n) a un determinado modelo de actividad laboral y, en definitiva, de persona trabajadora. Se trata de personas sin interrupciones laborales (sin cargas familiares o con cargas familiares, pero con alguien que las asuma por ellas) y de personas con una carrera profesional larga y continuada. </p>
			<p>Es cierto que hay medidas dirigidas a visibilizar y permitir ejercer libremente estas opciones vitales, tales como el derecho a la distribuci&#xf3;n del tiempo de trabajo para hacer valer derechos concretos de conciliaci&#xf3;n -conforme a un procedimiento pactado en la negociaci&#xf3;n colectiva al que se refiere el art&#xed;culo 34.8 del Estatuto de Trabajadores- o la ficci&#xf3;n legal de haber cotizado al 100% durante los dos primeros a&#xf1;os de reducci&#xf3;n de jornada, entre otras; pero tambi&#xe9;n lo es que el punto de partida es el trabajo lineal, continuado y sin interrupciones, aunque algunas de estas interrupciones est&#xe9;n protegidas por la ley. </p>
			<p>El trabajo lineal, continuado y sin interrupciones es estereotipadamente masculino, mientras que el contrario (las excepciones que se est&#xe1;n incorporando a la normativa y que ha puesto (m&#xe1;s) al descubierto la pandemia derivada de la COVID-19) es estereotipadamente femenino. No es posible conseguir un adecuado equilibrio en el mundo laboral si lo estereotipadamente femenino no recibe un tratamiento equivalente a lo estereotipadamente masculino. La &#xfa;nica forma de eliminar los estereotipos que impregnan el mundo del trabajo es conseguir que tanto lo femenino como lo masculino tenga el mismo valor a nivel legal. Para que el tiempo de cuidados tenga la misma relevancia que el tiempo de trabajo, deber&#xed;a ser una opci&#xf3;n vital que pudiera elegirse en igualdad de condiciones que la proyecci&#xf3;n profesional. Basta, a modo de ejemplo, citar las siguientes cuestiones:</p>
			<list list-type="bullet">
				<list-item>
					<p>En las normas se valora lo estereotipadamente masculino. Son innumerables los complementos salariales que premian la plena disponibilidad, los mejores resultados -competitividad-, la peligrosidad y penosidad -en tareas asumidas tradicionalmente por hombres, pero que no se producen en tareas feminizadas como la limpieza de ba&#xf1;os p&#xfa;blicos, por ejemplo-, los pluses de nocturnidad, turnicidad o trabajo en festivos -dif&#xed;ciles de alcanzar para personas que ejerzan activamente el trabajo de cuidados-; y, en cambio, se le da un tratamiento casi invisible o en negativo a lo estereotipadamente femenino. Las buenas maneras, la creaci&#xf3;n de buenos ambientes de trabajo, el trato agradable a otras personas, apenas reciben complementos salariales, pero su ausencia -malos modos, creaci&#xf3;n de conflictos o insultos- podr&#xe1; dar lugar a medidas disciplinarias, llegando al despido.</p>
				</list-item>
				<list-item>
					<p>La (deseable) eliminaci&#xf3;n de estereotipos no pasa por la imposici&#xf3;n artificial de un rechazo a todo lo estereotipadamente femenino, especialmente si se trata de cualidades que deber&#xed;a tener una persona trabajadora en el ejercicio de su cargo: un vendedor o vendedora debe ser paciente, aceptar el criterio de otra persona -aunque no tenga raz&#xf3;n- y atenderle de la forma m&#xe1;s amable posible algo que, tradicionalmente, se atribuy&#xf3; (se atribuye) a las mujeres. Pero este comportamiento (con el que la empresa ganar&#xe1; claramente m&#xe1;s dinero) no tiene un complemento salarial que lo premie.</p>
				</list-item>
			</list>
		</sec>
		</sec>
		<sec id="sec5">
			<title>Noelia Bueno G&#xf3;mez</title>
			<sec id="sec5.1">
			<title>Habitamos cuerpos vivos, los cuidados no pueden virtualizarse</title>
			<p>La deslocalizaci&#xf3;n y la posibilidad de organizar las tareas de manera aut&#xf3;noma son dos caracter&#xed;sticas del teletrabajo que parecen solventar problemas relacionados con la explotaci&#xf3;n laboral y otros sufrimientos sociales que exist&#xed;an desde los inicios de la &#xe9;poca industrial. <ext-link ext-link-type="uri" xlink:href="https://twitter.com/saramorenocolom">Sara Moreno Colom</ext-link>, profesora de sociolog&#xed;a en la Universidad Aut&#xf3;noma de Barcelona y experta en el an&#xe1;lisis de los impactos sociales del teletrabajo, reflexiona sobre la importancia de atender a la perspectiva de g&#xe9;nero cuando hablamos de teletrabajo en su libro <italic>Que teletrabajen ellos. Aprendizajes de la pandemia m&#xe1;s all&#xe1; de lo obvio.</italic> Durante la pandemia de la Covid-19, el teletrabajo dej&#xf3; de ser una opci&#xf3;n minoritaria, reservada como un privilegio para un tipo de profesionales m&#xe1;s cualificados y mejor situados, para convertirse en una obligaci&#xf3;n en el caso de todos aquellos empleos que pudieran realizarse a distancia. Mientras fue un privilegio, el teletrabajo era, en Europa, mayoritariamente masculino; a partir de la pandemia, <ext-link ext-link-type="uri" xlink:href="https://www.observatorioigualdadyempleo.es/el-impacto-de-la-pandemia-en-el-trabajo-de-las-mujeres/">aument&#xf3; el n&#xfa;mero de mujeres que teletrabajan</ext-link> frente al de hombres y el teletrabajo se plante&#xf3; como una opci&#xf3;n que mejoraba las posibilidades de conciliaci&#xf3;n. Mientras el teletrabajo fue un privilegio, se ve&#xed;a como una ganancia en autonom&#xed;a a la hora de gestionar los tiempos y los espacios; a medida que se extendi&#xf3;, en un momento en que las escuelas y otras instituciones de cuidado estaban cerradas, fueron las mujeres quienes empezaron a asumir mayoritariamente esa opci&#xf3;n para conciliar las labores dom&#xe9;sticas y las profesionales. </p>
			<list list-type="bullet">
				<list-item>
					<p>La deslocalizaci&#xf3;n, o posibilidad de realizar el trabajo de manera remota, desde el propio domicilio o cualquier otro lugar con conexi&#xf3;n a Internet, va unida a la entrada en espacios virtuales en los que las interacciones siempre est&#xe1;n mediadas por un artefacto, en los que podemos desdoblarnos y en los que no entramos con los cinco sentidos que nos sirven para habitar el mundo no virtual. Por un lado, en casa, los espacios de ocio y los de trabajo se difuminan y se entremezclan. Mientras las mujeres sigan recibiendo y asumiendo la mayor parte de los cuidados dom&#xe9;sticos y de las personas dependientes, trabajar desde casa les va a suponer tener su doble carga toda junta en el mismo lugar. Por otro lado, que sea posible estar en m&#xe1;s de un lugar a la vez (en una reuni&#xf3;n virtual, en la misma habitaci&#xf3;n con tu hijo o hija y en el correo electr&#xf3;nico, por ejemplo) supone una multiplicaci&#xf3;n de la disponibilidad y un aumento de la exigencia de la multi-presencialidad. Dicho de otro modo, como es posible, resulta exigible. Como resulta exigible, parece asumible. Como las tareas de cuidado se invisibilizan y se infravaloran, parece como si su realizaci&#xf3;n no requiriese de espacio ni de tiempo. As&#xed; aparecen la ansiedad de la multiplicaci&#xf3;n y la culpabilidad por no estar al cien por cien en cada una de esas presencias simult&#xe1;neas.</p>
				</list-item>
			</list>
			<p>La gesti&#xf3;n aut&#xf3;noma del tiempo era una vieja reivindicaci&#xf3;n de las teor&#xed;as y los movimientos sociales obreros, como expresan <ext-link ext-link-type="uri" xlink:href="https://www.biografiasyvidas.com/biografia/w/weil.htm">Simone Weil</ext-link> o <ext-link ext-link-type="uri" xlink:href="https://redfilosofia.es/blog/2018/03/31/iris-marion-young-1949-2006/">Iris Marion Young</ext-link>. La flexibilidad horaria asociada al teletrabajo parec&#xed;a una respuesta prometedora a este problema, a pesar de los inconvenientes ya descritos por <ext-link ext-link-type="uri" xlink:href="https://www.youtube.com/watch?v=Y5KsEzSWxI4">Richard Sennett</ext-link> en <ext-link ext-link-type="uri" xlink:href="http://catalogo.bne.es/uhtbin/cgisirsi/x/0/0/57/5/3?searchdata1=3825236%7bCKEY%7d&amp;searchfield1=GENERAL%5eSUBJECT%5eGENERAL%5e%5e&amp;user_id=WEBSERVER">
					<italic>La cultura del nuevo capitalismo</italic>
				</ext-link> o <ext-link ext-link-type="uri" xlink:href="http://catalogo.bne.es/uhtbin/cgisirsi/x/0/0/57/5/3?searchdata1=3808487%7bCKEY%7d&amp;searchfield1=GENERAL%5eSUBJECT%5eGENERAL%5e%5e&amp;user_id=WEBSERVER">
					<italic>La corrosi&#xf3;n del car&#xe1;cter</italic>
				</ext-link>. Hasta que la pandemia populariz&#xf3; la flexibilidad y las mujeres la asumieron. Entonces, la posibilidad de simultanear tiempos de trabajo, labores dom&#xe9;sticas y de cuidados y ocio, convirti&#xf3; la exigencia de producir m&#xe1;s en menos tiempo (pero dentro de un horario limitado de trabajo) en una exigencia de realizar m&#xfa;ltiples tareas a la vez en un horario laboral flexible y, por tanto, potencialmente infinito. Ahora parece posible cuidar de otras personas a la vez que se atiende a una reuni&#xf3;n, se responde al correo electr&#xf3;nico y se hace la compra. El sesgo de g&#xe9;nero aparece, de nuevo, vinculado a la sobrecarga de las mujeres: cuando los hombres teletrabajan y no asumen el rol de cuidadores, s&#xed; ahorran tiempo y dinero. La simultaneidad de tareas a&#xf1;ade una sobrecarga a la doble jornada femenina, que sigue siendo extenuante por ser doble, pero que a&#xf1;ade una exigencia, la de multiplicar la atenci&#xf3;n, que a&#xf1;ade la frustraci&#xf3;n de no poder realizar con pleno uso de facultades cada una de las tareas. </p>
			<list list-type="bullet">
				<list-item>
					<p>Adem&#xe1;s, la deslocalizaci&#xf3;n y la flexibilidad temporal que permiten la autogesti&#xf3;n de espacios y tiempos, parecen convertir el lugar de trabajo y el proceso de realizaci&#xf3;n del trabajo (por cuenta ajena) en un asunto a gestionar enteramente por la persona trabajadora, como en un estado de indefinici&#xf3;n. Cualquier lugar y cualquier tiempo parecen buenos para trabajar; el trabajo no se acaba nunca. Las exigencias y requerimientos se interiorizan y la explotaci&#xf3;n puede convertirse en autoexplotaci&#xf3;n. En un contexto de virtualizaci&#xf3;n de las relaciones sociales y de debilitamiento de las redes de apoyo mutuo, esta situaci&#xf3;n se puede vivir f&#xe1;cilmente en soledad o en aislamiento.</p>
				</list-item>
				<list-item>
					<p>Muy probablemente la pandemia aceler&#xf3; un proceso de virtualizaci&#xf3;n del trabajo que ya hab&#xed;a empezado con anterioridad. Al implantarse este de un modo en el que ya no hay vuelta atr&#xe1;s a la fase previa, qued&#xf3; a la vista que hay nuevas formas de explotaci&#xf3;n vinculadas a &#xe9;l, y tambi&#xe9;n que la extensi&#xf3;n de un nuevo sistema tecnol&#xf3;gico (en este caso, las tecnolog&#xed;as de la informaci&#xf3;n y la comunicaci&#xf3;n) de por s&#xed; no va a resolver sesgos patriarcales previos. Introducir sin m&#xe1;s tecnolog&#xed;as de la informaci&#xf3;n y la comunicaci&#xf3;n no va a resolver problemas que estaban presentes antes y m&#xe1;s all&#xe1; de ellas. </p>
				</list-item>
				<list-item>
					<p>Todav&#xed;a tenemos que plantearnos, y esto con urgencia, que las necesidades de cuidado son condici&#xf3;n de nuestra especie a la que es preciso dar respuesta y que es de justicia organizar estas labores sin explotar a nadie. M&#xe1;s a&#xfa;n, la crisis que hemos vivido durante la pandemia ha puesto de relieve la importancia, dif&#xed;cil de magnificar, de los cuidados. Las crisis que tenemos en el horizonte o ya sobre nuestras cabezas (inmigraciones masivas, cambio clim&#xe1;tico, pobreza mundial, guerras, nuevas pandemias&#x2026;) no pueden ser afrontadas sino desde la construcci&#xf3;n de ciudades (glocales) habitables, lo que requiere pensarnos desde nuestras vulnerabilidades constitutivas y fortalecer las redes de cuidados mutuos. </p>
				</list-item>
				<list-item>
					<p>As&#xed;, no quisiera terminar con una imagen negativa de los cuidados. Como nos ense&#xf1;an <ext-link ext-link-type="uri" xlink:href="https://psicologiaymente.com/desarrollo/teoria-etica-cuidado-gilligan">las &#xe9;ticas del cuidado</ext-link>, lo que resulta pertinente y necesario es realizar un aprendizaje moral de las experiencias de cuidado, para revisar desde ellas las estructuras econ&#xf3;micas y las teor&#xed;as formales de la justicia. Por descontado, el cuidado ha de hacerse extensivo hacia lo animal y el medio ambiente. Y, para contrapesar el car&#xe1;cter asim&#xe9;trico de la relaci&#xf3;n de cuidado, es preciso desplazar el eje en pro de relaciones de cuidado mutuo, seg&#xfa;n las necesidades y las capacidades de cada persona. Finalmente, creo que no hemos de olvidar que si reconocemos, como creo que es lo suyo, que las relaciones de cuidado mutuo poseen un valor moral a&#xf1;adido y que habitamos cuerpos vivos, reconoceremos tambi&#xe9;n que los cuidados no pueden virtualizarse (aunque lo virtual pueda apoyarlos de distintas formas). Requieren, por tanto, presencia y atenci&#xf3;n que no se pueden deslocalizar ni flexibilizar y cualquier tarea profesional que se realice en el mismo lugar y a la vez que se cuida, va a suponer una exigencia extenuante e injusta (diremos: explotaci&#xf3;n).</p>
				</list-item>
			</list>
		</sec>
		</sec>
	</body>
</article>