Análisis crítico del discurso y suicidio: más allá de la narrativa de la enfermedad

 

VARIA / VARIA

ANÁLISIS CRÍTICO DEL DISCURSO Y SUICIDIO: MÁS ALLÁ DE LA NARRATIVA DE LA ENFERMEDAD

Edisson Orlando Orozco Villa

Universidad Cooperativa de Colombia

edisson.orozcov@campusucc.edu.co

ORCID iD: https://orcid.org/0000-0002-8526-5424

 

RESUMEN

El presente artículo tiene como objetivo reflexionar acerca de las herramientas teóricas y metodológicas que ofrece el análisis crítico del discurso para la comprensión del fenómeno del suicidio. En este sentido se proponen dos discusiones que son centrales para comprender esta relación. En primer lugar, se plantea una crítica sobre las formas de comprender la relación entre suicidio y los medios de comunicación desde la idea de la imitación. Posteriormente se discute la importancia de concebir el suicidio como una práctica atravesada por construcciones sociales, políticas y culturales que no se limita de manera exclusiva la psicopatología. Finalmente se expone cómo el análisis crítico del discurso puede generar modos de comprender el suicidio que relativicen los discursos hegemónicos a que dan lugar ciertas exigencias de carácter epistemológico y tecno-científico.

CRITICAL DISCOURSE ANALYSIS AND SUICIDE: BEYOND THE NARRATIVE OF THE DISEASE

ABSTRACT

The aim of this paper is to reflect on the theoretical tools that critical discourse analysis provides to an understanding of the phenomenon of suicide. Two discussions are central to defining the foundation for that relationship. First, a critical examination of the relationship between different mass media platforms and the idea of imitation as it pertains to suicidal conduct is proposed. Subsequently, suicide is approached as a practice that is interpolated by social, political, and cultural constructions, not solely limited to psychopathology. Finally, the role of critical discourse analysis generates an understanding of suicide that problematizes the hegemonic narratives produced by the epistemological and political demands of technoscience.

Recibido: 08-02-2019; Aceptado: 03-06-2019.

Cómo citar este artículo/Citation: Orlando Orozco Villa, E. (2019). Análisis crítico del discurso y suicidio: más allá de la narrativa de la enfermedad. Arbor, 195 (794): a533. https://doi.org/10.3989/arbor.2019.794n4007

PALABRAS CLAVE: Suicidio; análisis crítico del discurso; saber experto; prácticas culturales; tecnociencia.

KEYWORDS: Suicide; critical analysis of discourse; expert discourse; cultural practices; technoscience.

Copyright: © 2019 CSIC. Este es un artículo de acceso abierto distribuido bajo los términos de la licencia de uso y distribución Creative Commons Reconocimiento 4.0 Internacional (CC BY 4.0).

CONTENIDOS

RESUMEN
ABSTRACT
INTRODUCCIÓN
LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN Y LA PRODUCCIÓN DEL SUICIDIO: INTERPELANDO AL “EFECTO WERTHER”
EL SABER EXPERTO Y LA PRODUCCIÓN DEL SUICIDIO: LA PREVENCIÓN COMO “IMPERATIVO”
CONSIDERACIONES FINALES: ANÁLISIS CRÍTICO DEL DISCURSO Y LA COMPRENSIÓN DEL SUICIDIO MÁS ALLÁ DEL ESPECTRO DE LA ENFERMEDAD
AGRADECIMIENTOS
BIBLIOGRAFÍA

 

INTRODUCCIÓN Top

El suicidio es un problema que afecta de manera significativa grupos sociales cada vez más amplios. Es un fenómeno que produce profundas inquietudes debido a su impacto en la vida social, cultural, política y afectiva. Así, el hecho de que una persona decida finalizar contra su propia vida genera marcados cuestionamientos en su contexto social. Diariamente se observa un aumento de los suicidios en el mundo, produciendo efectos importantes sobre las instituciones políticas educativas y sociales, pero también en los grupos familiares de los suicidas.

Según datos de la Organización Mundial de Salud (2014Organización Mundial de la Salud (2014). Prevención del suicidio: un imperativo global. World Health Organization. [En línea]. Disponible en https://apps.who.int/iris/bitstream/handle/10665/136083/9789275318508_spa.pdf;jsessionid=3399FCBF8AA40E60CD221544908E3F2A?sequence=1.) en el mundo ocurren alrededor 800.000 suicidios cada año, mostrando la dimensión que tiene la problemática; sin embargo, existe una dificultad en la cuantificación debido a la falta de registro de algunos casos (Cendales, Vanegas, Fierro, Córdoba y Olarte, 2007Cendales, R., Vanegas, C., Fierro, M., Córdoba, R. y Olarte, A. (2007). Tendencias del suicidio en Colombia, 1985-2002. Revista Panamericana de Salud Pública, 22, pp. 231-238. https://doi.org/10.1590/S1020-49892007000900002.; Mondragón, Borges y Gutiérrez, 2001Mondragón, L., Borges, G. y Gutiérrez, R. (2001). La medición de la conducta suicida en México: Estimaciones y procedimientos. Salud Mental, 24 (6), pp. 4-15.). Habría que considerar que los suicidios no son eventos aislados de los contextos en que se presentan. Son situaciones que se configuran debido a las prácticas culturales, económicas y políticas de un territorio específico. Así, el suicidio no se limita exclusivamente a una dimensión individual, sino que también se vincula notablemente con la vida social (Velasco y Pujal i Llombart, 2005Velasco, M. del M. y Pujal i Llombart, M. (2005). Reflexiones en torno al suicidio: Desestabilizando una construcción discursiva reduccionista. Athenea Digital. Revista de Pensamiento e Investigación Social, 7, pp. 133-147. https://doi.org/10.5565/rev/athenead/v1n7.186.).

Ahora bien, si se considera lo anterior, el suicidio no solo se compone de unos elementos de orden psicopatológico centrados en la individualidad, sino que se estructura bajo marcos sociales, políticos y antropológicos más complejos. Por esta razón, es posible pensar en lecturas alternativas a las visiones psiquiátricas o psicológicas convencionales centradas en las dinámicas de la enfermedad y el individuo (Fitzpatrick, Hooker y Kerridge, 2015Fitzpatrick, S. J., Hooker, C. y Kerridge, I. (2015). Suicidology as a social practice. Social Epistemology, 29 (3), pp. 303-322. https://doi.org/10.1080/02691728.2014.895448.). Estas lecturas permiten la emergencia de categorías que ayudan a comprender un fenómeno que, en sí mismo, ya resulta complejo e incierto. Por lo tanto, una reflexión que tenga como punto de partida la interrogación crítica de las relaciones de poder, las valoraciones culturales acerca de la salud y la producción de discursos es central para pensar en otras vías de comprensión de la muerte por mano propia. En síntesis, estas lecturas servirían para comprender que el suicidio es una práctica cultural (Marsh, 2015bMarsh, I. (2015b). Critiquing contemporary suicidology. En: White, J., Marsh, I., Kral, M. J. y Morris, J. (eds.). Critical suicidology: Transforming suicide research and prevention for 21st century. UBC Press, pp. 15-30.).

Situando lo anterior, se puede señalar que el suicidio es producido discursivamente desde múltiples ámbitos. Por ejemplo, es posible afirmar que los medios de comunicación producen el suicidio. En este sentido, cuando se habla de producción no se debe confundir con causalidad, incitación o provocación. Pensar en producción consiste en considerar que los medios sirven como referentes para el desarrollo de materiales culturales y narrativos que son importantes para entender y significar el suicidio (Araújo, Pinto-Coelho y Lopes, 2016Araújo, R., Pinto-Coelho, Z. y Lopes, F. (2016). Representações do suicídio na imprensa generalista portuguesa. Revista Portuguesa de Saúde Pública, 34 (2), pp. 173-185. https://doi.org/10.1016/j.rpsp.2016.05.001.). En muchos casos, los medios de comunicación se encargan de la producción de regímenes de representación sobre lo “mental” en grupos que no tienen acceso a otras narrativas (Mena, Bono del Trigo, López y Díaz del Peral, 2010Mena, Á. L., Bono del Trigo, Á., López, A. y Díaz del Peral, D. (2010). Reflexiones en torno a la sensibilización de medios de comunicación sobre el estigma de la enfermedad mental. Revista de la Asociación Española de Neuropsiquiatría, 30 (4), pp. 597-611. https://doi.org/10.4321/S0211-57352010000400004.). Por lo tanto, las aseveraciones de los medios, más allá de basarse en criterios técnicos, tienen veracidad y legitimidad en grupos amplios de la sociedad, incidiendo incluso en sus decisiones.

Sin embargo, el “saber experto” también tiene maneras discursivas de producir el suicidio (Pinho, Kantorski y Bañon, 2009Pinho, L. B. de, Kantorski, L. P. y Bañon, A. M. (2009). Critical discourse analysis: New possibilities for scientific research in the mental health area. Revista latino-americana de enfermagem, 17 (1), pp. 126-132. https://doi.org/10.1590/S0104-11692009000100020.). Las organizaciones encargadas de la prevención y la intervención en el tema proponen usos del lenguaje para construir una significación sobre la muerte por mano propia. Estas lógicas de saber tratan de tomar distancia del sentido común; no obstante, es evidente que muchas de sus lógicas conceptuales obedecen a intereses políticos y económicos que no resultan claros a primera vista. Por esta razón, cuando se piensa en temas asociados a la salud mental, no solo se conceptualizan atributos de los comportamientos de los sujetos, también se reproducen relaciones complejas entre política y economía en planos cognitivos más complejos (Rose y Abi-Rached, 2014Rose, N. y Abi-Rached, J. (2014). Governing through the brain: Neuropolitics, neuroscience and subjectivity. The Cambridge Journal of Anthropology, 32 (1), pp. 3-23. https://doi.org/10.3167/ca.2014.320102.).

Considerando lo anterior, el análisis del discurso en la producción cultural sobre el suicidio y el suicida puede ser abordado desde dos perspectivas. La primera propone que se piense el suicidio como fenómeno social y cultural producido discursivamente. Así, cuando se opta por un abordaje de los componentes semióticos en los medios de comunicación, se debe considerar que el discurso no se limita únicamente a construcciones lingüísticas (Ramonet, 2004Ramonet, I. (2004). Información, comunicación y globalización. El quinto poder. Chasqui. Revista Latinoamericana de Comunicación, 88, pp. 26-31.). El discurso produce realidades y visiones sobre lo que ocurre en las sociedades. Tiene efectos sobre los posicionamientos frente a las instituciones, las personas o, en este caso, sobre los comportamientos (Fairclough, 2013Fairclough, N. (2013). Critical discourse analysis: The critical study of language. Nueva York: Routledge. https://doi.org/10.4324/9781315834368.). Por esta razón, los medios no solo informan sobre un suicidio, también producen los significados y las representaciones sobre aquello de lo que informan (Guinsberg, 1995Guinsberg, E. (1995). Medios, “salud mental” y “locura”. Chasqui. Revista Latinoamericana de Comunicación, 51, pp. 44-47.).

La segunda perspectiva involucra las maneras en que es concebido el suicidio en los contextos académicos y expertos. Este punto es problemático debido a que involucra una crítica a la propuesta de neutralidad valorativa que se evidencia en los saberes médicos, psiquiátricos y psicológicos (Marsh, 2015bMarsh, I. (2015b). Critiquing contemporary suicidology. En: White, J., Marsh, I., Kral, M. J. y Morris, J. (eds.). Critical suicidology: Transforming suicide research and prevention for 21st century. UBC Press, pp. 15-30.). Al mismo tiempo, también se evidencia el cruce de construcciones tecno-políticas en estos campos del conocimiento. Este último punto indica cómo los temas de la salud en la época contemporánea están vinculados con lógicas de la administración económica y productiva de los cuerpos (Rose, 2007Rose, N. (2007). «La muerte de lo social»: Re-configuración del territorio de gobierno. Revista Argentina de Sociología, 5 (8), pp. 113-152.). Por esta razón, las interpretaciones sobre el suicidio están sujetas a valoraciones que no dependen en su totalidad de criterios teóricos.

Considerando lo previamente planteado, estas dos perspectivas resultan útiles para comprender que el suicidio es un tema que involucra múltiples modos de análisis y diversos marcos teóricos para su comprensión. Por esta razón, en el presente texto se desarrollará una reflexión sobre la producción del suicidio y del suicida desde dos ámbitos específicos: los medios de comunicación y las instituciones expertas. Esto con la finalidad de evidenciar la relevancia del análisis crítico del discurso para comprender el suicidio desde lugares teóricos que reconozcan su carácter cultural y que asuman la politización del fenómeno. Cuestión que, hasta hace muy poco, ha sido discutida con amplitud en el marco de las ciencias psi (Fitzpatrick et al., 2015Fitzpatrick, S. J., Hooker, C. y Kerridge, I. (2015). Suicidology as a social practice. Social Epistemology, 29 (3), pp. 303-322. https://doi.org/10.1080/02691728.2014.895448.; Rose, 1985Rose, N. (1985). The psychological complex: Psychology, politics and society in England, 1869-1939. Londres: Routledge Kegan & Paul.; Rose y Abi-Rached, 2014Rose, N. y Abi-Rached, J. (2014). Governing through the brain: Neuropolitics, neuroscience and subjectivity. The Cambridge Journal of Anthropology, 32 (1), pp. 3-23. https://doi.org/10.3167/ca.2014.320102.).

 

LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN Y LA PRODUCCIÓN DEL SUICIDIO: INTERPELANDO AL “EFECTO WERTHER” Top

Los puentes no solo sirven para comunicar, también sirven para finalizar con las vidas de las personas. En las ciudades donde existen puentes de grandes dimensiones es habitual observar escenas de personas que deciden saltar al vacío. Algunos de ellos se convierten en el centro de las tramas culturales de las ciudades o en iconos de los lugares de la muerte (Stevenson, 2016Stevenson, O. (2016). Suicidal journeys: Attempted suicide as geographies of intended death. Social & Cultural Geography, 17 (2), pp. 189-206. https://doi.org/10.1080/14649365.2015.1118152.). Alrededor de estos lugares se construyen historias de los colectivos sociales y de las experiencias particulares. Por ejemplo, en Pereira -ciudad de Colombia- existe un puente que comunica dos zonas del área metropolitana. Esta estructura fue construida desde una idea de progreso y modernización de la ciudad; sin embargo, todo comenzó a cambiar de matiz cuando aparecen los suicidas. Una noticia registrada en uno de los periódicos del país lo evidencia:

El caso se presentó hacia la 8:30 de la noche del martes, cuando Bertha Alicia Vargas Taborda, de 26 años, desesperada por un asunto sentimental y luego de discutir con su esposo, salió de su casa, ubicada en el barrio Kennedy (oriente de la ciudad), hacia el Viaducto. Al llegar, no lo pensó y arrojó al vacío a la menor de sus hijas, Angi Daiana, de 6 meses, y luego a Luisa Fernanda, de 3 años. Finalmente, la mujer se lanzó al vacío. (Editorial: Los suicidas del viaducto, 17 enero 2003Editorial: Los suicidas del viaducto [Editorial]. El Tiempo, 17 enero 2003. Disponible en http://www.eltiempo.com/archivo/documento/MAM-972986.)

Esta noticia cobra relevancia no solo por la narración del suicidio; también son ilustrativas las declaraciones de una de las autoridades locales que señalaba que: “debemos quitarles ese atractivo a los suicidas. Si les gusta tirarse del Viaducto, entonces hay que ponerles una malla” (Editorial: Los suicidas del viaducto 17 enero 2003Editorial: Los suicidas del viaducto [Editorial]. El Tiempo, 17 enero 2003. Disponible en http://www.eltiempo.com/archivo/documento/MAM-972986.). Efectivamente, unos años después se instaló la malla de protección, pero fue un esfuerzo infructuoso debido a que los suicidios continuaron. Desde entonces el puente es parte habitual de los titulares de prensa en los medios de la ciudad que siguen informando sobre intentos de suicidio o suicidios consumados. Así, parecería que el puente continúa siendo “atractivo” para los suicidas y que les “gusta tirarse” desde allí. En algunos casos se ha planteado que los despliegues noticiosos sobre los suicidios pueden incidir en el incremento de estos comportamientos (Stack, 2003Stack, S. (2003). Media coverage as a risk factor in suicide. Journal of Epidemiology & Community Health, 57 (4), pp. 238-240. https://doi.org/10.1136/jech.57.4.238.). Los medios de comunicación sirven, en apariencia, para movilizar estos actos.

Uno de los debates que se desprende de estas situaciones está asociado con el lugar de los medios de comunicación en la información sobre el suicidio. Habitualmente se expresa que los medios de comunicación pueden servir para desencadenar comportamientos suicidas. Así, la Organización Mundial de la Salud plantea la importancia de entrenar a los comunicadores para que informen de manera correcta sobre este tipo de casos (World Health Organization, 2017World Health Organization / IASP International Association for Suicide Prevention (2017). Preventing suicide: a resource for media professionals, update 2017. Geneva: World Health Organization. [En línea]. Disponible en https://www.who.int/mental_health/prevention/suicide/resource_media.pdf.). La formación de los periodistas resulta clave debido a que ayudaría a prevenir el comportamiento suicida. Si bien este planteamiento puede tener legitimidad, la lectura parte de una noción que ha sido relevante en el estudio del suicidio en los últimos años y es el denominado efecto Werther.

En este sentido, se ha planteado que en el siglo XIX después de la publicación de “Las penas del joven Werther” de Goethe ocurrió una oleada de suicidios en varios lugares de Europa (Gutiérrez Rodilla, 1998Gutiérrez Rodilla, B. M. (1998). La ciencia empieza en la palabra. Análisis e historia del lenguaje científico. Barcelona: Ediciones Península.). Este comportamiento ha sido estudiado desde la sociología y desde la psicología también como el efecto de imitación o copycat (Mesoudi, 2009Mesoudi, A. (2009). The cultural dynamics of copycat suicide. PLoS One, 4 (9), e7252. https://doi.org/10.1371/journal.pone.0007252.). Se ha señalado que después del suicidio de alguna figura pública, existe un aumento el número de estos comportamientos. No obstante, pareciera que no solo ocurre con personas reconocidas. Así, la publicación constante de noticias sobre suicidios y las descripciones detalladas de estos comportamientos, pueden incidir sobre el incremento de estas formas de muerte. En algunas partes se habla de la activación de ideas previas, o incluso de incitación al suicidio debido a las maneras en que se presentan las noticias (Herrera Ramírez, Ures Villar y Martínez Jambrina, 2015Herrera Ramírez, R., Ures Villar, M. B. y Martínez Jambrina, J. J. (2015). El tratamiento del suicidio en la prensa española: ¿efecto werther o efecto papageno?. Revista de la Asociación Española de Neuropsiquiatría, 35 (125), pp. 123-134. https://doi.org/10.4321/S0211-57352015000100009.; Müller, 2011Müller, F. (2011). El “Efecto Werther”: Gestión de la información del suicidio por la prensa española en el caso de Antonio Flores y su repercusión en los receptores. Cuadernos de Gestión de Información, 1, pp. 65-71.).

Podríamos pensar que el tema del efecto de imitación ha tenido un valor analítico importante, pero se basa en dos postulados problemáticos. El primero es una interpretación reduccionista del comportamiento suicida; el segundo son las explicaciones limitadas sobre los efectos de la comunicación en los comportamientos de las personas. En este orden de cosas, habría que considerar que el suicidio es un comportamiento que no se limita exclusivamente a cuestiones psicopatológicas o comportamientos de imitación (Marsh, 2015bMarsh, I. (2015b). Critiquing contemporary suicidology. En: White, J., Marsh, I., Kral, M. J. y Morris, J. (eds.). Critical suicidology: Transforming suicide research and prevention for 21st century. UBC Press, pp. 15-30.; Pompili, Girardi, Ruberto, Kotzalidis y Tatarelli, 2005Pompili, M., Girardi, P., Ruberto, A., Kotzalidis, G. D. y Tatarelli, R. (2005). Emergency staff reactions to suicidal and self-harming patients. European Journal of Emergency Medicine, 12 (4), pp. 169-178. https://doi.org/10.1097/00063110-200508000-00005.; White, 2015White, J. (2015). Shaking up Suicidology. Social Epistemology Review and Reply Collective, 4 (6), pp. 1-4.). El suicidio es una práctica cultural compleja y se articula a través de sentidos históricos y sociales muy particulares. Así, es difícil equiparar los suicidios rituales de los japoneses con las oleadas de suicidios de los indígenas en Latinoamérica; son comportamientos con “finales similares”, pero con construcciones discursivas y trayectorias políticas y subjetivas diferentes. En estos casos, pensar desde la imitación supondría la omisión de singularidades culturales y un gesto de colonización intelectual de la diferencia (Pinguet, 2016Pinguet, M. (2016). La muerte voluntaria en Japón. Buenos Aires: Adriana Hidalgo.).

Muchas de las investigaciones sobre el tema han cuestionado la asociación causal entre noticias e incremento del suicidio. Por ejemplo, para Stack (2003Stack, S. (2003). Media coverage as a risk factor in suicide. Journal of Epidemiology & Community Health, 57 (4), pp. 238-240. https://doi.org/10.1136/jech.57.4.238.) resulta difícil establecer con claridad que el aumento de la cobertura periodística de los casos de suicidios puede incidir en el número de suicidios. Para el autor, esta interpretación es más una generalización empírica que una explicación causal. No obstante, expresa que, en el análisis teórico de la asociación entre medios de comunicación y suicidio, se debe considerar la cuestión de la imitación como un aspecto significativo. Así, más allá de proponer lecturas causales entre la información de los medios de comunicación y el comportamiento suicida, señala la importancia de reconstruir y abordar críticamente la cuestión.

En este orden de cosas, el segundo postulado sería que la idea del efecto de imitación se basa en visiones sobre la comunicación que son reduccionistas y proponen circuitos comunicativos que limitan interpretaciones complejas y críticas (Hittner, 2005Hittner, J. B. (2005). How robust is the Werther effect? A re-examination of the suggestion-imitation model of suicide. Mortality, 10 (3), pp. 193-200. https://doi.org/10.1080/13576270500178112.). Pareciera que los medios de comunicación se convierten en simples estímulos que desencadenan unas respuestas que son contrarias a la moralidad pública. Esta explicación omite que las personas descodifican la información desde estructuras significativas y no se comportan de manera pasiva frente a los datos que conocen (Hall, 1996Hall, S. (1996). Encoding/decoding. En: Hall, S., Hobson, D., Lowe, A. y Willis, P. (eds.). Culture, Media, Language. Working Papers in Cultural Studies, 1972-79, pp. 128-138. Disponible en http://www.hu.mtu.edu/~jdslack/readings/CSReadings/Hall_Encoding-n-Decoding.pdf.). Así, se niega todo tipo de actuación de las personas y las inferencias que hacen sobre la información a la cual acceden (Ríos Hernández, 2009Ríos Hernández, I. (2009). Modelo de Interacción de Esquemas Mentales: Una aportación al campo de la comunicación en salud. Chasqui. Revista Latinoamericana de Comunicación, 106, pp. 44-49.).

El hecho de pensar en la inferencia sirve para considerar que las personas que deciden terminar con sus vidas no son actores pasivos frente a la información a la cual acceden y, mucho menos, respecto a sus situaciones vitales. Los medios de comunicación pueden influir en el comportamiento suicida, pero no de la manera en que ha sido conceptualizado desde la sociología, la psicología o la psiquiatría. La incidencia de los medios de comunicación no se reduce a un simple gatillo que desata los malestares internos en las personas. Se podría decir que los medios de comunicación producen y reproducen marcos de representación e interpretación sobre ciertos valores culturales (Guinsberg, 1995Guinsberg, E. (1995). Medios, “salud mental” y “locura”. Chasqui. Revista Latinoamericana de Comunicación, 51, pp. 44-47.).

Si consideramos lo anterior, el análisis crítico del discurso puede servir para pensar la relación de los medios de comunicación y el suicidio más allá del efecto de imitación. Incluso se comprendería que aquello que se denomina como imitación sería también parte de una práctica discursiva que se ha producido respecto al suicidio. En este sentido, Fairclough (2008Fairclough, N. (2008). El análisis crítico del discurso y la mercantilización del discurso público: Las universidades. Discurso & Sociedad, 2 (1), pp. 170-185.) plantea que el análisis crítico del discurso intenta evidenciar relaciones opacas entre prácticas discursivas y estructuras sociales o culturales más amplias; evidenciamos que el comportamiento suicida no se agota en la muerte de algún individuo y nos señala directamente una experiencia social y cultural más extensa. Cuando se piensa en el suicidio desde este punto de vista, es posible interrogar por las dinámicas de las sociedades frente a la muerte y cómo las relaciones de poder inciden sobre la vida de las personas. Habitualmente pensamos que el suicidio es un tema asociado a la muerte; sin embargo, de manera paradójica, es un tema que interpela y construye su sentido en el mundo de la vida (Cohen, 2007Cohen, D. (2007). Por mano propia. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica.).

Cuando se reconozca que los medios de comunicación cumplen una función mucho más compleja que ser simples desencadenantes, podremos entender otras dimensiones del tema del suicidio y el papel del análisis crítico del discurso. Podríamos pensar en dos problemas específicamente. El primero consistiría en cuestionar la asociación naturalizada y constante que existe entre suicidio y problemas sociales en los medios de comunicación; mientras el segundo sería analizar con rigor la construcción que se hace sobre lo mental en los medios de comunicación y su asociación con valores morales propios de la apertura económica y del neoliberalismo que provocan la despolitización del comportamiento suicida (Rose, 1998Rose, N. (1998). Inventing our selves: Psychology, power, and personhood. Cambridge: Cambridge University Press.).

Analicemos estas dos cuestiones. En primer lugar, en varios trabajos se ha mostrado cómo en los medios de comunicación el suicidio se asocia como una salida a situaciones que son excesivas para las personas. Es habitual encontrar noticias que se centran en presentar ciertas situaciones sociales o económicas como las causas de este comportamiento. Podríamos decir que se construye una representación del suicidio que está vinculada con una exigencia de capacidad productiva de las personas en contextos neoliberales. De esta manera, el suicidio en nuestra época es narrado bajo la legitimidad de la muerte que deviene de una mente que enferma por “no ser económicamente productivo”. Así, en el exceso de positividad de la sociedad del cansancio, el suicidio se convierte en la consecuencia, muchas veces esperable, de las vidas que no se inscriben en el régimen productivo (Han, 2012Han, B.-C. (2012). La sociedad del cansancio. Barcelona: Herder.).

De acuerdo con estas perspectivas, se produce una noción de lo mental que se ajusta a las dinámicas de producción económica y social. Cada vez más los medios de comunicación en Latinoamérica promueven la idea de estilos de vida saludables, mostrando una atención particular por el estado psicológico de las personas. Así, la salud física deja de ser el centro y aparece la salud mental como parte fundamental de la vida de los grupos humanos. En este sentido, cuando lo mental se vincula con la capacidad de ser productivo e insertarse con facilidad en las exigencias técnicas de la vida laboral, el suicidio aparece como parte de un proceso antagónico a los valores de la época. Es por este tipo de lecturas por lo que otras manifestaciones del suicidio quedan inscritas en la vida mental y pierden cualquier carácter político o cultural. Por esta razón, no resulta extraño que frente al suicidio de algunos pueblos ancestrales en Latinoamérica la respuesta de los estados se encamine a resolver los problemas de salud mental de las comunidades, sin preguntarse por los valores culturales sobre la tierra y los efectos simbólicos y económicos del despojo. El discurso centrado en la patología provoca la despolitización de ciertas formas de morir por mano propia que corresponden a lógicas más complejas.

 

EL SABER EXPERTO Y LA PRODUCCIÓN DEL SUICIDIO: LA PREVENCIÓN COMO “IMPERATIVO” Top

Una de las características centrales del análisis crítico del discurso consiste en comprender que las prácticas discursivas parten de interpretaciones sociales y políticas que tienen efectos sobre las construcciones morales de las personas y de las sociedades (Van Dijk, 2002Van Dijk, T. (2002). El análisis crítico del discurso y el pensamiento social. Athenea Digital. Revista de Pensamiento e Investigación Social, 1, pp. 18-24. https://doi.org/10.5565/rev/athenead/v1n1.22.). En este sentido, cuando se problematizan las posturas del discurso experto sobre el suicidio nos encontramos con una serie de dificultades importantes para proponer un análisis crítico. Quizás la mayor dificultad consista en pensar que interpelar el discurso experto sobre el suicidio tiene como efecto la legitimación o la aprobación del comportamiento suicida. Sin embargo, el cuestionamiento de estos discursos se concentra en pensar cómo el suicidio se establece como una práctica discursiva y no reducir la complejidad del fenómeno a una toma de posición entre “el bien y el mal”. Proponer un abordaje de este orden permite reconocer que las valoraciones personales sobre el suicidio se instalan, siguiendo lo planteado por Szasz (2002Szasz, T. (2002). Libertad fatal: Ética y política del suicidio. Barcelona: Paidós.), en el marco de la experiencia subjetiva y de una libertad fatal.

Pensar el suicidio como una práctica discursiva permite que el tema no quede restringido al monopolio de los especialistas de la salud y también permite entender cómo las prácticas de significación del suicidio forman parte de las relaciones de poder que configuran los cuerpos y las vidas de las personas (Guinsberg, 2001Guinsberg, E. (2001). La salud mental en el neoliberalismo. Madrid: Plaza y Valdes.). En esta última cuestión, encontramos las posibilidades de investigación del análisis crítico del discurso como herramienta interpretativa acerca de los discursos sobre el suicidio. Así, se reconoce que la psiquiatría y que la psicología académica han estado vinculadas con lógicas de poder político y económico que tienden a ser veladas bajo criterios de objetividad (Parker, 2010Parker, I. (2010). La psicología como ideología: Contra la disciplina. Madrid: Los Libros de la Catarata.). La consecuencia de esta posición ha consistido en pensar el suicidio como parte de una enfermedad que puede ser localizable y clasificable en el organismo, pero que provoca la marginación de sus sentidos históricos y culturales (Velasco y Pujal i Llombart, 2005Velasco, M. del M. y Pujal i Llombart, M. (2005). Reflexiones en torno al suicidio: Desestabilizando una construcción discursiva reduccionista. Athenea Digital. Revista de Pensamiento e Investigación Social, 7, pp. 133-147. https://doi.org/10.5565/rev/athenead/v1n7.186.; White, 2015White, J. (2015). Shaking up Suicidology. Social Epistemology Review and Reply Collective, 4 (6), pp. 1-4.). En este orden de cosas, el discurso experto está influenciado por requerimientos del orden económico internacional que subsumen parte de la experiencia humana en los tecnicismos de las retóricas neoliberales sobre la productividad y el trabajo (Foucault, 2007Foucault, M. (2007). Nacimiento de la biopolítica. Curso en el Collège de France (1978-1979). Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica.).

Otro punto que habría que considerar tiene que ver con la conceptualización del tema del suicidio en la actualidad, la cual se desplaza entre lógicas de poder, usos de lenguaje técnico y cierta retórica de la salvación propia de la modernidad (Restrepo, 2012Restrepo, E. (2012). Intervenciones en teoría cultural. Popayán: Editorial Universidad del Cauca.). La Organización Mundial de la Salud expresa que la prevención del suicidio es, por ejemplo, “un imperativo global” (2014Organización Mundial de la Salud (2014). Prevención del suicidio: un imperativo global. World Health Organization. [En línea]. Disponible en https://apps.who.int/iris/bitstream/handle/10665/136083/9789275318508_spa.pdf;jsessionid=3399FCBF8AA40E60CD221544908E3F2A?sequence=1.). Un imperativo que se sostiene debido a que miles de personas se suicidan cada año. Sin embargo, cuando las cifras de suicidio son comparadas con las muertes por cardiopatías isquémicas o por accidente cerebrovascular, el número es relativamente inferior. No obstante, en estos últimos casos el lenguaje de la prevención no está marcado por palabras como “imperativo”, “estigma”, “discriminación” o “creencias del público” como ocurre habitualmente en los informes acerca de la prevención del suicidio o de las enfermedades mentales. Inclusive, si hiciéramos una comparación entre los prólogos de los informes de la OMS, encontraríamos que la vehemencia del mensaje con respecto al suicidio resulta inusitada:

Una sola vida perdida por suicidio ya es demasiado. El camino a seguir consiste en actuar juntos, y el momento de actuar es ahora. Exhorto a todos los interesados directos a que hagan de la prevención del suicidio un imperativo. (Organización Mundial de la Salud, 2014Organización Mundial de la Salud (2014). Prevención del suicidio: un imperativo global. World Health Organization. [En línea]. Disponible en https://apps.who.int/iris/bitstream/handle/10665/136083/9789275318508_spa.pdf;jsessionid=3399FCBF8AA40E60CD221544908E3F2A?sequence=1., p. 2)

Pensando en estos términos, no deberíamos descuidar que el concepto de suicidio y sus modos de prevención son producidos, en la actualidad, principalmente en el campo de las ciencias de la salud. Para corroborar este argumento solo es necesario acudir a las referencias bibliográficas de los documentos técnicos, para observar la carencia de referentes teóricos que no pertenecen a ese campo. Así, la línea discursiva de estos documentos se fundamenta en visiones sobre la salud y la enfermedad que provienen, la mayoría de las veces, de lógicas políticas y económicas transnacionales que relegan o desconocen abordajes alternativos o locales (Fitzpatrick et al., 2015Fitzpatrick, S. J., Hooker, C. y Kerridge, I. (2015). Suicidology as a social practice. Social Epistemology, 29 (3), pp. 303-322. https://doi.org/10.1080/02691728.2014.895448.). En consecuencia, no resultaría extraño que se produzcan discursos acerca del suicida que están ajustados a los intereses y exigencias de instituciones altamente globalizadas. En el nivel retórico se expresa una preocupación por la pérdida de una vida, pero en el reverso encontramos discursos políticos y económicos preocupados, como lo recuerda Zelizer (1978Zelizer, V. A. (1978). Human values and the market: The case of life insurance and death in 19th-century America. American Journal of Sociology, 84 (3), pp. 591-610. https://doi.org/10.1086/226828.), por la pérdida de cuerpos potencialmente útiles y productivos.

Ahora bien, ¿qué ocurre cuando el suicidio es inscrito bajo las construcciones discursivas de la salud y específicamente de la salud mental? Inicialmente habría que señalar dos cuestiones respecto al interrogante. La primera consiste en que se producen jerarquías entre los grupos de expertos que deben y pueden asumir una participación directa en la explicación y en la intervención de la problemática, un asunto que no era puesto en entredicho hasta hace un tiempo. En segunda instancia, con la influencia cada vez más determinante de instituciones políticas y económicas en el tema, derivan conceptos y narrativas ajustadas a valores morales propios de las agendas de estas instituciones (Marsh, 2015aMarsh, I. (2015a). ‘Critical suicidology’: Toward an inclusive, inventive and collaborative (post) suicidology. Social Epistemology Review and Reply Collective, 4 (5), pp. 6-9.). Los expertos del campo de la salud se convierten en los portavoces autorizados para orientar los significados del comportamiento suicida sin polemizar demasiado o activando “la alarma social” que causa inquietud y obnubila otras cuestiones.

Si bien las jerarquías disciplinarias en salud son cuestionadas por experiencias de participación comunitaria o no tradicional, aún resulta difícilmente controvertible que los encargados de la investigación y del diseño de procesos de intervención a gran escala, no sean individuos formados en las ciencias de la salud. Esto provoca que las prácticas, el discurso y las observaciones se adecuen a una epistemología que pretende objetivar la conducta suicida. Así, para plantear cualquier tipo de intervención se deben asumir, casi sin cuestionar, la veracidad de los factores de riesgo de la población con riesgo suicida -previamente investigados desde la epidemiología- y posteriormente proponer diseños de intervención que concuerden con los modos de habla y con los criterios de cientificidad esperados por las instituciones autorizadas (Fitzpatrick et al., 2015Fitzpatrick, S. J., Hooker, C. y Kerridge, I. (2015). Suicidology as a social practice. Social Epistemology, 29 (3), pp. 303-322. https://doi.org/10.1080/02691728.2014.895448.). De lo contrario, pueden estar en riesgo los recursos económicos de los programas de intervención y el prestigio de los profesionales que participan en estos procesos.

En segundo lugar, se señala que el suicidio se convierte en un monopolio de los profesionales del campo de la salud y de su epistemología. En consecuencia, no resulta extraño que el suicidio sea leído en clave patológica. Así, tanto la teoría como la intervención producen significaciones y valores morales, los cuales restringen la posibilidad de pensar más allá de la dicotomía entre normalidad y anormalidad o entre salud y enfermedad. La naturalización del discurso psicopatológico provoca que se despoje el acto suicida de toda historicidad y sentido cultural, desdibujando cualquier posibilidad de interrogación política y produciendo un régimen de verdad pocas veces irrebatible (Marsh, 2013Marsh, I. (2013). The uses of history in the unmaking of modern suicide. Journal of Social History, 46 (3), pp. 744-756. https://doi.org/10.1093/jsh/shs130.).

Pensar el suicidio exclusivamente como psicopatología provoca múltiples limitaciones conceptuales y prácticas (Cohen, 2007Cohen, D. (2007). Por mano propia. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica.; Szasz, 2002Szasz, T. (2002). Libertad fatal: Ética y política del suicidio. Barcelona: Paidós.). No importará mucho si pensamos en enfoques diferenciales o en la apertura a otros marcos teóricos, si seguimos aceptando que el suicidio es exclusivamente un problema de salud mental o, en otros términos, si pensamos en la existencia de una única expresión sobre el suicidio. Todo esto se traduce en un confinamiento del tema a un espacio bastante reducido, en el cual operan lógicas de producción de conocimiento organizadas por ciertas instituciones que imitan las dinámicas burocráticas del estado (Marsh, 2015bMarsh, I. (2015b). Critiquing contemporary suicidology. En: White, J., Marsh, I., Kral, M. J. y Morris, J. (eds.). Critical suicidology: Transforming suicide research and prevention for 21st century. UBC Press, pp. 15-30.), pero que también se posicionan frente a la vida y la muerte humana desde esquemas basados en el cálculo económico.

Más allá de las teorías y de las investigaciones -muchas de ellas inocuas en sus alcances sociales- (Marsh, 2015aMarsh, I. (2015a). ‘Critical suicidology’: Toward an inclusive, inventive and collaborative (post) suicidology. Social Epistemology Review and Reply Collective, 4 (5), pp. 6-9.) , aquello que llama la atención son los efectos del discurso experto en las narrativas populares, las cuales configuran una imagen del suicida como alguien enfermo que evita adaptarse a una realidad que siempre “le ofrece otra oportunidad”; en consecuencia, el suicida con su acto desprecia los ideales de productividad de la vida contemporánea.

 

CONSIDERACIONES FINALES: ANÁLISIS CRÍTICO DEL DISCURSO Y LA COMPRENSIÓN DEL SUICIDIO MÁS ALLÁ DEL ESPECTRO DE LA ENFERMEDAD Top

Después de observar estos dos puntos de producción de discurso sobre el suicidio, es posible plantear dos aportes del análisis crítico del discurso a la discusión. En primer lugar, encontramos una transformación en la epistemología del abordaje de la temática, lo cual implica el reconocimiento de campos de conocimiento excluidos. Además, también resulta útil para evidenciar cómo las estrategias de producción discursiva del suicidio resultan afines a una producción de saber tecno-científico que está estrechamente ligado con necesidades de ciertas políticas neoliberales.

En este orden de cosas, cuando se reconoce que existe una multiplicidad de estrategias de análisis del discurso encontramos una posición que es conceptual y también política (Van Dijk, 2003Van Dijk, T. (2003). La multidisciplinariedad del análisis crítico del discurso: un alegato a favor de la diversidad. En: Wodak, R. y Meyer, M. Métodos de análisis crítico del discurso. Barcelona: Gedisav, pp. 143-177.). En este caso, asumir que el discurso no se reduce sencillamente a expresiones lingüísticas o cognitivas permite pensar en marcos conceptuales que cuestionan las hegemonías teóricas tradicionales. Así, la diversidad de estrategias de análisis del discurso señala que existen alternativas de comprensión sobre las realidades de un fenómeno social (en este caso lo sería el suicidio). Esto convoca una reflexión rigurosa acerca de epistemologías ampliadas que posibiliten otras comprensiones de la actividad intelectual y política que subyace a los problemas investigados (Diaz, 2007Diaz, E. (2007). Entre la tecnociencia y el deseo: la construcción de una epistemologia ampliada. Buenos Aires: Biblos.). Que señalen que la naturalización de los significados acerca de ciertas prácticas sociales y culturales también es una estrategia discursiva y que es útil a ciertos intereses de dominación.

El análisis del discurso sirve para deslocalizar visiones epistemológicas tradicionales sobre la comunicación y los estudios sobre la cultura, pero también hace lo propio con algunos fenómenos sociales que han sido naturalizados (Fairclough, 2013Fairclough, N. (2013). Critical discourse analysis: The critical study of language. Nueva York: Routledge. https://doi.org/10.4324/9781315834368.). El análisis del discurso interpela posicionamientos epistemológicos e históricos de la psicología como un saber que produce regímenes de conocimiento sobre la vida de los trabajadores y que es útil a intereses económicos que son opacos (Stecher, 2010Stecher, A. (2010). El análisis crítico del discurso como herramienta de investigación psicosocial del mundo del trabajo. Discusiones desde América Latina. Universitas Psychologica, 9 (1), pp. 93-107. https://doi.org/10.11144/Javeriana.upsy9-1.acdh.). En este orden de cosas, analizar el tema del suicidio más allá de las visiones epidemiológicas o empírico-analíticas, permite la emergencia de nuevas posturas interpretativas y de intervención.

La transformación epistemológica de la investigación permite problematizar los marcos teóricos sobre el suicidio y asumir que la complejidad del fenómeno requiere, igualmente, conceptualizaciones que diversifiquen los abordajes investigativos y las explicaciones teóricas. Sostener que el suicidio es una cuestión que no es exclusiva de la salud mental propone un reto para las maneras de pensar e intervenir en el fenómeno, pero también provoca una ruptura epistemológica; hace que comprendamos que existen otras fuerzas productivas que configuran el devenir de la muerte por mano propia y que existen marcos teóricos que son útiles para examinar un fenómeno difícil de caracterizar. Por esta razón, el afirmar que el suicidio es una práctica cultural es un acto de restitución de la discursividad que ha sido negada por la naturalización de la patología. En otros términos, consiste en pensar que el suicidio, entendido como un comportamiento humano y discursivo, posee una multiplicidad de sentidos y significaciones que van más allá de la cuestión de la enfermedad. La desnaturalización de la patología nos ayuda a entender que el suicidio ha sido producido por la psiquiatría y la psicología desde referentes culturales que son propios del liberalismo. Así, el tránsito de la teoría de las monomanías de Esquirol, pasando por las interpretaciones sociológicas Durkheim hasta llegar a la suicidología contemporánea plantean el suicidio desde el lugar de cierta desviación de valores económicos y sociales.

El análisis crítico del discurso sirve para abrir otras perspectivas intelectuales y políticas para la comprensión del suicidio. Uno de sus aportes centrales es evidenciar que las interpretaciones contemporáneas sobre la temática resultan útiles a los entramados discursivos del neoliberalismo (Castro Gómez, 2015Castro Gómez, S. (2015). Historia de la gubernamentalidad I: Razón de Estado, liberalismo y neoliberalismo en Michel Foucault. Bogotá: Siglo del Hombre Editores.; Parker, 2010Parker, I. (2010). La psicología como ideología: Contra la disciplina. Madrid: Los Libros de la Catarata.). En este sentido, no hay que perder de vista, como lo ha propuesto Maniglio (2016Maniglio, F. (2016). La subsunción del saber: La transformación de la Universidad en la época del Capitalismo Cognitivo. En: Sierra Caballero, F. (coord.). Capitalismo Cognitivo y Economía Social del Conocimiento. La lucha por el código (vol. 2). Quito: CIESPAL.), la estrecha vinculación que existe entre los discursos de las organizaciones gubernamentales a escala global y los grupos económicos. De esta manera, la articulación entre economía y saber se produce a través de los desarrollos de una tecno-ciencia que configura y ordena los modos de vida de los sujetos, las poblaciones y los ecosistemas con la finalidad de mantener la pervivencia, pero también manteniendo un control sobre sus devenires.

Esto se evidencia cuando emerge un sentido común que legitima las explicaciones de los expertos sobre el suicidio y estas visiones llegan a las personas a través de los medios de comunicación. En actualidad las representaciones sobre el suicidio en Latinoamérica se adecuan a ciertas reglas de argumentación. Así, los topoi (Wodak, 2003Wodak, R. (2003). El enfoque histórico del discurso. En: Wodak, R. y Meyer, M. Métodos de análisis crítico del discurso. Barcelona: Gedisa, pp. 101-141.) de las notas periodísticas y del material experto configuran esquemas de causalidad del suicidio. Este aspecto permite señalar la importancia del análisis crítico del discurso para pensar otras formas de analizar el comportamiento suicida. Algunas formas de argumentación representan el suicidio como un fenómeno que se produce debido a amplios factores sociales y también a interpretaciones sobre la salud mental de las personas. Estas argumentaciones sirven para cristalizar representaciones y reafirmar lógicas de naturalización.

Los topoi de la carencia, la enfermedad, la precariedad laboral, la falta de supervisión, las relaciones afectivas y el agotamiento son reiterativos en documentos técnicos y en la información suministrada por los medios. En estos casos, es importante reconocer que el análisis crítico de las reglas de argumentación serviría para comprender las relaciones intertextuales e interdiscursivas que existen entre el suicidio y las configuraciones del capitalismo en el sur global. En otras palabras, este tipo de análisis permiten examinar cómo las interpretaciones sobre el suicidio dependen de producciones semióticas de orden político, económico y cultural que son invisibilizados en las definiciones convencionales y aceptadas socialmente sobre el fenómeno. Este aspecto podría pensarse como la estandarización de las reglas de argumentación que sirven para negar algunas tensiones que no resultan relevantes en los discursos de los expertos, pero tienen una repercusión importante en el análisis del fenómeno.

En este sentido, recuperar el carácter discursivo del suicidio nos permitiría hablar, como lo propuso Moron (1992Moron, P. (1992). El suicidio. Ciudad de México: Publicaciones Cruz.), de los suicidios. Para evidenciar la hipótesis, podemos plantear un ejemplo sobre la manera en que un grupo de indígenas Emberá y Wounaan en Colombia construyen la idea del suicidio desde una perspectiva que no apela necesariamente a los discursos acerca de lo mental:

Ciertamente, enmarcados en un sincretismo compuesto por su cosmovisión y el modelo judeo-cristiano, se establecieron las causas de los suicidios como un castigo divino, el cual se relaciona con la forma de definir a los jais actualmente: algunos jais son concebidos como espíritus provenientes de los muertos de la violencia causada por el conflicto armado; espíritus que no están en paz y acechan apocalípticamente las comunidades. El acecho de estos jais, entre otras cosas, es provocado por el comportamiento de los jóvenes relacionados con el conflicto armado y la transgresión a las tradiciones culturales de las etnias (Sepúlveda López de Mesa, 2008Sepúlveda López de Mesa, R. I. (2008). «Vivir las ideas, idear la vida»: adversidad, suicidio y flexibilidad en el ethos de la Emberá y Wounaan de Riosucio, Chocó. Antípoda. Revista de Antropología y Arqueología, 6, pp. 245-269. https://doi.org/10.7440/antipoda6.2008.12., p. 257).

Este ejemplo muestra algunos aspectos que son claves en la discusión transcultural del suicidio y la importancia de prestar atención a las significaciones y contextos donde ocurre la práctica. No obstante, en las lecturas oficiales de organizaciones trasnacionales asociadas a la salud, los datos culturales se asumen como un rasgo idiosincrático, pero no son relevantes para la reflexión del tema. En este sentido, el fracaso de los enfoques transculturales ha sido entender la cultura como un factor que puede ser factorizado y negar que su potencia se encuentra en la performatividad que tiene como discurso.

Finalmente, cuando se intenta plantear una reflexión sobre el suicidio es posible evocar una de las reflexiones del filósofo colombiano Estanislao Zuleta que señalaba que: “por ejemplo, si alguien se suicida arrojándose de un octavo piso y surge la pregunta de cuál fue la causa de su muerte, uno no responde que la ley de la gravedad” (Ospina, 2006Ospina, W. (2006). El desafío de vivir. En: Vallejo Morillo, J. La rebelión de un burgués. Estanislao Zuleta, su vida. Bogotá: Editorial Norma, pp. 11-17., p. 14). Este comentario que resulta irónico deja entrever algo que resumiría este texto. Significa reconocer que el suicida no muere por la ley de la gravedad, por los medicamentos que ingirió o por los factores epidemiológicos determinados por los expertos. Morir por mano propia significa, ante todo, un comportamiento que se produce debido a prácticas discursivas que configuran y dotan de sentido la elección del morir. Quizás la idea de lo mental ha servido para solventar y mantener una lógica de comprensión que nos ha resultado útil. No obstante, el análisis crítico del discurso puede ser la apertura a nuevos interrogantes: consiste en pensar y en proponer nuevas comunidades de interpretación sobre el suicidio.

 

AGRADECIMIENTOSTop

A la Universidad Cooperativa de Colombia por el financiamiento del proyecto de investigación en que se enmarcó la producción de este artículo. Igualmente, agradezco a las investigadoras e investigadores del grupo de investigación “Nodo de Innovación Social” por su acompañamiento constante.

 

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