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				<journal-title>ARBOR Ciencia, Pensamiento y Cultura</journal-title>
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			<issn publication-format="print">0210-1963</issn>
			<issn publication-format="electronic">1988-303X</issn>
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				<publisher-name>Consejo Superior de Investigaciones Cient&#xed;ficas</publisher-name>
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					<subject>Art&#xed;culos</subject>
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				<article-title>La escritura del mapa frente a la escucha del territorio. Apuntes sobre el proyecto <italic>Cities and Memory</italic></article-title>
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					<trans-title>Writing the map vs. listening to the territory. Notes on the project Cities and Memory</trans-title>
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						<surname>&#xc1;lvarez-Fern&#xe1;ndez</surname>
						<given-names>Miguel</given-names>
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			<pub-date pub-type="epub">
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			<volume>199</volume>
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					<license-p>Este es un art&#xed;culo de acceso abierto distribuido bajo los t&#xe9;rminos de la licencia de uso y distribuci&#xf3;n Creative Commons Reconocimiento 4.0 Internacional (CC BY 4.0).</license-p>
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		<p>La muy apropiada expresi&#xf3;n <italic>fonograf&#xed;a</italic> captura, con precisi&#xf3;n etimol&#xf3;gica, uno de los deseos m&#xe1;s hondamente instalados en el ser humano -al menos desde que &#xe9;ste se adentr&#xf3; en lo que seguimos denominando Historia-: capturar el momento; apresar siquiera uno de los instantes que recorre -o, quiz&#xe1;s mejor, que recorren- nuestra vida; registrar -de alguna manera, aunque resulte ilusoria- que ese tiempo, siempre fugaz y vol&#xe1;til, verdaderamente sucedi&#xf3;.</p>
		<p>La grabaci&#xf3;n de sonido constituye, ciertamente, una forma de escritura. Es decir, una esclerosis de la realidad, de eso que fluye sin parar, que nunca se detiene. La escritura es un dispositivo -tal vez el m&#xe1;s audaz de entre los imaginados por nuestra especie- que aspira a congelar eso que continuamente se nos escapa. Tambi&#xe9;n la escritura (<italic>graph&#xed;a</italic>) de la voz (<italic>phon&#xe9;</italic>) -la fonograf&#xed;a- es siempre una declaraci&#xf3;n (ut&#xf3;pica o desesperada, seg&#xfa;n los casos) de nuestro deseo de inmortalidad. </p>
		<p>En las &#xfa;ltimas d&#xe9;cadas cada vez m&#xe1;s artistas han ido utilizando la palabra fonograf&#xed;a, en lugar de paisaje (o paisajismo) sonoro (o <italic>soundscape</italic>) para describir sus propias pr&#xe1;cticas. Con ello se intenta subrayar la dimensi&#xf3;n <italic>medial</italic> de estas aproximaciones est&#xe9;ticas, es decir, se enfatiza que nuestra relaci&#xf3;n con esos sonidos registrados fonogr&#xe1;ficamente est&#xe1; mediada por una serie de tecnolog&#xed;as (que, desde luego, no solamente tienen que ver con unos artilugios m&#xe1;s o menos sofisticados, sino tambi&#xe9;n -y, sobre todo- con un conjunto de t&#xe9;cnicas y procedimientos espec&#xed;ficos; esto es, con unas determinadas formas de comportamiento). Este giro no es simplemente un matiz expresivo: los cambios en la tecnolog&#xed;a (y vale la pena recordar que el lenguaje es, acaso, la m&#xe1;s avanzada que hemos desarrollado hasta ahora) implican cambios, siempre, en la ideolog&#xed;a, en nuestra forma de experimentar (y participar en) el mundo.</p>
		<p>Al separarnos de la noci&#xf3;n de paisaje sonoro (o <italic>soundscape</italic>) tambi&#xe9;n lo hacemos de las concepciones -notablemente rom&#xe1;nticas- que ti&#xf1;eron el pensamiento de quien acu&#xf1;&#xf3; y populariz&#xf3; esa expresi&#xf3;n, el canadiense R. Murray Schafer (1933-2021). Sus ideas, que entremezclaban (de manera un tanto confusa) criterios est&#xe9;ticos, t&#xe9;cnicos, ecol&#xf3;gicos y pol&#xed;ticos -siempre desde una perspectiva notablemente conservadora, tal y como se nos manifiesta desde la actualidad-, inspiraron, eso s&#xed;, a un n&#xfa;mero ingente de artistas, te&#xf3;ricos e incluso cient&#xed;ficos. Parad&#xf3;jicamente -o no-, hoy resulta complicado destacar, desde el punto de vista art&#xed;stico, alguno de los <italic>soundscapes</italic> propuestos por Schafer (de hecho, en las &#xfa;ltimas d&#xe9;cadas de su vida cre&#xf3;, m&#xe1;s bien, composiciones para orquesta y para coro -mientras continuaba desarrollando su admirable labor pedag&#xf3;gica-). Pero la lectura de su precursor ensayo <italic>El paisaje sonoro y la afinaci&#xf3;n del mundo</italic> (magn&#xed;ficamente traducido a nuestro idioma por Vanesa G. Cazorla, y publicado por la editorial Intermedio en 2013 -n&#xf3;tese el retraso respecto a la aparici&#xf3;n del original ingl&#xe9;s, en 1977-) contin&#xfa;a siendo m&#xe1;s que imprescindible.</p>
		<p>Todas las modulaciones descritas en los p&#xe1;rrafos precedentes -tanto las que gravitan hacia un paradigma m&#xe1;s pr&#xf3;ximo al del paisajismo sonoro como las que se aproximan a los conceptos propios de la fonograf&#xed;a- se amalgaman en iniciativas como <italic>Cities and Memory</italic> (<ext-link ext-link-type="uri" xlink:href="https://citiesandmemory.com/">https://citiesandmemory.com</ext-link>). Presentado como &#xab;uno de los mayores proyectos sonoros del mundo [&#x2026;] cuyo objetivo es remezclar el mundo, sonido a sonido&#xbb;, recoge miles de grabaciones de campo, &#xab;recompuestas y reimaginadas por artistas de todo el mundo para crear un mundo sonoro nuevo y alternativo&#xbb;, que puede ser explorado a trav&#xe9;s de un &#xab;mapa sonoro global&#xbb; (la interfaz a la que se accede mediante el enlace indicado m&#xe1;s arriba) o en formato <italic>podcast</italic> (a trav&#xe9;s de plataformas tan variadas como Spotify, Apple Podcasts, Deezer, Audioboom, Amazon Music, Castbox, Podchaser, Google Podcasts, RadioPublic, TuneIn, Podcast Republic y Stitcher). Actualmente, seg&#xfa;n se nos indica en la web, <italic>Cities and Memory</italic> abarca m&#xe1;s de 110 pa&#xed;ses, con m&#xe1;s de 5.500 sonidos y m&#xe1;s de 1.400 artistas colaboradores.</p>
		<p>Esta plataforma dialoga, en cierto sentido, con otras que a lo largo de este siglo han ido surgiendo por todo el mundo, incluyendo nuestro entorno m&#xe1;s cercano (pensamos en los trabajos pioneros del colectivo <ext-link ext-link-type="uri" xlink:href="https://escoitar.org/">Escoitar.org</ext-link> -que el artista e investigador Xo&#xe1;n-Xil L&#xf3;pez ha continuado desarrollando en solitario-, o en <ext-link ext-link-type="uri" xlink:href="http://www.soinumapa.net/">www.soinumapa.net</ext-link> -un proyecto activo desde 2005, coordinado por otro gran referente en el &#xe1;mbito del arte sonoro, Xabier Erkizia-). Cada una de estas iniciativas aporta matices y enfoques diferentes, pero en todas ellas la idea de memoria -o incluso de Historia (o, mejor dicho, de historias)- est&#xe1; muy presente.</p>
		<p>
			<italic>Cities and Memory</italic>, aunque no provenga -como los otros ejemplos mencionados- de entornos <italic>perif&#xe9;ricos</italic> (vinculados, adem&#xe1;s, a lenguas -y, por extensi&#xf3;n, culturas- minoritarias, o m&#xe1;s bien aminoradas), y pese a que maneje una ret&#xf3;rica algo m&#xe1;s grandilocuente en su presentaci&#xf3;n, tambi&#xe9;n apela, desde su t&#xed;tulo, a la memoria. Pero, en realidad, &#xe9;sta no solamente se presenta desde las coordenadas de la autenticidad historicista, es decir, como documento. De hecho, quiz&#xe1; la m&#xe1;s singular y destacable aportaci&#xf3;n de este proyecto consista en que cada lugar del mapa sonoro de <italic>Cities and Memory</italic> incluye dos sonidos: la grabaci&#xf3;n de campo <italic>original</italic> de ese lugar y un sonido <italic>reimaginado</italic> (a menudo firmado por un artista) que presenta ese lugar y ese tiempo como otro lugar, un lugar nuevo. Cabr&#xed;a preguntarse, en este punto, &#xbf;cu&#xe1;l de esos dos sonidos es m&#xe1;s <italic>aut&#xe9;ntico</italic>, o m&#xe1;s <italic>verdadero</italic>? &#xbf;Cu&#xe1;l m&#xe1;s <italic>ficticio</italic>? (Seguimos pregunt&#xe1;ndonos por qu&#xe9;, a diferencia de lo que ocurre respecto al cine y al audiovisual en general, no existe -o, por lo menos, no es habitual- la expresi&#xf3;n <italic>m&#xfa;sica de ficci&#xf3;n</italic>&#x2026; &#xbf;Quiz&#xe1; porque toda escucha nos proyecta, siempre, hacia un &#xe1;mbito ficcional?).</p>
		<p>Podr&#xed;a resultar parad&#xf3;jico el uso -en las descripciones propuestas por los propios responsables de este proyecto- de un verbo, reimaginar, que tan claramente apela a la visualidad. Pero, desde otra perspectiva, en realidad ello nos recuerda que un mapa (f&#xed;sico o digital) es, siempre, un dispositivo destinado a los ojos. Su car&#xe1;cter no lineal se aparta radicalmente de la secuencialidad temporal propia de la oralidad. La cartograf&#xed;a es, por tanto, una forma ejemplar de escritura, es decir, de rebeli&#xf3;n (siempre frustrada) contra el paso del tiempo, y contra esa memoria <italic>otra</italic> que es propia de la oralidad.</p>
		<p>Jacques Lacan afirmaba que el famoso adagio latino <italic>verba volant, scripta manent</italic> -las palabras vuelan, lo escrito permanece- era, conforme a lo que nos revela el psicoan&#xe1;lisis, completamente err&#xf3;neo, y que en realidad es esa forma de memoria asociada a lo oral lo que m&#xe1;s profunda y permanentemente se engarza en nuestra conciencia. Pero quiz&#xe1; necesitemos, mientras seguimos envejeciendo, las ilusiones concentradas en las palabras latinas antes citadas, por mucho que ellas puedan, a veces, y a algunos, hacernos confundir el mapa con el territorio.</p>
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