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				<journal-title>ARBOR Ciencia, Pensamiento y Cultura</journal-title>
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			<issn publication-format="print">0210-1963</issn>
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					<subject>Art&#xed;culos</subject>
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				<article-title>Leyendo el miedo. Miguel &#xc1;ngel Oeste y la posmodernidad<xref ref-type="fn" rid="fn1">
						<sup>1</sup>
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					<trans-title>Leyendo el miedo. Miguel &#xc1;ngel Oeste and posmodernism</trans-title>
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						<surname>Maga&#xf1;a Terr&#xf3;n</surname>
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			<abstract>
				<title>Resumen</title>
				<p>Desde un punto de vista interdisciplinar, esta investigaci&#xf3;n explora la forma en que la palabra miedo funciona en la novela de Miguel &#xc1;ngel Oeste <italic>Vengo de ese miedo</italic> (2022). A partir de este an&#xe1;lisis, el trabajo pretende dar cuenta de la problem&#xe1;tica de la identidad y la b&#xfa;squeda del sentido del ser humano en el mundo contempor&#xe1;neo, esclarecer la importancia del cuerpo y las emociones en la sociedad posmoderna y arrojar m&#xe1;s luz sobre una de las tendencias m&#xe1;s importantes de la literatura actual, como es la autoficci&#xf3;n. </p>
			</abstract>
			<trans-abstract xml:lang="en">
				<title>Abstract</title>
				<p>From an interdisciplinary point of view, this research explores the way in which the word &#x2018;fear&#x2019; functions in Miguel &#xc1;ngel Oeste&#x2019;s novel Vengo de ese miedo (2022). From this analysis, the work aims to account for the problematic of identity and the search for meaning by the human being in the contemporary world, to clarify the importance of the body and the emotions in postmodern society, and to shed more light on one of the most important trends in literature today, namely autofiction.</p>
			</trans-abstract>
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				<kwd>Miguel &#xc1;ngel Oeste</kwd>
				<kwd><italic>Vengo de ese miedo</italic></kwd>
				<kwd>miedo</kwd>
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		<sec id="sec1" sec-type="intro">
			<label>1.</label>
			<title>Introducci&#xf3;n</title>
			<p>El miedo, la angustia existencial y la b&#xfa;squeda de la identidad son tres de las constantes que dibujan al ser humano en la sociedad contempor&#xe1;nea. Un ser humano que se encuentra perdido en un mundo fragmentado, que no es capaz de hallar las respuestas en las certezas en que se sustentaba el imaginario colectivo. La literatura se hace eco del nuevo escenario y, por ello, cada vez abundan m&#xe1;s las novelas autobiogr&#xe1;ficas en las que la autor&#xed;a se cuenta para comprenderse. Una buena muestra es la novela de Miguel &#xc1;ngel Oeste <italic>Vengo de ese miedo</italic> (<xref ref-type="bibr" rid="B38">2022</xref>). A trav&#xe9;s de ella, poniendo el foco en el an&#xe1;lisis de los significados de la palabra &#xab;miedo&#xbb;, podremos comprender algunas de las claves que definen al ser humano contempor&#xe1;neo, la concepci&#xf3;n actual del cuerpo y las emociones, y la nueva composici&#xf3;n de los personajes en la literatura. </p>
			<p>&#xab;Miedo&#xbb; es la palabra clave en que se asienta la novela a la que nos enfrentamos. Sin contar con los t&#xe9;rminos semejantes ni con las veces en que la palabra aparece en relaci&#xf3;n con otros personajes, espacios o situaciones externas a las del propio protagonista, contamos con unas 105 veces en que se presenta para dibujar a su h&#xe9;roe. Sin embargo, lo interesante es la forma en que funciona dentro de la obra. Excede sus l&#xed;mites y se convierte en un elemento decisivo que configura la identidad del personaje principal. Lo dise&#xf1;a desde su propio cuerpo y envuelve incluso el movimiento de &#xe9;ste, determina su actitud hacia la paternidad y configura su rol como individuo en la sociedad. El miedo no solo act&#xfa;a como motor narrativo, sino que se convierte en el eje principal en el que convergen todos los personajes y situaciones. </p>
			<p>Lejos de ser una emoci&#xf3;n intensa, se transforma en espacio, en enfermedad, se personifica y se encarna. Partiendo del miedo, el protagonista inicia su propio viaje para poder desprenderse de un pasado que no le deja vivir libre, de un miedo encarnado a su cuerpo. Interesa, por lo tanto, una investigaci&#xf3;n que arroje luz sobre la funci&#xf3;n de la palabra en la novela y, al mismo tiempo, conecte con las coordenadas hist&#xf3;ricas y sociales en la que se inserta. </p>
			<p>Desde un punto de vista interdisciplinar -ya que se toman herramientas que provienen de campos como el de la filosof&#xed;a, la sociolog&#xed;a, los estudios culturales o la filolog&#xed;a, entre otros-, el objetivo de este trabajo es el de esclarecer, ahondar y delimitar los modos en que la palabra miedo es el elemento discursivo central que moldea al narrador y, como consecuencia, todas las partes en que se divide la obra a la que nos enfrentamos, siempre encuadrado en el contexto en que se integra. Para ello, ahondaremos en el concepto de identidad en la posmodernidad, la problem&#xe1;tica en la b&#xfa;squeda de la identidad a trav&#xe9;s de la ficci&#xf3;n, la relaci&#xf3;n entre autor y personaje, la alteridad y en las emociones y su encarnaci&#xf3;n al cuerpo. </p>
			<p>
				<xref ref-type="bibr" rid="B29">Kellner (2011)</xref> admite que &#xab;construir una identidad sustancial es un trabajo que requiere acci&#xf3;n, voluntad, compromiso, inteligencia y creatividad, y muchas de las identidades posmodernas que se construyen a partir de la cultura medi&#xe1;tica y de consumo carecen de estos elementos&#xbb; (p. 279). En este sentido, cabe imaginar que la literatura ofrece un terreno especialmente f&#xe9;rtil para la creaci&#xf3;n -o expresi&#xf3;n- de identidades sustanciales y significativas, acaso menos condicionadas por la volatilidad del contexto posmoderno.</p>
			<p>Respecto a la metodolog&#xed;a, se ha tomado como punto de partida el modelo de estudio creado por <xref ref-type="bibr" rid="B19">De Temmerman (2010)</xref>, que a partir de tratados de ret&#xf3;rica antigua construye, a modo de herramienta hermen&#xe9;utica, un paradigma para el an&#xe1;lisis de la caracterizaci&#xf3;n en la literatura narrativa. Este recurso permite recoger el contenido de descripciones, de los rasgos, atributos, cualidades y defectos mencionados o sugeridos; todas ellas informaciones relevantes para la elaboraci&#xf3;n de la identidad del personaje autobiogr&#xe1;fico creado por Oeste.</p>
			<p>No obstante, nuestro estudio no pretende hacer una recopilaci&#xf3;n organizada de estos aspectos, sino recoger su sentido conjunto para comprender c&#xf3;mo el miedo y las emociones pueden moldear la identidad de un personaje en el contexto de la posmodernidad. Se afrontar&#xe1; esta tarea atendiendo esencialmente a los textos, pero sin olvidar que se trata de un trabajo interpretativo. Por eso se tendr&#xe1;n en cuenta ciertas reflexiones de <xref ref-type="bibr" rid="B6">Barthes (1980)</xref>, que precisamente se&#xf1;ala al lector como encargado de reunir y organizar datos para culminar la construcci&#xf3;n de la identidad del personaje. </p>
			<p>Dadas las caracter&#xed;sticas autobiogr&#xe1;ficas de la obra de Oeste, hemos considerado pertinente utilizar recursos que faciliten la profundizaci&#xf3;n en las relaciones entre autor y personaje. Esta necesidad trata de solventarse agregando algunos planteamientos de <xref ref-type="bibr" rid="B4">Bajt&#xed;n (2012)</xref> en sus estudios sobre estas nociones en el contexto de la actividad est&#xe9;tica, en los que ofrece definiciones de los conceptos de autor y personaje en tanto &#xab;correlatos de la totalidad art&#xed;stica de una obra&#xbb; y esboza &#xab;una f&#xf3;rmula general de su interrelaci&#xf3;n misma&#xbb; (p. 21). Ha resultado &#xfa;til, por ejemplo, examinar la obra desde la perspectiva de lo que Bajt&#xed;n llama una &#xab;amorosa autoeliminaci&#xf3;n con respecto al espacio vital del personaje&#xbb;, ejercicio que el autor lleva a cabo para tomar distancia y observarlo como un &#xab;espectador &#xe9;ticamente imparcial&#xbb; (p. 23), sin invadir el espacio propio del personaje ni permitir que el personaje le conquiste a &#xe9;l. Esto es, contin&#xfa;a el te&#xf3;rico ruso, especialmente importante en el caso de personajes autobiogr&#xe1;ficos. Entonces el autor &#xab;debe convertirse en otro con respecto a s&#xed; mismo como persona, debe lograrse ver con ojos de otro&#xbb; (p. 24).</p>
			<p>Adem&#xe1;s, el hecho de que la obra no sea una autobiograf&#xed;a declarada, sino una novela con tintes autobiogr&#xe1;ficos, pone en duda la nitidez de la frontera entre realidad y ficci&#xf3;n. Por eso se ha prestado atenci&#xf3;n a ciertas interpretaciones filos&#xf3;ficas de la obra de Miguel de Unamuno, aquellas que tienen que ver con las mencionadas cuestiones de realidad y ficci&#xf3;n. Siguiendo los planteamientos de <xref ref-type="bibr" rid="B31">La Rubia Prado</xref>, aceptamos en nuestro an&#xe1;lisis la posibilidad de que &#xab;no es el mundo emp&#xed;rico, sino el libro, la ficci&#xf3;n a la que la realidad del mundo debe representar, seguir&#xbb; (p. 43); as&#xed; como las aportaciones de Ferrater Mora, que defiende que un personaje literario puede ser tan real como su autor (<xref ref-type="bibr" rid="B22">1985, p. 125</xref>) y que las fronteras entre el mundo en que un escritor vive y aquel que presenta en su obra no son tan n&#xed;tidas como se acostumbra a dar por sentado (<xref ref-type="bibr" rid="B21">1983, p. 15-19</xref>). Si bien, insistimos, se trata de ideas presentadas al observar la obra de Unamuno, el juego de espejos entre realidad y ficci&#xf3;n propuesto por Oeste justifica tenerlas en cuenta en el examen de su novela.</p>
		</sec>
		<sec id="sec2">
			<label>2.</label>
			<title>Marco te&#xf3;rico</title>
			<sec id="sec2.1">
				<label>2.1.</label>
				<title>El concepto de identidad en la posmodernidad</title>
				<p>Existen diferentes estrategias para definir la identidad, la m&#xe1;s elemental de las cuales es la (auto)referencialidad. Como se&#xf1;ala <xref ref-type="bibr" rid="B43">Paul Ricoeur (2009)</xref>, &#xab;decir la identidad de un individuo o de una comunidad es responder a la pregunta: &#xbf;<italic>qui&#xe9;n</italic> ha hecho esta acci&#xf3;n?, &#xbf;<italic>qui&#xe9;n</italic> es su agente, su autor?&#xbb;. Podemos contestar recurriendo al nombre propio de dicho agente, pero insiste el fil&#xf3;sofo franc&#xe9;s: &#xab;&#xbf;qu&#xe9; justifica que se tenga al sujeto de la acci&#xf3;n, as&#xed; designado por su nombre, como &#xe9;l mismo a lo largo de una vida que se extiende desde el nacimiento hasta la muerte?&#xbb; (p. 997). Su respuesta final no puede ser m&#xe1;s adecuada para la investigaci&#xf3;n que nos ocupa, en la que no solo se intenta explorar la noci&#xf3;n de identidad sino tambi&#xe9;n relacionarla con la literatura y los v&#xed;nculos entre ficci&#xf3;n y realidad.</p>
				<disp-quote>
					<p>&#xab;La respuesta solo puede ser narrativa. Responder a la pregunta &#xab;&#xbf;qui&#xe9;n?&#xbb;, como lo hab&#xed;a dicho con toda energ&#xed;a Hannah Arendt, es contar la historia de una vida. La historia narrada dice el qui&#xe9;n de la acci&#xf3;n. Por lo tanto, la propia identidad del qui&#xe9;n no es m&#xe1;s que una identidad narrativa&#xbb; (<xref ref-type="bibr" rid="B43">Ricoeur, 2009, p. 997</xref>).</p>
				</disp-quote>
				<p>Hablar de identidad es hablar de lo que nos diferencia; y, como Ricoeur, entendemos que esto incluye tanto lo que <italic>alguien es</italic> como lo que <italic>alguien hace</italic>, con independencia de si ese alguien es una persona o un personaje literario. Desde esta perspectiva podemos entender la literatura como un &#xab;interesante laboratorio de constituci&#xf3;n de la identidad, que puede permitirnos comprender un poco mejor la naturaleza de nuestra temporalidad y su relaci&#xf3;n con nuestra situaci&#xf3;n en el mundo&#xbb; (<xref ref-type="bibr" rid="B47">Tornero, 2008, p. 75</xref>).</p>
				<p>No existe una definici&#xf3;n de consenso del concepto de posmodernidad. La cuesti&#xf3;n ha sido objeto de numerosas reflexiones. Seguiremos aqu&#xed; las visiones que hablan de posmodernidad en la l&#xed;nea de Bordoni, que la entiende como una crisis de los cimientos de la modernidad y la define como &#xab;un momento de desorientaci&#xf3;n generalizada en el que se observa una desbandada ca&#xf3;tica para ponerse a cubierto ante un contexto social que ha perdido su definici&#xf3;n, su estabilidad, su fiabilidad y su certeza&#xbb; (<xref ref-type="bibr" rid="B11">Bauman y Bordoni, 2016, p. 104</xref>). En di&#xe1;logo, Bauman confiesa no sentirse c&#xf3;modo con el t&#xe9;rmino &#x2018;posmodernidad&#x2019; al entender que puede sugerir que la modernidad ha quedado definitivamente atr&#xe1;s, &#xab;algo evidentemente falso&#xbb; (<xref ref-type="bibr" rid="B11">Bauman y Bordoni, 2016, p. 83</xref>) y prefiere la expresi&#xf3;n &#x2018;modernidad l&#xed;quida&#x2019;, haciendo hincapi&#xe9; en el car&#xe1;cter inestable y cambiante del contexto occidental en los comienzos del siglo XXI.</p>
				<p>Al hablar de posmodernidad hablamos por tanto de un fen&#xf3;meno cultural, empleando este &#xfa;ltimo adjetivo en su m&#xe1;s amplio sentido. Si se prefiere, de un &#xab;cambio cultural sist&#xe9;mico&#xbb;, recogiendo palabras de <xref ref-type="bibr" rid="B28">Jameson (2012, p. 20)</xref>. La posmodernidad impregna la condici&#xf3;n humana, la esencia de las sociedades occidentales, su manera de verse a s&#xed; mismas y al resto del mundo y hasta las corrientes de pensamiento y creativas que por ellas discurren. <xref ref-type="bibr" rid="B32">Lyotard (1992)</xref> encuentra que el paso de la modernidad a la posmodernidad tiene que ver con lo que llama &#xab;el problema del sentido&#xbb;. La modernidad intent&#xf3; producir un &#xab;gran relato&#xbb; (p.1), objetivo y universal, acerca de la emancipaci&#xf3;n, la realizaci&#xf3;n de la raz&#xf3;n o la riqueza. La p&#xe9;rdida de credibilidad de ese relato es lo que marca el tr&#xe1;nsito hacia la posmodernidad.</p>
				<p>Agotada la fe en grandes proyectos colectivos, los individuos tornan la mirada hacia s&#xed; mismos. La tarea de construir la identidad se torna irremediablemente personal, pero la referida inestabilidad del entorno provoca que la misi&#xf3;n est&#xe9; condenada al conflicto permanente. Si la posmodernidad era l&#xed;quida y no un&#xed;voca, lo mismo ocurre con la identidad. O m&#xe1;s bien, <italic>identidades</italic>, no solo m&#xfa;ltiples para cada individuo seg&#xfa;n <xref ref-type="bibr" rid="B9">Bauman (2003)</xref>, sino adem&#xe1;s tan cambiantes que suelen entrar en &#xab;contradicci&#xf3;n&#xbb; (p. 55), de modo que &#xab;deben ser lo suficientemente s&#xf3;lidas para ser reconocidas como tales a la vez que lo suficientemente flexibles para no limitar movimientos futuros en circunstancias vol&#xe1;tiles de cambio permanente&#xbb; (p. 55).</p>
				<p>As&#xed;, la construcci&#xf3;n de identidades en la posmodernidad es un proyecto que solo termina cuando acaba la propia vida, dado que la vida l&#xed;quida consiste, en buena medida, en desarrollar ese proyecto. Iniciarlo, modificarlo, rechazarlo y comenzarlo de nuevo. Pesimista, Bauman llega a afirmar que elaborar una identidad &#xab;es una condena a realizar trabajos forzados de por vida&#xbb; (<xref ref-type="bibr" rid="B7">2007, p. 151</xref>). La ausencia de certezas es para este autor una fuente de descontento, lo contrario que para <xref ref-type="bibr" rid="B33">Maffesoli (2007)</xref>, que propone la noci&#xf3;n de &#xab;personal plural&#xbb; (p. 266), reemplazando la l&#xf3;gica de la identidad por la l&#xf3;gica de la identificaci&#xf3;n; y afirma que &#xab;hay algo de monosc&#xf3;pico en la identidad, algo que no permite ver la plenitud de la realidad, mientras que la multiplicidad de aperturas nos permite acceder a ella&#xbb; (p. 237).</p>
				<p>Aunque estamos hablando de identidad dentro de las sociedades posmodernas en t&#xe9;rminos generales, sin adentrarnos todav&#xed;a en el terreno espec&#xed;fico de la literatura, el v&#xed;nculo que Maffesoli establece entre variedad de identidades o aperturas y acceso a la realidad nos resulta especialmente interesante. <xref ref-type="bibr" rid="B29">Kellner (2011)</xref> tambi&#xe9;n se desmarca de la interpretaci&#xf3;n pesimista de Bauman. No cree que la noci&#xf3;n de identidad corra peligro de desaparici&#xf3;n en la sociedad posmoderna, sino que &#xab;est&#xe1; sujeta a nuevas determinaciones y fuerzas&#xbb;. Pero en ese escenario el individuo se mueve con libertad para cambiar y reconstruirse; y los resultados posibles son diversos. Para este autor, &#xab;la variedad abrumadora de posibilidades de identidad en una cultura de la imagen abundante produce identidades extremadamente inestables, al tiempo que proporciona constantemente nuevas salidas para reestructurar la identidad personal&#xbb; (p. 276).</p>
			</sec>
			<sec id="sec2.2">
				<label>2.2.</label>
				<title>La b&#xfa;squeda de la identidad a trav&#xe9;s de la ficci&#xf3;n</title>
				<p>A la vista de los objetivos que esta investigaci&#xf3;n se propone, resulta evidente que aceptamos la validez del t&#xe9;rmino &#x2018;identidad&#x2019; a la hora de abordar el an&#xe1;lisis de personajes literarios. Sin embargo, esta decisi&#xf3;n ser&#xed;a susceptible de cr&#xed;tica seg&#xfa;n los postulados de ciertas escuelas. He aqu&#xed; una controversia descrita por Mudrick y recogida por <xref ref-type="bibr" rid="B45">Rimmon-Kenan (2005)</xref>, situando en un extremo a quienes creen que los personajes solo pueden ser analizados desde la literalidad del texto al que pertenecen, y en el extremo contrario a quienes consideran que es l&#xed;cito y &#xfa;til tomar cierta distancia, observando a los personajes como creaciones que consiguen trascender el texto en que nacen y, en cierto sentido, se independizan de &#xe9;l.</p>
				<p>
					<xref ref-type="bibr" rid="B50">Weinsheimer (1979)</xref> reflexiona detenidamente sobre esta cuesti&#xf3;n en un ensayo centrado en Emma Woodhouse, la protagonista de la novela <italic>Emma</italic> (1815), de Jane Austen. El autor considera tan perjudicial un alejamiento excesivo del texto, que llevar&#xed;a a tratar a los personajes como verdaderos seres humanos, como un apego exagerado a la literalidad, que terminar&#xed;a por opacar las correspondencias entre el texto y el mundo. Precisamente por esto &#xfa;ltimo, lo que denomina &#xab;intercambio&#xbb; entre mundo y texto -hasta cierto punto, entre realidad y ficci&#xf3;n-, su punto de vista se ajusta a las necesidades de nuestra investigaci&#xf3;n. </p>
				<p>Ricoeur hace una distinci&#xf3;n entre dos tipos de identidades que resulta pertinente en este caso (<xref ref-type="bibr" rid="B44">1999, p. 215-216</xref>). Por un lado, define la identidad <italic>idem</italic>, que se refiere a lo inmutable, lo que permanece; por otro, la identidad <italic>ipse</italic>, en la que cabe incluir aquello que s&#xed; experimenta cambios. El relato, contin&#xfa;a Ricoeur, &#xab;lleva a cabo su mediaci&#xf3;n&#xbb; para combinar &#xab;los rasgos de la permanencia y del cambio&#xbb;, de tal modo que la identidad &#xab;es refigurada principalmente en el acto de la lectura&#xbb;&#xbb; (p. 218).</p>
				<p>Cuando un lector lee, comienza a construir una imagen de dicho personaje. Para ello utiliza modelos extra&#xed;dos del mundo, de la realidad conocida. El personaje se define p&#xe1;gina a p&#xe1;gina, a&#xf1;adiendo rasgos y caracter&#xed;sticas a esa imagen. A&#xf1;os despu&#xe9;s de haber le&#xed;do la novela es posible que el lector todav&#xed;a retenga en su mente la imagen creada. Para ello no necesitar&#xe1; recordar ni siquiera una de las palabras escritas y le&#xed;das que le permitieron crearla. Esto implica que un lector pueda tener ideas m&#xe1;s n&#xed;tidas sobre el car&#xe1;cter de un personaje literario que sobre una persona de carne y hueso. Aunque se considere que el personaje no es estrictamente real, s&#xed; lo es el proceso que permite al lector explorar su identidad, partiendo del texto que el autor propone. </p>
				<p>La construcci&#xf3;n de la identidad de un personaje literario es un proceso m&#xe1;s o menos prolongado, que ni mucho menos termina con una presentaci&#xf3;n inicial. Como detalla <xref ref-type="bibr" rid="B26">Garrido Dom&#xed;nguez (1996)</xref>, &#xab;la tarea de dotar al personaje de identidad se realiza de forma gradual y, de hecho, no se consuma hasta que el escritor pone el punto final&#xbb; (p. 77), dado que la informaci&#xf3;n no solo emerge de los atributos con los que se le retrata, sino tambi&#xe9;n de lo que se desprende de sus decisiones y su manera de comportarse.</p>
				<p>El personaje literario, por lo tanto, se configura a trav&#xe9;s de una red de rasgos de car&#xe1;cter que pueden aparecer o no en el texto de manera expl&#xed;cita. O, como se&#xf1;ala <xref ref-type="bibr" rid="B45">Rimmon-Kenan (2005)</xref>, el lector lo construye &#xab;by assembling various character-indicators distributed along the text-continuum and, when necessary, inferring the traits from them&#xbb; (p. 61). Los rasgos de car&#xe1;cter pueden ofrecerse a trav&#xe9;s de una presentaci&#xf3;n directa o por presentaci&#xf3;n indirecta -deduci&#xe9;ndolos de sus acciones, discurso, entorno o apariencia externa- (p. 63-69). La caracterizaci&#xf3;n tambi&#xe9;n puede completarse con lo que este autor denomina el <italic>refuerzo por analog&#xed;a</italic>, que consiste en enfatizar a trav&#xe9;s de &#xe9;sta &#xab;[&#x2026;] teither the similarity or the contrast between the two elements compared, and it may be either explicitly stated in the text or implicity left for the reader to discover&#xbb; (p.70). </p>
				<p>Al igual que Rimmon-Kenan, <xref ref-type="bibr" rid="B6">Barthes (1980)</xref> sostiene que &#xab;leer es un trabajo del lenguaje. Leer es encontrar sentidos, y encontrar sentidos es designarlos, pero esos sentidos designados son llevados hacia otros nombres; los nombres se llaman, se re&#xfa;nen y su agrupaci&#xf3;n exige ser designada de nuevo&#xbb; (p. 7). El texto es un punto de partida para el lector, que asume la tarea de establecer relaciones para construir la identidad del personaje. Es muy significativo que Barthes agregue que la presencia de un nombre propio &#xab;permite a la persona existir fuera de los semas&#xbb;. Un nombre propio que puede ser apenas un pronombre distintivo, un referente claro &#xab;hacia el que afluir y en el que fijarse&#xbb; para crear una &#xab;ilusi&#xf3;n de que la suma est&#xe1; complementada por un valioso resto (algo as&#xed; como la <italic>individualidad</italic> que, cualitativa e inefable, escapara a la vulgar contabilidad de los caracteres que la componen)&#xbb;. Y va todav&#xed;a m&#xe1;s all&#xe1; cuando sugiere que &#xab;lo propio del relato no es la acci&#xf3;n, sino el personaje como Nombre Propio: el material s&#xe9;mico (correspondiente a un cierto momento de nuestra historia del relato) viene a <italic>llenar</italic> lo propio del ser, el nombre de adjetivos&#xbb; (<xref ref-type="bibr" rid="B6">1980, p. 161</xref>).</p>
			</sec>
			<sec id="sec2.3">
				<label>2.3.</label>
				<title>La relaci&#xf3;n entre autor y personaje</title>
				<p>La pregunta entonces es c&#xf3;mo se establece el v&#xed;nculo del personaje con el autor. <xref ref-type="bibr" rid="B17">Contreras (2011)</xref> sostiene que la naturaleza de las relaciones entre autor y personaje &#xab;es tan diversa como hombres se han puesto a la tarea de escribir&#xbb; (p. 251). <xref ref-type="bibr" rid="B4">Bajt&#xed;n (2012)</xref> establece que el autor es siempre &#xab;el que da el tono a todo detalle de su personaje, a cualquier rasgo suyo, a todo suceso de su vida, a todo acto suyo, a sus pensamientos, sentimientos&#xbb; (p. 15); personaje al que tenemos acceso a trav&#xe9;s de la obra literaria. Sin embargo, a la hora de ahondar en el proceso de creaci&#xf3;n del personaje, el ruso descarta las consideraciones del autor. Entiende que &#xe9;ste no percibe su propia actitud creativa, sino que la materializa en su creaci&#xf3;n; y una vez terminada, la sustituye por una actitud nueva hacia el producto final, por lo que &#xab;lo &#xfa;nico que le queda es se&#xf1;alarnos su obra&#xbb;; y as&#xed; es -&#xfa;nicamente all&#xed; hemos de buscar ese proceso-. Adem&#xe1;s, alcanzada esta conclusi&#xf3;n, &#xab;sus personajes ya se han independizado de &#xe9;l&#xbb; (p. 17).</p>
				<p>Aunque la conciencia del autor abarca su propia conciencia y la del personaje que crea, debe llevar a cabo lo que Bajt&#xed;n llama una &#xab;amorosa autoeliminaci&#xf3;n con respecto al espacio vital del personaje&#xbb; para tomar distancia y observarlo como un &#xab;espectador &#xe9;ticamente imparcial&#xbb; (p. 23), sin invadir el espacio propio del personaje ni permitir que el personaje le conquiste a &#xe9;l. Esto es especialmente importante en el caso de personajes autobiogr&#xe1;ficos. Entonces el autor &#xab;debe convertirse en otro con respecto a s&#xed; mismo como persona, debe lograrse ver con ojos de otro&#xbb; (p. 24). La visi&#xf3;n del autor sobre el personaje solo ser&#xe1; completa si es capaz de completar el trayecto en ambos sentidos para poder as&#xed; observar desde las dos posiciones: tanto desde el interior del personaje, mirando al mundo, como desde fuera, observando al personaje.</p>
				<p>Bajt&#xed;n concluye indicando que las relaciones entre autor y personaje en cada obra tienen varios actos, en los que &#xab;el h&#xe9;roe y el autor luchan entre s&#xed;, ora se acercan, ora se alejan bruscamente&#xbb;, aunque sostiene que la conclusi&#xf3;n de la obra supone una separaci&#xf3;n n&#xed;tida y &#xab;el triunfo del autor&#xbb; (p. 160). Sin embargo, &#xbf;qu&#xe9; sucede antes de alcanzar esa conclusi&#xf3;n? Buscar las claves del proceso en la obra, exige la implicaci&#xf3;n del lector. Analizando la obra de Unamuno, <xref ref-type="bibr" rid="B20">De Toro (1981)</xref> apunta que &#xab;una vez creado el personaje, este adquiere una vida aut&#xf3;noma que no depende del autor sino del lector como co-autor&#xbb; (p. 360). Esta vida independiente del autor se concreta en la imagen del personaje que el lector crea, al margen del texto, tal como explicamos anteriormente; y en el hecho de que el autor, aun siendo creador, no pueda hacer nada para modificar su personaje una vez finalizada la obra. Como se&#xf1;alaba Bajt&#xed;n, para entonces ya se ha independizado.</p>
			</sec>
			<sec id="sec2.4">
				<label>2.4.</label>
				<title>La alteridad</title>
				<p>Asevera <xref ref-type="bibr" rid="B17">Contreras (2011)</xref> que en la creaci&#xf3;n de personajes hay un elemento de exploraci&#xf3;n &#xed;ntima, si bien el producto &#xab;surge no por nosotros mismos, sino a pesar de nosotros mismos&#xbb; (p. 250). Pero, aunque el autor aborde su creaci&#xf3;n desde s&#xed; mismo, desde su propia conciencia, &#xab;ese personaje siempre ser&#xe1; un &#x2018;otro&#x2019;, una sombra que arrojamos sin siquiera apercibirnos&#xbb; (p. 250-251). <xref ref-type="bibr" rid="B3">Bajt&#xed;n</xref> reelabora el desarrollo de ese elemento de otredad en la creaci&#xf3;n de personajes literarios. al sostener que &#xab;no soy yo [como autor] quien mira <italic>desde el interior de mi mirada</italic> al mundo, sino que yo me veo a m&#xed; mismo con los ojos del mundo, con los ojos ajenos; estoy pose&#xed;do por el otro&#xbb; (p. 156). Llegamos de esta manera al concepto de alteridad u otredad, directamente conectado con el de identidad, como aclara la definici&#xf3;n de <xref ref-type="bibr" rid="B49">Esteban Torre (1996)</xref>:</p>
				<disp-quote>
					<p>&#xab;Ahora bien, la f&#xf3;rmula A = A, con la que se suele presentar el principio de identidad, lo que en realidad menciona es la igualdad de A y A. Y una igualdad requiere al menos la existencia de dos elementos: un t&#xe9;rmino A y &#xab;otro&#xbb; A.</p>
					<p>He aqu&#xed;, en su m&#xe1;s radical planteamiento, la parad&#xf3;jica constataci&#xf3;n de que la identidad del ser necesita para su reconocimiento -para que A se reconozca como A, y sea por tanto A- la existencia de &#xab;otro&#xbb;. La alteridad, esto es, la &#xab;diferencia&#xbb;, o el &#xab;diferir&#xbb; -en el tiempo o en el espacio- de s&#xed; mismo, se nos presenta, as&#xed; pues, como el camino ineludible que tiene que recorrer el ser para instaurarse en su aut&#xe9;ntica &#xab;identidad&#xbb;, para ser &#xab;&#xe9;l mismo&#xbb; (p. 63).</p>
				</disp-quote>
				<p>Para Torre, el ejemplo de Pessoa y sus heter&#xf3;nimos es, en la historia de la literatura, uno de los que mejor expresa &#xab;esta necesidad imperiosa de conversar con otro, incluso de llegar en cierto modo a ser &#x2018;otro&#x2019;&#xbb; (p. 62). No se trata de ser <italic>otro</italic> para huir ni para evadirse, sino que ser otros es una manera honesta de ser completamente uno mismo, &#xab;la forma m&#xe1;s aut&#xe9;ntica y radical de instaurarse en la identidad de su propio ser&#xbb; (p. 69).</p>
				<p>El reconocimiento del otro es preciso para la comprensi&#xf3;n de la identidad propia y la ajena. Es aqu&#xed; donde entramos en el terreno que m&#xe1;s nos interesa: la zona fronteriza entre realidad y ficci&#xf3;n, o las relaciones entre una y otra cosa, que pueden explorarse a trav&#xe9;s de la literatura. Afirma <xref ref-type="bibr" rid="B39">Ortega y Gasset (1964)</xref> que <italic>el otro</italic> es siempre imaginado por uno, ya sea un autor en la creaci&#xf3;n de un personaje o un heter&#xf3;nimo, o sea cualquiera de nosotros al conocer y establecer v&#xed;nculos con otras personas en nuestra vida diaria. As&#xed; que &#xab;en este sentido somos todos, sin darnos cuenta, novelistas. Las gentes con quienes convivimos son personajes imaginarios que nuestra fantas&#xed;a ha ido elaborando&#xbb; (p. 346).</p>
			</sec>
			<sec id="sec2.5">
				<label>2.5.</label>
				<title>Cuerpo, emoci&#xf3;n y performatividad</title>
				<p>Uno de los aspectos m&#xe1;s importantes, tanto del mundo contempor&#xe1;neo como de la literatura posmoderna, es la relevancia que se le ha otorgado al cuerpo como elemento identitario y dep&#xf3;sito de las coordenadas hist&#xf3;ricas, sociales, econ&#xf3;micas y pol&#xed;ticas de la &#xe9;poca en el que se inserta, as&#xed; como reflejo de todas las fuerzas de poder que convergen en el individuo. Encrucijada de significados, textos sobre los que leer, textos que construir, el cuerpo se yergue como herramienta fundamental de posicionarse en el mundo y vincularse a los dem&#xe1;s.</p>
				<p>Cr&#xed;ticos como <xref ref-type="bibr" rid="B24">Foucault (2005a</xref> y <xref ref-type="bibr" rid="B25">2005b)</xref> -tratando, sobre todo, de aquellas personas relegadas a los m&#xe1;rgenes de la sociedad- o <xref ref-type="bibr" rid="B14">Bourdieu (2000)</xref> -m&#xe1;s enfocado en la dominaci&#xf3;n masculina sobre la mujer- han puesto de manifiesto y han esclarecido c&#xf3;mo el cuerpo, lejos de ser un mero envoltorio de la persona, es superficie que inocula la cultura y el poder que le rodea, transform&#xe1;ndose as&#xed; en resultado de una multiplicidad de realidades. Por lo tanto, no resulta extra&#xf1;o comprender el cuerpo como discurso. As&#xed;, desde &#xe1;reas diferentes -y, a la vez, profundamente relacionadas- como la filosof&#xed;a, la antropolog&#xed;a, los estudios culturales o la filolog&#xed;a -entre muchas otras- se abarca el cuerpo partiendo de su consideraci&#xf3;n como constructo cultural que va modific&#xe1;ndose en funci&#xf3;n del tiempo y el espacio en el que se sit&#xfa;e.</p>
				<disp-quote>
					<p>&#xab;Pero el cuerpo est&#xe1; tambi&#xe9;n directamente inmerso en un campo pol&#xed;tico; las relaciones de poder operan sobre &#xe9;l una presa inmediata; lo cercan, lo marcan, lo doman, lo someten a suplicio, lo fuerzan a unos trabajos, lo obligan a unas ceremonias, exigen de &#xe9;l unos signos. [&#x2026;] est&#xe1; imbuido de relaciones poder y de dominaci&#xf3;n, como fuerza de producci&#xf3;n [&#x2026;]. El cuerpo s&#xf3;lo se convierte en fuerza &#xfa;til cuando es a la vez cuerpo productivo y cuerpo sometido.&#xbb; (<xref ref-type="bibr" rid="B24">Foucault, 2005, p. 32-33</xref>)</p>
				</disp-quote>
				<p>Es decir, se convierte en discurso que integra los discursos que le rodean, conduciendo a la persona a asumir los distintos poderes que tratan de controlarlo. Sin embargo, el cuerpo no es &#xfa;nicamente un receptor pasivo de estos, sino que tiene, en palabras de <xref ref-type="bibr" rid="B2">Asensi P&#xe9;rez (2008, p. 27)</xref>, una &#xab;potencia disruptiva&#xbb;, o, dicho de otra manera, el poder de rebelarse, transformarse y actuar de forma contraria a lo que espera. La teor&#xed;a de la performatividad -que parte de las ideas de Austin sobre el poder creador de la enunciaci&#xf3;n-, en trabajos tan relevantes como los de <xref ref-type="bibr" rid="B16">Butler (2002</xref>, <xref ref-type="bibr" rid="B15">2011)</xref> o <xref ref-type="bibr" rid="B41">Preciado (2002)</xref>, ha puesto el foco de atenci&#xf3;n en esa resignificaci&#xf3;n del cuerpo, pudiendo convertirse en espacio de transgresi&#xf3;n y disidencia: &#xab;&#x2018;cultura&#x2019; y &#x2018;discurso&#x2019; atrapan al sujeto, pero no lo conforman&#xbb; (<xref ref-type="bibr" rid="B15">Butler, 2011: 78</xref>). Ya no tenemos un cuerpo, sino que devenimos un cuerpo que se escribe y se lee y lo hace en un perpetuo di&#xe1;logo con la cultura y sus c&#xf3;digos (<xref ref-type="bibr" rid="B48">Torras, 2006, p. 15</xref>). </p>
				<p>Y si hablamos de cuerpo, desde luego, no es posible desde&#xf1;ar la relevancia de las emociones en su textualizaci&#xf3;n. Las emociones tienen un impacto directo en la configuraci&#xf3;n y movimiento de este. Hay emociones que pueden encender esa potencia disruptiva y emociones que pueden conducir a este a la enfermedad, la muerte o la esclavitud -entendida en su significado m&#xe1;s amplio-. A este respecto, consideramos especialmente interesante la herramienta conceptual que nos provee <xref ref-type="bibr" rid="B42">Reddy (2001)</xref>, que es el de los <italic>emotives</italic>, o, dicho de otra manera, el hecho de que cualquier enunciaci&#xf3;n sobre una emoci&#xf3;n interna tiene un impacto directo sobre esta. </p>
				<p>En la novela que abordamos, ser&#xe1; el poder de la violencia familiar el que se inscriba -se encarne- en el cuerpo del protagonista. Un narrador en primera persona que mantendr&#xe1; una relaci&#xf3;n dial&#xf3;gica con el biopoder para poder resurgir; de alguna forma, renacer, reencontrarse. Lo interesante es que, en ning&#xfa;n momento, alcanzar&#xe1; ninguno de los extremos. Es decir, ni se doblegar&#xe1; ante ese miedo ni tampoco ser&#xe1; capaz de vencerlo. Miguel &#xc1;ngel se mantendr&#xe1; en ese medio camino, sobreviviendo, tratando de narrar para soltar. </p>
				<disp-quote>
					<p>&#xab;Como ya se dijo, solo se puede reducir el miedo en intensidad. El cuerpo, por tanto, es alineado y alienado en el espacio y organizado por una biopol&#xed;tica del miedo, de la seguridad y del control, a esto hay que a&#xf1;adirle lo que se viene argumentando: el miedo y el espacio son elementos sim&#xe9;tricos a la econom&#xed;a y el mercado, se mueve sobre un escenario de competencia e inseguridad y la gesti&#xf3;n del miedo obliga a producir espacios de relativa tranquilidad; as&#xed;, al ser la seguridad un elemento escaso, la sensaci&#xf3;n de protecci&#xf3;n se vuelve un elemento digno de adquirir y, como la econom&#xed;a gestiona lo escaso, la seguridad se vuelve un elemento anhelado, controlado por la econom&#xed;a.&#xbb; (<xref ref-type="bibr" rid="B23">Guerra Navarro, 2020, p. 66</xref>)</p>
				</disp-quote>
				<p>El auge de la investigaci&#xf3;n sobre la historia de las emociones data de la d&#xe9;cada de los setenta, aunque ser&#xe1; a finales del siglo XX cuando se multipliquen las perspectivas y la producci&#xf3;n cient&#xed;fica. Existen tantas que podemos pasar desde <italic>histoire des sensibilit&#xe9;s</italic> francesa, el giro afectivo norteamericano, la historia de la econom&#xed;a moral de las emociones hasta la historia de las pr&#xe1;cticas emocionales, la aestesiolog&#xed;a, la emocionolog&#xed;a, las comunidades emocionales o los reg&#xed;menes emocionales, entre muchas otras teor&#xed;as (<xref ref-type="bibr" rid="B36">Moscoso, 2015</xref>). Una panor&#xe1;mica general sobre la historia de las emociones puede encontrarse en trabajos tan relevantes como los de <xref ref-type="bibr" rid="B40">Pampler (2014)</xref> o <xref ref-type="bibr" rid="B34">Medina Dom&#xe9;nech (2012)</xref>, en esta investigaci&#xf3;n no enfocamos en la aportaci&#xf3;n de <xref ref-type="bibr" rid="B42">Reddy (2001)</xref>, en tanto que permite esclarecer la funci&#xf3;n del miedo en la novela, y con las teor&#xed;as de <xref ref-type="bibr" rid="B27">Guerra Gonz&#xe1;lez (2013)</xref>, <xref ref-type="bibr" rid="B13">Borgui (2009)</xref>, <xref ref-type="bibr" rid="B37">Nussbaum (2009)</xref> y <xref ref-type="bibr" rid="B12">Boria Barei (2020)</xref>, especialmente id&#xf3;neas para entender nuestro objeto de estudio, ya que nos permiten esclarecer de forma concreta c&#xf3;mo funciona esta emoci&#xf3;n en el ser humano y en la sociedad contempor&#xe1;nea. </p>
				<p>En este caso, la enunciaci&#xf3;n del miedo en la novela pretende repercutir directamente sobre su invocaci&#xf3;n y desaparici&#xf3;n. Es un miedo desolador, que atrapa al individuo y lo dise&#xf1;a, determinando su identidad y posici&#xf3;n y vinculaci&#xf3;n con el mundo que le rodea. Es un miedo que transciende la mera clasificaci&#xf3;n como emoci&#xf3;n y se convierte el eje en torno al que gira toda su narraci&#xf3;n, todo su discurso. Miguel &#xc1;ngel Oeste se encarna brutalmente en cuerpo, en cuerpo que tiembla, se paraliza y camina torpemente buscando su liberaci&#xf3;n. </p>
			</sec>
		</sec>
		<sec id="sec3">
			<label>3.</label>
			<title><italic>Vengo de ese miedo (2022)</italic></title>
			<p>Miguel &#xc1;ngel Oeste (1973) es autor de varias novelas, entre ellas <italic>Bobby Logan</italic> (2011) y <italic>Far L</italic>e<italic>ys</italic> (2014). Tambi&#xe9;n ha escrito cuentos en diversas antolog&#xed;as y coordina distintas publicaciones que relacionan cine y literatura. Asimismo, es autor de varios libros sobre cine. Es colaborador de muchos medios de comunicaci&#xf3;n y forma parte del Festival de Cine de M&#xe1;laga y de la Semana de Cine de Melilla.</p>
			<p>
				<italic>Vengo de ese miedo</italic> es un relato atroz sobre el maltrato familiar y las consecuencias de este sobre la identidad y el desarrollo del ser humano. Ambientada en el boom del turismo de la M&#xe1;laga de los setenta, retrata los &#xfa;ltimos cuarenta a&#xf1;os de la historia espa&#xf1;ola. A trav&#xe9;s de la historia de su personaje, asistimos a un descenso a los infiernos, a una dolorosa exploraci&#xf3;n de los acontecimientos que marcaron su infancia. Desgarradora, brutal, completamente emocional, y situada entre la novela de aprendizaje y la autobiograf&#xed;a, esta narraci&#xf3;n ha conseguido el elogio tanto del p&#xfa;blico como de la cr&#xed;tica. El autor nos presenta a un narrador que decide contar su historia para superarse y transcenderla. Como se siente incapaz de visitar a su padre, paralizado por el mismo miedo, escribe para poder colocar las piezas de su vida y, de ese modo, dejar de sentir ese miedo que frena su existencia. En relaci&#xf3;n a la obra de Unamuno, <xref ref-type="bibr" rid="B20">De Toro (1981)</xref> ha se&#xf1;alado que el af&#xe1;n de supervivencia es el nexo que conecta autor, personaje y lector, dado que &#xab;la particular concepci&#xf3;n unamuniana del personaje, como algo m&#xe1;s real que el hombre hist&#xf3;rico, le permite trascender a trav&#xe9;s de aquel&#xbb; (p. 361). Y esta es precisamente la motivaci&#xf3;n que lleva al autor a escribir esta novela. </p>
			<sec id="sec3.1">
				<label>3.1.</label>
				<title>La presencia del miedo</title>
				<p>Apunta <xref ref-type="bibr" rid="B27">Guerra Gonz&#xe1;lez (2013, p. 73)</xref> que el miedo es inherente al ser humano. Provoca reacciones de par&#xe1;lisis o, por el contrario, arrebatos violentos. Se relaciona con lo deseamos o rechazamos, y la &#xfa;nica forma que tenemos de librarnos de &#xe9;l es la certeza o la total ignorancia. Algo que tiene relaci&#xf3;n con la conexi&#xf3;n existente que hay entre el miedo y la esperanza y el miedo y el deseo (p. 74).</p>
				<p>As&#xed;, el miedo cambia a trav&#xe9;s del tiempo y el espacio, y el surgimiento de un mundo multicultural, globalizado y polic&#xe9;ntrico ha tra&#xed;do el &#xab;miedo al miedo&#xbb; (p. 79). El individuo puede conceptualizar sus miedos, describirlos y de ejercer su propio derecho a la imaginaci&#xf3;n (p. 76). El miedo, entonces, &#xab;no s&#xf3;lo es objeto de estudio, sino de reflexi&#xf3;n y testimonio personal. Vencer el Miedo&#xbb; (p. 81). Y desde luego, si la incertidumbre es un rasgo definitorio del contexto posmoderno, el miedo es uno de los motores fundamentales de ese permanente desasosiego en el que los individuos tratan de construir sus identidades. Por eso el miedo puede ser tambi&#xe9;n clave en la construcci&#xf3;n de ese <italic>otro</italic> que permite la exploraci&#xf3;n &#xed;ntima y facilita el reconocimiento de uno mismo, de alguna identidad propia. </p>
				<p>Un miedo que, como apunta <xref ref-type="bibr" rid="B5">Barraycoa (2017)</xref> se torna clave en las nuevas formas de control social que han ido instaur&#xe1;ndose debido al avance del capitalismo. Estas formas, que suponen aislamiento y soledad, se canalizan psicol&#xf3;gicamente (99). Por esta raz&#xf3;n, en un poco certero intento de eliminar su angustia, el individuo posmoderno necesita &#xab;autointerpretar&#xbb; su existencia (96). Algo que tiene que ver mucho con las emociones -y con la autoficci&#xf3;n-, ya que &#xab;uno de los factores de la <italic>construcci&#xf3;n de identidades</italic> es la <italic>construcci&#xf3;n de significados</italic> de los fen&#xf3;menos que nos rodean y de los afectos que nos mueven&#xbb; (98). Lo m&#xe1;s interesante respecto al tema que nos ocupa este trabajo, es que, siguiendo al citado investigador, &#xab;desde el paradigma socioling&#xfc;&#xed;stico, el sentimiento (o afecto) es constativo y la emoci&#xf3;n performativa&#xbb;. Es decir, mientras que el sentimiento permite reflexionar y encajar las piezas, la emoci&#xf3;n &#xab;implica la realizaci&#xf3;n simult&#xe1;nea de la acci&#xf3;n evocada unida a la emotividad&#xbb; (104). Y la emoci&#xf3;n, trayendo el concepto anteriormente mencionado de <italic>emotives</italic>, sufre de un impacto directo en el momento en que se enuncia. </p>
				<p>Nuestro protagonista se mueve a partir del miedo buscando la certeza que aporta la comprensi&#xf3;n para librarse de &#xe9;ste. Lo conceptualiza y lo nombra para vencerlo, aunque tambi&#xe9;n, aunque le cuesta reconocerlo, mantiene la esperanza de poder reconciliarse con la figura que m&#xe1;s ha odiado, pero que, al mismo tiempo, m&#xe1;s ha determinado toda su vida. Como comenta <xref ref-type="bibr" rid="B13">Borgui (2009)</xref>, el ser humano contempor&#xe1;neo necesita superar el miedo a trav&#xe9;s de la enunciaci&#xf3;n de este para poder seguir con su vida. </p>
				<disp-quote>
					<p>&#xab;En tal contexto, la expansi&#xf3;n de la ambivalencia y la incertidumbre del peligro difuso no trae sino la expectativa angustiosa de hallar una salida que permita encontrar alg&#xfa;n trazo s&#xf3;lido de certeza, aunque ello no sea m&#xe1;s que la identificaci&#xf3;n corp&#xf3;rea de ese &#xab;horror&#xbb;, darle un cuerpo al miedo, ponerle un rostro y un nombre, y poder as&#xed; excluirlo del entorno humano inmediato, con la expectativa de que nunca m&#xe1;s regrese.&#xbb; (p. 24)</p>
				</disp-quote>
				<p>Siguiendo la teor&#xed;a freudiana, <xref ref-type="bibr" rid="B30">Kimmel (1997)</xref> explica el proceso de construcci&#xf3;n de la identidad de un hombre a partir de la renuncia a la identificaci&#xf3;n con la madre para asimilarse al padre, el cual, curiosamente, es la figura que le da m&#xe1;s miedo al ni&#xf1;o al ser m&#xe1;s grande, m&#xe1;s fuerte y m&#xe1;s poderoso sexualmente. Se trata de un proceso de construcci&#xf3;n de la masculinidad muy ligado al sexo. El ni&#xf1;o intentar&#xe1; parecerse lo m&#xe1;s posible a lo que ve o imagina que es su padre; es decir, amenazante, devastador, posesivo y castigador. Puede llegar a identificarse tanto con su opresor que puede incluso convertirse en opresor &#xe9;l mismo. </p>
				<p>Sin embargo, este proceso esterot&#xed;pico queda truncado en la novela. Ni el narrador parte de una identificaci&#xf3;n con su madre, ya que recibe toda la hostilidad y humillaci&#xf3;n por su parte, ni puede asimilarse con el padre, en tanto que recibe un maltrato y un abuso constantes. Comienza entonces la p&#xe9;rdida de referencias a la que aferrarse y, por ello, empieza el oscuro recorrido por las sombras de la fragmentaci&#xf3;n. Veamos entonces c&#xf3;mo aparece y funciona el miedo en la narraci&#xf3;n. </p>
				<p>Desde el an&#xe1;lisis del discurso, el texto revela una desproporci&#xf3;n del uso del t&#xe9;rmino &#xab;miedo&#xbb; en relaci&#xf3;n al protagonista entre las diferentes partes de la novela. En la primera parte, titulada <italic>Padre</italic>, el t&#xe9;rmino &#xab;miedo&#xbb; aparece 13 veces; en la segunda, <italic>Familia</italic>, 4 veces; en la tercera, <italic>Madre</italic>, 24 veces; en la cuarta, <italic>Hijas</italic>, 42; en la quinta, <italic>Padre e hijo</italic>, 16; y, en el ep&#xed;logo, <italic>Abrir y cerrar puertas</italic>, 3. </p>
				<p>Estos datos pueden entenderse si comprendemos que la ra&#xed;z de su b&#xfa;squeda es la lucha contra el miedo, y esta b&#xfa;squeda viene acompa&#xf1;ada de la regresi&#xf3;n que le provoca un acontecimiento vital, la paternidad. La paternidad mueve al narrador y le hace volver al pasado, reviviendo todas las emociones que configuraron su yo actual. Un yo que lastra todo el peso de este y que no le deja avanzar en su periplo existencial. </p>
				<p>La forma m&#xe1;s frecuente en la que aparece el miedo en este texto tiene conexi&#xf3;n con su acepci&#xf3;n m&#xe1;s b&#xe1;sica como emoci&#xf3;n. Desde que comienza la novela, el narrador deja claro que, para poder dejar de sentir ese germen de la configuraci&#xf3;n de su personalidad que es el miedo, lo &#xfa;nico que pod&#xed;a hacer era matar al padre en la ficci&#xf3;n: &#xab;Sent&#xed;a que al hacerlo me estaba liberando del miedo que me produc&#xed;a su figura, una figura que iba creciendo en mi interior, que se hab&#xed;a instalado como una tenia aliment&#xe1;ndose de mi organismo&#xbb; (p. 15).</p>
				<p>Es algo que le resulta &#xab;incomprensible&#xbb; (p. 17), que le &#xab;solivianta&#xbb; (p. 18) desde que se propone contar la historia y que, adem&#xe1;s, de alguna forma, rechaza, ya que considera que no deber&#xed;a invadirle &#xab;por imaginar que lo visito y hablo con &#xe9;l despu&#xe9;s de quince a&#xf1;os. Eso me ayudar&#xed;a de base para la narraci&#xf3;n&#xbb; (p. 29). Y es que, siguiendo a <xref ref-type="bibr" rid="B37">Nussbaum (2009, p. 25)</xref>, la intensidad de la emoci&#xf3;n depende de la interpretaci&#xf3;n de la persona que la siente. Es tan bloqueante que le impide realizar el acto en el que, probablemente, podr&#xed;a hacer las paces con su pasado: &#xab;Solo tengo que visitarlo y hablar con &#xe9;l. Pero me lo impide el miedo. El miedo que nunca se ha ido. El miedo resucitado con la escritura&#xbb; (p. 30). La reacci&#xf3;n corporal que sentimos cuando nos embarga esta emoci&#xf3;n es una restricci&#xf3;n de la movilidad, ya que el cuerpo se prepara para la huida (<xref ref-type="bibr" rid="B1">Ahmed, 2004, p. 69</xref>). Se trata de una visita que pertenece a un acontecimiento real del autor y que, en su ficcionalizaci&#xf3;n, le permite comprenderlo y, por ende, de alguna, forma transcenderlo. </p>
				<p>Es una fuerza tan potente que provoca que se autolesione para hacerlo desaparecer: &#xab;El dolor sustitu&#xed;a al miedo. Adem&#xe1;s de sus golpes, a veces, me autolesionaba. Era la &#xfa;nica manera de salir del miedo, la niebla, el ansia que me anegaba. El miedo desaparec&#xed;a solo fugazmente, pero a m&#xed; me bastaba&#xbb; (p. 187). Un miedo transmitido de generaci&#xf3;n en generaci&#xf3;n -&#xab;Era el primero, la debilidad de mi abuela, pero que mi abuelo le transmiti&#xf3; todas sus inseguridades, fobias y frustraciones. La palabra que m&#xe1;s usaba mi abuelo era &#xab;miedo&#xbb;. Miedo a la enfermedad, al hambre, a la muerte, a las tormentas...&#xbb; (p. 49)- que se convierte en la base de su educaci&#xf3;n: &#xab;No el afecto. Miedo e indefensi&#xf3;n&#xbb; (p. 103). Es incluso espacio. Miedo en el que instalarse -&#xab;Estamos en julio de 2010. Mi padre a&#xfa;n vive y yo escribo sobre &#xe9;l para entender qu&#xe9; me pasa, por qu&#xe9; sigo instalado en el miedo&#xbb; (p. 16)- un oc&#xe9;ano en el que ahogarse: &#xab;Pero cuando mi padre volvi&#xf3;, me sumerg&#xed; en el miedo&#xbb; (p. 287). </p>
				<p>El miedo en la novela se personifica en diferentes figuras. El miedo se convierte en una bola: -&#xab;Recuerdo sobre todo las peleas entre mis padres, el coraz&#xf3;n subi&#xe9;ndome hasta la garganta, el miedo rebotando dentro del cuerpo igual que una bola de pinball&#xbb; (p. 26-27); en un carcelero: &#xab;Pero las ocasiones que estuve frente a &#xe9;l en aquellas noches de terror, escap&#xe9; preso del miedo. Igual que ahora, cuando he sido incapaz de tocar el telefonillo. El miedo es el mismo&#xbb; (p. 81); e, incluso, en una persona. Como explica <xref ref-type="bibr" rid="B1">Ahmed (2004, p. 63)</xref>, el miedo afianza la relaci&#xf3;n entre los cuerpos, ya que los aleja y los junta por lo que siente nuestra piel en esos encuentros. Es decir, el miedo nos lanza al futuro desde el presente a trav&#xe9;s de una intensa experiencia corporal (65). El miedo, reactivado en la escritura, posibilita avanzar y, al mismo, aun contradictoriamente, revive la paralizaci&#xf3;n. </p>
				<p>Lo describe como a un enemigo que &#xab;hab&#xed;a sido un compa&#xf1;ero fiel de la familia&#xbb; y que le hace sentir &#xab;igual que el ni&#xf1;o desvalido&#xbb; (p. 80) que una vez fue. Un antagonista que, cuando el padre est&#xe1; intentando reventar la puerta para pegarle una paliza, es capaz de roerle &#xab;el coraz&#xf3;n, la garganta, el pecho, las sienes, el est&#xf3;mago&#xbb; (p. 76). Y es que &#xab;los miedos se prenden en los cuerpos, se estacionan, se materializan, adquieren formas y figuraciones diversas&#xbb; (<xref ref-type="bibr" rid="B12">Boria y Barei, 2020, p. 12</xref>). Asimismo, &#xab;los miedos se hallan en un constante juego con la violencia. Si las emociones se anclan en experiencias y pr&#xe1;cticas sociales, el miedo en particular, se exacerba y se concreta en una figura liminal desde el punto de vista de una experiencia humana: el horror&#xbb; (p. 11). </p>
				<p>Aparece, adem&#xe1;s, como virus y como enfermedad. Lo describe, en varias ocasiones, como at&#xe1;vico (p. 128; p. 141). Es un virus &#xab;encanado al ADN de la familia&#xbb; (p. 103), &#xab;inoculado&#xbb; (p. 47) por el padre -y tambi&#xe9;n por la madre (p. 170)- a quien, a su vez, se lo inocul&#xf3; el suyo. Un miedo burbujeante (p. 77) cuyo problema principal es el de la posible transmisi&#xf3;n a sus hijas (p. 300): &#xab;Cada noche las arropo y les digo que las quiero, sin poder evitar el pensamiento de si su miedo es un miedo heredado&#xbb; (p. 298). Lo cual conecta con las consideraciones de Bourdieu sobre la dominaci&#xf3;n de las mujeres, cuando habla de &#xab;somatizaci&#xf3;n de las relaciones sociales de dominaci&#xf3;n&#xbb; (p. 38). </p>
				<p>El miedo, como apuntamos al inicio, es tan potente, que se encarna en el cuerpo. Se le ha pegado &#xab;como una babosa que repta dej&#xe1;ndome las babas&#xbb; (p. 120). Cuando observa su cuerpo que se abandona a la paternidad observa que permanece &#xab;el temblor, los temores m&#xe1;s hondos, la bruma, el desamparo, los recelos y la sombra de mi padre&#xbb; (p. 139). Es tan fuerte su encarnaci&#xf3;n que asevera que el miedo &#xab;ha sustituido a mi sombra y se ha pegado a mis talones&#xbb; (p. 178). Su cuerpo ya no es m&#xe1;s que &#xab;el c&#xf3;digo de miedos y obsesiones que me hab&#xed;a generado &#xe9;l con sus manos de morcillas aplastadas, su polla enhiesta, sus gritos e insultos&#xbb; (p. 221).</p>
				<p>Unas huellas que provocan el hecho de que &#xab;el miedo y la verg&#xfc;enza&#xbb; estuvieran &#xab;constantemente presentes&#xbb; en &#xe9;l y &#xab;tambi&#xe9;n en mi cuerpo. Hoy pienso que tambi&#xe9;n lo estaban en mi padre&#xbb; (p. 243). Llega a ser incluso sustitutorio de su propia identidad: &#xab;Tal vez tenga raz&#xf3;n. Aunque eso no recuperar&#xe1; el cari&#xf1;o ni nos har&#xe1; recobrar la confianza en nosotros mismos. Somos mellas. Huecos. Y nada saldr&#xe1; en esas zonas yermas. Acaso miedo, amenazas&#xbb; (p. 275). Llama la atenci&#xf3;n, adem&#xe1;s, que, en la infancia, llegue a fundirse con este: &#xab;Me despierto y llamo a mi mam&#xe1;, luego a mi pap&#xe1;, y como no vienen, lloro, y como siguen sin venir, me levanto y enciendo las luces y los vuelvo a llamar, y tengo miedo, ese miedo gelatinoso que se funde con la piel [&#x2026;]&#xbb; (p. 296). </p>
				<p>Sin embargo, consideramos que lo m&#xe1;s relevante no es la encarnaci&#xf3;n del miedo, sino la valent&#xed;a de luchar con esta. Como apunta <xref ref-type="bibr" rid="B16">Butler (2002)</xref>, los cuerpos asumen la norma que proviene del poder, pero &#xab;nunca acatan enteramente las normas mediante las cuales se impone su materializaci&#xf3;n&#xbb; (p. 19). Por lo tanto, el protagonista se yergue valiente, dispuesto a no renunciar a la construcci&#xf3;n no constre&#xf1;ida de su identidad. </p>
			</sec>
		</sec>
		<sec id="sec4" sec-type="conclusions">
			<label>4.</label>
			<title>Conclusiones</title>
			<p>En conclusi&#xf3;n, el miedo en la novela de Miguel &#xc1;ngel Oeste transciende su funci&#xf3;n como motor narrativo para definir al personaje y la trayectoria vital que lo acompa&#xf1;a. Con distintas formas, como sensaci&#xf3;n, personificaci&#xf3;n, virus, enfermedad o encarnado al mismo cuerpo, el miedo se convierte en el gran protagonista de la obra. </p>
			<p>En primer lugar, refleja la angustia existencial y la necesidad de hallar respuestas por parte del ser humano contempor&#xe1;neo. En un mundo fragmentado, globalizado, en el que prima el consumo y la virtualidad, el ser vira hacia s&#xed; mismo para leerse, contarse, comprenderse, hacer las paces y, una vez hallado el sentido, poder liberarse para vincularse al mundo desde su deseada individualidad. </p>
			<p>En segundo, el an&#xe1;lisis de la palabra en que se sustenta la obra nos muestra la moldeabilidad del cuerpo. Se hace texto, acoge en su seno los discursos que le rodean y dialoga con estos para ir performando su identidad. Un cuerpo puramente emocional, encarnado, perdido, y, desde luego, punto central desde el que iniciar y transitar la batalla para liberarse de las cadenas que lo atan. </p>
			<p>Por &#xfa;ltimo, la obra se inserta en una de las tendencias m&#xe1;s acuciadas de la literatura posmoderna, como es la autobiograf&#xed;a. A caballo entre la novela de aprendizaje, el existencialismo, el psicoan&#xe1;lisis y la metaficci&#xf3;n, el autor juega a dibujarse a trav&#xe9;s de un espejo para sanar a su yo real -si es que existe esa diferencia entre los yoes-. Un desdoblamiento que juega a convertir la terapia en escritura. </p>
			<p>La humanidad ha encontrado numerosas herramientas nuevas para resolver los enigmas que le rodean, pero ni siquiera esto ha separado con nitidez los campos de la realidad y la ficci&#xf3;n. Ambos est&#xe1;n conectados por el uso del lenguaje como instrumento de comunicaci&#xf3;n, apunta <xref ref-type="bibr" rid="B35">Merino (2016)</xref>, que menciona los sue&#xf1;os como ejemplo de regi&#xf3;n rayana, en que la &#xfa;nica ley que divide lo real y lo ficticio es la de la confusi&#xf3;n, porque &#xab;nadie podr&#xed;a negar que los sue&#xf1;os forman parte de la realidad, aunque en su presentaci&#xf3;n tengan un aspecto tan claro de ficci&#xf3;n, de imaginaci&#xf3;n desatada e incluso delirante&#xbb; (p. 55). Este autor considera que <italic>El Quijote</italic> de Cervantes aporta nuevas formas de observar la realidad desde la literatura, de manera especial desde lo metaliterario.</p>
			<p>Ni el transcurso del tiempo, ni el avance cient&#xed;fico, ni ninguna otra forma de progreso han resuelto la cuesti&#xf3;n de las relaciones entre ficci&#xf3;n y realidad; al menos, no han podido resolverla con una divisi&#xf3;n de ambos mundos que se demuestre consistente y sea merecedora de consenso. El ser humano contin&#xfa;a necesitando ficci&#xf3;n y literatura, seguramente porque en ellas encuentra explicaciones o reflejos de lo que vive y experimenta, o tal vez recursos para enfrentarse a una realidad que no deja de presentarle misterios.</p>
			<p>En el contexto de la posmodernidad las certezas quedan en suspenso. Es un terreno f&#xe9;rtil para el miedo. La identidad se construye o se busca entre el temor y la incertidumbre, sin referentes a los que agarrarse. La novela de Miguel &#xc1;ngel Oeste, en que la b&#xfa;squeda forma parte de la identidad misma, refleja una posici&#xf3;n posible de la literatura en estas circunstancias. Es all&#xed; donde se puede encontrar un terreno m&#xe1;s firme a pesar del miedo, un lugar donde <italic>ser otro</italic> como recurso para explorar la identidad propia.</p>
			<p>Tal como manifiesta <xref ref-type="bibr" rid="B18">Deleuze (1996)</xref>, &#xab;la literatura se decanta m&#xe1;s bien hacia lo informe, o lo inacabado [&#x2026;]. Escribir es un asunto de devenir, siempre inacabado, siempre en curso, y que desborda cualquier materia vivible o vivida. Es un proceso, es decir un paso de Vida que atraviesa lo vivible y lo vivido&#xbb; (p. 11). Pretender marcar una l&#xed;nea que deje a un lado lo que es real y al otro lo que no es real es un ejercicio tan complejo como improductivo. Ninguno de los dos compartimentos estar&#xed;a nunca cerrado del todo, porque siempre habr&#xe1; algo que sobresalga, que cuestione los l&#xed;mites. As&#xed; funciona la vida o lo que a veces llamamos realidad: nos empe&#xf1;amos en marcar l&#xed;neas y acotarla, pero es algo siempre inacabado. Como expone Deleuze, la literatura nos lo recuerda, mezcl&#xe1;ndose con la vida para desbordarla, reinterpretarla y llenarla de nuevos impulsos.</p>
		</sec>
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	<back>
		<fn-group>
			<title>Nota</title>
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				<label>
					<sup>1</sup>
				</label>
				<p>Este art&#xed;culo se enmarca dentro del Grupo de Investigaci&#xf3;n LECTUNIR (Universidad Internacional de La Rioja).</p>
			</fn>
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			<title>Referencias bibliogr&#xe1;ficas</title>
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					<year>2004</year>
					<source>The Cultural Politics of Emotion</source>
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					<chapter-title>El poder del cuerpo o el sabotaje de lo construido</chapter-title>
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					<article-title>Despersonalizaci&#xf3;n y control social en la sociedad posmoderna</article-title>
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