Arbor, Vol 171, No 676 (2002)

¿Teología para agnósticos?


https://doi.org/10.3989/arbor.2002.i676.1061

Igancio Sotelo Martínez
Universidad Libre de Berlín, Alemania

Resumen


Pretendo exponer de la manera más breve unas pocas razones que muestren que la teología concierne también al agnóstico. Por teología entiendo la reflexión sistemática en torno a la fe cristiana y por agnóstico, también en sentido muy amplio, aquel que no participa de esta fe. La tesis que defiendo es que no es necesaria la fe para interesarse por la teología; tiene sentido ocuparse de Dios sin creer en su existencia.
¿Por qué el agnóstico habría de ocuparse de la teología cuando el creyente parece que no la necesita? Cree antes de examinar reflexivamente su fe, que no depende de argumentos ni de demostraciones. Lo cierto es que la teología no conduce a la fe y hasta puede dudarse de si la fortalece. Conozco personas profundamente creyentes que huyen de las disquisiciones teológicas como de la peste. Viven la fe en una experiencia de amor al prójimoque no precisa de argumentos. Les basta acompañarse con las Sagradas Escrituras y de algunos libros piadosos o de espiritualidad. Cabría ampliar el horizonte de este artículo y preguntarse por el alcance y sentido que tenga la «reflexión sistemática» sobre Dios para aquellos que creen.
En todo caso, no deja de ser paradójico intentar una defensa de la teología, cuando parece que les sobra, tanto a agnósticos como a creyentes; incluso la Iglesia ha encerrado a los teólogos en un gueto en el que, si bien gozan de mucha mayor libertad que en el pasado, la disfrutan en buena parte porque se han quedado sin audiencia. Escriben exclusivamente para los colegas que son los únicos que los leen. Claro que, dada la fragmentación actual de los saberes, lo mismo les ocurre a los demás especialistas.
Si una buena parte de los creyentes se desentienden de la teología, ¿por qué habría de ocupar al agnóstico? Barrunto que una vindicación de la teología valga tanto para los unos como para los otros, pero en esta ocasión considero tan sólo las razones del interés que por la teología pueda tener el agnóstico, aunque quizá no sean muy distintas de las que podría tener el creyente.

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