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<issn pub-type="epub">1988-303X</issn>
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<article-title>Memorias de c&#x00F3;mo me convert&#x00ED; en feminista</article-title>
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<fn id="fn1"><label>1</label> <p>Texto in&#x00E9;dito cedido por la autora para este monogr&#x00E1;fico. Ha sido traducido por Marije Hristova, Lidia Mateo Leivas y Verónica Perera.</p></fn>
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<issue>814</issue><issue-title>«Armar redes, expandirlas como orquídeas». Visualidades y memorias en las luchas transfeministas</issue-title>
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<p>La primera vez que escuch&#x00E9; la palabra &#x00AB;feminista&#x00BB; en referencia a m&#x00ED; fue despu&#x00E9;s de publicar mi primer libro. Una cr&#x00ED;tica -ella misma una destacada escritora feminista- termin&#x00F3; su rese&#x00F1;a de mi libro con la observaci&#x00F3;n de que yo deb&#x00ED;a de ser feminista porque todas las novelas que hab&#x00ED;a analizado estaban escritas por mujeres o ten&#x00ED;an una protagonista femenina; y porque la &#x00FA;ltima palabra de mi libro era &#x00AB;muerte&#x00BB;. Siempre me ha intrigado que a&#x00F1;adiera ese comentario final. &#x00BF;Qu&#x00E9; tiene que ver la muerte con el feminismo? Nunca tuve la oportunidad de pregunt&#x00E1;rselo. Ni siquiera recuerdo en qu&#x00E9; contexto la utilic&#x00E9;, y no hab&#x00ED;a reparado que era mi &#x00FA;ltima palabra hasta que le&#x00ED; esa rese&#x00F1;a. Pero hace poco, al retomar por en&#x00E9;sima vez mi novela compa&#x00F1;era de toda la vida, <italic>Madame Bovary</italic>, de Flaubert, esta vez con vistas a una pel&#x00ED;cula que quer&#x00ED;a hacer en respuesta a ella, de repente cobr&#x00F3; sentido, de un modo triste y perturbador. El feminismo se convirti&#x00F3; en una posici&#x00F3;n pol&#x00E9;mica, antag&#x00F3;nica, alimentada por un sentimiento que no me gustaba. Nunca tuve el menor remordimiento de ser mujer. S&#x00F3;lo descontento, rabia, a veces furia por lo que se hac&#x00ED;a de ese g&#x00E9;nero, seg&#x00FA;n las experiencias. Algunas de ellas se remontan a mis primeros recuerdos. Ah&#x00ED; empez&#x00F3; mi &#x00AB;devenir&#x00BB;. Y esto nunca lo olvidar&#x00E9;.</p>
<p>Recuerdo que cuando ten&#x00ED;a cuatro a&#x00F1;os o&#x00ED; a mi padre decir: &#x00AB;Estoy muy contento de tener muchas hijas; son maravillosas amas de casa&#x00BB;. Mis padres ten&#x00ED;an siete hijas, as&#x00ED; que s&#x00ED;, el calificativo &#x00AB;muchas&#x00BB; era apropiado. Yo tendr&#x00ED;a cinco a&#x00F1;os, no lo recuerdo bien, pero no muchos m&#x00E1;s. Es uno de mis primeros recuerdos, quiz&#x00E1; el primero. Adem&#x00E1;s, puede que fuera mi madre quien repitiera lo que le hab&#x00ED;a dicho mi padre. &#x00BF;Era entonces un recuerdo de o&#x00ED;das o verdadero? &#x00BF;Eran las palabras de mi padre o la inflexi&#x00F3;n de mi madre, sin duda sarc&#x00E1;stica, o perturbadoramente genuinas? Lo &#x00FA;nico que recuerdo con certeza es mi movimiento mental de negaci&#x00F3;n con la cabeza en respuesta al sentimiento que expres&#x00F3; el buen hombre: <italic>&#x00A1;de ninguna manera!</italic> A&#x00FA;n puedo sentir el movimiento en mi nuca, aunque s&#x00F3;lo fuera mental. El movimiento de cabeza fue un firme rechazo. Ese rechazo que s&#x00ED; recuerdo con tanta claridad como si hubiera sido ayer. El momento del recuerdo, el origen de las palabras: importa, pero no mucho. Importar&#x00ED;a si intentara escribir la verdadera historia de mis padres, pero no es mi cometido. Tengo el recuerdo, lo aprecio, y pertenece a la caja &#x00AB;recuerdos de mi Padre&#x00BB;, aunque haya sido mi madre quien me lo transmiti&#x00F3;. &#x00BF;Un ama de casa? De ninguna manera. A esa temprana edad ya sab&#x00ED;a que ese no era mi objetivo en la vida. Nunca hab&#x00ED;a pensado en el futuro, en lo que quer&#x00ED;a hacer con mi vida. &#x00BF;Pero ama de casa? De ninguna manera. Me bastaba con ver lo que le hab&#x00ED;a hecho a mi madre ser ama de casa. Y siempre lo yuxtapongo con esa otra historia sobre mi padre.</p>
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<title>Ser vista</title>
<p>Yo era a&#x00FA;n m&#x00E1;s peque&#x00F1;a, probablemente ten&#x00ED;a tres a&#x00F1;os, porque ni siquiera recuerdo la mu&#x00F1;eca que se ahogaba, pero sab&#x00ED;a que se llamaba como yo, su nombre era &#x00AB;Mieke&#x00BB;. Que se llamara como yo no significaba mucho para m&#x00ED;. Pero este incidente s&#x00ED;. Est&#x00E1;bamos jugando en el jard&#x00ED;n; era peque&#x00F1;o, pero a nosotros nos parec&#x00ED;a grande. Hab&#x00ED;a un manzano enorme (para nosotros), con un tronco lo bastante grande como para esconderse detr&#x00E1;s. M&#x00E1;s tarde, cuando ya sab&#x00ED;a leer, los mi&#x00E9;rcoles por la tarde me sub&#x00ED;a en &#x00E9;l con un libro y una almohada, y me pasaba horas leyendo, confiando que nadie me ve&#x00ED;a. M&#x00E1;s abajo, en el fondo del jard&#x00ED;n, hab&#x00ED;a un canal o una zanja cuyas aguas estaban cubiertas de lentejas de agua. Hab&#x00ED;a una valla entre nuestro jard&#x00ED;n y la acequia, pero no una que nos mantuviera a salvo en caso de necesidad. Trep&#x00E1;bamos por ella todo el tiempo, desafiando aquellas aguas peligrosas. Tambi&#x00E9;n sab&#x00ED;amos que el canal no era muy profundo.</p>
<p>Aquel d&#x00ED;a est&#x00E1;bamos jugando fuera. Mis dos hermanos mayores entraron de repente y gritaron: &#x00AB;&#x00A1;Mieke se ha ca&#x00ED;do al agua!&#x00BB;. Yo estaba accidentalmente detr&#x00E1;s del manzano, as&#x00ED; que mi padre no me vio cuando sali&#x00F3; corriendo, se quit&#x00F3; la chaqueta y, con zapatos y todo, se zambull&#x00F3; en el agua sucia y poco profunda. Sali&#x00F3; y pregunt&#x00F3;: &#x00BF;d&#x00F3;nde? Y mis hermanos se&#x00F1;alaron la mu&#x00F1;eca, que tambi&#x00E9;n se llamaba &#x00AB;Mieke&#x00BB;, seg&#x00FA;n me dijeron m&#x00E1;s tarde. No vi c&#x00F3;mo reaccion&#x00F3;, ni recuerdo su cara. Tampoco recuerdo la mu&#x00F1;eca; probablemente pertenec&#x00ED;a a mi hermana, que le hab&#x00ED;a puesto mi nombre cuando nac&#x00ED;. Lo que recuerdo es la zambullida decidida de mi padre.</p>
<p>Este recuerdo me volvi&#x00F3; hace unos a&#x00F1;os cuando me involucr&#x00E9; profesionalmente con los cuadros del mayor artista noruego, Edvard Munch, con motivo de una exposici&#x00F3;n que el director de colecciones y exposiciones del Museo Munch me hab&#x00ED;a invitado a comisariar. Al hojear el impresionante cat&#x00E1;logo razonado de cuatro vol&#x00FA;menes de su obra, me top&#x00E9; con un cuadro que me estremeci&#x00F3; los ojos. Tard&#x00E9; una fracci&#x00F3;n de segundo en entender por qu&#x00E9;. Antes de ver el t&#x00ED;tulo -<italic>La ni&#x00F1;a que se ahoga</italic>- mir&#x00E9;, absorta, a esa criatura indefensa con un vestido rojo, con un bulto a su lado que debe insinuar una mu&#x00F1;eca. Y de los hombres y mujeres que paseaban por el muelle, nadie prestaba atenci&#x00F3;n (<xref ref-type="fig" rid="fig-1-3146">Figura 1</xref>).</p>
<fig id="fig-1-3146">
<label>Figura 1.</label>
<caption><title>Edvard Munch<italic>, La ni&#x00F1;a que se ahoga</italic>, &#x00D3;leo sobre lienzo (1900-1910), 70 x 92 cm. Oslo, Noruega, Museo Munch</title></caption>
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</fig>
<p>Ese momento sobrecogedor en que el vestido se llena de aire en su interior para que la ni&#x00F1;a siga flotando, y luego se empapa lentamente y la arrastra hacia abajo, est&#x00E1; pintado con una pincelada esquem&#x00E1;tica, casi infantil. La escala lo dice todo: la criatura es m&#x00E1;s grande que cualquiera de los adultos. No son m&#x00E1;s que marionetas ciegas, seres mundanos que malgastan su vida. En cambio, la ni&#x00F1;a se est&#x00E1; ahogando; esto la hace importante, de modo que se la premia con la escala mayor. Y que la superficie de esa parte del cuadro parezca tan plana es una forma de preservar, durante una fracci&#x00F3;n de segundo, algo de esperanza. Est&#x00E1; flotando&#x2014;todav&#x00ED;a.</p>
<p>Un vestido rojo que interrumpe visualmente en un campo monocrom&#x00E1;tico: a m&#x00ED; me recuerda a la ni&#x00F1;a del abrigo rojo de la pel&#x00ED;cula de Steven Spielberg de 1993, <italic>La lista de Schindler</italic>. Es una pel&#x00ED;cula sobre salvar a personas durante el Holocausto; una acci&#x00F3;n que el protagonista emprende una vez que <italic>ve</italic> lo que le estaba ocurriendo a los jud&#x00ED;os. En las im&#x00E1;genes en blanco y negro, varias veces se destaca a una ni&#x00F1;a, quien se hace visible como una entre muchos, gracias a su abrigo rojo. Hacia el final de la pel&#x00ED;cula, Schindler observa los hornos humeantes, los carros atareados que transportan los cad&#x00E1;veres a las fosas comunes, y vuelve a aparecer el abrigo rojo. La ni&#x00F1;a no se salv&#x00F3;. Pero al menos, el hombre que intent&#x00F3; salvar a los jud&#x00ED;os la vio, la not&#x00F3;. La asociaci&#x00F3;n funciona a trav&#x00E9;s de la visibilidad; en la pintura de Munch funciona a trav&#x00E9;s de la diferencia entre esa forma perfilada de azul y el rojo del vestido, curvado y oblicuo en el plano monocromo horizontal. La imagen afirma: la visibilidad como condici&#x00F3;n pict&#x00F3;rica no es suficiente; salvar requiere una visi&#x00F3;n activa por parte de testigos dispuestos a actuar. Se trata de una afirmaci&#x00F3;n sobre la importancia sociopol&#x00ED;tica de ver, como acto. Un acto que, como todos los actos, tiene o puede tener consecuencias. El salto de mi padre a la cuneta, por in&#x00FA;til que resultara, fue un acto de ese tipo.</p>
<p>Porque aquella vulnerabilidad dibujada con trazo infantil de la ni&#x00F1;a inadvertida y su mu&#x00F1;eca, me record&#x00F3; la historia de mi padre. En el cuadro, la ni&#x00F1;a a&#x00FA;n puede salvarse, si tan s&#x00F3;lo una de esas personas se zambullera, completamente vestida, como hab&#x00ED;a hecho mi padre. Pero no s&#x00F3;lo nadie se zambulle, sino que el simple acto de mirar y ver, de darse cuenta y prestar atenci&#x00F3;n, de decidir y actuar, no se le ocurre a nadie. Todos est&#x00E1;n demasiado ocupados consigo mismos. Una ni&#x00F1;a puede estar muy sola, y no &#x00FA;nicamente en situaciones tr&#x00E1;gicas como la que se describe en el cuadro de Munch o en la pel&#x00ED;cula de Spielberg, sino siempre, cuando nadie le presta atenci&#x00F3;n. A menudo he sentido esa falta de atenci&#x00F3;n. Como tercera hija, ten&#x00ED;a la sensaci&#x00F3;n de que mis dos hermanos mayores se llevaban toda la atenci&#x00F3;n que hab&#x00ED;a para dar. Tal vez escapar al manzano era una forma de evitar la falta de atenci&#x00F3;n, el descuido hacia m&#x00ED;, impidiendo la posibilidad misma de cuidado. Si era invisible, era imperceptible por voluntad propia, para que nadie pudiera demostrar su falta de consideraci&#x00F3;n e inter&#x00E9;s por m&#x00ED;.</p>
<p>Mi hermano mayor era el orgullo de mis padres; inteligente y guapo, y llevaba los nombres de mi padre, los tres. La hermana que le sigui&#x00F3; se convirti&#x00F3; en una ni&#x00F1;a &#x00AB;dif&#x00ED;cil&#x00BB;, lo que era una forma eficaz de llamar la atenci&#x00F3;n, aunque fuera negativa. Yo era la que se portaba razonablemente bien, probablemente un poco t&#x00ED;mida. El hermano que me segu&#x00ED;a era extremadamente dif&#x00ED;cil. Como resultado, cuando mi madre hered&#x00F3; un piano Steinway de una t&#x00ED;a, los dos mayores recibieron clases de piano, y el hermano que me segu&#x00ED;a tambi&#x00E9;n. Los mayores porque eran los mayores &#x2013;ya llegar&#x00ED;a mi turno&#x2013; y el peque&#x00F1;o para que no se fuera a la calle. Supliqu&#x00E9;, pero me dijeron que no, sin una explicaci&#x00F3;n que yo pudiera aceptar. Pero al esconderme en el &#x00E1;rbol, me hice c&#x00F3;mplice de su falta de atenci&#x00F3;n hacia m&#x00ED;.</p>
<p>De alguna manera, de la mezcla de recuerdos de mi primera infancia me surgi&#x00F3; una sensaci&#x00F3;n de ambivalencia. &#x00AB;&#x00A1;De ninguna manera!&#x00BB;, se convirti&#x00F3; en mi lema, en mi identidad. Sin embargo, mi padre me quer&#x00ED;a. Lo hac&#x00ED;a, estoy segura. En caso de duda: estrope&#x00F3; su ropa y sus zapatos para salvarme e impedir que me ahogara. Ni siquiera se enfad&#x00F3;, s&#x00F3;lo se sinti&#x00F3; aliviado cuando se despej&#x00F3; el misterio y sal&#x00ED; de detr&#x00E1;s del &#x00E1;rbol. &#x00BF;Y la mu&#x00F1;eca? Probablemente la dej&#x00F3; all&#x00ED;, tal vez no. No importaba. La cuesti&#x00F3;n era que se hab&#x00ED;an fijado en m&#x00ED;.</p>
</sec>
<sec id="sec-2-3146">
<title>De-ninguna-manera como modo de vida</title>
<p>Me quer&#x00ED;a como a una chica, y le gustaban las chicas. Ah&#x00ED; es donde empez&#x00F3; el incipiente sentimiento de descontento. Como me quer&#x00ED;a y era un hombre cari&#x00F1;oso aunque discreto, nunca hice un esc&#x00E1;ndalo por aquellas palabras de feliz satisfacci&#x00F3;n con sus hijas amas de casa. Me guard&#x00E9; para m&#x00ED; el &#x00AB;&#x00A1;de ninguna manera!&#x00BB;, pero lo mantuve vivo, siempre. M&#x00E1;s tarde, me vino muy bien. Por ejemplo, cuando mis padres hablaban de nuestro futuro, del alto costo de la educaci&#x00F3;n con tantos hijos -acabamos siendo nueve hermanos- y de qu&#x00E9; hacer al respecto. Mi padre trabajaba muy duro, primero como profesor de instituto, luego como director de instituto, e impart&#x00ED;a clases nocturnas cuatro d&#x00ED;as a la semana para ganarse un dinero extra, a&#x00F1;o tras a&#x00F1;o, mientras, adem&#x00E1;s, escrib&#x00ED;a dos tesis doctorales. La primera, apenas la termin&#x00F3;, se volvi&#x00F3; in&#x00FA;til porque justo apareci&#x00F3; otra disertaci&#x00F3;n sobre exactamente el mismo tema. Eran los tiempos en que s&#x00F3;lo contaba una verdad; las diferencias de interpretaci&#x00F3;n no ayudar&#x00ED;an a mi pobre padre. As&#x00ED; que empez&#x00F3; de nuevo, sobre un tema algo m&#x00E1;s abierto a las diferencias interpretativas. No ayud&#x00F3; al matrimonio de mis padres, pero explica su preocupaci&#x00F3;n por el dinero. No hablaban de nimiedades, la idea era clara, de las que no dejan lugar a dudas. Al tener dos ni&#x00F1;os y siete ni&#x00F1;as, dec&#x00ED;an que s&#x00F3;lo podr&#x00ED;an enviar a los chicos a la universidad cuando llegara el momento. Las chicas deb&#x00ED;an casarse bien. Esto lo hablaban abiertamente; yo lo o&#x00ED;.</p>
<p>Todos &#x00E9;ramos considerados inteligentes. Una vez el hombre que vino a empapelar el sal&#x00F3;n le dijo a mi madre: &#x00AB;He o&#x00ED;do que a sus hijos les va bien en el colegio; deben de haber heredado el cerebro de su padre&#x00BB;. Huelga decir que mi madre, que tambi&#x00E9;n hab&#x00ED;a crecido siendo ni&#x00F1;a, ard&#x00ED;a de rabia por dentro, pero no dijo nada. Cuando nos lo repet&#x00ED;a a los ni&#x00F1;os, me dol&#x00ED;a profundamente; nos re&#x00ED;amos a carcajadas de tanta estupidez. Pero no era una estupidez. De alguna manera, sent&#x00ED;a que era la verdad, en el sentido social. Ya entonces sab&#x00ED;a que mi Madre era tan lista como mi Padre. S&#x00F3;lo el sexo equivocado, entonces. No lo pens&#x00E9; con esas palabras, pero sent&#x00ED; algo parecido.</p>
<p>Entonces, &#x00BF;c&#x00F3;mo conciliar nuestra inteligencia con nuestro destino y la cartera de pap&#x00E1;? La soluci&#x00F3;n era bastante sencilla. Nos dijeron que las chicas, que &#x00E9;ramos igual de listas, deb&#x00ED;amos trabajar bien en la escuela, sobre todo en las clases de lenguas extranjeras. De ese modo, recibir&#x00ED;amos una buena educaci&#x00F3;n y tal vez podr&#x00ED;amos pescar un marido que, como m&#x00E9;dico de prestigio, por ejemplo, recibir&#x00ED;a visitas de amigos extranjeros. Ese marido, totalmente imaginario, podr&#x00ED;a contar con su mujer tanto para conversar con los invitados como para cocinarles cenas sofisticadas, lo que ayudar&#x00ED;a a su carrera. Lo mejor ser&#x00ED;a que nosotras, las chicas, hici&#x00E9;ramos un curso corto de enfermer&#x00ED;a antes de casarnos. Eso siempre es &#x00FA;til para una madre, se ense&#x00F1;aba en un programa patrocinado por el Estado y ofrec&#x00ED;a la mejor oportunidad de encontrar, atraer y casarse con un marido as&#x00ED;.</p>
<p>Lo escuch&#x00E9; todo, y la sacudida de cabeza mental se convirti&#x00F3; en un rasgo permanente de mi mente. Aunque yo era lo que llamaban &#x00AB;vaga&#x00BB;, pues pasaba la mayor parte del tiempo leyendo novelas en lugar de memorizando palabras y reglas gramaticales, me iba bastante bien en la escuela, por lo que, l&#x00F3;gicamente, pas&#x00E9; al plan de estudios de lat&#x00ED;n y griego. Mis padres no tardaron en darse cuenta de que, con semejante sobre calificaci&#x00F3;n, no me prohibir&#x00ED;an entrar en la escuela de enfermer&#x00ED;a. Y para cuando la elecci&#x00F3;n de mi carrera se convirti&#x00F3; en un tema, algunas de mis hermanas ya hab&#x00ED;an obedecido el deseo t&#x00E1;cito y hab&#x00ED;an cursado el plan de estudios de nivel ligeramente inferior, con lo que tambi&#x00E9;n ten&#x00ED;an m&#x00E1;s tiempo para divertirse. As&#x00ED; que el terror sobre los costos se mitig&#x00F3; un poco. Para entonces, adem&#x00E1;s, ya me hab&#x00ED;a ganado con creces el apodo que me pusieron, &#x00AB;Se&#x00F1;orita Sabelotodo&#x00BB;: la que siempre contestaba y argumentaba, la que nunca aceptaba los deseos por normas y las normas por ley, y discut&#x00ED;a en lugar de obedecer en silencio. Puedo entender en parte que eso irritara sobremanera a mis padres, y cuando estaban hartos de escucharme, simplemente me hac&#x00ED;an callar. Entonces continuaba la discusi&#x00F3;n en silencio, imaginando lo que responder&#x00ED;an a mis nuevos argumentos, totalmente convincentes. Pero yo era demasiado cobarde como para hablar y desafiar su actitud de silenciarme.</p>
</sec>
<sec id="sec-3-3146">
<title>&#x00A1;Vista!</title>
<p>Mucho m&#x00E1;s tarde, cuando ya me hab&#x00ED;a ganado los galones por m&#x00ED; misma y hab&#x00ED;a ignorado las burlas, sobre todo por parte de mi madre, de que ser ambiciosa era &#x00AB;trepar&#x00BB; y despreciable tanto moral como socialmente, que yo ignoraba porque no me consideraba ambiciosa, s&#x00F3;lo curiosa, tuve otra visi&#x00F3;n interna de mi padre. Tuvo la amabilidad de corregir mis primeros art&#x00ED;culos y mi tesis, lo que le result&#x00F3; dif&#x00ED;cil porque yo escrib&#x00ED;a en franc&#x00E9;s. Cuando obtuve el doctorado, pareci&#x00F3; sentirse moderadamente orgulloso, pero no lo pregonaba. Mi madre estaba furiosa: mi hermano mayor no deb&#x00ED;a ser eclipsado, as&#x00ED; que deber&#x00ED;a haber esperado a que &#x00E9;l se doctorara primero. Pero nunca lo hizo, as&#x00ED; que segu&#x00ED; adelante con mi doctorado en el bolsillo. Y cuando me ofrecieron mi primer puesto acad&#x00E9;mico, su respuesta fue: &#x00AB;Tu hermano tambi&#x00E9;n recibi&#x00F3; una oferta as&#x00ED;, pero la rechaz&#x00F3;&#x00BB;. La expresi&#x00F3;n de su cara me dijo que pensaba que yo estaba &#x00AB;trepando&#x00BB;.</p>
<p>La verdadera conciencia de la actitud de mi Padre hacia m&#x00ED; lleg&#x00F3; despu&#x00E9;s de su muerte. Cuando revisamos sus escasas pertenencias, encontramos un libro de recortes. Todo lo que yo hab&#x00ED;a publicado, period&#x00ED;stico o acad&#x00E9;mico, estaba all&#x00ED;. Nunca hab&#x00ED;a expresado su orgullo por m&#x00ED;. Madre se habr&#x00ED;a enfadado y no s&#x00E9; qu&#x00E9; habr&#x00ED;a pensado mi hermano, pero me temo lo peor. Sin embargo, aqu&#x00ED; estaba: su orgullo evidenciado en sus recortes. No es el orgullo lo que me alegra, sino la atenci&#x00F3;n. Despu&#x00E9;s de todo, me hab&#x00ED;a visto. Lo sab&#x00ED;a por su zambullida, pero era reconfortante darme cuenta de que hab&#x00ED;a seguido fij&#x00E1;ndose en m&#x00ED;.</p>
<p>Mucho tiempo despu&#x00E9;s de ser &#x00AB;Se&#x00F1;orita-Sabelotodo&#x00BB;, y de no aceptar ese t&#x00ED;tulo, escuch&#x00E9; por primera vez la palabra &#x00AB;feminista&#x00BB;. Pero la convicci&#x00F3;n, de hecho, el sentimiento hab&#x00ED;a estado conmigo toda mi vida, desde aquella sacudida mental de cabeza. Una vez que el sentimiento se hizo expresable, no vi nada especial en &#x00E9;l, y me sorprendi&#x00F3; ver cu&#x00E1;ntas mujeres j&#x00F3;venes no consideraban necesario llamarse feministas. No pod&#x00ED;a entender ni aceptar el argumento de que no sufr&#x00ED;an el tejido social patriarcal. No se trata de las circunstancias fortuitas de cada persona. No te conviertes en feminista s&#x00F3;lo porque ocurre algo horrible que cambia tu identidad. Si te ha ido relativamente bien en la vida, consid&#x00E9;rate afortunada y preoc&#x00FA;pate por las menos afortunadas. La solidaridad se convirti&#x00F3; en la primera regla de oro. No es que llegara muy lejos, porque poco se pod&#x00ED;a hacer; los mundos vitales de cada una de nosotras eran muy peque&#x00F1;os. Pero despu&#x00E9;s de todas mis negativas con la cabeza &#x00A1;De ninguna manera! en silencio, hablar de estas cosas con otras personas me hizo mucho bien. Por fin, ya no estaba sola; los d&#x00ED;as en que me llamaban la &#x00AB;Se&#x00F1;orita-Sabelotodo&#x00BB; hab&#x00ED;an terminado y volv&#x00ED; a ser normal, casi. La soledad, como la de la ni&#x00F1;a del cuadro de Munch, fue sustituida por la capacidad de convertir el silencioso movimiento de negaci&#x00F3;n en un gesto verbalizado.</p>
<p>En este presente, los d&#x00ED;as en que las mujeres -y algunos hombres- se enorgullec&#x00ED;an de llamarse feministas quedaron atr&#x00E1;s. Ahora, con frecuencia tengo que explicar por qu&#x00E9; este calificativo &#x00AB;sigue siendo relevante&#x00BB;. Algunos incluso se atreven a hablar de &#x00AB;posfeminismo&#x00BB;, a lo que mi respuesta silenciosa y a veces hablada es: cuando no haya m&#x00E1;s violaciones, puede que el feminismo no tenga m&#x00E1;s sentido; ni un d&#x00ED;a antes. Al odiado sustantivo &#x00AB;violaci&#x00F3;n&#x00BB; se le a&#x00F1;aden significados. Se convierte en una alegor&#x00ED;a de todas las injusticias, de todos los sufrimientos infligidos, principalmente, pero no de manera excluyente, hacia las mujeres. La palabra es una abreviatura de los horrores del mundo. Ahora s&#x00E9; que no solo mi identidad feminista nunca desaparecer&#x00E1;. Tambi&#x00E9;n me he vuelto m&#x00E1;s locuaz a la hora de explicar por qu&#x00E9; el feminismo no s&#x00F3;lo es y sigue siendo necesario para todos los seres humanos; es la &#x00FA;nica forma de ara&#x00F1;ar la superficie de la hipocres&#x00ED;a bajo la que debe quedar al descubierto el ego&#x00ED;smo arraigado. Por cierto, utilizo la palabra como calificativo, m&#x00E1;s que como sustantivo, porque no puedo limitar mi identidad a ella; y ese calificativo indica un proceso en curso, antes que un estado. De ah&#x00ED; el sentido del t&#x00ED;tulo de este art&#x00ED;culo, devenir feminista. La identidad como noci&#x00F3;n sugiere err&#x00F3;neamente unidad y continuidad; ambas restringen. Y si hay algo de lo que estoy harta es de la restricci&#x00F3;n.</p>
</sec>
<sec id="sec-4-3146">
<title>Memorias de mi madre</title>
<p>Por lo que s&#x00E9;, mi madre tuvo una vida bastante desgraciada. Empezando por su (no) relaci&#x00F3;n con su madre. Por lo que yo recuerdo, despu&#x00E9;s de casarse no volvi&#x00F3; a ver a su propia madre, aunque viv&#x00ED;an muy cerca la una de la otra, en Heemstede, el pueblo cerca de Haarlem donde yo crec&#x00ED;. Nunca conoc&#x00ED; a esa abuela, jam&#x00E1;s. Todo lo que s&#x00E9; son las historias que nos contaba mi madre; mis recuerdos de sus recuerdos. Nada alegres. Hasta los diez a&#x00F1;os, la familia vivi&#x00F3; en Indonesia, donde el padre de mi madre era profesor. Ella ten&#x00ED;a dos hermanos peque&#x00F1;os, uno de los cuales vivi&#x00F3;, a&#x00F1;os m&#x00E1;s tarde, tambi&#x00E9;n en aquella calle larga que llevaba de Heemstede al pueblo costero de Zandvoort. All&#x00ED;, en lugar de ir de vacaciones, &#x00ED;bamos en bicicleta durante el receso largo de verano para disfrutar el d&#x00ED;a, cada tanto, cuando el tiempo acompa&#x00F1;aba. Todo a poca distancia. A ese t&#x00ED;o lo he frecuentado hasta que muri&#x00F3;, y nosotros y sus hijas estábamos (y seguimos estando) muy unidos.</p>
<p>Las razones del claro odio que mi madre sent&#x00ED;a por su madre y que le imped&#x00ED;a cualquier contacto con ella, y tambi&#x00E9;n con nosotros, los nietos que nunca conoci&#x00F3;, me han ido llegando poco a poco, a lo largo de los a&#x00F1;os de mi infancia. Cuando el padre de mi madre muri&#x00F3; en Indonesia (de gripe), su madre dijo que hab&#x00ED;a estado esperando, felizmente, su &#x00FA;ltimo aliento. Y neg&#x00F3; a su hija la posibilidad de ver a su padre muerto. Para la ni&#x00F1;a, que adoraba a su padre, debi&#x00F3; de ser un duro golpe. &#x00C9;l era su &#x00FA;nico lazo afectivo con alg&#x00FA;n valor para ella. Inmediatamente despu&#x00E9;s del fallecimiento de aquel abuelo desconocido, la familia qued&#x00F3; desarraigada y viaj&#x00F3; en barco, primero a Nueva York y luego a Holanda. Meses en el mar con una madre que no duelaba. No me pregunten por qu&#x00E9;. Mam&#x00E1; s&#x00F3;lo nos cont&#x00F3; los hechos: su madre odiaba a su marido. Y cuando mi madre, que era la mayor de los hijos, creció, tuvo la oportunidad de estudiar para ser maestra de primaria. Esto estaba justificado porque facilitaba algo de sustento a la familia. Ella era ni&#x00F1;a y, por tanto, ten&#x00ED;a que cuidar, o &#x00AB;criar&#x00BB;, de sus dos hermanos peque&#x00F1;os, a la vez que aportaba algo de dinero. Cuando se cas&#x00F3; con mi padre, la despidieron en pleno a&#x00F1;o escolar, en un per&#x00ED;odo de escasez de profesores y durante la guerra. &#x00BF;Por qu&#x00E9;? Porque una mujer casada, supongo, era peligrosa para la castidad de los ni&#x00F1;os.</p>
<p>No tengo recuerdos claros de las historias sobre los detalles de la vida de mi Madre durante su adolescencia, pero parece obvio que su madre la odiaba tanto como ella a su madre. Los celos entre madre e hija eran un rasgo social normal en aquella &#x00E9;poca. M&#x00E1;s tarde, mi madre sentir&#x00ED;a el mismo desprecio por su propia hija mayor. La &#x00E9;poca de la pubertad no pudo haber sido agradable. Ni clases de baile, ni deportes, ni salir, por supuesto. Y mucho menos salir con chicos. El &#x00FA;nico lugar donde se pod&#x00ED;a ver a los chicos -a distancia- era la iglesia. Que es, obviamente, donde ella y mi padre se conocieron. Todo lo que hizo durante su adolescencia, adem&#x00E1;s de los deberes para el colegio, fue llevar la pesada carga del hogar sobre sus hombros demasiado j&#x00F3;venes. No es de extra&#x00F1;ar que no tuviera capacidad para la imaginaci&#x00F3;n, de modo que m&#x00E1;s tarde, nosotros, sus hijos, y yo especialmente, recibimos esa carga volcada sobre nosotros sin cuestionarla. Porque, una vez que se cas&#x00F3; y fue castigada por ello con el despido, tuvo un hijo tras otro. Cuando llegamos a ser nueve, estaba totalmente agotada. Con raz&#x00F3;n.</p>
<p>Mi Padre ten&#x00ED;a que trabajar duro, con un trabajo a tiempo completo como profesor de secundaria de cl&#x00E1;sicas y un trabajo adicional dando clases nocturnas. Como nunca hab&#x00ED;a dinero suficiente para alimentar todas esas bocas, aunque fuera m&#x00ED;nimamente, no le qued&#x00F3; m&#x00E1;s remedio. As&#x00ED; que, incapaz de ayudar en casa -si es que se le hab&#x00ED;a ocurrido, cosa que dudo-, apenas le ve&#x00ED;amos. Porque &#x00E9;l tambi&#x00E9;n estaba constantemente agotado. Adem&#x00E1;s de sus dos trabajos, tambi&#x00E9;n estaba escribiendo una tesis doctoral. Como ya he dicho, cuando la termin&#x00F3;, otra persona hab&#x00ED;a escrito una sobre el mismo tema -monedas romanas-, de modo que tuvo que empezar de nuevo. No puedo imaginar c&#x00F3;mo fue capaz de hacerlo, pero unos a&#x00F1;os m&#x00E1;s tarde se doctor&#x00F3; con una tesis sobre Plat&#x00F3;n. Mi Madre se quejaba constantemente de que s&#x00F3;lo le ve&#x00ED;a la espalda, ya que dedicaba todo su tiempo libre, por poco que fuera, a trabajar para el doctorado.</p>
<p>El hijo mayor que tuvo mi Madre era un var&#x00F3;n. Bien por &#x00E9;l; los ni&#x00F1;os ten&#x00ED;an muchas ventajas. Se supon&#x00ED;a que deb&#x00ED;an estudiar y convertirse en profesionales, por lo que se libraban de las tareas dom&#x00E9;sticas. Excepto los verdaderos trabajos de ni&#x00F1;os, como lustrar zapatos y pelar patatas. Despu&#x00E9;s de &#x00E9;l naci&#x00F3; una hermana. Cuando fue lo bastante lista como para darse cuenta de que la explotaci&#x00F3;n de la que &#x00E9;ramos objeto en casa no cesar&#x00ED;a nunca, encontr&#x00F3; una manera -de la que nunca se habl&#x00F3; abiertamente, por supuesto- de salvarse un poco fingiendo ser algo retrasada. Lo hizo de la manera m&#x00E1;s f&#x00E1;cil posible. Era lenta en todo lo que hac&#x00ED;a. Est&#x00FA;pidamente, yo eleg&#x00ED; otro camino, el opuesto. Intent&#x00E9;, como es habitual en un tercer hijo, resolver las tensiones ayudando en todo lo posible. Siempre intentaba aliviar la carga de mi Madre haciendo tareas del hogar, incluso las que no me ped&#x00ED;a, sobre todo durante las siestas de la tarde, que mi Madre tanto necesitaba. As&#x00ED; me convert&#x00ED; en una especie de Cenicienta, aunque sin el desenlace del pr&#x00ED;ncipe en el caballo blanco y la zapatilla de cristal. Al contrario. Algo m&#x00E1;s provoc&#x00F3; un cambio, y no para mejor.</p>
<p>Viv&#x00ED;amos cerca de un seminario en el que sacerdotes sin vida er&#x00F3;tica ense&#x00F1;aban a j&#x00F3;venes a convertirse a su vez en sacerdotes. Lo que ocurr&#x00ED;a entre los sacerdotes profesores y los estudiantes s&#x00F3;lo sali&#x00F3; a la luz muchas d&#x00E9;cadas despu&#x00E9;s. Para aquellos muchachos, el seminario era una buena excusa para ponerse a estudiar, independientemente de que su vocaci&#x00F3;n religiosa fuera genuina o no. Lo que empez&#x00F3; a ocurrir es que algunos de aquellos profesores sacerdotes empezaron a venir a nuestra casa. Mi familia formaba parte del c&#x00ED;rculo cat&#x00F3;lico local, por lo que aquellas visitas eran totalmente apropiadas. Salvo que uno de ellos, el m&#x00E1;s atractivo, se hab&#x00ED;a comprado una moto y empez&#x00F3; a invitar a mi Madre a dar paseos. Por supuesto, esto supuso un alivio tan grande para ella frente a la constante carga del hogar, as&#x00ED; que no puedo culparla por aceptar, arreglarse y dejarnos a nosotros, principalmente a m&#x00ED;, con las tareas de limpieza y cocina. Siempre me pregunt&#x00E9; si ten&#x00ED;an una aventura, aunque el sexo estaba prohibido tanto para los sacerdotes como para las mujeres casadas. Pero entonces, el sacerdote -a quien llam&#x00E1;bamos &#x00AB;t&#x00ED;o&#x00BB;- tom&#x00F3; la costumbre de traer una funda de almohada llena de calcetines y ropa interior que necesitaban reparaci&#x00F3;n. As&#x00ED; que, al recoger a mi Madre, tiraba la bolsa con los calcetines con agujeros en los talones y los calzoncillos con los el&#x00E1;sticos rotos sobre la mesa, delante de m&#x00ED;, la mayor&#x00ED;a de las veces sin decir palabra. Nunca supe si esa ropa era solo suya o de &#x00E9;l y de sus compa&#x00F1;eros.</p>
<p>No hac&#x00ED;a falta ser muy brillante para entender el mensaje. Ten&#x00ED;a que reparar todas esas cosas, antes de que regresaran. Yo era bastante manitas, as&#x00ED; que lo hac&#x00ED;a r&#x00E1;pido. Era necesario, porque la cocina esperaba mis improvisadas habilidades culinarias. La comida ten&#x00ED;a que estar lista cuando mi Padre llegara a casa. Estas salidas en moto sol&#x00ED;an ocurrir los mi&#x00E9;rcoles por la tarde, cuando no ten&#x00ED;amos colegio. Todos los compa&#x00F1;eros ten&#x00ED;an la tarde libre y pod&#x00ED;an quedar, pasear y charlar. Excepto yo. Y del mismo modo, durante las vacaciones, la casa necesitaba una limpieza de primavera o de cualquier &#x00E9;poca del a&#x00F1;o. Todo reca&#x00ED;a principalmente en m&#x00ED;. Mis recuerdos de estas tareas no son tan amargos como cabr&#x00ED;a esperar. Mi motivaci&#x00F3;n para ser &#x00AB;una buena chica&#x00BB; y hacer todo lo que mi Madre me ped&#x00ED;a, o me ordenaba, era mantenerla contenta (m&#x00E1;s o menos) y asegurarme de que las &#x00AB;peque&#x00F1;as&#x00BB;, como llam&#x00E1;bamos a mis cinco hermanas menores, estuvieran a salvo, entretenidas y alimentadas.</p>
<p>Pero mi madre no era feliz. En mis recuerdos, nunca. Eso se hizo evidente a medida que fui creciendo y pude entender las tensiones y peleas acaloradas entre mis padres. Ahora puedo ver c&#x00F3;mo este matrimonio que se estaba convirtiendo en un &#x00AB;mal matrimonio&#x00BB;; con habitaciones separadas y discusiones peri&#x00F3;dicas, estaba fatalmente predestinado por las miserables vidas que ambos llevaban. Recuerdo una ma&#x00F1;ana, mucho m&#x00E1;s tarde, en la que mi Padre conduc&#x00ED;a hacia el instituto de secundaria del que hab&#x00ED;a llegado a ser director tras doctorarse y comprarse un coche, con mi hermana y yo en el coche, cuando vi de repente a mi Madre detr&#x00E1;s de la ventanilla golpeando el cristal con un palo. No se rompi&#x00F3;, afortunadamente, pero la cara de frustraci&#x00F3;n total de mi Madre se quedar&#x00E1; conmigo como un recuerdo imborrable de su miseria. No recuerdo lo que, en su opini&#x00F3;n, mi Padre hab&#x00ED;a hecho mal; probablemente nada en concreto. Simplemente irse a trabajar, dej&#x00E1;ndola atr&#x00E1;s, sola. No es que tuviera otra elecci&#x00F3;n, &#x00BF;verdad? Pero ella tampoco. Otro recuerdo, un poco m&#x00E1;s tarde, es que llen&#x00F3; la ba&#x00F1;era y envi&#x00F3; a la menor de mis hermanas peque&#x00F1;as a la tienda de comestibles del barrio a comprar un paquete de cuchillas de afeitar. S&#x00F3;lo en retrospectiva me di cuenta de para qu&#x00E9; quer&#x00ED;a esas cuchillas. Nunca he sabido qu&#x00E9; evit&#x00F3; que ocurriera aquel desastre. Probablemente, mi Padre u otra persona con suficiente autoridad lleg&#x00F3; a casa a tiempo.</p>
</sec>
<sec id="sec-5-3146">
<title>Memorias de la miseria</title>
<p>Resulta un poco extra&#x00F1;o, casi fuera de lugar, incluir la entrada &#x00AB;miseria&#x00BB; en la secci&#x00F3;n dedicada a &#x00AB;madre&#x00BB;. La combinaci&#x00F3;n de pena y dolor, tristeza y melancol&#x00ED;a persistente, con ese otro significado, pobreza, recursos demasiado limitados, comida escasa y mezquina, ropa tan fea que me convert&#x00ED; en el hazmerre&#x00ED;r de mis compa&#x00F1;eros de clase: todo ello parece anular mi capacidad de recuerdo. Por supuesto, tambi&#x00E9;n hubo momentos mejores. Por lo general, esos momentos no se deb&#x00ED;an tanto al juego como a escuchar historias. Porque mi Madre era una gran narradora, un don que probablemente le ven&#x00ED;a de su formaci&#x00F3;n y experiencia como maestra de primaria. A veces, pasaba de una historia a la siguiente y yo escuchaba fascinada lo que le hab&#x00ED;a ocurrido a ella y a la familia. Muchas historias, sin embargo, eran muy tristes, por lo que el placer de escucharlas se ve&#x00ED;a mitigado por su contenido. Mi nacimiento, y por tanto mi infancia, tuvo lugar poco despu&#x00E9;s del final de la Segunda Guerra Mundial. Y, claramente, mis padres hab&#x00ED;an pasado hambre y fr&#x00ED;o, as&#x00ED; como hab&#x00ED;an ayudado a jud&#x00ED;os y a otras personas en peligro de deportaci&#x00F3;n a esconderse bajo el suelo de la casa.</p>
<p>Todo esto ya es bastante miserable. De lo que no me daba cuenta, o no pod&#x00ED;a darme cuenta, era de que las pobres comidas, que siempre me dejaban con un poco de hambre, eran la miserable consecuencia de los escasos ingresos. Alimentar y vestir a once personas con el sueldo de un maestro: parece imposible. Mis padres se preocupaban por nuestra salud, as&#x00ED; que com&#x00ED;amos pan integral, pero sin nada o casi nada para untar. Las comidas calientes eran siempre las mismas: patatas con verduras. S&#x00F3;lo una vez a la semana un trocito de carne, y excepcionalmente, un poco de pescado los viernes. No s&#x00E9; de d&#x00F3;nde me viene mi optimismo innato. Mi af&#x00E1;n por cocinar, que aprend&#x00ED; sobre la marcha, era mi intento esperanzado de mejorar el sabor de las comidas. Pero fue en vano; simplemente no hab&#x00ED;a ingredientes. Hice lo que pude, y eso me convirti&#x00F3; en una persona bastante h&#x00E1;bil en la cocina cuando la situaci&#x00F3;n mejor&#x00F3;. Pero durante la d&#x00E9;cada posterior a la guerra, no hab&#x00ED;a nada que ganar. La miseria, como la llamo ahora, era la norma. Debi&#x00F3; de ser muy duro para mis padres, que siempre estaban agotados. Porque el agotamiento es la peor de las miserias f&#x00ED;sicas. Y ellos estaban permanentemente en ese estado.</p>
<p>El objetivo de esta reflexi&#x00F3;n sobre la miseria es integrar los tres elementos en juego: miseria, Madre/maternidad y memoria. El contenido m&#x00E1;s bien vago de mis recuerdos de infancia debe de deberse a la escasez de acontecimientos. Raras veces hab&#x00ED;a fiestas de cumplea&#x00F1;os ni otras celebraciones. S&#x00ED; que ten&#x00ED;amos amigos y se nos permit&#x00ED;a traerlos a casa, aunque con moderaci&#x00F3;n. Pero no pod&#x00ED;an esperar que les sirvi&#x00E9;ramos t&#x00E9;, dulces o galletas. Nunca hab&#x00ED;a nada de eso disponible. Sin embargo, en las pocas ocasiones en que mi Madre estaba de buen humor, sus historias y canciones compensaban esa carencia. Poco me imaginaba entonces que, m&#x00E1;s adelante, una vez fuera madre yo misma, iba a ser capaz de combinar la miseria emocional con la abundancia consumista. Durante la infancia de mis dos hijos, o bien era infeliz, por haberme atado a los hombres equivocados, o bien estaba sobrecargada de trabajo, ya que hab&#x00ED;a decidido que el destino de mi madre como profesora despedida no iba a ser el m&#x00ED;o. Mi obsesiva dedicaci&#x00F3;n al trabajo, que contin&#x00FA;a hasta el d&#x00ED;a de hoy, puede que tenga algo que ver con ello.</p>
<p>Los recuerdos no son simples fragmentos del pasado que flotan en el aire y que podemos recuperar cuando queramos. Tampoco nos llegan de forma inesperada. A menos que los acontecimientos traum&#x00E1;ticos nos asalten de forma indeseada e imprevista, los recuerdos son, en mi opini&#x00F3;n, actos que realizamos en el presente. He escrito sobre ello en la introducci&#x00F3;n del volumen <italic>Acts of Memory: Cultural Recall in the Present</italic> de 1999. En ese texto, y en otros fragmentos, he teorizado la memoria en t&#x00E9;rminos que se ajustan a mi doble sentido de la miseria: como un acto que realizamos, pero tambi&#x00E9;n, como un acontecimiento corporal. En este sentido, la memoria tiene una vertiente pol&#x00ED;tica. Para ilustrarlo, una de mis pel&#x00ED;culas favoritas de la historia del cine puede resultar muy esclarecedora.</p>
</sec>
<sec id="sec-6-3146">
<title>Memoria, miseria y cuerpo</title>
<p>El momento en que en su obra maestra del cine mudo, <italic>Tiempos modernos</italic>, de 1936, el personaje de Charlie Chaplin se ve f&#x00ED;sicamente afectado por el trabajo mec&#x00E1;nico acelerado y por el que le pagan (mal) en una f&#x00E1;brica durante la Depresi&#x00F3;n, est&#x00E1; grabado en la memoria cultural occidental. Este monumento a la dura era industrial de la Depresi&#x00F3;n se lee ahora un poco como una ruina pol&#x00ED;tica, con el a&#x00F1;adido del riesgo de nostalgia. Nos encanta, y muchos dibujantes de c&#x00F3;mics han imitado aspectos del mismo. Pero debemos darnos cuenta de que la intensidad del trabajo es tan alta que, cuando se toma un breve descanso, el personaje del obrero no puede evitar continuar los movimientos entrecortados con las manos y su extensi&#x00F3;n, un par de alicates, que se dirigen autom&#x00E1;ticamente hacia cualquier peque&#x00F1;o objeto que tenga la forma de los tornillos que aprieta durante las horas de trabajo. Uno de esos objetos eran los pezones de las mujeres.</p>
<p>La pel&#x00ED;cula tiene una fuerte carga pol&#x00ED;tica, y el hecho de que el protagonista sea un hombre no le resta importancia. El hombre de la pel&#x00ED;cula es percibido como una amenaza para su entorno porque no puede impedir que su cuerpo haga el trabajo; se vuelve completamente loco y lo internan en una instituci&#x00F3;n. Tras unos meses, sale del manicomio, curado, pero con la indicaci&#x00F3;n de mantenerse alejado del estr&#x00E9;s, una orden imposible de obedecer en las ajetreadas calles de la ciudad y frente a los rugidos de hambre de los desempleados: su miseria. Todo ello est&#x00E1; magn&#x00ED;ficamente plasmado en im&#x00E1;genes, superpuestas, difuminadas y aterradoras. Siguen m&#x00E1;s aventuras, todas igual de conmovedoras. Como el episodio en el que estas aventuras se convierten en buenas risas s&#x00F3;lo gracias al genio c&#x00F3;mico de su autor. Al ver esta pel&#x00ED;cula por en&#x00E9;sima vez con mi nieto, que entonces ten&#x00ED;a siete a&#x00F1;os, el peque&#x00F1;o hizo un comentario asombrosamente elocuente: &#x00AB;su cuerpo contin&#x00FA;a sin &#x00E9;l&#x00BB;. Nunca lo olvidar&#x00E9;. &#x00A1;Cu&#x00E1;nto aprend&#x00ED; de este ni&#x00F1;o! No es de extra&#x00F1;ar que ahora, ya adulto, acabe de conseguir su diploma de periodista; el periodista socialmente comprometido que, como ahora s&#x00E9;, ya lo era entonces en su coraz&#x00F3;n.</p>
<p>Esta escena convierte a <italic>Tiempos modernos</italic> en una pel&#x00ED;cula agudamente pol&#x00ED;tica, lo que confirma el debate de Svetlana Boym sobre la nostalgia reflexiva. Mientras el personaje act&#x00FA;a sobre el mundo que le tiene cogido con alicates, por as&#x00ED; decirlo, el espectador, en un movimiento paralelo, se r&#x00ED;e de lo que al mismo tiempo es repugnante, y absorbe una imagen inquietantemente bella de una situaci&#x00F3;n social sombr&#x00ED;a. La miseria siempre acecha. Pero, lo m&#x00E1;s importante, es que el peque&#x00F1;o hombre es un personaje demasiado fuerte como para permitir la l&#x00E1;stima condescendiente o compasiva. En su lugar, no solicita identificaci&#x00F3;n alguna, sino una fuerte solidaridad. El espectador no puede evitar ponerse de su lado, <italic>conmovido</italic> -por utilizar una frase- a permanecer con &#x00E9;l por medio de la risa mezclada con un horror que le afecta profundamente. Invoco esta escena para llamar la atenci&#x00F3;n sobre dos cuestiones relativas a la memoria cultural que para m&#x00ED; inciden en la integraci&#x00F3;n de la memoria y la miseria.</p>
<p>Uno es el car&#x00E1;cter <italic>corporal</italic> de la memoria, engrandecido por la lente de la comedia y su exageraci&#x00F3;n habitual. El otro es la &#x00AB;locura&#x00BB;, que simboliza hiperb&#x00F3;licamente la naturaleza irreflexiva, subconsciente y no intelectual de la memoria, el modo en que divide o suspende la subjetividad del individuo. El personaje de Chaplin no es consciente de que est&#x00E1; recreando lo que primero se hab&#x00ED;a visto obligado a hacer (aunque el artista Chaplin s&#x00ED; lo sea, por supuesto). Simplemente lo hace &#x2013; m&#x00E1;s o menos como un reflejo de Pavlov. Los botones en forma de pernos que ven por todas partes, requieren sus alicates; incluso las narices de sus compa&#x00F1;eros de trabajo y jefes son peque&#x00F1;as protuberancias irresistibles alrededor de las cuales clavar sus herramientas. Por no hablar de los pezones de las mujeres que pasan. Estas protuberancias son, en un sentido complejo que me gustar&#x00ED;a precisar, <italic>huellas</italic>. Pero huellas en el doble sentido de la palabra: restos o ruinas del pasado, pero como ruinas, que tienen lugar &#x2013;espacial y fenomenol&#x00F3;gicamente&#x2013; en el presente, y por lo tanto, en el segundo sentido derrideano de la palabra, remiten a la acci&#x00F3;n, es decir, est&#x00E1;n orientadas hacia el futuro. En la ruina, la historia aparece espacializada y el espacio construido temporalizado; y esto puede generalizarse a todo tipo de huellas. Otra forma de ver las huellas es como im&#x00E1;genes basadas en la indexicalidad, que apuntan tanto hacia atr&#x00E1;s como hacia delante en el tiempo, y son visibles.</p>
<p>As&#x00ED;, al igual que las ruinas, las huellas responden a esa temporalidad diferente y moderna, con sus asimetr&#x00ED;as radicales de pasado, presente y futuro. Las ruinas arquitect&#x00F3;nicas son lugares en los que el tiempo y el espacio conspiran para desencadenar recuerdos, en particular nost&#x00E1;lgicos, repletos de afecto; en este caso, de a&#x00F1;oranza. La subjetividad que conlleva la memoria nos obliga a reflexionar sobre la carga afectiva que &#x00AB;colorea&#x00BB;, &#x00AB;matiza&#x00BB; o focaliza los recuerdos. Algunas de las consecuencias de esto -de la naturaleza subjetiva de la memoria y de la &#x00AB;coloraci&#x00F3;n&#x00BB; que le sigue- hacen que los recuerdos de mi Madre y su miseria sean ambivalentes. Esta &#x00AB;coloraci&#x00F3;n&#x00BB; es un factor del estatus de la memoria, tanto en su forma narrativa como en su expresi&#x00F3;n visual.</p>
<p>Cuando hablamos de memoria en t&#x00E9;rminos de cultura contempor&#x00E1;nea, es importante recordar que la memoria no es un fen&#x00F3;meno pasivo que se apodera de las personas, sino una actividad, un acto; algo que <italic>hacemos</italic>. Tanto responder a las ruinas como establecer un v&#x00ED;nculo entre la imagen y la realidad pasada es, en efecto, un acto. Aunque a&#x00FA;n est&#x00E1; por ver cu&#x00E1;l es el medio del relato -y qui&#x00E9;n es su oyente-, creo que es crucial, por conceptualmente fruct&#x00ED;fero, considerar esta definici&#x00F3;n provisional de la memoria como narraci&#x00F3;n. Esto tiene importantes consecuencias para la estructura de la subjetividad en la memoria, especialmente si la memoria se refiere a la necesidad del feminismo.</p>
<p>En primer lugar, est&#x00E1; la cuesti&#x00F3;n que acompa&#x00F1;a a cualquier diagn&#x00F3;stico de algo como narrativo, a saber, la del <italic>narrador</italic>. Aunque la naturaleza espec&#x00ED;ficamente narrativa de la memoria puede ser cuestionable, porque gran parte del contenido de los recuerdos consiste en im&#x00E1;genes, el hecho de que un sujeto las convoque y act&#x00FA;e as&#x00ED; como &#x00AB;voz&#x00BB; o &#x00AB;direcci&#x00F3;n&#x00BB; de lo que son los recuerdos, se absorbe f&#x00E1;cilmente en la idea est&#x00E1;ndar de narrativa, en la que una voz o narrador &#x00AB;enuncia&#x00BB; la historia. En segundo lugar, aunque la narrativa no se sit&#x00FA;a inherentemente en tiempo pasado, con mucha frecuencia adopta esa forma. Las narraciones en tiempo presente que no funcionan como <italic>praesens historicus</italic> se perciben como experimentales. En tercer lugar, los relatos tambi&#x00E9;n contienen un determinado tipo de contenido o tema. Los acontecimientos, encadenados de forma causal, suelen ser el contenido habitual de las narraciones.</p>
<p>En relaci&#x00F3;n con estas tres caracter&#x00ED;sticas b&#x00E1;sicas de la narrativa, a primera vista los recuerdos no se ajustan del todo a esta definici&#x00F3;n de narrativa. En primer lugar, el narrador de los recuerdos no est&#x00E1; unificado. Esto se ve claramente en la fusi&#x00F3;n de mis recuerdos de mi madre y sus recuerdos de los suyos. En segundo lugar, el tiempo pasado ocupa un lugar central, pero tambi&#x00E9;n se subvierte, convirti&#x00E9;ndose en una suerte de presentificaci&#x00F3;n. Estas dos cuestiones est&#x00E1;n unidas. Si el sujeto existe principalmente en el presente -si la condici&#x00F3;n de presente define la subjetividad-, entonces la memoria es un acto de rechazo de ese confinamiento, de una esquizofrenia que incorpora otros yos anteriores -y por qu&#x00E9; no, otros- al yo. En tercer lugar, en t&#x00E9;rminos de contenido narrativo, los recuerdos tambi&#x00E9;n pueden reorientar nuestra visi&#x00F3;n est&#x00E1;ndar de la narrativa y sugerir menos coherencia causal, pero m&#x00E1;s yuxtaposiciones incongruentes y cambios en la focalizaci&#x00F3;n de lo que esperamos. Y &#x2013;en lo que respecta a mis reflexiones sobre los recuerdos de mi madre y los m&#x00ED;os propios &#x2013; sostengo que esto es as&#x00ED; porque los recuerdos suelen estar repletos de im&#x00E1;genes visuales. Pero, en lugar de tomar este inc&#x00F3;modo ajuste como prueba de que los recuerdos no son narrativos, tambi&#x00E9;n podemos utilizarlo para modificar el propio concepto de narrativa. Las reflexiones feministas pueden ayudarnos a ello.</p>
<p>Perm&#x00ED;tanme se&#x00F1;alar que, no a pesar de estos posibles desaf&#x00ED;os que la memoria plantea a la narrativa, sino debido a ellos, la idea de que los recuerdos son narrativos sirve a fines anal&#x00ED;ticos, el principal de los cuales es distintivo: mostrar c&#x00F3;mo ciertas memorias <italic>no</italic> se ajustan a la definici&#x00F3;n. Pero esto puede ser as&#x00ED; no tanto porque no sean exactamente narrativos, sino, precisamente por eso, tampoco son exactamente recuerdos. Me refiero, por supuesto, al <italic>trauma</italic>, err&#x00F3;neamente denominado en ocasiones &#x00AB;recuerdos traum&#x00E1;ticos&#x00BB;. Err&#x00F3;neamente, porque el trauma no puede procesarse como un recuerdo. Como las sacudidas de Chaplin, tienen una presencia persistente tanto en la mente como en el cuerpo del sujeto. Esto es relevante para los debates sobre el trauma en s&#x00ED;. Ha surgido un debate en torno a la cuesti&#x00F3;n de si el trauma causa represi&#x00F3;n o disociaci&#x00F3;n. Las diferencias son importantes desde una perspectiva narratol&#x00F3;gica. Lejos de ser reprimidos -un t&#x00E9;rmino que sugiere alguna forma de agencia-, los sucesos traumatog&#x00E9;nicos causan disociaci&#x00F3;n -la duplicaci&#x00F3;n de la cadena de sucesos narrados mediante la separaci&#x00F3;n de una l&#x00ED;nea lateral, creando as&#x00ED; lo que en teor&#x00ED;a ret&#x00F3;rica se denomina una <italic>paralepsis</italic>. Esta caracter&#x00ED;stica del trauma lo hace no tanto inadecuado, sino m&#x00E1;s bien fruct&#x00ED;fero para una definici&#x00F3;n narrativa m&#x00E1;s compleja de la memoria. Para mi madre, o&#x00ED;r a su madre decir que hab&#x00ED;a esperado ansiosamente que su marido, el amado padre de mi madre, exhalara su &#x00FA;ltimo aliento, debi&#x00F3; de ser tan inimaginable que se acerc&#x00F3; m&#x00E1;s al trauma que al recuerdo.</p>
<p>El otro rasgo es la repetici&#x00F3;n irrefrenable del recuerdo traum&#x00E1;tico. Esto suspende la supuesta subjetividad de la &#x00AB;voz&#x00BB; narrativa del recuerdo. En t&#x00E9;rminos de g&#x00E9;neros literarios, esto convertir&#x00ED;a el recuerdo en un teatro, m&#x00E1;s que en una narraci&#x00F3;n, pero un teatro en el que el sujeto no es el director, aunque se encuentre en el centro del mismo, como un actor involuntario o una marioneta manipulada. La repetitividad de la ocurrencia tambi&#x00E9;n hace que ese recuerdo sea atemporal, implacablemente incesante, por lo tanto, durativo sin una duraci&#x00F3;n espec&#x00ED;fica. No estoy sugiriendo que Chaplin presente un <italic>caso</italic> de trauma; m&#x00E1;s bien, que esta escena ofrece una <italic>representaci&#x00F3;n</italic> imaginativa de una caracter&#x00ED;stica del trauma -su corporeidad- que es m&#x00E1;s generalmente inherente a la memoria, aunque ah&#x00ED; no siempre nos demos cuenta de ello. La incapacidad de Chaplin para separar su cuerpo de los movimientos del trabajo parece cernirse imaginariamente sobre el abismo que separa la memoria del trauma.</p>
<p>As&#x00ED;, la escena tambi&#x00E9;n propone otra distinci&#x00F3;n relevante para la memoria. Con un pie Chaplin est&#x00E1; en la memoria rutinaria, con el otro en el trauma. La memoria rutinaria es una forma de memoria caracterizada por la falta de reflexi&#x00F3;n, aunque posible de recuperar retrospectivamente. Es un tipo de memoria distinta de la memoria narrativa. Es omnipresente en la vida cotidiana y s&#x00F3;lo se hace perceptible cuando se interrumpe. A menudo me he preguntado si la historia de mi madre sobre el alivio de su madre por la muerte de su padre era un ejemplo de memoria rutinaria &#x00AB;normal&#x00BB; o un caso de trauma. Dada su miserable vida, supongo que se trataba de lo segundo. En la misma l&#x00ED;nea, las historias cl&#x00E1;sicas de violaci&#x00F3;n que pueblan la literatura antigua, como la violaci&#x00F3;n y el posterior suicidio de Lucrecia, realzan ese horror. Mi an&#x00E1;lisis de Lucrecia -en Shakespeare y Rembrandt- figura en el cap&#x00ED;tulo 2 de mi libro <italic>Reading &#x00AB;Rembrandt&#x00BB;: Beyond the Word-Image Opposition,</italic> Cambridge, Reino Unido, y Nueva York: Cambridge University Press, 1991. El suicidio como respuesta a haber sido violada: aqu&#x00ED; es donde se unen la teor&#x00ED;a de la memoria/el trauma y el feminismo. La torpeza de Chaplin es obviamente una cuesti&#x00F3;n pol&#x00ED;tica; y tambi&#x00E9;n lo es, a&#x00FA;n m&#x00E1;s obviamente, la secuencia violaci&#x00F3;n-suicidio. El feminismo como visi&#x00F3;n pol&#x00ED;tica no se limita a las mujeres.</p>
<p>Las ideas, los recuerdos, evocados en este art&#x00ED;culo se basan en algunos fragmentos de un libro-en-producci&#x00F3;n. En &#x00E9;l, en veintis&#x00E9;is cap&#x00ED;tulos ordenados alfab&#x00E9;ticamente, relaciono sistem&#x00E1;ticamente recuerdos de infancia con desarrollos conceptuales profesionales posteriores. Lo que all&#x00ED; pongo en primer plano es la discrepancia temporal entre esos recuerdos tempranos, todav&#x00ED;a bastante vagos, y lo que, mucho m&#x00E1;s tarde, bas&#x00E9; en ellos, articulando con la mayor precisi&#x00F3;n posible c&#x00F3;mo esos recuerdos han alimentado mi desarrollo intelectual. Los v&#x00ED;nculos entre los recuerdos infantiles, bastante confusos, y los pensamientos feministas posteriores constituyen la base de mis articulaciones intelectuales necesarias en mi profesi&#x00F3;n docente. Este v&#x00ED;nculo es la raz&#x00F3;n por la que no he adornado este texto con numerosas notas a pie de p&#x00E1;gina y referencias.</p>
</sec>
</body>
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    <sec id="sec-7-3146" sec-type="transparency-statement">
<title>Declaraci&#x00F3;n de conflicto de intereses</title>
<p>La autora de este art&#x00ED;culo declara no tener conflictos de intereses financieros, profesionales o que pudieran haber influido de manera inapropiada en este trabajo.</p>
</sec>
    <sec id="sec-8-3146" sec-type="author-contributions">
<title>Declaraci&#x00F3;n de contribuci&#x00F3;n de autor&#x00ED;a</title>
<p>Mieke Bal: Conceptualizaci&#x00F3;n, An&#x00E1;lisis formal, Investigaci&#x00F3;n, Redacci&#x00F3;n &#x2013; borrador original.</p><p>Marije Hristova: Traducci&#x00F3;n, revisi&#x00F3;n y edici&#x00F3;n.</p>
    <p>Lidia Mateo Leivas: Traducci&#x00F3;n, revisi&#x00F3;n y edici&#x00F3;n.</p>
<p>Ver&#x00F3;nica Perera: Traducci&#x00F3;n, revisi&#x00F3;n y edici&#x00F3;n.</p>
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