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				<journal-title>ARBOR Ciencia, Pensamiento y Cultura</journal-title>
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			<issn publication-format="print">0210-1963</issn>
			<issn publication-format="electronic">1988-303X</issn>
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					<subject>Art&#xed;culos</subject>
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				<article-title>Dise&#xf1;o, teor&#xed;as y fechor&#xed;as</article-title>
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					<trans-title>Design, theories and blunders</trans-title>
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						<surname>Fragua Valdivieso</surname>
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					<aff id="aff1a"><institution>Universidad Complutense de Madrid</institution></aff>
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					<license-p>Este es un art&#xed;culo de acceso abierto distribuido bajo los t&#xe9;rminos de la licencia de uso y distribuci&#xf3;n Creative Commons Reconocimiento 4.0 Internacional (CC BY 4.0).</license-p>
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			<self-uri xlink:href="http://arbor.revistas.csic.es/index.php/arbor/article/view/XXXX/XXXX"/>
			<abstract>
				<title>Resumen</title>
				<p> El texto hace una revisi&#xf3;n de las diferentes teor&#xed;as del dise&#xf1;o que han enfrentado a los principales representantes del campo de la est&#xe9;tica durante el siglo XX. Para ello utiliza algunos de los textos te&#xf3;ricos de William Morris, Adolf Loos o Lewis Mumford y los pone en di&#xe1;logo con otros de Theodor W. Adorno y otros representantes de la Escuela de Frankfort. De esta manera buscamos dar respuesta a las preguntas ya cl&#xe1;sicas: &#xbf;arte o dise&#xf1;o?, &#xbf;forma o contenido?, &#xbf;cu&#xe1;l es el valor del dise&#xf1;o?</p>
			</abstract>
			<trans-abstract xml:lang="en">
				<title>Abstract</title>
				<p> The text comments on the different design theories dealt with by the main representatives in the field of aesthetics during the twentieth century. We will contrast some of the theoretical texts by William Morris, Adolf Loos and Lewis Mumford with those by Adorno and other representatives of the Frankfort School. By doing so we will try to answer the classic questions: Art or design? Form or content? What is the value of design?</p>
			</trans-abstract>
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				<kwd>dise&#xf1;o</kwd>
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				<kwd>est&#xe9;tica</kwd>
				<kwd>historia</kwd>
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				<kwd>Design</kwd>
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	<body>
		<sec id="sec1" sec-type="intro">
			<label>1.</label>
			<title>Introducci&#xf3;n</title>
			<p> A lo largo de este art&#xed;culo exploraremos y enfrentaremos las diferentes teor&#xed;as del dise&#xf1;o de mediados del siglo XIX y XX con las propuestas al mismo tiempo en el campo de la est&#xe9;tica. La intenci&#xf3;n final es la de mostrar la dependencia y limitaci&#xf3;n del actual discurso del dise&#xf1;o, desde sus or&#xed;genes como disciplina, al enfrentarlo con las teor&#xed;as que habitualmente pasa por alto. Se pretende aportar una reflexi&#xf3;n que d&#xe9; lugar a nuevas v&#xed;as de discusi&#xf3;n en torno a las preguntas que m&#xe1;s se repiten en la profesi&#xf3;n. </p>
			<p> Analizando estas teor&#xed;as observaremos las posibilidades y las contradicciones de lo que entenderemos como un relato en torno a la disciplina. El inicio de este relato en la profesi&#xf3;n se encuentra en la imposibilidad de identificar su origen materialista, surgido a trav&#xe9;s de la concepci&#xf3;n hist&#xf3;rica marxista, y su dependencia de la teor&#xed;a del arte, conceptual e idealista. Trazaremos este relato a trav&#xe9;s de la obra y los textos de algunas de las figuras m&#xe1;s significativas del dise&#xf1;o para se&#xf1;alar y contraponer sus posturas con las de sus predecesores. </p>
			<p> Comenzaremos con la obra y pensamiento de William Morris (1834-1896), identificado como el principal art&#xed;fice del relato durante el desarrollo de la sociedad industrial. Durante esta primera parte nos limitaremos a su teor&#xed;a por ser la que m&#xe1;s claramente se vincula con las ideas del materialismo hist&#xf3;rico. Pero conviene se&#xf1;alar que otros te&#xf3;ricos posteriores pertenecientes al movimiento Art&amp;Craft muestran caracter&#xed;sticas te&#xf3;ricas similares. Es el caso de dise&#xf1;adores como Christopher Dresser (1834-1904), tambi&#xe9;n interesante en el contexto que vamos a abordar, principalmente por la relaci&#xf3;n que muestran sus escritos con la idea de belleza arm&#xf3;nica. </p>
			<p> Previo a Morris y la Revoluci&#xf3;n Industrial, durante la Edad Media y el Renacimiento, el dise&#xf1;o se sirve del discurso unificador de los oficios y la artesan&#xed;a para dar forma a su propia historia y mitolog&#xed;a: siempre intentando separarse de las artes tradicionales, pero dependiendo de ellas para su evoluci&#xf3;n y diferenciaci&#xf3;n como indican algunos textos cl&#xe1;sicos (<xref ref-type="bibr" rid="B36">Satu&#xe9;, 1988</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="B29">Meggs, 1991</xref>). La historia del dise&#xf1;o aparece en los espacios poco transitados de la historia y la historia del arte, siempre en relaci&#xf3;n con los objetos y su manifestaci&#xf3;n a trav&#xe9;s de la cultura. Al discurso de Morris vamos a contraponer el de Adolf Loos (1870-1933), al ser este uno de los primeros representantes de lo que fue la simplificaci&#xf3;n de las formas. Podr&#xed;amos mencionar tambi&#xe9;n otros representantes del movimiento <italic>Art Nouveau</italic>, del Secesionismo de Viena, etc., pero preferimos limitarnos a los autores donde, creemos, es m&#xe1;s claro identificar esta dicotom&#xed;a. El pensamiento de Adolf Loos entra en confrontaci&#xf3;n con Lewis Mumford (1895-1990), siendo este &#xfa;ltimo uno de los mejores ejemplos de la disputa y mezcla del materialismo e idealismo en la disciplina. </p>
			<p> Para abordar los te&#xf3;ricos de postguerra utilizaremos los textos relacionados con los miembros de la Escuela de Ulm, cuya importancia y peso te&#xf3;rico a menudo se pasa por alto. Tom&#xe1;s Maldonado (1922-2018) es una de las figuras m&#xe1;s significativas para analizar la diferencia entre arte y dise&#xf1;o, desde una perspectiva multidisciplinar. </p>
			<p> Como referencia en el campo de la est&#xe9;tica utilizaremos los textos de algunos de los te&#xf3;ricos que com&#xfa;nmente se identifican como pertenecientes a la Escuela de Frankfurt, Walter Benjamin, Siegfried Kracauer y, principalmente, Theodor W. Adorno. Todos ellos est&#xe1;n entre los mejores representantes del campo de la est&#xe9;tica, el materialismo hist&#xf3;rico y el an&#xe1;lisis sociol&#xf3;gico durante el siglo XX. </p>
			<p> Para concluir, aunque la intenci&#xf3;n de este texto es pensar sobre las teor&#xed;as est&#xe9;ticas del siglo XX, para plantear algunos de los actuales problemas del dise&#xf1;o, mencionaremos brevemente a algunos te&#xf3;ricos contempor&#xe1;neos. No entraremos en detalle a analizar o valorar sus teor&#xed;as. Solo explicaremos por qu&#xe9;, en el marco que proponemos, algunas de esas teor&#xed;as no tienen cabida, sin que esto quiera decir que no sean v&#xe1;lidas en otros. Desde el punto de vista social, e incluso moral, es interesante mencionar a Ezio Manzini (<xref ref-type="bibr" rid="B24">Manzini, 2015</xref>); su aproximaci&#xf3;n a lo social queda, sin embargo, invalidada a trav&#xe9;s de la teor&#xed;a social de Adorno que abordaremos a continuaci&#xf3;n. Lo social, moralmente hablando, no tiene cabida en un marco econ&#xf3;mico porque siempre supone un beneficio personal. En este sentido este texto entrar&#xed;a m&#xe1;s en la l&#xed;nea de lo expuesto, por ejemplo, por Guy Julier. La aproximaci&#xf3;n de este a la teor&#xed;a del dise&#xf1;o es cr&#xed;tica con el mercado, tal y como aqu&#xed; explicamos, insistiendo en las consecuencias que el mercado tiene para la profesi&#xf3;n y la llamada &#xab;cultura del dise&#xf1;o&#xbb; (<xref ref-type="bibr" rid="B17">Julier, 2022, pp. 212-229</xref>). Las aproximaciones desde la escuela de dise&#xf1;o brit&#xe1;nica tambi&#xe9;n son interesantes; sin embargo, estas beben principalmente de la corriente hist&#xf3;rica tradicional y sus metodolog&#xed;as, ampliamente extendidas. Podemos verlo en los textos de Victor Margolin (<xref ref-type="bibr" rid="B26">Margolin, 2005</xref>) en el pasado siglo y su trabajo en los Dessign Issues; en la actualidad podemos seguir esa corriente historiogr&#xe1;fica a partir del enfoque de la historiadora del dise&#xf1;o Penny Sparke (<xref ref-type="bibr" rid="B37">Sparke, 1999</xref>). </p>
			<p> Aunque el enfoque de este texto es hist&#xf3;rico, no trata de seguir una metodolog&#xed;a hist&#xf3;rica descriptiva, sino est&#xe9;tica. La intenci&#xf3;n es mostrar la dependencia idealista del materialismo hist&#xf3;rico que condiciona el relato en torno al dise&#xf1;o como disciplina. Proponemos un recorrido general y, por lo tanto, una interpretaci&#xf3;n parcialmente sesgada a los problemas: forma y contenido, artista o dise&#xf1;ador, arte y t&#xe9;cnica o el valor del dise&#xf1;o, contraponiendo las ideas de te&#xf3;ricos concretos del dise&#xf1;o con las teor&#xed;as est&#xe9;ticas de los primeros autores de la Escuela de Frankfort. Pretendemos as&#xed; combatir el relato tradicional ofreciendo una reflexi&#xf3;n y justificaci&#xf3;n te&#xf3;rica a una disciplina que se enorgullece de ser principalmente pr&#xe1;ctica, perdiendo as&#xed; parad&#xf3;jicamente su legitimidad.</p>
		</sec>
		<sec id="sec2">
			<label>2.</label>
			<title>M&#xed;mesis idealista y origen de la disputa</title>
			<p> Para entender la aproximaci&#xf3;n de William Morris conviene hacer una breve menci&#xf3;n a la tradici&#xf3;n escol&#xe1;stica medieval y su manera de concebir los objetos y la forma. A trav&#xe9;s de esta Morris estableci&#xf3; el relato que dio forma a sus objetos. Separ&#xf3; sin embargo la concepci&#xf3;n de la &#xe9;poca del objeto en s&#xed;, identificando a este como algo independiente de la idea que lo form&#xf3;. Esta diferencia, que los dise&#xf1;adores entendemos como la pol&#xe9;mica entre la forma y el contenido, se identifica con la cl&#xe1;sica disputa entre el idealismo y el materialismo. Es decir, entre la concepci&#xf3;n del mundo a trav&#xe9;s de las ideas, para las que el mundo material es un reflejo de estas, y la concepci&#xf3;n del mundo a trav&#xe9;s de los objetos y su relaci&#xf3;n con las personas, que condiciona las ideas. </p>
			<p> La preferencia por el idealismo y la cr&#xed;tica al materialismo a trav&#xe9;s del objeto fue definida en la corriente escol&#xe1;stica tradicional por San Agust&#xed;n a trav&#xe9;s de la teolog&#xed;a. San Agust&#xed;n se referir&#xe1; a esta dicotom&#xed;a diciendo que &#xab;entre los hombres hay quienes a la luz del sol eligen los objetos&#xbb; (<xref ref-type="bibr" rid="B35">San Agust&#xed;n, II: 142</xref>). Frente &#xab;a la luz del sol&#xbb;, en sentido teol&#xf3;gico asociada con Dios, la idea de que &#xc9;l est&#xe1; y es esa luz, est&#xe1;n quienes &#xab;eligen los objetos&#xbb;, que a su vez est&#xe1;n iluminados por ella y no ser&#xed;an sin su luz. Se da una preferencia a la idea que hace surgir e ilumina los objetos. La contraposici&#xf3;n es que los objetos sean, y en base a ellos, formar la idea. La escol&#xe1;stica asocia esta divisi&#xf3;n con el comportamiento a trav&#xe9;s de las pulsiones, las necesidades y los deseos humanos. </p>
			<p> La disputa continu&#xf3; presente durante todo el per&#xed;odo medieval, asociando la belleza arm&#xf3;nica con Dios, como ideal de esa perfecci&#xf3;n. Aclaremos, sin embargo, que la idea de la belleza arm&#xf3;nica es muy anterior a la concepci&#xf3;n medieval y tiene su origen en autores de la Grecia cl&#xe1;sica, principalmente Pit&#xe1;goras y Plant&#xf3;n (<xref ref-type="bibr" rid="B38">Temple, 1985, pp. 23, 48-78</xref>). Es tambi&#xe9;n a trav&#xe9;s de estos autores cl&#xe1;sicos como se recuper&#xf3; la idea de belleza y asoci&#xf3;, posteriormente, con la geometr&#xed;a y, por consiguiente, con disciplinas como la arquitectura y el dise&#xf1;o durante el per&#xed;odo medieval y posterior. Tambi&#xe9;n parte de los movimientos de abstracci&#xf3;n del siglo XX se ver&#xe1;n influenciados por estos conceptos (<xref ref-type="bibr" rid="B14">Fragua, 2021, pp. 106-107</xref>). Es interesante analizar c&#xf3;mo esto condicion&#xf3; la publicaci&#xf3;n de manuales arquitect&#xf3;nicos, tipogr&#xe1;ficos, anat&#xf3;micos, etc.<xref ref-type="fn" rid="fn1">
					<sup>1</sup>
				</xref> que fueron las bases de una parte del dise&#xf1;o durante el Renacimiento. La proyecci&#xf3;n de ese ideal de belleza arm&#xf3;nico comenz&#xf3; a manifestarse, en sentido t&#xe9;cnico, en la forma de los objetos y sus proporciones. </p>
			<p> Apreciamos la aproximaci&#xf3;n a la forma idealista de entender la problem&#xe1;tica de la pregunta sobre la forma y el contenido como consecuencia del proceso hist&#xf3;rico. Entender que es a trav&#xe9;s de la idea de Dios por lo que se concibe la proporci&#xf3;n y armon&#xed;a en los objetos (<xref ref-type="bibr" rid="B12">Eco, 2012, p. 214</xref>), que la idea condiciona la forma, es lo opuesto a entender que el objeto es la manifestaci&#xf3;n social e hist&#xf3;rica de un proceso t&#xe9;cnico y surge para reafirmar esa idea. </p>
		</sec>
		<sec id="sec3" sec-type="materials">
			<label>3.</label>
			<title>El idealismo de William Morris y el materialismo Adolf Loos</title>
			<p> Consideramos a William Morris como unos de los primeros dise&#xf1;adores que se ajusta a lo que entendemos actualmente como tal. Esta consideraci&#xf3;n se basa, por un lado, en el contexto de su producci&#xf3;n en la nueva sociedad industrial y por otro en la creaci&#xf3;n de un relato en torno al objeto. Relato que justifica su creaci&#xf3;n y descontextualizaci&#xf3;n, al que se a&#xf1;ade el uso de determinadas formas de producci&#xf3;n que lo diferencian de otros. Es en el relato donde se encuentra la parte idealista de la disciplina, que parad&#xf3;jicamente no puede entenderse si no es desde un punto de vista materialista. </p>
			<p> La concepci&#xf3;n del objeto de Morris durante el siglo XIX pretend&#xed;a huir de la producci&#xf3;n en masa criticada por aquellos cercanos al marxismo. En su aproximaci&#xf3;n estaba presente la idea fetiche marxista que conceb&#xed;a el objeto como imitaci&#xf3;n de los de la Edad Media (<xref ref-type="bibr" rid="B5">Adorno, 1983, p. 38</xref>). Esos objetos, desde libros hasta mobiliario, que pretend&#xed;an ser una alternativa de calidad para los proletarios, adquirieron su propio estatus social independiz&#xe1;ndose de la voluntad de Morris. La idea condicion&#xf3; la forma generando el relato, igual que la teolog&#xed;a condicion&#xf3; la idea de belleza defini&#xe9;ndola como arm&#xf3;nica. El conjunto social y econ&#xf3;mico que determin&#xf3; la decisi&#xf3;n de recurrir a &#xe9;pocas pasadas qued&#xf3; invalidado por la mera repetici&#xf3;n (<xref ref-type="bibr" rid="B6">Adorno, 2007, p. 36</xref>). Morris eligi&#xf3; imitar una forma hist&#xf3;rica condicionado por su entorno social, pero el car&#xe1;cter fetichista del objeto independizado de su voluntad hizo de la idea lo determinante para la forma (<xref ref-type="bibr" rid="B5">Adorno, 1983, p. 28</xref>). Una forma hist&#xf3;rica a la que, sustra&#xed;da de su contexto social, se dot&#xf3; de un nuevo relato basado no ya en la forma, sino en la idea.</p>
			<p> Para William Morris era relevante la calidad del objeto y la relaci&#xf3;n de este con la sociedad. Recurri&#xf3;, influenciado por el movimiento prerrafaelita, a la idea rom&#xe1;ntica de la artesan&#xed;a y su recuperaci&#xf3;n en la entonces nueva sociedad industrial. Rechazaba el objeto artesanal porque ya estaba unido socialmente a la idea de mercanc&#xed;a. Encontr&#xf3; una justificaci&#xf3;n para su producci&#xf3;n a trav&#xe9;s de la corriente econ&#xf3;mica de la &#xe9;poca, pero tambi&#xe9;n necesit&#xf3; construir un relato alrededor del objeto para diferenciarlo. El marxismo salv&#xf3; a Morris de la ideolog&#xed;a, pero no de la utop&#xed;a. Produc&#xed;a para los trabajadores, pero estos no pod&#xed;an permitirse sus productos. Contradiciendo la famosa definici&#xf3;n de ideolog&#xed;a marxista: &#xab;no saben lo que hacen, pero aun as&#xed; lo hacen&#xbb; (<xref ref-type="bibr" rid="B27">Marx, 1967, p. 77</xref>), Morris sab&#xed;a lo que hac&#xed;a, y por eso lo hac&#xed;a. Pero no sab&#xed;a para qui&#xe9;n lo hac&#xed;a.</p>
			<p> Pese a esta parad&#xf3;jica contradicci&#xf3;n, Morris tuvo una aproximaci&#xf3;n hist&#xf3;rica a medio camino entre ambas corrientes. Estando fuertemente influenciado por el materialismo hist&#xf3;rico marxista, continu&#xf3; concibiendo la historia de forma epistemol&#xf3;gica, como historia de las ideas. Vio el l&#xed;mite que ten&#xed;a esa concepci&#xf3;n y, de la misma forma que antes se apelaba a la idea de Dios, Morris hizo lo propio con la moral del investigador. En su texto de 1884 <italic>Arquitectura e historia</italic> expuso que: </p>
			<disp-quote>
				<p> &#xab;[&#x2026;] ni siquiera los libros pod&#xed;an comunicar los vastos tesoros de conocimiento del pasado que conten&#xed;an para quienes lo abordaban con un m&#xe9;todo de investigaci&#xf3;n hist&#xf3;rica, si bien es cierto que la mayor parte de esas obras se hab&#xed;an escrito con un objetivo diferente del de ofrecer simples informaciones a quienes vinieran despu&#xe9;s. En el mejor de los casos, sus autores se ve&#xed;an obligados a contemplar la vida con los anteojos que les impon&#xed;a la moral convencional de su propia &#xe9;poca; en el peor, no eran otra cosa que serviles aduladores a sueldo de los poderes establecidos&#xbb; (<xref ref-type="bibr" rid="B30">Morris, 2016, p. 24</xref>). </p>
			</disp-quote>
			<p> Morris identific&#xf3; el problema a la hora de entender la historia como un proceso dial&#xe9;ctico entre las voces que la compon&#xed;an y las que la le&#xed;an. Una falta de rigor que solo se pod&#xed;a superar a trav&#xe9;s de la moral. Sin embargo, tambi&#xe9;n identific&#xf3; la soluci&#xf3;n a trav&#xe9;s del materialismo: &#xab;Ahora se estudian con una profunda simpat&#xed;a sus metas m&#xe1;s o menos conscientes, que contemplamos desde los restos y los errores contempor&#xe1;neos, de los que -por desgracia- estamos tomando conciencia muy a nuestro pesar&#xbb; (<xref ref-type="bibr" rid="B30">Morris, 2016, p. 25</xref>). Ya no se entiende el proceso hist&#xf3;rico &#xfa;nicamente a trav&#xe9;s de lo escrito, sino a trav&#xe9;s de sus restos. A trav&#xe9;s de los objetos. Idea que confront&#xf3; Walter Benjamin.</p>
			<p> En su cr&#xed;tica al acaparador de mercanc&#xed;as como uno de los grandes problemas de la sociedad (<xref ref-type="bibr" rid="B30">Morris, 2016, p. 33</xref>) no ve la contradicci&#xf3;n con la teor&#xed;a marxista. Morris no identific&#xf3; que &#xe9;l establec&#xed;a el valor de su mercanc&#xed;a en base a un algo no cuantificable y excepcional que contradec&#xed;a al propio mercado. Utiliz&#xf3; medios tradicionales y bas&#xf3; en eso su producci&#xf3;n. Aument&#xf3; el tiempo necesario de trabajo y, por ello, el precio para unos objetos que ya exist&#xed;an en forma de mercanc&#xed;a. Ya hab&#xed;a formas m&#xe1;s baratas de producirlos y estableci&#xf3; la diferencia en el relato del objeto como parte fundamental del mismo. As&#xed; surge el factor &#xab;dise&#xf1;o&#xbb; en la sociedad industrial, como a&#xf1;adido. Cuando no es funcional, no a&#xf1;ade valor econ&#xf3;mico al objeto producido, sino valor social. No puede establecerse en el mercado si no es elev&#xe1;ndose como fetiche en sustituci&#xf3;n de un deseo innato que hoy, como entonces, se reintegra en la cultura. En su caso el relato giraba en torno a la artesan&#xed;a como estandarte de la lucha contra la industrializaci&#xf3;n y salvaci&#xf3;n del proletariado. No es &#xfa;nicamente, como dir&#xed;a Adorno, que &#xab;lo que se comporta como si destruyera los fetiches destruye &#xfa;nicamente las condiciones para percibirlos como fetiches&#xbb; (<xref ref-type="bibr" rid="B1">Adorno, 1970, p. 88</xref>), sino que es en su total rechazo al proceso hist&#xf3;rico donde estos se legitiman y reintegran en la cultura. </p>
			<p>La construcci&#xf3;n idealista del objeto a lo largo del siglo XIX fue lo que critic&#xf3; m&#xe1;s tarde el arquitecto <xref ref-type="bibr" rid="B22">Adolf Loos (1913)</xref>. Aquello que es irrelevante para el objeto en sentido funcional, el ornamento, se manifiesta no solo en su aspecto material, sino tambi&#xe9;n en la construcci&#xf3;n de su relato. Este relato es inherente e inseparable del objeto y forma parte de su valor social y, por lo tanto, econ&#xf3;mico. Es decir, su valor cultural. Toda manifestaci&#xf3;n cultural entendida a trav&#xe9;s los objetos de una &#xe9;poca es el ornamento de la &#xe9;poca, incluso la falta de este. A partir del objeto y sus caracter&#xed;sticas se reconstruye el relato. En su concepci&#xf3;n idealista, el relato de una &#xe9;poca determina su construcci&#xf3;n y la identificaci&#xf3;n del objeto y el sujeto con la corriente a la que se adhieren. </p>
			<p> No pudiendo diferenciar entre artista, dise&#xf1;ador y artesano, Loos estableci&#xf3; una cr&#xed;tica a la individualidad: &#xab;los rizos de artista, el cuello de terciopelo y los ademanes afectados no tienen nada que ver con el arte. De estas artima&#xf1;as solo se sirven los artistas que no lo son&#xbb; (<xref ref-type="bibr" rid="B23">Loos, 2018, p. 106</xref>). Describe un estado est&#xe9;tico que se manifiesta en el sujeto como ornamento en funci&#xf3;n del contexto cultural. Una noci&#xf3;n ya presente en Kierkegaard e identificada por Adorno respecto a los estados del hombre (<xref ref-type="bibr" rid="B19">Kierkegaard, 2011 p. 47</xref>). El artista y, por falta de diferenciaci&#xf3;n en la construcci&#xf3;n de su relato, el dise&#xf1;ador, se identifican con el estadio est&#xe9;tico a trav&#xe9;s de su personalidad idealista. Actitud que el &#xfa;ltimo utiliza para identificarse en el contexto cultural de la &#xe9;poca en la que vive, en relaci&#xf3;n con los objetos que crea (artista, dise&#xf1;ador o artesano), en funci&#xf3;n de c&#xf3;mo los crea (t&#xe9;cnica), en el por qu&#xe9; los crea (necesidad) y en base a qu&#xe9; los crea (influencia hist&#xf3;rica) (<xref ref-type="bibr" rid="B4">Adorno, 1979, p. 22-23</xref>)<xref ref-type="fn" rid="fn2">
					<sup>2</sup>
				</xref>. Esa identidad que forman a trav&#xe9;s del contexto social al que se adhieren, en palabras de Adorno, se convierte en ideolog&#xed;a (<xref ref-type="bibr" rid="B1">Adorno, 1970, p. 144</xref>). </p>
			<p> En la aparente contradicci&#xf3;n entre c&#xf3;mo entendieron la producci&#xf3;n William Morris y Adolf Loos, se identifica la diferencia en la forma de entender el proceso hist&#xf3;rico. Para Morris, la lucha contra la p&#xe9;rdida de calidad de los productos dio lugar a una utop&#xed;a idealista basada en la recuperaci&#xf3;n de las formas hist&#xf3;ricas. Estableciendo estas formas y sus caracter&#xed;sticas no solo lo que Loos llama ornamento en un sentido material, sino tambi&#xe9;n el relato asociado al objeto. Morris establece el valor econ&#xf3;mico del objeto en base a la moral marxista, no en base a la realidad social. No es consciente de que &#xab;[&#x2026;] el capital, en vez de ser una cosa, es una relaci&#xf3;n social entre personas, relaci&#xf3;n social que se establece a trav&#xe9;s de cosas&#xbb; (<xref ref-type="bibr" rid="B27">Marx, 1967, p. 816</xref>). Por lo tanto, el valor social y el econ&#xf3;mico ser&#xe1;n indisociables. El ornamento medieval, como relato hist&#xf3;rico, excluy&#xf3; lo social de la relaci&#xf3;n entre los objetos y las personas. Estas no se pod&#xed;an relacionar individualmente con el objeto a no ser que el objeto las excluyera y actuase como fetiche social. La aproximaci&#xf3;n hist&#xf3;rica en t&#xe9;rminos adornianos ha de entenderse como reflexi&#xf3;n, no como copia. Esta idea que expone Adorno en su teor&#xed;a est&#xe9;tica se podr&#xed;a resumir con la frase: no hay innovaci&#xf3;n est&#xe9;tica sin reflexi&#xf3;n hist&#xf3;rica; haciendo &#xe9;nfasis en la reflexi&#xf3;n como forma de emancipaci&#xf3;n de los relatos hist&#xf3;ricos establecidos (<xref ref-type="bibr" rid="B5">Adorno, 1983, p. 36</xref>). </p>
			<p> Para Loos, la recuperaci&#xf3;n de estas formas medievales supon&#xed;a un s&#xed;ntoma m&#xe1;s de la decadencia cultural, e intent&#xf3; separarlas utilizando el relato de la modernidad &#xab;si no hubiera ning&#xfa;n tipo de ornamento, situaci&#xf3;n que a lo mejor no se dar&#xe1; hasta dentro de miles de a&#xf1;os, el hombre, en vez de tener que trabajar ocho horas, podr&#xed;a trabajar s&#xf3;lo cuatro, ya que la mitad del trabajo se va, a&#xfa;n hoy en d&#xed;a, en realizar ornamentos&#xbb; (<xref ref-type="bibr" rid="B22">Loos, 1913</xref>).</p>
			<p> No fue un choque entre distintas posturas econ&#xf3;micas. La diferencia estaba en la forma de entender c&#xf3;mo recuperar las formas medievales. Un proceso que legitimaba y repet&#xed;a el proceso hist&#xf3;rico, en vez de innovarlo. </p>
			<p> Existe otra contradicci&#xf3;n entre el marxismo de Morris, de corte materialista, y su adscripci&#xf3;n al idealismo a la hora de producir sus objetos. Es esta condici&#xf3;n, expuesta en las tesis sobre la historia de Walter Benjamin como cr&#xed;tica al materialismo hist&#xf3;rico, la que hace fracasar su propuesta. Siendo tambi&#xe9;n la postura que se opone a Loos. En la primera de las tesis Walter Benjamin identifica al &#xab;enano teol&#xf3;gico&#xbb; que se esconde dentro del &#xab;invicto aut&#xf3;mata materialista&#xbb; (<xref ref-type="bibr" rid="B8">Benjamin, 2005</xref>). Es la peque&#xf1;a idea rom&#xe1;ntica que se esconde dentro de Morris y su producci&#xf3;n lo que conduce al utopismo que su pol&#xed;tica rechaza y al mismo tiempo incentiva. El mismo &#xab;enano&#xbb; que Loos crey&#xf3; identificar y combatir como ornamento. A trav&#xe9;s de estos discursos mesi&#xe1;nicos, como los llam&#xf3; Benjamin, se da la sustituci&#xf3;n del vac&#xed;o que dej&#xf3; la secularizaci&#xf3;n durante el siglo XIX, desde Hegel hasta Nietzsche, y que finalmente se convirti&#xf3; en la base de la cultura que se desarrolla a lo largo del siglo XX. Arte y t&#xe9;cnica ocupar&#xe1;n una nueva cara de la dicotom&#xed;a idealista y materialista. Un relato que sustituy&#xf3; a otro (<xref ref-type="bibr" rid="B40">&#x17d;i&#x17e;ek, 2000, pp. 38-40</xref>). </p>
			<p> La defensa al artesano de Loos no estaba relacionada con la recuperaci&#xf3;n del proceso hist&#xf3;rico o la conservaci&#xf3;n del mismo: </p>
			<disp-quote>
				<p> &#xab;A un artesano no hay que presionarlo jam&#xe1;s en los precios, todo lo que conseguir&#xe1; es que le d&#xe9; un material de peor calidad o que le haga una chapuza. Mejor dele siempre algo m&#xe1;s de lo que pide, un poquito m&#xe1;s: usted recibir&#xe1; un trato mil veces mejor, y &#xe9;l trabajar&#xe1; mucho m&#xe1;s contento porque se siente reconocido [&#x2026;]&#xbb; (<xref ref-type="bibr" rid="B23">Loos, 2018, p. 83</xref>). </p>
			</disp-quote>
			<p> Esta cuesti&#xf3;n entr&#xf3; en contradicci&#xf3;n con otro de los te&#xf3;ricos de principios del siglo XX, Lewis Mumford. La concepci&#xf3;n de la forma de Loos y su rechazo al ornamento como relato asociado a la misma, le llev&#xf3; a renegar total e inevitablemente de la manifestaci&#xf3;n idealista del proceso hist&#xf3;rico a trav&#xe9;s de la conservaci&#xf3;n de la tradici&#xf3;n. En su texto m&#xe1;s famoso dice que: &#xab;El estado austr&#xed;aco se tom&#xf3; tan en serio su trabajo que se preocup&#xf3; de que las polainas de pa&#xf1;o no desapareciesen del territorio de la monarqu&#xed;a austroh&#xfa;ngara. Oblig&#xf3; a todo hombre culto mayor de veinte a&#xf1;os a llevar durante tres a&#xf1;os polainas en lugar de calzado eficiente&#xbb; (<xref ref-type="bibr" rid="B22">Loos, 1913</xref>).</p>
			<p> Cre&#xed;a que, a trav&#xe9;s de la recuperaci&#xf3;n y conservaci&#xf3;n de las formas del pasado, ornamentales a la cultura de su tiempo y al objeto descontextualizado que producen, se creaba un verdadero prejuicio para la sociedad. Porque la relaci&#xf3;n entre el objeto y la persona no se producir&#xed;a al estar el primero abstra&#xed;do del presente. Las principales diferencias se reducen a la forma de entender de nuevo la recuperaci&#xf3;n de los objetos y la influencia de esa recuperaci&#xf3;n en el contexto social. Algo expuesto tambi&#xe9;n por Harold Bloom e identificado a trav&#xe9;s del proceso hist&#xf3;rico como influencia: </p>
			<disp-quote>
				<p> &#xab;[&#x2026;] la ansiedad de la influencia no tiene que ver tanto con el precursor, sino que es una ansiedad que tiene lugar en y por medio de la historia [&#x2026;] la ansiedad de la influencia es el resultado de un acto complejo de malinterpretaci&#xf3;n fuerte, una interpretaci&#xf3;n creativa [&#x2026;]&#xbb; (<xref ref-type="bibr" rid="B9">Bloom, 1973, p. 25</xref>)</p>
			</disp-quote>
			<p> Esta interpretaci&#xf3;n hist&#xf3;rica es creativa en cuanto que separa la forma que influye en el presente, de la que se manifiesta en &#xe9;l. Para Mumford, idealista ut&#xf3;pico, la influencia hist&#xf3;rica deb&#xed;a conservarse para aplicarse en la pr&#xe1;ctica moderna. Al contrario que Loos, entend&#xed;a que el proceso deb&#xed;a hacerse de forma local. Incentivando y recuperando la artesan&#xed;a tradicional. Solo as&#xed; la experiencia est&#xe9;tica reforzar&#xed;a la idea de comunidad, suponiendo que es en esta donde se refuerza la personalidad creativa individual. </p>
		</sec>
		<sec id="sec4">
			<label>4.</label>
			<title>Mumford y Kracauer: individualidad y pertenencia al grupo de las ideas</title>
			<p> Lewis Mumford crey&#xf3; posible la reforma social a partir de la planificaci&#xf3;n urbana. Sus referencias a la hora de construir una sociedad igualitaria pasaban, como en el caso de William Morris, por la recuperaci&#xf3;n hist&#xf3;rica. Para Mumford la recuperaci&#xf3;n de la forma hist&#xf3;rica es contraria a la forma org&#xe1;nica, porque la forma org&#xe1;nica vive en el presente adecu&#xe1;ndose a la situaci&#xf3;n. Esto fue criticado de su modelo de ciudad, que fue entendido como ut&#xf3;pico desde el propio marxismo (<xref ref-type="bibr" rid="B31">Mumford, 2014, pp. 9, 11, 18</xref>). Su intenci&#xf3;n de unir lo rural con lo urbano, lo artesanal con lo funcional y el presente con el pasado, ignoraba lo social; en t&#xe9;rminos marxistas, la lucha entre clases. Igual que Morris, ignor&#xf3; que el sujeto al igual que el objeto, condiciona y est&#xe1; condicionado por el conjunto social, compuesto por un grupo heterog&#xe9;neo de personas. Solo conociendo la relaci&#xf3;n social con los objetos, podemos innovar de forma individual en su creaci&#xf3;n. </p>
			<p> Destaca tambi&#xe9;n en la concepci&#xf3;n social de Mumford la cuesti&#xf3;n teol&#xf3;gica totalitaria, rasgo que comparte con otros te&#xf3;ricos analizados (<xref ref-type="bibr" rid="B31">Mumford, 2014, pp. 21-22</xref>). Esta concepci&#xf3;n nos remite a las tesis de Walter Benjamin, de nuevo como cr&#xed;tica al materialismo hist&#xf3;rico. La intenci&#xf3;n de Mumford de fundar un programa de humanidades en la Universidad de Stanford, supon&#xed;a por un lado la repetici&#xf3;n del relato hist&#xf3;rico como doctrina, y por otro la acci&#xf3;n mesi&#xe1;nica necesaria para el cumplimiento de las tesis materialistas al ser un relato condicionado por su propia perspectiva. Es en esa perspectiva donde el car&#xe1;cter mesi&#xe1;nico materialista se manifiesta como el sacrificio dial&#xe9;ctico idealista. </p>
			<p> Con Mumford comenzamos a apreciar m&#xe1;s acusadamente el problema del idealismo y el materialismo relacionado con la creaci&#xf3;n de objetos. Entendiendo la problem&#xe1;tica como un rasgo social que se manifiesta de forma individual. Vemos esta dualidad como el origen del problema de diferenciaci&#xf3;n del arte y el dise&#xf1;o. En <italic>Arte y T&#xe9;cnica</italic> dijo sobre el arte que: </p>
			<disp-quote>
				<p> &#xab;[&#x2026;] el hombre construye un caparaz&#xf3;n que sobrevive a la criatura que lo habit&#xf3; en un principio, y que anima a otros hombres a responder de manera similar y a realizar actos de creatividad semejantes, de modo que, con el paso del tiempo, todas las partes del mundo llevan alguna huella de la personalidad humana&#xbb; (<xref ref-type="bibr" rid="B31">Mumford, 2014, p. 180</xref>).</p>
			</disp-quote>
			<p> As&#xed; se entiende que los restos de la humanidad tienen una correspondencia teleol&#xf3;gica que condiciona la historia, no a trav&#xe9;s de sus formas, sino de sus ideas. Estos restos son por tanto el resultado de la personalidad de los individuos, y se refleja en los objetos; son el esp&#xed;ritu de la obra. Sin embargo, este esp&#xed;ritu no se puede apreciar sino mediante su forma, que es lo que perdura. Independiente del objeto, el esp&#xed;ritu no es sino el relato en el dise&#xf1;o, el ornamento o el fetiche, del que solo se desprende mediante su identificaci&#xf3;n (<xref ref-type="bibr" rid="B5">Adorno, 1983, p. 120</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="B2">Adorno, 1977a, p. 11</xref>; <xref ref-type="bibr" rid="B1">Adorno, 1970, p. 11</xref>). Como arte, el esp&#xed;ritu constituye el propio objeto en su condici&#xf3;n simb&#xf3;lica (<xref ref-type="bibr" rid="B9">Adorno, 1983, p. 242</xref>). La forma del objeto var&#xed;a en funci&#xf3;n del resto hist&#xf3;rico y el contexto social, nunca personal. Las relaciones entre los objetos y las personas &#xfa;nicamente las podemos conocer a trav&#xe9;s de la sociedad en la que estas viv&#xed;an. Los usos y relaciones individuales no son sino la fetichizaci&#xf3;n del mismo objeto y la mitificaci&#xf3;n social del sujeto que alimenta el relato. Entender estos usos individuales como valiosas excepciones que provocan un cambio sustancial forma parte tambi&#xe9;n de esa barbarie a la que los te&#xf3;ricos del siglo XX hac&#xed;an referencia. Toda manifestaci&#xf3;n cultural vista de forma individual y no social y colectiva, presupone el sacrificio del individuo por la idea (acto mesi&#xe1;nico benjaminiano). Al mismo tiempo, supone la barbarie de la sociedad que, no solo lo ha aceptado, sino a trav&#xe9;s de la cual la idea individual ha perdurado (<xref ref-type="bibr" rid="B8">Benjamin, 2005, pp. 15, 23</xref>). En &#xfa;ltimo t&#xe9;rmino para estos te&#xf3;ricos la barbarie dio lugar al fascismo como consecuencia del capitalismo (<xref ref-type="bibr" rid="B32">M&#xfc;ller-Doohm, 2005, p. 200</xref>). </p>
			<p> La condici&#xf3;n de individualidad no solo afecta a la creaci&#xf3;n del objeto, sino tambi&#xe9;n a la concepci&#xf3;n del mismo por el grupo. Siegfried Kracauer entendi&#xf3; dos posibilidades en el desarrollo de la idea. Por un lado, est&#xe1; la idea autoritaria que modela y somete al conjunto. Por otro la individualista, que acaba diluy&#xe9;ndose en el grupo cuando estos dejan de darle importancia (<xref ref-type="bibr" rid="B21">Kracauer, 2008b, pp. 22-53</xref>). En ambas, el generador de la idea se desaparece en el grupo. </p>
			<p> A lo largo de este texto hemos podido observar el individualismo de las ideas de estos te&#xf3;ricos. El idealismo, como concepci&#xf3;n epistemol&#xf3;gica de la historia, siempre conlleva la concepci&#xf3;n individual de un sujeto. Es en esa concepci&#xf3;n, donde se encuentra el rasgo mesi&#xe1;nico de su sacrificio, cuando el grupo adopta esa idea para modificarla de nuevo. Sin embargo, el individuo parte de la idea que modela el grupo para emanciparse de ella. En los casos de los que hemos hablado, todos ellos parten de la ruptura con el conjunto ideol&#xf3;gico y econ&#xf3;mico de su contexto social. Ruptura con el marxismo, con el cristianismo y con el capitalismo. Tradici&#xf3;n contra modernidad. Idealismo frente a materialismo. Esta relaci&#xf3;n se convierte de nuevo en una paradoja donde los objetos se convierten en la prueba y la condici&#xf3;n para ello. A trav&#xe9;s de los objetos un grupo resiste frente otro, convirti&#xe9;ndose en la prueba y validez de su repetici&#xf3;n. La condici&#xf3;n materialista supone necesariamente un enfrentamiento que supera la propia dial&#xe9;ctica del conflicto, para alzarse y confirmarse con el estigma de lo aut&#xe9;ntico, lo que ser&#xe1; historia (<xref ref-type="bibr" rid="B21">Kracauer, 2008b, p. 38</xref>).</p>
			<p> En Mumford la realidad hist&#xf3;rica es vital en la concepci&#xf3;n del s&#xed;mbolo como su manifestaci&#xf3;n. Plantea el problema de la lectura de los s&#xed;mbolos del pasado, y la ut&#xf3;pica interpretaci&#xf3;n de estos, para el control del futuro. Es decir, el s&#xed;mbolo, como idea, se manifiesta a trav&#xe9;s de un objeto, art&#xed;stico o no. Interpret&#xe1;ndolos podemos entender el pasado y prever el futuro:</p>
			<disp-quote>
				<p> &#xab;[&#x2026;] la funci&#xf3;n simb&#xf3;lica comienza mediante la expresi&#xf3;n de estados interiores, como exteriorizaci&#xf3;n y proyecci&#xf3;n de actitudes y de deseos [&#x2026;] Con la ayuda del s&#xed;mbolo el hombre no solo uni&#xf3; el tiempo pasado con el presente, sino que tambi&#xe9;n uni&#xf3; el tiempo presente con las posibilidades ideales que a&#xfa;n estaban por surgir en el futuro [&#x2026;]&#xbb; (<xref ref-type="bibr" rid="B31">Mumford, 2014, p. 14</xref>). </p>
			</disp-quote>
			<p> El s&#xed;mbolo es para Munford lo mediado, a trav&#xe9;s del cual el hombre accede al conocimiento sensible (<xref ref-type="bibr" rid="B31">Mumford, 2014, p. 53</xref>). Esta concepci&#xf3;n idealista del arte ya la identifica Adorno en Kant.<xref ref-type="fn" rid="fn3">
					<sup>3</sup>
				</xref> Los objetos, como manifestaci&#xf3;n de los s&#xed;mbolos, se entienden como arte a trav&#xe9;s de la impresi&#xf3;n mediada de quien lo contempla (<xref ref-type="bibr" rid="B5">Adorno, 1983, p. 22</xref>). No es &#xfa;nicamente que el sujeto se perciba a s&#xed; mismo en el objeto a trav&#xe9;s de la impresi&#xf3;n simb&#xf3;lica que lo mitifica y fetichiza, convirtiendo la impresi&#xf3;n en ideolog&#xed;a social, sino que es en la propia forma del objeto y a trav&#xe9;s de ella donde la impresi&#xf3;n se manifiesta. Siendo por lo tanto imprescindible en su condici&#xf3;n material como s&#xed;mbolo (<xref ref-type="bibr" rid="B5">Adorno, 1983, pp. 95, 195</xref>).</p>
			<p> Para Mumford, como para cualquier idealista, el nivel simb&#xf3;lico del arte evoca sentimiento personal. Establece la diferencia entre el arte y la t&#xe9;cnica en la capacidad del s&#xed;mbolo como apreciaci&#xf3;n de esa conciencia humana individual. La t&#xe9;cnica es la ausencia de esa personalidad en el objeto. Sin embargo, toda manifestaci&#xf3;n, ya sea arte o t&#xe9;cnica, seg&#xfa;n sus t&#xe9;rminos, es determinada simb&#xf3;licamente por el contexto social. En caso contrario resultar&#xed;a extra&#xf1;o presuponer un mismo sentimiento o el mero sentimiento a la obra u objeto, y la ausencia de este le arrebatar&#xed;a la propia condici&#xf3;n de arte (<xref ref-type="bibr" rid="B31">Mumford, 2014, p. 54</xref>). La condici&#xf3;n kantiana de lo bello como juicio universal es imposible por el mero contexto social del objeto (<xref ref-type="bibr" rid="B18">Kant, 2013, p. 146</xref>). Arte y t&#xe9;cnica quedan por tanto de nuevo indiferenciados. </p>
		</sec>
		<sec id="sec5">
			<label>5.</label>
			<title>Ruptura arm&#xf3;nica: la escuela de ulm y adorno</title>
			<p> Mumford entend&#xed;a el arte como &#xab;signo manifiesto de un estado interior de gracia y armon&#xed;a, de percepci&#xf3;n exquisita y sentimiento avivado, concentrado e intensificado por la forma misma en que el artista lo plasma&#xbb; (<xref ref-type="bibr" rid="B31">Mumford, 2014, p. 56</xref>). Ya hemos observado al comienzo esta concepci&#xf3;n idealista propia de la corriente escol&#xe1;stica de la que surge. Tiene un papel central en la concepci&#xf3;n art&#xed;stica a partir de Kant, donde el propio gusto se encuentra en armon&#xed;a con el objeto (<xref ref-type="bibr" rid="B28">Marzoa, 1987, pp. 89-90</xref>).</p>
			<p> La condici&#xf3;n arm&#xf3;nica tambi&#xe9;n se manifest&#xf3; en la vertiente gr&#xe1;fica del dise&#xf1;o que hasta mediados del siglo XX entend&#xed;amos como &#xab;t&#xe9;cnica&#xbb;. Los manuales tipogr&#xe1;ficos de la primera mitad del siglo XX, como los estudios de Jan Tschichold o el manual tipogr&#xe1;fico de Rosarivo, son ejemplo de ello al hacer visible en la t&#xe9;cnica tipogr&#xe1;fica la condici&#xf3;n arm&#xf3;nica idealista (<xref ref-type="bibr" rid="B34">Rosarivo, 1948</xref>). Sustra&#xed;do ese esp&#xed;ritu idealista del objeto, la condici&#xf3;n art&#xed;stica se manifest&#xf3; en la personalidad individual alienada por el fetiche social que convert&#xed;a al objeto t&#xe9;cnico en su ideal. El rechazo a la industrializaci&#xf3;n dio como resultado la simplificaci&#xf3;n y fetichizaci&#xf3;n de la forma t&#xe9;cnica (artesan&#xed;a y dise&#xf1;o), que Loos defendi&#xf3; en contra del ornamento. Bajo esta premisa fund&#xf3; Walter Gropius la Bauhaus, como se puede ver en su ut&#xf3;pico primer manifiesto (<xref ref-type="bibr" rid="B15">Gropius, 1919</xref>). En su concepci&#xf3;n ya idealista de la artesan&#xed;a, el dise&#xf1;o y el arte como una misma pr&#xe1;ctica, idealiz&#xf3; la propia idealizaci&#xf3;n. En este caso, no se trata de negar libertades y profesiones, sino de establecerlas para su desarrollo.</p>
			<disp-quote>
				<p> &#xab;La gracia del cielo hace que, en raros momentos de inspiraci&#xf3;n, ajenos a su voluntad, el arte nazca inconscientemente de la obra de su mano, pero la base de un buen trabajo de artesano es indispensable para todo artista. All&#xed; se encuentra la fuente primera de la imaginaci&#xf3;n creadora.</p>
				<p>&#xa1;Formemos pues un nuevo gremio de artesanos sin las pretensiones clasistas que quer&#xed;an erigir una arrogante barrera entre artesanos y artistas!&#xbb; <xref ref-type="fn" rid="fn4">
						<sup>4</sup>
					</xref>.</p>
			</disp-quote>
			<p> La gracia del cielo no hace que, en raros momentos de inspiraci&#xf3;n, ajenos a su voluntad un artesano o un dise&#xf1;ador sean capaces realizar su trabajo. Esta inspiraci&#xf3;n no es m&#xe1;s que concentraci&#xf3;n, y siempre es consciente (<xref ref-type="bibr" rid="B7">Adorno, 2010, p. 145</xref>). De la relaci&#xf3;n entre el sujeto y el objeto es de donde nace o no la cualidad art&#xed;stica como fin. Esa concentraci&#xf3;n es la que media como reacci&#xf3;n contemplativa entre el conjunto social y el individuo (<xref ref-type="bibr" rid="B3">Adorno, 1977b, pp.531-533</xref>) que da respuesta mediante el objeto. Ya sea este artesanal, art&#xed;stico o de dise&#xf1;o. El sujeto, art&#xed;stico o no, que siempre fue el recipiente de la voluntad teol&#xf3;gica, ahora lo es de la social (<xref ref-type="bibr" rid="B39">Val&#xe9;ry, 1999, p. 153</xref>). El gremio de dise&#xf1;adores, artesanos y artistas se alza ut&#xf3;pico en s&#xed; mismo porque al pretender eliminar las barreras entre ambos, las alza contra el conjunto social rompiendo con &#xe9;l. De esta forma se separa la relaci&#xf3;n entre el conjunto social que plantea la necesidad y el individuo que la supera. La finalidad, o funcionalidad, sin fin kantiana (<xref ref-type="bibr" rid="B18">Kant, 2013, p. 146</xref>) consiste en la abstracci&#xf3;n del uso del objeto en la sociedad por el individuo, quedando solo la contemplaci&#xf3;n de este por el conjunto. </p>
			<p> La ruptura del arte con el concepto idealista de gusto est&#xe9;tico se manifest&#xf3; en las vanguardias (<xref ref-type="bibr" rid="B13">Eco, 2018, p. 378</xref>). El acto modernista que comenz&#xf3; Loos y el rechazo total al ornamento como cr&#xed;tica de la tradici&#xf3;n, pronto dio lugar a la separaci&#xf3;n entre el objeto art&#xed;stico, que rompi&#xf3; con esa est&#xe9;tica, y el t&#xe9;cnico. Este &#xfa;ltimo continu&#xf3; siendo arm&#xf3;nico, pero bas&#xf3; su evoluci&#xf3;n en la simplificaci&#xf3;n total de las formas. Podemos poner como ejemplo el modelo tipogr&#xe1;fico de la Bauhaus. El elemento t&#xe9;cnico se simplifica al m&#xe1;ximo, pero mantiene la funci&#xf3;n en base al fin. Ambas concepciones, vanguardistas, pronto se convertir&#xe1;n en conformismo como dijo Tom&#xe1;s Maldonado (<xref ref-type="bibr" rid="B25">Maldonado, 1977, p. 41</xref>).</p>
			<p> Adorno entendi&#xf3; la concepci&#xf3;n vanguardista del arte c&#xf3;mo una prohibici&#xf3;n y rebeli&#xf3;n por parte del arte y la cultura respectivamente contra s&#xed; mismos. Es decir, el arte se esforz&#xf3;, tanto en su forma como en contenido, por alejarse de la cultura y de la industria cultural que lo ataban a la tradici&#xf3;n. Sin embargo, como comentamos en el caso de William Morris, lo que se revela contra el fetiche acaba de alguna forma fechitizado. Enfrentando &#xab;el arte comercial contra el arte aut&#xf3;nomo, los vulgares campeones de la industria cultural tienen la orgullosa confianza de que marchan en la vanguardia de nuestro tiempo&#xbb; (<xref ref-type="bibr" rid="B2">Adorno, 1977a, p. 115</xref>). </p>
			<p> A partir de ahora entenderemos la t&#xe9;cnica y el objeto t&#xe9;cnico como dise&#xf1;o y objeto de dise&#xf1;o, en aparente contraposici&#xf3;n con el art&#xed;stico. El cambio entre un concepto y otro supone la fetichizaci&#xf3;n y comercializaci&#xf3;n de la cultura por la sociedad industrial. De esta manera, los objetos culturales e industriales se mezclan en su interacci&#xf3;n social con las personas. Morris y su producci&#xf3;n a&#xfa;n eran independientes de la cultura totalmente industrializada. Solo entenderemos la contraposici&#xf3;n a trav&#xe9;s del &#xab;movimiento de arte concreto&#xbb; al que Maldonado estaba asociado. </p>
			<disp-quote>
				<p>&#xab;Como se ha dicho muchas veces, la denominaci&#xf3;n de &#x201c;arte concreto&#x201d; es la &#xfa;nica que puede evitar los malentendidos suscitados hasta hoy por otras denominaciones m&#xe1;s corrientes [arte abstracto, arte no objetivo, arte no figurativo]. Es preciso entender de una vez para todas -aunque la opini&#xf3;n m&#xe1;s difundida sostenga lo contrario- que este arte no es abstracto, sino concreto. Decimos que no es abstracto porque no intenta reproducir ilusoriamente la naturaleza sobre una superficie, procedimiento especialmente abstracto; y en cambio decimos que es concreto porque se propone la invenci&#xf3;n de una realidad est&#xe9;tica objetiva, por medio de elementos igualmente objetivos. Con el fin de hacer todav&#xed;a m&#xe1;s expl&#xed;cita la definici&#xf3;n, perm&#xed;taseme recordar aqu&#xed; las conocidas palabas de van Doesburg en su incomparable manifiesto de 1930: &#x201c;Una mujer, un &#xe1;rbol, una vaca, son concretos en su estado natural, pero en su estado de pintura, son abstractos, ilusorios, vagos, especulativos; en cambio, un plano es un plano, una l&#xed;nea es una l&#xed;nea; nada m&#xe1;s ni nada menos&#xbb;<xref ref-type="fn" rid="fn5">
						<sup>5</sup>
					</xref> (<xref ref-type="bibr" rid="B25">Maldonado, 1977, p. 44</xref>). </p>
			</disp-quote>
			<p> Se entiende por arte concreto en sentido material cualquier objeto, incluidos los de dise&#xf1;o, que plantea una realidad est&#xe9;tica objetiva, incluso si es a trav&#xe9;s de condiciones abstractas. Sin embargo, esta concreci&#xf3;n est&#xe9;tica no deja de ser algo individual entendido socialmente como ornamento, a no ser que tenga tambi&#xe9;n una funci&#xf3;n social en sentido kantiano. Esta funci&#xf3;n, siendo idealista, no determina el objeto si no es a trav&#xe9;s del fin, que a su vez solo es reconocible por su forma en t&#xe9;rminos materialistas (<xref ref-type="bibr" rid="B28">Marzoa, 1987, pp. 52-53</xref>)<xref ref-type="fn" rid="fn6">
					<sup>6</sup>
				</xref>. Es decir, ornamento es la necesidad social mitificada que permea desde el sistema econ&#xf3;mico (<xref ref-type="bibr" rid="B20">Kracauer, 2008a, p. 62</xref>). Esto significa el intento de recuperaci&#xf3;n de la artesan&#xed;a medieval de Morris. Necesidad que se convierte en algo imprescindible para la relaci&#xf3;n social entre el sujeto y objeto en t&#xe9;rminos materialistas. Condicionada al mismo tiempo por el ideal hist&#xf3;rico que replica y perpet&#xfa;a como relato, incluso en su destrucci&#xf3;n. Dise&#xf1;o podr&#xed;a entenderse como la mitificaci&#xf3;n del ornamento social necesario para toda producci&#xf3;n moderna. En palabras de Kracauer, &#xab;el ornamento es un fin en s&#xed; mismo&#xbb; (<xref ref-type="bibr" rid="B20">Kracauer, 2008a, p. 53</xref>) como ideal social necesario para la concreci&#xf3;n de nuevas est&#xe9;ticas. Es en su concreci&#xf3;n material donde la funci&#xf3;n social que suple (finalidad) lo diferencia del arte como relaci&#xf3;n necesaria (fin) entre &#xe9;l como objeto y la sociedad como sujeto, de la que siempre es ornamental.</p>
			<p> La concreci&#xf3;n del movimiento elimina el car&#xe1;cter simb&#xf3;lico y espiritual del arte, pero no por ello deja de ser idealista. Apreciamos esa ruptura en las vanguardias art&#xed;sticas desde principios de siglo XX, como ruptura de la composici&#xf3;n geom&#xe9;trica en su car&#xe1;cter formal (<xref ref-type="bibr" rid="B5">Adorno, 1983, p. 109</xref>). Condici&#xf3;n que no se da en el objeto de dise&#xf1;o hasta finales de ese siglo. En este &#xfa;ltimo no prima el car&#xe1;cter simb&#xf3;lico, sino la necesidad derivada del conjunto social junto con la est&#xe9;tica imperante.</p>
			<p> En el contexto de la escuela de Ulm encontramos el punto &#xe1;lgido de la dicotom&#xed;a entre la condici&#xf3;n art&#xed;stica y el dise&#xf1;o. Maldonado, director de la escuela entre 1956 y 1966, entendi&#xf3; la falta de reflexividad en el mundo del dise&#xf1;o, igual que en el del arte, como uno de los grandes males de la profesi&#xf3;n (<xref ref-type="bibr" rid="B25">Maldonado, 1977, pp. 42, 103 y 215</xref>). Esta coincidencia entre el arte y el dise&#xf1;o, igual que las similitudes a las que el idealismo los at&#xf3;, llevaron a no diferenciar entre uno y otro. Gui Bonsiepe, otro de los alumnos de la escuela, tambi&#xe9;n expresa en sus textos un deje idealista que se manifiesta en su vertiente ut&#xf3;pica. Esta concepci&#xf3;n entra en conflicto con el planteamiento de Maldonado. Las m&#xfa;ltiples cr&#xed;ticas a la reducci&#xf3;n del dise&#xf1;o a una disciplina t&#xe9;cnica y econ&#xf3;mica, falta de contenido en contraposici&#xf3;n a la forma, son las ra&#xed;ces que plantea el problema de compresi&#xf3;n idealista (<xref ref-type="bibr" rid="B10">Bonsiepe, 2006, pp. 27-34</xref>).</p>
			<p> Es la condici&#xf3;n t&#xe9;cnica del objeto la que supone su mismo contenido, y se manifiesta a trav&#xe9;s de la forma. La finalidad kantiana es la funci&#xf3;n que se confunde con el fin. Una finalidad que media con el fin a trav&#xe9;s de la t&#xe9;cnica (<xref ref-type="bibr" rid="B5">Adorno, 1983, p. 284</xref>). La t&#xe9;cnica es inherente tanto al arte como al dise&#xf1;o en su concepci&#xf3;n idealista, pues solo as&#xed; el fin se manifiesta materialmente. La diferencia entre el arte y el dise&#xf1;o no radica en la negaci&#xf3;n de la t&#xe9;cnica, que bebe de una tradici&#xf3;n materialista de la que es indisociable incluso a expensas del sujeto. La tradici&#xf3;n no es la relaci&#xf3;n entre el objeto y el sujeto; sino la relaci&#xf3;n entre el sujeto y la forma de entender el objeto por el contexto social que lo condiciona. Es esta relaci&#xf3;n la que se mercantiliza y en la que surge la necesidad indisociable del contexto econ&#xf3;mico y cultural.</p>
			<p> La condici&#xf3;n art&#xed;stica idealista no supone una necesidad funcional del objeto, aunque est&#xe9; condicionado por la misma tradici&#xf3;n y relaci&#xf3;n social. Esa necesidad del dise&#xf1;o es un fin en s&#xed; mismo. En esa relaci&#xf3;n social del arte la influencia hist&#xf3;rica se manifiesta como intenci&#xf3;n cr&#xed;tica, incluso cuando la obra est&#xe1; relegada al puro historicismo. Esa relaci&#xf3;n, aun mediada por el conjunto social, es entre el objeto y la persona que lo contempla y no tiene por qu&#xe9; coincidir con la intenci&#xf3;n de su autor. Utilizando el ejemplo tipogr&#xe1;fico de Rosarivo antes expuesto, la necesidad arm&#xf3;nica de la tipograf&#xed;a es la que la excluye de ser arte en sentido idealista, porque remite a un fin necesario que el arte puede pasar por alto (Rosarivo, 1948). La ruptura arm&#xf3;nica manifiesta la necesidad de quebrar con la tradici&#xf3;n que dicta el propio mercado y del que es indisociable.</p>
		</sec>
		<sec id="sec6" sec-type="conclusions">
			<label>6.</label>
			<title>Conclusiones</title>
			<p> A lo largo de este texto hemos intentado dar una interpretaci&#xf3;n te&#xf3;rica a algunas de las preguntas que m&#xe1;s se repiten en el contexto pr&#xe1;ctico del dise&#xf1;o. La intenci&#xf3;n no ha sido valorar una pr&#xe1;ctica sobre la otra, sino diferenciarlas para poder pensarlas. A trav&#xe9;s de algunas de las teor&#xed;as de los dise&#xf1;adores y te&#xf3;ricos m&#xe1;s relevantes de los siglos XIX y XX, y las contradicciones que muestran, el texto se ha centrado en destacar la necesidad idealista del materialismo al que la disciplina ha recurrido para establecer su propia definici&#xf3;n profesional. </p>
			<p> La pregunta &#xbf;arte o dise&#xf1;o? solo puede ser contestada en t&#xe9;rminos idealistas como hemos argumentado a lo largo del texto. El dise&#xf1;o es generalmente descrito y diferenciado del arte por su funci&#xf3;n, que suple la finalidad art&#xed;stica. En esta sentencia se aprecia la teor&#xed;a del juicio kantiana de la definici&#xf3;n de lo bello y el arte como finalidad sin fin (<xref ref-type="bibr" rid="B18">Kant, 2013, p. 146</xref>). Los dise&#xf1;adores entienden sin embargo que esa finalidad, entendida como funci&#xf3;n, es lo que define el objeto cuando es el fin. La funci&#xf3;n o la finalidad siempre es contingente e independiente del objeto. Es el conjunto social el que plantea la necesidad en base al sistema econ&#xf3;mico y cultural del cual el objeto es indisociable. El dise&#xf1;ador materializa esa necesidad y el artista la critica dentro de un mercado que forma parte de la cultura. El fin a trav&#xe9;s del cual el objeto se manifiesta, cambia con respecto al individuo que lo produce modificando as&#xed; su funci&#xf3;n. Desde el punto de vista materialista, arte y dise&#xf1;o no son sino el ornamento en torno al conjunto social, cultural y econ&#xf3;mico.</p>
			<p> La disputa en cuanto a la forma y el contenido queda solucionada a ra&#xed;z de los textos de Adorno. Desde el punto de vista idealista el contenido condiciona la forma, pero, sin embargo, este no se puede percibir si no es a trav&#xe9;s de su condici&#xf3;n material. La condici&#xf3;n material queda as&#xed; determinada por la sociedad, la cultura y la econom&#xed;a, indisociables unas de las otras (<xref ref-type="bibr" rid="B4">Adorno, 1979, p. 26</xref>).</p>
			<p> El valor del dise&#xf1;o, incluso en sentido social, est&#xe1; estrictamente vinculado al sistema econ&#xf3;mico, pues surge de &#xe9;l como disciplina. En este sentido, el valor econ&#xf3;mico, dentro de la cr&#xed;tica marxista del capital, se vincula con el tiempo de trabajo necesario para producir el objeto. Pero no son las condiciones excepcionales en las que un objeto se produce las que determinan su valor econ&#xf3;mico, lo hace el mercado. El relato social y econ&#xf3;mico al que se vincula el objeto, no le a&#xf1;ade valor real y se identifica como fetiche, ornamento o mito. Por lo tanto, el dise&#xf1;o tiene el valor social que determina el conjunto, siendo gran parte de este valor un fetiche que se reintegra y legitimiza en la cultura, como necesidad. Este valor es abstracto porque la idealizaci&#xf3;n, supone alg&#xfa;n grado de abstracci&#xf3;n (<xref ref-type="bibr" rid="B6">Adorno, 2007, p. 26</xref>) en la que se identifica el relato creativo asociado al dise&#xf1;o.</p>
			<p> La condici&#xf3;n t&#xe9;cnica, como ya hemos comentado, es indispensable para la disciplina. Esta se forma partiendo del contenido del producto, junto al fin para el que surge, supliendo una necesidad. Sin embargo, una disciplina &#xfa;nicamente t&#xe9;cnica sin contenido te&#xf3;rico, est&#xe1; condenada al vac&#xed;o conceptual (<xref ref-type="bibr" rid="B25">Maldonado, 1977, p. 42</xref>). La ausencia de teor&#xed;a la suple la cuesti&#xf3;n econ&#xf3;mica, haciendo del dise&#xf1;o para el conjunto social un mercado m&#xe1;s (<xref ref-type="bibr" rid="B5">Adorno, 1983, pp. 295-299</xref>). La cuesti&#xf3;n sobre si la teor&#xed;a depende o no de la pr&#xe1;ctica defendida por Gui <xref ref-type="bibr" rid="B11">Bonsiepe (2012, p. 235)</xref>, tiene una respuesta afirmativa desde el punto de vista materialista. Sin embargo, la pr&#xe1;ctica sin teor&#xed;a est&#xe1; condenada a la repetici&#xf3;n sin l&#xed;mite. La condici&#xf3;n de Bonsiepe obvia por tanto su propio devenir idealista, teleol&#xf3;gico, en el que los objetos pr&#xe1;cticos tienen sus propios antecedentes y solo pueden surgir nuevos a ra&#xed;z del pensamiento te&#xf3;rico. Igual que forma y contenido, teor&#xed;a y pr&#xe1;ctica son inseparables. Siguiendo a Maldonado &#xab;sin teor&#xed;a no existe pr&#xe1;ctica que sea v&#xe1;lida, sobre todo v&#xe1;lida revolucionariamente&#xbb; (<xref ref-type="bibr" rid="B25">Maldonado, 1977, p. 215</xref>). Solo la capacidad productiva del dise&#xf1;o, independizada por la teor&#xed;a, puede acercarse al difuso concepto de libertad creativa que lastra a los profesionales que se dedican a ello.</p>
		</sec>
	</body>
	<back>
		<fn-group>
			<title>Notas</title>
			<fn fn-type="other" id="fn1">
				<label>
					<sup>1</sup>
				</label>
				<p> Entre esos tratados est&#xe1; el cuaderno de Villard de Honnercourt, que hoy conserva la Biblioteca Nacional de Francia (MS. Fr. 19093). Tambi&#xe9;n <italic>La Divina Proportione</italic> de Fray Luca Paccioli Internet Archive, acceso el 04 de febrero de 2021, <ext-link ext-link-type="uri" xlink:href="https://archive.org/details/divinaproportion00paci/page/28/mode/2up">https://archive.org/details/divinaproportion00paci/page/28/mode/2up</ext-link>.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn2">
				<label>
					<sup>2</sup>
				</label>
				<p> Adorno ya identific&#xf3; lo est&#xe9;tico en Kierkegaard como una actitud que se legitima a trav&#xe9;s del concepto de existencia.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn3">
				<label>
					<sup>3</sup>
				</label>
				<p> Un texto interesante que vincula a estos autores cl&#xe1;sicos tambi&#xe9;n con el dise&#xf1;o es el de <xref ref-type="bibr" rid="B16">Infante del Rosal (2018)</xref>. </p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn4">
				<label>
					<sup>4</sup>
				</label>
				<p> &#xab;Primer Manifiesto de la Bauhaus&#xbb; acceso el 7 de mayo del 2022, <ext-link ext-link-type="uri" xlink:href="http://onlybook.es/blog/1350-2/">http://onlybook.es/blog/1350-2/</ext-link>.</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn5">
				<label>
					<sup>5</sup>
				</label>
				<p> El manifiesto <italic>Base de la peinture concr&#xe8;te</italic>, fue publicado en la revista <italic>Art Concret</italic>, en 1930 y fue firmado por Theo van Doesburg, Otto Gustav Carlsund, Jean Heli&#xf3;n, L&#xe8;on Tutundjian y Marcel Wantz. <ext-link ext-link-type="uri" xlink:href="http://www.geometricae.com/2021/03/01/manifeste-de-lart-concret/">http://www.geometricae.com/2021/03/01/manifeste-de-lart-concret/</ext-link>
				</p>
			</fn>
			<fn fn-type="other" id="fn6">
				<label>
					<sup>6</sup>
				</label>
				<p> La teor&#xed;a del dise&#xf1;o suele confundir el fin con la finalidad, que identificamos aqu&#xed; como la funci&#xf3;n del objeto. Entendemos por finalidad lo que condiciona al objeto y su forma en su vertiente idealista. Un ejemplo de esta confusi&#xf3;n puede verse en <xref ref-type="bibr" rid="B33">Rambla, 2007, pp.79 y 103</xref>. </p>
			</fn>
		</fn-group>
		<ref-list>
			<title>Referencias</title>
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					<person-group person-group-type="author">
						<string-name>
							<surname>Adorno</surname>
							<given-names>Theodor W.</given-names>
						</string-name>
					</person-group>
					<year>1970</year>
					<source>Dial&#xe9;ctica Negativa - La jerga de la autenticidad</source>
					<publisher-loc>Madrid</publisher-loc>
					<publisher-name>Akal</publisher-name>
				</mixed-citation>
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			<ref id="B2">
				<mixed-citation publication-type="book">
					<person-group person-group-type="author">
						<string-name>
							<surname>Adorno</surname>
							<given-names>Theodor W.</given-names>
						</string-name>
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					<year>1977a</year>
					<source>Cr&#xed;tica de la cultura y sociedad I</source>
					<publisher-loc>Madrid</publisher-loc>
					<publisher-name>Akal</publisher-name>
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			<ref id="B3">
				<mixed-citation publication-type="book">
					<person-group person-group-type="author">
						<string-name>
							<surname>Adorno</surname>
							<given-names>Theodor W.</given-names>
						</string-name>
					</person-group>
					<year>1977b</year>
					<source>Cr&#xed;tica de la cultura y la sociedad II. Intervenciones Entradas</source>
					<publisher-loc>Madrid</publisher-loc>
					<publisher-name>Akal</publisher-name>
				</mixed-citation>
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			<ref id="B4">
				<mixed-citation publication-type="book">
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						<string-name>
							<surname>Adorno</surname>
							<given-names>Theodor W.</given-names>
						</string-name>
					</person-group>
					<year>1979</year>
					<source>Kierkegaard, construcci&#xf3;n de lo est&#xe9;tico</source>
					<publisher-loc>Madrid</publisher-loc>
					<publisher-name>Akal</publisher-name>
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							<surname>Adorno</surname>
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					<year>1983</year>
					<source>Teor&#xed;a Est&#xe9;tica</source>
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							<surname>Adorno</surname>
							<given-names>Theodor W.</given-names>
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					<year>2007</year>
					<source>La Dial&#xe9;ctica de la Ilustraci&#xf3;n</source>
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							<surname>Adorno</surname>
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					<year>2010</year>
					<source>Escritos filos&#xf3;ficos tempranos</source>
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					<year>2005</year>
					<source>Tesis sobre la historia y otros fragmentos</source>
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					<year>1973</year>
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					<article-title>Design and Democracy</article-title>
					<source>Design Issues</source>
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					<lpage>34</lpage>
					<pub-id pub-id-type="doi">10.1162/desi.2006.22.2.27</pub-id>
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							<surname>Bonsiepe</surname>
							<given-names>Gui</given-names>
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					<source>Dise&#xf1;o y Crisis</source>
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					<source>La historia de la fealdad</source>
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					<article-title>Desarrollo e influencia del Zen en Occidente. An&#xe1;lisis de la presencia Zen en la obra de Kandinsky y Mal&#xe9;vich</article-title>
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					<fpage>105</fpage>
					<lpage>112</lpage>
					<pub-id pub-id-type="doi">10.5209/mira.72864</pub-id>
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							<surname>Gropius</surname>
							<given-names>Walter</given-names>
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					<year>1919</year>
					<source>Manifiesto Bauhaus</source>
					<publisher-loc>Weimar</publisher-loc>
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							<given-names>Fernando</given-names>
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					<year>2018</year>
					<source>La autonom&#xed;a del dise&#xf1;o. Dise&#xf1;o como categor&#xed;a est&#xe9;tica</source>
					<publisher-loc>Valencia</publisher-loc>
					<publisher-name>Universitat de Val&#xe8;ncia</publisher-name>
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					<chapter-title>Design culture as critical practice</chapter-title>
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					<source>Critical by Design? Genealogies, Practices, Positions</source>
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					<pub-id pub-id-type="doi">10.1515/9783839461044-013</pub-id>
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					<year>2013</year>
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							<surname>Kracauer</surname>
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					<year>2008b</year>
					<source>La fotograf&#xed;a y otros ensayos: El ornamento de la masa II</source>
					<publisher-loc>Barcelona</publisher-loc>
					<publisher-name>Gedisa</publisher-name>
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